Juan
Sasturain, "Se escribe como se vive"
Nació en González Chaves y vivió en Coronel Dorrego. De adolescente, jugando al
fútbol para Independiente, pisó las canchas tresarroyenses. Hoy, a los 58 años,
el destacado escritor y periodista Juan Sasturain es editor de deportes del
diario Página 12 y un referente de la historieta argentina. En capital federal,
donde reside, se brindó a un diálogo exclusivo con "El Periodista"
Por Lucas Martínez y Marcelo Rivas
"Se hizo un silencio increíble en toda la quinta, hasta los pájaros se
callaron...", no era para menos, José Pirovano le acababa de atajar un penal al
Presidente de la Nación en la mismísima Quinta de Olivos, estadio complicado
para jugar de visitante. Con este pequeño "accidente" comienza el último libro
de Juan Sasturain, "La lucha continúa". Una vertiginosa novela de aventura con
mezcla del relato policial con narrativa fantástica ambientada en la ciudad de
Buenos Aires. Una historia atrapante que, según sus propias palabras, "cumple
con el primer requisito de cualquier obra narrativa que es, en el buen sentido
de la palabra, entretener. El pecado capital de cualquier narrador es aburrir".
Quizá esta sea la mejor manera de presentar al chavense Juan Sasturain,
escritor, periodista, y uno de los máximos referentes de la historieta
argentina, que compartió con "El Periodista" una agradable charla de café, donde
recordó sus reiteradas mudanzas por diferentes localidades de la provincia, su
pasión por el fútbol, la historieta y la literatura.
En Chaves, por accidente
"Se puede decir que nací en Chaves por accidente. Mi padre fue empleado del
Banco Provincia. Entró al banco en Lobería y después laburó por distintos
pueblos de la provincia. Toda mi familia era de Lobería, incluso mi hermana
mayor nació allí. En el año '45 mi viejo estaba trabajando de tesorero en
Chaves, y como en esa época se acostumbraba que los hijos nacieran en el lugar
de donde eran sus padres, mi mamá se iba a ir a Lobería... pero bueno, por esas
cosas no fue. Así que nací ocasionalmente en Chaves. Viví un año y medio hasta
que a mi viejo lo trasladaron a Médanos, cerca de Bahía Blanca. De ahí fuimos a
Lobería, después a Rauch. Y en Rauch, en el '55, se produce la Revolución
Libertadora con la caída de Perón. A mi viejo, que era peronista y había sido
secretario de Unidad Básica alguna vez, lo rajaron del banco. Pero antes de
echarlo lo trasladaron a Chaves. Así que volví unos meses, en vísperas de entrar
a cuarto grado. La siguiente vez volví para jugar al fútbol, tenía cerca de 16
años y vivía en Coronel Dorrego, donde integraba el equipo de Independiente. En
esa época se jugaba en la liga de Tres Arroyos, ya que no había liga en Dorrego.
Jugábamos con los clubes de Tres Arroyos y también estaban "los chacareros",
Quequén y Oriente, Copetonas e Independencia de Cháves. Jugaba en la reserva e
íbamos a todos los pueblos, ahí volví a Chaves para enfrentar a Independencia".
Las letras y la pelota
En esa misma época, promediando sus estudios secundarios, Sasturain comenzó a
escribir y a forjar su futura carrera como escritor. Al terminar el colegio
viajó a la capital federal para estudiar letras en la Universidad de Buenos
Aires. Igualmente su pasión por el fútbol no decayó, ya que lo siguió
practicando tanto dentro de la facultad como fuera de ella. Integraba el equipo
de Filosofía y Letras y dice haber sido campeón de la Liga Universitaria al
ganarle a Ingeniería, pese a que -como todos sabemos-, la facultad de Filosofía
y Letras no es precisamente un semillero de grandes talentos futbolísticos. Pero
ya por ese entonces tenía en su haber otros logros deportivos de su vida en
Coronel Dorrego.
"En 1962 se acabó la guita en Independiente y se hizo la Liga de Dorrego, ya que
no había más plata para traer a los cordobeses, los jugadores de afuera.
Entonces los que estábamos en el pueblo jugábamos en primera y salimos campeones
en el '63. Tengo el orgullo de haber sido campeón en la primera liga de Dorrego
(risas). Cuando llegué a Buenos Aires quería jugar, tenía un tío que era
dirigente de San Lorenzo, entonces me fui a probar. Yo estaba jodido de la
rodilla porque en Aparicio, jugando por la liga, me rompieron los ligamentos de
la rodilla derecha, me hicieron mierda la rodilla y me curaron mal, en aquella
época allá ni te operaban ni nada.
Me probé de delantero en San Lorenzo, y era grande, cualquiera sabe que a los 18
años si no la rompes no... y yo no la rompía. Después entrené con Independiente
y entré a Lanús, y aunque firmé con ellos nunca jugué. Lo que pasa es que
estudiaba Latín e Introducción a la Historia por un lado, y después iba a
entrenar al sur. Largué y terminé jugando en el equipo de la facultad. En el '69
egresé en Letras y comencé a trabajar como profesor de Literatura en el
secundario y al año siguiente a escribir en los medios. Yo quería ser escritor,
empecé a escribir críticas de libros que es lo primero que uno habitualmente
hace, lo que tendría que hacer al final. Uno opina sobre los demás y es incapaz
de escribir un carajo...".
Tendremos que opinar sobre su libro...
Perfecto (risas), bueno las reglas son así, es más fácil escribir sobre los
demás que escribir uno. Pero además son dos actividades muy diferentes,
actividades distintas. No necesariamente los críticos tienen que ser buenos
escritores. Para nada, son cualidades diferentes. Yo me acuerdo que lo primero
que comenté para Clarín fue una novela de Pasolini y no tenía ni la más
reputísima idea de Pasolini, igualmente me mandé una crítica re pedante, llena
de citas de Ronald Barthes, y yo no entendía un carajo. Mas allá de la buena
intención y la seriedad, no tenía nada, no tenía conceptos, no tenía rodajes...
Después laburé muy bien y muy feliz en los años de La Opinión. Estamos hablando
de principios de los '70. La Opinión fue un medio muy importante, revolucionario
para esa época...
Un diario de derecha con periodistas de izquierda...
Claro, como termina siendo siempre. Un periódico "progre". En el área de la
Cultura el que me dio laburo fue (Juan) Gelman. Y ahí sí empecé a escribir un
poquitito mejor, creo, y sabiendo de qué escribía.
