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MILAGRO EN LA ESCUELA
 
 
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Después de haber seleccionado a tres hermosas damas para disfrutar de su grata compañía, a fin de verificar que la “crema maravillosa” que me untó Femme Soie en mi miembro viril, según esto para sanar mi extraña enfermedad (DCE, si no sabe que es eso, ya perdió el hilo de esta historia).

El efecto que tuvo en mi, es que solo pude follar a una de ellas y mi pene ya no me quizo aguantar para las otras dos. !Que pena! !Por Dios que sentí morirme de vergüenza!

De cualquier forma les dije que guardaran el secreto, porque no quiero que nadie se dé cuenta de esta situación tan horrible.

Traté de comunicarme con Femme Soie, al teléfono que se quedó registrado en mi móvil, pero no me contestó.

Hablé con mi equipo de investigadores privados, pero estos me dijeron que todos sus avances se los habían proporcionado a la Mujer de Seda.

Por tal motivo no me quedó más remedio que aguantarme mis “pucheros” y esperar a ver cuándo se comunicaba conmigo esta ingrata mujer (Que tiempo después me di cuenta que se andaba pasando unas vacaciones por Sudamérica, por cierto, muy bien acompañada).

Continué mi vida normal, tratando de no hacer contacto físico con féminas.

En una de las visitas sorpresa hacia uno de mis planteles educativos, tuve la “suerte” de llegar cuando uno de los profesores faltó por motivos personales.

Como ya tenía bastante tiempo que no me dedicaba a dar clases, no quise dejar pasar esta oportunidad y me dispuse a cubrir el lugar de mi faltista empleado.

Los alumnos se miraban disgustados por mi presencia, pero eso la verdad eso me tuvo sin cuidado.

Dirigí la mirada a todos y cada uno de los alumnos, de pronto detuve mi recorrido en una alumna quien me miraba de una manera, se puede decir que muy extraña.

No estaba viendo el pizarrón, me veía a los ojos y pasaba su lengua por los labios. Elena (así se llama esta muchacha) estaba sentada justo frente al escritorio mismo que solo aconstumbro utilizar para tomar lista.

Seguí mi recorrido y mi exposición pero ya un poco inquieto con lo que había observado en esta chica, en un momento dado nuestras miradas volvieron a coincidir y no era casualidad ella me veía de una manera muy sensual.

Mon Dieu, no sabia qué hacer, ya que aún me encontraba bajo tratamiento médico y cualquier sensación de esta naturaleza podía tener efectos secundarios catastróficos (Bueno, para mí).

Era una muchachita que tenia unos 18 años, si mucho, era de carita redondita, cabello negro, piel morena clara, tersa, ojos café claro muy hermosos, nariz chatita, labios carnosos sensuales y rojos. Muy linda ella, ese día pude observar mejor su cuerpo, pues no les tocó llevar uniforme, así que llevaba una minifalda azul marino, una blusa blanca pegadita y un sweater verde (Extraña combinación). Tenia unas piernas blancas, mucho más blancas que su cara y brazos, torneadas, muy bien formadas, acinturadita y unos pechos muy bien desarrollados.

Llegó un momento en la clase en el que les dejé un ejercicio en el pizarrón y mientras lo resolvían decidí pasar lista. Me senté y empecé esta actividad, ella era de las primeras en la lista, así que cuando dije su nombre levanté la vista para mirarla, con el lápiz en la boca en una actitud pícara me dijo “presente maestro”.

Cuando lo hizo, cruzó la pierna y pude ver en medio de sus piernas, fue una fracción de segungo (como dijo alguna famosa) justo en ese momento Teresa, una de sus compañeras me hizo una pregunta sobre el ejercicio, intenté pararme para ir al pizarrón, pero no pude, tenia una fuerte erección.

Desde ahí como pude respondí a la duda y volteé a ver a Elena, quien dirigió la mirada hacia abajo del escritorio y se sonrió. Ella había notado mi erección, lo notó cuando intenté levantarme, estaba realmente en un aprieto pero tuve que reponerme y continuar con la clase. De cualquier forma, me sentía feliz por la recuperación de mi “buen amigo”, para mi era un milagro.

