LIBROS: Les deux
patries
Viguerie,
Jean de: Les deux patries. Ed. Martin Morin,
Grez-en-Bouère, 1998, 280 págs.
Jean de Viguerie es un historiador que, sobre todo, se ha
destacado por sus estudios sobre la educación en la
Francia del ancien régime (1978), el complejo universo
de la Ilustración (1995) y las relaciones entre el
cristianismo y la Revolución francesa (1986). Ahora, con
este ensayo sobre la idea de patria en Francia, ofrece
mucho más que lo que promete, pues la elucidación
histórica va prolongada con consecuencias doctrinales y
políticas de importancia. De ahí que, mientras los
grandes medios lo recibían con un ominoso silencio, en
círculos inconformistas fuese distinguido con el premio
de los intelectuales independientes de 1998, y no obstaba
al surgimiento de una polémica que aún humea en los
predios de la derecha, de la «liberal» a la
«contrarrevolucionaria», pasando por la
«bonapartista», si se nos permite colacionar la famosa
distinción de René Rémond, a la que sólo debe
añadirse la «nueva» (en rigor neopagana), que -por
cierto- también ha echado su cuarto a espadas.
La riqueza del libro es tal que se resiste a su
reducción a unas pocas líneas. La tesis central se
presenta con claridad: después de 1789, en Francia, lo
que quedaba del viejo patriotismo tradicional ha sido
engullido por el nuevo patriotismo revolucionario,
ideológico y humanitarista surgido de la Revolución
francesa. No está, sin embargo, aquí -la tesis es
difícilmente discutible- la mecha de la encendida
polémica aludida, que ha aprovechado, por el contrario,
un motivo secundario: la acusación que el autor hace a
la escuela maurrasiana -y no debe olvidarse que Viguerie
es hombre de formación próxima a esa escuela y de
fidelidad legitimista- de haber colaborado en ese
engaño. Discusión que se ha prolongado a la conclusión
pesimista: Francia ha muerto porque el patriotismo
revolucionario la ha matado con la colaboración
inconsciente de los que se tenían por catholiques et
français toujours. Para quien conozca el milieu de la
derecha francesa, es apasionante divisar el fuego cruzado
de Jean Madiran, Jacques Tremolet de Villers, Alain de
Benoist, Emil Poulat o Claude Polin.
Merece la pena dedicar unas líneas a la atrevida empresa
de prolongar more hispanico la reflexión del profesor De
Viguerie. Conserva todo su valor la distinción neta
entre esas «dos patrias». Sin embargo, entre nosotros,
a diferencia de lo acaecido ultrapirineos, el pensamiento
tradicional no ha contribuido a la mixtificación
denunciada, pues desde siempre y hasta hoy ha separado
nítidamente la tierra de los padres y la «ideología»
nacional, con distingos terminológicos o conceptuales
más o menos afortunados. No obstante acentos personales
y, por lo mismo, distintos, pero acomunados es un signo
coincidente, bien desde el ángulo de la psicología
social (Rafael Gambra), bien desde el de la causa de
diferenciación de los pueblos (Francisco Elías de
Tejada), bien -en suma- desde el de la teoría política
(Alvaro d'Ors), disponemos de un acervo que llega hasta
nosotros. ¿Y la conclusión? España también parece
muerta, y también parece que algo tenga que ver en ese
óbito el tránsito de un viejo patriotismo a uno nuevo.
Lo que ocurre es que tal tránsito no se ha producido ni
por las mismas causas ni con los mismos agentes que en el
país vecino. La historia española presenta una
singularidad notable en lo que toca al desarrollo de
nuestra nacionalidad, y eso permite que algunos -hijos,
pero bastardos, de quienes cultivaban el viejo
patriotismo- rechacen el nuevo, para crear, a su medida,
otro de menor escala e idéntica naturaleza a éste;
mientras que otros, que quisieran perseverar en el
antiguo, se han trasbordado inconscientemente al nuevo, y
los más se han instalado en una versión light del
nuevo: la de un supuesto patriotismo constitucional
frente a los separatismos. Quizá también tuviera
sentido para los españoles un libro como el de Jean de
Vigueriue. Y quizá también fuera útil una polémica
como la que ha sacudido a nuestros vecinos.
Miguel Ayuso
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