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El
22 de agosto de 1972 son fusilados en sus celdas 19 militantes de Montoneros,
FAR y ERP. Tres fueron los sobrevivientes que relatan los hechos que vivieron
aquella noche. La masacre de Trelew fue un ensayo de la práctica sistemática de
crímenes y torturas que practicaron los militares a partir de marzo de 1976. La
entrevista se realizó en la cárcel de Villa Devoto, el 24 de marzo de 1973. A la
noche siguiente, con la asunción de Héctor Cámpora como presidente, fueron liberados
todos los presos políticos por la multitud que se encontraba en las puertas del
penal.
Francisco "Paco" Urondo nació en
Santa Fe en 1930. Poeta, periodista, académico y militante político, Paco Urondo
dió su vida lunchando por el ideal de una sociedad más justa. "No hubo abismos
entre experiencia y poesía para Urondo." –dice Juan Gelman– "corregía mucho sus
poemas, pero supo que el único modo verdadero que un poeta tiene de corregir su
obra es corregirse a sí mismo, buscar los caminos que van del misterio de la
lengua al misterio de la gente. Paco fue entendido en eso y sus poemas quedarán
para siempre en el espacio enigmático del encuentro del lector con su palabra.
Fue –es– uno de los poetas en lengua castellana que con más valor y lucidez, y
menos autocomplacencia, luchó con y contra la imposibilidad de la escritura y
contra un sistema social encarnizado en crear sufrimiento.
Su obra poética comprende Historia antigua (1956), Breves (1959), Lugares
(1961), Nombres (1963), Del otro lado (1967), Adolecer (1968) y Larga distancia
(antología publicada en Madrid en 1971). Ha publicado también los libros de
cuentos Todo eso (1966), Al tacto (1967); Veraneando y Sainete con variaciones
(1966, teatro); Veinte años de poesía argentina (ensayo, 1968); Los pasos
previos (novela, 1972), y en 1973, La patria fusilada, un libro de entrevistas
sobre la masacre de Trelew del '72. Es autor en colaboración de los guiones
cinematográficos de las películas Pajarito Gómez y Noche terrible, y ha adaptado
para la televisión Madame Bovary de Flaubert, Rojo y Negro de Stendhal y Los
Maïas de Eça de Queiroz. En 1968 fue nombrado Director General de Cultura de la
Provincia de Santa Fe, y en 1973, Director del Departamento de Letras de la
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Como
periodista colaboró en diversos medios del país y del extranjero, entre ellos,
Primera Plana, Panorama, Crisis, La Opinión y Noticias.
Murió en Mendoza en junio 1976 enfrentando a la dictadura militar. "Empuñé un arma porque busco la palabra justa", dijo alguna vez. Acorralado por fuerzas represivas Paco eligió su propia muerte tomando una pastilla de cianuro, antes de caer en manos de los asesinos y torturadores que derrocaron a un gobierno constitucional y gobernaron el país a su antojo, haciendo caso omiso de históricas convenciones internacionales sobre el tratamiento de prisioneros de guerra. Paco sabía muy bien que entregarse vivo era exponerse a las torturas más salvajes con el fin de obtener información, y que luego -de cualquier maneras- sobrevendría el asesinato cobarde y por supuesto clandestino, ya que los asesinos obviaban cualquier tipo de juicio mediante tribunal como cualquier tipo de defensa. Paco, como miles de profesionales, estudiantes, obreros e intelectuales de la época, militaba en la organización revolucionaria Montoneros.
Edición en papel de la cooperativa de libros del Centro
Social y Cultural Tierra del Sur.
Olavarría 1293, Barracas, Ciudad Autónoma de Buenos Aires,
csotierradelsur@hotmail.com
Esta edición digital para descargar: www.elortiba.org (el original es el
cuadernillo de mítica tapa azul de la Revista Crisis de 1973, escondido,
enterrado y rescatado del olvido después de la dictadura, ya que estuvo
censurado por los asesinos defensores de nuestro sagrado estilo de vida
occidental y cristiano).
"horas se podría estar contando esta historia y otras
parejamente tristes
sin calentar un solo gramo del país sin calentarle
ningún pie
¿acaso no está corriendo la sangre de los 16 fusilados
en Trelew?
por las calles de Trelew y demás calles del país
¿no está corriendo la sangre?
¿hay algún sitio del país donde esa sangre no está
corriendo ahora?" Juan Gelman.
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Esta entrevista fue realizada el 24 de mayo de 1973, la noche anterior a la
salida de la cárcel de Villa Devoto de todos los presos políticos. Esa noche se
decidió tomar los celulares de los cinco pisos donde estaban alojados. La planta
fue tomada y esto permitió la intercomunicación entre los pisos, poder verse,
cosa que antes no ocurría. De esta manera Urondo se pudo reunir con los tres
sobrevivientes de la masacre de Trelew: Camps, Haidar y Berger. Se metieron en
una celda y se pusieron a conversar sobre lo ocurrido.
FRANCISCO URONDO: En principio, sería interesante saber para ustedes cómo se
llega al actual momento político y cómo se encuadra la fuga del penal de Rawson.
ALBERTO MIGUEL CAMPS: Las organizaciones armadas fueron uno de los elementos,
junto con las movilizaciones populares y la conducción del general Perón, las
que posibilitaron que hubiera elecciones en condiciones que ellos no pretendían:
de alguna manera estos elementos hacen naufragar el proyecto de la camarilla
militar. Por eso mismo, pienso que la fuga de Rawson fue una operación de
características especiales, perfectamente encuadrada dentro del momento político
que se estaba viviendo.
MARIA ANTONIA BERGER: Claro, porque hay dos problemas, uno es determinar la
incorrección o no de la operación y otro es la evaluación que se hace en ese
momento de la situación política y de las repercusiones que podía tener esa
fuga. Por un lado creo que es cierto lo que decía el turco recién, antes de
empezar a grabar que no se veía en ese momento la posibilidad de llegar a
elecciones. Estaba la cláusula proscriptiva que afectaba la candidatura de
Perón, incluso el accionar de las organizaciones armadas estaba bastante
frenado; o, mejor dicho, era una época en que había muy pocas operaciones. En
cuanto a la posibilidad de llegar a elecciones, creo que incluso en el
comunicado no se la ve, porque en el comunicado de Rawson no se llega a eso.
A.M.C.: Indudablemente, en aquel momento la evaluación concreta que hacíamos era
que no se llegaba a eso, la cláusula del 25 nos mostraba otra vez un proceso
eleccionario proscriptivo para el Peronismo. En eso estoy de acuerdo con vos:
viéndola ahora, esa apreciación que hacíamos nosotros era incorrecta. Pero
justamente la fuga de Rawson, esa operación militar fue una de las tantas
operaciones militares que, junto con el accionar del pueblo y de Perón,
posibilita que no se den las elecciones, la batalla, en el terreno que elige el
enemigo, aunque aceptando muchas de las imposiciones que en un primer momento
estaban concretamente incluidas en el GAN.
F.U.: ¿Se puede hablar de una evaluación incorrecta teniendo en cuenta los
elementos de juicio que había en ese momento?
A.M.C.: No, no. ¿Evaluación incorrecta al determinar que no se llegaba a las
elecciones?
F.U.: Al determinar la operación de Rawson, la fuga.
A.M.C.: No, pienso que al realizar la fuga con la evaluación que se hacía, que
no se llegaba a las elecciones, era correcta. Bueno, creo que pensarlo de otra
manera era imposible. Yo apuntaba un poco a lo que decía Mana Antonia, si hoy,
habiendo llegado a elecciones, consideramos a esa operación militar como
incorrecta o no. Pienso que no, porque está dentro de las operaciones militares
que estuvieron golpeando constantemente a la camarilla militar; por lo tanto fue
correcta. Sumado a eso la evaluación que hacíamos antes.
F.U.: ¿Turco, estás de acuerdo con esto?
RICARDO RENE HAIDAR: Si, yo estoy de acuerdo. La decisión de realizar la
operación en ese momento es muy correcta y aún en este momento, mirándola
retrospectivamente, es correcta. Donde tal vez quepa alguna autocrítica es en el
sentido de qué posibilidades teníamos nosotros, en ese entonces, de conducir el
proceso al triunfo; bueno, no conducido precisamente, sino de participar en el
proceso y de que este proceso desencadenara lo que fue, un triunfo popular. En
aquel momento nosotros evaluábamos como escasas las posibilidades de que hubiera
elecciones; eran muy remotas. Incluso podíamos llegar a pensar que, de llegar a
las elecciones, podría ser una derrota para nosotros en la medida que diera el
triunfo del GAN, tal cual venía levantándolo Lanusse. De lograrse el GAN en esos
términos era una derrota para nosotros. Esta visto que las elecciones se dieron
pero con una derrota para el GAN.
F.U.: Porque se había revertido el sentido del GAN
R.R.H.: Claro, el acuerdo fue para el pueblo, pero no para la clase dominante.
Esa es la perspectiva que, tal vez en aquel momento y en aquellas circunstancias
nosotros velamos como muy remotas. Eso, en el contexto político-histórico de
aquel momento, era imposible de evaluar.
F.U.: ¿Te parece que era posible en ese momento haber previsto esa reversión del
proceso?
R.R.H.: No se si la reversión, pero pienso que hubiera sido posible, evaluar las
condiciones o la evolución del proceso en otra forma. Esto, de haber tenido
conocimiento más a fondo de las contradicciones internas del enemigo, de la
conducción que estaba en condiciones de realizar el general Perón, incluso de la
capacidad de conducción, del rol que jugaba el general Perón.
F.U.: ¿Así que el error estaría fijado básicamente en el desconocimiento del
grado de deterioro que había sufrido el enemigo en todo su campo interno y en la
justa estimación del rol que jugaba Perón?
R.R.H.: Exactamente.
F.U.: eso seria lo que pudo haber detectado en el momento de la operación
M.A.B.: Yo creo que en aquel momento nosotros sobrestimábamos el poder de los
militares; pensábamos que el GAN era una maniobra del poder militar y que
nosotros lo que teníamos que hacer era desnudarlo, pero no se veta la
posibilidad de revestido. Incluso con lo que se planteaba con el programa de los
cinco puntos (perón presidente): eran condiciones imposibles de aceptar.
F.U.: ¿Los diez puntos de Lanusse?
M.A.B.: No, el programa de los cinco puntos de los “montos”. Se lo veía
impracticable realmente.
F.U.: ¿Entonces, con esta óptica, con esa limitación de detección, en ese marco
se decide la operación fuga de Rawson?
M.A.B.: Si, pero antes de seguir adelante quería señalar otra cosa: lo que
significaba la posibilidad de recuperar compañeros. Eso creo que también es un
elemento a señalar. Hay elementos políticos que hacen a la caracterización del
momento en que se hace la operación, pero también hay otras cosas: si nosotros
pensamos que la guerra va a ser larga, no tenemos que esperar el triunfo para
recuperar a todos los compañeros. Sea de una manera o sea de otra, siempre
tenemos que tratar de que los compañeros sirvan en el mejor lugar posible. En
ese sentido, una fuga creo que es una operación válida, en términos generales; y
más en aquel momento, porque daba la posibilidad de recuperar gran cantidad de
compañeros para actuar justamente contra el GAN Y dentro de la lucha
político-militar. Eso hay que señalarlo porque quedaría si no como si entonces
fuera claro ver que se podían dar las elecciones y lo que se está dando ahora,
que es nuestra libertad. Pero fijate que de todas maneras, aunque hubiese sido
así, ya existía, en aquel momento, la posibilidad de que participara toda una
cantidad de compañeros dentro del proceso de las luchas populares. Siempre es un
aporte que no sólo no hay que desdeñar, sino que hay que impulsar al máximo.
R.R.H.: El punto de partida para ese análisis es el hecho de que los proyectos
de las organizaciones armadas revolucionarias, es un proyecto de guerra popular
y prolongada. Tiene un carácter estratégico, es decir, metodológicamente
nosotros queremos utilizar la guerra popular para alcanzar la toma del poder.
Desde ese punto de vista, nosotros, todos los que estábamos en ese momento ahí,
estábamos en manos del enemigo; un enemigo poderoso, que lo era entonces y lo
sigue siendo ahora, con la diferencia que de que en este momento están en
retroceso político, fundamentalmente político. Pero en aquellas circunstancias
nuestra perspectiva de salir en libertad era totalmente remota. Nuestro
compromiso es un compromiso con el pueblo y con la lucha que teníamos que llevar
adelante. La obligación era cumplir con ese compromiso, y la única forma de
cumplir con ese compromiso de lucha era completando la fuga.
F.U.: Además está el otro elemento que ustedes tocaron cuando empezamos a
hablar.
Decían que la fuga fue una operación más que golpeada (y en este caso por la
magnitud de la operación) muy duramente al enemigo. Creo que ustedes lo dijeron
pero un poco al pasar. Aparte de los argumentos políticos, la falta de detención
del grado de deterioro del enemigo, del rol de Perón, de la validez de recuperar
compañeros para la lucha así falten 15 días para el fin de esa lucha, está el
elemento político-militar en si. Los efectos que produce esta operación, como
cualquier otra, y especialmente esta, en la medida que fue una operación muy
grande.
M.A.B.: La operación se planificaba como una operación más; así era como estaba
planteada. Se veía que era una operación de gran envergadura, incluso nos
planteábamos si eso no iba a traer una especie de catástrofe dentro del poder
militar; porque como operación era una operación de mucha envergadura, que
golpeaba al enemigo en un lugar donde ellos se creían muy fuertes.
F.U.: La gente apreciaba que podía producir un cambio de guardia (como se decía
en esa época) en el elenco ejecutivo del gobierno. Incluso había gente de afuera
que sabía de la operación y que pensaba que la llegada a Chile de toda la patota
podía producir la caída de Allende. Me parece exagerada la operación, es cierto
que al Chico, era previsible, le iba a traer serias dificultades, como por otra
parte le trajo, era evidente. En suma, Rawson era una operación de una magnitud
como creo que no ha conocido la guerrilla en esta parte del mundo, por el
Contexto político en que se iba a producir; por la resonancia que tendría.
Incluso por lo que suponía fugarse de una zona geográfica como esa donde estaba
ubicada la cárcel.
M.A.B.: Es que nos habían puesto justamente en una zona tan alejada para que no
pudiéramos irnos.
F.U.: Precisamente, como medida de seguridad no es casual que la cárcel de
Rawson esté rodeada por un desierto.
R.R.H.: Después, cuando veamos las condiciones, cómo veíamos las posibilidades
de escape, podemos hablar del aspecto geográfico. Ahora quería decir que para
nosotros era objetivo, por supuesto, no era lograr un cambio de guardia, el
objetivo era sacar esa cantidad de compañeros que estaba ahí, para seguir la
lucha.
F.U.: y golpear al enemigo.
R.R.H.: Claro. Si se llegaba a dar un cambio de guardia, valorábamos eso como un
paso más, un retroceso más de ellos. No como un paso hacia adelante del enemigo
en contra del pueblo, sino todo lo contrario. Un cambio de guardia para ellos,
en esas condiciones, significaba un retroceso. Como objetivamente lo ha venido
siendo todos los cambios que hicieron desde el inicio de la “revolución
argentina”.
