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La Semana Trágica, Osvaldo Bayer, 2006 | La Semana Trágica, revista Panorama, 1966
El imprescindible ejercicio de la memoria | El conflicto |
La FORA en el movimiento obrero, Antonio López

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La semana trágica

Por Osvaldo Bayer

La íntima alegría: no hay olvido para aquellos hechos donde se trató de apagar el Derecho a balazo limpio en vez de aplicar los argumentos de la razón. La Semana Trágica de enero del ’19. Otro aniversario más, sí, cuántos años. Cuántos muertos por lo justo. No vamos a discutir ahora si fueron mil o seiscientos los obreros muertos. Lo triste, lo trágico es que se tergiversó todo, se hizo valer como siempre o, como casi siempre, la historia oficial. No eran ni "perturbadores extranjeros" ni "rusos" ni "terroristas" como los medios oficiales y del poder trataron de disfrazar el crimen. Eran obreros que querían tener los derechos de la dignidad y de la vida: las sagradas ocho horas de trabajo. Los panaderos y los yeseros ya habían conseguido –por su lucha– las ocho horas en 1898, los metalúrgicos, en 1919, todavía trabajaban nueve horas por día. Por eso la huelga y por el lugar de trabajo para los despedidos. Dignidad y Justicia. La respuesta del poder fue bala y más bala. Con los uniformados de siempre. Esta vez ya con la ayuda de los muchachos del barrio Norte, las guardias blancas, la llamada después "Liga Patriótica Argentina". Salieron a matar "anarquistas, rusos, judíos y enemigos de la Patria". Las calles de Buenos Aires quedaron teñidas de sangre obrera.


De "Marchas y Canciones de las luchas de los obreros anarquistas argentinos (1904-1936)" Voz: Hector Alterio. Guión: Osvaldo Bayer

Pero el mismo gobierno represor tuvo que reconocer la injusticia y días después se les dio a los obreros lo que pedían. ¿Por qué entonces tanta violencia desde el poder? ¿Por qué además de los muertos, los 1500 obreros presos? La firma del ministro del Interior en las cláusulas de la solución del conflicto deja en claro que la razón estaba del lado obrero. Eso sí, esa razón se había pagado con sangre de los explotados. Pero luego de la matanza pasó a ser un tema del cual no se habla. Cuando muchos años después tratamos de que los terrenos donde había comenzado el drama –los de los establecimientos Vasena, que habían sido demolidos– pasaran a llamarse "Parque Mártires de la Semana Trágica", justamente el dirigente Augusto Vandor se opuso y propuso llamarla "Plaza Martín Fierro". Nombre que hoy lleva. Claro, del pasado no se habla porque estaban involucrados Yrigoyen, los radicales, el ejército y personajes de la "guardia blanca" que luego pasaron a ser próceres: Manuel Carlés, el Perito Moreno, el cura Miguel D’Andrea e, infaltable, el estanciero Martínez de Hoz, hijo de aquel presidente de la Sociedad Rural que recibió de Roca 2.500.000 hectáreas de la tierra donde vivían antes los pampas y los ranqueles, bisabuelo del murciélago que luego fue ministro de Economía de la dictadura de la desaparición de personas. Toda una estirpe familiar heredera del autollamado "liberalismo positivista" del roquismo.

Bien, esta semana se recordó a los obreros mártires de las ocho horas de trabajo. Entre las organizaciones que propiciaron el acto estaban la Federación Libertaria Argentina, la FORA –la más antigua de las organizaciones obreras– y la Biblioteca José Ingenieros. El culto de la utopía a través de la dignidad.

Fuente: Página/12, 16/01/06


Semana trágica

Buenos Aires bajo el terror y la muerte [Revista Panorama, 1969]


Semana de enero (30 minutos) Descargar texto

7 de enero de 1919. Una manifestación de obreros en huelga se concentra frente a los portones de los talleres metalúrgicos Pedro Vasena, en Rioja y Cochabamba. Rostros hoscos, .puños crispados, mujeres que se asoman fugazmente a las puertas de los conventillos de la zona. En el aire flota un denso clima de violencia contenida. Se cierne la tragedia. De pronto estalla el drama: por sobre los gritos de hostilidad de la multitud suenan, secos, fatales, los primeros disparos. Los ayes de dolor de los heridos son cubiertos por el crepitar de la fusilería. Nunca pudieron ponerse de acuerdo los historiadores sobre quién comenzó el tiroteo. La polémica no llegó a interesar a la media docena de muertos y a los 34 heridos que se desangraron en las calles empedradas del barrio de San Cristóbal. Ni a las centenares de víctimas que seguirían a esas primeras que se cobró, hace 50 años, la Semana Trágica. Siete días en los que la Argentina se asomó al rostro fratricida de las luchas sociales; a la sangre del pueblo ya derramada en México y Rusia. Y durante los que los argentinos vivieron el mayor cúmulo de experiencias arrojadas por la contienda de clases.
En el medio siglo trascurrido desde entonces, no todas esas experiencias fueron aprovechadas. Algunas aún tardan en asimilarse. Por ejemplo, nadie ha explicado hasta ahora una infausta coincidencia: la huelga provocó el cierre de la fábrica y con ello frustró el primer Intento de integrar en en el país una" planta siderúrgica. Recién en 1946/47 con el Plan Savio, se reanudó el hilo de esa historia. Un hilo desplegado en forma muy lenta: sólo en 1959 comenzó a funcionar el primer alto horno de gran dimensión. Pocos repararon entonces en la pérdida que experimentaba el país. Pero eran tiempos confusos. Hasta la semántica se trabucó y resultó que un anarquista y un bolchevique vinieran a ser la misma cosa; también se unificaban los términos ruso, israelita y maximalista. Lo que resultó fatal para no pocos inmigrantes judíos recién llegados (algunos huyendo de la revolución rusa) a quienes se castigó, paradójicamente, como propagadores de la nueva fe que aborrecían. Los más afortunados entre ellos soportaron bárbaras rasuradas y sangrientas palizas. Los otros, fueron asesinados y sus cuerpos incinerados en la pira común.

El último caudillo

A partir de esos disparos Buenos Aires se convirtió en la capital de la confusión. El presidente Hipólito Yrigoyen, un líder popular de quien se dijera que era el "postrero" (Carlos Sánchez Viamonte: "El último caudillo") hizo todo lo posible por mantener la serenidad. "Querían arrastrarme a reprimir a sangre y fuego" -dijo después-- Procuró, en cambio, controlar la situación e instó a los empresarios a transar rindiéndose sin condiciones ante las demandar obreras"
El 7 de enero fue un día de encrucijadas históricas. Otro caudillo hizo entonces su primera experiencia junto a los trabajadores. Según el testimonio de Diego Abad de Santillán (72 años, fue dirigente de la FORA del V Congreso) entre los oficiales del ejército que reprimieron a las manifestaciones en esa sangrienta jornada, se encontraba un joven teniente: Juan Domingo Perón. Abad de Santillán, sugiere a Panorama al evocar los acontecimientos: "Quizás ahí afirmó su política demagógica, al ver que la represión sólo produce el divorcio del gobierno con el pueblo". La versión peronista, en cambio, sostiene que Perón no tiró contra los obreros. Por el contrario, habría dialogado con ellos, en el tono paternal que caracterizaría treinta anos más tarde su relación con el movimiento sindical.

El conflicto

Todo había comenzado el 2 de diciembre de 1918. Los 800 obreros de la empresa se declararon en huelga en reclamo de la reincorporación de algunos compañeros despedidos y de la Jornada laboral de 8 horas. Además, exigían aumento de sueldos. La dirección de Vasena contesta con un categórico no y despide a los huelguistas. La Asociación del Trabajo (presidente Joaquín S. de Anchorena; secretarlo, Atilio Dell'0ro Maini) y la Liga Patriótica Argentina (Manuel Carles, más tarde abogado de Marcelo T. de Alvear) le ofrecen rompehuelgas "krumiros" y protección de sus grupos civiles armados. Los huelguistas organizan sus propios piquetes y comienzan a tomar represalias contra los que quieren quebrar el paro. El conflicto entra en una espiral de violencia y el 24 de diciembre llegan a Incendiar el auto del propio Jefe de policía.
El 8 de enero, después del encuentro frente a la fábrica (reprimieron bomberos y soldados), la FORA del X Congreso declara la huelga general. Los anarquistas de la otra FORA, la del V Congreso, le añaden un calificativo: "revolucionaria", que prende en el ánimo exacerbado de los sectores populares, sacudidos por la matanza del día anterior. Buenos Aires camina por el filo de la navaja de la guerra civil. Ese mismo día, por la tarde, el Poder Ejecutivo designa por decreto jefe de las fuerzas de represión al general Luis J. Dellepiane. "Un hombre bajito pero enérgico -dice Abad de Santillán-, al que no creo un masacrador profesional. Era 'un valiente: se apersonó sin custodia a los manifestantes;"
Los muertos del día 7 fueron velados en locales anarquistas y socialistas. Separados por rivalidades ideológicas, los acercó la muerte y el 9 fueron sepultados juntos en el cementerio de la Chacarita, unidos los cortejos hasta integrar una imponente manifestación de 200.000 personas. Mientras la multitud se dirigía en procesión hacia el cementerio, se produjeron nuevas refriegas en Corrientes y Yatay que crean una atmósfera explosiva. Luego, ya en la Chacarita, cuando el tercero de los oradores iniciaba su discurso, se repiten las agresiones. La guardia de caballería i-"cosacos"-, tropas de infantería del Ejército y bomberos abren fuego. Gritos, imprecaciones, corridas. Desesperados manifestantes se arrojaron dentro de las fosas recién abiertas para buscar un refugio contra la muerte. La política del terror se había desatado.

"Emplazar la artillería"

Dellepiane convoca el 10 a la prensa. Es seco y categórico. Amenaza "emplazar la artillería en la plaza del Congreso y atronar con los cañones toda la ciudad". "La Nación" de esa fecha subraya en su crónica otra advertencia del jefe militar: "Hacer un escarmiento que se recordará durante 50 años". Hipólito Yrigoyen estima que es necesario un esfuerzo para evitar que el incendio se propague. Cita al día siguiente en su despacho a don Pedro Vasena (su correligionario Leopoldo Melo era abogado .de la empresa) y lo insta a aceptar los reclamos sindicales. El conflicto se resuelve por la rendición incondicional del empresario. Así lo entiende la FORA del X Congreso, que da por terminado el movimiento. Los "quintistas", en cambio, creen que ha sonado la hora..de la revolución social y deciden continuar la huelga. A la que se le agrega un objetivo urticante: la libertad de Simón Radowitzky, un anarquista que purgaba prisión perpetua en Ushuaia, por haber matado al jefe de policía Ramón Falcón el 17 de noviembre de 1908. (Durante su segunda presidencia Yrigoyen le alivió la condena y lo puso en libertad).
Durante varios días continuó el terror en fas calles. Las "bandas blancas" -patotas de la Liga Patriótica y la Asociación de! Trabajo- insistieron en actos vandálicos de represalia contra todo lo que consideraban maximalista. ¿Cuántas fueron las víctimas de ese estado de locura colectiva? El escritor Diego Abad de Santillán computa 1.500 muertos y 5 mil heridos Hubo, además, 55.000 prontuariados, con la accesoria, para muchos, de una quincena de confinamiento en la isla Martín García. En su libro "La Semana Trágica", el comisario A. Romariz (oficial de la seccional 34a. de la Boca, durante los sucesos), estima en 800 los fallecidos y en 4.000 los heridos. Agrega detalles escalofriantes: los cadáveres eran rápidamente incinerados conforme a indicaciones del general Dellepiane. El mismo pudo comprobarlo en la Morgue, cuando acudió a reclamar el cuerpo de un suboficial. "Entretenga a la viuda hasta que se olvide", le dijo el funcionario que lo atendió, escudándose en esa orden.

Versión Ideológica

Durante el conflicto, los anarquistas consideraron a la Iglesia su enemiga. Proporcionaba rompehuelgas y condenaba la rebelión. Sin embargo, monseñor Gustavo J. Franceschi, ya destacado sacerdote, se opuso a la represión y hasta justificó, de alguna manera, la reacción popular. Escribió en la revista "Acción": "La organización social actual no satisface los deseos del hombre, que no se resigna a ocupar toda la vida una posición inferior. Por eso resuelve destruirla. Para reprimir al maximalismo... hay que modificar la organización social llevándola a una mayor justicia".
En el otro extremo Diego Abad de Santillan recuerda para Panorama; "Eramos jóvenes, impulsivos, inmaduros. Creíamos que la revolución social era inminente y recurríamos a cualquier extremo. Además, los capitalistas de aquella época no eran como los modernos; acostumbraban a considerar a los obreros como esclavos".
En cuanto a las causas que provocaron el brutal acontecimiento, piensa que influyeron "asuntos extranjeros y nacionales". Por un lado la revolución rusa, la de Ios consejos de Baviera, las agitaciones de Italia y España, por el otro, la presencia de la burguesía en el gobierno, a través del radicalismo, lo cual implicaba un desplazamiento de los tradicionales poseedores del poder.
El recuerdo de la semana trágica tuvo amplia repercusión en la literatura porteña. Un hijo suyo es "Nacha Regules", la novela de Manuel Gálvez. En sus memorias testifíca "Lo arrojé (al libro, publicado en el diario socialista 'La Vanguardia', como folletín) palpitante, aún chorreando lágrimas de sangre, en medio de la farsa de la vida, de la alegre, estúpida o canallesca farsa de la vida." Más tarde abandonaría su incipiente revolucionarismo socialista para transformarse en vocero del nacionalismo.
Otro nacionalista era Carlos Ibarguren ("La historia que he vivido"), recuerda que de regreso a San Isidro en automóvil con su chófer (ambos armados), recogió a un agobiado caminante, en mangas de camisa. "¡Gracias, señor, me salva usted la vida. No podía andar más!", exclamó con marcado acento extranjero. Era el secretario de la embajada de los Estados Unidos, Summer Welles, recién llegado a Buenos Aires, y futuro secretario de Estado norteamericano. Había podido comprobar que éstas eran tierras calientes. Su relación posterior con América latina parece signada por esta visión inicial del continente.
Pasaron los años, y salvo la esporádica llamarada del anarco-sindicalismo español durante la guerra civil de 1939, la ideología ácrata pareció condenada a languidecer hasta la consumición total. Pero en 1968, casi 50 años después de aquella Semana Trágica porteña, en la Sorbona se alzan las banderas rojinegras y alguien grita "¡Viva la anarquía! ", el reloj de la historia pareció retroceder medio
siglo en París; más tarde en México, Roma.

