Carta al director
Soy tucumana –argentina- y por lo mismo conocedora, no sólo de lo que ocurrió, sino de lo que ocurre aún hoy en mi provincia. Los Medios de Comunicación, en estos días nos cuentan lo del pedido de extradición de los 46 ex-represores. Conocí de cerca de Bussi, ya que desgraciadamente fue el gobernador de mi provincia en la que todos padecimos su autoritarismo; pero también conocí y muy de cerca, a muchos de los que fueron víctimas de sus atropellos y de lo que los militares llamaron "el Proceso": Fue una página macabra en la vida de mi país y provincia. Los recuerdos de mi infancia y adolescencia están, necesariamente marcados por la guerra y la inseguridad que invadieron cada rincón de Tucumán, al toque, eso sí, de bandas militares patrióticas en las que se loaba a Dios porque estaba de parte de "los fuertes", mientras se bendecían a las tropas y a las armas para combatir a la guerrilla.
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Pero en mi memoria también están muy presentes los crímenes contra la humanidad que aún cometen los políticos y gobernantes actuales de mi provincia. Por eso, celebro el gesto de Kirchner y el compromiso del juez Baltasar Garzón por dar paso a la justicia, porque este gesto puede ayudar a recuperar la débil memoria de los argentinos, debilitada por la opresión continua de diversos gobiernos autoritarios e igualmente criminales y represores, (incluidos los de la llamada democracia), que han seguido atentando contra la libertad y la vida de los Argentinos, que han sido y son víctimas de la insaciable codicia y ambición de una clase política corrupta, en la que muy pocos están limpios.
Por eso quisiera pedir, que no sólo se juzgue a los viejos asesinos que se revistieron de condecoraciones a precio de sangre, de hacerlo, sólo abriríamos heridas y avivaríamos el odio pasado, que es paralizante que nos impide mirar adelante con esperanza; sino que también se siente en el banquillos de los acusados a los políticos y gobernantes tucumanos, que como auténticos sicarios del infierno, se han convertido en embajadores de la muerte, que hoy sigue cobrándose la vida de los niños que mueren no sólo en el Hospital de niño de Tucumán, sino en toda la provincia, mientras ellos siguen comprando votos con el hambre y la incultura de la gente.
Los argentinos no tenemos fuerzas para estar tan eufóricos por la extradición de personajes tan nefastos, que tal vez nunca puedan cumplir una condena porque ya están más en el otro barrio que en éste, necesitaríamos que dejen de crucificarnos la esperanza y que hagan justicia a los que hoy siguen cometiendo delitos y crímenes contra la humanidad en nombre de la democracia de la que ellos se sirven y a costa de la cual se enriquecen descaradamente.
[Traducción del Avui del 18 de agosto del 2003, Manresa, 28 de julio 2003, Sor María Lucía Caram, Monjas Dominicas, http://www.dominicos.org]
Enfoques, domingo 13 de Febrero de 2005, La guerra en Tucumán, por Rosendo Fraga
Memoria: sangre sobre el monte
En estos días se cumplen 30 años del comienzo del Operativo Independencia, la operación con la que el Ejército, durante el gobierno constitucional de Isabel Martínez, logró derrotar en los montes tucumanos a la guerrilla, que había declarado una "zona liberada" y controlaba un tercio de la provincia
El gobierno constitucional de Juan Domingo Perón, que había asumido el 12 de octubre de 1973, enfrentó desde sus inicios las acciones terroristas del grupo guerrillero ERP, de orientación trotskista.
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Incluso días antes de que asumiera, en septiembre, esta organización atacó el Comando de Sanidad del Ejército en la calle Pozos, de la Capital. En enero de 1974, atacó la guarnición militar de Azul, donde fueron muertos el jefe del Regimiento 10 de Tiradores Blindados, coronel Camilo Gay y su esposa, y secuestrado el jefe del Grupo de Artillería Blindado 1, teniente coronel Jorge Ibarzábal.
Perón pronunció ese día como Presidente, vestido con uniforme de teniente general, un duro discurso contra la guerrilla transmitido por la cadena nacional de radio y televisión.
En abril se produjo la primera reunión entre el presidente y el comandante general del Ejército, teniente general Leandro Anaya, y el jefe de Inteligencia de la fuerza, general de brigada Carlos Dalla Tea, a los efectos de analizar cuál sería el rol que tendría el Ejército frente a las acciones de la guerrilla. Al mes siguiente, fueron frustrados ataques del ERP contra el Grupo de Artillería de Defensa Aérea 141 de San Luis y el Batallón de Comunicaciones 121 de Rosario.
Ese mes tuvo lugar el primer operativo policial con apoyo militar, en el interior de la provincia de Tucumán, donde la llamada "Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez", del ERP, había realizado acciones en varias poblaciones rurales. Elementos de la Policía Federal y provincial, con apoyo logístico del Ejército, entraron en la zona de monte, pero sin éxito, a enfrentar con personal especializado en la seguridad urbana un problema de guerrilla rural.
El 1° de julio murió Perón y asumió la vicepresidente, Isabel Martínez de Perón, y fue en agosto cuando se produjo un incremento de las acciones del ERP. Elementos de esta organización atacaron el Regimiento 17 de Infantería de Catamarca, quisieron copar la unidad y fracasaron. Los atacantes fueron repelidos y cercados por el Ejército, y 16 de ellos murieron. Casi al mismo tiempo, el ERP atacó la Fábrica Militar de Villa María y capturó al subdirector, teniente coronel Argentino del Valle Larrabure. Ambas provincias tienen fronteras con Tucumán. Efectivos de la V Brigada de Infantería con asiento en esa provincia, a órdenes del general de brigada Luciano B. Menéndez, penetraron en el monte tucumano y encontraron vestigios de la presencia de ERP, pero no entraron en combate.
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A comienzos de septiembre, esta organización guerrillera informa que deja de aplicar las convenciones de Ginebra a los militares que tiene capturados y anuncia que ejecutará a oficiales del Ejército en represalia por los muertos en Catamarca. Dos días después, en un pueblo rural de Tucumán, el ERP captura y fusila en la plaza central a los baqueanos que habían guiado a la Policía Federal en mayo y al Ejército en agosto en sus incursiones en el monte.
En los días siguientes, se suceden las "ejecuciones" de miembros del Ejército en forma indiscriminada. Caen decenas oficiales del cuerpo de comando y de los servicios y hasta conscriptos, muertos por lo general al salir o al regresar de sus casas. Cada velatorio va generando un estado de opinión dentro del Ejército a favor de que la fuerza actúe directamente contra la guerrilla, algo rechazado por la mayoría de los militares hasta mediados de 1974. En noviembre, es designado un militar en actividad como Jefe de la Policía de Tucumán, es muerto el teniente coronel Ibarzábal -que había sido capturado en enero por el ERP, al ser interceptado el vehículo en el cual era transportado dentro de un ropero- y muere en un atentado el Jefe de la Policía Federal, Comisario Alberto Villar.
El 3 de diciembre es muerto, al salir de su casa en Tucumán, el capitán Humberto Viola, junto con su hija de 3 años. El ERP, al percibir el costo político que ha pagado, emite un comunicado desde el Uruguay anunciando que suspende las ejecuciones individuales de militares.
Ese mes el Ejército realiza operativos en busca de guerrilleros en Salta y Tucumán. En cuatro meses, la opinión militar reacia a intervenir en este conflicto ha cambiado y las muertes individuales e indiscriminadas de militares han sido la causa del cambio.
"Zona liberada"
En la zona rural de Tucumán, el ERP tiene el control de un tercio de la provincia. Se está gestando una suerte de "zona liberada" que apunta a lograr el reconocimiento internacional como bando "beligerante". Incluso la guerrilla cobra peaje en algunas rutas provinciales.
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Antonio Domingo Bussi. Comandó el Operativo Independencia en 1975 y fue gobernador de Tucumán entre 1976 y 1977. En 1978 habría presidido la inauguración de un Museo de la Subversión instalado en el complejo militar bonaerense de Campo de Mayo. Fue vinculado con la habilitación de 33 centros clandestinos de detención y se le atribuyen 400 desapariciones. Varios testimonios de detenidos afirman que Bussi en persona ejecutó prisioneros. Iba a ser procesado cuando quedó beneficiado con la ley del Punto Final gracias a la cual no fue juzgado. |
El gobierno de Isabel Martínez estudia la decisión de encargar al Ejército erradicar al ERP de la provincia. En diciembre la decisión ha sido tomada.
La V Brigada de Infantería de Tucumán va a tener a su cargo el operativo y es designado para el cargo de comandante el general de brigada Ricardo Muñoz. Pero el 6 de enero de 1975, al sobrevolar la zona de operaciones, cae su avión y muere una decena de jefes de su Estado Mayor. Se piensa que ha sido un atentado, pero predomina la hipótesis de que fue un accidente. Muñoz es reemplazado por el general de brigada Acdel Vilas, quien pasa así a comandar el Operativo Independencia. Se inicia en febrero. Un decreto del Poder Ejecutivo otorga al Ejército jurisdicción sobre un tercio del territorio provincial.
Inicialmente, participan todas las unidades de la V Brigada de Infantería con comando en Tucumán: el Regimiento 19 de Infantería, la Compañía de Comunicaciones 5 y la Compañía de Arsenales 5 de la capital provincial; el Regimiento 20 de Infantería de Montaña y el Grupo de Artillería 5 de Jujuy; el 28 de Infantería de Monte 28 de Tartagal y el Destacamento de Exploración de Caballería Blindada 105, la Compañía de Ingenieros 5 y la Compañía de Sanidad 5 de Salta.
Estas unidades envían fuerzas de tareas, que son destacadas en el interior del monte tucumano por turnos de 45 días. La tropa está constituida por conscriptos de 18 años.
A los pocos días de iniciado el Operativo, cae en un enfrentamiento con el ERP el capitán Héctor Cáceres. En su entierro habla el teniente general Leandro Anaya, quien subraya que el Ejército se encuentra en el monte tucumano por orden del gobierno constitucional.
En marzo se percibe cierto pesimismo en el Ejército por la falta de resultados concretos. A su vez el ERP, a través de una publicación editada en París, reivindica el éxito de haber logrado aferrar a una brigada del Ejército de 4000 hombres con sólo 300 "combatientes".
Al mes siguiente, el Ejército captura a algunos miembros de la guerrilla tucumana, mientras que el ERP, en una conferencia de prensa realizada en Lisboa, anuncia la constitución de un "Comando Conjunto Operacional" junto con el MIR de Chile, el MNT (tupamaros) de Uruguay y el ELN de Bolivia. También ataca el Batallón de Arsenales 121 de Rosario, donde muere el jefe de la unidad, coronel Arturo Carpani Costa.
En mayo, mientras el Ejército realiza progresos en la detención de miembros del ERP en el interior de la provincia, Isabel Martínez de Perón, como presidente, visita la zona de operaciones de Tucumán acompañada por el Ministro de Bienestar Social, José López Rega. La presidente reemplaza en el cargo de comandante general del Ejército al teniente general Anaya por el general Alberto Numa Laplane.
El 28 de ese mes tiene lugar el combate de Manchalá, en el que una columna de cien miembros del ERP es derrotada por el Ejército en campo abierto, cuando se dirigían a atacar el comando del Operativo Independencia, que estaba en la localidad de Famaillá. El ataque iba a tener lugar el Día del Ejército, que se conmemora el 29 de mayo. El hecho marca un punto de inflexión a favor del Ejército, que pasa a una acción ofensiva.
El 2 de agosto, efectivos del Grupo de Artillería 5 entran en combate con guerrilleros, y son heridos un teniente y cuatro conscriptos; el 7 cae en otro combate un teniente y en otra acción un cabo primero. El 12, la Compañía A del Regimiento 28 de Infantería de Monte libra un combate en campo abierto contra una fracción del ERP a la que derrota en la localidad de Los Dulces. Seis días después, Montoneros, en una operación combinada con el ERP, logra hacer estallar un explosivo debajo de un avión Hércules que salía del aeropuerto de Tucumán, con un centenar de gendarmes, entre los cuales quedan decenas de muertos y heridos, que habían participado en el Operativo.
Llega Videla
Ese mes, tras una crisis militar, llega a la Comandancia General del Ejército el general Jorge Rafael Videla, quien en septiembre visita la zona de operaciones de Tucumán. En esta provincia, el 7 y 8 de octubre, tienen lugar los combates en campo abierto contra la "Compañía de Monte Ramón Rosa Giménez" del ERP. Es muerto su jefe, el arquitecto Juan Carlos Molina, cuyo nombre de guerra era "Comandante Pablo" y poco después cae su segundo, Manuel Negrín. La situación ya se ha volcado a favor del Ejército.
Todavía a fin de ese mes siguen cayendo algunos oficiales en combates en el monte, mientras que en noviembre aviones de la Fuerza Aérea Douglas A4-B entran en acción en apoyo del Ejército.
Para el mes de diciembre, en la zona rural de Tucumán, el ERP ha quedado reducido a algunas decenas de combatientes, que para el Ejército estaban mal abastecidos, en deficiente estado sanitario y sufriendo deserciones. El Operativo Independencia había tenido éxito.
Hoy parece difícil de entender que un gobierno electo con las instituciones funcionando, en momentos en que el desempleo era del 4% y los niveles de pobreza muy inferiores a los que hemos tenido después y con una participación del salario en la distribución del ingreso superior a la de hoy, fuera atacado con acciones de tipo guerrillero.
Pero en aquel momento el triunfo de la guerrilla rural de Mao tenía un cuarto de siglo; el éxito de la insurgencia de Fidel Castro había sucedido 15 años antes; la incursión del Che Guevara en Bolivia había sido sólo seis años antes y la derrota del ejército norteamericano en Vietnam había tenido lugar sólo un año antes. Para la izquierda no parecía entonces imposible la toma del poder a través de las armas.
También cabe considerar que en 1975, el año del Operativo Independencia, sólo la Argentina tenía un gobierno constitucional en el Cono Sur. A treinta años de estos hechos, es oportuno recordar que el mayor foco de guerrilla rural de la historia Argentina fue combatido con éxito por el Ejército durante un gobierno constitucional.
(La Nación)
La
Argentina de Isabel (febrero de 1975
[Periódico "El Día", Sabado 15
de Febrero de 1975]
Se enfrentan en Tucumán, Argentina, tropas del ejército y guerrilleros
Un saldo de cuatro muertos dejó el primer combate.- Entre tanto el gobierno
no autoriza la participación de la izquierda peronista en elecciones.- (AFP,
PL y AP)
BUENOS AIRES, 15 de febrero.- El primer combate entre el ejército argentino
y los guerrilleros del ERP se produjo en la jungla de la sierra de Aconquija.
El viernes por la noche una patrulla de la quinta brigada argentina,
comandada por un teniente, cayó en una emboscada tendida por el Ejército
Revolucionario del Pueblo cerca de Pueblo Viejo, a unos 20 kilómetros de
Tucumán, capital de la provincia en donde el ejército desecadenó hace una
semana su actual ofensiva contra los guerrilleros.
El teniente primero Héctor Cáceres, es el oficial muerto en el
enfrentamiento con grupos guerrilleros, informó un comunicado del comando
general del Ejército, dado esta mañana.
En ese enfrentamiento que tuvo lugar en Pueblo Viejo, murieron además tres
guerrilleros, y resultaron heridos de gravedad, el teniente Daniel Arias y
el cabo primero Orellana, precisa el comunicado.
El enfrentamiento con el grupo subversivo, finaliza diciendo, tuvo lugar
cuando esos efectivos militares realizaban un patrullaje de la zona.
Atentados en Buenos Aires
Entre tanto en Buenos Aires, tres bombas fueron arrojadas sobre el edificio
del batallón de infantería tercero de Ensenada esta madrugada, sin causar
víctimas, anunció hoy el comando general de la Armada.
En un comunicado, el citado comando informó que en el batallón de
infantería, con asiento en Ensenada, en las cercanías de la ciudad de La
Plata, a unos 50 kilómetros de Buenos Aires, estallaron tres artefactos
explosivos, que causaron algunos daños materiales.
Por otro lado nuevos actos de sabotaje se cometieron en las líneas
telefónicas de Buenos Aires y sus alrededores, denunció la Empresa Nacional
de Telecomunicaciones.
Un comunicado oficial agrega que los daños alcanzaron a casi cinco mil
teléfonos que se suman a más de 40 mil dañados anteriormente.
Aunque no se tiene confirmación, se supone que los sabotajes responden a
motivaciones políticas del gremio de comunicaciones, que está pasando por un
enfrentamiento muy serio entre facciones antagónicas.
Diputado muerto
Mientras en la ciudad de Santa Fé, 500 kilómetros al norte, fue sepultado
hoy el cadáver del diputado Hipólito Acuña, muerto el viernes por el
movimiento Montoneros. Acuña pertenecía al gremialismo peronista que, en la
provincia, está enfrentado actualmente con el gobiernador, Carlos Sylvestre
Begnis.
Acuña es el segundo diputado nacional asesinado en los últimos seis meses. A
fines de julio de 1974 murió en un atentado el diputado de izquierda,
Rodolfo Ortega Peña. El crimen se lo atribuyó la organización derechista
"Alianza Anticomunista Argentina" (AAA).
Por otra parte, ayer también fueron asesinados dos delegados gremiales
izquierdistas en Buenos Aires, probablemente por la "AAA", la misma
organización que recientemente dinamitó la planta impresora del matutino
cordobés, La Voz del interior. Hasta ahora, no se ha informado sobre la
detención de ningún integrante de la misteriosa organización terrorista de
extrema derecha.
Partido Descamisado
Por su parte, las aspiraciones de la izquierda peronista de crear el
denominado "Partido Descamisado", podrían frustrarse en la práctica pues
posiblemente la justicia electoral no reconocerá a la agrupación, según se
desprende hoy de declaraciones del ministro del Interior, Alberto Rocamora.
El hecho de que esa agrupación reciba el apoyo de la organización
Montoneros, brazo armado de la Juventud Peronista, sería el factor que
podría utilizar la justicia para negar la personería correspondiente al
"Partido Descamisado".
Líderes de la izquierda peronista anunciaron recientemente su decisión de
formar el "Partido Descamisado" para participar en las elecciones a realizar
el 13 de abril en la provincia de Misiones.
Se deben elegir gobernador y vice, en reemplazo de los titulares muertos el
año anterior.
El ministro del Interior, en reportaje publicado hoy por el semanario
Panorama, dijo que "No nos preocupa en los más mínimo", aludiendo a la
anunciada creación del partido de izquierda peronista que, incluso, podría
aglutinar otras corrientes de izquierda no peronista.
Rocamora, sin embargo, dijo que "si estos señores quieren salir del camino
justicialista para transitar otros senderos, están libres para hacerlo. Lo
que no sé es si tendrán tiempo...o posibilidades. Eso lo dirá el acto
electoral".
Rosendo Fraga, un "defensor de los valores tradicionales de La Nación"
Al cumplirse tres décadas del comienzo del Operativo Independencia, Rosendo Fraga publicó en el diario La Nación un artículo (Memoria: sangre sobre el monte tucumano) que es un compendio de las mentiras de los jefes militares, una justificación de los crímenes cometidos por los uniformados y un desconocimiento de lo que la historia y la justicia ya probaron: esas acciones fueron el inicio del genocidio.
Por Marcos Taire, 17/02/05
Fraga dice que la guerrilla del ERP 'controlaba un tercio de la provincia' de Tucumán. Mentira. La Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez del ERP operaba en una pequeñísima porción montañosa y su más resonante acción fue copar un poblado -Acheral- que apenas tenía una comisaría con menos de media docena de policías. El propio jefe del Operativo Independencia, general Acdel Vilas, confesó que 'la zona de responsabilidad de la brigada' era 'una franja territorial de 40 kilómetros', con 'una profundidad que iba de los 35 a los 40 kilómetros'. Es decir, menos de 1600 kilómetros cuadrados. Aunque Tucumán es la más chica de las provincias argentinas, hay que recordarle a Fraga que su superficie es de 22.524 kilómetros cuadrados. Y si el ERP hubiera controlado esa zona -lo que nunca ocurrió- hay que decir que su superficie equivale apenas a la décima cuarta parte del territorio provincial.
Al referirse al intento del ERP de copar el regimiento aerotransportado de Catamarca, Fraga afirma que 'los atacantes fueron repelidos y cercados por el Ejército y 16 de ellos murieron'. Falta decir una parte importante de la verdad: fueron asesinados después que agotaron sus municiones y se entregaron.
No es de extrañar que desde la lejana Buenos Aires se desconociera la superficie de Tucumán y el tamaño de la zona donde operaba el ERP. Pero afirmar que Catamarca y Córdoba son dos 'provincias que tienen fronteras con Tucumán' es un desatino que cualquier corrector de pruebas hubiera enmendado con solo mirar un mapa de la República Argentina.
Decenas y decenas de mentiras
Según Fraga, la campaña de represalia ejecutada por el ERP a raíz de los fusilamientos de Catamarca, provocó la caída de 'decenas de oficiales (...) y hasta conscriptos, muertos por lo general al salir o regresar de sus casas'. Otra mentira. Fueron 11 (once) los oficiales que mató el ERP, no 'decenas'. Y no mató ningún conscripto ni a la entrada ni a la salida de su casa.
Fraga, que bien podemos decir es, por lazos familiares y por identificación ideológica, un hombre del Ejército Argentino, aborda un tema central en su nota, pero no profundiza ni revela la verdad de los hechos. Dice que, como consecuencia de esas muertes, 'cada velatorio va generando un estado de opinión dentro del Ejército a favor de que la fuerza actúe directamente contra la guerrilla, algo rechazado por la mayoría de los militares hasta mediados de 1974'. Seguramente él tiene información que podría servir para desentrañar un enigma: ¿cuantos y quienes fueron los oficiales que se disfrazaron de Triple A para salir a matar en esos días? Al referirse a esos tiempos y esos hechos, un ex mayor del Ejército fue claro y revelador: '...los cuadros medios de las Fuerzas Armadas (...) noche tras noche, sin mediar órdenes, salían a combatir a la guerrilla en sus guaridas'. Según él, 'se combatía a la guerrilla sin órdenes, sin conducción y sin cobertura legal' (H.R.Abete, La Nueva Provincia, 5 de enero de 2001). En el transcurso de 1975 (febrero y octubre) el gobierno de Isabel Perón otorgó a los militares esa cobertura legal que les faltaba para iniciar el genocidio.
Cuando en su escrito Fraga relata el atentado contra un avión Hércules que transportaba efectivos de Gendarmería Nacional, afirma que hubo 'decenas de muertos y heridos que habían participado en el Operativo'. Otra vez la imprecisión y la vaguedad que permiten suponer e imaginar cosas que no ocurrieron o que no fueron como se las quiere mostrar. En realidad, ese día murieron 4 gendarmes y resultaron heridos no más de una docena. Después murieron otros dos que habían quedado heridos. Es decir, en total hubo sólo seis muertos. Obviamente, sería mucho pedirle a Fraga que informara cuál había sido la tarea de esos gendarmes en el Operativo. Pero nosotros podemos decirlo porque está contado por algunos gendarmes arrepentidos, por víctimas de la represión y por quienes investigaron esos hechos de hace treinta años. Los gendarmes eran los custodios de los campos de concentración. Allí torturaron y asesinaron, participando del pacto de sangre junto a militares y policías. Y el atentado contra el avión, no fue una 'operación combinada con el ERP'. La idearon, planificaron y ejecutaron militantes Montoneros. El ERP se enteró por los medios de prensa.
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El marco constitucional: pretexto para secuestrar, torturar y asesinar
Fraga termina su nota diciendo que 'es oportuno recordar que el mayor foco de guerrilla rural de la historia Argentina fue combatido con éxito por el Ejército durante un gobierno constitucional'. Otra imprecisión. Faltaba decir, como lo confesó Vilas, que 'hubo que olvidar por un instante -un instante que se prolongó diez meses- las enseñanzas del Colegio Militar y las leyes de la guerra... Si, por respeto a las normas clásicas, nos hubiéramos abstenido de emplear métodos no convencionales, la tarea de inteligencia -y ésta era una guerra de inteligencia- se habría tornado imposible de llevar adelante'.
Hay que decirlo con todas las letras: en Tucumán no hubo ninguna guerra. Sí en cambio hubo una enorme represión contra el movimiento popular tucumano. Los militares no fueron a combatir 'la guerrilla rural' sino a destruir 'la subversión', es decir, a los obreros y estudiantes díscolos que luchaban contra un orden social injusto. En su delirio 'occidental y cristiano' veían guerrilleros en los rostros morenos de los obreros de la FOTIA y en el estudiantado inquieto y levantisco de la Universidad Nacional de Tucumán.
