Augusto César Sandino
"Nosotros iremos hacia el sol de la libertad o hacia la muerte; y si morimos, nuestra causa seguirá viviendo. Otros nos seguirán."
"En uno de aquellos días manifesté a mis amigos que si en Nicaragua hubieran cien hombres que la amaran tanto como yo, nuestra nación restauraría su soberanía absoluta, puesta en peligro por el mismo imperialismo yanqui. Mis amigos me contestaron que posiblemente habría en Nicaragua ese número de hombres, o más..."
Gnrl. Augusto C. Sandino
Nació en el 18 de mayo de 1895 en Niquinohomo, departamento de Masaya. Su madre fue una humilde campesina llamada Margarita Calderón, que se desempeñaba como doméstica y obrera agrícola; su padre fue Gregorio Sandino, un mediano propietario, productor agrícola.
Su infancia transcurrió al lado de su madre; ahí conoció y sufrió toda clase de miserias y privaciones. A los once años pasó a vivir a casa de su padre.
"Mi mayor honra es surgir del seno de los oprimidos, que son el alma y nervio de la raza."
En plena adolescencia Sandino fue testigo de la primera gran intervención militar del imperialismo norteamericano en Nicaragua que culminó con el asesinato del general Benjamín Zeledón.
"Era yo un muchacho de 17 años y presencié el destace de nicaragüenses en Masaya y otros lugares de la República, por las fuerzas filibusteras norteamericanas. Personalmente miré el cadáver de Benjamín Zeledón, quien fue sepultado en Catarina, pueblo vecino al mío. La muerte de Zeledón me dio la clave de nuestra situación nacional frente al filibusterismo norteamericano; por esa razón, la guerra en que hemos estado empeñados, la consideramos una continuación de aquella."
A la edad de 20 años Sandino deja la casa de su padre para buscar la manera de hacer su vida por sí mismo, y así recorre haciendas y plantaciones trabajando como ayudante de mecánica, volviendo más tarde a Niquinohomo para dedicarse al comercio de granos. Posteriormente, Sandino sale hacia Honduras, empleándose en La Ceiba como guardalmacén del Ingenio Montecristo, propiedad de la Honduras Sugar and Distilling Company.
En el año 1923 deja Honduras y llega a Guatemala, donde se coloca en las plantaciones de la United Fruti Company en Quiriguá; ese mismo año sigue su viaje hacia México, donde comienza a trabajar en Tampico para la South Pennsylvania Oil Company. En 1925 pasa al campamento de la Huasteca Petroleum Company, en Cerro Azul, estado de Veracruz, donde permanece hasta su regreso a Nicaragua en junio de 1926.
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Estando en México, Sandino se vincula con líderes sindicales, obreros, militantes socialistas, anarquistas y masones. Es ahí donde conoce las luchas sindicales, la agresión yanqui contra México por el control de los yacimientos petroleros, de la propia Revolución Mexicana y, en fin, del progreso de las luchas de la clase trabajadora.
"...en vista de los abusos de Norteamérica en Nicaragua, partí de Tampico, México, el 18 de mayo de 1926 -en donde me encontraba prestando mis servicios materiales a la compañía yanqui- para ingresar al Ejército Constitucionalista de Nicaragua, que combatía contra el régimen impuesto por los banqueros yanquis en nuestra república."
A su regreso a Nicaragua, el país se encontraba sacudido por una guerra civil, llamada Constitucionalista, resultado de la lucha entre los liberales y conservadores por el control del poder político. En esta guerra, los conservadores, una vez más, habían solicitado la intervención yanqui para mantenerse en el poder.
Dentro de ésta guerra, Sandino aparece como una nueva fuerza que representa las aspiraciones populares contra la dominación que casi dos décadas había ejercido el imperialismo norteamericano en Nicaragua.
ACUERDO SOBRE LOS TRAIDORES DE LA PATRIA
"Son traidores a la Patria: Todo nicaragüense que con miras políticas trafique con la honra de la nación, solicitando apoyo oficial de los invasores de la patria, así como el gobierno de la Casa Blanca... El que prestare ayuda a los invasores y traidores para asesinar a los patriotas nicaragüenses que están defendiendo la soberanía nacional."
Ya en Nicaragua, se emplea en el mineral de San Albino en donde logra constituir, con algunos mineros, la primera célula sandinista con la que daría inicio a su propia batalla dentro de la Guerra Constitucionalista.
El primer combate se da en El Jícaro. La falta de experiencia de la columna sandinista, la escasez y pésima calidad de las armas harían que sufrieran una derrota, pero aquella pérdida sólo serviría para reafirmar su vocación de lucha.
Posteriormente, Sandino reagrupa a su gente y, después de dejarla bajo seguro en el cerro El Chipote, se dirige con unos pocos hombres hacia la Costa Atlántica donde estaba el grueso de las tropas liberales, viajando en pipantes sobre el Río Coco, en medio de la selva, en una travesía de muchos días y de muchas penalidades que no podía realizarse sin la ayuda de los indígenas zambos y misquitos que pueblan la zona. Soldados sandinistas durante la guerra, esos indígenas formarían una eficiente aunque primitiva marina de guerra con pipantes, llevando por el río guerrilleros, municiones y alimentos.
Allá va el general - Carlos Mejía Godoy |
El 14 de mayo de 1927, el imperialismo norteamericano puso fin a la Guerra Constitucionalista, haciendo que liberales y conservadores firmaran el pacto de El Espino Negro, donde se plantea el desarme general, la creación de la Guardia nacional (GN) y la supervisión de las elecciones por parte de los marines, terminándose así con las hostilidades.
Sandino es el único de los generales que rechaza la imposición yanqui y decide continuar la lucha hasta expulsar a los marines, teniendo que enfrentarse a traidores e invasores, en una larga lucha de liberación nacional.
"Ya en el teatro de los acontecimientos me encontré con que los dirigentes políticos, conservadores y liberales son una bola de canallas, cobardes y traidores, incapaces de poder dirigir a un pueblo patriota y valeroso."
El 1ro. De julio de 1927, Sandino lanza su primer manifiesto:
"A los nicaragüenses, a los Centroamericanos, a la Raza Indohispana. ...ante la patria y ante la Historia, juro que mi espada defenderá el decoro nacional y dará la redención a los oprimidos. Acepto el reto del cobarde coloso invasor y de los traidores a la Patria. Nuestros pechos serán murallas donde se estrellen sus hordas, pues tengo la firme convicción de que cuando hallan matado al último de mis soldados, más de un batallón de los de ellos habrá mordido el polvo de mis agrestes montañas."
El día 16 de julio de 1927, Sandino atacó la ciudad de Ocotal, en el departamento de Nueva Segovia, protegida por una guarnición de marines; con aquella batalla, que duró desde las horas del amanecer hasta la tarde, el mundo sabía que la guerra de liberación había comenzado.
"Cuando murió (Coronel Rufo Marín), era jefe de mi Estado Mayor, pero sin grado oficial, porque apenas estábamos comenzando. Murió en la primera batalla que tuvimos en el Ocotal, peleando como un león, al frente de su columna, en el asalto al cuartel de los marinos, el 16 de julio de 1927. Fue mi primer brazo derecho y gran alentador. Lo sentí inmensa y fraternalmente."
El día 2 de septiembre de 1927, Sandino y sus hombres suscriben el documento oficial de constitución del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua.
El número de efectivos del Ejército Defensor varió, de entre 2000 a 6000 soldados que llegó a tener en la época de expansión más grande de sus operaciones, en 1930-1932. Sus columnas estaban bajo el mando cada una de un general, y cada una tenía a su cargo un área territorial de operaciones militares, organización civil y paramilitar, recolección de impuestos, lo mismo que para la organización de la producción agrícola.
En esas áreas llegaron a funcionar escuelas de primeras letras para los soldados y los campesinos. En los cuarteles de la montaña había también niños huérfanos de guerra, que se les conocía como el "Coro de Angeles". Asistían a las emboscadas, y su papel consistía en dar gritos, vivas y hacer toda clase de ruidos, dando unas veces la impresión de que el número de sandinistas era mayor, y otras, que llegaban refuerzos. Estos niños, cuando crecían, llegaban a ser soldados regulares y debían conquistar su propio fusil, como el caso del coronel Santos López.
"Nuestro ejército es el más disciplinado, abnegado y desinteresado en todo el mundo terrestre, porque tiene conciencia de su alto papel histórico."
"Nuestro ejército, por la magnitud de su lucha, constituye una autoridad moral continental."
Combatientes internacionalistas acudieron al llamado de la lucha antiimperialista de Nicaragua; intelectuales, estudiantes y obreros llegaban de distintos puntos de América Latina hasta Las Segovias a prestar servicio militar; los hubo de México, El Salvador, Guatemala, Costa Rica, Republica Dominicana, Venezuela, Colombia, Honduras. Algunos como soldados de línea, otros sirvieron en el Estado Mayor como secretarios de Sandino; varios allí murieron.
"El amor a mi patria lo he puesto sobre todos los amores y tú debes convencerte que para ser feliz conmigo, es menester que el sol de la libertad brille en nuestras frentes." Carta de Sandino a Blanca Aráuz.
"Los actos de heroísmo de las mujeres que colaboraron en el ejército, no sólo son muchísimos, sino que además las mayoría requieren largas historias para explicar los sacrificios que sufrieron y los peligros que enfrentaron por amor a la patria y todas, campesinas, maestras de escuelas, enfermeras, amas de casa y aún señoritas de sociedad, rindieron servicios sin los cuales nuestra guerra no habría sido posible."
Para hacer frente a aquellas perspectivas de una guerra larga, Sandino sabe que necesitará mucho mas recursos de los que tiene, ya que sus armas son los pocos rifles anticuados de la pasada guerra civil, o los que se recuperan a los marines en las emboscadas y combates.
Por eso decide, en enero de 1929, escribir al presidente de México, Emilio Portes Gil, pidiéndole la autorización de viajar hacia allá, llevando en mente buscar personalmente la ayuda que necesita, ya que los comités más entusiastas de apoyo a la lucha están en México.
En mayo de 1929, Sandino sale hacia Honduras en viaje a México, arribando en 28 de junio al puerto de Veracruz, donde es recibido por una miltitud. Va acompañado por sus lugartenientes que pertenecen a las brigadas internacionalistas: Farabundo Martí, Rubén Ardila Gómez, José de Paredes, Gregorio Gilbert. Allí se les juntaría también su hermano Sócrates, quien llegaba de Estados Unidos, donde había participado en los mitines sandinistas en Nueva York.
Sandino definió así el carácter de su lucha:
"Este movimiento es nacional y antimperialista. Mantenemos la bandera de libertad para Nicaragua y para toda Hispanoamérica. Por lo demás en el terreno social, este movimiento es popular..."
Durante el período de 1927 a 1932, Sandino y el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua libraron más de 500 heroicos combates.
"De esta manera sangrienta, han sido una vez más castigados los asesinos extraños y los patricidas que durante tanto tiempo han humillado la soberanía de amada Nicaragua."
Después de haber derrotado la intervención militar norteamericana y dadas las condiciones internas e internacionales que existían, Sandino decide el 2 de febrero de 1933 firmar un Convenio de Paz con el presidente Sacasa, sin que esto significara que hubiera abandonado su programa de lucha.
"La paz se firmó para evitar el regreso de la intervención armada que apenas estaba detrás de la puerta, esperando regresar antes de un año... Ese es el secreto por el cual no salgo del Norte, para estar pendiente de todos los momentos en que se presente la oportunidad de restaurar también nuestra independencia política-económica."
Después de firmado el convenio, Sandino viaja varias veces a Managua a entrevistarse con Sacasa para discutir las violaciones que ha dicho convenio hacía la Guardia Nacional, asesinando y persiguiendo a los miembros del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua.
La noche del 21 de febrero de 1934, cuando Sandino regresaba de casa presidencial, después de haber hablado con el presidente Sacasa, es detenido frente al cuartel del Campo de Marte por una patrulla de la Guardia Nacional. Don Gregorio Sandino y Sofonías Salvatierra son conducidos a prisión, mientras que los generales Sandino, Estrada y Umanzor son llevados al lugar de su ejecución, siendo fríamente asesinados a los pocos minutos. La orden del imperialismo y del jefe director de la GN, Anastasio Somoza García, había sido cumplida.
Aquellos que creyeron que con el asesinato de Sandino perecía una línea política, militar e ideológica, estaban equivocados; el sandinismo se hallaba arraigado en la conciencia de nuestro pueblo, buscando completar la obra iniciada por el Padre de la Revolución Popular y Antiimperialista. Es así como surge el Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, heredero y continuador del programa popular y antiimperialista del general Sandino.
Fuente: Congreso Bolivariano de los Pueblos
Conversaciones
con Sandino
Por Ramón de Belausteguigoitia (Febrero de 1933)
El hombre y sus ideas
Durante las dos semanas que aproximadamente estuve en el campamento del ejército
de la Libertad, no dejé de estar a diario en conversación con el general
Sandino, quien me trató desde el primer momento con una amabilidad enteramente
familiar.
Unas veces el caudillo me llamaba y otras iba yo a verle a su casa, que
custodiaba su guardia personal, con ametralladoras en mano. El general se solía
pasear en una habitación obscura contigua a la de la guardia y entraba
sonriente, abrazándome, según su costumbre.
Era una sencilla habitación decorada por algún calendario y un cromo en el que
se veía unos cazadores de focas en un mar proceloso de hielo, disparando contra
estos anfibios que se acercaban alarmantemente a la embarcación. Había un banco
y unas sillas; en el banco se sentaban de ordinario algunos jefes que asistían
silenciosos a la entrevista, o los soldados de retén. En un rincón se veía un
montón de rifles.
El general se sentaba en una sencilla mecedora, que la tenía balanceándose sin
cesar. Resaltan en su cara ovalada, pero angulosa, cierta especie de asimetría
en ambos lados del rostro, que contribuyen, juntamente con las comisuras de sus
labios, a dar unas extrañas variaciones a su rostro. En sus ojos obscuros brilla
con frecuencia una afectuosa simpatía, pero de ordinario se muestra en ellos una
profunda gravedad, una intensa reflexión. El reposo de sus facciones, la
fortaleza de sus mandíbulas, en ángulo bien abierto, confirman la impresión que
da su conversación de una voluntad serena y afirmativa. Su voz es suave,
convincente; no duda en sus conceptos, y las palabras van precisas, bien guiadas
por un intelecto que ha pensado por cuenta propia en los temas que expresa. Su
gesto habitual es frotarse las manos teniendo en ellas un pañuelo. Rara vez
acciona ni cambia la tonalidad serena de su voz. La impresión que da el general
Sandino, lo mismo en su aspecto que en su conversación, es de una gran elevación
espiritual. Es, sin duda, un cultivador de la "yoga", un discípulo de Oriente.
Los temas de nuestra conversación fueron varios y de ordinario sin mucho orden.
Yo he procurado recogerlo en distintas materias, pero guardando desde luego una
absoluta realidad en los conceptos y en las frases, a fin de que el lector pueda
penetrar en la psicología de este extraordinario paladín de la Libertad, que ha
sido tenido por muchos como un hombre vulgar y sin instrucción, quizá también
como el Pancho Villa de la rebelión nicaragüense. Pero esto es absolutamente
falso. El general Sandino es un espíritu delicado y fino, un hombre de acción y
un vidente, como hemos dicho ya, y sin tener sino una instrucción bastante
limitada, es una extraordinaria personalidad, aun aparte de su papel de
libertador.
--Ya veo que le han tomado a usted por americano --me dijo, riéndose
alegremente, la primera vez que me vio.
--Sí, general --le dije--; pero ya se convencieron bien pronto, y no pasó nada.
Todo ha sido una broma.
Y luego de habernos sentado, y mientras el general inicia su habitual balanceo,
le digo:
--Me interesa sobre todo en este movimiento su aspecto espiritual más que el
episódico y militar. Yo veo que hay en usted una gran fe, y yo no sé si un
sentido religioso. Entiendo que todos los movimientos que han dejado huella en
la Historia han tenido una gran fe religiosa o civil. El liberalismo de los
pueblos anglosajones, unido a sus principios religiosos, me parece más profundo
y definitivo que el de la Revolución francesa. ¿Tiene usted alguna religión?
Sandino.--No; las religiones son cosas del pasado. Nosotros nos guiamos por la
razón. Lo que necesitan nuestros indios es instrucción y cultura para conocerse,
respetarse y amarse.
Yo, sin darme por vencido, le insisto:
--¿No cree usted en la supervivencia de la conciencia?
Sandino.--¿De la conciencia?
Yo.--Sí, de la personalidad.
Sandino.--Sí, del espíritu, claro está; el espíritu supervive, la vida no muere
nunca. Puede suponerse desde el principio la existencia de una gran voluntad.
Yo.--Todo es cuestión de palabras; para mí, eso es la religión, la trascendencia
de la vida.
Sandino.--Como le digo, la gran fuerza primera, esa voluntad, es el amor. Puede
usted llamarle Jehová, Dios, Alá, Creador...
Y después de explicar, según su fe teosófica, el valor de los espíritus guías de
la Humanidad entre los cuales coloca Adán, Moisés, Jesús, Bolívar..., mientras
su palabra expresa una convicción profunda y sus ojos, opacos, se animan,
continúa:
--Sí; cada uno cumple con su destino; yo tengo la convicción de que mis soldados
y yo cumplimos con el que se nos ha señalado. Aquí nos ha reunido esa voluntad
suprema para conseguir la libertad de Nicaragua.
Yo.--¿Cree usted en el destino, en la fatalidad?
Sandino.--¿Pues no he de creer? Cada uno de nosotros realiza lo que tiene que
hacer en este mundo.
Yo.--¿Y cómo entiende usted, general, esa fuerza primera, que mueve las cosas?
¿Como una fuerza consciente o inconsciente?
Sandino.--Como una fuerza consciente. En un principio era el amor. Ese amor
crea, evoluciona. Pero todo es eterno. Y nosotros tendemos a que la vida sea no
un momento pasajero, sino una eternidad a través de las múltiples facetas de lo
transitorio.
Yo.--Insisto en este punto, porque creo que toda gran obra solo se ha hecho a
base de una gran fe, que yo llamo religiosa y usted la llama con otras palabras;
pero que no es sino el empujón de un mundo espiritual. He apercibido en su
ejército esa compenetración, esa espiritualidad.
Sandino.--Si eso es todo, estamos compenetrados en nuestro papel; todos somos
hermanos.
Yo.--Recuerdo haberle hecho referencia en algún momento al sentido histórico de
Napoleón y Bolívar.
Sandino.--¡Ah, Napoleón! Fue una inmensa fuerza, pero no hubo en él más que
egoísmo. Muchas veces he empezado a leer su vida y he tirado el libro. En
cambio, la vida de Bolívar siempre me ha emocionado y me ha hecho llorar.
Después, com el general hiciera referencia a las fuerzas espirituales que obran
en la conducta de los hombres, le pregunto:
--¿Cree usted, general, en fuerzas de esa naturaleza que obran en los hombres
sin la acción de la palabra?
Sandino.--Completamente; yo mismo lo he experimentado no una, sino muchas veces.
En varias ocasiones he sentido una especie de trepidación mental, palpitaciones,
algo extraño dentro de mí. Una vez soñaba que se acercaban las tropas enemigas y
que venía con ellos un tal Pompilio, que había estado antes conmigo. Me levanté
inmediatamente y di la voz de alarma, poniendo a todos en plan de defensa. Dos
horas después, todavía sin amanecer, los americanos estaban allí, iniciando el
combate.
--Hay una parte de nuestro organismo donde existe el órgano del presentimiento.
--Yo se lo diré --añade el general, y tomando mi cabeza me señala la nuca--. ¿No
lo cree usted?
Yo.--Yo no niego ninguna clase de posibilidades de esa naturaleza. Y desde luego
creo que usted puede tener un sistema nervioso especial: una gran potencia
espiritual. Lo veo en su ejército.
Y recuerdo haber leído en una carta escrita por su hermano Sócrates y que me
había enseñado don Gregorio, que "Augusto tenía un enorme receptáculo
telepático". Y en otra carta, "que había visto en sueños a su padre y a su madre
y sentía que debían estar muy inquietos".
Y añado yo:
--He visto en los soldados un sentido espiritual admirable. Hablando con muchos
de ellos, les he oído decir que la justicia estaba con ellos y que por eso
vencían siendo tan inferiores. ¿Cómo ha conseguido inculcarles estos principios?
Sandino.--Hablándoles muchas veces sobre los ideales de la justicia y sobre
nuestro destino, inculcándoles la idea de que todos somos hermanos. Sobre todo,
cuando el cuerpo desfallece es cuando he procurado elevar su espíritu. A veces,
hasta los más valientes decaen. Es necesario conocerlos, seleccionarlos. Y
alejar el temor, haciéndoles ver que la muerte es un ligero dolor, un tránsito.
Yo.--¿Por compenetración?
Sandino.--Sí; estamos compenetrados de nuestra misión, y, por eso mis ideas y
hasta mi voz puede ir a ellos más directamente. El magnetismo de un pensamiento
se transmite. Las ondas fluyen y son copadas por aquellos que están dispuestos a
entenderlas. En los combates, con el sistema nervioso en tensión, una voz con
sentido magnético tiene una enorme resonancia... También los espíritus combaten
encarnados y sin encarnar.
Yo.--¿Cree usted en la trascendencia de este movimiento?
Seguramente el general no me ha entendido el sentido realista en que yo le he
hecho esta pregunta. En el curso ya de sus impresiones suprasensibles, por
decirlo así, continúa destrenzando su pensamiento en conceptos más lejanos y más
difíciles.
Pero no nos sería posible seguir todo su pensamiento, e indicaremos únicamente
el esqueleto de sus ideas, que versan ya sobre términos irreales:
--Le diré a usted; también los espíritus luchan encarnados y sin encarnar...
Desde el origen del mundo, la tierra viene en evolución continua. Pero aquí, en
Centroamérica, es donde veo yo una formidable transformación... Yo veo algo que
no lo he dicho nunca... No creo que se haya escrito sobre eso... En toda esta
América Central, en la parte inferior, como si el agua penetrara de un océano en
otro... Veo Nicaragua envuelto en agua. Una inmensa depresión que viene del
Pacífico... Los volcanes arriba únicamente... Es como si un mar se vaciara en
otro.
Es una descripción fantástica, que yo no he podido aprisionarla por completo,
pero que se traduce en una especie de visión de una gran catástrofe marítima en
esa zona de la América Central. Y Sandino se lleva las manos a los ojos, como
queriendo arrancar de ellos alguna visión. De nuevo el tono opaco de su mirada
se anima más.
Es Sandino, el héroe y genial Sandino, el visionario.
--La fe --pienso yo-- es eternamente infantil y creadora; infantil, porque une
al mundo real, al de lo maravilloso, y apartando la duda, que es escepticismo y
vejez, nos lleva al mundo del ensueño de esos primeros años, en los que quizá,
como dice el poeta Wordsworth, los hombres conservan todavía el reflejo de una
inmentalidad o de una encarnación, como dirían los teósofos, que todavía no se
ha borrado de la mente, con los años y la baja realidad de los sentidos.
Y es creadora, porque el hombre se siente no como un mísero aparcero de una vida
transitoria, que se disipa como el humo, sino el propietario, mejor dicho, como
el actor de un drama eterno y siempre renovado.
Cuando salgo, Sandino habla con un viejo soldado, encargado de llevar sal a las
columnas que se vienen acercando, y mientras aquél parte con su mula cargada, el
general lo despide con un "Que Dios le guarde".
2.- Conversaciones con Sandino.
Temas sociales
Habíamos visto al general Sandino, mientras cabalgaba con algunos oficiales,
haciendo una inspección a sus tropas y me dijo:
-Ya ve usted, nosotros no somos militares. Somos del pueblo, somos ciudadanos
armados.
Recordando estas impresiones sobre el aspecto social del movimiento sandinista,
preguntaba una tarde al general, mientras conversábamos, y él se balanceaba en
su mecedora.
-Se ha dicho en ocasiones que su rebelión tenía un marcado carácter social.
Hasta se les había tildado de comunistas. Entiendo que este último dictado ha
obedecido a una propaganda tendenciosa y de descrédito. ¿Pero no hay programa
social?
Sandino.-En distintas ocasiones se ha tratado de torcer este movimiento de
defensa nacional, convirtiéndolo en una lucha de carácter más bien social. Yo me
he opuesto con todas mis fuerzas. Este movimiento es nacional y
antiimperialista. Mantenemos la bandera de libertad para Nicaragua y para todo
Hispanoamérica. Por lo demás, en el terreno social, este movimiento es popular y
preconizamos un sentido de avance en las aspiraciones sociales. Aquí han tratado
de vernos, para influenciarnos, representantes de la Federación Internacional
del Trabajo, de la Liga Antiimperialista, de los Cuáqueros... Siempre hemos
opuesto nuestro criterio decisivo de que esta era esencialmente una lucha
nacional. [Farabundo] Martí, el propagandista del comunismo, vio que no podía
vencer en su programa y se retiró.
El general calla pensativo.
En algunos países, como en México, se ha pensado por muchos que el movimiento
sandinista era fundamentalmente agrarista. Yo he tenido ocasión de comprobar,
durante mi estancia en Nicaragua, que la propiedad está muy dividida y que el
país es de pequeña propiedad. Apenas hay latifundios, y estos no son muy
grandes. El agrarismo, pues, no tiene un gran campo de acción. Los pocos que no
tienen tierras no se mueren de hambre, como se me había dicho. Y, efectivamente,
tuve ocasión de comprobar estas impresiones de tierra de promisión en forma no
muy halagadora por cierto. Hay cerca de Granada un hermoso paseo de mangos que
llega hasta el Lago. Mientras una especie de Cancerbero que tiene la contrata de
la fruta los recoge como puede, dos o tres desarrapados esperan la caída
accidental de algún fruto para hacer su comida diaria. No les tenía cuenta
trabajar en los cafetales porque solo les daban quince centavos, y preferían
esta modesta holganza. El país está destrozado; no hay trabajo por ninguna
parte, según ellos.
Insisto yo todavía sobre la cuestión de las tierras con el general, y le
pregunto si es partidario de completar el sentido de pequeña propiedad que tiene
el país, dando terrenos a quien no les tenga.
Sandino.-Sí, desde luego, y eso es algo que no tiene dificultades entre
nosotros. Tenemos tierras baldías, quizá las mejores del país. Es donde hemos
estado nosotros.
Y el general explica su proyecto de colonizar la zona del río Coco, que es de
una enorme feracidad.
-Nicaragua importa una cantidad de productos que no debe: cereales, grasas,
hasta carne, por la costa del Atlántico. Todo esto se puede producir allí. Por
de pronto haremos navegable el río ; después empezaremos a abrir terrenos de
cultivo. Pero hay una exuberancia vegetal increíble. Sólo el cacao silvestre les
pone por de pronto en condiciones de explotación económica.
Yo.-¿Cree usted en el desarrollo del capital?
Sandino.-Sin duda que el capital puede hacer su obra y desarrollarse; pero que
el trabajador no sea humillado y explotado.
Yo.-¿Cree usted en la conveniencia de la inmigración?
Sandino.-Hay aquí muchas tierras que repartir. Nos pueden enseñar mucho. Pero a
condición de que respeten nuestros derechos y traten a nuestras gentes como
iguales.
Y el general añade luego, en tono de broma, que si había extranjeros que fueran
allí con otras ideas, llevados de un espíritu de explotación inaceptable o de
dominio político, ellos procurarían irles poniendo espinas en el camino para que
su marcha no fuera tan sencilla. Por lo demás, todos los extranjeros serían
recibidos como hermanos, con los brazos abiertos.
Hemos recordado en aquel momento el admirable desinterés que ha demostrado en
todo momento el general Sandino, y la especial estipulación del convenio que se
acaba de firmar expresando que los delegados del mismo indican en su nombre "su
absoluto desinterés personal y su irrevocable resolución de no aceptar nada que
pudiera menoscabar los móviles y motivos de su conducta pública". Entonces le
pregunto:
-¿No tiene usted la ambición de poseer algún terreno propio?
Sandino.-¡Ah, creen por ahí que me voy a convertir en un latifundista! No, nada
de eso; yo no tendré nunca propiedades. No tengo nada. Esta casa donde vivo es
de mi mujer. Algunos dicen que eso es ser necio, pero no tengo por qué hacer
otra cosa.
Recordando que el general Sandino está a punto de tener sucesión, le pregunto:
-¿Y sus hijos, si los tiene?
Sandino.-¡No, eso no es una objeción! Que haya trabajo y actividad para todos.
Yo soy partidario más bien que la tierra sea del Estado. En este caso particular
de nuestra colonización en el Coco, me inclino por un régimen de cooperativas.
Pero eso tendremos que irlo estudiando más despacio.
A propósito de estas cosas -añade el general, sonriente-: hoy he tenido un caso
de los muchos que vienen a contarme sus cuitas, que pinta el espíritu ansioso de
algunas gentes que manejan dinero. Es un pobre hombre con mucha familia a quien
habían prestado trescientos pesos hace mucho tiempo. Ahora el que se los prestó
le exige, y como no los tiene, quiere llevarse su casa, el ganado, todo, y hasta
sus hijos como esclavos. Y yo le he dicho al prestador: "¿Usted cree que su
dinero vale tanto como las lágrimas de esta pobre familia?". Después he dicho al
otro que vaya donde uno de esos abogados que hacen justicia y que venga otro
día. Yo espero convencerlos. Ya ve usted -añade el general- lo que pasa por aquí
-mientras su boca se abre en una franca sonrisa que muestra su excelente humor.
Yo sonrío también ante el recuerdo de esta justicia benévola, que muestra su
espíritu persuasivo y no su espada de guerrillero.
Yo.-General, ¿le gusta a usted mucho la Naturaleza?
Sandino.-Sí.
Yo.--¿Más que la ciudad?
Sandino.-Sí; la Naturaleza inspira y da fuerzas. Todo en ella nos enseña. La
ciudad nos desgasta y nos empequeñece. Pero el campo no para encerrarse
egoístamente en él, sino para marchar a la ciudad y mejorarla.