Fuente: www.magicasruinas.com.ar

IMAGENES:
Primeras víctimas. Cuatro cadáveres conducidos por una multitud de 200.000 personas (Archivo General de la Nación)
Presidente Irigoyen "Me querían llevar a reprimir a sangre y fuego" [al pueblo] (Archivo General de la Nación)
Talleres Vasena. El estallido de violencia inicial también hirió de muerte a la siderurgia (Archivo General de la Nación)
Diego Abad de Santillán: "Eramos jóvenes e impulsivos"


El imprescindible ejercicio de la memoria

7 DE ENERO DE 1919: Se produjo la matanza de obreros que se conoció como la Semana Trágica.
Desde hacía un mes se encontraban en huelga los obreros de los Talleres Metalúrgicos Pedro Vasena. Exigían la reducción de la jornada de trabajo de 11 a 8 hs.; aumentos escalonados de jornales; la vigencia del descanso dominical y la reincorporación de los delegados echados al iniciarse el conflicto. El 7 de enero, varias chatas manejadas por rompehuelgas contratados, que a su vez estaban acompañados de policías, fueron interceptadas en forma pacífica por un grupo de huelguistas. "al penetrar en el barrio obrero, relata La Nación el 8 de enero, los peones que iban en los carros del convoy eran a cada momento interpelados por los huelguistas. Hombres mujeres y niños los seguían a pocos metros de distancia, los incitaban a abandonar el trabajo y le gritaban 'carneros'. Los huelguistas siguieron así hasta que los carros pasaron frente al destacamento policial, pero a medida que estos se iban alejando del destacamento y aproximándose a los talleres, crecía la indignación de los obreros"
Como los rompehuelgas no se detuvieron, los obreros comenzaron a tirarles piedras. Intervino la policía y asesinó a obreros, uno de ellos de un sablazo en la cabeza. Hubo más de treinta heridos, varios de los cuales después fallecieron. EL día 9 el paro general fue prácticamente total. El día anterior la FORA Vº Congreso y la FORA IXº Congreso lo habían decretado. A las 15 hs. comenzó a marchar el cortejo fúnebre que llevaba a los caídos el día 7. Miles de personas lo acompañaban. Los obreros tenían grupos de autodefensa pero en inferioridad de condiciones en relación con policías y bomberos. Al llegar la columna a Yatay y Corrientes, una parte de la manifestación penetró en el convento del Sagrado Corazón de Jesús gritando consignas anticlericales. Fueron recibidos a balazos por policías y bomberos que estaban dentro. Mataron a varios.


A las 17 hs. el cortejo llegó al cementerio, mientras hacía uso de la palabra un delegado de la FORA IXº, fueron atacados por la policía y los bomberos que se habían atrincherado en los murallones. Las balas partían de todas partes. Fue una masacre.
A partir de allí los enfrentamientos y la represión abarcaron toda la ciudad de Bs. As. El gobierno de Yrigoyen recurrió al ejército con Dellepiane al frente, porque la policía se encontraba desbordada. La lucha, sin embargo, duró toda la noche especialmente en el barrio de La boca.
Los medios oficiales ("La Prensa") registraron más de 40 muertos y centenares de heridos. "La Vanguardia", periódico del Partido Socialista, en cambio, habla de más de 100 muertos y 400 heridos. No hubo bajas entre las fuerzas represivas.
La huelga continuó el día 10 y se extendió al interior del país. Los enfrentamientos y la represión continuaron.

"Reunido este Consejo con representantes de todas las sociedades federadas y autónomas, resuelve: Proseguir el movimiento huelguístico como acto de protesta contra los crímenes del Estado, consumados en día de ayer y anteayer.
Fijar un verdadero objetivo al movimiento, el cual era pedir la excarcelación de todos los presos por cuestiones sociales.
Conseguir la libertad Radowitzky y Barrera, que en estos momentos puede hacerse, ya que Radowitzky es el vengador de los caídos en la masacre de 1909, y sintetizar una aspiración superior. (...) En consecuencia, la huelga sigue por tiempo indeterminado. A las iras populares no es posible ponerles plazo: hacerlo es traicionar al pueblo que lucha. Se hace un llamamiento a la acción.
Reivindicaos, proletarios. Viva la huelga general revolucionaria.
El Consejo General." Manifiesto FORA Vº Congreso (10-1-1919)

El gobierno de Yrigoyen se reunió con el embajador inglés y con Pedro Vasena para pedirle que acceda a los reclamos de los trabajadores. Más tarde lo hizo con la FORA del IXº congreso para que levanten el paro. Los dirigentes pertenecientes en su mayoría al Partido Socialista, al Partido Socialista Argentino y al Partido Socialista Internacional (comunista) acceden. EL clima en la gente era muy otro y el paro continuó por algunos días más.
La huelga finalmente fue decayendo pero quedó en la historia como un ejemplo de rebelión popular.

Fuente: Agencia Walsh (de "La Semana Trágica de Enero de 1919", Julio Godio)
 


El conflicto - La ascensión del primer gobierno del partido radical suscitó una jubilosa expectativa. El país se sentía liberado, dignificado, y en vísperas de grandes realizaciones. Con la llegada al poder del gran caudillo don Hipólito Yrigoyen, que encarnaba la protesta y la lucha nacional contra los gobiernos de la opresión, la corrupción y el fraude, se había desatado una incontenible esperanza popular.
Pero si bien Yrigoyen llegaba libre de compromisos con los intereses y con los personeros del Régimen, carecía de mayoría en ambas cámaras legislativas y once de las catorce provincias se hallaban en manos de gobiernos surgidos del fraude. Era la estructura política de la oligarquía imperante, que subsistía intacta en su organización económica y en una parte importante de la opinión pública influida por la prensa comercial, tributaria de sus intereses.
Esos años coincidían con una intensa agitación obrera, motivada por la inseguridad económica, los bajos salarios y malas condiciones laborales, y la influencia de las transformaciones sociales del fin de la Primera Guerra Mundial. La actitud nueva del gobierno de Hipólito Yrigoyen, de comprensión y auspicio de las legítimas aspiraciones de los trabajadores, apareciendo por primera vez en la historia como árbitro de los conflictos, trataba de alcanzar soluciones equitativas. Las delegaciones obreras concurrían a la Casa de Gobierno, y el presidente las recibía junto a las patronales. Lo cual provocó una actitud defensiva de éstas, que fundaron organizaciones rompehuelgas como la Asociación del Trabajo y, sobre todo, la Liga Patriótica, en que el anti-obrerismo asumía el carácter de defensa contra "la amenaza roja", amparada en la bandera nacional.
Al mismo tiempo, el movimiento obrero adquiría en esos años una tónica revolucionaria, y estaba plagado de agitadores que anunciaban un estallido inminente. La revolución rusa de 1917 parecía a muchos el preludio de la transformación del mundo. Era el sarampión "maximalista" que atacará también a buena parte de la intelectualidad joven.
Desde hacía ya un mes los obreros de los Talleres Metalúrgicos Pedro Vasena e Hijos Ltda. se encontraban en huelga. Habían cortado las líneas e interrumpido el suministro de agua. Su planta industrial estaba en Cochabamba y La Rioja, en el barrio de San Cristóbal, en los terrenos donde actualmente está ubicada la plaza Martín Fierro, y sus depósitos se encontraban en la calle Pepirí y Santo Domingo, en Parque Patricios, cerca de Nueva Pompeya. Esta empresa era una de las más importantes del país: entre obreros y empleados sumaban más de 2.500 personas. Los huelguistas solicitaban la reducción de 11 a 8 horas de trabajo, aumentos escalonados de jornales, la vigencia del descanso dominical y la reposición de los delegados obreros echados por la empresa al iniciarse el conflicto.
El día 7 de enero de 1919 (hace hoy ochenta y cinco años), a las 16 horas, varias chatas de Vasena marchaban en busca de materia prima hacia los depósitos. La máquinas de la planta industrial funcionaban con un pequeño número de carneros y rompehuelgas contratados para la empresa en la Asociación del Trabajo. Las chatas también eran conducidas por rompehuelgas protegidos por la policía. Al llegar a la intersección de la avenida Amancio Alcorta y la calle Pepirí, un grupo de huelguistas acompañados de mujeres y niños intentaron detenerlos en forma pacífica. Como no se detuvieron, algunos obreros comenzaron a tirarles piedras y maderas. La policía disparó sus fusiles dejando, luego de dos horas de choques, un saldo de cuatro obreros muertos y más de treinta heridos, algunos de los cuales fallecieron después.
El hecho indignó a todos los obreros metalúrgicos, y la Sociedad de Resistencia Metalúrgica (antecedente de la UOM) lanzó un paro general para todo el gremio. Los obreros marítimos, que en ese momento también estaban en huelga, apoyaron a sus compañeros metalúrgicos. Lo mismo que sectores ferroviarios, en conflicto salarial con las empresas extranjeras, los del calzado, los municipales, telegrafistas y los empleados postales. El hecho pasó casi inadvertido para la prensa, pero se había desatado el factor detonante de lo que se llamaría La Semana Trágica: la huelga general, la más importante hasta esa fecha en la Argentina. La clase obrera estaba formada por entonces en su mayoría por inmigrantes, algunos de los cuales tenían experiencia sindical y política europea, sobre todo socialista y en menor medida anarquista.
El día 8 de enero en la Cámara de Diputados el socialista Nicolás Repetto propone que en el temario de las sesiones extraordinarias se incorpore el debate sobre los sucesos del día anterior. "Un importante barrio de la ciudad ha sido teatro ayer, señor presidente, de un episodio sangriento que debe haber producido una impresión muy desagradable, dolorosa para todos los argentinos que se interesan en el progreso real de la cultura colectiva... Los conflictos sangrientos en las huelgas se deben principalmente a estas causas: primero a la falta de serenidad por parte de la autoridad encargada de mantener el orden. Segundo, a la falta de comprensión, e impermeabilidad cerebral de algunos que se resisten obstinadamente a aceptar de una vez las buenas prácticas gremiales y obreras que ya están difundidas en el mundo todo. Y por último, a la falta de serenidad de los obreros". Pero se levanta la sesión por falta de quórum. El conflicto social, como siempre, se resolvería entonces en la calle.
El día 9 de enero, desde temprano, los huelguistas se lanzan a la calle, a los barrios y a las puertas de las principales empresas para garantizar el paro. Incitaban a los trabajadores y a los transportistas a abandonar sus puestos de trabajo. Voltearon tranvías, cortaron cables de electricidad, bloquearon la planta Vasena con barricadas en las calles San Juan, Cochabamba, Oruro, Urquiza, y La Rioja. Los comerciantes de toda la ciudad también se fueron adhiriendo, sea por apoyo a los huelguistas o por miedo a las represalias. Lo cierto es que para el mediodía la ciudad estaba totalmente paralizada.

