COMISIÓN PEEL
Durante los disturbios de 1936-39, una comisión investigadora real llegó a Palestina desde Londres para investigar las raíces del conflicto árabe-judío y proponer soluciones. La comisión, encabezada por Lord Robert Peel, escuchó un gran número de testimonios en Palestina y en julio de 1937 emitió sus recomendaciones: abolir el Mandato y llevar a la partición del país entre los dos pueblos.
Sólo una zona entre Yafo y Jerusalén permanecería bajo el mandato británico y la supervisión internacional. El estado judío incluiría la franja costera que va desde el Monte Carmelo hasta Beer Tuvia, así como el Valle de Jezreel y la Galilea. El estado árabe incluiría las regiones montañosas, Judea y Samaria y el Néguev. En el periodo intermedio, hasta que se implantara la partición, se prohibiría la venta de tierras a judíos dentro de la zona concedida al estado árabe y se regularía la inmigración judía de acuerdo con la capacidad de absorción del estado judío. Aun cuando la Comisión consideraba tal reparto como el único y posible "arreglo duradero", sugería, a la vez, ciertos paliativos en el caso de que el Mandato se sostuviera. Entre estos llamados paliativos, y en primer lugar, figuraba limitar la inmigración a un máximo de 12.000 personas anuales. Para superar los problemas de demarcación, se propuso que los intercambios de tierras fueran llevados a cabo al mismo tiempo que las transferencias de población de un área a la otra. La demarcación de los límites precisos de los estados fue confiada a una comisión técnica de partición.
El estado judío pagaría una subvención al estado árabe. El proyecto, en conjunto, se basaba en una realidad demográfica de la época, con excepción de Galilea Occidental, que seria incluida en el estado judío como una reserva y con frontera común con el Líbano cristiano. Así quedarían enlazadas territorialmente en el Oriente Medio las dos entidades políticas no musulmanas.
Por parte judía se recibió el Informe con diversas opiniones. Weizmann y Ben Gurión consideraban el "establecimiento de un estado judío, incluso en parte de Palestina, como un logro político cuyas ventajas superarían a los inconvenientes. Cualquier cosa que se hiciera en lugar de una partición significaría la congelación del Hogar Nacional Judío", declaraba Weizmann.
El gobierno británico declaró que "la partición era la mejor solución y prometía esperanzas en la crisis que se había creado".
El gobierno británico aceptó las recomendaciones de la Comisión Peel con respecto a la partición de Palestina y el anuncio recibió el apoyo del Parlamento en Londres. Se produjeron amargos desacuerdos entre los judíos que apoyaban y los que se oponían a las recomendaciones de la comisión, mientras que los árabes rechazaron la propuesta y se rehusaron a considerarla como una solución. El plan definitivamente fue archivado.