Hoy les quiero contar una historia, es la historia de un grupo de chicas que se propuso una meta muy fuerte, muy segura hace mas o menos un año atrás.
Todo comenzó un día cualquiera del mes de febrero, era un día caluroso, unos de esos días en los que el sol calcina hasta los huesos. Estas chicas llegaron a una hermosa ciudad llamada Tandil. Eran alrededor de las 5 o 6 de la mañana cuando comenzaron a dejar sus pertenencias, e instalarse en esa habitación sencilla y humilde que el club Independiente de esa ciudad les ofrecía como hospedaje.
Luego de un desayuno ligero, se cambiaron para afrontar la primera travesía del día, la primera de tantas que iban a tener que afrontar a lo largo de los meses que vinieron a continuación.
Y así comenzó un sueño, un sueño que se iba forjando con horas y horas de entrenamiento, de subir y bajar el dique, de doble turno, de amistosos después de tanto correr... y de la promesa. Esa promesa silenciosa que se hizo en las alturas, en aquel lugar tan puro, tan de ellas. Donde cada una se brinda con las demás y le promete lealtad y garra a un objetivo en común, a una meta, a un sueño... esta vez y por sobre cualquier cosa todas juraron el campeonato. Todo tenia un sabor diferente, un sabor mágico, algo distinto a las cosas que ya habían vivido.
A algunas le oprimió el pecho y a otras la opresión les llegó a la garganta.
Corría ya el mes de abril cuando comenzó el gran desafío, después de tanto esfuerzo y sacrificio, el reloj se ponía en cuenta regresiva hacia la meta tan deseada.
Se vinieron los primero rivales, con un juego tan delicioso como pintoresco, este grupo que más tarde se haría conocer como LAS VIKINGAS, deliraba a todos sus seguidores. Eran días de felicidad, en los cuales la armonía del juego que explayaban hacia deslumbrar hasta a sus propios contrincantes. Por esos tiempos ya empezaron a surgir los primeros aliados, LAS INTERVIKINGAS, que si bien peleaban por su propia conquista, estaban dispuestas a dejar la vida por ayudar a las vikingas a cumplir sus objetivos.
Pero como toda hermosa historia también tiene sinsabores inesperados.
De repente, toda la armonía y el esplendor a los que la gente estaba acostumbrada comenzó a opacarse. Nadie supo realmente porque la paz reinante se vio interrumpida por la degradante maldad. Como un torrente venenoso, LAS VIKINGAS, se vieron salpicadas por las gotas de la amargura. La desazón y el desconsuelo de no entender porque estaban siendo atacadas ni de donde provenía el ataque, las deterioro. Tanto que, lastimadas, las bellas guerreras no tuvieron las fuerzas necesarias para contraatacar.
Salieron con la entereza de un gigante a defender su orgullo y sobre todas las cosas su promesa, pero no pudieron. Las heridas habían sido muy profundas y de variadas magnitudes. Ya no eran solo las gotas de la amargura las que las estaban salpicando a estas aguerridas luchadoras, una suma de adversidades provocadas por el destino inesperado hizo tambalear a las vikingas.
Fue por poco tiempo, solo unas 3 o 4 contiendas en el campo de batalla, pero eso fue suficiente para dejarlas lejos de su meta. La conquista del galardón tan preciado se les estaba escapando de las manos.
Pero lucharon, sepa el mundo que lo hicieron. Dejaron todo por lograrlo. Pelearon con uñas y dientes. Pelearon contra lesiones y contracturas. Pelearon contra adversarios desconocidos e invisibles. Hasta pelearon contra el dolor de su propia alma quebrantada por tanta injusticia. Pero salieron.
Demostrando que la efervescencia de la sangre todavía le hacia cosquillas al corazón. Se unieron mas que nunca y salieron.
Ya habían pasado muchos meses, pero el agotamiento físico y mental no pudo contra ellas.
Los estragos de la guerra resultaban efímeros ante semejantes luchadoras.
Los objetivos ya se habían esfumado. La ultima batalla que tuvieron que afrontar, quizás la mas difícil, lo hicieron con la lealtad intacta. Ya no se jugaba nada, eso creían todos, pero se jugaba el orgullo de pelear con el rival que si había cumplido su meta.
Para los que esperaban que estas VIKINGAS, salieran con la cara de la derrota a cuestas, se equivocaron. Salieron a lo grande como nadie podía haberlo hecho. Con la frente bien alta, entregando flores al campeón y aplaudiendo sin bajar nunca la cabeza, aunque se notaba que el dolor era muy grande... y después jugaron, como hacia mucho tiempo que no lo hacían, como si nada hubiese pasado. Que entrega!!! que espíritu ganador, que entereza.
Esa manera de jugar, esa brillantez en el juego, dieron luces de esperanzas a los que día a día las habían acompañado y apoyado.
Esa ultima batalla que pelearon hasta el final, quizás sea el comienzo de otra historia. Una historia en la que estas grandes VIKINGAS, con amor propio, con valentía y con la fuerza que las caracterizo, pueden volver a narrar.
Seguro será con los mismos objetivos, pero con la madurez que lograron alcanzar a través de tantas adversidades que tuvieron que afrontar y por sobre todo con la unión inalterable que día a día fueron construyendo ellas solas.
Quizás sea el comienzo de una segunda parte, eso aun no lo sabemos. Pero seguramente el misterio se develara la próxima vez que volvamos a escuchar el grito ensordecedor que nos lleno de orgullo durante tanto tiempo...
|
|
Vamos Vikingas Carajo!!!!
|
|