Meyrink según Lovecraft

Lovecraft (1890-1937), el
consumado maestro del "cuento materialista de
terror", en su excelente ensayo El horror en
la literatura, nos da su visión sobre la
literatura de estirpe judía y también, de manera
tangencial, sobre Meyrink y el Golem:
La literatura preternatural en el
Continente (fragmento). Por Howard
Phillips Lovecraft.
"Una rama muy floreciente-aunque
oculta hasta hace muy poco-de la literatura
preternatural es la de los judíos, mantenida y
alimentada en la oscuridad por la herencia tenebrosa
de la antigua magia oriental, la literatura
apocalíptica y la cábala. La
mentalidad semítica, como la celta y la teutónica,
parece poseer marcadas inclinaciones místicas; y
quizas sea el caudal de saber espantoso y secreto
que sobrevive en los guettos y las sinagogas mucho
más grande de lo que generalmente se cree. La misma cábala, tan
prominente durante la Edad Media, es un sistema de
filosofía que explica el universo como emanaciones
de la deidad, e implica la existencia de extraños
reinos espirituales aparte del mundo visible, de
los que pueden conseguirse fugaces visiones mediante
ciertos sortilegios secretos. Su ritual está ligado
a interpretaciones místicas del antiguo testamento,
y atribuye un significado esotérico a cada letra
del alfabeto, circunstancia que confiere a las
letras hebreas una especie de encanto espectral y de
potencia dentro de la literatura popular de la magia.
El folklore judío ha conservado mucho del terror y
el misterio del pasado; y cuando se estudie más a
fondo se descubrirá probablemente que ha ejercido
una importante imfluencia en la ficción
preternatural. Los mejores ejemplos de su
utilización literaria son la novela alemana El Golem, de Gustav
Meyrink, y el drama El Dibbuk, de un escritor judío
que utilizaba el pseudónimo de Ansky. El primero,
con sus sombrías y obsesionantes sugerencias de
prodigios y horrores inalcanzables, se situa en
Praga, y describe con singular maestría el guetto de
esta antigua ciudad, con sus fachadas puntiagudas y
espectrales. El nombre procede de un fabuloso gigante
artificial, supuestamente fabricado y animado por
rabinos medievales valiéndose de cierta
fórmula misteriosa. El Dibbuk, traducido y
editado en América en 1925, y más recientemente
trasladado a la ópera, describe con singular fuerza
la posesión de un cuerpo por el alma demoníaca de
un muerto. Tanto los golem como los dibbuk son tipos
fijos y sirven a menudo de ingredientes en la
tradición judía posterior."
H.P. Lovecraft, El horror en la
literatura (1927)
"Also lapp'd up Gustav Meyrink's
The
Golem, lent me by little Bobby Barlow. The most
magnificent weird thing I've come across in
aeons!"
(Lovecraft to James F.
Morton, April 4, 1935)