Después de un rato evité contacto visual con Elena, pero en un momento dado regresé al escritorio por un marcador y lo dejé caer intencionalmente. Me agaché para levantarlo y dirigí mi mirada a sus piernas. Estas estaban abiertas y pude observar que traía unas pantaletas de color rosa. La miré y estaba con sus mejillas rosadas y una sonrisa de malicia que me cautivó.

Faltaban unos cuantos minutos para terminar, me dirigí al pizarrón escribí tres ejercicios de tarea y argumenté que todos habían mostrado atención a la clase y por ello terminaba un poco antes. No hubo ninguna objeción y poco a poco se fue quedando solo el salón, ella fue la última en salir, no sin antes decirme con voz sensual:

—Profe, a la salida me puede explicar un poco una duda de la clase de hoy, es que no le entendí muy bien, yo creo ha de haber sido por su voz, porque me pone nerviosa.

—Nos vemos aquí en este salón a las 3 de la tarde. –Le respondí.

Continué mi labor por la escuela el resto del día con su imagen en mi cabeza.

Eran las tres de la tarde, me dirigí al salón donde me había quedado de ver con Elena; era el último salón de la última sección de edificios de la escuela y desde ahí se podía ver toda la escuela así que perfectamente se podía ver quien iba o venia hacia ese lugar.

Cuando abrí la puerta ya estaba sentada en su lugar repasando los apuntes, me vio y me dijo:

—Profe pensé que no iba a venir.

Cerré la puerta y le respondí:

—Son la tres con un minuto, me tardé un poco en la dirección; a ver, platícame que pasó ¿En dónde tienes duda?

Me respondió:

—En uno de los ejercicios que nos dejó en clase e inclinándose sobre el escritorio me lo mostró, yo no pude leer el ejercicio por que mis ojos no podían apartarse de su pecho.

—Muy bien, -Le dije.

Me levanté y lo anoté en el pizarrón y empecé a explicarle el ejercicio.

Se puso frente a mi en una de las butacas del centro del salón y no apartaba su mirada de mi bragueta, le quedaba justo frente a ella, la plataforma daba esa posibilidad.

Le dije:

—Elena ponme atención.

—Profe, ya lo entendí ¿Le pido otro favor?

—Sí, dime- le contesté.

—Vea si no viene nadie por favor.

Miré por la ventana y acto seguido con sus manos me bajó el cierre del pantalón e hizo brotar mi tremenda erección.

Me dijo:

—Profe esto esta lindísimo, ¿Me permite?

Y empezó a acariciar mi pene con su boca, lo chupaba de una forma tan deliciosa que mis entrecerrados ojos apenas podían ver que sus compañeros estaban dejando sola la escuela, me abandoné a sus caricias hacienda caso omiso a las recomendaciones de mi equipo médico, hasta que sentí que no podía más.

La retiré bruscamente (pensando en mi salud) y le dije:

—No Elena, esto no esta bien.

Me dijo,

—¿ Por qué no profe? Usted me gusta mucho y sé que también yo le gusto, lo supe por la forma como me veía en la clase, déjeme seguir, quiero que termine en mi boca.

Sin importarme nada más y sin decirle nada sobre mi situación le dije:

—No Elena, aquí no.

Entonces se levantó y retadoramente me contestó:

—Lléveme a dónde sí podamos hacerlo, mire estoy muy mojada y se levantó la falda, metió su dedo en la vagina y me lo mostró.

Se lo tomé y lo metí en mi boca para lamerlo, lo retiró y me dijo:

—No, hasta que me lleve a dónde le pido.

Salimos rápidamente de la escuela nos subimos a mi coche y le dije:

—¿ A dónde quieres que vayamos?

—No importa profe, a dónde usted quiera.

