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Revolución de mayo
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Con este personaje comienza el gran fraude de nuestra historia. Su raudo paso por la secretaría de la Primera Junta, su biografía y su propia fisonomía han sido desfigurados por la historia oficial. Dando lugar a preguntarse cuál ha sido en verdad, el propósito de quienes exhiben un Mariano Moreno abanderado del pueblo y de las libertades, cuando ellos, - me refiero a los cronistas – se consagraron invariablemente a servir causas y gobiernos dictatoriales o fraudulentos, enemigos, embaucadores y perseguidores del pueblo. Sierra, - creo- dice que los que escribieron “libertad” con mayúscula fueron servidores de las dictaduras. Lo cierto es que este joven abogado, enjuto, picado de viruela – lo dice su hermano Manuel - , ajeno, por comodidad o cobardía, a los sucesos de Mayo, en razón de que creyendo que la causa podría llegarse a perder lo hallaron en un rincón llorando y arrepintiéndose del lío en que se había metido, partidario de Martín de Alzaga, en los hechos del l de enero de 1809, monárquico, ha sido elevado a los altares del liberalismo como defensor de ideas republicanas, fundador de la democracia, de rostro rozagante, tribuno de la semana de Mayo. Evidentemente, aplican a la historiografía el dicho acuñado por los librepensadores “si Dios no existe hay que inventarlo”. Si el personaje histórico no posee las cualidades exigidas por el proyecto ideológico, se las inventan. Tal ha sido el caso de Mariano Moreno. Claro está, que el “invento” de Moreno se encuentra emparentado con el de sus dos sucesores ideológicos de mayor peso – me refiero a Rivadavia y Mitre- , detrás de quienes se atisba la mano cordial y astuta de Inglaterra. De tal modo, la biografía urdida por los cronistas de la farsa resulta una abusiva retahíla de falsedades. Desde su imagen física a su perfil moral. Lo primero atestiguado por el único cuadro pintado del natural por Juan de Dios Rivera, en que aparece un rostro afilado y enclenque, en lugar del divulgado por la historia falsificada. El moral e ideológico, por los rasgos de su índole mezquina, exhibidos en dos documentos clave dimanados de su pluma. Las terminantes órdenes de arcabucear a Liniers, por miedo a que su presencia prestigiosa soliviantase al pueblo contra la Junta, existiendo – según Sierra – indicios de que el crimen fue sugerido por los ingleses, temerosos de que aquél fuese capaz de promover un levantamiento bonapartista. Los antecedentes de Moreno, a raíz de las invasiones inglesas, donde su actuación se limita, de acuerdo con su propio testimonio, a llorar “...más que otro alguno, cuando, a las 3 de la tarde del 27 de junio de 1806, vi entrar 1500 hombres ingleses...”; tal reflexión textual no obsta para que su hermano y panegirista diga que Mariano Moreno piensa que Inglaterra “...detesta las conquistas, y no gira las empresas militares sino sobre sus intereses de su comercio”. La contradicción encerrada en las susodichas opiniones se repite a lo largo a lo largo de la fugaz actuación del secretario de la Junta. La versión escolar de su vida y hechos lo muestra encabezando los sucesos de Mayo, adalid de la causa republicana, fundador de la biblioteca, defensor de la libertad democrática por el famoso “ ni ebrio ni dormido “. Durante los sucesos de Mayo, su hermano Manuel reconoce la absoluta indiferencia de Mariano, ignorante y sorprendido por los acontecimientos desencadenados. El año anterior (1 de enero de 1809) había actuado junto al recalcitrante Alzaga en oposición al virrey Liniers, siendo inexplicablemente eximido del castigo sufrido por los otros conspiradores.
