the world vs the drug

 

La potestas y la auctóritas (1)

La lucha contra la droga es una de las batallas más largas, desigual y estúpida de las que se libran en este ya cerca de finiquitar siglo XX. Si, amigos, tengo que decir que es una guerra sin sentido, aunque supongo que esto ya lo suponéis muchos, pero es que realmente, además de ser irracional, no tendrá fin y causa unos efectos perversos muy superiores a los que a primera vista se pueden considerar. Vayamos por partes (como con las integrales).

Primero recordaremos que la prohibición es algo reciente. Si, lectores, para los que crean que el consumo de drogas ya estaba prohibido en los diez mandamientos, que se olviden de ello. La utilización de drogas, de diversa naturaleza, como el cannabis, la cocaína, el alcohol o el opio, tanto para usos terapéuticos como recreativos, tiene siglos de tradición en muchas culturas, desde Sudamérica, hasta Asia, pasando por Europa, han sido utilizadas por jóvenes, mayores, curanderos, chamanes y algún que otro viciosillo (si amigos, se que he caído en el chascarrillo fácil).

Sin embargo, ha sido en el siglo XX, cuando los EEUU, en su afán por actuar como "pater familias" del mundo, nos ha dicho a todos: "¡niños, no metáis ahí las manos!" Siendo nosotros unos imberbes obedientes y aceptando el mandato de nuestro catalizador de valores que nos libra de cualquier mal humo (cuando para otras cosas somos los europeos tan puñeteramente puntillosos).

Sin ser yo un acérrimo defensor de la historia como medio científico y eficaz para la investigación sociológica, ya se sabe: "¿quién la concibe? Quien la escribe", solamente tenemos que recordar el incremento de la delincuencia y el crimen organizado que supuso en los USA la ley seca. La sociedad americana, como la europea, educada en la cultura del alcohol (es decir alcohólica), no pudo resistir de prohibición de esta droga como si soporta la prohibición de otras que no se encontraban en el acervo cultural europeo-cristiano. Por otra parte, la única intoxicación grave que se produjo con cafeína, fue en Rusia mientras estuvo prohibida la materia colombiana... nunca se le escuchó a Juan Valdés: "¡mama, ponme veinte cafés!"

Ahora bien, al principio había dicho que se trataba de la guerra más larga, más desigual y más estúpida. Pues bien, pasaré a explicar el porque de estos calificativos.

Es una guerra muy larga, infinitamente larga, ya que el enemigo no se agota, ni se desanima, ni sufre, simplemente esta ahí. Difícilmente podrá desaparecer del pensamiento humano la curiosidad por probar lo prohibido, ya que las personas, no todas pero si algunas, tienen, por las razones que sean (lo mismo me da que sea a causa de regresiones, trastornos sexuales o afectivos, curiosidad o simplemente ánimo de lucro), necesidad de traspasar los límites establecidos, de saber hasta donde se puede llegar, que es lo que pueden conocer. Pero es que, además, es innegable el placer que las drogas producen en las personas que las consumen. Numerosos estudios, tanto de laboratorio como de campo demuestran la actividad que producen estas sustancias en nuestros cuerpos. Ya sea por carencias propias, o por la excitación que estas producen, es normal que muchos individuos se sientan tentados a utilizarlas. Además, los diversos dirigentes de cuerpos de seguridad y judiciales reconocen la imposibilidad de acabar con el consumo de drogas por medio de la prohibición.

Es una lucha desigual, como ya he dicho antes, el enemigo no se agota, no se desanima, ni sufre, simplemente existe. Las drogas no luchan contra nadie, no son destructivas por naturaleza, a diferencia de nuestra actitud con ellas y con quien las consumen. Son fármacos cuando su uso es el requerido por la situación tanto de forma terapéutica como lúdica y venenos si su uso no es el adecuado, como muchos de los medicamentos que se encuentran en las farmacias. Si no me creen, solo basta un ejemplo. El margen de seguridad, es decir, la proporción que hay entre cantidad necesaria para obrar el efecto deseado (dosis activa media) y cantidad suficiente para cortar el hilo de la vida (dosis letal media) es, en la heroína no inferior a 1 por 20; en el LSD no inferior a 1 por 650; y en la aspirina no inferior a 1 por 15. Ya saben señores, vayan con cuidado.

Pero es que además, las drogas no hacen daño, en primera instancia, nada mas que a su consumidor y a largo plazo. Daños que incluso pueden ser menos graves que los producidos por el tabaco o algunas grasas (lo acabaremos prohibiendo todo, sic) y, a diferencia de otros objetos de consumo legales, como las armas o los coches, que potencialmente tienen mucha mas capacidad para afectar a terceros y al propio usuario de forma más rápida y directa. Por cierto, la lectura perjudica la visión...¡vamos a prohibirla! (seguro que esto se le ha pasado por la cabeza a algún bien pensado dirigente).