F.U.: Bueno, ¿por qué no me empiezan a contar un poco como fue la planificación?
¿La idea surgió concretamente, cuántos meses llevó la preparación?
A.M.C.: Yo pienso que para la mayoría de los presos el fugarse es la tarea
principal. Por lo tanto, apenas se llegó al penal, de alguna manera se estuvo
funcionando en el conocimiento del terreno como fundamentalmente, para ir viendo
las posibilidades que existían. A lo largo de meses se fueron viendo varias
posibilidades y descartando otras. A veces por irrealizables y a veces porque se
iban consiguiendo elementos, conociendo cosas que permitían pensar en la idea de
ampliar la cantidad de compañeros a fugarse. Al principio se pensaba en
contingentes limitados. En un primero momento el aislamiento, ese elemento de
seguridad que es la zona donde estábamos, una zona totalmente aislada, nos
impedía pensar en una fuga como la que finalmente se planteó, en una fuga
masiva.
F.U.: ¿Cuándo llegaron ustedes al penal de Rawson?
A.M.C.: Bueno, el primer grupo de presos políticos eran compañeras, estaban en
ese penal desde el tiempo del Viborazo.
F.U.: ¿Compañeras?
A.M.C.: Sé que había compañeras. Cuando nosotros llegamos, el grupo que había,
es decir, el primero contingente de compañeros, es el 8 de septiembre; dos días
después de la fuga de Villa Urquiza. Ahí entran compañeros de Tucumán y de
Córdoba. Pero cuando llegamos ya había compañeras.
R.R.H.: Desde el principio, digamos, marzo del 71, había gente en Rawson.
Estaban los compañeros esos de Santa Fe que después se fueron al Perú, los que
habían caído en febrero del 71.
A.M.C.: De compañeros, no se. Se positivamente que había un pabellón con
compañeras, hasta que llegó el grupo más numeroso; después vinieron los otros
grupos en marzo y abril del 72.
M.A.B.: Son los traslados masivos de Devoto a Rawson.
R.R.H.: En los días previos a la ejecución de Sallustro fue que trasladaron un
contingente a Rawson, allá estaba Robi Santucho, Pedro Cases, y una cantidad de
compañeros. Después, el 23 de abril traen al grupo más numeroso. Estaba yo,
concretamente, ¿estabas vos, María Antonia? Estaba la gorda Susana, y, en fin,
cincuenta y pico de compañeros. Era un avión Hércules de la Fuerza Aérea.
F.U.: Es decir: la población del penal de Rawson se completa después del
ajusticiamiento de Sánchez.
R.R.H.: Si.
F.U.: ¿Es entonces cuando comienzan a trabajar decisivamente sobre el plan?
A.M.C.: Se habían abierto varias posibilidades y se empezó a plantear una fuga
masiva.
F.U.: ¿Cuántos hombres había en el penal en ese momento, ustedes lo recuerdan?
A.M.C.: Eran seis pabellones casi completos, tienen cuarenta celdas cada uno.
F.U.: Es decir, alrededor de 250.
A.M.C.: 200 y pico de compañeros. A partir de entonces se visualiza la
posibilidad de tomar el penal y de solucionar el problema de salir de la zona.
Ese era nuestro problema, porque eran dos operaciones: en una, tomar el penal
por un lado y asegurar la retirada de 100 compañeros dentro de un marco de
seguridad.
F.U.: ¿Desde el principio se planteó la salida de 100?
A.M.C.: Siempre estuvo en la mente de todos hacer una fuga lo más masiva
posible.
F.U.: ¿Y se llegó a la suma de 100?
A.M.C.: Se llegó a la suma de 100. Eso se definió un poco después, cuando se vio
cómo iba a ser la retirada. De varios planes que había se eligió el de copar el
aeropuerto y tomar un avión comercial. El límite de la gente a salir estaba
fijado concretamente por las plazas del avión. Ese fue uno de los detalles que
se resolvió último.
F.U.: ¿Poco antes de la fuga?
A.M.C.: Sí el copamiento del penal fue uno de los aspectos en que más se trabajó
porque estábamos nosotros adentro prácticamente todo el día. Se pensó en varias
posibilidades para la retirada: aviones particu1ares, hasta el copamiento de un
avión comercial, o ambos combinados. Finalmente sé optó por copar el aeropuerto
y tomar un avión comercial. Con respecto a lo que fue el trabajo interno, se
contaba adentro con muchos cuadros político-mi1itares, con lo cual se
descentralizó bastante el trabajo, que tenía múltiples aspectos. Abarcaba
observaciones, conocimiento a fondo del terreno, conocimiento del personal.
F.U.: ¿Del personal de vigilancia, querés decir?
A.M.C.: Del personal de vigilancia.
R.R.H.: Finalmente se vislumbró la posibilidad de este plan porque, como dijo
Alberto, hubo varios planes que se fueron pensando y desechando a medida que se
veía la imposibilidad o su concreción a muy largo plazo. Cuando se acentuó la
posibilidad de una fuga en base a este plan, se concretó una coordinación entre
las distintas organizaciones político-militares que estaban en este momento en
el penal de Rawson. Es necesario destacar la unidad de acción que hubo desde un
principio en las tres organizaciones que participaron de la fuga: FAR,
Montoneros y el ERP. Con miembros de cada una de estas organizaciones se
construyó un cuerpo de conducción del plan de fuga. A partir de ahí se formó una
estructura organizativa que fue previendo con precisión los detalles más
ínfimos.
F.U.: ¿Tenían compartimentadas estas tareas?
R.R.H.: A partir de este equipo de conducción había equipos que estaban
estructurados en forma compartimentada, en cuanto a la visión que tenía cada
uno. Las limitaciones de vivir en un lugar cerrado, de escasas dimensiones
hacían que se vean los movimientos, las reuniones; no se podía ocultar algo que
estaba pasando. Pero el objetivo que tenía cada grupo organizado era solamente
conocido por ese equipo de conducción, que tenia una visión global del plan.
F.U.: ¿El número de gente se fue ampliando a medida que progresaba el plan?
M.A.B.: Sí se iban incorporando compañeros y conocían el proyecto en la medida
que era necesario. Desde ya que no todos estaban enterados.
R.R.H.: Para hacer una división en etapas: primero vimos la posibilidad,
decíamos: “tenemos esta situación, ¿es posible que lleguemos a realizar la toma
del penal? Bueno, es posible. Entones, ¿qué tenemos que conseguir para lograr
esto? ¿Qué es lo que tenemos que lograr? Esto, esto y esto. Hasta aquí también
sigue siendo posible”. Es decir, fue un periodo de más o menos un mes, durante
el cual estuvimos constantemente evaluando las posibilidades, la factibilidad
del plan. A partir de entonces vino la segunda etapa, en la que se recogieron
elementos, observaciones, que necesitábamos para perfeccionado. Una tercera
etapa fue el montaje de toda esa estructura organizativa, y la preparación para
llevar el plan a su ejecución previo simulacro, y el entrenamiento de todos los
grupos operativos.
F.U.: Entiendo que hubo preparación física especial en los últimos tiempos.
R.R.H.: Exactamente, se daba una gimnasia especial, con vistas a resolver los
problemas que se presentaran en la misma operación. Karate, caminata...
M.A.B.: Sí, una gimnasia especial, que es la preparación física que tiene que
tener todo combatiente, por eso en ese momento se trataba de que todos los
compañeros estuvieran en las mejores condiciones. No es que para una fuga se
necesite una gimnasia especial. Lo fundamental era que todos estuviéramos en las
mejores condiciones posibles para que esa fuga fuera exitosa. Yo diría que ese
era uno de los puntos que más se cuidaron.
A.M.C.: La preparación física es parte de la militancia en la cárcel, lo que
pasa en este caso es que se especializó en algunos aspectos. La preparación
física en general fue constante.
F.U.: ¿Cómo se determinó quiénes iban a ser los ciento diez compañeros que
salían? ¿Cómo fueron seleccionados?
M.A.B.: Por cada organización. Se determinaron los cupos que tenía cada una, y a
partir de eso cada organización fijó criterios internos para la inclusión de los
compañeros. Se procuró que estuvieran todos los compañeros, incluso de otras
tendencias políticas.
R.R.H.: Hay dos fundamentalmente: la FAR y el ERP.
M.A.B.: Si bien el esfuerzo había sido hecho en su mayor parte por las
organizaciones ya mencionadas, se trató de que todas las organizaciones armadas
tuvieran también una participación, que no fuera una cuestión limitada solamente
a las que pusieran el esfuerzo, aunque, por supuesto, iban a tener una mayor
ingerencia. Pero que estuvieran todas las organizaciones en la medida que se las
consideraba participantes de la guerra. Es decir, se cuidó ese derecho que todos
tenían; y se cuidó en todo aspecto, no sólo en la incorporación dentro del plan,
sino también en los roles a cumplir dentro de la operación. Para ver quienes
eran los que participaban y el grado de responsabilidad que se adjudicaría, se
tuvo en cuenta la capacitación previa, si el compañero había tenido algún tipo
de experiencia político militar. También se trataba de que hubiera equipos en
que estuvieran todas las tendencias.
R.R.H.: Se hizo una evaluación en casi todas las organizaciones (algunas ya las
tenían hechas) de cada compañero, contemplando los aspectos humanos y políticos
que hacen a la formación integral del militante; iba incluida su formación
política, su experiencia política y militar.
M.A.B.: Y también su extracción, es decir, de qué clase provenían.
R.R.H.: Sí en realidad eso hace a la formación, al encuadramiento de un
militante, independientemente de su extracción de clase. Lo fundamental era su
formación como militante. Ese fue el criterio que nosotros utilizamos.
A.M.C.: Otro criterio era que el compañero pudiera ser reencuadrado afuera
rápidamente para su aporte más inmediato al proceso revolucionario. Desde ya que
los criterios eran esencialmente políticos.
R.R.H.: Cada organización hacía un orden único.
M.A.B.: Después las organizaciones discutían en conjunto las plazas que le
correspondían a cada una.
R.R.H.: Se hacia primero una lista por cada organización y luego una lista
conjunta. En base a eso no había ningún inconveniente que después si el plan
comprendía cincuenta, cien, o veinte, o diez, automáticamente quedara
establecido, en base a esas listas quienes éramos los que estábamos.
F.U.: ¿Cuándo se determinó el número de personas, es decir, los ciento diez
compañeros que iban a participar de la fuga, en qué momento se abre a todos
estos compañeros la operación; es decir, con cuántos días de anticipación la dan
a conocer?
M.A.B.: La gran mayoría se entera el mismo día de la operación.
A.M.C.: Hay que diferenciar, había los compañeros que operaban y los que no
operaban; pero realmente a la gran mayoría se les avisó el último día.
F.U.: ¿Cuántos eran los que operaban?
A.M.C.: La descentralización a veces no permitía conocer todos los aspectos de
la operación ni la cantidad de compañeros que participaban.
M.A.B.: Pero eran muchos.
F.U.: Bueno, ¿por qué no cuentan cómo fue el día de la fuga y las vísperas?
R.R.H.: Hubo en los períodos previos una sucesión de reuniones entre las tres
organizaciones. Pero no hemos dicho todavía cuál fue el criterio que se utilizó
para que se unieran esas tres organizaciones. Fundamentalmente porque eran las
que tenían mayor fuerza, mayor capacidad externa, y el esfuerzo externo era
determinante para la fuga. Tal vez fue la única operación que se concibió
unitariamente entre las tres organizaciones; incluso en este momento se puede
seguir diciendo que es el único tipo de operación en la cual siempre vamos a
estar unidos, juntos, en la planificación, en la ejecución y en los resultados.
Porque es una operación que tiene un neto contenido estratégico, que es el de
aportar combatientes a la guerra. El resultado de todo ese proceso es la gran
convivencia, el gran acercamiento que se dio; no solo por la operación en si,
sino por todo el trabajo paralelo que se fue dando: cursos de formación
política, cursos de capacitación militar, discusión política entre las tres
organizaciones. Se hizo una discusión profunda, se lograron determinados
acuerdos. Acuerdos limitados, pero que posibilitaban ese accionar conjunto en
esta fuga. Una de las grandes conquistas, uno de los resultados más importante
en esa operación, fue el acercamiento que se dio. Esa convivencia fue realmente
muy, muy positiva. Nos permitió conocemos a fondo, reconocer los valores de cada
uno, de todos los compañeros. En esas condiciones se llega a unas largas,
larguísimas horas-hombre de reunión hasta el momento de operar. Si no me
equivoco, la primera fecha fue el 6 de julio, ¿no? Porque la fecha se fue
postergando varias veces.
M.A.B.: Sí casi ya ni me acuerdo.
R.R.H.: Yo me acuerdo que tenía un seis. No se había elegido un día especial:
podía ser un día cualquiera. Se tenían en cuenta una serie de factores que lo
determinaban, pero que eran fundamentalmente externos. Por supuesto, había
condiciones internas también, por ejemplo, que el día domingo había menos
personal en el penal era un elemento que teníamos en cuenta, aunque no fuera un
elemento definitorio. Fundamentalmente lo que tenía que darse eran las
condiciones internas que facilitaran la fuga. Y la primera fecha creo que fue el
6 de julio. Se puede decir que teníamos todo listo. Por supuesto, fue pasando el
tiempo y como se postergaba fuimos perfeccionando el plan. Del 6 de julio al 15
de agosto hay un mes y días, en los cuales juntamos nervios, pero también
hicimos ensayos, preparamos los materiales, simulacros de operaciones que
realizábamos en los pabellones.
F.U.: Me contaron que un “yuga” se quejaba amargamente después de la fuga:
cuándo los compañeros le decían “hasta mañana”, recordaba: “Sí, el doctor Quieto
la última noche también me dijo hasta mañana”.
R.R.H.: Otro “yuga” se iba después de la hora del recuento, a las nueve de la
noche, y nosotros éramos siempre medio morosos para metemos en la celda.
Entonces venía y decía: “Bueno, vamos, que nos vamos”, es decir, que no fuéramos
adentro, que él se tenía que ir. Y nosotros pensábamos que cuando llegara el
momento nosotros íbamos a decir: “Vamos, que nos vamos”. Se hizo famoso: “Vamos,
que nos vamos”.
F.U.: ¿Cómo fue el clima de trabajo en las horas anteriores a que se largara la
operación?
R.R.H.: Bueno, ahí se hicieron las más diversas tareas, desde mecánico,
afilador, en grado de oficial, hasta costurero.
M.A.B.: Hasta costurera y costurerita.
F.U.: Me contaron que había uno que era muy nervioso y que no participaba. No sé
si era un común o algo por el estilo. Al tipo le gusta cantar boleros y esa
noche uno tenía la misión de embalarlo para que se pusiera a cantar boleros y
con el canto no escuchara ni viera los movimientos raros, lo que estaba pasando
a su alrededor. Lo tuvieron toda la noche cantando boleros hasta mucho después,
cuándo la gente ya se habla ido Y el penal ya estaba rodeado.