Fraga pretende reivindicar lo actuado por el Ejército en Tucumán amparándose en un decreto secreto de un gobierno constitucional. Como si no supiera que las órdenes emanadas a partir de ese decreto fueron vulneradas desde el primer día por las hordas comandadas por Vilas. Allí se establecía que en virtud del estado de sitio se podía allanar sin orden judicial y se podía detener personas. Pero se consignaba que a las 48 horas había que poner a esas personas a disposición del PEN o de un juez de la Nación. ¿Qué hizo Vilas? Detuvo, secuestró, torturó y asesinó a centenares de personas sin importarle un comino las normas de esa Constitución que supuestamente daba alguna validez legal al Operativo Independencia. Lo confesó él mismo: 'decidí prescindir de la justicia, no sin declarar una guerra a muerte a abogados y jueces complacientes o cómplices de la subversión', pues 'yo no tenía porqué apegarme al dictamen de unos cuantos togados...' Sólo por la Escuelita de Famaillá -el mayor aporte del Operativo Independencia a la historia de Tucumán- pasaron más de 1500 secuestrados, todos salvajemente torturados por los hombres de Inteligencia del Ejército. La mayoría fueron asesinados y desaparecidos.
El elogio de la represión, la justificación de la crueldad
No es la primera vez que Fraga elogia a los responsables del Operativo Independencia. Hace unos años, al prologar un libro titulado 'La guerrilla en Tucumán', del coronel Eusebio González Breard, dijo que 'la represión de la subversión no fue una decisión autónoma de las Fuerzas Armadas, ni la violencia empleada en ella, un acto de crueldad irracional'. En realidad, fue la aplicación, en el marco de la Doctrina de la Seguridad Nacional, de una metodología criminal llamada guerra contrarrevolucionaria. Para Fraga, González Breard tuvo que 'enfrentar a un enemigo no convencional que amenazaba los valores tradicionales de la Nación'. Hay que puntualizar que ese oficial fue adoctrinado en la escuela de criminales de los norteamericanos, la Escuela de las Américas. Después fue el jefe de Inteligencia del Operativo Independencia, es decir, responsable directo del secuestro, tortura, desaparición y asesinato de miles de tucumanos indefensos, capturados por bandas que vestían uniformes militares o policiales o andaban de civil, escondiendo su cobardía en lo que llegó a ser el símbolo del Operativo Independencia: la capucha.
La Comisión Bicameral tucumana que investigó las violaciones de los derechos humanos en esa provincia reflexionaba, hace casi 20 años, 'si es necesario para la paz y la seguridad de la Patria, entregar a una aterrorizada madre el cadáver masacrado de su hijo de 17 años, con los testículos colocados en la boca, como ocurrió aquí en Tucumán'. Habría que preguntar a quienes como Fraga defienden el Operativo Independencia, porque estiman que se 'amenazaba los valores tradicionales de la Nación', si ese episodio no era 'un acto de crueldad irracional'.
Fuente: www.argenpress.info
El decreto "S" N° 261
VISTO:
Las actividades que elementos subversivos desarrollan en la Provincia de Tucumán y la necesidad de adoptar medidas adecuadas para su erradicación:
LA PRESIDENTE DE LA NACION ARGENTINA
en Acuerdo General de Ministros
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DECRETA:
Artículo 1°: El Comando General del Ejército procederá a ejecutar las operaciones militares que sean necesarias a efectos de neutralizar y/o aniquilar el accionar de los elementos subversivos que actúan en la Provincia de Tucumán.
Artículo 2°: El Ministerio del Interior pondrá a disposición y bajo control operacional del Comando General del Ejército los efectivos y medios de la Policía Federal que le sean requeridos a través del Ministerio de Defensa , para su empleo en las operaciones a que se hace referencia en el artículo 1°.
Artículo 3°: El Ministerio del Interiror requerirá al Poder Ejecutivo de la Provincia de Tucumán que proporcione y coloque bajo control operacional el personal y los medios policiales que le sean solicitados por el Ministerio de Defensa (Comando General del Ejército), para su empleo en las operaciones precitadas.
Artículo 4°: El Ministerio de Defensa adoptará las medidas pertinentes a efectos de que los Comandos Generales de la Armada y la Fuerza Aérea presten a requerimiento del Comando General del Ejército el apoyo necesario de empleo de medios para las operaciones.
Artículo 5°: El Ministerio de Bienestar Social desarrollará, en Coordinación con el Ministerio de Defensa (Comando General del Ejército), las operaciones de acción cívica que sean necesarias sobre la población afectada por las operaciones militares.
Artículo 6°: La Secretaría de Prensa y Difusión de la Presidencia de la Nación desarrollará a indicación del Ministerio de Defensa (Comando General del Ejército), las operaciones de acción sicológica concurrentes que le sean requeridas.
Artículo 7°: El gasto que demande el cumplimiento de la misión encomendada por el presente Decreto hasta la suma de pesos CUARENTA MILLONES será incorporado a la Jurisdicción 46, Comando General del Ejército, correspondiente al Presupuesto del año 1975.
Artículo 8°:Las disposiciones del presente decreto rigen a partir de la fecha.
Artículo 9:Comuníquese, dése a la Dirección Nacional del Registro Oficial y Archívese.
(Hay un sello que dice: Decreto "S" N° 261*)
FIRMADO:
María Estela de Perón - Presidente de la Nación
Alberto L. Rocamora - Ministro del Interior e interino de Justicia.
Oscar Ivanissevich: Ministro de Educación
Alberto J. Vignes: Ministro de Relaciones Exteriores y Culto.
Adolfo M. Savino: Ministro de Defensa
José López Rega: Ministro de Bienestar Social
Alfredo Gómez Morales: Ministro de Economía
Ricardo Otero: Ministro de Trabajo
Violencia política en la Argentina. Diciembre de 1975: motín en la Fuerza Aérea y ataque del ERP a Monte Chingolo
Hace 25 años, un ensayo general para el infierno.
Una sublevación militar y el ataque guerrillero a un cuartel marcaron el principio del fin del gobierno de Isabel Perón
Por Alberto
Amato
Fue la semana en la que vivimos en peligro. Un anticipo despiadado de la vida en peligro que nos esperaba de allí en más. Entre el 18 y el 23 de diciembre de 1975 el país fue sacudido por la violencia: un intento de golpe de Estado encarado por la Fuerza Aérea intentó derrocar al gobierno de la entonces presidente María Estela Martínez de Perón. Cinco días después, el mayor ataque guerrillero contra una instalación militar, el arsenal Domingo Viejobueno de Monte Chingolo, terminó en desastre para los irregulares y marcó el final del accionar armado del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) diezmado ya en los montes tucumanos.
Tres meses después de estos dos hechos, el 24 de marzo de 1976, el golpe militar de las fuerzas armadas lideradas por Jorge Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti no sólo derrocaría a la viuda de Perón: instauraría en el país el terrorismo de Estado, la práctica de secuestrar, torturar, asesinar y ocultar luego los cadáveres de miles de opositores a quienes se calificó con el eufemismo de "desaparecidos". La pesadilla de la más cruel tiranía padecida por la Argentina terminaría, seis años después, con la derrota de Malvinas a manos de Gran Bretaña.
Pero todo eso parecía imposible en diciembre de 1975. Un año y medio antes, junto con Juan Perón, habían muerto en el país las últimas esperanzas de un renacer de la democracia y de un sistema civilizado de convivencia.
Acosada por su incapacidad, por los militares, por el poder económico que vació las góndolas de los supermercados, por los gremios que corrían en pos de igualar los salarios a los caprichos de una inflación desorbitada y con una causa judicial pendiente por una presunta defraudación, Isabel, la viuda de Perón, se debatía en vano por continuar al frente de la presidencia y se negaba a renunciar.
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El Congreso, con mayoría peronista, se negaba a iniciarle un juicio político. Las fuerzas armadas, que ya tenían planificado el golpe e, incluso, la fecha del alzamiento, esperaban cruzadas de brazos a que "todo se deteriorara más", como reveló este diario en 1998 al analizar una serie de documentos de la época cruzados entre la Embajada de los Estados Unidos y el Departamento de Estado de ese país.
El 17 de diciembre el gobierno decidió anticipar las elecciones generales de 1977 para el 17 de octubre de 1976. Fue la salida ideada por el gabinete de la viuda de Perón como un intento de aplacar al golpismo en acecho. Era tarde. Y fue inútil. Ese mismo día, el general Antonio Bussi se hizo cargo de la V Brigada de Infantería de Tucumán, el general Leopoldo Galtieri asumió como segundo jefe del Estado Mayor del Ejército y el general Reynaldo Bignone se hizo cargo del Colegio Militar. Al día siguiente se sublevó la Fuerza Aérea.
Los golpistas obedecían al brigadier Jesús Orlando Capellini, un militar nacionalista que detuvo al jefe de la fuerza, Luis Fautario, en pleno Aeroparque Jorge Newbery. El gobierno designó a Agosti como jefe de la fuerza mientras los golpistas dejaban en claro sus pretensiones: "1) Considerar totalmente agotado el actual proceso político que agobia al país; 2) Desconocer las autoridades que detenta el gobierno nacional y 3) Requerir que el comandante del Ejército asuma en nombre de las FF.AA. la conducción del gobierno nacional."
Los sublevados sobrevolaron la Casa de Gobierno y arrojaron panfletos mientras el gabinete de Isabel (el actual senador Antonio Cafiero y el hoy gobernador de Buenos Aires Carlos Ruckauf eran entonces ministros de Economía y Trabajo) intentaba superar la crisis. La Armada y el Ejército se mantuvieron al margen. Todavía no era la hora. Videla instó a "dar un ejemplo de cohesión, disciplina, desinterés y responsabilidad", cualidades que echaría por la borda tres meses después.
La sublevación militar terminó el lunes 22, después de que los amotinados se refugiaran en la base aérea de Morón, que fue bombardeada. La débil reacción del entonces poderoso sindicalismo y la indiferencia con la que la ciudadanía siguió el levantamiento llevaron tranquilidad al golpismo: el ensayo general del 24 de marzo de 1976 había sido perfecto.
El martes 23, a menos de veinticuatro horas de superado el alzamiento aeronáutico, la guerrilla lanzó su golpe más ambicioso de los tantos que había dado desde finales de los años 60. Un grupo de cerca de 270 guerrilleros, en su mayoría del ERP (se dijo en su momento que había también miembros de la guerrilla peronista Montoneros), intentó copar el Batallón de Arsenales 601, Domingo Viejobueno.
Los estaban esperando. Un agente de inteligencia del Ejército, Juan "Oso" Ranier, infiltrado en el ERP, había anticipado el golpe guerrillero. La madrugada del miércoles 24 encontró la zona sur del Gran Buenos Aires en pie de guerra. Tanques, aviones, incluso tropas de la Armada tomaron parte de una batalla por la recuperación del cuartel. Las tropas ingresaron luego a una villa miseria cercana donde, se dijo entonces, se habían refugiado los atacantes. Se cree que al menos 85 irregulares murieron esa noche, lo mismo que un número nunca determinado de inocentes alcanzados por los tiroteos que se extendieron por Lanús, Villa Dominico y Lomas de Zamora. También murieron un capitán, un teniente primero, un sargento ayudante, cuatro soldados y dos policías.
La noche del 24 de diciembre, desde Tucumán, Videla dijo observar "con la sana rabia del verdadero soldado, las incongruentes dificultades en las que se debate el país, sin avizorarse la solución"
El país estaba helado por la sorpresa. Oscilaba entre el desconcierto y el terror. Intentaba descifrar las andanzas de un dólar financiero especial ($82,45) y otro dólar financiero ($58). Y también intentaba sobrevivir, claro. La clase media pugnaba por el dos ambientes ($650.000 en Devoto) o por el Citroen 2CV ($85.000 un usado) y hasta arañaba de vez en cuando un traje de fibra poliester ($3.199). Tampoco veía soluciones. Y ni siquiera avizoraba lo que Videla y compañía tenían en mente. También intentaban sonreír.
En el Teatro Astros, dos grandes de la revista, Alfredo Barbieri y Don Pelele, apostaban a la esperanza. Cada noche salían con sus disparates a representar: "Entre julepe y julepe llegaremos al 77"
Pero no, no llegamos.
Fuente: Clarin.com
Sobre el establecimiento de la guerrilla rural
[Documento interno atribuido al PRT-ERP]
1 .- MARCO GENERAL.
La guerrilla rural en la Argentina se ha implantado en dos departamentos (Famaillá y Monteros) de la provincia de Tucumán. La provincia tiene 34.000 km. cuadrados y 800.000 habitantes; los departamentos FAMAILLA y MONTEROS tiene en conjunto una superficie que comprende el 30% de la población total y del espacio geográfico, de la provincia. La producción principal de la provincia particularmente de los dos departamentos mencionados es la industria azucarera.
Existen asimismo otras industrias importantes entre las que se debe mencionar la fabrica GRAFONOR (textil), con 1.800 obreros en el departamento de FAMAILLA, la población activa de los departamentos de FAMAILLA y MONTEROS es mayoritariamente obrera y campesina. Las cuatro fábricas azucareras de la zona de influencia directa de nuestra guerrilla (FRONTERIZA ÑUÑORCO, SANTA ROSA y PROVIDENCIA) ocupan un total de 2.000 obreros (700 permanentes, 1.300 temporarios).
La clase obrera, el campesino y el estudiantado tucumano son muy combativos. Nuestro partido es muy conocido y prestigiado en la zona, producto de varios años de actividades, aunque en estos momentos la organización partidaria es extremadamente débil: direcciones zonales han sido aniquiladas y el esfuerzo de reconstrucción en que estamos empeñados no ha logrado aún poner nuevamente en pié la organización partidaria, pero las condiciones, el estado de ánimo de las masas, y la calidad de los cuadros volcados a esta vital tarea son extremadamente favorables.
El enemigo cuenta en todo el país con cuatro Cuerpos de Ejército, compuestos por dos o tres Brigadas, con un promedio de 15.000 hombres cada cuerpo. Del total de las 10 Brigadas que tienen, 2 son blindadas, una mixta, las otras 7 son de Infantería (una de monte, una de montaña, una aerotransportada y cuatro de Infantería de llanura), que no pueden emplear en su totalidad por ser en su mayoría guarniciones que defienden ciudades.
2 .- ETAPA PREPARATORIA:
En marzo de 1974 nuestra organización destinó una veintena de compañeros para realizar un curso de monte y prepararse como base para la formación de la Ca. Mte. [nota: compañía de monte]. Cuando estaba próximo el fin del período de instrucción el grupo fue detectado por el enemigo que lanzó un operativo de búsqueda muy publicitado. Nuestra unidad aprovechó la ocasión para tomar ACHERAL y hacer conocer al país el nacimiento de la guerrilla rural.
A partir de fines de junio la Unidad se dividió en tres grupos que se lanzaron al trabajo político entre las masas, al tiempo que se envió 10 compañeros más desde las ciudades. La actividad marchaba muy bien sin presión enemiga que se limitó a controlar las rutas principales y enviar espías.
En esos momentos se decidió atacar con la Unidad el Regimiento Aerotransportado de CATAMARCA, a 200 km, en razón de contar con 4 soldados compañeros en el Cuartel, uno de los cuales tenía días de guardia que podría conocerse con anticipación y que participaría activamente. La acción era relativamente sencilla, mucho más viable que otras similares anteriores y se podría recuperar alrededor de 300 FAL, con culata plegable y armamento pesado.
La acción se realizó el 11 de agosto y fracasó al ser detectada nuestra presencia en la zona por la policía, y al perderse en la retirada un grupo de 16 compañeros asesinados por el enemigo. Esta derrota fue un golpe muy duro para nuestra Unidad que quedó reducida a 18 compañeros que se refugiaron en la zona que operaban activamente, apoyados por la población.
El enemigo lanzó a la Vta Brigada de Infantería de Monte en un nuevo operativo de persecución que no logró ningún resultado. Los meses de septiembre a diciembre fueron de asentamiento en la población. Se envió un nuevo refuerzo de 10 compañeros e ingresaron alrededor de 40 obreros y campesinos de la zona, con lo que la Compañía llegó a contar con 62 combatientes.
Debido a una serie de errores políticos y a algunas detenciones, entre ellas la del compañero que más dinamizaba al trabajo de masas, la Compañía no se consolidó internamente y se produjeron alrededor de 20 pedidos de baja. Con la fuerza restante se inició una campaña en el mes de enero, tomándose varias poblaciones sin enfrentamientos debido a las mínimas fuerzas policiales existentes que no hacían resistencia.
El 9 de febrero. el enemigo inició un nuevo operativo militar que se mantiene hasta hoy con el empleo de un total aproximado de 5.000 hombres, con una fuerza de tareas nucleadas en torno a la Vta Brigada de Infantería de Monte (3.500 hombres) con los Regimientos 19 de Infantería (TUCUMÁN), 28 de Infantería de Monte (TARTAGAL, SALTA), 20 de Infantería de Montaña (JUJUY), el Grupo de Artillería de Montaña 5, Compañías Comando de Ingenieros, de Comunicaciones, de Sanidad, pertenecientes a la Vta Brigada, 3 Escuadrones de Gendarmería, 3 Compañías de Policía Federal, fuerzas policiales provinciales. Las fuerzas militares actúan reforzadas por oficiales y suboficiales provenientes de unidades de todo el país.
La presión enemiga afectó considerablemente a los colaboradores y sufrimos duros golpes en la organización del Partido en la zona, cayeron los principales cuadros, con lo que se paralizó la actividad partidaria. El estado de ánimo de las masas decayó y se generalizó un espíritu de temor ante la brutalidad de la represión que asesinó alrededor de 100 obreros y campesinos, torturó a miles y mantiene en prisión a centenares. Pese a ello la Compañía mantuvo su núcleo principal con 35 efectivos y se movió en la zona sin dificultades, bien abastecida y manteniendo una presencia mínima, bajo directivas de no buscar combate.
3 .- OPERACIÓN FAMAILLA:
La dirección de nuestro Partido resolvió enfrentar la movilización enemiga en base a un pequeño refuerzo permanente, y a dos operaciones grandes a realizarse empleando a personal de 3 Unidades (urbanas). La idea era engañar al enemigo, generar confianza en el éxito de su operativo mediante la suspensión de nuestro accionar y golpear directamente desbaratando de un solo golpe su fuerza de tarea.
De esa manera se preparó la toma del puesto de Comando enemigo en la Ciudad de FAMAILLA, para lo que hubo que reforzar la Compañía con alrededor de 80 hombres. Después de golpear en FAMAILLA, esa misma Unidad atacaría en LOS SOSA otra concentración enemiga, después de lo cual regresarían a sus unidades (urbanas) 70 de los 80 hombres del refuerzo. Esta idea de maniobra era el punto de partida de una reorientación estratégica que venía madurando nuestra dirección y que sintetizaremos luego.
La acción de FAMAILLA fracasó por la delación de un alcahuete que alertó al enemigo, quien rápidamente montó vigilancia en caminos vecinales que nosotros pensábamos emplear para la aproximación. Así se produjo el combate de MANCHALA, con 5 bajas nuestras (2 muertos y 3 heridos) y 28 muertos y numerosos heridos del enemigo. El efecto de este combate entre las masas fue muy favorable. El enemigo intentó ocultar sus bajas, pero le resultó peor, ya que la gente se enteró y le fue confirmada la verdad por un volante de nuestra organización que se distribuyó ampliamente (15.000 ejemplares en TUCUMÁN y centenares de volantes en todo el país). A partir de MANCHALA las masas comienzan a recuperarse, se va perdiendo el miedo al Ejército opresor y crece la voluntad de lucha.
4 .- SITUACIÓN y PERSPECTIVAS:
Bien consolidada, gozando de un gran apoyo de la población en un radio de influencia de aproximadamente 600 km cuadrados y 50.000 habitantes, contando con un sólido núcleo de cuadros y combatientes con experiencia y conocimiento de la zona, nuestra guerrilla rural se apresta a dar un salto en su desarrollo, de acuerdo con las directivas y recursos aportados por la dirección del Partido.
Desde fines de mayo (MANCHALA), a la fecha el enfrentamiento se ha hecho más encarnizado: hubo tres choques principales (MANCHALA, LOS SOSA y YACUCHINA) y cuatro enfrentamientos menores, con un total aproximado de 52 muertos y varias decenas de heridos del enemigo y 2 muertos, 6 heridos (1 de ellos detenido) y 2 desaparecidos en nuestras fuerzas. Además tuvimos otros 7 detenidos, 5 de los cuales fueron asesinados y 1 fugó.
El enemigo sin variar los planes y mostrando evidente nerviosismo, vuelve a intensificar los patrullajes y la represión al pueblo. Por nuestra parte aceptamos el choque con nuestros pelotones de vanguardia, al tiempo que entrenamos y preparamos una fuerza mayor.
Los 16 meses de experiencia que hemos acumulado se han materializado en un excelente núcleo de varias decenas de cuadros, base de un desarrollo acelerado. Las condiciones objetivas nos favorecen enormemente, principalmente por la profundidad de las crisis económico-social del capitalismo argentino y particularmente por el actual fracaso de la zafra azucarera que perdió un 50 % de su producción a causa de las heladas y deberá dar fin a la zafra en el mes de octubre, dos meses antes de lo habitual, lanzando prematuramente a la desocupación a la masa de los trabajadores temporarios de fábrica y surcos.
Un último factor que es necesario señalar son las dificultades del enemigo que carece y carecerá de reservas militares, no sólo por su limitada fuerza sino además por que la intensa actividad guerrillera urbana y la movilización de las masas ciudadanas, mantendrá la mayor parte de sus unidades aferradas a sus guarniciones."
Aniversario del Operativo Independencia
HACE 30 AÑOS ISABEL PERON ORDENO INICIAR EL GENOCIDIO EN TUCUMAN
Por Marcos Taire
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El 5 de febrero de 1975 Isabel Perón firmaba un decreto secreto ordenando al Ejército iniciar la 'Operación Independencia' en Tucumán. Comenzó así el genocidio que en octubre de ese mismo año el presidente interino Italo Luder amplió a todo el país. Los militares utilizaron el territorio de la más pequeña de las provincias argentinas para aplicar, en el marco de la Doctrina de la Seguridad Nacional, la metodología de la llamada 'guerra contrarrevolucionaria' que habían aprendido de los franceses primero y de los norteamericanos después. Sus ejes centrales fueron el terrorismo, el secuestro, la desaparición de personas y los campos de concentración donde se torturó y asesinó a miles de tucumanos. El pretexto de los militares fue 'neutralizar y/o aniquilar el accionar' de un minúsculo grupo guerrillero rural. El objetivo verdadero fue destruir el combativo movimiento popular tucumano.
Gobierno títere en una provincia militarizada
El 9 de febrero, domingo de carnaval, la provincia de Tucumán fue ocupada militarmente por tropas del Ejército, Gendarmería Nacional, Policía Federal y Policía de la Provincia. Con ellos llegaron centenares de especialistas de 'Inteligencia', que jugarían un papel estelar en la represión que se iniciaba.
Al frente del llamado Operativo Independencia estaba el flamante comandante de la Quinta Brigada, general Acdel Vilas. Quienes iban a ser los jefes de este operativo (generales Salgado y Muñoz) murieron el 5 de enero en un accidente de aviación. Vilas fue designado en su reemplazo por su pertenencia al peronismo y su estrecha relación con el hombre fuerte del gobierno, José López Rega.
Desde el inicio del Operativo, Vilas se transformó en el verdadero poder de la provincia, donde un gobierno títere encabezado por el peronista Amado Juri toleró desplantes que llegaron a la humillación e hizo la vista gorda frente a los atropellos. Además, aplaudió a rabiar el accionar 'heroico' de los militares que desde ese día secuestraron, torturaron, asesinaron, violaron y robaron a pobladores del campo y la ciudad en total indefensión.
Vilas desplegó cuatro fuerzas de tareas en la zona de operaciones, con 1.500 hombres que en poco tiempo superaron los 5.000. Sin embargo, el trabajo sucio lo ejecutó otra fuerza de tareas asentada en la ciudad de San Miguel de Tucumán, compuesta por militares, policías provinciales y federales. Esta patota, responsable de la mayoría de los secuestros en la capital provincial y sus alrededores, era coordinada y dirigida por oficiales que dependían directamente del Comando de la Quinta Brigada. Otra patota de policías provinciales tuvo sede en Concepción y operó con igual grado de criminalidad que sus colegas de la ciudad. A su vez, los efectivos de Gendarmería fueron destinados a la vigilancia y la represión en los poblados de la zona rural.
Una guerra que no fue
Durante el Operativo Independencia no hubo combates. A lo sumo se puede hablar de algunas escaramuzas, en las cuales los factores preponderantes fueron la confusión y el miedo. A raiz de ello varios muertos de las tropas legales no lo fueron por el accionar de guerrilleros, sino por las balas de sus propios camaradas, perdidos y asustados en medio de la selva subtropical. La mitad de los pocos muertos de las fuerzas legales fueron víctimas de accidentes de aviación.
Los máximos protagonistas reconocen que solo pueden hablar de dos enfrentamientos de alguna importancia: Manchalá y San Gabriel. En el primero, una columna de insurgentes se topó, mientras marchaba para atacar el comando de Vilas, con soldados pintando una escuela. Sorprendidos y confundidos, huyeron después de un intercambio de disparos. En el arroyo San Gabriel, una docena de guerrilleros fueron matados sin piedad con fuego de helicópteros artillados después de ser descubiertos en medio de un cañaveral, en plena llanura, mientras esperaban su aprovisionamiento.