Por otra parte, había salido desde Nueva Pompeya el cortejo fúnebre que llevaba a los abatidos del día 7. Un pequeño grupo de agitadores que los acompañaban iban robando las armerías que se encontraban a su paso, como la de Juan Picasso en San Juan al 3900. A las 17 el cortejo llegó al cementerio. Mientras hablaba uno de los gremialistas, la policía y los bomberos armados, atrincherados en los murallones del cementerio, balearon a la multitud. Cundió el pánico. Todos empezaron a correr mientras la lluvia de balas continuaba, ya que se contestó el fuego desde los huelguistas. Según la prensa oficial murieron allí doce personas, pero según un periódico obrero eran más de cincuenta, incluyendo algunas mujeres. La gente que se alejaba del cementerio comenzó a agredir en las calles a cuanto policía se les cruzaba. Decenas de tiroteos se produjeron en toda la Capital, y en Retiro fueron también baleados algunos trenes. Mientras tanto, se despertó el odio y el pánico entre los sitiadores de la fábrica Vasena al enterarse de los sucesos en el cementerio. La policía atacó con ametralladoras y fusiles Mauser a los sitiadores de la empresa, que se mostraban exasperados.
A las 19, por orden del presidente Yrigoyen, intervenía el Regimiento de Infantería. El operativo policial-militar estuvo a cargo del general Luis Dellepiane, quien indignado y envalentonado declaró: "Habrá un escarmiento que se recordará durante los próximos cincuenta años". Lamentablemente, no estaba errado.
Por la noche seguía la violencia, y hubo nuevos enfrentamientos entre obreros y policías en varios puntos de la ciudad. La prensa oficial había registrado un saldo para ese día de cuarenta muertos, mientras que la prensa obrera registró más de cien muertos y cuatrocientos heridos. La Unión Obrera Ferroviaria también se plegaba completa al paro.
La mañana del día 10 de enero la ciudad estaba virtualmente paralizada, y había ciudades del interior del país que también se habían adherido al paro. El presidente había ordenado la distribución de 30.000 efectivos militares en toda la ciudad, como así también había solicitado la presencia urgente del señor Vasena en la Casa Rosada. Buenos Aires parecía una ciudad ocupada por fuerzas enemigas. En las esquinas, piquetes de soldados, policías y bomberos estaban listos para reprimir cualquier intento. En los barrios los transeúntes eran palpados de armas. Las calles presentaban un aspecto insólito, con varios tranvías y automóviles abandonados. Las discusiones e incidentes por obtener alimentos de primera necesidad eran comunes. La violencia seguía en toda la ciudad. El saldo de esta jornada habría sido de no menos de cincuenta muertos.
El día 11 se habían dado a conocer los resultados de las tratativas entre el gobierno, Vasena y el sindicato. La empresa había concedido a los obreros las siguientes mejoras: 8 horas de jornada laboral, un aumento que variaba según el salario entre el 20% y el 40%, aumento de las horas extras en un 50% y un 100% adicional para los que trabajaran los domingos. Sin embargo, la huelga y los tiroteos continuaban. Ese día fue el de la gran redada para los sindicalistas y dirigentes socialistas: se llegó a detener a cinco mil personas. Pero al intensificarse la represión y al carecer ya la huelga de objetivos claros, comenzó a reinar la confusión entre los obreros. La huelga para ellos ya no tenía sentido... y habían conseguido bastante. Tanto como nunca antes en toda la historia.
El 12 de enero la policía dio a conocer la noticia –completamente falsa- de que se había descubierto una célula bolchevique entre los numerosos inmigrantes rusos de la ciudad. Se allanó una casa donde habrían sorprendido a cuarenta "miembros dirigentes del ‘primer soviet’ de la república federal de los soviéticos argentinos" (La Nación, 13/ene/1919). El periódico socialista La Vanguardia el día 14 de enero registraba un total de setecientos muertos y más de dos mil heridos, obreros, mujeres y niños, a lo largo de toda la semana. Pero ya el día 16 prácticamente la policía había puesto en libertad a la mayoría de los obreros y de a poco se volvía a la normalidad.
Durante la Semana Trágica, a la represión policial se sumó la aparición de la Liga Patriótica Argentina, una fuerza de choque juvenil de derecha que se dedicó a atacar violentamente a los sindicatos, agrupaciones de izquierda y anarquistas, y de paso, también a los judíos. La Liga Patriótica, dirigida por la elite conservadora, habría de ser en los tres años siguientes la asociación política más poderosa del país. Su crítica fundamental se dirigía a la benevolencia con que Yrigoyen trataba las luchas sindicales. A dos años de la revolución rusa, existía el temor generalizado de su posible repercusión. Esto había creado un clima de desasosiego en las clases dominantes, que en cada movimiento obrero veían una amenaza para la seguridad pública. Afirmaban que el "maximalismo", el programa máximo de la revolución socialista soviética, pretendía apoderarse del país. Se preveía una inminente revolución mundial, que, si bien constituía un factor movilizador para los trabajadores, actuaba como revulsivo para las clases propietarias.
La fotografía muestra a los policías "en pie de guerra", fue publicada en la revista Caras y Caretas del 18 de enero de 1919. Los que apuntan son conscriptos de la escuela de tiro provistos de ametralladoras de pie, al frente de la Comisaría 24, en La Boca.

Fuente: www.agendadereflexion
Ilustración: Pablo De Bella - www.pablodebella.com.ar


La FORA en el movimiento obrero

Por Antonio López

1987 Centro Editor de América Latina S.A.
Biblioteca Política Argentina

PALABRAS PRELIMINARES

El movimiento obrero es el arma primordial que poseen los trabajadores para enfrentar con posibilidades de éxito a la patronal, tratando de mejorar las condiciones de vida en que se desenvuelven en la sociedad capitalista, ya sea ésta con predominio del capital privado, o, con predominio del capitalismo estatal.
Una parte del movimiento obrero, hoy ampliamente mayoritario a nivel mundial, circunscribe su accionar a un mejoratívismo que no cuestiona la existencia de ese sistema social —capitalismo privado o capitalismo estatal— y que, en muchos casos, e verdaderamente al servicio de fuerzas ideológicas, de fuerzas políticas, que lo utilizan como uno de los puntales en que se basamenta ese sistema social de explotación.
Otra parte del movimiento obrero, proporcionalmente minúscula considerada mundialmente, cuestiona ese sistema social de explotación, y tiende, como aspiración finalista, a sustituirlo por otro en que la explotación del hombre por el hombre, desaparezca. Es obvio que, si desaparece la explotación del hombre por el hombre, su consecuencia es ni más ni menos, que un sistema social de libres y de iguales.
Para lograr sus objetivos, ambas formas de encarar el movimiento obrero, diferían —y difieren en la actualidad— en sus medios. Bien se ha dicho que debe haber una correlación, una correspondencia, entre medios y fines; que estos últimos, deben estar consustanciados con los medios que se utilicen para conseguirlos. Es así, que toda la fracción del movimiento obrero ampliamente mayoritaria en la actualidad, consecuente con sus propósitos meramente mejorativistas, es decir, reformistas, utiliza medios que no contradicen esos propósitos, esos fines. Esos medios, legalizados es decir controlados por el Estado que ha Embretado al movimiento obrero en una maraña de leyes que lo maniatan, es no solamente aceptado, sino fomentado por la amplia gama de sindicalistas reformistas, que propician la intervención del Estado como intermediario y arbitro en los conflictos entre patrones y trabajadores. En nuestro país, es una demostración de ello, la posición que frente a la denominada Ley de Asociaciones Profesionales, mantienen los sindicalistas de extracciones políticas diversas: peronistas, socialistas, comunistas, etc., a quienes por encima de sus diferencias, une la tendencia legalista, es decir, reformista. Por el contrario, el otro sector del movimiento obrero, el de proporciones minúsculas en la actualidad considerando todo el globo terráqueo, basa su accionar tendiente a no detenerse en propósitos solamente mejorativistas, pero sin descuidarlos, en lograr un cambio total en las relaciones sociales, es decir, un cambio revolucionario, en medios que están coherentemente relacionados con esos fines, utilizando exclusivamente, la acción directa, que consiste esencialmente en el tratamiento directo entre patrones y trabajadores de todos los problemas que surgen de esa relación de dependencia que mantienen, sin aceptar bajo ninguna circunstancia la intromisión del Estado, como intermediario o arbitro.
En nuestro país, ésta última posición, la del movimiento obrero finalista, revolucionario, ha sido sostenida esencialmente por la Federación Obrera Regional Argentina (FORA), y, si bien es cierto, que hoy ha dejado prácticamente de existir, su historia, extraordinariamente rica en episodios de gran valor para extraer enseñanzas, merece que sea conocida por los jóvenes que ignoran casi totalmente todo lo que fue y significó el movimiento obrero argentino anterior al peronismo. De este movimiento obrero argentino, nos vamos a referir solamente a la organización fundamental de la parte revolucionaria, la Federación Obrera Regional Argentina, historiando a grandes rasgos algunos hechos y características.
Por otra parte, de autores que se han ocupado del tema, de documentos que hacen al asunto que nos preocupa, de testimonios verbales de viejos militantes y, aún, del conocimiento directo, se nutren las páginas que siguen.

"Marchas y Canciones de las luchas de los obreros anarquistas argentinos (1904-1936)". Producción por Virgilio Expósito en las postrimerías de la dictadura de Lanusse, voz: Hector Alterio, guión: Osvaldo Bayer.


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LADO A: 15' - LADO B: 17'