La vista de las plantas, de los árboles; los pájaros, con sus costumbres, su
vida... son una continua enseñanza.
La dicción clara y precisa del general, el sentido didáctico que da a sus
explicaciones, hasta el corte de su mano, que se mueve incesantemente y que
muestra unos dedos cortos y firmes, nos muestran en el general, no el hombre de
fantasía, sino de un pensamiento inquieto y profundo en quien bulle el eterno
deseo de saber. Y entonces le pregunto:
--¿Es cierto que desea usted hacer algunos estudios?
Sandino.-Sí; me interesa el estudio de la Naturaleza y de las relaciones más
profundas de las cosas. Por eso me gusta la filosofía. Naturalmente que no me
voy a poner ahora en plan de escolar. Pero saber, aprender, ¡eso siempre!
Pasamos a hablar después del tema militar, del aspecto de exterminio que tuvo la
campaña, y yo le pregunto:
--¿Fueron crueles los americanos?
Sandino.-¡Ah, eso yo no se lo voy a decir! Pregúntelo por ahí fuera y verá.
Yo.-Se habla, entre los enemigos de usted, general, de muertes innecesarias, de
crímenes que se atribuyen a parte de su tropa.
Sandino.-Pues si se achaca algún mal, cualquiera que sea, yo soy el único
responsable. ¿Se dice que ha habido asesinatos? Pues yo soy el asesino. ¿Que ha
habido injusticias? Pues yo soy el injusto. Ha habido que castigar no sólo al
invasor, sino al que tiene concomitancias con él.
El general se yergue y habla con energía, y sus ojos brillan con indignación.
Yo.-A mí, cuando me han hablado de estas cosas, he dicho que la libertad no se
conquista con sonrisas a los invasores. Que es el precio de la libertad. Pero,
naturalmente, creo es muy duro para [ser] dicho por un extraño.
Sandino.-¡Oh, sí; el precio de la libertad!
El general Sandino ha pasado, por asociación de ideas, al rigor mostrado con sus
propias tropas para mantener la disciplina. Como algo se ha hablado sobre este
punto, le pregunto:
--¿Cuántos fusilamientos ha ordenado usted en sus tropas?
Sandino.-Cinco. Dos generales, un capitán, un sargento y un soldado. Uno de los
generales por abusos cometidos. Me denunciaron que había violado varias mujeres.
Comprobé los hechos y lo mandé fusilar. El otro, por traición.
Y el general cuenta cómo desde que llegó el general Sequeira creyó ver en él un
hombre de lealtad sospechosa. Un día los aviones lo habían sorprendido y
lanzaban un bombardeo furioso. El general Sandino se mantenía inmóvil en un
rincón cuando, en medio del estampido de las bombas, siente que alguien se
acerca sigilosamente. Era Sequeira, con la pistola en la mano. "¡Quiere
matarme!", pensó Sandino; e inmediatamente sacó su arma y, abalanzándose sobre
aquel le obligó a enfundar su automática. Sequeira quedó sin mando, pero aún
participaba en las operaciones. Todavía el general lo sorprendió en un momento
parecido al anterior. Cuando le iban a capturar se escapó en dirección al
campamento americano. Sandino destacó fuerzas que lo trajeran enseguida, vivo o
muerto. Entonces lo trajeron ya muerto.
Yo.--¿Es cierto que todas las armas suyas, rifles o ametralladoras, han sido
tomadas al enemigo? ¿Qué tanto por ciento calcula usted?
Sandino.-Sí, puede usted decir que todas, fuera de unos pocos fusiles llegados
de Honduras y de los primitivos "Con Con", que ya no sirven. Los que no tenían
fusil aguardaban a que se cogiera al enemigo o entraban en acción con bombas y
pistola, o sencillamente formaban gente de reserva.
Yo.--¿Tuvo usted, general, durante la lucha la intuición de la victoria moral
definitiva?
Sandino.-No; yo creí, al meterme en esta empresa, que no saldría nunca de ella
sino muerto. Consideré que eso era necesario para la libertad de Nicaragua y
para levantar la bandera de la dignidad en nuestros países indohispano.
Yo recuerdo haber oído expresar sentimientos parecidos entre su tropa, a quienes
había oído decir: "Antes morir que humillarnos" y "No nos hubiéramos retirado
sin que se fueran los 'machos' " .
Yo.--¿Fue su esposa un obstáculo o un estímulo para la lucha?
Sandino.-Fue un estímulo. Al llegar aquí, después de iniciada la lucha la
conocí. Intimé con ella. Sus ideas y las mías eran iguales; estábamos
identificados. Cinco años estuve separado. Luego pudo entrar en la montaña. Mi
esposa nunca ha cejado en su espíritu.
Pero, ¿no la conoce? -añade el general, y llama--: ¡Blanca! ¡Blanca! Te voy a
presentar un señor de un apellido muy largo, que no hay manera de pronunciarlo
al principio.
Aparece la señora del caudillo. Es una señora muy joven, de facciones correctas,
el aire dulce y la tez muy blanca. La saludo, y poco más tarde se va, después de
unas breves palabras.
Sandino.-Mi señora es de aquí, con un noventa y cinco por ciento de español.
Aquí los españoles se mezclaron poco con los indios.
Yo.-Generalmente, el español se ha unido con los indios fuera de los sitios
donde este ha sido muy guerrero. En México, por ejemplo, se ha mezclado poco en
Sonora y en Sinaloa. En el resto casi completamente.
Sandino.-Pues aquí, poco. El indio huyó a la montaña. Pero tiene algo. Tanto,
que hay un refrán que dice: "Dios hablará por el indio de Las Segovias". ¡Y vaya
si ha hablado! Ellos son los que han hecho en gran parte esto. Es un indio
tímido, pero cordial, sentimental, inteligente. Ya lo verá usted con sus propios
ojos.
Entonces el general manda a llamar a un soldado y le invita a que hable con su
jefe, que está sentado en la guardia y que es de la misma raza de los indios
zambos del Atlántico.
Hablan los dos, y se aprecia en el dialecto una mezcolanza de palabras de varios
idiomas, desde el inglés y el francés al español.
--¡Ahora háblele usted en inglés!- me dice a mí.
Le hablo un rato y veo que conversan los dos perfectamente.
--Y ahora, español- añade.
Efectivamente, lo hablan perfectamente.
Sandino.-Pues ya ve usted si son inteligentes. Pero han estado completamente
abandonados. Son unos cien mil sin comunicaciones, sin escuelas, sin nada del
Gobierno. Es donde yo quiero llegar con la colonización para levantarlos y
hacerlos verdaderos hombres.
Yo.--¿Cree usted en la transformación de las sociedades por la presión del
Estado o por la reforma del individuo?
Sandino.-Por la reforma interior. La presión del Estado cambia lo exterior, lo
aparente. Nosotros opinamos que cada uno dé lo que tenga. Que cada hombre sea
hermano y no lobo. Lo demás es una presión mecánica exterior y superficial.
Naturalmente que el Estado tiene que tener su intervención.
Yo.--¿Qué significan los colores de su bandera?
Sandino.-El rojo, libertad; el negro, luto, y la calavera, que no cejaremos
hasta morir.
3.- Conversaciones con Sandino.
Hispanoamérica, Centroamérica y España.
Era la misma tarde lluviosa de costumbre; Sandino se paseaba en la habitación
oscura, junto a la guardia, y al verme exclama:
Sandino.-¡Sí; pase usted, tenemos gran alegría de que haya un español en el
campamento, para que vea lo que somos y lo que hemos sido! Sí; de España hemos
recibido un gran apoyo moral.
Yo.-Hubiera sido preferible ayuda positiva, voluntarios...
Sandino.-No; nos han dado algo superior: las ondas que vienen con el apoyo
moral. Vale más eso que si nos hubieran enviado un cañonero con soldados y
parque.
Y cuenta cómo llegó hace tiempo al campamento un español que era andarín y
recorría el mundo. Estuvo varios días y contó anécdotas interesantes de su viaje
y de España.
Tengo entendido que este andarín murió más tarde aplastado entre las ruedas de
un tren en marcha. Sin duda viajaba económicamente. Y la verdad es que no
recuerdo su nombre, que ya me lo dijeron.
En ese momento le traen una carta, y yo le ruego que la lea, interrumpiendo la
conversación, y el general añade:
--No; a usted lo consideramos como un miembro de nuestra gran familia
indohispana, y no tenemos reserva. Vea usted esta carta: es de un cura amigo,
que estuvo aquí mucho tiempo. Es de ideas libres; tiene su familia, hijos,
hacienda, y es de aquellos que podrían decir: "Obra como yo te digo; pero no
hagas lo que yo hago".
Y Sandino sonríe con su franca sonrisa benévola. Después lee la carta, en que el
cura felicita al general por la paz, que dice que no debe quedar a medias.
Yo pregunto al general:
--¿Este movimiento puede tener alguna conexión con los ideales de una
Hispanoamérica unida?
Sandino.-Sí; el gran sueño de Bolívar está todavía en perspectiva. Los grandes
ideales, las ideas todas, tienen sus etapas de concepción y perfeccionamiento
hasta su realización.
Yo.--¿Cree usted posible que este sueño pudiera realizarse en una generación?
Aún hay falta de preparación para eso. Comunicaciones, íntima comprensión, una
sensibilidad armonizada para sentir los problemas comunes.
Sandino.-Yo no sé cuándo podrá realizarse esto. Pero nosotros iremos poniendo
las piedras. Tengo la convicción de que este siglo verá cosas extraordinarias.
Me acuerdo yo entonces de la situación de Centroamérica. Estas pequeñas
Repúblicas, con las que no ya la diplomacia yanqui, si no las Compañías
americanas, sobretodo las fruteras, juegan como muñecos.
Ellos hacen y deshacen elecciones y ponen sin gran esfuerzo, a sus hombres de
confianza. Ahora, en la reciente revolución de Honduras, han dado pródigamente
muchas cosas; naturalmente, para cobrárselas luego en alguna forma. Mientras a
lo mejor estos países ponen restricciones a la inmigración blanca, están
vaciando aquellas Compañías la isla de Jamaica en las costas del Atlántico, para
abaratar la mano de obra y los negros siguen aumentando enormemente. Así, las
pequeñas Repúblicas tienen su soberanía mediatizada..
Yo.-General,
¿no cree usted necesaria la Unión de Centroamérica?
Sandino.-Sí, absolutamente necesaria.
Yo.--¿Cuándo cree factible el proyecto?
Sandino.-Eso ya vendrá, ya vendrá...
Y el general se pone pensativo; yo, no queriendo ser indiscreto, no insisto
sobre punto tan delicado.
Recuerdo que el Presidente Sacasa me decía que él consideraba necesaria la
Unión; pero con el tiempo, cuando las ideas comunes y las comunicaciones se
hubieran desenvuelto suficientemente y sólo a base de un mutuo acuerdo; pero
pienso que hay cerebros centroamericanos dirigentes que creen que la separación
representa un estado morboso, una debilidad común, alentada por el imperialismo,
y quisieran ir a la Unión por la fuerza. Desde luego, hay una especie de
patriotismo centroamericano muy marcado.
Sandino.-De todas maneras, no profesamos un nacionalismo excesivo. No queremos
encerrarnos aquí solos. ¡Que vengan extranjeros, incluso americanos, desde
luego!
Tampoco pensamos que en nacionalismo político está toda la solución. Por encima
de la nación, la federación; continental, primero; luego más amplia hasta llegar
a la total.
Yo.--¿Qué le parece de España?
Sandino.-Una nación predestinada. España será la encargada de realizar la
comunización universal en el futuro.
Yo.--¿Comunización?
Sandino.-Sí, fraternización. España tiene un pasado glorioso. Allí, según la
leyenda, está enterrada María y Santiago, hermano de Jesús. Además, está dando
al mundo ejemplos admirables. El advenimiento de la República ha sido algo
notable. Lo mismo la actitud del rey que la del pueblo, y en cuanto a la
colonización... ¡Mire usted! Yo veía antes, hace tiempo, con protesta la obra
colonizadora de España; pero hoy la veo con profunda admiración. No es que esté
usted delante. España nos dio su lengua, su civilización y su sangre. Nosotros,
más bien nos consideramos como españoles indios de América.
Yo.--¿Y cree usted en la influencia moral de España en la futura América?
Sandino.-¡Indudablemente! Su obra no ha terminado. Perdurará.
Como surgiera alguna alusión al problema regionalista de España, indicó Sandino
que le interesaba ese punto de la diversidad temperamental y exclama:
--Diga usted, ¿qué diferencia hay entre un andaluz y un vasco?
Yo.-Pues yo creo que el andaluz representa un predominio de la imaginación,
fácil comprensión de otras ideas, ingenio, claridad de conceptos, tendencia a
los términos opuestos, optimismo brillante, a veces desaliento, escepticismo
otras. Han pasado muchas razas por ahí. En cambio, el vasco es primitivo, con
ideas simples, un monoideísta; pero estas enraízan en lo más profundo de su ser,
y no se contentan con vivir, sino que tienden a realizarse a la acción. Hay
escondida por allí una gran espiritualidad. Es optimista por naturaleza.
Sandino.-Me parecen interesantes estas diferencias. ¿Hay algunas otras?
Yo.-Sí; el catalán y el gallego, por ejemplo, represetan también profundas
variedades comarcales y raciales, dentro de la unidad histórica y espiritual. En
cuanto a la común armonía del conjunto, todo depende de los grandes ideales
comunes.
Después, Sandino hace referencia al vascuense.
--Yo he trabajado con vascos -dice--, y los conozco bien. El vascuense está
relacionado con el sánscrito. Hay en el espíritu de los vascos algo de
internacional. Están unidos al mundo. Por eso en todas partes se encuentra como
en su casa.
Luego, entrando en el tema de la política española, pregunta:
--¿Se orientan bien las cosas?
Yo.-Tengo la convicción de que sí. Hay al frente de España un carácter
magnífico: es Azaña. Su obra es afianzar el alma tradicional, el esqueleto de
España, e incrustarlo en la evolución moderna. Es el verdadero líder. No va
detrás de las masas mendigando; las orienta y las guía. Sabe enfrentarse a una
opinión injusta o necia, aunque la tenga la mayoría. Yo espero que lleve tras de
sí, en un partido propio, una buena parte de la mejor energía española: los
intelectuales, los profesionales, los pequeños propietarios independientes y el
capitalismo consciente y evolucionista. Azaña es un hombre de acción, es un
hombre providencial.
Sandino.-¿Y la República?
Yo.-A mi modo de ver, La República tiene que resolver la gran antinomia de los
tiempos modernos, en máximo de estatismo con el máximo de libertad, los avances
del ideal del trabajo con la defensa y el estímulo del bienestar común. El
porvenir es todavía de la clase media. Esta y el capitalismo consciente pueden
enarbolar todavía una gran bandera, no una bandera vergonzante, sino altiva e
independiente. Si el capitalismo debe entregar algún día su herencia o
transformarse definitivamente, debe hacerlo con dignidad, como quien ha cumplido
una misión histórica, no como el ladrón sorprendido con las manos en la masa.
Entretanto, debe orientar, debe participar en el Gobierno, como toda fuerza
vital. Además, hoy en día la libertad peligra de nuevo, y no me refiero a
eclipses parciales, que pueden ser necesarios. El liberalismo no ha muerto, ni
morirá nunca, mientras haya un hombre de corazón libre. Yo creo que alrededor de
todo esto debe girar el programa de una República española.
Sandino.-¿Usted me ha pedido un autógrafo?
Yo.-Sí, mi general.
Sandino.-Yo se lo daré, haciendo un saludo a España.
AL PUEBLO ESPAÑOL, UN SALUDO POR CONDUCTO DEL XXXX ESCRITOR SEÑOR
BELAUSTEGUIGOITIA, QUIEN HA RECIBIDO LAS IMPRESIONES DE NUESTROS ÚLTIMOS
ESFUERZOS LIBERTARIOS.
San Rafael del Norte, Feb. 13-1933.
El
Muchacho de Niquinohomo
Por Sergio Ramírez Mercado
Desde los tiempos de la conquista española el destino de Nicaragua ha estado
marcado por su posición geográfica y por las características de su territorio;
colocada entre los océanos Atlántico y Pacífico, la comunicación natural entre
el río San Juan y el Gran Lago de Nicaragua despertó desde el primer momento en
los españoles la ambición de lograr un paso entre los dos mares, llamado en las
cartas y relaciones de la conquista el Estrecho dudoso.
Al producirse en el siglo XIX la expansión del capitalismo mundial, ya en
proceso de franca liquidación el poderío colonial de España en América, la
necesidad de contar con vías marítimas más económicas y rápidas para el
transporte de materias primas, hace que Inglaterra, como dueña de los mares,
fije su mira en la construcción de un canal interoceánico a través de Nicaragua.
El canal se convierte así en el eje de las pretensiones de Inglaterra sobre el
mar Caribe, que es ya su more nostrum y también en el eje de sus disputas con el
naciente poder imperial de los Estados Unidos.
Así cuando los cinco países que bajo el régimen colonial español formaban el
Reino de Guatemala declaran su independencia en el año de 1821, la disputa entre
Inglaterra y los Estados Unidos comenzará a afectar el curso de la política
interna de estas provincias, que anexadas fugazmente al imperio de Iturbide en
México, se proclaman luego en República Federal Centroamericana, según el modelo
de la constitución política de los Estados Unidos. Pronto se iniciaría una
cruenta sucesión de guerras civiles, la Iglesia Católica y los viejos
terratenientes criollos empeñados en combatir a los caudillos liberales que son
los abanderados del federalismo; entre la sangre y la anarquía, la República
Federal sólo resulta un experimento efímero, y después del fusilamiento del
General Francisco Morazán, las antiguas provincias se separan y la reacción
vuelve a ocupar el poder en cada una de ellas, pobres, obscuras y aisladas,
tiranizadas por fanáticos religiosos, como sería el caso de Guatemala con el
gobierno de Carrera.
Uno de los países desmembrados de la federación, que más padeció guerra civiles
fue Nicaragua. Los españoles habían fundado en su territorio dos ciudades.
Granada, a orillas del Gran Lago y abierta a la comunicación del Atlántico a
través del río San Juan, la ruta canalera; y León, primeramente junto al Lago
Xolotlán y trasladada en el siglo XVII un poco más hacia el occidente, por causa
de violentos sismos, y cuya salida hacia el Pacífico era el importante puerto
colonial de El Realejo.
Estas dos ciudades, poco comunicadas entre sí, organizaron su vida económica en
forma autónoma, realizando en forma independiente su comercio a través de sus
propios puertos; y ejercían su control político independiente sobre las regiones
rurales de cuya agricultura eran dueñas, creándose así una división a la vez
rural y política: ambas ciudades aparecían como sustitutos de un Estado nacional
inexistente. El resto del país no era más que una inexplorada e ignota extensión
territorial, pues las únicas tierras cultivadas eran las de la franja del
Pacífico, lugar de los asentamientos coloniales donde también se había
congregado la mayoría de la población mestiza pobre que rendía su mano de obra
en las haciendas de añil y de cacao, productos coloniales que seguían siendo la
base de la economía nicaragüense, junto con la explotación ganadera. Hacia las
selvas del Atlántico, serían por el contrario los ingleses quienes empezarían a
ejercer su dominio sobre las tribus indígenas de aquella región, la más grande
del país.
Los ricos comerciantes de Granada, respaldados por el clero, se habían opuesto
primero a la independencia y luego repudiaron los ensayos liberales de la
facción leonesa, formada por agricultores. Tales inquinas hegemónicas hacen que
al romperse la federación, las dos ciudades reclamen para sí la capitalidad,
como forma de afirmar su dominio político y arrogarse el Estado nacional. Los
finqueros y comerciantes arrastraban a los campesinos a la vorágine de las
guerras civiles, haciéndoles morir inútilmente bajo sus banderas señoriales. En
el año de 1854, el Partido Conservador de los granadinos llamado el Legitimista,
y el Partido Liberal de los leoneses llamado el Democrático, entraron en un
nuevo conflicto cuyas consecuencias habrían de ser amargas y trágicas como
nunca.
Para ese entonces, a pesar de la expansión imperial inglesa, comenzaba a
consolidarse ya el poder de los Estados Unidos, cuya mira inmediata en el
continente americano era el more nostrum inglés, el Caribe: para proteger este
coto de caza, el Presidente James Monroe proclamó en 1823 su doctrina de América
for the americans.
Dentro de esta exclusividad pretendida de dominio, que llevaría más tarde al
despojo territorial de México y luego a la guerra contra España por la posesión
de Cuba, caía necesariamente la construcción y operación, lo mismo que la
defensa militar, de un canal interoceánico cuyas opciones eran Nicaragua y
Panamá; Inglaterra reconoció oficialmente este derecho canalero sobre Nicaragua
a los Estados Unidos, por medio del Tratado Clayton-Bulwer firmado en el año de
1850, sin que por supuesto el olvidado gobierno de Nicaragua, o quienes lo
pretendían, fueran tomados en cuenta para tales arreglos.
Pero dos años antes de firmarse este tratado, ocurría un acontecimiento que
traería profundas consecuencias con respecto al territorio nicaragüense
comprometido ya internacionalmente en el proyecto del canal: en 1848 se descubre
oro en California, región que después de la guerra con México, los Estados
Unidos se habían apropiado por derecho de conquista. Aventureros, comerciantes,
fulleros, inmigrantes, todo el mundo quiere correr desde la costa este hacia
California en busca de fortuna; pero un viaje a través de los desiertos y
praderas del continente es riesgoso porque el far-west es todavía terra
incognita, donde los indios hostiles asaltan a cada paso las caravanas; por
barco, debía viajarse hasta el Estrecho de Magallanes, en el extremo sur de
América, para ganar el Océano Pacífico, empresa de meses; puede intentarse el
cruce del istmo de Panamá, pero allí están los pantanos, la fiebre, muchos
quedan en el camino.
En el año de 1849, el Comodoro Cornelius Vanderbilt, uno de esos personajes con
garra y sin escrúpulos que forman el coro de padres fundadores del capitalismo
moderno, obtiene del gobierno de Nicaragua una concesión para operar a través de
su territorio, por aguas de la disputada ruta canalera, un servicio de
transportes para carga y pasajeros. Funda su compañía, The Accessory Transit
Company, con barcos que desde New York hacen transbordes en el puerto de San
Juan del Norte en la desembocadura atlántica del río San Juan; desde allí,
embarcaciones de poco calado remontan el río y el Gran Lago, las pocas millas
terrestres del istmo de Rivas, se hacen en diligencias desde el puertecito de La
Virgen hasta San Juan del Sur en el Pacífico; y de allí en buques otra vez hasta
California. Todo muy rápido y más que nada, barato.
En base a su contrato negociado con las autoridades nicaragüenses, el Comodoro
Vanderbilt logra acumular una fortuna de millones al poco tiempo, pero mientras
se encontraba en un crucero de recreo por Europa, para el cual había mandado
construir un buque de lujo llamado White Star que atracaba en los puertos del
Mediterráneo, donde Vanderbilt convidaba a bordo a la nobleza, sus socios
Garrison y Morgan logran tomar el control de la compañía a través de una
maniobra financiera. Empezaría entonces una guerra sin cuartel entre el Comodoro
y sus antiguos socios por el control de las rutas hacia California, que
multiplicaría los fuegos de la contienda civil nicaragüense iniciada en 1854 por
liberales y conservadores: los liberales de León habían desconocido al gobierno
conservador de don Fruto Chamorro de Granada y abiertas las hostilidades
conciben en su empeño por derribarlo, la idea de contratar una falange de
mercenarios norteamericanos. Un aventurero del sur, Byron Cole (quien perdería
luego la vida mientras huía del campo de batalla, colgado de un árbol por
campesinos nicaragüenses) hace la contrata con los leoneses y recluta en New
Orleans a la falange, que encabeza el sureño William Walker. Los empresarios
navieros Morgan y Garrison financian la compra de armas, municiones y vituallas,
interesados en asegurarse la concesión de tránsito por Nicaragua".
William Walker, quien había peleado en México tratando de anexar el territorio
de Sonora a los Estados Unidos, era el adalid de una política expansionista de
los Estados esclavistas del sur; en 1855 desembarca con su falange en Nicaragua
y es recibido jubilosamente por el gobierno liberal establecido en León, se le
acuerda grado de General y va inmediatamente a tomar la plaza de Rivas en manos
de los conservadores, pero es rechazado; logra sin embargo apoderarse poco
después de la ciudad de Granada en una operación sorpresiva; fusila a dirigentes
políticos de ambos bandos, aumenta su número de falangistas y armamento por
medio de envíos recibidos desde Estados Unidos, y ya en julio de 1856 se
proclama Presidente de Nicaragua; decreta que el inglés es la lengua oficial y
ordena el restablecimiento de la esclavitud. Los Estados Unidos reconocen su
gobierno y establecen relaciones diplomáticas con él.
Y como parte medular de su empresa de conquista, declaró nula la concesión
otorgada al Comodoro Vanderbilt, suscribiendo una nueva a favor de Morgan y
Garrison en febrero de 1856. Vanderbilt, por fuerza de sus intereses, y el
gobierno inglés, que no quitaba su ojo puesto desde hacía tanto tiempo atrás
sobre el canal, aportaron por su parte dinero y armas para equipar a los
ejércitos de los restantes países centroamericanos que se unieron a los
nicaragüenses, en una campaña militar de expulsión del invasor, que pretendía un
dominio no sólo sobre Nicaragua, sino también sobre todo Centroamérica: Five or
none se leía en los estandartes de los batallones de rifleros de la falange
filibustera.
Seis meses después de su proclamación como Presidente de Nicaragua, los
ejércitos centroamericanos lograron derrotar a los filibusteros; después de
perder la segunda batalla de Rivas en abril de 1857 termina toda resistencia del
invasor y Walker se embarca bajo protección del gobierno de los Estados Unidos,
con rumbo a su país; cuando llega a New York, los periódicos lo aclaman como un
héroe y estimulado por las demostraciones de apoyo, intenta varias veces más
nuevos desembarcos en Centroamérica hasta que en 1860 es capturado en Trujillo,
Honduras, y fusilado.
Las facciones en disputa en Nicaragua, firmaron un acuerdo de paz y se dieron
una larga tregua después de concluida esta guerra, dejándose a las familias
conservadoras de Granada gobernar el país por espacio de casi treinta años que
coincidía también con una tregua que los imperios capitalistas se daban sobre el
canal, obligados por la guerra de Secesión en los Estados Unidos y por las
luchas coloniales de Inglaterra en el África. El proyecto del canal se deja
dormir todos estos años en que si no hay guerras, tampoco hay mucho que cambie
en Nicaragua; un gobierno patriarcal que cuida del país como si se tratara de
una hacienda ganadera.
Al ocurrir la derrota de la Comuna de París en 1870, el capitalismo mundial
haría un nuevo empuje que envolvería más que nunca a países marginales como los
centroamericanos, en la producción indefectible de materias primas para las
industrias metropolitanas. En este nuevo panorama internacional, Centroamérica
producirá y explotará primeramente café y más tarde bananos. En el primer caso,
como la caficultura requiere de un nuevo orden agrario, ya que debe concentrarse
la tierra y disponerse de abundante mano de obra campesina, es la oportunidad de
que los grupos liberales puedan derrocar por medio de revoluciones acaudilladas
por militares, a los gobiernos conservadores, y expropiar las tierras de la
Iglesia Católica.
Se forma así, primero en Guatemala en 1872, un gobierno de terratenientes
cafícultores de credo liberal y aquella ola de cambios, aunque tardaría en
llegar a Nicaragua, produciría en 1893 el derrocamiento de los conservadores
granadinos y el establecimiento de una dictadura militar liberal, que preside el
General José Santos Zelaya.
En el segundo caso, la producción de banano se realiza por medio de la ocupación
de enormes cantidades de tierra por parte de compañías norteamericanas como la
United Fruit Company, que ya a comienzos del siglo XX cultivan, exportan y
comercian el banano. Las plantaciones bananeras llegarían a ser verdaderos
Estados, con sus leyes, ciudades, fuerzas de policía, tiendas, almacenes,
moneda; y los países donde se establecieron no percibirían más que pálidos
beneficios y estarían al margen de esos imperios.
El General Zelaya gobierna a Nicaragua por 16 años, durante los cuales logra
medidas de progreso y consolidación nacional, como la reincorporación del
territorio inglés; y entre sus planes no deja nunca de estar la construcción del
canal, pues Zelaya participaba ardorosamente de la ideología de que el progreso
sólo podría lograrse por medio del capitalismo mundial en expansión. Sólo el
canal llegaría a ser la fuente de riqueza y transformación del país.
Es entonces cuando el presupuesto calculado de América for the americans sufre
alteraciones impuestas por la nueva etapa en que entran los Estados Unidos en su
expansión imperial, han librado su guerra contra España por el dominio de Cuba y
Teodoro Roosevelt toma violentamente el territorio de Panamá, agregándolo de
Colombia, para asegurarse la construcción, al fin, de un canal interoceánico. Y
la doctrina Monroe es ahora la del big stick, bajo la cual se ocupa militarmente
Haití, Santo Domingo, Cuba, Honduras, México, Nicaragua.
Cuando Zelaya advierte que los Estados Unidos no estarán ya más interesados en
un canal por Nicaragua al haberse decidido por Panamá, intenta negociar una
concesión canalera con otras potencias extranjeras y busca contactos con
Alemania y el Japón. Su caída del poder que se produce en el año 1909, y la
subsiguiente ocupación de Nicaragua por la Marina de Guerra yanki, es provocada
en parte por semejante intento; y porque su hostilidad contra Estados Unidos,
toma a Zelaya bajo los fuegos de la también recién inaugurada doctrina de la
Dollar diplomacy, que convierte al Departamento de Estado en agente de los
banqueros y financieros, para operaciones de préstamos e hipotecas que requieren
de gobiernos dóciles en el área del Caribe; y cuando no, los marines pasan a ser
la policía de esos mismos banqueros, y a vigilar también que no se perturbe la
paz de los enclaves bananeros. Para entonces ya los países centroamericanos
pertenecen a la United Fruit Co. y a Boccaro Brothers & Co., que deponen
presidentes, compran diputados y derogan y emiten leyes, encienden guerras. Son
las banana republics.
