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La persona de Juan Facundo Quiroga, igual que la de otros caudillos López, Ramirez, Bustos y los de la siguiente generación, Peñaloza o Varela, ha servido de pretexto seudorevisionista, para justificar con el elogio a los nombrados y la crítica a Juan Manuel de Rosas. Suele consistir ésta en una visión lugareña, localista, agotada en los límites de las respectivas provincias. Desde otro lugar o ángulo pertenece al marxismo folklórico, disimulada variante del liberalismo antirrosista. El General Quiroga ha sido usado arteramente al servicio de esa adulteración histórica, llegándose hasta insistir en la complicidad del Restaurador en su asesinato, fundando la calumnia en la exclamación final de Santos Perez, difundida por Sarmiento: “Rosas es el asesino de Quiroga”. Acaso sincero desahogo del ejecutado, convencido por los Reinafé de que estaba cumpliendo una orden de Rosas. Lo cierto es que el General Quiroga sirve de pretexto a los neofalsificadores para cargar las tintas de la leyenda roja contra Rosas, aparentando, o no, admirativa comprensión del riojano. La cínica afirmación de Sarmiento fue no solo el punto de partida de la calumnia levantada contra Quiroga, sino el fundamento infame de la historia oficial. Hasta donde eran capaces de llegar los embaucadores a lo Sarmiento se prueba con sus propias palabras. Aunque conocidas, necesario es transcribirlas, hasta que los argentinos las aprendan de memoria, como si fuera el credo de la patraña liberal. En carta al manco Paz le escribe: “Remito a Usted un ejemplar de Facundo que he escrito con el objeto de favorecer la revolución y preparar los espíritus. Obra improvisada, llena por necesidad de inexactitudes a designo a veces, no tiene otra importancia que la de ser uno de los tantos medios tocados para ayudar a destruir un gobierno absurdo y preparar el camino a otro nuevo”. La confesión del mentiroso exime de toda prueba; solo los farsantes ubicados en los puestos que Inglaterra les asignó después de Caseros, de Presidente de la Nación a Maestro de Escuela, pueden aceptar semejantes testimonios.
El General Quiroga nació en La Rioja en el año 1788, en una localidad llamada actualmente San Antonio, lugar donde su padre José Prudencio Quiroga, afincado en este lugar, dominando con su prestigio y su actividad la región, usando, los grandes medios de fortuna que disponía, pobló el lugar dotándolo de todas las obras que la industria de la época permitía. Al borde mismo de una ancha vertiente, que salía de la sierra, la cual en la actualidad existe aunque disminuida, y pegadas a ella hay varias piedras enormes y en algunas a flor de tierra, pueden aun verse los agujeros practicados en la misma en la época de José Prudencio y que servían de mortero para pisar maíz, y allí levantó su casa. No muy lejos, apenas 200 varas, sobre una pequeña eminencia del terreno construyó una gran represa para el almacenamiento del agua. La casa está ubicada en una esquina y es de piedra y adobe con techo de cañas. Está protegida por un cerco. Esta localidad se encuentra sobre la ruta provincial 29 al sur de La rioja, a pocos kilómetros de Chepes. Cortando los anchos zanjones Don Prudencio construyó otras pequeñas represas para almacenar agua y de esta manera hacer frente a las sequías. De tal manera José Prudencio pudo poblar al pequeño villorio de San Antonio , hasta convertirlo en un centro importante, edificar un oratorio de piedra, una escuela y mas tarde una Iglesia. Yo tuve el privilegio de visitar este lugar, apenas entrando a la pueblo de San Antonio, me dirigí al Policía del lugar, quien muy amablemente me indicó el lugar de la casa natal de Facundo, donde hay un centro de información al cuidado de una familia vecina de la casa del héroe. Esta familia, junto a su hijo de unos 10 años de edad nos mostró la casa de Facundo externa e interna, siendo un rancho de piedra y adobe con techo de cañas y barro, con piso de tierra apisonada. En San Antonio nacen todos sus hijos, entre ellos Facundo, y en su iglesia se bautizan. Descendía de uno de los más rancios y antiguos linajes españoles establecidos en América. Primera de las tergiversaciones de la historiografía embustera que le atribuyen “un origen oscuro”. Es justamente por esa causa, que los intentos de quienes repudian dicha realidad. La biografía del General Quiroga desde su nacimiento hasta su asesinato, pasando por los años de aprendizaje en Granaderos, los triunfos contra la traición unitaria del Tala, Rincón de Valladares, Ciudadela, o las derrotas de Tablada y Laguna Larga, se encuentran verídicamente expuesta en Facundo de Pedro de Paoli. Los falsificadores de la historia, hasta usan el pelo largo de Quiroga, sus patillas, el apodo de Tigre de los llanos, para crear condiciones psicológicas del personaje. Aquel General valiente, de facciones chocantes para el cajetilla de la “casaca negra” y larga, poseía contrariamente a lo aparente como el gigante tierno de una vieja fábula, una dosis de comprensión y ternura, desconocida por los asesinos en nombre de “las luces y los principios”.
