Ante las elecciones

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Ante las elecciones

Por Francisco Sánchez-Ventura

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Ante las elecciones

Ante las convocatorias de pasadas elecciones nunca tuve problemas a la hora de elegir al candidato, pero ahora no es así. El problema, al menos para mi, no es fácil de resolver.

Le pregunté a mi conciencia a quién tenemos que votar… Parece lógico que, ante el fracaso y los abusos de todas clases que protagonizaron los socialistas, la posibilidad de votarles la rechaza nuestra mente con toda energía. Cuando se hicieron cargo del poder, la cifra de parados recuerdo que estaba en los 800.000 aproximadamente, cifra que al poco tiempo la elevaron, con su nefasta política, hasta cerca de los cuatro millones. La secretaria del partido, Sra. Dña. Carmen García Bloise, aseguró que la «oferta de los ochocientos mil puestos de trabajo seguía en pie, pues si hubo algún fallo fue por falta de tiempo, ya que llevamos solo cuatro años de gobierno y el cumplir la promesa exigía mucho más tiempo»… Y pasaron tantos años, que la secretaria de referencia falleció… La culpa, como es lógico, se la achacaban a la herencia recibida, ocultando que en aquella época, el año peor, que fue sin duda el de 1969, estaban en paro solamente 283.000 personas, mientras que la Seguridad Social alcanzó un superávit de dieciocho mil millones, y la balanza de pagos también se superó en sesenta millones de dólares. El déficit de hoy no se puede calcular porque es incalculable. Votar más hacia la izquierda, lo rechaza también nuestra mente y nuestro corazón, por lógica aplastante, lo que nos obliga a darle, en principio, al PP nuestro apoyo. Hasta hace poco parece que representaba una ideología de carácter más o menos derechista, de honradez y buena intención, derechismo por cierto muy mutilado; pero ahora ya se desplaza en dirección opuesta, al levantar la bandera de lo que califican de centro. Si nos preguntamos el por qué de esa inclinación nos alarman las respuestas, pues el Sr. Aznar no tiene inconveniente en reconocer que su maestro político, al que admira e intenta por todos los medios copiar en lo posible, es D. Manuel Azaña; pero si investigamos su historia, la verdad es que nuestras inquietudes crecen. Porque Azaña fue el autor de varias frases que reflejan su nefasto pensamiento y explican su desastrosa actuación y su conducta, con sorpresa y escándalo por nuestra parte.

Ante las quemas de conventos e iglesias de la católica España, Azaña afirmó, rotundamente, que todos los conventos de Madrid no valían la vida de un republicano (11 de mayo de 1931); para salvar a la Patria hay que hacer desaparecer de raíz al ejército y a la Iglesia (8 de junio de 1931); en consecuencia mandó cerrar la Academia General Militar de Zaragoza (30 de junio de 1931); afirmó que España se durmió monárquica y despertó republicana, como se había dormido católica y despertado atea (14 de octubre de 1931); ingresó personalmente, con gran satisfacción, en la secta masónica de carácter jacobino y anticristiana del Gran Oriente de España (2 de marzo de 1932); resolvió la sublevación de Casas Viejas con una orden tajante, que decía así: «No quiero ni heridos ni prisioneros, solo ¡tiros a la barriga!» (12 de noviembre de 1933); promulgó una ley contra las congregaciones religiosas (17 de mayo de 1933); no admitió su derrota en las elecciones generales (3 de diciembre de 1933); a pesar de no ganar, plenamente, las elecciones, no admitió en su función de Presidente de la República la inclusión de tres ministros cedistas en el gobierno; en defensa de la República acude a toda clase de ilegalidades (6 de octubre de 1934); participa en el golpe de estado marxista-separatista (5 de octubre de 1934); se hace con el poder apoyado por el antidemocrático Frente Popular, sin esperar la segunda vuelta electoral (19 de febrero de 1936); trasladó la Guerra Civil a las Cortes con las siguientes palabras: «No quieren violencia…? ¡Pues que tomen violencia… pero que se atengan también a las consecuencias!» (16 de abril de 1936); no opuso ni tomó medidas para evitar las matanzas dirigidas desde la Dirección General de Seguridad Republicana, que se produjeron bajo su responsabilidad directa en la Cárcel Modelo de Madrid (29 de agosto de 1936); Aravaca (1 de noviembre de 1936); cárcel Porlier (4 de noviembre de 1936); Paracuellos del Jarama (7 de noviembre 1936), y que costaron la vida, sumados todos ellos, a más de 10.000 madrileños; y por último aludiremos al hecho de haber firmado el Decreto por el que Moscú, si acudía en su ayuda, podría disponer libremente de todas las reservas del oro español situado en el Banco de España (13 de septiembre de 1936).

Si el desplazamiento del Sr. Aznar hacia el centro, es para acercarse, por imitación, al ejemplo que le dio su maestro, el citado político al que tanto defendía y admiraba… ¿podemos concederle el simple apoyo de nuestro voto? El panorama se ofrece, en consecuencia, trágico, y la pregunta que se suscita ahora es la siguiente. ¿A quién debemos votar?



Francisco Sánchez-Ventura



 

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