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¡Tomaron Acheral! ¡Tomaron Acheral! |
El jefe de la Inteligencia militar durante el Operativo, coronel Eusebio González Breard, admitió que 'contrariamente a lo que se supone, la lucha en Tucumán se definió en la ciudad y no en el monte'. Por su parte, Acdel Vilas, en un libro que el Ejército impidió su publicación y que es una verdadera confesión criminal, afirmó que 'a través del empleo de tropas escogidas y entrenadas para operativos irregulares, se logró la victoria más importante de cuantas se obtuvieron en el año que permanecí en Tucumán: revertir y transferir el temor de la propia tropa a la subversión, con el agravante, para ésta, que el temor devino terror ante la celeridad, eficiencia y dureza del Ejército'.
Vilas confesó que no fue a Tucumán a combatir la guerrilla, sino 'la subversión'. Y en su delirio, consideraba que 'la guerra a la cual nos veíamos enfrentados era eminentemente cultural' y 'de nada valía comandar tropas en la selva, mientras no tuviésemos claro el problema psicopolítico'.
Las víctimas de Vilas fueron los obreros y estudiantes díscolos, los profesores universitarios a los que consideraba ideólogos de la subversión, los abogados a los que odiaba porque pretendían que se respetaran los derechos de los ciudadanos, los 'elementos disolventes: psicoanalistas, psiquiatras, freudianos, etc.', según lo escribió en su libro.
El campo de concentración, creación del Operativo
La máxima creación de Vilas fue el campo de concentración. Llamado en lenguaje militar Lugar de Reunión de Detenidos (LRD), el primero y más importante funcionó en la Escuela Diego de Rojas, en las afueras de Famaillá. Por allí pasaron alrededor de 2.000 secuestrados por las fuerzas de tareas del Operativo. La mayoría no sobrevivió. Fueron sometidos a las más crueles torturas, asesinados y desaparecidos.
La custodia de los desaparecidos corrió por cuenta de los efectivos de la Gendarmería. Su secuestro lo ejecutaron patotas integradas por militares y policías. Las torturas ('sistemáticos interrogatorios' en palabras de Vilas) eran aplicadas por los oficiales de la Inteligencia militar.
Simultáneamente con la 'Escuelita de Famaillá', funcionaron campos de concentración en todas las bases militares donde se asentaron las fuerzas de tareas del Operativo. Casi no hubo militares destinados en Tucumán que no hayan participado en las atrocidades que se cometieron contra el pueblo indefenso.
El pacto de sangre
Al mes de iniciado el Operativo Independencia se puso en marcha el 'pacto de sangre' ideado por el comandante del Tercer Cuerpo del cual dependía Vilas, el general Luciano Benjamín Menéndez. Desde el 9 de marzo comenzaron a llegar a Tucumán cuadros de todas las guarniciones del país 'en un proceso de relevos tendiente a que la mayor parte de los efectivos del arma pasara por la zona de operaciones. Cada treinta días -dice Vilas- había relevos de 17 oficiales subalternos y unos 50 suboficiales, los cuales (...) eran distribuidos en las fuerzas de tareas'. 'En cuanto a los jefes -revela Vilas- al cabo de un mes llegaban siete u ocho mayores o tenientes coroneles nuevos'. Además, la tropa que componía las fuerzas de tareas era relevada cada treinta días, lo mismo que los escuadrones de Gendarmería y Policía Federal.
Vilas reconoció que dejó de lado las normas legales, éticas y morales para reprimir al movimiento popular tucumano . 'Hubo que olvidar por un instante -un instante que se prolongó diez meses- las enseñanzas del Colegio Militar y las leyes de la guerra' afirmó, y se enorgulleció de haber empleado 'métodos no convencionales'. Al respecto, dijo que 'los grupos especiales salían a operar día y noche, procediendo a ejecutar o capturar al oponente'. Afirmó que era un 'mito del enemigo lo referido a su capacidad de resistencia para soportar el castigo físico y psicológico: tarde o temprano su capacidad se agota y termina quebrándose', vanagloriándose de haber martirizado a ciudadanos indefensos, atados a un elástico de cama, al cual se aplicaba la picana, se flagelaba, se violaba. Finalmente, Vilas afirmó que 'es falso de toda falsedad que los hombres encargados de tomar declaración, empleando muchas veces métodos no convencionales, quedasen traumatizados o con psicosis de guerra'. La realidad, treinta años después, indica que pasó todo lo contrario: el propio Vilas debió ser internado en una institución para enfermos mentales. De los oficiales a su cargo durante el Operativo, muchos quedaron con secuelas psicológicas graves y no fueron pocos los casos de suicidios.
Bussi, 'el loco jardinero'
Vilas se fue derrotado políticamente, despreciado por sus jefes directos -Menéndez y Videla- a mediados de diciembre de 1975. En su reemplazo llegó Antonio Domingo Bussi. A la semana de hacerse cargo del Operativo, Bussi llamó a Vilas para decirle 'general, usted no me ha dejado nada por hacer'.
Antes de irse de Tucumán, Vilas afirmó que la 'subversión' había sido completamente derrotada. Sin embargo, Bussi perfeccionó la criminalidad desbordada de las hordas de Vilas. Creó nuevos campos de concentración y uno de exterminio, construido a imagen y semejanza de los campos de los nazis, con alambrada de púas perimetral, torres de vigilancia, barracas para prisioneros y terrenos para fusilamientos. Funcionó en el Arsenal Miguel de Azcuénaga, en las afueras de San Miguel de Tucumán. Allí Bussi mató a Ana Corral, de 16 años, de un balazo en la nuca. Allí sus oficiales disparaban después de él, sellando el pacto de sangre, en un rito de cobardes asesinando a prisioneros indefensos.
A los tres meses de hacerse cargo del Operativo, el golpe de estado entronizó a Bussi en la gobernación de la provincia. Tenía todo el poder, era gobernador, comandante de la Quinta Brigada de Infantería y jefe del Operativo Independencia.
A los pocos días los tucumanos se enteraron que le decían 'el loco jardinero', sobrenombre que le habían puesto sus propios camaradas cuando siendo jefe de regimientos de infantería se preocupaba más por las plantas y las flores que por la preparación para el combate. En Tucumán, además de las plantitas y las florcitas, su obra de gobierno se caracterizó por hacer pintar de celeste y blanco todos los tanques de agua. Y por obligar a detenerse y en posición marcial rendir homenaje a la bandera a todos los transeúntes que osaban cruzar la Plaza Independencia a la hora de Aurora.
Ahora los tucumanos intuyen que también se dedicó a robar. Para ello tuvo la complicidad de los industriales azucareros, los grandes cañeros, la burguesía asustada que aplaudió los crímenes. Le aportaron en el Fondo Patriótico Azucarero cifras millonarias que manejó a discreción sin ningún control. Suponen que allí está el origen de las cuentas secretas que se le descubrió en Suiza.
El balance del Operativo
A treinta años del comienzo del genocidio se están conociendo las cifras verdaderas de los crímenes cometidos por los militares del Operativo Independencia. Ya casi nadie duda que en la más pequeña de las provincias argentinas los militares, gendarmes y policías, asesinaron a más de dos mil personas. Es que recién ahora, con el impulso que el actual gobierno nacional dio al tema, centenares de tucumanos están animándose a testimoniar. 'La causa de esta circusnstancia -decía la Comisión Bicameral que investigó las violaciones a los derechos humanos durante ese período- es atribuible a los resabios del espanto y el terror sembrados entre la población, en los años en que campeó la represión desmedida'.
Como ya lo señalara la Comisión Bicameral, los militares 'orientaron su verdadero accionar a arrasar con las dirigencias sindicales, políticas y estudiantiles'. La mayoría de las víctimas fueron obreros de la industria azucarera, peladores de caña, jornaleros, pequeños almaceneros, carniceros y estudiantes. La Universidad de Tucumán registra el mayor porcentaje de desaparecidos de todo el país. Nueve de cada diez personas fueron secuestradas en sus domicilios, lugares de trabajo o en la vía pública. Se fraguaron decenas de combates con cadáveres de jóvenes que habían sido detenidos varios días antes, torturados y asesinados. La inmensa mayoría de los operativos se llevaron a cabo de noche, con zonas liberadas, decenas de hombres armados hasta los dientes y encapuchados, las luces del alumbrado público cortadas. La proporción de 'valientes combatientes' contra 'peligrosos subversivos' en cada allanamiento o detención en la calle, era de 15 o 20 a uno. Además, ese uno siempre estuvo desarmado.
Vilas y Bussi comandaron una horda de criminales, ladrones y violadores. Nunca participaron de combate alguno, simplemente fueron represores de un pueblo valiente y combativo que durante décadas se había animado a luchar contra un orden injusto.
Fuente: http://groups.msn.com/forodelosperros, 2005
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Argentina: Gorriarán Merlo y la manipulación ideológica de la prensa local
Por Lorenzo Verdasco
La falta deliberada de rigor periodístico es una constante en Tucumán. Más aún cuando se tratan temas como la insurgencia y el terrorismo. Otra "boutade" de los pretendidos críticos literarios vernáculos.
Periodismo y oscurantismo
Solía decir Pierre Bourdieu que el dominador es el que elige cómo quiere ser percibido, en cuanto que el dominado es definido y hablado por el lenguaje del dominador. En la Argentina, términos como "subversivo", "apátrida", "zurdo", "bolche" forman parte de un léxico que tiene que ver con las palabras de Bourdieu y que constituyen un obstáculo para la recuperación de la propia historia.
Por otra parte en nuestro país, ha resultado siempre imposible discutir periodísticamente el fenómeno de la insurgencia sin quedar atrapado políticamente en una de las parcialidades beligerantes. No obstante, resulta imperioso cuestionar los hábitos de pensamiento que se nos han venido imponiendo a lo largo de décadas. Así, un silencio en los medios que se extendió durante los primeros 15 años de democracia, impidió el balance y debate que la sociedad se tenía que haber otorgado sobre los temas relacionados con la violencia política en la Argentina. No olvidar que el juicio a las juntas militares se televisó sin el audio. Este tipo de silencio dio lugar al uso y abuso de expresiones altamente emocionales y muy poco explicativas. Como es el caso de la palabra "terrorismo", citando a Octavio Paz, el escritor mexicano: "...palabras que se utilizan como proyectiles, pero un proyectil solo sirve para batir a un enemigo, no para explicar una situación histórica" (1).
Hemos elegido a la persona de Gorriarán Merlo por encontrarlo un ejemplo paradigmático de cómo opera el ejercicio de la deformación periodística tendenciosa; y en este caso será harto ilustrativo considerar esto desde una muestra local.
El Domingo 20/07/03 aparece en el suplemento conocido como "Gaceta Literaria" de La Gaceta de Tucumán una nota firmada por Ángel Anaya a cerca del libro que escribiera Gorriarán Merlo titulado como sus "Memorias". Más allá de lo que el personaje del guerrillero nos sugiera, es evidente que Anaya no ha leído el libro: solo lo ha hojeado, y lo ha hojeado mal. De allí extrae una cita del autor, al cual hace decir lo que Anaya entiende por izquierda hoy en día, produciendo una tergiversación que debería figurar en la antología de los servicios de inteligencia. Sería muy aconsejable que el lector tuviera acceso al libro "Memorias de Enrique Gorriarán Merlo" y también a la nota de Anaya.
La única conclusión que cabe inferir es que el mencionado señor de La Gaceta puede ejercitar tamaña muestra de irresponsabilidad periodística sin que nadie le diga esta boca es mía debido a una cuestión política muy concreta: "hay que desacreditar al proyecto emancipador de la insurgencia", no importan los medios que se utilicen. Lamentablemente, miles de estos "Anayas" nos han venido bombardeando desde hace mucho tiempo, y es a partir de aquí que nuestro pueblo en general se encuentra incapacitado para dar cuenta del interesante fenómeno de la guerrilla en nuestro país. No podía ser de otro modo. El manejo de la información fue y es uno de los importantísimos factores para acallar a la oposición. Hubo que esperar hasta mediados de la década del 90, para que el caso "Scilingo" (los vuelos de la muerte) inaugure una avalancha de información de los medios sobre el tema desaparecidos; antes, todo aquel que públicamente preguntaba por lo que pasó "en aquellos tenebrosos días" era automáticamente adscrito a una minoría perdedora, tachado de "zurdo" o perseguido con el "algo habrán hecho". Hoy mismo, resulta muy difícil acercarse al tema seriamente en el ámbito televisivo sin tener que hacer concesiones a la producción del programa quien se encargará de "darle un marco adecuado", como fue el caso del Sr Gorriarán Merlo invitado por el Sr.Grondona a "Hora Clave".
Estudiar la insurgencia no implica apoyarla o convertirse en combatiente
De acuerdo a la mentalidad de la "Doctrina de seguridad nacional", era suficiente escribir un artículo para quedar signado como "cuadro de superficie de la subversión". De este modo resultaba sumamente riesgoso convertirse en un investigador del tema. Uno de los objetivos de esta nota es el de cuestionar de hecho y derecho esta visión tan característica de la época de la dictadura y aportar a un periodismo "sin pelos en la lengua". Y solo podemos encarar un debate crítico sobre las diferentes propuestas insurgentes si previamente las conocemos. No es posible que a esta altura de la democracia sigamos ignorando lo que pasaba "en aquellos tenebrosos (¿y por qué no gloriosos?) años" en nuestra singular provincia de Tucumán. Desconocer que, por ejemplo, una gran parte de nuestra sociedad civil estaba comprometida con un proyecto de emancipación y que luego también una parte de la sociedad civil se comprometió con la represión y el aniquilamiento físico de aquella primera gran parte de la sociedad civil. ¿Es que acaso Tucumán ha decidido comportarse como aquella prostituta que finalmente consigue casarse con un señor influyente y se esfuerza por olvidar sus amores pretéritos? ¿Será ese, por ventura, el "pasado que debería avergonzarnos" según el señor Anaya?
Las "Memorias"
El libro de Gorriarán incorpora un procedimiento inédito en la literatura llamada "de izquierda"; en principio, renuncia a adoctrinar al que lee y, con pequeñas anécdotas y aclaraciones, va recorriendo "su" historia, que viene a ser sin que nos lo aclare "su" visión de los hechos. Relata la breve alianza electoral de su grupo político con el peronista Fernando Riera (quien luego será gobernador de Tucumán), la elección de los diputados obreros Leandro Fote y Benito Romano –quienes naturalmente figurarán en las listas negras de la dictadura- , y la posterior anulación de aquellas elecciones producto del autoritarismo que se vivía en la época. Es importante estudiar el clima de opresión que imperaba: la intervención arbitraria de los militares ya sea para anular una elección, ocupar una universidad o entrar a sangre y fuego en un sindicato.
Intervención
Sin embargo sería errado pensar que tales demostraciones de la violencia estatal eran privativas de la Argentina. Y esto se encuentra muy bien explicado en la obra citada. A lo largo de toda América Latina se aplicaban los diversos planes dictatoriales y a veces democratizadores, diseñados en el Pentágono, según conveniencia económica de los EEUU. Y por favor, que nadie acuse a nadie de querer echarle la culpa a una potencia extranjera de todas las calamidades que se han perpetrado en nuestra querida patria. El hecho es que la intervención norteamericana siempre ha sido un secreto a voces, a veces de modo pacífico como la "Alianza para el progreso" de Kennedy que pretendía erradicar la rebelión utilizando prestamos para planes de pequeño desarrollo, otras veces de modo violento con golpes como sufrió Guatemala, Chile, nosotros y tantos otros países. Tales reflexiones se desprenden de la lectura del libro.
Muestras desapasionadas en un manual del ejército de EE.UU.
Luego de las definiciones de "Guerra general" y Guerra limitada" se desliza la noción de "Conflicto de baja intensidad": "Lucha politico-militar limitada para lograr objetivos políticos, sociales, económicos o psicológicos. Es muchas veces prolongado y abarca desde presiones diplomáticas, económicas y psicosociales, hasta terrorismo e insurgencia…"
"Debemos ayudar a naciones a defenderse, desalentar la coerción de parte de naciones enemigas, mantener la creencia "que los EEUU tienen las fuerzas para contrarrestar agresiones…y la voluntad para usar esas fuerzas"…"Así también los CBI (conflictos de baja intensidad) son condiciones políticas que pueden involucrar conducción de guerra u operaciones militares de no guerra".
"Mientras que el objetivo en una campaña convencional es derrotar a una fuerza enemiga que amenaza los intereses de los EEUU, en la contrainsurgencia el énfasis principal reside en promover o proteger los intereses estadounidenses, sin comprometer a sus fuerzas armadas en la guerra...En la guerra convencional el centro de gravedad es normalmente la fuerza enemiga, su mando y control, areas logísticas o lineas de comunicación. En la contrainsurgencia el centro de gravedad gira en torno a la cuestión de la legitimidad o del derecho de un gobierno para gobernar según lo perciba la población... EEUU, el país anfitrión y el adversario luchan por el mismo centro de gravedad –la legitimidad-. Los medios para lograr la legitimidad serán distintos en tiempos de paz, y comprenderán actividades psicológicas, económicas y políticas en el esfuerzo total".
Traducido a un código histórico concreto, el CBI es lo que se aplicó en Argentina durante la dictadura 76-82 y algunos años antes y algunos años después de este período. El militar argentino Domingo Bussi, por poner un ejemplo grotesco, participó como observador en Vietnam y es de descontar que se sabía al dedillo estas instrucciones que incluyen el "terrorismo" y la "insurgencia" dentro de sus métodos "en estados de no guerra".
Dentro de este contexto belicista, permítaseme a hacer una primera calificación de las guerrillas argentinas como una iniciativa militar de "particulares" (¡oh pecado!), para contrarrestar, según ellos, el proyecto insurgente contra el proyecto del imperio. Es evidente que esto implica una violación de las leyes argentinas y, desde este punto de vista es criticable y punible ¿pero es que acaso un golpe militar, una dictadura, una suspensión de elecciones o el uso de los servicios de inteligencia nacionales y extranjeros para la persecución política no constituían una violación de todas las leyes argentinas?
¿De qué nos defendieron los militares argentinos?
Las siguientes palabras del periodista Rodolfo Walsh antes de ser asesinado deberían ayudarnos a refrescar la memoria a la hora de mirar el noticiero televisivo para escuchar a un entrevistado decir que "Bussi nos defendió"
… "Mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la guerrilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica en la medida que el fin original de obtener información se extravía en las mentes perturbadas que la administran para ceder al impulso de machacar la sustancia humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad, que perdió el verdugo, que ustedes mismos han perdido."
"En la política económica de este gobierno debe buscarse no solo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada. En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 hs la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar, resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales. Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, …, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificado de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos y en otros no aparecieron"
"Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados, no pretendiera que esa junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos, o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes en Jefe de las 3 Armas que mediten sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aún si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de 20 años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas.
Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles" (3)
Actualidad y Crítica
A partir de un escenario como el hasta ahora visitado, ya resultaría posible el intento de evaluar muchas expresiones del pasado que se han dejado sentir en nuestros días. La aparición de las "Memorias de Gorriarán Merlo" o el tema de las extradiciones, por ejemplo. Hoy en día es posible escuchar desde el periodismo televisivo declaraciones que moverían a risa, si el tema no involucrara las gravísimas dimensiones que todos conocemos. La frase: "Ah, pero que se castigue a todos por igual:a la izquierda y a la derecha, o a ninguno", olvidando que de un lado se secuestraron familias enteras, por las dudas, y del otro se han dictado en muchos casos ceremoniosos arrestos. Similar al chiste del blanco que se enfrenta con el negro maniatado y le exige que pelee limpio, este tipo de cinismo periodístico sobrevive gracias al desconocimiento de la propia historia que los argentinos, y en particular los tucumanos cultivamos y que de no ser así exigiríamos a nuestra prensa escrita o no escrita un mejor nivel de crítica.
Notas
(1) Octavio Paz, "Las trampas de la Fe"
(2) "Military Review", Julio 1988, Revista Profesional del Ejército de los EEUU, Edición Hispanoamericana, pág. 78, 79 y 80, 81, 82.
(3) Rodolfo Walsh, "Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar" (Fragmentos) Rodolfo Walsh, CI 2845022, Buenos Aires, 24 de Marzo de 1977.
Fuente: www.lahaine.org
Morales Solá – López Echagüe: concluye la polémica que empezó en Veintitrés
"En 1976 yo estaba en Buenos Aires y no en Tucumán. Y nunca hablé con Bussi, bajo ninguna circunstancia, cuando estaba en Tucumán", sostuvo el periodista Joaquín Morales Solá en la revista Veintitrés el 2 de enero de 2003. La afirmación del columnista de La Nación fue en respuesta a una crítica que le formulara su colega Hernán López Echagüe. Sin embargo, el DsD comprobó que La Gaceta de Tucumán publicó el 8 de junio de 1976 una fotografía donde se ve claramente al por entonces joven periodista Morales Solá participando de un agasajo que el interventor provincial, el general Antonio Domingo Bussi, ofreció a la prensa en su día. El DsD presenta dicha foto en esta Zona Dura. Una vez más, sale a la superficie la falta de autocrítica de las empresas periodísticas y de algunos de nuestros periodistas.
El jueves 26 de diciembre del año pasado, el periodista Hernán López Echagüe escribió a la sección Cartas de la revista Veintitrés para criticar una nota firmada por su colega Joaquín Morales Solá, publicada en La Nación el 19 de diciembre, en la cual realizó una defensa de Ernestina Herrera de Noble, la propietaria del diario Clarín por entonces recientemente detenida por un pedido judicial.
Morales Solá sostuvo que "El contexto de 1976 no era el de hoy. Aún las personas que luego formarían la trágica saga de desaparecidos, en aquel año no eran consideradas como tales por ningún argentino que no estuviera en el corazón del poder militar".
Visiblemente irritado frente a tales declaraciones, López Echagüe escribió: "Resulta asombroso corroborar en estos días el temor que ha infundido en los grandes medios de comunicación el arresto de la señora de Noble. (...) ha sido Joaquín Morales Solá, columnista de La Nación y fiel escriba del diario Clarín en tiempos de la dictadura, quien ha elevado la hipocresía al grado de arte...".
El texto de López Echagüe da cuenta de un "pantagruélico" asado que en marzo de 1976 compartieron con "el general genocida" Antonio Domingo Bussi, con Leo Gleizer, René Sallas, Marcos Taire y Morales Solá entre otros periodistas. "Al cabo del ágape, el general obsequió a cada uno de los periodistas presentes un pergamino en el que agradecía ‘su colaboración en la lucha contra la subversión’. Sin ocultar el contento, Morales Solá tomó el suyo y acto continuo buscó el abrazo del general" agregó. El mismo hecho fue narrado anteriormente por López Echagüe en su libro "El enigma del general" (Editorial Sudamericana, diciembre de 1991).
La nota fue publicada en la sección Cartas de la edición del jueves 26 de diciembre de 2002 en la revista Veintitrés. También apareció en el sitio www.argenpress.info. Y en la revista Brecha, del Uruguay. Pero sólo en la revista Veintitrés la polémica tomó forma.
Responde Morales Solá
Joaquín Morales Solá se ocupó de responder a Veintitrés para desmentir en forma terminante el haber estado en un asado con Bussi en Tucumán.
"En 1976 yo estaba en Buenos Aires y no en Tucumán –dice-. Y nunca hablé con Bussi, bajo ninguna circunstancia, cuando estaba en Tucumán", sostuvo entre otros conceptos, el ex Clarín en una carta de lectores publicada en la edición del 2 de enero.
Apuntó también en su misiva que "Una semana antes de que se publicara en Veintitrés una carta con datos absolutamente falsos sobre mi persona, le envié al autor de esas líneas, el periodista Hernán López Echagüe, un mensaje por e-mail desmintiendo categóricamente, y por segunda vez en diez años, lo que allí se afirma. La carta que se publicó en su revista circuló previamente por Internet y la distribuyeron quienes están interesados en destruir la honra y el prestigio de los periodistas que ejercemos la profesión con claros principios éticos".
Se suma Marcos Taire
Posteriormente, en el edición del 9 de enero, Veintitrés publicó – siempre en la misma sección – una carta de Marcos Taire, quien admitió haber asistido a la "siniestra" conferencia de prensa seguida de un almuerzo al que, según subrayó, Morales Solá también concurrió en calidad de redactor de La Gaceta de Tucumán y como corresponsal de Clarín en esa provincia.
Taire agregó, entre otros datos, que "Probablemente le falle la memoria también (a Morales Solá) cuando para desmentir a López Echagüe dice que en 1976 estaba en Buenos Aires y no en Tucumán. Cualquiera que consulte La Gaceta del 23 de abril de ese año podrá ver que en la nota de tapa, con su firma, saluda la designación del general Bussi como gobernador porque ‘el general conoce el ámbito local y no ignora las necesidades y las urgencias de la provincia’".
