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¡Oh, droga!-exclamé-.¿Para qué me sirves?. No tienes valor alguno para mi; no, ni siquiera para recogerte del suelo; uno de estos cuchillos es más útil que todo este montón de monedas; (...)

Sin embargo, pensándolo nuevamente, cogí el dinero (...)

Daniel Defoe. Robinson Crusoe

Películas

 

 

 

 

 


 

Avaricia. País: EEUU. Intérpretes: Gibson Gowland, Zazu Pitts, Jean Hearsholt, Chester Conklin. Título original: Greed. Muda. Dirigida por: Erich von Stroheim. Año: 1925.

Bella, certera e inútil
Demos ahora un vertiginoso salto temporal y situémonos en el silencioso 1925, año todavía presonoro. Fue ese el momento en que Erich Von Stroheim rodó su mudo megaclásico Greed (Avaricia).

La película la vi por accidente. Había acudido a la Filmoteca de la Generalitat (prácticamente la única sala de BCN donde aún pueden ejercerse según que cinefilias) para ver un film documental que había visto anunciado en la cartelera. Pero al parecer, se trataba de un error y la cinta con la que finalmente me topé fue la de Stroheim. Cuando ya estaba aposentado en la no demasiado cómoda butaca, percibí en la sala una atmósfera algo extraña: un silencio reverencial como de oficio religioso o sesión espiritista. Me sorprendió la numerosa y aparentemente devota congregación cinéfila que iba ocupando las filas en callado y respetuoso tumulto. Finalmente se descorrieron las cortinas y comenzaron a desfilar los mudos fotogramas de Avaricia, un desfile que habría de durar dos horas. De la película de Stroheim había oido hablar desde hacía años pero las posibilidades que uno tiene en una ciudad como ésta para visionar un film clásico que conoce hasta el tedio por los libros de cine, son bastante reducidas (mientras escribo estas líneas me entero de que han inaugurado en BCN un nuevo complejo de multisalas: Cinesa Heron City, unos cines geniales según su publicidad. Los americanos ya han clavado otro banderín en el plano de la ciudad).

Mientras contemplaba las sepulcrales e inesperadas imágenes (sepulcrales porque eran totalmente mudas, no había banda sonora, ni pianos, ni ragtimes, ni nada: silencio total) no pude evitar pensar que películas mucho mas recientes, en cierto modo remitían a Avaricia. Recordé Un plan sencillo, la imprescindible cinta de Sam Raini; también la más que estimable La comunidad, de Alex de la Iglesia, estrenada en Septiembre del 2000. Ambas se parecían al clásico de Stroheim en una cosa: empezaban con una importante suma de dinero, ante la cual a los personajes se le ponían los ojos como platos, y acababan con unos cuantos cadáveres (y el dinero volatilizado, como en aquella memorable cinta de Stanley Kubrick, The Killing). Otra vez estábamos ante la enésima crítica del materialismo, de la avaricia, de la vulgaridad, de la bajeza. Aunque Avaricia no fue la enésima, sino una de las primeras, en lo que a cine se refiere. Sin embargo hoy, en el 2001, el mundo es más materialista, avaricioso y vulgar que nunca. Y ahí es donde está la parte desoladora del asunto, lo que nos invita a cuestionarnos la utilidad de films como Greed y del arte en general. En efecto, pasarán 50 y 100 años y seguiremos fabricando películas (u otras formas artísticas) similares, que aclamaremos como obras maestras imprescindibles, como portadoras de verdad y belleza, como desenmascaradoras del mundo, pero el mundo seguirá como si nada, como ha venido haciendo hasta ahora. El Homo Sapiens en cierto modo, no tiene remedio; cuando ha aprendido algo ha sido a fuerza de bombas y bayonetas, y no con libros ni películas; la ONU sólo se fundó tras los cincuenta millones de muertos de la segunda guerra mundial (que fue causa, como la primera, justamente de la avaricia) y no como resultado de ninguna reflexión colectiva transnacional. ¿Para que sirve el arte, para que sirven películas como Avaricia? ¿Para su contemplacion estética? ¿Para que los cuatro intelectuales presuntuosos la comenten en la elegante cafetería que hay junto a la filmo? En lo que a cambiar el mundo se refiere, estamos ante el enésimo ejemplo de que el arte no sirve absolutamente para nada. Ya lo dijo sucintamente Oscar Wilde en el célebre prólogo aforístico de su Dorian Grey: todo arte es completamente inútil.

Claro que en algún caso puede que no totalmente. La Filmoteca de la Generalitat de Catalunya es, junto con el cine Verdi y algún otro, la única sala de esta ciudad en la que he visto mujeres jóvenes solas. Quizá el arte, despues de todo, pueda servir para algo. Los que seais de Barcelona, ya sabeis.

Serafín. Octubre 2001.

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