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DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO: Sarmiento es un digno alumno de su admirado Benjamín Franklin, personajes prácticos y servidores del comercio, por eso insiste: “Más que las lucubraciones de los sabios, mas que la libertad civil de algunos pueblos, el comercio sirviendo de vehículo por donde se han comunicado los pueblos, sus ideas, sus necesidades, sus luces, ha derramado la civilización por todas las extremidades de la tierra”. Con el mismo criterio de minorista de barrio, por no decir de irredimible bruto, comenta: “…..que los millones que puedan hoy gastarse en una empresa útil, sobrepasan con mucho a los que levantaron inútilmente las pirámides de Egipto”. En ese primer artículo se atreve a sugerir “ las ventajas que Chile reportaría si el estrecho de Magallanes pudiese ofrecer un tránsito sin los peligros y demoras que hacen embarazosa la vuelta del Cabo de Hornos”.
Mas adelante, en otro artículo, siempre después de largas consideraciones, escribe: “….y si a todo esto hubiese podido añadir la idea de la posibilidad y facilidad de establecer desde Chile una colonia en el Estrecho que asegurase con la presencia de hombres civilizados allí, las inmensas ventajas que los vapores puedan prestar”. En el penúltimo artículo sostiene: “El provenir de Chile está en el sur de su territorio que hasta hoy está sin demostrarse”.Finaliza la tediosa justificación teórica de su traición: “quedan dudas después de todo lo que hemos dicho sobre la posibilidad de hacer segura la navegación del estrecho y de establecer allí poblaciones chilenas?...Creemos haber tocado cuanto estaba a nuestro alcance para ilustrar un asunto que de tanto interés nos parece para la prosperidad del país y su futuro engrandecimiento. Si no hemos logrado excitar el interés del público y de las autoridades acháquese este defecto a nuestra inhabilidad y falta de luces. Nuestras intenciones servirán de disculpa…No será ésta la última vez que trataremos este asunto”. Dentro del mismo criterio apátrida, sostiene en el mismo diario EL PROGRESO, en relación con las Malvinas: “La Inglaterra se estaciona en las Malvinas para ventilar después el derecho que para ello tenga. Seamos francos, su invasión es útil a la civilización y al progreso”. Tales consideraciones obligan a recordar, a todo argentino bien nacido, con peligrosa frecuencia a la madre de Sarmiento.
Rosas envía a Bernardo de Irigoyen a Mendoza donde publica una revista, La Ilustración Argentina, en ella, pro primera vez se lo llama traidor a la patria. Dentro del mismo concepto lacayuno con respecto a Chile y a la defensa mercenaria de sus intereses publica en La Crónica en el año 1849, una serie de artículos verdaderamente asqueantes contra su país. Sarmiento asimismo sostiene la idea de: “ un territorio limítrofe pertenecerá a aquel de los dos estados a quien aproveche su ocupación…..ese principio seguido en todo tratado de demarcación de límites…tiene su completa aplicación en Magallanes. Este estrecho es una vía necesaria, indispensable de comunicación para Chile, es uno de los caminos para Europa que le conviene aclarar, asegurar y poblar, para su mejor comercio. Para Buenos Aires, el Estrecho es una posesión inútil…..Magallanes, pues, pertenece a Chile….Las Islas Malvinas le son disputadas a Buenos Aires, en nombre del derecho, cierto o no, del primer ocupante….Estos son derechos de decoro, de dignidad, que el gobierno de Buenos Aires, amigo, hermano del de Chile, debe cuidar de no atropellar….de manera que una vez ocupado un punto que no lo había sido por otra nación las demás están obligadas a respetar este derecho”.
En otro escrito Sarmiento dice: “…el estrecho de Magallanes es inútil para el (Buenos Aires) y para sus gobernados….estos consejos de nuestra parte no son un entrometimiento ni un reproche. Es lo mismo que aconsejamos a Chile y a todos los estados sudamericanos. Comercio, industria, población, inmigración, educación, he aquí los verdaderos intereses de los pueblos y el blanco de una política sabia, justa y provechosa”.
