La
peregrinación secularizada
Cada
año, el Xacobeo guarda menos parecido con el Año Santo
tradicional. Hazañas deportivas de «records» pedestres
en sus diversas modalidades, peregrinos ancianos que
superan las marcas de otros antecesores en kilómetros
recorridos en menos tiempo, jóvenes que realizan las
etapas más largas. Otros consiguen ganar la apuesta de
hacerlo en línea recta a pesar de las dificultades
orográficas. Caballistas a lomo de sus cabalgaduras.
Carruajes remolcados. Ciclistas que quieren emular a los
profesionales recorriendo tan larguísimo trecho en el
menor tiempo posible. Atletas con deseos similares.
Automóviles antiguos que escogen a modo de «raylle» la
ruta jacobea, etc.
El itinerario completo es sumamente duro en su trazado
más tradicional desde Roncesvalles a Santiago. El camino
se fragmenta y, a medida que la distancia que separa de
la ciudad del apóstol es menor, los peregrinos van
siendo más. Su número se incrementa desde los no muy
numerosos que arrancan de tierras navarras. Siguen por
las riojanas, y ya empiezan a ser visibles en mayor
cantidad por tierras burgalesas y palentinas. En León su
presencia ya no puede pasar inadvertida por la cantidad
de caminantes. Al entrar en Galicia por la parte más
dura del camino hasta los altos del Cebrero los viajeros
invaden las rutas. Y dentro de la misma provincia de
Lugo, en que el camino se suaviza, ya son muchedumbre. Al
comenzar la provincia de la Coruña y aproximarse a la
ciudad compostelana cabe hablar de verdaderas masas.
Multitudes nunca vistas, pero salvo una minoría exigua,
lejos del fin de ganar la indulgencia plenaria.
Posiblemente en 1993, el primer «Xacobeo» de tal nombre
en vez del Año Santo multisecular, se quisiese superar
la afluencia de la Expo 92 y de la Olimpiada del mismo
año. Hay que reconocer que con gran eficacia el
departamento correspondiente de cultura ha superado
ampliamente al evento del 93 y bien lo ha aprovechado
para dar a conocer muy merecidamente, la hermosa región
gallega tan digna de visitar por numerosísimos motivos.
Mas la distancia entre el fin verdadero y la forma ha
crecido hasta hacerse abismal. Entre el Año Santo y el
«Xacobeo» sólo existe una débil conexión.
Testigos presenciales muy diversos comentan que en los
diferentes albergues de «peregrinos» a lo largo del
dilatado camino se producían escenas poco acordes con la
motivación religiosa. También situaciones grotescas
cuales las de «peregrinos» que viajan como si fuesen
equipos ciclistas, con coches de apoyo. Acompañados de
gran profusión de teléfonos portátiles que permitían
acomodarse a las circunstancias con la ayuda de la
técnica. Esos coches de apoyo lograban ocupar los
albergues prioritariamente, y cuando llegaban los
excursionistas con sus pies cansados tenían que dormir
como pudiesen.
La ausencia de religiosidad ha sido la característica
dominante. Somos testigos presenciales de cómo una
profesora universitaria de Madrid llegó al punto
inaudito de regañar a su madre anciana, por sorprenderla
enseñando a sus hijos el Padre Nuestro. Ateos militantes
¡realizando el Camino de Santiago! Un ex-ministro
socialista y frustrado líder de su partido, también
hizo declaraciones de realizar el camino como si fuese
una apuesta.
Numerosos católicos, aunque poco o nada practicantes,
acudían a la Catedral donde reposan los restos del
Apóstol Santiago, desconocedores de que son precisas una
previa confesión y comunión para obtener la indulgencia
plenaria.
Y después de que miles y miles de excursionistas y
algún peregrino que otro llegase a la basílica
compostelana encontrábanse allí con una turbamulta
generalmente vestida de forma libérrima y nada acorde
con la santidad del lugar. (En viajes por países
asiáticos, al visitar turísticamente algún templo,
debíamos aceptar las condiciones fijadas por los
representantes de dichas confesiones para entrar, ya
fuesen budistas, o hinduistas). Pantalones cortos en
hombres y mujeres y, a veces, como única prenda
superior, la del «bikini». Individuos melenudos y
desastrados. Dentro del templo conversaciones a viva voz,
risas, actitudes de nulo respeto, incluso cubiertos con
gorras.
Masa similar a la que frecuenta esos llamados
«conciertos» de altos decibelios, por un lado. Y por
otro, excursionistas, familias, grupos de jubilados,
ayunos de afán religioso. Incluso los que visitan
nuestras catedrales interesados sólo en las facetas del
románico o del gótico, generalmente silenciosos,
quedaban aplastados por la multitud. A un amigo, de
modesta economía, le sustrajeron sus escasos caudales.
Al denunciarlo ante la policía, le explicaron que su
caso era uno entre cientos.
Hazañas deportivas en el Camino de Santiago, multitudes
nunca vistas, actuaciones exclusivamente lúdicas,
festejos, musicales, teatrales, algunos refinados y de
buen gusto; otros zafios y chabacanos. Pretextos
pseudohistóricos, gastronómicos, varios de erotismo
claro. Un conglomerado de actividades salvo el verdadero
fin: la religiosidad que debería inspirar dicho
recorrido sacro.
En un importante periódico regional se publicó una
entrevista realizada a tres peregrinos, que eran noticia
destacada. Uno de ellos era marino de guerra, otro
ingeniero agrónomo, y otro empleado. El titular del
periódico los señalaba como noticia porque hacían el
Camino de Santiago por motivos exclusivamente religiosos.
Una página entera en la que el entrevistador se
preguntaba reiteradamente si eso era verdad. Ellos
repetían que sí, que no les animaba ningún otro afán.
Que tampoco les animaba el deseo de conocer
sociológicamente las culturas que recorrían. Y así
toda la entrevista. Tres hombres que peregrinaban sólo
por motivos religiosos, y por eso eran noticia.
El «Xacobeo», reconociendo la óptima intención de sus
promotores y de ciertas jerarquías de la Iglesia, ha
sufrido una metamorfosis de su concepción original, y se
ha convertido en aglutinante de conceptos variados, pero
no religiosos. En suma, se ha secularizado, al igual que
la sociedad española en general. Pero como
acontecimiento secular ha sido un gran éxito turístico
y socioeconómico.
Angel Maestro
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