A finales de 1909, los conservadores, con la franca ayuda del Departamento de
Estado, se levantan en armas contra Zelaya en la Costa Atlántica del país, una
región selvática y aislada y de enorme extensión, propicia para revueltas, su
ejército insurgente está financiado por The Rosario and Light Mines Co., empresa
minera yanqui de la familia Buchanin establecida en el país y a la que Zelaya
reclamaba impuestos no pagados; dos norteamericanos enrolados como mercenarios
en las filas conservadoras son fusilados por el gobierno, lo cual sirve de
pretexto y ocasión al Secretario de Estado, Mr. Philander C. Knox -abogado de
The Rosario & Light Mines Co., y consejero legal de la familia Buchanan- para
desconocer al régimen de Zelaya por medio de una nota diolomática que al llegar
a manos de Zelaya el 9 de diciembre de 1909, provocó su renuncia a la
Presidencia, veinticuatro horas después, ya que en el juego de relación de poder
de Estados Unidos en el Caribe, una comunicación semejante equivalía a una
destitución; pasando el cargo a manos del Dr. José Madriz, quien no puede
sostenerse pues los barcos de guerra yanquis patrullan las costas nicaragüenses,
llevan armas a los alzados y detienen el avance de las fuerzas gubernamentales,
declarando "zonas neutrales" los territorios en poder de éstos, y protegiendo a
los rebeldes para que colecten impuestos de aduana.
Los generales conservadores entran a Managua y forman de acuerdo con Estados
Unidos, un gobierno cuya cabeza sería poco tiempo después el contador jefe de la
Rosario & Light Mines Co., Adolfo Díaz.
Mr. Knox, envía pronto a uno de los abogados de su firma, Mr. Dawson, a imponer
al gobierno conservador una serie de condiciones que se conocen como "Los Pactos
Dawson", contratación de préstamos para "salvar las finanzas del país",
exclusivamente con banqueros norteamericanos; ninguna clase de concesiones (lo
cual incluye claro está los derechos canaleros) a otras potencias, y los
dictados de cómo deberá organizarse el nuevo régimen. Nicaragua pasa a ser de
inmediato, y como se le conocía en los círculos financieros internacionales, la
Brown Brothers Republic, pues aquella compañía junto con J. & W. Sehgman, U. S.
Morgage Trust Company y otras más, se dividieron como en el Evangelio, las
vestiduras del país: tomaron en prenda sus ferrocarriles, las entradas de
aduanas, se posesionaron de los bancos, de las minas, y en el año de 1912, como
"el contador jefe" iba a ser derrocado por uno de sus antiguos aliados, presto a
su solicitud desembarcó la Marina de Guerra y bombardeó la ciudad de Masaya; los
marines entraron en combato y capturaron al jefe rebelde, a quien internaron en
la Zona del Canal de Panamá como recluso; surgiría entonces como héroe nacional
el General Benjamín Zeledón, "el indio Zeledón" que no se rindió a los
ocupantes; sería perseguido y asesinado y su cadáver paseado a la vista pública
sobre el lomo de un caballo.
Desde esa fecha, las fuerzas de ocupación norteamericanas permanecerían en
posesión del país, amparando con sus bayonetas a los gobiernos conservadores que
se suceden hasta 1928 entre primos y parientes, y que documento continúan
entregando a la nación a los intereses extranjeros, adquiriendo deudas usurarias
y dando más bienes y recursos en prenda; el punto culminante fue alcanzado en
1914, cuando el General Emiliano Chamorro, embajador de Adolfo Díaz en
Washington, firma con el Secretario de Estado, Mr. Jennis Bryan, un tratado que
permito al gobierno de los Estados Unidos la construcción del canal
interoceánico, con ejercicio de soberanía sobre las áreas necesarias de
territorio y con facultad de construir bases navales en el Golfo de Fonseca y en
las Islas de Maíz:
"El Gobierno de los Estados Unidos tendrá la opción de renovar por otro lapso de
noventa y nueve años, el arriendo y concesiones referidos, a la expiración de
los respectivos plazos; siendo expresamente convenido que el territorio que por
el presente se arrienda y la base naval que puede ser establecida en virtud de
la concesión ya mencionada, estarán sujetos exclusivamente a las leyes y
soberana autoridad de los Estados Unidos".
Dice parte del texto de esto contrato de venta de la soberanía de una nación,
por lo cual se pagaron a los gobernantes tres millones de dólares que de
inmediato se entregaron a los mismos banqueros para consolidar a las viejas
deudas, todo en una operación de tan vergonzosa tristeza que el mismo Senado
norteamericano se negó durante varios años a ratificarla.
Por este tratado Estados Unidos no obtenía tanto una concesión para construir un
canal, sino al contrario, para que nadie más lo construyera, pues teniendo el de
Panamá concluido ese mismo año no estaban interesados en una nueva empresa que
demandaba muchos millones de dólares. Allí estaban Díaz y Chamorro para
garantizar esa exclusividad y la Marina de Guerra, para garantizarlos a ellos.En
1923, uno de los presidentes de la familia muere repentinamente, y el cargo pasa
a don Bartolomé Martínez, el primero de los presidentes conservadores que no
pertenecía por parentesco a la oligarquía y por tanto, tenía cierta posibilidad
de actuar independientemente, redimió muchas de las deudas con los banqueros
yanquis, rescató las acciones del Banco Nacional que pasó a ser propiedad del
Estado; y buscó una alianza con los liberales para oponerse a la oligarquía
conservadora granadina en las siguientes elecciones que se celebrarían en 1925,
después de las cuales los Estados Unidos habían anunciado que retirarían del
país las fuerzas de ocupación, pues una vez garantizada la opción del canal a
través del Tratado Chamorro-Bryan su permanencia no se hacía ya tan necesaria.
La coalición dirigida por el Presidente Martínez, sale triunfante de las
elecciones y gana la Presidencia Carlos Solórzano, conservador; y la Vice-Presidencia
el Dr. Juan Bautista Sacasa, de la oligarquía liberal leonesa. Ha sido derrotado
el General Emiliano Chamorro, a quien los norteamericanos ya habían dado un
período presidencial como premio por la firma del tratado canalero; caudillo de
muchas artimañas y de vivas ambiciones personales. Chamorro no queda conforme
con esta derrota y sobre todo cuando cree disfrutar siempre del favor del
Departamento de Estado. Los Estados Unidos, no obstante, habían aprobado la
elección de Solórzano, un señor sin luces, cuyo terror de gobernar sin la
presencia de los marinos lo llevó a suplicar que no se fueran del país. Pero
éstos se van de todas maneras en agosto de 1925, sólo para regresar pocos meses
después. Chamorro derrocó en octubre de 1925 a Solórzano y en enero de 1926 se
hizo proclamar Presidente de la República por el Congreso Nacional. Sus cálculos
con respecto a la bendición yanqui que debía de recibir de inmediato para
sostenerse en el poder, quedan sin embargo entrampados a causa de un error
técnico; años antes Estados Unidos había hecho firmar a los países
centroamericanos un "Tratado de Paz y Amistad", que el gobierno yanqui suscribía
en una de sus cláusulas más importantes: no podía reconocerse diplomáticamente
entre las partes contratantes, a gobiernos surgidos de golpes de estado.
Los liberales reclaman que de acuerdo con la Constitución, la Presidencia
corresponde al Vice-Presidente Sacasa y para amparar esta demanda provocan en la
Costa Atlántica un primer levantamiento, rápidamente copado por barcos de guerra
norteamericanos en mayo de 1926. Como resultaba demasiado evidente para el
Departamento de Estado reconocer de inmediato a su fiel y viejo servidor
Chamorro, pasando por encima del "Tratado de Paz y Amistad", los Estados Unidos
llevan hasta aguas del puerto de Corinto en el Pacífico un barco de guerra, The
Denver, y hacen subir a representantes de los dos partidos para unas pláticas de
paz celebradas en octubre de 1926, que fracasan. Los yanquis, para apaciguar los
ánimos, obligan entonces a Chamorro a dejar la Presidencia y en su lugar imponen
a otro viejo amigo, "el contador-jefe" Adolfo Díaz.
Los liberales habían hecho un nuevo desembarco en el Atlántico en agosto del
mismo año, con ayuda y armamentos proporcionados por el gobierno de México, en
disputa entonces con los Estados Unidos; Sacasa instala un gobierno liberal en
Puerto Cabezas en diciembre, y el Ministro de Guerra de su Gabinete, el General
José María Moncada, inicia las operaciones de avance del ejército revolucionario
hacia el Pacífico, comenzando así "la guerra constitucionalista".
La ayuda mexicana a los insurgentes, sirve de pretexto al gobierno yanqui para
justificar su apoyo a Adolfo Díaz, y para movilizar de inmediato numerosos
barcos de guerra a Nicaragua y preparar nutridos desembarcos destinados a
obstaculizar la marcha del "ejército constitucionalista" que comanda Moncada.
Para entonces ha culminado ya el proceso de la revolución mexicana iniciado en
1911; como resultado, se había puesto en marcha una reforma agraria y los
gobiernos posteriores a la revolución defendían una política nacionalista que
incluía el clamor por la nacionalización de los recursos naturales; el petróleo
mexicano de la Costa del Golfo, en Veracruz y Tamaulipas, estaba en poder de
poderosos consorcios yanquis. (Años después, el General Lázaro Cárdenas
recuperaría para México esos yacimientos). En Washington, el Secretario de
Estado Frank B. Kellog, acusaría a "los bolcheviques mexicanos" de fomentar el
desorden y la intranquilidad, en un país de "gobiernos ejemplares" como
Nicaragua.
La situación militar se deteriora rápidamente para el gobierno de Díaz, y la
Marina de Guerra sabe que aquél no puede sostenerse sin su providencial ayuda,
que no tardan en darle otra vez las "victoriosas" columnas de marines.
Desembarcan primero en el Atlántico en diciembre de 1926, donde rodean y aislan,
dentro de sus famosas operaciones de declaración de "zonas neutrales" a Sacasa y
sus ministros, siendo gran parte del armamento y municiones lanzadas al agua; y
en enero de 1927, ocupan la Costa del Pacífico, posesionándose de los puertos,
la vía férrea y las principales ciudades; el 9 de enero, participan con sus
aviones en la batalla de Chinandega, arrasando en llamas la dudad.
Pero el "Ejército Constitucionalista" marcha ya por las selvas, desde Laguna de
Perlas, por las montañas de Las Segovias y los llanos de Chontales y Boaco hada
el Pacifico y pese a la presencia de los marines, sus avances lo llevan en el
mes de abril de 1927, a estar en posición de atacar muy pronto la capital.
El Presidente Coolidge, interesado personalmente en evitar la caída del
Contador-Jefe Adolfo Díaz, pide a su amigo personal, el Sr. Henry Stimson, que
viaje a Nicaragua para que allá, con plenos poderes arregle la situación a
cualquier precio. Mr. Stimson llega a Nicaragua a fines de abril y el 4 de mayo
se entrevista con el General Moncada en la Villa de Tipitapa, a pocos kilómetros
de la capital; se ha impuesto una tregua y las fuerzas liberales ocupan Boaco,
que cierra el dominio sobre más de la mitad del país. En aquella plática,
Stimson sólo deja a Moncada dos alternativas: firmar un armisticio que
permitiría a Díaz continuar en la Presidencia hasta las siguientes elecciones de
1928, elecciones que se celebrarían con garantía de la vigilancia de los
marinos, quienes por supuesto seguirían en el país; o por el contrario, hacer
frente a las fuerzas de ocupación que de inmediato entrarían en guerra con los
rebeldes para desarmarlos. Moncada, eligió la primera alternativa. Mr. Stimson
refiere en sus memorias sobre esta misión en Nicaragua, que aquel General
insurrecto le pareció un hombre de gran atractivo y no común talento, lo cual no
significaría otra cosa que Moncada era un hombre viable para ser Presidente.
Esas señales no pasarían desapercibidas para Moncada, quien de regreso en Boaco
reunió a su consejo de generales y les recomendó aceptar la rendición. Mientras
tanto, se haría una alegre repartición de puestos públicos entre los jefes
guerreros liberales, y a cada uno se dejaría en posesión de las mulas y caballos
de su columna, remunerándoles también con diez dólares por cada día peleado.
Excepto para Moncada, el precio de la rendición no era elevado, pero todos
aceptaron, por medio de un telegrama que se transmitió al Comando Militar
norteamericano el 8 de mayo.
Todos, menos uno. Y aquí comienza la historia del General Augusto César Sandino.
Los caudillos que sólo defienden los intereses de dominio de su clase, o que
disputan en las guerras civiles el disfrute de beneficios personales, el acceso
al poder para hacer negocios, comprar tierras, traficar con los impuestos; su
sumisión incondicional a los dictados de la dominación extranjera y a la
voluntad omnímoda de los consorcios y banqueros; la simple envoltura retórica de
sus demandas patrióticas y reivindicaciones nacionalistas o constitucionales,
que en el fondo no esconden otra cosa que la ambición, y tras de todo lo cual se
compromete la vida de miles de campesinos que nunca alcanzan a saber por qué
pelean o mueren: esas son las figuras centroamericanas que componen los
terribles murales de lo que por mucho tiempo se llamó las guerras bananeras.
Adolfo Díaz, Emiliano Chamorro, José María Moncada; gracias a ellos, Nicaragua
apareció a los ojos del mundo como un protectorado norteamericano durante un
cuarto de siglo y continuó siendo, aunque sin tropas de ocupación, protectorado
norteamericano después.
Pero sería un muchacho abstemio, tímido y de pequeña estatura, que había salido
de un pueblecito nicaragüense situado en una meseta cubierta de arbustos de café
en las estribaciones de la cordillera andina, en descenso hacia el Litoral
Pacífico; que había andado por plantaciones de banano e ingenios de azúcar en la
costa norte de Honduras y Guatemala, y por los centros petroleros de México, el
que convirtiéndose en caudillo militar de esa guerra, contradiría
aquellos esquemas entreguistas; trabajando como peón, como tornero mecánico,
como cuadrillero de limpieza urbana, como artesano, como obrero agrícola, había
llegado por fin a México junto con otros muchos jóvenes latinoamericanos que
iban en busca de mejor fortuna, y en el año-1926, precisamente aquel en que los
marines volverían a desembarcar en su país para intervenir a favor de los
conservadores en la guerra civil, estaba sentado en algún lugar público de la
bulliciosa ciudad que era el Tampico del petróleo, de las doctrinas
anarcosindicalistas, del socialismo galopante de la revolución bolchevique, del
agrarismo mexicano de Zapata, conversando con amigos estibadores y petroleros; y
teniendo el periódico del día sobre la mesa, este muchacho nicaragüense había
dicho que la situación de su país lo estaba haciendo seriamente pensar en
regresar para empuñar las armas en contra de la intervención.
-Qué se va a ir usted mano -le respondió uno de ellos- todos ustedes los
nicaragüenses no son más que unos vendepatrias.
Esas palabras ayudarían en mucho a decidir su destino, porque como él lo
contaría después, lo hicieron cavilar aquella y muchas otras noches, pensando
que efectivamente, si vendepatrias eran los políticos de su país, los que
callaban ante aquella ignominia, también lo eran. Y como en el curso de sus años
de trabajador había ahorrado algún dinero, tomó parte de esos ahorros y con
ellos decidió financiar el inicio de una resistencia armada contra la ocupación
de Nicaragua, a donde llegó de regreso el 1° de junio de 1926.
Augusto César Sandino había nacido el 18 de mayo de 1895, en ese pequeño pueblo
de Niquinohomo, formado por chozas de paja y lodo, de campesinos que trabajan
como peones agrícolas en las plantaciones de café, región que es también de
maizales, tabacales y platanares, localizada en el departamento de Masaya, el
más densamente poblado de la república. Junto a la iglesia colonial que se
levanta frente a una humilde plaza, hay unas pocas casas de tejas que pertenecen
a los ladinos acomodados, que poseen tierras de alguna extensión y comercian con
cereales que compran a los pequeños productores antes de la cosecha. (Una ironía
del destino haría que en un pequeño radio territorial que no alcanza diez
kilómetros, nacieran, Sandino en Niquinohomo, y en otros pequeños poblados más
hacia el sur, José María Moncada en Masatepe, y Anastasio Somoza, en San
Marcos).
A aquel grupo de ladinos de fortuna de Niquinohomo, pertenecía su padre don
Gregorio Sandino, de cuya relación con una campesina de nombre Margarita
Calderón, que recogía café en su propiedad, resultaría este hijo único nacido el
mismo año en que José Martí caía en Cuba luchando por la independencia de su
patria.
Las angustias, pobrezas y privaciones que forman la infancia de Sandino serían
las mismas que en la sociedad nicaragüense de tintes feudales y patriarcales,
debían sufrir los campesinos, hijos naturales de acomodados, sobre todo cuando,
como en el caso de don Gregorio, el padre se casara con otra mujer de la misma
condición, y los hijos fuera de matrimonio, al ser recibidos en última instancia
en la casa paterna, que también sería el caso de Sandino, estaban en la
obligación de trabajar duro en distintos menesteres para retribuir su propio
sustento; al sentarse a comer, estos hijos naturales, debían hacerlo en la
cocina, segregados de los hijos legítimos, de quienes debían usar también la
ropa vieja. Del matrimonio de don Gregorio resultaron tres hijos, dos mujeres y
un varón llamado Sócrates, que se incorporaría después al ejército de liberación
de su hermano. De acuerdo con aquel mismo sistema feudal vigente en
Centroamérica a lo largo del siglo XX y como remora de los anteriores, los
campesinos podían obtener de sus empleadores adelantos por cuenta de su trabajo
futuro, y redimir aquella deuda con las horas de labor que el patrono fijaba; al
no poder cumplir, por causa de enfermedad, por ejemplo, iban a la cárcel. Cuando
Sandino tenía nueve años, y antes de pasar a la casa paterna, su madre fue
tomada prisionera por una deuda de esa naturaleza; y es también costumbre que
los niños tengan que ir con sus padres a la cárcel si no hay quien vea por ellos
. Allí en el calabozo, vería él cómo su madre, embarazada, se desangraba por
causa de un aborto; así, su infancia maduraría entre interrogantes sobre la
verdad de la justicia.
Tendría veinte años cuando dejaría la casa de su padre, para buscar la manera de
hacer su vida por sí mismo y así recorrió haciendas y plantaciones trabajando
como ayudante de mecánica; volvería más tarde a Niquinohomo para dedicarse al
comercio de cereales, y en 1920, estando próximo a casarse con su prima
Mercedes, se ve envuelto en un hecho de sangre que tendría mucho que ver con su
vida futura, pues por asuntos de honor o de negocios, hirió mal a un hombre
llamado Dagoberto Rivas a la hora de la misa dominical en la iglesia parroquial,
y tuvo que salir huyendo hacia Honduras. Como se vivía allá la fiebre del banano
en los reinos de la Frutera, muchos centroamericanos emigraban hacia esas
tierras calientes de la costa norte, que eran una especie de far west tropical;
las calles de Tela y de La Ceiba hervían de foráneos, se multiplicaban los
garitos y las cantinas, los crímenes, los duelos a balazos.
Sandino se empleó en La Ceiba como guardalmacén del Ingenio Montecristo,
propiedad de la Honduras Sugar & Distilling Co. En el año de 1923 tendría que
dejar Honduras y llegó a Guatemala, donde se colocó como peón bananero en las
plantaciones de la United Fruit Company en Quiriguá; ese mismo año seguiría
viaje hacia México, donde comenzaría a trabajar en Tampico para la South
Pensylvania Oil Co. En 1925 pasó al campamento que la Huasteca Petroleum Co.,
tenía en Cerro Azul, Estado de Veracruz y fue nombrado jefe de un departamento
de venta de gasolina al por mayor, donde, estuvo hasta su viaje de regreso a
Nicaragua en junio de 1526.
Ya en el país, se dirigió a la mina de San Albino, también de propiedad
norteamericana, situada en la región norte de Nicaragua, y en las vecindades de
lo que más tarde sería el teatro do la guerra sandinista; allí se empleó y
comenzó a realizar una labor de proselitismo entre los mineros, a favor de la
causa nacionalista. En octubre había formado una pequeña columna de soldados
sacados de entre los trabajadores y con sus ahorros compró unos pocos viejos
rifles a traficantes de armas de la frontera con Honduras.
El Partido Liberal, en armas contra el gobierno en la Costa Atlántica, peleaba
una guerra que según la mira de Sandino, debía ser también una guerra contra la
intervención extranjera, y por eso buscó dar su propia batalla dentro de esas
filas. Libró con sus hombres el primer combate el 2 de noviembre de 1926,
atacando la población de El Jícaro, en manos de fuerzas del gobierno. La mala
preparación de su columna y la escasez y pésima calidad de las armas y
municiones, harían que sufriera una derrota, pues no pudo ocupar la plaza. Pero
aquella pérdida, sólo serviría para reafirmar su vocación de lucha; reagrupó a
su gente y después de dejarla bajo seguro en un lugar, que después llegaría a
ser un reducto legendario de la guerrilla sandinista, el cerro de El Chipote, en
el. corazón de las montañas segovianas, se dirigió con unos pocos hombres hacia
la Costa Atlántica, donde estaba el grueso de las tropas liberales, viajando por
pipante a través del río Coco, en medio de la selva, travesía de muchos días y
de muchas penalidades que no podía realizarse sin la ayuda de los indígenas
zambos y mosquitos que pueblan la zona; soldados sandinistas durante la guerra
posterior, esos indígenas formarían una eficiente aunque primitiva marina de
guerra con sus pimpantes, llevando por el río guerrilleros, municiones y
alimentos.
Varías semanas después alcanzó al General Moncada en Río Grande y se entrevistó
con él para solicitarle armas y municiones, para su gente, que según sus planes
formaría una columna segoviana que operaría en la región norte del país, al
iniciarse la marcha del ejército hacia el Pacífico. Moncada se negó, y Sandino
siguió para Puerto Cabezas, donde estaba Sacasa con su gobierno, llegando allí
para la Navidad de 1926, precisamente cuando la Marina de Guerra declaraba la
zona neutral y desarmaba a Sacasa, lanzando el armamento al agua. Por la noche,
alumbrándose con teas de ocote, sus hombres y él, ayudados por las personas del
puerto, recogieron rifles y municiones del estuario hasta el amanecer; con estas
armas, inició su viaje de regreso a donde esperaban sus soldados.
En aquellas guerras civiles los ejércitos eran formados con peones de las
haciendas, y los hacendados, actuaban como generales; el gobierno reclutaba
forzosamente a los campesinos para enviarlos al frente de batalla, sin ninguna
preparación militar previa y armados de viejos rifles Krag que se habían
utilizado en la guerra entre Estados Unidos y España a finales del siglo
anterior, con lo que las mortandades eran terribles, pues además se peleaba con
tácticas cerriles, avances descubiertos de infantería, encuentros cuerpo a
cuerpo, sitio de poblaciones, mientras los generales permanecían a la
retaguardia, siempre convenientemente lejana. Guerra civil significaba hambre y
viudez, los miembros y las familias quedaban abandonadas y los caminos se
llenaban de niños pordioseros huérfanos.
Además del rifle antiguo, a los soldados se les proveía de un par de caites de
cuero, especie de sandalias descubiertas, de un salbeque con diez tiros y de un
sombrero de palma con una divisa que sería o roja o verde, según fuera el
partido que los reclutara, Liberal o Conservador. Este servicio militar forzoso
era parte del tributo que junto con su trabajo semigratuito, el campesino
nicaragüense debía pagar al dueño de la tierra, dentro del sistema servil
agrícola.
Metido en una guerra civil tradicional, Sandino aparecía como un General del
pueblo que lejos de rehuir la lucha, participaba en ella brazo a brazo con los
soldados de su columna, que multitudinaria pero disciplinadamente andaban tras
él y tras la bandera enarbolada desde entonces en sus filas de colores rojo y
negro, con la inscripción LIBERTAD O MUERTE. Iracundo por los éxitos militares
de aquella columna de campesinos desarrapados, una columna popular del General
abajo, que batía ferozmente al ejército conservador y salvaba del fracaso a
última hora a los improvisados generales liberales, el jefe del ejército
insurgente. Moncada, interrogó acremente un día de tantos a Sandino, en reclamo:
-¿Y a usted, quién lo hizo General? -Mis hombres, señor - respondería él humilde
pero firmemente.
Después de haber batido a las fuerzas del gobierno en San Juan de Segovia y
Yucapuca tras una batalla de 12 horas, la columna segoviana de Sandino toma en
marzo de 1927 la ciudad de Jinotega, marchando en el flanco derecho de Moncada,
y el 2 de mayo, cuando Moncada se prepara a la rendición frente a Mr. Stimson,
ocupa Sandino el Cerro del Común, frente a la ciudad de Boaco, que constituye ya
una posición de avance hacia la capital. Hasta allí enviaría a buscarlo Moncada,
para anunciarle las condiciones del armisticio, pero cuando Sandino llega al
cuartel general ya el desarme está aceptado en consejo de generales.
Regresa al Cerro del Común y se aparta de sus hombres para que no lo vean
llorar, mientras cavila amargamente sobre el eterno destino de la nación: la
venta, la entrega. Igual que Moncada frente a la demanda de Mr. Stimson, Sandino
examina esa larga noche de meditaciones en el Cerro del Común, dos alternativas:
entregar las armas, licenciar a sus hombres; o resistir hasta la muerte frente
al poderoso ejército de los Estados unidos, que tiene barcos de guerra, aviones,
cañones, infinitos recursos. Los intereses que tradicionalmente se ponían en
juego en las guerras civiles, indicaban que era una locura resistir; a Sandino
se le estaban ofreciendo mulas, caballos, dinero, un puesto público como Jefe
Político del departamento de Jinotega, prebendas y granjerías. Y la vergüenza.
Pero esa noche recuerda aquella voz burlona del amigo trabajador en Tampico, que
lo llamaba vendepatria. Recuerda que no había venido de tan lejos para pelear
por un partido, sino por un país; que lo que importaba era no quién sería el
candidato a la Presidencia en unas próximas elecciones que los marines
realizarían a su antojo, sino que los Estados Unidos no tenían derecho a invadir
un pequeño país, imponerle la humillación.
Sandino decidió aquella noche resistir, más con ánimo de sacrificarse como un
ejemplo futuro, que con pretensiones de una victoria militar. Aquella decisión
transformaría una guerra civil de facciones oligárquicas, en una larga guerra de
liberación nacional; transformaría una guerra de soldados reclutados a la fuerza
y de generales oportunistas, en una guerra en que generales y soldados serían
todos pobres e hijos del pueblo, que andarían en harapos, que se llamarían unos
a otros hermanos y cuya consigna escrita al pie de todos sus documentos
oficiales, junto a un sello que representaba a un campesino decapitando con un
machete a un soldado yanqui, sería la de Patria y Libertad; y aquella guerra
convencional de montoneras, se transformaría en la primera guerra de guerrillas
librada en el continente americano.
-¿Cómo se le ocurre morir por el pueblo -le diría en su última entrevista
Moncada a Sandino-. El pueblo no agradece, lo importante es vivir bien.
Y dejándolo con una sonriente promesa de ser Presidente de un país ocupado y
humillado, que ya tenía en el bolsillo. Sandino se retiró el 12 de mayo con su
ejército a la ciudad de Jinotega, donde por medio de una circular telegráfica
anunció a todas las autoridades de los departamentos del país, su decisión de no
aceptar la capitulación, y resistir hasta las últimas consecuencias. Allí
licenció a todos los que fueran casados, o tuvieran deberes de familia, para que
volvieran a sus hogares. Treinta hombres permanecieron con él y con ellos se
internó en aquellas ya conocidas soledades de las frías alturas de Yucapuca,
tres días después de haberse casado con Blanca Aráuz, la muchacha telegrafista
de San Rafael del Norte, la que había transmitido durante la recién concluida
campaña, todos sus mensajes en la pequeña oficina de comunicaciones de la
población. La boda se celebró la madrugada del 18 de mayo; recordaría, después
que al entrar a aquella iglesia humilde que era como la de su pueblo, el olor de
los cirios y de las flores silvestres, le traerían a la memoria su infancia.
El día primero de junio, dio a conocer su primer manifiesto:
"El hombre que de su patria no exige más que un palmo de tierra para su
sepultura, merece ser oído, y no sólo ser oído sino también creído".
En adelante, sus proclamas, sus cartas, hasta sus telegramas, estarían
redactados en aquel lenguaje que nunca sería ni retórico ni gratuito, cargado de
pasión pero también cargado de verdad. Era la voz de un artesano, de un
campesino explicando su guerra en una lengua llana, pero lírica, el tono
sencillo de un maestro rural en que también se dirigiría a sus generales, que
lejos, con sus columnas en las selvas y en las montañas, recibían aquellas
cartas del General en Jefe, que eran como lecciones, como poemas. Generales
analfabetos que aprendieron a leer en el curso de la lucha y a escribir en las
máquinas avanzadas al enemigo, sus propias cartas. Todo como una gran escuela.
El día 16 de julio de 1927, Sandino atacó la ciudad de Ocotal, en el
departamento de Nueva Segovia, protegida por una guarnición de marines; con
aquella batalla que duró desde las horas del amanecer hasta la tarde, el mundo
sabría que la guerra de liberación había comenzado.
El 2 de septiembre de 1927, Sandino reunió a sus soldados en el cerro de "El
Chipote" y en aquel recóndito e inexpugnable lugar de las montañas, fue jurado
por los campesinos en armas que acudieron de todos los rumbos, el documento
constitutivo del "Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua", al
pie del cual quedarían cientos de firmas de los que podían firmar, y la huella
pulgar de los analfabetos.