Por una noble causa o por reparar una injusticia encaraba enfurecido. No temía pelos en la lengua para criticar a su aliado Estanislao López o a su íntimo amigo Juan Manuel de Rosas, si la ocasión y su particular concepto de la justicia lo indicaban. Detenía una sublevación de prisioneros españoles a golpe de asta, no se sabe si de bandera o de vacuno en San Luis, simplemente porque iban contra la patria. Protegía a la familia de Lamadrid, a pesar de los agravios perpetrados por aquel a la madre de Quiroga, además del robo de cuantiosos bienes perpetrados por aquel. La historia lo puso frente a José María Paz, ofreciendo ambos conductas a la justicia póstuma, ensañada aun con Quiroga. De semejante paralelo dimanan dos concepciones opuestas y ejemplares. El General científico y el intuitivo; el artillero y el lancero; el hombre de las luces y el de la patria; el hipócrita y el franco y caliente; el que apenas sabía andar a caballo y el de a caballo; el que no cumplía su palabra y el esclavo de su honra; en fin el gringo y el criollo. Quiroga era una persona realmente democrática, al aceptar un sistema federal, del que no era partidario, como lo manifiesta en una carta a Rosas, haciendo la salvedad de aceptarlo porque tal era la voluntad de los pueblos. En el General Quiroga prevaleció a lo largo de su existencia el respeto por los genuinos valores y jerarquías propias del hombre bien nacido: la religión Católica, la patria, la familia, la querencia, los compatriotas como San Martín y Rosas. De ambos próceres recibió testimonio de conmovedor afecto. La historia de su caballo moro – u oscuro - , el famoso piojo, es otro de esos toques que por no ser necesarios cuando aparecen, adquieren carácter de imprescindibles para completar la personalidad de un criollo. Mire que renunciar a la comandancia de un ejército después de un resonante triunfo por culpa de un caballo, ¡cosa de gaucho bruto! Sí, claro, pero cuánta enseñanza de la que no escriben los cagatintas de la Académitra. En la madrugada del 20 de diciembre de 1834 partía desde la estancia de Figueroa, en San Antonio de Areco, la galera con el General Quiroga y su acompañante el Coronel Don José Santos Ortiz, acompañándolo unas leguas por el camino a Luján Don Juan Manuel, el riojano corajudo parte a pacificar con su prestigio las discordias entre Heredia y Latorre. Los Reinafé instalados en Córdoba gracias a Estanislao López, no lo quieren a Quiroga, peor todavía le tienen miedo. Los Reinafé conspiran, han planeado la muerte de Quiroga en el viaje de ida, pero llegan tarde, o el encargado del crimen se demora adrede, o Don Juan Facundo presiente algo o está muy apurado por cumplir con su deber y con su amigo Don Juan Manuel y no se demora para nada y realiza su viaje en tiempo record. En Santiago Quiroga se entera que Latorre ha sido muerto y se puso fin a la guerra interprovinciales, pero eso no impide que se firme un tratado entre Tucumán Salta y Santiago el 6 de enero de 1835. Allí también Ibarra le aconseja no rechazar la escolta que también ya le había ofrecido Rosas. De puro corajudo, a pesar de los indicios del posible atentado y las razones del Doctor Ortiz, decide marchar solo con los escasos servidores y postillones necesarios. Esta convencido que su presencia y voz de mando convertirán a cualquier partida enemiga en “pasados”. En Barranca Yaco, Provincia de Córdoba, lugar que está ubicado bajando por la Ruta 9 entre Sarmiento y Jesús María, justo a mitad de camino norte sur, girando a la derecha por un camino de tierra unos 6 kilómetros, se halla en el lugar un monumento que indica el lugar exacto donde ocurrió el asesinato, donde el monte tupido se presta a la emboscada, lo espera Santos Perez, capitán incondicional de los Reinafé. Lo han convencido que Estanislao Lopez y Rosas están de acuerdo en la liquidación de Quiroga.
Lo Atajan una veintena de hombres, y cuando El General se asoma por la ventanilla, y grita a viva voz ¿Qué significa esto? ¿Quién manda esta partida?, Santos Perez le realiza un certero disparo en un ojo que termina con la vida del caudillo.
