D´Ors, Bonaerense nº 102 Razón Española

pag. principal Razón Española

D´Ors, Bonaerense

Por G. Fernández de la Mora

Pinochet y los judíos indice Hechos y datos que hacen pensar

D´Ors, Bonaerense

Miles de glosas escribió D'Ors desde 1906 hasta 1920 en catalán, y desde 1920 hasta 1981 en español, recogidas en volúmenes (1) salvo las eliminadas, traspapeladas, o pendientes de recopilación que son la mayoría. Entre las casi perdidas figuran las que publicó en la revista argentina «Criterio», entre febrero de 1929 y diciembre de 1931, que deberían haber sido incluidas en el volumen II del Nuevo Glosario. Quince de ellas son rescatadas ahora y reunidas, por primera vez, en un tomo bajo el título que el autor había dado a la serie bonaerense, Diccionario de filosofía portátil (ed. Encuentro, Madrid 1999). Ni los temas de tales glosas están dispuestos por orden alfabético, ni son de dominante contenido metafísico. El sugerente y volteriano título es, pues, retórico. Son páginas de crítica literaria y de arte, disquisiciones filológicas, recuerdos autobiográficos, notas de viaje y consideraciones políticas; pero de estricta filosofía no hay suficiente material para justificar tan prometedor título.

¿Qué aportan estas recuperadas glosas al sistema orsiano, que he caracterizado como «ironismo»?(2). Desperdigadas, hay algunas sentencias que, reinsertadas en una previa sistematización, como la que propuse hace casi quince años, adquieren significación plena. El ironismo de D'Ors consiste en una interpretación laxa del principio de contradicción: el saber humano es siempre una aproximación, expresado con la ambigüedad del lenguaje, y nimbado de imprecisión y de apertura a lo contrario. Por eso, en una de las glosas ahora salvadas del olvido, el autor distingue entre las «nociones» que pueden ser definidas, y las existencias que pueden ser descritas, nunca agotadas, y de las que sólo cabe dar «noticias» (pág. 78). Ante esta distinción, que es una reformulación de la distinción clásica entre lo individual concreto y lo genérico abstracto, D'Ors se inclina hacia la descripción, siempre incompleta y perfeccionable.

En otra glosa expresa un pensamiento análogo cuando contrapone lo «abstracto puro», como la metafísica, y lo que paradójicamente denomina lo «concreto abstracto», como el dibujo, donde ya hay reducción y estilización de lo real, pero no es definitorio sino descriptivo. Y, consecuente consigo mismo, se decanta por esto último hasta llegar a escribir, sin duda con exageración, que hay una «identidad funcional entre la filosofía y el dibujo» (pág. 56). En suma, «La filosofía como actividad especulativa aplicada a lo abstracto-concreto» (pág. 59).

Y, desde otra perspectiva, insiste cuando enfrenta la «exactitud», propia de las ciencias, con la «significación» que prefiere para la filosofía. Aquella se refiere a lo muerto, y ésta a lo «vivaz» (pág. 69). Como Ortega y tantos hombres de su tiempo, D'Ors respira la atmósfera vitalista, pero, decidido a ser clásico, se limita a abandonar el principio ontológico de contradicción para acercarse a las inefables y dinámicas existencias concretas. Es lo que, metafóricamente, le lleva a defender un «saber alegre, gozoso, de puro estar metido en la vida» (pág. 109). Pero esa supuesta razón emotiva ¿no es otra paradoja? Hay una tensión no lógicamente resuelta entre «la razón y el impulso» (pág. 116).

Lo que predomina en este volumen, por encima de los destellos filosóficos, es una expresa y reiterada posición política. Creo haber demostrado que la idea orsiana de la convivencia era cosmopolita, tradicional, elitista, autoritaria, y corporativa, que se resume en la idea de «misión»(3). Esto se ratifica en las glosas ahora recopiladas, escritas entre el último año de la Dictadura de Primo de Rivera, y el inicial de la II República.

En primer lugar, el cosmopolismo. Proclama el «ideal de la universalidad» (pág. 46) y la «unidad de la cultura» (pág. 87), propone un leibniziano Colegio Universal que reuna a los intelectuales, y «una solidaridad humana por encima de las determinaciones históricas y parciales de tiempo y de espacio» (pág. 121). En suma, «la unidad del mundo, lo que llamamos Catolicidad, Humanidad, Ecúmeno» (pág. 84). Paralelamente, repudia los nacionalismos: «las naciones son pseudo conceptos, creaciones convencionales» que se acercan a su «crepúsculo y fin», y que han sido «inagotables fuentes de perturbación y origen de casi todas las guerras modernas» (pág. 90). El nacionalismo es una «superstición» y «se ha consumido a sí mismo». Rechaza el postulado de que «el esquema estatal se ajuste a los supuestos límites de una conciencia patriótica» y, como primer paso, propone «la instauración de federaciones de Estados» (pág. 50).