R.R.H.: Los “yugas” en cambio miraban con atención lo que hacíamos, a veces
porque les llamaba la atención. Especialmente los días previos, aunque no creo
que se imaginaban de qué se trataba.
F.U.: ¿Y qué cara ponían cuando les hicieron la primera apretada?
A.M.C.: En general, era de miedo, mucho miedo. Bueno, pero ya estamos en la
apretada.
F.U.: Sí, sí, no saltemos etapas.
R.R.H.: Antes se hicieron otras actividades.
M.A.B.: Sabés, ya lo señalamos, pero esa actividad de conjunto era realmente
como un ejército que se estaba preparando, antes de la operación y durante la
operación, todo ese ensamble era realmente...
R.R.H.: Eran doce o trece grupos operativos.
M.A.B.: No sólo eso, sino toda la disciplina que tenían los compañeros.
Independientemente de las organizaciones a que pertenecían (porque eran equipos
mixtos), se evidenciaba un trabajo político muy homogeneizador, un clima
político muy bueno, pese a que participaban organizaciones con diferencias
políticas. Eso, que pudo ser un elemento que nos podía haber retrasado, de
ninguna manera fue un elemento cortante, porque en todo momento se funcionó como
un solo ejército.
R.R.H.: Incluso motivó la discusión de temas muy importantes, como era la
confluencia entre Montoneros y FAR, y la relación con organizaciones no
Peronistas.
F.U.: Simultáneamente se fue elaborando el documento “opiniones sobre los
problemas centrales de la guerra revolucionaria en esta etapa”, lo que se llamó
“el balido de Rawson”.
R.R.H.: Esa fue una tarea de FAR y Montoneros. Ese documento y la preparación de
la fuga nos llevaba todo el tiempo.
M.A.B.: Y también las discusiones que teníamos con el ERP. Porque eso es una
cosa también cierta, que cuando uno está con la perspectiva de una fuga bien
concreta, o incluso como estamos ahora, con posibilidades de una salida
inmediata, uno parece que se toma las cosas más en serio. Se trabaja a un ritmo
muy intenso.
R.R.H.: Pensá vos que en general éramos todos fanáticos por el fútbol y habíamos
dejado de jugar al fútbol como 15 o 20 días para poder discutir.
M.A.B.: Doce horas por día, discutíamos. Había un grado de elaboración muy
grande, ante la perspectiva de que íbamos a salir. Y queríamos salir
homogeneizados entre nosotros y con una posición clara hacia las otras
organizaciones, las Peronistas o no Peronistas. Era lo que yo decía del trabajo
político que se venía haciendo: creo que posibilitó la fuga, porque sin ese
trabajo político no hubiera sido posible, independientemente de que no hayamos
salido todos. Si la fuga era y fue posible, fue también posible por eso. No
solamente por las condiciones que hacen al conocimiento del terreno, a todas las
condiciones militares que hacen a la planificación de una operación. Sino, y
sobretodo, yo diría, a las condiciones políticas.
F.U.: Es decir, fue un hecho político militar
M.A.B.: Si, es una demostración de que en un hecho político mi1itar no está
desvinculado lo uno de lo otro.
R.R.H.: Se llegó a un grado tal de integración, aun siendo compañeros de
distintas organizaciones, con prácticas totalmente diferentes. Pues ahí nadie
conocía ni la cantidad ni el tipo de operaciones que había hecho el otro. No
había convivido afuera con esos compañeros. Sin embargo, aun con ese
desconocimiento, aun en esas condiciones, el trabajo que se hizo permitió que
todos realmente viviéramos en un clima de confianza. Había un compañero del ERP
o una compañera de la R, o un compañero de la M, que tenían a su mando
compañeros de otras organizaciones. Y era una cosa que funcionaba, se respetaba
y acataba. Fue una práctica en la cual funcionó la disciplina, la organización y
los principios de conducción militar. En ese sentido fue una identificación muy,
muy grande; se puede decir que ahí las diferencias políticas eran las únicas que
subsistían.
Después de la masacre, que se da posteriormente a la fuga, ninguno de nosotros
podía hacer una distinción entre un compañero del ERP, de la M, de la R que
hubiera caído ahí, el 22 de agosto. Lo que no significa olvidar las diferencias
políticas, pero si reconocer el valor que tiene la convivencia y la confianza
entre revolucionarios. Y esto también está muy vinculado a un tema que se dio
mucho en Rawson: el de la unidad de las organizaciones armadas. En ese momento
nosotros, M y R, veníamos realizando un trabajo de confluencia que no se daba
afuera en ese momento. Al contrario, en la primera mitad del año 1972, las
prácticas eran bastante distintas y había un distanciamiento entre ambas
organizaciones. En cambio, adentro el proceso era inverso, era un proceso de
convergencia, en el cual había una gran identificación, y donde se discutió
críticamente toda la etapa de los OAP. Se discutió la valoración del movimiento
peronista, se caracterizó el rol del general Perón como conductor del
movimiento, la tarea para la próxima etapa, la conducción político militar de
esa etapa y hasta adonde llegaba, la coyuntura que vivíamos y que se venía dando
desde el mes de junio. El endurecimiento por parte de Lanusse, que presionaba de
distintas maneras, a través de emisarios y negociadores, tratando incluso de
comprarlo al general Perón. También en ese momento, a fines de junio, con el
discurso, el 7 de julio concretamente, comenzó un hostigamiento directo: es
cuando larga la cláusula del 25 de agosto, según la cual no podía ser candidato
a presidente quien no estuviera en la Argentina antes de esa fecha. Bueno, toda
esa discusión se hizo en conjunto entre la FAR y Montoneros: de resultas de eso
salió el documento al que luego se le dio el nombre de “El Balido de Rawson”. Lo
de “El Balido” es por el asunto de que en Rawson comíamos todos los días carne
de cordero, de ahí viene el nombre de “El Balido”. Con los compañeros de las
organizaciones no Peronistas, y fundamentalmente con el ERP, se dio una
discusión también en base a los proyectos estratégicos y valoraciones
coyunturales de cada una de las organizaciones armadas. Nosotros veíamos que la
consigna que levantaba el ERP por la unidad de las organizaciones armadas no era
una consigna que fuera factible. La veíamos un poco utópica en ese momento.
M.A.B.: Lo que si veíamos, y seguimos viendo que es prioritario, era hacer la
fusión entre la M y la R. Justamente “El Balido” tenía ese sentido, era un
aporte concreto que hacían los presos antes de salir, a ese problema de la
fusión. Todo el trabajo converge justamente sobre eso. Es cierto que en aquella
coyuntura las diferencias con el ERP no eran visibles como ahora. Creo que en
estos últimos meses hemos profundizado mucho en la caracterización del
Movimiento, en el rol del general Perón. Además, en parte, las organizaciones
armadas, de ser grupos armados, creo que hemos llegado a ser, o somos ya, los
embriones de la vanguardia. Y eso va mostrando un cambio cualitativo en cuanto a
nuestro papel. En aquel momento estaba bastante lejos aunque no haya pasado un
año todavía.
F.U.: Perfecto. Entonces, ahora volviendo: la fuga.
R.R.H.: Creo que hay que señalar una cosa más respecto de la unión de las
organizaciones armadas. Después de la masacre se generó una tendencia a
sobrevalorar ese hecho como catalizador de la unidad de las organizaciones
armadas. No ha faltado gente (que no era de la organización) que concretamente
se dijo: “este es un error político tremendo de la dictadura militar, porque ha
impulsado con este hecho la unidad de las organizaciones armadas”. Eso yo, al
menos, siempre lo vi como una cosa errónea, como una sobrevaloración. La fuga de
Rawson fue ciertamente un hito en el proceso de unificación, tiene carácter
estratégico: la unidad de las organizaciones armadas Peronistas y no Peronistas.
Pero de ninguna manera la fuga podía significar la unidad de las organizaciones
armadas.
F.U.: Si, claro, porque hay diferencias políticas que son de mayor profundidad.
R.R.H.: También se dijo que significaba una unidad, un acercamiento tremendo con
el pueblo. Que eso definía una situación.
M.A.B.: Yo creo que uno de los máximos aportes que hace la fuga en cuanto a la
unidad de las organizaciones armadas es que esa unidad se hace por hechos
reales, y que además de que el hecho de tener diferencias políticas no significa
que no haya que discutidas, porque justamente una de las cosas que se veía en
aquel momento, y que se ve también en el comunicado, es que en el campo del
pueblo existen también contradicciones y que es obligación nuestra tratar de
solucionar esas contradicciones y asumir un compromiso para superarlas. Creo que
en ese sentido lo teníamos bastante presente y así se lo expresa en el
comunicado de la fuga. El hecho de decir bueno, si, a la unidad de las
organizaciones armadas, y estas son las diferencias, y son diferencias que en
este momento nos separan.
A.M.C.: El comunicado trataba de no crear imágenes ficticias de unidad. De
alguna manera se pretendía que existan diferencias, pero estábamos dispuestos a
discutirlas.
F.U.: Ustedes querían soslayar la creencia de que un hecho tan importante
produjera el milagro de zanjar diferencias políticas, diferencias que son muy
profundas, que hacen a todo un proceso de desarrollo político-histórico. No
solamente de un grupo de personas sino de todo un pueblo. Sin que esto le quite
validez a todo lo que vos decías antes en el sentido de la importancia que tuvo
el acercamiento entre organizaciones, vislumbrar la posibilidad de un trabajo en
común y toda una cantidad de cosas, en todo el proceso de trabajo previo a la
fuga Son dos cosas distintas que, si bien no producen milagros, pueden actuar
como catalizador. Además, es un elemento catalizador que permite profundizar los
acercamientos, visualizar las diferencias, la posibilidad de discutirlas, etc.
R.R.H.: Para mi no es un elemento catalizador, es decir, que acelera, sino que
define, que marca a sangre y fuego.
M.A.B.: y define también un método de relación entre las organizaciones que
hasta aquel momento nunca habían aparecido, mostrar públicamente las
diferencias. Nunca se habían tratado de mostrar públicamente los acuerdos y las
diferencias entre las organizaciones. Yo creo que la conferencia de prensa en el
aeropuerto es un testimonio de todo esto, porque ahí se expresan cuales son las
diferencias.
F.U.: Bueno, yo creo que queda claro esto. Volvamos a Rawson otra vez.
R.R.H.: A tomar sol.
M.A.B.: El sueño nuestro era irnos a la playa.
F.U.: ¿Por qué?
M.A.B.: Porque ya estábamos soñando con irnos a la playa, estábamos soñando con
unas vacacioncitas cortitas.
F.U.: ¿A qué playa pensabas ir, María Antonia?
M.A.B.: No, pero eso era hasta que volviéramos.
F.U.: ¿Pero, a qué playa pensabas ir?
M.A.B.: En Chile seguro que nos quedábamos.
F.U.: ¿En playas del Caribe?
M.A.B.: Claro, era un poquito más lejos que Chile.
F.U.: ¿Por qué no me cuentan como fueron las vísperas?
M.A.B.: El día X era conocido por muy pocos compañeros. Si bien había muchos
compañeros que estaban al tanto de la fuga. Sólo muy pocos conocían el día
determinado. Producida la información de cuando es el día, se decide establecer
un comando unificado, y el día de la fuga cesaban todos los vínculos orgánicos y
se respondía a ese comando unificado.
R.R.H.: Eso se había establecido con bastante anterioridad, el comando unificado
de la operación. Primero fue la coordinadora esa de que hablábamos. Luego de eso
fue la última etapa, cuando ya se entraron a manejar los planes: ya estaban
constituidos los grupos operativos y se formó el comando unificado. Había un
responsable de la operación, un segundo y demás. Habrá sido más o menos a
mediados de junio cuando se formó ese comando unificado. Si, el 6 de julio era
la primera fecha; creo que es por ahí más o menos. El día de la operación
dejaron de funcionar todos los grupos organizadores y se funcionó de acuerdo a
la estructura operativa. En la cual no había diferencias de organizadores de la
M o de la R o del ERP. Había sólo un gran conjunto de compañeros que funcionaban
orgánicamente en virtud de un objetivo. En ese sentido no había ningún tipo de
diferencias. Frente al enemigo tenían que estar unidos.
A.M.C.: Se venia dando antes que los grupos operativos que trabajaban eran
mixtos, pero también se organizaban tareas por separado, como la discusión
política entre FAR Y Montos que dio como producto “El Balido”. Pero a medida que
se acercaba la fecha indudablemente, todos los aspectos que se relacionaban con
la operación iban cubriendo la mayor parte del tiempo. A partir del mismo día de
la operación cesó todo otro tipo de actividad y solamente funcionaban los grupos
operativos afinando los últimos detalles. Bueno, ya prácticamente estamos por
salir.
R.R.H.: Resulta que cuando ya se iba acercando la hora, había un montón de
recomendaciones, como llevar calzoncillos largos porque hacía frío.
A.M.C.: Por si uno se perdía por ahí.
R.R.H.: Ir bien calzados, bien bañaditos, limpios, no ir con el estómago lleno.
A mediodía, para colmo, llegó un asado de carne de vaca como nunca habíamos
comido.
M.A.B.: Ese día llegó la carne de vaca que nunca habíamos comido.
F.U.: ¿Y no la comieron?
R.R.H.: Sí comer comimos. Comimos poco, la misma perspectiva de entrar en la
operación a las pocas horas hacía que se limitara una de las condiciones del
hombre, el apetito. Había una gran tensión en los momentos previos, como en
cualquier operación, sumado a todo un mes de expectativa.
M.A.B.: Había un grupo que eran los felices sin preocupaciones, y otro los
felices con preocupaciones, que eran los que estaban enterados.
R.R.H.: Era una tensión bastante grande.
M.A.B.: Aparte que era una responsabilidad muy grande porque fallaba un
detallecito y podía saltar la operación.
F.U.: ¿Cómo era el asunto de los calzoncillos largos?
R.R.H.: En esa época hacía mucho frío.
F.U.: ¿Qué temperatura hacía?
R.R.H.: De noche 3 o 4 grados bajo cero. Días antes había nevado como hacía años
que no nevaba en Rawson. Me acuerdo que todos en esa época le escribían a las
familias: “Nevó en Rawson”, era el lugar común de todas las cartas. El
acontecimiento era la nevada en Rawson.
M.A.B.: Y... pasaban pocas cosas, salvo las gaviotas.
R.R.H.: En el momento previo a la operación cada cual estaba caracterizado, o se
preparaba según las funciones que tenía que cumplir. Me acuerdo que el gallego,
Mariano Pujadas, tenía unos bigotazos enormes, y en un momento lo veo aparecer
en la celda sin los bigotes, era una figura totalmente desconocida.
M.A.B.: No lo reconocíamos.
R.R.H.: Vos que lo veías a través del agujero no lo reconocías.
M.A.B.: Vos sabés que vino y le dijimos: “¿vos quién sos?” Y “soy Mariano”.
“¡No!”
R.R.H.: Después a hacer corbatas. Las corbatas que utilizamos las hizo el
costurero oficial del equipo; dentro de las tareas que se hicieron, esa fue una.
Hermosas corbatas hechas por nosotros mismos. Los sacos. Vos me prestaste una
camisa a mí.