Refiriéndose Sarmiento a sus campañas a favor de Chile dice: “…inicié la redacción en el progreso con una serie de estudios, que hoy, después de ocho años no son del todo estériles…No es un mérito que quiero atribuirme, es un simple antecedente que traigo a la memoria…De este modo la cuestión de Magallanes se convertía para mí en una cuestión personal, por simpatía, por actos anteriores y por delicadeza”. Luego se justifica diciendo que el propósito suyo había sido: “Defender la colonia a cuya conversión yo había contribuido con mis escritos…y romperle en las manos al tirano el instrumento con que esclaviza a mi patria”.
A los argumentos plañideros, con amenazas de renunciar a la presidencia, no se los puede tomar en cuenta, ni siquiera con beneficio de inventario. Sarmiento obedece a su índole. Por eso cuando los hermanos chilenos, por intermedio de Barros Arana, piden que se someta a arbitraje nada menos que Tierra del Fuego, el Estrecho de Magallanes y la Patagonia, y el asunto al cabo de un tiempo, termina en un pacto desfavorable a nuestros intereses, él junto a otros botarates, en el senado, votan por la aprobación, aunque la mayoría lo rechaza. Después de la presidencia o antes de ella, Sarmiento cumple con su vocación de traidor a la patria, con la soltura de cuerpo y el cinismo alentado en aquellos años en que los asaltantes del poder después de Caseros pertenecían a la misma ralea. Por esa razón no es de extrañar que en carta a la Sra. Mann le anuncie su proyecto: “Con emigrados de California se formará en el Chaco una colonia norteamericana; puede ser el origen de un territorio y un día de un estado yanqui. Si conservan su tipo cuidaré que conserven su lengua”. Siempre fiel a dicha conducta, ofrece al hijo de la mencionada Señora de Mann el rectorado de una universidad yanqui en San Juan y la importación de maestras del mismo origen, bajo la superintendencia del hermano de la señora de Mann. En ese sentido me refiero a su absoluta falta de pudor nacional, las pruebas y los testimonios llenarían mas espacios que el necesario para demostrar el calibre de Sarmiento.
El trasfondo espiritual de Sarmiento, porque algún nombre hay que darle, es protestante o acaso deísta, por mas que pretenda proclamarse católico. En la biografía de Castro Barros, publicada en la crónica de Chile, ofrece una visión francamente atea de la muerte. En el mismo artículo, al criticar el vestido de las mujeres chilenas, con una serie de disparates antológicos, obliga a dudar no de su genio, sino de su inteligencia. En cuanto a sus ataques al catolicismo son múltiples y encuéntrense desparramados a lo largo de su extensa obra, con suficiente cantidad como para asegurar que Sarmiento unió a la eficiencia anglosajona que admiraba la religión que alentaba a aquellos piratas. El Doctor Rojas en un capítulo titulado Filosofía de la Historia, pretende describir el itinerario histórico-filosófico de Sarmiento, a partir de que : “ Estudió en su juventud Evidencia del Cristianismo y Teología Moral, por el protestante William Paley… A Darwin sobre transformismo, a Spencer sobre sociología, a Renán, sin que dichos autores, con los cuales simpatizó, le hicieran variar en sus creencias, aunque con ellos vigorizó su propia doctrina.