El ataque a Ocotal de dos meses atrás, había sido aún una batalla convencional,
tratando de poner sitio a la guarnición de marines; los aviones yanquis
acudieron pronto y bombardearon la ciudad, produciendo muchas bajas entre los
sandinistas que peleaban a campo abierto y podían ser reconocidos fácilmente
desde el aire, pero también entre los habitantes del pueblo. En aquel mismo mes
de julio, refuerzos de tropas yanquis llegadas desde Managua con órdenes
estrictas de acabar con "los bandidos" como comenzaría a llamarse a los
rebeldes, habían perseguido incansablemente a los sandinistas y sostenido con
ellos dos combates; uno en la ciudad de San Fernando el 25 de julio, donde los
sorprendieron acampando en el poblado, y otro en Santa Clara, el 27 del mismo
mes, donde también habían llevado la peor parte. La superioridad numérica, de
elementos de guerra y de apoyo táctico de los marines no habría dado a los
sandinistas ninguna posibilidad de resistir, si después de aquellas derrotas no
cambiaban radicalmente sus tácticas. Se estaba dando paso al nacimiento de la
guerra de guerrillas y Sandino y sus hombres desaparecen en las montañas para
reorganizarse; entonces el servicio de inteligencia norteamericano reporta
jubiloso en el mes de agosto que "los bandidos no están en capacidad de causar
ya más problemas".
Una semana después de constituido el Ejército Defensor, presentan su primer
combate dentro de aquel estilo que los marines no podían recordar después sin
terror: el de la emboscada, el ataque sorpresa, la retirada rápida, una columna
enemiga esperándoles en cualquier parte de abras y senderos desconocidos, en
medio de la maleza, disparando desde las copas de los árboles, aguardándoles
para dejarles cruzar un río y cuando estuvieran dentro del agua, tirarles. La
primera batalla guerrillera fue dada el 9 de septiembre de 1927 en un lugar
llamado Las Flores, cuando una columna de marines en marcha de una guarnición a
otra, es sorprendida y sufre numerosas bajas; y el 19 de septiembre, la
guarnición de Telpaneca, cerca del río Coco, es víctima de un ataque relámpago.
Aquellos llegarían a ser los dos sistemas típicos de la táctica sandinista de
guerrillas: emboscadas a columnas en movimiento a través de la montaña; y
asaltos a guarniciones en pequeños poblados. Los objetivos eran simples y
claros: causar el mayor número de bajas, con la menor cantidad de municiones;
apropiarse de armas, balas y otros elementos de guerra. No presentar combates
prolongados, retirarse en orden por veredas que sólo ellos conocían, para
reunirse más tarde en un lugar ya acordado; no dejar huellas, y recoger sus
bajas. Después de un ataque y cuando los marines estaban aún esperando que el
fuego continuara, ya los sandinistas iban lejos y sólo podían percibirse los
ruidos de la montaña.
Los bien entrenados y elegantemente uniformados soldados yanquis, sólo
encontraron una frase para designar aquella pesadilla: damned country! Lluvias,
mosquitos, suampos, ríos crecidos, fieras, el horror de caer de pronto en una
emboscada, fiebres, nunca un enemigo visible.
Una rama desprendida de un árbol, una piedra colocada en el camino, el remedo
del grito de un animal o del canto de un pájaro, podrían ser clave del lenguaje
sandinista de guerra, para indicar que los yanquis se acercaban, o para dar una
orden de fuego. Todos los ruidos de la montaña eran enemigos del invasor.
Cualquier campesino a cuya casa se acercaran a pedir agua u orientación, podría
ser un sandinista que sembraba su pequeña parcela de maíz de día y servía como
correo por la noche, o como soldado en días alternos.
El 8 de octubre, el Ejército Defensor cumple por primera vez una de aquellas
hazañas que tanto se repetirían también después con fuego de metralla, derriban
un avión de la marina y sus pilotos son capturados y ejecutados tras juicio
sumario. Una patrulla enviada en rescate de los tripulantes es sorprendida por
los sandinistas en El Zapotillo el mismo día y la desbandan en derrota. La
prensa norteamericana, comenzaría a pasar a tener en la época de expansión más
grande de sus operaciones, a las primeras páginas aquellas noticias y en la
América Latina se comentarían con júbilo. Una poetisa chilena, Gabriela Mistral
-declarada luego Benemérita del Ejército Defensor, mucho antes de que ganara el
Premio Nobel de Literatura- llamaría a aquellos hombres descalzos y harapientos,
"el pequeño ejército loco".
¿Y dónde estaba aquel General Sandino, dónde los jefes de sus columnas volantes,
dónde aquellos soldados?
Cuando los jefes tácticos de la Marina de Guerra de Estados Unidos comenzaron a
querer localizar un monte llamado "El Chipote" en sus mapas, tal lugar no
aparecía ni bajo ese nombre ni bajo ningún otro. El Chipote, se decían, no
existe. Es un nombre creado por la fantasía de los campesinos, que interrogados
por los marines sobre su ubicación sólo respondían:
-A saber, señor, para allá...
Allá, eran Las Segovias, la región montañosa de Nicaragua que se extiende desde
la frontera con la República de Honduras en el norte y que desciende por el este
hacia las selvas y pantanos del Litoral Atlántico y por el noreste en suaves
ondulaciones hacia las llanuras del Litoral Pacífico. Sus altos montes cubiertos
de espesos pinares, centenarios y altísimos árboles que forman gigantescas
grutas naturales de vegetación, parajes de roca viva por los que se precipitan
los ríos, hondonadas y desfiladeros, cubren varios departamentos del país: Nueva
Segovia, Estelí, Madriz, Matagalpa, Jinotega; región de ricos cafetales, de
explotaciones madereras, minas, en manos de plantadores europeos o de compañías
norteamericanas.
En algún lugar de esa región y cercano a la frontera hondureña, quedaba aquel
lugar mítico. El Chipote, alta prominencia defendida por desfiladeros y a la que
ningún camino conocido llegaba, siempre cubierta de nubes. En sus cumbres, se
habían construido rústicos ranchos de palma, viviendas, bodegas para almacenar
alimentos, corrales para caballos y ganado vacuno, talleres de refacción de
armas, de fabricación de municiones, sastrerías y zapaterías, todo dentro de la
pobreza del ambiente. A través de la frontera con Honduras, funcionaba
eficientemente un correo con la ciudad de Danlí. Por allí salían hacia el mundo
los comunicados y partes de guerra sandinistas.
El número de efectivos del Ejército Defensor, varió en distintas ocasiones, de
entre 2,000 a 6,000 soldados que llegó a tener en la época de expansión más
grande de sus operaciones, en 1931/1932. Sus ocho columnas, estaban bajo el
mando cada una de un General, y cada columna tenía a su cargo un área
territorial, para operaciones militares, organización civil y paramilitar,
recolección de impuestos, lo mismo que para organización de producción agrícola
que se hacía por medio de cooperativas. En esas áreas, también llegaron a
funcionar escuelas de primeras letras para soldados y los campesinos.
Los generales sandinistas eran campesinos y artesanos, la mayor parte de ellos
segovianos, pero había también del interior del país, y de otros lugares de
Centroamérica. El General Pedro Altamirano, conocido como Pedrón, indígena de
Jinotega que aprendió a leer y escribir durante la campaña, era comandante de la
columna número uno, que llegó a controlar los departamentos de Matagalpa y
Chontales.
El General Juan J. Colindres, también de Jinotega, comandante de la columna
número siete que operó en Nueva Segovia, Estelí y, cuando la guerra alcanzó el
Pacífico, en León y Chinandega.
El General José León Díaz, era de El Salvador y comandaba la columna número
cinco, en León y Chinandega.
El General Francisco Estrada, artesano de Managua, actuaba como Jefe del Estado
Mayor del Ejército; era un muchacho de extraordinario talento.
El General Pedro Antonio Irías, era comandante de la columna número tres en los
departamentos de Jinotega, Matagalpa y Zelaya, y había nacido en Jinotega.
El General José María Jirón Ruano, de Guatemala, había estudiado su carrera
militar en Potsdam. Murió fusilado en el curso de la lucha, después de ser
capturado.
El General Miguel Ángel Ortez, que murió peleando en la batalla de Palacagüina
cuando sólo tenía 25 años de edad, había nacido en Ocotal, y era un táctico
militar nato.
El General Abraham Rivera, era de Jinotega y un profundo conocedor de las
regiones del río Coco, de sus pobladores y de las lenguas indígenas; comandaba
la columna número seis en Zelaya y Cabo Gracias a Dios.
El General Carlos Salgado, de Somoto, comandaba la columna número dos que se
movía en distintas direcciones, desde Zelaya en el Atlántico, hasta León en el
Pacífico.
Y el General Pedro Umanzor, comandante de la columna número cuatro, que cubría
Nueva Segovia.
Aquellas columnas volantes contaban además de su número regular de tropa, con
cuadros paramilitares, se trataba de voluntarios civiles que servían como
correos, y en el servicio de espionaje; existía también una red de agentes
urbanos que informaba de los movimientos de salida de tropas hacia la montaña, o
de la llegada de aviones.
Pero había también en los cuarteles de la montaña, muchos niños huérfanos de
guerra, que tenían también su papel en el ejército: se les conocía como "el coro
de los ángeles". Asistían a las emboscadas y asaltos y su papel consistía en dar
gritos, vivas y hacer toda clase de ruidos -un coro infantil cuyas voces se
alzaban ensordecedoramente en el monte- con latas y triquitraques, dando unas
veces la impresión de que el número de sandinistas era mayor, y otras, que
llegaban refuerzos. Estos niños, cuando crecían, llegaban a ser soldados
regulares y debían conquistar su propio rifle, como el caso del comandante
Santos López.
Existió también una brigada internacional, compuesta por intelectuales y
estudiantes principalmente, que llegaban de distintos puntos de América Latina
hasta Las Segovias, a prestar servicio militar; los hubo de México, Argentina,
El Salvador, Guatemala, Costa Rica, República Dominicana, Venezuela, Colombia,
Honduras. Algunos pelearon como soldados de línea, otros sirvieron en el Estado
Mayor, como secretarios de Sandino; varios, allí murieron.
A finales del mes de diciembre de 1927, los aviones de reconocimiento yanquis
pudieron al fin descubrir "El Chipote" y comenzó entonces un intenso bombardeo
que duró días de días, como preparación de un asalto por tierra para el cual
concentraron cientos de soldados, la marcha de los marines hacia "El Chipote",
planeada metódicamente por el General Lejeune, veterano de la Primera Guerra
Mundial, comenzó en enero de 1928.
Como una vez descubierta su localización aquel reducto perdía su importancia y
no podía seguir siendo cuartel general, Sandino decide desocuparlo; manda
entonces a fabricar muñecos de zacate que son colocados en las trincheras y
demás puntos de defensa, sobre los árboles, y en el monte, mientras el Ejército
Defensor retira sus columnas ordenadamente por senderos desconocidos. El día 3
de febrero, mientras Sandino recibe en San Rafael del Norte al periodista
norteamericano de The Nation, Carleton Beals, a quien concede una importante
entrevista, los marines conquistaron por fin la cumbre de "El Chipote", desierta
y abandonada a no ser por los soldados de zacate que impasibles los miran desde
sus posiciones de fuego.
Poco tiempo después, el 27 de febrero, el más joven de los generales
sandinistas, Miguel Ángel Ortez, quien era casi un adolescente, coge por
sorpresa a una columna yanqui, y causa a los ocupantes una de sus más tremendas
derrotas, en el combate de "El Bramadero".
Es después de entonces que en los documentos oficiales de la Marina de Guerra
puede encontrarse o que ya no se le llama a Sandino "bandido" sino
"guerrillero". Era una promoción conquistada a balazos.
"Lo llamamos "bandido" decía el Secretario de Estado, Cordell Hull, sólo en un
sentido técnico".
En enero de 1928, se celebraría en La Habana la VI Conferencia Panamericana a la
que asiste personalmente el Presidente de Estados Unidos, Calvin Coolidge; el
tema central de los debates en aquella asamblea, sería el de la intervención
armada en Nicaragua. El nombre de Sandino es ya una bandera en toda América
Latina, menos para los representantes del gobierno conservador de su patria en
aquella conferencia, quienes tratan de justificar por todos los medios la
presencia de Estados Unidos, y restar razón a la resistencia de Sandino. No
sería por tanto raro tampoco, que el Obispo de la ciudad de Granada bendijera en
una ceremonia pública las armas de los marines que salían en febrero hacia Las
Segovias. Con esas actitudes quedaba claro como nunca, que aquella era guerra
del pueblo.
Esa guerra se extendería pronto a las regiones atlánticas bañadas por el río
Coco y los ataques sandinistas tendrían allí un objeto preciso: arrasar las
instalaciones de las compañías norteamericanas mineras. Sandino mueve su cuartel
general de San Rafael del Norte hacia Pis Pis, en el mes de marzo de 1928 y en
abril sus tropas ocupan las minas de La Luz y Los Angeles que como se recordará
eran propiedad de la familia Buchanan que había contribuido a la derrota del
gobierno de Zelaya décadas atrás. Los aviones yanquis realizan extensos
bombardeos en busca de los sandinistas y arrasan pequeños poblados de
campesinos: Murra, Ojoche, Naranjo, Quiboto; había comenzado el terror aéreo.
Pero las minas son incendiadas por los sandinistas, sus túneles dinamitados, los
artículos de venta en los comisariatos confiscados. Los marines siguen muriendo
en las selvas nicaragüenses, las listas aparecen a diario en los periódicos
norteamericanos y la opinión pública comienza a inquietarse. Los senadores
protagonizan acalorados debates en los que se preguntan, por qué si los marines
quieren dedicarse a combatir "bandidos", no lo hacen en Chicago, contra Al
Capone y sus secuaces. En abril de 1928, el Comité de Relaciones Exteriores de
la Cámara del Senado, ordena la comparecencia del Secretario de Marina para que
explique sobre las operaciones en Nicaragua y una resolución que adopta ese
mismo mes, cuestiona la autoridad del Presidente de los Estados Unidos para
mantener tropas de ocupación en aquel país. En New York, en Los Angeles, en
Chicago, en Detroit, comienzan a surgir comités de lucha antiimperialista en
favor de la causa de Sandino y se celebran mítines para reunir fondos. El
gobierno persigue bajo acusación de ilegalidad a estos comités, que por otra
parte han aparecido en Venezuela, en México, en Argentina, en Costa Rica.
Desde Francia, el escritor Henri Barbuse saludaría públicamente a Sandino como
"el General de hombres libres"; el Primer Congreso Antiimperialista reunido en
Frankfurt en 1928, da pleno respaldo a la lucha nicaragüense en las montañas.
En el combate de La Flor junto al río Cuas, cae el Capitán Hunter, USMC, y
muchos de sus soldados; en el combate de Illiwás del 7 de agosto, los marines
son otra vez derrotados. La resistencia del Ejército Defensor parece imbatible y
frente a la presión interna de los Estados Unidos y el clamor internacional que
sigue creciendo, la Marina de Guerra da su primer paso atrás: no comprometerá ya
a sus hombres en acciones de guerra directas y sólo los utilizará como "asesores
técnicos". En adelante, el grueso de la responsabilidad de fuego corresponderá a
un ejército local, creado y entrenado por los marines, la Guardia Nacional de
Nicaragua, que se funda en diciembre de 1927 mediante un contrato entre los
gobiernos de Estados Unidos y Nicaragua, y que entraría en operación un año
después. El combate de Cuje del 6 de diciembre de 1928, sería la última "batalla
oficial" de las fuerzas de ocupación en Nicaragua, aunque un número posterior de
muertos que siguen produciéndose en sus filas, probaría que aquel retiro no
sería tan verdadero.
El triunfo electoral que dos años antes Mr. Stimson había dejado entrever al
General Moncada, se produce a .finales de 1928. El Partido Liberal con Moncada a
la cabeza gana las elecciones presidenciales que se realizan en noviembre. Las
mesas electorales son presididas por oficiales yanquis y están integradas por
marines; el General Charles McCoy, nombrado por el Presidente Coolidge, Director
del Consejo de Elecciones de Nicaragua, es el que cuenta los votos. Moncada toma
posesión de aquel cargo largamente esperado el 1° de enero de 1929, y no busca
de ninguna manera el retiro de los marines del territorio, a pesar de que
Sandino seguía proclamando todos los días, que apenas el último soldado
interventor saliera del país, la guerra quedaría concluida. Más bien. procura
conservar la presencia de aquellas fuerzas y redoblar la lucha contra Sandino,
para lo cual crea una especie de ejército particular al margen de la Guardia
Nacional, al que denomina "fuerza de voluntarios", que bajo el mando de un
aventurero mexicano, Juan Luis Escamilla, comete toda clase de atrocidades en
Las Segovias.
Al entrar el año de 1929 y frente a la decisión de los marines de continuar en
el país, y la de Moneada en mantenerlos, Sandino avizora una lucha más
prolongada; se trata ahora de una guerra nacional de resistencia de la cual ha
desaparecido cualquier vestigio partidista; se enfrenta por igual a liberales y
conservadores, a la oligarquía amparada en la intervención.
Para hacer frente a aquella perspectiva de una guerra larga, Sandino sabe que
necesitará mucho más recursos de los que tiene, pues hasta entonces sus armas
son los pocos rifles anticuados de la pasada guerra civil, o los que se arranca
a los marines en las emboscadas y combates; la solidaridad internacional produce
muy poco en ayuda efectiva de municiones, armas, alimentos, medicinas. Por eso
decide en enero de 1929, escribir al Presidente Provisional de México, Emilio
Portes Gil, pidiéndole la autorización de viajar allá, llevando en mente buscar
personalmente la ayuda que necesita; los comités más entusiastas de apoyo a su
lucha, están en México.
Mientras tanto, la represión contra los campesinos que viven en las áreas donde
se desarrolla la guerra, se vuelve cada vez más cruel; se incendia sus ranchos,
se destruyen sus siembras y se les obliga a abandonar sus hogares, para ser
llevados a distantes sitios que sirven como campos de concentración. A todos se
les sospecha ser miembros o colaboradores del Ejército Defensor. Según un
reporte de The Foreign Policy Association, murieron sólo en el año de 1929 en
esos campos de concentración, más de 200 personas entre mujeres y niños, a causa
del hambre y el frío. Al comenzar a operar meses después la columna del famoso
Teniente Lee, famosa por sus crueldades, torturas y mutilaciones, se redoblaría
el terror. (La fotografía de un soldado norteamericano sosteniendo en su mano la
cabeza de un nicaragüense asesinado, sería publicada en todo el mundo).
Al sobrevenir ese mismo año de 1929 la crisis económica mundial, la empobrecida
economía nicaragüense que depende de sus exportaciones de café, sufre junto con
la de los otros países centroamericanos, un grave colapso; sobreviene la total
desocupación en el campo, el hambre; se endurece la represión y cientos de
campesinos engrosan las filas sandinistas; para toda esa nueva gente era
necesario conseguir más rifles.
Sandino sale hacia Honduras en viaje a México en mayo de 1929 y a finales del
mes llega secretamente al puerto de La Unión, en El Salvador, de donde sigue
hacia Guatemala; el 28 de junio arriba al puerto de Veracruz, y es recibido por
una gran multitud; va acompañado de lugartenientes que pertenecen a las brigadas
internacionales; Farabundo Martí, líder comunista salvadoreño, asesinado en 1932
en su país cuando fue reprimida sangrientamente una rebelión campesina que dejó
más de diez mil muertos; José Pavietich, del Perú; José de Paredes, de México;
Gregorio Gilbert, de la República Dominicana. Allí se les juntaría también su
hermano Sócrates, quien llegaba de los Estados Unidos, donde había participado
en los mítines sandinistas en New York.
En Veracruz, recibe instrucciones del gobierno de dirigirse hacia Mérida,
Yucatán, donde debe aguardar la oportunidad de seguir viaje a la ciudad de
México; allí debe instalarse, pues, y esperar por aquel aviso que tarda mucho en
producirse. Las presiones en la capital para que no sea recibido, de parte del
Embajador de Estados Unidos, son muchas, y las intenciones del gobierno mexicano
de ayudarle efectivamente, comienza Sandino a darse cuenta da que nunca han sido
muy claras.
Desesperado, Sandino escribe al Presidente Portes Gil de nuevo en enero de 1930
y al fin es autorizado para ir a México, adonde llega el 27 de enero a bordo de
un avión que ha sido bautizado con su nombre; en el aeropuerto, delegaciones
sindicales, organizaciones juveniles, periodistas, los miembros del comité
sandinista lo esperan. Se entrevista con Portes Gil el día 29, pero tras tanto
tiempo aguardando, de aquella gestión no resultaría nada concreto. Regresa a
Mérida y allí se embarca secretamente hacia Nicaragua, adonde penetra de nuevo a
través de la frontera con Honduras y el 16 de mayo de 1930, está ya en sus
cuarteles de la montaña.
En su ausencia, había quedado al mando de las fuerzas el General Pedro
Altamirano, y si es cierto que la actividad había decrecido, gran parte del
ejército que permanecía inactivo, estaba en espera del nuevo llamado, pues aquel
tipo de soldados -agricultores- siempre estaban de alta.
Ya Sandino de regreso, la lucha recrudece inmediatamente y se abren nuevos
frentes, llegando las columnas hasta territorios nuevos, cada vez más cerca de
las áreas mayormente pobladas del país en el Pacífico. Se dan las batallas de El
Bálsamo, El Tamarindo y San Juan de Telpaneca en junio de 1930; Blanca, la
esposa de Sandino, es obligada a trasladarse de San Rafael del Norte a la ciudad
de León, donde queda bajo vigilancia militar.
Las insurrecciones y motines en las guarniciones de la Guardia Nacional, por
parte de soldados nicaragüenses, comenzarían a repetirse; dando muerte a los
comandantes yanquis, estos soldados se pasaban con todo y sus armas a las filas
sandinistas; y se dieron casos también de deserciones de soldados
norteamericanos, que llegaron a los cuarteles de Sandino a entregar sus armas.
A finales de 1930, el gobierno de Moncada ordena el cierre de todas las escuelas
en el país, por falta de recursos; su gobierno languidece completamente y cada
vez el poder de los interventores se impone con más crudeza.
La columna temible del General Miguel Ángel Ortez, aquel militar casi
adolescente cuya cabellera rubia desplegaba al viento era como un símbolo de la
resistencia, llega a atacar la ciudad de Telica, en el departamento de León, ya
cerca de la capital, en noviembre de 1930 y en diciembre, esta misma columna
infringiría a los marines una de las derrotas más decisivas de la guerra: el 31
de diciembre, una columna formada sólo por norteamericanos, es sorprendida en el
camino de Achuapa, todos resultan muertos, excepto dos que logran huir.
La noticia causó en Estados Unidos un impacto extraordinario y los debates se
redoblaron en los diarios y en el Senado. En febrero de 1931, el Secretario de
Estado que era ahora el antiguo negociador de la paz en Nicaragua, Mr. Henry L.
Stimson, nombrado por el Presidente Herbert J. Hoover que había tomado posesión
en 1929, se ve obligado a declarar que las fuerzas de ocupación sólo
permanecerían en Nicaragua hasta inmediatamente después que se celebraran las
elecciones presidenciales, en noviembre de 1932; aquel era otro paso atrás.
En el mes de abril de 1931, el Ejército Defensor lanza una amplia ofensiva sobre
las plantaciones de la United Fruit Company en la región de Puerto Cabezas en el
Atlántico. Recios combates se dan en Logtown y el río Wawa; el Ejército
Defensor, después de arrasar con los campamentos de la United Fruit, avanza
sobre Puerto Cabezas, lo que provoca la apresurada llegada de barcos de guerra
norteamericanos y el desembarco de soldados; los sandinistas ocupan en cambio
Cabo Gracias a Dios, hacia el norte y cuando ya han salido de allí, los aviones
bombardean el pueblo.
Al día siguiente de estos sucesos, Mr. Stimson hace saber públicamente desde
Washington, que el gobierno de los Estados Unidos ya no ofrecerá ninguna
protección, ni a la vida ni a la propiedad de personas norteamericanas en
Nicaragua, la United Fruit, había recurrido al Departamento de Estado en demanda
de aquella protección, pues los ataques sandinistas les habían dejado millones
de dólares en pérdidas. La decisión de Estados Unidos de sacar su Ejército de
Nicaragua, era ya irreversible.
La sombra de gobierno que era el de Moncada, llega a desvanecerse completamente
el 31 de marzo de 1931, un terremoto destruye completamente la dudad capital de
Managua y es el Comandante de la Marina el que se convierte en el verdadero
gobernante del país.
Entre los años de 1931 y 1932, la guerra sandinista alcanzaría las proporciones
de una guerra nacional. Excepto la región del Pacífico más cercana a la capital,
todos los demás lugares- para no hablar de Las Segovias que es dominio absoluto
de Sandino- comenzarán a ser alcanzados por las incursiones de las columnas
rebeldes, que llegan hasta Santo Domingo de Chontales, región ganadera y también
minera en las llanuras orientales del Gran Lago de Nicaragua, o hasta Ciudad
Rama en la confluencia de los ríos tributarios que forman el caudal del río
Escondido, puerto fluvial del Atlántico en el sudeste;
ocuparán la ciudad de Chichigalpa en la costa occidental y sobre la vía férrea
que lleva a la capital, en el mes de noviembre de 1931, lo cual según un
despacho del Embajador de Estados Unidos en Managua, conmocionó a la ciudad, y
el 2 de octubre de 1932, ocuparían San Francisco del Carnicero, en la costa
norte del Lago de Managua.
Mientras tanto, los asuntos de política criolla tendrían que arreglarse con el
Departamento de Estado apresuradamente: el Partido Liberal nombra como candidato
presidencial a una vieja figura postergada tantas veces, que al fin recibía su
turno: el Dr. Juan Bautista Sacasa, que regresaba de Washington, ungido
debidamente; el Congreso de Estados Unidos, rechazaría sin embargo una
apropiación de fondos para financiar aquellas nuevas elecciones.
Cuando se acercaban los comicios el Embajador de Estados Unidos impone a los dos
partidos tradicionales un pliego de condiciones, una de las cuales es que al
retirarse en enero del año siguiente las fuerzas de ocupación, tendrá que
designarse de común acuerdo entre todos ellos, a un Jefe-Director de la Guardia
Nacional, que sería por primera vez un nicaragüense.
Al resultar electo Sacasa en noviembre de 1932, como ya se esperaba, el
candidato del Embajador norteamericano para dirigir la Guardia Nacional, es
escogido; se trata de un sobrino político de Sacasa, Anastasio Somoza García.
Somoza había estudiado mecanografía y comercio en una escuela de Filadelfia, y
allí había aprendido a hablar inglés con los giros del slang de los choferes de
taxi, cosa que divertía muchísimo al Embajador yanqui, un anciano llamado Mr.
Hanna y había cautivado a su esposa, no tan vieja como él; Somoza,
que era asiduo de la Embajada, había ganado su generalato nombrándose él mismo,
después de asaltar al comienzo de la pasada guerra constitucionalista el cuartel
de San Marcos, su pueblo natal, y ser rechazado por las fuerzas conservadoras.
Dentro del mecanismo de poder que los marines heredaban al retirarse, la
Jefatura de la Guardia Nacional era el puesto clave: por primera vez el país
tendría un ejército profesional, que debido a su institucionalidad y a las
condiciones políticas del país, que quedaba desgarrado y confundido después de
más de veinte años de intervención extranjera, tendría que jugar un papel que
como se probaría después, sería aplastantemente decisivo; era un ejército
armado, entrenado e inspirado para actuar como una fuerza de ocupación en su
propio país.
El día primero de enero de 1933, el último contingente de la Marina de Guerra de
los Estados Unidos de América se embarcaba en el puerto de Corinto y dejaron
Nicaragua. Seis largos años de solitario heroísmo de un puñado de obreros y
campesinos, sufriendo privaciones, viviendo en la inclemencia de la montaña,
peleando a brazo partido por su nacionalidad, habían logrado aquella victoria. Y
empeñando la palabra sometida, de concluir su lucha apenas el último invasor se
fuera, Sandino estuvo de inmediato dispuesto a negociar; su carta anunciando sus
puntos de paz, estuvo en manos de sus agentes desde el mes de diciembre de 1932,
y fue entregada a Sacasa el mismo día que los marines salieron.
El gobierno organizó una misión de paz, que encabezada por el Ministro del
Trabajo, un intelectual y líder sindical, el señor Sofonías Salvatierra, llegó a
Las Segovias y se entrevistó con Sandino; el día 23 de enero, se declara una
tregua de hostilidades y el 2 de febrero de 1933, el General Sandino llega en
avión a Managua, para discutir con el Presidente Sacasa las condiciones de la
paz. La gente lo aclama tumultuosamente en el aeropuerto y en las calles, todo
el mundo quiere conocer a aquel hombre, tan pequeño de estatura y tan sencillo,
que había cumplido una hazaña tan increíble. Para muchos, ese General de los
humildes en cuyo rostro de muchacho se pintaban las huellas de las durezas de la
lucha, había conquistado un derecho que los políticos entregados a los intereses
de las compañías yanquis nunca habían tenido en cuenta: el de la nacionalidad,
el de poder llamarse nicaragüenses, centroamericanos, latinoamericanos, el
derecho de no ser colonos de un imperio.
A la medianoche del 2 de febrero de 1933, el convenio de paz se firma en la Casa
Presidencial; Sandino es requerido para quedarse en la ciudad y recibir
homenajes, pero a todo se niega. Dice que no es hombre de agasajos y prefiere
regresar a las montañas, donde sus hombres, como tantas veces, esperan su
regreso.
