HERMANN WILHELM GOERING

1893-1946

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    Mariscal alemán, comandante en jefe de las Fuerzas Aéreas alemanas y segundo líder más poderoso de la Alemania nazi.

    Goering nació el 12 de enero de 1893, en Rosenheim (Baviera) y estudió en la escuela de cadetes de Karlsruhe y en la de oficiales de Lichterfelde, cerca de Berlín. Durante la I Guerra Mundial sirvió en las Fuerzas Aéreas alemanas y en 1918, tras la muerte de su jefe de escuadrón, el barón Manfred Richthofen, le reemplazó. Herman Goering fue uno de los personajes más curiosos y controvertidos del nazismo. Fue un gran aficionado a la caza y a los trenes de juguete. Goering conoció a Adolf Hitler en 1921 y un año más tarde se convirtió en uno de los líderes del partido nazi. Fue herido en el infructuoso atentado de la cervecería de Munich de 1923, y se dice que la morfina que le fue administrada para mitigar sus dolores le creó adicción. Tras su exilio de cuatro años en países vecinos, fue elegido miembro del Reichstag, el parlamento alemán, en 1928 y en 1932 se convirtió en su presidente.

    Goering fue ministro de las Fuerzas Aéreas del Reich cuando el nacionalsocialismo accedió al poder a principios de 1933; también fue ministro presidente de Prusia y, durante un año, ministro de Interior y jefe de todas las fuerzas de seguridad alemanas. Como comandante en jefe de las Luftwaffe (Fuerzas Aéreas alemanas), Goering planeó gran parte de la estrategia, como la coordinación estrecha y eficaz entre las fuerzas de tierra y de aire alemanas, que dio como resultado la rápida conquista de Polonia, Noruega, Dinamarca, los Países Bajos, Bélgica y Francia en 1939 y 1940. También concibió la política de los bombardeos de terror, mediante la cual ciudades enteras, como Rotterdam y Coventry, fueron casi arrasadas por los bombardeos aéreos con el único fin de someter a sus habitantes. Utilizó su posición para enriquecerse y se adjudicó sistemáticamente los tesoros artísticos de los países ocupados por los nazis para su colección privada.

    En 1945, cuando la derrota alemana era inminente, Goering, creyendo que Hitler había sufrido un colapso, se apresuró a transmitir un telegrama en el que indicaba que tomaría la dirección de las operaciones. Pero el Führer aún sobrevivía y, sintiéndose víctima de una traición, ordenó su arresto y fusilamiento, lo que nunca se cumplió.

    Goering se rindió a las fuerzas de Estados Unidos en 1945 y fue juzgado, junto con otros líderes militares alemanes, por el Tribunal Militar Internacional de Nuremberg. En el proceso quedó demostrada, además, su responsabilidad en el incendio del Reichstag, el Parlamento alemán, en 1933. Fue declarado culpable de todos los cargos y sentenciado a morir en la horca, pero se suicidó, envenenándose, el 15 de octubre de 1946, horas antes de su ejecución.

    En sus últimas horas escribió una carta a su esposa, Emmy, pero la difusión de su contenido no fue permitida por los aliados, que temían que su publicación fuera utilizada como propaganda e iniciara así una leyenda.

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