LIBROS: Los
signos del Anticristo
Cierva,
Ricardo de la: Los signos del Anticristo, ed. Fénix,
Madridejos 1999, 374 págs.
El autor presenta una interpretación moral de la
Historia como tensión entre el bien y el mal. Al primero
lo encarna el cristianismo, y al segundo un Anticristo
que, en este caso, no es la figura neotestamentaria, sino
más bien un símbolo bajo el cual, con mayor o menor
intensidad, figuran personajes como Simón el Mago,
Nerón, Arrio, Prisciliano, Lutero, Rousseau, Marx,
Nietzsche, Heidegger, etc. Como colectivos anticristianos
el autor estudia a los gnósticos, los masones, los
judíos y la Internacional Socialista.
Con carácter casi monográfico se analiza las diferentes
sectas masónicas que encarnan distintos matices ante el
cristianismo (algunos de sus miembros se dicen
cristianos); pero, en general, la sentencia del autor es
negativa porque entiende que la pertenencia a la
masonería sigue condenada por Roma, a pesar de la
supresión del artículo correspondiente en la versión
postconciliar del Código de Derecho canónico.
También se detiene el autor en exponer los varios
contactos entre masonería, judaísmo y socialismo, a
pesar de sus diferencias doctrinales; pero coinciden en
su hostilidad al cristianismo. En una línea paralela
sitúa el autor al Consejo de Relaciones Exteriores, de
control estadounidense, al Club Bilderberg, a una de
cuyas reuniones asistió nuestra reina Sofía, y a la
Comisión Trilateral.
Desde una perspectiva confesional como la del autor, lo
anticristiano es rechazable por definición. Pero
acontece, además, que el cristianismo incluye una ética
y el precepto de la caridad, por lo que la
descristianización ha traido lo que De la Cierva
describe, en un realista y excelente capítulo, como «la
disolución de la moral». Esta denuncia, que va más
allá del campo dogmático, es uno de los puntos
centrales de la obra, sin duda, el más convincente y
preocupante porque las civilizaciones han perecido cuando
se han desmoralizado.
En la bimilenaria lucha entre el cristianismo y sus
adversarios, la actualidad registra uno de los momentos
de mayor secularización, descreencia y,
consiguientemente, corrupción. El autor no atribuye toda
la responsabilidad a la acción concertada de las fuerzas
anticristianas y, como en libros anteriores, aunque
exalta a Juan Pablo II, reconoce los errores de la
Jerarquía católica y, singularmente, de la española.
Es una vieja lección de la Historia que los sistemas no
suelen caer por agresiones externas, sino por
descomposición interior. Desde esta perspectiva, la
documentada narración del autor no inclina hacia el
optimismo.
Para fundar su tesis de la importante presencia de lo
anticristiano pone a contribución una gran erudición
que ahora usa también de los soportes electrónicos de
Internet.
Ricardo de la Cierva es uno de los intelectuales más
valiosos con que cuenta el humanismo tradicional en
España, condición que, como es habitual en nuestro
país, le niegan los adversarios y le discuten los
objetivamente afines. Además de sus extensos saberes, De
la Cierva hace gala de una independencia absoluta frente
al pensamiento único que dictan los poderes políticos y
económicos para preparar un capitalismo global sin más
valores que los meramente hedonísticos. El autor es un
valiente que no se pliega a la impuesta «corrección
política». El cerco ni le amilana, ni le acalla; pero
no es un solitario, sino portavoz de una gran masa
silenciosa y, en parte, acobardada por el griterío de
los oficialistas al humillante, pero remunerado, servicio
de los poderes fácticos.
El autor acepta la generalizada atribución a Franco de
los artículos periodísticos que fueron recogidos en el
volumen Masonería. Pero el estilo literario y el método
expositivo de tales textos en modo alguno coinciden con
los de Franco; están más bien en los antípodas. Un
análisis sintáctico es definitivo para excluir a
Franco. La atribución a Carrero sería menos
insostenible. Tales artículos parece que fueron
redactados por un documentalista que trabajaba para la
Oficina de Información Diplomática y al que se deben
otros varios opúsculos.
Libro de combate que pone el dedo en una invasiva y
terrible llaga de esta España de la II Restauración, la
descomposición moral.
A. Maestro
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