I- FUNDACIÓN DE LA FEDERACIÓN OBRERA REGIONAL ARGENTINA

La Federación Obrera Argentina (desde 1904 Federación Obrera Regional Argentina) fue fundada el 25 de Mayo de 1901 por un grupo de Sociedades de Resistencia, en las que ejercían fuerte influencia trabajadores que sustentaban las ideologías que desde los tiempos de la primera Asociación Internacional de los Trabajadores disputaban la supremacía en el movimiento obrero. Por un lado, los bakuninistas, o antiautoritarios, o, finalmente, anarquistas; por el otro lado, los marxistas, o autoritarios, o, finalmente, socialistas. En la Argentina se reproduce esa confrontación que, muchas veces adquirió tintes violentos, por más que ambas comentes aspiraran a llegar a los mismos fines: la organización de "una sociedad basada en los principios socialistas: en lo que sí diferían, indudablemente, era en los medios utilizados para lograr esos fines. Los socialistas iban a la conquista del Estado para, desde ahí, implantar el socialismo. Los anarquistas fincaban su accionar en la destrucción del Estado por medio de la Revolución Social, para entonces, organizar la sociedad con parámetros socialistas.
No es extraño que en la Argentina se reprodujera la controversia entre socialistas y anarquistas, si se tiene en cuenta que los iniciadores del movimiento obrero argentino eran, en su gran mayoría, inmigrantes europeos (precisamente en Europa había tenido origen la controversia) que, en gran proporción, habían adquirido esas ideas en sus países de origen.
La Federación Obrera Regional Argentina tenía lejanos antecedentes en la década de 1870-1880, durante la cual se habían organizado algunas secciones adheridas a la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT). Fue escaso el eco que despertó entre los nativos del país esta inquietud que desarrolló su accionar en algunos círculos de trabajadores extranjeros. Lo cierto es que el ensayo no tuvo mayor trascendencia y prontamente cayó en el olvido. Donde sí tuvo algún grado de éxito fue en la vecina orilla. En Montevideo llegó a organizarse la Federación Regional Uruguaya, adherida a la Asociación Internacional de los Trabajadores.
Otros antecedentes de organizaciones que sirvieron de nexo a las Sociedades de Resistencia existentes, ya más cercanas en el tiempo, tuvieron concreción a partir de 1890. La primera de ellas tuvo lugar en el año indicado; con el nombre de Federación de los Trabajadores de la Región Argentina se proponía "la unión de los obreros de esta región, para defender sus intereses morales y materiales, y practicar la solidaridad con los hermanos de todas las regiones en lucha contra el capital y sus monopolizadores".
En su primer Congreso de Agosto de 1891 se resuelve:
"a) Designar una comisión para formular 'un programa análogo al de los partidos obreros europeos';
"b) Propugnar la jornada de ocho horas de trabajo y un descanso semanal de 36 horas seguidas;
"c) Considerando la propiedad individual de los medios de producción, fuente del malestar que soporta la clase obrera, el congreso vota 'en favor de la abolición completa de la propiedad individual, en conformidad con todos los partidos de lodos los países' ".
Esta primera expresión del movimiento obrero organizado en el país, de franco carácter socialista según lo atestigua lo transcripto, fue disuelta poco después de su segundo Congreso.'
Recién en 1894 se organizó un nuevo nucleamiento de sociedades de resistencia, la Federación Obrera Argentina. "El programa, dice Jacinto Oddone, era un largo documento, platónico en gran parte, con reivindicaciones económicas y políticas, semejante al de la primera Federación, que más se adaptaba para un partido político que para una organización gremial. Por eso es que, fuera de los delegados que lo habían sancionado, encontró una seria resistencia, al punto que nunca fue aceptado por los gremios." (*2)
Una tercera tentativa de Federación Obrera se llevó a cabo en 1896, proponiéndose lo siguiente:
"a) Reunir en su seno a las diversas organizaciones (sociedades de oficio) que tengan por objeto el mejoramiento y defensa de las condiciones de trabajo por medio de la asociación.
"b) Promover la creación de nuevas sociedades donde no existan, y auxiliarlas para que se constituyan.
"c) Practicar debidamente el principio de solidaridad entre las organizaciones adheridas, con arreglo a las prescripciones del presente reglamento.
"d) Mantener estrechas relaciones con los organismos obreros de los demás países que persigan el mismo fin que esta Federación y practicar con ellas del mismo modo, siempre que sea posible, el principio de solidaridad.
"e) Recabar de los poderes públicos leyes que favorezcan los intereses del trabajo, tales como la jornada de ocho horas, fijación de un salario mínimo, igualdad del salario para los obreros de uno y otro sexo, etc.
"f) Fuera de este objeto y de lo que con él tenga relación directa, la Federación no defiende principios económicos determinados, no pertenece a ningún partido político, no profesa ninguna religión, y no conoce distinciones de raza o nacionalidad. Sus miembros son libres personalmente de defender y propagar las opiniones que consideren más acertadas independiente del de la organización." (*3)
Antes de finalizar 1897 se había diluido esta tercera tentativa de organizar una Federación Obrera en la Argentina.
Por último, para finalizar la mención de las tentativas de organización que precedieron a la Federación Obrera Regional Argentina, tenemos que referirnos a una iniciativa del Partido Socialista para dar vida a la Federación general de Organizaciones Obreras de Buenos Aires, que tuvo efecto en 1900. Las aspiraciones de la flamante Federación eran las siguientes:
"a) La reglamentación de la jornada de trabajo para los adultos, mujeres y niños;
"b) Una Ley que instituya el descanso dominical;
"c) La abolición del trabajo a destajo;
"d) Leyes que responsabilicen a los patronos por los accidentes de trabajo;
"e) Una ley creando tribunales arbitrales, formados por patronos y obreros, para dirimir las diferencias que se produjesen entre unos y otros;
"f) Higienización de las habitaciones obreras;
"g) Concesión de pensiones y subsidios a los obreros ancianos y a los inválidos del trabajo." (*4)
Para lograr esos propósitos haría "peticiones a los poderes públicos nacionales, provinciales y municipales, y si no obtuviera satisfacción a sus pedidos", emplearía 'los medios que dentro del orden estén a su alcance para llegar a la conquista de sus aspiraciones". (*5)
Fracasadas estas tentativas de organización de una Federación Obrera, no se perdieron esos propósitos ya que, como dejamos dicho, el 25 de Mayo de 1901, se realizó el Congreso fundador de la Federación Obrera Argentina que sí perduraría en el tiempo y dejaría honda huella en las luchas sociales de la Argentina en las primeras décadas de este siglo.
Sentadas las bases fundadoras de la nueva Federación (Anexo Documental N° 1), (*6) desde un principio se puso de manifiesto la supremacía "de los anarquistas sobre los socialistas que habían participado en su constitución, produciéndose ya en el segundo Congreso celebrado en 1902, el retiro de estos últimos que organizaron una nueva central obrera: la Unión General de Trabajadores (UGT). Desde el mismo instante de la separación de anarquistas y socialistas en dos organizaciones distintas, se realizaron variados intentos de unificación que finalizaron en continuos fracasos, hasta que, varios años más tarde, cuando ya la Unión General de Trabajadores había desaparecido dando paso a la Confederación Obrera Regional Argentina (CORA), con predominancia en ese entonces de los llamados sindicalistas puros en detrimento de los socialistas, esa inquietud unificadora fructificó al disolverse la CORA e ingresar masivamente sus Sociedades de Resistencia en la Federación Obrera Regional Argentina.
Como decíamos, en La FORA tuvieron especial predicamento los anarquistas, que superando opuestos puntos de vista entre sus propios partidarios —los había refractarios a toda organización, a los cuales se denominaba antiorganizadores— pusieron especial énfasis en ese frente de actuación que, debido a esa circunstancia, adquirió relevante importancia a través de varias décadas, constituyéndose en el principal campo de propagación de sus ideas revolucionarias.
En ese sentido, en el sentido de sus ideas revolucionarias, la FORA puede considerarse sin lugar a dudas, como la heredera de la Primera Internacional, en especial modo de su Federación Regional Española. Tanto es así, que puede menos que convenirse, en la identidad de ideas que representa la resolución redactada por el famoso revolucionario ruso Miguel Bakunin y aprobada por el Congreso de Saint Imier (Anexo N 3), realizado en Setiembre de 1872 por secciones antiautoritarias de la Asociación Internacional de Trabajadores que se habían alzado contra la autoridad del Consejo General y desconocían lo que la mayoría amañada por los marxistas había aprobado en el reciente Congreso de La Haya, con la recomendación finalista del comunismo anárquico aprobada por el 5° Congreso de la FORA llevado a cabo en 1905. (Anexo N° 4.)
El Congreso de Saint Imier significó prácticamente el comienzo del anarquismo como movimiento organizado, ya que anteriormente su actuación había sido la de integrante junto con otras corrientes socialistas, de una misma organización. Esto no dejó de tener vigencia sino en una forma algo gradual, pero, desde el Congreso referido la diferenciación se fue acentuando cada vez más hasta culminar en la separación definitiva.
Para certificar la importancia del Congreso de Saint Imier y la influencia que adquirió para la difusión de las ideas y la organización anarquistas, insertamos dos dictámenes aprobados en el mismo sobre los temas, "Pacto de Admistad, Solidaridad y Defensa Mutua" (Anexo N° 2), y, "De la organización del trabajo" (Anexo N8 5).
En el 4a Congreso de la FORA se aprobaron las bases fundamentales de su organización y de sus medios de lucha: El Pacto de Solidaridad (Anexo N° 6). El "Sistema de Organización" (Anexo N° 7) y "Declaración de Principios" (Anexo N° 8). Si cotejamos esos documentos básales con los que regían la vida orgánica de la Federación Regional Española de la Asociación Internacional de los Trabajadores (Anexo N°9), veremos las similitudes existentes incluso en la terminología empleada; obsérvese por ejemplo que las sociedades constituidas se denominaban Sociedades de Resistencia a pesar de que cuando se fundó la FORA, el sindicalismo ya estaba en pleno auge en Francia y otros países de Europa. Claro está que no faltaban las diferencias entre ambas organizaciones, mientras los anarquistas españoles de la primera hora se aglutinaban en la clandestina Alianza de la Democracia Socialista (Anexos N5 10 y 11) con el objeto de influir en la Federación Regional Española, en la Argentina los anarquistas que militaban en la FORA combatían a través del tiempo —como veremos más adelante— porque en la época en que ya la FORA llevaba largos años de actividad y en España la Confederación Nacional del Trabajo era la organización sindical orientada por los anarcosindicalistas, se fundó en 1927 la Federación Anarquista Ibérica con idénticos objetivos que la antigua Alianza de la Democracia Socialista.
Hay que apuntar que el sistema de organización aprobado en el 49 Congreso de la FORA, no se puso en práctica en todos sus términos, ya que la constitución de las Federaciones de Oficio y las Federaciones de Oficios similares no fueron aprobadas en nombre de salvaguardar los principios federalistas, salvo en los casos de los obreros portuarios y de los obreros ferroviarios que, por breve tiempo, fueron autorizados a funcionar como Federaciones de Oficios. (Anexos N8 97-98-121-125-133.)
El funcionamiento del Consejo Federal muchas veces excedió el marco que lo fijaba al sistema de organización aprobado —"Centro de Correspondencia de toda la República, el intermediario entre todas las sociedades y federaciones"— (Anexo N° 7), lo que dio pie para no pocas disputas y reyertas que tuvieron viva incidencia en las divisiones que se produjeron, a las que nos referiremos más adelante.

II- RESOLUCIONES DE CONGRESOS Y REUNIONES REGIONALES DE DELEGADOS
A través de su existencia, la FORA realizó 11 Congresos ordinarios —no se incluye el 9* Congreso de 1915, luego desconocido aunque sus resoluciones están transcriptas en el Anexo Documental—, 2 Congresos Extraordinarios y no menos de 10 Reuniones Regionales de Delegados. Repasando suscintamente los acuerdos adoptados, podremos colegir cuáles eran las inquietudes que preocupaban a los trabajadores y a los militantes, más activos en cada momento. Esas inquietudes en muchos temas se reiteraban continuamente: otras veces aparecen nuevos planteos ante problemas también nuevos. Asimismo permiten apreciar, que en muchos aspectos fueron precursores en el planteo y aporte de soluciones que, posteriormente, tuvieron vigencia a través de la legislación laboral.
"Legislación laboral.
'Desde principios de siglo hasta ahora muchos son los cambios que se han sucedido en las condiciones de trabajo. Las organizaciones obreras, de todas las ideologías que. se disputaron el control del movimiento obrero, influyeron decisivamente para que las condiciones infrahumanas imperantes en aquellos años se fueran morigerando paulatinamente, logrando condiciones más humanas tanto en lo que respecta a la duración de la jornada de trabajo —variaban entre 9 y 14 horas diarias—(*7), como en el nivel de los salarios que aproximadamente iban de $1 a $4 diarios para los hombres y de $0.80 a $3 para las mujeres, según los gremios y la categoría profesional (*8). Los salarios no les alcanzaban —salvo en las categorías más privilegiadas— para solventar los gastos mensuales de comida, vestido, transporte y alquiler que eran muy caros para el nivel medio de ingresos que tenían los trabajadores. A las condiciones de extrema explotación que padecían en sus ocupaciones, se sumaba el tener que habitar en conventillos que habían proliferado en una ciudad cada vez más grande. Los conventillos aunaban al hacinamiento más promiscuo, la casi total falta de las más elementales condiciones de higiene. Así los describe un socialista que fue militante sindical de la primera hora:
"Imaginemos un terreno de 10 a 15 metros de frente (los hay que sólo tienen de 6 a 8) para 50 a 60 de fondo; algo que se asemeja a un edificio, por su parte exterior, o casa de miserable aspecto: generalmente un zaguán cuyas paredes no pueden ser más mugrientas, al final del cual una pared de dos metros de altura impide que el transeúnte se aperciba de las delicias del interior. Franquead el zaguán, y veréis dos largas filas de habitaciones, en el centro de aquel patio cruzado por sogas en todas direcciones, una mugrienta escalera de madera pone en comunicación con la parte alta del edificio. El conjunto de piezas, más bien que asemejarse a habitaciones, cualquiera diría que son palomares; al lado de la puerta de cada cuarto, amontonados en completo desorden, cajones que hacen las veces de cocina, tinas de lavar, receptáculos de basuras, en fin, todos los enseres indispensables de una familia, que por lo reducido de la habitación forzosamente tienen que quedar a la intemperie. En la parte alta del conventillo la estrechez es mayor, pues no teniendo los corredores más que un metro o metro y medio de ancho, apenas queda espacio para poder pasar.
"Las habitaciones son generalmente de 3 por 4 metros de altura, excelentes piezas, cuando llegan a tener una superficie de 4 por 5. Esas celdas son ocupadas por familias obreras, la mayoría con 3, 4, 5 y hasta 6 hijos, cuando no por 3ó4 hombres solos. Adornan estas habitaciones dos o tres camas de hierro o simples catres, una mesa de pino, algunas sillas de paja, un baúl medio carcomido, un cajón que hace las veces de aparador, una máquina de coser, lodo hacinado para dejar un pequeño espacio donde poder pasar las paredes, que piden a gritos una mano de blanqueo, engalanadas con imágenes de madonas o estampas de reyes, generales o caudillos populares, tales son, en cuatro pinceladas, los tugurios que habitan las familias de obreras en Buenos Aires, los que a la vez sirven de dormitorio, sala, comedor y taller de sus moradores.
"Pocos son los conventillos donde se albergan menos de 150 personas. Todos son, a su vez, focos de infección, verdaderos infiernos, pues el ejército de chiquillos, en eterna algarabía, no cesa en su gritería, mientras los más pequeñuelos, semidesnudos y harapientos, cruzan gateando por el patio recogiendo y llevando a sus bocas cuanto residuo hallan a mano; los mayorcitos saltan, gritan y brincan, produciendo desde las 7 de la mañana hasta las 9 de la noche un bullicio insoportable".(*9)
La FORA desde el primer momento se ocupó de esta situación lamentable tratando de ponerle coto. Fueron múltiples los conflictos que se fueron sucediendo planteados por las organizaciones foristas que siempre consideraron que las conquistas que se lograban no significaban la finalización de la explotación a que eran sometidos los trabajadores, explotación que solamente tendría su fin con la Revolución Social expropiadora y la consiguiente emancipación que se buscaba, asimismo creían que esas conquistas solamente podrían mantenerse por la fuerza de la organización obrera y no mediante leyes que sancionara el Estado, cuya finalidad era el quitarle a los trabajadores y a sus organizaciones sindicales motivos para una acción reivindicativa de carácter ilegal y en muchos casos revolucionaria.
"En todos sus Congresos y Reuniones Regionales de Delegados, la central obrera orientada por los anarquistas, se ocupó de diversos aspectos relacionados con lo que venimos apuntando; pruebas de ello aportamos en los puntos del Anexo Documental números 12, 13, 20, 21, 25, 32, 44, 51, 57, 59, 61, 66, 89, 90, 95, 97, 178 y 192.
Los alquileres
Ya hemos apuntado que los alquileres que se cobraban en Buenos Aires eran muy caros teniendo en cuenta la escasa capacidad de los bajos salarios que se pagaban. Esta situación trajo como consecuencia que se plantearan continuamente problemas que finalizaban en muchas ocasiones con el desalojo de los que no podían pagarlos. Los dueños de los conventillos habían encontrado un verdadero filón para obtener rápidas y pingües ganancias. Como no podía ser menos, los militantes foristas que padecían a la par de todos los demás inquilinos las consecuencias de tal situación, encararon ese problema en varios de sus congresos (Anexo N9 14 y 46) en procura de una rebaja de los mismos.
La agitación producida en los inquilinatos por las condiciones deplorables de habitabilidad, los altos alquileres y el despótico trato que les dispensaban los dueños y los encargados que ellos designaban, hizo eclosión en 1907, cuando a raíz de "un fuerte aumento de los impuestos municipales y territoriales, que los propietarios de las casas de inquilinato trasladaron de inmediato a los alquileres" fue que "La Liga de inquilinos sugirió a los locatarios que no se pagaran los arriendos hasta tanto no se suprimiera el aumento".(*10)
La sugerencia tuvo amplia aceptación, dejando de pagarse el alquiler en numerosos conventillos de la Capital, algunos pueblos circunvecinos y, aun, ciudades del interior.
Los participantes de tan singular movimiento huelguístico, se organizaron para poder enfrentar a los dueños de los conventillos y a la policía que —como es natural— volcó su acción en favor de éstos. La organización de los huelguistas tuvo un amplio carácter horizontal, carácter al que no fueron ajenos los anarquistas que participaron activamente en el mismo.
Otro elemento que hay que tener en cuenta, es la participación activa de numerosas mujeres en el movimiento; téngase en cuenta que eran ellas las que más sufrían las deplorables condiciones de los conventillos, ya que mientras los hombres pasaban muchas horas en sus trabajos y aún en otras actividades, las mujeres transcurrían todo el tiempo en ese ámbito que tan vividamente describió Adrián Patroni.
"Hacia fines de Setiembre comenzaron a producirse los primeros desalojos. Los inquilinos a veces podían demostrar enfermedad de algunos de los posibles damnificados, y entonces evitaban el desalojo, pero cuando no había enfermos iban a dar con sus trastos a la calle o al patio del conventillo, aunque muchos eran recibidos -por sus propios vecinos en actos de solidaridad que se multiplicaban a medida que avanzó el conflicto.
"El anarquismo propuso que los locatarios desalojados por la justicia acamparan en las plazas públicas y para tal efecto la Sociedad de Resistencia de Conductores de Carros —miembro de la FORA— estableció que carros y carreros se pusieran a disposición de los huelguistas. Esta medida fue duramente criticada por el Partido Socialista —enfrentado tácitamente con el anarquismo— que si bien apoyó a los inquilinos, consideró el conflicto como un contrasentido, pues los consumidores no podían ni debían hacer huelgas que solo eran viables en el campo de la producción. La alternativa ofrecida por los seguidores de J. B. Justo se basaba en la asociación de los trabajadores en las cooperativas de edificación, donde a través del ahorro los asociados accederían a viviendas modestas, pero dignas.
"Las autoridades encontraron una enconada oposición en los inquilinos que comenzaron a resistir las decisiones judiciales. Caseros, propietarios y oficiales de justicia eran enfrentados por los locatarios, razón por la cual se apeló a la policía y al cuerpo de bomberos para efec-tivizar los desalojos. No obstante, un sinnúmero de conventillos no acataron las órdenes de las fuerzas de represión y resistieron atrincherados dentro de la casa, cerrando los portones de entrada y utilizando como armas defensivas escobas, piedras, maderas y calderos con agua hirviendo que amenazaban volcar sobre las autoridades."(*11)
Para fines del año el movimiento decayó; las prisiones, deportaciones, en especial modo de anarquistas que habían activado, etc., tuvieron finalmente el efecto deseado por los propietarios y las autoridades. No se modificaron las condiciones de la vivienda y de los alquileres sino muy parcialmente, pero el movimiento quedó como una demostración insólita por lo inédita, y, como un camino que posteriormente dejó de transitarse y no fue resuelto jamás.
Escuelas libres
La enseñanza fue otro de, los temas que reiteradamente se plantearon en la FORA. Fundada en los años en que Francisco Ferrer Guardia realizaba en Barcelona, España, la experiencia renovadora que significaba la enseñanza racionalista que impartía la Escuela Moderna por él organizada.
Piénsese en que, por ese entonces, la Iglesia dominaba con su prédica oscurantista, la labor educativa y, Ferrer, con su nuevo método, la puso en una situación de franco entredicho. No podía quedar impune el atrevimiento del educador que revolucionaba el sistema imperante, y, la Iglesia con su aliado, 'el Estado, se cobró tamaña osadía segando con un burdo pretexto, la vida de quien así los desafiaba.
Ferrer fue fusilado en Montjuich en 1909, pero su obra quedó y fue reivindicada por quienes fueron sus sucesores. En la Argentina, los anarquistas en general, y la FORA en particular, procuraron —con escasos medios— difundir la enseñanza libre mediante la creación de escuelas, bibliotecas, etc. Prácticamente no había Sociedad de Resistencia que no estuviera dotada de una modesta biblioteca, colocada a disposición de sus asociados, para aficionarlos a la buena lectura y a incrementar sus conocimientos.
Los Congresos y Reuniones Regionales de la FORA, se ocuparon recurrentemente de este tema (Anexo: N° 22, 24, 34, 38, 45, 88). No puedo dejar de mencionar que el lema "libertad por la educación" que figura en el dictamen aprobado por el tercer Congreso de la FORA, fue rescatado más de 50 años después, por el compañero Profesor Guillermo Savloff, que organizó la Asociación de Educación libre (ADEL) que funcionó en sus comienzos en la Biblioteca Popular José Ingenieros y luego en otros locales. El Profesor Savloff fue una de las víctimas de la despiadada represión desatada en la Argentina en la década del 70: su cuerpo apareció acribillado a balazos a fines de Enero de 1976.
La mujer
Los movimientos feministas buscan generalmente reivindicar a la mujer en su carácter de víctima de la dominación del hombre. Este planteo muchas veces adolece de falta de profundidad; los anarquistas sostenemos que, además de ser dominadas por el hombre, la mujer es una víctima a la par de aquél, del sistema social imperante basado en la explotación del hombre por el hombre. Consideramos que ambos —hombre y mujer— deben marchar unidos para luchar por la desaparición de ese sistema, y la concreción de otro sistema social igualitario en que desaparezcan todas las desigualdades y, el hombre y la mujer mancomunados se emancipen de todas las dominaciones. En el Anexo Documental (Ns 23, 30, 71) queda el testimonio de que está situación también fue considerada en las instancias máximas que significaban los Congresos de la FORA. Entre sus militantes hubo un pequeño número de mujeres que realizaron una activa labor por la concreción de esos objetivos que esbozamos escuetamente.