En diálogo con el DsD, Taire precisó que "a Joaquín Morales Solá nunca lo amenazaron, vino a Buenos Aires simplemente porque le convenía. Yo fui hasta abril de 1976 secretario adjunto del Sindicato de Prensa de Tucumán, donde llevábamos el registro de todos los periodistas que fueron amenazados, y Morales Solá nunca apareció en él".
López Echagüe insiste
Esa misma edición Veintitrés difundió además una segunda carta de López Echagüe, en la que citó un artículo del diario El País de Madrid, del 24 de marzo de 2001, escrito por Morales Solá donde se lee:
"En la triste y absorta madrugada del 24 de marzo de 1976 me tocó cubrir como periodista el ungimiento del prepotente general Antonio Domingo Bussi como gobernador de Tucumán". Dice López Echagüe: "Presumo que si cubrió ‘el ungimiento’ de Bussi no tuvo más remedio que verlo, compartir con él un espacio físico en común, y muy probablemente, pues para eso lo habían enviado...". Fue esta misiva, hasta hoy, el punto final a la saga que supo tejer la enardecida polémica, ya que Morales Solá nunca replicó estos dos últimos mensajes.
Así obtuvimos la foto
El DsD puso en marcha en marzo del 2003 una investigación periodística basada en el relevamiento de todas las notas publicadas por Morales Solá durante 1976, en la recopilación de nuevos testimonios y la ampliación de los ya conocidos. De esta forma, el DsD tomó contacto personal y /o telefónico con Marcos Taire, Morales Solá, René Sallas, diversos periodistas tucumanos que viven en dicha provincia y / o en la Capital Federal y con profesionales del diario La Gaceta de Tucumán. Aclaramos que el DsD nunca tomó contacto con el periodista López Echagüe, con quien además nuestra publicación no ha tenido ni tiene relación alguna.
En abril la nota estaba terminada. Pero nunca se editó, debido a que en realidad constituía simplemente un buen resúmen de todo lo publicado hasta entonces. Sin embargo, distintos aspectos eran inquietantes. Por ejemplo, algunos periodistas que aceptaron hablar en "off" con el DsD aseguraron que "hasta 1976, Morales Solá trabajó en La Gaceta como redactor de la sección política. Toda la información sobre el Operativo Independencia la manejaban él - simultáneamente corresponsal de Clarín - Rubén Rodó y el secretario de Redacción, Julio Aldonate". A la vez, la investigación no pudo ubicar ni siquiera a un profesional que avalara en dicha provincia lo sostenido por Morales Solá.
Ciertamente la polémica periodística no superaba los límites de los testimonios personales enfrentados.
Tiempo después la investigación tuvo un giro inesperado. En un nuevo relevamiento del diario La Gaceta de Tucumán se pudo ubicar una foto publicada el 8 de junio de 1976 donde se ve claramente a Morales Solá junto a un grupo de militares y periodistas mientras hace uso de la palabra el por entonces general Bussi. Como estamos en la era digital, tal vez algún lector podrá pensar que se trata de un truco fotográfico. Pues bien, invitamos a visitar la colección de La Gaceta de Tucumán – en cualquier hemeroteca del país - y verificar que la foto fue publicada en la página 5 del diario.
La foto dice todo. Esta es la foto:

El texto de la información que acompaña a dicha foto dice lo siguiente:
"Con motivo del día del periodista, el gobernador de Tucumán, general Antonio Domingo Bussi, agasajó ayer a los representantes de todos los medios de prensa de la provincia. Asistieron también ministros y secretarios de Estado".
Según el artículo el entonces gobernador dijo que "el gobierno de la provincia no quería dejar pasar por alto un día tan significativo para ustedes y tan importante para la provincia, sin invitarlos a este sencillo homenaje, para adherirnos de todo corazón al día que celebran, agradecerles toda la colaboración que nos vienen brindando, exhortarlos a que continúen prestando el mismo apoyo, entendiendo que sólo a través de ustedes y con ustedes podemos hacer llegar a la opinión pública nuestras preocupaciones y tentar la búsqueda de soluciones a los acuciantes problemas que nos preocupan, nos animan y nos impulsan".
Un tema que nunca termina, porque el debate nunca empieza
Hace 20 años que la Argentina supo recuperar su aún incompleta democracia. En dos décadas, el periodismo argentino ha sabido gozar de la confianza de la opinión pública, en grados elevados. Empresas y periodistas fueron considerados por la opinión pública – y por cierto que lo siguen siendo, aún hoy, en menor medida – paladines que investigan y denuncian desde cuestiones de Estado, pasando por hechos de corrupción hasta crímenes impunes. El periodismo argentino en general ha sido crítico de nuestra clase de dirigentes políticos, de nuestros sucesivos funcionarios, de nuestro sindicalismo, de militares con pasado de represores, entre otros casos. Así el periodismo pasó 20 años silbando bajito sin mirarse nunca al espejo propio.
Sin embargo, ni las empresas periodísticas ni un selecto grupo de periodistas que durante la pasada dictadura ya se desenvolvían en puestos relevantes y forjaban la opinión pública desde diarios, radios y revistas han hecho su autocrítica. Veinte años parecen no ser nada…
Por eso este debate va y viene. Vuelve siempre.
¿No fueron acaso sometidos a la censura del régimen, aceptando la autocensura y colaborando en la difusión de los objetivos del gobierno de facto?
¿Tiene Morales Solá que defenderse de las críticas de López Echagüe afirmando, como lo hizo, que provienen de "quienes están interesados en destruir la honra y el prestigio de los periodistas que ejercemos la profesión con claros principios éticos".
El DsD tiene en su poder varias notas publicadas y firmadas por Morales Solá hasta agosto de 1976. Podríamos ocupar este espacio detallándolas. Para demostrar así que el periodista destacó públicamente los logros del Operativo Independencia, valoró las ideas de Bussi y se las explicó a sus lectores. Les preguntamos a nuestros lectores: ¿Hace falta?.
Por de pronto, Morales Solá sí conoció al "general genocida" Bussi. Sí estuvo con él en Tucumán, durante 1976. López Echagüe y Taire tienen razón.


Fuente: www.diariosobrediarios.com.ar
ERP - Ejercito Revolucionario del Pueblo
De: América Latina en Armas, Ediciones M.A., Buenos Aires, Enero de 1971
¿Qué es y cómo nace el "Ejercito Revolucionario del Pueblo"?
El ERP nace como consecuencia de una decisión política del último congreso del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) realizado 'en julio de este año el IV Congreso del partido, de 1968, inició el proceso que culmina con la creación del ERP al expulsar a la fracción derechista de Nahuel Moreno; se abre entonces una intensa etapa de lucha ideológica contra las tendencias reformistas y sindicalistas del partido 'por parte de quienes buscan consolidar la propuesta de organizar un "partido para el combate"
En un proceso a veces confuso y que hemos definido como de "lucha de clases" dentro del partido se da la batalla contra: a) una corriente reformista que por entonces subsiste en ciertos sectores de la organización, y b) contra una tendencia que esconde su 'Centrismo detrás de la defensa de la concepción 'Clásica del "partido bolchevique". En estos dos años el partido avanza confusa pero firmemente: incorpora la experiencia de la revolución continental en la década del sesenta, incorpora y discute los principios del "maoísmo" y de las estrategias del "marighelismo" y de los "tupamaros", lo que indica una radicalización permanente.
Al mismo tiempo, en el terreno de la práctica y pese a las dificultades internas hay acciones de todo tipo que no se firman (expropiaciones, pertrechamiento, etc.) que aceleran las contradicciones de la organización. Diecisiete presos en Tucumán por apoyar con acciones de violencia una huelga general y otros tantos en Rosario por acciones contra destacamentos policiales muestran esa voluntad de lucha. También la intención del partido de pelear por sus militantes caídos en poder del enemigo como se evidenció en las acciones de rescate de prisioneros.
Así se llega al V Congreso en julio de este año, con la firme decisión de limpiar el camino de contradicciones internas para asumir un nuevo nivel de lucha. El Congreso reafirma entonces esta tesis central: "Consolidación de un partido clasista y revolucionario, ideológicamente socialista y partícipe activo de la Cuarta Internacional que dirigen Ernst Mandel, Pierre Franck y Alain Krivine, entre otros. En el mismo Congreso se decide organizar el Ejército Revolucionario del Pueblo, que debe ser un ejército 'proletario por su composición social básica, revolucionario por su práctica y que por tener que operar en el marco de una guerra civil popular asumirá la forma de una organización de masas.
¿Quiere decir esto que el ERP es el brazo armado del Partido?
No. El ERP no es el brazo armado del PRT. Es una organización de masas para la guerra civil. Sus filas están 'constituidas por todos los militantes del Partido más aquellos combatientes de diferentes capas sociales y disímiles extracciones políticas que aceptan pelear por el programa del ERP; este programa es antiimperialista, anticapitalista y democrático mientras que el programa del PRT es clara y definidamente socialista. Para resumir podemos decir que el ERP tiene un programa "mínimo" mientras que el PRT levanta un programa "máximo".
¿Quién dirige políticamente al ERP?
EI PRT es la dirección político-militar del ERP, pero no reduce su función a ser un estado mayor "elitista" sino que se plantea operar y crecer como un instrumento político en el seno de las masas.
Este proyecto intenta resolver algunas contradicciones comunes en el movimiento revolucionario latinoamericano entre los que se cuentan el problema del 'brazo armado y el brazo político", el antagonismo entre actividad política y acción militar y el frecuente divorcio de ambas prácticas respecto de la dinámica política de las masas y de las características político-militares del enemigo.
¿Renuncia entonces el PRT a la acción legal y se concentra en la actividad militar?
EI principio estratégico que nos guía es el de extender la guerra que a nuestro juicio ya ha comenzado. Entiéndase bien que no pretendemos por ahora ganar esa guerra sino extenderla en nuestro carácter de destacamento armado de la vanguardia (porque no pretendemos ser la vanguardia -que en nuestro país no existe orgánicamente constituida). Esa extensión de la guerra civil revolucionaria la cumplimos a través de la acción política y de la acción militar; eso explica muchas de nuestras acciones, poco espectaculares y acaso "desprolijas".
Evidentemente, es fácil para un comando revolucionario tomar un camión de leche o de carne y repartir la carga en una villa miseria. Pero nosotros no buscamos resolver el problema del hambre en esa villa sino mostrar a las masas que esa acción y muchas similares son factibles de realizar can pocas armas y poca gente. Cuándo esa idea prende en el pueblo; la guerra de las masas es invencible. Por parecidas razones también, firmamos ahora todos nuestros operativos, los que salen bien y los que salen mal porque hay que evidenciar que la lucha armada no es tarea de unas pocos, de una "elite" de súper entrenados sino que es tarea del pueblo y en ella caben los fracasos y los errores.
Hay una crítica común a las organizaciones armadas que actúan en la Argentina, la acción militar, por su propia dinámica, separa a los revolucionarios de las masas. ¿Cómo la contestan?
Esa es la crítica actual del reformismo de izquierda que no hace más que reproducir las viejas concepciones de los PC latinoamericanos cuya máxima expresión fue la polémica del PC venezolano con Fidel Castro.
La operación de nuestras críticos consiste en transformarnos en "guerrilleristas", como versión modernizada del "foquismo rural"; pero la falacia de desnaturalizar nuestra concepción estratégica militar se destruye cuando militantes de base de las organizaciones que nos critican se encuentran con nuestros compañeros en las fábricas, talleres, villas y universidades luchando por la defensa de intereses específicos y levantando una política que toma en cuenta el nivel de conciencia de las masas y la extiende en el marco de una estrategia política y militar que conduzca a la liberación nacional y social.
Pero esto sucede sencillamente porque el concebir la guerra revolucionaria como una guerra popular, nos demanda la construcción de un ejército que para contener al pueblo en armas debe proponerse como una organización de masas, la que lleva necesariamente al desarrollo de un partido revolucionario que lleve el timón de la guerra revolucionaria como una extensión de la política de masas.
Pero no sólo se trata de dotar a la organización de una política para las masas sino que hay preocupación en que los combatientes y militantes compartan su vida diaria con las masas, en sus barrios y villas; estos vínculos permiten asentar la clandestinidad de nuestra acción en las masas debilitando así el papel estratégico de las aparatos. Se trata de una clandestinidad "abierta" producto del trabajo político.
Esas críticas serían justas respecto del foquismo más elemental, pero pierden fuerza cuando la concepción que atacan es la del pueblo operando en medio de una guerra y la del partido clasista actuando coma eje del proceso.
¿Qué diferencias programáticas y organizativas hay entre el PRT y el ERP?
El ERP Iucha por un gobierno revolucionario y popular mientras que el PRT es una organización marxista leninista, ligada a la Cuarta Internacional que lucha por un gobierno Socialista. La única condición para incorporarse al ERP es la decisión de combatir y el odio a la dictadura y el imperialismo. En todos los grupos armados del ERP hay "comisarios políticos" del PRT que son el núcleo y la dirección política, pero no siempre tienen la dirección militar.
¿Cómo se sitúa el ERP frente a las .otras organizaciones armadas que operan en el país?
En el plano de la solidaridad y la simpatía, tenemos la mejor actitud y buenas relaciones con todos. Políticamente, luchamos por un doble objetivo:
1) la constitución de un Frente Unido Revolucionario que agrupe a aquellas organizaciones armadas de perspectiva clasista, marxista-leninista, socialista.
2) la .organización de otro frente, más amplio, de carácter policlasista, unido por su decisión de combatir, a través de la lucha armada a la dictadura, y al imperialismo.
En este marco fraterno se desarrollan acciones comunes con organizacjones combatientes tanto marxistas como no marxistas.
¿En qué etapa de la lucha considera el PRT que se encuentra actualmente?
Estamos en el inicio de la guerrilla civil revolucionaria, en la 'etapa de la propaganda' armada, de acumulación de fuerzas y desgaste del enemigo.
Naturalmente, pensamos que la guerra es larga pero también estamos persuadidos de que ya empezó si bien por el momento esta a cargo de sectores de vanguardia.
Nosotros creemos haber roto la contradicción ciudad-campo; pensamos que se va a combatir en todas partes donde exista el pueblo y su enemigo. Lo importante, lo decisivo es el hombre, no el terreno.
¿Cómo se sitúa el ERP frente a la lucha armada en el continente y en el mundo?
En nuestro embrión de Ejército no hay grados ni insignias; nuestro único Comandante es y será el Che Guevara; eso sólo define nuestra posición internacionalista y revolucionaria, nuestra rotunda solidaridad con Cuba.
En el plano continental mantenemos relaciones fraternales con el MIR de Chile, con los Tupamaros, con el Partido Obrero Revolucionario que dirige Hugo González en Bolivia, con el Frente Sandinista de Liberación de Nicaragua, con la Alianza de Liberación Nacional de Brasil y con Ias otras organizaciones armadas.
Pensamos que en el desarrollo mismo de la lucha se irán creando las condiciones para aproximaciones y puntos de unidad en el plano regional, empezando por nuestra zona más inmediata, el Cono Sur.
Para nosotros el camino de la liberación latinoamericana pasa históricamente por la lucha armada asumida por las masas. Pensamos que experiencias como la de Velasco Alvarado en Perú o la de Torres en Bolivia sólo son posibles después de la aniquilación física del movimiento revolucionario de esos países y son asimilables por la estrategia política del imperialismo.
En el plano mundial miramos con simpatía revolucionaria a Cerea, Vietnam y China, además de Cuba de quien nos sentimos naturalmente más cerca. También repudiamos a las burocracias stalinistas del Este de Europa y alentamos y nos sentimos solidarios con las oposiciones de izquierda que empiezan a crecer en esos países.
Fuente: http://www.elhistoriador.com.ar
Una periodización de las prácticas sociales genocidas en la Argentina
Por Gabriela Roffinelli

"La barbarie reaparece, pero esta vez ella es engendrada en el propio seno de la civilización y es parte integrante de ella. Es una barbarie leprosa, la barbarie como la lepra de la civilización". Karl Marx
"Para comprender el por qué de los fusilamientos en la Patagonia tiene que ser militar. A nosotros se nos ordenó solucionar el problema de cualquier manera. Y cumplimos con la orden. No podíamos volver a Buenos Aires y decir: Señor Presidente, nos dio lástima esa gente. No: lo que valía era la solución absoluta del problema. Y nosotros lo solucionamos. Nunca más, durante cincuenta años, hubo huelgas en el Sur".
Testimonio de uno de los oficiales del teniente coronel Héctor Varela, represor de los huelguistas de la Patagonia (1921)
Civilización y barbarie
"Aquí el capitalismo descubre su cabeza de cadáver, aquí confiesa que su derecho a la existencia ha caducado, que la continuación de su dominación ya no es compatible con el progreso de la humanidad". Rosa Luxemburgo
El genocidio perpetrado por los nazis y todos los genocidios que se efectuaron a lo largo del siglo XX en diversos rincones del mundo (América Latina, Europa, Ruanda, Camboya) no fueron el resultado de una recaída en un salvajismo ancestral sino - por el contrario - la aparición de una barbarie plenamente moderna y capitalista.
Barbarie que no podría comprenderse fuera de las estructuras constitutivas de la moderna civilización capitalista: la técnica, la industria, la división del trabajo, la organización burocrática - racional y el monopolio estatal de la violencia. Y justificada por una ideología moderna que se apoya en la ciencia, en la biología, en la higiene social y en la teoría social darwiniana. Se trata, entonces- desde el punto de vista de su ideología y de su estructura - de una barbarie específicamente moderna.
En este sentido el sociólogo Zygmunt Bauman sostiene que el icono de la barbarie moderna lo constituye Auschwitz por su estructura de fábrica de muerte, científica y técnicamente organizada, pero sobre todo porque es un producto típico de la cultura racional burocrática, que elimina de la gestión administrativa toda interferencia moral y toda responsabilidad.
Esta nueva fase de barbarie moderna se inauguró con la Primera Guerra Mundial y aún permanece abierta. Es a partir de la Primera Guerra Mundial, que Rosa Luxemburgo - en su trabajo "La crisis de la socialdemocracia" (1915) - plantea que la verdadera disyuntiva a la que se enfrenta la humanidad no es "civilización o barbarie" sino "socialismo o barbarie". Para Rosa dentro de la civilización moldeada por el capitalismo no existe alternativa humanista posible, sólo en una civilización construida sobre las bases del socialismo es posible un futuro para la humanidad. Tempranamente advierte que la barbarie a la que nos enfrentamos no implica volver a un pasado tribal, primitivo y salvaje, sino más bien una barbarie eminentemente moderna.
El sociólogo Michael Löwy sintetiza los rasgos que definen la barbarie como propiamente moderna:
"Utilización de medios técnicos modernos. Industrialización del homicidio.
Exterminación en masa gracias a tecnologías científicas de punta.
Impersonalidad de la masacre. Poblaciones enteras -hombre y mujeres, niños y ancianos- son "eliminados" con el menor contacto personal posible entre quien es el que toma la decisión y las víctimas.
Gestión burocrática, administrativa, eficaz, planificada, "racional" (en términos instrumentales) de los actos de barbarie.
Ideología legitimadora de tipo moderno: "biológica", "higiénica", "científica" (no religiosa ni tradicionalista).
Todos los crímenes contra la humanidad, genocidios y masacres del siglo XX no son modernos en el mismo grado: el genocidio de los armenios en 1915, el llevado a cabo por Pol Pot en Camboya, aquel de los tutsis en Ruanda, etc., asocian, cada uno de manera específica, características modernas y arcaicas".2
Los crímenes en masa meticulosa y pormeronizadamente planificados, burocráticamente organizados y ejecutados por la fuerza del Estado moderno no significan un regreso - simple y llano - a una época de barbarie superada por la civilización sino que son parte de la civilización capitalista. "Simplemente, la barbarie es una de las manifestaciones posibles de la civilización industrial/capitalista moderna -o de su copia "socialista" burocrática.3
Lamentablemente, a lo largo de todo el siglo XX, la barbarie constituyó el rasgo dominante de la época y podemos decir lo mismo de los inicios del presente siglo; sólo con considerar la actual situación en Irak y Palestina. Los genocidios perpetrados constituyen una ruptura con la herencia humanista y universalista de los iluministas y un ejemplo terrible de las potencialidades negativas y destructivas la civilización capitalista. Al mismo tiempo que ponen en jaque la concepción de la historia como progreso ineluctable, inevitable, garantizado por leyes "objetivas" del desenvolvimiento económico.
No se trata de sustentar el fracaso de la modernidad a partir de la existencia de Auschwitz, ni de postular un regreso a un pasado arcaico, pre-moderno - como proponen los culturalismos - , ni de renunciar a uno de los principales aportes de la Ilustración: la idea de que el hombre es el artífice de su propio destino, el hacedor de su propia historia y que ya no está sometido a la voluntad de fuerzas sobrenaturales o divinas.
Pero sí de advertir que el devenir de la modernidad occidental está indisolublemente ligada al desarrollo del capitalismo y a la barbarie, en tanto, una de sus caras. La modernidad capitalista ha dado lo mejor y lo peor a la vez.
Los intelectuales de la Escuela de Frankfurt oportunamente advirtieron acerca de esta dialéctica de la contradicción propia de la modernidad. W. Benjamin se bien reconocía el aporte positivo del desarrollo de la ciencia y de la técnica se preocupaba más por su dominio social. "No se puede confiar ilimitadamente en I.G. Farben y en el perfeccionamiento pacífico de la Luffwaffe." Señalaba en forma dramáticamente premonitoria en 1929.
También Marx - como señala lucidamente Michael Löwy - pensó la historia como progreso y catástrofe a la vez, sin favorecer ninguno de los dos aspectos. En este sentido Frederic Jameson sostiene que "Marx nos exige hacer lo imposible es decir pensar el desarrollo (del capitalismo) positiva y negativamente a la vez. Se trata de una forma de pensar que sería capaz de captar simultáneamente los rasgos demostrablemente siniestros del capitalismo y su dinamismo extraordinario y liberador en un solo pensamiento y sin atenuar la fuerza de ninguno de los dos aspectos. Debemos abrir nuestra mente hasta poder comprender que el capitalismo es a la vez la mejor y la peor cosa que jamás le ha ocurrido a la humanidad".4
De allí que los considerados fracasos de la modernidad son en realidad el resultado del despliegue del capitalismo. Pero sobre todo las más claras señales de que - el capitalismo - no es compatible con el "progreso de la humanidad". Son los inicios "de que ha llegado (el capitalismo) al final del recorrido a lo largo del cual todavía podía parecer sinónimo de progreso, a pesar de sus propias contradicciones. Hoy día entonces la elección «socialismo o barbarie» es verdaderamente aquella a la cual la humanidad está confrontada".5
Creemos que - para conjurar la barbarie - el capitalismo debe ser superado por un socialismo que marque una diferencia cualitativa en la historia de la humanidad. Es decir tendrá que significar una verdadera transformación social en el ámbito cualitativo, no sólo un mero cambio de sistema económico sino una verdadera transformación de los valores sociales y morales.
En este sentido H. Marcuse señalaba que una auténtica transformación social no significa sustituir un sistema de servidumbre por otro sistema de servidumbre sino que implica un profundo cambio del sistema mismo en su conjunto.
La crítica del capitalismo deberá a su vez establecer reglas alternativas para la organización social, así como valores alternativos. Dicha crítica deberá representar entonces un sistema de racionalidad alternativo que nosotros seguimos llamando socialismo.
Hacia la conformación de la barbarie argentina.
En menos de un siglo la barbarie se ha extendido hacia todos los rincones del mundo. El paradigma lo constituye obviamente el genocidio perpetrado por los nazis con sus campos de exterminio, sus cámaras de gas y sus millones de muertos. Pero lamentablemente este no ha sido el único. La lista es larga: comienza6 en 1915 con el millón de armenios asesinados en Turquía y continúa en el siglo XXI.
Preguntarse qué factores políticos, sociales y culturales contribuyen a generar las condiciones de posibilidad para que sistemáticos y planificados asesinatos en masa se produzcan es imprescindible si queremos avanzar en el conocimiento de estos hechos y, en el mejor de los casos, impedir que se repitan.
Se tratar de entender ¿cómo fue y es posible secuestrar, torturar y asesinar en forma masiva7 en el seno de sociedades - muchas veces - consideradas "civilizadas y modernas"?. ¿Cómo pudieron y pueden existir campos de concentración, tortura y muerte?.8
Entendemos que no es posible pensar el desarrollo de un proceso genocida sólo como obra de unos militares desquiciados. Una violación masiva de los derechos humanos exige un alto grado de organización, una planificación sistemática, la participación activa de grandes sectores de la sociedad y la complacencia acrítica de otros.9
Partimos del supuesto de que un genocidio se define por el nivel de sistematicidad y planificación con que una fuerza social - con control del aparato estatal - decide eliminar a una fracción determinada de la población, sin importar las características a partir de las cuales define a las víctimas de este tipo de accionar. Es decir, entendemos un genocidio a partir de las prácticas sociales de aniquilamiento desarrolladas por una fuerza social y no a partir de las características peculiares de las víctimas; como hacen algunos investigadores restringiéndose a la Declaración de las Naciones Unidas para la Sanción y Prevención del delito de genocidio.