La leyenda ya lo venía persiguiendo en vida, no comienza con su muerte, tampoco la calumnia o la mentira de los unitarios traidores a la patria. Igual que Rosas, la infamia se ensañó de entrada nomás, acusándolos de crímenes jamás imaginados, de concupiscencias absurdas: Quiroga lo sabía, habiéndole escrito a Rosas que los unitarios: “son mucho mas activos que los federales”. Siempre fue así, conservan aquellos y sus descendientes el monopolio de la infamia. Todavía a un siglo y medio hay algunos que susurran la culpa de Rosas; que ignoran la devoción de Quiroga por San Martín; la amistad de Quiroga y el Restaurador, a tal punto que doña Encarnación Ezcurra de Rosas, fue la administradora de los bienes del riojano. Este período exigía la presencia de un político de primer orden, dispuesto a actuar con todo el peso de la justicia y el orden, orden y orden, que era lo que necesitaban nuestras provincias y Buenos Aires. La Providencia Divina brindó a Rosas la oportunidad de tomar el poder. El 16 de febrero de 1835 Don Juan Facundo Quiroga fue asesinado. El 13 de abril don Juan Manuel de Rosas iniciaba su histórico gobierno. Dos años después agotadas las instancias judiciales, con todas las garantías de la Ley, abundantes citas legales, jurisprudencia y doctrina, la sentencia condenaba a muerte a dos Reinafé – uno había huido, otro muerto en la cárcel - , a Santos Pérez y a sus cómplices. La sentencia se cumplió en la actual Plaza de Mayo frente al Cabildo, fue realizada por un pelotón de tiradores y luego sus cuerpos fueron colgados por seis horas a la expectación pública. La viuda de Quiroga contribuyó con su cuota cada año, ayudando a Don Juan Manuel de Rosas en su exilio en Inglaterra.
Por una noble causa o por reparar una injusticia encaraba enfurecido. No temía pelos en la lengua para criticar a su aliado Estanislao López o a su íntimo amigo Juan Manuel de Rosas, si la ocasión y su particular concepto de la justicia lo indicaban. Detenía una sublevación de prisioneros españoles a golpe de asta, no se sabe si de bandera o de vacuno en San Luis, simplemente porque iban contra la patria. Protegía a la familia de Lamadrid, a pesar de los agravios perpetrados por aquel a la madre de Quiroga, además del robo de cuantiosos bienes perpetrados por aquel. La historia lo puso frente a José María Paz, ofreciendo ambos conductas a la justicia póstuma, ensañada aun con Quiroga. De semejante paralelo dimanan dos concepciones opuestas y ejemplares. El General científico y el intuitivo; el artillero y el lancero; el hombre de las luces y el de la patria; el hipócrita y el franco y caliente; el que apenas sabía andar a caballo y el de a caballo; el que no cumplía su palabra y el esclavo de su honra; en fin el gringo y el criollo. Quiroga era una persona realmente democrática, al aceptar un sistema federal, del que no era partidario, como lo manifiesta en una carta a Rosas, haciendo la salvedad de aceptarlo porque tal era la voluntad de los pueblos. En el General Quiroga prevaleció a lo largo de su existencia el respeto por los genuinos valores y jerarquías propias del hombre bien nacido: la religión Católica, la patria, la familia, la querencia, los compatriotas como San Martín y Rosas. De ambos próceres recibió testimonio de conmovedor afecto. La historia de su caballo moro – u oscuro - , el famoso piojo, es otro de esos toques que por no ser necesarios cuando aparecen, adquieren carácter de imprescindibles para completar la personalidad de un criollo. Mire que renunciar a la comandancia de un ejército después de un resonante triunfo por culpa de un caballo, ¡cosa de gaucho bruto! Sí, claro, pero cuánta enseñanza de la que no escriben los cagatintas de la Académitra. En la madrugada del 20 de diciembre de 1834 partía desde la estancia de Figueroa, en San Antonio de Areco, la galera con el General Quiroga y su acompañante el Coronel Don José Santos Ortiz, acompañándolo unas leguas por el camino a Luján Don Juan Manuel, el riojano corajudo parte a pacificar con su prestigio las discordias entre Heredia y Latorre. Los Reinafé instalados en Córdoba gracias a Estanislao López, no lo quieren a Quiroga, peor todavía le tienen miedo.Los Reinafé conspiran, han planeado la muerte de Quiroga en el viaje de ida, pero llegan tarde, o el encargado del crimen se demora adrede, o Don Juan Facundo presiente algo o está muy apurado por cumplir con su deber y con su amigo Don Juan Manuel y no se demora para nada y realiza su viaje en tiempo record. En Santiago Quiroga se entera que Latorre ha sido muerto y se puso fin a la guerra interprovinciales, pero eso no impide que se firme un tratado entre Tucumán Salta y Santiago el 6 de enero de 1835. Allí también Ibarra le aconseja no rechazar la escolta que también ya le había ofrecido Rosas. De puro corajudo, a pesar de los indicios del posible atentado y las razones del Doctor Ortiz, decide marchar solo con los escasos servidores y postillones necesarios. Esta convencido que su presencia y voz de mando convertirán a cualquier partida enemiga en “pasados”. En Barranca Yaco, Provincia de Córdoba, lugar que está ubicado bajando por la Ruta 9 entre Sarmiento y Jesús María, justo a mitad de camino norte sur, girando a la derecha por un camino de tierra unos 6 kilómetros, se halla en el lugar un monumento que indica el lugar exacto donde ocurrió el asesinato, donde el monte tupido se presta a la emboscada, lo espera Santos Perez, capitán incondicional de los Reinafé. Lo han convencido que Estanislao Lopez y Rosas están de acuerdo en la liquidación de Quiroga.
