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«Sin la música la vida sería un error»*
Dios ha
muerto. La vida es pues la única realidad. Y Nietzsche llama amor fati,
afirmación, esta aprobación de la vida y de la realidad en todos sus aspectos,
trágicos, fisiológicos, sensibles, afectivos, este «Fasagen» (dire-oui)
«decir-sí» al mundo y a la vida, que las problemáticas metafísicas clásicas
llamaban «Teodicea» (justificación de Dios). En este sentido, se podría
atrever a decir que, para Nietzsche, la música es la justificación del mundo y
de la vida, el «principio de razón suficiente», mejor aún, para hablar
como Leibnitz, el «principio de lo mejor».
Pero cuál
música, y en qué sentido la música define la vida, ¿expresa, según Nietzsche,
el fondo y la perfección de la vida? Las preferencias y las intolerancias de
Nietzsche en materia de música (géneros, estilos, compositores, técnicas
armónicas y de contrapunteo) van a la par con su psicología, su cultura y su
historia personal. Preferimos pasar rápidamente sobre sus gustos
idiosincrásicos, para consagrarnos más bien a la concepción filosófica –usamos
la palabra «metafísica»-, que ha propuesto a lo largo de toda su obra.
Naturalmente, no haría falta recordar que la música esta relacionada
íntimamente con todos los aspectos de la vida de Nietzsche: se ha escrito mucho
sobre la música en general, sobre los compositores en particular, de su tiempo
o del pasado. Así, un buen número de parágrafos de la segunda parte de Humano,
demasiado humano, ya sea en Miscelánea de opiniones y sentencias (particularmente
§ 171) o en El viajero y su sombra (§§ 149 a 169) tratan de la música y
de los músicos (alemanes en particular) en el marco de un análisis de la
cultura alemana (Bach, Händel, Beethoven, Mozart, Schubert, Schumann...). Pero,
evidentemente es sobre Wagner que Nietzsche concentra sus análisis, luego sus
críticas cada vez más virulentas y finalmente sus embestidas panfletarias. Este
«Privilegio» lo es, porque los dos hombres han sido bastante cercanos
durante gran parte de los años 70 (el período en Basilea de Nietzsche), cuando
Nietzsche se adhirió profundamente al hombre y sobre todo que amó profundamente
su música, cuando incluso le opone públicamente (post mortem), sin que
por otra parte creérselo mucho en su fuero interior, la Carmen de Bizet.
Y es este conocimiento íntimo del hombre y de la obra que hace que Nietzsche
haya visto en Wagner, el símbolo por excelencia de lo que aborrecía y temía
como decadente, demagógico, anti-artístico y moralizador en la cultura alemana
y –es necesario decirlo- en él mismo, un poco de la misma manera que ha
combatido violentamente en él mismo y en la filosofía, este epítome del
pensamiento metafísico, que era a su manera de ver Schopenhauer.
Pasando
por alto sin apoyarnos sobre lo que se afirma, más pintoresco y anecdótico que
verdaderamente significativo, es que Nietzsche se haya ocupado de la
composición. A pesar de la piedad o de la curiosidad de algunos incondicionales
o de musicólogos, las obras musicales de Nietzsche no han dejado y no merecen
un recuerdo perdurable. Era un buen aficionado, pero no bastante competente
para mantener la comparación con los
verdaderos compositores. No temió rivalizar con uno de ellos, del cual se burló
con frecuencia Robert Schumann, al punto de criticar su Obertura de Manfred,
escribiendo una obra bajo el título (Manfred-meditación). Esta
composición le ha valido los sarcasmos del músico profesional, al cual le había
presentado su obra, el director de orquesta Hans vön Bülow, ex -marido de
Cosima, hija de Liszt y esposa de Wagner.