Los rentados
Las antiguas Sociedades de Resistencia, primeras organizaciones profesionales que formó el proletariado del país, se sostenían gracias al esfuerzo de pequeños núcleos que estaban poseídos por la mística de la militancia. Su actividad y entusiasmo abrieron brecha en la cerrada caparazón que oponía la ignorancia de los trabajadores; éstos se afiliaban impelidos por la necesidad de obtener mediante ese expediente mejoras en su triste condición de asalariados sometidos al capricho del patrón y del capataz. La relación que existía entre el militante activo —base de sustentación de organización— y el simplemente afiliado que no cumplía tareas de responsabilidad, era directa, puesto que aquéllos desarrollaban su labor sindical luego de trabajar, a la par de los demás, en la fábrica o en el taller y sin percibir ninguna retribución por ello. La evolución extraordinaria que en lo cuantitativo ha alcanzado el movimiento sindical modificó sustancialmente el panorama referido; de organizaciones minoritarias, vistas con respecto a la cantidad de trabajadores de cada gremio, han pasado a ser mayoritarias y las relaciones que mantienen los trabajadores con su sindicato —salvo excepciones, tanto individuales como de sindicatos, confirmatorias de la regla— se pueden clasificar de acuerdo a su situación dentro de él, en tres grupos: dirigentes, delegados y comisiones internas, y afiliados.
Los dirigentes en su mayoría están embanderados ideológicamente y en su generalidad configuran una casta que toma decisiones de por sí sin consultar a la masa de afiliados. Los anteproyectos de convenio, aumentos de cuotas, destino de fondos sindicales, etc., son dispuestos por ellos, contando a lo sumo con la aprobación de congresos de delegados proclives a aceptar todo lo que quieren y que a su vez no consultan a los afiliados de base.
El movimiento sindical es hoy un importante grupo de presión y su manejo significa tener en las manos un elemento de fuerza de primer orden. Muchos integrantes de este núcleo se sirven del sindicalismo como trampolín para incursionar en la política; otros, más modestos, se conforman con formar parte de la burocracia rentada que es mantenida por los sindicatos, convirtiéndose en rutinarios funcionarios durante un tiempo bastante prolongado que generalmente dura hasta que por alguna circunstancia son desplazados por otros en las mismas condiciones.
Las comisiones internas y delegados nutren el grupo dirigente, su actividad consiste en encarar la solución de los problemas —generalmente pequeños— que surgen en cada lugar de trabajo o en su defecto llevarlos a la instancia superior del sindicato, y en hacer de portadores de las órdenes del grupo dirigente a los afiliados. En las grandes y aún medianas empresas constituyen un grupo rentado —la patronal les paga los salarios o sueldos aunque no cumplan tareas laborales sino en algunos casos y en mínima medida— y cuentan incluso con oficinas o sitios especiales destinados a la atención de sus actividades. Lo mismo que en el grupo dirigente, se perpetúan en sus cargos, constituyendo una casta de funcionarios colocada inmediatamente debajo de aquélla.
La FORA expuso su opinión sobre los rentados —lejano antecedente de la burocracia actual— en resoluciones que llevan los números 52 y 102 del Anexo Documental.
Antipatriotismo y antimilitarismo
El ideal anarquista es universalista. Aún reconociendo en el amor al terruño un sentimiento natural y ponderable, sostiene que se deben borrar las fronteras que dividen artificialmente a la humanidad en enemigos unos de otros por el solo hecho de haber nacido en diferentes lugares del planeta. El patriotismo es el sentimiento natural de amor al terruño exacerbado por una educación al servicio de la casta dominante. El hombre en todos los confines de la tierra, es constantemente machacado con una propaganda destinada a demostrar las virtudes de cada patria en particular en detrimento de todas las demás.
Este patriotismo desemboca naturalmente en un militarismo que, cada vez más, escapa a los límites de encarar la guerra entre naciones —que llevaron a las hecatombes mundiales a este siglo— para desbordar como consecuencia de su naturaleza intrínseca, y se convierte en enemigo de su propio pueblo, al que aplica el más abominable terrorismo de Estado. La historia de la humanidad está plagada de ejemplos que aseveran este aserto, corroborado en los últimos años principalmente en América Latina y, especialmente en la Argentina, donde se mantienen abiertas las cicatrices causadas por un genocidio fríamente planeado y sistemáticamente ejecutado por las Fuerzas Armadas.
No queremos abundar en lo que está en conocimiento de todos, pero sí, deseamos destacar que esta situación ha sido vislumbrada certeramente desde la primera hora por los anarquistas, y, siendo la FORA una organización obrera orientada por anarquistas, no podía faltar su profesión de fe antipatriótica y antimilitarista, condenando la división del mundo en compartimientos estancos que traen como consecuencia el crimen de la guerra. (Anexo Documental N9 16, 35, 49, 67, 83, 84, 158)