“ Muchas horas hacía – testimonia Manuel – que estaba nombrado Secretario de la Junta y aún estaba totalmente ignorante de ello, entretenido en casa de un amigo, en conversaciones indiferentes”. El testimonio de Vicente López y Planes señala el estado de ánimo del “republicano” cuando aquel se hallaba en un rincón llorando de miedo. El hijo del testigo lo relata así: “ Muy tarde ya, al pasar don Vicente López (y Planes) por delante de una de las bancas más excusadas, reparó en el Doctor don Mariano Moreno , que acurrucado en un rincón (la noche era extremadamente fría y húmeda), parecía cabizbajo - ¿Está usted fatigado, compañero? – Estoy caviloso y muy inquieto. - ¿porqué? Todo nos ha salido bien. – No amigo; yo he botado con ustedes por la insistencia y majadería de Martín Rodriguez, pero tenía la sospecha de que el Cabildo podía traicionarnos; y ahora le digo a Usted que estamos traicionados. Acabo de saberlo, y si no nos prevenimos los godos nos van a ahorcar antes de poco; tenemos muchos enemigos y algunos que andan entre nosotros y quizás sean los primeros en echarnos el guante”. Lopez el cronista, señala más adelante la naturaleza “ asustadiza y cobarde “ como los “ insomnios terribles, en medio de los que veía el tumulto de sus enemigos acechándolo con puñales, y otras encarcelándolo para arrastrarlo a la horca”. Con tales antecedentes, no resulta difícil deducir el terrorismo jacobino de Mariano Moreno como la reacción del pusilánime con poder, antecedente confirmado por muchísimos años de historia de lo que es capaz un liberal asustado. El General Nicolás de Vedia corrobora lo escrito por Lopez, cuando en su memoria sobre los sucesos de Mayo, dice “...que el famoso Doctor Moreno... se había colocado tras una de las bancas del pueblo como excusándose de presentarse como uno de los actores principales del momento”. De paso, vale la peña señalar que no queda bien parado por el recuerdo de Vedia el Doctor Juan José Castelli, brazo ejecutor de las crudas INSTRUCCIONES de Moreno , idénticas a las recibidas por Belgrano en su expedición al Paraguay , con la diferencia que éste supo anteponer su prudencia al terrorismo morenista. Obedece a las mismas presiones de su índole el resentimiento del doctor Moreno contra el militar Saavedra.
El DECRETO DE SUPRESION DE HONORES es un epítome revelador y exacto del odio acumulado por el flojo, volcado en palabras y frases huecas con el propósito de roer al adversario ; es la gráfica venganza del cobarde. Como colofón de las reflexiones y resoluciones del decreto, vale la pena leer la hilarante defensa que, con toda seriedad, realiza, en el primer tomo de su voluminosa obra sobre el “prócer” , el Doctor Ricardo Levene. Conocidos los pasos del evento, los términos del decreto y la justificación de Levene, se está en condiciones de entender los medios utilizados para escribir la historia servidora del coloniaje intelectual. Pero el tiro le salió por la culata. Saavedra adquirió más prestigio por firmar el artero decreto y Moreno se concinó en su propia salsa. Son abrumadoras las pruebas de su fidelidad al rey español: “ Hemos jurado al Señor Fernando VII y nadie sinó El reinará entre nosotros”; “...la firma y única resolución de sostener los augustos derechos de nuestro legítimo monarca el Señor Don Fernando VII”; la extensa respuesta al marqués de Casa-Yrujo consiste en la mas airada protesta por sospechar deslealtad con respecto al rey; indignado el secretario de la junta dice casi al final, después de reiterar la lealtad al juramento de fidelidad: “Y reviente a quien no le guste” . Ese es pues el republicano de los manuales y de las obras voluminosas.
Tampoco fundó la biblioteca nacional. Si algún fundador individual existe, y no la colectiva decisión de la junta, fue el presbítero Luis Chorroarín, de acuerdo con la lápida que cubre sus restos proclamándolo “fundador de la biblioteca”, al morir en 1823, cuando era posible desmentirlo con testigos, si así no hubiera sido. Mariano Moreno desplegó una actividad verdaderamente febril, asumiendo un sinnúmero de tareas, en las que fue adquiriendo una serie de responsabilidades excesivamente variadas y comprometedoras, en un momento en el que la cantidad conspiraba contra la calidad. La traducción del contrato social de Juan Jaime Rousseau y la nómina de libros leídos en Chuquisaca, pertenecientes al canónigo Terrazas, de acuerdo con lo escrito por su hermano y biógrafo, muestran, contrariamente a lo sostenido por respetables historiadores, la filiación francesa y no hispánica de sus ideas. Los teóricos del siglo XVIII, instigadores de la hecatombe del 89, estaban de moda y Moreno, como la mayoría de sus coetáneos liberales, no fue ajeno a sus influencias, a pesar de que Manuel Moreno procuró (¡ho!) con el sensatísimo Edmund Burke. El pueblo tan mentado en sus escritos, se identifica con la entelequia forjada por el despotismo ilustrado. Cuando Marcos Balcarse solicita una aclaración con el objeto de distinguir lo que el Decreto de Honores califica de “ciudadano decente” , y permitir su ingreso a los festejos, Moreno responde con una impávida definición y es la