Creemos que un genocidio debe definirse a partir de un tipo de práctica social "con sus características, con sus instrumentos teóricos y prácticos, con sus formas de adiestramiento, con su tecnología particular y sus técnicas específicas. Es por ello que resulta de vital importancia descubrir cómo se construye un genocidio y cómo se construye a sus protagonistas (tanto víctimas como perpetradores)".10
Si realmente queremos avanzar en el conocimiento de estos hechos horrorosos, para tratar - en el mejor de los casos - de evitar que ser repitan, debemos comprender que un asesinato en masa no se realiza de un día para otro sino que es un proceso social que se construye lentamente.
Desde esta perspectiva, en el presente trabajo intentaremos analizar el genocidio argentino siguiendo la propuesta de periodización de las prácticas sociales genocidas realizada por el sociólogo argentino Daniel Feierstein11 en su libro Seis estudios sobre genocidio. Análisis de las relaciones sociales: otredad, exclusión y exterminio .
Ya Bruno Bettelheim, sobreviviente de los campos de concentración nazis, examinando la falta de oposición al genocidio daba cuenta del mismo como de un proceso gradual. "Hasta cierto punto la ausencia de oposición se debió a la intensa propaganda antisemita y al hecho de que al principio los tornillos que privaban a los judíos del espacio para respirar fueron apretados lentamente. Resultaría pesado repetir aquí las sucesivas medidas que primero convirtieron a los judíos en ciudadanos de segunda clase, luego les despojaron de todos sus derechos civiles y les impidieron ejercer sus profesiones, después les prohibieron ganarse la vida y asistir a reuniones públicas, al mismo tiempo que sus hijos eran excluidos de la escuela; de qué manera primero se ridiculizó a los judíos públicamente, luego se les atacó físicamente, después se les encarceló y finalmente se les internó en los campos."12
Abordar el genocidio como un proceso social, es decir como el desarrollo sistemático de un conjunto de prácticas sociales, posibilita indagar con mayor minuciosidad las distintas fases que lo conforman:
La construcción del otro negativo (que será exterminado) busca marcar y diferenciar a aquellos que "ponen en peligro" al conjunto de la sociedad.
El hostigamiento que se ejerce sobre el otro negativo prepara y adiestra a la fuerza genocida.
El aislamiento destruye los lazos sociales solidarios del otro y lo recluye.
El debilitamiento quiebra la resistencia del otro.
El exterminio significa la desaparición del otro negativo tanto material como simbólicamente.
En síntesis un genocidio, por lo tanto, debe definirse en función de un tipo de práctica, que procede a la marcación de un sujeto social como "otro negativo", a su hostigamiento y aislamiento dentro de la estructura social y al montaje de todo un conjunto de acciones destinadas a secuestrarlo del ámbito de su existencia social y a aniquilarlo.
Trataremos de analizar el proceso genocida argentino (1975-1983) desde esta concepción teórica y utilizando la periodización establecida aunque siempre teniendo en cuenta que la realidad social no puede ser encorsetada en categorías analíticas estancas, sino que estás últimas cumplen la modesta función de servirnos de guías y ayuda para analizar los procesos sociales concretos.
Contexto histórico - social
A finales de los años '60 se vivió en Argentina un auge de la conflictividad social. La dictadura encabezada por Onganía (1966-1970) había establecido un asfixiante régimen político y social que estalló en mayo de 1969 con las masivas movilizaciones callejeras producidas en las ciudades de Rosario y Córdoba. Movilizaciones que rápidamente se extendieron al resto del país.
Constituyeron verdaderas insurrecciones protagonizadas por la clase obrera y el pueblo, con luchas en las calles, fogatas y levantamiento de barricadas y enfrentamientos masivos contra la política y el ejército. Con el paso de los años el Cordobazo se convirtió en el emblema de todas ellas.
Desde mediados de la década se venía gestando un fuerte descontento social que se manifestó más claramente en los sindicatos, en las universidades y hasta en el seno de la iglesia católica.
Surgió una nueva tendencia interna en el seno del movimiento obrero que posibilitó la emergencia de dirigentes sindicales que respondían más a sus bases y que se oponían frontalmente a la política del gobierno de Onganía y a la burocracia sindical.13 Como por ejemplo Raimundo Ongaro (gráficos), Agustín Tosco (Luz y Fuerza de Córdoba), René Salamanca (SMATA) y Leandro Fote (FOTIA) que se nuclearán - a partir de 1968 - en la Confederación General de los Trabajadores Argentinos (CGTA).14
Al mismo tiempo en la universidades15 crecía el descontento y se conformaba una dirigencia estudiantil solidaria - cada vez más - con los reclamos de los sectores obreros. Durante las luchas del movimiento estudiantil de la provincia de Corrientes - en contra el aumento de los vales del comedor universitario - es asesinado por la policía, el estudiante Juan José Cabral (14 de mayo 1969). Esto dio origen a numerosas aciones obreras y populares de repudio por todo el país.
Apenas dos días después en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe una movilización impulsada por el movimiento estudiantil en homenaje a Cabral, es reprimida ferozmente, produciéndose la muerte - a manos de la policía - de otro estudiante: Adolfo Bello. Hecho que desembocó - el 21 de mayo de 1969 - en la movilización obrera y popular conocida como el Rosariazo.
Unos días después (el 29 mayo) se produce el histórico Cordobazo y entre el 10 y 16 de septiembre de ese mismo año se produce el segundo Rosariazo. Todas ellas constituyen luchas callejeras protagonizadas por obreros y estudiantes - con un amplio apoyo de la población - contra la dictadura de Onganía.
Inclusive así lo analizará, unos años después, el ex presidente de facto Lanusse (1970-1972): "Estoy totalmente seguro - le dije (a Onganía) - que esto (el Cordobazo) estuvo lejos de ser obra exclusiva de la subversión. Los elementos subversivos actuaron y, en algún momento, marcaron el ritmo. Pero en la calle se vivía el descontento de toda la gente. (...) Puedo decir que fue la población de Córdoba, en forma activa o pasiva, la que demostró que estaba en contra del Gobierno Nacional en general y del Gobierno Provincial en particular".16
Al calor de las insurrecciones callejeras se consolida la alianza popular obrera y estudiantil y surgen - en todo el país - las organizaciones guerrilleras. A su vez, "la dura represión de las movilizaciones obreras, junto con los ejemplos del Che Guevara en Bolivia, Camilo Torres en Colombia y la guerra de Vietnam, dieron lugar a una fuerte discusión en torno a la necesidad de iniciar la lucha armada en la Argentina."17
Numerosas fueron las agrupaciones armadas que para entrada la década de 1970 realizaban sus actividades. Hacia comienzos de la década existían alrededor de 17 grupos armados de los cuales cinco tuvieron alcance nacional. Estos cinco fueron: Fuerzas Armadas Peronista (FAP), las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), Fuerzas Armadas de Liberación (FAL), Montoneros y Partido Revolucionario de los Trabajadores- Ejercito Revolucionario del Pueblo (PRT- ERP). Aunque fueron el PRT-ERP y Montoneros los de mayor envergadura organizativa en todo el país.
En 1974, el PRT-ERP lanzó la Compañía de Monte "Ramón Rosa Giménez" con entre 50 y 100 combatientes armados en los montes tucumanos. Recuerda José un ex combatiente de dicha guerrilla rural "Teníamos todas las condiciones, no solo el apoyo de la gente, sino, hasta de la estructura de inteligencia, de informar a la gente, de seguir los pasos (...) Cuando se abre el frente rural es a caballo de todo el trabajo previo que habíamos realizado".
La simpatía que manifestaba la población con las organizaciones sociales y armadas comenzó a preocupar seriamente a la burguesía argentina. En este sentido un terrateniente tucumano, J. M. Avellaneda (quién prestó sus tierras, desde los inicios del Operativo Independencia18, para que sirvieran de base militar) manifiesta que: "La población antes de que llegara el Ejército, estaba en un 90% con la subversión. (...) El almacenero les daba víveres, el otro pasaba información. Le repito: consciente o inconscientemente, queriendo o no queriendo, estaban a favor de la subversión. (...) ¡La mitad de mis obreros estaba con la subversión!"19
Crisis de Hegemonía
Esta situación - brevemente descripta anteriormente - estaba dando cuenta de una crisis de hegemonía u orgánica20 en la Argentina de fines de los años '60. En este mismo sentido el sociólogo Juan Carlos Marín argumenta que "La crisis de la ideología burguesa en la conciencia obrera era algo que ya se reflejaba en su permeabilidad hacia los combatientes armados de los movimientos revolucionarios; así como en su decisión creciente de otorgarle a los enfrentamientos una fuerza y orientación que superaba la establecida por las conducciones corporativas y políticas tradicionales del peronismo".21
En realidad, en Argentina a partir del golpe de Estado de 1955, que derrocó al gobierno peronista ningún sector social logró convertirse en hegemónico. Es decir, no se pudo constituir un modelo estable de hegemonía orgánica ya que ninguna alianza social se encontró en condiciones de subordinar al resto de la sociedad bajo su dominio y de imponer su proyecto económico, social y político. Con la particularidad de que todos los sectores, a su vez, conservaron la capacidad de vetar los proyectos de los demás, produciendo una situación, que el sociólogo Juan Carlos Portantiero denomina, de "empate hegemónico". Se abre, entonces, a partir de 1955 un largo período de "crisis orgánica", de ahí que se sucedieran frecuentes crisis e inestabilidades políticas y sociales.
Si bien, Portantiero marca 1955 como el punto de inicio de una crisis de hegemonía en Argentina, destaca que es entre 1969 y 1970 el momento histórico de profundización de la misma y de la emergencia de una verdadera crisis, social, cultural y política, es decir "una verdadera crisis orgánica".22
La permanencia del orden establecido comenzó a ponerse en duda por la acción de los sectores populares que con sus constantes demandas económicas - corporativas, pero sobre todo con sus reclamos de carácter político, ponían en jaque la precaria gobernabilidad imperante.
Las luchas sociales que se produjeron con el objetivo de enfrentar la política económica y social excluyente de la dictadura de Onganía - Levinston - Lanusse,23 tuvieron sucesivas derrotas pero, a pesar de ello, se logró articular una fuerza social24 constituida por una alianza de carácter popular entre las fracciones más perjudicadas por el régimen. Sobre dicha fuerza social - a partir de enero de 1975 con el Operativo Independencia - se ejerció el aniquilamiento. Pero la misma, no surgió "espontáneamente" (como pudiera aparecer ante las representaciones imaginarias del sentido común) ni tampoco repentinamente. Por el contrario, constituyó el punto de llegada de un largo proceso de génesis histórica conformada a partir de los enfrentamientos, alineamientos, rupturas históricas y realineamientos sucesivos frente a la fuerza social dominante.
Esta génesis social generó, como contrapartida, que la represión concentrara cada vez más - en su fase de respuesta estratégica (social y política) de clase- su accionar sobre los cuerpos indisciplinados que constituyeron esta alianza social contrahegemónica.
Recordemos que cuando el sistema económico, político y social se siente objetiva y/o subjetivamente amenazado, a partir del alto nivel alcanzado por las luchas populares y si ya no puede apelar únicamente al consenso, entonces acude rápidamente a la fuerza, a la coerción con el firme objetivo de restablecer "el orden". En la búsqueda de esta meta intenta nuevamente restituir el consenso, ya que no puede dominar de manera permanente sólo con la coerción. Se inicia entonces un nuevo período de "paz", es decir de dominio estable, de hegemonía. Los últimos treinta años de historia argentina constituyen un claro ejemplo confirmatorio de esto.
En este sentido, Gramsci sostiene que para analizar una sociedad no se debe considerar el momento de la hegemonía o el momento ético - político y prescindir del momento de la fuerza sino tener una mirada sobre los dos momentos. Concretamente dirá: "¿Es por casualidad o por una razón tendenciosa que Croce inicia sus narraciones desde 1815 y 1871, o sea que prescinde del momento de la lucha, del momento en el que se elaboran y agrupan y alinean las fuerzas en contraste, del momento en que un sistema ético - político se disuelve y otro se elabora en el fuego y con el hierro , en el que un sistema de relaciones sociales se desintegra y decae y otro sistema surge y se afirma, y por el contrario asume plácidamente como historia en el momento de la expansión cultural o ético - político?". 25
Es decir, que para analizar la sociedad argentina presente no tenemos que mirar solo el momento actual, que podríamos llamar de hegemonía neoliberal, sino que invariablemente nos tenemos que remitir al momento en que se disolvió el anterior sistema ético - político y el actual sistema se constituyó. Las prácticas sociales genocidas (que tratamos de periodizar en este trabajo) se insertan justo en ese momento histórico de inflexión, mejor dicho, fueron las que posibilitaron la desintegración de un sistema de relaciones sociales y el surgimiento de otro nuevo.
Esto, solo se pudo concretar exterminando los cuerpos constitutivos de la fuerza social portadora de un modo de articulación social antagónico y contradictorio al régimen establecido.
La construcción del "Otro negativo"
Para que el asesinato de una fracción social indisciplinada, no normalizada y autónoma frente al poder instituido fuera posible; primero se tuvo que construirla - en el plano simbólico - como "otredad negativa" Es decir como un otro diferente, no normal y peligroso para el conjunto de la población.
Como sostiene Hugo Vezzetti la fase de exterminio sólo puede implementarse efectivamente si la gran mayoría normalizada siente que la violencia se ejerce sobre otro que lo amenaza (una minoría peligrosa). "Desde luego, una clave de esa intervención eficaz de la violencia encarnada en el Estado es que la fuerza de su amenaza se dirija sólo contra los otros, o en todo caso, sea visible ante todo como dirigida contra los otros. Sin duda, la figura del subversivo cumplía con la fisonomía del otro expulsado de ese mundo normal que, por su puesto, es una construcción social".26
Nos interesa centrarnos ahora en la construcción social de ese otro negativo que debía ser exterminado porque constituía un inminente peligro social. Dicha construcción simbólica es la que permite construir un marco de legitimidad con las prácticas de aniquilamiento. Gramsci diría la construcción de consenso con el accionar de los sectores dominantes, no hegemónicos.
Siguiendo el análisis de M. Foucault observamos que el Estado moderno liberal - más precisamente a partir del siglo XIX- otorgó carácter igualitario a todos los hombres y se atribuyó la facultad de garantizar la vida de sus ciudadanos. Hasta entonces el poder soberano tenía el derecho de hacer morir pero no de hacer vivir. El Soberano podía condenar a muerte pero no tenía la facultad de garantizar o prolongar la vida.
A partir de los siglos XVII y XVIII aparecen técnicas de poder centradas especialmente en el cuerpo. Estas técnicas son procedimientos que apuntan a la distribución espacial de los cuerpos individuales (su separación, su alineamiento, su subdivisión y su vigilancia) y la organización de estos cuerpos en todo un campo de visibilidad. A estas tecnologías Foucault las llamas disciplinarias. Es en este período cuando aparecen las instituciones disciplinarias como las cárceles, los hospicios y las fábricas.
Pero a partir de la segunda mitad del siglo XIX aparecen otro tipo de técnicas de poder no disciplinarias, sino reguladoras, que se aplican no sobre los cuerpos sino sobre la vida de los hombres. 27 Se ocuparán de los problemas de la población como la reproducción, la natalidad, la mortalidad, la longevidad, etc. Surgen así las primeras estadísticas y estudios demográficos. Esta tecnología de poder o biotecnología dará lugar a la aparición de una medicina cuya principal función será la higiene pública. Los organismos que coordinarán y centralizarán las curas médicas, harán campañas para difundir la higiene y trabajarán por la medicalización de la población. "El poder se hizo cargo de la vida. Esta toma sobre el hombre en tanto ser viviente es una suerte de estatalización de lo biológico. (...) El problema es tomar en gestión la vida, los procesos biológicos del hombre/especie y asegurar no tanto su disciplina como su regulación. (...) Un poder de regulación, consistente en hacer vivir y dejar morir".28
Pero aquí aparece un problema ¿cómo un poder que cada vez más garantiza la vida y tiene la facultad de regularizarla, ejerce el derecho de matar, de asesinar?. Dirá Foucault "Si es verdad que el fin es el de potenciar la vida (prolongar su duración, multiplicar su probabilidad, evitar los accidentes, compensar los déficit) ¿cómo es posible que un poder político mate, reivindique la muerte, exija la muerte, haga matar, dé orden de matar, exponga a la muerte no sólo a sus enemigos sino a sus ciudadanos?" 29
El discurso biologisista - racista 30 intervine entonces resolviendo esta paradoja. Este discurso se inserta como un mecanismo para la aceptación de los homicidios realizados u ordenados por los Estados modernos. Por homicidios, Foucault entiende no simplemente el asesinato directo sino también el hecho de exponer a la muerte, multiplicar para algunos el riesgo de muerte, la muerte política y la expulsión.
El trasfondo de este discurso racista lo constituyó la teoría evolucionista con su conjunto de nociones de jerarquías de las especies en el árbol común de la evolución, lucha por la vida entre las especies, y selección que elimina a los menos adaptados. Este discurso devino en un modo de transcribir el discurso político en términos biológicos y racistas.
Así para el Estado moderno los adversarios políticos pasaron a ser peligros externos o internos para el conjunto de la población. "En otras palabras: el imperativo de muerte, en el sistema del biopoder es admisible sólo si se tiende a la victoria no sobre adversarios políticos, sino a la eliminación del peligro biológico y al reforzamiento, directamente ligado con esta eliminación de la especie misma o de la raza." 31
Es decir que se mata a algunos para asegurar la vida del conjunto de la población. El ejemplo más claro lo constituye, obviamente, el discurso nazi,32 para el cual la supremacía y la pureza de la raza aria dependía del aniquilamiento en maza de "razas inferiores" como los judíos y los gitanos; dado que constituían una amenaza de contaminación. Pero debemos advertir como este discurso funcionó en otras sociedades también, siempre apelando a la necesidad de aniquilar a determinados sujetos sociales con el firme objetivo de "preservar la vida" del conjunto.
También operó en Argentina, aunque el proceso fue un poco más complejo porque no era nada fácil apelar a las distinciones físicas de la fracción social que se pretendía aniquilar. "Lo más terrible es cómo se mimetiza la subversión en la población, lo cual hace muy difícil decir aquél es el enemigo, aquél es propia tropa. Esa era otra diferencia con Argelia o Indochina, donde la diferenciación era incluso racial".33
De manera, que el discurso que actuó como constructor del otro que debía ser exterminado, en el caso argentino y seguramente también Latinoamericano, fue similar al utilizado por el nazismo. Es decir se trató de un discurso racista - biologisista. En este sentido, Michel Foucault advierte que este discurso racista dista mucho del racismo entendido como simple o tradicional desprecio u odio de las razas entre sí. El racismo moderno es algo más profundo que una vieja ideología, está directamente ligado con una técnica del poder, con la tecnología del poder.
En Argentina, este discurso biologisista sirvió para construir en el plano simbólico la legitimidad del aniquilamiento de "conciudadanos". De "otros" que desarrollaban prácticas socio - políticas alternativas y críticas al orden vigente, es decir de los otros no normalizados.34 Los opositores políticos y sociales al régimen imperante eran calificados como "delincuentes subversivos, foráneos, ateos, extranjerizantes" que amenazaban una suerte de "estilo de vida occidental y cristiano".
De esta manera el discurso hegemónico provoca - lo que Berger y Luckmann denominan - un "proceso de alternación", es decir la construcción de nuevas interpretaciones de la realidad que permitirán fabricar un marco de legitimidad para las prácticas sociales exclusorias y genocidas.
"Este proceso de «alternación» requerirá, de una parte, una fuerte carga afectiva, que permitirá remover algunas bases de los procesos de socialización primaria35 y, por otro lado, articularse con elementos del pasado, que hagan posible esta redefinición del mundo".36
En el caso de la Alemania nazi la figura del judío cumplió todas estas necesidades. Su figura mitologizada por la Iglesia medieval, podía ser construida como la imagen prototípica del "otro no normalizado".
En este sentido, Feierstein señala que se montó un aparato de verdadera socialización orientado a convertir al judío en el elemento concentrador del odio de las diversas capas sociales. Las fracciones más atrasadas del proletariado dirigieron su odio hacia el judío banquero o industrial en lugar del burgués que los explotaba, la pequeña burguesía vió en el judío al comerciante competidor «ilegal» y la gran burguesía encontró en la figura del judío al "agitador subversivo" portador del germen bolchevique.
En este mismo sentido, Enzo Traverso advierte que por un lado "los judíos eran la personificación de las relaciones abstractas del capitalismo".37 Es decir, "el judío" constituía - para el nazismo - una figura social fetichizada y una metáfora biológica del mundo moderno (Zivilisation) - considerado causa de todos los males - y por lo tanto exterminable, paradójicamente utilizando la técnica y la ciencia pero ahora regenerada. En contraposición la raza aria era la portadora de la cultura (Kultur). Pero al mismo tiempo, el judío era la figura portadora del germen comunista (juedobolchevismo). "Por ser portadores del bolchevismo y guías espirituales (geistigen Füher) de la idea comunista, los judíos son nuestro enemigo mortal. Debemos destruirlos". 38
Feierstein y Traverso coinciden en señalar que para el Estado nazi la figura del "judío" encarnaba relaciones sociales de "no normatividad", es decir escapaban a la "normalización" de la sociedad alemana.
En el caso del genocidio argentino, y también latinoamericano, la construcción de la figura del otro negativo no pudo recurrir a una figura mítica que pudiera concentrar el odio de las distintas clases sociales. Sin embargo, esto no impidió que se construyera - en base a las prácticas sociales "no normalizadas" de carácter político y social - ese otro negativo al que se denominó genéricamente "delincuencia subversiva" o "subversión".
Poco a poco se fue definiendo la figura del subversivo. La constituía la fuerza social contrahegemónica conformada por sacerdotes tercermundistas, obreros y sindicalistas combativos, profesionales de clases medias (médicos, abogados) solidarios con las organizaciones populares, militantes políticos y sociales enrolados en la izquierda revolucionaria o en el peronismo de izquierda y estudiantes universitarios, entre muchos otros. "De los claustros universitario mejor no hablar. Allí, precisamente, residía la plana mayor de la subversión".39
De manera que la figura del subversivo no estaba - como comúnmente podría pensarse - conformada solamente por los militantes de las organizaciones armadas, sino por los cuerpos de los militantes de organizaciones barriales, agrupaciones de base, centros de estudiantes, coordinadoras gremiales, comisiones de fábricas, grupos artísticos, etc. que constituían una variada gama de relaciones sociales solidarias, no competitivas y de cooperación.
De esta manera, el ex dictador Viola describirá la figura del subversivo:
"La subversión es toda acción clandestina o abierta, insidiosa o violenta, que busca la alteración o la destrucción de los criterios morales y la forma de vida de un pueblo, con la finalidad de tomar el poder e imponer desde él una nueva forma basada en una escala de valores diferentes.
Es una forma de reacción de esencia político - ideológica dirigida a vulnerar el orden político - administrativo existente, que se apoya en la explotación de insatisfacciones, reales o figuradas, de orden político, social o económico...
La naturaleza de esta agresión deriva de la filosofía política que la origina y alimenta: el marxismo. Esta agresión es total en el sentido absoluto de la palabra: su finalidad es la conquista de la población mundial partiendo del dominio de la psiquis del hombre". Y agrega "puede emplear la fuerza pero no se limita a ella. Todas las formas de lucha y todos los procedimientos en los diversos campos le son lícitos". 40
Así se fue definiendo la figura del "subversivo", como una amenaza peligrosa "extranjerizante" y "apátridad" que sembraba el caos y la anarquía en el seno de la sociedad argentina.
Esto se expresa claramente en las declaraciones y discursos que hemos extractados del diario "La Gaceta de Tucumán" desde enero de 1975 hasta marzo de 1976.41 Las cuales constituyen una rotunda demarcación ideológica del otro que debe exterminarse físicamente porque "atentaban contra la integridad del conjunto de la sociedad argentina" tal como un cáncer42 atenta contra la vida de quién lo porta.
Son casi 300 declaraciones recopiladas, en poco más de un año, del periódico La Gaceta de Tucumán que hacen referencia una y otra vez a la necesidad de erradicar, exterminar y/o aniquilar al "mal", a la "infamia", "foránea", "extranjerizante" que "amenaza" a los "verdaderos argentinos", a los "valores cristianos", al "criollisno" y a "la argentinidad".