Lo Atajan una veintena de hombres, y cuando El General se asoma por la ventanilla, y grita a viva voz ¿Qué significa esto? ¿Quién manda esta partida?, Santos Perez le realiza un certero disparo en un ojo que termina con la vida del caudillo.
La leyenda ya lo venía persiguiendo en vida, no comienza con su muerte, tampoco la calumnia o la mentira de los unitarios traidores a la patria. Igual que Rosas, la infamia se ensañó de entrada nomás, acusándolos de crímenes jamás imaginados, de concupiscencias absurdas: Quiroga lo sabía, habiéndole escrito a Rosas que los unitarios: “son mucho mas activos que los federales”. Siempre fue así, conservan aquellos y sus descendientes el monopolio de la infamia. Todavía a un siglo y medio hay algunos que susurran la culpa de Rosas; que ignoran la devoción de Quiroga por San Martín; la amistad de Quiroga y el Restaurador, a tal punto que doña Encarnación Ezcurra de Rosas, fue la administradora de los bienes del riojano. Este período exigía la presencia de un político de primer orden, dispuesto a actuar con todo el peso de la justicia y el orden, orden y orden, que era lo que necesitaban nuestras provincias y Buenos Aires. La Providencia Divina brindó a Rosas la oportunidad de tomar el poder. El 16 de febrero de 1835 Don Juan Facundo Quiroga fue asesinado. El 13 de abril don Juan Manuel de Rosas iniciaba su histórico gobierno. Dos años después agotadas las instancias judiciales, con todas las garantías de la Ley, abundantes citas legales, jurisprudencia y doctrina, la sentencia condenaba a muerte a dos Reinafé – uno había huido, otro muerto en la cárcel - , a Santos Pérez y a sus cómplices. La sentencia se cumplió en la actual Plaza de Mayo frente al Cabildo, fue realizada por un pelotón de tiradores y luego sus cuerpos fueron colgados por seis horas a la expectación pública. La viuda de Quiroga contribuyó con su cuota cada año, ayudando a Don Juan Manuel de Rosas en su exilio en Inglaterra.
Cerca de Barranca Yaco, a unos 40 kilómetros, se halla Tulumba, un pueblo de Córdoba, que es donde vivían los Hermanos Reinafé. Este pueblo se halla ubicado por la ruta 16 entre Dean Funes y San José de la Dormida. Es un pueblo del siglo XIX, que en la actualidad todavía conserva sus antiguas casas. También he recorrido este pueblo y me sorprendió que todavía se halla le casa de los Hermanos Reinafé, no es museo histórico, pertenece a una familia particular radicada en la ciudad de Córdoba. Uno ingresando al pueblo y preguntas donde se halla la casa de los hermanos Reinafé, le van a indicar al momento. Igualmente y de paso es de destacar que también y a la vuelta se halla la casa de un granadero de San Martín muerto en el Combate de San Lorenzo.