La patria, el concepto ideológico de patria, vacío de contenido territorial y humano, encubre objetivos muy diferentes. El sujeto que brega a favor de los intereses chilenos contra su propio país, deformado por su admiración a lo foráneo, es consecuente consigo y con sus ideas cuando, en carta a Mitre del 20 de septiembre de 1862, escribe: “No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos”.O en otro lugar, siempre dirigiéndose a Mitre: “ Si Sandes va déjenlo ir, si mata gente cállense la boca, son animales bípedos de tan perversa condición que no se que se obtenga con tratarlos mejor”. Del cura apóstata Julián Segundo de Agüero, a las insultantes recomendaciones de Sarmiento solo los separan los años transcurridos. El instigador invariablemente es un cobarde. Sarmiento demostró serlo en diferentes oportunidades. Durante la epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires, huyó rumbo a Mercedes y a Chivilicoy. Los boletines de la época, editados con el propósito de ilustrar a la población se encargan de poner de manifiesto la flojedad del Presidente Sarmiento. “ Aún-dice uno de ellos- no se ha podido descubrir en ninguna de las listas de suscripción los nombres del Presidente Sarmiento y de sus Ministros” y agrega, con amarga ironía “Al que haga el descubrimiento se le dará una buena gratificación” En otro artículo titulado nuestro Presidente Sarmiento, luego de sensatas consideraciones sobre la indiferencia de la clase pudiente, se lee: “Por eso el que maneja las riendas del gobierno en una Nación, debe reunir a sus cualidades administrativas y políticas, un valor moral a toda prueba, y un corazón recto y accesible a todo sentimiento humano. En ese sentido no cabe nulidad mayor que la que reúne el hombre que tan contra el sentido común y las instituciones de esta nación, nos preside…¿Con que títulos cuenta para seguir ocupando la presidencia? ¿Qué se haría con el General que en el momento de comenzar la batalla diera la espalda al enemigo y dejara al ejército sin retirada imposible? Cualquier castigo que a este hombre se diera sería escaso, ante lo horrible y monstruoso de su crimen. Esta ni mas ni menos, ha sido la incalificable conducta del Señor Sarmiento”. El inspirador o autor de estos artículos, era uno de los que primero apoyaron la candidatura de Sarmiento a Presidente. Los cagatintas de la Academia de la historia, ofrecen una versión del episodio digna de ellos. Pero su cobardía no solo se refiere al momento de la epidemia. El mencionado cagatinta de la academia cuenta que Sarmiento “va a la casa de gobierno” en una carroza que escoltan soldados de gran estatura y algunas veces lo siguen dos cañones”. El General Wenceslao Paunero en carta a Mitre se queja de los desorbitados gastos de Sarmiento en procurarse, en un viaje al interior del país, una formidable escolta. Esto es para comparar la valentía de Sarmiento y la valentía de Quiroga, mientras uno gasta en escolta otro la deshecha.
Sarmiento fue una persona contradictoria, por la sencilla razón de que extrae ventajas y beneficios personales. Si tiene el desparpajo de reconocer en la dedicatoria al General Paz de su libro Facundo: “Lo he escrito con el objeto de favorecer la revolución y preparar los espíritus. Obra improvisada, llena por necesidad de inexactitudes, a designio a veces, para ayudar a destruir un gobierno y preparar el camino a otro nuevo”, y por otro lado le recomendada a José María Ramos Mejía “…no reciba como moneda de buena Ley todas las acusaciones que se han hecho a Rosas”. En la ya citada carta del 20 de septiembre de 1862 le sigue escribiendo a Mitre “No deje cicatrizar la herida de Pavón, Urquiza debe desaparecer de la escena cueste lo que cueste. Southamton o la horca”.
En el boletín Num.4 (recordemos que Sarmiento era boletinero –periodista hoy día- del ejército grande del Salvaje, loco, inmundo unitario Urquiza –así lo describían los rosistas de la época, el capítulo titulado El Rosario la jugosa anécdota. Luego de extensas consideraciones previas, describe su belígero atuendo de este modo: “Nubes negras y atormentadas se iban esparciendo por el cielo. El General (Urquiza) me dijo va a llover, y con tono de burla, van a mojársele las plumas. Era el caso que yo era el único Oficial del Ejército Argentino que en campaña, ostentaba una severidad del tipo estrictamente europeo. Silla, espuelas, espada bruñida, levita abotonada, guantes, quepí francés, paletó en lugar de poncho, todo era yo una protesta contra el espíritu gauchesco, lo que al principio dio lugar a algunas pullas a que contestaba victoriosamente por la superioridad práctica de mis medios- “Quien tendrá fuego? Decía en la marcha un General, - Yo General, y sacaba una navaja de campo inglesa, con eslabón, lanceta para caballos y un almacén de herramientas.- Me muero de sed, decía alguno mirando mi caramañola de platina, colgada en el arzón de mi silla…”. Parece mentira, que un hombre de 41 años, con experiencia, que sería nuestro presidente, no advirtiera que el fuego pedido por el ignoto General, o la repentina sed de otro Oficial, respondían al carácter común entre nosotros, propenso a tomarle el pelo.