¨¿Es
conscientemente que usted desprecia todas las reglas de la composición, de la
sintaxis superior a las leyes más elementales de la armonía? Pongo aparte su
interés psicológico, ... su Meditación, desde el punto de vista musical,
no tiene otro valor que el de un crimen en el orden moral¨. (Carta del 24 de
julio de 1874)*
Es mejor
preguntarse qué música escuchaba Nietzsche: ello nos puede guiar hacia la
cuestión más central de saber, que papel le asignaba en la cultura, y luego
cuál es la relación metafísica con la vida. Se trata pues, menos de los gustos
del hombre Nietzsche, que de la importancia para la vida. Ahora bien, Nietzsche
trastoca las cartas por el ejercicio despiadado del espíritu crítico moral y
filosófico contra sus propios afectos, filosóficos, literarios o musicales. Una
indicación está dada en Ecce Homo (Por qué soy listo § 7) ¨Aquello que
en cuanto a mí exijo verdaderamente a la música. La música debe ser
serena y profunda como una tarde de octubre. Que sea desenvuelta, tierna, una
mujercita llena de abyección y de gracia. No admitiría jamás que un alemán sea
capaz de saber lo que es la música... Yo mismo, soy bastante polaco, para dar
por Chopin lo que queda de la música¨. Pasamos sobre la alusión al personaje
amoral que es Carmen. Pasamos incluso sobre la pulla a los alemanes bajo el
pretexto de orígenes polacos, por lo demás puramente imaginarios. Lo que
Nietzsche quiere decir aquí debe comprenderse por una doble reacción a la
concepción de la música y del arte, que Nietzsche ha encontrado en su maestro
venerado y deshonrado Schopenhauer. Primero, como se puede constatar desde el Nacimiento
de la tragedia (§16) hasta Ecce homo, Nietzsche estima como
Schopenhauer, que la música expresa la esencia de toda vida. En el capítulo 52
del Mundo como voluntad y como representación, Schopenhauer escribe que
la música es la expresión del mundo, del ser verdadero, es decir afectivo, de
la realidad, del mundo como voluntad. ¨La música es una copia tan inmediata de
toda la voluntad que es el mundo¨. El mundo, como voluntad, es afectividad. La
música es la esencia íntima, sin pasar por la representación, la razón, el
consciente, los conceptos. ¨La música no expresa nunca el fenómeno, sino la esencia
íntima, el interior del fenómeno, la voluntad misma... Ella es la reproducción
inmediata de la voluntad y expresa lo que hay de metafísico en el mundo físico,
la cosa en sí de cada fenómeno¨. Hay pues ¨una relación estrecha entre la
música y el ser verdadero de las cosas... Ella nos da lo que precede a toda
forma, el núcleo íntimo, el corazón de las cosas... Ella expresa de una sola
manera, por los sonidos, con verdad y precisión, la esencia del mundo, en una
palabra, lo que concebimos bajo el concepto de voluntad¨. Nietzsche repetirá
muchas veces la misma cosa, por ejemplo en Más allá del bien del mal:
¨La música es el intermediario por medio del cual las pasiones gozan de sí
mismas¨ (§106). Por esto, parodiando una fórmula de Leibnitz que está al comienzo
del capítulo citado, Schopenhauer escribe: ¨La música es un ejercicio de
metafísica inconsciente, en la cual el espíritu no sabe que hace filosofía¨.
Aquí esta
el punto importante para Nietzsche. La música expresa, más que cualquier otro
arte, la realidad de la voluntad de poder, ella es aun trágica y melancólica,
el fondo de toda vida, pero también un «estimulante de la vida» (Stimulanz
zum Leben), incitación seductora a la vida (Verfuhrerin zum Leben).
Se comprende por qué El nacimiento de la tragedia está subtitulada «A
partir del espíritu de la música» Sin embargo, y es el segundo aspecto de la
toma de posición nietzscheana con respecto a Schopenhauer, la música puede ser
igualmente la traducción de la negación de la vida, conforme a la tesis de Schopenhauer
según la cual el arte es por excelencia el medio de escapar a los sufrimientos
de la voluntad, el medio para la voluntad de negarse y refugiarse en las ideas
platónicas, paradigmas del arte. Es lo que explica el combate –a nuestro
parecer de los melómanos contemporáneos, parcial, injusto y excesivo- contra
Wagner, con la antítesis forzada y poco convincente entre Parsifal y Carmen.
