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EL DERECHO A CONOCER LA HISTORIA

Norberto Galasso

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Entrevista al historiador y ensayista Norberto Galasso

Por Cristian Vitale [30/04/07]

"Hay una necesidad social de volver sobre la historia"

El autor de Jauretche y su época coordina el ciclo "Los que pensaron en grande" en el ND Ateneo y sigue escribiendo, dice, "para desmitificar zonceras". Cuadro clave del revisionismo, Galasso acaba de publicar otro libro que refuta la historiografía oficial: San Martín o Mitre.

Galasso publicó cerca de cuarenta obras, en su mayoría dedicadas a retratar personajes vinculados con el pensamiento nacional.

"En la historia están los que tienen el apoyo académico y los que metemos las narices donde podemos".

Norberto Galasso –historiador, ensayista, militante– acaba de atravesar la barrera de los 70 y juega cómodo en el sitial de maldito. Aquel rol que la historiografía oficial argentina destinó, casualmente, a los hombres que él biografió: Scalabrini Ortiz, Jauretche, Manuel Ugarte, John William Cooke, Discépolo, Perón o el San Martín político, hijo de india guaraní. Es el andarivel que le cabe para desarrollar, con autonomía, su prolífica tarea destinada a desmitificar zonceras. Nada lo detiene. Después de haber llegado al cenit con la vida de Perón, el viejo lobo de la otra historia siguió escribiendo, investigando, casi como una compulsión, y desembocó otra vez en el padre de la patria (plasmado en el libro San Martín o Mitre) y, para "bajar", en Julián Centeya. "Lo conocí bastante, era un atorrante –dice sobre el bizarro poeta del tango–. Me divirtió recordarlo a través de poemas que merecen ser rescatados. Que sólo se le ocurrían a él. Como el de esa mujer mayor que tenía los mejores perfumes, comía en los mejores restaurantes, tenía los mejores autos hasta que Dios puso sus manos en sus hombros y dijo '¡me convertí en una pelotuda!’", se distiende Galasso, presentando una parte del opúsculo El poeta de las musas reas.

Entre Centeya, San Martín y Perón, entonces, Galasso se hizo un tiempo para exponer en el ciclo "Los que pensaron en grande", que se lleva a cabo todos los martes –hasta el 26 de junio– a las 19.30 en el ND Ateneo. Se trata de charlas debate en las que varios expositores (Germán Ibáñez, Maximiliano Molocznik, Héctor Valle y Mario Rapoport) abordarán vida y obra de Jauretche, Manuel Ugarte, Rodolfo Puiggrós, Abelardo Ramos, Hernández Arregui, Cooke, y algunos nexos sobre historia económica argentina. Hoy, además, participará en la Feria del Libro (Sala Alfonsina Storni) junto con Hugo Caruso del panel Literatura y Pensamiento Nacional. "Hay una necesidad social de volver sobre la historia. El que se vayan todos de diciembre de 2001 no fue sólo contra los políticos que no daban respuesta, sino contra los mitos y zonceras, como decía el viejo Jauretche. Creo que recién en ese momento se empieza a poner realmente en duda la historia escrita por Mitre que legitimó, fue funcional a las políticas seguidas por Pinedo, Krieger Vasena, Martínez de Hoz y Cavallo. La sociedad está en una búsqueda, en rechazo a esos discursos retóricos añejos, que se podían leer de atrás para adelante o viceversa, porque daba lo mismo", sostiene, con su natural simpatía. "Es claro –sigue– que una parte de la sociedad está tratando de entender por qué hay tantos argentinos pobres en un país rico. Hay quien se preocupa por Latinoamérica, cuando en Buenos Aires se consideraba un tema de segunda. Todo esto habla de un hombre en ebullición".

–De ahí, la idea de concretar charlas y debates con el mapa "dado vuelta"...

–Es que Argentina está inmersa en una gran oportunidad histórica. Hay necesidad de cambios, urgencia de transformación. En la medida en que se pueda ir consolidando un pensamiento nacional en los cuadros medios de la política y en los jóvenes, en la medida en que se tenga un conocimiento de cuál fue la verdadera historia, se van a resolver los problemas de la unidad latinoamericana. Se está mirando como nunca antes el tema del gasoducto sudamericano, el Banco del Sur... necesidades que se dejaron de lado porque no se pudo concretar el proyecto de San Martín y Bolívar.

–Las 80 páginas de San Martín o Mitre, su último escrito, están destinadas a rebatir los mitos que se han creado sobre el Libertador, desde la visión de Mitre hasta la del ex juez Juan Sejeán, que se atreve a señalarlo como un agente inglés...

–Son cuestiones que necesitan revisarse. Mitre ha hecho su biografía diciendo que San Martín quería libertar pueblos pero no unirlos, que la unión venía de parte de Bolívar y era un proyecto demasiado ambicioso. Por eso, dada la influencia que tuvo Mitre en la historiografía oficial, a San Martín se lo valora como el padre de la patria, el militar, el que escribió las máximas a su hija, pero jamás como ideólogo. El San Martín que veía claramente que si no se producía esta unión cada país iba a ser dependiente ha quedado en las sombras. El político que se oponía a la política rivadaviana probritánica –hasta querer batirse a duelo con Rivadavia en 1825– ha quedado olvidado. Hay que rescatar a ese del que Mitre dice "mejor se hubiera muerto antes de darle el sable a Rosas".

Lo que Galasso intenta puntualizar en su breve pero contundente análisis –además de rechazar la hipótesis de "agente inglés"– es desmitificar la idea de que San Martín volvió al país en 1812 para luchar contra España. Lo ubica, más bien, como un militante antimonárquico, que pretendió liberar a las provincias unidas del sur del absolutismo, en la línea de la Revolución Francesa y de la española iniciada en 1808 y concretada en las cortes de Cádiz en 1812. "La Revolución de Mayo no fue antihispánica e independentista desde el primer momento. Lo que pasa es que a Mitre le permitía oponer las 'luces’ inglesas al oscurantismo español. Fue una visión funcional al proyecto imperialista británico, que se sostuvo durante mucho tiempo para legitimar la dominación. Lo fundamental lo dijo Augusto Barcia Trelles en los ’40 en sus siete tomos sobre San Martín, 2600 páginas que los estudiantes de historia de hoy desconocen. Allí explica que un hombre criado en España no podía jamás venir aquí a apoyar una revolución antihispánica. Venía a apoyar una revolución democrática y popular. Si la obra de Trelles hubiese sido llevada al Colegio Militar, digamos en reemplazo de la cátedra de Mariano Grondona, quizá nuestros generales hubiesen alcanzado una comprensión más profunda acerca de nuestras raíces latinoamericanas".

–Falta poco para el bicentenario de 1810 y para que se cumpla el sesquicentenario de su muerte, sin embargo la figura de San Martín sigue en el mármol. ¿Su objetivo es "agitemos un poco la cuestión sanmartiniana porque estamos dormidos"?

–Sí. En realidad, varias cosas. Primero, quebrar el pensamiento antinacional que sostiene que nacimos gracias al comercio libre, que nacimos contra España y a favor de Gran Bretaña, gracias a la buena voluntad de los soldados ingleses que después de las invasiones quedaron detenidos, pero que un día salieron en libertad. O al apoyo de Canning. También se dice que no hubo pueblo, cuando en realidad las familias selectas como los Martínez de Hoz, los Ocampo –antepasados de Victoria– votaron a favor del virrey y las clases populares no. ¡Esas eran familias clasistas! Altamira –Jorge– cree que los obreros son clasistas, pero no... clasistas son los Martínez de Hoz (risas). La historia según Mitre tiene errores graves... mejor dicho, errores de intento, que no son errores. Dio paso a que un aventurero como Juan Bautista Sejeán diga que San Martín era un agente inglés... cualquier cosa.

–Sejeán se pregunta por qué un veterano de guerra español viene a combatir contra España y deduce que lo tuvieron que haber sobornado...

–Claro. Pero lo peor es que ante una versión tan insólita se callaron el Instituto Sanmartiniano y la Academia, que no lo hicieron cuando se dijo que San Martín era hijo de india. Para cierta gente, que haya sido agente inglés vaya y pase, pero ¡hijo de india!, ¿cómo es eso? (risas). El de Sejeán fue el último planteo novedoso sobre San Martín, y los planteos nuevos son peligrosos porque la gente, en la búsqueda, por ahí cae en errores. En verdad hubiese sido mejor haber polemizado con él y no callar su hipótesis.

–¿Quiere polemizar? ¿No le alcanzó el cruce subidísimo de tono con Rivera, que protagonizó a través de la revista Sudestada?

–No (risas). Rivera lamentablemente se desubicó, perdió la oportunidad de que hiciéramos un diálogo elevado. No ocurrió así, por ejemplo, con Sulé, del Instituto Juan Manuel de Rosas. Este hombre plantea que existe un solo revisionismo, el rosista, y yo le respondo que hay otros, que consisten en la línea que comienza con Mariano Moreno y su Plan de Operaciones, y prosigue con Dorrego, Chacho Peñaloza, Felipe Varela. Un revisionismo federal-provinciano, con una visión latinoamericana, que incluye a los caudillos como expresión de los sectores más populares. Porque Rosas era expresión de gauchos y negros, pero también de estancieros como los Anchorena. Igual, con Sulé nos mandamos seis cartas abiertas y fue todo muy respetuoso. A lo sumo, se convirtió en un diálogo de sordos. Se polemiza muy poco en Argentina.

–¿Sejeán le respondió?

–No. Al principio, cuando editó su libro cuatro veces, estaba muy embalado y el dueño de Biblos le dijo: "¿Por qué no hacemos un debate?". Pero como él no es un hombre de la historia sino un juez jubilado, cuando le pasaron mi libro de 300 páginas se encontró con algo más complicado de lo que presumía. Y dijo que no... que ya había hablado demasiado de San Martín.