Es, además, una lucha estúpida. ¿Por qué peleamos contra una gran fuente de placer? No quisiera pensar que esto es costumbre en nuestra civilizadísima sociedad. A mas de uno se nos ocurren miles de ideas para invertir los millones que se gastan en la lucha contra el tráfico de drogas, como por ejemplo construir laboratorios para sintetizarlas (¡ya me vale!)

 

Créditos, intereses y amortizaciones en razón de los bienes adquiridos (2)

Sin embargo la lucha continua. Es necesario buscar las razones que hacen que esta lucha sin sentido se prorrogue. Al parecer la razón principal es la necesidad de un enemigo. Según swarkofp, el general del golfo ese tan bien alimentado, que ahora se dedica a vender champús, después del comunismo el primer enemigo de EE.UU. es la droga. Ya se sabe lo que trae esto, justificación del gasto en armamento y cuerpos de seguridad, desviación de los problemas reales: locales, desempleo o empleo precario, vivienda, falta de protección social; o de forma global: redistribución de la riqueza, nacionalismos, medio ambiente (si, ya sé que queréis un ambiente entero), etc. También tiene otras funciones consecuencia de esta: chivo expiatorio, la sociedad ya tiene contra quien cargar por sus miserias, conocedora de que todos sus males derivan de un demonio (la droga) que genera toda la injusticia del mundo; y frente común, ya que el demonio se ha instaurado entre nosotros, unamos nuestras fuerzas contra él para destruirle ("probeticos infelices" añadiría yo al los que ciegamente creen en esto).

Ahora bien, esta lucha podría merecer hasta ciertas simpatías y "palmadillas" en la espalda si no fuera por las perversiones que de forma explícita o implícita, sean por conocimiento de causa y buscadas, o involuntarias y fortuitamente aparecidas producen. No quiero creer en complejas conspiraciones judeo-masónicas, ya que soy del convencimiento de que el individuo tiende generalmente a realizar las acciones que requieren un menor gasto energético, es decir, aquellas que le obliguen a un menor esfuerzo físico e intelectual, y las conspiraciones necesitan de elevadas dosis energéticas, disponibles para los dirigentes, pero no para el pueblo. Aun así, la prohibición trae consigo, como mínimo, la fractura social: los ciudadanos que consumen drogas, aunque en realidad solo sean los heroinómanos, son considerados drogadictos, enfermos que son apartados de la sociedad. Igualmente, toda persona marginada por cualquier otra razón tiene una salida fácil para la automarginación con la heroína... de esta forma se entenderá su ruina. Es una salida cómoda para todos, para la sociedad "es un drogadicto", como para él marginado "soy un drogadicto". Todos felices.

Por otra parte, es necesario reconocer que la prohibición dota de cierta estabilidad e inmovilidad al sistema. Sabido es por todos los científicos (y por los que las prueban) que ciertas drogas estimulan sobremanera la actividad cerebral, pudiendo generar inquietudes en individuos que hasta ese momento habían carecido de ellas. Lo que expongo ahora es algo que, aunque parezca simple y quizás un poco estúpido, es cierto. Los Estados nunca han querido que la gente pensase demasiado, pues se supone que estos ya lo hacían por aquellos. Da igual que razonadamente afirmemos que estamos en la cima de la civilización, que somos los más listos y libres de la historia y la humanidad y que nos creamos el ombligo del universo. El Estado siempre preferirá que la gente piense menos, entre otras cosas porque reduce el gasto energético al que antes me refería en el individuo Estado, ya que un nivel energético elevado puede llegar a producir una alta autoconflictividad (creo que me pierdo en complejos conceptos) y ningún individuo necesita de esto (en eso estoy de acuerdo). Conclusión: el Estado no necesita gente que piense por su cuenta.

Una vez aquí llegados, una pregunta formular debo (maestro Yoda). ¿Por qué nadie, ni siquiera los intelectuales, salen en la defensa de las drogas? Alguno bienintencionado (e ingenuo) podría afirmar que los intelectuales ya han reconocido en las drogas al enemigo, pero afirmo que el intelectual que esto dijese no podría ser así llamado, y de hecho, cuando se organizan eventos contra las drogas pocas veces son organizados por estos (generalmente lo organizan periodistas y deportistas, allá ellos con su conciencia). Aun así siguen sin alzar su voz. Señores, a trabajar.

Para cuando un macro concierto o festival a favor de la legalización...

 

Para mas información: www.cannabis.com

 

cecilio santiago alcalde 99

 

VOLVER