¿Cuándo escribió su primera novela?
Yo hice todo muy demorado. Escribo como cualquiera, desde los 16-18 años, pero
"Manual de perdedores" la terminé cuando tenía 30 años, en el '75, y no se
publicó hasta 10 años después. Yo me había propuesto terminar mi primer novela
antes de cumplir treinta años, en esa época ya estaba casado y tenia 2 hijos.
¿De dónde surge la pasión por la historieta?
La pasión por la historieta viene de la lectura. La lectura de historieta fue un
poco formadora y deformadora para mí desde la infancia. Como todas aquellas
cosas que te marcan. Para bien o para mal, pero te marcan. Son como los padres
que tenés, el barrio donde te criaste, o las experiencias que tuviste. Todo
sirve, depende de que haces vos con eso después. Generacionalmente los pibes que
empezábamos a leer en los '50 ya no leíamos los clásicos de la literatura
juvenil, leímos las historias de las historietas del mismo modo que los chicos
hoy más que leer miran la tele. Nosotros somos la primera generación del medio
audiovisual. Ya le jodia un poco a la maestra que uno no leyera libros sino
mirara otras cosas. Lo cual es un problema, evidentemente, porque en mi caso
comencé con la historieta y luego llegué a la literatura, pero de algún modo
sentí la corrección cultural, y con razón, en el sentido de por qué carajo leen
esto y no leen lo que tienen que leer. Pero bueno, mal que mal es así. Quedó
como una especie de sustrato en el cual hay un concepto de aventura que -por
ejemplo-, viene de ahí.
¿De ahí viene entonces lo de la ficción?
Claro. Primero la leí cuando era pibe y mi segunda aproximación fue como
docente, en los años '70. Fui jefe de trabajos prácticos de Literatura Argentina
en la Facultad de Filosofía y Letras y después responsable de Teoría Literaria
en la Universidad de Rosario desde el '72 hasta el '75. Hasta la triple A, y
después los milicos, en esa época de lucha ideológica en la universidad. Los que
dábamos literatura desde el campo progresista, uno de los gestos con los que
atacábamos era ampliar el objeto de estudio de la literatura, más allá de la
valoración, de si era bueno o malo. Entonces incorporamos la literatura de
masas, nos dedicamos a estudiar el policial, la historieta. Teníamos una
concepción de la literatura muchísimo más amplia que la concepción restringida y
elitista. Entonces mi segunda aproximación a la literatura fue como docente.
¿Más allá del gusto literario era una cuestión ideológica?
En este caso era una reivindicación de tipo ideológica, con los llamados géneros
marginales y el papel que esos géneros marginales puedan tener en una sociedad
neocolonial como la nuestra. Así aparecía la reivindicación de Oesterheld, o la
reivindicación de los letristas de tango. Cómo en los márgenes o costados de la
cultura se producían fenómenos masivos, y por otro lado estéticamente muy
válidos que tenían una forma de desarrollo absolutamente independiente, que no
eran dependientes de los modelos externos que era lo propio de la literatura
concebida como de vanguardia. De ahí venía el debate ideológico de la
reivindicación de los géneros marginales.
¿Primero lector, luego docente y después guionista?
Si, esta es la tercera etapa, que es la práctica, cuando me pongo a escribir.
Entonces lo primero que hago es una novela policial con un detective ambientada
en Argentina y pienso como hacer verosímil la aventura. Una de las formas de la
dependencia cultural era que la aventura no era posible acá. La idea era hacer
la circunstancia de lectura en el mismo lugar donde pasan las cosas, donde vos
las lees, es lo que había hecho Oesterheld.(autor del Eternauta)
Con la democracia, junto a Alberto Breccia, llegó la historieta "Perramus"...
Claro, a principios de los '80 andaba con Patricia, la hija del viejo Breccia,
en la época donde yo estaba laburando en Super Humor y tenía una cercanía con la
historieta. Y de mi relación con Patricia tenia una cercanía con Alberto. Yo no
había escrito nunca un guión, ya tenia terminada mi novela, escribía cuentos,
escribía sobre historietas. El viejo era un autentico artista, y como todos los
artistas se cagaba de hambre en esa época porque no publicaba acá. Hacía cosas
muy lindas, todo bárbaro, premios y todo..., pero no había medios donde
publicar, entonces necesitaba algo para publicar afuera. Entonces me dice: "Juan
porque no me hacés un guión, una cosa aventurera, mas o menos vendible, no una
cosa hermética, complicada. La idea era hacer algo de batalla digamos, como
para... Yo le escribí el primer guión de "Perramus". Las primeras 8 páginas le
gustaron y empezamos a laburar. Lo que pasa es que aquello que tendría que haber
sido, en teoría, una historieta simple, fácil para vender y que permitiera tener
respiro con algo mas o menos comercial, resultó complicada, hermética,
presuntuosa, hiperintelectual, comprometida. Pero bueno, laburamos un montón de
años, hicimos mas de 400 páginas. Son cuatro historias largas. El hecho que un
tipo como ese me diga "che porque no me escribís un guión" fue muy lindo.
"Perramus" se difundió en buena parte del mundo...
Se publicó en toda Europa. En Argentina la publicó la revista Fierro, después en
libro. Y la última parte, la cuarta, que se llama "diente por diente", que es la
dispersión de los dientes de Gardel, nunca se publicó en castellano, es inédita.
En el único lugar donde salió es en Francia, donde está todo junto publicado en
tres volúmenes. Y bueno, con esa ganamos el premio Anmisty Internacional.
¿Se considera un referente de la historieta argentina?
Sí, la verdad que sí, yo he sido como "la viuda intelectual" de Oesterheld.
Tengo el orgullo, y lo digo de corazón, de haber sido el primero que escribió en
los medios sobre él en el '78, cuando estaba desaparecido. Mi vínculo fuerte con
la historieta fue en la década del '80, después no he vuelto a escribir
historieta. Alberto murió en el '93, y yo nunca más escribí historieta.
Retomemos el fútbol, ya que también ha escrito mucho sobre el tema...
Escribir sobre fútbol es algo que siempre me gusto, es la misma relación que con
la historieta. Un poco ser coherente con las cosas que nos dan placer y que nos
gustan. Independientemente de que sean culturalmente aceptadas o no. Partimos
del placer, de lo que nos gusta. El fútbol da para muchísimas cosas. Hay
infinidad de gente que escribe cuentos sobre fútbol. La literatura nunca se
define por los temas, se define por el uso de la palabra, no importa que vos
hables de fútbol o de la guerra mundial, lo importante es el texto. Es ocasional
que vos hables de una cosa u otra. Con cualquier tema se puede hacer buena
literatura y se puede hacer basura. El tema es cómo y no de qué se habla.
