LIBROS: El grupo monárquico de ABC en la II República española (1931-1933). nº 102 Razón Española

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LIBROS: El grupo monárquico de ABC en la II República española (1931-1933). nº 102

Comentarios de D. Arnedo al libro de Francisco de Luis Martín

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LIBROS: El grupo monárquico de ABC en la II República española (1931-1933)

Luis Martín, Francisco de: El grupo monárquico de ABC en la II República española (1931-1933), ed. Universidad, Salamanca 1997, 166 págs.



Aunque el periodo estudiado se limita al trienio 1931-1933, en la introducción y en las referencias contextuales se señala una evolución de la posición política del diario: monarquía liberal parlamentaria hasta 1923, apoyo y colaboración con reticencias a la dictadura de Primo de Rivera, oposición frontal a la II República, contínuo desplazamiento hacia los movimientos contrarrevolucionarios y, finalmente plena adhesión al Alzamiento de 1936. El autor recuerda que Juan Ignacio Luca de Tena, huido a Biarritz poco antes de la guerra civil, «intervino como enlace de Mola, en la preparación del Alzamiento, participó como oficial en acciones de guerra, poniendo el Abc de Sevilla al servicio de la propaganda nacionalista» (p. 28). Posteriormente fue embajador de Franco en Chile y en Grecia, y designado procurador en Cortes el año 1959.

Según el autor, el diario «estuvo ligado a las viejas clases dominantes, es decir, a la oligarquía terrateniente, industrial y financiera; la aristocracia y la gran burguesía constituyeron su más importante base social» (p. 31). Y añade que en lo social adoptó «una actitud de rechazo de toda modificación real del statu quo vigente; no había deseo alguno de reforma profunda» (p. 125). Estuvo «al servicio del poder hegemónico de las clases dominantes y de los planteamientos ideológicos propios de la oligarquía» (p. 162), y «en oposición visceral a cualquier transformación de envergadura de las estructuras sociales y económicas» (p. 164).

De Luis reprocha al periódico su contribución a la «elaboración del nacionalismo españolista» (p. 155) y su oposición al «nacionalismo regional». Y le acusa de «doble juego» (p. 163) entre el talante liberal y el apoyo a los contrarrevolucionarios y tradicionalistas de Acción Española y luego del Bloque Nacional. Esa ambigüedad se resolvió en 1934 a favor de los últimos.

Gratuitamente, el autor llama «fascistas» a Luis de Galinsoga, Alvaro Alcalá Galiano, César González Ruano, Juan Pujol, José Calvo Sotelo y, en general, a todos los que colaboraron en Acción Española (p. 163), entre los que figuraron J.M. Areilza, R. de Maeztu, J.M. Pemán, V. Pradera, E. Vegas, etc.

Monografía con intención no lograda de objetividad como se deduce del abuso del epíteto descalificatorio «fascista». Es también deformante la presentación de la derecha política antirrepublicana como antisocial. La era de Franco pondría de manifiesto que esa derecha, a la que se incorporó el falangismo, haría la revolución social más intensa y eficaz de la España contemporánea.

En cuanto al Abc, su evolución fue lenta y homogénea, como lo seguiría siendo hasta que en 1978 se pasó bruscamente al antifranquismo y a los regionalismos autonómicos. Pero esta es otra historia en la que no entra el autor.



D. Arnedo



 

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