M.A.B.: Nosotros tejiendo pulóveres.
R.R.H.: Las compañeras tejieron pulóveres negros de cuellos alto que eran parte
del uniforme que utilizaba el personal del penal.
A.M.C.: Y boinas también.
R.R.H.: Sí, boinas también. Se hicieron los escudos blancos que llevan las
gorras de penales, se hicieron repujados. Se arreglaron trajes. Trajes de
oficiales del ejército se los arregló a medida del compañero que lo tenía que
usar. Cintos y cartucheras.
A.M.C.: Se arreglaban muchos detalles. No vale la pena nombrados a todos. La
operación tenía previstos dos anuncios. Dos señales que continuaban que estaba
todo listo dentro y fuera del penal. Una era a las 16 horas, la primera, a las
18, la segunda.
R.R.H.: Sí esa hora, en alguna medida, estaba determinada por el momento de
partida del avión desde Comodoro. ¿De Comodoro o Buenos Aires?
A.M.C.: De Comodoro.
M.A.B.: No, desde Buenos Aires, porque de Buenos Aires, de Comodoro son 20
minutos.
R.R.H.: Sí desde Comodoro fue el otro que vino después, de Aerolíneas. Así que
ese era el indicador para dar la primera señal. Que fue a las 16:20 horas.
F.U.: ¿Y el otro a las 18?
M.A.B.: Que llegó a las 18:22. Me acuerdo que el horario era a las 18:20. No,
llegó 18:24. En el último segundo ya se estaba por levantar la operación porque
el lapso de tiempo que duraba la operación tenía que ser calculado en relación a
la hora de salida del avión como hacer la operación adentro del penal demoraba
su tiempo y el traslado del penal hasta el aeropuerto y la toma del aeropuerto
era otro tiempo, no podía pasar de un determinado margen, sino, nos quedábamos
sin el avión. Empezó a último momento, casi se levanta.
A.M.C.: Sí, fueron los momentos de más tensión.
R.R.H.: Yo creo que la tensión no era accidental., por lo que dijimos antes,
pero también nosotros éramos conscientes del riesgo que se corría en esa
operación. Nosotros valorábamos que de encontramos en un lugar desguarnecido en
que tuviéramos que enfrentar a las fuerzas de represión, sin tener una cubierta,
aún cuando estuviéramos armados, con las armas que sacamos del penal, pero sin
tener alguna forma de protección o de comunicación, o forma de hacer trascender
esta situación, sí nos encontrábamos a campo traviesa con las fuerzas militares,
por el hecho de que había superioridad numérica en términos absolutos,
considerábamos que era segura una ejecución, una masacre, allí en el campo.
Desde ese punto de vista cada compañero que estaba comprendido en la lista para
salir, y que ese compañero estuviera consciente de que, aun cuando no
participaba en la acción en si misma, en la operación propiamente dicha de toma
del penal., el riesgo que tenía era de muerte, de ser ejecutado a mansalva.
F.U.: ¿Cuántos efectivos tenía el asentamiento represivo?
R.R.H.: Sumando las tropas de Trelew y las que estaban asentadas en Rawson, eran
alrededor de mil. Infantería de Marina y 200 hombres de gendarmería.
F.U.: ¿El Ejército tenía efectivos ahí?
R.R.H.: No.
A.M.C.: Había un pelotón de vigilancia en Rawson.
R.R.H.: Era Gendarmeria.
A.M.C.: No, era Ejército. Era un pelotón de 60 hombres que tenía asiento en
Gendarmería.
M.A.B.: Estaban a dos cuadras del penal.
F.U.: ¿Ese era el asentamiento más cercano?
A.M.C.: Sí.
F.U.: ¿La base, también estaba cerca de Trelew?
R.R.H.: De Trelew estaría a 6 kilómetros, o tal vez menos, a 4.
A.M.C.: ¿La base de Trelew con respecto a Rawson preguntás vos?
F.U.: No. La Base Naval desde el aeropuerto.
R.R.H.: No, desde el aeropuerto serían dos o tres kilómetros. Lo que pasa es que
el aeropuerto de Trelew estaba a dos o tres kilómetros aproximadamente.
F.U.: Entonces habría más o menos cuatro kilómetros. Bueno, seguí Estabas
hablando de la tensión que había.
R.R.H.: Como te decía, teniendo en cuenta ese riesgo y la cantidad de compañeros
que entraban en la operación y todo lo que se estaba jugando, hizo que esos
momentos previos a la iniciación de la operación fueran muy largos. Comenzaron
desde las 18:05 hasta las 18:10, el tiempo en que tenía que llegar la señal de
iniciación. Llegaron las 18:10 y no pasaba nada, hasta las 18:15 y tampoco
pasaba nada, hasta las y dieciocho y hasta las y veinte y hasta las y veintidós.
M.A.B.: A las y veinte ya se levantaba, entonces se dijo: “bueno, cinco minutos
más”, y en esos cinco minutos llegó la señal.
R.R.H.: Realmente se largo sobre la hora. Ya estábamos al límite de la
flexibilidad del tiempo de la iniciación. Por supuesto, toda esa tensión fue in
crescendo.
M.A.B.: Yo creo que en si la ejecución de la operación fue impecable.
F.U.: ¿Cuánto tiempo duró la operación adentro?
M.A.B.: Creo que en total no pasaron de diez a quince minutos, porque cuando se
van son más o menos las y treinta y cinco.
R.R.H.: Primero hubo cinco minutos que perdimos en la iniciación porque se había
extraviado una llave. Se perdieron ahí minutos muy importantes. Desde las seis y
media hasta las siete que se fueron los compañeros de la vanguardia media hora,
o veinticinco minutos. A las siete menos cinco se habrán ido.
A.M.C.: Si, ya estaba realizado totalmente el copamiento.
R.R.H.: Yo digo hasta el momento final, incluyendo al grupo que tomaba la parte
de talleres, incluyendo la toma de eso.
A.M.C.: Pienso que el copamiento debe haber durado entre diez y quince minutos.
Después hubo minutos de espera. Por el problema que no entraban los camiones.
Pero el penal ya estaba copado.
M.A.B.: ¿Se podrá decir qué es lo que se copó? Yo no se si salió en los diarios
qué es lo que se copó.
F.U.: Creo que no.
M.A.B.: No se. Es para dar una idea de la envergadura de la operación.
F.U.: Eso lo saben los servicios, así que aunque no se haya dicho se puede
decir, no hay ningún problema, ¿qué cosas se coparon?
R.R.H.: La distribución del penal, como la de todos los penales, desde la
entrada, el acceso a los pabellones, es a través de un largo pasillo. Nosotros,
el grupo que iniciaba la operación, partió del último de los pabellones. A
partir de ahí fue una sucesión de toma de puestos. Se tomaron concretamente
cuatro puestos, cuatro centros que controlan respectivamente dos pabellones cada
uno. A medida que se iba tomando esos puestos se iba reemplazando a los
controles de personal del penal por compañeros nuestros que se quedaban ahí y
controlaban el tráfico y los movimientos, ordenaban toda circulación de los
compañeros. De ahí en adelante se fue copando la sala de biblioteca y un aula,
que quedaban a la izquierda del pasillo.
M.A.B.: Fue un copamiento por zonas, a medida que se avanzaba se iban
controlando las zonas. Es decir, se tomaba un centro y todo lo que dependía
directamente de él. Como ser, cocina, enfermería, biblioteca, y una puerta que
daba hacía los pasillos al fondo, para llegar después al centro neurálgico, que
era todo el pasillo de dirección donde estaban todas las oficinas y sobre todo
la sala de armas.
R.R.H.: La parte fundamental de toda la cuestión era la toma del pasillo de la
parte de adelante, donde estaba toda la administración, donde estaban los
oficiales, donde podía estar el director. En ese momento no estuvo.
Posteriormente, el paso siguiente fue la toma de la sala de armas, que era el
punto neurálgico.
M.A.B.: Porque hasta ese momento era todo personal desarmado. La cosa se ponía
más pesada cuando se tomaba la parte donde había armas. Ahí se hacía una toma
simultánea de la sala de armas, la conserjería y creo que los dos puestos.
R.R.H.: No. Primero se tomaba la sala de armas. Previamente coparon la parte de
pasillo los compañeros de vanguardia; después quedaban grupos que asentaban ese
copamiento, reduciendo oficinas secundarias. La vanguardia pasó a copar la sala
de armas, en la cual había alrededor de 20 guardias que estaban armados. El
copamiento se hizo con la participación de un compañero que estaba vestido con
un uniforme de capitán del ejército. Previamente, al subir a la sala de armas,
que estaba en un primer piso, se copó una pequeña salita de guardia que hay
junto al hall de entrada del penal, en el que había dos guardias también
armados. De esa salita de guardia, por una escalera, hasta la sala de armas. Ahí
se irrumpió.
M.A.B.: El factor sorpresa.
R.R.H.: Se quedaron todos inmovilizados por la cantidad de compañeros que
subieron, por el armamento de que disponían y por la sorpresa. Simultáneamente
que se subía a la sala de armas, estaba el grupo que iba a la conserjería.
M.A.B.: Claro, era lo que yo decía, que se hacia simultáneamente, la sala de
armas, y la conserjería. Sería bueno aclarar todo el asunto de conserjería
porque es el único lugar donde se arma el enfrentamiento armado.
A.M.C.: Sí tiene todas las características de un enfrentamiento armado. Por lo
menos en esta etapa. Cuando se le da la voz de alto a cualquiera de los
integrantes de las fuerzas represivas, y es acatada, no pasa nada. Es decir,
cuando hay resistencia por parte de ellos no queda otra posibilidad que hacer
fuego, considerando que es personal armado. Podría nombrar otros detalles, como
el trayecto que tenían que recorrer esos compañeros, que había mucha más luz que
la que se esperaba, pero pienso que estos detalles no son determinantes. Pero si
fue un enfrentamiento armado. Los guardias que estando armados recibieron la
orden de rendición, la exigencia de su rendición, se resistieron haciendo fuego.
Que es el caso de los numerosos enfrentamientos que se dan. Era importante, eso
si, el copamiento de la conserjería. Era determinante de las posibilidades de
salida, porque era una casilla un poco alejada del grupo de edificios. Eso
aumenta la responsabilidad de los compañeros que fueron a coparla: asegurar ese
copamiento. Después si se daba, no simultáneamente; fue la única parte de
simultaneidad que hubo. Después había los grupos de taller y copamiento de los
puestos de vigilancia, se ocuparon únicamente dos puestos, los que daban hacia
el frente. El resto de los puestos no quedaban con el personal del penal. De ahí
se les sacaba porque era de donde tenían visión directa sobre la entrada a los
camiones, que era lo que más podía llamarles la atención. Aparte, ellos tenían
órdenes más o menos precisas de no moverse de esos puestos y si comunicarse por
teléfono ante cualquier novedad.
M.A.B.: Salió todo como se esperaba, salvo la parte de los vehículos, de la
retirada, donde nos faltaron los vehículos, eso determinó la cantidad de
compañeros que se fueron en un primer momento.
R.R.H.: Para completar el copamiento, lo que nos faltaba decir era que,
inmediatamente que se toma la sala de armas, se realiza el copamiento de los
puestos uno y once de la pasarela, y de los que se llamó talleres, que eran
salones de dos cuadras donde estaba asentado el personal de retén y que era una
cantidad de doce a quince guardias armados que estaban en condiciones de entrar
en acción en caso de que no se los dominara.
F.U.: ¿Cuánto personal fue reducido en total?
R.R.H.: Haciendo una estimación muy gruesa serán 60, 70 personas.
A.M.C.: Puede ser, porque las previsiones en muchos casos fueron superadas,
donde se pensaba encontrar 5 personas había diez o quince.
F.U.: ¿Y en el momento que salían se encuentran que no tienen los vehículos
suficientes para irse? ¿parten los compañeros de vanguardia?
A.M.C.: Claro, inmediatamente copado el penal se hace una señal y debían
ingresar varios vehículos, cuatro. Una camioneta, dos camiones y un auto. El
único vehículo que ingresa es el auto, que informa que los vehículos están, que
vienen hacia el penal. Se llaman taxiflets de todas maneras, taxis de la zona, y
se los espera un tiempo determinado por la afirmación que hacían los compañeros
de que los vehículos estaban y que venían para el penal. Cuando se ve que se
empieza a hacer demasiado tarde, se decide que parta el grupo de vanguardia
hacia el aeropuerto para asegurar el copamiento del mismo.
M.A.B.: Sí. El grupo de vanguardia sale para allí y también para ver sí ve los
camiones.
A.M.C.: Para buscar los camiones.
M.A.B.: Eso queda en la mente de los compañeros, ver también qué pasa con los
camiones que no llegan.
A.M.C.: Si lo hacen, salen a buscar los camiones, no los encuentran. Y en cambio
se encuentran un par de veces con un patrullero que les da orden de alto, a lo
cual el teniente responde con la venia y sigue.
M.A.B.: Era un auto en que iban siete compañeros.
A.M.C.: Iban bastante amontonaditos, por supuesto. Deciden ir hacia el
aeropuerto. El resto de la gente que queda sigue esperando a los camiones, estos
no aparecen. En el ínterin llegan los taxis de la zona, se les hace ingresar, se
reduce a los conductores. Siempre esperando a los camiones, pero como no llegan
se decide iniciar la retirada, aparte porque ya había habido problemas en
conserjería. Se combino una contraseña: gritar desde conserjería podría
significar alerta.
M.A.B.: Estábamos a dos cuadras del ejército y además estábamos rodeados por
todo un barrio de oficiales del penal, que podían darse cuenta. Supuestamente,
podían estar con una mentalidad más avispara para darse cuenta de que algo raro
sucedía. No se podía esperar mucho tiempo. Es decir, no era el mejor terreno.
A.M.C.: Además, a las 19:30 se realizaba el cambio de guardia, o sea, que
empezaban a llegar los celadores en reemplazo de los que estaban adentro. Esto
también comprometía el tiempo de espera. Entonces se decide empezar la retirada
en los tres vehículos. Para ello se respetó la lista de que hablábamos antes, la
lista de prioridades. Y sube un total de 19 compañeros. Ya, por supuesto, a esa
altura, con los diecinueve compañeros que se iban, se daba por fracasado el
intento de una fuga masiva, que era el plan máximo de la operación.
M.A.B.: Eso siempre se había hablado. En toda operación pueden producirse
imprevistos yeso se había discutido mucho y daba esa posibilidad, el criterio
era que fueran siempre el mayor número de compañeros posible pero siempre,
aunque se fueran sólo algunos, eso era también importante.
A.M.C.: Otro criterio que se manejaba era que salían del penal aquellos
compañeros que se podían asegurar la retirada, que no saliera nadie que no
tuviera un plan de retirada concreto.
M.A.B.: Y que se encontrara, por ejemplo, a campo traviesa.
A.M.C.: Por las fuerzas represivas. Incluso después el problema de la entrega
era criterio discutido. En el caso de que alguno tuviera que entregarse, que lo
hiciera con las garantías como las que se solicitaron después de Trelew. En
presencia del juez público, televisión, reporteros, periodistas.