Voy a relatar el asesinato concretamente: Antes de llegar a Barranca Yaco, la comitiva pasa por Macha y se incorpora a la galera el correo José María Luejes. Pasan luego por la posta de Sinsacate (todavía existe junto a la iglesia donde velaron los restos de Quiroga) y enderezan hacia Barranca Yaco. El monte en ese lugar es mas espeso, y en un claro del camino es detenida la galera. Una voz recia ha gritado por dos veces consecutivas ¡alto! (es el 16 de febrero de 1835). Quiroga asoma la cabeza gritando quien manda esta partida!, pero recibe un balazo en un ojo de Santos Pérez. Santos Pérez sube enseguida a la galera y atraviesa con su espada al Doctor Santos Ortiz. El cadáver de Quiroga recibe un golpe en la cabeza y un puntazo en la garganta. Luego todos los acompañantes de Facundo son llevados al monte y degollados. Un postillón de 12 años que se había incorporado a la comitiva voluntariamente por su admiración a Don Juan Facundo es degollado también. La galera es también internada en el monte; se borran con tierra las huellas de sangre y se saquea a los muertos. Allí mismo se reparten la ropa y el dinero. Cuando ya la tarde declina, los asesinos abandonan el lugar del crimen. Durante la noche se desencadena una terrible tormenta que borra todas las huellas. En los Timones, Santos Pérez disuelve la partida.
Al día siguiente, los soldados que montan caballos del fisco se presentan en Portezuelo, en la casa de Santos Pérez y devuelven las cabalgaduras. El teniente Figueroa lleva al comandante Reinafé, en Tulumba la noticia del crimen. Todos creen que han sido muertos la totalidad de la comitiva de Quiroga, pero el correo extraordinario Agustín Martín se quedó rezagado con el asistente del Doctor Ortiz al llegar a Barranca Yaco, y lo han visto todo. Marín hace la denuncia ante el juez de Sinsacate, Don Pedro Luis Figueroa. El juez recoge el cadáver de Quiroga, de Ortiz y del correo Luejes, y los lleva a la pequeña capillita de la posta donde son velados.(esta posta y la capillita en la actualidad existen). Una vez velado los restos, son inhumados en el cementerio al costado de la capilla. Un año mas tarde Don Juan Manuel hace trasladar los restos a Buenos Aires, puntualmente los restos de Quiroga llegaron el 7 de febrero de 1836, y fueron recibidos con todas las banderas a media asta y enorme muchedumbre en silencio. En una carroza punzó, entre doble hilera de tropas regulares y seguido por el gobernador Don Juan Manuel de Rosas, los hijos de Quiroga y su mujer; generales, sacerdotes, jueces, funcionarios y pueblo, el cuerpo del caudillo riojano entró por la calle del Oeste y fue depositado en la Iglesia de San José de Flores.Luego fue enterrado en el actual cementerio de la Recoleta, lugar donde actualmente se halla a unos metros a la izquierda de la entrada principal enterrado como se lo merece un hombre de su coraje, de pié.
La posteridad aún no ha hecho justicia al General Don Juan Facundo Quiroga. En libros de textos, de historia, de literatura, como en artículos periodísticos, sigue siendo el Tigre de los Llanos, el saqueador, el criminal, el bárbaro. En las aulas escolares y en las universidades, su memoria es condenada. Priva el libro de Sarmiento y a la verdad le cuesta abrirse paso.
Cátedra, libro, prensa, cine, todo sigue pregonando la impostura de Sarmiento. El General Don Juan Facundo Quiroga, patriota, honrado, buen padre de familia, hijo ejemplar y ciudadano ilustre, es ocultado por unos e ignorados por otros. Los afanes del General Quiroga, sus sacrificios por el bien de la patria son letra muerta en libros y hombres. Su tumba, pese a la hermosa imagen de la piedad que la culmina, está cubierta por una lápida: la de la impostura. Priva ante todo esto,el de un héroe nacional, el libro de Sarmiento “Facundo: civilización o barbarie”, que su primer ejemplar fue obsequiado por Sarmiento al General Paz y ¡con dedicatoria! En la cual dice: “…lo he escrito con el objeto de favorecer la revolución y preparar los espíritus. Obra improvisada, llena por necesidad de inexactitudes, a designio a veces, para ayudar a destruir un gobierno y preparar el camino a otro nuevo”.
A la muerte del General Rosas en Inglaterra, familiares y amigos prepararon un funeral en su honor en la Iglesa de San Ignacio. Enterada las autoridades la prohibieron por decreto y en cambio realizó otra en la Catedral porteña en honra a las victimas de la Tiranía. Conocida que fue el intento de la misma por el restaurador, el pueblo imbuido por la propaganda de los medios, corrió enardecida a la tumba de su amigo el General Quiroga a arrancarle las placas recordatorias. Enterado unos momentos antes sus familiares, procedieron a sacarle las mismas y ponerlas a buen resguardo.
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