Sarmiento no pierde oportunidad para despreciar las costumbres criollas porque en otra oportunidad escribe: “…esto que parece una pequeñez – agrega - era una parte de mi plan de campaña contra Rosas y los caudillo seguidos al pie de la letra, y dispuesto a hacerlo triunfar sobre el chiripá si permanezco en el ejército. Mientras no se cambie el traje del soldado argentino, ha de haber caudillos. Mientras haya chiripá no habrá ciudadanos”. Mas adelante, en el boletín Num. 26, exhibe su asco a todo lo criollo, con la típica suficiencia del agringado por vocación. Decribe el ingreso de Urquiza a Buenos Aires, después de Caseros: “Entramos en la calle de la Florida….Iba el General en un magnifico caballo ensillado con recado, cuya carona de puntas tenía pinturas y adornos de mucho gusto, pero de mal género, como son todos estos arreos provincianos. El fiador, manea, pretal, caña de los estribos, espuelas, eran de plata recamada en oro con arte exquisito…llevaba sombrero de paisano con cinta un poco inclinado hacia delante”. Esta descripción de Sarmiento no es la misma en lo que refiere a los uruguayos : “…batallones, con pantalón, casaca y quepí manufacturados en París, de colores oscuros y con arreos de las tropas europeas…Venían al fin tropas decentes”.
Sarmiento en junio de 1879 publica con el título de LA MEMORIA DE MARINA un artículo en el que desprecia también a nuestros barcos y al sur argentino : “…ha llegado el caso de preguntarse si conviene a la seguridad de la República y a su progreso extender sus límites, sus poblaciones a las sierras desérticas y poco hospitalarias del sur de Río Negro… Al sur desde el Río de La Plata hasta Magallanes, no tiene territorios que por la opulencia y variedad de su vegetación, por la profundidad de sus ríos que desembocan en el océano, prometan a servir de asiento a grandes y florecientes ciudades. Habrán villorrios en puertos mal abrigados, y por tanto mal frecuentados…Nosotros necesitamos reconcentrar nuestras fuerzas en el Río de La Plata, a lo largo de sus afluentes, hacia arriba…No debemos, no hemos de ser nación marítima. Las costas del sur no valdrán nunca la pena de crear para ellas una marina…No: no hemos de ser una nación marítima, líbrenos Dios de ello y guardémonos nosotros de intentarlo…Las marinas son las manos de hierro con que las grandes naciones, nadie mas que ellas, extienden sus dominios a través de los mares. Cuando la Inglaterra tiene 300 acorazados o vapores de guerra y cañones de mil libras no es permitido a los débiles andar sin su permiso y su compasión en los mares…La navegación de los mares es un lujo que no se permiten sino los grandes de la tierra…Colonicemos ríos arriba…En el sur hemos de tener Chubuts y Mercedes y Carmen de Patagones, rudimentos de extranjeros rebeldes; y de miserables aldeas… Bahía Blanca será algún día algo; aunque nadie le ha impedido serle en tres siglos que está colonizada; pero no queremos ponerla en conservatorio, creando marina para ir a recoger algunos huevos y plumas de avestruces…Nada de mar, así que nos vemos libres de cuestiones con los que en el Pacífico tienen artos mares…”Este fue el pensamiento de Sarmiento con respecto a nuestro Sur. Nada que ver con el de Juan Manuel de Rosas, que se esforzó y hasta puso dinero, herramientas y ganado de su propiedad para colonizarlo y domesticar a los indios, facilitando con ello la creación de Bahía Blanca, Mercedes, 25 de Mayo, Tandil, etc.
El Capitán Luis Piedrabuena en una versión honrada de este patriota nos cuenta sobre Sarmiento: “Dijo que no teníamos marina, que costaba mucho mantener un buque de guerra,, que estábamos muy pobres, y que ese territorio era desierto; que debíamos concertarnos, porque ese territorio mas bien le correspondía a los chilenos por ser el paso hacia el Pacífico y que si poblaba con una guardia tendríamos que vivir como perros y garos con los chilenos, y por último que no tenía gente que darme. No me dijo que me fuera ni que me quedara, pero sí que procediera con prudencia con los chilenos”.Como siempre Sarmiento defendiendo los intereses chilenos.