Pero lo que está en juego, según Nietzsche, es esencial para el problema de la
civilización, de la afirmación dionisiaca de la vida. Esta aprobación se opone
al resentimiento, a la moral, a la negación del cuerpo y de la vida, al
renunciamiento, simbolizado por ¨el bobo puro¨ (der reine Tor) de
Parsifal. La palabra clave de esta antítesis es un término que se ha señalado
muy poco, ocurrencia frecuente bajo la pluma de Nietzsche desde Humano,
demasiado humano, hasta Ecce Homo o el Crepúsculo de los ídolos.
Es esta Heiterkeit. La he traducido por ¨belle humeur¨
-serenidad-, como una alegría serena y un poco desenvuelta en el corazón mismo
de los sufrimientos y de los enigmas dolorosos de la vida y de las pasiones
humanas. Una de sus primeras apariciones sirve para calificar la música de
Mozart. Esta asociación conviene completamente a lo que Nietzsche quiere
expresar: ¨El espíritu sereno, claro, tierno y ligero de Mozart, cuya gravedad
respira la tranquilidad y no el terror¨. (El viajero y su sombra §165 y
también §154).Es notable que Nietzsche, siempre pensando en Mozart, y en
todo caso en ese tipo de música grave y serenamente alegre en medio de los
sufrimientos, haya escrito hacia el 17 de diciembre de 1888 a Jean Bourdeau:
¨Cuento la serenidad entre las pruebas de mi filosofía¨, y que haya confirmado
esta idea en uno de sus últimos textos publicados: ¨Conservar su serenidad
cuando se está comprometido en un asunto tenebroso y extremadamente exigente,
no es un asunto ligero: y sin embargo, ¿qué hay de más indispensable que la
serenidad? (Crepúsculo de los ídolos, prefacio).
Se puede
resumir en algunas notas fugitivas sobre el amor metafísico de Nietzsche y de
su filosofía por la música con otro bello texto de 1888 sacado de Nietzsche
contra Wagner, y retomado en la Gaya scienza (§368): ¨Y me planteo la
pregunta: ¿Qué quiere pues, de la música mi cuerpo entero? Pues no es del
alma... creó que su aligeramiento; como si todas las funciones animales
debieran ser aceleradas mediante ritmos ligeros, audaces, turbulentos; como si
el bronce y el plomo de la vida debieran olvidar su pesantez gracias al oro, la
ternura y la untuosidad de las melodías. Mi melancolía quiere descansar en los
escondites y los abismos de la perfección: he aquí por qué necesito de la
música¨.
* Texto tomado del MAGAZINE LITTÉRAIRE. No 383, janvier, 2000, pp. 44-45.
** Profesor de filosofía moral en la Universidad París I-Panthéon-Sorbonne. Ha publicado, entre otros, Nietzsche, le corps et la culture (éd. PUF,1986). Ha traducido muchas obras de Nietzsche el francés como Ecce homo; Nietzsche contra Wagner (GF-Flamarion, 1992)
* En Correspondencia II, trad. J. Bréjoux et M. De Gandillac, París, 1986; leer igualmente en Ecce Homo el § 4 de ¨Por qué soy tan listo¨.
1 PRESENTACION. El verdadero mundo es la
música. Así lo entendió Nietzsche, para quien la música lo era todo. ¨Todo lo
que no se deja aprender a través de las relaciones musicales engendra en mí hastío
y naúsea¨. –Carta a Rhode del 21 de diciembre de 1871-. Nietzsche quiso hacer
música con el lenguaje, con los conceptos. Durante algún tiempo su ídolo fue
Wagner, Los maestros cantores, le hicieron entrar en un ¨sentimiento de
arrobamiento¨. Las largas horas al piano, el piano que lo ¨salvo¨ en un
prostíbulo, todo lo anterior dan muestras que entre los ¨grados de placer¨ la
música para Nietzsche es el más alto.
