Literarias
Creadores
Escritores
Relatos
Salón de lectura
Películas
Arte en botica
Enlaces 

Literarias / Creadores / Escritores / Salón de lectura / Relatos / Películas / Arte en botica / Enlaces 


Películas

¡Que obra de arte es el hombre! ¡Que noble razonando! ¡Que infinitas sus facultades! ¡En sus formas y movimientos! ¡Que veloz y admirable! ¡Que semejante a los ángeles en la acción y a los dioses en la comprensión! ¡La Belleza del mundo! ¡El parangón de los anilmales!

Hamlet. Shakespeare

AI (Inteligencia artificial). EEUU. Interpretes: Haley Joel Osment, Jude Law, Frances O`Connor, Sam Robards, Brendan Gleeson, William Hurt. Dirigida por: Steven Spielberg (Según un proyecto de Stanley Kubrick). Año:2001.

El fantasma del castillo
¿Qué significa ser humano? ¿En qué consiste? He aquí algo con lo que tenemos una falsa familiaridad, como nos sucede por ejemplo, con el concepto de Dios. Pero como diría el pensador Edgar Morin somos analfabetos respecto a lo que significa ser humanos. Claro que alguna idea sí que tenemos. Si nos hiciesemos la pregunta a nosotros mismos probablemente seríamos capaces de balbucear algunas respuestas, lo que demostraría que casi el común de los mortales tiene alguna teoría al respecto: ser humano consiste en soñar y seguir ese sueño, amar a los otros, horrorizarse ante el dolor ajeno, en ver más alla de lo material, etc. Recuerdo un enigmático texto leido hace algunos años en la perplejidad de una tarde melancólica. Se titulaba El fantasma del Castillo. Cuando nos miramos al espejo, cuando contemplamos nuestro rostro ¿Qué vemos realmente? Nos vemos a nosotros mismos, diremos. Pues no. Nosotros no somos eso que vemos. Somos algo desconocido y fantasmagórico cuya esencia se nos escapa y que intentamos descifrar desde hace milenios y ni la filosofía ni la ciencia nos han dado una respuesta concluyente. Lo que se aparece ante nuestros ojos en el espejo no es el fantasma sino el castillo, la morada donde habita. Pero la naturaleza del fantasma es decir, la condición humana, el ser humano en definitiva, es algo invisible e intangible, algo que se nos escapa siempre. Pero ese algo somos nosotros. ¿En qué consiste ser humanos? Consiste en ser ese fantasma. No confundamos el castillo donde habita el fantasma con el fantasma mismo. Lo de menos es el castillo o la construcción donde more el espectro, que esta morada sea orgánica...o mecánica. Sea cual sea la naturaleza del enigmático espectro (es decir lo humano) lo que está claro es que no ha de venir necesariamente en un soporte organico o biológico. La musica no es sólo música si viene en soporte CD. Lo sigue siendo aunque venga en vinilo o mini-disc. No identifiquemos lo humano con el amasijo hidrocarbonado que le da soporte.

David, el niño robot que protagoniza AI
(sensacional el jovencísimo Haley Joel Osment, de 13 años) es más sofisticada y refinadamente humano que cualquiera de los patéticos orgas que le rodean. Con seguridad lo es bastante más que esos robotitos orgánicos que le pinchan y le invitan continuadamente a meterse en lios que acabarán valiéndole la expulsión del reducto familiar.
Aunque esta vez no ha sido Stanley Kubrick el que agarre la manivela, la película nos narra una odisea, la de David (y en eso se nota la huella del creador de 2001 o de la odisea nocturna de Bill Harford en Eyes wide shut). Suyos son la idea y el proyecto de AI, no obstante estamos, indudablemente, ante una película de Spielberg. Una deliciosa película de ese inimitable creador de sueños que es Steven Spielberg.

AI tiene la típica textura de cuento de hadas de muchos films del creador de E.T. ¿Qué clase de cinta hubiera rodado Stanley Kubrick? Seguramente algo más crepuscular, mas enigmático. Una cosa que sí está clara es que el director de A Clockwork Orange no hubiera usado la voz en off, porque Kubrick se comunicaba ante todo con imágenes, más que con palabras (*). El misantrópico director creaba enigmas fílmicos usando el tremendo potencial de ambigüedad de las imágenes desnudas. En Eyes wide shut durante bastante tiempo lo único que se oye es el ruido de las pisadas de Bill Harford (Tom Cruise) resonando sobre el nocturno callejero neoyorkino.

AI tiene momentos muy intensos. La secuencia del abandono del niño por parte de la madre es sencillamente sobrecogedora. A mi me puso los pelos de punta. O ese otro momento en que, tras el incidente con los amiguitos orgánicos de la piscina, dejan a David abandonado en el fondo, ignorado como un objeto, mientras todo el mundo rodea con horror y ansiedad al robotito biológico. Esa maravillosa secuencia que nos muestra, traslucido por el agua, al niño meca en el fondo de la piscina con los brazos extendidos hacia la nada, mientras la cámara va subiendo hacia la superficie, es puro oro fílmico. En cierto modo este instante resume toda la película: como el Frankenstein de Mary Shelley, David llevará siempre los brazos extendidos hacia el mundo, buscando afecto. Aunque pocos querrán extender los suyos hacia él.

Con el sombrío material de Kubrick, Spielberg nos ha vuelto a regalar otra de sus gemas, que solo él sabe tallar. Si Steven Spielberg no existiera, habría que inventarlo. O fabricarlo.

Serafín. Octubre, 2001

(*) Esto lo escribí pensando sobre todo en 2001 y antes de ver Barry Lindon, cuyas tres horas de duración están recorridas de principio a fin por una insistente y explicativa voz en off.


Literarias / Creadores / Escritores / Salón de lectura / Relatos / Películas / Arte en botica / Enlaces 

alojamiento web gratis
Otros servicios ofrecidos por HispaVista:
Inmobiliaria y Dominios
Consigue una página web gratis o un
alojamiento web profesional con Galeón