siguiente “ toda persona blanca que se presente vestida de fraque o levita“ . Consecuente con el criterio con que define el “ ciudadano decente”, es su política de relación con las provincias, considerándolas inferiores a Buenos Aires. De ahí la oposición de incorporar a los diputados del interior a la junta, en cumplimiento de la circular del 27 de mayo conteniendo dicha promesa. Moreno es porteñista como Rivadavia y Mitre, el primer representante genuino de la patria chica . El “ espíritu emancipador de Mayo” es uno de los tantos bolazos urdidos por los tramposos de la historia ; mas si alguien lo imaginó , sin ninguna duda, no fue Moreno. La famosa REPRESENTACION DE LOS HACENDADOS, tan zarandeada en calidad de antecedente revolucionario , consiste en otro tongo liberal. En nota al pie Manuel Moreno en la citada VIDA Y MEMORIA DE MARIANO MORENO, dice textualmente: “Esta representación fue escrita el 30 de septiembre de 1809...La libertad con que se produce, el autor, en un tiempo en que duraba aún el despotismo de los virreyes, impidió que pudiera darse a la prensa en Buenos Aires... Solo después de establecida la presente junta en Buenos Aires ha sido permitida la publicación de este escrito importante...”Obvio es que si no pudo ser conocido, tampoco cabe adjudicarle influencia ideológica. El “decreto de honores” y la resolución de la junta de incorporar a los diputados del interior, precipitaron la renuncia de Moreno. El mismo reconoce el “descrédito” que padece; al rechazársela no pierde – cómo había – la oportunidad de largar a correr otro dislate en forma de frase : “ la renuncia de un hombre de bien es siempre indeclinable” , (recordemos que Moreno fue siempre hombre de contestar con frases intelectualoides, como la definición de hombre decente, el famoso ni ebrio ni dormido o la última de la renuncia de un hombre de bien). Pero el hombre de bien se cubría con un viaje a Londres en representación de la junta donde había “indeclinablemente” renunciado; 20 mil pesos de viático y un sueldo de otros 8000. Para la delicadeza de un “hombre de bien” significaba una adecuada compensación . Hasta se hizo pagar un profesor de idioma inglés. Iba acompañado de dos secretarios, su hermano Manuel, el otro Tomás Guido, uno de los cuales fue el encargado de recoger la frase final y relatar los últimos momentos en el Fama, barco inglés. Un vomitivo administrado erróneamente por el capitán Ramsay terminó con la vida del enfermizo Mariano Moreno. La renuncia de Moreno significó un alivio con aquellos que discrepaban con sus ideas y medidas; en adelante terminaron las condenas a muerte. Sus 32 años y los siete meses en la junta fueron equilibrados por la extraordinaria actividad de los panegiristas, hasta abrumar, del aula escolar a la academia, con un prócer imaginado a la medida de los intereses contrarios a los del país. Una excelente radiografía de Moreno se halla en la carta del 15 de enero de 1811 de Saavedra a Chiclana, o las reflexiones de su admirador Monteagudo sobre los disparates cometidos. Cabría preguntarse entonces a que se debe la devoción morenista. La respuesta por excesivamente simple parece inexacta: el liberalismo posee intereses sin contar con razones; necesitan individuos que lo justifiquen ; o las razones no las puede inventar, a los individuos, contando con el aparato cultural y los asalariados de la mentira, los inventa.
Durante la revolución de Mayo Mariano Moreno tuvo una destacada actuación, aunque no se sabe si para bien o para mal y doy las pruebas de ello.-
El Cisnerismo, desalojado del Fuerte, preparaba solapadamente la insurreción general de las Intendencias contra la capital, cuya Aduana – desde su creación en 1778 -, enriquecíase con la introducción de mercaderías de ultramar a costa de la miseria de sus hermanas, que debían soportar una ruinosa competencia.
Mariano Moreno, “excelente abogado del comercio inglés y patriota de última hora”, acababa de ser nombrado Secretario del Gobierno Provisorio, cargo que aceptó sorprendido después de hondas vacilaciones, según nos cuenta su hermano Manuel. ¿Qué antecedentes ostentaba este joven de 31 años, graduado hacía poco en la Universidad de Chuquisaca donde fue a estudiar para sacerdote; relator de la Audiencia, más tarde, y defensor eficaz ante el Tribunal de diversos intereses de su clientela particular?
Hasta ayer nomás, había colaborado con el Virrey Cisneros en carácter de consultor privado; pues era menester dar cumplimiento – entre otras cosas – al tratado anglo-español del 14 de enero de 1809 que otorgaba a Inglaterra “facilidades” comerciales en América. Se le sabía, por otra parte, enemigo personal del caudillo Liniers – acaso por razones de política internacional -, y así lo demostró el primero de enero del año anterior al acompañar a Alzaga en el famoso motín de esa fecha, conjurado por Cornelio Saavedra. Y se le sabía también autor encubierto de la Representación de los Hacendados: alegato vehemente contra el sistema de comercio protegido de España con sus colonias, que impedía la introducción a Buenos Aires de mercaderías extranjeras: en este caso de procedencia británica.