¿Está trabajando ahora en la sección deportes del diario Página 12?
Igual escribo para otras secciones, pero soy editor de deportes. Me siento muy
bien trabajando en Página. Es uno de los pocos medios independientes que no
tiene que quedar bien ni con la tele ni con la radio, donde no tenés la presión
de las grandes empresas y donde todavía se puede escribir sin que te miren por
arriba del hombro. Con todas sus limitaciones, sigue siendo saludablemente un
boliche.
Finalmente, ¿a usted le pasó lo mismo que a Fontanarrosa, que soñaba con ser
Onega antes que Cortazar?
Totalmente, la vocación futbolera es anterior a la literaria. Me parece muy
saludable que un pibe de nueve años quiera ser futbolista y no escritor.
Igualmente puede salir un Borges maravilloso, que por suerte quería ser escritor
y no jugador de fútbol. Desde un parámetro de salud un poco arbitrario, ¿qué
mejor que quiera ser futbolista a esa edad?. A mí siempre me gustó jugar al
fútbol, ver fútbol y escribir sobre fútbol. No sobre Macri, no sobre toda la
basura que puede ser el mundo que lo rodea, no me interesa hacer ni
reivindicación ni crítica cultural, no. Escribir del juego, el juego es hermoso.
En fin... ¡se presta tanto al verso el tema del fútbol!. Hay una hipertrofia de
la oferta de lo futbolero. Los hipercríticos de los fenómenos de masas creen que
todo es parte de la manipulación. Sebreli, por ejemplo, defiende una postura de
alienación, que el fútbol es únicamente alienación. Obviamente tiene razón en
muchísimas cosas, pero no todo es manipulación. Y bueno, que se joda, él se lo
pierde.
Fuente:
www.elperiodista3a.com.ar
Reportaje
TRAS DESCOLLAR EN LOS '80 COMO GUIONISTA,
ENSAYISTA Y DIRECTOR DE LA MEJOR EPOCA DE FIERRO, EL CO-CREADOR DE PERRAMUS SE
DEDICA HOY AL RESCATE DE GRANDES HISTORIETAS ARGENTINAS EN LAS COLECCIONES DE
LIBROS QUE DIRIGE EN LA EDITORIAL COLIHUE. Y AUNQUE EL SE SIENTA CADA VEZ MAS
LEJOS DE LA HISTORIETA, SIGUE SIENDO UN PLACER CHARLAR CON EL DE ESTOS TEMAS.
CASI TAN PLACENTERO COMO LEER SUS OBRAS.
Bueno, sabemos que naciste en González Chávez, Provincia de Buenos Aires,
hace...50 años.
JS: 49 y medio. Estoy por cumplir 50. Esto te va a gustar. O no, porque es una
pelotudez: Nací en la noche de Hiroshima. En la madrugada del 6 de Agosto del
'45. Así que soy hijo de la era atómica y del peronismo. Tengo los años del
peronismo. Me acuerdo que cuando éramos pareja con Patricia (Breccia), yo le
llevaba el peronismo entero: yo nací en el '45 y ella en el '55, incluso en días
cercanos a la revolución.
.¿Qué hiciste entre el '45 y el '75, que es cuando te empezaste a hacer conocido
en el ámbito de la historieta?
JS: Yo viví en varios pueblos de la Provincia de Buenos Aires. Y me vine a vivir
acá recién a los 18 años, cuando vine a estudiar Letras, en el año '64. Y bueno,
me recibí de Profe de Letras en el '69, estudiando muy duro y muy fuerte, porque
en ese entonces era un joven consciente. En el '70 me casé y en la industria
editorial empecé a trabajar en el '68, por ahí, haciendo producción y todas esas
cosas en Galerna. Desde siempre trabajé en la industria editorial. Y en el '70 o
'71 empecé a publicar críticas de libros y demás en Clarín... También me dediqué
a la docencia, que era lo que me daba de morfar. Fui profe en un secundario,
después en la universidad, en la época de la Universidad Popular, hasta que,
ante las amenazas, los tiros y la sangre, terminé yéndome de la universidad en
el '75.
.En esta época como docente, ¿ya eras de darle bola a los "géneros menores"?
JS: Y, en aquel tiempo sí. Lo primero que hice con historieta fue cuando era
jefe de trabajos prácticos en la cátedra de Romano y Rivera. Y una de las
materias que dimos se llamó Proyectos Culturales en Argentina. Una materia
hermosa. Y ahí introducimos como tema de investigación, la historieta, el tango.
Una de nuestras consignas era ampliar el objeto de estudio, así que a la
literatura le sumamos un montón de cosas fuera de los libros habituales que
pasan por la biblioteca. Y rompimos las bolas con el tango, la historieta, los
géneros menores... De ahí viene la enfermedad. Digo, en términos académicos.
Como lector no. Uno puede hablar de esas cosas porque alguna vez se dedicó a
leerlas y le gustaron en serio. Si no, terminás diciendo más boludeces de las
que uno dice normalmente...Y después, en Rosario, en la cátedra que tenía de
Teoría Literaria, aproveché para aprovecharme de los alumnos y daba todas las
formas literarias desde los géneros menores. La estructura del relato lo dimos
con La Balada del Mar Salado del Tano Pratt. Eso fue en el '74, cuando ya lo
había publicado Skorpio, así que era una cosita que los chicos podían ver.
Poesía daba con Homero Expósito, y así Como tema de investigación daba a
Oesterheld, pero no había nada, los pibes no entendían nada.
.¿Lo conociste a Oesterheld?
JS: No, yo no lo conocí jamás. Además, esto era en Rosario. Esta fue una primera
aproximación "académica" a los temas que me habían gustado de chico.
.¿Y cómo pasas de eso a tu relación más fuerte con la historieta, que empieza en
la época de SuperHumor?