R.R.H.: Había todo un plan que contemplaba las distintas posibilidades que se
podían dar.
A.M.C.: Por la alerta que viene de conserjería, aparentemente también se había
alertado al enemigo. Además, los camiones no habían llegado y se da la orden de
marchar hacia el aeropuerto. Salen en caravana los tres autos, un Valiant y dos
Falcon, creo, que los manejaban los propios dueños porque ninguno de nosotros
conocía la ruta como para hacerse cargo del volante. Un poco pesaba en el ánimo
de todos la idea que seguramente había habido algún tipo de enfrentamiento por
la ausencia de los camiones. Un auto iba mucho más rápido que los otros dos, y
tuvo que parar en la ruta a esperar a los que venían atrás e incluso disminuir
la velocidad. Siempre considerando la posibilidad de que tuviéramos un
enfrentamiento y que era necesario tener las fuerzas agrupadas. Ese fue otro de
los elementos que nos fue retrasando la llegada al aeropuerto. El horario de
salida, creo que fue alrededor de las 19:20, y la llegada fue 19:45. Nosotros no
nos ponemos de acuerdo en eso.
M.A.B.: Unos dicen y cuarenta.
A.M.C.: Lo cierto es que llegamos y, me acuerdo, escuchamos el despegue del
avión.
M.A.B.: No solo eso, sino que se lo vio, y yo por lo menos lo vi también.
A.M.C.: No, yo no lo vi porque estaba fijándome qué había. Todavía no sabíamos
bien con qué nos íbamos a encontrar. Eso suscitó cargadas después en la base.
Cuando estábamos en la base, antes de la masacre, decíamos: “¿aviones? ¡aviones
hay muchos!”, un poco copiando una propaganda de un tipo que pierde un avión,
pero por otros motivos.
R.R.H.: Yo estaba diciendo algo hoy respecto de los planes. Nosotros teníamos
previstas distintas posibilidades en el caso de que no pudiéramos irnos; había
un plan de resistencia dentro del penal, que implicaba una distribución de la
gente y de las armas en posiciones adecuadas para efectuar una resistencia.
Nuestra intención era entregamos en las mejores condiciones que garantizaran
nuestras vidas; de no tener esa garantía nosotros nos resistiríamos. Para eso,
teníamos preparado adentro del penal un plan de resistencia.
Un plan de difusión que consistía en llamar a los diarios, a las radios, a un
juez, para que vengan al penal. Líneas generales de negociación con las fuerzas
represivas, incluso cuando nosotros nos vamos en taxi, queda un grupo de
compañeros a cargo del penal, que seguía tomado, por supuesto, yesos compañeros
son los encargados de llevarlo adelante todo. Se monta todo, pero sin llegar a
la resistencia, porque se da la negociación, y a través de ella se logra
garantizar la vida de quienes estaban allí adentro, rindiéndose.
Y, concretamente, los compañeros que estaban adentro del penal fueron los que
avisaron a la policía de que el penal estaba tomado. Por ejemplo, como dato
anecdótico de la forma en que nosotros controlábamos la situación: la jefatura
llamaba al penal periódicamente, preguntando a una determinada hora como estaba
la situación; era un llamado de rutina. En el momento se le respondió que la
situación estaba bien y si estaba saliendo. Después se los llamó por teléfono y
se les informó. Contestaron: “¿cómo, si recién llamamos y nos dijeron que todo
estaba bien?” “si, recién Sí pero ahora está tomada”. Y lo mismo para el
aeropuerto: si nosotros en el trayecto teníamos algún problema, algún
enfrentamiento, teníamos que tratar de llegar a algún lugar donde nos pudiéramos
atrincherar. Cuando llegamos al aeropuerto vimos que el avión partía, ya había
despegado, la gente se había retirado, había confusión entre la gente. No sabían
a ciencia cierta qué era lo que estaba pasando. El personal del aeropuerto
estaba utilizando radios, mucha gente salió. Cuando nosotros llegamos al
aeropuerto había autos que se retiraban y que ya estaban en conocimiento del
copamiento del avión que había hecho la vanguardia. Porque los compañeros
hicieron detener el avión diciendo que habían colocado un artefacto explosivo,
lograron detenerlo y subieron. Era una situación anormal, porque después resultó
que no había artefacto y los compañeros después se subieron al avión y se
fueron. Era una situación anormal que aun cuando no hubiera sido aclarada por la
radio, era una situación que de hecho no encajaba en ningún esquema. Así es que
nosotros partimos y al llegar ahí, al aeropuerto, en esas condiciones,
habiéndose retirado gente, ya estaba alertado. Se podía producir la alerta de
las fuerzas represivas. Un poco esa fue la razón de que no se haya hecho
regresar al avión, porque los compañeros estaban dispuestos a regresar, como
ellos mismos nos dijeron.
M.A.B.: Yo comparto la evaluación que se hizo en aquel momento. Lo que se dijo
fue no avisar a los compañeros que iban en el avión, justamente porque se
pensaba que si regresaban no se iba a poder garantizar que volvieran a despegar.
Y en ese sentido era mucho mejor que ellos se fueran a que fallara eso. Eso fue
lo que nos determinó enseguida a pedir la presencia del juez. Al poco rato nos
empezaron a rodear, pero también aquí surgió .la posibilidad del otro avión, que
no estaba de ninguna manera en nuestros planes.
R.R.H.: Cuando llegamos al aeropuerto descartamos la posibilidad de hacemos
pesar e irnos en ese avión. También descartamos toda otra vía de escape porque
no la había, no entraba dentro de las condiciones de seguridad que mínimamente
se requerían. El hecho de que, por ejemplo, nos largáramos en un vehículo
(cualquiera de los que había en abundancia en el aeropuerto), al tratar de
lograr un escape por tierra, lo consideramos una cosa suicida; teníamos muchos
kilómetros antes de llegar a una zona segura. Consideramos que ellos nos iban a
alcanzar antes de que nosotros pudiéramos realmente tener un mínimo de
seguridad. Y en el momento en que nos agarraran era una masacre, entonces
descartábamos esa posibilidad y nos quedamos ahí, aplicamos el criterio que ya
habíamos analizado, y que también se utilizó en el penal: atrincheramos,
negociar, hacer trascender la noticia. y negociar las mejores condiciones con el
objeto de garantizar nuestras vidas.
A.M.C.: Irse en otros vehículos no garantizaba nada. En el momento que se copa
el aeropuerto, se ve que en la pista aterriza un avión. O sea, que la idea de
encontrar un medio más o menos seguro existía, porque hubo compañeros que se
acercaron a ver el tipo de avión que era. Si había en los angares, si había
pilotos. Por supuesto, todos estos elementos ya eran cosas espontáneas que
surgían pero no se pudo organizar. Incluso había una avioneta que recién
terminaba de aterrizar, pero que no era apta para vuelos nocturnos. Entonces ese
grupo se retiró al edificio central, que fue lo único que se copó en realidad,
ya que el aeropuerto tiene otras instalaciones; se copó únicamente el edificio
central donde está la torre de control y otras dependencias. En realidad fue en
el comedor donde se concentró a toda la gente.
F.U.: ¿Cuántos tipos había?
R.R.H.: Calculo que eran 100 más o menos.
A.M.C.: Después, en la torre de control se intentó tomar comunicación con los
compañeros, no con la idea de hacerlos regresar, como decía el turco, porque
creíamos que no se podía asegurar, no sabíamos la velocidad de respuesta del
enemigo. Pero se les envió un saludo revolucionario.
F.U.: ¿Llegaron a comunicarse con ellos?
A.M.C.: No, se intentó, pero la torre de control aseguraba que ya no daba el
alcance de los aparatos. Pero de todas maneras se les transmitió un “chau”. Y
posteriormente como decía Maria Antonia, apareció ese avión que no figuraba,
totalmente inesperado, al que se intenta hacer aterrizar.
M.A.B.: Sí pero a esa altura ya estaba la marina rodeándonos, al mando del
capitán Sosa.
A.M.C.: Sí de todas maneras se intenta hacerlo aterrizar. Lo que pasa es que se
establece un verdadero duelo entre la radio de la base y la del aeropuerto,
dándole instrucciones al piloto.
F.U.: ¿Quién transmitía por la radio, alguien tenía que conocer técnicamente?
A.M.C.: Había un compañero con conocimientos suficientes para evitar que se
cometiera algún error.
R.R.H.: Nosotros, los 19, estábamos armados con pistolas y fusiles FAL,
municiones y cargadores en cantidad. Estábamos pertrechados con todo el
armamento que habíamos recuperado del penal. En esas condiciones estábamos
atrincherados en el aeropuerto. Incluso la gente que se quedó ahí se quedó por
su propio deseo, no se ejerció ninguna presión para que se quedara.
Posteriormente si se exigió que se quedara un grupo, pero se fue evacuando a
niños, a mujeres, a la gente de edad.
F.U.: ¿Cómo reaccionaba la gente? ¿Estaban muy asustados?
M.A.B.: Bueno, estaban desde los sorprendidos, los asustados, hasta los
curiosos.
R.R.H.: Cuando estábamos adentro había unas chicas, y ya estaban que se iban y
les digo: “pero ¿por qué se van?, no les va a pasar nada”, y me dicen: “no, lo
que pasa es que estoy con los ruleros”. Una relación muy buena con los
compañeros que fueron a cubrir la confitería se dio con la gente que estaba ahí.
M.A.B.: Hubo una señorita que le dio un ataque de nervios y se le permitió que
se fuera.
F.U.: ¿Cuánto tiempo estuvieron en el aeropuerto?
A.M.C.: Como cuatro horas.
M.A.B.: Si, como a las doce de la noche salimos.
F.U.: ¿Y el avión que llega de sorpresa, fina/mente no aterriza?
R.R.H.: El avión había llegado atrasado, por eso apareció en ese momento. En
realidad, no correspondía.
M.A.B.: En ese momento se están haciendo simultáneamente varias cosas: por un
lado se está intentando que ese avión aterrice, por otro lado ya están el juez y
las fuerzas de seguridad que nos rodean. Hay un doble juego donde nosotros
intentamos ganar tiempo esperando a que aterrice el avión (lo del avión como
última posibilidad), y por otro lado ir haciendo las negociaciones de la
entrega. Ya estaba el juez, un oficial de la policía de Trelew, y estábamos por
tropas de la marina, las veíamos, estaban a una distancia bien cortita. Lo que
le pedimos al juez era que nos aseguren nuestra integridad física, se llama a un
médico para que nos revise y que nos devuelva al penal de Rawson. Por otro lado,
lo que también se pide es que dejen entrar a los periodistas de la televisión,
de la radio, que ya también para esa altura estaban allí. Vinieron muchos
periodistas, la televisión la radio, que colaboraron y tomaron nota de todo. A
esa altura habíamos elegido un representante por cada organización; éramos un
poco los que llevábamos las tratativas: Mariano Pujadas, y Pedro Bonet, y yo,
que estuvimos discutiendo tanto con el juez como con el capitán Sosa.
F.U.: ¿Cómo eran esos diálogos?
M.A.B.: Con el juez eran buenos, ya lo conocíamos del penal, habíamos hecho una
vez un recurso de amparo por una ley que era un preanuncio de la que después fue
la de máxima peligrosidad. Por eso había estado en el penal. Con el que era muy
difícil discutir era con Sosa, no sabía como tomarlo. Por un lado nos quería
tratar como a soldados, dándonos órdenes, y como nosotros todos estábamos muy
tranquilos y poníamos las cosas en su lugar y lo tratábamos de igual a igual,
estaba descolocado. No sabía, se le escapaba así un poco de las manos la charla,
porque nosotros íbamos con proposiciones firmes y el no tenía muchos argumentos
para decirnos que no, porque su objetivo y la orden que había recibido era
llevamos a la base. Y nosotros no queríamos irnos a la base Comandante Zar,
porque ya sabíamos que íbamos a estar muchos mas seguros con la gente del penal
que con la marina., cosa que no era nada errada. Sosa sabía, incluso, que tenía
que pasar por encima de la autoridad del juez, una actitud bien milica. En un
principio me acuerdo que nos gritaba y Mariano le dice: “Calma, calma, que acá
no hay ninguna necesidad de gritar, hablemos normalmente”, porque el 'no
hablaba, sino que gritaba. Mariano se lo tomo con mucha tranquilidad. Y yo, que
era mujer, me miraba medio así, porque para colmo una mujer que lucha" para los
esquemas de los milicos, es todavía más. Por ejemplo, no se dirigían a mí,
siempre la hablaban a Mariano, y a mí me miraban medio con sorna, por supuesto
que yo no le daba bolilla. Bueno, muchos argumentos para llevamos a base no
tenía y así que tiene que aceptar eso de no llevamos. Además, el juez le
pregunta qué inconvenientes hay en que volviéramos al penal, y más o menos queda
en que nos llevan a Rawson.
F.U.: ¿Él acepta entonces las condiciones?
M.A.B.: Sí, en principio acepta. Porque está el juez y no le queda otra
alternativa. Es la autoridad de él o la autoridad del juez. Lo que pasa es que
pocos momentos después se dicta la ley del Estado de Emergencia" con lo cual
queda todo bajo el mando unificado del ejército, del V Cuerpo de ejército. Es
entonces cuando se produce nuestra entrega.
F.U.: ¿Justo en ese momento?
M.A.B.: Además, se ofreció también para ser rehén, decía que dejáramos salir a
toda la gente y que se ofrecía él como rehén. Él Y otros se ofrecieron también
para ser rehenes.
F.U.: ¿Y vos, Alberto, qué estabas haciendo?
A.M.C.: Yo estaba en la torre de control en ese momento. Después bajé: mientras
yo estaba en la torre ya habían sido ocupados todos los puestos, muchos de los
compañeros habían almorzado muy livianamente, entonces buscábamos cosas para
comer, tropecé con un Perlinger y conseguí rebaja en las compras, porque me
habían sorprendido los precios de las cosas. Después ocupé un puesto de guardia:
también estaba Perlinger por ahí, buscaba fichar nuestra filiación política,
nuestra manera de pensar. Esto también se repetía con los periodistas que
circulaban por ahí.
M.A.B.: En la conferencia de prensa que hicimos también hubo gente del público
que hizo preguntas, demostraban un interés grande por conocemos.
R.R.H.: ¿Vos te acordás algún detalle de la conferencia? Porque yo no estuve.
M.A.B.: El tema de la conferencia fue un poco la difusión del comunicado. Fue
muy linda. Empezó hablando el Indio Bonet, y dijo que esta operación continuaba
y retomaba la lucha que se ha dado en la Patagonia, hizo referencia a todos los
fusilamientos que se habían hecho allí. Realmente tenía una memoria fabulosa"
porque se largó como diez o quince nombres de los fusilados de la Patagonia, en
el año veintipico. Les rindió un homenaje, hizo una caracterización del GAN y de
todo ese momento político. Eso es más o menos de lo que yo me acuerdo de lo que
dijo el Indio. Después habló Mariano Pujadas y dijo que esa operación había sido
encarada por las tres organizaciones, entre las cuales había diferencias, y
habló un poco de lo que significaban esas diferencias y qué significaba la
unidad de las organizaciones armadas, y hablar de las diferencias hizo la
explicitación de cuál era nuestra posición política. Es decir, habló de las
condiciones que nosotros le poníamos al GAN: “Perón, presidente”. Señaló que ésa
era justamente la diferencia que teníamos con el ERP. Ya habían dicho casi todo,
así que a mí me tocó contestar las preguntas que hacía la gente, que era sobre
todo: “Qué es la violencia”. Me preguntaban desde distintos ángulos.