A la sazón, actuaba de presidente de la Comisión de Comerciantes de Londres en Buenos Aires, el influyente Mr. Alex Mackinnon, quien, en tal carácter , tuvo oportunidad de relacionarse con el joven Moreno, contratando sus servicios profesionales. Acaso este acercamiento entre el mercader anglosajón, agente del ministro Wellesley, y el talentoso criollo consultor del Virrey: “el primero de una larga lista de grandes abogados argentinos, que han representado profesionalmente, hasta el día de hoy, los importantes capitales e intereses comerciales ingleses”, tenga relación con la inesperada designación de este último para el importante cargo de Secretario del gobierno que reemplazaba a Cisneros. Levene, biógragfo y apologista del prócer, es quien en su obra “Ensayo sobre la Revolución de Mayo y Mariano Moreno”, parece insinuarnos semejante posibilidad. Así en la página 87 – tomo II de su libro – consigna la siguiente nota: “ En cuanto al nombre de Moreno – aparte de su reputación como letrado y autor de la Representación de los hacendados – existen documentos que permiten afirmar que los ingleses tuvieron intervención en los sucesos del 25 de mayo (no respecto a los hechos mismos, que tomaron de sorpresa a su diplomacia con plaza en Río de Janeiro; ni tampoco a la doctrina del gobierno propio. Pero sí, acaso, en lo referente a algunos nombres que integraron la junta formada el 25 de mayo, ello puede deducirse al apreciarse que los barcos mercantes ingleses que se hallaban en la rada de Buenos Aires esperando los acontecimientos de esta fecha aludida, festejaron con salvas de cañonazos el triunfo de la revolución), circunstancias que acaso hayan incidido favorablemente con respecto a la personalidad de Moreno”. En efecto, el 15 de marzo del año 1810 Mr. Mackinnon escribía reservadamente al honorable Secretario de Estado del Departamento de Relaciones Exteriores de Su Majestad, que era necesario la “independencia, bajo una estrecha alianza con Gran Bretaña” y menciona los beneficios que ésta obtendría apoyando las tendencias emancipadoras del rico mundo hispanoamericano. Las condiciones de la ayuda quedan bien patentizadas en esta breve e inequívoca frase, con resonancias de ultimátum: “ Acceso a sus puertos, la navegación de mares hasta ahora cerrados a los europeos y la libertad de comercio en sus ríos, son las ventajas reales a conseguir...”.
Mariano Moreno era, sin duda, en esos momentos, el hombre fuerte que imponía orientaciones políticas al primer gobierno patrio.
Y bien el 12 de agosto, Mr. Mackinnon informaba a la Superioridad sobre las últimas ocurrencias revolucionarias, con estas palabras reveladoras: “ No bien la junta fue instalada, ella declaró, que los súbditos británicos no solamente quedaban libres de permanecer todo el tiempo que desearan, sino también se nos anunció que gozábamos de toda protección de nuestras personas y propiedades y una libre participación en las leyes y privilegios cívicos que ahora poseían los nativos”.
La guerra preparada por el Cisnerismo iba a estallar en seguida entre el interior del Virreynato y su Capital, con motivo del reconocimiento al Consejo de Regencia exigido por la Audiencia. Y Moreno, mientras pedía armas y prometía ventajas, privilegios y cesiones territoriales a Inglaterra – por intermedio de Matías Irigoyen, José Agustín Aguirre y Tomás Crompton; o directamente del embajador Strangford - , mostraba a la faz de un mundo claudicante y desorientado su terrible garra de piloto de tormentas.
La personalidad de Moreno no reside en el repertorio de temas revolucionarios que manejaba , sino más en su recio temperamento de luchador extremista. Ideológicamente, carecía de originalidad creadora. Lo que ocurría en Cádiz en 1808 era exactamente lo mismo que sucedía en Buenos Aires en 1809...En España se defendía el comercio libre con los ingleses hasta en forma irónica y faltando en cierto modo el respeto a las autoridades . Moreno en su célebre Representación de los hacendados, defendió la libertad de comercio para el puerto de Buenos Aires con los mismos argumentos y a menudo las mismas palabras de economistas liberales españoles, que defendían idéntica libertad para los puertos de la Península. Moreno, discípulo del canónigo Terrazas – en cuya biblioteca había leído a los enciclopedistas y filósofos de la Ilustración -, admiraba sinceramente el “Contrato Social” de Rousseau, que se encargó de difundir en la gran aldea con prólogo suyo, no sin antes haber expurgado de la obra toda referencia anticlerical o irreligiosa. Pero aparte de sus influencias librescas que, a mi juicio no lo definen, el joven secretario demostró poseer – y lo acreditará desde el gobierno- un indomable temperamento (aunque sin descuido de las oportunidades) y un extraordinario temple para afrontar situaciones de responsabilidad o de riesgo.
