Arte en botica
Farmacia y humanidades.
(Foto: interior
de una elegante farmacia de Buenos Aires)
Esta sección la abrí en el 2001; en ella
pretendía simplemente presentar figuras
farmacéuticas que hubiesen tenido alguna relación
con el campo de la cultura y el arte. Ahora
quiero incluir más contenidos y dar a la sección un
alcance mayor: explorar en profundidad el
solapamiento entre la farmacia y el mundo de las
humanidades; en ese campo complejo aunque poco
frecuentado, la relación fármacos y substancias
psicoactivas / creación literaria, que es lo primero
que se nos viene a la cabeza, sería tan sólo una de
las posibles temáticas.
No obstante sería una buena idea comenzar con
ella. Aqui os presento un listado de figuras
literarias que no rehuyeron a lo largo de su vida el
consumo de substancias psicoactivas, tuviese o no ese
consumo repercusión en el acabado final de su obra.
Sera, 2005
Listado
Boticarios
y artistas.
¿Que relación
existe entre dos disciplinas
aparentemente tan dispares como son la farmacia y las
humanidades? ¿Que justifica abrir una sección que
relacione ambas, a parte de la excelente imagen que
el webmaster de esta página parece tener de si
mismo? (estudié farmacia pero me tira mucho la
llamada Cultura). Para empezar diré que, en
mi opinión, todas las disciplinas humanas (tanto
humanísticas, como científicas, como técnicas)
están interconectadas. Es posible concebir enlaces o
puentes (que son otras tantas disciplinas) que
relacionen dos materias en apariencia absolutamente
alejadas. Consideremos por ejemplo, la Química y la
Literatura. ¿es posible imaginar dos materias más
diversas, más alejadas entre sí?. Y sin embargo, se
puede concebir una relación, un enlace entre ellas
(en realidad varios) y sin necesidad de dar ningún
salto en el vacio: entre la Química y la Biología,
tenemos la Bioquímica (una especie de disciplina
intermedia); entre la Biología y la Sociología,
existe la llamada Sociobiología, materia que cuenta
con elementos de las dos disciplinas que la han
engendrado; finalmente, entre la Sociología y la
Literatura, no resulta ya difícil concebir un nexo
inmediato: la sociología de la literatura, por
ejemplo. Tenemos pues que, tendiendo tres puentes:
bioquímica, sociobiología y sociología de la
literatura, hemos conseguido enlazar dos materias tan
alejadas a primera vista como la Química y la
Literatura. Esto mismo podría plantearse con
cualesquiera otras disciplinas dispares. Existe una
unidad en lo que se refiere al conocimiento humano.
Las distintas materias no son más que barriadas
dentro de una misma población.
De todos modos, a la hora de
enlazar la farmacia y las humanidades, quizá no haya
que tender tantos puentes como para ligar la química
y la literatura. Al fin y al cabo, la farmacia (que
podría definirse como ciencia y como arte, el de la
elaboración de un medicamento) tiene no pocas
connotaciones culturales y humanísticas.
Consideremos, por ejemplo, la historia de la farmacia
(que es, en definitiva, una historia de la ciencia);
el papel cultural que han tenido, en el seno de
diversas civilizaciones, ciertas substancias con
actividad farmacológica (como los alucinógenos); la
dimensión histórica y humanística del que hasta el
siglo XIX era conocido como boticario; etc...
Dejando al
margen estas consideraciones sobre la unidad del
conocimiento humano y de las materias que lo
integran, y de la mayor o menor cercanía entre
disciplinas en apariencia dispares, lo que me
propongo en esta sección (a parte de explorar las
relaciones entre farmacia y humanidades) es presentar
una breve galería de personajes muy concretos, que
guardan una estrecha relación con el tema del cual
hablo: me refiero a boticarios o farmacéuticos (con
ejercicio o no de la farmacia) que sintieron el
impulso de la expresión artística o literaria para
acabar siguiéndolo hasta el punto de pasar a la
historia no como químicos o botánicos o
microbiólogos, sino como músicos, escritores,
artistas...seguramente estos personajes, a la hora de
seguir su vocación (que al principio debió ser una
especie de hobby u ocupación secundaria) no
meditaron sobre las posibles relaciones entre
farmacia y humanidades, sobre si había o no
solución de continuidad entre las distintas
disciplinas, y no creo que necesitaran definir
intelectualmente ningún puente entre una cosa y
otra. Simplemente, y de un modo que (salvando las
distancias) recuerda el caso de Paul Gauguin -que
abandonó una próspera carrera como agente de bolsa
para dedicarse al incierto mundo de la creación
artística, lo que le valió la casi indigencia pero
también la inmortalidad-, estos personajes saltaron
sobre el abismo que separaba su modo de vida
cotidiano de su impulso y su pasión.
Me reconforta el que hayan
existido.
Serafin, 2001