A Sarmiento se le atribuye el gran fundador de escuelas. El mas serio de sus biógrafos brinda esta cifra sobre las escuelas fundadas en cuatro años al frente del departamento pertinente en la Provincia de Buenos Aires, textualmente dice : “Durante los cuatro años en que Sarmiento permanece como Director de Escuelas, el estado no funda ninguna”, mas adelante se pregunta “¿en que gasta? “, y se responde “En muebles”. Sarmiento confiesa que en ese dilatado lapso funda dos. El mencionado biógrafo demuestra además, la pavorosa disminución de alumnos en las escuelas. Otro dato que engaña a sarmientonas y sarmientudos como los llama Luis Alberto Murriay.
Al partir hacia la Argentina, de regreso de los Estados Unidos, deja un imborrable testimonio de su anticatolicismo con estas palabras: “…no hay otros Papas ni Cardenales no Obispos ni Tutti cuanti que los librepensadores lucero, Calvino, Aimé Martin, Rivadavia”. Sarmiento termina la presidencia bajo la acusación del fraude escandaloso cometido en beneficio de su ministro Avellaneda, en desmedro del hermano tres puntos Mitre. Cuando entrega el gobierno a su sucesor, no pierde la oportunidad de ratificar su conocida egolatría recomendando a Avellaneda cuidar el sillón “donde se sentaron Rivadavia y Sarmiento”. Hacía tres años que padecía una cómoda sordera, a pesar de la trompetilla que se veía obligado a usar. Designado Senador, no escucha, habla. Sarmiento en carta a Alberdi le dice “ “traición contra los Estados Unidos consiste en abrir guerra contra ellos o adherir a sus enemigos brindándoles ayuda”.
Sarmiento odiaba la pampa, el desierto, El sostenía, al igual que la generación del 37 que el mal radicaba en el desierto. Los hombres del 37 pensaban que uno de los peores males de la Argentina era el desierto, la tierra despoblada, baldía, que generaba según Sarmiento, el espíritu de montonera; esos aislamientos geográficos provocaban el atraso, el surgimiento de caudillos autónomos, amos y señores de sus territorios. Que el problema argentino radicaba en su extensión. No le gustaba como era su patria ni quienes la habitaban. En Argirópolis cuando propone mandar la capital a la Isla Martín García dice : “A nadie se le ocultan los defectos que nos ha inoculado el género de vida llevado en el continente, el rancho, el caballo, el ganado, la falta de utensillos, como la facilidad de suplirlos por medios atrasados”. El positivismo era la base ideológica de la mayor parte de los bien pensantes de aquel momento, la mayoría tenía ideas europeizantes, de desprecio por lo autóctono, por lo indígena, por lo criollo., el gaucho aparecía como un obstáculo civilizador. Sarmiento veía en lo nacional, en lo popular algo negativo. Estaba imbuido del espíritu de progreso que El situaba en Europa, particularmente en Francia, en Inglaterra y en Estados Unidos que era el país que mas admiraba. Sarmiento odiaba tanto al gaucho, al criollo, y a los indios, que vuelvo a repetir aquella famosa carta a Mitre en donde le dice “no trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre de esta chusma criolla, incivil, bárbara y ruda es lo único que tienen de seres humanos” y de otros integrantes de la aplebe, los indios, escribirá: “Se les debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tienen ya el odio instintivo al hombre civilizado”.Esto fue extraído del Diario El Nacional el 19 de mayo de 1857.
Sarmiento coincide con Rivadavia en que la educación en manos de la Iglesia Católica dificulta el progreso. Nuestra Iglesia siempre ha sido hispánica y le cabía la repugnancia que ellos sentían por todo aquello que oliese a ibérico. Recordemos que Alberdi propuso sustituir el idioma español por el idioma francés como idioma nacional. Cuenta Paul Groussac que en un discurso que pronunció Sarmiento en Montevideo, en la Escuela Normal de Mujeres, calificó a las monjas de la Santa Unión de los sagrados corazones como “filorexas de la educación” que es un bicho que se come la raíz de la vid; y las llamó “hermanas de caras feas, aldeanas y labriegas en su tierra” que con “sus formas de mortaja no pueden servir para educar damas y señoritas”, por ello Sarmiento importa maestras norteamericanas no casualmente protestantes. Sarmiento hasta cuando marcha al exilio en tiempo de Rosas escribe EN FRANCES : “on ne tue point les idées” y no en español como nos enseñaron en la escuela “las ideas no se matan”, ni siquiera deja un consejo en idioma nacional, lo hace en idioma extranjero.