Casualmente había un hotel por donde íbamos y sin pensarlo me metí; en cuanto entramos a la cochera apenas apagué el coche nos empezamos a besar con verdadera pasión; me decía con voz apagada por el deseo:

—Profe desde que lo vi, la primera vez que fue a la escuela quería que sucediera esto, me encanta y quiero hacerlo mío.

Me gustó la actitud de esta chica, atrevida, poco común en una joven. Salimos del coche, la tomé en los brazos y nos metimos en la habitación, nos empezamos a desvestir el uno al otro entre frases cachondas, mientras le besaba el cuello y bajaba lentamente hasta sus pechos redondos, hermosos y listos para ser chupados, así me lo indicaban sus pezones que estaban paraditos. Con una mano le abría sus piernas y le exploraba su rico y poco poblado monte de Venus.

Ella suspiraba y con sus manos me abrazaba y tocaba la espalda , las nalgas y en un movimiento rápido tomó entre una de sus manos mi sexo; estaba que reventaba, bien parado, me fui soltando poco a poco para seguir besándole su vientre plano, juvenil y no quise esperar más.

Me dirigí con mi boca hacia su sexo, lamí su clítoris y ella gemía cada vez más fuerte. Abrí sus labios vaginales y me sumí en ella; la chupaba y lamía con verdadera pasión, metía y sacaba mi lengua de su vagina húmeda, caliente dispuesta. No quería dejar un solo poro de su piel sin saborear así que bajé por sus piernas deslizándome lentamente y llegué a sus pies, los besé, pasé mi lengua por sus plantas y metí uno a uno los deditos de sus pies, los chupé y después la volteé boca abajo y empecé mi subir por sus pantorrillas, los muslos tenían el sabor de la piel joven, limpia, delicada.

Llegué a sus nalgas, eran paraditas duras tersas suaves preciosísimas no pude menos que lamerlas chuparlas y darles pequeños mordiscos, sentí como su tensión fue disminuyendo y entonces con las manos, las abrí y comencé a lamer delicadamente su ano. Era cerradito, rico, rosado, cuando sintió mi lengua en él lanzó un pequeño grito.

—Ay, oooh, profe, qué rico hace eso, déme más ¡por favoooor!

Nuevamente la acomodé boca arriba y sin más me volví a meter a su deliciosa conchita, la lamí se la abrí, metí mi lengua, después tomé entre mis labios su clítoris y pasaba rápidamente la lengua por él, subí mi mano a su boca y me empezó a lamer los dedos; me los dejó llenos de saliva así que aproveché y bajé la mano, puse el dedo en la entrada de su rajita y lo fui metiendo muy despacio. Una vez dentro lo empecé a mover sin dejar de estimularle el clítoris con la lengua y la boca.

Pasó un rato y de pronto se quedó rígida y me decia:

—Profe, creo que, creo que, me voy a venir , ay ay aaahgg, tómelo en su boca…

Así lo hice, justo como ella lo pidió, me tomé su jugoso orgasmo, toda me bebí su miel saladita.

—Mmmmmm.

Cuando se fue controlando me miró y me dijo:

—Es lo más hermoso que me pudo enseñar profe.

Sonreí y le di un beso con sabor a orgasmo.

Pasado un rato de decirnos nada, se acomodó en mis brazos y me empezó a besar, suavemente, poco a poco se nos calentaba la sangre. Elena se subió en mí y me empezó a acariciar el pecho mientras me besaba el cuello, después se bajó a las tetillas y las lamía riquísimo con una mano me buscó la verga; ya estaba lista, en cuanto la aprisionó lanzó un gemido, bajó de un tirón de mi pecho hasta mi falo que ya estaba listo y entonces lo metió en su boca. Le daba tremendas chupeteadas como si se tratara de su helado preferido; lo metía y sacaba completito de su boca, mientras yo acariciaba bruscamente sus hermosos senos. Después me dijo:

—Profe, ya no aguanto, ¿Me deja montarlo?

—Claro, hermosa gatita. Tómalo, haz con él lo que quieras, mi preciosa minina. –Le respondí.