Solidaridad
Otro campo en el que la FORA manifestó constantemente su preocupación y su solidaridad, fue en el caso de movimientos revolucionarios que tuvieron lugar en diversas partes del mundo y que, por lo menos en sus comienzos, demostraron propósitos emancipadores, y, con motivo de represiones desatadas en otros países. No faltaron, asimismo, expresiones solidarias en casos desarrollados en el país, pero, de algunos de ellos, nos ocuparemos aunque sea brevemente, más adelante.
En el caso de tratarse de movimientos revolucionarios, se destacaron singularmente la revolución rusa y la revolución española. En el primer caso, las esperanzas que trajo aparejado el acontecimiento revolucionario con su secuela de hechos heroicos protagonizados por trabajadores del campo y las ciudades de la lejana Rusia, encontraron a la FORA en un momento de ascenso del fervor de los trabajadores argentinos, que comenzaron a engrosar las organizaciones obreras en forma masiva, movilizados por la creencia de obtener de esa manera mejorar las condiciones en que desenvolvían su trabajo, y, especialmente a raíz de los hechos revolucionarios rusos, en que estallara la revolución social emancipadora que los redimiera de la triste condición de explotados. Cuando los bolcheviques se apoderaron del control de la revolución, maniatando a los soviets de obreros, campesinos y soldados y desataron una feroz represión contra los revolucionarios de otras tendencias, entre ellos los anarquistas, la confusión en las filas del . proletariado revolucionario se generalizó en todo el mundo. La Argentina no fue una excepción en este cuadro de confusión que se apoderó incluso de algunos militantes que ocupaban cargos de responsabilidad en la central obrera revolucionaria. La reacción de la mayor parte de la militancia, prontamente encauzó la situación con medidas drásticas que cortaron de cuajo la parte que había perdido el rumbo, obnubilada por el espejismo que provenía del ex-imperio zarista.
En lo que se refiere a la revolución social desencadenada en España para contrarrestar el golpe fascista encabezado por el general Franco, encontró a la FORA en un período de franca decadencia que continuaría sin solución de continuidad.
Téngase en cuenta, para tener una idea cabal de la influencia de los acontecimientos revolucionarios de la Península Ibérica que, como ya dejamos dicho, la FORA era, en una gran medida, la heredera de los postulados sostenidos por la Federación Regional Española de la Asociación Internacional de tos Trabajadores. El cimbronazo que causó en la Argentina el hecho revolucionario español, en especial modo la actuación de los anarquistas nucleados en la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y las Juventudes Libertarias, fue muy considerable. No faltaron expresiones diversas en tomo a la actuación de los anarquistas españoles, singularmente la incorporación al gobierno de la Generalidad Catalana primero, y al gobierno central de la República, luego. Esta posición que contravenía todo lo que el movimiento anarquista mundial había sostenido hasta entonces, aún hoy, cincuenta años después, es motivo de controversias; hay quienes comprenden y hasta justifican la posición de la máxima dirigencia del anarquismo español, en las circunstancias excepcionales que tuvieron que afrontar tanto en lo interno como en lo externo; otros, sostienen que hubiera sido más fructífero para las ideas anarquistas si se hubieran mantenido dentro de los principios que son sustancia primordial y razón de ser del movimiento que las sustenta. La FORA, tomó acuerdos al respecto, adoptando esta última posición: expresó su total solidaridad con el hecho revolucionario y la tarea de reconstrucción social impulsada por el pueblo español y la militancia de base de tas organizaciones revolucionarias, y condenó, al mismo tiempo, las desviaciones ideológicas de los responsables de los órganos de conducción de las organizaciones anarquistas.
En lo que respecta a las represiones desatadas en diversos países, la FORA las condenó repetidas veces, sin hacer discriminaciones, cualquiera fuera la ideología que gobernara el país represor. (Anexo Ns 55, 116, 117, 127, 130, 136, 150, 154, 164, 165, 166.)
Contra las leyes represivas y en solidaridad con los presos y perseguidos sociales
Preocupación permanente en la FORA fue la lucha contra las leyes represivas —Ley de Defensa Social (Anexo N° 84); Ley de Residencia (que veremos en capítulo aparte), o, que coartaban la libertad sindical como la Ley Nacional del Trabajo (Anexo N9 28, 37); y, la Ley de Asociaciones Profesionales (Anexo N* 189).
La solidaridad con los presos y perseguidos sociales, tuvo expresión concreta especialmente al darse vida al Comité Pro-Presos y Deportados (Anexo Na 147) con la misma finalidad de darle mayor organicidad a la ayuda solidaria y procurar a quienes estaban o llegaran a estar en esa situación, asesoramiento judicial.
Este aspecto de la solidaridad conviene destacarlo especialmente, ya que siempre, bajo cualquier circunstancia, se manifestó en toda su dimensión; a pesar de las diferencias de criterio sobre múltiples aspectos del quehacer militante, diferencias que muchas veces adquieren aristas muy virulentas, pero, para ayudar a los presos y perseguidos, esas diferencias se dejaban de lado y el aporte solidario completamente desinteresado nunca se retaceó.
Inmigración y desocupación
Ha recrudecido en los últimos años, con especial incidencia en países de Europa, relacionar íntimamente el problema de la desocupación con los trabajadores inmigrados. Los trabajadores nativos solicitan a menudo la adopción de medidas para evitar la inmigración, e incluso, contra los extranjeros ya residentes, responsabilizándolos de este modo de la falta de trabajo y la consecuente desocupación que padecen ellos mismos.
La FORA, consecuente con su credo internacionalista, en circunstancias similares, procedió distintamente, procurando que los inmigrantes potenciales conocieran la situación imperante en el país, antes de que salieran de sus países de origen, pero oponiéndose a una limitación de la inmigración. (Anexo N8 80, 85, 136, 143.)
Otras resoluciones
La FORA se pronunció contra el proteccionismo a la industria local (Anexo N° 77).
En favor del Incremento de la maquinaria (Anexo N° 29) puesta al servicio de los productores por la expropiación de los instrumentos de producción.
Abogó por la toma de Posesión de los medios de producción como táctica de lucha (Anexo N° 89).
Propugnó —adelantándose a los tiempos— la abolición de la Propina por perjudicial y denigrante. (Anexo N° 44.)
Estudió la forma de impedir los Aumentos de los precios a causa de las huelgas. (Anexo N° 50.)
Defendió la institución de un Salario mínimo. (Anexo N°89)

Organización y reorganización
Una preocupación constante entre la militancia de la FORA era, lógicamente, la organización del proletariado dentro de sus filas. Tratándose la FORA de una organización siempre dispuesta a jugarse en defensa de los trabajadores y de sus conquistas, los altibajos en la cantidad de sus afiliados eran muy frecuentes; a etapas de auge, sucedían lapsos de retroceso en su caudal numérico. Esto fue así en las primeras décadas de su combativa existencia, pero, es evidente, que a partir del golpe de estado del Teniente General Uriburu, el 6 de Setiembre de 1930, el retroceso fue constante y con visos de incontenible, ya que a ese retroceso, esa caída, no le sucedió el período de recuperar fuerzas como ocurría anteriormente.
Desde entonces en todas las circunstancias en que se reunían los militantes de la FORA, ya fueran reuniones regionales o circunscriptas a la Capital y pueblos circunvecinos, donde la organización aunque muy disminuida en sus efectivos, se mantuvo durante más tiempo, se planteaba el problema de la reorganización de la FORA. (Anexo N° 140, 149, 159, 169, 182, 191, 201, 203), enunciando planes que casi nunca se llevaban a la práctica, a veces por falta de medios, otras por la represión, o por ese constante disminuir de la FORA como movimiento obrero representativo de la voluntad de los trabajadores; o por todos los motivos juntos, y aún otros que dejamos de mencionar.
La aparición de Organización Obrera como órgano de la Federación, se consideró de primordial importancia especialmente después que La Protesta dejó de ser órgano oficioso— para lograr esa ansiada reorganización, tratándose reiteradamente en las Reuniones Regionales (Anexo 145, 151, 170, 192) con la misma suerte que el tema de la reorganización en general, casi nunca se llevaban a la práctica.
En los últimos tiempos se plantearon y resolvieron favorablemente, algunos temas que dejaban entrever un cambio en la visión restrictiva que se tenía sobre ciertos problemas que en la FORA eran considerados prácticamente tabúes, y los militantes que los ponían sobre el tapete corrían el riesgo de ser motejados de reformistas y camaleones.
Una simple enumeración de estos acuerdos que, como es reiterativo consignarlo, no se llevaron a su concreción en hechos, sería la siguiente:
La constitución de un Centro de Investigaciones e Informaciones para todo lo concerniente a problemas sociológicos, económicos y científicos. (Anexo N° 186.)
La formación de Grupos íntersindicales en los gremios que estuvieran fuera de la FORA. (Anexo N5 191.)
Ampliación del sistema de organización aceptando la coexistencia de sindicatos por oficio y por industria.(Anexo N°193)
La conformidad con la organización de sistemas mutuales o Cajas Solidarias. (Anexo N° 185, 194.)
Considerar la implementación de un sistema de ayuda a ¡os compañeros de avanzada edad.(Anexo N° 205.)


III - MEDIOS DE LUCHA
La FORA, los anarquistas que militaban en ella, para concretar el proyecto de cambio social que preconizaba en su Declaración de Principios y, especialmente, en la resolución, del 58 Congreso recomendando el comunismo anárquico, y en la solución de los conflictos que se planteaban entre trabajadores y capitalistas, contaban con que los trabajadores organizados en sus sindicatos —o sociedades de resistencia, según la denominación que utilizaban— aplicaran exclusivamente como método de lucha, la Acción Directa; es decir el trato directo con el patrón, con el capitalista, sin la intervención del Estado como mediador o arbitro de las diferencias que se hubieran suscitado.
La Acción Directa, en esencia, significa precisamente eso: gestión directa de los trabajadores, a través de la organización obrera, con sus patrones sin intervención del Estado; sin que ello implique necesariamente que se recurra a medidas de fuerza cuando ellas no son necesarias. Por el contrario, la utilización de medidas de fuerza no significa necesariamente —como parece entenderse erróneamente ahora— que se esté aplicando la Acción Directa cuando, corno ocurre frecuentemente, se acepta y aún se solicita la intervención del Estado por medio de su Ministerio de Trabajo y, aún a veces, la de la misma Iglesia, para encontrar una solución a los conflictos planteados. Esto último, la aplicación de medidas de fuerza y la aceptación de la mediación y el arbitraje del Estado, es lo que se conocía en los primeros tiempos del sindicalismo, como "Acción a Base Múltiple", que utilizaban las organizaciones obreras que eran consideradas por los anarquistas de "amarillas' y sus militantes motejados de "camaleones".
Es en este contexto que Acción Directa, que la FORA entendía el empleo de las huelgas, el boicot, el sabotaje y el label, sobre los cuales nos extenderemos brevemente.
La huelga
La huelga es el medio de lucha por excelencia que los trabajadores poseen para mejorar su situación. Se concreta cuando los trabajadores deciden dejar de producir como medio de presión para obtener mejoras tanto materiales como morales, o, para protestar o evitar represiones patronales o estatales, etc.; se basa fundamentalmente en la convicción de que la' unión obrera, al abstenerse de efectuar sus labores, tiene el poder de doblegar a los patrones, sean privados o estatales.
La huelga puede ser parcial, por ser particular de un lugar determinado de trabajo; o, asimismo parcial, cuando involucra a una parte de un gremio; puede .ser general por un lapso determinado, o puede ser general por tiempo indeterminado. Estas huelgas o paros generales pueden abarcar un solo gremio, un conjunto de gremios, una localidad, grupo de localidades, una provincia, o todo un país.
La FORA puso en práctica esa arma de lucha en innúmeras ocasiones; es imposible tener una idea ni siquiera aproximada de su cantidad; de la mayoría de las veces que se utilizó, seguramente se han perdido todos los rastros, solamente de una mínima parte de ellas se conservan testimonios documentales de gran valor; viejos militantes atesoran en su memoria los pormenores de algunos. Al pasar, recordamos huelgas generales declaradas por la FORA, generalmente para protestar por represiones policiales como la matanza de la Plaza Lorea en 1909; contra leyes que cercenaban libertades o conquistas obtenidas, como la ley de Residencia, o la ley de Defensa Social; de protesta por el asesinato de Kurt Wilckens, que había matado al represor de las huelgas de la Patagonia, teniente coronel Várela; o, por la ejecución en Estados Unidos de Sacco y Vanzetti; por la libertad de Simón Radowitzky que había matado al jefe de policía coronel Falcón, etc.
Más adelante, al ocuparnos de algunos conflictos y hechos salientes en que tomaron parte los gremios foristas, daremos datos al respecto.
(Sobre la huelga en los Congresos de la FORA ver Anexo Documental Números 18, 27, 40, 69, 82.)
Boicot
El boicot significa dejar de consumir un producto o línea de productos, no viajar en una línea o varias líneas de transporte, no concurrir a un lugar público —cine, teatro, restaurant, etcétera—. Bien utilizado puede doblegar la cerviz de un patrón cerril, que puede verse al borde de la bancarrota. La FORA lo puso en práctica de manera tan extensa, que su 108 Congreso, considerando que se abusaba demasiado en su uso, lo abolió como arma de lucha. Posteriormente esa prohibición fue dejada de lado y se volvió a generalizar su empleo. La decadencia de la organización fue haciendo que paulatinamente ésta, como otras armas de lucha del arsenal forista, dejaran de tener utilización. (Anexo Ns 17, 58, 78, 110, 123,132.)
Sabotaje
Realizar un trabajo deficientemente; producir desperfectos deliberadamente en máquinas, herramientas, vehículos, etc.; e incluso, el atentado violento, son variantes del sabotaje. El sabotaje fue reivindicado por la FORA, como otra arma de lucha en sus enfrentamientos con la patronal. Aunque, en cierto modo nunca fue dejado de lado,' otras organizaciones no lo reivindican, indudablemente por las consecuencias de carácter judicial que su empleo puede acarrear. (Anexo N8 17.)
El label
En pocas palabras, el label representa estampar el sello sindical en productos de empresas que no estén en conflicto con la organización sindical. Su empleo es poco conocido y no tenemos testimonios de que su uso se extendiera en la FORA, pero, estaba entre los medios que se preconizaban como pasibles de ser empleados, en la lucha contra el capitalismo, aunque nunca en la medida de los mencionados anteriormente. (Anexo N°42)


IV - CONFLICTOS Y SUCESOS IMPORTANTES EN QUE TUVO PARTICIPACIÓN LA FORA
Alguien dijo que la FORA jugó la permanencia y aún la vida de sus organizaciones y de sus militantes, en conflictos y acontecimientos cuyos orígenes no eran propios de sus sociedades federadas, sino de aquellos que estaban al margen y hasta en contra de la FORA misma.
Sería interminable referirse, como lo dejamos consignado anteriormente, aunque fuera solo suscintamente, a todos los conflictos, numerosísimos, en los cuales la FORA estuvo directa o indirectamente involucrada. Por otra parte, también lo dejamos dicho anteriormente, no existe en ningún lado —que sepamos— ni remotamente, documentación sobre muchos de ellos que se han perdido en la nebulosa del tiempo transcurrido; aquí solamente nos referiremos a algunos que, por variadas circunstancias, adquirieron mayor relevancia o notoriedad.
La Ley de Residencia. Sus antecedentes
El origen de la Ley de Residencia hay que buscarlo en el gran desarrollo que estaba adquiriendo la organización obrera. Eran numerosos los trabajadores que se agrupaban en las nacientes Sociedades de Resistencia con el objeto de obtener mejoras que permitieran, aunque más no fuera, paliar una situación que, a medida que se abría paso en su interior la conciencia de su injusticia, motivaba la presentación a la patronal de Pliegos de Condiciones donde se exponían las reivindicaciones inmediatas a las que aspiraban.
La negativa ha satisfacer esos reclamos, suscitaba el planteamiento de numerosos conflictos, huelgas, boicots, etc., con su secuela de violencias, represiones y despidos. La colaboración de brillantes oradores que recorrían el país v la gran difusión que alcanzaban los periódicos obreros e ideológicos, contribuía a despertar la combatividad de los proletarios.
Sebastián Martota (*12) inserta en su conocido trabajo, un convenio colectivo de trabajo, suscripto por la Sociedad de Obreros Marmoleros y la sociedad de industriales, que se puede considerar como contrato tipo de la época. Es el siguiente:
"1a En los talleres y obras el horario será: nueve horas por ocho meses y ocho horas por los cuatro restantes.
"2a El sueldo de los obreros quedará de conformidad con el que existía en el año 1900.
"3° El Centro de Propietarios de Marmolerías se obliga a que sus socios no den trabajo a obreros extraños a la Sociedad de Obreros Marmoleros y ayudará a dicha sociedad cuando tenga que sostener una huelga en la casa que le indicará la comisión directiva.
"4a La Sociedad de Obreros Marmoleros no permitirá a sus socios que trabajen para casas que no pertenezcan al Centro de Propietarios de Marmolerías.
"5a Nombramiento de una comisión de cinco miembros de cada sociedad que formarán el Jurado de Honor para definir las dificultades que surgieran entre patronos y obreros.
"6a Abolición del trabajo a destajo.
"7a Pago quincenal y en día domingo.
"8° El Jurado de Honor en ejercicio en el año 1904, introducirá al presente convenio las modificaciones que encuentre conveniente, las cuales serán aceptadas por ambas sociedades y puestas en vigencia en Enero de 1905.
"9S Una copia de este convenio será colocado en cada taller de marmolería.
"10° El presente contrato entrará en vigencia el 1 de Enero de 1903.
"11° Para constancia de lo estipulado, firmamos dos de un mismo tenor y a un solo efecto."
Asimismo Marotta consigna, que el primer boicot, fue declarado por la Sociedad de Resistencia Maquinistas Bonsak a la Fábrica de tabacos y cigarrillos "La Popular", "que ha de hundirla posteriormente en el descrédito y la ruina". (*13)
Una huelga de obreros panaderos que tuvo lugar en Julio y Agosto de 1902, el subsecuente boicot de la Sociedad de Resistencia de la panadería "La Princesa"; la muerte de dos rompehuelgas; la incursión —por orden del juez— de numerosas fuerzas policiales que causaron serios destrozos en muebles y útiles del local sindical; y, el proceso abierto contra el secretario del gremio y varios compañeros más, produjeron entre todos los trabajadores gran indignación. Para condenar los atropellos cometidos por la policía se realizó un gran mitin con participación de 20.000 concurrentes, en el que hicieron uso de la palabra oradores socialistas y anarquistas.(*14)
Los obreros del puerto de la Capital, que hombreaban bolsas de cereales de hasta 100 y 200 kg, con jornadas de trabajo agotadoras fijadas arbitrariamente por los capitalistas, presentaron a fines de 1902, el siguiente Pliego de Condiciones:
"1. La actitud que deben asumir los obreros del puerto es negarse a trabajar con pesos mayores a los expresados a continuación:
"Cereales, frutos del país y sus productos, en bolsas de 65 a 70 kg,
"Lienzos de lana, en rama, de 65 a 70 kg,
"Canastas de carbón de 55 a 60 kg,
"Carbón, azúcar y tasajo en bolsas de 65 a 70 kg.
"2. No permitir ni rebaja del sueldo que se cobra, ni disminución del número de la gente que es costumbre emplear para las operaciones tanto de carga como de descarga"...(*15)
La unidad y fuerza de la organización posibilitó el triunfo de los obreros al ceder la Cámara de Comercio a sus pretensiones.
La situación se complicaba cada vez más, los conflictos se multiplicaban y el ambiente se enrarecía continuamente. En esas circunstancias, los peones del Mercado Central de Frutos de Barracas al Sur (actualmente Avellaneda) presentaron un Pliego de Condiciones, concebido en estos términos:
"1a Reconocimiento de la Sociedad por los patrones;
"2a Abolición del trabajo por tanto y a destajo;
"3a Nueve horas de trabajo diario tanto en las barracas como en los mercados;
"4S Jornal mínimo de cuatro pesos para los peones de barracas y mercado y para los menores de quince años que se ocupan de la clasificación y pescantes del mercado, sueldo mínimo de 2.50 pesos por día, y los domingos y horas extraordinarias un 50 por ciento de aumento;
"5a Que no existan cuartos de día, sino días y medios días;
"6a Unificación de pesos según la circular de la Federación de Estibadores y Afines".(*16)
El gobierno no logró éxito en sus propósitos de hacer fracasar la huelga de más de 5.000 obreros a pesar de echar mano a todos los recursos imaginables. Para el 21 de Noviembre, la Federación de Rodados, recientemente constituida, iba a la huelga por sus propias reivindicaciones; entonces el gobierno en pocas horas promulgó el proyecto aprobado por las cámaras legislativas, una ley que había presentado el senador Miguel Cañé, famoso autor de "Juvenilia". Decía así:
"Art. I° - El Poder Ejecutivo podrá ordenar la salida del territorio de la Nación Argentina a todo extranjero por crímenes o delitos de derecho común.
"Art. 2° - El Poder Ejecutivo podrá ordenar la salida de todo extranjero cuya conducta comprometa la seguridad nacional o perturbe el orden público.
"Art. 3° - El extranjero contra quien se haya decretado la expulsión tendrá tres días para salir del país, pudiendo el Poder Ejecutivo, como medida de seguridad pública, ordenar su detención hasta el momento del embarco"."
Esta es la famosa Ley de Residencia cuya implantación fue inmediatamente respondida con una huelga general que tuvo varios días de duración, hasta que se produjo un decaimiento a raíz de la terrible represión que se abatió sobre la militancia de la FORA con gran cantidad de detenidos y deportados.1»
La FORA, permanentemente tuvo entre sus reivindicaciones, el repudio y la abolición de la Ley de Residencia (Anexo N" 33, 36, 60, 85).
Durante el gobierno de Arturo Frondizi se concretó la abolición de esta Ley que tantos estragos causó entre militantes obreros y de ideologías de izquierda y en sus familias que quedaban desamparadas de no mediar la nunca desmentida solidaridad de sus compañeros.
La masacre del I9 de Mayo de 1909 y la muerte del coronel Fakón por Simón Radowitzky
El coronel Ramón L. Falcón, jefe de policía, se caracterizó por desarrollar una activa y violenta represión contra las organizaciones obreras, especialmente sobre las orientadas por los anarquistas, que promovían continuos conflictos para mejorar las condiciones de inicua explotación a que eran sometidos los trabajadores. Estos hechos represivos culminaron el ls de Mayo de 1909 durante la manifestación organizada por los anarquistas.
En esa fecha, como ya era costumbre, los socialistas y los anarquistas efectuaban manifestaciones distintas; en la Plaza Lorea, donde se concentraba el mitin organizado por