El problema es que aprende francés para sentirse superior a los gauchos. Sarmiento proponía la extirpación de todo lo que era español, hasta pudo haber llegado a prohibir el idioma castellano, creo que en la actualidad el no hubiera mandado a sus hijos a una escuela bilingüe sino a una que solo enseñase inglés. Sarmiento se enamora de Estados Unidos y de su modelo, basado en el salario, en el mercado interno mas moderno, mas industrial. Sarmiento llegó a Nueva York en mayo de 1865. Acababa de asumir la presidencia Andrew Jonson en reemplazo de Abraham Lincoln, asesinado por un fanático racista. Sarmiento quedó muy impresionado y escribió Vida de Lincoln, y siendo un autodidacta frecuentó los círculos académicos norteamericanos y fue distinguido con los doctorados Honoris causa de las universidades de Michigan y Brown. En Argirópolis expone un proyecto para crear los Estados Unidos del Sur, uniendo la Argentina, Uruguay y Paraguay con una nueva capital en la Isla Martín García. Ahí adelanta algunos temas que intentará concretar durante su presidencia: fomentar la inmigración, la agricultura y la inversión de capitales extranjeros. El problema se produce cuando se trata de imponer un modelo y no se hace asco de utilizar la fuerza para ello; recordemos cuantas provincias intervinieron militarmente Mitre y Sarmiento durante sus presidencias, sin hacer un mínimo esfuerzo en adaptar ese sistema a características propias.
Sarmiento fue Masón, ingresa en la masonería en Valparaíso, y luego cuando llega a Buenos Aires, después de su exilio durante el gobierno de Rosas, se incorpora a la masonería porteña e incluso, en la actualidad, en el templo de la masonería en la calle Perón todavía hay un estrado de madera tallada, donde se sentaba Sarmiento. Cuando llegó a la presidencia de la república fue agasajado con una cena por la Logia Constancia, en la que anunció que renunciaba a la masonería para dedicarse por completo a su función de gobernante. El tema es que en la masonería nunca se renuncia y es muy difícil desprenderse de ella.
No queda muy en claro si Sarmiento fue o no el padre de Dominguito; existe una sospecha respecto de esto, porque El se casa con la madre de Dominguito, con la que noviaba o tenían relaciones mientras ésta señora estaba con su pareja constituida, es decir que ella queda embarazada de Sarmiento cuando su marido era Domingo Castro y Calvo, un señor anciano que además era su tío. Benita Martinez Pastoriza, que así se llamaba la mujer, había sido amiga de Sarmiento en la infancia sanjuanina. Cuando Sarmiento va a Chile se reencuentra con ella, que en ese momento está casada con un hombre mayor y enfermo. De pronto se anuncia que ella está embarazada, y los comentarios afirman que el padre de la criatura podría ser Domingo. A los pocos años muere el marido y ella se casa con Sarmiento, que adopta el chico y le da su apellido. Pero el chico queda muy enredado en las peleas de sus padres y El tomó claramente partido por su madre. El era quien airadamente le reclamaba dinero a Sarmiento, porque nuestro prócer no les pasaba la mensualidad. Cuando Sarmiento estaba como Gobernador en San Juan, su esposa le embargó el sueldo para asegurarse una suma por alimentos. Como Domingo Faustino administraba los bienes que habían pertenecido al primer marido de Benita, su hijo Dominguito le envió una carta en la que le pedía que le devolviera la facultad de administración : “Usted nos está haciendo morir de hambre a mí y a mi madre, esa prostituida según Usted, cuyo nombre lo deshonra, pero cuyo dinero lo mantiene”.
