Películas
....expuesto
a la helada de esta época desdichada...
Kafka

Ghost
World. EEUU. Intérpretes:
Thora Birch, Scarlett Johansson, Steve Buscemi, Brad
Renfo. Director:
Terry
Zwigoff. Año:
2001.
La
guardiana del centeno
Otra película
sobre el vacío de la
existencia (no se cuantas van ya); y yo me digo: ya
que el hombre occidental es tan inteligente y
avispado en lo que se refiere a retratar el vacio y
la nada, en señalar la irrealidad y el absurdo de la
existencia o mejor, del mundo que él mismo ha
construido (y que por cierto, está gradualmente
imponiendo a otras culturas), ¿tal vez no debería
más bien empezar a concentrarse justamente en llenar
esa nada, en cambiar los fundamentos de nuestra
cultura y civilización, en lugar de tanto
melancólico e interrogativo lloriqueo?. Lo comento
porque al paso que vamos, nos acabarán cayendo
encima otros cincuenta años (digamos) y nos
encontraremos en el mismo punto, eso si con algún
que otro cachivache más, tan sofisticado como quizá
inútil, pero sin habernos movido ni un milímetro de
nuestro mundo afantasmado. Quizá entonces venga
alguien y fabrique otra película del tipo de Ghost
World, y vuelva a contarnos el tema (ya casi
clásico) de lo desconcertante de la realidad y el
efecto que ésta produce en un adolescente nihilista
y disconforme, descolocado frente a nuestro absurdo
mundo de espectros. Y volverá a caérsenos ( a
espectadores y críticos) la baba y diremos: he aquí
de nuevo una espléndida e inteligente
representación de nuestra miseria.
La peripecia de este Holden Caulfield con
minifalda, la película rodada por Terry Zwigoff ,
está basada en el popular y homónimo comic de culto
de Daniel Clowes y su relato de la adolescencia
constituye, en cierto modo, el reverso tenebroso de American
Pie. Para la hosca y gafuda Enid (una excelente
Thora Birch, que según confiesa, no comparte nada
con su personaje lo que hace que su interpretación
tenga aún mayor mérito), el mundo es una obra de
teatro que la hastía, que simplemente la aburre. Y
no hace demasiados esfuerzos por ocultar o maquillar
su casi permanente fastidio. Pero yo creo que es
demasiado inteligente para simplemente acabar
levantándose de la butaca y marcharse, dejando la
obra a medias o apenas comenzada. Seguro que
terminará por encontrar algún recurso mental o
intelectual (y quizá no tenga ni que leer a Camus
para ello) que le permita acarrear indefinidamente,
aunque sea de manera resignada e irónica, su
absurda, nuestra absurda piedra.
En medio de su apesadumbrado naturalismo, Ghost
world cuenta con algún fogonazo onírico, tan
inesperado como hermoso. Pienso en ese autobus
fantasmal que increiblemente, acaba recogiendo al
viejo que de manera interminable y absurda espera en
la parada de una linea fuera de servicio. Un autobús
que también habrá de recoger a la propia Enid, el
centro de gravedad de la película de Zwigoff, esa
gordita borde y egocéntrica de la que uno acaba
enamorándose.
Es seguro que
escritores y cineastas volverán a colocarnos sobre
el mantel el tema del que con tanta honestidad e
inteligencia nos habla Ghost World, y lo
harán con diferentes presentaciones y ornamentos de
lo más atractivo y variado (estilos, actores,
lenguajes). Tal vez nos hagan creer, como en otras
ocasiones, que estamos ante una historia nueva, ante
una crónica inaudita y desenmascaradora. Pero quizá
algun dia (quien sabe cuando) en lugar de retratar y
señalar el vacio, nos decidamos, simplemente, a
intentar llenarlo.
Serafín. Enero
2002