A continuación reproducimos algunas de estas declaraciones a modo de ejemplo:
En febrero de 1975, mes en que se inicia el Operativo Independencia el dirigente gremial Héctor Pérez de la CGT Regional Tucumán declamaba:
"Adherirse fervientemente a la decisión de nuestra presidente de combatir a los mercenarios de la antipatria hasta las últimas consecuencias"
Ese mismo mes, los dirigentes de las Juventudes Sindicales Peronistas publicaban en La Gaceta el siguiente comunicado:
"Deben desaparecer del suelo patrio las minorías al servicio de la anarquía y las ideas extranjerizantes que con vandálico afán no se suman a este proceso de prosperidad que lidera nuestra querida Isabelita"
En noviembre de 1975 el Capellán de la 7ma Brigada de Infantería, David Paniagua expresaba públicamente :
"En la evocación de la jornada de triunfo y de muerte que hiciera histórica para el ejército argentino la tarde del 5 de octubre de 1975, nuestro acercamiento a Dios por la plegaria es de esperanza y emocionada gratitud (...) gratitud al infalible Señor de la Patria porque una vez más volcara el tradicional criollismo de su generosidad omnipotente sobre la decisión, la calidad técnica y la intrepidez del Regimiento 29 de infantería de Monte. Gratitud porque una vez más sostuviera incólume el honor de la Institución y de la Argentina. Gratitud porque mantiene inquebrantable su fidelidad a los valores más altos y medulares de nuestro pueblo. Porque en la hora de las tinieblas sigue brillando la luz de la fuerza al servicio de la justicia y la verdadera Argentina. Gratitud por convertirnos en la gran esperanza de la angustia argentina: porque el coraje es esperanza, porque la intrepidez en el deber es esperanza, porque el pulso firme para aniquilar la infamia es esperanza"
El 04 de diciembre de 1975 se publica en La Gaceta una solicitada de la cámara de senadores de la provincia de Tucumán que afirmaba lo siguiente:
"Los bloques políticos integrantes del Honorable Senado de la provincia declaran (...) Defender nuestra tradición y vocación de vida argentinista y profundamente cristiana, respetando la voluntad mayoritaria del pueblo ratificar una vez más el inquebrantable y decidido apoyo a las Fuerzas Armadas y de Seguridad en su lucha patriótica contra la subversión y el terrorismo para mantener la estabilidad de las instituciones democráticas".
También en diciembre del 75 el presidente de la Sociedad Rural Argentina, Celedonio Pereda expresaba:
"Debemos asumir plenamente el hecho de que se está librando una guerra decisiva y que esa guerra se libra en muchos frentes visibles que son regados por la sangre de nuestras heroicas Fuerzas Armadas. Otros más disimulados y más peligrosos aún, como la infiltración en las fábricas, en las escuelas y universidades, como así también en la administración nacional (...) Por ello es que convoco para que desde hoy tomemos la más firme determinación de luchar en todos los frentes"
En ese mismo mes el ministro de Defensa, Tomás Vottero invocaba a la población a mantener un sistema de vida amenazado por la "subversión":
"No solamente deben las Fuerzas Armadas, sino que debe colaborar toda la comunidad organizada, es decir, los obreros, empresarios, maestros, estudiantes, para mantener el sistema de vida y erradicar la subversión."
Anteriormente en agosto de ese mismo año el gobernador de Tucumán, Amado Juri sostenía:
"Vaya con nuestra reafirmación de solidaridad y decidido apoyo a todos los cuadros de las FFAA y de seguridad que hoy luchan contra los enemigos de la Patria, la más enérgica repulsa por el tremendo desprecio que han demostrado hacia fundamentales derechos humanos aquellos que declaman y reclaman esa protección".
El rector de la Universidad Nacional de Tucumán, Roberto Paine afirmaba:
"En representación de la comunidad universitaria, el consejo de Decanos y el Rector rinden homenaje a las Fuerzas Armadas de la nación ante el tributo ofrendado en heroica defensa del orden y la paz de la República, alterada por una acción subversiva que pretende crear el caos como objetivo para alcanzar sus propósitos antinacionales".
Lo que se desprende de estas pocas declaraciones, que transcribimos a modo de ilustración es como el discurso racista - biologisista operó en la construcción de legitimidad con el proceso genocida argentino y en la demarcación de ese "sujeto colectivo" (la subversión) que debía ser aniquilado o exterminado en beneficio de un supuesto sistema de vida occidental y cristiano que se encontraba bajo peligro mortal.
Es decir, había que aniquilar la infamia para mantener la tradición y vocación de la vida "argentinista" y profundamente cristiana. Se había infiltrado "el mal" y esto constituía una amenaza para el conjunto, por lo tanto, había que erradicarlo de cualquier forma. Las FFAA serían las encargadas de ejecutar semejante tarea y los representantes de la sociedad civil los encargados de justificarla ideológicamente.
El represor Vilas, quién estuvo al frente del Operativo Independencia entre enero de 1975 y diciembre del mismo año señalará en su diario el importante rol que desempeñan los miembros de la sociedad civil: "Formar una minoría civil selecta, consubstanciada con las ideas directrices del «operativo», para que a su vez, ella actuase en la ciudad apoyando al ejército. Ningún ejército, por efectivo que sea, puede eregirse airoso en una guerra de esta naturaleza si carece del apoyo de la población. La minoría cívica antedicha tendría, pues, la responsabilidad de captar a la masa de la provincia para que colaborase con mis tropas".43
Y más adelante agrega en "una guerra sucia, de desgaste, una guerra tenebrosa y solapada, sin límites de tiempo, que se gana con decisión y cálculo, la ayuda de la población civil es imprescindible. Todo intento de querer prescindir de ella, tratando de encasillarse en la autonomía militar, está condenada al fracaso".44
De manera que el poder político y militar junto con sus colaboradores de la sociedad civil (empresarios, gremialistas, eclesiásticos, intelectuales) apelaron a dicho discurso para justificar la aniquilación de parte de sus propios "conciudadanos". Estos personajes formularon e hicieron público un discurso que hacía responsables a las víctimas de una progresiva amenaza a la sociedad en su conjunto. Frente a un discurso hegemónico que garantizaba la vida fue necesario construir otro que apelara a seguir garantizando la vida a condición de extirpar el mal que la acechaba.
Como muy burdamente lo ejemplifica el ex dictador Bignone "Si Ud. quiere que no le pongan una bomba en su casa, por más guardia que tenga igual se la van a poner. La única forma de evitarlo es matar al tipo que le va a poner la bomba antes de que la ponga".45
Hostigamiento
Berger y Luckman sostienen que impedir la existencia de una subjetividad alternativa implica que la misma debe ser destruida en el campo objetivo. Es decir, la existencia de una fracción "no normalizada", portadora de relaciones sociales autónomas y por lo tanto de una racionalidad subjetiva distinta, atenta contra la propia normalización y, por tanto, el ataque a la misma es una importante necesidad para la socialización exitosa del resto.
Comienza una etapa de hostigamiento y/o ataque a la fracción social constituida como ese "otro negativo" para que no logre imponer su "definición de realidad" alternativa al mismo tiempo que se resocializa al resto de la sociedad. "El que tiene el palo más grande tiene mayores posibilidades de imponer sus definiciones de la realidad". Ejemplifican los autores. 46
Este ataque u hostigamiento - según el análisis de Feierstein - se encuentra (en esta etapa) caracterizado por dos tipos de acción:
"Desarrollada por las fracciones de vanguardia (o de choque) de la fuerza social dominante contra el sujeto social construido como "otredad". "Estas fracciones comienzan a llevar la prédica generalizada a la acción, comienzan a sugerir que la tolerancia se va agotando. Y realizan varios objetivos simultáneos: profundizan el proceso de «marcaje» del otro, poniéndolo a la defensiva, tantean la capacidad de respuesta de la sociedad ante la implementación de la violencia directa, van reclutando y organizando un aparato represivo, fogueando a sus cuadros en la propia lucha y, a su vez, instalan la necesidad de «ordenar» este proceso, de «regular» las acciones y volver predecible una realidad confusa".
"La segunda forma, de carácter plenamente estatal, se vincula con la sanción de diversos cuerpos jurídicos legitimadores de las prácticas discriminatorias. La limitación en la propiedad, en el ejercicio de determinadas profesiones o determinadas prácticas y, por último, limitaciones en la posesión o ejercicio de la ciudadanía. (...) Hasta este momento, el exterminio aparece como prefigurado como posibilidad lejana y las políticas apuntan más a la expulsión que a la muerte. El doble hostigamiento (físico y legal) busca excluir al diferente del mundo normalizado. Si embargo, esta exclusión puede revestir dos formas: la externa y la interna. La forma externa implica el abandono del espacio común, atravesando las fronteras que lo constituyen. (...) La exclusión interna a diferencia de la anterior es un paso mucho más importante hacia el exterminio, porque el aislamiento de la población vitimizada «dentro» del territorio normalizado no resuelve el conflicto entre el igual y el distinto sino que, simplemente le otorga otra forma, más compleja y con la potencialidad (ya firme e instalada) de diseñar una «solución final»"47
1) El 20 de junio de 1973 - durante el gobierno de Cámpora - un sector de la derecha peronista apadrinado por López Rega (mano derecha del Gral. Perón y Ministro de Bienestar Social en 1973), hizo su primera aparición pública durante la concentración popular producida en Ezeiza con motivo del retorno de Perón a la Argentina. Desde el palco levantado para el acto efectuaron un ataque armado contra los sectores de la izquierda peronista allí reunidos.
Posteriormente este sector - que actuó en Ezeiza - se fusionará "con la estructura paralela de represión que desde hace tres años viene formando y acaudillando el Comisario General Alberto Villar, egresado de la Escuela de Panamá y a quien Perón, tras su acceso al gobierno en septiembre de 1973, designará jefe de la Policía Federal".48
Se forma así la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) organización terrorista paramilitar integrada por oficiales de las Fuerzas Armadas y policiales en actividad, ex policías dados de baja, delincuentes, matones sindicales y sectores juveniles fascistas. La misma reconoce como jefes a Villar49 y a López Rega y se financia con fondos del Ministerio de Bienestar50 Social. "Si bien su ideología es de extrema derecha, sus componentes son reclutados bajo una atracción más convincente para ellos que el imperativo ideológico: cada asesinato o atentado es suculentamente pagado con fondos reservados del Estado".51
En los primeros meses de 1974 comienza a funcionar en Tucumán un grupo paramilitar denominado "Comando Nacionalista del Norte" cuyo jefe era el Inspector Roberto Heriberto Albornoz (alias El Tuerto)52 tristemente conocido por su fama de torturador durante la dictadura de Onganía - Levingston - Lanusse (1966 -1973). Esta organización actuó en Tucumán bajo el control y la dirección del Comando de la V Brigada de Infantería. 53 Tiempo después el Comando Nacionalista del Norte se incorporará a la Alianza Anticomunista Argentina (AAA).
En la provincia de Córdoba aparecerá el denominado "Comando Libertadores de América" a cuyo frente se encontraba el capitán Bergez . El mismo dependió - al igual que el grupo tucumano - directamente del Tercer Cuerpo de Ejército.
Desde 1973 y hasta el golpe de Estado de marzo de 1976 estas bandas terroristas paramilitares realizaron más de trescientos asesinatos y secuestros en todo el país de personalidades políticas, culturales, periodistas, dirigentes obreros y estudiantiles, abogados de presos políticos y militantes de organizaciones sociales. Es decir todos aquellos que Viola enrolaba bajo la figura de "la subversión".
El accionar de estas bandas terroristas apunta directamente a que la fuerza social contrahegemónica comience a sentir la pérdida, el resquebrajamiento y/o ruptura de sus lazos sociales solidarios con el resto de la sociedad civil. No obstante al mismo tiempo que acosa y persigue a la fracción social negativa comienza a sembrar una situación de inseguridad general.
Comienzan así - como consecuencia del accionar (bombas, secuestros, asesinatos, etc.) de los grupos de choque de la fuerza social genocida, en todo el territorio nacional - a tomar relieve declaraciones como las siguientes:
"Todos los días ante el profundo desorden imperante se escuchan preguntas como estas ¿Qué están haciendo los militares? ¿Hasta cuándo van a seguir tolerando este estado de cosas? ¿Qué esperan para actuar?".54
"Preocupación por esta creciente ola de violencia irracional que siega la vida de inocentes". 55
"La ultra derecha y la ultra izquierda se están dando con todo, quieren crear el caos en el país, quieren el desorden general y la anarquía total". 56
"No se puede responsabilizar a este gobierno de la escalada de violencia, cuya paternidad atribuyo a una central extranjera de inteligencia que convirtió a nuestro país en un campo de batalla. En ese contexto Tucumán ocupa un lugar neurálgico".57
"No hay que celebrar. Esta es la edición 1000 de La Opinión y en este espacio [se había programado una nota escrita por Mariano Grondona] que suprimimos para hacer un balance del día. Los terroristas de la ultraizquierda saludaban el día con un centenar de bombas, un hombre murió despedazado, un policía que intentó desarmar una bomba perdió los dos ojos, las piernas y un brazo. El Escuadrón de la Muerte, de la derecha, asesinó al ex gobernador de Córdoba- Atilio López. Quizás, lo único que se pueda celebrar es haber vivido un día más". 58
La "ola de violencia", la "escalada de violencia", el "profundo desorden imperante" y "el caos social" tienen un responsable cada vez más claro: "la subversión", "la delincuencia subversiva", la "guerrilla de izquierda", etc. es decir ese otro negativo que va tomando (ante el conjunto de la sociedad), cada vez más, una forma diferenciada. Se necesita ordenar nuevamente a la sociedad y para ello hay que aniquilar a los responsables del caos: la subversión.
Un caso ilustrativo de esto lo constituye la declaración de la diputada nacional del Frejuli María E. Puente "En el homenaje al compañero diputado (Pablo Ramón Rojas) trágicamente desaparecido rendimos también homenaje a todos aquellos obreros, miembros de las Fuerzas Armadas y de Seguridad que, día tras día, caen víctimas de la guerrilla, la subversión y la incomprensión que tratan cobardemente de obstruir el camino de la construcción y la liberación nacional".59
Paradójicamente uno de los asesinos de Rojas era miembro de las organizaciones paramilitares el ex cabo primero del ejército, Fernando Otero.60 ¡Pero más fácil es hacer responsable del asesinato a "la guerrilla", a "la subversión"!.
Las fuerzas de choque fascistas (de la fuerza social genocida) crean una profunda sensación de caos, perturbación y desorden pero no aparecen en el imaginario colectivo como sus responsables directas. Sino que la autoría, de dicho caos, recaé sobre la figura del otro negativo: la subversión. La sociedad - mejor dicho la mayoría normalizada - comienza a pedir a gritos el restablecimiento del "orden" y ahí aparece la fuerza social genocida encabezada por sus fuerzas armadas como la "salvadora", como la única que puede traer nuevamente el orden, desterrar y exterminar definitivamente al caos social.
A partir del 24 de marzo de 1976 todos estos grupos paramilitares fueron absorbidos por el aparato represivo del Estado. Así lo expresa claramente uno de los máximos responsables del genocidio, el ex dictador Videla:
"Sólo el Estado, para el que no aceptemos el papel de mero espectador del proceso, habrá de monopolizar el uso de la fuerza, y sólo sus instituciones cumplirán las acciones vinculadas a la seguridad interna. Utilizaremos la fuerza cuantas veces haga falta para asegurar la paz social; con ese objetivo combatiremos sin tregua a la delincuencia subversiva en cualquiera de sus manifestaciones, hasta su total aniquilamiento...". 61
2) El otro tipo de acción que se desarrolla en esta etapa de "hostigamiento" tiene que ver con la sanción de un conjunto de medidas jurídicas legitimadoras de prácticas discriminatorias del otro catalogado como negativo. Las mismas tienen por objetivo profundizar el aislamiento a través de la exclusión (externa y/o interna) de la fracción social contrahegemónica.
En Alemania esta segunda forma se evidencia más claramente porque existieron un conjunto de leyes que convirtieron a los judíos en ciudadanos de segunda clase, les impidieron ejercer sus profesiones y les despojaron de todos sus derechos civiles. Después directamente les prohibieron trabajar para ganarse la vida, así como asistir a reuniones públicas. Y hasta los niños fueron excluidos de las escuelas.
En cambio, en Argentina no existieron - antes del golpe de Estado - leyes discriminatorias que cercenaran los derechos civiles de la fuerza social negativa. Sin embargo podemos encontrar cierta analogía (en cuanto al objetivo perseguido) con las denominadas "Listas negras" elaboradas por la Triple A.
Estas listas contenían los nombres de personalidades públicas (artistas, sacerdotes, periodistas, cantantes, escritores, dramaturgos y docentes) sospechadas de ser "ideólogos terroristas", "peronistas", "izquierdistas", "ultraizquierdistas", "marxistas", "subversivos", etc. etc. y tenían el objetivo directo de profundizar la exclusión a través de la expulsión del otro negativo de su acceso a los medios de vida.
Por temor a las represalias (atentados, amenazas) escuelas, universidades, canales de televisión, teatros, radios, cines, periódicos y/o editoriales se negaron a contratar (o a pasar sus canciones, filmes, etc.) a personas que figuraban o se pensaba que podían estar incluidas en dichas listas. De manera que si un teatro ponía en escena alguna obra escrita o en la cual trabajaban personas que integraban estas listas, seguramente podía sufrir un atentado. También eran atacados con bombas los domicilios particulares de los personas incluidas en las listas negras para acelerar la exclusión, sobre todo externa. Muchas de las víctimas de estos atentados emprendieron inmediatamente el camino del exilio.
Por ejemplo, el reconocido escritor Osvaldo Bayer (después de que se filma la película "La Patagonia Rebelde" (1974) basada en su investigación acerca de la masacre de los huelguistas de la Patagonia (1921) ejecutada por el teniente coronel Héctor Varela62-, pasa a formar parte de las listas negras, por lo cual emprende rápidamente el camino del exilio. Recuerda Bayer "Cuando salió el primer tomo (sobre la Patagonia), en 1972, se vendieron 200 mil ejemplares. ¡Hoy es una cifra impensable!. Había un gran interés. Después salió el segundo tomo. Ya se puso difícil la situación. El tercer tomo salió cuando las Tres A andaban por las calles. Mientras tanto, salió la película en 1974, que fue prohibida por Isabel. Me costó el exilio porque salí en la lista de las Tres A. Y el cuarto tomo ya es una historia de realismo mágico: una historia de la Patagonia que tuvo que salir en Alemania y escrita en castellano".63
Son muchos los ejemplos, de personalidades artísticas y de la cultura, que dan muestra de la persecución que poco a poco los iba excluyendo de sus antiguos ámbitos laborales. La gran mayoría optó por exiliarse otros; en cambio, decidieron permanecer en el país y hoy están desaparecidos como los escritores Haroldo Conti y Rodolfo Walsh.
Poco a poco la elaboración de "las listas negras" contribuyó a profundizar las prácticas discriminatorias y de exclusión del otro negativo desplazándolo de sus ámbitos profesionales y colocándolo a la defensiva. Al mismo tiempo que lograban poner a prueba la fortaleza de sus vínculos y lazos de solidaridad establecidos con el resto de la sociedad (empresarios teatrales, directoras de escuelas y universidades, directores de periódicos y revistas, compañeros de trabajo, vecinos y del público en gral.). Lazos que el terror irá erosionando cada vez más.
Aislamiento espacial
"El empleo de las FFAA para combatir la subversión apátrida no ha merecido reparos por parte de ninguna fuerza política. Ningún sector ha hecho mención, ni declaración alguna, ni ha presentado notas de desacuerdo con esa medida objetiva adoptada por el Poder Ejecutivo Nacional". Alberto Rocamora. Ministro del Interior del Gobierno de Isabel Perón.
"El gheto no era una forma de lograr la autonomía judía, como pensaban muchos, sino un instrumento con el que matarían primero nuestras almas y después nuestros cuerpos". Jaika Grossman
"En este tercer momento, el acento va a desplazarse al nivel del ordenamiento, pero esta vez de un ordenamiento espacial". Se trata de delimitar "el ámbito (social, geográfico, político) por el que puede transitar esta fracción «diferente». Si bien el aislamiento comienza con la intención de distinguir y delimitar dos campos (el de los iguales y el de los distintos), en este momento el reordenamiento del espacio pasa por ubicar territorios permitidos y prohibidos".64
En el caso argentino el aislamiento de la fuerza social contrahegemónica tendió a ser más socio - político que geográfico. El objetivo del aislamiento era quebrar las relaciones de solidaridad entre los miembros de las organizaciones sociales (armadas o no) de izquierda con los sujetos sociales que los apoyaban "eliminando aquellos cuerpos que ejercían la articulación entre ambas instancias".65
De manera que el objetivo central del aislamiento es producir la ruptura de relaciones sociales entre la fracción social destinada al exterminio y el resto de las fuerzas sociales. Además el aislamiento persigue: a) individualizar al sector que será exterminado y b) "ocultar" el exterminio a los ojos de la opinión pública.66
Se podría fechar el comienzo de las prácticas sociales destinadas a lograr el aislamiento de la fuerza social contrahegemónica a fines de 1972, cuando la dictadura encabezada por Lanusse convoca a elecciones (en las que podrá participar el Partido Justicialista que estaba proscrito desde 1955). Lannuse - representado a una fracción de la burguesía argentina - intenta frenar, de esta manera, el creciente avance de las fuerzas populares, de las organizaciones armadas de la izquierda revolucionaria y del peronismo combativo.
Dirá el propio Lanusse "Debíamos, además, ser coherentes con nuestro razonamiento. Queríamos restaurar la democracia, quitar todo argumento a la subversión" 67
El "Cordobazo" constituyó la agudización - en términos gramscianos - de la crisis orgánica en el país. "El 29 de mayo (1969) quedó en claro que el tantas veces invocado consenso pasivo, si alguna vez existió, había desaparecido".68 La estrategia diseñada para revertir esta situación de crisis de hegemonía - por una fracción de la burguesía argentina - fue la convocatoria a elecciones y el Gran Acuerdo Nacional.
El Gran Acuerdo Nacional tenía por finalidad la constitución de un amplio "frente nacional" que incluyera a los partidos políticos mayoritarios (Partido Justicialista y Unión Cívica Radical), a la izquierda reformista y a una amplio abanico progresistas con el objetivo de lograr una solución pacífica de amplia base social a la crisis orgánica. Sin embargo la propuesta del GAN fracasó y la burguesía tuvo que recurrir a Perón como el único referente político con suficiente peso social para revertir el avance de la conflictividad social en el país.
Siempre manteniendo el objetivo primordial de aislar y frenar el crecimiento de las organizaciones sociales. "La intención era aislar a aquellas organizaciones que, potenciadas por el auge de masas, planteaban la revolución social".69
Esta situación no pasó inadvertida para algunas organizaciones sociales de izquierda. Por ejemplo, el Partido Revolucionario de los Trabajadores dirá a través de una de sus resoluciones "La dictadura, consciente de su desprestigio y expresando su temor ante el avance de la guerra revolucionaria, se ve obligada a pactar con los políticos que hasta ayer repudiaba, a intentar junto con ellos la salida de las elecciones, para poner un freno a las movilizaciones de las masas y aislar de éstas a la vanguardia armada".70
Era evidente entonces (y aún más cuando analizamos los hechos 30 años después) que la determinación - de la fuerza social genocida - era recluir a la fuerza social categorizada como negativa y recomponer el orden social.
Nuevamente el PRT - en una carta enviada a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) - subraya que la intención de la burguesía es aislar para poder pasar a una segunda fase de "aplastar militarmente" a la guerrilla. "El conjunto de la burguesía pretende volver al régimen parlamentario y de esa manera ampliar considerablemente la base social de la dominación, reducida estrictamente a las FFAA durante el onganiato, aislar a la vanguardia clasista y a la guerrilla, para intentar su aplastamiento militar. La ambición de la burguesía es detener y desviar a las fuerzas revolucionarias y progresistas en su avance, y llegar a una estabilización paralela del capitalismo argentino."71
El lúcido análisis que efectuaron los integrantes del PRT -ERP72 acerca de los planes de la burguesía argentina - tal vez - no distinguió con toda claridad que después del "aislamiento" no estaba el "aplastamiento militar de la guerrilla" sino el exterminio de toda una fuerza social.
También el sociólogo, Juan Carlos Marín analizará, la decisión de convocar a elecciones, como un desarme político de las organizaciones sociales "Para los cuadros revolucionarios y combatientes del movimiento popular, la decisión (de llamar a elecciones) de la burguesía «ilustrada» significaba un dilema difícil de resolver. Si bien no habían llegado a la capacidad de conducir al movimiento popular en el momento político militar, eran y expresaban en sus enfrentamientos armados la decisión y el estado de ánimo de importantes fracciones del proletariado y de la pequeña burguesía radicalizada. La convocatoria electoral fue sin duda un desarme político".73
Los combatientes revolucionarios tomarán distintas posturas ante las elecciones que permitirán el retorno de Perón al país y al gobierno. Algunos toman una actitud expectante sin desarmarse (Montoneros y otros grupos de filiación peronista), otros persisten en las hostilidades a cuarteles militares y al poder económico (PRT-ERP) y algunos grupos minoritarios se desarman para incorporase al partido triunfante.
El triunfo electoral de Perón y el Gran Acuerdo Nacional significó, entonces, que "el primer paso táctico de la defensa estratégica de la burguesía estaba cumplido, se había establecido un orden para disciplinar «legítimamente» a las masas".74
Al desaparecer la dictadura militar de escena, fue mucho más difícil para las organizaciones sociales y especialmente las armadas enfrentarse con algún grado de "legitimidad" al gobierno Peronista. Aunque después de la masacre de Ezeiza estuviera, más o menos claro que orientación política habría de llevar adelante dicho gobierno.
Pero como sostienen los historiadores Pozzi y Schneider "Millones de trabajadores argentinos identificaron la solución de los problemas del país con el retorno del general exiliado, dejando a la vista una seria debilidad en el fortalecimiento de la conciencia obrera. A pesar del importante pero limitado desarrollo del clasismo y de la radicalización de posturas entre los trabajadores, «este fue sólo un quiebre parcial en el monopolio del peronismo»".75
El avance en la radicalización de la conciencia del conjunto de los trabajadores se encontró - entonces - con un duro límite, que la fracción social contrahegemónica (más avanzada) no pudo (o no tuvo el tiempo necesario) erosionar como para que efectivamente un proceso revolucionario de masas tuviera lugar en Argentina.
Sin embargo el proceso no es lineal y reviste un cierto grado de complejidad porque, de todas formas, el auge de la lucha de clases en el país continuó (huelgas, tomas de fábrica, ocupaciones con mantenimiento de rehenes, etc.) hasta las manifestaciones contra el golpe económico conocido como "Rodrigazo" en junio de 1975. Al mismo tiempo que las organizaciones de izquierda crecieron vertiginosamente en su afiliación. Asimismo la muerte de Perón en 1974 desató una feroz lucha por el poder "entre el entorno de la presidente Isabel, el sindicalismo ortodoxo y las agrupaciones nucleadas en la Tendencia Revolucionaria hegemonizaba por Montoneros".76
El crecimiento de la izquierda y de las movilizaciones obreras encontró su límite a nivel nacional en las jornadas del Rodrigazo en 1975. En los meses posteriores al Rodrigazo se profundizó el reflujo del movimiento de masas y el agotamiento de la población.
Desde las organizaciones de izquierda se ensayaron diversas propuestas que no encontraron eco en el movimiento de masas. "El resultado fue que, sin una salida positiva y clasista que uniera al conjunto de las fuerzas anticapitalista, la clase obrera acusó muestras de cansancio y desmovilización". 77
Lo cual está demostrando que para este momento histórico (1975) ya había avanzado considerablemente el proceso genocida y las prácticas sociales de debilitamiento sistemático de la fracción social a exterminar estaban desarrollándose con total efectividad.
Debilitamiento sistemático
"El poder del captor era tan inmenso, tan aplastante, y la sensación de derrota tan fuerte que, con frecuencia, el prisionero era absorbido por la dinámica del campo, sin lograr oponerse a ella". Pilar Calveiro
Esta etapa consiste en alcanzar el debilitamiento (físico y psíquico) de la fuerza social a exterminar. El mismo permitirá "en muchos casos ir minando estas fuerzas y generar las condiciones para la industrialización de los procesos de exterminio". Encontramos que el debilitamiento sistemático de las víctimas y de sus familiares se desarrolló tanto dentro como fuera de los campos de concentración.
Las prácticas sociales de debilitamiento sistemático se apoyan en dos procesos paralelos:
El resquebrajamiento físico, entendido como el deterioro de la condiciones de existencia objetivas (por desnutrición, epidemias, hacinamiento, falta de atención sanitaria, asesinatos y/o torturas esporádicas)".
En Argentina la fracción social negativa no pudo ser aislada y delimitada geográficamente en ghetos - como bajo el nazismo - por lo cual las prácticas de resquebrajamiento físico comenzaron directamente con el secuestro y el traslado hacia los campos de concentración.
De manera que este tipo de resquebrajamiento estuvo vinculado "a las acciones sobre los cuerpos (de los secuestrados y su familiares) gritos, robos, y maltrato en la detención; golpes durante los transportes; torturas y marcajes durante las «sesiones» de destrucción; desnutrición y hacinamiento en las condiciones cotidianas de supervivencia".
Los secuestros se realizaban por lo general en horarios nocturnos irrumpiendo violentamente en los domicilios, rompiendo las cosas, robando los objetos de valor, golpeando brutalmente a todos los que se encontraban presentes y arrastrando violentamente al secuestrado hacia un automóvil.
"Desde el mismo momento en que me suben al coche comienzo a recibir golpes y a ser interrogado. En tanto, el Ford Falcon comienza un largo viaje por la ciudad y posteriormente se dirige a la Jefatura Central de Policía de la provincia de Tucumán, ubicada en pleno centro de la ciudad".78
Una vez que los secuestrados ingresaban al campo eran inmediatamente torturados con el fin de obtener la "información necesaria" que les permitiera realizar nuevas detenciones. "Este grupo (el grupo de inteligencia) recibía al paquete, ya reducido, golpeado y sin posibilidad de defensa y procedía a extraerle los datos necesarios para capturar a otras personas".79
Las descripciones de las aberrantes torturas físicas que aplicaron los interrogadores sobre hombres y mujeres indefensos, han sido realizadas por los sobrevivientes de los campos de concentración. El Nunca Más, el Informe de la Comisión Bicameral investigadora de las violaciones de los derechos humanos en la provincia de Tucumán, así como, númerosos libros testimoniales, que han ido apareciendo en los últimos tiempos, dan cuenta de los maltratos físicos y psíquicos a los que fueron sometidos los detenidos. Pilar Calveiro en su libro enumera gran parte de las técnicas de tortura más comunes: "Los interrogadores se «vieron obligados» a usar técnicas de asfixia, ya fuera por inmersión en agua o por carencia de aire. Aplicaron golpes con todo tipo de objetos, palos, látigos, varillas, golpes de karate y práctica, sobre los prisioneros, de golpes mortales, así como palizas colectivas. Practicaron el colgamiento de los seres humanos por las extremidades dentro de los campos y también desde helicópteros. Hicieron atacar gente con perros entrenados. Quemaron a las personas con agua hirviendo, alambres al rojo, cigarros y les practicaron cortaduras de todo tipo. (...) Los interrogadores se valieron de todo tipo de abuso sexual. (...) La introducción en el ano y la vagina de objetos metálicos y la posterior aplicación de descargas eléctricas a través de los mismos".80
Una vez finalizado el período de tortura inmediato al ingreso al campo (que siempre se podía repetir) los prisioneros heridos física y psíquicamente pasaban a incorporase a la "vida cotidiana del campo".
Como señala Juan Martín "Concluido este tormento, fui llevado a la zona de calabozos de la Jefatura, donde funcionaba el campo de concentración clandestino de detenidos desaparecidos propiamente dicho". 81
Casi todos los testimonios describen que los detenidos estaban vendados, para que no pudieran ver a su alrededor, esposados en posiciones incomodas, sin poder hablar ni moverse. "En todos los casos, los prisioneros - fueran hombres o mujeres - tenían los ojos vendados y sus manos esposadas desde el ingreso mismo al recinto. (...) La mayor parte del día permanecíamos acostados sobre el piso." 82 Hasta que llegara el momento del "traslado"83 o la liberación.
El segundo tipo de acción que se ejerce sobre la fracción social negativa apunta a su resquebrajamiento psicológico y moral.
"El resquebrajamiento psíquico, entendido como el deterioro de las condiciones de existencias subjetivas (prácticas de humillación y de quiebre de las fronteras de resistencia, asesinatos esporádicos de familiares o conocidos, intento de quebrar los lazos solidarios a partir de la utilización de castigos colectivos, creación de condiciones para prácticas como la delación, el maltrato a los pares, la categorización y clasificación de prisioneros".84
El proceso de resquebrajamiento psicológico - en cambio - comenzó mucho antes del ingreso en los campos de concentración. Muchos testimonios de los sobrevivientes hacen referencia a ese deterioro progresivo de las condiciones subjetivas de existencia (tanto dentro como fuera de los campos de concentración).
Una militante del PRT-ERP describe dicha situación: "El partido era como una casa en la que nos cobijábamos... Claro si vos vivís en una casa en la que primero se cae el techo de un cuarto, bueno... no es importante, vos podés cerrar ese cuarto y bueno... después se cae el techo del otro, y del otro... después se cae una pared... y la otra y de repente estás refugiada en el último lugar digamos, la cocina... para ser ya, lo simbólico de lo simbólico, la cocina es el lugar que te provee de alimentos... estás refugiada ahí y se cae el techo... más bien que decís ahora estoy a la intemperie y desnuda (...) era la inseguridad total.. estabas parada sobre la nada y lo que te rodeaba era la nada, es la sensación que me había asaltado a mi. No teníamos lugares, no vivíamos, no existíamos como gente, como personas... vivíamos todos amontonados en una pieza... dónde además la dueña de casa se iba durante el día y por lo tanto nosotros teníamos que estar prácticamente... amordazar a los chicos y caminando sobre colchones de gomapluma todo el día para no hacer ruido. Entonces no se si llegué a aterrorizarme, porque claro, el terror te paraliza y no te permite pensar..., pero si, uno tiene mucho miedo".
Militantes monteras, también manifiestan haber vivido el mismo estado de precariedad psíquica: "Es que sentíamos la dimensión de la derrota, la derrota del proyecto militante y de nuestra vida, la única tarea, al final era sobrevivir y era agobiante. En algunos casos la caída era el alivio, aunque nunca pensamos que íbamos a salir vivas."85
El desgaste moral y psíquico de la fuerza social no normalizada previo al ingreso a los campos de concentración o al exilio empieza a cobrar dimensiones importantes en esta etapa. La fuerza social genocida avanza - a través del desgaste moral - cada vez más hacia el exterminio.
Las dificultades para encontrar dónde vivir, el secuestro diario de compañeros y la inminencia del propio secuestro van socavando las fuerzas y energías psicológicas de la fuerza social autónoma para poder enfrentar o resistirse con relativo "éxito" al extermino (que percibe cada vez más cerca).
"Militantes políticos y sindicales huían de una casa a otra, intentaban salir del país siendo capturados en las fronteras. La derrota política de sus proyectos ya era un hecho si no inexorable, previsible; la muerte una alternativa mucho más cercana que la victoria. Al ser capturados, los hombres tenían un gran cansancio vital y un agotamiento político que favorecía la actitud de «entrega»; su energía para oponerse y resistir la dinámica del campo ya estaba dañada". 86
A su vez dentro de los campos el proceso de quiebre psicológico se profundiza ante la visión de otros presos (ex compañeros) que se han "quebrado" y colaboran con los torturadores y de la tortura de familiares (hijo/as, esposa/os) cercanos, mostradas con el objetivo de desmoralizar al recién llegado. "Cuando el secuestrado se encontraba allí con otros presos que habían provocado su detención, que brindaban información sobre él, o peor aún, que lo instaban a rendirse sin resistir, o le demostraban o incluso fingían su propia colaboración, la sensación de derrota crecía y colocaba al prisionero en una situación de mayor desprotección para encarar la tortura".87
En estas condiciones de debilidad moral y psíquica llegaban los prisioneros a los campos de concentración argentinos. Situación que puede ser comparada con el resquebrajamiento psíquico que producían las condiciones de vida en los ghetos y "el viaje en tren" hacia los campos de concentración y/o exterminio nazis. Y que pormenorizadamente describen los sobrevivientes, entre otros, Primo Levi y Bruno Bettelheim.
El campo de concentración profundizó el quiebre psicológico y la destrucción de los prisioneros en cuanto sujetos autónomos "uno de los objetivos de los genocidas argentinos constituyó "el quiebre de las víctimas en tanto personas".88 El papel sistemático de la tortura en los centros de detención clandestinos apuntaba a destruir la personalidad de los individuos que habían sido secuestrados". 89
En este sentido, también Pilar Calveiro - a raíz de su pormenorizado análisis del "dispositivo concentracionario" - establece que el objetivo principal consistía en: "producir la verdad, producir un culpable y arrasar al sujeto".
Así también lo expresa otro ex detenido - desaparecido: "La actividad represiva de todos los campos de concentración buscó la degradación moral y política del detenido, porque ese era el elemento más contundente para quebrar a los nuevos prisioneros. A veces se torturaba a un familiar en presencia del detenido, incluso se mataba a un prisionero en presencia de otro para obligarlo a hablar y a colaborar con ellos".90
La tortura física buscaba "obtener información útil, pero además, quebrar al individuo, romper al militante anulando en él toda línea de fuga o resistencia, modelando un nuevo sujeto".91
Propósito que se lograba a través del tortura sobre los cuerpos pero que se completa con, lo que Calveiro llama, "la tortura sorda". "Desde el momento en que cesaba la tortura física directa, iniciaba la tortura sorda, la de la incertidumbre sobre la vida, la oscuridad y el aislamiento permanente, la desconfianza hacia todos, la mala alimentación, el maltrato y la humillación". 92
Como parte de esta tecnología de represión psicológica - al igual que en los campos de concentración nazis - se quitaba el nombre a los prisioneros.93 Se les anulaba la identidad rebautizandolos con un número. "Cada prisionero debía decir en voz alta el número que le habían asignado". 94
Describe Calveiro: "Comenzaba el proceso de desaparición de la identidad, cuyo punto final serían los NN. Los números remplazaban las nombres y apellidos, personas vivientes que ya habían desaparecido del mundo de los vivos y ahora desaparecerían desde dentro de si mismos, en un proceso de «vaciamiento» que pretendía no dejar la menor huella. Cuerpos sin identidad, muertos sin cadáver ni nombre: desapreciados. Como en el sueño nazi, supresión de la identidad, hombres que se desvanecen en la noche y la niebla". 95
Primo Levi en su libro Si esto es un hombre apuntará lo siguiente: "Nos quitarán hasta el nombre: y si queremos conservarlo deberemos encontrar en nosotros la fuerza de obrar de tal manera que, detrás del nombre, algo nuestro, algo de lo que hemos sido, permanezca". 96
El proceso de resquebrajamiento psíquico y físico busca, entonces, humillar, denigrar y desintegrar a sus víctimas para poder moldear sujetos dóciles que no puedan oponer resistencia al "destino final" que les espera. "Este doble proceso tendía a la destrucción del cuerpo y de la psiquis de los detenidos, a la destrucción y ruptura de las condiciones que estructuraban su humanidad". 97
Una vez cumplidas las dos secuencias descriptas anteriormente se llega a una tercera: la selección: a) algunos son asesinados, b) otros mueren como consecuencia de las condiciones de vida a las que son sometidos y c) otros se adaptan, es decir asumen los valores de los genocidas, dejan de ser sujetos autónomos. Cuando se logra este punto se cumple el objetivo buscado: el exterminio de la fracción social catalogada como "otro" negativo.
Exterminio
Y llegó la noche, y fue una noche tal que se sabía que los ojo humanos no habrían podido contemplarla y sobrevivir. Primo Levi
El exterminio psíquico, físico e histórico de la fracción social contrahegemónica es la culminación del proceso genocida. "Es la etapa final. Su realización completa implicaría la extinción física, psíquica e histórica de aquella fracción social que tiene capacidad de pensarse como tal, de asumir su condición de para sí, el control de su propio cuerpo".98
Los testimonios de sobrevivientes de los campos de concentración y/o exterminio 99dan cuenta de este proceso de desintegración y desmoronamiento de la personalidad, de la identidad y de la dignidad de los sujetos que puede concluir - como decíamos anteriormente - en a) el asesinato planificado, b) la muerte como consecuencia de las condiciones de vida a las que son sometidos y c) la incorporación por parte de las víctimas de los valores de sus victimarios.
El exterminio psíquico
Esta etapa culmina con la desintegración de la fuerza social calificada como "otro negativo" en tanto sujetos que constituyen relaciones sociales de autonomía. La fuerza social genocida tratará de que los sujetos autónomos y resistentes sean arrasados, es decir, quebrados moral y materialmente. Este constituye su objetivo de máxima.
Bruno Bettelheim analiza minuciosamente este proceso de destrucción de la autonomía de los sujetos sometidos a la vida concentracionaria instaurada por los nazis: "El campo de concentración era el laboratorio de la Gestapo para someter, no sólo a hombres libres, sino especialmente a los enemigos más ardientes del sistema nazi, a un proceso de desintegración como individuos autónomos."100
En muchos casos la fuerza social genocida logró su objetivo reconstruyendo sujetos totalmente adaptados a sus propios valores. Sujetos que asumieron e internalizaron las reglas del "otro" genocida como propias, llegando a convertirse ellos mismo en represores y torturadores de sus (ex)compañeros.
Existieron numerosos sujetos que integraron - lo que Primo Levi denomina - la Zona Gris de la protekcja (privilegios) y de la colaboración. Integraron la Zona Gris (en el caso argentino) prisioneras que se enamoraron de sus torturadores, así como, secuestrados que colaboraron con sus captores torturando y secuestrando (ellos mismos) a sus ex compañeros de militancia política. En el genocidio nazi entre los personajes que integraron la Zona Gris encontramos a: los Kapos de las escuadras de trabajo de los campos de concentración, los jefes de barracas, los funcionarios de los Lager, los miembros del Judenrat, etc.101
Son muchos los ejemplos - tanto del caso argentino como del nazismo - de personas que "se pasaron de bando" y llegaron a cometer verdaderas atrocidades humanas. Obviamente no es nuestra intención realizar - aquí - algún tipo de juicio moral sobre quiénes actuaron estando sometidos a experiencias límites que nosotros no hemos experimentado de manera alguna. Como manifiesta Primo Levi "Antes de considerar, uno por uno, los motivos que han empujado a algunos prisioneros a colaborar en distintas medida con las autoridades del Lager, hay que afirmar que ante casos humanos como éstos es imprudente precipitarse a emitir un juicio moral"102
Nos referimos a la llamada "Zona gris" porque justamente su existencia constituye uno de los "éxitos" (tal vez el mayor) de la fuerza social genocida.
También Bettelheim en su análisis de las distintas actitudes que asumían los prisioneros de los campos de concentración dedica varias páginas al tema de la adaptación y la asimilación con los objetivos de los carceleros. "Los presos antiguos tendían a identificarse no sólo con las metas y los valores, sino hasta con la apariencia de los SS". Agrega más adelante "En su identificación llegaban hasta copiar los pasatiempos de los SS. Creían firmemente que todas las reglas impuestas por los SS eran normas de conductas deseables, por lo menos en el campo de concentración". 103
En Argentina, Pilar Calveiro hace referencia a la existencia de estos sujetos que colaboraron con los represores: "Hubo otros prisioneros que una vez que comenzaron a dar información bajo tortura ya no se detuvieron, y se fueron desplazando progresivamente de la categoría de víctimas a la de victimarios. Esta gente, que existió en La Perla, en el ministaff de la Escuela de Mecánica y en otros lugares de manera aislada, se convirtió en una especie de presos intermediarios entre los desaparecedores y los desaparecidos. Fueron quebrados por la tortura, muchas veces espantosa, y se desintegraron. No se sentían presos. Suzzara, una secuestrada de este tipo, decía de sus compañeros presos: «les tengo asco». Algunos de ellos realizaban operativos militares con sus propios captores; otros llegaron incluso a torturar. Estas personas eran un enemigo de los presos igual o peor que los guardias. En fin, fueron de gran utilidad y constituyeron el tipo de sujeto que produce el campo de concentración y la tortura: temerosos, sumisos, autoritarios, inestables". 104 Muchos de ellos, una vez terminada la dictadura militar, continuaron trabajando con el aparato de las fuerzas de seguridad.
La sumisión completa a las reglas del otro lleva a la propia autodestrucción y a la "construcción de los otros dentro de los otros", es decir, al quiebre total del hombre, a la parálisis total.
El exterminio físico
Decíamos anteriormente que la culminación del proceso genocida es, por un lado, el exterminio psíquico (la sumisión completa de los sujetos) y, por otro, la destrucción física de la fracción social que tuvo la osadía de asumir el control de su propio cuerpo y de establecer un nuevo tipo de relaciones sociales basadas en la autonomía.
El extermino físico, en argentina, se realizó de diferentes formas a) tirando cuerpos inermes (dormidos con somníferos) al mar, b) fusilando prisioneros amordazados y amañados frente a las fosas donde serían enterrados y/o cremados los cadáveres o tirados (estos últimos) en lugares públicos simulando enfrentamientos armados.
Es necesario tener en cuenta, que para llegar al exterminio - la culminación del proceso genocida - cada etapa previa tuvo que haber cumplimentado sus objetivos específicos. Por ejemplo, sin lograr el debilitamiento sistemático de la fuerza social catalogada como otredad negativa no podría haberse llegado a su etapa final. El "exitoso" resquebrajamiento psíquico y físico de esta fuerza social logró producir cuerpos que ya no podían presentar resistencia alguna ante el hecho inminente de la muerte.
Es importante dar cuenta del doble resquebrajamiento (psíquico y físico) para poder entender o comprender por qué hubo tan pocos prisioneros que se pudieron fugar de los campos de concentración o por qué no presentaron una última resistencia ante el hecho concreto de la muerte. Preguntas que ya han sido formuladas en correspondencia con otros procesos genocidas y que tienen la misma respuesta: ya estaban derrotados física y moralmente cuando fueron asesinados.
Calveiro describe que eran mayoritarios los ejemplos de prisioneros - elegidos para "el traslado" - que marchaban sin resistencia alguna hacia la enfermería (lugar donde les aplicaban los somníferos). "Si bien los desaparecedores ocultaban cuidadosamente que los traslados llevaban a la muerte para evitar así toda posible oposición de los condenados al ordenado cumplimiento del destino que les imponía la institución".105 Así también lo corrobora Ibáñez "Los llevaban engañados. Les hacían creer que los estaban blanqueando y que pasaban a disposición del Poder Ejecutivo, es decir que los trasladaban a una cárcel legal, dónde se podrían encontrar con sus familias; que la pesadilla había terminado".106
También, en los campos de exterminio nazi los judíos caminaban - la gran mayoría - sin resistirse hacia las cámaras de gas. Esta actitud pasiva ante la muerte segura solamente puede explicarse si consideramos las condiciones psíquicas y físicas en que se hallaban las víctimas.
En este sentido, Primo Levi sintetiza las condiciones en que se encontraban - no sólo, los prisioneros judíos, sino también, los prisioneros políticos - a la hora de ser introducidos en las cámaras de gas. "Podríamos preguntarnos por qué no se rebelaban los prisioneros ni bien bajaban del tren, que esperaban horas (¡a veces días!) antes de entrar a las cámaras de gas. (...) Cuando algún prisionero daba la menor muestra de saber o de sospechar de su destino inminente, las SS y sus colaboradores actuaban por sorpresa, intervenían con extremada brutalidad, gritando, amenazando, pateando, disparando y azuzando - contra esa gente perpleja y desesperada, marinada por cinco o diez días de viaje en vagones sellados -, a sus perros adiestrados para despedazar hombres".107
Por otro lado Bettelheim -desde su condición de sobreviviente pero también de psicólogo - indica que a muchas de las víctimas les costó asumir la realidad.108 Negaron hasta último momento la posibilidad de la propia muerte y esto los paralizó y les impidió actuar en consecuencia. "Así, en el sentido más profundo, el camino hacia la cámara de gas no fue más que la última consecuencia de la incapacidad de dichos judíos para comprender lo que el destino les tenía preservado, el último paso hacia la rendición definitiva ante el instinto de muerte, al que también cabría denominar «el principio de la inercia». El primer paso lo habían dado mucho antes de su llegada al campo de exterminio".109
También Pilar Calveiro advierte que muchos presos negaban que los "traslados" significaran la muerte. "Los testimonios de los sobrevivientes demuestran la existencia de muchos secuestrados que prefirieron «desconocer» la suerte que les aguardaba; la negación de una realidad difícil de asumir se sumaba a los mensajes contradictorios del campo, provocando un aferramiento de ciertos prisioneros a las versiones más optimistas e increíbles que circulaban dentro de los campos como la existencia de centros secretos de reeducación, la legalización de los detenidos y otros finales felices. Muchos desaparecidos se fueron al traslado con cepillos de dientes y otros objetos personales, con una sensación de alivio que no intuía la muerte inmediata. Otros no, salieron de los campos despidiéndose de sus compañeros y conscientes de su destino final".110
El exterminio histórico
El exterminio material solo pude completarse "exitosamente" con la desaparición histórica de la fuerza social clasificada como otra negativa. Es decir, las prácticas sociales genocidas apuntan no solo a la eliminación de los cuerpos que constituyen relaciones sociales autónomas sino también a clausurar definitivamente ese tipo de relaciones "generando otro modo de articulación entre los hombres".111
No obstante el exterminio "culmina un ciclo e instaura otro. El proceso termina para la fracción catalogada como «otra negativa», pero instala una nueva situación, en la cual la fracción dominante le ha demostrado al conjunto de la sociedad las consecuencias del control autónomo del propio cuerpo". El nuevo poder de soberanía se basa en "un mecanismo sistemático, impersonal, de tremenda eficiencia, capaz de «desaparecer» a poblaciones enteras en plazos relativamente cortos, la instauración del asesinato serial, de la industrialización del homicidio estatal. Una nueva tecnología de poder que caracteriza el laboratorio de una nueva etapa en el ejercicio del poder de las clases dominantes. Sin embargo, esta etapa sólo podrá sostenerse como sistema articulador de relaciones sociales en la medida en que se logre «realizar» sus condiciones de victoria. Esta «realización» pertenece al campo de la lucha ideológica por la memoria, de la reconstrucción del «sentido» de los hechos ocurridos".112
Si bien el exterminio se produce materialmente sobre los cuerpos autónomos de la fracción social negativa necesita - para completarse - realizarse en el plano simbólico.