JS: Un poco antes, durante el Proceso, estuve laburando como corrector en
Clarín, hasta el '79. Y en el '77 vuelvo a escribir. Y escribí un nota sobre los
20 años de El Eternauta, que salió en el Clarín Cultural, donde en la puta vida
habían sacado nada sobre este tema. Y cuando volví a escribir, volví a escribir
sobre estas cosas. Entre el '77 y el '79 me empecé a meter en todo esto. Empecé
a laburar en Medios y Comunicación, después en SuperHumor, hice muchísimos
reportajes, muchísimas notas, me hice amigo de los dibujantes, a los cuales yo
no conocía, y en el '79 u '80 el Tano Cascioli larga SuperHumor como revista de
historietas bimestral. Trillo, Saccomanno y yo figurábamos como asesores, pero
el responsable editorial era yo. Y ahí estuve hasta el '81, que me peleé con el
Tano, renuncié heroicamente por kilombos políticos, como siempre, y me fui a la
mierda. Después aprendí que no hay que renunciar nunca, pero en ese momento me
fui a la mierda. Y cuando volví, en el '84, fue con una oferta de él para hacer
Fierro.
.¿Qué hiciste en el medio?
JS: Fue una etapa rarísima. Laburé en publicidad y después, en la época de
Malvinas, fui a parar a Billiken, donde trabajé bastante, con muy buena gente.
De ahí me fuí al Diario La Voz, en el '83, en tiempos políticamente complicados.
Y en La Voz hicimos la última página del diario. Ahí empecé a publicar Manual de
Perdedores, que era una novela que tenía escrita hacia más de 8 años. Menos mal,
porque si la hubiera publicado cuando la escribí, habría sido peor de lo que ya
era. Y después, en La Voz también surgieron diferencias políticas con la
conducción obviamente montonera del diario y nos fuimos con la página a otro
lado. Ahí enganchamos con el proyecto de Feriado Nacional que bancó Martín
García y ahí también trabajé bastante. Eso duró hasta las elecciones que ganó
Alfonsín, porque se habían apostado todos los billetes a que ganaba el
peronismo. Y mientras tanto escribí para Clarín, para Siete Días, para todos
lados. Y después vino la buena etapa de Fierro, del '84 al '88, cuando me
despidieron en el N°48, creo. Yo me había ido a un encuentro de literatura
policial en España.. no era la primera vez que viajaba..y cuando volví, bueno,
fue una cama, bah.
.Contá, contá...
JS: Y bueno, con el Tano había diferencias, siempre hay diferencias. En Fierro
siempre trabajamos con muchísima libertad. A veces las cosas que escribíamos le
hinchaban las pelotas y se las bancaba como podía, qué sé yo...
.Supongo que a Cascioli El Sueñero no le debería gustar...
JS: Claro. A mí tampoco me gustaba del todo, imaginate cómo le caería al Tano. Y
bueno, yo cada tanto me iba de viaje, a hacer una cosa u otra. Iba y venía, no
abandonaba mi lugar de trabajo. La revista siempre salió bien y todo. Eran
invitaciones que me caían, a festivales internacionales y bueno...por una
consigna estrictamente gremial, se apoyaron en la formalidad de que yo no había
pedido permiso por escrito para irme. El lo sabía, dos días antes habíamos
hablado de que me iba. Es decir que hubo mala leche. Y mientras yo estaba allá,
llamo por teléfono y mi mujer me dice "Te llegó un telegrama que te presentes a
laburar". Y cuando volví estaba despedido por abandono del trabajo. Hice juicio
y lo perdí. Debo ser el único pelotudo que perdió un juicio contra Cascioli. Lo
perdí de forro, supongo, porque me quedé en Europa, en Barcelona, y tampoco pude
aportar bien los testigos ni nada de eso. Pero ya está, ya pasó. No le doy tanta
importancia.
.Más allá de la mala onda del final, contate algo copado de la Fierro...
JS: Fue buenísimo. Con la Fierro tvimos la gran ventaja de la coyuntura.
Apareció después de una dictadura, que es el momento en el que todo el mundo
cree. Es un acto de fé. Comprar una revista de historietas es un acto de fé
(risas)
.Esa frase es buenísima (entre risas)
JS: Pero es en serio. Para mí es un milagro que salga una revista como
Comiqueando, tan linda, con tapa a color, una maravilla. Entonces hay ciertas
coyunturas culturales en las que las cosas se dan. Y después de la explosión
viene la decepción. Y otra cosa buenísima fue que durante mucho tiempo la
revista experimentó bastante. Yo siempre decía que la revista no le podía gustar
entera a nadie. A mí mismo había muchas cosas que no me gustaban y supongo que a
Juan Manuel (Lima) menos todavía.
¿Cómo era la relación con Lima?
JS: Buena.
¿Cómo se dividia el poder de decisión sobre la revista?
JS: El Tano, que era el director, hacía las tapas. El decidía las tapas.
Después, adentro nosotros realmente publicábamos lo que queríamos, sacando algún
kilombo que yo tuve con el Tano, que me levantó la segunda parte de
Perramus...en fin, fue algo personal. Pero la decisión en cuanto a los
contenidos era mía. Y al poco tiempo de empezar el Oxido, como venían muchos
chicos, Juan Manuel se hizo cargo de la conducción del Oxido, además de la parte
gráfica, el diseño y todo eso. Y todo lo que era tituleo, secciones, notas y
todas esas boludeces, siempre lo manejé yo. Esas fueron las áreas que quedaron
discriminadas. Yo no me metía en la parte de Juan Manuel porque yo para todo eso
soy un animal, pero consultábamos muchísimas cosas.
¿Perramus arranca para esta misma época?
JS: No, es un poquito anterior. Lo empezamos en el '81.
¿Qué tuvo que pasar para que te decidieras a escribir guiones?
JS: Y, que el Viejo Breccia me pidiera. Yo en aquella época era novio de la hija
y...fue una casualidad. Yo solo no me habría animado ni por puta. Y lo primero
que hice fue el Capítulo 1 de Perramus. Antes había intentado hacer algunas
cosas, preguntándole a Saccomanno, tratando de aprender, pero me salían
desastres: cosas largas, presuntuosas. Y a Perramus lo inventé yo de cero hasta
el título. Después, por suerte, el Viejo hizo lo que quiso gráficamente. Hice el
primer capítulo y al Viejo le gustó. Lo curioso es que lo que quería él era una
onda bien aventurera para vender en Europa, porque estaba podrido de no poder
vender nada. Hacía cosas tan difíciles, tan raras y tan hermosas que, mucho
premio, todo muy bien, pero nunca un peso. El a veces laburaba con Geno Díaz, o
con Guillermo (Saccomanno) o con Trillo y hacían cosas de batalla, para vender.
