LIBROS: Historia
de la División Azul
De la
Vega Viguera: Historia de la División Azul. Barbarroja,
Madrid 1999, 157 páginas.
Acertadamente se dice en la presentación que la obra no
ofrece descubrimientos sobre la División Azul, pero
ningún olvido. El autor, coronel de artillería y
combatiente en tan heroica unidad presenta un título
llamativo.
Un contraste con la encendida denuncia de Serrano Suñer:
«¡Rusia es culpable!», lo que ya en aquella época
resultaba inexacto. Culpable era la Unión Soviética,
donde durante 74 años el pueblo ruso ha sufrido el
marxismo-leninismo, el experimento más aberrante en la
historia de la Humanidad. Y lo ha sufrido, con dosis de
crueldad y de dolor llevadas a límites impensables. Por
haberle sido impuesto resulta evidente que Rusia no es
culpable, ni el sufrido pueblo ruso, castigado como
pocos. Pero paradójicamente el comunismo no fué
condenado en el Oeste, donde debería ser anatematizado
con mucha mayor energía que el nazismo. Prescindiendo de
sufrimientos y crímenes, simplemente con la fría
estadística del número de víctimas, del espacio
geográfico o del muy superior número de habitantes
sometido a otros sistemas totalitarios. Parece inútil
esperar un nuevo Nurenberg para juzgar a los
responsables.
La obra de Enrique de la Vega es muy útil. Se trata de
un trabajo escueto, sin concesiones estilísticas, que
describe numerosas acciones en pocas páginas. Y no
solamente hechos bélicos, sino adentrándose en la
sociología del pueblo ruso de la época hace
distinciones acertadas entre las antiguas generaciones
conocedoras del antiguo régimen zarista, y las nuevas
educadas bajo el colosal lavado de cerebro del
marxismo-leninismo.
Se trasluce una simpatía hacia Rusia y sus gentes y su
trato en las zonas ocupadas con las tropas españolas.
Relaciones humanas y hasta cordiales con la población,
distintas en grado sumo del racismo e inhumano trato dado
de acuerdo con las consignas políticas nazis; y que tan
nefastas consecuencias traerían para Alemania, con su
derrota en Rusia, donde si al principio fueron bien
recibidos, fresquísimas todavía las consecuencias del
terror estaliniano de los años 30, pronto, y hay que
reconocerlo, con habilidad por parte de Stalin, se
transforma la opinión totalmente. Frente a una defensa
del marxismo-leninismo que a pocos atraería, se
convierte en defensa de la Patria, de la «Rodina»,
frente al invasor. Quien no sólo invadiría una nación
extranjera, sino que juzgaba con el mismo rasero a los
miembros de la policía política, que al sufrido
habitante rural.
La relación de los combatientes españoles con la
población rusa fue muy distinta. Sobre ello incide el
autor. También la descripción de las penalidades, el
terrible frío del año 41, terrible incluso para Rusia,
con temperaturas de 30° bajo cero, e incluso en alguna
ocasión de 50° bajo cero, es realista y veraz.
Sorprende, especialmente a los que vivieron sus
prolegómenos, pero también a los que hemos estudiado la
época, lo patético de Serrano Suñer que se presenta
ahora como un pacifista y opuesto al totalitarismo. ¡Que
parece frenar a Franco en sus ansias belicistas mientras
él comprende los peligros de embarcar a España en la
contienda! Indignante y a la vez grotesco.
«¡Rusia es culpable! ¡El exterminio de Rusia es la
exigencia de la Historia y del porvenir de Europa!»
afirmaba Serrano el 24 de junio de 1941.
Angel Maestro
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