Haber sido
comunista
Parece
que para el Partido Popular es un mérito haber militado
en la izquierda avanzada o haber sido marxista.
El centrismo tiende hacia el centro izquierda. Un
centrismo por sí sólo exigiría ser equidistantes de la
derecha y de la izquierda y, por tanto, ser imparcial con
la denostada derecha. Pero quizá eso no fuera bastante
«democrático».
Cantar las «excelsas» virtudes éticas e intelectuales
de Manuel Azaña parece ya insuficiente. Ahora se cotiza
haber mostrado admiración por Marx o Lenin, haber
exaltado el espíritu de Ho Chi Min, extasiarse ante Mao,
y comprender a Fidel Castro. Aunque algunos siguen, haga
lo que haga el PP, acusándole de «fascista».
El ministro de Asuntos Exteriores, Piqué, ha sido
militante de PSUC, la antigua sucursal del PCE en
Cataluña. La ministra Pilar del Castillo, demostró
antaño su fervor en Bandera Roja. La también ministra
Celia Villalobos militó en Comisiones Obreras, cuando el
sindicato era la correa de transmisión del PCE. Para
nuevo defensor del pueblo se designa a Múgica, un
socialista, antiguo comunista. Mujeres destacadas durante
años -cuando el PP no estaba en el poder- como las Mato,
Barberá, de la Merced, etc., son relegadas; no fueron
comunistas. Ha escrito un comentarista ingenioso:
«¿Para qué votar al PSOE?»
El comunismo ha sido la ideología que ha causado más
muertes, más terror y más miseria a lo ancho y lo largo
de nuestro planeta. Es, además, la más fracasada y
deshauci ada de la contemporaneidad. Su héroe, Stalin,
fue el más cruel tirano y el mayor genocida de la
Historia. Haber simpatizado o colaborado con todo o algo
de eso no es una fruslería, es muy serio. No se puede
excluir de la cosa pública la racionalidad sin caer en
contradicciones tan graves como perturbadoras.
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