No Buscavidas, que no se la vendían a nadie, cosas para vender. El había visto
unas cositas mías y un día me dijo "Vos podés escribir, ¿por qué no me escribís
algo?". "Bueno, Maestro". Y le escribí eso y al Viejo le gustó, se zarpó y
resultó una historieta difícil, complicada, invendible como fue. Perramus
tampoco se vendió mucho. La vendimos en 15 países, pero nunca fue un éxito. Los
lectores no entendían un carajo; imaginate: si acá puteaban, allá no sabés...
Fue éxito con la crítica, pero con los lectores no. Y la linda guita viene
cuando la siguen los lectores. Esta fue siempre una historieta de una
venta...media. Tanto que acá se publicó un sólo tomo.
. Y el de Ediciones B, que se distribuyó bastante bien...
JS: Si, pero igual falta uno más, que B lo tiene comprado pero no lo va a sacar.
Pero bueno, estuvo bien. Trabajamos desde el '81 hasta el '89, que terminé el
cuarto tomo en Barcelona. Laburamos casi toda una década para hacer 400 y pico
de páginas.
¿La historia termina al final del cuarto tomo?
JS: Si, termina. Pero se podría seguir. La historia se llama "Diente por Diente"
y es muy divertida, me encanta. Es el rescate de los dientes de Gardel dispersos
por el mundo. Una hermosa historia. Al Viejo ya al final no le gustaba Perramus,
le resultaba muy liviano. Porque había cambiado el tono. Del tono dramático que
el había creado en el '81, para el '88 u '89 la historia había ido derivando y
había un desfasaje entre ese dibujo tan pesado y tan sombrío y una historia que
tenía mucho de comedieta. La última tiene cosas más o menos logradas, pero
humorísticas.
."La Isla del Guano" también...
JS: Claro, es muy grotesco. Se tenía que llamar "La Isla de Mierda", en
realidad. Pero quedó "del Guano". En fin...
¿Qué otras cosas hiciste como guionista?
JS: Poquito. Poquitas cosas. Con Patricia hice una serie que se llamaba Museo,
que era muy bonita; algunas cositas cortas con Alfredo Flores. Después con el
Viejo hice adaptaciones para la revista Crisis, que más vale olvidarlas, porque
fueron hechas con una restricción doble: por un lado ellos elegían los cuentos y
segundo, el espacio era exiguo. Ahí he cometido crímenes de lesa literatura.
Asesiné a Onetti, a García Márquez, a Borges a Rulfo y al que lo maté fue a
Carpentier: hice Semejante a la Noche en ocho páginas. Lo asesiné (risas). Esto
habrá sido...a mediados de los '80, paralelo a la Fierro. Todos estos laburos
son anteriores al '88, porque en el '88 yo me fui.
. Y a partir de ahí, ¿cómo sigue tu vínculo con la historieta?
JS: En España hice varias cosas. Para un álbum que se llama Los Derechos Humanos
hicimos una cosita que me gusta mucho, con el Viejo, que le debe mucho a El
Reino Azul, de Trillo y Enrique (Breccia). La de ellos es mucho mejor, pero era
una linda historia. Después hice dos historias que me gustan mucho para el álbum
Norte-Sur. La del Viejo está medio confusa, pero la que hice con Enrique, Humo,
es buena. El hizo lo que quiso, pero a mí me gustó mucho. Y después hice todo un
álbum dedicado a los vascos en Argentina, un álbum por encargo, medio marciano,
con Enrique, con Peiró, con Nine, con Mandrafina, con El Tomi, con todos. Le
pusieron el título que se les cantó: Abrir Puertas. Se tendría que llamar
"Puertas a la Tierra", que es la expresión que usa el gobernador de Paraguay
cuando lo manda a Garay al Paraná Bajo, con la decisión de "abrir puertas a la
tierra", lo cual es una frase maravillosa. Y bueno, fue un libro de encargo pero
hay lindas cosas. Lo iba a bancar el gobierno vasco, pero después no se lo
pudieron vender porque era muy crtico, jodía con algunas cosas. Con Nine hicimos
una de un vasco oligarca que se llamaba Oligarcochea (risas). Y bueno...eso. No
hice muchas cosas en historieta. No me da el cuero. Yo tengo que hacer un
esfuerzo para contar en imágenes. Siempre me ha costado un huevo contar en
historieta, por eso he producido poco. Yo pienso en términos literarios, pienso
en palabras, trabajo mucho con las palabras.
¿Y te ves mas como editor que como guionista?
JS: Si, en historieta sí. Me siento más cómodo sacando libros de la gente que me
gusta que poniéndome yo a escribir historietas. Y como editor me doy un montón
de gustos. Poder sacar un libro de Max Cachimba a mí me vuelve loco. O haber
sacado Sherlock Time.
¿Pensás en términos comerciales, si esto se puede vender bien o no?
JS: Si, qué sé yo. Pero partiendo del hecho de que estas ediciones no son
negocio. En ese sentido he hablado muy honestamente con esta gente. "Acá, con
esto no vas a ganar guita. Con Sherlock Time no vas a ganar guita. Vas a tirar
3000 ejemplares y los vas a vender despacito". Pero lo bueno es encontrar, como
en el caso de Colihue, un editor que comparte ese criterio, no el de ganar
plata, sino el de no tener la fantasía de que se va a llenar de guita, que le va
a romper el culo a cualquiera, que va a vender 20.000 ejemplares. No. Saben lo
que se maneja y tienen un ritmo de venta paulatino y seguro. Tienen un buen
catálogo y trabajan bien los libros, lo cual es bárbaro. No tenés el revolver en
la cabeza, como cuando te dicen "Vamos a ver dos o tres títulos y si anda bien
seguimos, y si no la cortamos". Acá el planteo es "Vamos a hacer esta inversión.
Vamos a trabajar". Hay margen para laburar. Vamos a sacar 12 títulos por año, no
sé si uno por mes porque es mucho kilombo, pero 12 por año van a salir.
.Estás laburando de nuevo con Lima, no?
JS: Si, por suerte, porque Juan Manuel es una garantía de que los libros sean
bonitos. Está muy bien.
.Bueno, contá algunos títulos que estés por sacar.