Para
polemizar con la afirmación hecha en este texto de Eric Blondel -cuya
traducción presento- acerca de que Nietzsche no era un buen compositor ni
siquiera un buen músico, en particular pianista, me apoyaré en tal vez el mejor
biógrafo de Nietzsche Curt Paul Janz, para decir lo contrario.
Curt
Paul Janz, ha realizado una monumental y parece definitiva biografía de
Nietzsche. El profesor Karl Schlechta había encargado a Richard Blunk una
biografía sobre Nietzsche, el primer tomo que se imprimió en 1945 fue destruido
por los ataques aéreos, reapareció en 1953. Blunk murió de un ataque cardíaco y
el trabajo quedó interrumpido y es retomado por Janz por encargo de Schlechta,
que tiene que rehacer todo el trabajo pues encontró muchos errores. Blunk no
tenía ningún conocimiento de música. En 1978-79 fueron editados los tres
volúmenes por la prestigiosa editorial Hanser Verlag.
Curt
Paul Janz, Músico de profesión, ha tocado el alto en la orquesta
sinfónica de Basilea por más de cincuenta años, conocedor de Wagner, es el
autor del catalogo de las obras musicales de Nietzsche, trabajó sobre la
importancia en las formas musicales en el Zaratustra de Nietzsche.
Janz,
descubrió a Nietzsche por Wagner, cuando estudiaba en el conservatorio,
encontró –según sus palabras- un texto donde se hacía mención de un horrible
autor que había hecho un texto sobre Wagner, se trataba del Caso Wagner
de Nietzsche. Según Janz Nietzsche no pudo jamás superar la sombra imperecedera
de Wagner, su debate no terminó cuando se separó de él, no terminó nunca. Eso
se puede observar en los fragmentos póstumos cuando repetidamente y de repente
Nietzsche vuelve sobre Wagner.
La mala
reputación que tiene Nietzsche como mal compositor y músico le viene de Hans
vön Bülow en la ya citada carta a Nietzsche sobre su Manfred-Meditation.
Pero según Janz este juicio es injusto. Y prosigue, Nietzsche era buen músico,
y tocaba muy bien el piano y es autor de buenos fragmentos. Comenzó a componer
muy temprano: esbozos de un réquiem inspirado en Mozart, de una misa,
de un oratorio de navidad, de un muy buen miserere bajo la
influencia de Palestrina. Compuso muy buenas piezas para piano, esbozos
sinfónicos que van más allá de lo que se hacía en su tiempo.
Nietzsche
escuchó a Brahms en Basilea y en Zürich e hizo una transcripción para piano que
fue muy elogiada por Wagner, Nietzsche lo tomo a mal y fue sin duda uno de los
motivos de la separación.
Las
primeras composiciones adaptan el estilo romántico de su tiempo, testimonian la
influencia de Schumann. Más tarde en la gran composición la Fantaisie para
piano, Nietzsche toma conscientemente el Siegfried-Idyll de Wagner.
Si
Nietzsche es un músico romántico, como filósofo busca superar el romanticismo.
Ese romanticismo es el que Nietzsche le rechaza a Wagner y se identifica más
con las óperas de Mozart, Carmen de Bizet, o Liszt.
Nietzsche
sigue tocando después de su ¨hundimiento¨ en 1889. En Jena, va a un restaurante
donde le dejan tocar; improvisa durante dos horas todos los días.
Nietzsche
siempre tocó el piano y, en particular piezas de Wagner, su eterna e imborrable
sombra. ¨El acercamiento a Wagner es el hecho más importante de toda la
biografía de Nietzsche¨, afirma Werner Ross.
FIN
ALBERTO
PINZON LEON. LICENCIADO,
MAGÍSTER Y DOCTORADO de la PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA.