NOTAS EN ESTA SECCION
Scalabrini Ortiz: Norte ideológico de FORJA, por Francisco José Pestanha
Scalabrini Ortiz y 'el
poder detrás del trono', Roberto Bardini
Raúl
Scalabrini Ortiz y los ferrocarriles, por Fernando Pereyra y Alejandro Hugolini
Los humildes, Raúl Scalabrini Ortiz
Raúl Scalabrini Ortiz, Norberto Galasso
Prólogo
de "Política británica en el Río de la Plata" (1936), Raúl Scalabrini Ortiz
Harold Adam Innis y Raúl Scalabrini Ortiz
Scalabrini Ortiz y los
ferrocarriles
Scalabrini Ortiz, fiscal de
la Patria, Roberto Bardini
Scalabrini Ortiz y la otra
economía
La república de Otaria
(fragmento), Raúl Scalabrini Ortiz
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La página de Raúl Scalabrini Ortiz
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EL HOMBRE QUE ESTA SOLO Y ESPERA (PDF ZIP 493K)
Scalabrini
Ortiz: Norte ideológico de FORJA *
Por Francisco José Pestanha
[1]
"¡Creer! He allí toda la magia de la vida".
Raúl Scalabrini Ortiz
Debo reconocer que con Raúl Scalabrini Ortiz me ligan dos momentos
históricos significativos. El primero, vinculado a aquellas primeras
lecturas que influyeron marcadamente en la conformación ideológica de mi
juventud, allá por los comienzos de la década de 1980. El segundo, operado
hace unos diez años, oportunidad en que retomé los estudios relacionados con
el pensamiento nacional.
La reaparición de Scalabrini Ortiz en mi itinerario intelectual estuvo
rodeada de un componente intuitivo que me permitió, mientras los infaustos
acontecimientos políticos y sociales de los años 2000 y 2001 obliteraban las
esperanzas argentinas, recordar que el autor de Política británica en el Río
de la Plata perteneció a una generación que pergeñó en nuestro país una
profunda revolución estético-cultural, que precedió y a la vez determinó los
aspectos liminares de la tremenda convulsión política acontecida a partir de
octubre de 1945.
Convergiendo con tal reencuentro, un texto de Juan W. Wally con el que me topé providencialmente en Internet, Generación de 1940. Grandeza y frustración[2] -texto que afortunadamente verá la luz en los próximos meses- confirmó mis sospechas, y me brindó numerosas claves que demuestran que ese conglomerado de hombres y mujeres dotados de una profunda sagacidad, de un brillo intelectual y estético inigualables, no sólo cobrarán inusual protagonismo en las primeras décadas del siglo pasado en el campo de lo artístico, sino que además incidirán, a partir de su obra, en los acontecimientos sociales y políticos de la segunda mitad del siglo pasado. Dos prolíficas corrientes literarias revolucionarán el ambiente de la época, ciertamente influenciadas, entre otros, por Leopoldo Lugones y Macedonio Fernández. Leopoldo Marechal, Jorge Luis Borges, Raúl Scalabrini Ortiz, Roberto Arlt, Armando Cascella, Leónidas Barletta, Álvaro Yunque son hombres que expresan por sí solos toda una epopeya. Pero a la vez poetas como Enrique Santos Discépolo, Homero Manzi, Alfonsina Storni, entre tantos otros, emergieron como reguero para contar las cosas nuestras a partir del milenario arte de la rima. Nuevos pintores surgieron para pintar paisajes y sujetos comunes, y entonces, el estibador y el gaucho adquirirán definitivamente carácter de sujeto histórico de la mano de Quinquela Martín y Molina Campos. Comenzará además la hora de esplendor del tango con Celedonio Flores, Osvaldo Fresedo, Carlos Di Sarli, Juan D'Arienzo, Alfredo Le Pera, Azucena Maizani, etc. Además, una revalorización del folclore pondrá a nuestra música nativa en el centro de la escena, y el teatro costumbrista dará cuenta de una maravillosa fusión americana a través de las piezas de Samuel Eichelbaum y Armando Discépolo.
La revolución artístico-cultural que protagonizó la generación décima (tal como la denomina Wally) entre las décadas de 1920 y 1940, tendrá un componente hondamente revelador, ya que si bien algunos de los artífices incorporarán a sus respectivas obras ciertas herramientas propias del vanguardismo europeo, la mayoría de los productos estéticos y culturales que emergerán en esa época apelarán a componentes nítidamente endógenos. Hay en esta progenie entonces una clara orientación hacia lo identitario local -y por tanto- un evidente sentido nacional en su obra.
Scalabrini Ortiz es un claro exponente de esta descendencia que se inició en el campo de la literatura con un libro de cuentos y diálogos titulado La Manga (1923). Pero recién llegará al conocimiento público a través del El hombre que esta solo y espera -una Biblia porteña- publicado por la editorial Reconquista en el año 1931. Este texto, enclavado en la corriente cultural a la que venimos refiriendo, advertirá al lector en el prólogo que "no catalogue vacío de sentido a lo que en el interior de este libro llamo espíritu de la tierra", del cual nosotros somos células "infinitamente pequeñas de su cuerpo, del riñón, del estómago, del cerebro, todas indispensables. Solamente la muchedumbre innúmera se le parece un poco. Cada vez más, cuanto más son".
Entre otros factores políticos, sociológicos, culturales y económicos que incidieron en los caracteres principales de la producción de esta generación, podemos destacar tres.
En primer
lugar, es preciso referirse al fenómeno inmigratorio. El carácter aluvional
de la gran inmigración, en especial, en la ciudad de Buenos Aires, hará
tambalear los principios liminares sobre los que se asentaban los paradigmas
socioculturales de la época. Es por ello que estos hombres y mujeres
buscarán fortalecer desde un nuevo espíritu la cuestión identitaria, por
ejemplo, apelando provocativamente al martinfierrismo, a fin de rescatar la
herencia facúndica de nuestro país. Algunos de sus mentores, como Scalabrini
Ortiz, complementarán este rescate con una apelación al vigor de ciertos
aportes de los numerosos grupos que llegaban al país para asentarse
definitivamente, y desarrollarán en consecuencia una tesis multígena para
dar cuenta del componente social argentino.
En segundo lugar, los integrantes de esta descendencia serán testigos de un
fenómeno pocas veces analizado con rigurosidad suficiente: la convergencia
de los orilleros. Entre finales de la década de 1920 y principios de la de
1930 convergerán en las márgenes de la metrópoli aquellos primeros orilleros
desplazados desde hacía décadas por el impulso del "progreso" de los
vencedores de la batalla de Caseros; nuevas camadas de inmigrantes negados
de tierras y asentados en las orillas de la urbe, y los migrantes internos,
población rural expulsada de las labores agrícolas debido a la crisis del
modelo agro-exportador del año 1930. Este fenómeno sociológico sería de
notable importancia de cara a los procesos políticos que se avecinaban y
daría lugar a nuevas expectativas que serían retratadas por nuestros
artistas.
En tercer lugar, el rescate de la herencia federal del siglo XIX efectuada
por el revisionismo histórico y la formación de las primeras corrientes
nacionalistas provocarán una profunda reacción contra la anglofilia y la
francofilia de las elites culturales de Buenos Aires, y por tanto,
determinarán que un sector importante de esta generación se oriente hacia la
búsqueda de los rasgos principales de la identidad cultural y política
local. Debe tenerse en cuenta además que tanto Scalabrini, Jauretche como
Manzi son hombres nacidos en las provincias (Scalabrini nace el 14 de abril
de 1898 en Corrientes) que alternan en la gran metrópoli. Esta dimensión
provinciana se manifestará posteriormente en el ideario integrador forjista
que se conocerá luego como nacionalismo popular. Cabe además señalar que
este proceso se verá enriquecido por algunos aportes de las miradas de
orientación socialista muy características en las primeras décadas del siglo
pasado.
Por último, es preciso manifestar que esta profunda revolución estético-cultural no se circunscribió estrictamente al ambiente artístico. La reafirmación americana cruzó toda la vida argentina extendiéndose inclusive al campo de lo científico, a partir de luminarias como Carlos Astrada, Nimio de Anquín, Carlos Cossio, Arturo Sampay, Rafael Bielsa, Ernesto Palacio, Saúl Taborda, Tomás Casares, Leonardo Castellani, Juan Mantovani, Rodolfo Irazusta, Julio Irazusta y Manuel Savio, entre otras.
Antes de
concentrarnos específicamente en el fenómeno forjista, cabe hacer una breve
referencia al itinerario intelectual de Scalabrini Ortiz, ciertamente
compartido por otros exponentes del nacionalismo argentino. El joven
Scalabrini, durante su paso por la Facultad de Ciencias Físicas y Naturales
de la Universidad de Buenos Aires, participa activamente en una agrupación
política estudiantil denominada Insurrexit de orientación socialista
revolucionaria. Esta transición por la izquierda que deja una profunda
"huella en su espíritu"[3]
era bastante natural en aquellos jóvenes, ya que en la década de 1920, la
izquierda y el anarquismo aparecían como el primer elemento de reacción
contra el sistema opresivo. Además, Scalabrini proviene de una tradición
positivista impresa por su padre, Pedro Scalabrini, un prestigioso
naturalista. Nótese en este sentido, que igual itinerario comparten Ramón
Doll, quien tuvo un origen socialista incorporándose al nacionalismo en
1936, y Ernesto Palacio, quien en su juventud coqueteó con el anarquismo
para luego evolucionar hacia el ideario nacionalista. Aunque perteneciente a
una generación anterior, el mismísimo Leopoldo Lugones adhirió al socialismo
junto a José Ingenieros, Roberto Payró, Ernesto de la Cárcova, e inclusive
llegó a escribir en el periódico socialista "La Vanguardia".
El derrotero posterior de Scalabrini hacia el ideario nacionalista y popular
probablemente será consecuencia no sólo de sus propias apreciaciones y
descubrimientos respecto a la incidencia de Gran Bretaña en nuestra vida
institucional y económica. Además de Macedonio Fernández, influirán en su
pensamiento autores de la talla de José Luis Torres, Ernesto Palacio y los
hermanos Irazusta, con los cuales cultivará una intensa amistad. Un primer y
decepcionante viaje al Viejo Continente en 1924, y otro, en 1933, esta vez
con motivo de su exilio, confirmarán definitivamente sus preferencias y su
compromiso con la patria que lo vio nacer.
La aparición en su vida de don Arturo Jauretche en oportunidad de integrarse
este último al periódico Señales[4],
sobre el cual Raúl ejercía una influencia ideológica decisiva, llevará a
Scalabrini a acercarse en el año 1935 a una agrupación denominada FORJA,
Fuerza de Orientación Radical para la Joven Argentina, nucleamiento de clara
orientación yrigoyenista. Allí dará su primera conferencia el 30 de
septiembre de 1945.
Scalabrini nunca perteneció a la Unión Cívica Radical. De la copiosa
información que surge del repositorio documental que perteneciera a
Francisco José Capelli -último secretario general de la agrupación- y que
afortunadamente ha sido rescatado para los investigadores[5],
surge visiblemente que Scalabrini descreía absolutamente de la capacidad
revolucionaria de un radicalismo, ya por entonces, absolutamente cooptado en
su dirección por las huestes alvearistas, y por tanto, acoplado
armónicamente al orden oligárquico impuesto por el justismo.
Scalabrini se integrará formalmente a FORJA cinco años después de su
fundación, cuando reformado el estatuto, se elimina el requisito de
afiliación al radicalismo. Sin embargo, el compromiso inicial que asumió con
la agrupación le permitirá en poco tiempo ir convirtiéndose, como afirma
Norberto Galasso, en "su principal teórico"[6]
FORJA se estructurará entonces bajo dos pilares. Mientras Arturo Jauretche
se concentrará en importantísimas labores de construcción y articulación
político-institucional, Scalabrini centralizará su actividad en la
producción teórica, y por tanto, impulsará entre otras acciones la
publicación de los legendarios cuadernos (13 en total). Resulta notoriamente
falsa la afirmación que circula por ciertos cenáculos respecto de que FORJA
era una agrupación estrictamente radical. Scalabrini, como sostuvimos, se
incorpora a ella desde sus comienzos informalmente pero adquiere, como ya se
ha dicho, una importancia vital para la organización. Por su parte, la
presencia activa de hombres de la talla de Miguel López Francés, quien luego
será el corazón del gobierno de Mercante, Nicanor García, el jefe de FORJA
Mar del Plata, quizás la filial más importante en el interior del país, y
Darío Alessandro, entre otros, probará que FORJA contuvo en su seno y desde
sus inicios expresiones no vinculadas al partido centenario.
Resulta además inexacto afirmar que FORJA fue una agrupación esencialmente
integrada por intelectuales. Muy por el contrario, la labor articuladora de
Jauretche permitió, en primera instancia y a través de la figura del
legendario Libertario Ferrari, contribuir con la incipiente nacionalización
de las conciencias de las clases trabajadoras argentinas. Numerosas obras
así lo acreditan, entre las que se destacan las de Hiroshi Matsushita[7]
y Cristián Buchrucker[8].
Libertario Ferrari llega a ser miembro de la conducción de la CGT, y
paulatinamente transmitirá los contenidos forjistas al seno del movimiento
obrero. Entre tantos resultados, los documentos de FORJA contribuirán a
fortalecer la conciencia obrera respecto al imperialismo real, es decir, el
británico, ya que, tal como explican antiguos militantes del campo sindical,
mientras la diatriba de los componentes de la izquierda tradicional insistía
en vincular al imperialismo yanqui con todos nuestros males, los obreros
eran plenamente conscientes de que las empresas estratégicas de nuestro país
estaban bajo dominio británico. El trabajador, cuya inteligencia intuitiva
es vital, encontrará en el discurso forjista los argumentos para denunciar
lo que ya se sabía que sucedía. Por su parte, la acción forjista influirá en
los cuadros militares de la logia creada por el General Perón (GOU), en
especial, a través de la relación de Jauretche con el mayor Estrada. De esta
forma, cuadros militares jóvenes accederán, gracias a esta relación, a los
trabajos de, entre otros, Scalabrini, Torres y Del Río.
La labor de Scalabrini en FORJA proseguirá hasta el 1 de febrero de 1943,
fecha en que abandona la agrupación por ciertas discrepancias con su
conducción. Es a partir de esa fecha que dejarán de producirse los cuadernos
y que la creación teórica de FORJA disminuirá, reduciéndose fundamentalmente
a las labores preparatorias para la convulsión futura. En tal sentido, FORJA
es casi la única agrupación que saldrá a manifestarse a favor del
pronunciamiento del 4 junio de 1943.
No obstante su
alejamiento, Scalabrini dejará una impronta imborrable en la organización,
no solamente en lo que respecta a la denuncia de los oscuros lazos que nos
unían a un imperio como el británico, sino a otras cuestiones sumamente
vitales para el futuro de nuestro país que aún hoy no han sido definidas, y
en especial, aquella que refiere a la cuestión de nuestra conformación
nacional.
En un breve ensayo que denomina Principios para un orden revolucionario[9],
texto cuya ubicación se torna bastante dificultosa, ya que no ha sido
reeditado, y que fuera escrito a principios de 1946, Scalabrini define los
caracteres de nuestra nación a la que asigna el carácter de multígena. El
autor observaba en su época una tendencia hacia la conformación de al menos
dos tipologías nacionales: la monógena, basada en ciertos componentes
homogéneos en materia étnico-racial y cultural, y cuya referencia principal
era el modelo alemán, y la multígena, correspondiente a aquellas comunidades
de base diversa como la nuestra. Rescatando entonces la idea vasconceliana
de la raza cósmica y del encuentro, pero sin desconocer los componentes
altamente traumáticos del proceso de la conquista, Scalabrini, mirando
directamente a la realidad, presta especial atención a los caracteres
diversos que conviven en nuestra nación real y a la dimensión inclusiva de
tal convivencia. Scalabrini encuentra allí una multigeneidad que ya tiene su
idioma, su historia, sus instituciones, sus costumbres, su cultura, es
decir, una integración que se extiende hacia los primeros habitantes de
estas tierras y que resulta sumamente valiosa. Como hombre proveniente de
una tradición paterna naturalista, Scalabrini sabe que en la naturaleza la
homogeneidad es sinónimo de muerte y la heterogeneidad es sinónimo de vida,
y por tanto, nuestra diversidad constitutiva debe ser apreciada y
eficazmente conducida.
Scalabrini es esencialmente un patriota, ama a su tierra, y se esmera por
desarrollar una teoría de lo nacional sobre la base de la realidad, de lo
que es, en definitiva, el ser. Por eso incorpora al pueblo concreto en el
concepto de nación, distanciándose así de otros nacionalistas que
interpretaban que la nación había sido derogada en la batalla de Caseros.
Esta noción de nación es retomada por Juan Domingo Perón, un criollo que
supo comprender la multigeneidad de nuestros orígenes y llevarla a la
práctica en sus acciones.
Por último, Scalabrini nos deja otra enseñanza. Mientras luchaba denodadamente por la nacionalización de las empresas de servicios y la independencia económica, promovía una verdadera democratización del país a través de la formación de "nuevos cuadros patrióticos, nuevos diputados patrióticos, nuevos gerentes patrióticos". Coincide entonces con Arturo Jauretche y con Ernesto Palacio en que la Argentina necesitaba nuevas elites con conciencia nacional para llevar a cabo una empresa nacional. Más de cincuenta años después, similar mensaje nos legó Fermín Chávez, quien al sostener que "las crisis argentinas son primero ontológicas, después éticas, políticas, epistemológicas y recién por último económicas", nos advirtió que sólo una elite dirigente ligada orgánicamente a su pueblo y dotada de nítido compromiso nacional podrá superar ese trance ontológico que nos impide conducirnos hacia el destino digno y autosuficiente que nos merecemos
[1]
Francisco José Pestanha: es docente universitario y ensayista. Es
secretario académico de la Comisión Permanente de Homenaje a FORJA
y Presidente del Instituto de Estudios Estratégicos Malvinas,
Patagonia e Islas del Atlántico Sur. Es coautor de "FORJA, 70 años
de Pensamiento Nacional" en tres tomos editado por la Corporación
Buenos Aires Sur, y autor entre otras obras de ¿Existe un
Pensamiento nacional? de Editorial FABRO.
[2]
Juan W. Wally, "Generación de 1940. Grandeza y frustración",
www.pensamientonacional.com.ar
[3] Norberto
Galasso, "Scalabrini Ortiz", Cuadernos de Crisis, noviembre de 1975.
[4]
En Señales escribirán también Manuel
Ortiz Pereyra, Amable Gutiérrez Diez, Manuel Ugarte y Luciano
Catalano.
[5]
El repositorio se encuentra en el Museo
FORJA, patrocinado por la Corporación Buenos Aires Sur. Para
contactarse:
museoforja@argentina.com o telefónicamente al (011) 15 6058
0105.
[6]
Norberto Galasso, "Scalabrini Ortiz",
Cuadernos de Crisis, noviembre de 1975.
[7]
Hiroshi Matsushita, "Movimiento Obrero
Argentino. 1930-1945", Editorial Hyspamerica, 1986.
[8]
Cristian Buchrucker, "Nacionalismo y
peronismo. La Argentina en la crisis ideológica mundial. 1920-1955",
Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1987.
[9]
Raúl Scalabrini Ortiz, "Yrigoyen y Perón", Editorial Plus
Ultra, 1972.
*Se permite la reproducción citando la fuente
Scalabrini
Ortiz y 'el poder detrás del trono'
Por Roberto Bardini
"Estos asuntos de economía y finanzas son tan simples que están al alcance de
cualquier niño. Sólo requieren saber sumar y restar. Cuando usted no entiende
una cosa, pregunte hasta que la entienda. Si no la entiende es que están
tratando de robarlo. Cuando usted entienda eso, ya habrá aprendido a defender la
patria en el orden inmaterial de los conceptos económicos y financieros".
Raúl Scalabrini Ortiz
Este consejo simple y genial, vigente hasta hoy, puede leerse en una
recopilación de artículos periodísticos titulada Bases para la Reconstrucción
Nacional (Editorial Plus Ultra, 1965). Su autor es Raúl Scalabrini Ortiz
(1898-1959), un
ingeniero nacido en Paraná, Corrientes, el 14 de febrero de 1898.
Conferencista, autor de cinco libros (entre ellos El Hombre que está Solo y
Espera, 1931), varios folletos y gran cantidad de artículos periodísticos,
durante muchos años Scalabrini Ortiz fue silenciado por la prensa oficial,
combatido por conservadores y liberales, despreciado por las editoriales
'cultas' e ignorado por la mayoría de la izquierda. Hoy su obra tiene tanta
vigencia como en su época.
El 4 de octubre de 1929 estalla el 'jueves negro' de Wall Street: la caída de la
bolsa en Nueva York desencadena una crisis económica mundial que se extiende
toda la década siguiente. En Argentina caen los precios de las exportaciones, se
devalúa el peso, crece la desocupación. En 1930, con el primer golpe militar del
siglo XX contra un gobierno democrático, el presidente Hipólito Yrigoyen es
derrocado y comienza la Década Infame.
Scalabrini Ortiz es agrimensor y quiere saber por qué en Argentina, 'el granero
del mundo', hay hambre. Hace un inventario de todos los puertos, ferrocarriles y
frigoríficos e indaga quiénes son los dueños. Descubre que Inglaterra se lleva
todas las ganancias. Inicia entonces la labor que ocupará el resto de su vida:
denunciar el dominio financiero de Gran Bretaña y señalar a sus cómplices
locales.
En 1933, Scalabrini escribe en el diario Noticias Gráficas: '(...) ya hemos
entregado al capital extranjero las vías de comunicación terrestre y fluviales y
el monopolio del comercio de granos y de la industria de la carne. Todo aquí
está bajo el dominio extranjero. Extranjero es la mayoría del capital bancario,
extranjeras las grandes empresas de recreaciones públicas, extranjera una parte
abrumadora del capital invertido en hipotecas, extranjeros los tranvías y los
medios urbanos de movilidad, extranjeros los poseedores de acciones de una
increíble proporción de sociedades anónimas que embanderan sus edificios en los
días patrios. Extranjeros son también los acreedores del Estado (...)'.
¿Cómo era aquella época en Argentina? Sir David Kelly, ex embajador británico en
1919-1920 y 1942-1946, es autor de El Poder detrás del Trono (editorial
Coyoacán, Buenos Aires, 1962), un ilustrativo librito de 80 páginas, hoy difícil
de conseguir. El título hace referencia al Círculo de Armas, un selecto núcleo
reunido a la sombra del exclusivo Jockey Club. En las paredes del Círculo había
fotografías de políticos, generales y almirantes ingleses de las dos guerras
mundiales -desde lord Horatio Kitchener hasta Bernard Montgomey, lord de El
Alamein- con sus correspondientes dedicatorias.
En el prólogo al libro, Jorge Abelardo Ramos escribe: 'Toda la fuerza del
imperialismo inglés en Argentina habría resultado insuficiente sin esa
anglofilia de que estaban penetrados todos los partidos, desde el partido
conservador hasta el radical alvearista, desde el socialismo de Juan B. Justo
hasta el comunismo de Codovilla, desde el librecambismo universitario hasta la
literatura de Borges, desde los toros Shorton hasta los caballos pur sang.
Mariano de Vedia y Mitre traducía, en los ratos que le dejaba libre la
Intendencia Municipal durante la Década Infame, a Byron, y Julio Roca, el
vicepresidente, a Shelley. Los laboriosos versos aparecían publicados en La
Nación, mientras el presidente de los ferrocarriles británicos en Argentina,
Guillermo Leguizamón, era llamado por sus íntimos, y trascendía al lenguaje
amable de los diarios, sir William. No escapaban al admirado modelo insular ni
los pinches que escribían a máquina en la embajada argentina en Londres; un mes
después de haber abandonado Corrientes y Esmeralda estaban en Inglaterra de
rodillas se cubrían el cráneo con una galerita, llevaban sobretodo largo y
caminaban con un paraguas en la mano'.
En 1935, Scalabrini Ortiz es uno de los fundadores de la Fuerza de Orientación
Radical de la Juventud Argentina (FORJA), junto a Arturo Jauretche, Gabriel del
Mazo, Luis Dellepiane, Homero Manzi, Julio Darío Alessandro y otros. FORJA nace
como una tendencia interna de la Unión Cívica Radical, de la que se separará en
1940. El grupo funciona en un viejo sótano de la avenida Corrientes al 1200 y
reúne a unos 200 jóvenes que, en gran parte, son de clase media. Su ideología se
encuadra dentro del nacionalismo popular y su manifiesto afirma: 'Somos una
Argentina colonial, queremos ser una Argentina libre'. Los forjistas son
acusados simultáneamente de 'marxistas', 'nazis' y 'pro estadounidenses'. Ellos
replican: 'Ni conservadores, ni socialistas, ni radicales, ni comunistas, ni
fascistas pueden decir al pueblo la verdad sobre la tragedia que vive la
patria'.
A través de las conferencias y los Cuadernos de FORJA, Scalabrini se convierte
en el gran fiscal nacional contra la entrega. Apunta y da en el blanco del
problema clave de entonces: la red de ferrocarriles controlados por Inglaterra,
a la que define como 'una inmensa tela de araña metálica donde está aprisionada
la República'.
Los británicos, afirma Scalabrini, aportaron capitales mínimos, inflaron los
beneficios, aumentaron o bajaron las tarifas para boicotear a las industrias
nacionales, recibieron miles de hectáreas de regalo junto a las vías, no
cumplieron ninguna función de fomento en las provincias pobres. Además, trazaron
el tendido de acuerdo a sus intereses comerciales: los rieles, en lugar de
comunicar el país de norte a sur, confluyen a Buenos Aires, la ciudad-puerto,
capital del país-factoría.
En El poder detrás del Trono, David Kelly escribe: 'La colonia británica [en
Buenos Aires], aunque menos importante que cuando la conocí en 1919, era todavía
la más numerosa y más próspera colonia británica fuera del Imperio'. El ex
embajador afirma que el control de los ferrocarriles estaba en Londres, 'en mano
de una docena o más de directores ya ancianos, de los cuales la mayoría eran
gerentes retirados sin influencias, y que vivían recordando la Argentina de
antes de 1914'. Y agrega que de 'los viejos directores londinenses, dicho sea de
paso, ni uno solo había visitado el país por largos años'.
Scalabrini condena desde el semanario Señales, la entrega del país a las
empresas inglesas. Tenaz, publica varios Cuadernos de FORJA: Política Británica
en el Río de la Plata (1936), Los Ferrocarriles, Factor Primordial de la
Independencia Nacional (folleto, 1937), El Petróleo Argentino (1938), Historia
del Ferrocarril Central Córdoba (1938), Historia de los Ferrocarriles (Revista
Servir, 1938) e Historia del Primer Empréstito (1939). En 1940 publica dos
libros: Historia de los Ferrocarriles Argentinos y Política Británica en el Río
de la Plata.
En su prólogo a El Poder detrás del Trono, escrito en 1962, Abelardo Ramos
señala: 'Hace 150 años que los ingleses empezaron a intervenir decisivamente en
nuestra vida, y sin embargo el material de lectura y estudio que pueden
consultar los interesados es insignificante. No será ocioso añadir que aquellos
patriotas que como Scalabrini Ortiz se atrevieron a desgarrar el velo de
silencio sobre la rapiña británica, fueron borrados de la vida pública y
declarados muertos civiles'.
En 1942, Scalabrini no tenía trabajo. El 13 de enero de ese año publicó en el
diario La Prensa el siguiente aviso:
'Caballero argentino, casado de 44 años, con amplias relaciones, estudios
universitarios, técnicos, una vasta cultura general, científica, literaria y
filosófico, con experiencia general y profunda de nuestro ambiente económico y
político, ex redactor de los principales diarios, autor de varios libros
premiados y de investigaciones, aceptaría dirección, administración o consulta
de empresa argentina, en planta o en proyecto, en los órdenes de la industria,
comercial o agrario. Dirigirse a Raúl Scalabrini Ortiz, calle Vergara 1355,
Vicente López'.
El ingeniero se adelantó en 50 ó 60 años a varios de sus compatriotas que hoy
manejan un taxi o despachan en un kiosko. Murió el 30 de mayo de 1959, a los 61
años. Había vuelto a trabajar como agrimensor y vivía modestamente con su esposa
y sus cinco hijos.
Roberto Bardini (Bambú Press)
Raúl
Scalabrini Ortiz y los ferrocarriles (Entre el silencio y la burla)
Por Fernando Pereyra y Alejandro Hugolini
(Seleccionado en el segundo Concurso de Escritos Documentales Rodolfo Walsh)
1- La política británica. El ferrocarril como factor primordial del antiprogreso
Si bien la década infame se caracterizó por un alto nivel de corrupción
inescrupulosa, la cada vez mayor dependencia económica de Inglaterra, su control
sobre nuestra economía y a través de ella de nuestra soberanía, que nos impedía
desarrollarnos como nación y forjar nuestro propio destino, hizo de aquellos
años los años infame. Pero para muchos argentinos nuestro principal mal radicaba
en la corrupción y por lo tanto el problema de los ferrocarriles era su
corrupción, sin ver que era el arma más poderosa de Gran Bretaña para
mantenernos a su merced.
Raúl Scalabrini Ortiz, en cambio, consideraba al ferrocarril como principal arma
de sometimiento y así lo analizaba y denunciaba.
"El instrumento más poderoso de la hegemonía inglesa entre nosotros es el
ferrocarril. El arma del ferrocarril es la tarifa... Con ella se pueden impedir
industrias, crear zonas de privilegio, fomentar regiones, estimular cultivos
especiales y hasta destruir ciudades florecientes. Es un arma artera, silenciosa
y, con frecuencia, indiscernible hasta para el mismo que es víctima de ella". Y
sin quedarse en las definiciones ideológicas apelaba a los números: "Para
impedir la simple industria de la molienda... una bolsa de harina remitida a
Salta paga $ m/n 2.53 si se envía de Córdoba (862 km.) y solamente $ m/n 2.06 si
se la remite desde Buenos Aires (1600 km.). Es decir que la molienda es
imposible en Córdoba y el salteño tiene forzosamente que alimentarse con harina
molida en Buenos Aires...Para hacer 100 km. de recorrido, el trigo que va
directo a Buenos Aires paga $ m/n 4.97. Con el mismo recorrido, el trigo que va
a cualquier otra estación de la línea paga $ m/n 6.15... La harina que sale de
Buenos Aires para cualquier estación paga con un recorrido de 100 km. $ m/n
5.95. Si sale de una estación del interior, por el mismo recorrido paga $ m/n
7.36".
Con la tarifa del ferrocarril como arma principal, Inglaterra mantenía a la
Argentina en el primitivismo agrario. Con una trama semejante a la de la tela de
araña, lo ingleses expoliaban al país, lo exprimían a través del puerto de
Buenos Aires y por allí entraban los productos manufacturados, con los cuales
nos pagaban el saqueo a nuestras materias primas y por ese mismo motivo las
tarifas se encargaban de impedir cualquier emprendimiento industrial, por más
sencillo que fuera, o centralizarlo en Buenos Aires bajo el control de los
comerciantes ingleses asentados en esa ciudad.
Por todo eso, decía Scalabrini Ortiz: "El ferrocarril no es argentino nada más
que para maniatar, para usar, sofocar y explotar los productos naturales, es
decir, que sólo es argentino como factor primordial del anti-progreso".
En cuanto espacio editorial y tribuna tuviera lugar, Scalabrini Ortiz se
encargaba de alertar sobre el factor de anti-progreso del ferrocarril inglés y
promovía y defendía, por lo tanto, su nacionalización.
2- La revolución peronista. El ferrocarril como factor de desarrollo nacional
Cuando a partir de la revolución del 4 de junio de 1943 y la llegada al poder
del entonces coronel Perón, comienzan una serie de medidas nacionales (creación
del Banco Industrial --3-04-44--, nacionalización del gas --17-04-44--,
expropiación de la usina eléctrica de Tucumán -25-04-44) que permiten hablar de
la nacionalización de los ferrocarriles, un ejército de argentinos funcionales a
los intereses ingleses (conscientes o no de ello) comienzan a pregonar que los
ferrocarriles son "hierro viejo" y que no vale la pena comprarlos, y ahí está
nuevamente la voz de Scalabrini Ortiz para decir: "Esos 'hierros viejos'
contienen el comienzo de la independencia argentina. Ningún progreso será
posible mientras ellos permanezcan al extranjero".
Defensor acérrimo de la nacionalización de los ferrocarriles, lo llevará a
interpelar a Perón al respecto en dos ocasiones. La primera por el año 1944 y
ante la solicitud de la nacionalización, el coronel Perón se compromete a la
nacionalización, sin antes "renovar algunos obstáculos". La segunda: cuando
Perón ya era el flamante presidente, Scalabrini Ortiz se reúne con él y luego de
una larga charla le deja un memorándum donde afirma que es necesario la
nacionalización para poder organizar el sistema fundamental de transporte, la
circulación interna y la diseminación de las industrias; comenzar a tener
dominio real y efectivo sobre nuestro propio suelo; procurar el desenvolvimiento
de regiones sumidas en un verdadero letargo, entre otras cosas.
Luego de esa reunión con Perón, Scalabrini funda "Unión Revolucionaria" y la
"Comisión pro nacionalización de los ferrocarriles", organizaciones con las que
lanzará una campaña por la nacionalización de los ferrocarriles con el fin de
favorecer la conciencia en el pueblo de la necesidad de la medida y facilitar la
tarea del gobierno.
En diversas conferencias, notas, cartas y entrevistas con legisladores y
autoridades del gobierno, Scalabrini luchará contra los intereses ingleses y sus
personeros locales que se opondrán a la compra de los ferrocarriles utilizando
el discurso de "hierro viejo" y, más adelante, la de la ya conocida Coordinadora
de transporte. Scalabrini dirá entonces: "Quien afirma que los ferrocarriles son
hierro viejo, afirma una verdad clara como la luz del sol. Pero quien de allí
deduce que no deben ser expropiados y nacionalizados incurre en un error de
lógica porque no ha percibido el problema en toda su dimensión. El material
ferroviario está viejo indudablemente... Pero a pesar de esto, el poder de los
ferrocarriles no ceja... Aunque el material se ponga viejo, el poder político de
los ferrocarriles se muestra lozano y brioso... Por eso el problema ferroviario
puede sintetizarse en la simple fórmula: adquirir los ferrocarriles equivale a
adquirir soberanía". Y esto es así porque con la nacionalización se podrá
"regular la circulación interna de mercaderías y de pasajeros, orientar las
corrientes de tráfico y de comercio exterior, distribuir la fabrilidad y las
manufacturas, diseminar la actividad y la población, estimular las iniciativas
de las provincias sofocadas por el alejamiento ferroviario y organizar
coordinadamente el transporte del país".
Anticipándose a las políticas antinacionales que vendrán después del '55 y que
buscarán deshacerse de los ferrocarriles porque dan "pérdidas", Scalabrini Ortiz
afirmará: "En busca de la ganancia el ferrocarril aniquiló a las industrias del
interior... Para que el ferrocarril nacionalizado puede orientarse en el
exclusivo servicio del país, es indispensable liberarlo de la tiranía del
interés"
El 13 de febrero de 1947 se firma el contrato de compraventa de los
ferrocarriles británicos por el Estado, los cuales junto al IAPI, la Junta
Nacional de Granos, la Fuerza Mercante, el Banco Industrial, la nacionalización
del gas y usinas eléctricas, el gobierno peronista se apresta a desarrollar una
política industrialista con justicia social y desarrollo equitativo del conjunto
de la nación.
3- El golpe de los infames. En busca de la destrucción de los ferrocarriles y su
reprivatización.
Pero el proceso revolucionario, nacional y popular del peronismo es congelado en
el '55 con el golpe genocida de la Revolución Fusiladora de septiembre. Entonces
se lanzará una campaña de desprestigio hacia el control del estado sobre los
resortes de la economía. Se dirá del ferrocarril y de toda empresa
nacionalizada, que dan déficit y, por lo tanto, que debemos deshacernos de
ellas.
Nuevamente Scalabrini Ortiz saldrá a la defensa de los ferrocarriles y dirá: "El
déficit no es por sí mismo un indicio y menos aún una prueba de que un
ferrocarril esté mal administrado, porque puede estar al servicio de un
propósito distinto al de su propia ganancia". No se cansará de explicar como el
ferrocarril, cuando era administrado por los ingleses, servía a los intereses
ingleses que no era otro que la expropiación de nuestras materias primas a bajo
costo y la invasión de sus productos manufacturados, para lo cual debía mantener
a la Argentina en el primitivismo agrícola, impidiendo toda industrialización.
"El ferrocarril moldeó a la Argentina de acuerdo a las conveniencias exclusivas
de Gran Bretaña", dirá Scalabrini. Por eso "el ferrocarril nacionalizado debía
ante todo combatir esa conformación que resultaba monstruosa desde un punto de
vista nacional. Pero combatirla equivalía a luchar contra sus propias
conveniencias financieras... La obligación primordial del ferrocarril
nacionalizado no debe ser la de servir a un capital dado o la de alcanzar con
sus ingresos un monto dado para cubrir sus gastos de operación, sino la de
servir, en la forma más eficaz, la parte de la vida nacional que depende de sus
actividades. La cuantía del déficit no es por lo tanto, signo de mala
administración por sí misma. Puede ser la consecuencia inmediata del esfuerzo
que está haciendo el ferrocarril por reacondicionar la vida nacional".
Pero claro, las fuerzas del anti-progreso y de la dependencia habían vuelto a
gobernar y a recorrer el camino de la desindustrialización y achicamiento del
Estado. Estos sectores de poder, que habiendo dejado de ser pro-británicos se
habían trocado en pro-yanquis, comenzaron una política de desprestigio con el
único fin de entregar las riendas del país al poder de la plutocracia. A partir
del Plan Prebisch se buscó generar una crisis económica que les permitiera
descapitalizar al país, liquidar las empresas estatales y entregarlas a los
intereses imperialistas. Claro que, el crecimiento del país durante el peronismo
y los intereses industriales creados impiden, a la caída de Perón, un inmediato
retroceso al 3 de junio de 1943 pero ese camino se seguirá, lenta pero
inexorablemente hasta su concreción.
Desde la infame Revolución Libertadora y hasta la segunda década infame de los
noventa se llevan adelanta programas económicos que generan desocupación, bajo
nivel de vida popular con la consiguiente limitación del consumo interno y la
subsiguiente liquidación, al no contar con mercado interno fuerte, de la
industria nacional.
Congelamiento de salarios, créditos a las grandes empresas en detrimento de las
Pymes, entrega de la banca al imperialismo financiero, despojo de los aranceles
aduaneros de su carácter proteccionista, represión a la lucha popular genocidio
mediante, hacen de la argentina el país dependiente que el peronismo destruyera
en diez años de gobierno.
Primero la Revolución Libertadora y la fabricación de la crisis. Luego el
frondicismo y el imperialismo industrializador. Le siguió el onganiato y la
abierta entrega de la economía a la plutocracia. El genocidio de finales de los
setenta y el vaciamiento político de los ochenta permitieron que el menemato
concluyera la obra: achicamiento del Estado y entrega del patrimonio nacional,
total liquidación de la industria, creciente concentración de la riqueza,
vaciamiento de valores en toda la población en general y en la juventud en
particular. Por supuesto, los ferrocarriles no quedaron exentos y se los
liquidó...
4- El desguace ferroviario: en cada ramal cerrado florecerá un shopping
"Ramal que para, ramal que cierra", tal el dogma menemista de inspiración
inquisitorial. Durante los noventa se lo ejecutó en sintonía con aquella
costumbre medieval de tirar al río, atados, a los acusados de brujería: si
sobrevivían eran rematados por sus vínculos con el demonio (que los había
ayudado). Si morían eran inocentes, pero ya estaban muertos. Así, se sometió a
los trabajadores a la indignidad de ver destruir su universo cotidiano, después
de treinta o más años en el ferrocarril.
Pero como toda la política menemista se realizó con un sentido antinacional pero
"populista", los pueblos que sobrevivieron recibieron en donación las
instalaciones ferroviarias. Basta viajar por Córdoba y Santa Fe para ver las
"casas de la cultura" que cada ciudad o comuna ha montado como pudo en los
galpones ferroviarios, en la estación, en los talleres.
Rosario, con un poco más de un millón de habitantes y un importante desarrollo
ferroviario ligado al puerto y al transporte de pasajeros, cuenta con vastísimos
espacios e instalaciones que de a poco han sido transferidos y "recuperados". El
menemismo sazonó el festín sangriento de la muerte del ferrocarril con la
expulsión de los trabajadores en simultáneo con la elevación de la edad
jubilatoria. Muchos, que habían dado los años más productivos de su vida a los
ferrocarriles estatales, fueron mal indemnizados y debieron esperar cinco años
-a veces por una diferencia de seis meses- para poder ser jubilados argentinos.
En Rosario, la crónica del desguace es terrorífica:
En 1987 el F.C.G. Belgrano clausuró las instalaciones de carga del la antigua
terminal del ex F.C. Santa Fe: la Municipalidad levantó las vías y destinó el
predio al Centro de Convenciones "Patio de la Madera", un espacio de ferias y
eventos, con un área verde que cada tanto ocupan los circos, un Mc Donald's, una
escultura de Pérez Celis y una estatua de Gardel.
En 1987/88 se levantaron las vías del acceso al puerto del F.C.C. Argentino, a
un costado de la estación Rosario Central, en el túnel, se construyó un tramo de
la futura "Avenida Ribereña Central".
Durante 1993, y continuando con la construcción de la Avenida Ribereña Central,
la Municipalidad destruyó las instalaciones ferroviarias ubicada en Av.
Wheelwright entre Italia y Balcarce, que databan de 1868/70 y había sido los
primitivos depósitos de locomotoras y talleres del F.C.C. Argentino.
En 1997 se avanzó en la obra, levantando las vías hacía el este, que conectaban
con la estación Rosario central, y abortando cualquier posibilidad futura de
reactivar la misma. El edifico de la Estación Antártida Argentina, situado en el
antiguo barrio ferroviario Fisherton, en el oeste de la ciudad, fue transferido
por el ENABieF a la Municipalidad de Rosario, que pretendiendo restaurarlo
terminó modificándolo para que se utilice como salón de exposiciones.
También en 1997 el Ente Nacional Administrador de Bienes Ferroviarios (ENABieF)
llamó a a licitación para la venta de los terrenos de los Talleres Rosario del
F.C.C Mitre, dejando para el concecionario NCA (Nuevo Central Argentino) un
pequeño sector con frente a la Avenida Alberdi. En 1998 se adjudicó a un
consorcio internacional que construirá, por supuesto un shopping, oficinas,
viviendas, supuestamente presenrvando alguna construcción original. En junio de
1999 se dio inicio a los trabajos de demolición y limpieza
En 1999 se continuó la avenida hacia el oeste, levantando la vía de trocha
ancha, en terrenos de la estación "Embarcaderos" del F.C.C. Belgrano, para
trazar la "Avenida de las Tres Vías" (donde no hay vías y los carriles son dos).
También en 1999, la estación Rosario Norte fue destinada a la Secretaría
Municipal de Cultura y Educación -una hermana mayor de las "casas de cultura"
pueblerinas- , aunque compartiendo el edificio con Tu.Fe.S.A. que mantiene dos
servicios semanales entre Retiro y Tucumán y el concesionario de cargas Buenos
Aires al Pacífico (BAP).
En octubre de 1999 el ENABieF transfirió a ala Municipalidad de Rosario la
estación Rosario central, donde se instaló el Museo de Ciencias, e tanto que las
oficinas ferroviarias aledañas, ubicadas sobre Avenida Wheelwright y donde se
destaca el histórico reloj, serán destinadas a futuro al Distrito Centro de la
administración municipal.
5- Raúl Scalabrini Ortiz, objeto de burla de los "progresistas de izquierda"
Pero la política antinacional y antipopular que supone desguazar el ferrocarril
y privar al conjunto del pueblo de un medio de transporte económico, eficaz y
limpio, tiene un costado cercano al sadismo.
Durante 1998, la Municipalidad de Rosario obtuvo el dominio de un terreno
perteneciente al ex depósito de locomotoras Diesel Eléctricas Rosario del F.C.G.
Mitre, lo demolió para dar lugar al "Parque Scalabrini Ortiz".
El 4 de agosto de 2004 se inauguró en los ex galpones Peñaflor (donde se
antiguamente se almacenaba cereal) el Complejo Puerto España, un espacio de 20
mil metros cuadrados con restaurante para 240 personas y estacionamiento, luego
se agregarán un gimnasio, un bar vidriado sobre pilotes al borde de la barranca.
La concesión es por 15 años con opción a cinco más, la inversión de sólo 700 mil
pesos.
La "primera etapa" del complejo Scalabrini Ortiz se habilitará en marzo de 2005:
un megacomplejo comercial de 150 locales (Alto Rosario, de IRSA, propietaria
también de Patio Bullrich, Alto Palermo, Abasto Buenos Aires, Alto Avellaneda,
Alto NOA, entre otros), un supermercado Coto,14 salas de cine, museos y
oficinas. La inversión, anunciada como si fuera extraordinaria, será de 60
millones de pesos: baste decir para dimensionarla que en una obra importante
pero menor, el gobierno nacional destinó 85 millones para reparar la
circunvalación rosarina y todas las rutas de acceso a la ciudad, incluyendo un
mantenimiento por tres años.
Para la segunda etapa, una cuña de cien hectáreas de las mejores tierras de
Rosario, sobre el río Paraná, la Municipalidad llamó a un concurso de ideas para
luego llamar a una licitación internacional. Se supone que es posible construir
hoteles, oficinas y viviendas frente al río y abrir vías rápida con una
inversión que entienden "millonaria".
La lógica perversa del neoliberalismo, sostenida en Rosario por un gobierno
"socialista", dice que todas las instalaciones eran nidos de ratas y basura,
ahora serán shoppings y darán trabajo, como si abrir espacios de servicio donde
nada se fabrica ni se cultiva generara poder adquisitivo y compradores. O como
suponer que la lluvia genera las ranas que cantan en el charco. La famosa
generación espontánea.
Abriendo cien centros comerciales: ¿los rosarinos tendrán más dinero para
indumentaria, alimentos o artículos del hogar? Lo que ocurrirá es que se
repartirán los clientes con otras grandes áreas (Carrefour, Makro, Libertad o la
firma local La Gallega)
Pero además, es falso de toda falsedad que las grandes áreas generen puestos de
trabajo: es más posible que los destruyan. El indec ha señalado que comparando
junio de 2003 y junio de 2004, las grandes áreas aumentaron un 10,5 por ciento
sus ventas, un 8,4 por ciento su facturación -por la baja de precios- y
expulsaron a 3421 trabajadores a la calle. Venden más, ganan más, destruyen a
los pequeños comercios y expulsan trabajadores. Sin hablar de las condiciones
laborales de los que quedan adentro, sometidos a trabajo domingos, feriados,
navidades o fechas patrias.
La perla de la burla a un patriota como Raúl Scalabrini Ortiz será la ejecución
del plan circunvalar: una red ferroviaria alrededor de la ciudad para que las
multinacionales cerealeras aumenten aún más sus ganancias. Porque pareciera no
bastarles con el valor de cambio del dólar, la evasión impositiva, la exención
de impuestos provinciales en Santa Fe o la baja de impuestos municipales que
promovió y concretó el anterior gobierno socialista de Rosario.
Ponerle Scalabrini Ortiz a un emprendimiento privado y muchas veces
multinacional montado sobre un ferrocarril desguazado, es como ponerle Ghandi a
una cámara de gas, Ernesto Guevara al palacio de Buckingam o Peronismo al
gobierno de Menem.
Como Scalabrini, "queremos los trencitos". Europa y Estados Unidos los tienen y
los sostienen. Mueven su economía con apoyo del ferrocarril. Sus alcahuetes
políticos y mediáticos dicen que acá son inviables. Decían lo mismo del correo
estatal, que hoy da ganancias y está conducido por los trabajadores.
Nos oponemos a la desaparición del ferrocarril nacional para la instalación de
los shoppings multinacionales.
Nos oponemos a la entrega barata del patrimonio estatal, acumulado con el
esfuerzo de nuestros abuelos y padres.
Nos oponemos a la proliferación de los espacios posmodernos, a los "no lugares"
con que se identifica el mediopelo argentino.
Nos oponemos a la pérdida de la memoria, a la cultura de la banalidad, a las
grandes áreas de productos importados que destruyen la producción nacional, a
que los gobernantes y algunos profesionales liberales -en todo el sentido del
término- nos quieran hacer creer que se trata de progreso, que los que nos
oponemos somos retrógrados.
Aunque es posible que seamos retrógrados, como decían don Leopoldo Marechal.
Porque atrás podemos reconocer un país con justicia, con trabajo, con
ferrocarriles, con empresas estratégicas, con dignidad, con sano orgullo, con
sentido de patria y de pueblo, con las esperanzas intactas.
Sí, somos retrógrados.
Somos retrógrados pero no oscurantistas. Retrógrados porque queremos ir de la
oscuridad actual, con veinte millones de compatriotas sumidos en la pobreza y en
la deseperación, hacia la luz de un país con paz, pan y trabajo, hacia la luz de
la justicia que la Argentina consiguió hace cincuenta años y que fue destruida
por la fuerza del imperialismo a través de los golpes cívico-militares y
gobiernos títeres en períodos democráticos.
Queremos ferrocarriles, no shoppings. Es nuestra obligación honrar las luchas
históricas de nuestro pueblo.
Fuente: www.documentalistas.org.ar
Los
humildes
Por
Raúl Scalabrini Ortiz
Del libro La Manga, Raúl Scalabrini Ortiz [Publicado en 1923 y reeditado por
Librería Histórica, Buenos Aires 2003]
Asomado a mi ventana, veo cotidianamente el desfile monótono de una muchedumbre
que va por la mañana y vuelve por la tarde.
Cuando el viento viene del Sur y el claro cielo destaca su azul sobre los
grandes cúmulos blancos, el humo de la chimenea próxima se alza glorioso hacia
el zenit y corre hacia el norte. La muchedumbre, displicente, va por la mañana y
vuelve por la tarde.
Si el viento llega del Norte, la atmósfera, pesada y turbia, ensucia el
horizonte y la columna de humo huye al Sur, penosamente, sobre los tejados. La
muchedumbre va por la mañana y vuelve por la tarde.
En el invierno las lluvias arrecian, las ventanas se cierran, las flores
desaparecen de los balcones y los árboles deshojados jalonan tristemente las
calles. Bajo la inclemencia del tiempo, tiritando, la muchedumbre va por la
mañana y vuelve por la tarde.
El sol vuelca en el verano su cálido aliento y llena de reverberaciones las
calles. Las sombras violentas de los edificios varían las perspectivas.
Sudorosa, la muchedumbre va por la mañana y vuelve por la tarde.
Cuando era niño y lo contemplaba todo con mis grandes ojos indiferentes, no
prestaba atención a la muchedumbre que iba por la mañana y volvía por la tarde.
Al presente, pienso a menudo en esa muchedumbre triste, resignada, siempre
variable y aparentemente la misma, que va por la mañana y vuelve por la tarde.
Pasarán los años. Mi recuerdo se borrará, porque hasta los pocos que pudieran
conservarlo, pasarán también. Y la muchedumbre irá por la mañana y volverá por
la tarde.
Fuente:
contratiempo
Raúl Scalabrini
Ortiz
Por Norberto Galasso
Raúl Scalabrini Ortiz nació en la ciudad de Corrientes cuando el siglo XIX
tocaba a su fin (14 de febrero de 1898).
Su adolescencia y juventud transcurren bajo la presión del liberalismo
conservador predominante.
Varios factores se conjugan, sin embargo, para que Raúl Scalabrini rompa la
trama del pensamiento colonial. Por un lado, su militancia juvenil en un grupo
llamado "Insurrexit", de ideología marxista, le permite descubrir la importancia
de los factores económicos y sociales en el desarrollo histórico. Por otro su
permanente deambular por el país (por razones de trabajo viaja a La Pampa, Entre
Ríos y Catamarca) lo salvan de encerrarse en una visión porteña y le enseñan
cómo viven y cómo sueñan sus compatriotas. A esto se suma un viaje a París, a
los veintiséis años, del cual regresa hondamente decepcionado, pues en la
"Francia eterna" del "humanitarismo y los derechos del hombre" encuentra un
enorme desdén por los latinoamericanos y una antidemocrática xenofobia de
"pueblo elegido".
Además, Scalabrini busca auténticamente "su verdad" y no se contenta con la
gloria efímera que satisface a sus colegas de la pluma. En este aspecto, su
maestro Macedonio Fernández lo orienta hacia una vida profunda, de altruismo y
generosidad, donde lo individual se diluya en aras del beneficio colectivo. "Mis
días eran extrañamente ajenos los unos a los otros... Les faltaba sometimiento a
una sorpresa más grande que ellos mismos. Les faltaba subordinación a una fe".
En esa búsqueda se halla Scalabrini cuando, en octubre de 1929, se desencadena
la crisis económica mundial. El capitalismo hace agua por todos lados y millones
de hombres son arrojados a la desocupación y al hambre. Los países
desarrollados, envueltos en la crisis, amenguan sus efectos, descargándola sobre
los países productores de materia prima. En la Argentina se desmorona "el
granero del mundo": caen los precios de las exportaciones y baja el peso.
Desocupación, hambre, tuberculosis, delincuencia y suicidios señalan el inicio
de la Década Infame.
Entonces el verdadero rostro del país vasallo se asoma a los ojos del prensador
nacional que sepa verlo. Y mientras el resto de la inteligencia argentina
juguetea con metáforas exquisitas, Raúl Scalabrini Ortiz emprende la tarea de
demostrar la verdadera realidad nacional. Hasta poco tiempo atrás, también él se
había enredado en la metafísica con "El hombre que está solo y espera", pero
ahora - 1932 - Scalabrini hunde profundamente el escalpelo del análisis en la
patria vasalla e inicia la tarea de toda su vida. El pensamiento nacional,
dormido desde hacía décadas, se pone en marcha.
Scalabrini se pregunta en primer lugar ¿Cómo es posible que en un país como la
Argentina, productor de carnes y cereales, haya hambre?. De allí pasa a
inventariar nuestras riquezas (ferrocarriles, frigoríficos, puertos, etc.)
estudiando en cada caso quién es el propietario de los mismos y así llega a la
conclusión de que los argentinos nada poseen, mientras el imperialismo inglés se
lleva nuestras riquezas a precios bajísimos y nos vende sus productos
encarecidos, mientras los ingleses nos succionan a través de seguros, fletes,
dividendos, jugosa renta producto de su dominio sobre los resortes vitales de
nuestra economía.
Como consecuencia de su participación en la Revolución Radical de Paso de los
Libres, Scalabrini es desterrado a Europa en 1933. Desde allá, se aclara aún más
el grado de sometimiento argentino al imperio, pues lo que los diarios ocultan
en la Argentina, se dice en voz alta en Alemania o Italia, especialmente debido
a las rivalidades interimperialistas. "Somos esclavos de los ingleses", se
repite una y otra vez Scalabrini, ya absolutamente convencido de que sus cifras
son ciertas e irrefutables. Desde Alemania, en 1934, escribe sus primeros
artículos en los que aborda en profundidad el problema clave de todo país
semicolonial: la cuestión nacional.
Poco después, en 1935, ya de regreso del exilio se lanza decididamente a la
lucha contra el imperialismo. Desde el periódico "Señales" y desde FORJA (Fuerza
de Orientación Radical de la Joven Argentina) condena uno a uno todos los
decretos de la entrega. A través de la conferencia, el libro y los artículos
periodísticos, no cesa un instante, desde entonces, en denunciar la expoliación
imperialista.
A través de las conferencias y los cuadernos de FORJA, Scalabrini se convierte
en el gran fiscal de la entrega. Pero por sobre todos estos negociados, él
apunta decididamente a la clave del sistema colonial: el ferrocarril. Esos
rieles tendidos por el capital extranjero son "una inmensa tela de araña
metálica donde está aprisionada la República". Es a través del ferrocarril que
nuestra economía se organiza colonialmente para entregar riqueza barata en el
puerto de Buenos Aires a los barcos ingleses y es a través del ferrocarril, con
sus tarifas parabólicas, que el imperialismo destruye todo intento industrial en
el interior, asegurando así la colocación de la cara mercadería importada.
Por esos años, Scalabrini Ortiz se sumerge en la historia nefasta de esos
ferrocarriles y paso a paso desnuda la verdad: que los ingleses trajeron
capitales ínfimos, que aguaron esos capitales a través de revaluaciones
contables dirigidas a inflar los beneficios, concedidos como porcentajes fijos
sobre el capital, que quebraron todo intento de comunicación interna que no
fuese a dar a Buenos Aires, que subieron y bajaron las tarifas, según sus
conveniencias, para boicotear alas industrias nacionales que compitiesen con la
mercadería traída de Londres, que obtuvieron miles de hectáreas de regalo junto
a las vías, que no cumplieron función de fomento alguna en las provincias
pobres, que hundieron unos pueblos y levantaron otros torciendo el trazado de
las líneas según sus intereses y los de sus socios: lo oligarcas.
Allí reside, sostiene Scalabrini, el verdadero cáncer de nuestra soberanía y en
torno a él han crecido las restantes enfermedades que han terminado por
hundirnos: la moneda y el crédito manejado por la banca extranjera, el
estancamiento industria, la no explotación de la riqueza minera, ni de la
hidroelectricidad, la subordinación a barcos, tranvías y restantes servicios
públicos extranjeros, la expoliación de los empréstitos a través del interés
compuesto "Somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina
libre",reclaman Scalabrini, Jauretche y sus muchachos de FORJA. Pero el boicot
del silencio cae sobre ellos. La superestructura creada por el imperialismo se
cierra ahogando a las voces nacionales. Ellos no cejan, sin embargo, y desde las
catacumbas van forjando la conciencia nacional. Scalabrini publica en esos años
la "Historia de los Ferrocarriles Argentinos" y "Política Británica en el Río de
la Plata".
Cuando se desencadena la Segunda Guerra Mundial y ante la presión aliadófila
para que la Argentina envíe tropas al frente, Scalabrini Ortiz vuelve a hacer
punta contra el imperialismo, publicando el diario "Reconquista". Desde allí
defiende la neutralidad y lanza esta consigna: "No osdejéis arrastrar a la
catástrofe. Si os empujan, subleváos. Muramos por la libertad de la Patria y no
al servicio de los patrones extranjeros". Así convoca a la Segunda
Independencia.
Jaqueado por todas las fuerzas de la Argentina ainglesada, "Reconquista" logra
vivir ton sólo 41 días. Pero subterráneamente, el pensamiento nacional se va
infiltrando y despierta ya muchas conciencias dormidas. Y cuando poco después el
Grupo de Oficiales Unidos dé el golpe de estado el 4 de junio de1943, alguien
recordará que uno de los libros que esos militares consideran texto obligado
para su formación política es "La Historia de los Ferrocarriles" de Scalabrini
Ortiz.
Poco después lo conoce personalmente a Juan Domingo Perón, a quien ya le sugiere
la nacionalización de los ferrocarriles. El 17 de octubre de 1945, Scalabrini
Ortiz forma parte de la multitud que irrumpe en nuestra historia para iniciar
una Argentina Nueva. Ese día, se convence de que esos hombres, a los que llama
"esos de nadie y sin nada", son los que conducirán al país hacia su nuevo
destino: ".... Era el subsuelo de la patria sublevada. Era el cimiento básico de
la Nación que asomaba por primera vez en su tosca desnudez original....Eran los
hombres que 'estaban solos y esperaban', que iniciaban sus tareas de
reivindicación".
Pocos meses después, Perón derrota en las urnas a los viejos partidos
representantes de una Argentina que moría irremediablemente. Scalabrini acompaña
el proceso de la campaña electoral desde las columnas del diario "Política" y
mantiene estrecho contacto con Perón, ya siendo éste presidente. Presenta
entonces varios trabajos atinentes a la nacionalización de los ferrocarriles,
pero no acepta cargos en el gobierno. Considera que su lugar está en el llano,
opinando, fiscalizando, apoyando, pero, después de tantos años de oposición, no
se considera un "hombre de construcción".
Participa así del proceso de la Revolución Nacional y ve caer uno a uno los
eslabones de la cadena con que el imperialismo nos sojuzgaba y que él había
denunciado sin descanso: los ferrocarriles, los teléfonos, los bancos, la
exportación y la importación, el transporte marítimo y el aéreo, los seguros, el
gas, etc. Y ve también crecer a ritmo intenso a la industria liviana, asfixiada
tantos años por la mercadería importada. Así transcurre esos años estudiando,
elaborando ideas.
Una nación económicamente libre, socialmente justa y políticamente soberana deja
atrás, como un triste recuerdo, a aquella colonia de los años treinta. Las
consignas lanzadas por FORJA, a veces casi con las mismas palabras, son coreados
ahora por la multitud.
Pero si bien Perón reconoce en variadas oportunidades, el aporte ideológico de
Scalabrini, su gobierno no le brinda el acceso a "los medios" para que difunda
su "pedagogía nacional". La burocracia peronista, por su parte, choca con este
místico de la política, contumaz crítico de toda desviación o inconducta. Por
ello se retrae dela vida pública y se dedica a plantar álamos en las costas del
Paraná.
De esa época afirma: "Hay muchos actos y no de los menos trascendentales de la
política interna y externa del Gral. Perón que no serían aprobados por el
tribunal de ideas matrices que animaron a mi generación…..En el dinamómetro de
la política esas transigencias miden los grados de coacción de todo orden con
que actúan las fuerzas extranjeras en el amparo de sus intereses y de sus
conveniencias". Y agrega: "No debemos olvidar en ningún momento- cualesquiera
sean las diferencias de apreciación-que las opciones que nos ofrece la vida
política argentina son limitadas. No se trata de optar entre el Gral. Perón y el
Arcángel San Miguel. Se trata de optar entre el Gral. Perón y Federico Pinedo.
Todo lo que socava a Perón fortifica a Pinedo, en cuanto él simboliza un régimen
político y económico de oprobio y un modo de pensar ajeno y opuesto al
pensamiento vivo del país". Por eso, cuando le proponen participar en un golpe
contra el gobierno, rechaza la invitación. Por eso, también, es uno de los
primeros en alistarse en la "Resistencia", en setiembre de 1955, a la caída de
Perón.
El golpe militar del 16 de setiembre propicia el retorno oligárquico. Ahora han
vuelto los hombres de paja del imperialismo, los mismos del los años treinta.
Otra vez los amigos de los ingleses, otra vez los personeros dela oligarquía,
otra vez los pactos claudicantes, de nuevo los bancos privados, los tratados
vergonzosos, las devaluaciones para engordar las arcas de los ganaderos. Y de
nuevo entonces, piensa Scalabrini, hay que plantear como única y absoluta
prioridad: la Revolución Nacional. Todo parece volver hacia el pasado y las
ideas de Scalabrini se afirman en su vieja lucha. Desde "El Líder", "De Frente"
y "El Federalista" se constituye en crítico implacable. Cerrados estos
periódicos, escribirá desde mediados de 1956 en la revista "Qué".
La Revolución Nacional, por sobre todo, piensa Scalabrini y así redobla sus
esfuerzos para romper el continuismo. Esa posición lo lleva a colaborar con
Frondizi y Frigerio entendiendo que debe usar a "Qué" como vocero de sus ideas,
más allá de sus diferencias que pueda tener con los teóricos de la burguesía
nacional.
Todo el año 1957 Scalabrini ataca semana a semana las medidas retrógradas y pro
imperialistas del gobierno. Puede decirse que a través suyo se expresa la
Argentina auténtica que se niega a volver al pasado. El 23 de febrero de 1958 el
Frente Nacional, que lleva a Frondizi para presidente, aplasta a la reacción en
las urnas, pero la entrega del poder es condicionada. Por eso Scalabrini
entiende que debe seguir apoyando, aún disintiendo en muchos aspectos, al
gobierno frondizista. Por eso también acepta la dirección de la revista
"Qué",convertida ahora en revista oficialista.
Durante poco tiempo, sin embargo, permanece en su dirección (menos de tres
meses). La publicación de los contratos petroleros en los últimos días de julio
de 1958,lo decide a renunciar. Escribe entonces un artículo titulado "Aplicar al
petróleo la experiencia ferroviaria" y deja constancia de su disentimiento con
los contratos, en especial con lo pactado con la Banca Loeb. No desea, sin
embargo, romper frontalmente con el gobierno cuando éste se encuentra jaqueado
por los gorilas y prefiere irse calladamente. Por otra parte, ya está preso de
un cáncer que lo llevará a la muerte pocos meses después.
Desde esa separación, Scalabrini Ortiz ya no actúa públicamente pero sus amigos
y sus familiares saben que una tristeza lo domina por la traición del
frondizismo. El 31 de diciembre de 1958, Frondizi anuncia la adhesión de la
Argentina al Fondo Monetario Internacional (FMI) y en enero de 1959 se abraza
con los banqueros de Wall Street; mientras los tanques derrumban las verjas del
Frigorífico Municipal (en la ciudad de Buenos Aires) para sofocar a los obreros
en huelga. Pero Scalabrini, ya nada puede decir: está vencido por la enfermedad
y después de un período de postración, fallece el 30 de mayo de 1959.
En el cementerio, Jauretche recuerda que Scalabrini fue el maestro, el que les
permitió pasar del antiimperialismo abstracto al antiimperialismo concreto,
descubriendo la verdadera realidad argentina, como paso previo al intento de
transformarla. Por eso concluye su despedida con estas palabras: "Raúl
Scalabrini Ortiz …..Tú sabes que somos vencedores… vencedores en esta conciencia
definitiva que los argentinos han tomado delo argentino. Por eso hemos venido,
más que a despedirte, a decirte: ¡Gracias, Hermano!"
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Aviso publicado por Scalabrini Ortíz en enero de 1942 - Diario "La Prensa"
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El 13/01/42 muchos amigos de Raúl
quedan perplejos al leer el siguiente aviso en los ofrecidos de "La Prensa":
"Caballero argentino, casado, de 44 años, con amplias relaciones, estudios
universitarios, técnicos, una vasta cultura general, científica, literaria y
filosófica, con experiencia general y profunda de nuestro ambiente económico y
político, ex redactor de los principales diarios, autor de varios libros
premiados y de investigaciones, aceptaría dirección, administración o consulta
de empresa argentina, en planta o en proyecto, en los órdenes industria,
comercial o agrario. Dirigirse a Raúl Scalabrini Ortiz, Calle Vergara 1355,
Vicente López".
Los datos del aviso son correctos. Estudios Terciarios: Es agrimensor. Ha
trabajado en los principales diarios y revistas La Nación, El Diario de Láinez,
Noticias Gráficas, El Mundo, El Hogar, Martín Fierro, La Gaceta del Sur.
Ha recibido el Segundo Premio Municipal por "El hombre que está solo y espera",
en 1931. Ha sido traducido al alemán, inglés e italiano. Ha dirigido un Diario
"Reconquista" y prácticamente codirigido el semanario "Señales". Ha dictado
muchas conferencias. Ha publicado poesías en "La Gaceta del Sur". Ha publicado
un libro de cuentos "La Manga".
Se ha vinculado con los hombres más importantes de su generación en lo literario
(Borges, Mellea, Marechal, A. Storni, Macedonio Fernández) y del mundo político
(E. Palacio. Jauretche, Gálvez, los hermanos Irazusta). Compañero de estudios de
Gainza Paz, Saenz Valiente, el negro Uriburu (C. Universitario). Ha publicado
libros de historia y economía: "Política Británica en el Río de la Plata",
"Historia de los Ferrocarriles".
¿Por qué R.S.O pide trabajo y es desconocido para el público en general? ¿Por
qué no tiene donde expresarse?. Es un maldito y él era consciente que eso se
produciría: aislamiento, boicot, marginalidad, etc.. El había descubierto algo
importante y sabía lo que le ocurriría. Fue conscientemente al silenciamiento.
Obras de Raúl Scalabrini Ortiz:
1923
"La Manga" (cuentos)
1931
"El hombre que está solo y espera"
1934
"La Gaceta de Buenos Aires" (artículos periodísticos)
1935
"Señales" (artículos periodísticos)
1936
"Política Británica en el Río de la Plata" (Cuaderno de FORJA)
1937
"Los ferrocarriles, factor primordial de la independencia nacional"(folleto)
1938
"El petróleo argentino" (Cuaderno de FORJA)
1938
"Historia del Ferrocarril Central Córdoba" (Cuaderno de fORJA)
1938
"Historia de los Ferrocarriles" (Revista Servir)
1939
"Historia del Primer Empréstito" (Cuaderno de FORJA)
1939
"Reconquista" (artículos periodísticos)
1940
"Política británica en el Río de la Plata"
1940
"Historia de los Ferrocarriles Argentinos"
1942
"La gota de agua" (folleto)
1946
"Los ferrocarriles deben ser del pueblo argentino"
1946
"Defendamos los ferrocarriles del Estado" (folleto)
1946
"Tierra sin nada, tierra de profetas" (poesías y ensayos)
1948
"Yrigoyen y Perón, identidad de una línea histórica"(folleto)
1948
"El capital, el hombre y la propiedad en la vieja y la nueva Constitución
Argentina" (folleto)
1950
"Perspectivas para una esperanza argentina" (folleto)
1955/56
"El Líder" y "El Federalista", "De Frente" (artículos periodísticos)
1957
"Aquí se aprende a defender a la Patria" (folleto)
1957/58
"Qué" (artículos periodísticos)
1960
"Cuatro verdades sobre la crisis" (folleto)
1965
"Bases para la Reconstrucción Nacional" (recopilación de artículos)
1973: En Punta Alta (Pcia. de Buenos Aires) a cargo del Centro de Estudios
Argentinos "Raúl Scalabrini Ortíz", se publica la 1ra. Edición un apunte
biográfico.
1989: En Neuquén, la ATPUNC publica (en versión corregida) la 2da. Edición,
desde donde tomamos parte de la información que contiene esta página de "Los
Malditos"
Fuente:
www.discepolo.org.ar
Prólogo
de "Política británica en el Río de la Plata" (1936)
Por
Raúl Scalabrini Ortiz
La economía es un método de auscultación de los pueblos. Ella nos da palabras
específicas, experiencias anteriores resumidas, normas de orientación y
procedimientos para palpar los órganos de esa entidad viva que se llama sociedad
humana. En puridad, la economía se refiere exclusivamente a las cosas materiales
de la vida: pesa y mide la producción de alimentos de materia prima, tasa las
posibilidades adquisitivas, coteja los niveles de vida y capacidad productiva,
enumera y determina los cauces de los intercambios y, en momentos de fatuidad,
pretende pronosticar las alternativas futuras de la actividad humana. Pero la
economía bien entendida es algo más. En sus síntesis numéricas laten,
perfectamente presentes, las influencias más sutiles: las confluentes étnicas,
las configuraciones geográficas, las variaciones climatéricas, las
características psicológicas y hasta esa casi inasible pulsación que los pueblos
tienen en su esperanza cuando menos.
El alma de los pueblos brota de entre sus materialidades, así como el espíritu
del hombre se enciende entre las inmundicias de sus vísceras. No hay posibilidad
de un espíritu humano incorpóreo. Tampoco hay posibilidad de un espíritu
nacional en una colectividad de hombres cuyos lazos económicos no están
trenzados en u destino común. Todo hombre humano es el punto final de un
fragmento de historia que termina en él, pero es al mismo tiempo una molécula
inseparable del organismo económico de que forma parte. Y así enfocada, la
economía se confunde con la realidad misma.
Temas para extraviar son todos los de la realidad americana. Esa realidad nos
contiene, su calidad condiciona la nuestra. Somos un instante de su tiempo, un
segmento de su espacio histórico. Ella delimita constantemente la posibilidad
del esfuerzo individual. No podemos ser más inteligentes que nuestro medio sin
ser perjudiciales a los que quisiéramos servir y a nosotros mismos. Valemos
cuanto vale la realidad que nos circunda.
La realidad se anecdotiza incesantemente en nuestros actos y en nuestros
pensamientos sin que la inteligencia americana se preocupe de consignarlos.
Solemos referirnos a los pasados de América que se anotaron con trascendencia
histórica, solemos hilvanar imaginerías sobre su porvenir, pero el instante vivo
en que la historia se confecciona, sólo ha merecido desdén de la inteligencia
americana que podía haberlos descrito. Y ésa es una de las grandes traiciones
que la inteligencia americana cometió con América.
Cuatro siglos hacen ya que la sangre europea fue injertada en tierra americana.
Tres siglos, por lo menos, que hay inteligencias americanas nacidas en América y
alimentadas con sentimientos americanos, pero los documentos que narran la
intimidad de la vida que esos hombres convivieron no se encontrarán, sino
ocasionalmente, por ninguna parte.
Razas enteras fueron exterminadas, las praderas se poblaron. Las selvas vírgenes
se explotaron y muchas se talaron criminalmente para siempre. La llamada
civilización entró a sangre y fuego o en lentas tropas de carretas cantoras. El
aborígen fue sustituído por inmigrantes. ëstos eran hechos enormes, objetivos,
claros. La inteligencia americana nada vió, nada oyó, nada supo. Los americanos
con facultades escribían tragedias al modo griego op disputaban sobre los
exactos términos de las últimas doctrinas europeas. El hecho americano pasaba
ignorado para todos. No tenía relatores, menos aún podía te´er intérpretes y
todavía menos conductores instruídos en los problemas que debían encarar.
Sin un contenido vital, las palabras que en Europa determinan una realidad, en
América fueron una entelequia, cuando no una traición. El conocimiento preciso
de la realidad fue suplantado por cuerpos de doctrina, parcialmente sabidos, que
no habían nacidop en nuestro suelo y dentro e los cuales nuestro medio no
calzaba, ni por aptitudes, ni por posibilidades, ni por voluntad. La
deliberación de las conveniencias prácticas fue reemplazada por antagonismos tan
sin sentido que más parían antagonismos religiosos que políticos o
intelectuales. En esas luchas personales o absurdamente doctrinarias se disipó
la energía más viva y pura que hubiera podido animar a estasnacientes
sociedades.
Los revolucionarios de 1810, por ejemplo, con exclusión de Mariano Moreno,
adoptaron sin análisis las doctrinas corrientes en Europa y se adscribieron a un
libre cambio suicida. No percibieron siquiera, esta idea tan simple: si España,
que era una nación poderosa, recurrió a medidas restrictivas para mantener el
dominio comercial del continente ¿cómo se defenderían de los riesgos de la
excesiva libretad comercial estas inermes y balbuceantes repúblicas
sudamericanas? Pero el manchesterismo estaba en auge y a su adopción ciega se le
sacrificó todas las industrias locales.
América no estaba aislada. Fuerzas terriblemente pujantes, astutas y codiciosas
nos rodeaban. Ellas sabían amenazar y tentar, intimidar y sobornar,
simultáneamente. El imperialismo económico encontró aquí campo franco. Bajo su
perniciosa influencia estamos en un marasmo que puede ser letal. Todo lo que nos
rodea es falso o irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las
creencias económicas con que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas mundiales
que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las
libertades que los textos aseguran. Este libro no es más que un ejemplo de
alguna de esas falsías.
Volver a la realidad es el imperativo inexcusable. Para ello es preciso exigirse
una virginidad mental a toda costa y una resolución inquebrantable de querer
saber exactamente cómo somos. Bajo espejismos tentadores y frases que acarician
nuestra vanidad para adormecernos, se oculta la penosa realidad americana. Ella
es a veces dolorosa, pero es el único cimiento incorruptible en que pueden
fundarse pensamientos sólidos y esperanzas capaces de resistir a las más
enervantes tentaciones. Desgraciadamente, es difícil aprehender con seguridad a
nuestro país. Hay que darlo por presente en las meras palabras que lo denominan
o en los símbolos que lo alegorizan. O ser extremadamente sutil para asir entre
lo ajeno y lo corrompido esa materia finísima, impalpable casi e incorruptible
que es nuestro espíritu, el espíritu de la muchedumbre argentina: venero único
de nuestra probabilidad.
Todo lo material, todo lo venal, transmisible o reproductivo es extranjero o
está sometido a la hegemonía financiera extranjera. Extranjeros son los medios
de transportes y de movilidad. Extranjeras las organizaciones de
comercialización y de industrialización de los productos del país. Extranjeros
los productores de energía, las usinas de luz y gas. Bajo el dominio extranjero
están los medios internos de cambio, la distribución del crédito, el régimen
bancario. Extranjero es una gran parte del capital hipotecario y extranjeros son
en increíble proporción los accionistas de las sociedades anónimas.
Hay quienes dicen que es patriótico disimular esa lacra fundamental de la
patria, que denunciar esa conformidad monstruosa es difundir el desaliento y
corroer la ligazón espiritual de los argentinos, que para subsistir requiere el
sostén del optimismo.
Rechazamos ese optimismo como una complicidad más, tramada en contra del país.
El disimulo de los males que nos asuelan es una puerta de escape que se abre a
una vía que termina en la prevariación, porque ese optimismo falaz oculta un
descreimiento que es criminal en los hombres dirigentes: el descreimiento en las
reservas intelectuales, morales y espirituales del pueblo argentino.
No es un impulso moral el que anima estas palabras. Es un impulso político.
Cuando los estados Unidos de Norte América se erigieron en nación independiente,
Inglaterra, vencida, parecía hundirse en la categoría oscura de una nación de
segundo orden, y fue la energía ejemplar de William Pitt la salvadora de su
prestigio y de su temple. Decía Pitt: "Examinemos lo que aún nos queda con un
coraje viril y resoluto. Los quebrantos de los individuos y de los reinos quedan
reparados en más de la mitad cuando se los enfrenta abiertamnete y se los
estudia con decidida verdad". Ésa es la norma de este libro.
Harold
Adam Innis y Raúl Scalabrini Ortíz: crónicas de Hintherland
Por
Laureano Ralón
*Licenciado en Comunicación Social (Simon Fraser University, Canadá)
*Investigador (New Media Innovation Center)
"On the whole, important as the movement in western Canada must become for the
future development of the country, the dominance of eastern Canada over western
Canada seems likely to persist. Western Canada has paid for the development of
Canadian nationality, and it would appear that it must continue to pay. The
acquisitiveness of eastern Canada shows little sign of abatement." – Harold
Innis
"El librecambio fue fatal para el interior, no preparado con anterioridad para
la lucha de competencia. No se le ofreció siquiera una ocasión, un plazo. Se las
sacrificó repentinamente llevando a la desocupación y hasta el hambre a grandes
zonas del país." – Scalabrini Ortiz
Este corto ensayo busca demostrar que existen importantes puntos de contacto
entre el pensamiento de Raúl Scalabrini Ortiz y el del economista canadiense
Adam Harold Innis, colega y principal influencia de Marshall McLuhan. Como en el
caso Jauretche-McLuhan (ya analizado en un ensayo precedente, entitulado
"Trazando un Paralelismo entre Detribalización y Barbarie"), las similitudes
entre Scalabrini e Innis llaman poderosamente la atención – quizás tanto como la
inexistencia de un estudio comparativo que las refleje. Incidentalmente, se
puede decir que el trabajo de estos cuatro autores está intimamente relacionado;
de hecho, Innis fue para con McLuhan lo que Scalabrini fue para con Jauretche, y
es tal la interdependencia entre las obras de estos cuatro autores que resulta
virtualmente imposible hablar de Scalabrini y de Innis sin hacer referencia a
Jauretche o McLuhan, como se podrá constatar a lo largo de este ensayo. Una vez
más, es necesario aclara desde el principio que, como una comparación semejante
puede resultar paradojal y hasta contraria a la propuesta de "pensar en
nacional" impulsada tanto por Scalabrini como Jauretche, no se trata de adoptar
un modelo (el de Innis en este caso) que procede de "otras realidades" e
implantarlo sin tratamiento alguno a "nuestra realidad", sino de asimilarlo, a
través de una ciudadosa "hibridización", al pensamiento de Scalabrini.
Resulta un hecho sorprendente que, sin haberse conocido o siquiera leído
mutuamente, Harold Innis y Scalabrini Ortiz hayan tenido influencias, estilos de
vida, e ideas tan parecidos. En el plano profesional, ambos se abocaron al
estudio de la economía política, abordando sus respectivos análisis desde la
óptica, y a partir de la realidad, de sus respectivos países: ambos productores
– y esclavos – de sus materias primas, destinados a ser "la granja del taller
inglés"; ambos semicoloniales, es decir, que gozaban de una soberanía nominal
pero no política y mucho menos, económica; y ambos condenados a la "periferia
ideológica" (porque como lo demostró hace años Jauretche, queda claro el centro
del mundo es una construcción ideológica, y el verse abajo o arriba a la
izquierda, un estado mental).
En el plano ideológico, ambos autores fueron patriotas y creyeron fervientemente
en la necesidad de "pensar en nacional". Sus pensamientos crearon importantes
corrientes que inspiraron a generaciones de escritores, políticos y activistas.