Dicho esto se levantó y se subió en mí, fue acomodando mi pene con la mano a la entrada de su vulva y una vez que estaba apuntado, se fue bajando lentamente mientras suspiraba profundamente. Cuando se clavó toda, empezó a moverse de arriba a abajo suavemente, después aumentó el ritmo mientras me besaba el pecho, la cara, todo lo que alcanzaba, yo tomaba sus tetitas y se las besaba con ternura. Esta preciosa aceleró aún más el ritmo, tomé sus nalgas, la movía a todo lo que nos daba la excitación; de pronto sentí como juntó prácticamente mi pubis contra el suyo, entonces mojé uno de mis dedos con saliva y se lo puse en la entrada de su ano y lo comencé a acariciar.

Me dijo en un susurro:

—Profe si quiere meterlo, hágalo con cuidado por que por ahí nunca me lo han metido.

Así lo hice y lo empecé a deslizar delicadamente, cuando tenia medio dedo dentro de su culo se empezó a mover como loca y a decirme:

—Aqui viene otra vez, aaay que rico, me voy a veniiiiir, aquí esta profe se lo doy en la punta de su vergaaa. Aaayahhagg, aaaay , oooh, Dios míooo, qué rico sientoooo.

Lejos de disminuir el ritmo nos volteamos, se puso de rodillas apoyándose con las manos sobre la cama y se la metí toda de un empujón. Lanzó un grito de placer y continuó con un orgasmo más.

—Asiiií profe, deme otro, pero ahora quiero que lleguemos juntos, asiiií ahí voy profe, deme su lecheee, aaaaaaaayyy.

En ese momento sentí una explosión dentro de mí.

—Ten toda mi leche preciosa gata apanterada, aquí la tienes.

Entonces se levantó rápidamente y me dijo:

—No profe, me va a perdonar bastante, pero usted a mí no me embaraza, mejor démela en la boca.

En ese justo momento le lancé un chorro de semen por la cara. Abrió la boca y el segundo le dio hasta la garganta, aprisionó mi verga y la siguió moviendo hasta que bebió toda la leche; caímos rendidos en la cama, el silencio obró por nosotros, nos quedamos un rato dormidos.

Una vez despiertos le dije:

—¿Te quieres bañar?

Con una sonrisa pícara me contestó:

—Sí, pero con usted.

En cuanto entramos en la regadera, escuché que la puerta de la habitación se abrió, por lo que dejando a Elena en la ducha, fui a ver quien había osado entrar sin autorización.

De pronto todo el interior del cuarto, se encuentró lleno de un humo denso y a través de este alcancé a mirar una silueta que se aproximaba a mí. Esta persona traía puesta una máscara antigases. El inodoro gas hace efecto casi instantáneo, por lo que al estar de frente a ese personaje, mi vista se me nubló y caí al piso alfombrado, como Dios me trajo al mundo, totalmente desnudo.

¿Quién osó interrumpir la “privacidad” de un cuarto de hotel?
¿Qué sucederá con este desnudo sujeto?
¿Por qué es necesario el uso del gas para capturar al “profe”?

Todo esto y mucho más lo sabrá en el próximo capítulo (bueno, eso digo yo).


C O M E N T A R I O S
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Enviado por: HombreFX (ID: 853437) 2008-04-26 18:37:05

TE FELICITO SONORA!! UN RELATO MUY EXCITANTE POR SER LA FANTASIA DE MUCHOS HOMBRES Y LO DESARROLLASTE MUY BIEN. ME GUSTA TU ESTILO.




Enviado por: Femme Soie (ID: 997231) 2008-04-26 17:29:07

Mexicano, mexicano ¿cuándo vas a dominar tu lanza a fin que no se te pase? La pantera negra, aquella extraordinaria gata de gran tamaño, ojos color verde esmeralda, callada y cauta, cazadora mañanera o nocturna, de aguda visión y perspicaz olfato y oído, es una carnívora que te puede devorar como a un coyote jubilado. ¡Ay de ti, Señor Luis!

P.D.: ¡Otra vez te desvirgué!






 
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