–¿De qué manera la revisión histórica acompaña un proyecto político?

Cuadro clave del revisionismo federal-provinciano y alma mater del Centro Cultural Discépolo, Norberto Galasso nació en Buenos Aires en 1936. En 1961, con 25 años, egresó de la Facultad de de Ciencias Económicas de la UBA, pero su principal interés siempre fue la historia. Publicó cerca de 40 obras, en su mayoría dedicadas a biografiar personajes relacionados con el pensamiento y la cultura nacional: Vida de Sacalabrini Ortiz; Jauretche y su época; Discépolo y su época; Atahualpa Yupanqui, el encanto de la patria profunda; Manuel Ugarte; Juan José Hernández Arregui, del peronismo al socialismo; Somos libres y lo demás no importa nada, Vida de San Martín; Socialismo y cuestión nacional; De la Banca Baring al FMI, historia de la deuda externa argentina; Del televisor a la cacerola; los dos tomos de Perón; y Cooke, de Perón al Che.

–El día que se entienda que la política no es una lucha entre bárbaros y educados, sino un enfrentamiento de clases, de intereses, se van entender mejor situaciones clave como la Vuelta de Obligado, las Invasiones Inglesas y los movimientos populares de Yrigoyen y Perón. Serviría, además, para evidenciar por qué el radicalismo está como está y el PJ no es lo que fue en la época de Perón.

–¿Y la izquierda?

–Estoy terminando dos tomos críticos sobre la historia de la izquierda en Argentina. Yo no me caracterizo por la arrogancia, entonces en el título pongo "Aportes para una historia de la izquierda en Argentina". No pretendo hacer una historia completa, porque tendría que pedirles todos los archivos al MST, al PTS, al PST, y sería algo infernal... podría terminar en el manicomio (risas). En realidad, trato de ver las razones del desencuentro histórico con los sectores populares y con el peronismo. Después, el hecho de que en 2001 las asambleas populares les abren las puertas a la izquierda. Parece su hora y más precisamente la de Zamora, que tuvo la gran oportunidad de armar un gran frente. Pero su lectura fue "la gente se va a organizar sola" y ahí quedó. Siempre lo mismo. Manuel Ugarte decía en 1910 que el socialismo tenía que respetar nuestra idiosincrasia y jamás se tuvo en cuenta eso. ¿Cómo vas a transformar una sociedad si no la conocés?

Proyectos de país*

"A través de sus luchas, cuando San Martín habla de sus enemigos, muy pocas veces los califica de españoles: para él son godos, realistas, monárquicos, absolutistas, sarracenos, matuchos, maturrangos, maruchos, chapetones o europeos".

"Recién en 1814 España envía expediciones para reprimir. Hasta ese momento, los enfrentamientos se dan entre hispanoamericanos de posición liberal-revolucionaria e hispanoamericanos absolutistas, es decir, los revolucionarios por un lado y las autoridades monárquicas locales, con sus partidarios, por otro. Es guerra civil (...) la revolución recién se hace independentista, separatista, en 1814, cuando el absolutismo se reestablece en España".

"San Martín propugnaba el crecimiento hacia adentro, la unificación de los pueblos de Hispanoamérica, el 'evangelio de los derechos del hombre`, la elevación del negro y del indio, el proteccionismo económico y ensayó en Cuyo algo parecido al Plan de Operaciones de Moreno, en materia de participación estatal y expropiaciones (...) Mitre inventó un nacimiento libreimportador, antihispánico y proinglés en 1810 para dar legitimidad a su proyecto".

*Fragmentos de San Martín o Mitre, de Norberto Galasso

Fuente: Página/12, 30/04/07


Frente a la globalización

Por Norberto Galasso

Filósofos y ensayistas han sostenido que se trata de un proceso ineluctable, por lo cual resultaría ocioso discutir perjuicios y beneficios.

Algunos, incluso, lo han idealizado suponiendo que un mundo sin fronteras implica el fin de las guerras y el armamentismo, a la vez que la liquidación de las polémicas ideológicas operarían el milagro de diluir los conflictos sociales.

Por otra parte, la realidad del mundo muestra a un 15% de sus habitantes privilegiados con el 80% del ingreso total, mientras que el 85% de la población restante debe conformarse solamente con el 20%.

Todo ello explica que por debajo de la superficie aparentemente calma de la globalización hayan empezado a moverse, dialécticamente, las aguas profundas, agitadas por las cuestiones nacionales.

En este sentido, resulta significativa, en América latina, la vigencia alcanzada por figuras históricas vinculadas con las campañas libertadoras. Bolívar, por ejemplo, fue bandera del candidato triunfante en la última elección venezolana.

El ideario artiguista está lozano en la política uruguaya. Y, aunque más actual, en Panamá se asiste a la resurrección del torrijismo. De idéntico modo, en la Argentina ha revivido el interés por San Martín.

La globalización -con apariencias de triunfo indiscutido- provoca, por reacción, reivindicaciones nacionales en buena parte del mundo, especialmente en la periferia. La cuestión nacional se pone sobre el tapete de la historia pero adquiriendo un carácter popular, ajeno por completo al viejo nacionalismo de derecha, reaccionario y oscurantista.

Oportuno resulta entonces recordar la respuesta de Jauretche en los años 30, a quienes pretendían confundir la lucha forjista contra la Argentina semicolonial de economía agro-exportadora, con el nacionalismo reaccionario: Para los nacionalistas, la Nación ya fue y su proyecto es el pasado, como el rezo del hijo ante la tumba del padre. Para nosotros, nacionales, es el canto del padre junto a la cuna del hijo, es un sueño de futuro.

Aunque no exento de audacia -y para algunos, seguramente de voluntarismo- puede sostenerse el pronóstico de que los próximos años marcarán la agudización de los antagonismos entre los nacionalismos opresivos y avasallantes -escudados en la globalización- y la lucha de los pueblos del mundo periférico en defensa de sus identidades, sus riquezas y su derecho a decidir su propio destino.

*Norberto Galasso es historiador y ensayista político. Algunas de sus obras son Manuel Ugarte: un argentino maldito, Raúl Scalabrini Ortiz y su lucha contra la dominación inglesa.

Fuente: Clarin, 1999


 
Entrevista: Norberto Galasso, historiador y ensayista

Por Jesica Bossi

Retrato del autor
 
Norberto Galasso nació el 28 de julio de 1936, en Buenos Aires. Estudió en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos y egresó como contador, en 1961. A fines de la década del 50, sus inquietudes políticas lo impulsaron a leer –por recomendación de uno de sus tíos- unos "libritos" de la "pequeña biblioteca socialista". Leyó a Marx, Trotsky, entre otros, y se familiarizó con los conceptos de lucha de clases, plusvalía, explotación.
El joven Galasso supuso que si con el socialismo los trabajadores vivirían mejor, entonces, todos los obreros debían ser socialistas. Hizo un experimento de campo: "Salí a preguntar en el barrio y todos eran peronistas. Eso me dio vuelta las ideas".

Más adelante, se acercó a escritores como Arturo Jauretche, Juan José Hernández Arregui, Raúl Scalabrini Ortiz. En los inicios de los 70s, militó en la Izquierda Nacional con Abelardo Ramos, del que luego se distanció.

Entre sus investigaciones biográficas se destacan "Vida de Scalabrini Ortiz"; "Jauretche y su época"; "Manuel Ugarte"; "Juan José Hernández Arregui: del peronismo al socialismo"; "Discépolo y su época"; "Atahualpa Yupanqui: el encanto de la patria profunda". Sus últimos trabajos son "Seamos libres y lo demás no importa nada"; "Vida de San Martín" (2000); "De la Banca Baring al FMI" (2002) y "Del televisor a la cacerola" (2003).

En 1999, optó por abandonar su estudio contable y dedicarse exclusivamente a la investigación histórica y a la docencia. Además, forma parte del Centro Cultural Enrique Santos Discépolo, donde dicta cursos en el marco del ciclo "La otra Historia".

"Se tiene que leer a Marx pero también a Gabriel García Márquez. Nuestra situación no puede comprenderse sin el "realismo mágico", sostiene Galasso. Su preocupación por la difusión de la "historia oficial" como verdad absoluta lo lleva a reflexionar: "No extrañe, entonces, que muchos argentinos de hoy no sepan quiénes son, ni en qué lucha insertarse, ni qué gestas del pasado continuar y concluya en el desánimo o el pasaporte. Le han robado su derecho a conocer la propia Historia, para robarle su derecho al futuro".

El queso del sándwich

"La clase media no tiene otro destino que vincularse a los trabajadores", sostiene el escritor en diálogo con Segundo Enfoque. También, explica por qué este sector de la sociedad pasó del televisor a la cacerola, analizando sus contradicciones, sus valores y su educación. Y opina sobre el gobierno de Néstor Kirchner y el panorama latinoamericano actual.

El lugar estaba copado por libros y documentos. La luz era tenue. Corrí unos papeles desparramados sobre el escritorio para colocar mi grabador. "Acá funcionaba mi estudio contable", señaló mientras se sentaba. Norberto Galasso se recibió de contador en 1961 y ejerció su profesión hasta 1999. "Tuve que dejar porque no podía terminar el libro sobre José de San Martín. Imagínese, durante el día atendía el estudio y a la noche escribía. Era imposible", comentó.

Su pasión por la historia y la política comenzó en los 50s. Casi todas sus obras, más de cuarenta, apuntan al campo popular y al pensamiento nacional. En ese sentido, afirma: "Se trata del derecho de saber quiénes somos, dónde estamos y hacia dónde vamos. De contar la otra historia".