Sarmiento también tenía una amante: Aurelia era hija de Dalmacio Vélez Sarfield, el autor del Código Civil, quien además fue Ministro del Interior de Sarmiento. Se dice que el atentado que sufre Sarmiento en agosto de 1873 se produjo cuando iba en su carroza a la casa de su amante. Iba en su carruaje y es interceptado por dos italianos, Francisco y Pedro Verri, hombres de López Jordán que atentan contra su vida. Sarmiento estaba un poco sordo, se ayudaba con una especie de cornetita que apoyaba en su oído, tanto que ni siquiera se entera del atentado, después le cuentan lo que le ha sucedido. El iba casi todas las noches a cenar a la casa de su amigo Dalmacio Vélez Sarfield, que vivía con su hija Aurelia; la relación con Aurelia era algo conocido. Había una notable diferencia de edad, podía ser su hija. Cuando Sarmiento regresa de su exilio en Chile, vuelve si su esposa, y ahí comienza el romance con Aurelia, que acaba de separarse de su marido luego de un escándalo tremendo. El esposo había asesinado al amante de ella y había huido a Chile. Ella vivió hasta 1924 en la calle Libertad entre Juncal y Arenales, en una residencia que ella hizo construir y todavía existe. Esa relación fue la causa de la crisis matrimonial de Sarmiento, aunque su esposa también hizo lo suyo. Benita tuvo un amante por el cual el sanjuanino se sintió humillado. Cuando volvió de Estados Unidos como Presidente, El reinició su relación con Aurelia, pero no vivieron juntos, en esos años todavía no existía el divorcio ni matrimonio por civil. Durante los años en que Domingo estuvo en Estados Unidos como embajador, Aurelia y Lucio V. Mansilla trabajaron en Buenos Aires a favor de su candidatura, inclusive Mansilla proclama su candidatura, luego le reprochará que no le dio ningún cargo en el gobierno. Cuando Lucio V. va con la lista de un posible gabinete en la que se había incluido así mismo como Ministro de Guerra, Sarmiento le respondió “Usted y yo somos locos, Mansilla, y juntos seríamos insoportables. Mansilla siempre cargó con la cruz de ser sobrino de Rosas.
Sarmiento, durante su exilio en época de Rosas, llega al punto de insistir que la Patagonia era chilena para crear un conflicto internacional que perjudicara a Rosas. En 1851 en el periódico Sud América escribe y esto es textual: “! Emigrado en boca de Rosas! ¡Chochea aquel infeliz! ¡no parece sino que hubiera encontrado la horma de sus zapatos! La cuestión de Magallanes con tanta jactancia promovida, con tanta humildad retirada, fue el primer contraste que su altanera y querellosa diplomacia sufrió en América. Al Brasil le cuesta hoy diez millones de duros hacerse respetar en las infinitas cuestiones semejantes promovidas y sostenidas con una insistencia cada vez mas agresiva. A Chile no le costó el librarse de aquella majadería, ni cambiar una nota”. Y termina el artículo diciendo que Rosas es ya un “toro completamente jugado. Faltará echarle los perros o ponerle banderillas de fuego, como a bicho vil y aplastado.
No se justifica bajo ningún concepto que, por razones políticas, alguien hiciera campaña, como lo hizo Sarmiento en El Progreso de Chile, para que un país extranjero se apropiase de la mitad de nuestro territorio. Aunque eso no era infrecuente entre los unitarios, ya que Florencio Varela propondrá a británicos y franceses la constitución de la república de la mesopotamia con la fusión de Corrientes, Entre Ríos y lo que es hoy Misiones, además de una porción del Paraguay.
Las consecuencias fueron que el 21 de septiembre de 1843 la Armada Chilena tomó formal posesión del estrecho de Magallanes. Don Domingo Faustino escribirá seis años después sin ningún arrepentimiento: “En 1842, llevando adelante una idea que creímos fecunda en bienes para Chile, insistimos para que colonizase aquel punto. Entonces como ahora, tuvimos la convicción de que aquel territorio era útil a Chile e inútil a la Argentina”. Esto lo publicó La Crónica de Santiago de Chile, el 29 de abril de 1849. El artículo continuaba: “Quedaría aún por saber si el título de erección del Virreinato de Buenos Aires expresa que las tierras del sud de Mendoza entraron en la demarcación del Virreinato, que a no hacerlo Chile pudiera reclamar todo el territorio que media entre Magallanes y las provincias de Cuyo”.Nuestra historia oficial, tan arbitrariamente severa con algunos, nunca pidió cuentas sobre este gravísimo asunto.
Por otra parte recordemos que Sarmiento había asumido entusiastamente la nacionalidad chilena, con declaraciones altisonantes en El Progreso, dirigidas a los argentinos, que vivían del otro lado de los Andes: “Chile es nuestra patria querida. Para Chile debemos vivir. En esta nueva afección deben ahogarse todas las antiguas afecciones nacionales”. Imagínense Dorrego, López, Quiroga, San Martín, Rosas, Artigas, escribiendo cosas semejantes?