En segundo lugar, tradicionalismo: hay que «reanudar la áurea cadena de las tradiciones seculares» (pág. 30). Aspira a condensar los ideales del internacionalismo en «un molde tradicionalista» (pág. 97). Fórmulas que están en la línea de su famoso apotegma: «Todo lo que no es tradición es plagio»(4).

En tercer lugar, elitismo. No al «despotismo de las mayorías» y a la «esclavitud del número» (pág. 99).

En cuarto lugar, autoritarismo y severa crítica de la democracia. El «mito rusoniano», la «blandura liberal», «las colectivas abyecciones del siglo XIX, clubs, pronunciamientos, convenciones parlamentarias, himnos de Riego» (pág. 139). Frente a la Marsellesa revolucionaria, lo que denomina «Marsellesa de la Autoridad» (pág. 23). El 25 de diciembre de 1931 describe tres Europas, la comunista, la liberal, y la corporativa representada por Salazar y Mussolini. D'Ors, que se ha educado en la segunda y no niega sus valores, prefiere la última que «hasta cierto punto parece obedecer a la tradición, por lo menos en su manera plebiscitaria y sindical» (pág. 148). Para su ideal político, D'Ors acuñaría, a principios de 1933, la fórmula «política de misión», superadora de la dicotomía dictadura-democracia en una autoridad ética.

Y, en quinto lugar, el corporativismo derivado de una concepción organicista de la sociedad. Como escribiría en 1933, «la condición óptima para la selección es la jerarquía corporativa»(5). En una de las glosas ahora recuperadas propugna la «vida corporativa» (pág. 40). Reclama la primacía política del concepto de «función», que había sido el eje del libro de Maeztu La crisis del humanismo, primero publicado en inglés. Esta es la posición orsiana, verdaderamente broncínea: «la jerarquía por la función» (pág. 99). Es un concepto que, luego, no cesaría de desarrollar.

Este fue su lema político: «Ratio, Roma, Rey» (pág. 134), o sea, clasicismo frente a romanticismo, ecumenismo frente a nacionalismo, y jerarquía frente a anarquía.

En Eugenio D'Ors, como en Joaquín Costa o Marcelino Menéndez Pelayo, hay una coherencia entre el pensamiento y la conducta, poco frecuente en una clase política tan oportunista y versátil como la hispana. Hay, además, en D'Ors continuidad de unas ideas que constituyen la permanente columna vertebral de una obra extensísima y dispersa. En medio de la diversidad que exigía una colaboración periodística casi diaria, cuando aparece la cuestión radical surge invariable el pensamiento orsiano desde la intuición original y temprana.

Estas glosas argentinas, inteligentemente prologadas por Dalmacio Negro Pavón, no aportan novedades al pensamiento orsiano, pero lo ratifican en sus dimensiones esenciales. En una Cataluña y, en general, en una España agitada por graves turbulencias, D'Ors se mantuvo independiente y sin rectificaciones, leal a sí mismo.

Gran prosista español, entre conceptista y culterano, maestro del énfasis, cincelador de la sentencia lapidaria, tentado por la paradoja, D'Ors es una hercúlea figura del doctrinarismo contrarrevolucionario en Europa y, con Amor Ruibal, Ortega y Zubiri, uno de los cuatro filósofos españoles más preclaros del siglo XX.



G. Fernández de la Mora


1 Las glosas en catalán han sido recopiladas en el volumen Glosari 1906-1910 (Barcelona 1950), y está en curso de publicación el resto de la serie Obra catalana d'Eugeni d'Ors (Barcelona, 1987 y ss). Las redactadas en español fueron agrupadas en los tres tomos del Nuevo Glosario (Madrid 1947, 1949) que cubren el periodo 1920-1943, y en el Novísimo Glosario (Madrid 1946) que abarca el bienio 1944-1945. Las numerosísimas glosas aparecidas en la prensa de Madrid entre 1946 y 1981, año de la muerte del pensador, permanecen en las hemerotecas. habría que publicar, al menos un inventario.
2 Vid. mi estudio «El ironismo de d'Ors» en Filósofos españoles del siglo XX, Barcelona 1987, págs. 57-90, y reproducido en «Razón Española» vol, VII, 1987, págs. 29-66.
3 Vid. mi estudio D'Ors ante el Estado, ed. Instituto de España, Madrid 1981, 62 págs.
4 Nuevo Glosario, vol, III, pág. 474.
5 Nuevo Glosario, vol. III, pág. 386.



 

Pinochet y los judíos indice Hechos y datos que hacen pensar

Cartas a Razón Española

Buzon Pulse aquí para enviar correo


La obra de Razón Española es propiedad registrada
Prohibida la reproducción total o parcial de estos documentos sin previa autorización y acuerdo.