Su último libro, presentado en julio y editado por Astralib, es "Del televisor a la cacerola". Como bien sintetiza el subtítulo, Galasso narra las desventuras y replanteos de un hombre de la clase media de Buenos Aires. Los valores, la cultura y el pensamiento de este segmento de la sociedad aparecen concentrados en la figura del personaje principal: Inocencio Esquilmao.

¿Por qué decidió escribir acerca de la clase media porteña?

Uno de los motivos es porque pertenezco a ella. He nacido en ella y a pesar de que no comparto la mayor parte de los valores que predominan en esta clase, uno tiene las relaciones propias de la clase social donde nació y se mueve. Yo he tenido hasta hace unos años un estudio contable, recibía comerciantes, profesionales, pequeños industriales, es decir, sectores de la pequeña clase media, la del barrio.

Además, la clase media resulta fundamental en la política argentina, especialmente la de Buenos Aires. Ésta es producto de la inmigración y de una construcción de la Argentina en función de la exportación y teniendo como núcleo central el puerto de Buenos Aires. Alguien ha dicho que los porteños están en Latinoamérica pero parados en Buenos Aires, mirando hacia Europa y dando la espalda al resto de América Latina.

Ud. define a la clase media como el "queso del sándwich", entre la oligarquía y los obreros. ¿Cómo cree que debería articularse?

La clase media no tiene otro destino que vincularse a la clase trabajadora. Ella es víctima, al igual que los trabajadores, de una organización económica y social que no la favorece en los hechos, en lo concreto. Los hombres de clase media, en general, no tienen ingresos muy superiores a los de los trabajadores. Pero sí tienen una serie de valores y fábulas en las cuales creen y que les permite que ellos piensen que tienen un status superior al de los trabajadores. Empezando porque son blancos. El libro plantea en uno de los capítulos que no hacen discriminación racial con respecto a los judíos, lo que me parece bien, pero sí hacen discriminación racial con respecto a los provincianos a los cuales califican de negros. Creen que tienen una ética y que eso los diferencia de los trabajadores a los cuales, siguiendo los valores de la clase dominante, califican de vagos, analfabetos, incapaces o racialmente inferiores.

Por otro lado, la clase media cree que es muy culta. Y lo es en la medida en que se informa de los literatos europeos, de conocimientos enciclopedistas en el colegio, como cuándo fue emperador Carlomagno. Pero desconoce cosas de la economía concreta o las cuestiones fundamentales de la historia argentina. Entonces, a partir de esto Juan José Hernández Arregui dice que es más o menos culta y más o menos ignorante. Es culta a veces de las cosas que no sería importante saber. Sería más importante conocer profundamente lo que uno tiene a su alrededor y después si uno conoce lo otro, mejor.

El libro termina con el episodio del 19 y 20 de diciembre. ¿Cómo interpreta hoy esos acontecimientos?

Inocencio Esquilmao (el personaje que representa a la clase media) está en Plaza de Mayo con sus contradicciones, pero está. Y protagoniza el derrumbe de un gobierno. Se lanza a la plaza cuando Fernando de la Rúa impone el estado de sitio. Era la gota que faltaba para convencerlo de que todo el discurso retórico acerca de las instituciones del que hablaba De la Rúa no tenía sentido. A Inocencio se le derrumbó la creencia en los bancos, en la Corte Suprema, la idea de que los legisladores eran los padres de la patria y que eran tipos prestigiosos. Se la ha venido cayendo mito tras mito. El último fue cuando De la Rúa, que era la expresión de las instituciones, dicta el estado de sitio para reprimirlo a él. Entonces, Inocencio es protagonista y después de la caída del gobierno empieza a buscar caminos. Abandona la Plaza de Mayo y a la semana siguiente está en la asamblea del barrio, se consustancia con la cacerola dejando el televisor del sábado a la tarde. Busca un camino en las asambleas populares. Es difícil encontrar el camino y allí no sólo la dificultad está dada por las contradicciones propias del hombre de clase media sino por la impotencia de la clase dirigente que no sabe darle cauce político a este movimiento. Los sectores que se denominan de izquierda van a las asambleas a tirar fuegos de artificio, a hacer petardismo ideológico y en muchos casos lo asustan. (Rinnngggg... Rinnngggg...)

- Esperá que dejen el mensaje y seguimos conversando- dijo.

- No hay problema- le respondí.

- "Habla Alberto. Llamaba para desearte feliz cumpleaños."

Esbozó una sonrisa y rápidamente pidió que siguiéramos adelante.

- En qué estábamos- preguntó Galasso.

- Ud. se refería a los partidos de izquierda y su intención de imponerse en las asambleas.

Ah, esto significa que en muchos casos este hombre de clase media se asusta, se espanta, observa el espectáculo insólito de que dos grupos de izquierda se enfrentan belicosamente para ver quien se queda con la asamblea. Es decir, esto que a él le parecía un mecanismo importante también se le frustra en gran medida. Todavía hay algunas asambleas que funcionan, otras han derivado en algún tipo de asistencialismo, realizan actividades, etc. Pero el gran movimiento asambleísta que podía esperarse tras la caída de De la Rúa, en vez de concretarse en un cauce político nuevo –había algunos referentes que la gente reconocía- no se desarrolló. Un poco por las ideas de John Holloway, que se han puesto de moda desgraciadamente, y otro poco por la incapacidad política, es que esto no se ha hecho. Entonces, ese hombre está allí, no es como dicen algunos "ha vuelto a la cacerola decepcionado", porque al que le picó el bichito de que él puede ser protagonista, de que tiró abajo un gobierno, yo creo que potencialmente está en condiciones de volver a sumarse a una caravana popular en la medida en que eso se pueda organizar.

Sin embargo, ha tomado conciencia de modo parcial, por momentos...

Inocencio tiene esas limitaciones propias del hombre que ha sido gran parte de su vida pequeño comerciante. Las campañas de precios máximos y demás le ponen los pelos de punta. Aunque él tenga reservas con lo que denomina el "intervencionismo estatal", es un hombre que puede incorporarse en un gran frente, si se le explica que el objetivo es que haya mayor consumo. En el libro relato que cuando se le dice a Inocencio que la política económica que podría aplicarse provoca que la gente compre más camisas, él que es un vendedor de camisas dice: "Ah, eso del Frente Nacional de Liberación me interesa". Entonces, tenemos que verlo desde ese aspecto. No podemos idealizar y pensar que el hombre de clase media puede dejar de serlo y convertirse en el Che Guevara. Él piensa que si hay una reactivación y aumento de la demanda su negocio va a andar mejor. Y va a colaborar en un cambio hasta un cierto punto. Quizás con el correr del tiempo, se profundicen las transformaciones y a lo mejor va al decir: "Bueno, yo a esto no lo acompaño". Por ejemplo, es el caso de las fábricas recuperadas, las cooperativas, se le hace muy difícil de entender a este hombre de clase media.

Escenarios

La pregunta ineludible en estos días es acerca de los primeros meses de gestión del gobierno de Néstor Kirchner. Para Norberto Galasso hay algunos puntos positivos, como los esfuerzos para depurar la Corte Suprema de Justicia y el PAMI, y la derogación del decreto 1581/01 que impedía la extradición de militares. "Consiguió el apoyo, según dicen las encuestas, de más del 80% de la población. Aunque yo tengo dudas con respecto a la economía. Hay mucha presión que ejercen los grupos económicos que quieren un salario bajo para los trabajadores. Y, como dicen algunos abogados laboralistas, 'la desocupación es como un revolver en la sien para el desocupado’", reflexiona.
En 2002, publicó un libro sobre la historia de la deuda externa argentina titulado "De la Banca Baring al FMI". En ese sentido, afirma: "Alejandro Olmos hizo una investigación y detectó todas las irregularidades en las sucesivas negociaciones. Además, el juez federal Jorge Ballesteros dictaminó que la deuda externa que se contrajo entre 1976 y 1982 era, en gran parte, ilegal. Por eso, envió la causa al Congreso y ahí duerme desde hace unos años. Creo que, desde el punto de vista estratégico, debería conformarse un club de deudores en América Latina y plantear una postura fuerte para negociar".

¿Cómo ve la situación política latinoamericana?

Claramente Lula no está haciendo lo esperado, está aplicando una política económica ortodoxa. Pero soy prudente para opinar acerca de Brasil desde tan lejos, si ya resulta difícil analizar la situación argentina. Sin embargo, creo que Lula sigue apostando a afianzar el MERCOSUR y los lazos con los países latinoamericanos. En el caso de Lucio Gutiérrez en Ecuador, en realidad, no confiaba en él sino el la confederación indígena que lo apoyó y que ahora lo está cuestionando por el rumbo que está tomando su gestión.

En cambio, hay más expectativa en la figura de Evo Morales que casi gana las elecciones presidenciales en Bolivia y en el Frente Amplio que se va a imponer seguramente en Uruguay.

¿Y Venezuela?

Venezuela, con Hugo Chávez a la cabeza ya ha resistido dos intentos de golpes de Estado. No es frecuente en América Latina que los derrocamientos o intervenciones no resulten exitosos. Un grupo de militares se negó a reprimir y fue el pueblo -millones de personas- que bajó desde los cerros a reclamar por el presidente hasta que retornó al poder.

En la actualidad, el campo popular está fragmentado. Por ejemplo, en Argentina hasta las organizaciones piqueteras están divididas. ¿Cómo construir un proyecto político que reunifique los distintos sectores?