JS: Pronto sale Cosecha Verde, de Carlitos Trillo y Mandrafina. Vamos a sacar La
Guerra de los Antartes, de Oesterheld y Trigo, que es un testimonio de una
historieta de la que todos hablan pero nadie sabe qué mierda era. Es una
historieta inconclusa y la vamos a publicar inconclusa, como estaba. Incluso va
a salir en el formato original, la vamos a contextuar bien, porque era una
historieta muy política, casi de coyuntura, que acompañaba lo que pasaba esa
semana en la Plaza. Milagrosamente, el Negro Trigo salvó casi el 90% de los
originales. Lo demás, lo levantaremos de los diarios. En la colección
Freakciones van a estar El Marinero Turco, Tati, Esteban Podetti...también tengo
ganas de sacar Polenta con Pajaritos, de El Tomi. Sale Ana, de Solano López,
seguramente en la colección Sobrevivientes, la de los '80, por contenido y por
el guión de Gabriel, que tiene mucho que ver con lo que pasaba en esa época. De
Nine vamos a sacar Keko el Mago, pero aquel hizo la de Hergé. Es tan obsesivo
que agarró las páginas de los '80 y las hizo todas de nuevo. Yo me quería morir.
Y después tengo a Copi, que es lo que yo más esperanzas tenía de sacar
inmediatamente. Tengo Las Viejas Putas y dos o tres libros más. Impresionante. Y
ahí si, realmente con Copi la Argentina tiene una deuda gigantesca. Hemos tenido
tantos prejuicios contra él -y me animo a hablar en plural- primero porque para
los que nos la dábamos de progres, era "uno que se había ido a París".
Tratábamos con cierto desdén a los que se habían ido. Y además, le tocaba el
culo a los mitos nacionales: a San Martín, a Evita, cosas con las que todavía
hoy no se jode. Pero bueno, hacía mucho más que eso. Copi era realmente un
talento descomunal.
.¿Del Viejo Breccia vas a publicar algo?
JS: Si, seguro. Pero no Perramus. Eso sería...medio complicado. Prefiero que
salga por otro lado. Lo que sería bueno sacar es La Vida del Che. A la editorial
le gustaría mucho porque sería un buen gancho. Con eso podríamos vender un poco,
no?. Por ahí sale pronto.
.Cambiando de tema, ¿cómo ves a la historieta actual, en general?
JS: El otro día estaba repasando el reportaje que le hiciste a Cacho
(Mandrafina) y...te voy a contestar lo mismo. No leo una mierda. Si querés te
cuento algunas cosas que leí y me gustaron. Me gustó mucho el Manual de Historia
Argentina del Niño Rodríguez, me encantó. Después, de todas las historietas de
afuera que ustedes leen y les dan tanta importancia...yo no las he leído y no
las leo. Es una cagada, pero es verdad. Sólo puedo opinar desde la ignorancia. A
esta altura, ya soy casi un paracaidista. De vez en cuando leo alguna cosita,
pero me da fiaca. Honestamente, me da fiaca.
.¿Por qué te parece que se te pasó esa pasión, esa calentura por la historieta?
JS: Supongo que lo que me calentaba eran ciertas cosas que estaban enganchadas
con mi historia personal. Los artículos estos que se recopilaron en El Domicilio
de la Aventura, los siento totalmente lejanos. Los escribí durante 7 u 8 años
con mucha intensidad, porque la historieta era un terreno de combate ideológico
y de expresión gráfica y artística y todo eso. Y de algún modo, uno pasa por
determinados lugares y en determinado momento ya no estás más ahí. Ahora como
editor sí. Laburo de editor a partir del placer. No tengo toda esa cosa
programática que en un momento tenía en la cabeza, eso de "hay que hacer una
tarea determinada, vamos a hacer una revista de historieta nacional". Ojalá
saliera, pero...
.¿Por qué te parece que acá no hay revistas de historieta nacional?
JS: Porque no hay ningún editor que se ponga las pilas ni que vea el negocio. La
posibilidad de hacer cosas que no sean negocio es cada vez menor. Yo creo que
acá se podría hacer una revista que no sea negocio. Yo la haría, pero en este
momento tampoco tengo energía para decir "Me pongo a hacer eso". Prefiero hacer
esto de Colihue, que es lo que yo quería hacer cuando me fui de Fierro. Libros
de historieta para La Urraca, que los podríamos haber hecho muy bien.
.¿Algo más, para ir terminando?
JS: No sé. No te conteste ninguna de las preguntas que me hiciste, pero algunas
boludeces deben servir.»
Fuente:
www.tebeosfera.com
El último centrojás
por Juan Sasturain
Cuando vio el ademán, el gesto rígido, primitivo -anterior a la burocracia
simiológica de la tarjetería que vendría después, con tantas pestes-
Sebastián Peluffo abrió los brazos y esbozó una desesperanzada protesta.
Pero el gesto tardío del centrojás visitante no servía para borrar la
elocuente caída del habilidoso diez de los locales, daspatarrado ahora
contra el alambrado (que por qué carajo llamarían olímpico si nunca había
salido del pueblo).
El hombre de negro revoleó el brazo y repitió el gesto como si dirigiera un
tránsito lento y obstinado. Ocho o nueve camisetas rojiblancas de Once
Unidos de Coronel Gorbea se le pegaron por todos lados, abejas volvedoras,
pero él se afirmó tocando pito, abriéndose paso a manotones:
-Vamos, señores…vamos. Sigue el juego, señores… y usté, Peluffo,
vayasé…Vamos…
Pero el cinco se tomó su tiempo. Primero lo miró, lejano y soberbio, y luego
ahí mismo, a mitad de camino entre el área y el circulo central -su
territorio de caza- y se sentó en el suelo. Con gesto que no quería ser
teatral pero lo era, como el guerrero que se quita con amargura y sin
resignación las latas abolladas. Peluffo se fue sacando las invistas
canilleras, desnudó una vez más -que sería la última- esas piernas que
esgrimían un bello siempre tenaz, todavía intimidatorio, y replegó hacia los
tobillos vedados con delicadeza de bailarina las medias grises, casi
monacales.
Después se incorporó, ajeno e infructuoso referí que lo acosaba, lentamente
caminó hacia el túnel, entre aplausos y abucheos tan ralos como la
caprichosa gramilla de la cancha en Jorge Newbery de Marcos Sastre.
Atravesó el húmedo conducto y llegó al vestuario desierto, casi inundado por
el agua fría que goteaba desde hacia siglos de una ducha balbuceante. Se
sentó en la punta del banco de madera y sintió el olor a aceite verde como
el saludo de un amigo en las malas. Afuera subían los gritos que
acompañarían la agonía de un 0-2 barato, irremediable.
