Ante las
elecciones
Ante
las convocatorias de pasadas elecciones nunca tuve
problemas a la hora de elegir al candidato, pero ahora no
es así. El problema, al menos para mi, no es fácil de
resolver.
Le pregunté a mi conciencia a quién tenemos que votar
Parece lógico que, ante el fracaso y los abusos de todas
clases que protagonizaron los socialistas, la posibilidad
de votarles la rechaza nuestra mente con toda energía.
Cuando se hicieron cargo del poder, la cifra de parados
recuerdo que estaba en los 800.000 aproximadamente, cifra
que al poco tiempo la elevaron, con su nefasta política,
hasta cerca de los cuatro millones. La secretaria del
partido, Sra. Dña. Carmen García Bloise, aseguró que
la «oferta de los ochocientos mil puestos de trabajo
seguía en pie, pues si hubo algún fallo fue por falta
de tiempo, ya que llevamos solo cuatro años de gobierno
y el cumplir la promesa exigía mucho más tiempo»
Y pasaron tantos años, que la secretaria de referencia
falleció
La culpa, como es lógico, se la
achacaban a la herencia recibida, ocultando que en
aquella época, el año peor, que fue sin duda el de
1969, estaban en paro solamente 283.000 personas,
mientras que la Seguridad Social alcanzó un superávit
de dieciocho mil millones, y la balanza de pagos también
se superó en sesenta millones de dólares. El déficit
de hoy no se puede calcular porque es incalculable. Votar
más hacia la izquierda, lo rechaza también nuestra
mente y nuestro corazón, por lógica aplastante, lo que
nos obliga a darle, en principio, al PP nuestro apoyo.
Hasta hace poco parece que representaba una ideología de
carácter más o menos derechista, de honradez y buena
intención, derechismo por cierto muy mutilado; pero
ahora ya se desplaza en dirección opuesta, al levantar
la bandera de lo que califican de centro. Si nos
preguntamos el por qué de esa inclinación nos alarman
las respuestas, pues el Sr. Aznar no tiene inconveniente
en reconocer que su maestro político, al que admira e
intenta por todos los medios copiar en lo posible, es D.
Manuel Azaña; pero si investigamos su historia, la
verdad es que nuestras inquietudes crecen. Porque Azaña
fue el autor de varias frases que reflejan su nefasto
pensamiento y explican su desastrosa actuación y su
conducta, con sorpresa y escándalo por nuestra parte.
Ante las quemas de conventos e iglesias de la católica
España, Azaña afirmó, rotundamente, que todos los
conventos de Madrid no valían la vida de un republicano
(11 de mayo de 1931); para salvar a la Patria hay que
hacer desaparecer de raíz al ejército y a la Iglesia (8
de junio de 1931); en consecuencia mandó cerrar la
Academia General Militar de Zaragoza (30 de junio de
1931); afirmó que España se durmió monárquica y
despertó republicana, como se había dormido católica y
despertado atea (14 de octubre de 1931); ingresó
personalmente, con gran satisfacción, en la secta
masónica de carácter jacobino y anticristiana del Gran
Oriente de España (2 de marzo de 1932); resolvió la
sublevación de Casas Viejas con una orden tajante, que
decía así: «No quiero ni heridos ni prisioneros, solo
¡tiros a la barriga!» (12 de noviembre de 1933);
promulgó una ley contra las congregaciones religiosas
(17 de mayo de 1933); no admitió su derrota en las
elecciones generales (3 de diciembre de 1933); a pesar de
no ganar, plenamente, las elecciones, no admitió en su
función de Presidente de la República la inclusión de
tres ministros cedistas en el gobierno; en defensa de la
República acude a toda clase de ilegalidades (6 de
octubre de 1934); participa en el golpe de estado
marxista-separatista (5 de octubre de 1934); se hace con
el poder apoyado por el antidemocrático Frente Popular,
sin esperar la segunda vuelta electoral (19 de febrero de
1936); trasladó la Guerra Civil a las Cortes con las
siguientes palabras: «No quieren violencia
? ¡Pues
que tomen violencia
pero que se atengan también a
las consecuencias!» (16 de abril de 1936); no opuso ni
tomó medidas para evitar las matanzas dirigidas desde la
Dirección General de Seguridad Republicana, que se
produjeron bajo su responsabilidad directa en la Cárcel
Modelo de Madrid (29 de agosto de 1936); Aravaca (1 de
noviembre de 1936); cárcel Porlier (4 de noviembre de
1936); Paracuellos del Jarama (7 de noviembre 1936), y
que costaron la vida, sumados todos ellos, a más de
10.000 madrileños; y por último aludiremos al hecho de
haber firmado el Decreto por el que Moscú, si acudía en
su ayuda, podría disponer libremente de todas las
reservas del oro español situado en el Banco de España
(13 de septiembre de 1936).
Si el desplazamiento del Sr. Aznar hacia el centro, es
para acercarse, por imitación, al ejemplo que le dio su
maestro, el citado político al que tanto defendía y
admiraba
¿podemos concederle el simple apoyo de
nuestro voto? El panorama se ofrece, en consecuencia,
trágico, y la pregunta que se suscita ahora es la
siguiente. ¿A quién debemos votar?
Francisco Sánchez-Ventura
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