Si lo supiera...(risas). Sin dudas hay que formar un nuevo proyecto político que incluya a los sectores medios, populares, etc. Hoy hay una gran fragmentación. Puede ser articulado desde arriba, por ejemplo, a partir de Kirchner, como no. En Venezuela los dos partidos tradicionales –Acción Democrática y Copei- estaban totalmente desprestigiados y entonces surgió Hugo Chávez, dentro de las Fuerzas Armadas. Acá pasa lo mismo, los dirigentes no representan a nadie. Todavía no ha emergido ninguna opción. Aunque creo que en este momento está resurgiendo una conciencia nacional y latinoamericana que se da porque existe una identidad e historia común.

Sin embargo, todavía hay muchas rivalidades. En muchos casos, hay individualismos de tipos que quieren ser ellos y no están dispuestos a integrarse con otros grupos. Creo que la realidad social va a imponer una fuerza nueva que sea capaz de confrontar en las cuestiones que sean necesarias. Esta fuerza seguramente tendrá detrás la historia de lo mejor del yrigoyenismo, del peronismo, de la concepción de San Martín, y de los movimientos latinoamericanos. ¿De dónde puede salir? Es una incógnita. Hay que estar preparados, atentos a todo lo que tienda a unificar el campo popular. La única clase que no se fragmenta es la dominante, y es como dice Luckacs, la única clase en sí y para sí.

A lo largo de la entrevista, que se extendió por una hora y media, el historiador recibió cuatro llamados para saludarlo por su cumpleaños. Cuando me retiraba, Galasso me comentó que estaba trabajando en un ambicioso proyecto: la historia del peronismo. Anochecía en Parque Chacabuco y la llovizna era cada vez más espesa. En ese momento, recordó que en el bar de la esquina lo esperaba un amigo. Tal vez era el propio Inocencio Esquilmao

Fuente: www.segundoenfoque.com.ar

 


El derecho a conocer la historia

Tanto la Constitución Nacional, como diversos pactos internacionales, reconocen a todo ciudadano un conjunto de derechos, que se han venido ampliando con el transcurso del tiempo. Sin embargo, a veces se aduce, con razón, que esos derechos, reconocidos por la ley y por la opinión mayoritaria de la sociedad, las más de las veces no pueden ser ejercidos concretamente, especialmente dada la desigualdad social reinante: la auténtica libertad de prensa requiere ser dueño de un diario, el derecho a transitar depende del dinero para pagar el pasaje, etc.

Si ahondamos la cuestión, podríamos sostener también que el verdadero ejercicio de esos derechos exige, como condición para quien los ejerza, el conocimiento de quién es él mismo, cuál es el país en que vive y cuál el rol que debería desempeñar para el progreso suyo y de sus compatriotas.

Pero, para ello, es obvio que debe conocer profundamente la historia del país, a la luz de la cual se tornará comprensible su propia vida. Si, por el contrario, desconoce los rasgos fundamentales de la sociedad en que vive y las razones por las cuales ella es como es, puede resultar que ejercite sus derechos de una manera tan errónea que contraríe los propios objetivos que busca concretar. Por ejemplo, quien suponga que los latinoamericanos son abúlicos y perezosos -por motivos raciales- desconfiará seguramente de aquellos "oscuramente pigmentados" y los denigrará, cuando, sin embargo, la verdadera historia le demostraría que ellos fueron los soldados de la independencia y que dieron su vida a movimientos políticos que provocaron un fuerte progreso de nuestros países.

El derecho de conocer la Historia Argentina resulta, pues, indiscutible para todos los habitantes del país, como instrumento fundamental para conocer quiénes somos, dónde estamos y hacia adónde vamos.

La Historia Oficial

Sin embargo, la Historia que se nos ha venido enseñando, generación tras generación, de Mitre hasta aquí, no cumple esa tarea de ofrecernos un cuadro vívido y coherente de nuestro pasado, desde una óptica popular. Se trata, en cambio, de un relato construido desde la óptica de las minorías económicamente poderosas estrechamente ligadas a intereses extranjeros, expuesto como sucesión de fechas y batallas cuya relación, más de una vez, aparece como arbitraria o sólo generada por enfrentamientos personales. Durante largos años, diversos investigadores la impugnaron- generalmente desde los suburbios de la Academia, pues ésta se halla controlada por la clase dominante- y en muchas ocasiones ofrecieron pruebas irrefutables de que la Historia oficial no era, en manera alguna, "la historia argentina", es decir, el relato interpretativo de nuestro pasado, visto con una "óptica neutra y científica, alejada de las pasiones políticas", como lo pretendían los docentes de antaño, por supuesto, con total buena fe. Se demostró que en el campo de la heurística (cúmulo de datos, documentos, objetos, etc. que constituyen la materia prima de la historia) se escamoteaban muchos sucesos: por ejemplo, que Olegario Andrade no era sólo poeta sino militante y ensayista político, al igual que José Hernández, que los negocios del Famatina gestionados por Rivadavia implicaban una colusión de intereses privados con la función publica, que tanto San Martín como O’Higgins odiaban al susodicho Rivadavia, que la represión de los ejércitos mitristas en el noroeste, entre 1862 y 1865, significó la muerte de miles argentinos y hasta, durante largo tiempo, se ocultó la batalla de la Vuelta de Obligado para no reconocer el mérito de Rosas, aún disintiendo con su política interna, de defender la soberanía de la Confederación. Asimismo, se demostró que en el campo de la hermenéutica (la otra columna de la historia, referida a la interpretación, que explica la concatenación de los hechos históricos entre sí) también se habían tergiversado figuras y sucesos, como, por ejemplo, mostrar al buenazo del Chacho Peñaloza como autoritario y represor para justificar que los "civilizadores" le cortaran la cabeza y la expusieran en una pica en Olta, suponer que San Martín estaba mentalmente declinante cuando le legó su sable a Rosas, siendo que el testamento lo redactó a los 65 años (siete años antes de su muerte)

Estas críticas provinieron, inicialmente, del nacionalismo reaccionario -denostador de Sarmiento por la defensa de la enseñanza laica y no por sus concesiones al mitrismo- y también de investigadores que carecían del título de historiadores, por lo cual la clase dominante los desplazó a los suburbios de la cultura y ni siquiera se dignó polemizar con ellos. Más tarde, cuando otras críticas provinieron de un marxismo que echaba raíces en América Latina, también se las descalificó por carecer de óleos académicos.

Por supuesto, un pensamiento liberal honesto -aunque con ataduras a los intereses económicos dominantes- hubiese reconocido que inevitablemente existe "una política de la historia" y que, en razón de esto, las diversas ideologías que disputan en el campo político, también lo hacen en el terreno de la interpretación histórica. Hubo algunos, es cierto (quizás podrían citarse a Saldías y a Pérez Amuchástegui), que no obstante su concepción liberal, se negaron a convalidar muchas fábulas inconsistentes, pero, en general, los historiadores oficiales se abroquelaron en la versión mitrista, divulgada por Grosso, y condimentada por Levene, Astolfi , Ibáñez y tantos otros, y luego, en el "mitrismo remozado" por Halperín Donghi. Con la ayuda de otras disciplinas -que le otorgaban cierta verosimilitud científica- la "Historia social" ofreció, entonces, una versión aggiornada de la vieja historia oficial, en la cual los héroes tradicionales- quienes todavía dan nombre a plazas, calles, localidades, etc. – permanecieron incólumes mientras los "malditos" continuaban siendo vituperados (Felipe Varela por fascineroso, Facundo por bárbaro, Dorrego por díscolo) o sepultados en el más absoluto silencio ("Pancho" Planes por morenista, antirrivadaviano y dorreguista, Fragueiro por pretender una banca social, el viejo Alberdi por condenar el genocidio perpetrado en Paraguay, David Peña por "facundista" y "dorreguista", Rafael Hernández por industrialista, Juan Saa, Juan de Dios Videla y Carlos Juan Rodríguez por federales enemigos de la oligarquía porteña). Igual destino sufrieron los historiadores heterodoxos, que se apartaron de la línea oficial, aislados, silenciados, hundidos en el olvido, como Ernesto Quesada, Manuel Ugarte, Juan Álvarez, Francisco Silva, Ramón Doll, Rodolfo Puiggros, Enrique Rivera y tantos otros.

Como señaló con mordacidad Arturo Jauretche, "esa historia para el Delfín, que suponía que el Delfín era un idiota" no sirve para que un argentino se reconozca por tal, para que entienda su condición latinoamericana a través del auténtico San Martín (cruzando los Andes con bandera distinta a la argentina, la cual sólo los cruzó en la imaginación de la canción escolar, y más aún, haciendo la campaña al Perú bajo estandarte chileno) o encuentre que una política de expropiación a las grandes intereses tiene sus antecedentes tanto en el mismo San Martín en Cuyo, como en el Moreno del Plan de Operaciones, así como la defensa de la industria nacional viene desde Artigas, pasa por San Martín y se consolida en Rafael Hernández y Carlos Pellegrini. Tal historia -agregaba Jauretche- "le ha quitado el opio que tomaba San Martín para calmar sus dolores estomacales" por considerarlo mal ejemplo para los alumnos, con lo cual San Martín continúa retorciéndose de dolor, mientras el opio se ha transferido a la Historia Escolar con el consiguiente adormecimiento de los alumnos.

No extrañe, entonces, que muchos argentinos de hoy no sepan quiénes son, ni en qué lucha insertarse, ni qué gestas del pasado continuar y concluya en el desánimo o el pasaporte. Le han robado su derecho a conocer la propia Historia, para robarle su derecho al futuro.