El 22 de febrero de 1933, el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de
Nicaragua es oficialmente desarmado en San Rafael del Norte. De lugares alejados
y recónditos llegarían las columnas de aquellos hombres, muchos de ellos,
ancianos, otros aun niños, cubiertos de lodo, de sudor, de polvo, sin zapatos, a
pie con sus viejos rifles, otros pocos en cabalgaduras, su bandera roja y negra
flameando en un palo cualquiera de la montaña, entrando a la población por
cienes, bajo la más estricta disciplina, a colocar sus armas en los lugares
indicados, para regresar sin ninguna recompensa, sin haber esperado nunca nada,
a sus hogares, a sus pueblos, a sus familias, miles de hombres que sólo pagaban
sus afanes con aquella victoria.
Sandino seleccionó a un grupo de cien de sus soldados para formar la guardia
personal que se le garantizaba en los convenios de paz; con ellos se retiraría a
las regiones vírgenes de Wiwilí en las márgenes del río Coco, selva adentro,
donde pretendía organizar una cooperativa agrícola y de explotación minera entre
los campesinos.
Quedaba sin embargo, pese a los abrazos de paz y a las celebraciones, un punto
no completamente aclarado para Sandino: el hecho de que la Guardia Nacional
entraba a cumplir un papel de ejército de ocupación, no le pasaría nunca
desapercibido; persistiría la hostilidad de aquel ejército para con los hombres
de Sandino, que tan grandes derrotas le habían causado. Esta hostilidad, a lo
largo del año de 1933, no cesó de provocar la persecución a los sandinistas en
sus poblados y caseríos, adonde habían vuelto: encarcelamientos, ataques a los
sitios donde se comenzaban a formar las cooperativas, y que en ocasiones
degeneraban en verdaderos combates.
Sacasa era un hombre débil, indeciso, que no tenía ningún control sobre el
Ejército. Sandino hace varios viajes a Managua, para discutir con Sacasa
aquellas dificultades y cada vez declara a los periódicos que consideraba a la
Guardia Nacional como un ejército creado al margen de la constitución política
del país y de las leyes, como resultado de un acto ilegal del poder interventor.
El último de aquellos viajes, tendría lugar en febrero de 1934.
La noche del 21 de febrero de 1934, cuando Sandino bajaba de la Casa
Presidencial después de haber asistido a una comida con el Presidente Sacasa, el
automóvil en que viajaba junto con su padre, con el Ministro Salvatierra, y con
los generales Estrada y Umanzor, es detenido frente al Cuartel del Campo de
Marte por una patrulla de soldados de la Guardia Nacional, que los conminan a
bajarse. Salvatierra y el padre de Sandino, son llevados prisioneros por aparte
y los tres generales, conducidos por rumbo diferente.
El día anterior por la tarde, Sacasa había firmado un decreto nombrando a un
General sandinista, Horacio Portocarrero, delegado militar presidencial, con
jurisdicción en los departamentos segovianos del norte; con esto, Sacasa se
decidía a buscar un equilibrio de su autoridad minada por Somoza como Jefe de la
Guardia y a la vez aseguraba a Sandino tranquilidad en sus cooperativas.
Pero Somoza, que veía en aquella medida un golpe mortal para su ambiciones de
poder, reunió la tarde del 21 de febrero apresuradamente a los oficiales de su
confianza y les expuso la necesidad de liquidar a Sandino de inmediato, para lo
cual contaba con la venia del Embajador de los Estados Unidos en Nicaragua,
Arthur Bliss Lane. Aquella voz del procónsul yanqui transmitida por Somoza a los
oficiales significaba una sentencia de muerte y todos se dieron prisa en
aprobarla.
Cuando desde su celda don Gregorio, el padre de Sandino, oyó en el silencio de
aquella cálida noche de Managua disparos en la distancia, dijo a Salvatierra:
"Ya los están matando; el que se mete a redentor muere crucificado".
Pero aquellos balazos escuchados eran más bien los del asalto de la Guardia
Nacional a la casa de Savatierra, donde se alojaba Sandino con su gente; allí se
trabó un breve combate en el que resultó muerto Sócrates, el hermano menor de
Sandino. El General Santos López, logró huir herido. Mientras tanto, Sandino y
sus dos generales lugartenientes habían sido conducidos al lugar de su
ejecución, unos terrenos baldíos en las afueras de la ciudad, cercanos al campo
de aviación.
Fueron colocados frente a una zanja excavada con anterioridad y allí, a la luz
de los focos de un camión, asesinados con fuego de metralla y de fusiles; sus
cuerpos, una vez despojados de sus ropas y objetos personales que se vendieron
al día siguiente en Managua (relojes, anillos) fueron lanzados a la zanja. El
lugar de aquella tumba sería guardado en adelante en Nicaragua, y hasta hoy,
como secreto de Estado. Al día siguiente, patrullas de la Guardia Nacional
cayeron sorpresivamente sobre los campamentos de las cooperativas agrícolas del
río Coco y más de trescientos campesinos fueron masacrados. La última
resistencia en ser vencida fue la del General Pedro Altamirano, muerto a
traición un año después y decapitado, siendo llevada a Managua su cabeza.
Somoza, que apenas dos meses después del asesinato admitía en un discurso
pronunciado en la ciudad de Granada, haberlo cometido "por el bien de
Nicaragua", con el respaldo del Embajador norteamericano; al poco tiempo y con
el apoyo de Estados Unidos también, derrocó en 1936 a su tío político, el
Presidente Sacasa y se hizo elegir después, con mejor suerte que la de su par el
General Chamorro, pues siguió reeligiéndose sucesivamente por espacio de veinte
años, amasando a la par una incalculable fortuna hasta que en septiembre de 1956
un joven poeta, artesano de la ciudad de León llamado Rigoberto López Pérez, lo
abatió a tiros en el curso de una fiesta con la que se celebraba su proclamación
para nuevo período presidencial; heredó a su familia el poder que la
intervención extranjera le había deparado y el nombre de Sandino estuvo
prohibido por medio siglo en Nicaragua, hasta el triunfo de la revolución
sandinista el 19 de julio de 1979.
La lucha de seis años del General Sandino en las montañas nicaragüenses a la
cabeza de un puñado de campesinos y obreros, debe verse como resultado histórico
de siglos de dominación extranjera en su patria y de la constante entrega de los
grupos dominantes a esos mismos poderes externos. Aquellos hombres peleando a
brazo partido con sus machetes de trabajo y sus viejos rifles, fabricando bombas
en latas vacías de conservas y rellenándolas de piedra y fragmentos de hierro,
derribando aviones enemigos y casi a pedradas, manteniendo siempre una alta
moral de lucha frente a un ejército cien veces más poderoso, probaron algo que
hasta antes de la aparición de ese ejército del pueblo, habían quedado
escondidos en los vericuetos de la historia latinoamericana; la hermosa
posibilidad de que unos campesinos, con sus líderes propios, con sus tácticas
forjadas al golpe de la marcha, con su doctrina surgida del proceso mismo de la
lucha, organizaran una resistencia exitosa por la autonomía nacional.
El pensamiento político de Sandino expresado en sus cartas y demás documentos no
es el resultado de una preparación intelectual, porque un artesano que dejó sus
herramientas para pasar directamente al combate, difícilmente pudo tener una
formación semejante; pero precisamente, porque lo que piensa no es más que el
resultado de su experiencia cotidiana como jefe de esa guerra de resistencia y
porque las circunstancias de la lucha son las que van modelando ese pensamiento,
es que todo lo que dice y proclama, tiene la carga de la verdad.
Despojado de la vieja retórica latinoamericana de los políticos decimonónicos
que aún reinan en pleno siglo XX, el pensamiento de Sandino pasa a convertirse
en algo que posee relieves reales, producto de la praxis. Sus palabras se cargan
de profundo sentido político, en tanto que son expresión de una verdad que no
admite recovecos, tanteos, engaños, disfraces o retrocesos; expresa,
simplemente, una lucha sin cuartel contra el imperialismo.
El último soldado de aquel ejército, el más pequeño niño del "coro de los
ángeles", sabía y sentía que todos los sacrificios no tenían más meta que la
expulsión del invasor y que el invasor representaba la causa de la opresión en
Nicaragua. Repetidas veces el antiimperialismo de Sandino toca fondo en el
clamor de justicia largamente soterrado en el corazón del hombre
latinoamericano, secularmente oprimido, sencillamente porque esa opresión no es
sino resultado del dominio extranjero. No en balde quienes estaban en armas
contra la poderosa Marina de Guerra ¿e los Estados Unidos eran campesinos sin
tierra, siervos de la United Fruit y de los terratenientes criollos, jornaleros,
aparceros, braceros, desde los tiempos coloniales.
Durante los años de la lucha Sandino estuvo internacionalmente solo, aturdido
por un coro de alabanzas y exaltaciones líricas, de apoyos retóricos, con lo
cual no bastaba para comprar un solo cartucho; en el extranjero lo acosaban los
oportunistas, los sectarios; muchos de los que desde el frente civil lo apoyaron
en Nicaragua, eran viejos políticos, algunos bien intencionados pero cortados
según las medidas liberales del siglo XIX latinoamericano. Y había que ver cómo
florecían entre ellos los candidatos a la Presidencia de la República.
Y a la hora de cesar la lucha y entregar sus armas, aun sabiendo que se
encaminaría incluso al sacrificio de su vida, Sandino ejecuta su inmolación sin
más alternativas. Los norteamericanos salían de Nicaragua y terminaba la era de
su presencia física en el territorio nacional; entraba Estados Unidos en una
nueva época de sus relaciones con América Latina y el big stick del primer
Roosevelt, se cambiaba en "'el buen vecino" del segundo Roosevelt. Y en el
contexto de la política mundial, las luchas democráticas comenzaban a
enderezarse contra el fascismo en Italia, el nazismo en Alemania, el militarismo
en Japón. Pronto sobrevendría la guerra civil española. Por eso, preguntarse por
qué Sandino no prosiguió su lucha hasta la conquista del poder, no es más que
una proposición romántica; cumplió con su tarea, fue incluso al sacrificio para
que su vida y sus acciones, las de sus hombres, pudieran ser recordadas como
ejemplo en el futuro latinoamericano.
Sandino:
Relato de su lucha
Por Iván Ballesteros Armenteros
1. Biografía
Nace en Niquinohomo el 18 de Mayo de 1895. Hijo ilegitimo de un terrateniente
Gregorio Sandino y de una campesina mestiza Margarita Calderón. Con estudios
primarios y desde muy joven trabajando como comerciante o mecánico. Por una
disputa debe irse de Nicaragua. Trabajará en Guatemala para la United Fruit
Company y en Tampico (México), para la Huasteca petroleum. Las tensiones entre
el gobierno mexicano y el de Estados Unidos sobre el control de los recursos
petrolíferos por un lado, la situación del todavía México revolucionario le hace
tomar conciencia a Sandino, de la situación similar en la que se encuentra su
país.
De vuelta a Nicaragua ve la precaria situación de los obreros y campesinos,
sobre todo de aquellos que trabajan para compañías norteamericanas, que al igual
que en el XIX, reciben como pago una serie de cupones que apenas tienen valor
adquisitivo.
Llego a un país donde se estaba gestando un pequeños movimiento nacionalista, y
sobre todo anti-estadounidense. Se unirá a las filas liberales, en octubre de
1926, del General Moncada. Aportará a la lucha unas armas que él compra por
valor de 300 $. Sandino participa de las tradicionales disputas entre liberales
y conservadores por el poder. Detrás de la lucha entre ambas facciones estaban
los intereses de Estados Unidos, que atendiendo a sus intereses apoyaba a uno u
otro de los partidos. Pese a unirse a la facción liberal, esta le repudia por
que su movimiento ocupa un espectro muy amplio de la sociedad indígena y obrera
nicaragüense muy distanciado de la oligarquía liberal. Las armas de su grupo
armada eran demasiado antiguas para luchar contra las tropas conservadoras de
Adolfo Díaz, y cuando pedía armas a los liberales de Moncada estas le eran
negadas. Es en este contexto de conflicto latente; (el 6 de Enero de 1927) es
cuando 16 Barcos de guerra de los Estados Unidos, al mando del Almirante Latimer,
desembarcan en Nicaragua, con el objetivo de sostener a Adolfo Díaz. Él en un
discurso lamenta su anterior retirada de suelo nicaragüense (1925):
“(...) les doy la bienvenida a su regreso en ayuda de nuestra nación, en tanto
yo sea presidente y en los gobiernos que me sigan, los marinos de la Unión deben
permanecer en mi país”.[1]
Estas palabras muestran la realidad de Nicaragua en aquellos momentos, una
realidad a la que se opondrá en todo momento Augusto Cesar Sandino.
En mayo de 1927, los liberales guiados por José María Moncada, entregan las
armas al representante de los marines en Nicaragua (Henry L. Stimpson). Un
acuerdo que suponía el definitivo espaldarazo presidencial por parte de Estados
Unidos a ejecutivo conservador. Y el reparto de poderes entre conservadores y
liberales. Sandino ve como una vez más los liberales, se mueven más por
intereses de una pequeña oligarquía abandonando de nuevo al pueblo nicaragüense.
Sandino no se vende, si en México le llamaban vendepatrias, por la tradicional
actitud inoperante de los nicaragüenses ante la continua intromisión de los
Estados Unidos. Ese mismo mayo de 1927 Sandino marcha con unos pocos fieles a
Jinotega, para proseguir la lucha. Allí escribe el famoso manifiesto de El
Mineral suscrito desde San Albino, estableciendo los puntos de su lucha: contra
los oligarcas criollos, los invasores yanquis y en defensa de los oprimidos. La
guerrilla Sandinista había comenzado.
2. La Guerrilla de Sandino.
Los comienzos del General Sandino no son nada fáciles. Pocos son los hombres que
tiene a sus ordenes. La mayoría mal equipados y poco preparados para la guerra.
Opta por crear el cuartel General en Las Segovias, en uno de los lugares más
inaccesibles, en Cerro Chipote o Chipotón. La situación no se le presentaba nada
fácil, pues pocos hombres debían enfrentarse al mejor ejército moderno del
momento. Un ejército que había tenido una mayor preparación bélica, que el de
Sandino. Esta preparación fue la guerra europea.
Desde Las Segovias, Sandino emprenderá una labor informativa de lo qué es y
consiste su obra, mediante la elaboración de toda una serie de manifiestos. En
todos ellos justificará su lucha contra el opresor yanqui, pedirá la unión del
mundo latinoamericano para hacer un frente común contra Estados Unidos. A parte
de criticar a los representantes gubernamentales de Managua por aceptar y
favorecer la existencia de marines estadounidenses en suelo nicaragüense. La
presencia de una guerrilla, provoca el temor de la burguesía pactista, la cual
no dudará en ofrecer cargos al General de Hombres libres para que abandone su
lucha. Incorruptible, él no se vende.
El malestar impulsa a Moncada (Mayo 1927) a enviar tropas a Jinotega, en la
expedición también irán tropas estadounidenses. Ocupan parte del territorio,
motivando la salida de Sandino a las montañas de aquella zona. Durante los meses
siguientes, es cuando tiene lugar más intensamente la labor preparatoria de sus
fuerzas, y la realización de manifiestos.
2.2 Críticas estadounidenses contra la invasión nicaragüense.
En julio de 1927, tiene lugar el primer enfrentamiento entre la Guerrilla de
Sandino y los invasores estadounidenses, en lo que se conocerá como Batalla de
Ocotal. La bárbara actuación de los marines, al ametrallar a la población. Esto
provocó las primeras divisiones en Congreso y Senado estadounidenses criticando
la acción exterior de los Estados Unidos en América Latina:
“Hemos impuesto nuestra fuerza a los países débiles, indefensos y sin poder
alguno asesinando a millares de sus súbditos, y los hemos atacado cuando
esperaban que los defendiéramos. Hemos usado de la doctrina Monroe para impedir
que las naciones europeas que simpatizan con esas repúblicas americanas
acudieran en su exilio(...)”[2] Discurso de H.H: Knowles, ex ministros en
Nicaragua y en la República Dominicana.
No sólo fueron criticas las voces en los medios políticos, también en los
públicos, sobre todos en diarios estadounidenses de tendencia liberal.
Destacando muchos de ellos, que si la intervención estadounidense era para
salvaguardar los intereses de un canal que todavía no había sido construido.
2.3 Hacia la configuración de la Guerrilla.
Las tropas de Sandino, no paraban de sufrir derrota tras derrota sobre todo por
que los marines eran tropas de elite. Además estas tropas se dedicaron por
practicar una guerra de castigo, atacando cualquier emplazamiento campesino ante
el temor a que estos fueran guerrilleros de Sandino. A la larga esa persecución
se convertirá en el mejor aliado de la causa sandinista.
Era clara, la difusión internacional del movimiento en el que estaba sumido
Nicaragua, sobre todo en un periodo como el de entreguerras en el que las
sociedades se estaban polarizando cada vez más. Los ejemplos los encontramos, en
actos como los de Gabriela Mistral o cuando los ejércitos de Chiang Kaishek
entraban victoriosos en Pekín, el retrato de Sandino figuraba como estandarte en
varios cuerpos del ejército revolucionario chino. Un visitante famoso a las
filas sandinistas será el caudillo salvadoreño Agustín Farabuno Martí, hubo
alejamiento entre ellos motivado por cuestiones ideológicas
Siempre han generado las simpatías de la opinión pública, aquellos que luchaban
contra el grande. Sandino en ningún momento tratará de vencer a los Estados
Unidos, tan sólo garantizar la marcha de estos fuera de su país.
Las continuas derrotas hicieron aprehender al General Sandino de cual sería la
táctica de lucha. Había que evitar que los invasores contaran con armamento
superior, eligieran el terreno y el modo de los combates, pues eran
profesionales y era lo que venían haciendo hasta el momento. La adopción de la
táctica de guerrilla, suponía jugar a favor del factor sorpresa, entendiendo por
tal, el empleo de la emboscada y la retirada inmediata. Esta técnica fue
empleada por primera vez en septiembre de ese año, en la ciudad de Telpaneca,
con éxito. El conflicto entre ambos ejércitos, era muy violento.
La situación de la Nicaragua en tiempos de la Guerrilla era la siguiente, si
Sandino controlaba valles, montañas y ríos. En este campo sus fuerzas eran
imbatibles. Los marines controlaban las ciudades. El mundo urbano guardaba una
neutralidad benévola con fuerzas de ocupación y guerrilla sandista, les
interesaba salvaguardar lo que tenían.
Los efectivos en ambos bandos eran de unos 3000 los hombres de Sandino, y 12000
en los marines. La composición de su ejercito no sólo era de nicaragüenses sino
también de latinoamericanos, europeos y algunos asiáticos. Las ideologías entre
estos soldados eran variadas, pero a todos les unía un sentimiento común, echar
a los yanquis. El mismo Sandino dirá de los objetivos de su lucha.
“La verdadera independencia de Nicaragua Derivará de su integración espiritual,
económica y política en el seno de una confederación de pueblos
centroamericanos, para la búsqueda común de una solución socialista de sus
problemas como pueblos.”
El armamento de la guerrilla era bastante vetusto, empleándose en algunos casos,
fusiles de la guerra de Cuba. Se empleaban también armas hechas a mano, como las
famosas bombas de Sandino. Pero el arma más eficaz era el servicio de
información y espionaje. Llegándose a crear en la selva nicaragüense un argot
particular y un sistema de signos para la comunicación entre elementos
sandinistas.
No podemos pensar que la guerrilla sandinista era un cuerpo de milicias
corrientes, era un cuerpo disciplinado. Donde cualquier tropelía de los mandos
de Sandino se veía castigada con la muerte.
Por el bando contrario, un elemento clave para la lucha contra Sandino será la
aviación. Pidiendo cada vez más la marina de Estados Unidos, más aviones. Se
ametrallaba a toda persona que iba por la selva, no importaba en ese momento si
estaba con Sandino o no. Los marines no asimilaran bien la idea de perder en
tierra casi continuamente. Podemos establecer aquí un símil histórico con la
futura Guerra del Vietnam, pues era común el bombardeo por parte estadounidense
de la frontera hondureña, alegando que era zona de aprovisionamiento ocasionando
la matanza de civiles.
2.4 Elecciones en Nicaragua.
En octubre de 1927, llegaban a Washington los Generales Emiliano Chamorro
(Conservador) y José María Moncada (Liberal), para ver legitimadas las
candidaturas de ambos a la presidencia. Participando estos, en diversos actos,
con los grupos financieros inversores en Nicaragua. El objetivo, conseguir el
patronato del dólar. Dado que la Constitución nicaragüense no permitía a ninguno
de ellos ocupar el cargo.
Mientras los generales se dedicaban a la “campaña” en Estados Unidos. Sandino
prosiguió con la lucha armada, tomando posiciones estratégicas sus hombres, en
varios puntos de Nicaragua. La mayor parte de la documentación la encontraremos
de los mismos escritos de Sandino. Llama la atención la utilización muchas veces
de maniquís para engañar a los marines, los cuales se proponían mediante
emboscadas cazar a Sandino. Siendo en la mayoría de los casos el cazador cazado.
Un haciéndose Sandino muchas veces el muerto, para provocar el nerviosismo de
las tropas yanquis.
Aquel conflicto tan violento deparará en una guerra de medios, donde la prensa
de izquierdas estará a favor de Sandino, destacando las atrocidades de los
marines. Los periódicos conservadores dirán lo contrario. Deducimos de todo esto
que el movimiento sandinista fue relativamente conocido a escala mundial,
estableciendo grupos de opinión a favor de uno u otro bando.
2.5 Las Conferencias Panamericanas.
La Sexta Conferencia Panamericana comenzó el 16 de enero de 1928, y resultó un
fracasó dado que la tensión nicaragüense estuvo presente durante todas las
reuniones. Existía un sentimiento común para todos los países de América Latina,
de que el Tío Sam, estaba demasiado presente en la vida política de estos
países.
Fue una reunión bastante turbada desde el principio, pues la llegada de la
delegación de Moncada, no levantó muchos el animo a los asistentes. En esta
Conferencia que tuvo lugar en La Habana, se oyeron cosas como la del Presidente
de Estados Unidos:
“El gobierno de Estados Unidos no tiene, propósitos imperialistas y tampoco los
tendrá en el futuro”
Una paradoja bastante seria. En aquellos momentos tenían problemas con Estados
Unidos, casi la totalidad de los Estados Americanos. Motivado sin lugar a duda,
por la aplicación de la doctrina política del “Big Stick”, de Theodore
Rooselvelt. No será hasta que otro Rooselvelt llegue a la presidencia, cuando la
tensión entre Estados Unidos y las demás potencias latinoamericanas se dirima.
Esta cambio en la actitud de los Estados Unidos, se derivaría de la Política de
buena vecindad practicada por su presidente.
El ejemplo lo encontraremos en la Séptima Conferencia Iberoamericana, celebrada
en 1933 en Montevideo. Donde se daban muestras por parte de Franklin Delano
Rooselvelt y de su Secretario de Estado Cordell Hull a favor de un principio
general de no intervención en los demás asuntos americanos.
3. Los largos años de la lucha.
Mientras
los asuntos de Nicaragua se discutían a kilómetros del país, la lucha del
ejército de Sandino continuó. El 27 de febrero obtenía una victoria importante
en El Bramadero. Destacaré de esta “Batalla”, la crudeza con la que se luchó, y
como era normal después de estas escaramuzas, los desvalijamientos. Los saqueos
era comunes en ambos bandos. Destacaban sin duda los de la guerrilla de Sandino,
de ahí el apelativo de los periódicos oficiales a los tropas de Sandino con el
trato de bandoleros También los marines hacían los mismo, sobre todo con las
reliquias eclesiásticas. Esto no evitó que las condenas eclesiásticas fueran
siempre contra Augusto Cesar Sandino (A.C.S):
“Las iglesias se hacían eco de la maledicencia, y cultivaban su apoyo a la
intervención con una crítica despiadada a la resistencia, a la que atribuían
desde todos los púlpitos características bolcheviques y ateas”[3]
Las actuaciones algunas veces de la guerrilla tenían un cierto carácter místico,
dado el componente indígena de las filas sandinistas. Sabemos de algunas
impresiones de Sandino, mandando trasladar sus tropas a unas zonas, pues había
soñado que desde allí iban a lanzar un ataque los yanquis. Siempre se cumplían
estas previsiones.
3.2 La batalla mediática.
Los conflictos no tenían sólo lugar en la Selva. También en los medios. La
Guerrilla, solía tener a algunos periodistas a favor que relataban las luchas
entre Sandino y los marines. Destaca uno de estos periodistas Froylán Turcios,
director de la revista Ariel. Se convirtió en elemento de enlace entre él y los
que deseaban enviar armas y hombres a Las Segovias, por Honduras. Por
intercesión de los Estados Unidos se le ofreció un cargo a este hombre, con lo
cual Sandino dejaba de tener uno de sus mejores propagandistas. La defección de
Turcios le había privado de todo contacto con el exterior. Aprovechado por los
diarios reaccionarios a proclamar la muerte de Sandino. Esto motiva la decisión
de buscar la ayuda de otros países latinoamericanos. De ahí el futuro viaje de
Sandino a México.
Eran normales las cartas entre personalidades de la izquierda europea y Sandino.
Destacaremos a la del socialista Luis de Araquistain, quien en 1928 recibe un
carta de Sandino a favor de la lucha republicana que por aquella época se estaba
fraguando en España.
Cuando la guerra era mediática, sobre todo cuando se citaban las atrocidades de
un bando y otro. Sandino empezó por tener prisioneros, pero al ver que el
invasor aplicaba la ley de fugas a los soldados sandinistas, dejo de interesarle
la propaganda, pagando con la misma moneda a los invasores, como él mismo les
llamaba. Los marines, que no soportaron estar a merced de los sandinistas,
optaran por echar a la población civil contra Sandino, cometiendo toda una serie
de tropelías contra la población de Las Segovias. Llegando a una situación en la
zona de tensión continua, pues o se coopera o se lucha contra él. Era común que
hubiera gentes que se enrolaran en las filas del General de Hombres libres y
quisieran asesinarle (José Santos Sequeira.)
Sandino continuamente desde sus manifiestos, procuraba que estos se convirtieran
en proclamas a favor de la unidad de los pueblos de América frente al
imperialismo de Estados Unidos. Del que sólo pedía un trato de Estado a Estado,
y no a lo que parecía más de metrópoli a colonia. Critica continuamente la
inoperancia de muchos estados ante el trato abusivo de EE.UU.
También tratará de establecer un plan de paz para Nicaragua, pidiendo para esto
el apoyo de uno de los países punteros del cono sur americano, la Argentina de
Hipólito Irigoyen. El plan de paz, no quiso ser conocido por el presidente
Argentino, si bien la prensa rioplatense publica la carta de Sandino a su
presidente. No cabe duda de que mantener buenos tratos con Estados Unidos valían
más que la paz para Nicaragua.
3.4 el viaje a México
Iba para poco tiempo, con el objetivo de la obtención de armas y apoyo a su
causa. Pero paso allí más de un año. Cruzo la mayor parte de Centroamérica hasta
México pasando inadvertido, también por que así lo quisieron los países por
aquellos que pasaba. En Julio de 1929, ya se encontraba en Veracruz, sino fue a
la capital, es por que se lo impidieron.
La actividad guerrillera, no sufrió un paron sino que aumentó. Pues no sólo en
Las Segovias se fraguaba la lucha contra los EE.UU. surgiendo grupos armados en
toda Nicaragua. Uno de los motivos podrían ser las arengas desde México que
mandaba Sandino.
Pese a estar allí más de un año obtuvo muy poco para la causa Sandinista, apenas
dos ametralladoras de mano. Fracasó también en su intento de unificar todos los
movimientos revolucionarios de Iberoamérica. Se entrevistó con el presidente
mexicano Portes Gil, si bien no obtuvo de él, más que promesas.
Mientras en su país, el número de efectivos norteamericanos se reducía en el
combate contra las tropas de Sandino. El motivo la Constabularia Nacional se
había transformado en Guardia Nacional. Los soldados sandinistas ahora se
enfrentaban a sus hermanos, y la Guardia Nacional empleaba sus mismas tácticas
de combate:
“Los nuevos combatientes se tiraban al suelo. Avanzaban entre la selva en lugar
de utilizar los caminos, evitaban los pueblos, dispuestos para el espionaje y se
servían de los mismos métodos de guerrillas impuestos por Sandino.” [4]
Estados Unidos se veía cada vez más cansado e impotente, al ver que los
resultados no llegaban, a la par que la situación se estaba viendo como ajena,
aquella no era la lucha de los intereses de Estados Unidos. Era la lucha de los
intereses de unos pocos de Estados Unidos. Cada vez era mayor la crítica de los
diarios liberales, hacia ese conflicto, al que al parecer no se le podía poner
fin. Paulatinamente dejará su presencia al mínimo, tan sólo a los agregados
militares. Puede que este abandono progresivo de los marines se deba a la
“política de vecindad.”
Este giro en la política estadounidense, dio sus primeros pasos en 1930. Un día
después de que Moncada accediera al cargo, tras las elecciones. El nuevo
presidente de los EE.UU. Edgar Hoover, proclamará que no iba a quedar ningún
oficial extranjero en Nicaragua. Era un intento de hacer disminuir la tensión
entre los Estados Unidos y los demás países americanos. Pues sabemos que durante
el recorrido de Hoover por algunos países americanos, pudo sentirse molesto ante
las manifestaciones antinorteamericanas de las que era testigo.
La existencia de tropas estadounidenses, no será nada gratuita. Pues el ya
maltrecho erario nicaragüense, se verá cada vez más vacío, y la hacienda
endeudada. Los gastos militares impedirán su utilización en otros campos, como
la inversión pública. Pon tato la situación de guerra motivaba, por un lado el
mayor endeudamiento del país con Estados Unidos, y por el otro la progresiva
pauperización del país, poniendo fin al desarrollo.
Estos hombres de la Guardia Nacional, se educaban la mayoría de manos de
oficiales del ejército yanqui, en la Academia Militar. Enseñanza demasiado
liviana, pues formaba oficiales en apenas 6 meses. Diremos de todo esto que le
mayor legado que dejó EE.UU. en Nicaragua fue una casta militar.
