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Frente el altar mi alma llora sin consuelo. Sufro al
recordar tu sonrisa en la mañana, al despertar,
esa que iluminó mi vida. Y pensar que
nunca más alumbrará mi sendero;
tengo que ser fuerte para no derramar
el llanto que inunda mi interior.
Al pronunciar el tan esperado sí,
las ilusiones nuestras morirán.
Aquellas ilusiones de vivir por siempre juntos
las termina esta boda, de antaño “arreglada”.
Tengo que admitir que no amo a mi novia,
a quien amo es a ti, mi adorada, Gatacolorada.
Rezo en silencio una oración.
Mientras al sacerdote interrumpo su letanía
Un silencio sepulcral acompaña mi voz.
Escuchen todos, esto no puede continuar.
Ruego a mi novia perdone mi atrevimiento.
Obscuridad en su vida sería el casarnos sin amor.
El murmullo de la gente se hace cada vez más fuerte
Nadie se atreve a dirigirme la palabra mientras dirijo mis pasos y mi
Vista a la mujer que amo. Sin embargo, por
Increíble que parezca, ella se aleja llorando en silencio,
dejando una duda en mi pensamiento.
Acaso ¿hice mal? ¿tú que opinas?
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