Tiró la camiseta numero 5 en un rincón, dejó caer el pantaloncito negro, se
liberó del suspensor de cintura elástica alta y exigente, casi una faja
femenina, y soltó una breve buzarda en la que había ocho años de pastas,
cervezas y prolijas sobremesas.
Cuando, se miró en el espejito que pendía de un clavo inseguro. Sebastian
Peluffo no supo -aquel domingo de noviembre de 1974 en un ventoso pueblo del
norte de Santa Fé- que estaba mirando la cara del último centrojás.
GESTOS
Peluffo saliendo lentamente de la cancha, las canilleras en la mano y el
modesto estadio pendiente de su gesto final, casi una ceremonia, es el
último eslabón de una larga cadena simbólica. Su sentido final escapaba al
protagonista y a los ocasionales asistentes. No saben que el veterano 5 de
Once Unidos -oscuro ejecutante de una partitura aprendida instintivamente,
de oído- es en ese momento la modulación final de un gesto de cuya grandeza
ha quedado solo la hueca forma. Peluffo es Obdulió Varela atravesando
lentamente el Maracaná con la pelota bajo el brazo en la final del Mundial
del 50; es Pipo Rossi levantando con un patadón tardío y quebrador al
negrito Cejas, arreando a puteadas a la pendejada talentosa del Sudamericano
de Lima. Peluffo es-finalmente- Rattín sentado y desafiante sobre la
alfombra que conduce al podrido corazón del Imperio Británico.
Porque el centrojás es -o fue, mejor-en nuestro fútbol, mucho más que un
puesto o una camiseta: fue un tipo humano. Hecho de actitudes, pinta y esa
mezcla de bigotes y pierna fuerte que los comentaristas llamaban
personalidad, el centrojás fue redondeando una imagen casi tangencial con la
figura sociológica del compadre porteño. Suma de hombría y noble
autoritarismo que no desdeñaba, en los inicios, el cuidado casi femenino de
la pinta, la redecilla de la vieja para sostener un jopo impecable en el
momento del cabezazo hasta la mitad de la cancha, como los de aquel José
Nasassi, uruguayo fundador de dinastía.
El centrojás fue, en la cancha, el dueño de la pelota. Con ella en los pies
o bajo el brazo, detentaba un poder natural que el referí -esa especie de
abogadito o delegado papelero de una Ley sin sangre- intentaba encauzar
negociando, arriesgándose a un conflicto, siempre al borde de la
claudicación o el estallido.
Pero, claro: lo que no pudo un silbato expulsador o un “insai“ hábil, lo
pudo el tiempo.
MOMENTOS
Ese número 5 arquetípico, inexistente en la realidad que lo pretenda entero
en Monti, el colorado Giúdice, Victorio Spinetto, Perucca, Finito Ruiz, el
gallego Mouriño, Palito Bala y el perdurable “Rata“ -para abarcar treinta
años-, existió concreto en la imagen superpuesta y complementaria de todos
ellos y sus imitadores menores.
Eso es: existió. Y más precisamente, murió sin entierro, sin cajón de seis
manijas pero con seis goles adentro en Suecia 58.
Esa tarde barrosa de Malmo, los checos de Masopust boletearon a una
argentina con tres cuartos de River y su lenta gloria acumulada en pisadas
tangueras. Y el patón Rossi, talentoso, grandote e impotente como un
transatlántico, se fue a pique con la bandera. Como buen centrojás, era casi
naturalmente capitán del equipo. Más allá de estadísticos brazaletes,
ejercía un liderazgo caudillesco que lo convertía en propietario monopólico
de la palabra dentro del campo, en una especie de aduana móvil de cuanta
pelota circulara entre las dos áreas.
Habrá quien diga, y con razón, que allí no murió la cosa. Que hubo después
Rattin por largos años; hubo Cap antes y después, y hubo Pastoriza. Está esa
década gloriosa de Peñarol con el mármol definitivo del Tito Goncalvez
también. O sea que los años sesenta tuvieron centrojás por mucho rato. Y es
cierto, a su manera.
Por eso, tiremos otra fecha: Wembley 66. Cuartos de final con 0-1 con gol de
Hurst sobre la hora, de cabeza y con la chancha Roma clavada en el piso. Esa
tarde memorable nos defendimos sin pudor, la expulsión que le propinó el
sastrecillo Kreitlin a Rattin nos dio un hueso para mascar por años -¿hasta
las Malvinas?-; no fue una caída injusta pero si honorable, el Rata fue
Argentino hasta la muerte.
Hasta la muerte… con Gonzalito y el Indio Solari de Laderos, el centrojás
era el Cid Campeador apentalado en la montura, el gesto y el fervor que
empujaba.
En estadio contiguo un pendejo de 22 tocaba e iba a buscar desde el fondo de
la cancha y del fútbol nuevo, Bekembauer se llamaba, tampoco fue campeón por
esa vez. Pero subía.
El Rata en Wembley es Pipo Rossi ocho años después, sin sobrar y con
realismo. El esplendor de los gestos, la sobriedad y la entrega. Pero ese
padrillo no tendrá descendencia: en el club, Nicolau era el Simulcop, la
copia pobre, el lomo y la parada.
El próximo gran cinco de Boca no será un centrojás sino otra cosa: un
volante “brasileño“, el Muñeco Madurga.
MUTACIONES
De la estirpe del Muñeco ya fue Mori -el del equipo de José-, un cinco que
no era centrojás. También la oveja Telch. De la madera de Rattin eran
Viberti, el primer Cocco, Pachamé y el Pato Patoriza. Pero mutaron….
El Pato y el Cocco terminaron más arriba, ya volantes ofensivos; como
Nicolau fue al fondo, por grandote. El Pacha a la manera de Berta y Saccardi
después, tuvieron el fuego y la parada pero se disolvieron en laburantes
corredores, hijos de otro fútbol sin cafishios.
El centrojás se redujo con los setenta, en su versión modesta de
volante-tapón, un apelativo lamentable. Quintero y prolijo, el cinco
habitual de esos tiempos en que Gallego se cansó de usar la nacional, la
vulgarizó, pasó a ser socorro y bombero de quienes eran de antaño dóciles
afluentes de su caudal de fútbol parsimonioso: Andá…Decile a un centrojás
que te hiciera un relevo!…
Merlo o el chapa Suñé, remadores de ley son de un tiempo en que cada partido
había que ir a buscar la pelota como quien sale a hacerse la diaria, y si
quedó el rigor, la boca rápida, es porque el medio de la cancha es una
selva.