Moreno era ante todo, un espíritu nervioso pero ejecutivo, no obstante su extraordinaria sensibilidad, que, al decir de su hermano Manuel: “ fue el mas sobresaliente de todos los elementos de su carácter, y que particularmente lo distinguió en todos los pasos de su vida”. En ocasiones violente y cruel, faltóle la virtud de ingenuidad de Belgrano, que hace buenos a los hombres. Por eso, quizás, obró implacablemente cada vez que se lo permitió el enemigo que tenía por delante. Maquiavelo criollo después del 25 de Mayo, representó ese papel más por obligación moral, por deber impuesto a si mismo, que por espontáneas inclinaciones del espíritu. No era un frívolo. A falta de auténtica popularidad, debió recurrir necesariamente a la maniobra, a la intriga política y a la pena capital como único recurso para imponerse. En el fondo eran bien cerebrales y prácticos sus amores, al margen de la ley, con Gran Bretaña, a la que favorecía “prodomo sua” desde el gobierno. !contradictorio carácter!. Los articulos de “La Gaceta” que dirigió, son retóricos cuando hablan de Inglaterra y evidentemente propagandísticos.
Mariano Moreno, tenía en el gobierno sus días contados. Su política anglófila y terrorista, no podía ser, en efecto popular. Como nunca el pueblo de Buenos Aires, militarizado en las gloriosas jornadas de la Reconquista y la Defensa, por Saavedra y los suyos, respondía ahora al jefe con impresionante unanimidad. El Secretario, por contraste, estuvo ausente de la epopeya; fue mero espectador pasivo de los sucesos. Esto lo inhabilitaba para ser caudillo. Además, el hombre no demostró fe en sus propias fuerzas ni en las de nuestro pueblo – para quien era un extraño- creyendo que la salvación estaba en requerir ayuda de una gran potencia, en buscar apoyo garantizándolos comercialmente a cambio de influencias internacionales favorables a nuestra seguridad. A esto venía a sumarse la inevitable pérdida de prestigio que acarreó a Moreno la sorda lucha de desgaste librada – en el Paraguay, Córdoba y el Alto Perú ( lugar donde Castelli cumplió sus instrucciones de sembrar el terror en el enemigo...)- contra el Cisnerismo, encarnado por figuras virreinales de la talla de Velazco, Liniers y Goyeneche.
Moreno a partir de ese momento, comenzó a desplegar febrilmente y en defensa propia, su estrategia de muerte con el tácito visto bueno de Lord Strangford. Y en tanto remitía la circular a las provincias , del 27 de mayo, por lo cual invitaba a sus diputados, no a formar al Congreso General, buscado por el Cisnerismo, sino a “...irse incorporando (textual) a esta junta conforme por el orden de llegada, para que así se hagan de la parte de confianza pública que conviene al mejor servicio del Rey y gobierno de los pueblos...”, ordenaba el envío de una expedición de 500 hombres con instrucciones de asegurar la elección de sus representantes y controlar (manu militari” las asambleas. Ello al par que en la correspondencia con el embajador inglés en Río y cumpliendo su maquiavélica concepción de pedirle ayuda para oponerse a todo intento de restauración cisnerista, insinuaba a aquel displomático el deseo, por parte de la junta, de establecer nuevas relaciones mercantiles con la nación inglesa. Así el 5 de junio se establece una nueva escala de derechos a la exportación de frutos del país disminuyéndolos en mas de un cien por ciento. El 15 de julio se permitió la exportación de metales preciosos previo pago de derechos; el 19 se declaró libre la exportación de harinas, etc.
Pero el Saavedrismo ya despertaba. Formado en su mayoría por excombatientes de la Reconquista y Defensa de Buenos Aires, no podía mirar con buenos ojos estos escarceos políticos de Moreno, al margen de las leyes de Indias y, sobre todo, de la dignidad rioplatense ofendida ayer por el invasor anglosajón. Tímidamente comenzó el clero patriota – que apoyaba las tendencias tradicionalistas u moderadas de Saavedra - a poner en estado de discución pública los avances del Morenismo, utilitario y extremista, que se había entronizado – so capa de conjurar la amenaza napoleónica – como un verdadero cuerpo extraño en el gobierno provisorio de mayo. Los barcos de guerra anclados en la rada, cuyos cañones acababan de saludar, cosa insólita, a nuestro gobierno el 26 de mayo, por nuestra Independencia.. Pero la disidencia entre ambos bandos, morenistas y saavedristas se hará insalvable con el correr de los meses.