La crisis de la historia oficial

Pero, ahora ocurre que las viejas estatuas crujen, que los cartelitos de las calles apenas se sostienen sacudidos por nuevos vientos, que algunos libros clásicos se caen y por efecto dominó, arrastran a los divulgadores, angustian a los conferenciantes, provocan insomnio a los académicos. Esta afirmación no es mera conjetura sino que surge de un artículo publicado en "Clarín", del 24 /5/2002, por una de las figuras más importantes de la corriente historiográfica denominada "Historia Social", que hoy predomina en las universidades. Allí se afirma que "los historiadores profesionales" ya no acuerdan con la interpretación de Mitre: "Estamos lejos de lo que se enseña en la escuela y también del sentido común". Si bien no confiesan que su nueva visión latinoamericana proviene de los historiadores "no profesionales" (Por ejemplo, Manuel Ugarte en 1910, Enrique Rivera en "José Hernández y la Guerra del Paraguay", publicado en l954 o "Imperialismo y cultura" y "Formación de la conciencia nacional", publicados en 1957 y 1960, por Juan José Hernández Arregui), lo importante consiste en que ahora manifiestan desacuerdo con la versión tradicional, que Mitre "inventó". Después de más de un siglo, resulta ahora que desde el Departamento de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires se les anuncia a los maestros que han difundido una historia falsificada, errada, que carece del sustento científico que antes se le había otorgado desde las supuestas altas cumbres del pensamiento científico.

Claro, estos "historiadores profesionales" comprenden la gravedad de lo que afirman y admiten: "Sin duda, hay una brecha que debe ser cerrada, pues en Historia, tanto como en física o Matemáticas no puede admitirse tal distancia entre el saber científico y el escolar". Indudablemente, sería sorprendente que en la Universidad explicasen la revolución de mayo como integrando una revolución latinoamericana en "una guerra que enfrentó a patriotas y realistas" (absolutistas) como lucha entre "americanos y godos" (no ya entre independentistas y españoles) después que los maestros la han enseñado como una revolución, realizada por argentinos que odiaban todo lo español. (Y lo han hecho con los consiguientes dolores de cabeza cuando algún niñito "prodigio" preguntaba: ¿entonces, por qué había españoles, como Larrea y Matheu, en la Primera Junta? Entonces, ¿por qué flameó la bandera española en el fuerte hasta 1814? Entonces, ¿por qué regresó San Martín, en 1811, si por toda su formación cultural, familiar, militar, etc. debía ser un español hecho y derecho, después de pasar pasado entre los 6 y los 33 años en España?)

Con toda razón, esos maestros deberían enrostrarle a los "historiadores profesionales" que no han cumplido función alguna, desde la Universidad y la Academia, al permitir que se difundieran interpretaciones falsas de nuestro pasado, las cuales curiosamente tienden a desvincularnos de América Latina y de la España revolucionaria, para idealizar a la Revolución de Mayo como un movimiento "por el comercio libre"... con los ingleses.

¿Qué función cumplen estos "historiadores profesionales" -podrían argumentar los maestros- si no son capaces de disipar los errores en la primera etapa de la escolaridad? Como "los historiadores profesionales" prevén esa crítica-aducen que esa brecha entre el saber científico y el escolar (que por primera se reconoce que no es científico) debe cerrase "con cuidado", porque "este relato mítico es hoy uno de los escasos soportes de la comunidad nacional" y habría sido "inventado" por Mitre para otorgarnos una "identidad nacional".

¿Que significa esta última apreciación? Que, si bien la historia escolar no es científica, ha sido "inventada" y de una u otra manera nos da "identidad nacional, "que si bien "aquellos hombres no fueron héroes inmarcesibles, sino sólo hombres como nosotros", nos dieron "una forma, un modelo de sociedad y de Estado" que debe preservarse y recrearse permanentemente. Corresponde preguntar, entonces : ¿Cuál es ese modelo? ¿El de Martínez de Hoz, acaso? ¿Cuál es ese Estado? ¿El que promovía redistribuir el ingreso en los años 50 o el que favoreció nuestro endeudamiento externo en 1976?

Grave encrucijada para la Historia oficial en momentos en que la mayoría de la sociedad argentina cuestiona a los políticos, a los Bancos, a los magistrados de la Corte Suprema. ¿Sorprendería acaso que entre tanta cosa vieja, ya inservible, fuera también al desván la Historia Oficial? ¿Sorprendería acaso que el pueblo reclamase el derecho a conocer su verdadera historia, para saber quién es realmente, cuáles son sus hermanos de causa y quiénes lo que pretenden cerrarle el horizonte?

En esta época en que se avecinan transformaciones profundas, el conocimiento de una verdadera identidad -no "identidad colonial" sino "identidad nacional", no "inventada" por nadie, sino forjada por los argentinos a través de una larga lucha por la justicia, la igualdad y la soberanía- seguramente permitirá a las mayorías populares argentinas lanzarse a gestar un futuro digno de ser vivido.

Buenos Aires, octubre 28 de 2002

Fuente: Centro Cultural "Enrique Santos Discépolo"

 

 
El pueblo quiere saber de qué se trató

La Revolución de Mayo

La historia oficial

En los discursos escolares se califica a la Revolución de Mayo como el día del nacimiento de la patria y según ese criterio, todos los años se festeja con cantos y escarapelas.  Para la historiografía liberal, Mayo fue una revolución separatista, independentista, antihispánica, dirigida a vincularnos al mercado mundial.

Se explota la idea de libertad que trajeron los soldados ingleses invasores en 1806 y 1807, cuando quedaron presos algún tiempo en la ciudad, vinculándose con la gente patricia; el programa de la Revolución está resumido en la Representación e los Hacendados, pues el objetivo fundamental de la revolución consistía en el comercio libre o más específicamente, en el comercio con los ingleses. El gran protector de la revolución fue el cónsul inglés en Río de Janeiro, Lord Canning.

De Bartolomé Mitre a nuestros días, esta versión ha prevalecido en el sistema de difusión de ideas (desde  los periódicos, suplementos culturales, radiofonía y televisión hasta los diversos tramos de la enseñanza y revistas infantiles como Billiken). Aburrida, boba, quedo sacralizada, sin embargo, porque esa era la visión de una clase dominante que había arriado las banderas nacionales y se preocupaba, en el origen del mismo de nuestra historia, de ofrecer un modelo colonial y antipopular (nota: Galasso desarrolla cuan diferente fue la realidad)

Dado que la interpretación mitrista, por razones políticas, es la que ha alcanzado mayor influencia y difusión, debemos centrar en ella la cuestión y preguntarnos, desde el vamos, si ese Mayo, que pretendidamente elitista y proinglés, merece la veneración como expresión de colonialismo. Esto implica, asimismo, interrogarnos acerca de si la revolución, tal como ocurrió realmente, tiene que ver con la "historia oficial" o si ésta es simplemente una fábula impuesta por la ideología dominante para dar fundamento, con los hechos del pasado, a la política de subordinación y elitismo presente.

¿Revolución separatista y antihispánica?

Haciendo de cuenta que esta fábula sea así, en el Cabildo Abierto, a punto de nacer una nación que rompe con España en un sentimiento antiespañol,  alguien se adelanta y dice en voz alta: "¿Juráis desempeñar lealmente el cargo y conservar íntegra esta parte de América a nuestro soberano Don Fernando Séptimo y sus legítimos sucesores y guardar puntualmente las leyes del Reino? – Si, lo juramos!," contestan los miembros de la Primera Junta.

Entonces, ¿qué es esto de una revolución antiespañola que se hace en nombre de España?

Ni un día habrñia durado la Junta en el caso de una "traición" tan manifiesta si el movimiento hubiese sido separatista, antiespañol y probritánico. Por ejemplo, uno de los vocales presentes en la jura, Juan Larrea, resulta que es un dirigente de una supuesta revolución antiespañola y es.....¡español!; y es más, Manuel Belgrano, no era español pero había pasado gran parte de su juventud y nutrido sus conocimientos en España.

Para figurar esto, durante varios años, los ejércitos enemigos (que San Martín llama siempre "realistas –por su apoyo a la realeza española-, chapetones o godos, pero nunca españole) enarbolando bandera española como si se tratase realmente de una guerra civil entre bandos de una misma nación.

¡Los activistas French y Berutti repartían estampas con la efigie del Rey Fernando VII en los días de mayo!

Lo que destroza la fábula de una revolución separatista y antiespañola es la incorporación de San Martín en 1812. ¿Quién era San Martín? Se trataba de un hijo de españoles que había cursado estudios y realizado su carrera militar en España. Al regresar al Río de la Plata –de donde había partido a los siete años (nota: mucho no recordaría de su infancia en Yapeyú) era un hombre de 34 años, con 27 de experiencias vitales españolas, desde el lenguaje, las costumbres, el bautismo de fuego, etc...

Es decir que el San Martín que regresó en 1812 era un español hecho y derecho y no venía a pelear contra la nación donde había pasado casi toda su vida.

Lo que hay que tener en cuenta, y que permanece bastante en la oscuridad, es que en 1810 encontramos en España dos realidades: las Juntas Populares y una España absolutista (de la corona).

La historia hispanoamericana en su conjunto, se encuentran casi siempre diversos pronunciamientos revolucionarios que culminan en declaraciones de "lealtad a Fernando VII". La Junta creada en Chile en 1810 reafirmó su lealtad a Fernando VII. El 19 de abril de 1810 se constituyó en Caracas "La Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII".  Salvo en México, por la fuerte presencia indígena, se podía encontrar un clima para el antihispanismo, donde los revolucionarios estaban divididos entre los que respetaban el nombre de Fernando VII y los que directamente planteaban la independencia.

En 1809, en La Paz, un escibano Cáceres y un chocolatero Ramón Rodríguez se encargaron  con otros hombres de apoderarse de la torre de la catedral y tocar a rebato la campana para reunir al populacho. La revolución se hizo con gran desorden, siempre a los gritos de "¡Viva Fernando VII, mueran los chapetones". El 11 de septiembre, Murillo sostiene: "La causa que sostenemos, ¿no es la más sagrada? Fernando, nuestro adorado rey Fernando, ¿no es y será eternamente el único agente que pone en movimiento y revolución todas nuestras ideas?"

