Falsificando la historia nº 102 Razón Española

pag. principal Razón Española

Falsificando la historia

Por Manuel Clemente Cera

Contrato público con España indice Inflación sexual

Falsificando la historia

En agosto de 1999 tuvo lugar en los cursos de verano de San Lorenzo de El Escorial uno dedicado al estudio de la guerra civil española. Como es habitual en los últimos veinte años, desde prejuicios hostiles, se ha pretendido analizar diversos aspectos de la contienda, especialmente el final de la misma.

Estos seminarios suelen ser no sólo dirigidos, sino, además, protagonizados por un equipo de manifiesta parcialidad. Cada año se abordan los mismos temas con enconada beligerancia en un intento de reescribir la Historia y de confundir a quienes no vivieron aquella tragedia.

Los profesionales de la Historia, expertos, veraces, asépticos e investigadores -muchos de ellos contemporáneos de lo que se relata- no suelen ser invitados, para evitar réplicas que harían sonrojar la prepotencia de los ponentes, habituados a sentar cátedra de autosuficiencia sin objetor alguno.

El impresentable Hugh Thomas, en la sesión inaugural, se atrevió a decir: «aún no acierto a explicarme la falta de sentimientos, de arrepentimientos y de perdón del franquismo que ganó la guerra». Compartió parecida opinión el catedrático Angel Bahamonde. Una grave provocación al pueblo español, consciente de que el Alzamiento fue una cruzada contra el comunismo y una respuesta contundente a la persecución religiosa desencadenada las primeras semanas de la República, incrementada en la revolución de octubre de 1934. Terribles acontecimientos, que desvincularon del nuevo régimen a los fundadores de la Agrupación al Servicio de la República -Ortega, Marañón y Pérez de Ayala- así como precipitaron la dimisión del ministro de la Gobernación Miguel Maura Gamazo en octubre de 1931, por motivos religiosos.

Otro ponente, José Cervera, secretario del curso, afirmó: «Es evidente que Franco ganó la guerra, lo que no se sabe es cómo lo hizo». La guerra se ganó porque en la zona nacional, desde los primeros momentos, hubo una firme voluntad de victoria, porque hubo orden, disciplina, unidad de mando, e impulso moral, por la simbiosis entre el ejército y el pueblo que contribuyó con grandes contingentes de voluntarios procedentes de toda la geografía nacional -ocasionalmente tres generaciones de una misma familia- reforzando las diversas unidades militares, porque había un caudillo que empeñó su vida en conducir a su pueblo a la victoria. Frente al lema «No pasarán» que preconizaba el ejército rojo, observa críticamente Fernando Díaz Plaja: «las guerras no se ganan impidiendo el paso a los contrarios sino avanzando hacia ellos».

Es asombroso que el socialista británico Thomas no exija que el Psoe y el Pc pidan perdón por la revolución de Asturias, por el genocidio religioso, por las matanzas en las chekas, por la prolongación de una guerra, que tenían técnicamente perdida desde 1938, por incluir a España en la órbita soviética, por la entrega del oro a la URSS, y por haber dejado una nación que, como creía el funesto Azaña, tardaría medio siglo en alcanzar los niveles socioeconómicos de 1936 (se tardó menos de una década). En cambio, los nacionales tendrían que arrepentirse de haber impedido que España, como Albania, hubiera padecido sesenta años de miseria y terror.



Manuel Clemente Cera



 

Contrato público con España indice Inflación sexual

Cartas a Razón Española

Buzon Pulse aquí para enviar correo


La obra de Razón Española es propiedad registrada
Prohibida la reproducción total o parcial de estos documentos sin previa autorización y acuerdo.