Durante los primeros quince días, los patriotas habían utilizado a sus fines la adhesión sigilosa de los españoles y funcionarios de la administración colonial. Desde el día 7 de junio, en que Moreno incita a los circunspectos oidores, aquella expectante adhesión desaparece y tórnase en recelosa y activa fuerza de oposición.
Comenzó a obrar entonces el instinto de conservación político y personal. Y el terror morenista desatado por la Audiencia de Buenos Aires – primero – y por el Cabildo de Córdoba – después – bien pronto mostrará en todo el Virreinato su terrible saña jacobina. Días después, el dictatorial decreto del 31 de julio imponía confiscaciones, castigos y represalias como las que siguen : “ A todo individuo que se ausente de esta ciudad sin licencia del gobierno le serán confiscados sus bienes sin necesidad de otro proceso que la sola constancia de su salida....Todo patrón de buque que conduzca pasajeros sin licencia de gobierno irá a la cadena por cuatro años y el barco quedará confiscado...Toda persona a quien se encuentre arma del rey...el que vierta especies contra europeos o contra patricios...o a quien se sorprendiese correspondencia con individuos de otros pueblos.... será arcabuceado, sin otro proceso que el exclarecimiento sumario del hecho”.
Con fecha 27 del mismo mes, el Secretario de la Junta había redactado de su puño y letra, y hecho firmar por sus miembros - con excepción de Alberti – la implacable sentencia de muerte: “ La Junta manda que sean arcabuceados don Santiago de Liniers, don Juan Gutierrez de la Concha, el Obispo de Córdoba , el Doctor Victorino Rodriguez, el Coronel Allende, y el Oficial Real don Joaquín Moreno...En el momento en que todos o cada uno de ellos sea pillados, sean cuales fueren las circunstancias se ejecutará esta resolución sin dar lugar a minutos que proporcionen ruegos...Este escarmiento debe ser la base de la estabilidad del nuevo sistema”. Castelli como se sabe, fue helado verdugo para los cisneristas; y por orden de Moreno, 50 soldados ingleses que habían quedado en el país desde las invasiones, vengadores póstumos de Beresford, fueron los ejecutores materiales del decreto terminante. “French cortó la agonía de Liniers, descargándole un postoletazo en la sien. Al único que perdonaron fue al Obispo Orellana. Según Domingo Matheu, la terrible pena respondía a un plan de gobierno:” el compromiso que entre los miembros de la junta se prestaron"”
En cuanto a la conducta que la junta debía observar con Inglaterra y Portugal, recomendaba desaprensivamente el Plan “ Debemos proteger su comercio, aminorarles los derechos, tolerarlos y preferirlos, aunque suframos algunas extorsiones; debemos hacerles toda clase de proposiciones benéficas y admitir las que nos hagan ...asimismo los bienes de la Inglaterra y Portugal que giran en nuestras provincias deben ser sagrados, y se les debe dejar internar en el interior de las provincias, pagando los derechos como si fueran nacionales, después de que aquellos se graduasen más cómodos por la introducción.
Así en tanto proyecta la utópica sublevación y reparto del Brasil por mitades, con la patria mercantilista de Pitt y de Canning: “haciéndoles gustar – escribe en el plan –de la dulzura de la libertad y derechos de la naturaleza”, aconseja a la junta con el mayor desparpajo, la entrega a Inglaterra de la Isla Martín García para establecer un puerto franco; y en último extremo , la cesión de la Banda Oriental a perpetuidad, a cambio de protección efectiva por parte de la nación europea.
Dos meses mas tarde, el morenismo batíase en el norte con los realistas de Goyeneche, quienes derrotaron sin lucha a las fuerzas de Castelli y Balcarse en la quebrada de Cotagaita. El pánico apoderóse de la junta, como es de suponer. Sin vacilar, entero y terrible, Moreno había ordenado- conforme lo previsto el 30 de agosto y haciéndose cargo de la situación – las conocidas “ instrucciones reservadas” , de autenticidad indiscutible, al comisionado Juan José Castelli : “En la primera victoria que logre – se lee en uno de sus párrafos - dejará que los soldados hagan estragos en los vencidos para infundir el terror en los enemigos”. Y en nuevas “instrucciones” agrega, ratificando si cabe, el punto de vista expresado : “ La junta aprueba el sistema de sangre y rigor que V:E. Propone contra los enemigos y espera tendrá particular cuidado de no dar un paso adelante sin dejar los de atrás en perfecta seguridad”(12 de septiembre de 1810).
