LIBROS: El
porvenir de la razón en la era digital
González
Quirós, José Luis: El porvenir de la razón en la era
digital, ed. Síntesis, Madrid 1998, 210 págs.
Este joven estudioso presentó su radiografía de
humanista con un excelente Diccionario de citas (1993), y
su credencial filosófica con su libro Mente y cerebro
(1994)1. Ahora desarrolla algunas de las ideas avanzadas
en textos anteriores. El resultado más trascendental es
un pronunciamiento a favor del dualismo alma-cuerpo y en
contra del monismo que identifica con el materialismo.
Afirma que hay «una dualidad innegable» y que han
fracasado «todos los intentos de reducción de lo
psíquico a lo físico». Sostiene, en suma, «la
autonomía del alma respecto a la mecánica del cuerpo»
y «la existencia de un elemento irreductiblemente
espiritual en los seres vivos». Esta tesis no se funda
en el hilemorfismo clásico, ni tampoco en el argumento
expuesto por Millán Puelles en su gran libro Estructura
de la subjetividad (1967), se funda en el hecho de la
conciencia, entendida con «condición por la cual el
mundo se nos presenta de un modo irreductiblemente
cualitativo».
Uno de los problemas que plantea el dualismo metafísico
alma-cuerpo es el de si no ya los animales poseen un alma
como afirmó Brentano, sino lo que es más obvio,
también conciencia, pues sin una presencia mental
cualitativa de su circunstancia, los animales superiores
no podrían comportarse como lo hacen. Por otro lado, el
«materialismo» que se apoya en la oscura noción
aristotélica de la «materia prima» y que radicalizaron
en el siglo XIX, sobre todo Haeckel y Marx, ya casi está
borrado de la nueva Física después de la ecuación
einsteniana que impone el universal «energetismo». En
nuestros días, la gran cuestión ontológica es
determinar si lo que llamamos espíritu es energía pura
(Millán afirma que «el entendimiento y la voluntad son
subenergías del espíritu humano»), o es, en términos
clásicos, pura forma como sería el caso de los
ángeles. La contraposición alma-cuerpo, mente-cerebro,
materia-forma, o físico-espiritual sería la clave del
análisis desde la bifronte perspectiva especulativa y
empírica, acaso una teoría unificada de lo real.
Pero la mayor parte del libro de González Quirós no
está consagrada a demostrar un irreductible dualismo
entre lo extenso y lo pensante, sino a formular muy
severas e incluso agresivas críticas contra lo que
denomina «ciberfilosofía»o «razón periódica», que
considera productos característicos de la era digital o
periodo infocense que estamos iniciando. Efectivamente,
la informática ha revolucionado el acceso al
conocimiento puesto que está poniendo al alcance de todo
el mundo el saber, lo que ha originado una grave
confusión entre la información y la comprensión.
Según el autor, consecuencias de la extensión,
allanamiento y pseudoseñalización de las vías
informativas son el desfase entre la capacidad
tecnológica y la incompetencia moral; el desarrollo de
poderes mediáticos sin control; la manipulación mental
de minorías y masas; el mecanicismo como visión de la
realidad; el desplazamiento del humanismo; la
civilización contrapuesta a la naturaleza;
encadenamiento a necesidades un poco paranoicas;
aislamiento respecto de las cosas; sustitución de lo
real por lo virtual y de los entes por sus símbolos;
ruptura con lo intuitivo; confusión entre saber e
información, y entre saber y opinión; solipsismo y
relativismo; se relega la distinción entre original y
copia; la repetición como sustitutivo de la
demostración; nada es falsable; depauperación de los
valores metafísicos y morales; neoignorancia masiva;
uniformidad y mediocridad; la realidad como precipitado
de opiniones diversas; la opinión de quien tenga
altavoces se impone sobre la del más versado;
obsolescencia de los productos intelectuales; y epidemia
de trivialización.
El diagnóstico o denuncia tiene muchísimo fundamento;
pero ¿todo esto es causado por la digitalización? Sólo
en parte. La propia Filosofía se ha ido despeñando
hacia la logomaquia desde, por lo menos, los tiempos de
Hegel. El demagógico permisivismo de los políticos ha
agravado la anemia ética. La sistemática manipulación
social data del siglo XIX cuando aparecieron los medios
de comunicación de masas, y ha alcanzado una cumbre con
la televisión, que es anterior a Internet. ¿Y la
maltratada técnica?
La ciencia es la racionalización de la experimentación,
el más noble producto del hombre. Y la técnica es
ciencia aplicada. Sin ellas esta-ríamos en las cavernas.
Las técnicas son neutrales y pueden ser utilizadas para
bien o para mal. El delincuente no fue la quijada, sino
Caín. Creo que los grandes riesgos de la digitalización
de la cultura se superarán por nuestra especie aunque
pagando, como siempre, un precio; y libros como el de
González Quirós contribuirán a que ese precio sea
menos alto.
Respecto al lavado de los cerebros por los medios de
comunicación de masas, al servicio de unos pocos en la
sombra y con escasa densidad racional, soy tan pesimista
como el autor. Sólo una minoría muy crítica e
independiente, que lea libros en vez de periódicos,
logrará salvarse de la tinción general con la humilde y
generosa esperanza de que, a la larga, el logos se
imponga; pero han de perder toda esperanza de salir en
vida del ostracismo al que les condenan su extravagancia,
rebeldía e «incorrección». El despotismo mediático
irá a más.
En cuanto a la Filosofía, que posee muchos brazos, me
temo que los hoy dominantes sólo produzcan engolados
aspavientos consentidos.
Libro inteligente, culto y, en muchos aspectos
desgarrador. Suscribo sus últimas palabras, volvamos a
lo real. Pero el cumplimiento de esta lógica consigna lo
hacen cada año más arduo los «media», los digitales y
los que no lo son. Y los jaleados minifilósofos de moda,
en sus cofradías, revestidos de retórica y tributarios
de algún poder. La razón está, de momento, recluida en
los laboratorios de física y de biología.
G. Fernández de la Mora
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