3.5 La lucha continua.
En Junio de 1930, regresa a Nicaragua con las manos vacías. Pese a contar con
victoria de su ejército, y a contar con apoyo de la prensa mundial de
izquierdas, incluida la estadounidense. Estaba sólo en la lucha contra Estados
Unidos, ningún país latinoamericano se sumaba a la rebelión. Es un sus continuos
manifiestos, proclamaba que la independencia de Nicaragua sólo se conseguía con
cooperación de los pueblos de América latina.
El motivo principal por el que Sandino vuelve a tierras nicaragüenses es por el
intento del gobierno de llevar a los campesinos a campos de concentración. Se
utilizará una nueva forma de mantenimiento de la guerrilla. El control de
ciertas industrias, en especiales madereras, obligara a los propietarios a pagar
un “impuesto revolucionario.” Son años de reactivación de la lucha en la selva,
con combates en los márgenes de río Coco.
En ese contexto de la lucha tiene lugar el llamamiento a las elecciones. Donde
se abrirá una brecha entre liberales (Moncada) y una facción de su partido que
le rechazaba. Estos a su vez se enfrentaban a los conservadores de Chamorro y
Díaz. La Guardia Nacional tomará parte a favor de Moncada. Este intentará
reformar la Constitución, para poder ser reelegido. En su anterior visita a
Estados Unidos lo único que conseguirá será la negativa oficial de EE.UU.
Sandino y su ejército optarán por llamar a la abstención, para él y su ejército
esas elecciones no era sino una farsa. Ante las elecciones que se avecinan,
Sandino y su ejército amenazaran con una serie de incursiones, que tendrían
lugar en las principales ciudades de Nicaragua. Ya que su ejército se distribuye
por todo el suelo nicaragüense.
El año 1932 comienza con las mismas batallas de siempre, es decir un tira y
afloja entre sandinistas y los marines la Guardia Nacional, un conflicto que
parecer ser que tiene un fin cada vez más cercano. Estados Unidos estaba
cumpliendo su promesa de ir retirando sus tropas. Pero existía incertidumbre
pues el conflicto en Nicaragua aún no había finalizado. Si era cierto que las
tropas norteamericanas iban saliendo del país, pero la presencia de yanquis, en
puestos de importancia como la Guardia Nacional (oficialía) y en cargos
económicos, como la dirección de Aduanas, no daban muestra de ello.
A finales de 1932, la actividad guerrillera y política de Sandino se centra en
exclusividad en lograr la mayor abstención ante las próximas elecciones. La cosa
no estaba nada clara y más ante el enunciado por parte de las tropas
estadounidenses de su marcha a principios de 1933. ordenará a sus Generales (Umanzor),
la toma de posiciones estratégicas. El día 14 de octubre, el partido de los
trabajadores de Nicaragua declara la huelga General electoral. Pese al boicot
las elecciones se celebran llegando a la presidencia el Liberal Sacasa. Sandino
y su ejército no reconocerán al nuevo presidente y si lo harán con H.
Portocarrero, propuesto por Sandino a la presidencia.
Octubre de 1932, comienza con el acuerdo de liberales y conservadores de
alcanzar la paz con Sandino. Una junta de notabilidades locales, formada por
liberales y conservadores formarán el “Grupo Patriótico”, convinieron en
gestionar una amnistía total, y una promesa entre liberales y conservadores de
respetar el resultado electoral de las elecciones de noviembre de 1932. Moncada
fue el único que se resistió a la firma del documento, todavía presidente. Un
intento a la desesperada de mantenerse en el poder, quizás con la ayuda militar
que le proporcionaba la Guardia Nacional.
4. Paz y Muerte.
Para Sandino era un mal menor la victoria liberal, y se está pensando seriamente
en dialogar con el presidente electo. Sandino un poco contrariado todavía por el
resultado de las elecciones, y su campaña por la abstención, pues sólo lo había
hecho 1/3 de los electores. Decide crear el Estado Libre de las Segovias,
pidiendo al incipiente Gobierno Revolucionario del Salvador que no reconocieran
al Liberal Sacasa. A su vez comienza una serie de incursiones del ejército
sandinista, a las ciudades del país. Se inicia una auténtica guerra Civil, pues
ya los yanquis habían salido del país, y el conflicto era entre sandinistas y la
Guardia Nacional. Nos encontramos por tanto en 1933.
Comienza el año 1933, sin los marines en Nicaragua, y con los Liberales de
Sacasa en el gobierno. Uno de los puntos de Sandino se había cumplido, pero la
presencia de estadounidenses en diversos puestos del país, todavía entorpecía la
paz. Continua una actividad guerrillera cada vez más fuerte. Sabemos de casos en
los cuales la Guardia Nacional se pasa al bando de Sandino. Hay una actividad
arrolladora de las filas de Sandino, en todos los frentes del país, saldándose
la mayoría con victorias.
Sacasa ordenaría a Sofonías Salvatierra encargarse de entablar relaciones con
Sandino. Le dan un documento para que se entregue a Sandino proponiéndole, una
reforma constitucional que vendría a servir para lograra una mayor
representación de las minorías (uno de sus objetivos). Llegaba el momento de
llevar a cabo el plan del Acuerdo Patriótico. El gobierno de Sacasa, no sentara
muy bien desde el principio a la Guardia Nacional, que a los 15 días de Gobierno
ya se desbarajusta una intentona golpista.
4.1 Los acuerdos de paz.
Los primeros contactos habían tenido lugar a finales del año anterior. Entre las
condiciones de Sandino para la paz está:
“El gobierno de Sacasa debe ser libre y no traer compromisos públicos ni
privados con los Estados Unidos del Norte América”.
Salvatierra contestará por carta que respecto a las relaciones con EE.UU. no
existían acuerdos públicos o privados, y que desde primeros de enero, no había
ni un solo soldado de la intervención. El 12 de enero Salvatierra marchará hacia
Las Segovias a entrevistarse con A.C.S. Volverá a finales de enero con una
propuesta conocida como el Protocolo de Paz:
1. “... Convencerse de que prescindirá de la intromisión extraña en las finanzas
de Nicaragua y la determinación que tenga respecto a la llamada Guardia
Nacional; saber si el doctor Sacasa tiene pactos con interventores
norteamericanos.
2. Por Iniciativa del Ejecutivo, el Congreso Nacional de Nicaragua decrete la
creación de un nuevo departamento (sito en el Cuartel General de Sandino, con el
objetivo de declararlo zona neutral, o a modo de tierra de nadie)
3. Las autoridades civiles y militares del departamento sean nombradas dentro de
los miembros que han integrado nuestro ejército. Las armas deberán formar parte
del nuevo ejército como defensa de la República.
4. Extraer de los archivos nacionales e incendiar todos los documentos en que se
califique de bandolerismo la actitud que asumió el suscrito y su ejército el 4
de Mayo de 1927, cuando el Gobierno de los estados unidos de Norteamérica,
amenazó a los ejércitos nicaragüenses desarmarlos si no se sometían a su
despótico capricho.
5. Revisión de los tratados Bryan-Chamorro, sobre la construcción del canal y la
base marítima de Fonseca, la cual debe ser declarada una base naval de
nacionalidad indohispana...”
Se concertó una tregua a partir del 23 de Enero, con una duración de 15 días,
durante el cual se entablarían conversaciones para un armisticio final. La
Guardia Nacional violará la tregua varias veces, demostrando la falta de
acatamiento al Presidente; no eran los únicos, una parte del Congreso, las
clases pudientes cultivaban el odio contra Sandino. Se trató muchas veces por
parte de estos aquellos de romper el tratado de paz. Continuaran las incursiones
de la Guardia Nacional, sobre la futura zona neutral. Los combates entre la
Guardia Nacional y los generales de Sandino eran todavía la nota predominante.
Se demostraba de esta forma, que las riendas de Nicaragua las llevará más la
Guardia Nacional de Anastasio Somoza, que el Presidente. Eran continuos los
llamamientos de Sacasa a la paz, sobre todo a la Guardia Nacional. Los militares
contestaran al Jefe de Gobierno que eran los sandinistas los que la rompían.
Existía un principio para la paz, que fue aceptado por Sacasa. Tras encuentros,
idas y venidas de Salvatierra a Las Segovias, para dialogar con Sandino. Augusto
Cesar decidirá dialogar con Sacasa en Managua. El 2 de febrero dialoga por
primera vez con el Presidente. Esa misma noche se firmará un convenio para la
paz.
Este convenio vendría a ratificar el Protocolo de Paz. Se proclamará una
amnistía a los hombres de Sandino, se creará un nuevo departamento territorial
en el antiguo Cuartel General de Sandino, resguardado por su guerrilla, con el
fin de garantizar la seguridad de estos, y a modo de zona neutral, para que
paulatinamente entreguen las armas. Salida de los marines, apoyo a la reunión en
Buenos Aires con idéntico temario, y que el gobierno admitiera su derrocamiento
por el pueblo si éste consideraba negativa su gestión
El ejecutivo estará a favor de la paz desde el primer momento, y dará muestras
de su fe, aprobando un crédito, para gastos de pacificación y obras públicas. A
pesar de todo la Guardia Nacional continuará con la actividad hostil. Muchos
soldados desarmados del ejército sandinista, resultaran heridos por las
persecuciones de la Guardia Nacional. Esta situación provoca el temor del
ejecutivo ante el torpedeamiento del proceso de paz. Sacasa obligará a Somoza a
que controlé mejor a sus hombres. El 22 de febrero Sandino procede a la entrega
de armas estipulada.
Ante los cumplimientos de los acuerdos por parte de ambos. Sandino viajará a
Managua por segunda vez, para recabar de Sacasa el cumplimiento del pacto
contraído y garantías para sus hombres desarmados, hace circular el rumor de que
va a solicitar dinero. El error fue no hacer constar en el pacto de paz las
condiciones que habían sido estipuladas en el Protocolo inicial, le presentaban
como renunciando a sus aspiraciones a favor de una Nicaragua libre del pacto
Chamorro-Bryan. Por ello recibió la critica de algunos de sus Generales como
Gustavo Alemán Bolaños. La Guardia Nacional continuará con sus tropelías, pues
todavía seguía aplicando la Ley de Fugas. Decir que si bien es cierto que los
estadounidenses se habían marchado, la Guardia Nacional representaba la
pervivencia de los intereses de EE.UU.
4.2 La muerte de Sandino.
Preocupaba al presidente Nicaragüense la rivalidad existente entre Somoza y
Sandino, lo cual amenazaba la estabilidad de los tratados de paz. Conseguirá una
reunión entre ambos en febrero de 1934. Sandino desde las Segovias comenzaba a
llamar la atención ante las continuas tropelías de las tropas de Somoza a sus
hombres. Aquello no era una paz muy justa. Este temor obligó a Sandino a no
entregar la totalidad de las armas, con el fin de defenderse como pudieran y que
si su presencia era lo que motivaba la tirantez existente, estaba dispuesto a
abandonar el país. Su deseo de conseguir una paz duradera y una Nicaragua
independiente le llevará a aceptar la entrevista entre Somoza y él. Con lo cual
inicia su tercer y último viaje a Managua.
Sandino había llegado a la capital para dar por finalizadas sus gestiones en pro
de la paz. "Yo no dispararé un tiro más. Haremos la paz aunque se oponga el
mismo señor presidente. Mi resolución es irrevocable, por ese ideal he venido,
desafiando los riesgos y haciendo cara a los rencores y odios de la Guardia
Nacional", le había manifestado, al escritor Salvador Calderón Ramírez, el
general Sandino. La entrevista prosiguió y Sandino agregó: "Para mí quiero no
absolutamente nada, solamente pido garantías para mi gente. Mis hombres, después
de la agitación de la guerra, necesitan templar sus músculos en el trabajo. Así
como los llevé al matadero para repeler a los invasores, anhelo, hoy día,
hacerlos entrar en el deber y enseñarles que si el AYER era de pólvora, destrozo
y aniquilamiento, el HOY y también el MAÑANA deberán ser de actividad
constructiva y de fecunda reparación".
Según relato del entonces ministro Sofonías Salvatierra en los "Últimos días de
Sandino" en el auto cuando salieron de la Casa Presidencial, Sandino, don
Gregorio Sandino y él viajaban en los asientos de atrás y los generales Estrada
y Umanzor en los de adelante. Cuando venían por la avenida del Campo de Marte al
pasar por el Hormiguero un destacamento de guardias nacionales les detuvo y el
que hacía de jefe les gritó una orden: "!El que levante la mano será matado¡".
Cuenta que las ventanillas del vehículo aparecieron erizadas de ametralladoras;
Sandino y sus compañeros fueron despojados de sus armas y se les ordenó
descender. Al jefe del pelotón él le dijo "!Oiga, soy ministro y venimos de Casa
Presidencial", ¿qué ocurre?" y el militar respondió "Obedezco órdenes
superiores" y sin agregar más hizo que todos entraran al patio del cuartel.
Sandino, exclamó: “¿Por qué semejante atropello?. Hecha la paz todos somos
hermanos. Hace pocas noches el general Somoza me ha dado un abrazo en señal de
concordia y hemos intercambiado retratos con dedicatorias en prueba de armonía.”
se expresó Sandino ante los militares.
Y mientras Sandino hablaba alguien en el interior del cuartel se comunicaba por
teléfono con el exterior. Luego el teniente López nos dijo: "Usted y don
Gregorio Sandino permanecerán aquí hasta nueva orden, los demás habrán de
seguirme". Rodeados por los guardias, Sandino, Estrada y Umanzor se perdieron en
las sombras. Momentos después se escucharon disparos de fusilería y de
ametralladoras, en tanto don Gregorio destacándose en la claridad de la mañana,
dijo: "Ya están matando a Sócrates y sus compañeros". El ministro Salvatierra no
pudo contestarle pero admiró la estoica serenidad y entereza del anciano.
Pasados unos instantes se escucharon de nuevo el trueno de las ametralladoras:
"Están matando a Augusto" exclamó don Gregorio agotado totalmente por la
emoción. Era la mañana del 21 de febrero de 1934.
El general Augusto César Sandino fue asesinado por órdenes expresas de Tacho
Somoza. A los pocos meses en una cena reconocería la autoría del hecho.
"Hablad en las plazas, en las
universidades, en todas partes,
de ese general de América,
que se llamó Augusto César Sandino"
"Usadlo contra el panamericanismo
del silencio y que resuenen nuevas voces
de juventudes alertas en las atalayas,
pues la lucha de Sandino continúa".
Miguel Ángel Asturias
Sandino,
héroe político y militar
Por Emmanuel Carballo
Periódico "El Día", México, 23 de
febrero de 1975, suplemento dominical "El Gallo Ilustrado"
Hace cuarenta y un años, el 21 de febrero de 1934, Augusto César Sandino fue
asesinado por mayordomos y peones nicaragüenses al servicio de los intereses
imperiales de los Estados Unidos.
Sandino es uno de los héroes más limpios con que cuenta la historia de la lucha
antiimperialista en la América Latina: es, y seguirá siendo, un ejemplo para los
patriotas del continente que luchan por la verdadera y efectiva independencia de
sus pueblos.
Sandino fue en la segunda década de nuestro siglo uno de los precursores de la
guerra de guerrillas (de la guerra revolucionaria y de la guerra librada con
éxito contra el invasor imperialista). En otras palabras, y en cierto sentido,
se adelanta a los barbudos de la Sierra Maestra, a los esforzados guerrilleros
de América Central y América del Sur y al heroico pueblo vietnamita.
En seguida, y en torno a esta faceta, ofrezco un colagge que lo muestra como un
hábil estratega de este tipo de guerra en el continente americano.
En unas cuantas líneas, William Krehm traza una imagen correcta sobre la táctica
de lucha y el sentido del movimiento sandinista:
"Durante casi siete años, prácticamente sin ayuda, luchando con rifles
capturados al enemigo y granadas de mano hechas con latas de sardinas llenas de
piedras, resistió a la aviación y al equipo moderno de la marina norteamericana
y de la Guardia Nacional de Nicaragua. Sus enemigos más encarnizados han rendido
tributo a su bien organizado espionaje, segura señal de que gozaba de las
simpatías de la población.
A través de toda Latinoamérica Sandino se convirtió en un David legendario que
aunque no tenía la menor esperanza de decapitar al grande y rubio Goliath, sí le
suministró un buen tirón de orejas".
Gregorio Selser resume en unos cuantos párrafos de su Sandino, general de
hombres libres los métodos de combate de que se sirve el nicaragüense para
hostigar, debilitar y exasperar a los marines norteamericanos y a sus cómplices
nativos:
"En un principio todas fueron derrotas. A la de San Fernando siguió el desastre
de Las Flores, donde perdió sesenta hombres y un armamente vital. Poco podían
hacer sus tropas frente a las tácticas de un ejército regular que contaba con la
dirección de veteranos de la Primera Guerra Mundial. Como Sandino operaba según
el sistema de trincheras, poco costaba a los invasores flanquearlo y, con ayuda
de la aviación, desalojarlo.
La lección, a poco de reiterada, fue plenamente comprendida. Percibió que en
tanto los invasores contaran con armamento superior, eligieran el terreno y el
momento de los combates y se valieran de sus conocimientos militares académicos,
poco podría hacer él si les correspondía con el mismo juego. A partir de ese
momento decidió Sandino adoptar las tácticas de las guerrillas, aprovechando sus
conocimientos del terreno donde operaba, para tratar de obtener el máximo
rendimiento de los escasos hombres y armamento de que disponía. Decidió que el
factor sorpresa era elemento primordial de ventaja en las luchas del tipo de la
suya, que exigían el empleo de la emboscada y la retirada inmediata una vez
logrados los objetivos propuestos.
El primer ensayo fue puesto en práctica diez días después del desastre de Las
Flores, cuando Sandino, en tanto los invasores se internaban en Las Segovias en
dirección al cerro del Chipote, se colocó a su retaguardia y atacó, el 19 de
septiembre de 1927, la ciudad de Telnapeca. Por la noche la ciudad estaba en sus
manos, con excepción del sistema defensivo de trincheras "con alambres de púas y
la extensa red de zanjas comunicadas entre sí, como copiando el sistema de
atrincheramiento usado durante la guerra europea..."
Para comprender este cambio en las concepciones militares de Sandino, casi todas
instintivas, debe tenerse en cuenta que los cuatro departamentos segovianos
forman una superficie de treinta mil kilómetros cuadrados, extendida desde el
centro de Nicaragua, en dirección norte, hasta la frontera con Honduras, cuyos
límites cubre completamente. Al oeste, desde el Pacífico, el terreno se eleva
gradualmente desde los llanos de León y Chinandega hasta las alturas de Nueva
Segovia, donde alcanzan su mayor desarrollo inmensos bosques inexplorados.Al
este, la región del Atlántico, aunque baja, es igualmente boscosa, terminando en
los inhabitables suampos o pantanos. El río Coco, que baja de las alturas de
Nueva Segovia hasta el mar, recorre cientos de kilómetros irregularmente aptos
para la navegación de poco calado, atravesando toda la zona departamental en
lucha.
Los pueblos, naturalmente, estuvieron desde un principio en poder de los
invasores. Sus bocacalles y su perímetro exterior estaban constantemente
vigilados por puestos de ametralladoras.
Pero Sandino es el dueño de la selva, de la montaña y del río. Conoce cada palmo
de terreno segoviano. Y quienes le acompañan no son menos duchos. Cada árbol,
cada matorral, cada roca, es un virtual escondite de un tirador o de un espía
patriota. Los invasores lo saben y sólo se atreven a internarse por caminos
conocidos con el rifle o el revólver dispuestos a disparar en cualquier momento.
Y aún así les domina la inquietud. Porque en cualquier instante, sin que nada
previo lo haga anunciar, se escucha el seco estampido que da por tierra con un
invasor, al que de inmediato sigue una furiosa descarga desde distintos puntos.
Los tiradores han tenido tiempo y puntería suficientes como para caer en un
inútil desperdicio de munición: cuando los norteamericanos reaccionan,
dispuestos al contraataque, sólo encuentran la huella reciente de pisadas que se
pierden en la espesura, donde es más peligrosa la acechanza de los sandinistas.
Estos, una vez descargadas sus armas y cumplida la faena de diezmar a los
"gringos", se retiran en orden tan silenciosamente como han llegado.
Claro está que no siempre se es tan afortunado. "Vencimos y nos vencieron
-recordaría Sandino-, pero al enemigo le hacía falta conocer nuestra táctica.
Además, nuestro espionaje siempre fue y sigue siendo superior al de los
mercenarios. Así fuimos adquiriendo armas y parque norteamericanos, porque les
capturábamos gente y botín. ¡Lástima que sean de tan grande estatura los
piratas, porque sus uniformes no les sirven a nuestra gente!".
El temible ejército fantasma de Sandino es así imbatible. No precisa de grandes
efectivos, que, por el contrario, entorpecerían sus acciones. Ni siquiera de
costosos preparativos o concentraciones de armamentos y tropas. La pequeña
partida es escurridiza, de difícil localización y se disgrega hacia distintos
puntos preestablecidos, de difícil acceso.
Páginas adelante, el propio Selser enumera algunas de las estratagemas de que se
valió Sandino para frenar la invasión de los marines y conseguir, a largo plazo,
que las tropas invasoras abandonaran Nicaragüa:
"Los hombres son pocos y las armas son menos todavía. El ingenio debe reemplazar
a la técnica, la táctica primitiva a la estrategia militar. La honda puede no
matar, pero si vaciar un ojo, y una rama flexible es una honda gigante, capaz de
causar estragos, perturbar la marcha de soldados o sembrar la necesaria
confusión a cuyo amparo los ocultos tiradores puedan apuntar cuidadosamente. Un
colchón de hojas puede perfectamente ocultar un pozo, de la misma manera en que
mediante diques de troncos y rocas se pueden modificar los cursos de agua
señalados en los mapas de la región y desviar a los soldados enemigos hacia
donde las guerrillas esperan a su presa."
Las líneas que acabo de transcribir no sólo revelan los recursos empleados por
Sandino sino que, asimismo, prefiguran los ardides de que se valdrían los
vietnamitas para derrotar, primero, a los franceses y, después, a los
norteamericanos.
Al Sandino guerrillero se le puede aplicar la anécdota que entre nosotros se
atribuye a Pancho Villa, el combatiente ubicuo por excelencia:
Cuéntase que un día -escribe Nellie Campobello- un jefe que persigue a las
tropas de Villa recibe de Venustriano Carranza un telegrama urgente redactado en
estos términos: "Precise usted dónde se hallan Francisco Villa y los pocos
hombres que lo acompañan".
La respuesta del jefe fue esta:
"Tengo el honor de informarle que según todos los datos que he recabado y creo
verdaderos, Villa se encuentra en todas partes y en ninguna".
Aquí quiero intercalar una pequeña disgresión. Es probable que uno de los
maestros de Sandino en el arte de la guerra de guerrillas haya sido Villa, con
cuyas hazañas debió familiarizarse no sólo por la prensa sino a través del
contacto personal, aquí en México, con personas y libros que debieron informarle
cómo se movilizaba y actuaba el sorprendente guerrillero quien, como él, supo
detener y derrotar a las tropas norteamericanas.
Poco se ha dicho acerca de las semejanzas que se observan entre la acción
militar de Sandino (y sus puntos de vista teóricos diseminados en cartas,
entrevistas y documentos) y la teoría y la praxis guerrillera de Mao Tse-Tung,
el mayor teórico con que cuenta en nuestros días este tipo de guerra.
Entresaco
de los escritos militares de Mao (influídos por los de Sun Tzu, estratega chino
que vivió en el siglo VI antes de nuestra era) algunas muestras que considero
significativas:
1.- Aunque la guerra móvil de la insurrección se asemeja a la de las fuerzas
tradicionales, se apoya en la estrategia de la guerrilla y opera persiguiendo
objetivos algo diferentes. Los insurgentes van desde las zonas rurales hacia los
pueblos y ciudades. Ocupan las colinas y los bosques antes de tomar los caminos.
En esto se conducen de manera diametralmente opuesta a los dictados de la
estrategia militar occidental, en la cual los puntos fuertes -centros
industriales, de comunicaciones, de población- se golpean primero y se dejan
para lo último los empenachados montes de las zonas rurales. Lo que cuenta para
que el enemigo no pueda defender sin verse envuelto en una contradicción, la de
extender sus líneas y debilitar la efectividad de su poder destructor. En
consecuencia, primero están las zonas rurales y después las ciudades.
2.- Esparcir nuestras fuerzas para despertar a las masas; concentrarlas para
contener con el enemigo.
3.- Avanza el enemigo, nos retiramos; acampa el enemigo, lo hostigamos; se
fatiga el enemigo, lo atacamos; se retira, lo perseguimos.
4.- Para ampliar zonas estables, emplear la táctica de avanzar en olas; cuando
se es perseguido por un enemigo poderoso, emplear la táctica de girar y
escabullirnos a su alrededor.
5.- Despertar el mayo número de personas en el tiempo más breve posible con los
mejores métodos.
6.- Estas prácticas se asemejan en todo a la forma en que se maneja una red;
debemos estar listos para lanzarla o recogerla. La tiramos abierta para ganar a
las masas y la recogemos para luchar contra el enemigo.
La guerrilla -afirma Robert Taber- hace la guerra de la pulga. La pulga pica,
brinca, y pica otra vez, esquiva rápidamente la fuerza que puede aplastarla. No
trata de matar a su enemigo de un golpe, sino de extraerle sangre y alimentarse
con ella, atormentándole y enloqueciéndolo; lo conserva para actuar en él y
destruir sus nervios y su moral.Todo esto toma tiempo. Más tiempo se necesita
todavía para que las pulgas se multipliquen. Lo que comenzó siendo una infección
local llegará a ser una epidemia, a medida que se unan las zonas de ressitencia,
del mismo modo como se extiende una mancha de tinta en un secante.
Paso, ahora, de China a Vietnam, país en el que la guerra anticolonial y, luego,
la guerra contra el imperialismo yanqui guarda ciertas similitudes con la guerra
de Sandino.
La definición de la guerra de guerrillas que da el general Vo Ngu-yen Giap, el
triunfador de Dien Bien Fu, coincide con la de Mao. El estilo, incluso, es
parecido:
"La guerra de guerrillas es la forma en que pelean las masas de un país débil y
mal equipado contra un ejército agresor con equipo y técnica mejores. Así es
como se pelea en una revolución. Las guerrillas confían en su espíritu heroico
para triunfar sobre las armas modernas, esquivando al enemigo cuando es más
fuerte y atacándolo cuando es más débil. Dispersándose unas veces, reagrupándose
otras, desgastando al enemigo en ocasiones, exterminándolo en otras, estando
dispuestas a pelear dondequiera, para que en cualquier parte a donde vaya el
enemigo se encuentre sumergido en un mar de gente armada que golpea sus
espaldas, intranquilizando su espíritu y agotando sus fuerzas."
En otro momento de Guerra del pueblo, ejército del pueblo, el general Giap
afirma:
"Además de dispersarse para desgastar al enemigo, es necesario reagrupar una
gran fuerza armada en una situación favorable, para adquirir supremacía en el
ataque en un punto y tiempo dados para aniquilar al enemigo. Los triunfos
sumados de muchas batallas pequeñas desgastan progresivamente los efectivos
humanos del enemigo al tiempo que incrementamos poco a poco nuestras fuerzas. El
fin principal de la batalla debe ser la destrucción de los efectivos humanos del
adversario. Nuestros propios efectivos no deben agotarse tratando de conservar u
ocupar territorio.
En Argelia, a lo largo de los intensos siete años de lucha contra el poder
colonial francés, los patriotas aplicaron en el campo, adaptándolas a sus
propias condiciones objetivas, las mismas tácticas empleadas por Mao y por Giap.
En la Sierra Maestra, los revolucionarios de Fidel Castro, con enorme poder
creador, pusieron en práctica, en líneas generales, un parecido cuerpo de ideas.
Casi al azar tomo dos fragmentos del Che Guevara que se localizan en La guerra
de guerrillas:
"1.- 'Muerde y huye' le llaman algunos despectivamente, y es exacto. Muerde y
huye, espera, acecha, vuelve a morder y a huir, y así sucesivamente, sin dar
descanso al enemigo. Hay en todo esto, al parecer, una actitud negativa, esa
actitud de retirada, de no dar combates frontales, sin embargo, es consecuente
con la estrategia general de la guerra de guerrillas, que es igual en su fin
último a la de una guerra cualquiera: lograr el triunfo, aniquilar al enemigo.
2.- Hay tres condiciones de supervivencia de una guerrilla que comience su
desarrollo; movilidad constante, vigilancia constante, desconfianza constante.
Sin el uso adecuado de estos tres elementos de la táctica militar, la guerrilla
dificilmente sobrevivirá."
Tras de asomarse a sus tácticas de lucha y repasar, por encima, las ideas de
buena parte de los grandes teóricos de la guerra irregular, puedo decir que
Sandino no es sólo un héroe político sino también un excelente militar cuyos
puntos de vista acerca del arte de la guerra siguen teniendo cierta vigencia.
En 1975, cuarenta y un años después de su asesinato, Sandino está más vivo que
los herederos de Anastasio Somoza. En tanto que Sandino al entender el presente
ayudaba a sentar las bases de la Nicaragua del porvenir, los hijos de Somoza y
sus cómplices al no poder comprender la Nicaragua de 1975, e incluso la
Nicaragua de su padre, la que comienza en 1937, no están capacitados para
diseñar el modelo político, económico y social que permita a este país, el más
extenso y desgraciado de la América Central, asumir una vida en la cual ya no
haya explotadores y explotados y en la que todos los nicaragüenses puedan
emplear, al dirigirse unos a otros, la palabra que usaban en el campamento
sandinista, un soldado cuando se dirigía a un compañero: hermano.
Somoza y sus herederos han creado un país en que la mitad de las tierras
explotables no se cultivan, y de las que sí se trabajan el 30 por ciento
pertenece a las finanzas de los Somoza; un país de seres mal alimentados cuya
dieta cotidiana está compuesta de arroz, frijol y maíz; un país cuya balanza de
pagos es deficitaria; un país incorrectamente poblado y diezmado, de la infancia
a la senectud, por incontables enfermedades endémicas; un país con el 60 por
ciento de analfabetos y una educación, en sus tres estadios, francamente
ridícula; un país, en fin, endeudado con los Estados Unidos y propiedad privada
de una familia y de sus empleados de confianza.