F.U.: ¿Entonces, después de todo esto, se llegó a las condiciones de rendición
entregaron las armas?
M.A.B.: Cuando subimos a los ómnibus, uno por ahí dijo un “viva Perón” haciendo
la V.
R.R.H.: Al subir al ómnibus había un clima de fiesta, porque aun cuando había
fracasado la operación en parte…
M.A.B.: Lo que nos subió el ánimo, fue cuando escuchamos por la radio que los
compañeros habían llegado a Puerto Mont. Ahí ya estábamos felices, porque esa
era realmente la palabra. Pensábamos que con eso el objetivo de la operación
estaba ya cumplido: por lo menos algunos compañeros habían logrado irse. Y,
justamente, por la calidad de esos compañeros. Además, sabíamos que podía darse
la contingencia de que fueran pocos los que se pudieran ir, que otra vez sería.
Que ya iba a haber una próxima vez: teníamos una gran fe en eso. Y cuando
supimos que los compañeros ya habían llegado, pensamos que la operación había
sido un éxito.
R.R.H.: Sin embargo, las perspectivas nuestras ahí no estaban del todo claras,
porque cuando subimos al ómnibus se nos informó que nos llevaban al penal. Pero
subimos al ómnibus y estuvimos ahí como cuarenta y cinco minutos viendo cómo se
hacían las conversaciones...
M.A.B.: Ya antes se había informado que estábamos bajo el operativo del
ejército. El ómnibus ese, un ómnibus de la marina, subió el juez y el abogado
Amaya, que se encontraba en el aeropuerto. Estaban sentados ahí adelante, y
tuvimos que esperar que se reagruparan los efectivos de la marina, que
realmente, como decía el Turco antes, eran numerosísimos. El despliegue que
habían hecho era fabuloso. Incluso hubo un problema, se encontró en el auto,
donde se habían ido los compañeros que se fugaron, explosivos. Se nos pidió la
colaboración para desarmarlos, porque pensaban que eran trampas cazabobos. Para
hacerlo descendieron del ómnibus Mariano y el Indio. O sea, que estuvimos un
tiempo bastante largo sobre el ómnibus. Poco antes de salir para la base, sube
Sosa y nos informa, en general, que ha sido declarada zona de emergencia. El
juez nos explica entonces que él no puede hacer valer su responsabilidad y que
quedamos en manos de las decisiones que tome el V cuerpo. Por supuesto, la
decisión había sido trasladamos a la base. Hacen descender al juez y al abogado,
y ellos se comprometen a acompañamos basta la base, cosa que hacen, no en el
micra, pero sí en un auto, no sé si un patrullero o un jeep de la marina.
R.R.H.: Pareciera que hubieran estado haciendo un tiempo ex profeso para que
saliera el estado de emergencia. Si no, no se explica que habiendo resuelto
todos los problemas ahí, se nos entretuviera arriba del ómnibus totalmente al
cuete. Porque no teníamos nada que hacer ahí.
F.U.: ¿Sosa estaba contento?
M.A.B.: Sí estaba ordenado.
R.R.H.: Arriba del ómnibus conversábamos, intercambiábamos opiniones sobre cómo
se había desarrollado la cosa. Aunque en cuanto al objetivo planteado la
operación había fracasado, desde el momento que nosotros planteábamos rescatar a
ciento diez compañeros y solamente rescatamos a seis, aun así nosotros
considerábamos que la operación había sido un éxito. Por eso había un clima de
fiesta. Pero estaba la sombra de cuál iba a ser nuestro destino. Concretamente,
nosotros valorábamos que la perspectiva inmediata era la prisión, la tortura.
Ellos tenían razones para torturamos a nosotros, ya sea para sacamos información
o para practicar un verdugueo al que ellos no son ajenos.
A.M.C.: Sí, ya es una práctica sistemática del enemigo de torturar al militante.
Y no sólo al militante sino a cualquier detenido. En los militantes se dan los
casos más agudos, porque, por supuesto, buscan quebrar moralmente y obtener
información. Uno es consecuencia de lo otro. La quiebra de la moral significa
información para el enemigo. Aparte, había sido previsto en la planificación que
la actitud iba a ser como siempre, no declarar, ni ante la tortura ni ante el
juez, hasta que no estuvieran presentes los abogados. Porque los jueces, sobre
todo los de la Federal, son cómplices de las torturas y de las declaraciones
obtenidas por ese método. Con la Cámara Federal seguramente no cabe otra cosa
que no declarar. Pero aun así el tránsito a la base se vivía una victoria. Yo
pienso que política y militarmente se habían obtenido grandes triunfos: ocupar
el penal, copar el aeropuerto, y tomar el avión. Lo que no se alcanzó fue el
objetivo máximo que se había fijado para la operación, que era la fuga de ciento
diez compañeros. Pero todos los otros objetivos se habían alcanzado. Incluso
como golpear muy fuertemente al enemigo, en el sentido de demostrar la capacidad
militar de las organizaciones armadas. Por eso era el clima de fiesta, incluso
se daban los primeros comentarios un poco en privado. “Qué bien, qué suerte, qué
bárbaro que se fueron los cumpas” todos los comentarios eran de ese tipo.
M.A.B.: Y estábamos contentos.
A.M.C.: Yo iba sentado con María Angélica Sabelli y Alfredo Kohon, los tres en
un asiento, y atrás teníamos un grupo de seis o siete soldados de infantería de
marina, que iban como custodios: nos pusimos a charlar con ellos, preguntaban de
dónde éramos, qué hacíamos. Hasta ese momento no nos impidieron que
conversáramos. Bueno, cuando llegamos a la base seguía el gran despliegue: a
medida que iba avanzando el micro, salían soldados de la infantería de marina
con las ramitas en la cabeza. Como se había comprometido, el juez prácticamente
nos acompañó.
F.U.: ¿Quién era el juez?
R.R.H.: Godoy. El juez federal de Rawson.
A.M.C.: Nos acompañó hasta la entrada, hasta el pasillo de los calabozos. Ahí se
despidió de nosotros.
M.A.B.: Ahora me acuerdo que uno de los argumentos por los cuales no nos querían
llevar al penal era porque estaba tomado. Y lo que decíamos era que si íbamos
nosotros podíamos mediar en la entrega del penal. Nos ofrecimos en todo momento
a actuar como mediadores cuando hablábamos con Sosa y con el juez, cosa que no
fue aceptada hasta último momento. Cuando ya estábamos en la base le repetimos
al juez que nos ofrecíamos alguno de nosotros para ir a mediar.
R.R.H.: El juez nos quería tranquilizar, nos decía: “Ahora van a ser trasladados
a la base, pero nosotros con el doctor Amaya los vamos a acompañar hasta allí”.
Después nos mandaron a los calabozos. Había un pasillo largo y angosto, de más o
menos uno ochenta, con cuatro calabozos de un lado y seis del otro, pero en
total se usaban ocho. Necesariamente teníamos que estar de a tres o cuatro por
calabozo. No era regular esto había compañeros que estaban de a cuatro y otros
que estaban de a dos. Se nos dejó un tiempo ahí hasta que empezó una requisa,
una revisación minuciosa, en la cual nos llevaban a una habitación que estaba en
el fondo del pasillo, y nos hacían desnudar. A medida que nos desnudábamos, un
oficial de la marina nos revisaba la ropa, otro oficial que estaba frente a una
máquina nos preguntaba datos personales. Estaban los médicos de la base, que una
vez desnudos nos sometían a una revisación superficial, visual, digamos. Nos
sacaron los cigarrillos, la plata que teníamos, nos dejaron la ropa nomás, y nos
volvieron a la celda.
F.U.: ¿Los trataban mal?.
R.R.H.: No. El trato era severo, pero hasta ese momento no había habido
insultos, ni golpes, ni nada.
M.A.B.: Ni verdugueo.
R.R.H.: Eran severos con el trato a los prisioneros, pero no se excedían.
M.A.B.: Si bien la revisación de ustedes fue superficial, la de nosotros no. Los
médicos se encargaron de revisamos bien, muy en profundidad. Medio vejatorio
fue. Eso nos dio mucha bronca.
F.U.: ¿Quiénes eran los dos médicos, te acordás vos?
M.A.B.: Son los dos médicos de la base, porque después cuando estábamos heridos,
también andaban circulando por allí.
R.R.H.: A mí me atendieron cuando estuve con una descompostura, me atendió uno
de los médicos que también estaba después, cuando fuimos heridos a la
enfermería.
M.A.B.: Sí, los dos médicos que no nos revisaron estaban después en la
enfermería.
A.M.C.: Las características que tenían las celdas nos permitían vernos, hablamos
por señas, cosa que pusimos en práctica creo que inmediatamente.
A.M.C.: El clima seguía siendo de fiesta. La revisación la hacían de a uno, o
sea, que cuando éramos diecinueve tardaron bastante. Calculo que a las cuatro o
cinco de la mañana.
R.R.H.: A medida que iban requisando iban entregando mantas y colchonetas para
apoliyar. Como era por orden, los últimos terminaron como a las cuatro de la
mañana. Nos requisaron todos los elementos: relojes, anillos, cartas, fotos y
todos llevamos parte porque pensábamos irnos. Y todo eso quedó en mano de ellos.
A.M.C.: Ahí ya empezó la represión. Nos prohibieron hablar entre celdas, y lo
que es más, hablar entre nosotros, que éramos varios en cada una. Para esto
habían llenado el pasillo con, más o menos, un soldado por puerta. Como eran
conscriptos podíamos charlar con ellos sin demasiados problemas. Lo que
fundamentalmente queríamos saber nosotros era qué noticias habla de afuera, sí
se había entregado o no el penal, en fin, todo lo referido a la suerte del resto
de los compañeros.
M.A.B.: Eso de los colimbas delante de cada celda era realmente risible, porque
todos estaban con Fal y había uno que estaba con Fap. Así que en un pasillo
chiquito había como diez o doce colimbas, todos con armas largas. Desde un punto
de vista militar era absurdo porque no sé cómo iban a hacer para tirar y para
que no se mataran entre ellos.
R.R.H.: Es decir, para que quede bien clarito: nosotros nos entregamos en el
aeropuerto de Trelew después de entregar como quince Fal y veinte pistolas,
además de púas, cargadores y otras yerbas. Nos rendimos. Se nos trasladó a la
base, donde entramos en un ala del edificio de la guardia de la base, es decir,
que ya estábamos dentro del recinto de la base. Una base que está a seis
kilómetros de Trelew, rodeada de un desierto de piedra. Somos metidos en
calabozos con rejas, con puertas, candados y cerrojos, etcétera, aparte de eso
teníamos un soldado frente a cada puerta. Viendo cómo entramos en relaciones con
nuestros guardias que nos daban cigarrillos, al segundo día retiraron toda esa
guardia. Sacaron a todos los soldados del pasillo, dejaron el pasillo libre y
pusieron dos o tres armas pesadas en el extremo abierto del pasillo, donde había
un hall. Allí establecen una guardia permanente. Esa guardia, que era nuestra
custodia, estaba constituida por un oficial y tres suboficiales, El oficial con
pistola y un puñal, el suboficial con puñal y pistola ametralladora Pam con
doble cargador. Además de eso dos fusiles Fap en posición de tiro sobre el
pasillo, elevados sobre una mesa. En esas condiciones pasamos todo el resto de
la semana. A partir del segundo día se dio de esa forma la situación.
M.A.B.: Y por los pasillos por donde íbamos hacia el baño también había
suboficiales armados con Pam, que nos controlaban. Además, uno con Fal en el
baño.
R.R.H.: Era un corrillo de soldados armados al efecto de nuestra custodia.
F.U.: ¿Y después vino la verdugueada, los sacaban y los jorobaban?
M.A.B.: Yo lo que me acuerdo que el primer día a las chicas nos llevaban a
declarar ante oficiales de la marina. No sé si a ustedes los llevaron,
A.M.C.: A mi por lo menos, no.
R.R.H.: A ustedes los llevaron primero.
M.A.B.: Fue cuando nos separaron a Clarisa y a mí.
R.R.H.: A mí me llevaron el último. El primer día directamente se hicieron
algunos reconocimientos. Vino la gente que había estado en el penal, en la toma,
Y se hicieron algunos reconocimientos. Parece que la intención de ellos era
reconocer quienes habían sido los que habían efectuado los disparos en la
conserjería, donde muere uno de los guardias y queda otro herido. Es decir, fue
un reconocimiento hecho por cuenta y riesgo de la autoridad militar nada más, no
había juez. Después de eso se hicieron visitas por parte del personal superior
de la marina. En la noche del segundo o tercer día comenzaron los
interrogatorios, en los cuales había gente de los distintos servicios.
M.A.B.: No, pero a nosotros nos hicieron un interrogatorio en la mañana del
primer día, eran tres de la marina, no eran de los servicios. Vos te referías al
segundo interrogatorio, donde también estuvimos nosotras. Porque nosotras
tuvimos tres interrogatorios.
R.R.H.: Yo tuve dos.
M.A.B.: Claro, esta bien.
R.R.H.: El segundo interrogatorio empieza el tercer día por la noche.
M.A.B.: El primero para nosotros fue de día, bien caballeresco. Capitanes de la
marina estaban ahí, cuando yo voy les digo para qué, en carácter de qué es este
interrogatorio y dicen: “Solamente queremos saber quiénes son ustedes, porque
son nuestros prisioneros”. Lo que se intentaba decir era que nosotros no íbamos
a declarar nada con respecto a la fuga ni a la entrega, que en ese sentido no
esperaran una declaración nuestra. Ellos querían sacamos información respecto de
la fuga, pero era evidente que no teman mucha experiencia en materia de
interrogatorios. Lo que yo les decía era que, si querían, podíamos hablar acerca
del papel de la marina. Entonces lo que ellos me preguntan era por qué no
habíamos querido venir a la base de la marina. Entonces les aclaré cuál era el
papel de las fuerzas represivas y sobre todo cuál era el papel que había tenido
el ejército, cuál el de la policía y un poco el papel que suponíamos podía tener
la marina. Entonces me saltaron con que la marina siempre se había caracterizado
por ser bien caballera, era el ejemplo. Yo le digo: “Mire eso, no es cierto” y a
mí, por ejemplo, me tenían parada. Les digo: “Por lo menos ofrézcanme una
silla”. Se quedaron medios cortados, pero no me ofrecieron la silla, por
supuesto. Entonces les hablé del trato vejatorio al que nos habían sometido, que
nos habían revisado desnudas. Que nosotros nos ubicábamos como prisioneros pero
que ellos no nos respetaban en tal sentido, que podíamos esperar cualquier cosa
de ellos. Y ellos no tenían muchos argumentos, tanto es así que yo les digo:
“Mire, en cuanto a la represión de los guerrilleros en estos últimos tiempos, la
marina no ha intervenido directamente”, que esa era la primera vez que la marina
asume directamente la represión y que íbamos a ver, que iban a demostrar
realmente cómo eran ellos. Y me decían: “Usted puede esperar cualquier garantía
de nosotros, vamos a portarnos bien”. Entonces yo les dije: “Los antecedentes
que tiene la marina no son muy buenos”. Dicen: “¿Por qué, por lo del 55?” “Sí,
esa es una de las cosas por las cuales se les suele atacar”. “No, pero lo del 55
fue una operación militar, la marina no tuvo la culpa de los civiles que
murieron, era solamente una cosa en contra de Perón, eso está dentro de reglas
militares”.
