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Abstract
En el reciente artículo “Conflicto entre razonamiento antrópico y
observación” (gr-qc/0303070) Ken D. Olum, basándose en algunas ideas
sobre la inflación cosmológica y en la premisa antrópica de que tenemos
que ser típicos entre los observadores inteligentes del Universo, llega
a la sorprendente conclusión de que “deberíamos encontrarnos en una
civilización grande (de tamaño galáctico) al igual que la mayoría de
los observadores, mientras que de hecho no lo estamos”. En este
artículo discutimos la posibilidad de que nuestra civilización esté de
hecho inmersa en una civilización grande, sin que seamos conscientes de
ello. Nuestra conclusión es que esta posibilidad no puede descartarse
si se cumplen dos condiciones, que llamamos el Principio Subantrópico y
la Conjetura de Indetectabilidad. El Principio Subantrópico establece
que no somos típicos entre los observadores inteligentes del Universo.
Las civilizaciones típicas de las galaxias típicas estarían cientos de
miles, o millones, de años más evolucionadas que la nuestra y,
consecuentemente, los observadores inteligentes típicos serían órdenes
de magnitud más inteligentes que nosotros. La Conjetura de
Indetectabilidad establece que, genéricamente,todas las civilizaciones
avanzadas camuflan sus planetas por razones de seguridad, de manera que
los observadores externos no puedan detectar señal alguna de
civilización y sólo obtengan datos distorsionados con el propósito de
disuasión. Estas condiciones predicen también una baja probabilidad de
éxito para el proyecto SETI. También argumentamos que son los universos
branas, y no la inflación cosmológica, lo que podría agravar
dramáticamente el problema del “alienígena ausente”, señalado por vez
primera en los años cincuenta por Enrico Fermi.
Preliminares
¿Saben los gorilas de montaña que su “civilización” está inmersa en una
“civilización” más grande correspondiente a una especie mucho más
evolucionada e inteligente que ellos mismos? ¿Saben que son una especie
protegida que habita en una reserva natural en un país dentro del
continente africano del planeta Tierra? La respuesta a estas preguntas
es ciertamente no, ellos no saben nada sobre nuestra estructura social,
nuestros países, fronteras, religiones, política,... ni siquiera sobre
nuestros pueblos y ciudades, con la excepción quizás de aquellos
individuos que viven en zoos o han sido adoptados como animales de
compañía.
De la misma manera, la civilización humana del planeta Tierra podría
estar inmersa en una civilización mucho más grande sin saberlo,
correspondiente a una especie mucho más evolucionada e inteligente. Al
fin y al cabo, el Sol es sólo una estrella joven entre miles de
millones de estrellas mucho más antiguas en nuestra galaxia, y la
posible existencia de tales civilizaciones avanzadas es sólo cuestión
de la evolución biológica haciendo su trabajo, lenta pero
implacablemente a través de los milenios 1.
Si éste resultara ser el caso, sería bastante razonable suponer que
estos individuos considerarían nuestro planeta como una reserva
natural, llena de especies animales y vegetales, siendo el Sistema
Solar sólo una pequeña provincia dentro de su vasto territorio.
En esta situación, la respuesta a la observación usual “si hay
extraterrestres avanzados cerca de nosotros, ¿por qué no entran en
contacto abierta y oficialmente y nos enseñan su ciencia y
tecnología?”, parece obvia. ¿Enviaría algún país de este planeta una
delegación oficial al territorio del gorila de montaña para presentarse
abierta y oficialmente a las “autoridades” de los gorilas? ¿Se
estrecharían la mano, llegarían a acuerdos e intercambiarían firmas con
los machos dominantes? Respecto a enseñarnos su ciencia y tecnología,
¿quién se presentaría como voluntario para enseñar física, matemáticas
e ingeniería a un grupo de gorilas? Además hay que tener en cuenta los
límites de las capacidades cerebrales, independientemente de la cultura
o la educación. Por ejemplo, vamos a preguntarnos cuantos plátanos
serían necesarios para que los gorilas más inteligentes pudieran
entender las ecuaciones de Maxwell del electromagnetismo (incluso
aunque vieran la televisión o escuchasen la radio). De la misma manera
podemos preguntarnos cuantos sandwiches, patatas fritas o cigarrillos
serían necesarios para que los más inteligentes de entre nuestros
científicos pudieran entender los resultados científicos y tecnológicos
clave de una civilización mucho más avanzada. Nuestras facultades y
habilidades intelectuales están limitadas por nuestras capacidades
cerebrales, que no son en absoluto infinitas. Por lo tanto, es de lo
más natural y razonable suponer que puedan existir conceptos y
resultados científicos y tecnológicos clave, importantes, cuya
comprensión quede totalmente más allá de las capacidades cerebrales de
nuestra especie, pero esté al alcance de cerebros mucho más
evolucionados y sofisticados correspondientes a civilizaciones mucho
más avanzadas.