El porvenir de Nicaragua está en la lucha cotidiana, inteligente y valerosa del
Frente Sandinista de Liberación Nacional.
Augusto Sandino - Cronología
Augusto Nicolás Calderón Sandino nace el 18 de mayo de 1895 en Niquinohomo, departamento de Masaya. De niño, trabaja con su madre recolectando café en las plantaciones del Pacífico nicaragüense.
En octubre de 1909 una insurrección apoyada por Estados Unidos provoca la renuncia del presidente José Santos Zelaya. Asume el cargo José Madriz, pero en febrero de 1910 tropas norteamericanas desembarcan en Corinto y provocan también su renuncia. Luego de múltiples maniobras toma el poder Adolfo Díaz, tenedor de libros de una empresa minera norteamericana y aliado incondicional de Washington. Estados Unidos otorga un par de empréstitos a Nicaragua y toma, en garantía, el control de las aduanas, el Ferrocarril Nacional, los vapores del Gran Lago y fondos no utilizados de otro préstamo.
En julio de 1912 estalla una sublevación en contra del títere Díaz. Tropas norteamericanas desembarcan en Corinto. Benjamín Zeledón enfrenta a los invasores y muere en combate el 4 de octubre . A sus 17 años Sandino queda muy impresionado con la imagen del patriota.
En 1916 trabaja como ayudante de mecánica cerca de la frontera con Costa Rica. Viaja a Honduras en 1920 y a Guatemala en 1923, donde trabaja en las plantaciones de la United Fruit. Marcha a México y trabaja para empresas petroleras en Tampico y Cerro Azul.
En agosto de 1925, Estados Unidos retira sus tropas de Nicaragua; la ocupación ha durado 13 años. Permanecen, sin embargo, los instructores de la Constabulary , antecesora de la Guardia Nacional. Golpe militar del general Emiliano Chamorro en octubre. Washington se niega a reconocerlo.
En mayo de 1926 ocurre un alzamiento liberal en contra de Chamorro. Tropas norteamericanas desembarcan en Bluefields. Al enterarse del inicio de la Guerra Constitucionalista, Sandino parte rumbo a Nicaragua a donde llega el 1 de junio.
El 26 de octubre de 1926 se alza en armas con algunos trabajadores del mineral de San Albino y se incorpora a la causa constitucionalista. El 2 de noviembre, en su primer enfrentamiento contra las tropas conservadoras en El Jícaro, sufre su primera derrota.
El 24 de diciembre, tropas norteamericanas desembarcan en Puerto Cabezas. Al día siguiente , Sandino consigue armas y municiones con ayuda de prostitutas del puerto. El general José María Moncada le ordena regresarlas en una entrevista que sostienen en Prinzapolka; logra conservar las armas e inicia el retorno a Las Segovias.
En enero de 1927, tropas norteamericanas desembarcan en Corinto. En febrero, Sandino se instala en El Yucapuca e inicia en San Juan de Segovia una campaña militar victoriosa; participa en un gran número de combates. Las tropas conservadoras son totalmente derrotadas y Moncada trata de deshacerse de él enviándolo a Boaco.
A principios de mayo de 1927 mantiene un intercambio epistolar con Moncada sobre los términos del armisticio que éste ha logrado con Henry Stimson, delegado del presidente Calvin Coolidge en Nicaragua. El 12 demayo de 1927 en una circular dirigida a las autoridades locales de todos los departamentos anuncia su determinación de continuar la lucha hasta el retiro de las tropas norteamericanas de ocupación. El 18 de mayo se casa con Blanca Aráuz.
El 1 de julio de 1927 emite su primer Manifiesto Político dirigido al pueblo de Nicaragua desde su campamento en Mineral de San Albino. El 14 de julio responde a la propuesta de rendición que le hiciera Gilbert Hatfield, capitán de los marines . El 16 de julio, después de una batalla de 15 horas, toma por unas horas El Ocotal. La aviación norteamericana bombardea y ametralla el poblado causando 300 muertos entre la población civil.
Combate en varias ciudades y se retira hacia su campamento de El Chipote; inicia la guerra de guerrillas. El 2 de septiembre de 1927 se constituye el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua. El 14 de noviembre suscribe el Acuerdo sobre los traidores a la Patria .
En diciembre, los gobiernos de Coolidge y Díaz acuerdan la transformación de la Constabulary en Guardia Nacional.
Después de varios días de «combate», el 26 de enero de 1928 los marines alcanzan finalmente la cumbre de El Chipote y encuentran sólo muñecos de zacate.
El 22 de junio de 1928 el dirigente comunista salvadoreño Farabundo Martí se incorpora a las filas del sandinismo.
El 6 de noviembre de 1928 , en elecciones organizadas y supervisadas por los marines , es electo presidente el traidor Moncada.
El 23 de mayo de 1929 sale de Nicaragua con rumbo a México buscando, infructuosamente, el apoyo del presidente mexicano Emilio Portes Gil. Sus generales prosiguen la lucha. Regresa a Nicaragua el 16 de mayo de 1930.
El 31 de diciembre de 1930 las tropas de Miguel Ángel Ortez emboscan una patrulla de marines en Achuapa.
El 15 de febrero de 1931 suscribe su manifiesto Luz y Verdad .
En noviembre de 1932, Juan Bautista Sacasa es electo presidente. Poco antes había solicitado la permanencia de los marines , sin embargo, en esta ocasión Washington se niega.
El 1 de enero de 1933 triunfa la causa sandinista al retirarse los invasores norteamericanos de territorio nicaragüense. Sacasa asume la presidencia y el «general» Anastacio Somoza García la jefatura de la Guardia Nacional. Sandino viaja a Managua en febrero y firma un tratado de paz.
El 20 de mayo viaja nuevamente a Managua para quejarse con Sacasa por los constantes ataques de la Guardia Nacional en contra de su gente. Regresa el 30 de noviembre por la misma razón sin obtener resultados.
El 21 de febrero de 1934 al bajar la loma de Tiscapa, después de una cena con Sacasa, es capturado y posteriormente asesinado con los generales Francisco Estrada y Juan Pablo Umanzor por orden de Somoza García. Poco antes, su hermano Sócrates había corrido la misma suerte. El coronel Santos López, quién participará posteriormente en la fundación del Frente Sandinista de Liberación Nacional, logra escapar.
El 23 de agosto de 1934 , el Congreso decreta una amnistía para todos los crímenes cometidos por la Guardia Nacional.
Fuente: Congreso Bolivariano de los Pueblos
Crónica
Secreta: Augusto César Sandino ante sus verdugos
Periódico "El Día", México, Viernes 28 de
Febrero de 1975. Suplemento: Testimonios y Documentos
Por Carlos Foseca Camador
I. Héroe guerrillero, héroe de la paz con honor
Lindante con la inmolación
Una de las páginas más anubladas por la ausencia de un análisis exhaustivo de
esta experiencia, es la que se refiere a las discusiones de paz que tienen lugar
durante algunos meses entre Sandino y el gobierno de Sacasa-Somoza, y que
culminan con el genocidio cuya primera víctima es el inmortal patriota. Los
comentarios, más que análisis propiamente, en uno u otro lugar, en una u otra
fecha, más adivinando que fundándose en documentos específicos, insisten en
señalar "exceso de confianza", "ingenuidad", etcétera, departe del héroe, en la
fase de las discusiones. Pareciera que a los autores de esos comentarios les
bastara con estar persuadidos del gran mérito de Sandino como jefe guerrillero,
y que consideran sobrante buscarle a héroe tan glorioso competencia política. De
la observación atenta de documentos esenciales, resuta la conclusión inequívoca
de que Sandino no confió para nada en la contraparte, con la que le correspondió
discutir, en los meses inmediatos siguientes a la expulsión de los ocupantes
armados norteamericanos. Es necesario grabarse bien las distintas expresiones de
Sandino, respecto a los peligros que sabe perfectamente que corre, al discutir
con elementos que en el pasado han sido cómplices de la intervención armada de
los Estados Unidos. En el curso de los meses de las discusiones, en los que se
ve obligado a viajar a Managua, Sandino declara una y otra vez: "Estoy conciente
de los peligros que me rodearán (...) "Haremos la paz (...) Por ese ideal he
venido, desafiando los riesgos y haciendo cara a los rencores y odios de la
guardia." (2) "Temo un atentado de ella (3) contra nosotros". De estas
expresiones da fe Salvador Calderón R. En cierta carta, Sandino expresa: "no
desconozco los peligros que mi vida puede correr en mi travesía por el interior
de la República".(4) En la propia correspondencia del siniestro embajador
norteamericano en Managua, Arthur Bliss Lane, se da el dato de que se sabe que
Sandino expresó con anticipación lo 'innecesario' de realizar el viaje que
concluye con su muerte." (5)
Una vez demostrado que lo de "confianza" e "ingenuidad" de Sandino es sólo
producto de improvisados comentarios, y que, por el contrario, él sabía a
plenitud los peligros que corría al bajar de la montaña, cabe preguntarse ¿por
qué razón baja Sandino a Managua cuando sabe que este lugar está tan preñado de
peligros? El paso de Sandino es imposible justificarlo si no se tiene en cuenta
eso que llaman condiciones objetivas y subjetivas, tanto nacionales como
internacionales en el propio tiempo de las discusiones . A lo menos debe quedar
claro que en el país, si bien las masas poseen en ese momento una viva tradición
antiyanqui, todavía no ha sido extirpada la influencia de las facciones liberal
y conservadora, controladas sus dirigencias por elementos reaccionarios. En ese
marco, la reacción antipopular propala, principalmente a través de la prensa,
una ola de calumnias y murmuraciones en el sentido de que Sandino nunca ha sido
patriota, que la intervención qrmada norteamericana fue solo pretexto para que
él cometiera todo tipo de delitos, y que no es más que un partidario de la
guerra por la guerra misma. (6) Incluso en todo el curso de las discuciones, los
elementos más reaccionarios se oponen a su realización, pretendiendo no
restringir para nada la persecución antisandinista. De modo que, hasta cierto
punto, las discusiones fueron una conquista del reclamo popular. Al viajar
Sandino a Managua, apelaba a un recurso peligrosísimo, pero esa era la única
manera de desenmascarar los infundios que pretendían dibujar un grotesco
fantasma belicista, sordo a los sufrimientos ocasionados por la secular
violencia local, acentuados con la recrudecida intervención imperialista.
Anónimo (7) escuchó decir a Sandino: "Yo de un momento a otro muero. No
cumplieron los compromisos del arreglo de paz. Nos están asesinando a nuestros
hermanos en todas partes. Voy para Managua: o arreglo esta situación, o muero;
pero esto no es de quedarse con los brazos cruzados". Tanto Salvatierra como
Calderón R. cuentan que el jefe patriótico rechazó enérgicamente sus propuestas
para abandonar el país. (8) Está visto, pues, que cuando Sandino fue a Managua,
adoptó una actitud lindante con la inmolación, dura exigencia del momento
preciso (1933-34) a la que no dio la espalda, fiel a su costumbre de cumplir con
el deber.
El gesto del héroe nicaragüense no se comprende si además no se precisa la
situación en el exterior. Insistimos en especificar 1933-34. En proceso de
recuperación de las consecuencias de la crisis capitalista de 1929, la potencia
norteamericana -que durante varios lustros ha enfrentado la insurgencia de los
pueblos del Caribe, con Nicaragua a la vanguardia- pasa a retocar su rostro ante
la América Latina con un colorete que denomina Política del Buen Vecino. El
retoque tiene su culminación en la reunión panamericana de Montevideo en
diciembre de 1933.
Lo que importa recalcar es que la política exterior norteamericana que estrena
la administración Franklin D. Roosevelt, coloca a los Estados Unidos como un
peligro secundario, mientras en la realidad se acentúa aceleradamente la
conversión de la Alemania nazi y el Japón militarista en los centros mayores de
la reacción mundial. Este cuadro no facilita en modo alguno que la atención de
las fuerzas populares del exterior ponga sus ojos en la remota Nicaragua, ya
desocupada militarmente por interventores. Antes hemos aludido a las dudas
expresadas por Lombardo Toledano (9) y precisamente ello tiene lugar en el curso
del año 1933. Que lo que decimos nada tiene de conjetura lo confirma
precisamente la reacción instantánea en el exterior al conocerse el asesinato de
Sandino. La imaginación lleva después, hoy, a pensar que al momento todo fue en
la América Latina condena del crimen. Es cierto que no faltan actitudes de
protesta, según reza algún cintillo de prensa de la época. "Enérgico telegrama
envían los estudiantes mexicanos a Sacasa". Al mismo tiempo, no son excepción
posiciones como la de alguna "liga antiimperialista", mera caricatura
ultrasecreta, que ante el asesinato de Sandino se le ocurre condenarlo por
supuesta "traición de 1930". (10)
¿Cómo no descubrir en la línea que prevalece en la América Latina ante la
resistencia de Sandino en su última fase un antecedente de ese engendro
conciliador del vocero de la aristocracia obrera norteamericana llamado Earl
Browder? (11) Derrotada la reacción fascista en la Segunda Guerra Mundial, ello
impulsará a un nuevo auge en la lucha antiimperialista y pasará la potencia
yanqui a ser justamente blanco de la lucha popular por los cuatro puntos
cardinales del globo. Y el Sandino que, ya asesinado, se mantuvo por un periodo
en el recuerdo de los dignos campesinos nicaragüenses que lo acompañaron de
victoria en victoria, pasa a convertirse en símbolo del secular combate
latinoamericano antiyanqui.
Paz con honor
Ante la inminente retirada de la marinería norteamericana, el líder guerrillero
no está dispuesto a esperar los acontecimientos durmiendo sobre los laureles. Ya
quedó apuntado lo imposible que se volvió establecer en el territorio liberado
por los patriotas un gobierno provisional. Sandino adopta una actitud realista,
y recoge el clamor popular que exige paz y negociaciones con el ejército
guerrillero. Como ha quedado explicado, los altibajos de las relaciones con las
fuerzas populares del exterior de Nicaragua nunca mermaron el espíritu
internacionalista del invicto nicaragüense. Habiendo llegado incluso a cesar
toda comunicación con elementos de otros países, a la hora de entablar
discusiones no estará absorbido por un incoloro localismo. Y entre las primeras
condiciones que formula está la de que el gobierno del país adhiere a una
política de "no intervención en los negocios internos de ninguna de las
repúblicas indohispánicas" (12). La lucha nacional de toda latitud fue motivo de
su atención y puede darse el ejemplo de su respeto por el combate del pueblo de
Polonia; precisamente, el crimen del 21 de febrero de 1934 impidió la
celebración de una entrevista amistosa pendiente entre Sandino y un
representante de Polonia a solicitud de éste último. (13)
Jamás concibe que la sola desocupación militar por los Estados Unidos garantice
la plena independencia, e invariablemente, desde el primero hasta el último día
de las discusiones, se propone completar la vistoria militar, procediendo a
"restaurar también nuestra independencia política y económica". El propósito es
alcanzar una paz con honor: "las bases de paz propuestas (...) compatibles con
nuestro Honor Nacional"; una paz con dignidad: "la paz que dignifica y no la del
esclavo" (14). El factor local que más evidencia la negativa de los elementos
dominantes en el gobierno a fortalecer la independencia del país, se remite a la
conservación de la estructura que la intervención norteamericana ha impuesto al
ejército gubernamental Guardia Nacional. Así lo denuncia Sandino. Por ello fue
que hasta el último instante se negó a acceder a desarmarse total de las filas
guerrilleras que exigían los elementos más reaccionarios.
Mientras pululan en Nicaragua, en las facciones conservadoras y liberal, los
caciques políticos que cargan con la mancha de haberse sumado a la intervención,
Augusto César Sandino, fraternizando con las masas populares al viajar a
Managua, y permaneciendo fiel a sus principios de siempre, contrarresta el
cúmulo de calumnias que le lanzan, hasta que se convierte prácticamente en el
centro de atención de la abrumadora mayoría de la nación (15). Pero la
dialéctica histórica había resuelto que su misión fuera demostrar la capacidad
de lucha de cada porción de la América Latina, y para ejemplo el diminuto paraje
nicaragüense. Vencer en la guerra y por primera vez, más allá de la guerra: en
la conquista y defensa del poder popular, en la construcción de una nueva
sociedad, será posible después de una vuelta histórica en Cuba, una isla cercana
a Nicaragua.
La embajada norteamericana y el 21 de Febrero
Al tramar el asesinato de Sandino, la embajada norteamericana, con Mathew B.
Hanna primero, y Arthur Bliss Lanne después, se propuso cometer un crimen
perfecto, y evitar dejar la marca de toda huella. Ahora estamos en tiempos de la
Política del Buen Vecino, y hace falta no repetir lo de Lane con Madero y Pino
Suárez, o lo de Wise con Charlemgane Peralte (16), en el pasado tiempo del big
stick. Sin embargo, sabido es que no hay crimen perfecto: allí están indelebles
las huellas de mano yanqui.
Antes de emprender el retorno ignominioso, la embajada impone la estructura que
le dicta su capricho colonizador al ejército que los intervencionistas han
creado: la Guardia Nacional. De ante mano saben ellos hacia dónde será empujada
una fuerza armada en la que, si bien son muchos los que esperan la primera
oportunidad para pasarse a la trinchera patriótica, quienes predominan en su
dirección son elementos depravados que tienen su paradigma en Anastasio Somoza
García, devenido jefe director de dicho ejército por el beneplácito de Mr. y Mrs.
Hanna.
Los obvios cálculos de la embajada resultan fundados; los peores elementos de la
Guardia Nacional en el curso de las discusiones violan el armisticio, lo mismo
que los compromisos contraídos por el gobierno, cometiendo distintos atropellos
(17) que, gradualmente, convertirán a la fuerza armada oficial, y más
concretamente a su jefe director, en la dueña del poder, encima del veleidoso
Juan B. Sacasa, jefe nominal del gobierno. Cada embajador mantendrá un vínculo
estrecho con Somoza García, lo que no significa otra cosa que el visto bueno a
las fechorías que comete.
Al observarse la correspondencia del embajador, se ve el trazo de mensajes
secretos con Washington en los días inmediatos anteriores al 21 de febrero de
1934; 16 de enero, 5 y 16 de febrero, son días en los que explícitamente se
admite en la recopilación: "no impreso", es decir, que Arthur Bliss Lane se
comunicó secretamente con su Departamento de Estado. Por lo que se refiere al
propio 21 de febrero, incluyendo el comienzo de la noche, el norteamericano se
mantendrá en contacto directo con Somoza García. En la taimada corespondencia
diplomática de Bliss Lane, éste confiesa que en algún momento le expresó a
Somoza que en cuanto a Sandino "no se precipitase" (18), lo que es una confesión
paladina de la orden del crimen transmitida a Somoza, al que, además, se le
exige, según el tono de las palabras citadas, ser oportuno.
La gratitud yanqui ante el sicario, por supuesto, no se hace esperar, y después
del 21 de febrero la embajada renuncia a todo disimulo, para irse del lado de
Somoza con motivo de la acentuación de las rivalidades entre el último y el
tornadizo jefe nominal de gobierno, Juan B. Sacasa (19). Hechos como la
"gratitud" que el real almirante George J. Meyers, comandante del Escuadrón de
Servicio Español, expresa a Somoza García en agosto de 1936, se convertirán en
una rutina en las relaciones entre el Imperio y el lacayo, incluso hasta que
Rigoberto López Pérez, un "sandinista" (esto último según la expresión del
vástago A. Somoza Debayle), ajusticia al sicario. En efecto, a raíz de la acción
de López Pérez el 21 de septiembre de 1956, Dwight Eisenhower expresa: "La
nación y yo personalmente lamentamos la muerte del presidente Somoza, ocurrida
como resultado del cobarde ataque de un asesino"; por su lado, John Foster
Dulles, como secretario de Estado norteamericano, agrega: "su amistad (la de
Somoza) constantemente demostrada para los Estados Unidos, nunca será olvidada"
(20)
Herederos los vástagos de la purulencia del progenitor, serán, por consiguiente,
legatarios del favor norteamericano, y en 1972, en Filadelfia, le dirán en
inglés a Anastasio Somoza Debayle: "soldado de honor, un diplomático de renombre
universal, un estadista sin paralelo, un campeón de la superación humana" (21)
Crimen en la mesa de discusiones
En la extendida versión del crimen, aparece a menudo la frase, "engaño a
Sandino". Viéndolo bien, tal enfoque, aunque sea involuntariamente, sólo
contribuye a disminuir - no nos cansamos de repetirlo- la infamia del crimen;
vileza inconmensurablemente mayor que el "engaño" fue la que se cometió contra
Sandino: los devotos del dio dollar siempre se propusieron en el curso de las
discusiones, la bárbara traición, aunque Sandino lúcidamente nunca se ilusionó
en un desenlace distinto, según lo hemos dejado demostrado.
Véanse algunas de las muestras que dan idea de los especímenes que incubó la
colonización yanqui en Nicaragua, especímenes que por cierto ya traían la pasta
del coloniaje europeo desaparecido en el siglo XIX.
La
traición del antisandinismo, sobra reiterarlo, contrasta con el cumplimiento de
la palabra empeñada, y hay que decirlo así de Sandino y de los guerrilleros
sandinistas. En la primera fase de las discusiones, los delegados del gobierno,
previas garantías otorgadas por Sandino, arriban a la montaña siendo
escrupulosamente respetados.
De la recta conducta de los guerrilleros en los meses de las discusiones deja
nota el veraz Calderón Ramírez. Resulta, pues, que en este capítulo la auténtica
civilización relumbró en la selva, mientras la más abyecta barbarie oscureció el
21 de febrero la ciudad de Managua. Hablando diáfanamente: el 21 de febrero se
traduce en crimen en la mesa de discusiones.
Apuntemos dispersos momentos de A. Somoza G. en el curso de las discusiones. El
31 de marzo de 1933 finge interés por la paz ante Sofonías Salvatierra, y por la
paz incluso brinda. Otra vez posa ante las cámaras abrazando a Sandino. En
vísperas de la Guardia Nacional, dirigida por Somoza G., publica un texto en que
habla de "protección segura" a Sandino, agregando: "Nuestro honor de militares
lo garantiza". (22) Cuando está por realizarse el viaje, se sabe que Somoza G.
se ha ofrecido ir "con gusto" a Jinotega, y desde ahi, "hacerle compañía a
Sandino, y ahcer patente las garantías en el arribo a Managua. ¿Harán falta
comentarios? (23)
Todavía se precisa distinguir la índole definitivamente clasista del crimen de
Managua. Por lo general sólo se ve el asesinato del patriota que es el
guerrillero Sandino, pero no se ve el asesinato del representante de los
explotados y humillados que es también el obrero Sandino.
El nicaragüense que alguna vez ha visto de cerca, en función, la fatua
arrogancia del oligarca leonés-granadino (24), debe imaginarse la rabia que
embargaría a los dueños de Tiscapa por obra y gracia de Washington, trajeados de
etiqueta, teniendo que vérselas en las discusiones con el mestizo Sandino
vistiendo su indumentaria de guerrillero rural y convertido en el símbolo
viviente de la dignidad nacional. (25).
Merece transcribirse cierta imagen que da idea fija de una y otra clase social
contendiente en las aludidas discusiones. Por un lado, al saberse la
aproximación de los delegados del gobierno al campamento patriótico en la
montaña, los espera de pie, en la misma puerta, con sencillez, el digno Augusto
César Sandino, jefe supremo del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de
Nicaragua. Por su parte, al viajar el patriota a Managua, al llegar a la Casa
Presidencial, Juan B. Sacasa, presidente por su connivencia con los Estados
Unidos, se hace esperar, petulante, por diez minutos, para recibir al
guerrillero. (26) El plebeyo y el oligarca dan, el cada caso, su medida.
De los últimos instantes de Sandino, se dispone de fuentes harto limitadas. Las
personas vinculadas al guerrillero dan cuenta sólo hasta el momento de
producirse el asalto en que Sandino y los suyos son capturados. Aunque no haría
falta, Salvatierra y Calderón dan prueba de la dignidad del héroe en ese
instante: "¿por qué semejante atropello? Hecha la paz, todos somos hermanos, mi
único afán propende al resurgimiento de Nicaragua por medio del trabajo , y en
los años pasados he luchado por la libertad de nuestra patria". (27)
Entre el asalto y la consumación final del crimen transcurre aproximadamente una
hora, lapso del que únicamente han dejado relatos incompletísimos individuos que
por orden de Somoza G. estuvieron vinculados al crimen. Poco conocido es el que
hizo en los días del crimen Camilo González, sempiterno asociado a Somoza G. y
que expresa "Sandino se portó como todo un hombre en el momento de la prueba".
(28) Más conocido es el relato de Abelardo Cuadra, primero miembro de la Guardia
Nacional, y después rebelado contra Somoza G. . Un punto que debe destacarse es
la participación de sólo dieciséis miembros de la Guardia Nacional en la reunión
que precedió al crimen, y que fue convocada por Somoza; Cuadra, uno de los
participantes, confirma por sí mismo que no todos los dieciséis convocados
respaldaban la infame traición. Esto refleja que tan grave responsabilidad
histórica pesa esencialmente sobre una perversa moriría.
Cómplices
Si conocida es la culpa de Somoza, totalmente oculta ha permanecido la buena
dosis que les corresponde a elementos relevantes de las facciones liberal y
conservadora. No se trata aquí solamente de cómo se mantuvieron en el bando
antisandinista, sino, además, de cómo primero acomodaron la situación que
facilitó perpetrar el crimen y permitió después el encubrimiento, con amnistía y
todo, del verdugo y su gavilla, a partir de lo cual Somoza asalta el poder y se
perpetúa en éste. El liberal Juan B. Sacasa le tolera a Somoza, formalmente
subalterno, altanerías que tienen que desembocar en la noche de febrero (29). Lo
que pasa esa noche, según se ve, no cuenta con la intervención directa de J. B.
Sacasa, pero ocurridos los hechos, éste mantiene a Somoza en el Ejército, y
adopta con él, durante más de dos años, medidas que moverían a hilaridad, si no
siguiera a ello una catástrofe que ya acumula cuarenta años. Con anticipación al
21, a su vez, el conservador Emiliano Chamorro quedará convertido en íntimo de
Somoza G. , siendo los votos de su facción decisivos para la sacrosanta amnistía
que deja en la impunidad a los verdugos; a escasos treinta días de la matanza,
todavía goteando sangre de Sandino, las manos de Arthur Bills Lane son
estrechadas por Emiliano Chamorro.
Crisanto Sacasa, como delegado de la facción liberal, se había comprometido, con
su firma ante Sandino, a velar por la independencia de Nicaragua; próximo el
golpe de junio de 1936, con el que desaparecerá del gobierno todo rival de
Somoza, Crisanto Sacasa abandona a Juan B. Sacasa, con quien estuvo vinculado
primero, para apoyar al jefe director, y para mucho tiempo. (30)
II.- Del 21 de febrero a la reanudación de la resistencia organizada.
Imposición y prolongación de la tiranía
Reflexiónese y se entenderá lo infantil de la extendida divagación sobre medidas
que debió tomar Sandino para sobrevivir a las patrañas del gobierno Sacasa-Somoza.
La reflexión llevará a comprender que el jefe guerrillero, como ser humano,
estaba expuesto a pasar por esa ley que impone la naturaleza: la muerte. Es
evidente que también pudo haber muerto en otras circunstancias. Reducida así a
su lógica posibilidad la desaparición de Sandino, legando una prestigiosa causa,
se llega a problema pertinente: ¿por qué resulta aniquilada en la fase que sigue
al 21 de febrero la fuerza armada popular organizada?, ¿saldrían a flote
condiciones generales, cualitativamente distintas en la etapa precedente, que al
mismo Sandino, en caso de haber sobrevivido, le hubieren hecho muy difícil o
imposible emprender de inmediato una lucha ascendente? No hay que pasar por alto
que en esta dificilísima fase surte efecto negativo la dirección unipersonal
que, pese a sus inclinaciones naturales, debió asumir el jefe guerrillero, dado
el predominio de la actividad de contenido bélico; de modo que no pudo progresar
el esfuerzo de constituir en el curso de la contienda un organismo colectivo de
dirección que llegó a denominar Junta Suprema. (31)
Es fundamental señalar la desventaja que ofrecía la atrasadísima economía del
país, apoyada principalmente en una tradicional ganadería extensiva y un cultivo
paralizante como el café, independientemente de las circunstancias vinculadas a
este grano que desempeñaron en cierta fase el papel que ya dejamos señalado; los
rublos mencionados ofrecían una desventaja clave a un fatigado movimiento que
había pasado por siete años consecutivos de ardua guerra: no ofrecían
voluminosas concentraciones de asalariados permanentes e incluso de asalariados
temporales. Pasemos a lo que se refiere a la concentración de los trabajadores
mineros y agrícolas en las explotaciones norteamericanas de la selva atlántica.
La lucha que debía continuarse, con el precedente bélico conocido,
indiscutiblemente requería, para su desarrollo, de la utilización de formas
políticas y reivindicativas, implicando ello la disposición de militantes, que
el proceso específico no estuvo en condiciones de formar. Ese tipo de militante,
en lo que se refiere al litoral del Pacífico y algunos puntos del centro del
país, después del 21 de febrero, apenas se formó en una cantidad de ínfima
significación, teniendo consecuencia la extrema incipiencia del proletariado en
esta región. De modo que la mínima difusión de las ideas revolucionarias en
algún núcleo popular del Pacífico, en el que el analfabetismo no es total, no
condujo tampoco, en su caso, a preparar el militante y activista necesario a la
masa del Atlántico, con la característica social ya apuntada, pero sumida en un
espeso analfabetismo. En conclusión, se operó un retroceso en la integración
nacional de la lucha popular.