F.U.: ¿Se referían al 16 de junio del 55?
M.A.B.: Sí.
F.U.: Y no a toda la represión posterior, durante la Revolución Libertadora
M.A.B.: Uno de ellos se me acerca y me dice: “Pero mire, lo que ustedes hicieron
en San Isidro con el busto de Evita”. ¿Te acordás, esa operación que hicieron
los Montos? “Ustedes también tienen el terror, matar civiles, pobres policías”.
A esa altura el diálogo se cortó. Otra cosa que les extrañaba era porqué
nosotras como mujeres estábamos allí y sobre todo de la Sayo, de la mujer de
Santucho, y le decían: “¿pero cómo es que su marido se fue y usted no? ¿Qué
pasa, su marido la ha dejado?” No comprendían. Ese fue más o menos el diálogo
que tuve con los tipos de los servicios.
R.R.H.: En los otros interrogatorios, en lo que a mi respecta., tuve dos con
gente distintas. No sé a qué servicios pertenecían, pero por lo menos en el
primer grupo había positivamente gente de la marina, porque los vi esa noche
vestidos de civil y después los vi en otras ocasiones vestidos de uniforme. Las
preguntas eran, como decía María Antonia, faltas de profundidad, con un cierto
desinterés por averiguar cosas realmente. Parecía que éramos bichos raros, como
si quisieran vernos la cara y nada más que eso, y escuchamos la voz y cosas por
el estilo. No entrar en cosas que podían ser de interés para ellos, como la
información sobre la operación. Por supuesto, siempre destacando su grado de
fanatismo por todo lo que tenga olor a pueblo, la falta de comprensión de los
valores de los compañeros. Decían tonteras. Pero no hubo torturas.
M.A.B.: Ni siquiera presión moral.
R.R.H.: Sí, en algunos casos hubo amenaza de tortura, a Alfredo Kohon lo
amenazaron. Incluso llegaron a decir entre ellos: “Vio, oficial, aquí sin
torturas no se consigue nada”. Pero en los hechos no pasaron a nada de eso.
M.A.B.: El último interrogatorio fue el mismo día del reconocimiento, el 21 de
agosto. Ahí creo que había gente del ejército y de DIPA, porque creo que hubo un
compañero que reconoció a uno que era de DIPA Esos ya venían con datos concretos
de nuestros currículum. Por ejemplo, tenían datos del ERP.
A.M.C.: Hubo dos, claramente diferenciables, uno que le hicieron a Mano Delfino,
que estaba en mi celda. Lo caracterizamos como grupo de los servicios. Había
presente oficiales de la marina y gente vestida de civil. Cuando me interrogaron
a mí, llegué y me dijeron: “Ah, usted es Alberto Camps”, Y tomaron una carpeta
que empezó a hojear un vestido de civil. En el interrogatorio, cómo decían los
compañeros, no hubo violencia física. Lo único que hacían era ponerlo a uno
contra la pared con una lámpara enfocada a la cara, pienso que más que nada para
que uno no pudiera verles la cara a ellos, cosa que igual no lograban, porque la
lámpara era de poca intensidad, así que uno los podía ver perfectamente. Ese era
un grupo que a mí me hizo el interrogatorio de noche. Otro grupo que habló, con
Mario Delfino, fue él justamente que los reconoció, eran de DIPA o
Superintendencia de Seguridad.
M.A.B.: ¡Una cara de torturadores tenían!
A.M.C.: Justamente, Maño caracterizó uno de ellos como torturador, y había otro,
un tipo bastante hábil en los interrogatorios. Ese dato y lo que pasó en
interrogatorio con la gente de DIPA nos llamó la atención porque sabiendo que
había una persona con experiencia, con cierta habilidad, cómo no la utilizaban.
Porque los interrogatorios eran zonzos, estúpidos, esa es verdaderamente la
palabra. Preguntas tontas cómo “¿Y porqué no subió usted al avión?” Más tonta
que esa, imposible. Y cosas por el estilo. Los servicios se manejaban con
bastante información en algunos casos. Y los de Superintendencia de Seguridad se
manejaban con datos bastante organizados sobre lo que había sido la operación.
Incluso daban la característica de los vehículos, que coincidían con los que
nosotros sabíamos que tenían que entrar al penal. Preguntaban estupideces como:
“¿Qué pasó con los vehículos?” Buscaban contradicciones entre las organizaciones
Peronistas y las no Peronistas. Por ejemplo: “Vos sos de la FAR, de los que
consiguieron todos los vehículos, y los del ERP se duermen y no los llevan”, y
cosas así muy estúpidas. Creo que es importante remarcarlo porque fue la
política que siguieron después, sobre todo en Rawson.
F.U.: ¿El trato admiro había cambiado en esos días? ¿Es decir, había
verdugueadas?
A.M.C.: Había cuatro turnos de guardia, pero había uno que se empezó a destacar
claramente como verdugo. Nosotros, que teníamos experiencia carcelaria, sabíamos
que todas las guardias no son idénticas, que hay guardias con características
especiales. y en este caso la que se empezó a destacar como guardia verduga era
la de Bravo justamente.
F.U.: ¿Es teniente de navío?
R.R.H.: Teniente de fragata, creo.
A.M.C.: Sé que es teniente por las dos barras y el círculo que llevaba en la
gorra. No sé si de fragata o de navío. Lo que sí sé, es que fue promovido en el
último ascenso de la marina. Bueno, las otras tres guardias se caracterizaban
por el trato frío dejamos hablar, no dejamos comunicar por señas entre las
celdas, pero no siempre la advertencia venía seguida por una sanción. A veces
encontraban a uno hablando y le decían: “No se puede hablar, no hable”, pero no
nos verdugueaban. En el caso de Bravo era todo lo contrario, es más, buscaban
excusas a veces. La sanción, por llamarla así era hacernos desnudar y hacemos
hacer cuerpo a tierra de boca hacia abajo o de espalda en el suelo, o paramos
lejos de la pared y después hacemos apoyar con la punta de los dedos en la
pared: eso en un tiempo prolongado entumece los dedos.
M.A.B.: Y no nos dejaban dormir.
A.M.C.: Ese era otra de las exquisiteces. Los interrogatorios eran de noche, a
partir de las dos de la mañana. Podían hacer dos cosas respecto a la entrega de
los colchones: entregarlos después de la cena o mantenemos despiertos hasta
después de los interrogatorios. Generalmente dormíamos poco, y cuando esto
sucedía, Bravo recorría las celdas, y apenas encontraba a alguno que estuviera
cabeceando, lo pateaba, o nos hacía estar parados. Yo creo que se diferenció
inmediatamente Bravo, verdugueándonos. Como te decía, buscaba excusas. Una vez
apareció en la celda y dijo: “¿Quién se asomó por la ventana?” Estaba Alfredo
Kohon también en mi celda. Por supuesto, le dijimos que nadie. “Pero si me
dijeron de afuera que alguien se había asomado”. Le volvimos a asegurar que
nadie y que no buscara excusas para sancionar, para verduguear. Así y todo nos
aplicó la sanción, y nos tuvo desnudos media hora o cuarenta y cinco minutos
haciendo cuerpo a tierra.
M.A.B.: Y era invierno.
A.M.C.: Bueno, el desnudarse simplemente era jodido, porque hacía bastante frío.
Los radiadores de calefacción que había en los calabozos no funcionaban. Eso, y
el cuerpo a tierra sobre la baldosa era mucho peor todavía. Uno tiritaba
directamente.
F.U.: Los dejaba en calzoncillos el tipo.
A.M.C.: No, desnudos totalmente. Nos retiraba la ropa, nos la hacía tirar por la
ventanilla.
F.U.: ¿A los hombres solamente?
M.A.B.: Sí. Pero igual a nosotras nos hacía tirar cuerpo a tierra. En un primer
momento no, en los primeros días. Pero después me acuerdo que un día estaba
charlando la Petisa y Clarisa (estábamos las cinco ese día), las pesca charlando
y les dice: “Cuerpo a tierra”, y no se tiraron, “Cuerpo a tierra”, y no se
tiraron cuerpo a tierra. Entonces lo llama al suboficial, a) gordito ese famoso,
y le dice: “Póngales cuerpo a tierra”. Entonces el suboficial: “Cuerpo a
tierra”, apuntándonos con la metra. No se pusieron cuerpo a tierra y Bravo:
“Póngales cuerpo a tierra”, y le sacó la metra y las puso cuerpo a tierra.
F.U: ¿Las violentó con eso?
M.A.B.: A los cinco minutos les dice: “Bueno, dense vuelta”, y no se dieron
vuelta; entonces entró Marcha).
F.U.: ¿Quién es ese tipo?
M.A.B.: Un suboficial que también va a estar después. Entonces a Clanga la
agarra mal de la cintura, y ella hace un gesto como de resistencia para que no
la den vuelta. Entonces Bravo saca la pistola, la martilla y se la pone en la
cabeza: “Vas a morir, hija de puta”. Clarisa dice: “No me mates”; él levanta la
pistola. A partir de aquél día, cuando nos dicen cuerpo a tierra les hacemos
caso, porque charlamos entre nosotras y vimos que no tenía sentido esa
resistencia. Y hacíamos cuerpo a tierra boca arriba y boca abajo. Después, salvo
desnudamos, fue el mismo trato que el que les dieron a los muchachos.
F.U.: ¿Cómo se llama ese suboficial que las intima a las chicas?
M.A.B.: De uno no sabemos el apellido y el otro se llamaba Marchal.
A.M.C.: Marchal o Marechal. Desde los primeros días el trato fue cambiando,
incluso, como te contábamos, las formas de vigilancia fueron modificándose. Al
principio nos sacaban a comer por celda, eso el primer día solamente. Después
nos fueron sacando de a uno. Nos hacían comer en una mesa chiquitita, una mesa
como de bar, con el tiempo controlado: nos daban cinco minutos para comer.
Siempre el que iniciaba esas prácticas era Bravo.
M.A.B.: En cinco minutos, si no se terminaba la comida había que dejarla ahí.
A.M.C.: Además, mientras estábamos comiendo hacía comentarios como: “A estos en
vez de alimentados tendríamos que matarlos”. Una vez Toschi, cuando fue a comer,
encontró la pistola sobre la mesa, al lado de la comida.
R.R.H.: No, al Indio fue, que estaba sentado y se le acercó Bravo y le puso la
pistola en la mesa.
A.M.C.: Comíamos apuntados por tres o cuatro lados con Pam y Fal. Por supuesto,
Bravo nos recordaba constantemente que era con balas en la recámara y sin
seguro. Cosa que cumplía porque la Pam se nota cuando está sin seguro. Como ves:
Bravo se destacaba, incluso su "actitud era totalmente despectiva. Un día
apareció con una revistita que se llamaba El Desengaño: era la historia de un
estudiante que, cansado de luchar en formas no violentas, decide incorporarse a
un grupo guerrillero. Por supuesto, a ese grupo la revista la pintaba con todas
las lacras imaginables.
M.A.B.: Con anteojos negros y campera, en casas todas ruinosas, cometiendo
hechos donde morían ancianos y bebes, no importándoles nada, sólo la causa.
A.M.C.: y nos ofrecía la revista para que la leyéramos. Por supuesto, con el
aburrimiento que teníamos aceptábamos leer cualquier cosa. Después buscó
discusión política, pero cuando empezamos a argumentar que la historia de la
revista no encajaba en ninguna realidad, que era todo una falsedad, se iba
rapidito con su revista. Supongo que son revistas que se reparten gratuitamente
entre la tropa. Incluso buscamos el pie de imprenta para ver dónde había sido
impreso y no lo tenía. Por las características del dibujo era una revista tipo
mexicana, en colores.
M.A.B.: Era muy similar a esa en la que se ridiculiza a los cubanos. De amplia
circulación.
F.U.: A lo mejor lo hace la CIA.
M.A.B.: Sí quizá la CIA, pero una cosa muy, muy burda.
R.R.H.: Cabía tanto para Argentina, como para Centroamérica o Brasil, o para
Chile. Para cualquiera.
F.U.: Continental, digamos.
R.R.H.: Propaganda antisubversiva.
M.A.B.: Y Bravo nos pregunta: “¿Y, se convencieron?”
F.U.: ¿Pero qué, él lo pregunta en serio?
M.A.B.: Sí, en serio lo preguntaba.
F.U.: ¿El pretendía adoctrinarlos?
R.R.H.: El no pretendía adoctrinarnos a nosotros; sino lo que quería era medimos
un poco. Por ejemplo, hacia comentarios de este tipo: “Y pensar que ustedes son
capaces de matamos”, mientras nosotros comíamos. “Ustedes son un mal necesario
para la sociedad”, y cosas por el estilo. Siempre mirándonos como si fuéramos
piezas de museo, asesinos.
M.A.B.: Gente extraordinaria.
R.R.H.: Gente fuera de lo común, delincuentes, enfermos mentales, cosas así.
F.U.: Al baño los sacaban, ¿no?
A.M.C.: El procedimiento era más o menos igual para todas las salidas, ya sea
para ir al baño o para comer. Venia uno de los suboficiales, abría el candado,
corría el cerrojo, se retiraba al extremo del pasillo y desde ahí nos gritaba la
orden, nos nombraba, por ejemplo: “Haidar, desaloje”, entonces uno salía al
pasillo, “Alto”, nos daba la orden de poner las manos en la nuca, “Avancen”, y
cuando llegábamos a la altura de la mesa nos decía: “Alto”, “Siéntense”. Esto
cuando íbamos a comer, o cuando llegábamos al extremo del pasillo, “Alto” de
nuevo y se ubicaba detrás nuestro un suboficial, y con la Pam montada y sin
seguro nos llevaba hasta el baño. En la puerta del baño había otro marino
armado.
F.U.: ¿Eran todos suboficiales los de las guardias a esa altura, no habla
soldados?
R.R.H.: Había dos soldados, los que tenían los fusiles Pam. Los suboficiales
estaban con las pistolas ametralladoras y eran los que se encargaban del
movimiento nuestro, de la vigilancia, de que no habláramos. Los soldados estaban
a los costados con la Pam y no se movían de esos puestos.
