LIBROS: El Estado del bienestar. nº 102 Razón Española

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LIBROS: El Estado del bienestar. nº 102

Comentarios de J. Rodríguez Arzúa al libro de Juan Velarde Fuertes y Alejandro Cercas

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LIBROS: El Estado del bienestar

Velarde Fuertes, Juan, y Cercas, Alejandro: El Estado del bienestar. Madrid 1999, Acento EDIT. 281 pp.



El presente libro es de palpitante actualidad y lo seguirá siendo muchos años. A veces colaboran dos o más autores para hacer un libro, en éste no. Cada autor hace su parte con total independencia. Haré una breve recensión de la primera parte del libro a cargo del profesor Velarde, escrito como siempre lo hace con profundidad e imparcialidad, y prescindiré por su acusado partidismo político de la segunda de Cercas Alonso.

El profesor Velarde es un eminente economista pero, además, lleva su vida trabajando en la Seguridad Social y conoce a la perfección sus problemas pasados, presentes y futuros. Es toda una autoridad en la materia. Estoy de acuerdo con el profesor Velarde en su estudio y en especial en la crítica al título del libro. Verdaderamente, esa terminología del Estado del Bienestar no dice nada claro y es muy equívoca. Velarde hace al principio un estudio de la historia de la Seguridad Social, que ya procede del siglo XIX y se ha ido extendiendo a todas las naciones adelantadas. Pero no hay que olvidar que en el caso de España el grueso de la S.S. se crea cuando la nación es tercermundista; hay que esperar a la década de los 60 para que se empiece a salir de tal situación. Hoy somos una nación rica. No se puede comparar una economía con la otra.

Según Velarde debe entenderse por Estado del Bienestar un conjunto de medidas proteccionistas de las gentes de menores niveles de rentas…: educación, familia, sanidad, paro, pensiones. Yo me pregunto: ¿es posible que existan hoy esos menores niveles de rentas cuando el número de coches es de casi uno por cada tres personas? No hay donde aparcar en ninguna ciudad. El fondo de la cuestión es la onda larga de Kondratieff de la economía. Durante la parte ascendente aumenta la riqueza y el Estado puede permitirse el lujo de repartir entre sus súbditos, vacas gordas. La crisis de 1929 hunde este frágil equilibrio, vacas flacas. Keynes propone una política coyuntural con déficit presupuestario, servicios sociales, y estatalización. El error es convertir una política coyuntural con déficit presupuestario, servicios sociales, y estatalización en una política permanente. Los choques petroleros de 1973 y 1978 despiertan de su letargo a la economía y generan un fuerte paro. Hay que cambiar de política, bajar los impuestos, reprivatizar, etc. El Estado es un gigante y como tal un mal administrador. Por otra parte, como muy bien recoge Velarde, en los medios de comunicación hay quejas contra el bajo nivel de protección social y lo caro que cuesta.

El tiempo de los presupuestos con déficit está siendo superado y el exceso de presión fiscal genera una economía sumergida, que Velarde considera como peligrosa socialmente. Además, se ha producido una revolución demográfica de incalculable alcance: hundimiento de la natalidad, prolongación de la vida y el problema de los ancianos. El demógrafo italiano Livi Bacci ha dado ya el grito de alerta. El juicio de Velarde es muy severo (128): «el envejecimiento de la población en la mayor parte… de los pueblos europeos, plantea una carga para los activos que cada día rechazan con mayor vehemencia». La juventud está neutralizando estos problemas del paro, etc, quedándose a vivir con sus padres. Medida interesante pero provisional.

En España existe un despilfarro, que anota muy bien Velarde: sanidad, medicinas, enseñanza con una nube de asignaturas optativas y de Universidades, número de funcionarios, ampliado en pocos años al doble «gracias» a las autonomías, mas el problema del paro que, afortunadamente, está decreciendo. Hay que tener cuidado con lo que se paga al parado; estos pagos deben estar alejados de una posible desanimación del deseo de trabajar, lo que ya ocurre en Andalucía y Extremadura.

Las conclusiones del profesor Velarde son importantes: España no tiene futuro fuera de Europa, ha de insistir en la convergencia, no puede suprimir el Estado del Bienestar, no puede dejar las soluciones para mañana. Es una lástima que la Constitución de 1978 esté impregnada del mensaje de Keynes. Rechaza Velarde el sistema chileno de pensiones. El juicio final del autor es muy claro (130): «Es general el convencimiento del fin del Estado del Bienestar… sólo quedarán aquellos restos especialmente eficaces». Hay que dejar de soñar y atender a la economía y a la posibilidad. Y cuanto antes, mejor.

Pero me pregunto ¿qué pasa con la edad de jubilación? Si la edad media de vida o esperanza de vida se está alargando casi cuatro meses por año, ¿cuál es la razón de que esté inmóvil la edad de jubilación? Me parece una contradicción. En cuanto a las jubilaciones con 50 o más años, apoyadas por el Gobierno, prefiero no hablar. Creo que la jubilación debería ser voluntaria, con edad mínima, y el jubilado que quiera seguir trabajando no debe ser perseguido por el Estado con la amenaza de pérdida de su jubilación. A más trabajo, más riqueza.

El libro es merecedor de ser meditado.



J. Rodríguez Arzúa



 

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