El balance hostil de las condiciones a la vida, después del 21 de febrero, se ve
agravado con el bestial terror desatado en el país, y particularmente en la zona
norte y atlántica de Nicaragua. Acto seguido a la matanza de Managua, se
perpetró un verdadero genocidio, con el agregado de que por largos años
permanecería el total misterio; será más de diez años después que aparecerá en
el conocido libro del ex redactor de la revista Time, William Krem, que después
de la noche del 21, sólo en la localidad de Güigüilí, se asesinaron trescientos
"hombres, mujeres y niños". Anónimo añade: "Despedazados por la metralla de los
traidores, y comidos de zopilotes y perros".En un escrito testimonial, un
veterano militante nicaragüense se refiere a matanzas hechas por las fuerzas
represivas en Matagalpa, uno solo de los dieciséis departamente del país, y
señala treintanueve hechos, varios de ellos represiones colectivas. (32)
Aunque la resistencia nicaragüense jamás cesó, y año tras año, sin excepción, a
lo largo de la prolongada tiranía, se suceden valerosas acciones, en la fase
inmediata al 21 de febrero no se logra restablecer, ni de lejos, el nivel
organizativo de los años de la última rebelión antiimperialista. Tal balance
eleva todavía más el mérito de quienes prologan su reto en la montaña. Pasan
varios años después de la noche del 21, y en "el terrible desamparo de las
bananas" (33) se enfrentan y caen bajo fuego enemigo destacados veteranos del
ejército guerrillero. Durante una prolongada fase, no se recupera la fuerza
popular organizada, sí, pero Augusto César Sandino permanece como héroe nacional
clandestino, no por más secreto menos hondo en el corazón del nicaragüense
oprimido.
Hacia el restablecimiento del destacamente popular organizado
Como se deduce de lo dicho, durante una larga etapa (1934-56) las acciones de la
resistencia carecen de cohesión y de carácter organizado, después (1956-74) las
acciones vienen a intensificarse, con vistas a restablecer el destacamento
orgánico capaz de darle su lugar a cada oprimido, a cada explotado, a cada
patriota, en el combate liberador.
El auge inmediato que origina en la lucha del mundo oprimido la derrota del
fascismo en la Segunda Guerra Mundial, no logra, en la América Latina, sacudir
el dominio imperialista, aunque en Centro América se dio la mayor esperanza, que
resultó efímera al ser aplastada la Guatemala de 1954, que levantó la mano
contra la United Fruit Company. Los monopolios logran multiplicar sus
inversiones en la América Latina, y prolongar el saqueo de nuestros pueblos.
Nicaragua no podía escapar a ese fenómeno, convirtiéndose, en un grado mayor que
antes, en proveedor de productos agropecuarios: café, algodón, carne, banano,
azúcar, tabaco, sin que cese la extracción de minerales. Aparece una industria
que no tiene en su control ni la apariencia mixta que muestra en otras regiones,
sino que se da una virtual exclusividad en su explotación por el capital
norteamericano. Aumenta la depauperización en Nicaragua, acarreada por el
reforzamiento del control de la producción por el gran capital, lo que implica
la multiplicación de la masa de trabajadores asalariados que crecientemente
desempeñarán el ya sabido papel histórico de sepultureros del régimen de
explotación.
Fuera de la América Latina en la década que sigue al final de la guerra mundial,
el imperialismo sufre golpes contundentes en la Europa Oriental, en Asia , en
Africa. Pasada esa primera década, en la América Latina tiene su gestación el
nuevo combate por la libertad que logrará desenmascarar la demagogia,
seudodemocrática. Se generan los nuevos destacamentos que deciden su primera
victoria definitiva: Cuba. La América Latina entra a formar parte activa del
movimiento mundial antiimperialista, en el que poco antes han descollado Argelia
y Vietnam. El ejemplo de las luchas lejanas se vuelve inocultable, y no es una
casualidad que Rigoberto López, el héroe nicaragüense de 1956, dedicara versos
fraternos al Chipre rebelde contra el colonialismo.
Nicaragua se cuenta entre los primeros lugares que, en la nueva batalla, oponen
el arma popular al régimen reaccionario. El heroísmo de abril de 1954, expresado
en los ejemplos señeros de Optaciano Morazán, Luis Morales Palacios, Adolfo Báez
Bone y Luis Gabuardi, entre otros, todavía no intenta romper la hegemonía
política de las facciones reaccionarias tradicionales; pero en 1956, con
Rigoberto López, se reanuda el camino hacia el restablecimiento de un genuino
destacamente popular. Desde entonces, como ya se indicó, no habrá año en que
cese de emerger el arma nicaragüense resuelta a conquistar la libertad. La
victoria final no se produce de inmediato; el enemigo no es la camarilla
reaccionaria local, la que pudo ser derrotada mil veces con las sucesivas
acciones emprendidas. Se trata de enfrentar al enemigo de más de un siglo: el
imperio del dólar. En noviembre de 1960, desde Mayport, puerto norteamericano de
Florida, es movilizado el portaviones Shangri-la que conduce setenta aviones y
cinco cazas submarinos contra Nicaragua (34). En diciembre de 1972, a raíz del
terremoto de Managua y con el pretexto de socorro, desembarcan contingentes de
marines que determinan la continuación de la camarilla reaccionaria en el poder.
En 1973, la prensa de Nicaragua publica como información rutinaria los
escándalos callejeros provocados por marines norteamericanos (35). Ya se ha dado
cuenta de las intrigas yanquis contra otros pueblos ejercidas desde Nicaragua.
Un hecho es ostensible: al pueblo nicaragüense le corresponde luchar contra un
régimen colonial especial, cuyo origen se encuentra en cada una de las
intervenciones perpetradas durante más de ciento cincuenta años, desde la
promulgación misma de la llamada Doctrina Monroe. El régimen colonial que pesa
sobre Nicaragua es más siniestro todavía que el definido por leyes
internacionales, porque se trata de una situación colonial de facto, aunque hay
algún acuerdo con la parte norteamericana cuya vigencia se prolonga hasta hoy
(36). Este régimen colonial especial no le concede menos atribuciones al imperio
de las que disfruta, por ejemplo, en la zona del Canal de Panamá o en Puerto
Rico.
Silenciosamente, modestamente, los revolucionarios nicaragüenses, las nuevas
generaciones sandinistas, vienen corriendo, de año en año el camino
insurreccional. Los revolucionarios, en muchos casos cayendo en combate en la
ciudad o la montaña, no se interesaron en dejar el recuerdo de una fotografía
portando el arma guerrillera, pero dejaron em más auténtico testimonio: el
ejemplo de su cesión.
A lo largo del Continente se extiende el combate y, sin excepción, en cada país
ha rescatado el arma popular. La victoria definitiva no es fácil, y como ayer
Augusto César Sandino, caen hoy el Che, Camilo Torres, Allende, Turcios Lima,
Caamaño; en esa ruta cae una pléyade de guerrilleros nicaragüenses, desde
Rigoberto López hasta Ricardo Morales y Oscar Turcios. La tarea es factible,
pero dura: forjar los nuevos combatientes, fortalecer las filas, acumular
experiencias, enfrentar las aviesas maniobras enemigas; labor colosal por la que
es preciso ofrendar un alto precio.
En Nicaragua llega la hora en que se multiplica la acción de los obreros, los
campesinos, los pobre todos. Los nicaragüenses, honestos, sin faltar sacerdotes,
intelectuales y de otras procedencias, integran las filas resueltas a colocar a
Nicaragua al lado de los pueblos que han conquistado la libertad, resueltos,
como lo expresan las nuevas generaciones nicaragüenses, a llevar a culminación
la revolución popular sandinista.
Aunque es poco lo que queda por hacerse, se siente como nunca en la historia el
crujir de los cimientos del dominio imperialista en América Latina, en Africa,
en el mundo entero. Es la "explosión proletaria" con que soñó Augusto César
Sandino.
Mientras Cuba, con su clase obrera en la vanguardia, aparece como el bastión
inexpugnable, en otros puntos del Continente surgen experiencias que se enmarcan
en el camino hacia la extirpación de toda forma de explotación, hacia un mundo
en que "cada hombre sea hermano y no lobo" (37).
Notas:
1) Fragmento de un trabajo inédito acerca de la resistencia patriótica
nicaragüense que encabezó Augusto César Sandino.
2) Salvador Calderón R.: Ultimos días de Sandino, México, D.F. Ediciones Botas,
1934, p.52-7.
3) Se refiere a la Guardia Nacional.
4) Anastasio Somoza G.: El verdadero Sandino o el calvario de las Segovias.
Managua. Editorial Robelo, 1936, p. 536.
5) Inquietud politica en Nicaragua. Traducción de documentos del Departamento de
Estado de Washington. León, Nicaragua, Editorial El Centroamericano. (817
00/7934, telegrama de A. Bliss L. al secretario de Estado, 9 de febrero de 1934,
p.2).
6) La Prensa, Managua, n. 2180, 18 de febrero de 1944.
7) Anónimo es la designación para evitar represalias, de un verdadero sandinista
sobreviviente.
8) S. Calderón R.: ob.cit.; Sofonías Salvatierra: Sandino o la tragedia de un
pueblo. Madrid, 1934, p. 231.
9) En carta de 3 de junio de 1933, Escolástico Lara le informa a Sandino que
Vicente Lombardo Toledano le había expresado días atrás: "que el general Sandino
DEFINA MEJOR SU ACTITUD DESPUES DE LA PAZ, porque en el mundo americano se duda,
y esto no conviene a los intereses generales ni a Sandino en particular. La
prensa propala tres cargos que en síntesis son:
1) Que el general Sandino ESTA INTIMAMENTE IDENTIFICADO CON EL DOCTOR SACASA, y
que no hará lo que disponga. 2) Que los norteamericanos lo han mantenido y
siguen sosteniéndolo. 3) Que los conservadores son aliados de él. 4) Que su
papel está terminado, no teniendo ninguna fuerza". J. A. Somoza G.: ob. cit. p.
502.
10) Xavier Campos Ponde. Los yanquis y Sandino, México D.f. Ediciones XCP, 1962,
p. 125-6.
11) Dirigente del PC de los Estados Unidos, expulsado en 1964 por su posición
seudo-marxista.
12) A. Somoza G.: ob. cit., p. 421.
13) S. Calderón R.: ob. cit. p. 135-6
14) S. Salvatierra: ob. cit., p. 125.
15) Idem, p. 297.
16) Jefe insurreccional antiyanqui de Haití asesinado por los intervencionistas
yanquis; Juan Bosch: De Cristóbal Colón a Fidel Castro. Madrid, Alfaguara, 1970,
p. 663.
17) Sofonías Salvatierra: ob. cit. p. 225.
18) Inquietud política en Nicaragua. 817 00/7946; telegrama del ministro en
Nicaragua (Lane) al secretario de Estado. Managua, febrero 23. 1934, medianoche
(recibido febrero 24-4:40 .M.) p. 16-7
19) Idem, p.23-4 y 33.
20) Cable de Associated Press procedente de Washington, del 29 de septiembre de
1956.
21) Novedades, Managua, 16 de junio de 1972.
22) A. Somoza G.: ob. cit. p. 549-50
23) S. Salvatierra: ob. cit. p. 233.
24) Anastasio Somoza García proviene de la localidad de San Marcos, en épocas
pasadas dentro de la jurisdicción de Granada; en los años escolares, se
matricula en centros de enseñanza de la propia ciudad de Granada. De sus
vínculos con el elemento conservador oligarquico habla el apoyo que da en su
momento a la candidatura de Emiliano Chamorro, según lo afirma Ramón Romero (R.
Romero: Somoza asesino de Sandino. México. Ediciones Patria y Libertad -1959).
El padre de Somoza García, Anastasio, figuró en la facción conservadora, siendo
miembro de la representación de ésta que apoyó la promulgación del tratado
Chamorro-Bryan. Somoza proviene de familia propietaria de cultivos de café. Su
matrimonio con Salvadora Debayle Sacasa, procedente de la oligarquía de León,
viene a representar la fusión de la atrofiada burguesía nicaragüense con la
oligarquía tradicional. Somoza G. , evita corres riesgos en la guerra
1926-27está entre los primeros, por su inglés de gánster italo-norteamericano
(según la observación de W. Krem) en aproximarse a los ocupantes
norteamericanos, no descartándose que hiciera labor de informante secreto de
éstos. Con menos prestigio que cualquiera de las figuras de la facción liberal,
los norteamericanos ven en él al individuo apropiado para asegurarse el control
del país, y lo imponen como jefe director de la Guardia Nacional.
25) S. Salvatierra: ob. cit. p. 267.
26) A. Somoza G.: ob. cit. p. 448
27) S. Calderón R.: ob. cit. p. 153.
28) X. Campos P.: ob. cit. p. 213.
29) A. Somoza G.: ob. cit. p. 563.
30) Alejandro Cole Chamorro: Desde Sandino hasta Somoza: Nicaragua, 1971, p.
196.
31) Gregorio Selser: Sandino general de hombres libres. La Habana, Imprenta
Nacional de Cuba, 1960, tomo I, p. 276.
32) Antonio Rodríguez: Represión en Matagalpa. Manuscrito.
33) Nicolás Guillén: Obra poética (1920-1958). La Habana, Instituto Cubano del
Libro. t. II, P. 347.
34) Hoy. La Habana, 18 de noviembre de 1960.
35) La Prensa. Managua, 19 de noviembre de 1973.
36) El ejército gubernamental conserva en 1974 la estructura que se deriva del
convenio impuesto por el embajador Mathew B. Hanna el 5 de noviembre de 1932, y
que fue denunciado como antipatriótico por Sandino.
Tomado de Casa de las Américas, Nro. 87, La Habana, 1974
Fuente: www.elbauldelasnoticias.com.ar
Manifiesto político
Por Augusto Sandino
El hombre que de su patria no exige un palmo de tierra para su sepultura, merece ser oído, y no sólo ser oído sino también creído. Soy nicaragüense y me siento orgulloso de que en mis venas circule, mas que cualquiera, la sangre india americana que por atavismo encierra el misterio de ser patriota leal y sincero; el vínculo de nacionalidad me da derecho a sumir la responsabilidad de mis actos en las cuestiones de Nicaragua y, por ende, de la América Central y de todo el Continente de nuestra habla, sin importarme que los pesimistas y los cobardes me den el título que a su calidad de eunucos más les acomode. Soy trabajador de la ciudad, artesano como se dice en este país, pero mi ideal campea en un amplio horizonte de internacionalismo, en el derecho de ser libre y de exigir justicia, aunque para alcanzar ese estado de perfección sea necesario derramar la propia y la ajena sangre. Que soy plebeyo dirán los oligarcas o sean las ocas del cenagal. No importa: mi mayor honra es surgir del seno de los oprimidos, que son el alma y el nervio de la raza, los que hemos vivido postergados y a merced de los desvergonzados sicarios que ayudaron a incubar el delito de alta traición: los conservadores de Nicaragua que hirieron el corazón libre de la Patria y que nos perseguían encarnizadamente como si no fuéramos hijos de una misma nación.
Hace diecisiete años Adolfo Díaz y Emiliano Chamorro dejaron de ser nicaragüenses, porque la ambición mató el derecho de su nacionalidad, pues ellos arrancaron del asta la bandera que nos cubría a todos los nicaragüenses. Hoy esa bandera ondea perezosa y humillada por la ingratitud e indiferencia de sus hijos que no hacen un esfuerzo sobrehumano para libertarla de las garras de la monstruosa águila de pico encorvado que se alimenta con la sangre de este pueblo, mientras en el Campo Marte de Managua flota la bandera que representa el asesinato de pueblos débiles y enemistad de nuestra raza.
¿Quiénes son los que ataron a mi patria al poste de la ignominia? Díaz y Chamorro y sus secuaces que aún quieren tener derecho a gobernar esta desventurada patria, apoyados por las bayonetas y las Springfield del invasor. ¡No! ¡Mil veces no! La revolución liberal está en pie. Hay quienes no han traicionado, quienes no claudicaron ni vendieron sus rifles para satisfacer la ambición de Moncada. Está en pie y hoy más que nunca fortalecida, porque sólo quedan en ella elementos de valor y abnegación.
Moncada el traidor faltó naturalmente a sus deberes de militar y de patriota. No eran analfabetos quienes le seguían y tampoco era él un emperador, para que nos impusiera su desenfrenada ambición. Yo emplazo ante los contemporáneos y ante la historia de ese Moncada desertor que se pasó al enemigo extranjero con todo y cartuchera. ¡Crimen imperdonable que reclama vindicta!
Los grandes dirán que soy muy pequeño para la obra que tengo emprendida; pero mi insignificancia está sobrepujada por la altivez de mi corazón de patriota, y así juro ante la Patria y ante la historia que mi espada defenderá, el decoro nacional y que será redención para los oprimidos. Acepto la invitación a la lucha y yo mismo la provoco y al reto del invasor cobarde y de los traidores de mi Patria, contesto con mi grito de combate y mi pecho y el de mis soldados formarán murallas donde se lleguen a estrellar legiones de los enemigos de Nicaragua. Podrá morir el último de mis soldados, que son los soldados de la libertad de Nicaragua, pero antes, más de un batallón de los vuestros, invasor rubio, habrán mordido el polvo de mis agrestes montañas.
No seré Magdalena que de rodillas implore el perdón de mis enemigos, que son los enemigos de Nicaragua, porque creo que nadie tiene derecho en la tierra a ser semidiós. Quiero convencer a los nicaragüenses fríos, a los centroamericanos indiferentes y a la raza indohispana, que en una estribación de la cordillera andina, hay un grupo de patriotas que sabrán luchar y morir como hombres.
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Venid, gleba de morfinómanos; venid a asesinarnos en nuestra propia tierra, que yo os espero a pie firme al frente de mis patriotas soldados, sin importarme el número de vosotros; pero tened presente que cuando esto suceda, la destrucción de vuestra grandeza trepidará en el Capitolio de Washington, enrojeciendo con vuestra sangre la esfera blanca que corona vuestra famosa White House, antro donde maquináis vuestros crímenes.
Yo quiero justificar a los gobiernos de Centro América, mayormente al de Honduras, que mi actitud no debe preocuparle, creyendo que porque tengo elementos más que suficientes, invadiría su territorio en actitud bélica para derrocarlo. No. No soy un mercenario sino un patriota que no permite un ultraje a nuestra soberanía.
Deseo que, ya que la naturaleza ha dotado a nuestra patria de riquezas envidiables y nos ha puesto como el punto de reunión del mundo y que ese privilegio natural es el que ha dado lugar a que seamos codiciados hasta el extremo de querernos esclavizar, por lo mismo anhelo romper la ligadura con que nos ha atado el nefasto chamorrismo.
Nuestra joven patria, esa morena tropical, debe ser la que ostente n su cabeza el gorro frigio con el bellísimo lema que simboliza nuestra divisa «Rojo y Negro» y no la violada por aventureros morfinómanos yankees traídos por cuatro esperpentos que dicen haber nacido aquí en mi Patria.
El mundo sería un desequilibrio permitiendo que sólo los Estados Unidos de Norte América sean dueños de nuestro Canal, pues sería tanto como quedar a merced de las decisiones del Coloso del Norte -de quién tendría que ser tributario- los absorbentes de mala fe, que quieren aparecer como dueños sin que justifiquen tal pretensión.
La civilización exige que se abra el Canal de Nicaragua, pero que se haga con capital de todo el mundo y no sea exclusivamente de Norte América, pues por lo menos la mitad del valor de las construcciones deberá ser con capital de la América Latina y la otra mitad de los demás países del mundo que desean tener acciones en dicha empresa, y que los Estados Unidos de Norte América sólo pueden tener los tres millones que les dieron a los traidores Chamorro, Díaz y Cuadra Pasos; y Nicaragua, mi Patria, recibirá los impuestos que en derecho y justicia le corresponden, con lo cual tendríamos suficientes ingresos para cruzar de ferrocarriles todo nuestro territorio y educar a nuestro pueblo en el verdadero ambiente de democracia efectiva, y asimismo seamos respetados y no nos miren con el sangriento desprecio que hoy sufrimos.
Pueblo hermano: al dejar expuestos mis ardientes deseos por la defensa de la Patria, os acojo en mis filas sin distinción de color político, siempre que vuestros componentes vengan bien intencionados, pues tened presente que a todos se puede engañar con el tiempo, pero con el tiempo no se puede engañar a todos.
Mineral de San Albino, Nueva Segovia, Nicaragua, 1 de julio de 1927
Patria y Libertad
A. C. SANDINO
Acuerdo sobre los traidores a la Patria
Por Augusto Sandino
Cuartel General de los Defensores del Derecho Nacional de Nicaragua.
Augusto C. Sandino, General en Jefe del Ejército Defensor de la Soberanía de Nicaragua, en uso de las facultades concedidas por el mismo Ejército y en apoyo de la Constitución Política de su Patria, hace saber a todo el pueblo nicaragüense lo siguiente:
ACUERDO
Son traidores a la Patria
Todo nicaragüense que con miras políticas traficare con la honra de la nación, solicitando apoyo oficial de los conquistadores de Nicaragua, así como del gobierno de la Casa Blanca y el que saliere del país como representante del gobierno espurio del traidor Adolfo Díaz.
El que haya celebrado pactos secretos con el enemigo, ya sea como jefe militar o como jefe civil.
El que prestare ayuda a los invasores y traidores para asesinar a los patriotas nicaragüenses que están defendiendo la Soberanía Nacional.
El que suministrare informes, verbalmente o por escrito, declarando contra sus conciudadanos.
El que solicitare protección de los invasores con el pretexto de defender sus intereses, ya sea nacional o extranjero.
A tales delincuentes les será aplicada la misma pena que la Constitución Política señala para los traidores a la Patria.
Al mismo tiempo hago saber a la sociedad nicaragüense, al pueblo con quien me unen los más estrechos vínculos que me obligan a defender sus derechos, y a los extranjeros radicados en el país: Que siendo el Ejército Defensor de la Soberanía de Nicaragua una institución perfectamente organizada y disciplinada, dará toda clase de garantías efectivas a nacionales y extranjeros siempre que guarden estricta neutralidad.
Dado en El Chipote, a los catorce días del mes de noviembre de 1927.
Patria y Libertad. - A. C. Sandino
Luz y Verdad
Por Augusto Sandino
Manifiesto a los miembros de nuestro Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua
Impulsión divina es la que anima y protege a nuestro Ejército, desde su principio y así lo será hasta su fin.
Ese mismo impulso pide en Justicia de que todos nuestros hermanos miembros de este Ejército principien a conocer en su propia Luz y Verdad, de las leyes que rigen el Universo.
Pues bien hermanos:
Todos vosotros presentís una fuerza superior a si mismos y a todas las otras fuerzas del Universo. Esa fuerza invisible tiene muchos nombres, pero nosotros lo hemos conocido con el nombre de Dios.
Seguramente de que entre vosotros hay muchos quienes han querido encontrar la oportunidad de quien les explique esas cosas tan hermosas.
Pues bien hermanos:
Lo que existió en el Universo, antes de las cosas que se pueden ver o tocar, fue el éter como sustancia única y primera de la Naturaleza (materia). Pero antes del éter, que todo lo que llena en el Universo, existió una gran voluntad; es decir, un gran deseo de Ser lo que no era, y que nosotros lo hemos conocido con el nombre de Amor.
Por lo explicado se deja ver que el principio de todas las cosas es el Amor: o sea Dios. También se le puede llamar Padre Creador del Universo. La única hija del Amor, es la Justicia Divina.
La injusticia no tiene ninguna razón de existir en el Universo, y su nacimiento fue de la envidia y antagonismo de los hombres, antes de haber comprendido su espíritu.
Pero la incomprensión de los hombres solamente es un tránsito de la vida universal: y cuando la mayoría de la humanidad conozcan de que viven por el Espíritu, se acabara para siempre la injusticia y solamente podrá reinar la Justicia Divina: única hija del Amor.
Pues bien hermanos:
Muchas veces habréis oído hablar de un Juicio Final del mundo.
Por Juicio Final del mundo se debe comprender la destrucción de la injusticia sobre la tierra y reinar el Espíritu de Luz y Verdad, o sea el Amor.
También habréis oído decir de que en este siglo veinte, o sea en el Siglo de las Luces, es la época de que estaba profetizado el Juicio Final del Mundo.
Pues bien hermanos:
El siglo en cuestión se compone de cien años y ya vamos corriendo sobre los primeros treinta y uno; lo que quiere decir de que esa hecatombe anunciada deberá de quedar definida en estos últimos 69 años que faltan.
No es cierto que San Vicente tenga que venir a tocar trompeta, ni es cierto de que la tierra vaya a estallar y que después se hundiría; No.
Lo que ocurrirá es lo siguiente:
Que los pueblos oprimidos romperán las cadenas de la humillación, con que nos han querido tener postergados los imperialistas de la tierra.
Las trompetas que se oirán van a ser los clarines de guerra, entonando los himnos de la libertad de los pueblos oprimidos contra la injusticia de los opresores.
La única que quedara hundida para siempre es la injusticia; y quedara el reino de la Perfección, el Amor; con su hija predilecta la Justicia Divina.
Cábenos la honra hermanos: de que hemos sido en Nicaragua los escogidos por la Justicia Divina, a principiar el juicio de la injusticia sobre la tierra. No temáis mis queridos hermanos; y estad seguros, muy seguros y bien seguros de que muy luego tendremos nuestro triunfo definitivo en Nicaragua, con lo que quedara prendida la mecha de la "Explosión Proletaria" contra los imperialistas de la tierra. Sinceramente vuestro hermano.
Cuartel General del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua.
El Chipotón, Las Segovias, Nic. C. A.
Febrero de 1931, 15 Feb.
Patria y Libertad
A. C. SANDINO
Circular a las autoridades locales de todos los departamentos
Por Augusto Sandino
(Yalí, 12 de mayo de 1927)
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Autoridades locales de todos los departamentos. Muy señores míos: Tengo el gusto y la satisfacción de saludarlos afectuosamente después de haber llevado a cabo una afortunada cruzada frente a las columnas enemigas, de la que daré a Uds. un detalle a grandes rasgos, para que no ignoren la actual situación del movimiento político militar que atraviesa nuestro país.
El 11 de marzo salí con mi Ejército rumbo al campamento del general Moncada: la suerte estaba de parte mía y en el lugar llamado "El Bejuco" logró mi Ejército romper las cadenas que ahogaban la revolución. La sorpresa de ellos fue grande al ver flamear la bandera de la libertad en el corazón de sus campamentos; desde ese momento las fuerzas constitucionalistas se llenaron de entusiasmo, y cada día se celebraba un combate a favor nuestro. El momento decisivo estaba próximo; la última campanada había llegado para el conservadorismo, puesto que el ejército liberal contaba con 7,000 hombres bien equipados y rebosando de entusiasmo, mientras ellos sólo contaban con mil y tantos hombres propensos más que a luchar, a la deserción, de modo que el triunfo era nuestro en toda la línea.
Habíamos vencido, pero he aquí que cuando nos disponíamos a hacer el último empuje y entrar triunfantes al Capitolio de Managua, el Coloso Bárbaro del Norte, o sea los norteamericanos; viendo que las fuerzas del gobierno perdían sus posiciones y teniendo ellos compromisos con Adolfo Díaz, propusieron al general Moncada un armisticio de 48 horas, para tratar de la paz de Nicaragua. Esto se prorrogó por 48 horas más. Como resultado de esas conferencias se han sentado las bases siguientes: Primero. Desarmar al ejército conservador, dejándonos a nosotros ocho días para efectuar el desarme de la revolución mediante estas bases: el gobierno daría al liberalismo seis departamentos: Jinotega, Matagalpa, Estelí, Ocotal y León y la Costa Atlántica; además, dos ministerios, el de Gobernación y el de Guerra, este último ofrecido al general Moncada, el cual no aceptó quedando siempre Díaz en la presidencia.
Como comprenderán, la aceptación de tales proposiciones necesitaba la aprobación de todos los jefes de la revolución. Para esto se llevaron a cabo en Boaco unas conferencias, para tratar de la aceptación o no de las bases. Y como mi campamento estaba un poco retirado de Boaco, no concurrí a las conferencias, pero me encontré con la resolución de la mayoría de los jefes que es ésta: no aceptar a Díaz como presidente de Nicaragua. La resolución del coronel Stimson, enviado especial del gobierno norteamericano, reconoce perfectamente nuestro triunfo, pero habiendo el Departamento de Estado reconocido al gobierno de Díaz, está en el imprescindible deber de sostenerlo en la presidencia por la moralidad de sus compañeros; pero prometen el gobierno de los departamentos referidos; además, la libertad absoluta de imprenta y controlar las futuras elecciones; que de seguro el triunfo en esa lucha cívica será nuestro porque contamos con la mayoría.
El A.B.C. de la América del Sur, o sean las repúblicas de Argentina, Brasil y Chile, han gestionado ante el Departamento de Estado Norteamericano para actuar como jueces en los asuntos de Nicaragua, lo que fue aceptado por ellos. Estos prescindirían de Sacasa y Díaz y propondrán sí, un gobierno liberal. Mi resolución es ésta: Yo no estoy dispuesto a entregar mis armas en caso de que todos lo hagan. Yo me haré morir con los pocos que me acompañan porque es preferible hacernos morir como rebeldes y no vivir como esclavos. Mientras tanto, permaneceré aquí esperando la determinación del general Stimson, respecto a nuestro asunto.
Affmo. compañero y amigo, (f.) A. C. Sandino
Nota al Capitan Hatfield
12 de Julio de 1927
Campamento de El Chipote, Via San Fernando.
Al Capitan G. D. Hatfield
El Ocotal
Recibi su comunicacion ayer y estoy entendido de ella. No me rendire y aqui los espero. Yo quiero patria libre o morir. No les tengo miedo; cuento con el ardor del patriotismo de los que me acompañan.
Patria y Libertad
A. C. Sandino
[La imágen muestra a un marine norteamericano con la cabeza de un campesino nicaragüense, sospechado de colaborar con Sandino]
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