Queda claro que todo se trataba de una disputa por la hegemonía del poder entre la nobleza y la burguesía. La guerra no fue entre hermanos, una guerra civil, tampoco por razas, sino por partidos políticos.

No existe entonces, fundamento histórico alguno para caracterizar a la Revolución de Mayo como movimiento separatista y por ende proinglés. Tampoco es cierto que su objetivo fuese el comercio libre por cuanto éste fue implantado por el virrey Cisneros el 6 de noviembre de1809.

Esta versión histórica resulta el punto de partida para colonizar mentalmente a los argentinos y llevarlos a la errónea conclusión de que el proceso obedece a la acción de "la gente decente, especialmente si ésta es amiga de ingleses y yanquis, al tiempo que enseña a abominar a las masas y el resto de América Latina.

Impuesta en los programas escolares, sostenida por los intelectuales y por los medios de comunicación del sistema, que difunden las ideas de la clase dominante, vaciada de la lucha popular.

La revolución en España: de la liberación Nacional a la Revolución Democrática

Alberdi señalaba que la Revolución de Mayo debía relacionarse necesariamente con la insurrección popular que estalló en España en 1808: "La Revolución de Mayo es un capítulo de la revolución hispanoamericana, así como ésta lo es de la española y ésta, a su vez, de la revolución europea que tenia por fecha liminar el 14 de julio de 1789 en Francia".

La España de carlos IV y su hijo Fernando VII ha sido invadida por los ejércitos franceses y ante la prepotencia extranjera se alza el pueblo español un 2 de mayo de 1808. Así se crean las organizaciones regionales con el nombre de "Juntas" que coordinan una dirección nacional en la Junta Central de Sevilla. Ese estallido popular y lucha de liberación nacional, comienza a profundizar sus reivindicaciones ingresando al campo social y político(el derecho del pueblo a gobernarce por si mismo).

La revolución nacional española se convierte en revolución democrática. La Junta de Galicia, impone fuertes impuestos a los capitalistas, ordena a la Iglesia que ponga sus rentas a disposición de las comunas y disminuye los sueldos de la alta burocracia.

Mientras se sufría la invasión francesa, paradójicamente la presión de las ideas que se expanden en Europa son aquellas banderas de la Revolución Francesa, inclusive en la invadida España. Esas ideas de "libertad, igualdad y fraternidad" son retomadas en España y desarrolladas. Así es como, mientras las intrigas palaciegas de Carlos IV y su esposa mostraban la decadencia, el pueblo encuentra a Fernando VII, que se había manifestado contra sus padres, y toma esos ideales franceses convirtiéndose en el líder de la regeneración hispánica, en Europa y en América.

Las variantes del liberalismo

Sin embargo, una diferencia sustancial impide asimilar la situación española a la francesa de pocos años atrás: la inexistencia en España de una burguesía capaz de sellar la unidad nacional, consilidar el mercado interno y promover el crecimiento económico. Esa carencia se ve también en América, y provoca que aquel liberalismo nacional y democrático de la Francia del 89, sufre en España y América una profunda distorsión. Tanto en la revolución española de 1808 como en los acontecimientos de 1810 en América, se observa el desarrollo, al lado del liberalismo auténticamente democrático, nacional y revolucionario, el desarrollo también de un liberalismo oligárquico, antinacional y conservador.

Ambas expresiones que del liberalismo se enfrentarán a lo largo de nuestra historia: una auténticamente revolucionaria, que quiere construir la nación y el gobierno popular como se ve en Moreno, Dorrego y José Hernández; y la otra expresión, directa de los intereses británicos que aspira a convertirnos en factoría agrícola. Para ver como se expresa en la historia, ese liberalismo democrático y nacional, en sus luchas se autoproclama como nacionalismo popular.

Ese nacionalismo popular perseguía sus objetivos no sólo dentro de la patria chica sino a nivel Latinoamericano, encarnado en San Martín, Artigas y Bolívar. En cambio el liberalismo oligárquico sustenta un proyecto elitista, secesionista, porteñista, antilatinoamericano. Para Mitre, la patria será Buenos Aires. Para José Hernández la Argentina será apenas una "sección americana" de la Patria Grande a construir.

Para el liberalismo oligárquico lo importante son las formas exteriores y no el contenido. Por eso diserta sobre la división de poderes mientras envía expediciones represoras para aplastar las protestas de los pueblos en el interior, como Mitre (nota: tal es el caso del levantamiento de las montoneras en el noroeste argentino). En cambio para el liberalismo democrático popular y nacional es aquel de los caudillo que expresan a las masas populares.

La revolución en América: de la Revolución Democrática a la Liberación Nacional

El hervor revolucionario desatado en España desde 1808, a partir de la llegada al trono de los Borbones, iniciándose un proceso peculiar de liberalización y aflojamiento; el trato se tornaba cada vez más semejante al que la corona tenía con las propias provincias españolas. Más que de España y sus propias colonias, podía hablarse de la nación hispanoamericana, que se hubiese consolidado si triunfaba la revolución burguesa.

El 22 de enero de 1809, la Junta Central dice: "los virreynatos y provincias no son propiamente colonias o factorías, como las de otras naciones, sino una parte esencial e integrante de la monarquía española".

Para explicar lo que pasó en América: los sectores populares se levantan en España contra el invasor, organizándose en Juntas Populares; esas Juntas asumen, en la lucha misma, no sólo la reivindicación nacional sino también la democrática, expandida por la Revolución Francesa.

Este movimiento asume como referente a un hombre prisionero del invasor (Fernando VII) que tiene derecho a gobernar España por legalidad monárquica, pero se manifiesta, desde su reclusión, como abanderado de las ideas democráticas, y hace saber a las tierras de América que no son colonias sino provincias con igualdad de derechos. Y convoca a los pueblos americanos a que se organicen en Juntas (28 de febrero de 1810).

América reacciona organizando Juntas que desplazan a la burocracia ligada al absolutismo que ha caído en España. Pero las Juntas de América no tienen frente a ellas al ejército francés, sino apenas su amenaza. De tal modo, la cuestión nacional no nutre, desde el principio, su contenido ideológico (nota: no existía el sentido de nacionalismo sino que era un acompañamiento al proceso español).

Se consideraba a estas tierras no como colonias sino como una extensión de España. Los indios no conformaban una nación ya que política e idiomáticamente eran comunidades separadas, siendo un pueblo sometido y oprimido por los colonizadores españoles. La opresión no era de un país extranjero sobre un grupo racial y culturalmente distinto sino de un sector social sobre otro dentro de una misma comunidad hispanoamericana. Era una lucha del campo popular contra el absolutismo monárquico.

Alberdi decía: "La revolución en América fue un momento de la revolución española".

El 19 de abril de 1810, un cabildo extraordinario reunido en Caracas, resuelve constituir una junta provisional de gobierno a nombre de Fernando VII con el objeto de conservar los derechos del rey en la capitanía de Venezuela.

Como un reguero de pólvora, la revolución se expande en pocos meses por Hispanoamérica, a través de Juntas a nombre de Fernando.

Manuel Ugarte explicaba la cuestión de los españoles americanos de la siguiente manera: "Ningún hombre logra insurreccionarse contra su mentalidad; españoles fueron los habitantes de los primeros virreynatos y españoles siguieron siendo los que se lanzaron a la revuelta. ¿Cómo iban a atacar a España los mismos que en beneicio de España habían defendido, algunos años antes, las colonias contra la invasión inglesa?".

La nueva burguesía comercial

En los años previos a la revolución, se consolidó en Buenos Aires un grupo comercial de nuevo tipo, distinto al tradicional que se cobijaba en el monopolio establecido por la Ley de Indias. Lo integraban comerciantes que operaban al margen de las leyes, contrabandistas por lo general, cuyas posibilidades de enriquecimiento se vieron favorecidas por el debilitamiento del viejo sistema colonia, (la alianza entre España e Inglaterra, de la cual derivan concesiones a los ingleses para operar en el puerto de Buenos Aires en el tráfico de esclavos favoreció sus negocios, estimulados por la apertura del comercio sancionada por el virrey Cisneros. La relación con los ingleses, como también el desarrollo capitalista en Europa, provoca un fuerte crecimiento de la actividad comercial que se canaliza pro nuevas vías.

Resulta así una nueva burguesía comercial, de pronunciada tendencia probritánica, liberal, aventurera e inescrupulosa en razón de su origen ilegal, capaz de generar un Rivadavia primero, y más tarde un Mitre.

Hacia 1810 residían en Buenos Aires 124 familias inglesas dedicadas en su mayoría al comercio. En 1809 Cisneros sancionó el libre comercio, y 17 embarcaciones inglesas esperaban en el puerto para descargar sus mercancías.

Esta burguesía se veía amenazada por la legislación española, que llevaba al Cabildo a sostener (en 1809) "que los ingleses por sí no han de poner en esta ciudad casas de comercio, almacenes ni tiendas, ni se les puede tolerar introducir ropas, muebles de casa, ponchos, frazadas, etc.."; por otro lado tenían la instauración de un comercio libre que se dificultaba por los altos aranceles a la importación. Cisneros había flexibilizado también las medidas dándoles un plazo de cuatro meses para que concluyan sus negocios pendientes, plazo que vencía el 17 de abril de 1810, prorrogado por un mes más; hasta que la Primera Junta dejó sin efecto la disposición permitiéndoles la radicación, cosa que explica el alborozo inicial de este sector ante la revolución.

