Cuadernos de Madrona - Pretextos - Reportajes - Ramón Ayerra -
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El placer de leer a Ramón Ayerra

Ramón Ayerra es un prolífico escritor segoviano –al que únicamente conozco por sus escritos- cuya prosa proporciona no pocas satisfacciones, cuando no una buena cura contra prejuicios, convencionalismos y actitudes estereotipadas impuestas por la sociedad de la que nos ha tocado formar parte. Trataremos aquí de los aspectos generales de su obra, con todos los riesgos que comporta el escribir sobre lo escrito y con la advertencia, siempre presente, de que ahí están sus libros a los que debe remitirse cualquier persona con el mínimo de desconfianza que se exige en estos casos.

EL ESTILO

De las novelas de Ramón Ayerra llaman la atención muchas cualidades –con una de ellas, "Los terroristas" quedó finalista en el premio Planeta- que se dan a un mismo tiempo. La primera de ellas es que el lenguaje, el estilo literario, el saber manejar en novelas y relatos el lenguaje real de la calle y ponerlo tanto en boca como en pensamiento de sus personajes, así como del narrador mismo, con audacia, inteligencia y un dinamismo que obliga a no desprenderse del libro hasta que éste no está bien leído. Es un lenguaje directo, muy inteligible por su claridad y precisión, utilizado sin ningún miedo, mordaz, a veces bruta, porque la vida es también brutal y su obra no es sino un espejo sin marco en el que la vida se refleja en blanco y negro. Me atrevería a decir que ya no sólo emplea el castellano en sus textos, sin más aun: el segoviano. Refranes, dicharachos, frases y palabras muy empleadas en las calles y campos, en escuelas y carreteras de estas tierras y también en el Madrid más castizo. La característica esencial es su realismo a la hora de presentar las variadas situaciones y los argumentos; un realismo no solemne ni dramático, sino desenvuelto con desparpajo y un apunte de maneras burocráticas traspasadas por lo canallesco en justa proporción.

LOS PERSONAJES

Los personajes de Ramón Ayerra somos nosotros; y aun con nombres extranjeros, en los relatos que se desarrollan fuera de España, seguimos siendo nosotros todos los que pisamos la tierra.

La ubicuidad de los temperamentos es otra característica general. La maquinaria humana, con todos sus engranajes, émbolos, cilindros, etc. , que mueve la vida es la misma aquí que en Pekín, sólo es cuestión de traducir al idioma apropiado sus pasiones, sus exageraciones y su irracionalidad. Nos presenta Ayerra unos personajes en multitud, como nosotros, muchas veces víctimas de su propia forma de ser, en la cual llevan ya su castigo, castigo que a su vez comparten y soportan quienes les rodean. Esclavos de su incuestionable obediencia al poder, de sus uniformes, de sus hábitos, de las instituciones, de las costumbres, de su ignorancia, de sus virtudes de sus vicios, de sus profesiones y de su destino en la sociedad de la que forman parte y a la que ayudan en su pervivencia.

En cualquier caso, los personajes son vagonetas intermedias de un largo tren que una veces empujan a las de delante y otras son empujadas por las de detrás, siendo en estos empujes en los que se desenvuelven, sobreviven y sobremuere, pero siempre sin poder salirse de esos dos raíles que la vía de la vida. Una vida arrastrada y atormentada por fuerzas que no son sino cadenas; las cadenas que amarran al ser humano dejándole un escaso margen de movimientos, de otra parte insuficientes, predestinados y programados de antemano. No obstante, el autor dota a estos, sus compañeros, de un sentido del humor tan natural y real que logra ser el lubricante que anima y apresura la lectura de la obra. Cualquiera de sus obras lleva su buena ración de ironía.

HECHOS

La acción de sus relatos se basa en hechos de índole muy diversa: viajes, violencia, ciudades y pueblos de Europa, amor, sexo, meditaciones, observaciones, etc. Ramón Ayerra no precisa de grandes eventos, ni de superposiciones de historias, ni otros trucos de montaje, porque del mero hecho de contemplar una fuente, un río, un edificio o aun otros objetos más mínimos, nos puede hacer pasar un buen rato. Porque este autor se detiene a cavilar sobre sus más mínimos detalles, funciones y hasta sobre el proceso que haya tenido que darse para que lo que observa esté presente tal y como está delante de sus narices, con todos sus vericuetos y traspiés. No digamos ya de las observaciones sobre los personajes, a las que es muy aficionado a través de disquisiciones, discursos y soliloquios muy jugosos, muy encumbrados, en los que te cuenta, a modo de complemento, cómo, de qué increíble manera, un suceso de un primo, sobrino o conocido de los innumerables personajes que desfilan por la pasarela transparente de las líneas, vino a condicionar y determinar los hechos que está narrando.

CONCLUSIÓN

La literatura de Ramón Ayerra es de plena evasión, consigue mantener siempre vivo el interés por el relato y sus caricaturas son la prolongación de nuestras vidas, de nuestra forma de pasar y gastar el poquito tiempo que se nos ha entregado. Logra mantener también la sonrisa, cuando no la carcajada abierta, de forma permanente, algo tremendamente difícil en estos tiempos en los que todo el mundo sabe de todo y todos están ya de vuelta, pero profundamente desengañados. Por debajo de todo ello subyace la crítica, presente siempre, dirigida contra la falta de autenticidad y la mediocridad de los tiempos que atravesamos, que tal vez no sean sino los mismos de siempre, eso queda a juicio del lector, que sabrá obtener por sus propios medios las conclusiones que crea pertinentes.

Salvo las escritas en verso, que desconozco, se puede decir que todas sus novelas y relatos son más que recomendables, sobre todo por el sano ejercicio que proporciona su gran humor, hermosa herramienta que siempre emplea Ayerra, con la que trata a sus inquietos, si no física sí mentalmente personajes y desaforadas situaciones. La recomendación se hace no sin el claro aviso, para los lectores con remilgos en la mollera u otras manías, de que la actitud a tomar frente a estas obras es la de la tolerancia –ay, la tolerancia- y el buen entendimiento de este derroche de ironía e imaginación.

OBRAS (que he leído) DE RAMÓN AYERRA

La España Imperial, Editorial Laia, Barcelona 1977

Las amables veladas con Cecilia. Ed. Argós Vergara, Barcelona 1978

Los ratones colorados. Ed. Peralta, Madrid, 1979

Crónica de un suceso lamentable. Ed. Laertes, Barcelona 1980

La tibia luz de la mañana. Ed. Laia, Barcelona 1980

Los terroristas. Ed. Planeta, Barcelona 1981

El jardín de las naciones. Ed. Debate, Madrid 1981

Shir Bathimbal va de viaje. Ed. Argós Vergara, Barcelona 1982

Metropol. Ed. Laia, Barcelona 1982

Una meditación holandesa. Ed. Penthalon Madrid 1982

La lucha inútil. Ed. Debate, Madrid 1984

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