A.M.C.: O sea, que el trato con nosotros lo tenían fundamentalmente los
oficiales y suboficiales, ningún soldado. Otra de las cosas que pasó con Bravo
(habría que ir acumulando todos los hechos que produce porque lo pintan como un
verdadero psicópata), fue que un día trajo la cometa del batallón para enseñamos
lo que era diana y lo que era silencio, y nos decía: “Ustedes, tienen que
conocer esto, desde ahora se les va a despertar así y se les va a dar el
silencio de esta manera”. Siempre provocando.
F.U.: ¿Los tuteaba?
A.M.C.: No.
F.U.: ¿Cómo se refería a ustedes, por el apellido?
A.M.C.: Sí. Una vez volviendo de un interrogatorio (yo había ido, pero Delfino
todavía no), cuando me tema que encerrar en la celda, trajo a un suboficial, y
le hizo apoyar el caño de la ametralladora en la puerta y le dio la orden de que
si hablábamos tirara.
R.R.H.: Era un personaje siniestro.
M.A.B.: ¿Te acordás cuando una vez le hizo barrer el pasillo a Mariano desnudo?
R.R.H.: Y después de haber estado verdugueándolo, venía y le hacia un chiste.
Decirle, por ejemplo: “¿Qué, hace frío?”, y el otro estaba tiritando en el suelo
desnudo, por ejemplo. Bien cínico.
F.U.: Bien hijo de puta.
R.R.H.: Si. Una premeditación en todas sus preguntas, en todos sus pensamientos.
Nos tenía a nosotros encasillados dentro de un esquema en el cual estaba muy
bien adoctrinado. Y no salía de ese molde. Distinto de otros oficiales, había
otros oficiales que cubrían esa guardia y que teman una actitud muy distinta.
Mostraban un poco más de lucidez que Bravo, porque no tenían esa actitud de
verdugueo constante, sino, por el contrario, trataban de aliviar un poco la
situación en que nos encontrábamos, de distintas maneras. Sosa apareció en el
penal al día siguiente, después que ellos ya habían retornado el control de la
situación; apareció al mediodía del miércoles 16, y dijo: “La próxima vez no va
a haber negociación, la próxima los vamos a cagar a tiros”. Ya para ese entonces
había cambiado totalmente de actitud, se había visto descolocado en el papel que
tuvo que desempeñar durante la negociación en el aeropuerto. Se vio como jugando
un papel flojo, sintiendo que nosotros habíamos impuesto las condiciones, que
habíamos logrado el objetivo de difundir lo que ocurría. En realidad había
jugado un papel bastante secundario, lo único que había logrado era llevamos a
la base. Pero no había podido evitar la conferencia de prensa, toda la difusión
que se le dio a la torna del aeropuerto. Vino con mucha bronca.
M.A.B.: Y aparte, todas las negociaciones se hicieron delante de su tropa, y los
colimbas medio se reían de él; se daba bien cuenta del papel que estaba haciendo
y de las condiciones en que se estaban desarrollando las negociaciones. El no
las sabía manejar muy bien y eso delante de la tropa lo desprestigiaba, como
milico. Dentro de su machismo y con el criterio de autoridad con que se
manejaban, ver que no pueden imponerla adelante de su tropa es una cosa que lo
rebaja, hace que la tropa le pierda el respeto.
R.R.H.: Sí, dentro de su esquema. Yo iba a señalar que hubo un cambio en Sosa:
después de la forma en que se condujo durante la negociación, al día siguiente
aparece un poco transformado, parece que se hubiera reubicado. Se había hecho
una composición del lugar y se dio cuenta de que había quedado pagando en esa
relación con nosotros. Como consecuencia es que toma una actitud muy dura, un
poco acompañando el ritmo que llevaba Bravo.
M.A.B.: El avala lo que hacía Bravo. En realidad toda la base lo hacía, o
conocía la actitud de verdugueada de Bravo y su custodia, y nadie dijo una
palabra, nunca se cambió de actitud pese a que permanentemente venían oficiales
que nos veían tirados en el suelo o contra la pared. Nunca después de esas
visitas cambió la situación. Así que era una cosa bien orquestada que ellos
asumían.
R.R.H.: Otro hecho intimidatorio eran los disparos de armas “accidentales” entre
comillas, desde los primeros días.
F.U.: ¿Disparos dónde, adentro?
R.R.H.: Sí, adentro de los pasillos que eran chiquitos.
F.U.: ¿Tiraban adentro?
R.R.H.: Ráfagas de tiros.
F.U.: ¿No tenían miedo al rebote?
R.R.H.: Nosotros estábamos adentro de las celdas y no se en que dirección harían
los disparos.
M.A.B.: Donde se abría el pasillo, vimos tres o cuatro impactos después de esos
días. A un oficial se le escapó un tiro de una cuarenta y cinco.
R.R.H.: En la celda estábamos con Mario Ulla, Quique Bonet y Toschi. Nos pusimos
a hacer un juego de ajedrez, con miga de pan las piezas blancas, y las negras
con polvo de ladrillo y agua. Y con las boletas esas, juntamos dos boletas e
hicimos el tablero, pintando los cuadros negros con polvo de ladrillo y agua. Ya
lo teníamos listo y llegó el tipo y arreó con todo; y fue la primera sanción que
nos dio, nos llevó adelante, nos requisó de nuevo, nos devolvió a la celda y nos
tuvo ahí desnudos, parados, en posición inclinada, con las manos apoyadas contra
la pared.
F.O: ¿Es bravo eso?
A.M.C.: Sí, es bravo.
M.A.B.: Nosotros también habíamos hecho bolitas con miga de pan. Vino la requisa
y nos hizo juntar las veinte o treinta bolitas que teníamos, y tirarlas. Es una
cosa absurda. O un regalito que nos había mandado el Cacho Delfino, un pollito
chiquitito hecho con miga de pan el cuerpo y las patitas con paja de escoba,
lindo. Vino la requisa y me armó un gran escándalo y me lo sacó.
A.M.C.: Después de eso no nos dejaban tener miga de pan en la celda después de
comer nos hacían barrer.
F.U.: Así hasta el 22.
A.M.C.: Otra cosa que indudablemente estaba dentro del plan de la masacre en la
base de Trelew, era que los cuatro turnos de guardia que había dividían el día
en pedazos de seis horas, pero el capitán Bravo se las arreglaba para estar
siempre de noche. La mayor parte de las guardias las cubría él con su equipo,
las nocturnas y las diurnas. Prácticamente yo diría que dormía un turno, seis
horas, y después estaba todo el día.
F.O: ¿Vos creés que tenían ya la orden de fusilamiento?
A.M.C.: Pienso que la fueron madurando ahí mismo.
F.O: ¿No les parece que fue determinación de afuera?
A.M.C.: Sí, porque la Junta de Comandantes se reúne en la víspera.
R.R.H.: Ahí yo creo que hay varios elementos, aquí, en el marco general de los
hechos. Por un lado, la masacre es un acto premeditado, pero no es inmediato a
la fuga, sino que es algo que ellos elaboran después de analizar una serie de
cosas entre las cuales se cuenta la actitud del gobierno de Chile, si daba o no
asilo a los compañeros. Y por otro lado, y fundamental, las relaciones con el
general Perón. En ese momento se estaba un poco definiendo el límite del plazo
dentro del cual el general Perón, para ser candidato, tenía que regresar.
Realmente ellos creían que la jugada de la cláusula del 25 de agosto era una
jugada muy importante, un poco una clave dentro del proceso electoral, para
limitar de hecho y legalmente, para ellos legalmente, la candidatura de Perón en
un acto eleccionario. Así, mediante una masacre de ese estilo, o mediante un
acto como el que luego hicieron, pueden haber pensado varias cosas: que si el
general Perón tenía intenciones de regresar, con ese hecho podían intimidarlo;
que eran capaces de asesinar para mantenerse en el poder y que tenían poder para
asesinar, para hacer una cosa de ese estilo impunemente. Por supuesto, ya el
general Perón había dejado en claro que él iba a volver cuando se le diera la
gana y cuando estuvieran dadas las condiciones. Pero seguía especulándose, es
decir, la perspectiva de que el general Perón volviera no había desaparecido;
hasta el último día ellos no tenían la certeza de nada.
M.A.B.: Yo lo completaría con algunos otros elementos. No los doy en orden, pero
los voy a ir señalando. Sabían quienes eran, la calidad de los compañeros que
estaban fugados, y que eran realmente un grupo de rehenes que lo podían jugar
muy bien. Eso, por un lado.
F.U.: ¿Los que estaban adentro?
M.A.B.: Sí. Habían tenido tiempo de estudiar quienes eran los que estaban en su
poder. Por otro lado, siguiendo con tu análisis, te voy a dar otro elemento:
creo que uno de los objetivos del GAN consiste también en aislar a Perón de la
guerrilla, y a la guerrilla del pueblo. Un poco cuando hablamos de ese trípode
que lo constituye Perón, el pueblo y las organizaciones armadas, con un golpe
así a la guerrilla y unido a eso, creo que el poder militar quería mostrar lo
que evaluaba como incapacidad de respuesta en ese momento, tanto de las
organizaciones como del pueblo. Pensaban que esa acción punitoria contra la
guerrilla iba a alejar a la guerrilla del pueblo, un poco porque la guerrilla,
digo, no estaba en condiciones de responder inmediatamente. Eso se demostró en
los hechos, nos golpearon y no pudimos en ese momento mostrar una capacidad de
respuesta inmediata. También estaba la incapacidad que se tenía en ese momento
de generar movilizaciones para denunciar un hecho así. Pienso que era una de las
cosas que el poder militar evaluó con la guerrilla. Es cierto que se estaba en
un momento bastante crucial, que no se sabía lo del 25 de agosto: un momento de
desconcierto.
F.U.: Vos lo que decís es que ellos evaluaron que las posibilidades de reacción
inmediata eran prácticamente imposibles, que en alguna medida era cierto, pero
creyeron que la no reacción inmediata suponía una neutralización.
M.A.B.: Claro, y el hecho de que nos podían golpear así iba a ser un
desprestigio que lo podían superar rápidamente. Y sobre todo, pienso que era
separamos a nosotros de Perón y del pueblo.
F.U.: Considerando la posibilidad de miedo por parte del pueblo y la posibilidad
de romper el proceso electoral
M.A.B.: Aparte que lo obligaban a Perón a definirse de alguna manera. Pienso que
son todos elementos que se juegan a nivel de decisión y que lo deben haber
estudiado.
F.U.: Con el aporte de las ideas que se iban madurando en la base seguramente.
Digo, como conjetura Un análisis político por un lado, y por otro lado el aporte
de estos señores que tenían la relación con ustedes.
M.A.B.: Yo creo que esto lo vinieron madurando desde bastante antes.
A.M.C.: Conversando con compañeros que habían sido detenidos en Trelew después
de la masacre, y que estuvieron acá en Villa Devoto, se rumoreaba que la orden
que ellos habían recibido, que había partido de la Junta, era arrasar con el
aeropuerto, que un poco fue uno de los elementos que hizo que la entrega fuera
inmediata. Se evaluaba que era necesario hacer una entrega antes de que llegaran
las órdenes de la Junta. Un poco el hecho de que ese grupo de la marina, a la
mañana ya estuviera avanzando sobre el aeropuerto, o sea, que la idea de
exterminio estaba jugando antes de la masacre. Aparte, es lógico por toda una
serie de hechos anteriores: se ve que dentro del GAN una de las piezas
importantes es, si bien no terminar con la guerrilla, darle golpes lo más
demoledores posibles. Por eso muchos compañeros, al ser arrestados e
identificados, eran asesinados. Directamente, o rematados.
F.U.: La aplicación de la pena de muerte, el remate de compañeros heridos en
operaciones.
R.R.H.: Desde mucho antes, esto viene pasando.
A.M.C.: Pienso que es parte de una política que alcanza en Trelew su más alto
grado. O sea, que esos elementos jugaban indudablemente., no es un hecho
totalmente aislado, una represión específica a la guerrilla.
M.A.B.: Yo diría, no solamente una represión específica a la guerrilla, sino a
todo un sector del pueblo, o que surge del pueblo, tratando de expresar su
descontento, porque no solamente es contra la guerrilla sino también contra las
movilizaciones.
F.U.: Como cae Jáuregui, por ejemplo, o como caen los compañeros anónimos, todos
los días, en las villa miseria. Es decir, que todo interés defendido por alguien
que pertenezca a una clase popular recibe ese tratamiento. Digamos que la
masacre que se va a producir está encuadrada dentro de una política de
exterminio concreto y de intimidación a través del asesinato, que produce el
régimen tranquilamente, desde muchos años atrás.
M.A.B.: Es toda la violencia en su forma más descarada.
R.R.H.: Forma parte de una política, Al saber ellos la gente que tienen en la
base, piensan: “le damos un fuerte golpe a la guerrilla”. Una política de
desarmar a los grupos embriones de vanguardia. Porque sabían el peligro que
implican. Yo creo que eso constituye un ejemplo claro de lo que fue el GAN. El
GAN no fue lo que declaró últimamente Lanusse, en los meses de abril y mayo,
después del triunfo del pueblo. El GAN fue una serie de maniobras maquiavélicas,
montadas con todo cinismo y con el claro fin de engañar nuevamente al pueblo; de
la mejor manera posible, eso si. De la forma más sabía, tratando de lograr así
el desplazamiento de Perón y la integración del Peronismo al sistema. Eso está
clarito, porque ahí se conjugan dos cosas: la represión violentísima, el
asesinato impune, por un lado, en la represión a la guerrilla, y la represión al
pueblo, porque la guerrilla no es sino la expresión política del pueblo en
condiciones de represión y opresión extremas. Por otro lado, la maniobra
política, el tan mentado “juego limpio”, en el cual se proscribe al general
Perón de una manera “legal”.
F.U.: La proscripción aparece como elemento que reemplaza a la posibilidad de
complicidad de Perón con la traición al pueblo. No te olvides que la política
del GAN se desencadena con el primer viaje de Paladino a Madrid, donde la misión
que tienen, según se dice, es pedirle a Perón la desautorización de las
formaciones especiales, cosa que Paladino no trae.
M.A.B.: Yo creo que todos los elementos que acá estamos señalando muestran la
faz represiva del GAN: aparte de ser una instancia que corresponde a un poder
que representa a determinados intereses, yo creo que con respecto a lo que fue
Trelew, es una maniobra muy vinculada a una política.
F.U.: No es un acto de histeria, digamos.
M.A.R.: Pienso que ahí si corresponde eso de que nosotros no evaluábamos bien de
que manera esa medida del GAN era la medida de un enemigo ya en retirada en
aquel momento, como lo vemos ahora con mucha más claridad. Trató así de
separamos de Perón impidiendo toda posibilidad de encuentro, que es lo que se
dio en los meses posteriores: la unidad entre un pueblo, las organizaciones
armadas y Perón. Creo que tienden directamente a eso.
F.U.: Ahora, también hay ahí un problema que es el tiempo récord en que las
formas de lucha, el grado de violencia como el que expresa la guerrilla, son
aceptados popularmente. Creo que los militares nunca supusieron que el pueblo lo
iba a aceptar, porque ellos creían que esto no era producto de un proceso que el
mismo pueblo venía haciendo, sino algo que venía