La motivación que subyace en esta idea ha sido el artículo reciente “Conflicto entre razonamiento antrópico y observación” 2
de Ken D. Olum [1]. En este artículo el autor presenta algunos cálculos
respecto a las probabilidades de que los observadores inteligentes
típicos de nuestro Universo pertenezcan a civilizaciones grandes (de
tamaño galáctico) en el tiempo presente. La idea es que en el Universo
observable, debido a la existencia de billones 3 de
estrellas mucho más antiguas que el Sol, tienen que existir
civilizaciones gigantescas mucho más antiguas que la nuestra, que
podrían haberse expandido ampliamente a través del Universo. (Aunque no
se menciona en [1], Enrico Fermi fue probablemente el primer científico
en considerar argumentos similares, en los años cincuenta, que conducen
a lo que podríamos denominar el problema o la paradoja del “alienígena
ausente”, conocida en la literatura como “la Paradoja de Fermi” 4.
En particular, haciendo la suposición de que el Universo es infinito,
como en los modelos de inflación cosmológica perpetua (“eternal
inflation”), y haciendo algunos cálculos conservadores, Olum predice
que “all but one individual in 10 8 belongs to a large civilization”;
es decir, que entre cien millones de individuos, todos excepto uno
pertenecen a una civilización grande. Después invoca la premisa
antrópica de que somos individuos típicos y, como resultado, predice
que hay una probabilidad de 10 8 sobre 1 de que nosotros
pertenezcamos a una civilización grande. Prescindiendo de la suposición
de que el Universo sea infinito, pero manteniendo aún la inflación, el
autor asegura que las predicciones no son muy diferentes de las del
caso previo. Después de analizar varias posibilidades de dónde puede
estar el problema, el autor concluye: “Una aplicación directa del
razonamiento antrópico y suposiciones razonables sobre las capacidades
de otras civilizaciones predicen que nosotros deberíamos formar parte
de una civilización grande extendida por nuestra galaxia. Aunque la
fiabilidad precisa de una predicción como ésta depende de las
suposiciones que uno haga, es claramente muy alta. Sin embargo,
nosotros no pertenecemos a una tal civilización. Así que algo debe de
estar equivocado... pero entonces, ¿qué otros errores estamos
cometiendo...?”
En este artículo presentamos lo que, creemos, es la solución más simple
posible a los problemas y paradojas de Olum y Fermi sobre los
“alienígenas ausentes”. Como discutiremos en detalle, nosotros
podríamos muy bien formar parte de una civilización grande
extendiéndose por toda nuestra galaxia (o una región amplia de la
misma) sin ser conscientes de ello. Por tanto, una solución natural
obvia sería que pertenecemos a una civilización grande muy avanzada,
pero no somos “ciudadanos” de ésta debido a nuestro bajo nivel
primitivo. Los dos errores principales de Olum, pues, habrían sido el
suponer: primero, que somos observadores inteligentes típicos, y
segundo, que pertenecer a una civilización implica ser ciudadano de la
misma.
Aparte, los argumentos de Olum respecto a que la inflación tiene
necesariamente que agravar el problema (muy serio de por sí) del
“alienígena ausente”, no nos parecen muy convincentes, y serían sin
embargo algunos modelos de “universos branas” [2] lo que en nuestra
opinión podría agravar dramáticamente este problema. La razón es la
siguiente. Si existieran miles, o millones, de universos paralelos
separados del nuestro a través de dimensiones extra, entonces sería
natural esperar que una proporción de esos universos tuviesen las
mismas leyes físicas que el nuestro (presumiblemente la mitad serían de
materia y la otra mitad de antimateria), y también sería de esperar que
muchas de las civilizaciones avanzadas correspondientes dominaran las
técnicas de viajar o “saltar” a través de las dimensiones extra, al
menos a través de algunas de ellas. En consecuencia se abrirían enormes
posibilidades respecto a la expansión de civilizaciones avanzadas
simultáneamente a través de varios universos paralelos con las mismas
leyes físicas, dando lugar, como resultado, a imperios
multidimensionales. Podría incluso suceder que la expansión a otras
galaxias paralelas a través de dimensiones extra fuera más fácil, con
más bajo costo, que la expansión dentro de la propia galaxia 5.
En muchos otros universos, sin embargo, las leyes físicas serían
diferentes, correspondientes quizás a diferentes soluciones de la
Teoría de Todo última (si es que esta Teoría existe, independientemente
de que nosotros podamos o no llegar a descubrirla). Estas soluciones
darían lugar, probablemente, a universos de “materia-sombra” respecto
al nuestro, la cual sólo interaccionaría con nuestra materia
gravitacionalmente, en el caso en que fuese traída a nuestro Universo
mediante una tecnología apropiada. Esto no significa, no obstante, que
los universos-sombra estarían necesariamente faltos de seres
inteligentes. Si algunos de ellos tuvieran civilizaciones avanzadas,
sus individuos podrían quizás “saltar” a nuestro Universo, pero no para
colonizarlo, ya que ni siquiera verían nuestros planetas y estrellas,
que atravesarían sin darse ni cuenta (únicamente notarían la atracción
gravitatoria hacia sus centros). Y a la inversa, nosotros no podríamos
ni ver, ni hablar a los visitantes-sombra, aunque ellos quizás podrían
intentar comunicarse con los posibles seres inteligentes de nuestro
Universo, a través de ondas gravitatorias por ejemplo. Respecto a los
universos de antimateria, los antiobservadores inteligentes tampoco
enviarían colonizadores 6 .
También tenemos que puntualizar que en [1] se hace uso continuo,
repetido del concepto de “observador inteligente” sin dar una
definición de su significado, lo cual dificulta seguir los argumentos y
cómputos con propiedad. Por ejemplo, ¿los hombres de Cro-Magnon y de
Neandertal contarían como civilizaciones de observadores inteligentes?
¿Y los seres humanos muy primitivos que habitan algunas selvas hoy en
día? ¿Pertenecen a la civilización del planeta Tierra aunque sepan muy
poco de ella?
En la discusión que sigue en las próximas secciones usaremos las siguientes definiciones intuitivas:
Civilizaciones primitivas: Son aquellas civilizaciones que hacen
un uso notable de tecnología en la vida diaria, pero no pueden salir de
sus planetas para colonizar otros en sistemas estelares diferentes. Su
conocimiento científico puede alcanzar muchos niveles diferentes, yendo
desde cero hasta niveles notablemente altos. En nuestro planeta parece
que sólo entrarían en el cómputo de civilizaciones primitivas los
grupos de seres humanos de, aproximadamente, los últimos 20.000 años,
correspondientes a lo que los antropólogos denominan el Hombre Moderno,
no así los grupos pertenecientes a las versiones varias del Hombre
Primitivo, que sólo contarían como civilizaciones muy primitivas.
Llamaremos a los individuos de las civilizaciones primitivas observadores inteligentes primitivos.
Civilizaciones avanzadas: Son aquellas civilizaciones
tecnológicamente capaces de colonizar otros planetas en sistemas
estelares diferentes del suyo, desde unos pocos planetas hasta miles de
ellos o más en el caso de civilizaciones muy avanzadas. Dependiendo de
su nivel tecnológico, podrían incluso viajar a través de dimensiones
extra (si es que existen), por lo que quizás podrían visitar y
colonizar planetas situados en algunas galaxias cercanas pertenecientes
a posibles universos paralelos. Llamaremos a los individuos de estas
civilizaciones observadores inteligentes avanzados y muy avanzados, respectivamente.
Ideas Principales
Vamos a discutir en detalle la posibilidad de que nuestra pequeña
civilización terrestre esté inmersa en una civilización grande sin
saberlo. Esto nos conducirá de forma muy natural a la propuesta de dos
ideas principales que llamamos el “Principio Subantrópico” y la
“Conjetura de Indetectabilidad”.
Para comenzar volvamos al argumento principal. En nuestra galaxia hay
miles de millones de estrellas mucho más antiguas que el Sol, siendo
muchas de ellas miles de millones de años más antiguas, de hecho. Así
pues, parece de lo más natural esperar, sin necesidad de invocar la
inflación cosmológica, que en una cantidad razonable de sistemas
estelares deben haber aparecido civilizaciones tecnológicas y una
fracción de ellas (aunque sea pequeña) debe haber sobrevivido lo
suficiente para extenderse por, al menos, amplias regiones de la
galaxia. Es por tanto muy notable el hecho de que el Sistema Solar no
haya sido nunca abordado ni colonizado por ninguna civilización
avanzada... ¿o lo ha sido?
En nuestra opinión, hay un error importante en las suposiciones
(implícitas) de Olum respecto a las relaciones entre las diferentes
civilizaciones puestas en contacto en el proceso de expansión. Aunque
no menciona este punto tan crucial, da la impresión de que él cree que
las civilizaciones más avanzadas “tiran” de las menos avanzadas hasta
su propio nivel para integrarlas, o al contrario, las explotan,
perjudican o aniquilan para conquistar su planeta, en el caso de
colonizadores agresivos. Estamos totalmente de acuerdo en que las
civilizaciones avanzadas agresivas explotarían /perjudicarían/
aniquilarían a las menos avanzadas tanto como fuera conveniente para
ellas. En el caso de civilizaciones avanzadas no agresivas, sin
embargo, la posibilidad de que integraran a las menos avanzadas sólo
tendría sentido si éstas no fuesen muy inferiores. Es decir, si el
salto o distancia entre las dos civilizaciones no fuera muy grande,
entonces sería realista esperar que la civilización superior empujase o
tirase de la inferior hacia su propio nivel, al menos en cierta medida.
En algunos casos, sin embargo, las civilizaciones avanzadas no
agresivas encontrarían planetas con civilizaciones primitivas o muy
primitivas, con una enorme distancia (tecnológica, científica y
genética) entre ellas. En particular, las diferencias entre sus
capacidades cerebrales y las de los individuos primitivos podrían ser
patéticas. En estas circunstancias, sería completamente irrealista e
ingenuo esperar que los individuos avanzados intentaran integrar a los
primitivos en sus propias civilizaciones. Lo que sería de esperar, si
acaso, es que se comportasen de forma “ecológica” hacia ellos,
tratándolos de manera similar a una especie protegida, sin interferir
(o sólo muy discretamente) con su evolución natural.
Con esta percepción es ahora mucho más fácil de aceptar la posibilidad
de que el Sistema Solar pudiera haber sido hallado o colonizado hace
muchos miles, o incluso millones de años, por al menos una civilización
avanzada no agresiva que habría tratado, y pudiera que todavía tratara,
a nuestro planeta como una reserva natural protegida. De hecho, incluso
podrían haber traído muchas plantas y animales a la Tierra, incluyendo
a nuestros ancestros, presumiblemente para mejorar sus condiciones de
vida (pudieran haber estado en peligro de extinción en su planeta de
origen, por ejemplo). 7
Quizás el Sistema Solar haya sido visitado por colonizadores agresivos,
tanto como por no agresivos, habiéndose producido algunas batallas como
resultado, o habiéndose llegado simplemente a negociaciones pacíficas
entre ellos. Quizás los perdedores agresivos volverán en el futuro,
para intentarlo otra vez...
Esta visión sobre nosotros mismos, una pequeña civilización primitiva
inmersa en una gran civilización avanzada, nos lleva directamente a
hacernos conscientes de que pudiéramos no encontrarnos entre los
observadores inteligentes típicos de nuestra galaxia, sino sólo entre
una pequeña proporción de observadores inteligentes primitivos, en su
lugar, ignorantes por completo de su bajo nivel. Los observadores
inteligentes típicos serían los ciudadanos de las civilizaciones
avanzadas y muy avanzadas, quienes serían los “dueños” de la galaxia.
Pero nuestra galaxia es sólo una galaxia típica de nuestro Universo
observable. Esto nos conduce de forma muy natural a nuestra primera
propuesta:
El Principio Subantrópico: Nosotros no somos típicos entre los
observadores inteligentes del Universo. Las civilizaciones típicas de
las galaxias típicas están cientos de miles, o millones, de años más
evolucionadas que la nuestra y, consecuentemente, los observadores
inteligentes típicos son órdenes de magnitud más inteligentes que
nosotros.
Obsérvese que el Principio Subantrópico es casi equivalente a la
propuesta de que, en el presente, todas las galaxias típicas del
Universo (o vastas regiones de las mismas) están ya colonizadas por
civilizaciones avanzadas, o muy avanzadas, en las que una pequeña
proporción de sus individuos pertenecen a subcivilizaciones primitivas,
como la nuestra. El que las subcivilizaciones primitivas conozcan o
ignoren su bajo nivel dependería, muy probablemente, de los estándares
éticos de las civilizaciones avanzadas en la que estuvieran inmersas.
Si los estándares fuesen bajos, los individuos de las subcivilizaciones
primitivas serían maltratados de muchas formas, con toda certeza, de la
misma manera que en nuestra civilización grupos numerosos de seres
humanos maltratan a otros seres humanos más débiles y/o en inferioridad
de condiciones, así como a los animales en general. En este caso, pues,
los individuos primitivos serían penosamente conscientes de su bajo
nivel. Si, por el contrario, los estándares éticos de los individuos
avanzados fueran elevados, entonces muy probablemente respetarían la
evolución natural (biológica, social y cultural) de las
subcivilizaciones primitivas tratándolas “ecológicamente” de forma
similar a cualquier especie protegida. Así que en este caso, que
creemos podría muy bien describir la situación de la civilización
terrestre, los individuos primitivos serían completamente inconscientes
de la existencia de la civilización avanzada grande en la que estarían
inmersos.
Ahora viene una observación importante: si el Sistema Solar formara
parte del territorio de una civilización avanzada, entonces ¿por qué no
se detectan señales de civilización en ninguno de los planetas sólidos
y satélites grandes que se hallan en su interior? Sería de lo más
natural que se hubiesen construido bases a todo lo largo y ancho del
Sistema Solar (incluyendo bases subterráneas y submarinas en el planeta
Tierra) y quizás algunas colonias sobre, o debajo de, la superficie de
algunos planetas sólidos y de algunos satélites grandes (¡esto es
exactamente lo que nosotros planeamos hacer en el futuro!). La
respuesta más simple sería que “ellos” no encuentran el Sistema Solar
lo suficientemente atractivo como para establecerse en él y, en
consecuencia, sólo tienen unas pocas bases diminutas difíciles de
detectar. Sin embargo, independientemente de si encuentran el Sistema
Solar atractivo o no para establecerse y levantar colonias, creemos que
todas las civilizaciones avanzadas tienen que ser conscientes,
necesariamente, de la existencia de civilizaciones avanzadas agresivas
y, como resultado, deben haber desarrollado sistemas de camuflaje muy
sofisticados, de manera que ningún observador externo (ni sus sondas)
pueda detectar señal alguna de civilización. Es probable que, en muchos
casos, incluso manipulen y distorsionen los datos globales de sus
planetas (temperatura, composición del aire, etc.), para confundir a
los observadores externos, con el propósito de disuasión 8. Este es el contenido de nuestra segunda propuesta:
La Conjetura de Indetectabilidad: Genéricamente, todas las
civilizaciones suficientemente avanzadas camuflan sus planetas por
razones de seguridad, de manera que ninguna señal de civilización pueda
ser detectada por observadores externos, quienes sólo obtendrían datos
distorsionados con el propósito de disuasión.
Obsérvese que si esta conjetura resultara ser cierta, entonces no
podríamos estar seguros ni siquiera de que la civilización terrestre
sea la única civilización que habita en el Sistema Solar, como creemos
firmemente (esto es independiente, de hecho, de si nuestra civilización
está o no inmersa en una civilización avanzada grande, sólo es
necesario que tengamos “vecinos avanzados”). De hecho, resulta notable
la inconsistencia en el razonamiento científico que se usa en las
observaciones astronómicas de planetas y satélites. Se utiliza como
punto de partida la suposición, no probada, de que en el origen de las
observaciones no hay seres inteligentes manipulando los datos que
recibimos, y luego se concluye que no hay señales de vida inteligente como prueban los datos. Pero esta suposición podría no ser cierta. Lo correcto en este caso sería concluir que no hay señales de civilizaciones primitivas, como la nuestra, que se dejarían detectar por observadores externos, pero nada puede decirse respecto a la posibilidad de civilizaciones avanzadas, capaces de confundir y despistar a nuestros telescopios, detectores y sondas, y que no se dejarían detectar.
Finalmente, tenemos que mencionar que el primer erudito, al menos en la
historia occidental, que sugirió que muchas estrellas ahí fuera podrían
tener planetas similares al nuestro: con plantas, animales, gente,
etc., fue Giordano Bruno, en el siglo XVI. Afirmaba que el Sol sólo era
una estrella entre miríadas, y por lo tanto, como el Sol, muchas otras
estrellas tendrían también planetas girando a su alrededor y seres
vivos los habitarían [4]. Para apreciar el genio de Giordano Bruno, hay
que tener en cuenta que vivió en una época en la que más del 99% de los
intelectuales creían que la Tierra era el centro del Universo, y unos
pocos, como Copérnico y Galileo, creían que era el Sol el centro del
Universo, en su lugar, siendo las estrellas cuerpos celestiales
brillantes de naturaleza desconocida 9.
Hoy en día sabemos que el Universo no tiene centro y que nuestro
planeta es sólo una partícula de polvo diminuta en su inmensidad. A
pesar de esto, para muchos seres humanos la Tierra es aún el centro del
Universo, el planeta “elegido” habitado por los seres más perfectos e
inteligentes de todo el Universo: la Corona de la Creación. (¡Existen
incluso científicos e intelectuales “normales” que se preguntan si todo
el Universo habrá sido creado sólo para que existamos nosotros, los
seres humanos terrestres!).
Conclusiones y Comentarios Finales
Hemos discutido la posibilidad de que nuestra civilización pudiera
estar inmersa en una civilización avanzada grande extendiéndose por (al
menos) una región amplia de nuestra galaxia. Esto sería de esperar, de
hecho, ya que en nuestra galaxia existen muchos miles de millones de
estrellas mucho más antiguas que el Sol. Haciendo dos suposiciones
simples y naturales vemos que esta posibilidad no puede descartarse.
La primera suposición explicaría por qué los miembros o ciudadanos de
la civilización grande no interaccionarían ni socializarían con
nosotros (abierta y oficialmente, al menos). La razón sería que
nosotros no cumplimos los requisitos mínimos para ser miembros ni
asociados, aunque pudiera suceder que nos considerasen como posibles
mascotas o “amigos”. Generalizando esta situación, teniendo en cuenta
que vivimos en una galaxia típica, llegamos al Principio Subantrópico,
que dice que nosotros no somos típicos entre los observadores
inteligentes del Universo, sino que nos encontramos muy por debajo de
los estándares.
La segunda suposición, que llamamos la Conjetura de la
Indetectabilidad, explicaría por qué no detectamos señal alguna de esta
civilización grande en la que estaríamos inmersos. La razón sería que,
en general, todas las civilizaciones avanzadas serían indetectables por
razones de seguridad, debido a la existencia de civilizaciones
avanzadas agresivas. En cualquier caso, ¿por qué razón una civilización
avanzada permitiría a cualquier civilización alienígena ver sus
ciudades, laboratorios, instalaciones militares, etc. cuando, en su
lugar, podría confundirla y despistarla muy fácilmente?
El Principio Subantrópico es casi equivalente a la propuesta de que
todas las galaxias típicas del Universo están ya colonizadas (o al
menos amplias regiones de las mismas) por civilizaciones avanzadas o
muy avanzadas, lo cual es una suposición de lo más natural teniendo en
cuenta que muchos miles de millones de estrellas que pueblan las
galaxias típicas son miles de millones de años más antiguas que el Sol.
En estas civilizaciones avanzadas grandes siempre existirían, de forma
genérica, un pequeño porcentaje de individuos que pertenecerían a
subcivilizaciones primitivas. Si los estándares éticos de los
individuos avanzados fuesen bajos, entonces los individuos primitivos
serían maltratados de muchas maneras (quizás incluso aniquilados). Si
los estándares éticos de los individuos avanzados fueran elevados, en
su lugar, entonces probablemente tratarían a los individuos primitivos
de una manera ecológica; es decir, como a una especie protegida que
vive en una reserva natural. En este caso, que bien pudiera describir
la situación de nuestra civilización, la mayoría de los individuos
primitivos ignorarían completamente la existencia de la civilización
avanzada en la que estarían inmersos.
También hemos argumentado que la idea de universos branas, aunque aún
se encuentra en una fase muy prematura, podría de hecho agravar
enormemente el problema del “alienígena ausente”, puesto de manifiesto
por primera vez por Enrico Fermi, como ya hemos mencionado. La razón es
que, si existieran otros universos paralelos con las mismas leyes
físicas que el nuestro, podría ocurrir que algunas de sus
civilizaciones avanzadas fueran técnicamente capaces de “saltar” a
través de las dimensiones extra a nuestra galaxia con el propósito de
expansión y colonización. Como resultado, podría incluso suceder que
los dueños del Sistema Solar (si es que existen) hubieran venido de
otro universo y hubiesen creado un imperio gigantesco multidimensional,
con amplias regiones de territorio en varias galaxias “paralelas”.
Podría ocurrir también que las civilizaciones avanzadas encontraran más
eficiente (más barato y preferible energéticamente) expandirse a través
de dimensiones extra que dentro de su propia galaxia.
Finalmente, en el Apéndice tratamos el tema de los posibles contactos e
interacciones entre civilizaciones o individuos avanzados y
civilizaciones o individuos primitivos. En nuestra opinión, sería
altamente improbable que una civilización avanzada no agresiva se
presentase abiertamente a alguna civilización primitiva. No obstante, a
nivel de los individuos hemos identificado tres causas o razones
principales que podrían motivar a individuos de civilizaciones
avanzadas a interaccionar o buscar relaciones con individuos
primitivos: objetivos/fines científicos, afecto/entretenimiento y
propósitos delictivos de todo tipo. También hacemos notar que el
Principio Subantrópico y la Conjetura de Indetectabilidad predicen una
probabilidad muy baja de éxito para el proyecto SETI, debido al pequeño
porcentaje de civilizaciones tecnológicas que serían susceptibles de
ser detectadas (el período de detectabilidad de una civilización
promedio podría durar menos de 500 años).
Apéndice
En lo que sigue discutiremos las posibles fuentes de contacto e
interacciones entre civilizaciones o individuos avanzados y
civilizaciones o individuos primitivos. Como argumentamos en los
preliminares, creemos muy improbable el que una civilización avanzada
no agresiva contactase a alguna civilización primitiva “abierta y
oficialmente”, al menos hasta que esta última alcanzase un grado de
desarrollo notable que nuestra civilización no ha alcanzado aún. Las
civilizaciones avanzadas agresivas, sin embargo, se “presentarían”
antes, después o durante el ataque, según su propia conveniencia. (El
hecho de que nuestra civilización no haya sido nunca atacada por
alienígenas agresivos, hasta lo que la historia conoce, podría ser en
efecto un indicio de que pertenecemos a una civilización avanzada no
agresiva que protege el planeta Tierra como parte de su territorio).
Si ahora consideramos posibles contactos y relaciones entre individuos
de civilizaciones avanzadas e individuos primitivos, en vez de entre
sus civilizaciones, se presentan muchas más posibilidades. Con el
objeto de identificar qué individuos avanzados podrían estar
interesados en interaccionar y relacionarse con individuos primitivos,
y por qué razones, llegamos a distinguir tres fuentes principales de
contactos:
1) Investigación científica llevada a cabo por científicos oficiales
relacionados con las ciencias de la vida, tales como biólogos, médicos,
antropólogos, sociólogos, sicólogos, etc. El que las correspondientes
actividades de investigación pudieran dañar a los individuos primitivos
(física o mentalmente), dependería de las regulaciones legales de las
civilizaciones avanzadas con respecto al trato ético hacia individuos
de civilizaciones primitivas.
2) Entretenimiento, afecto, etc. Es decir, un individuo de una
civilización avanzada podría establecer contacto con individuos
primitivos simplemente para entretenerse y relajarse. El individuo
avanzado podría tener, con respecto a los individuos primitivos, el
tipo de sentimientos que nos empujan a nosotros a interaccionar y jugar
con perros y gatos y otras muchas especies. Además, si en nuestro
planeta hay millones de amantes de los perros y millones de amantes de
los gatos, y hay incluso amantes de las serpientes, de los cerdos,... y
de los gorilas, sería de lo más natural esperar que pudieran existir
algunos amantes de los individuos primitivos, en particular de los
humanos terrestres, entre los alienígenas avanzados. ¿Por qué no?
Podría darse el caso, especialmente entre aquellos individuos avanzados
que tuvieran que pasar largas temporadas trabajando en planetas
primitivos, viviendo en bases aburridas subterráneas o submarinas, que
existirían en nuestro planeta con toda seguridad en el caso en que
nuestra civilización estuviera inmersa en una civilización grande (los
trabajadores de las bases serían los “guardas” o militares que estarían
a cargo del planeta).
3) Propósitos delictivos de todo tipo, incluyendo actividades llevadas
a cabo por científicos oficiales que estuviesen prohibidas por sus
regulaciones éticas legales. Podemos imaginarnos docenas de propósitos
delictivos diferentes por los que los individuos primitivos podrían ser
secuestrados, torturados e incluso asesinados, incluyendo tópicos
abyectos tales como “alta gastronomía” y juegos sádicos. Siendo
realistas, sólo hay que pensar en el trato cruel que algunos seres
humanos infligen a sus víctimas, ya sean otros seres humanos (a menudo
niños) o animales. La cuestión es que el nivel ético de un individuo, o
una civilización, no crece necesariamente en paralelo con sus logros
científicos y tecnológicos, ni con su nivel de bienestar material. En
el caso en que nuestra civilización estuviera inmersa en una
civilización grande, una de las tareas de los “guardas” viviendo en las
bases sería, sin duda, ahuyentar a los cazadores de humanos y a otros
proscritos.
En cuanto al proyecto SETI: search for extraterrestrial intelligence
(búsqueda de inteligencia extraterrestre), si la Conjetura de
Indetectabilidad resultara ser cierta, entonces SETI pasaría a ser
SETPI: search for extraterrestrial primitive intelligence (búsqueda de
inteligencia extraterrestre primitiva). La razón sería que, en este
caso, sólo las civilizaciones primitivas podrían ser detectadas por
observadores externos. Por otro lado, si el Principio Subantrópico es
correcto, entonces las civilizaciones primitivas serían muy escasas
comparadas con el total de las civilizaciones tecnológicas, y mucho más
escasas serían aquellas con un nivel tecnológico apropiado para
producir emisiones electromagnéticas que pudieran ser detectadas por
civilizaciones distantes. (En nuestra opinión, el período de
“detectabilidad” de una civilización promedio podría durar menos de 500
años). Así pues, la probabilidad de que una civilización primitiva
detectara otra sería muy pequeña. Por estas razones, el Principio
Subantrópico y la Conjetura de Indetectabilidad predicen una baja
probabilidad de éxito para el proyecto SETI 10.
Un último comentario es que nunca hemos hecho ningún tipo de
investigación en el tema de los contactos declarados como alienígenas.
Así pues, no tenemos ninguna opinión sobre la veracidad o falsedad de
los supuestos contactos que circulan por los medios de comunicación. No
obstante, creemos que debe de ser imposible identificar contactos
alienígenas verdaderos (si es que existen) simplemente leyendo los
informes dados a, o escritos por, sus contactados. La razón es que,
para nuestra intuición, las afirmaciones de civilizaciones mucho más
avanzadas que nosotros tienen que sonar necesariamente ridículas,
hilarantes, locuras de pura ciencia ficción. Pero lo mismo habría
sucedido si nosotros hubiéramos descrito nuestros aparatos de
televisión, nuestros aviones, nuestros hornos microondas, nuestros
ordenadores, etc.... a la gente de ¡hace sólo 100 años! Queremos hacer
notar también que muchas personas, incluyendo muchos científicos,
tienen gran reluctancia y aversión, muy profundamente enraizadas, en
aceptar la posibilidad de que puedan existir especies extraterrestres
mucho más avanzadas e inteligentes que nosotros, que incluso pudieran
visitar nuestro planeta. Llamamos a este prejuicio el “Síndrome de la
Corona de la Creación” (SCC), por razones obvias. Curiosamente,
mientras que muchas personas religiosas no sufren el SCC, muchos ateos
lo sufren (una explicación podría ser que crecieron en familias muy
religiosas que implantaron en las mentes de sus hijos impresiones muy
fuertes sobre la grandeza y lo excepcional de la especie humana) 11.
Para terminar, queremos señalar que la situación actual en cuanto a la
búsqueda de inteligencia extraterrestre (Search for ExtraTerrestrial
Intelligence) pudiera muy bien venir descrita por la popular canción
protesta americana de los años sesenta, que transcribimos a
continuación:
Where have all the aliens gone?
Long time passing....
Where have all the aliens gone?
Long time ago....
Where have all the aliens gone?
Could be hidden everywhere!
When will we ever learn?
When will we ever learn?
(Repetir tres veces)
Notas
1 Además, a medida que las civilizaciones fueran alcanzando
cierta destreza en el campo de la ingeniería genética, la tendencia
general sería a “mejorar” la propia especie, entre otras, con lo que se
aceleraría la evolución biológica a ritmos inimaginables. Damos las
gracias a varios lectores, especialmente Jim Bogan, por esta sugerencia
tan importante.
2 El artículo [1] está escrito en inglés y es nuestra la
traducción del título “Conflict between anthropic reasoning and
observation”
3 Aquí nos referimos a billones europeos (1012) que son mil veces más grandes que los billones americanos (109)
a que nos referíamos en la versión original de este artículo en inglés.
En consecuencia la expresión ‘thousands of billions’ la hemos traducido
como ‘billones’
4 Damos las gracias a Juan Luis Mañes y a Cumrun Vafa por esta información.
5 Los primeros científicos que consideraron dimensiones
extra y universos paralelos fueron, probablemente, Maxwell y Faraday en
el siglo XIX. Fuera de la esfera científica esta idea tiene muchos
miles de años de antigüedad. En el presente estamos todavía en una fase
muy prematura en el estudio de los universos branas y no sabemos si
estas ideas son en verdad realistas. Cumrun Vafa, de la Universidad de
Harvard, opina que el hecho de que no veamos alienígenas a nuestro
alrededor podría ser la primera prueba de la existencia de universos
branas: todos los alienígenas avanzados habrían emigrado a universos
paralelos mejores que éste (nuestro Universo tendría “medida
matemática” cero) [3].
6 Aunque podrían enviar antiprisioneros, cuya llegada se conocería como explosiones de rayos gamma.
7 Una de las actividades esperables de las civilizaciones
avanzadas sería la diseminación de la vida en planetas “prometedores”,
del mismo modo que nosotros plantamos árboles en lugares adecuados. Si
el comienzo de la vida sobre la Tierra hubiera sucedido de esta manera,
entonces todos los seres vivos terrestres tendríamos bloques o bases de
ADN comunes con los seres vivos de miles de otros planetas que hubiesen
pasado por el mismo proceso de inseminación con las mismas bacterias.