Poco mas tarde, el mariscal Nieto, El Gral.Córdoba y el intendente don Francisco de Paula Sanz, eran fusilados – a consecuencia de la victoria de Suipacha – en la plaza mayor de Potosí, la madrugada del 15 de diciembre de 1810. Castelli cumplía, así, al pie de la letra, las órdenes de su temible Jefe y amigo quien, desde Buenos Aires, abrigaba la jacobina pretensión de “ regenerar el orden político y social de estos países – al decir de su contemporáneo Dámaso Uriburu – por medio de la sangre y del crimen”.
El interior había visto con asombro al principio, con recelo después, y por último con desagrado, el encumbramiento de los elementos inmoderados que tanto en la capital como al frente de los ejércitos y al mando de las intendencias se apoderaron del poder. Su extremo liberalismo chocaba a aquellos hombres sensatos, y sus procedimientos jacobinos llenaban de zozobras a las conciencias. En Buenos Aires mismo, y dentro del gobierno, el extremismo inquietaba, fomentándose así una desavenencia entre los miembros de la junta. La naciente oposición no combatía el hecho de la revolución, sino la marcha que Moreno había conseguido imprimirle. No era reacción española sino antijacobina.
Hasta el triunfo de Suipacha las disenciones (entre Moreno y Saavedra) se habían contenido dentro de los límites privados del despacho . El coronel Saavedra había tenido que ceder al influjo de Moreno cuya cabeza abrazaba y resolvía todos los problemas del gobierno revolucionario, y cuya energía doblada todos los obstáculos. Pero el peso de esta superioridad y el carácter imperioso de su influjo habían ofendido profundamente al Presidente de la Junta, que por su posición personal, por su familia y por ser, además, Coronel de Patricios, tenía un partido bastante fuerte entre las milicias y las gentes de los suburbios.
El primer choque personal prodújose a raíz del decreto dado el 16 de octubre de 1810, por el que se ordenaba la expulsión y confinamiento de los miembros del Cabildo de la Capital, sin discriminación de personas. Saavedra recuerda el hecho con palabras duras: “... cuando se trató de sentenciar la causa de los capitulares del año 1810 por el reconocimiento que hicieron secretamente del consejo de regencia, creado en Cádiz, por la disolución de la junta central – expresa en sus memorias -. Concluída la causa y puesta en estado de resolución, se trató en junta y principió la votación por Moreno, quien después de ponderar la gravedad del crímen, concluyó opinando por la decapitación de todos ellos. Yo que conocí el influjo de este individuo y partido que ya tenía – agrega Saavedra – horrorizándome de los fatales resultados que podrían originarse por la muerte de diez individuos relacionados y emparentados con parte muy considerable de la sociedad, tomé la palabra y dirigiéndome con entereza a Moreno, le dije : Eso sí, Dr., eche Usted y trate de derramar sangre; pero esté Ud. Cierto que si esto se acuerda, no se hará. Yo tengo el mando de las armas y para tan perjudicial ejecución protesto desde ahora no prestar auxilio. Los demás señores vocales en efecto no opinaron en su votación como había indicado aquel, y el delito de los capitulares se castigó con las penas y multas pecuniarias que todos saben “.
Luego de conocida la primera victoria de los patriotas sobre las fuerzas del Alto Perú, el terror morenista – no obstante – intensificóse contra los españoles europeos residentes en Buenos Aires. La falta de magnanimidad demostrada por Moreno, comenzaba ahora a indignar a los criollos, que, instintivamente y por razones morales, repudiaban la violencia de ocultos propósitos facciosos.
La consigna del morenismo – diríase – era de dividir el país y debilitar así sus fuerzas internas, en su justa política con la metrópoli. Por eso habría resuelto ocultar el origen limpio de sus derechos; tergiversar la realidad; disfrazar secretamente sus intenciones verdaderas. Y como vulgar usurpador – que en estricta justicia no lo era – provocar desde el gobierno – inspirado en las máximas en boga de la revolución francesa -, la lucha literaria y el despotismo traído por algunos intelectuales iniciados en las tácticas de Robespierre, con el objeto de conservar la dirección del movimiento en Buenos Aires, usufructuándolo en provecho propio. No contaba con el pueblo para sostenerse; de ahí los métodos dictatoriales a que debió recurrir de contínuo, a fin de no ser desalojado del poder.
El famoso decreto del 6 de diciembre de 1810, redactado por el resentido secretario de su puño y letra, no sin antes intentar hacer asesinar al Jefe de Patricios, aquella misma noche, según versión de este último, con pretexto de su supuesto brindis imprudente del capitán Atanasio Duarte, se le quitaban a Saavedra los honores de escolta y demás prerrogativas jerárquicas debidas a los virreyes, en virtud de su alto cargo en el gobierno. Pero el cuerpo de Patricios, las milicias criollas y el pueblo suburbano que las formaba, juzgaron indispensable proceder en defensa propia a la separación del peligroso enemigo y de la facción de exaltados anglófilos que le hacía coro.