Por un lado, Scalabrini fue (junto con Jauretche) uno de los fundadores del
pensamiento nacional-popular argentino; sus ideas influyó a escritores,
políticos y activistas de la taya de Arregui y hasta al propio Perón; y fue uno
de los ideólogos del peronísmo de izquierda, allá por 1951. Al respecto,
Norberto Galasso recuerda que
"por entonces, precisamente, Scalabrini transcurre varios meses estudiando la
posibilidad de construir un partido revolucionario, nacional, de izquierda y así
se lo comenta a Juan José Hernández Arregui: ‘¿Usted no cree, Arregui, que ha
llegado el momento de formar un partido comunista nacional? ¿No cree que dado el
evance que hemos logrado últimamente es necesario un partido de izquierda que
incida sobre el peronismo, una izquierda distinta, ajena a los viejos partidos
cipayos, arraigada en lo nuestro, nacional?’" (1)
A su vez, Innis fue, allá por los años ´30 y ´40, el inventor de un nuevo e
innovador discurso sobre los medios de comunicación (staples theory), elaborado
desde una perpectiva exclusivamente canadiense. Staples theory explica como
Canadá, al apoyarse en la producción de materias primas y single commodities
como el cuero, la minería, la agricultura y la pesca ("commodities" que
comparten la característica de poder ser estudiados como medios de
comunicación), fue reducida a una relación de dependencia y vulnerabilidad
vis-a-vis otras naciones industrializadas, Inglaterra y los Estados Unidos a la
cabeza. Lo valioso de esta teoría es que aplicable a otras naciones dependientes
como la Argentina. El pensamiento de Innis influenció, entre otros, a Marshall
McLuhan – el académico canadiense que la revista Playboy llamó "Sumo Sacerdote
de la Cultura Pop" y "Metafísico de los Medios" y cuyas expresiones ("El Medio
es el Mensaje" y "la Aldea Global", entre otras) hoy están en boca de todos, aún
de aquellos que jamás lo han leído; y por su intermedio, a incontables otros
académicos de la talla de Jean Baudrillard, Neil Postman, Walter Ong y Joshua
Meyrowitz.
Pero existen ciertos puntos en común entre Innis y Scalabrini que probablemente
contribuyeron en buena medida a que ambos autores hayan mirado para el mismo
lado y a que hayan tenido perscipacias comparables. Como se ha dicho, ambos
fueron patriotas que pensaron en nacional. El patriotismo de Scalabrini se pone
de manifesto al incorporarse a la resistencia irigoyenista de los años 30,
mientras que Innis participó de la primera guerra mundial. La primera guerrra
imperialista marcó la vida de ambos autores, despertando en ellos fuertes
sentimietos nacionalistas, pacifistas y neutralistas, ante el pedido de
Inglaterra de usar soldados argentinos y canadienses en las primeras filas como
carne de cañon. Sin embargo, el primer conflicto bélico mundial marcó más a
Canadá (y a Innis) que a la Argentina (y a Scalabrini); de hecho, Scalabrini
empieza a pensar como Innis – es decir, en términos de metrópolis y hintherland
– a partir del golpe de 1930 y de los estragos ulteriores, cometidos durante la
década imfame por el gobierno de Justo. Puede argumentarse que este retraso en
el pensamiento de Scalabrini vis-a-vis el de Innis se debe a que los abusos
cometidos por los ingleses se sintieron más en el dominio canadiense, que en la
Argentina neutralista y soberana de Don Hipolito Yrigoyen. Hacia mediados de
1930, sin embargo, a partir de la restauración oligárquica en la Argentina,
ambos autores se encuentran en la misma sintonía.
Después de la primera guerra mundial, Innis se gradúa de la Universidad de
Chicago con su PhD; su tésis fue un estudio de la influencia de los
ferrocarriles en el oeste canadiense, que luego se transformaría en libro. En A
History of the Canadian Pacific Railway, Innis expresa:
"[The] spread of civilization was dependent on the geographic characteristics of
the area and on the character and institutions of the people involved. The
rapidity and direction of the growth of civilization were largely dominated by
the physical characterisitcs, the geological formations, the climate, the
topographical features, and the consequent flora and fauna which these
conditions produced. . . . Early civilization was confined by these limits to
three distinct areas. The Canadian Pacific Railroad was tangible evidence of the
growth of civilization beyond these boundaries. The history of the Canadian
Pacific Railroad is primarily the history of the spread of western civilization
over the northern half of the North American continent." (2)
Y Agrega,
"On the whole, important as the movement in western Canada must become for the
future development of the country, the dominance of eastern Canada over western
Canada seems likely to persist. Western Canada has paid for the development of
Canadian nationality, and it would appear that it must continue to pay. The
acquisitiveness of eastern Canada shows little sign of abatement." (3)
En total concordancia con Innis aunque sin haberlo leído, Scalabrini opina lo
siguiente en cuanto al estrangulamiento económico del interior ‘por la vía’ los
ferrocarriles:
"El librecambio fue fatal para el interio, no preparado con anterioridad para la
lucha de competencia. No se le ofreció siquiera una ocasión, un plazo. Se las
sacrificó repentinamente llevando a la desocupación y hasta el hambre a grandes
zonas del país...Inglaterra posee el arma sutil, el arma incisiva y mortal como
un estilete, de las tarifas ferroviarias... Las tarifas juegan un papel
preponderante y hasta casi definitivo en la vida económica de un pueblo. Con
ellas se pueden impedir industrias, crear zonas de privilegio, fomentar
regiones, estimular cultivos especiales y hasta destruir florencientes ciudades.
La tarifa ferroviaria es un arma artera, silenciosa." (4)
A raíz de la sorprendente semejanza entre estas declaraciones, un fuerte
paralelismo entre Innis y Scalabrini puede trazarse "vía" los ferrocarriles, ya
que tanto el oeste canadiense como el interior argentino han sido las partes
perjudicadas de los respectivo proyectos de "civilización" y nación. Desde sus
orígenes las políticas ferroviarias canadiense y argentina tuvieron sus rutas
predeterminadas por las necesidades del capitalismo europeo – necesidades que
eran directamente antagónicas a sus propios desarrollos capitalistas (5). En la
Argentina, lejos de facilitar la salida de los productos industriales del
interior, estimulando así el mercado interno argentino, el ferrocarril le abrió
las puertas a la mercadería europea a través de un injusto sistema de rentas
diferenciales que asfixió la industria nativa (6). En Canadá, el ferrocarril
desempeño una función parecida, asfixiando al oeste a expensas del este. Esta
coincidencia no es sorprendente, ya que "en realidad, la construcción de
ferrocarriles en los países coloniales y subordinados es una muestra de
imperialismo cuya esencia es su función antiprogresista" (7). Como dice Abelardo
Ramos, el ferrocarril "fue el marco de hierro de nuestra colonización nacional"
(8).
Mientras sus contemporáneos se preocupaban por describir el "contenido" de la
ciencia, la filosofía, las librerías, los imperios y las religiones, Innis nos
invitó a explorar las características y poderes formales formales de estas
estructuras y de su interacción ("The Medium is the Message"). Lo sorprendente
es que, sin conocer este principio, a Innis o a stapes theory, Scalabrini tuvo
perspicacias muy parecidas a las de su homólogo canadiense. Como las siguientes
declaraciones lo indican, Scalabrini llegó – sin saberlo – a comprender los
poderes formales de los ferrocarriles:
• "Aún cuando las empresas inglesas no hubiesen cometido tropelías, ni sobornado
presidentes, ni burlado la ley, su función nociva hubiera existido igualmente
porque el mal fundamental deriva de la función imperialista del ferrocarril como
instrumento de dominación semicolonial" (9).
• "El radio de influencia de los ferrocarriles ingleses desborda de la órbita
industrial y extiende su contaminhación nefasta a todas las actividades del
país...se dice que los ferrocarriles tienen poder suficiente para hacer y
deshacer gobiernos" (10).
• "A nadie se le dice en el país que la red ferroviaria es el arma de dominación
y subjugamiento más insidiosa y letal porque atenaza y paraliza los núcleos
vitales de una nación. Si se mira el mapa de la República, la vasta extensión,
aparece como parcelada bajo una intrincada red de líneas férreas que forman una
malla muy semejante a una tela de araña. Esa impresión visual es una
representación muy exacta de la verdad. La República Argentina es una inmensa
mosca que está atrapada e inmovilizada en las redes de la dominación ferroviaria
inglesa...El ferrocarril podrá esquilmarnos con altas tarifas. Pero eso no es lo
importante. Lo importante es el propósito directo de dominación política que
persigue Inglaterra..." (11)
En estos párrafos, Scalabrini parece entender que el "El Medio es el Mensaje";
que más allá de lo que en los ferrocarriles se transporte o del importe
tarifario que se cobre – es decir, del "contenido" – lo que importa es el
trazado, el "medio" (12). Sin embargo, por momentos falla su intuición; como
cuando expresa que "...el problema ferroviario puede sintetizarse en la
siguiente fórmula: adquirir los ferrocarriles equivale a adquirir soberanía"
(13) Metaforicamente hablando, es plausible que el medio, contenido o mensaje
(14) de los ferrocarriles sea nuestra soberanía, pero comete aquí Scalabrini el
error de pensar que es como se usa un ferrocarril lo que determina su carácter
como medio. Mi interpretación personal es que su ansiedad y el amor por su
patria lo llevan a contradecirse a si mismo, ya que esta creencia es contraria a
sus afirmaciones anteriores, donde expresa que las altas tarifas – es decir,
como se usa el ferrocarril – "no es lo importante". Por su lado, el pensamiento
mcluhanesco nos informa factor determinante es y será el trazado (sus
características formales) y no como se lo utiliza (tarifas) o a quién pertenece
(peronistas, oligarcas o ingleses). McLuhan también nos informa que confusiones
de este tipo eran bastante recurrentes allá por los tiempos de Scalabrini,
cuando recien se salía de la era industrial:
"That is the voice of the current somnambulism. Suppose we were to say, ‘Apple
pie is in itself neither good nor barñ it is the way it is used that determines
its value.’ Or, ‘The smallpox virus is in itself neither good nor bad; it is the
way it is used that determines its value.’ That is, if the slugs reach the right
people firearms are good. It the TV tube fires the right ammunition at the right
people it is good….There is simply nothing in the Sarnoff statement that will
bear scrutiny, for it ignores the nature of the medium, of any and all media…"
(15)
En definitiva, una vez hecho el trazado, el ferrocarril es un ente autónomo. A
quién pertenece o como se lo utiliza importa poco; el verdadero impacto está en
el trazado – en el ser una red ferroviaria en un país colonial, que es en si
sinónimo de antiprogreso. Pero no obstante esta confusión, Scalabrini tiene
grandes aciertos y demuestra importantes coincidencias con su par canadiense,
que merecen ser estudiadas más a fondo.
Otro ‘commodity’ cuya influencia en la organización canadiense capturó la
atención de Innis fue al cuero. En su libro The Fur Trade in Canada: An
Introduction to Canadian Economic History (1930), Innis expresa:
"Canada remained British in spite of free trade and chiefly because she
continued as an exporter of staples to a progressively industrialized mother
country. The northern half of North America remained British because of the
importance of fur as a staple product. . . Canada emerged as a political entity
with boundaries largely determined by the fur trade." (16)
De más está decir que en la Argentina algo similar ha pasado con productos
agrícola-ganaderos, los cuales marcaron nuestra sociedad en forma particular.
Como en alguna oportunidad lo reconoció el ex presidente Eduardo Duhalde, "el
campo es el verdadero motor de la economía"; pero en la Argentina, el motor
patea para el otro lado. La sociedad pastoril no sólo nos ha acostumbrado al
trabajo fácil, a la cultura del empleo y no del trabajo (que deriva no de la
justicia social, como se cree, sino de ese "elitismo" que la oligarquía impuso
sobre sus "primos pobres", y mediante ellos, a las masas); y ni hablar de su
constante oposición a todo intento de industrialización que pueda significar "nociva" para el status quo semicolonial.
Diez años mas tarde, en su libro The Cod Fisheries: The History of an
International Economy, Innis hace un planteo que al buen conocedor de la
historia argentina del siglo XIX sin dudas le resultará muy familiar:
"The transition from dependence on a maritime economy to dependence on a
continental economy has been slow, painful, and disastrous. . . . The effects of
the tragedy of the replacement of commercialism by capitalism call for a long
period of expensive readjustment and restoration." (17)
Nuevamente, una aplicación del pensamiento de Innis al panorama argentino se
materializa a través de una hibridización "vía" Scalabrini. Aunque en sentidos
opuestos, el drama civilizador parece haber sido en primera instancia igualmente
traumático en Canadá como en Argentina. Pero a pesar de las declaraciones de
Innis, el cambio de modelo económico en Canadá no ha sido tan desastrozo como en
la Argentina; después de todo, la transición de una economía mar ítima a una
economía continental implica una política decentralizadora que en Argentina
nunca existió. De hecho, el desarrollo capitalista en Canadá contribuyó a
desarrollar importantes centro industriales en el interior del país – algo que
nunca ocurrió en la República Argentina, que mantuvo un alto nivel de
centralización en torno a Buenos Aires a expensas de una trágica debacle
interior. Al respecto, dice Scalabrini:
"El librecambio fue fatal para el interior, no preparado con anterioridad para
la lucha de competencia. No se le ofreció siquiera una ocasión, un plazo. Se las
sacrificó repentinamente llevando a la desocupación y hasta el hambre a grandes
zonas del país..." (18)
En definitiva, si el desplazo de la economía desde regiones litorales hacia
regiones mediterraneas, tuvo, según Innis, consecuencias trágicas inerentes a
todo desarrollo capitalista, Scalabrini nos informa que más trágico aún es el
desplazamiento inverso.