Hay otra cosa que Sarmiento comete en su vida como gobernante y es gravísimo: el festejo del asesinato y degüello de un General de la NACIÓN, Ángel Vicente Peñaloza. La civilización acabó esmeradamente con este caudillo. Vencido y sin gente, refugiado en la casa de su amigo Pablo Oros, en las vecindades de Olta, La Rioja, el 12 de noviembre de 1863 fue asesinado y degollado. Buen cepo colombiano o esmerado despelleje de animales bípedos, al decir de Sarmiento. Mateando en casa del amigo Oros, de a pie y con 65 años a cuestas, lo hace prisionero el Comandante Ricardo Vera, a quien se entr5ega sin oponer resistencia, sin oponer pelea, entregando su cuchillo en señal pacífica. Al galope irrumpe el comandante Irrazabal, soldado mitrista de Arredondo a la vez que pregunta “¿Quién es el bandido Peñaloza?”, el caudillo se adelanta y dice “ Yo soy el General Peñaloza, pero no un bandido”, y nada mas, un lanzazo le enajena el alma y a balazos lo terminan en el suelo. Alguien le corta una oreja como atención especial para Sarmiento y después le cortan la cabeza, que quedó ensartada en un palo sobre la plaza de Olta. Después hubo correspondencia entre el Director de la Guerra (Sarmiento) y el Presidente de la República (Mitre) en las cuales se congratulan por la muerte del Chacho. Con esta muerte Sarmiento arregla algunas cosas como para aparentar un combate reñido con las fuerzas del Chacho, y como siempre lo hace en sus escritos miente: el primer parte que le llega a Sarmiento por el Mayor Irrazabal Dice : “Pongo en conocimiento de Usted, que hoy en la madrugada sorprendí al bandido Peñaloza, el cual fue inmediatamente pasado por las armas, haciéndoles también algunos muertos que despavoridos huían; también tengo prisionera a la mujer y a un hijo adoptivo, tomándome gran interés en salvarlo”; no se como aparece este parte ya que Irrazabal es analfabeto, pero al recibir este parte Sarmiento, seguidamente lo altera, ya que comunica al General Paunero lo siguiente: “El infrascripto tiene el honor de poner en conocimiento de V.E. qye el mayor D. Pablo Irrazabal, mandado en persecución de los fugitivos de la brillante campaña del Caucete, remite las copias que en copia acompaño, habiendo tenido por fruto de su actividad sorprender y dar muerte al bandido Peñaloza. El Comandante Don Ricardo Vera, conductor del parte, ha sido el Jefe que con solo 30 hombres se desprendió del grueso de la tropà y logró favorecido por la lluvia copiosa, entrar en Olta, sin que hubiese sido visto, a las 9 de la mañana. Cinco soldados lo acompañaban en el momento de asaltar la casa en que se hallaba Peñaloza, habiendo ordenado al resto rodear el lugar. El infrascripto al transmitir a vuestra excelencia tan plausible noticia, espera que haya recibido directamente noticias de la dispersión de Pueblas, pues el mayor Irrazabal se dirigía al Sur, en busca de esa reunión. El infrascripto aprovecha esta oportunidad para felicitar a V.E. por este nuevo triunfo…..”
Al observar las diferencias entre los dos partes, ya no se trata de que Irrazabal manda a fusilar al Chacho en la madrugada del 12 de noviembre, sino que el Comandante Vera lo sorprende a las 9 horas del mismo día. El autor Jorge Newton en su biografía EL CHACHO Angel Vicente Peñaloza, pone en evidencia estas diferencias en varios partes, e inclusive deja entreveer que el Chacho ese día ya se hallaba muerto, habiendo sido asesinado unos días antes; a todo esto hay que agregarle que este asesinato, combate, o como quiera llamarsele fue narrado por Domingo Faustino Sarmiento, un hombre rápido con la pluma, y que como ya dije mostró la hilacha en su libro Facundo, que según sus dichos “un libro plagado de mentiras a veces a designo, pero es así como se hace historia”.-
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