Pero ya no hay un tarzán ni gente que se llame León Strembel y Batista ruge
en el vestuario.
PUNTAS
Hay una constante tana, recurrente con el cinco, sobre todo en la época de
gloria del oficio. A los dichos sumemos Guidi, Minella, Ramaciotti,
Pederzoli -restemos al ruso Cielinsky- pero agreguemos la contundencia de
Faina -¿o Fainá?. Puede ser…Tal vez la gringada es mayoría en todas partes,
en todos los puestos, pero me gusta pensar que la pinta de Benetti en el
Mundial 78 -¡qué centrojás moderno, ése!- era algo más que una coincidencia.
Es una punta…
La otra me la dio un amigo mesa de por medio, hace una hora. Yo hablaba de
Peluffo, de las imágenes que engendraba esta nota, de la idea de hallar el
nombre del último centrojás, un modelo soberbio y ligeramente añejo, entero.
Algunos tiraron nombres, se repitieron varios de los mencionados aquí, no
había matices. Hasta que mi amigo introdujo una variante rara, previas
consideraciones que a la luz de su propuesta me resultaron innecesarias.
Dijo: -El último centrojás fue Perón. Claro que sí.
La poesía, del chanfle al segundo palo
Recuerdo que mi viejo tiraba la bronca contra Aróstegui, porque "transmitía
todos los partidos igual". Eran los años cincuenta -antes del memorable
desastre del Mundial de Suecia del '58- y todavía no habíamos llegado a la
fiebre analítica y descriptiva que nos invadiría poco después.
Por entonces, don Alfredo Aróstegui, "el relator olímpico", intercalaba
algunos nombres propios entre un sinfín de frases hechas en las cuales
recuerdo con especial afecto la que decía, antes de un saque lateral, "será
encargado de ponerla otra vez en movimiento el jugadorr..." y ahí nombraba
al "jas" correspondiente, ya que eran casi invariablemente ellos, cuando
todavía no aspiraban a marcadores de punta, los encargados de esos
menesteres.
Por entonces -"Quién es El Esférico, papá?", pregunté luego de oír por
enésima vez que tal individuo "salía del campo de juego"- los relatores más
notorios eran cuatro: Fioravanti; Veiga; el consabido Relator Olímpico,
sistemáticamente deformado en "Aróstigue" por los analfas que proliferaban
líricamente en los campos de juego; y le pintoresco uruguayo Lalo
Pelicciari, autor de "tranquilo muchachos", "alto fuera" y el finalísimo
"esto se acaba, señores".
Pero los orientales -Solé, Heber Pinto y tantos otros que no recuerdo-
merecen un laburo descriptivo aparte porque son excepcionalmente gráficos,
deslenguados, espontáneos, arrebatados hasta para crear una metáfora más
desaforada sobre la marcha para manifestar un sentimiento que los supera.
Recuerdo, de pasada, cuando describiendo una jornada gloriosa de "la
celeste", sobre los últimos minutos tomó la pelota en medio campo el
"verdugo" Pedro Virgilio Rocha y el relator dijo poco más o menos que esto:
"Avanza Uruguay, la lleva Rocha; la pelota al pie, la vista al frente,
melena al viento... ¡Parece Artigas!..." Y seguramente habrá infinitas
anécdotas superiores o ejemplos de una hipérbole aún mayor.
Ese nunca fue el rasgo propio de nuestros relatores. El caso Muñoz va por
otros carriles, expansivos, sí, pero de otra índole y en diferente
dirección. En aquellos años, el maestro Fioravanti -así reconocido por
todos, al menos formalmente- hilvanaba con elegancia los términos de una
descripción del juego en que, mientras inauguraba ciertas muletillas que con
el tiempo se han vuelto inaceptables: "saltan varios hombres", "entrega la
pelota a un compañero", "hay una serie de rebotes" y otras serie de
vaguedades no atribuibles a la lentitud expresiva sino a otro criterio,
menos pormenorizado pero ortodoxa y literariamente narrativo, que hacía
lugar a la expresión florida y la metáfora sutil. Y para este lado queremos
rumbear.
Góngora en los relatos
Las vertientes de Fioravanti fueron varias. Voy a dar dos ejemplos por los
que puedo ser desmentido, pues no soy un erudito en la materia, pero cuya
representatividad es innegable: el hallazgo de "el cancerbero" y la mágica
invención de la "nube de fotógrafos". Dos líneas poéticas en el arsenal
metafórico del maestro.
El clasicismo renacentista que con Dante introduce la mitología en el
"Inferno" y, dentro de ella, al Can Cerbero, perro descomunal de tres
cabezas, custodio feroz de las puertas insalvables al extraño, por una
insólita traslación se introdujo en el repertorio expresivo de un vate
rioplatense y futbolero que buscó en el momento la idea que expresase el
fervor defensivo de Pancho Lombardo, el vasco Echegaray o cualquier otro
implacable marcador.
Lo de la metáfora o figura que asoció el numeroso grupo de fotógrafos al
fenómeno trivial y meteorológico es de más fácil explicación: desde lo alto,
en la cabina de transmisión, las huestes de reporteros gráficos -eufemismo
josemariano- suelen evocar, frente a las clásicas formaciones de hincados y
de pie, globosas figuras de nimbus, cirrus y cúmulus. El innegable hallazgo
expresivo, sin embargo cristalizó rápidamente en un tropo retórico y
socorrido a la manera de nieve/piel, perla/dientes gongorinos y se ha
convertido en un pecado de lesa comunicación para los profesionales del
relato.
Juntó a los "miles de pañuelos blancos que emergen de las tribunas -o de los
cuatro costados del campo- saludando la victoria del equipo tal", caer en su
mención es sólo equiparable en bostezo mental a los "siniestros de
proporciones" y a los funcionarios que "hacen uso de la palabra" y demás
torpeza rotuladas por la agencias. Sin embargo, la riqueza de las imágenes
de la jerga futbolera linda con el despilfarro. Y fue, sin duda, el período
de mayor desorientación táctico-técnica-dirigente, que sucedió al descripto,
el que entregó los mejores momentos en cuanto a hallazgos gráficos y
analogías curiosas. Y no es difícil decir por qué: en la crítica y el
comentario de fútbol había irrumpido la ironía.
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