Como explicar la falta de un estudio comparativo que refleje, y en la medida de
lo posible, hibridice, el pensamiento de ambos autores? Pues bien, dos hipótesis
proporcionan una explicación plausible. Por un lado, la magnitud y el alcance de
la obra de Raúl Scalabrini Ortiz – este "maldito condenado al silencio y al
olvido por la superestructura cultural manejada por la clase dominante para
impedir que con sus ideas una cultura nacional cuestionadora de la cultura
oficial" (19) – no ha sido comprendida en todo su esplendor; y es en su
condición de "Maldito" que se haya, en gran parte, la clave de esta
‘incompresión’. La "sociedad pastoril", a través de su Aparato Ideológico
(Neo)liberal de Colonización Pedagógica a cargo de la "intelligentzia", se que
aseguró de que los "Malditos" – aquellos pensadores cuyo pensamiendo impulsa, o
deriva de, movimientos populares (llámese "montonera federal", "chupandinos
alsinistas", "chinos roquistas", "chusma radical", "aluvion peronista" o "juventud peronista") – fuesen neutralizados. La neutralización es la
estrategia, pero las tácticas para llevarla a cabo son tan varias como variadas:
van desde la represión directa por parte del Aparato Represivo del Estado, o el
silenciamiento a través de su par Ideológico mediante la omisión o la censura;
hasta la crítica negativa y su forma exacerbada, la defamación; hasta al "desviasionismo miticista", a nivel retórico, o su derivante a nivel fáctico –
la infiltración. A Raúl Scalabrini Ortiz, en tanto que "super maldito", se le
descargó todo el arsenal tactico. Por otro lado, el trabajo de Harold Innis
tampoco ha sido del todo comprendido. Marshall McLuhan fue el único que se ha
dedicado a aplicar y a desarrollar su trabajo, siempre dentro de un contexto y
de un estilo preponderantemente canadiense. El estilo literario de Innis tampoco
ayuda; sus últimos trabajos, en particular, son casi inteligibles. Como
Scalabrini, Innis muere víctima de un cancer que no le permite redondear su
obra.
Pero a pesar de estos obstáculos, las similitudes más importantes entre
Scalabrini y Innis han sido reveladas a lo largo de este ensayo, y la utilidad
del pensamiento de este último para darle una interpretación alternativa a
nuestra história deben a esta altura resultar evidentes. Dadas las similitudes
en el pensamiento de ambos autores, una hibridización entre el trabajo de ambos
autores puede enriquecer subtancialmente la obra de cada uno. Queda pendiente,
entonces, un estudio comparativo más robusto que detalle a fondo los puntos en
común entre ambos autores, y que a su vez explote más a fondo sus coincidencias,
utilizándolas para entender mejor nuestra historia y para comprender mejor
nuestra realidad.
REFERENCIAS:
(1)Galasso, Norberto. (1985). Raúl Scalabrini Ortiz y la Lucha contra la
Dominación Inglesa. Ediciones del Pensamiento Nacional, p. 91
(2) Innis, Harold A. A History of the Canadian Pacific Railway. Toronto:
McClelland & Stewart, 1923. Reprint, Toronto: University of Toronto Press, 1971.
(3) Ibidem
(4) Galasso, Norberto. (1985), p. 39
(5) El trazado de los ferrocarriles ingleses quiebra las rutas históricas del
comerio interlatinoamricano, arroja numerosos pueblos a la decadencia y la
despoblación, invierte en movimiento económico hacia el Litoral y desvincula
antre sí las relaciones comerciales interprovinciales.
(6) En su Revolución y Contrarrevolución en la República Argentina: Volumen I,
dice Abelardo Ramos: "Mitre abrió de par en par las puertas del interior y
comenzó la ruina de nuestra economía artesanal. Todo este viejo sistema que daba
de vivir a centenares d emiles de argentinos se derrumbó. Por obra del
ferrocarril, desaparecieron los millares de carretas con que los troperos,
arrieros y boyeros criollos mantenían las comunicaciones comerciales del
interior. Con la importanción en masa de productos elaborados en Europa, dejaron
de existir el telar, los artesanos, las pequeñas fábricas, los talleres
manufactureros, p.152
(7) En su Historia de los Ferrocarriles Argentinos, Scalabrini Ortiz cita a un
autor británico, Allen Hutt, quien explica el propósito que guiaba a los
ferrocarriles ingleses en los países coloniales y semicoloniales, p. 265.
(8) Ibidem
(9) Galasso, Norberto. (1985), p. 37
(10) Galasso, Norberto. (1985), p. 28
(11) Galasso, Norberto. (1985), p. 50
(12) Trás la muerte de Innis, McLuhan continúa su obra, que puede sintetizarse
con el famoso aforismo.
(13) Galasso, Norberto. (1985), p. 87
(14) El Medio es el Mensaje significa que el contenido o mensajo de un medio es
siempre otro medio.
(15) McLuhan, Marshall. (1964). Understanding Media: The Extensions of Man.
Cambridge: The MIT Press, p. 11
(16) Innis, Harold. The Fur Trade in Canada: An Introduction to Canadian
Economic History. New Haven: Yale University Press, 1930. Rev. Ed., Toronto:
University of Toronto Press, 1956.
(17) Innis, Harold A. The Cod Fisheries: The History of an International
Economy. New Haven: Yale University Press, 1940. Rev. Ed., Toronto: University
of Toronto Press, 1954.
(18) Galasso, Norberto. (1985), p. 39
Fuente:
www.megafón
Raúl Scalabrini Ortiz y los
ferrocarrilesS
(Entre el silencio y la burla)
Por Alejandro Hugolini Fernando Pereyra
1- La política británica.
El ferrocarril como factor primordial del antiprogreso
La década infame se caracterizó por un alto nivel de corrupción, la creciente
dependencia económica de Inglaterra, que nos impedía desarrollarnos como nación
soberana y forjar un destino propio. Pero para muchos argentinos nuestro
principal mal radicaba en la corrupción y por lo tanto éste era el principal
problema de los ferrocarriles: no lograban ver que eran el arma más poderosa de
Gran Bretaña para mantenernos a su merced.
Raúl Scalabrini Ortiz, en cambio, consideraba al ferrocarril como principal arma
de sometimiento y así lo analizaba y denunciaba.
"El instrumento más poderoso de la hegemonía inglesa entre nosotros es el
ferrocarril. El arma del ferrocarril es la tarifa… Con ella se pueden impedir
industrias, crear zonas de privilegio, fomentar regiones, estimular cultivos
especiales y hasta destruir ciudades florecientes. Es un arma artera, silenciosa
y, con frecuencia, indiscernible hasta para el mismo que es víctima de ella". Y
sin quedarse en las definiciones ideológicas apelaba a los números: "Para
impedir la simple industria de la molienda… una bolsa de harina remitida a Salta
paga $m/n 2.53 si se envía de Córdoba (862 km.) y solamente $ m/n 2.06 si se la
remite desde Buenos Aires (1600 km.). Es decir que la molienda es imposible en
Córdoba y el salteño tiene forzosamente que alimentarse con harina molida en
Buenos Aires… Para hacer 100 km. de recorrido, el trigo que va directo a Buenos
Aires paga $ m/n 4.97. Con el mismo recorrido, el trigo que va a cualquier otra
estación de la línea paga $ m/n 6.15… La harina que sale de Buenos Aires para
cualquier estación paga con un recorrido de 100 km. $ m/n 5.95. Si sale de una
estación del interior, por el mismo recorrido paga $ m/n 7.36"
Con la tarifa del ferrocarril como arma principal, Inglaterra mantenía a la
Argentina en el primitivismo agrario. Con una trama semejante a la de la tela de
araña, los ingleses expoliaban al país, lo exprimían a través del puerto de
Buenos Aires y por allí entraban los productos manufacturados, con los cuales
nos pagaban el saqueo a nuestras materias primas y por ese mismo motivo las
tarifas se encargaban de impedir cualquier emprendimiento industrial, por más
sencillo que fuera, o centralizarlo en Buenos Aires bajo el control de los
comerciantes ingleses asentados en la ciudad.
2- La revolución peronista. El ferrocarril como factor de desarrollo nacional
Con la revolución del 4 de junio de 1943 y la llegada al poder del entonces
coronel Perón, comenzaron a tomarse medidas nacionales (creación del Banco
Industrial -3-04-44-, nacionalización del gas -17-04-44-, expropiación de la
usina eléctrica de Tucumán -25-04-44-) que permitieron hablar de la
nacionalización de los ferrocarriles. Un ejército de argentinos funcionales a
los intereses ingleses (conscientes o no de ello) comenzaron a pregonar que los
ferrocarriles eran "hierro viejo" y que no valía la pena comprarlos, y ahí
estuvo nuevamente la voz de Scalabrini Ortiz para decir: "Esos ‘hierros viejos’
contienen el comienzo de la independencia argentina. Ningún progreso será
posible mientras ellos pertenezcan al extranjero".
Defensor acérrimo de la nacionalización de los ferrocarriles, interpelará a
Perón en dos ocasiones. La primera en 1944 y ante la solicitud de la
nacionalización, el coronel Perón se comprometió a la nacionalización, no sin
antes "remover algunos obstáculos". La segunda, cuando Perón ya era el flamante
presidente, Scalabrini Ortiz se reunió con él y luego de una larga charla le
dejó un memorándum donde afirmó la necesidad de la nacionalización para poder
organizar el sistema fundamental de transporte, la circulación interna y la
diseminación de las industrias; comenzar a tener un dominio real y efectivo
sobre nuestro propio suelo y procurar el desenvolvimiento de regiones sumidas en
un verdadero letargo, entre otras cosas.
Luego de esa reunión con perón, Scalabrini fundó "Unión Revolucionaria" y la "Comisión pro nacionalización de los ferrocarriles", organizaciones con las que
lanzará una campaña por la nacionalización de los ferrocarriles con el fin de
favorecer la conciencia en el pueblo de la necesidad de la medida y facilitar la
tarea del gobierno.
En diversas conferencias, notas, cartas y entrevistas con legisladores y
autoridades del gobierno, Scalabrini luchará contra los intereses ingleses y sus
personeros locales que se opondrán a la compra de los ferrocarriles utilizando
el discurso de "hierro viejo" y, más adelante, la de la ya conocida Coordinadora
de Transporte. Scalabrini dirá entonces: "Quien afirma que los ferrocarriles son
hierro viejo, afirma una verdad clara como la luz del sol. Pero quien de allí
deduce que no deben ser expropiados y nacionalizados incurre en un error de
lógica porque no ha percibido el problema en toda su dimensión. El material
ferroviario está viejo indudablemente… Pero a pesar de esto, el poder de los
ferrocarriles no ceja… Aunque el material es viejo, el poder político de los
ferrocarriles se muestra lozano y brioso… Por eso el problema ferroviario puede
sintetizarse en la simple fórmula: adquirir los ferrocarriles equivale a
adquirir soberanía". Y esto es así porque con la nacionalización se podrá "regular la circulación interna de mercaderías y de pasajeros, orientar las
corrientes de tráfico y de comercio exterior, distribuir la fabrilidad y las
manufacturas, diseminar la actividad y la población, estimular las iniciativas
de las provincias sofocadas por el alejamiento ferroviario y organizar
coordinadamente el transporte del país".
Anticipándose a las políticas antinacionales que vendrán después del ’55 y que
buscarán deshacerse de los ferrocarriles porque dan "pérdidas", Scalabrini Ortiz
afirmará: "En busca de la ganancia el ferrocarril aniquiló a las industrias del
interior…
Para que el ferrocarril nacionalizado pueda orientarse en el exclusivo servicio
del país, es indispensable liberarlo de la tiranía del interés".
El 13 de febrero de 1947 se firma el contrato de compraventa de los
ferrocarriles británicos por el Estado, los cuales junto al IAPI, la Junta
Nacional de Granos, la Flota Mercante, el Banco Industrial, la nacionalización
del gas y usinas eléctricas, el gobierno peronista se apresta a desarrollar una
política industrialista con justicia social y desarrollo equitativo del conjunto
de la nación.
3- El golpe de los infames. En busca de la destrucción de los ferrocarriles y su
reprivatización.
Pero el proceso revolucionario, nacional y popular del peronismo es congelado en
el ’55 con el golpe genocida de la Revolución Industrial de septiembre. Entonces
se lanzará una campaña de desprestigio hacia el control del Estado sobre los
resortes de la economía. Se dirá del ferrocarril y de toda empresa
nacionalizada, que dan déficit y, por lo tanto, que debemos deshacernos de
ellas.
Nuevamente Scalabrini Ortiz saldrá a la defensa de los ferrocarriles y dirá:
"El déficit no es por sí mismo un indicio y menos aún una prueba de que un
ferrocarril esté mal administrado, porque puede estar al servicio de un
propósito distinto al de su propia ganancia". No se cansará de explicar como el
ferrocarril, cuando era administrado por los ingleses, servía a los intereses
ingleses que no eran otros que la expropiación de nuestras materias primas a
bajo costo y la invasión de sus productos manufacturados, para lo cual debía
mantener a la Argentina en el primitivismo agrícola, impidiendo toda
industrialización.
"El ferrocarril moldeó a la Argentina de acuerdo a las conveniencias exclusivas
de Gran Bretaña", dirá Scalabrini. Por eso "el ferrocarril nacionalizado debía
ante todo combatir esa conformación que resultaba monstruosa desde un punto de
vista nacional. Pero combatirla equivalía a luchar contra sus propias
conveniencias financieras… La obligación primordial del ferrocarril
nacionalizado no debe ser la de servir a un capital dado o la de alcanzar con
sus ingresos un monto dado para cubrir sus gastos de operación, sino la de
servir, en la forma más eficaz, la parte de la vida nacional que depende de sus
actividades. La cuantía del déficit no es por lo tanto, signo de mala
administración por sí misma. Puede ser la consecuencia inmediata del esfuerzo
que está haciendo el ferrocarril por reacondicionar la vida nacional".
Pero claro, las fuerzas del anti-progreso y de la dependencia habían vuelto a
gobernar y a recorrer el camino de la desindustrialización y achicamiento del
Estado. Estos sectores de poder, que habiendo dejado de ser pro-británicos se
habían trocado en pro-yanquis, comenzaron una política de desprestigio con el
único fin de entregar las riendas del país al poder de la plutocracia. A partir
del Plan Prebisch se buscó generar una crisis económica que les permitiera
descapitalizar al país, liquidar las empresas estatales y entregarlas a los
intereses imperialistas. Claro que el crecimiento del país durante el peronismo
y los intereses industriales creados impiden, a la caída de Perón, un inmediato
retroceso al 3 de junio de 1943. Pero ese objetivo se perseguirá,