La pequeña burguesía

En esa sociedad, donde estaban por un lado los dueños del poder y la riqueza, y del otro los esclavos, peones y jornaleros, se fue conformando una pequeña burguesía integrada por profesionales (abogados mayoritariamente), empleados (de comercio o de oficinas de gobierno), algunos artesanos y estudiantes que jugarían un importante papel en Mayo. Hijos de españoles en su mayoría, se sienten arrastrados por las nuevas ideas y convierten su disgusto por el sofocamiento en que viven, en violento reclamo de una democracia participativa, ésa que los franceses enarbolaron en 1789 y que le pueblo español trata de levantar durante la invasión. En ese sector social se encuentran médicos, como Cosme Argerich, los abogados Castelli, Paso, Moreno, Belgrano y Chiclana entre otros; empleados como French, Berutti y Donado; y sacerdotes, como el padre Grela y Aparicio.

Los días previos

A principio de 1810 se produce en España un nuevo paso hacia el eclipse de la revolución nacional-democrática: la Junta Central se disuelve y surge en su reemplazo el Consejo de Regencia. Este acontecimiento pone en evidencia la debilidad de las fuerzas revolucionarias españolas, ya no sólo frente al invasor francés que domina casi todo el territorio hispánico, sino también en el interior del frente nacional donde prevalecen sectores moderados y de derecha expresados en el nuevo organismo gubernativo.

Estos sucesos constituyen el detonante que lanza a los americanos a la revolución. El espíritu de la España de las Juntas ha inundado estos territorios y ahora ya no basta mantenerse expectantes respecto a los cambios que se produzcan en la península, sino que es necesario enarbolar alto las banderas puesto que un doble peligro acecha: la imposición de un poder francés y la restauración del absolutismo español. El consejo de Regencia, más que la presencia de la revolución, constituye ya una muestra de su probable derrota. Y esto conduce, en América, a organizarse en Juntas, como lo ha propuesto la Junta Central ahora disuelta: constituir un poder popular capaz de hacer frente a la dominación francesa y al absolutismo que amenaza con renacer aunque manteniendo el vínculo con los revolucionarios españoles a través de la subordinación del rey cautivo.

Alrededor del día 20 de mayo, las noticias llegadas de España (disolución de la Junta Central y constitución del Consejo de Regencia) precipitan los acontecimientos. El viejo mundo declina y ya carece de autoridad para sostenerse. El frente nacional avanza exigiendo la convocatoria a un Cabildo Abierto para proceder a defenestrar al virrey y nombrar un nuevo gobierno que sea expresión de la voluntad popular. Ese día, ante la presión social que se percibe cada vez con mayor intensidad, el alcalde de primer voto, Léxica, y el síndico Leiva le informan al virrey que existe un creciente malestar y le solicitan la reunión de un Cabildo Abierto, es decir, con la concurrencia amplia de vecinos. El 21 de mayo, cuando el Cabildo está reunido en sesión ordinaria, la presión popular se acentúa: "apenas comenzada la sesión, un grupo compacto y organizado de seiscientas personas, en su mayoría jóvenes que se habían concentrado desde muy temprano en el sector de la Plaza lindero al Cabildo, acaudillados y dirigidos por French y Berutti, comienzan a proferir incendios contra el virrey y reclaman la inmediata reunión de un Cabildo Abierto. Van todos bien armados de puñales y pistolas, porque es gente decidida y dispuesta a todo riesgo. Actúan bajo el lema de Legión Infernal que se propala a los cuatro vientos y no hay quien se atreva con ellos".

Esta plebe enardecida simboliza sus aspiraciones revolucionarias luciendo como emblema en el sintillo del sombrero el retrato de Fernando VII (nota: ¿y las escarapelas?), de pequeño tamaño, grabado sobre papel, y en el mismo sombrero o en el ojal de la casaca una cinta blanca en señal de unión entre americanos y españoles. Es el distintivo que imponen French y Berutti como representativo de la causa y lo distribuyen a todos los que transitan por allí.

Domingo French era un hombre que comenzó a ganarse la vida como asalariado  del Convento de la Merced y en 1802 consiguió en la Administración de Correos, el puesto estable de "cartero único", empleo que le reportaba un estipendio de medio real y lo msmo por cada pliego o carta entregada a su destinatario en mano. Se incorporó a la milicia y fue teniente, luego sargento mayor, y después de las invasiones inglesas quedó como cabecilla de prestigio entre los milicianos criollos.

Antonio Luis Berutti, era un empleado público que desde hacía diez años ocupaba un puesto como oficial de segunda en las Cajas de Tesorería de Buenos Aires. Ambos, French y Berutti, son los agitadores que nuclean y dirigen a los activistas, "esos chisperos de los arrabales".

El Cabildo Abierto del 22 de Mayo

Aquel histórico Cabildo Abierto fue, según la vieja fábula escolar, una reunión de "la gente decente", de "los vecinos respetables" (una buena manera de formar en los alumnos en esa idea de que sólo las minorías selectas pueden hacer la Historia). También resultó una reunión donde se guardaron buenos modales y maneras respetuosas y donde el disenso se dirimió en el alto nivel de las ideas (también una buena manera de difundir en los alumnos la idea de que sólo a través de la persuasión y de la intrincada polémica jurídica es posible lograr los cambios sociales). Como se comprende, los hechos ocurridos se hallan demasiado lejos de estas presunciones de tía ingenua y pacata.

Se incorporan "fraudulentamente" personas que no debían concurrir a tan importnte evento, "entre ellos muchos pulperos, muchos hijos de familia, talabarteros, hombres ignorados" y un testigo agrega con escándalo "ese número y esa clase de gente decidieron en congreso público de la suerte de todo el virreynato, con miras de decir América".

Así, pues el Cabildo Abierto estaba muy lejos de recoger la opinión del "vecindario pudiente", como se ha dicho tantas veces. Por el contrario, su composición se democratizó profundamente y de ahí el resultado de la votación. Dos parecen haber sido las formas de ingreso de los hombres del pueblo al cónclave de "vecinos". Una, "que la imprenta de Niños Expósitos, donde se hizo la impresión de las tarjetas, estaba a cargo de Agustín Donado, (uno de los chisperos que acompañaba a French) y esto permitió obtener subrepticiamente las esquelas necesarias para distribuirlas entre los partidarios". Otra, la acción de los grupos de choque apostados en las esquinas del Cabildo que mientras amenazaban a los grandes señorones mandándolos de vuelta a sus casas, facilitaban el ingreso a los amigos de la revolución. En la imagen idílica de los "democráticos" modelada por la historia mitrista, disuena con la intervención de la trampa o la fuerza, pero sin embargo, quienes tomaron la Bastilla en la Francia de 1789 para enarbolar los Derechos del Hombre eran seguramente mucho menos amables y moralistas que los nuestros. De nuevo, pues el pueblo, pariendo la revolución.

No hay pues medulosos cambios de ideas, ni buenos modales, ni patricios respetables polemizando únicamente, con sesudos abogados, sino un grupo de privilegiados dispuestos frenéticamente a resguardar con uñas y dientes sus fortunas y su posición social, frente a otro grupo, intrépido y fogoso, animado por el espíritu de la revolución.

Castelli afirmaba: "Aquí no hay conquistados ni conquistadores, aquí no hay sino españoles los españoles de España han perdido su tierra. Los españoles de América tratan de salvar la suya. Los de España que se entiendan allá como puedan... Propongo que se vote: que se subrogue otra autoridad a la del virrey que dependerá de la metrópoli si ésta se salva de los franceses, que será independiente si España queda subyugada". La independencia aparece así planteada como una eventualidad futura, en función de los acontecimientos que se desarrollen en España, ratificando de este modo el carácter democrático y no separatista, como objetivo en sí mismo, por parte de los revolucionarios.

La votación en el Cabildo Abierto

El 22 de mayo  votaron finalmente 225 personas, 69 se pronunciaron a favor del absolutismo, es decir, por la continuación de "El Sordo" Cisneros como virrey. Una treintena de votos "pro virrey" se alineó con Manuel José Reyes. Otros treinta que apoyaron esta idea, pero bajo el lema "no innovar" eran grandes terratenientes como José Martínez de Hoz, de importante fortuna quien comenzó su propio aporte con la construcción de la Iglesia del Socorro.

En esos sesenta y tantos de votos están reunidos los más poderosos intereses comerciales y financieros nacidos al calor del absolutismo y entrañablemente ligados a la burocracia virreynal. Después de Mayo, sufrirían confiscaciones y destierros, pero lograrán mas tarde reinsertarse en la sociedad, mediante el comercio libre y la "amistad" con los ingleses".

La trampa absolutista

El Cabildo Abierto se prolonga mientras se insisten con los largos fundamentos en los votos. Pero algunas cosas comienzan a alarmar a las filas revolucionarias. El sacerdote Bernardo José Antonio de la Colina, cuñado del síndico Leiva, propone que el virrey sea mantenido en su puesto y que se le sumen cuatro individuos, "uno de estado eclesiástico, otro militar, otro profesor de derecho y el último de comercio", todos elegidos por el Cabildo Abierto. Mariano Moreno estaba informado de la  confabulación entre Leiva, el Virrey y con los conservadores para detener el movimiento revolucionario. La maniobra del sacerdote era evidente: un nuevo gobierno, pero encabezado por el mismo Virrey y acompañado por lo más conservador del Cabildo. Corría para esto, el 23 de mayo, Moreno denuncia la maniobra y se alinea a partir de allí al grupo de los "chisperos".

Pero, ¿quién es Mariano Moreno?

Nació en 1779 y su adolescencia estuvo marcada por la Revolución Francesa. Viaja a España para convertirse en cura, pero regresa a Buenos Aires con el título de abogado y con nuevas inquietudes ideológicas, políticas y sociales que no lo abandonarán. La lucha por la libertad y la democracia le entusiasma, y la Revolución Francesa lo enfervoriza, incluso tiene cierta simpatía con esa Inglaterra que está gobernada en cierto modo por un pueblo que ejercita sus derechos. Igualmente no cae en la ingenuidad de que aquellos que arribaron en las Invasiones Inglesas serán compañeros de la revolución de mayo de 1810.