la Federación Obrera Local Bonaerense, adherida a la FORA, la policía cargó brutalmente causando la muerte de 8 personas y heridas a otras 105; algunos manifestantes se parapetaron haciendo frente al ataque policial.
Los socialistas se encontraban reunidos en la Plaza Colón, cuando les llegaron noticias de la matanza de la Plaza Lorea, lo que dio pie a uno de los oradores del mitin, Enrique Dickman —uno de los primeros afiliados al Partido Socialista del cual muchos años después fue expulsado por su posición favorable a la política del entonces presidente Perón, fundando para apoyarlo el Partido Socialista de la Revolución Nacional que tuvo poca vida— para proponer la huelga general en repudio por el atentado policial.
Por su parte, la FORA, como es obvio, no se hizo esperar y declaró la huelga general a partir del lunes 3 de Mayo, resolución que dio a conocer a través de la siguiente declaración:
"Contra el crimen del 1° de Mayo. Al pueblo, a los sajadores.
"¡Otra vez el crimen! ¡Otra vez la sangre proletaria a merced de los sicarios y de los salteadores! ¡Otra vez la policía cafre cebándose en el pueblo, en plena Avenida de Mayo y a la luz del día! ¡Así hoy, así antes en la Plaza Mazzini, en la Plaza Lavalle, en Ing. White, en Rosario! Pobre carne del pueblo trabajador, que siempre es agradable al paladar de los sonsos y de los analfabetos.
"El sábado 1° de Mayo en la Plaza Lorea, la multitud invitada por la Federación Obrera Local Bonaerense, para demostrar su disconformidad con el actual régimen fue acribillada a balazos por la policía.
"He aquí en síntesis el hecho, sin justificación, salvaje, monstruoso, repugnante! ¡Hasta los ancianos, hasta los niños muertos!
"La Federación Obrera Regional Argentina, teniendo en cuenta esto, declaró la huelga general por tiempo indeterminado, para protestar enérgicamente del crimen y como homenaje de respeto a los caídos que son hermanos nuestros, que son trabajadores!
'Trabajadores: todos como un solo hombre abandonemos el trabajo!
"Desde el lunes 3, trabajadores. ¡Viva la huelga general! ¡Abajo las hordas policíacas, asesinas de ancianos y de criaturas! El Consejo Federal".
Puestos de acuerdo los organismos representativos de i> FORA, la UGT y Sociedades autónomas, dirigieron al pueblo, la siguiente proclama:
'Trabajadores:
"Otra vez la horda de asesinos instituidos en guardianes del orden burgués, ha cumplido su misión: la sangre de nuestros hermanos ha sido derramada de nuevo... El propósito criminal, cobarde, bien deliberado de nuestros enemigos, de nuevo se afirma sobre la matanza del pueblo obrero, pretendiendo ahogar con el crimen nuestros anhelos, nuestras obras revolucionarias, nuestro gesto libertario!
"¡Es el signo de los tiempos burgueses: el asesinato
colectivo!
"La cobardía, la traición, la muerte, el último estertor sanguinario y miserable, todas las pasiones decadentes; eso constituye la expresión típica del alma que palpita en las clases explotadoras.
"Incapaces de crear la vida, se afirman sobre el mundo de la muerte, acechando en la celada traidora, la vida nueva que nosotros gestamos en nuestro esfuerzo doloroso y tenaz por conquistar la libertad!
"¡Ya lo tenemos experimentado, ya debe haber penetrado bien en lo hondo del espíritu obrero: que nuestros enemigos eternamente solo contestarán a cada acto de nuestra labor emancipadora con la hecatombe de la Comuna de París, con las horcas de Chicago, con las infamias de Montjuich, con las matanzas de los nuestros en la gran Patria Argentina!
"Y bien, camaradas, por favor no haya miedo! ¡Si nuestra libertad solo puede ser posible a través de esos sacrificios, armémonos de todos los corajes y persistamos en nuestra jornada marchando sobre los cadáveres y la sangre de los nuestros!
"¡La violencia, la rabia impotente, el golpe asesino de nuestros enemigos no pueden ser contestados con la resignación y la retirada de las masas proletarias!
"Al contrario, que un grito unánime de ira y de venganza azote la sociedad de los tiranos. Que a su saña criminal responda el pueblo obrero insistiendo en la lucha con todos los impulsos trágicos y valientes, con todo el arremeter heroico que las circunstancias demandan y que merece el premio de nuestra libertad.
"¡A la brecha, pues, trabajadores! por la venganza de los caídos, por nuestra dignidad y por nuestro porvenir!
"De nuevo a la lucha, trabajadores, más decididos y más pujantes que nunca! "Camaradas:
"En este grito y en este propósito firme, espontáneo y unánimemente las distintas instituciones obreras que suscriben han acordado las siguientes resoluciones:
"1° Declarar la huelga general por tiempo indeterminado a partir del lunes 3 y hasta tanto no se consiga la libertad de los compañeros detenidos y la apertura de los locales obreros.
"2° Aconsejar muy insistentemente a todos los obreros que a fin de garantizar el mejor éxito del movimiento se preocupen de vigilar los talleres y fábricas respectivas, impidiendo de todas las maneras la concurrencia al trabajo de un solo operario.
"Consejo Federal de la FORA. Junta ejecutiva de la UGT. Sociedades Autónomas".(*19)
Como objetivos de la huelga, la reunión efectuada el Domingo 2 por los organismos obreros, fijó además de lo consignado en las cláusulas finales de la proclama, la abolición del Código de Penalidades por lo cual irían a la huelga a- partir del 3 de Mayo los trabajadores del
Rodado. (*20)
"La ordenanza municipal imponía severas penas a los obreros del rodado infractores de sus disposiciones: la cédula de vecindad para los mozos de cordel, cocheros, carreros ambulantes o de plaza, chóferes, servicio doméstico en casas de hospedaje, de baños, confiterías, restaurantes y personas que moren o presten servicio en los prostíbulos, empleados de empresas eléctricas o telefónica,s etc."(*21)
El día 5 el Comité de Huelga consigna en un comunicado que la policía volvió a disparar sus armas cuando el cortejo que había trasladado a los muertos regresaba de la Chacarita.
Finalmente el Domingo 8 el gobierno cedió a las demandas obreras y anunció la derogación del Código Municipal de Penalidades, ordenó la reapertura de los locales obreros clausurados y prometió la liberación de los presos. El Comité de Huelga levantó el paro general dando a publicidad su resolución en el siguiente comunicado:
"En vista de las declaraciones gubernativas prometiendo la libertad de los presos y en vista de ser un hecho la reapertura de los locales obreros y la no aplicación de la nueva ordenanza municipal:
"Resuelve nombrar una comisión que redacte una extensa declaración dando por terminado el movimiento, cuya declaración se presentará en una asamblea que se celebrará hoy en el local Méjico 2070 e igual declaración se propondrá por medio de delegados a las asambleas de conductores de rodados.
"Esta declaración estará concebida en los términos de una nueva amenaza de huelga si no se cumple lo prometido.
"El Comité de huelga general. Delegados de las Sociedades de Aserradores, Talabarteros, Ebanistas, Panaderos del Este, Conductores de Carros, Obreros del Puerto, Panaderos del Centro, Pintores, Carpinteros, Albañiles, Constructores de Carruajes, Federación Gráfica, Sombrereros, Federación del Calzado, Marmoleros, Escoberos, Escultores, Laminadores, Federación de Rodados, Maquinistas de Calzado, Caldereros, Chóferes, Torneros, B ronceros, Empajadores de Damajuanas, Conductores de Vehículos".(*22)
En la manifestación del 1° de Mayo, cuando se produjo la masacre de los obreros, había participado un joven ruso Simón Radowitzky que, profundamente afectado, mató al coronel Falcón —que seguía como Jefe de Policía— y a su secretario, el 14 de Noviembre de 1909. Nuevamente se desató una violenta persecución ; se declaró una vez más el estado de sitio y las cárceles volvieron a llenarse de trabajadores.
El acto justiciero de Radowitzky, despertó grandes simpatías en el proletariado que desde entonces se propuso lograr la libertad del cautivo condenado a cadena perpetua (Anexo N5 75, 131). La pena de muerte le había sido conmutada por ser menor de edad, y, para cumplir su condena fue confinado en el penal de Ushuaia.»
Finalmente, Radowitzky, fue amnistiado en Abril de 1930, con la condición de que abandonara inmediatamente el país. Viajó a Uruguay, participó luego en la revolución española y, falleció muchos años después, en México.
La reacción del Centenario
Las persecuciones que continuadamente sufrían las organizaciones obreras —en primer término las de la FORA— no contenían su crecimiento; por el contrario, parecía que no fueran más que un acicate para redoblar la actividad militante rendidora de interesantes frutos. Tanto es así, que el movimiento anarquista, asumió proporciones tales que al diario de la mañana La Protesta, se le sumó el diario de la tarde La Batalla.
El gobierno, con motivo de cumplirse el próximo 25 de Mayo de 1910, el centenario de la institución del primer gobierno patrio, paso inicial para lograr la independencia total de España, preparaba una serie de festejos a los que concurrirían notables personalidades extranjeras especialmente invitadas, entre ellas en representación del estado español, la Infanta Isabel.
Lo cierto es que ni el gobierno ni los responsables de la FORA, tenían plena confianza en sus fuerzas, por lo que mantenían conversaciones, directa e indirectamente, representantes del gobierno y el Consejo Federal de la FORA.(*24) La efervescencia del ambiente hacía escapar el movimiento al control de la FORA, por lo cual se sentía recelo ante la confrontación que se avecinaba.(*25)
En esas circunstancias, la Confederación Obrera Regional Argentina, se adelanta a la FORA y declara el paro general para el 18 de Mayo. En tomo a este episodio, hay opiniones divergentes sobre los motivos que tuvo la CORA para declarar ese paro antes que lo hiciera la FORA. Según Santillán:
"Los sindicalistas de la CORA, comprendieron que el Consejo Federal de la FORA no se hallaba enteramente dispuesto a seguir en absoluto la corriente popular, y se atrevieron a un golpe de audacia demagógica, declarando por su cuenta la huelga general para el 18 de Mayo, reivindicando las exigencias proletarias: Derogación de la ley de residencia, libertad de los presos sociales".(*26)
Mientras Marot ta le retruca de esta forma;
"En un juicio injusto, Diego Abad de Santillán atribuye a la CORA, con su declaración de huelga general, la realización de 'un golpe de audacia demagógica'. Para el autor de la FORA esta decisión habría sido adoptada porque 'los sindicalistas de la CORA comprendieron que el Consejo Federal de la FORA no se hallaba enteramente dispuesto a seguir en absoluto la corriente popular'.
"Alertados o no en su disposición de encarar en el Centenario la conquista de una libertad para la clase obrera, los sindicalistas, fundados en las razones dadas en el manifiesto de Abril de 1910 abogando por la derogación de la ley de residencia, propugnaron la huelga general, como supremo argumento —si esta aspiración no era satisfecha—, desde mayo de 1909, y la ratifican todas sus publicaciones posteriores a esa fecha hasta el momento de las decisiones definitivas".(*27)
El 8 de Mayo, los anarquistas organizan una manifestación —participan 70.000 personas— de protesta contra las autoridades de la Penitenciaría Nacional acusadas de maltratos a los presos. En ese acto, la FORA anuncia que se suma al paro general declarado por la CORA para el día 18.
Alertado el gobierno, se prepara para hacer abortar la protesta obrera. El 14 de Mayo declara el estado de sitio e implanta el terror policial practicándose detenciones masivas, entre ellas la de los redactores de La Protesta y La Batalla, El Consejo Federal de la .FORA y el Comité de .a Central de la CORA. Las imprentas de La Protesta, La Central de la CORA. Las imprentas de La Protesta, La Batalla y el órgano oficial del Partido Socialista, La Vanguardia, así como numerosos locales obreros, son asaltados e incendiados por jóvenes de la burguesía nacionalista que a los gritos de "muera el anarquismo", "abajo la huelga" y "mueran los obreros", extendieron sus tropelías a los barrios habitados por judíos.(*28)
De cualquier modo, se lleva a cabo el movimiento huelguístico, aunque sin adquirir las proporciones esperadas por sus promotores y los trabajadores todos. Indudablemente, el golpe aplicado por el vendaval reaccionario, fue acusado por las organizaciones obreras revolucionarias que tardaron varios años en reaccionar y retomar el
ritmo anterior.
Poco después, la burguesía patriotera y el gobierno, tomando como pretexto el estallido de una bomba en una butaca vacía del Teatro Colón que no tuvo ninguna consecuencia, en pocas horas —como había sucedido con la Ley de Residencia— promulgó la Ley de Defensa Social que significó una nueva vuelta de tuerca en la legislación represiva argentina.(*29)
La ley "prohibía entrar en el país a los extranjeros que hubiesen sufrido condenas o estuvieran condenados por delitos comunes; a los anarquistas y demás personas que profesaran o preconizaran ataques por la fuerza o violencia contra los funcionarios públicos, los gobiernos o las instituciones; a los que hubiesen sido expulsados del país mientras no se derogase la orden de expulsión.
"Al empresario de transporte, capitán, agente, propietario o consignatario de buques que introdujesen de mala fe a un extranjero proscripto, se multaba con 400 a 2.000 pesos o, en su defecto, se le aplicaba de seis meses a un año de arresto, sin perjuicio de reconducirlo a sus expensas.
"El Poder Ejecutivo ordenaría la inmediata salida al extranjero de quien hubiese entrado al país violando la ley o se hallase comprendido en la 4144 (de residencia); el que retomase al territorio argentino sin su previa autorización, sufriría la pena de tres a seis años de confinamiento, sin perjuicio de ser nuevamente expulsado después de cumplir la condena.
"Prohibíase toda asociación o reunión de personas que tuviese por objeto la propaganda del anarquismo o la preparación e instigación de hechos reprimidos por las leyes.
"Las asociaciones o personas que deseasen realizar reuniones públicas, en locales cerrados o al aire libre, debían solicitar autorización a la autoridad local, pudiendo ésta prohibirla. Sería disuelta toda reunión que produjese algunos de los hechos que de haber sido conocidos con anterioridad hubiesen motivado su prohibición. Sufrirían penas de arresto de seis meses a un año los que no acatasen la orden, aplicándoles el máximo de la pena a los promotores o cabecillas'.
"Se prohibía en reuniones públicas el uso de emblemas, estandartes o banderas características de las asociaciones interdictas.
Se penaba "De uno a tres años de prisión al que verbal-mente, por escrito, impresos, etc., hiciese la apología de un hecho considerado delito.
"De tres a seis años de penitenciaría al que con intención de cometer un delito contra las personas, la propiedad o para infundir temor, suscitase tumultos o público desorden, fabricase, transportase o guardara en cualquiera lugar dinamita, u otros explosivos de efectos parecidos, bombas, máquinas infernales u otros instrumentos de estragos, o sustancias y materias destinadas a su fabricación.
"De diez a quince años de presidio al que intentase destruir o destruyese un edificio en construcción de cualquier naturaleza. La pena elevábase a quince y veinte años si el hecho fuese cometido en lugares de asambleas políticas o administrativas, en edificios públicos, habilitados o destinados a habitación, en talleres industriales, almacenes o depósitos de materias inflamables o explosivos. Sería de veinte años y también por tiempo indeterminado si por causa del delito se hubiese puesto en peligro la vida de las personas. En el caso que se produjese la muerte de una o más personas, la pena sería de muerte.
De seis a diez años de penitenciaría a las personas que se asociasen para cometer delitos con materias explosivas.
De tres a nueve meses de arresto y multa de 500 a 2000 pesos al que fabricase, vendiera, transportase o conservase los objetos y materias indicadas.
"De tres a seis años de penitenciaría al que propagase procedimientos para fabricar bombas, máquinas infernales, u otros instrumentos análogos, o para causar incendios u otros estragos'.
El que incitase a cometer un delito, sería castigado : Con prisión de tres a seis años, sí el autor mereciese la pena de muerte; con prisión de uno a tres años, si el delito fuera penado con presidio; con arresto de tres a seis meses; si se tratase de delitos penados con prisión, y con multa de 500 a 1.000 pesos o un día de arresto por cada 50 pesos, si se tratase de delitos penados con arresto.
"De uno a tres años de prisión al que aconsejase la forma de 'causar daños en las máquinas o en la elaboración de productos' y al que vendiese, imprimiera, distribuyera, hiciese circular, expusiera en lugares públicos o repartiera 'los impresos y las reproducciones mecánicas'. Se aplicaría la pena máxima cuando el delito fuese 'cometido por medio' de la prensa diaria o periódica', debiendo la policía secuestrar los impresos e impedir el correo su circulación.
"De uno a tres años de prisión al que 'por medio de insultos, amenazas o violencias intentase inducir a una persona a tomar parte en una huelga o boicot', siempre que el hecho producido no importase delito que tuviese pena mayor.
De tres a seis años de penitenciaría al que preconizase el desconocimiento de la Constitución Nacional, ofendiera o insultara la bandera o el escudo de la Nación; con el doble de tiempo de confinamiento al reicidente. Sería 'un accesorio la pérdida de los derechos políticos y el retiro de la ciudadanía argentina' cuando los reos fueran ciudadanos argentinos naturales o naturalizados.
"...los cómplices y encubridores serían 'castigados con la mitad de la pena establecida para los autores principales'. Si ésta fuera de muerte, se le condenaría con la inmediata inferior. Se aplicaría 'sin distinción de sexo, salvo en lo relativo a la pena de presidio'.
"Para su aplicación se procedería en juicio sumario de diez días, 'sirviendo de cabeza de proceso el informa policial'. (*30)
La Semana Trágica
Ampliamente conocido como uno de los hitos en el movimiento obrero y social argentino, la semana trágica o sangrienta, de Enero de 1919, señala, en cierta manera, la influencia que tuvo la Revolución Rusa en el ámbito esperanzado de grandes sectores de trabajadores que veían en ella la concreción de sus aspiraciones de liberación social.
El detonante de los hechos sucedidos durante la semana trágica, fue un conflicto surgido en los talleres metalúrgicos Vasena. Un petitorio de mejoras no satisfecho por la patronal y la huelga consiguiente. Vasena tenía dos establecimientos industriales; uno en Rioja y Cochabamba donde hoy hay una plaza en la que un monolito recuerda los acontecimientos de 1919; el otro, ubicado en el barrio de Nueva Pompeya. En este último se produjo una masacre de huelguistas –4 muertos y cuarenta heridos—(*31).
El hecho ocurrido el 7 de Enero, produjo gran indignación; la FORA del 5° Congreso (anarquistas) declara de inmediato el paro general por tiempo indeterminado, al que posteriormente se sumó la FORA del 9e Congreso (sindicalistas). Esta última, que se había sumado al movimiento una vez comenzado, lo dio por finalizado el día 11, resolución desconocida por la FORA del 5S Congreso que continuó tratando de profundizar la protesta obrera. Varios días después la huelga decae y se da por finalizada.
En el transcurso de esa semana, hubo un gran número de choques entre la policía y piquetes de huelguistas; las bajas fueron elevadísimas —algunos hacen ascender los muertos a mil o más—. Gran cantidad de trabajadores fueron detenidos; los destinados a la deportación fueron confinados en la isla Martín García, etc.
El Consejo Federal de la FORA del 5° Congreso, informa;
"Reunido este Consejo con representantes de todas las sociedades federadas y autónomas resuelve:
"Proseguir el movimiento huelguístico como acto de protesta contra los crímenes del Estado consumados en el día de ayer y anteayer.
"Fijar un verdadero objetivo al movimiento, el cual es pedir la excarcelación de todos los presos por cuestiones sociales.
"Conseguir la libertad de Radowitzky y Barrera,(*32) que en estos momentos puede hacerse, ya que Radowitzky es el vengador de los caídos en la masacre de 1909 y sintetiza una aspiración superior.
"Desmiente categóricamente las afirmaciones hechas por la titulada FORA del 9° Congreso, que hasta el miércoles a la noche, sólo 'pro