Así con fecha 10 de diciembre el deán Funes escribía, desde Buenos Aires, a su hermano Ambrosio: “Moreno y los de su facción, se van haciendo aborrecidos... Se oye en el público pedir que los diputados de las provincias entren al gobierno”.
Y el 16, insitía Funes ante el mismo destinatario con palabras de triunfo: “ Se ha aumentado mucho el clamor del pueblo porque los diputados tomen parte en el gobierno. La cosa está en vísperas de salir a luz... Moreno se ha hecho muy aborrecido y Saavedra está mas querido del pueblo que nunca”.
Dos días mas tarde, el 18 de diciembre, en reunión general, los representantes de las provincias aliados del Saavedrismo votaban, con la oposición de Moreno y de Paso, su incorporación al organismo creado el 25 de mayo: a fin de ”restablecer la tranquilidad pública, decían, comprometida por el general descontento contra la junta”. Inmediatamente Moreno acusando el golpe, presentó su renuncia fundada en “vista del descontento de los que han impelido a esta discusión , no pudiendo ser provechosa al público la continuación de un magistrado desacreditado”.. Y Saavedra lo destinó a Londres.
La Paz volvía, aunque por escasos meses, a los espíritus agitados por una guerra civil fratricida y cruel. No parece sin embargo que Moreno haya querido salir del país sin antes haber probado de recuperar su influencia y predominio, ya desacreditando a su adversario, ya promoviendo una sublevación de French. Parece que en la noche del 1 al 2 de enero el coronel French, se presentó en el cuartel del Estrella del Sur, entablando conversación con casi todos los oficiales, salvo dos; estos al llegar a las proximidades del Retiro, siendo las doce y media de la noche, se toparon con un grupo de oficiales que daban escolta a un hombre vestido de fraile con hábito blanco: reconocieron a French y a Moreno (el disfrazado de fraile) y comprendieron que se trataba de llevar al Secretario al cuartel de Estrella con el fin de sublevar la tropa. Esa tartarinada de French fracasó.
Embarcado el 24 de enero de 1811, con destino a Inglaterra, el talentoso prócer de mayo, falleció de extraño mal, a bordo del buque La Fama, el 4 de marzo al amanecer. “a las cinco de la tarde el cadaver fue entregado al mar envuelto en la bandera inglesa”.
Los morenistas habían seguido, a grandes lineas, la corriente de impopulares reformas que caracterizó a España el gobierno liberal de Carlos III. Se puede definir su tendencia en el Río de La Plata por las características que la señala en la historia hasta nuestros días, a saber: Predominio total de Buenos Aires sobre el interior del Virreinato. Tendencia extranjerizante y utopista de la legislación, inspirada en el iluminismo francés. Fisiocracia y libre cambio predominantes en lo económico. Regalismo a ultranza en materia religiosa. Otorgamiento de desmedidos privilegios comerciales a Inglaterra, aliada de los portugueses.
Frente a esta marcada dirección gubernativa, se hizo sentir la reacción saavedrista que, comenzada tímidamente en el interior, extenderíase después de la ejecución de Liniers con fuerza impresionante y avasalladora..
La primera expedición al norte había implantado como sistema el terrorismo en los pueblos mediterraneos a medida que los iba dominando. Seguía así, las unilaterales directivas de Moreno para quien el interés y el odio , la ambición o el escarmiento, constituían eficacísimos reactivos capaces de conmover a fondo el miserable corazón humano.
Bajo las órdenes de Castelli, aquél ejército improvisado de voluntarios fue al interior con una consigna terminante: arrollar la menor resistencia u oposición al nuevo orden de cosas existente aquí desde el 25 de Mayo.
La acción antirreligiosa del morenismo en Chiquisaca, Cochabamba y Potosí iba a desprestigiar rápidamente - de manera irreparable - y por muchos lustros – a la revolución de mayo en las zonas comarcanas al Río de la Plata. Ello fue el principal obstáculo que hizo fracasar , en dos ocaciones reiteradas, los intentos de Belgrano y Rondeau de llegar a Lima por tierra, sublevando Hispanoamérica a través del altiplano.
Mas tarde, otros hombres constituidos en Liga y movilizados por sus caudillos, reclamarán de la facción porteña – pero ya con la punta de sus lanzas – la efectividad del juramento hecho el 9 de julio de 1816, resumido en estas tres afirmaciones soberanas, gobierno propio, independencia de la monarquía española y autodeterminación respecto de “toda otra dominación extranjera”.
Don Juan Manuel de Rosas habría de rubricar las solemnes declaraciones teóricas, años después, pero no con palabras, sino con sangre de héroes argentinos.

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