Volviendo a la trampa del 23 de Mayo,  la prevención de Moreno es justificada ante la maniobra de Leiva que funciona bien. El síndico seguramente se ha ofrecido a uno y a otro de los bandos en pugna como el hombre capaz de alcanzar la conciliación y evitar el enfrentamiento armado, pero jugando, en última instancia, la carta absolutista dirigida a resguardar el viejo orden. Colocado en el centro de los sucesos, como asesor del Cabildo y del Virrey, Leiva debió percibir que existía todavía una relación de fuerzas tal que permitía "cambiar algo para dejar todo igual" y en este intento, ciertos hechos permiten suponer un guiño del coronel Saavedra.

Al fin de la jornada, el Cabildo decide comunicarle al Virrey su separación del mando, pero inmediatamente, afirma que siendo atribución del Cabildo la designación del nuevo gobierno, decide constituirlo siguiendo la propuesta del cuñado de Leiva, De la Colina: es decir, un sacerdote (Solá); un comerciante (Incháurregui); un militar (Saavedra) y un abogado (Castelli) como asociados al virrey Cisneros a la cabeza del gobierno. De este modo, el Cabildo que determina la separación del Virrey del gobierno.....nombra al Virrey al mando del mismo! La traición es pública y vergonzosa y solo tiene alguna viabilidad si la fuerza militar le da apoyo. Todos los ojos miran al Jefe de Patricios.

Pero, ¿quién es Cornelio Saavedra?

Por su origen social, Saavedra es un hombre apegado al orden, respetuoso de las jerarquías y con una personalidad donde la audacia brilla por su ausencia. Era un hombre conservador y de tradiciones aristocráticas, mimado en el seno de la clase más vanidosa de los españoles. Su comportamiento en Mayo justifican lo dicho. Por otra parte, el coronel Martín Rodríguez señaló que la maniobra del Cabildo era "una traición contra el pueblo, y se lo reducía al papel de idiota". Rodríguez advierte que él no podrá frenar a su tropa y Leiva interviene aduciendo que Saavedra tendrá un papel importante. Pero Rodríguez insiste: "Si nosotros nos comprometemos a sostener esa combinación que mantiene en el gobierno a Cisneros, en muy pocas horas tendríamos que abrir fuego contra nuestro pueblo, nuestros mismos soldados nos abandonarían; todos sin excepción reclaman la separación de Cisneros". El tibio Saavedra interviene diciendo que "la agitación del pueblo y los cuarteles es alarmante". Gregorio Tagle, en la derecha absoluta, dice que la única garantía de gobierno es la presencia de Castelli junto a Saavedra, quien aceptará integrarse "por vanidad de hombrearse con el virrey".

Los hombres de Castelli, comienzan a pasarse al bando de Moreno, que prefirió alejarse todo lo posible de la maniobra del Cabildo. Castelli podría haber sido la cabeza revolucionaria hasta ese momento, pero todo recayó en Moreno.

Desde la contrarrevolución nos ofrecen este admirable retrato de French: "Uno de los Morenos, ingrato por excelencia, cobarde sin compasión, inepto, inmoral, hombre de todos los partidos y consecuente con ninguno, French, olvidándose de sus compromisos y halagando las pasiones de Moreno a quien él llamaba "el sabiecito del sur", se verá coronel del regimiento de América como que convenía a  llenar las ideas de Moreno, en estas circunstancias en que ya el secretario Moreno se había arrastrado a la multitud...ese Moreno, para quien ya todos somos iguales, máxima que vertida así en la generalidad ha causado tantos males".

Pancho Planes, odiado por los absolutista por su pasión revolucionaria, enemigo acérrimo de Rivadavia y partidario de Dorrego, dio todas sus energías a la Patria y murió en la pobreza, cayó en la lápida del silencio con que la historia oficial condena a los amigos del pueblo. Antonio Luis Berutti, que se había educado en España saltó  desde su empleo en las Cajas de Tesorería directamente a la revolución, junto a French para acaudillar a los chisperos. Morenista convencido, sufrió destierro después del golpe del 5 y 6 de abril de 1811, al igual que French y el resto de los seguidores de Moreno.

Son estos hombres, orientados por Moreno, quienes indignados ante la maniobra del Cabildo y el intento de burlar la voluntad popular, inician la movilización de repulsa desde la medianoche del 23 y durante el 24. Son ellos quienes logran torcer el brazo del absolutismo y frustrar la trampa reaccionaria orquestada por el Cabildo y el síndico Leiva.

A las tres de la tarde del día 24 se lleva a cabo el juramento de la Junta tramposa presidida por Cisneros, pero una atmósfera tensa gana ya la ciudad. El algunos sectores cunde la agitación que anuncia el estallido. Aquí y allá los bandos pegados por orden del Cabildo, son arrancados por gente del pueblo.

Este accionar en las calles y en los cuarteles produce inmediato efecto. "Toda oficialidad de Patricios, encabezada por los coroneles Rodríguez, Terrada, Romero, Vives, Castex y muchísimos otros militares, se presentó en el Fuerte esa misma noche y todos a una voz le declararon al coronel Saavedra que no acatarían las órdenes del Virrey, no otras cualesquiera que se les diesen permaneciendo éste en la presidencia de la Junta, a no ser que Cisneros renunciase públicamente al mando de las fuerzas militares y que este mando se transmitiese a Saavedra". Así, es que durante todo el 24 los revolucionarios sostienen la idea de utilizar la violencia armada y se presiona sobre Saavedra.

Se convoca urgentemente a una reunión de la flamante Junta y allí Saavedra, haciéndose intérprete del reclamo de los jefes, y Castelli, en representación de la turbulencia popular que se acentúa, le informan al virrey que es voluntad del pueblo su deposición irrevocable y que ambos renuncian a la Junta que el Virrey pretende presidir. Cisneros, irritado, ofrece objeciones pero se convence de que no tiene otro camino. Se disuelve la Junta el 24 a la noche.

Los absolutistas juegan su carta convocando urgentemente a un nuevo Cabildo para decidir rápidamente la suerte del gobierno. Por esa razón, en la noche del 24 al 25 de mayo, nadie duerme tranquilo en Buenos Aires. Hay quienes están de vigilia discutiendo el posible curso de los acontecimientos. Hay quienes se mantienen insomnes porque el miedo se les ha metido en las almohadas. Y hay también los que urden, maniobran, tejen nuevos planes para jugar la última carta en defensa de sus privilegios.

La toma del poder

En las primeras horas de la mañana del 25 de mayo se perciban y a los ajetreos en el Cabildo dirigidos a la importantísima reunión de ese cuerpo que se producirán poco después. Pero la plaza ya no está sola. Diversos grupos se mueven en las esquinas. Ahí están los "chisperos" con su gente y ya no llevan "cintas blancas al sombrero y casacas¸ porque  si aquellas blancas significaban unión, éstas rojas de ahora significan guerra (ni antes del 25 ni en ese mismo día hay constancia alguna de que hubiesen existido cintas celestes y blancas de las que habla Mitre, quien jamás indicó la fuente de donde tomo dato tan extraño y que, sin embargo, durante décadas se ha considerado auténtico).

El frente nacional democrático ha derrocado al absolutismo. El poder ya no será ejercido por el Virrey sino por una Junta emanada de la voluntad popular cuyos integrantes juran ya "desempeñar lealmente el cargo y conserva íntegra esta parte de América a nuestro Soberano, Don Fernando VII y sus legítimos sucesores y guardar puntualmente las leyes del Reino".

Desde el principio no hay un solo "Mayo" con perfil indiscutido e inequívoco, sino diversos "Mayos" que muy pronto entrarán en colisión. El Mayo revolucionario de los "chisperos y de Moreno, expresión de la pequeña burguesía jacobina que arrastra a diversos sectores sociales desheredados (peones, jornaleros, artesanos, pobres) y que bregará con Castelli en el norte, tiempo después, por la liberación del indio. El Mayo timorato y conservador de cambios económicos y sociales importantes, expresión de un importante sector de la fuerza armada y que, más allá de la mayor o menor conciencia de don Cornelio, expresa el temor de los propietarios ante la turbulencia popular. Y finalmente el Mayo librecambista, antiespañol y probritánico, el que exalta Mitre y como hará luego Rivadavia, el del "Partido de los Tenderos", de esa burguesía comercial portuaria, criolla e inglesa que jugará por tiempo apoyando al saavedrismo, hasta alcanzar el poder a través de sus propios hombres.

Por esta razón, acentuando la óptica sobre uno de los sectores intervinientes, Mitre pudo fabricar su Mayo liberal, elitista, proinglés, realizado por la gente decente con paraguas, cuyo programa era la Representación de los Hacendados y su objetivo incorporarse a Europa. Así también el revisionismo nacionalista de derecha aceptó, sin mucho entusiasmo, el mayo rupturista de España pero lo signó con un perfil conservador al colocar a Saavedra como principal figura opuesta al presunto iluminismo de Moreno. Nosotros consideramos que el pueblo es el protagonista de la historia, nos quedamos con el Mayo de Moreno y los chisperos, con la revolución auténtica y profundamente democrática, reivindicadora del esclavo y del indio, defensora por sobre todo de los derechos del pueblo y forjadora de una sociedad nueva donde imperen la libertad, la justicia y la igualdad reales en una Patria Grande, libre de toda intromisión extranjera.

Fuente: Centro Cultural "Enrique Santos Discépolo", Cuadernos para la Otra Historia

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