Es por tanto concebible que, bajo estas circunstancias, se pudieran
haber traído plantas y animales a la Tierra cuyo origen extraterrestre
fuera imposible de detectar por ningún biólogo o genetista.
8 Puede sonar extraño que las civilizaciones avanzadas
necesiten protegerse contra agresores. Sin embargo, no hay una sola
prueba o indicación de que el desarrollo ético de una civilización, o
un individuo, crezca en paralelo con su nivel de bienestar material o
con su desarrollo tecnológico y científico. También puede argumentarse
que las civilizaciones avanzadas agresivas tienen que autoaniquilarse,
lo que parece una suposición razonable. La cuestión crucial no es, sin
embargo, si se autoaniquilarán o no, sino cuanto daño pueden hacer a
otras civilizaciones (tanto primitivas como avanzadas) antes de
autoaniquilarse.
9 Por éstas y otras ideas Giordano Bruno fue hecho
prisionero durante ocho años y finalmente fue quemado en la hoguera en
Roma, en la piazza Campo di Fiori, el 17 de Febrero de 1600. La iglesia
católica, que hace algunos años se disculpó por el trato dado a
Galileo, nunca se ha disculpado, sin embargo, por el trato que infligió
a Giordano Bruno.
10 Los expertos del proyecto SETI deberían quizás unirse a
la competencia para colaborar: las “antenas humanas” o
“expertos-SETI-alternativos”, que afirman mantener contactos estables y
a largo plazo con “partners” alienígenas, algunos desde su casa; es
decir, desde sus propios planetas y otros desde bases subterráneas o
submarinas aquí en la Tierra, donde vivirían temporalmente. El récord
en tales supuestas relaciones lo ostenta, probablemente, el grupo
español Aztlán, quienes llevan alrededor de veinticinco años
reuniéndose una noche por semana para establecer (lo que ellos afirman
ser) comunicaciones telepáticas con un grupo de sociólogos del planeta
Apu, en órbita alrededor de Alfa B Centauro, que se encontrarían en su
planeta.
11 En resumen, los afectados por el SCC parecen creer
firmemente, o esperar, que nadie en todo el Universo puede hacer lo que
nosotros no podemos hacer, en particular viajes interestelares. Es
interesante observar también que entre ellos abundan los que albergan
grandes expectativas sobre las capacidades y los logros futuros que nos
esperan a nuestra civilización. Sin embargo, en sus razonamientos
parecen carecer de la habilidad de intercambiar “nosotros” por “ellos”
y el futuro por el pasado, en referencia a posibles civilizaciones
millones de años más antiguas que la nuestra. Por ejemplo, muchos de
ellos aceptan de buen grado las sugerencias del tipo “llegaremos a
otros planetas y estrellas”, “colonizaremos la galaxia”, etc. y sin
embargo no pueden ni escuchar las sugerencias de que “ellos pueden
haber llegado a otros planetas y estrellas (incluidos el Sistema Solar
y la Tierra)”, “ellos pueden haber colonizado la galaxia”, etc., que
son recibidas con sarcasmo, desaprobación e incluso agresividad.
Referencias
[1] K. Olum, ‘Conflict between anthropic reasoning and observation’, gr-qc/0303070.
[2] N. Arkani-Hamed, S. Dimopoulos and G.R. Dvali, Phys. Lett. B429, 263, 1998; Phys.
Rev. D 59, 86004, 1999; Phys. Today 55N2, 35, 2002.
L. Randall and R. Sundrum, Phys. Rev. Lett. 83, 4690, 1999.
[3] C. Vafa, private communication.
[4] G. Bruno, Sobre el Infinito Universo y los Mundos, 1584.
Agradecimientos
Doy las gracias a los muchos lectores de este artículo que me han
expresado su apreciación por el mismo. Desde que se publicó en los
archivos científicos “Popular Physics” y “Space Physics” (physics
/0308078) en Agosto de 2003, hace exactamente un año, he recibido una
avalancha de cuestiones, comentarios, sugerencias, observaciones,... y
también una cantidad apreciable de información en la forma de
bibliografía y de páginas web, relacionadas con las materias que se
discuten en este artículo. Desafortunadamente no he tenido oportunidad
de leer más que una mínima parte de esa información, por falta de
tiempo. También estoy muy agradecida a mi amiga María Teresa Fernández
Martínez por su ayuda inestimable en la traducción de este artículo al
castellano y por muchas conversaciones muy interesantes sobre temas
relacionados con el mismo.
LA AUTORA es natural de Madrid.
Licenciada y doctora en Ciencias Físicas por la Universidad Complutense
de Madrid, es especialista en Física de Partículas Elementales y Física
Matemática. Habiendo pasado tres años postdoctorales en el MIT
(Instituto de Tecnología de Massachusetts) y otros tres años en el
CERN, laboratorio europeo de investigación nuclear, desde 1990 forma
parte de la plantilla científica del CSIC (Consejo Superior de
Investigaciones Científicas).
© Copyright 2003, Beatriz Gato-Rivera. Todos los derechos reservados
Publicado con permiso expreso de la autora.
Queda prohibida su reproducción sin autorización previa de la autora.
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