La peregrinación secularizada

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La peregrinación secularizada

Por Angel Maestro

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La peregrinación secularizada

Cada año, el Xacobeo guarda menos parecido con el Año Santo tradicional. Hazañas deportivas de «records» pedestres en sus diversas modalidades, peregrinos ancianos que superan las marcas de otros antecesores en kilómetros recorridos en menos tiempo, jóvenes que realizan las etapas más largas. Otros consiguen ganar la apuesta de hacerlo en línea recta a pesar de las dificultades orográficas. Caballistas a lomo de sus cabalgaduras. Carruajes remolcados. Ciclistas que quieren emular a los profesionales recorriendo tan larguísimo trecho en el menor tiempo posible. Atletas con deseos similares. Automóviles antiguos que escogen a modo de «raylle» la ruta jacobea, etc.

El itinerario completo es sumamente duro en su trazado más tradicional desde Roncesvalles a Santiago. El camino se fragmenta y, a medida que la distancia que separa de la ciudad del apóstol es menor, los peregrinos van siendo más. Su número se incrementa desde los no muy numerosos que arrancan de tierras navarras. Siguen por las riojanas, y ya empiezan a ser visibles en mayor cantidad por tierras burgalesas y palentinas. En León su presencia ya no puede pasar inadvertida por la cantidad de caminantes. Al entrar en Galicia por la parte más dura del camino hasta los altos del Cebrero los viajeros invaden las rutas. Y dentro de la misma provincia de Lugo, en que el camino se suaviza, ya son muchedumbre. Al comenzar la provincia de la Coruña y aproximarse a la ciudad compostelana cabe hablar de verdaderas masas. Multitudes nunca vistas, pero salvo una minoría exigua, lejos del fin de ganar la indulgencia plenaria.

Posiblemente en 1993, el primer «Xacobeo» de tal nombre en vez del Año Santo multisecular, se quisiese superar la afluencia de la Expo 92 y de la Olimpiada del mismo año. Hay que reconocer que con gran eficacia el departamento correspondiente de cultura ha superado ampliamente al evento del 93 y bien lo ha aprovechado para dar a conocer muy merecidamente, la hermosa región gallega tan digna de visitar por numerosísimos motivos.

Mas la distancia entre el fin verdadero y la forma ha crecido hasta hacerse abismal. Entre el Año Santo y el «Xacobeo» sólo existe una débil conexión.

Testigos presenciales muy diversos comentan que en los diferentes albergues de «peregrinos» a lo largo del dilatado camino se producían escenas poco acordes con la motivación religiosa. También situaciones grotescas cuales las de «peregrinos» que viajan como si fuesen equipos ciclistas, con coches de apoyo. Acompañados de gran profusión de teléfonos portátiles que permitían acomodarse a las circunstancias con la ayuda de la técnica. Esos coches de apoyo lograban ocupar los albergues prioritariamente, y cuando llegaban los excursionistas con sus pies cansados tenían que dormir como pudiesen.

La ausencia de religiosidad ha sido la característica dominante. Somos testigos presenciales de cómo una profesora universitaria de Madrid llegó al punto inaudito de regañar a su madre anciana, por sorprenderla enseñando a sus hijos el Padre Nuestro. Ateos militantes ¡realizando el Camino de Santiago! Un ex-ministro socialista y frustrado líder de su partido, también hizo declaraciones de realizar el camino como si fuese una apuesta.

Numerosos católicos, aunque poco o nada practicantes, acudían a la Catedral donde reposan los restos del Apóstol Santiago, desconocedores de que son precisas una previa confesión y comunión para obtener la indulgencia plenaria.

Y después de que miles y miles de excursionistas y algún peregrino que otro llegase a la basílica compostelana encontrábanse allí con una turbamulta generalmente vestida de forma libérrima y nada acorde con la santidad del lugar. (En viajes por países asiáticos, al visitar turísticamente algún templo, debíamos aceptar las condiciones fijadas por los representantes de dichas confesiones para entrar, ya fuesen budistas, o hinduistas). Pantalones cortos en hombres y mujeres y, a veces, como única prenda superior, la del «bikini». Individuos melenudos y desastrados. Dentro del templo conversaciones a viva voz, risas, actitudes de nulo respeto, incluso cubiertos con gorras.

Masa similar a la que frecuenta esos llamados «conciertos» de altos decibelios, por un lado. Y por otro, excursionistas, familias, grupos de jubilados, ayunos de afán religioso. Incluso los que visitan nuestras catedrales interesados sólo en las facetas del románico o del gótico, generalmente silenciosos, quedaban aplastados por la multitud. A un amigo, de modesta economía, le sustrajeron sus escasos caudales. Al denunciarlo ante la policía, le explicaron que su caso era uno entre cientos.

Hazañas deportivas en el Camino de Santiago, multitudes nunca vistas, actuaciones exclusivamente lúdicas, festejos, musicales, teatrales, algunos refinados y de buen gusto; otros zafios y chabacanos. Pretextos pseudohistóricos, gastronómicos, varios de erotismo claro. Un conglomerado de actividades salvo el verdadero fin: la religiosidad que debería inspirar dicho recorrido sacro.

En un importante periódico regional se publicó una entrevista realizada a tres peregrinos, que eran noticia destacada. Uno de ellos era marino de guerra, otro ingeniero agrónomo, y otro empleado. El titular del periódico los señalaba como noticia porque hacían el Camino de Santiago por motivos exclusivamente religiosos. Una página entera en la que el entrevistador se preguntaba reiteradamente si eso era verdad. Ellos repetían que sí, que no les animaba ningún otro afán. Que tampoco les animaba el deseo de conocer sociológicamente las culturas que recorrían. Y así toda la entrevista. Tres hombres que peregrinaban sólo por motivos religiosos, y por eso eran noticia.

El «Xacobeo», reconociendo la óptima intención de sus promotores y de ciertas jerarquías de la Iglesia, ha sufrido una metamorfosis de su concepción original, y se ha convertido en aglutinante de conceptos variados, pero no religiosos. En suma, se ha secularizado, al igual que la sociedad española en general. Pero como acontecimiento secular ha sido un gran éxito turístico y socioeconómico.



Angel Maestro



 

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