Editorial: Razón y realidad nº 102 Razón Española

pag. principal Razón Española

Razón y realidad

Editorial

Indice indice Diversidad y unidad en la Hispania Antigua

Razón y realidad

La mente humana se mueve entre irrealidades, entre objetos que no tienen existencia en el mundo exterior. El grupo más extenso y decisivo de esas irrealidades es el de los universales o ideas generales: hay hombres concretos, pero no el «hombre» genérico. Otro grupo de extraordinaria relevancia científica lo integran las hipótesis que también son irreales. La geometría euclidiana se funda en entes irreales como los de punto y línea que sólo se dan en la mente. Y la matemática opera con números imaginarios y con el más inexistente de todos, el cero. Por si todo esto fuera poco, el hombre afirma su personalidad en sus pasadas vivencias, es decir, en su memoria; pero los recuerdos son también objetos irreales. Y configuramos nuestro futuro sobre algo tan irreal como los proyectos, y tomamos nuestras decisiones en función de creencias y de fines, ambos también irreales.



Durante el descanso soñamos; pero los sueños carecen de realidad. Huimos voluntariamente de la realidad; pero ésta es otra cuestión: el alcohol, el mito, la magia, los viajes, el juego, el coleccionismo, la ironía, el humor, el disfraz, la tertulia, el erotismo, los espectáculos y, sobre todo, la ficción literaria. Nos deleitamos con creaciones que pueden ser verosímiles, pero que suelen ser irreales (los narradores y los guionistas declaran que sus personajes no coinciden con ninguno existente). La novela llamada histórica también es imaginaria, y las narraciones de ciencia ficción se autodefinen como convictas de irrealismo. Lectores y espectadores vivimos temporal y virtualmente entre criaturas fantásticas, inventadas por los literatos.



Lo que nos parece máximamente realista, que son las experiencias sensitivas, suele transmitir apariencias, como es el caso de los espejismos, carentes de existencia real. Los innumerables errores sensoriales consisten precisamente en dar como real lo meramente aparente. La astronomía geocéntrica o precopernicana se fundaba en la apariencia de que el Sol y otros astros giraban en torno a la Tierra.



Estos hechos ¿nos llevan a la conclusión idealista de que no hay realidad, sino sólo pensamiento? No necesariamente. Denunciamos falsas visiones porque tenemos experiencia de otras sensaciones con fundamento real y que no son alucinatorias. Calificamos de fantasía lo distinto de lo existente. Para que lo positivo tenga sentido hace falta la noción de negativo. Del mismo modo , lo real y lo irreal se exigen mutuamente, aunque tanto el idealismo como el realismo sean postulados filosóficos. Pero, puesto que la actitud natural de la especie humana es el realismo, lo que habría que probar es el idealismo, objetivo nunca alcanzado, quizá porque es imposible.



Si los objetos propios de la razón son irreales en su formalidad, no en su contenido (lo que los clásicos denominaban «ens rationis» y otros) ¿no sería el logos la facultad de lo inexistente? Y en tal caso ¿no habría que abandonar el campo de la verdad lógica para refugiarse en el de la acción y la utilidad, como han propugnado los pragmatismos y los vitalismos, y como parece ser la tácita actitud dominante del hombre medio? La respuesta es negativa.



Lo característico del logos no es construir el mundo, sino explicarlo para, en gran medida, permitir su adaptación a las necesidades y a las ambiciones humanas. Nuestra primaria experiencia es que las circunstancias obstaculizan el despliegue de la voluntad: el mundo no como representación, sino como posibilidad y dificultad a superar. La Historia es el despliegue de un evidente y enérgico esfuerzo por humanizar el entorno. Pero esa ha sido la tarea y la obra de la razón: de las experiencias a las ideas y a las generalizaciones, y de éstas a las leyes naturales y a las técnicas. Así es como la razón ha ido configurando la cultura, el gran instrumento para la ordenación de las pulsiones genéticas y para la manipulación del mundo, en suma, el medio para maximizar la felicidad. La cultura no necesita ser demostrada: es el dato más monumental y palpable de la Historia.



Ese medio tan maravillosamente eficaz está básicamente compuesto de entes de razón. Esa es la extraordinaria peculiaridad del hombre, no actuar sólo por estímulos, sino por ideas. Tales irrealidades son las que nos permiten desentrañar los misterios del mundo y transformarlo. Los irreales conceptos son nuestro medio de acceso y control de la realidad, y nuestra gran herramienta vital. Por lo ficticio hacia lo realísimo. No es una paradoja, es una descripción de lo específicamente humano: las abstracciones explicativas y operativas.



 

Indice indice Diversidad y unidad en la Hispania Antigua

Cartas a Razón Española

Buzon Pulse aquí para enviar correo


La obra de Razón Española es propiedad registrada
Prohibida la reproducción total o parcial de estos documentos sin previa autorización y acuerdo.