LIBROS: Los
secretos de Carlos V
De la
Cierva, Ricardo: Los secretos de Carlos V, ed. Fénix,
Madrid, 2000, 278 págs.
Carlos I de España es la figura política más
importante de la Edad Moderna. Los historiadores le han
dedicado una bibliografía digna de su talla. Ahora, con
ocasión del medio milenario del nacimiento del
emperador, se le están rindiendo homenajes. Uno de ellos
es este libro, que hace el número 122 de los publicados
por el autor. Es difícil aportar noticias inéditas
sobre el personaje; pero sí cabe abordar su biografía
desde perspectivas nuevas. Esto es lo que logra De la
Cierva al ofrecernos unas supuestas memorias de Carlos V
elaboradas en su retiro de Yuste con la presunta ayuda de
su confesor Juan de Regla, el prior Martín de Angulo y
el secretario Van der Male. No es mucho lo que ha tenido
que suponer el autor para reconstruir el texto de estos
recuerdos que se remontan a la niñez en la bellísima
ciudad de Gante, y concluyen en la ascética soledad
extemeña.
La información reunida es muy copiosa, y emociona
asistir a los decisivos acontecimientos desde la
perspectiva de su protagonista: el asalto a la Goleta, el
encuentro con Lutero, la batalla de Mühlberg, el
discurso de Roma en 1536, la huida de la encerrona de
Innsbruck, las abdicaciones y tantos otros sucesos
memorables. De vez en cuando aparece el Carlos íntimo y
enamoradizo con sus hijos naturales, el preferido Juan de
Austria. Pero el gran amor del monarca fue Isabel de
Portugal cuyo recuerdo le acompañó toda la vida.
Con prosa a veces lírica un Carlos V casi indiscreto
revela, exalta y censura. Por ejemplo, la imagen
resultante del francés Francisco I es vil; tampoco es
muy favorable la de algún Papa. Claro que es De la
Cierva quien sentencia por la supuesta pluma de Carlos;
pero casi siempre con mucho fundamento histórico y
suficiente razón.
Un libro instructivo, de lectura deliciosa, incluso
emocionante, que tiene poco de imaginacion y mucho de
documentación puntual. La idea de España que se
desprende de esta obra sería la que habría que mostrar
a los jóvenes para que, sobre bases tan gloriosas como
ciertas, formaran su conciencia nacional.
Desgraciadamente, la Academia de la Historia ha revelado
lo que era un secreto a voces, que los gobiernos
autonómicos están tratando de borrar el sentimiento
colectivo de españolidad y sustituirlo por las
deformaciones y mitos de unas «nacionalidades» creadas
por la Constitución de 1978. Por el camino emprendido
hace casi un cuarto de siglo, es de temer que la mayoría
de los españoles del año 2050 ignore quién fue Carlos
I de España. Es una tragedia anunciada, ante las
complicidades activas de unos y pasivas de otros. Estas
últimas son éticamente las peores.
Hay que agradecer a Ricardo de la Cierva este nuevo y
brillante esfuerzo historiográfico, a redropelo de las
consignas dominantes.
A. Landa
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