La realización en el plano simbólico.
"La herencia de este siglo de barbarie -de las masacres coloniales a las fosas comunes de Srebreniza y de Ruanda- está hecha de millones de víctimas sin nombre y sin rostro, víctimas que -según las inspiradas palabras de Paul Celan- «cavaron su tumba en el aire», como los judíos eliminados en los crematorios de Auschwitz, o en el océano, como los desaparecidos de la dictadura argentina: una «alianza tácita» -diría Benjamin- nos une con este mundo perdido. Estos recuerdos son de una importancia vital, ya que el humo de los crematorios y el agua del océano era, en los objetivos de los verdugos, borrar las huellas del crimen, desaparecerlo, asesinar su memoria: en otras palabras, el crimen perfecto, el asesinato sin pruebas ni existencia". Enzo Traverso
El terror que se implementó en la sociedad tucumana y argentina persiguió destruir y buscó paralizar las relaciones sociales de solidaridad, de cooperación, de no competencia construidas durante el período anterior por la fuerza social contrahegemónica para erigir nuevas relaciones sociales de subordinación y sometimiento. Inés Izaguirre sostiene que "la fuerza social triunfante necesita realizar la victoria, es decir, desarticular los sistemas de relaciones vigentes que vinculen a los elementos de la fuerza derrotada".113
Como veíamos al comienzo sólo con "el fuego y con el hierro un sistema de relaciones sociales se desintegra y decae y otro sistema surge y se afirma sobre el mismo"114. En la Argentina, a medida que la fuerza social genocida y triunfante iba desintegrando el sistema de relaciones sociales articulado por la fuerza social contrahegemónica, es decir, "realizaba la victoria", rearmaba su propio sistema de valores. En términos gramscianos se pasó al momento ético - político, al momento hegemónico. Y como añade León Rozitchner "el fundamento de esta pacificación es el terror que quedó presente todavía del proceso genocida anterior". 115
De manera que el momento de consenso "ético - político", que vive la sociedad argentina desde 1983 hasta la actualidad, fue construido sobre el genocidio y el terror de la década del '70. No equivale a "la paz" -en abstracto, sin nombre ni apellido ni a determinaciones sociales o históricas- sino a la paz... de los vencedores.
Rozitchner argumenta que la fuerza social vencedora intenta establecer en la conciencia social que "Lo normal sería la democracia. Por lo tanto, parecería que la dictadura es un accidente, la dictadura es algo que puede pasarnos o no, que no necesariamente aparece formando parte de la estructura democrática misma como el horizonte hacia el cual se dirige o aquello de lo cual proviene". Para ocultar el verdadero fundamento de la democracia argentina: "el hierro y el fuego" es decir el genocidio. "Este tomar la democracia en sí misma, como una estructura que se justifica y se basa en su propia existencia, es una falacia. Es una pura apariencia que oculta, que al presentarse como una democracia jurídica, fundamentada en la ley, oculta la dictadura de la cual proviene. Esta dictadura de la cual proviene como terror está presente en el subterráneo del fundamento de la democracia misma. Está determinando, por lo tanto, el desarrollo y las posibilidades de esa democracia".116
La hegemonía actual está articulada sobre un fondo del terror y muerte. Pero especialmente sobre la clausura de ese otro tipo de relaciones sociales que encarnaban los cuerpos exterminados. De alguna manera siempre está presente en el imaginario social - como amenaza - la posibilidad de que se pueda volver a aquello de lo cual se proviene, es decir, nuevamente regresar al terror117, si nuevamente se abre la posibilidad de reconstruir ese otro tipo de lazos o vínculos sociales.
El poder destruyó determinadas prácticas sociales y construyó otras que configuran nuestra sociedad actual (en la que mueren cientos de niños por desnutrición y son arrastradas millones de personas a la pobreza más absoluta).118
Es en este marco que se constituyen también "ciertas formas en que el genocidio originario puede ser pensado, recordado o reapropiado".119
La teoría de los dos demonios
La forma hegemónica durante buena parte de los años '80 en que el genocidio fue pensado, se conoció como "la teoría de los dos demonios" que básicamente establecía que "la sociedad" había sido víctima de la violencia de dos bandos armados: uno de izquierda y otro de derecha.
Algunos textos claves de la época como el Nunca Más (informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de personas CONADEP) el prólogo del historiador Felix Luna al libro de Richard Gillespie "Montoneros. Los soldados de Perón" o el libro de Pablo Giusani "Montoneros. La soberbia armada" contribuyeron a difundir esa teoría.
Desde los inicios del primer gobierno pos dictadura se comenzó a divulgar la teoría de los dos demonios. El cuerpo del decreto 157120 del 13 de diciembre de 1983 describía lo siguiente:
"Que el cumplimiento de ese objetivo (alcanzar la paz social a partir de 1973) se vio frustrado por la aparición de grupos de personas, los que, desoyendo el llamamiento a la tarea común de construcción de la República en democracia, instauraron formas violentas de acción política con la finalidad de acceder al poder mediante el uso de la fuerza.
Que la actividad de esas personas y sus seguidores, reclutados muchas veces entre una juventud ávida de justicia y carente de la vivencia de los medios que el sistema democrático brinda para lograrla, sumió al país y a sus habitantes en la violencia y en la inseguridad, afectando seriamente las normales condiciones de convivencia, en la medida que éstas resultan de imposible existencia frente a los cotidianos homicidios, muchas veces en situaciones de alevosía, secuestros, atentados a la seguridad común, asaltos a unidades militares, de fuerzas de seguridad y a establecimientos civiles y daños; delitos todos estos que culminaron con el intento de ocupar militarmente una parte del territorio de la República."
Los responsables del genocidio son - según expresa el texto del decreto - aquellos que con sus formas "violentas de hacer política" sumergieron a la población (ajena a todo lo que pasaba) en la violencia y la inseguridad y ya en total consonancia con el discurso que - en los años 70 - se utilizó para marcar al otro negativo como "extranjerizante" "apátrida", etc. etc. sostiene "Que la dimensión que alcanzaron estos flagelos en la sociedad argentina no puede explicarse sólo por motivos racionales, debe reconocerse la existencia de intereses externos que seleccionaron a nuestro país para medir sus fuerzas"
El prologo que elaboró la Comisión Nacional sobre la desaparición de personas (CONADEP) para su informe Nunca Más está en total consonancia con el decreto anterior : "Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países".121
La víctimas se convierten así en victimarios. Se les transfiere la responsabilidad de parte de lo acontecido mientras "la sociedad" (en abstracto) es "inocente" de todo lo sucedido. Por ejemplo, Felix Luna en el prólogo que escribe para el libro de Richard Gillespie calificará a las organizaciones armadas de los años '70 (especialmente a Montoneros) como "irracionales". De esta manera, ya no resulta factible realizar ningún tipo de análisis crítico acerca de aquellas organizaciones (¿Cuáles eran sus proyectos políticos?, ¿Qué análisis realizaban acerca de la realidad del país y del mundo?, ¿Que grado de inserción social tenían?, ¿Cuál es la historia de cada una de estas organizaciones?, ¿Por qué procedieron en determinada forma teniendo en cuanta el contexto histórico?. Etc. etc.) porque justamente su accionar carece de toda coherencia, sentido y significado. De manera que el único análisis que podría hacerse sería de carácter psiquiátrico o psicológico no social o político.
"Una locura que al principio se apoderó del espíritu de un puñado de muchachos pertenecientes a clases medias altas, y luego inficionó todo el cuerpo social argentino. Fue, en un comienzo, una aventura casi quijotesca, atravesada de nobles ideales: terminar con la injusticia social, oponerse al autoritarismo de un régimen ilegítimo, romper la hipocresía y el convencionalismo de las fuerzas dominantes. Pero estos objetivos, que podían ser compartibles aun en su difusa exposición, se fueron degradando cuando se intentó su consecución mediante el uso permanente y sistemático de la violencia terrorista".122
El mal absoluto
Otra forma en que el genocidio argentino fue pensado está dentro de la categoría del "mal absoluto". Aquí los perpetradores del crimen son calificados como "irracionales", "locos" y "perversos". ¿Pero cómo pueden miles de locos y perversos organizarse y llevar adelante un plan sistemático de muerte?. Las prácticas sociales genocidas quedan así "sin sostén político alguno y sin anclaje en la realidad".
A su vez, "la categoría metafísica de "mal absoluto" viene a alejar la experiencia de nuestra cotidianidad, dejándonos a salvo del golpe emocional que significa el descubrimiento del potencial genocida construido en cada miembro de las sociedades modernas".123
En este sentido el sociólogo Zygmunt Bauman, observa que el genocidio nazi constituyó un producto típico de la cultura racional burocrática, que elimina de las gestión administrativa toda interferencia moral.
"Insinúo además que el único contexto en el que se pudo concebir, desarrollar y realizar la idea del Holocausto fue la cultura burocrática que nos incita a considerar la sociedad como un objeto a administrar, como una colección de distintos «problemas» a resolver, como una «naturaleza» que hay que «controlar», «dominar», «mejorar» o «remodelar», como legítimo objeto de la «ingeniería social» y, en general, como un jardín que hay que diseñar y conservar a la fuerza en la forma en que fue diseñado. Y también insinúo que el espíritu de la racionalidad instrumental y su institucionalización burocrática no sólo dieron pie a soluciones como el Holocausto sino que, fundamentalmente, hicieron que dichas soluciones resultaran «razonables», aumentando con ello las probabilidades de que se optara por ellas"124.
En este misma línea interpretativa Michael Lowy señala que en "los medios de exterminio nazis se encuentra una combinación de diferentes instituciones típicas de la modernidad: al mismo tiempo, la prisión descripta por Foucault, la fábrica capitalista de la cual hablaba Marx, "la organización científica del trabajo", de Taylor y la administración racional/burocrática según Max Weber. Este último había intuido, de manera muy convincente, la transformación de la razón occidental en fuerza destructiva. Su análisis de la burocracia como máquina "deshumanizada", impersonal, sin amor ni pasión, indiferente a todo aquello que no es su tarea jerárquica es esencial para comprender la lógica reificada de los campos de la muerte". 125
A su vez el experimento de Stanley Milgram126 demostró que los actos crueles no los cometen sujetos malvados, perversos e irracionales sino personas comunes y corrientes que intentan desarrollar con éxito sus tareas habituales.
Tratemos de pensar no en los pepetradores directos del genocidio (grupos de tareas; torturadores, etc. etc.) sino en los cientos de cuerpos que pusieron en marcha la administración del genocidio argentino: en quiénes elaboraran, catalogaban y archivaban la documentación correspondiente a cada desaparecido, los que cocinaban los alimentos destinados a los campos de concentración, los funcionarios del ministerios del Interior que contestaban invariablemente a cada Hábeas Corpus presentado "el beneficiario de la acción judicial no se encuentra detenido", los funcionarios del juzgado de menores que realizaban los trámites de adopción de los niños apropiados sin investigación previa alguna sobre los orígenes de tales niños, los médicos, enfermeras y obstetras de los hospitales públicos a dónde se llevaban a parir a las detenidas, y la lista sigue.
Puede ser que sobre algunos de ellos también se cernía un peligro de muerte concreto (si se negaban a ejecutar sus habituales tareas) pero también es cierto que sin el funcionamiento bien aceitado de todo ese engranaje, el genocidio no podría haberse llevado a cabo con la eficiencia y efectividad con que se realizó. Cabría hacernos la pregunta acerca de ¿qué habría pasado si todas esas personas se hubiesen negado a "cumplir ordenes" o simplemente a realizar sus habituales tareas? Seguramente el resultado hubiese sido otro.
"No debemos olvidar- advierte Raúl Hilberg - que la mayor parte de las personas que participaron (en el genocidio) no dispararon rifles contra niños judíos ni vertieron gas en las cámaras... Muchos de los burócratas redactaron memorándums, elaboraron proyectos, hablaron por teléfono y participaron de conferencias. Destruyeron a mucha gente sentados en sus escritorios". 127
La categorización de mal absoluto encubre justamente esta participación de cientos de miles que hicieron un verdadero trabajo de hormiga, minucioso, silencioso, sin pasión e indiferente a todo aquello que no era su tarea. Seguramente ninguno de ellos se siente responsable en grado alguno por el genocidio.
La identidad de la fuerza social exterminada
Feierstein señala que otra tendencia importante acerca de cómo el genocidio fue reapropiado estuvo constituida por la homogeneización de la víctimas en tanto "inocentes".
En un principio cuando los familiares realizan las primeras denuncias y los primeros Hábeas Corpus - durante la dictadura - ocultaban (si la sabían) la identidad política o social de la persona buscada por temor a exponerla a más represalias o agravar su situación.
A su vez la calificación de inocentes trataba de contrarrestar al "por algo será" o "algo habrán hecho" que utilizaban las fracciones genocidas para justificar la desaparición de cientos de personas.
Pero esta insistencia en la inocencia de las fuerza social exterminada terminó funcionando como quiebre entre las fracciones victimizadas. 128 Y se concluyó negando que justamente fueron asesinados no por ser inocentes sino por lo que eran y por el carácter crítico, autónomo y solidario de las relaciones sociales que desarrollaban y proponían como forma de alteridad frente al orden existente.
Algunos organismos de derechos humanos comenzaron a rescatar la identidad política de los desaparecidos en un claro intento por contrarrestar la figura del "inocente". Pero todavía hay mucho camino por delante.
Si el genocidio intentó desarticular lazos sociales autónomos y críticos para sumirnos en la individualidad como único refugio y acabar con toda resistencia posible al orden social imperante, la recuperación de la identidad social y política de aquellos que propusieron y encarnaron un modelo de organización social alternativo es un paso importantisimo para comenzar a transitar, nuevamente, un camino de recuperación de la autonomía en base a la constitución de nuevas relaciones sociales de cooperación.
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Revista Indice 20
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Un aporte para pensar el pasado y el presente
Acerca de Política y/o violencia. Una aproximación a la guerrilla de los años 70 de Pilar Calveiro.
Por Mariano Andrade
La aparición del nuevo ensayo de Pilar Calveiro, Política y/o violencia. Una aproximación a la guerrilla de los años 70(1), completa el análisis de esa década iniciado por la autora con Poder y desaparición(2). Para ser más precisos, Política... es la primer parte de aquel trabajo publicado en 1998.
Siguiendo la misma línea de análisis va a desarrollar dos dimensiones: la primera una genealogía del poder desaparecedor; la segunda una (auto) crítica de lo que denomina la desobediencia armada, es decir las organizaciones armadas, poniendo el acento en Montoneros.
El trabajo de Calveiro (ex militante Montonera y ex detenida-desaparecida en la ESMA) es de suma importancia ya que aporta elementos para pensar tanto el pasado como el presente. Hacía atrás rechazando las visiones idealizadas de la militancia setentista, llamando a hacerse cargo, a escracharse: "no se trata de uno, de dos o veinticinco millones de demonios; se trata de entender qué pasó, es decir, qué nos pasó, a todos nosotros desde el lugar que cada uno ocupó y que cada uno ocupa(3)". En lo que refiere a la actualidad, la lectura del libro aporta elementos para pensar sobre qué bases refundar una política emancipatoria, así como también el rol del Estado como aparato en constante mutación.
La reducción de lo político a lo militar
¿Cómo se construyó el genocidio? Calveiro va a señalar una serie de acontecimientos que desembocaran de manera abierta en lo que denomina poder desaparecedor. Señala con justeza que a partir del golpe de 1930 las FFAA van a comenzar a funcionar como partido de la clase dominante. Con una crucial apoyatura civil, cada golpe va a ir desarrollando el mecanismo represivo no de manera lineal sino que al contrario con constates avances y retrocesos, de manera abierta o subterránea, a fuerza de ensayo y error: en 1955 la técnica de desaparición, en este caso por decreto del peronismo (al que no podía controlar); 1966 en dirección de "controlar, con precisión y orden cuartelero, los tiempos y los espacios de una sociedad en constante fuga"(4) construyendo la figura de subversivo, un termino lo suficientemente difuso como para señalar como enemigo a todo aquel que no fuera idéntico. La subversión adquiriría carnadura a partir del alza de masas del 69. Con el Cordobazo hará irrupción un amplio movimiento de impugnación que va a concebir el uso de la violencia como algo necesario y legítimo. Dentro del mismo van a funcionar las organizaciones guerrilleras como forma más radical de enfrentamiento: la desobediencia armada disputaba del monopolio de la violencia: "un intento de poder armado paralelo al del Estado, que en el caso argentino equivale decir al de las Fuerzas Armadas"(5).
Frente a esta situación, la respuesta Estatal se concentró en el ámbito represivo: si bien ningún gobierno se privó del uso de la picana, lo novedoso, señala Calveiro, fue el empleo de las técnicas de fusilamiento y desaparición de personas como política de Estado. A lo antes mencionado hay que agregar que no solo las FFAA y la insurgencia militarizaban lo político, sino que también Perón agudizaba el enfrentamiento en clave de guerra. Tanto sea contra la dictadura, donde su apoyo a la guerrilla lo dotó de una imagen de líder revolucionario para los jóvenes que se incorporaban a ella, como durante su tercer y último gobierno donde va a asistir al fracaso de su intento de disciplinar a una sociedad que no era la misma del 45. Una vez presidente, a las demandas de los trabajadores va a responder con medidas represivas y dándole cada vez más poder al ala derecha de su movimiento: por un lado, la burocracia sindical que prometía mantener disciplinado al movimiento obrero (clave para el éxito del llamado Pacto Social, viga maestra de su política) y a la izquierda –peronista y marxista que por otra parte no habían abandonado la opción de las armas- por medio del terror de la Triple A.
A su muerte y con la asunción de su esposa Isabel, el proceso represivo se acelerara. No solo el accionar de las bandas para-policiales (como la ya citada Triple A) se incrementará, sino que desde el Estado se dará luz verde a la intervención abierta de las FFAA en la represión. Por ejemplo el Operativo Independencia contra la guerrilla del ERP en Tucumán va a permitir al Ejército la instalación de los primeros campos de concentración.
El reclamo de orden por parte de amplios sectores de la sociedad permitió la vuelta de los militares al poder: una sociedad que estaba dispuesta a cerrar los ojos con tal de recuperar la tranquilidad de tiempo atrás. La necesidad de una cirugía mayor –así llamada por los militares- que extirpe el cáncer subversivo llevó a la instalación de los campos de concentración, es decir, el quirófano que también funcionó como un lugar donde se formateó una sociedad ordenada, controlada y –sobre todo- aterrorizada.
Ahora bien: el despliegue del poder desaparecedor solo fue posible en el seno de una sociedad que ya había sido formada en esa disciplina, es decir, donde el uso de la tortura se había familiarizado. A través de documentos, Calveiro rastrea el uso de la tortura al interior primero de las FFAA, es decir que el cuerpo del torturador naturalizó el uso de la tortura porque la sufrió. El sistema de servicio militar obligatorio será un paso más al diseminar sobre la sociedad el castigo, naturalizando los "bailes "–torturas sin tiempo ni fin- como un recuerdo jocoso de los años de la conscripción.
El análisis de la autora continúa centrándose en la desobediencia armada. Con precisión de relojero nuevamente va a rastrear en los documentos de la guerrilla las concepciones que llevaran a la derrota en el 76. No es menor el dato de la denominación de la mayoría: Ejército, Fuerza Armadas, aunque en este caso serían revolucionarias, populares o peronistas. La desconfianza hacía lo electoral será unos de los puntos que diferenciarán a los Montoneros de la izquierda: para las últimas la democracia quedaba reducida al hecho burgués mientras que los montoneros participaran de las elecciones. En el caso de las peronistas muchas de sus concepciones tienen su origen en el hecho de haber sido denominadas desde un primer momento como "formaciones especiales". Es desde este lugar es que los Montoneros construirán sus espacios políticos: el uso de la lucha armada se convirtió en un fuerte atractivo para vastos sectores, lo que les permitió crecer en la época del enfrentamiento contra la dictadura y ser el motor de la campaña que va a desembocar con el triunfo del candidato Cámpora sellando su incorporación al contradictorio peronismo. Este hecho los llevó a creer que el triunfo era un producto casi directo de la su lucha, y que por lo tanto les pertenecía.
El crecimiento político de Montoneros en ese corto lapso fue acompañado por una importante labor de ampliación de sus frentes de masas. Simultáneamente comenzó el enfrentamiento con la derecha del peronismo y el propio Perón que encontrará su fin el 1° de mayo de 1974 en la Plaza.
La muerte de Perón va a llevar al recrudecimiento de la represión; frente a esto, señala Calveiro, Montoneros no supo o no pudo responder con otra política que no sea la violencia: una demostración de fuerza militar en dirección a recuperar el espacio perdido.
Al momento del golpe, la presencia política de las organizaciones quedaba reducida al accionar guerrillero: el pase a la clandestinidad en los años ´73 (ERP) y ´74 (Montoneros) y el terror de la Triple A llevaban a que se militarizaran todas sus estructuras. Podemos trazar una línea que conjuga la desvinculación de las masas con la creciente militarización de las organizaciones: rangos, estructuras militares, verticalismo, disciplina interna, ausencia de discusión, etc. Dicho en otras palabras reproducían la misma lógica del Ejército al que combatían.
Calveiro va a distinguir frente a la derrota la actitud del PRT-ERP de la de Montoneros: mientras que Santucho va a plantear que tenían el repliegue del PRT al seno de las masas, desmilitarizándolo hasta un nuevo auge, Firmenich va a elegir el camino opuesto para los Montoneros. De este modo se explica la contraofensiva de los años 79 y 80, que llevaba a una muerte segura a los militantes de esa organización; el tratamiento de enemigo para los disidentes; las sentencias de muerte para los desertores; los juicios internos (el caso Valenzuela es paradigmático: se escapa de un campo mediante un engaño a los militares que tenían como rehenes a su esposa y su hijo, salva la vida de la conducción de montoneros y esta lo enjuicia, lo degrada y lo envía nuevamente a la argentina, donde es desaparecido)
Algunas cuestiones para un final abierto
El excelente –y necesario- trabajo de Pilar Calveiro aporta tanto una reflexión del pasado como elementos para pensar el presente.
El primer punto se refiere a la militancia. ¿Cómo poner en pie una política que pase en limpio esa experiencia? Es decir, que recupere y haga propios los anhelos de emancipación, al mismo tiempo reconozca que, tanto como conciente e inconscientemente se llevaban adelante prácticas antagónicas al capital, señale y deje de lado las que reproducían como proyecto para la sociedad y al interior de las organizaciones muchas de las relaciones y practicas capitalistas. En ese sentido, es importante la reflexión autocrítica de otro protagonista de los ´70, el ex perretista Luis Mattini(6) que plantea como principal error no haber sido (ni ser) lo suficientemente subversivo.
El desmoronamiento del New Deal y el Estado Benefactor; el hundimiento y estallido del bloque socialista; el paso del fordismo a nuevas tecnologías donde la robotización de los procesos productivos desplaza mano de obra y mundializa la producción de mercancías precarizando la fuerza laboral; la aparición de los movimientos sociales; entre otros factores, despejan muchas de las cuestiones que llevaban a pensar a los sectores antagonistas al capital de aquellos años al Estado como herramienta de cambio; de ahí la necesidad de tomar el poder para desde arriba cambiar la sociedad.
No está de más señalar que muchas experiencias "exitosas" de ese modelo terminaron por construir regímenes más injustos y sanguinarios que el que aspiraban a reemplazar. Los nuevos antagonistas no pueden usar los viejos modelos, los nuevos fenómenos generan dinámicas nuevas y por lo tanto nuevas formas de organización y de lucha.
En clave de lo dicho anteriormente, es posible pensar que los sucesivos fracasos en los intentos de construcción de un proyecto de izquierda -o dicho en sentido más amplio de los sectores subalternos-, hunden sus raíces en esta misma concepción: no es un problema de dirección sino que aquellas herramientas no sirven como palanca de cambio en el mundo de hoy. Un ejemplo de esto es claramente la cuestión electoral: bajo el supuesto de viejas teorías la izquierda –reservando este término para denominar en general a las estructuras partidarias- ve la necesidad de llegar al Congreso para convertirlo en una tribuna de denuncia. Esa política está fechada a principios del siglo pasado, cuando lo político se limitaba a ese ámbito y los medios de comunicación no eran ni remotamente lo que son hoy. En la actualidad quedó demostrado que no existe tal tribuna, que los pocos que llegan quedan desdibujados en su perfil, negados o presos de ese inmenso instrumento. Al contrario no existió mayor ámbito de denuncia, mayor caja de resonancia que los cortes de rutas.
La construcción de una política antagónica al capital pone en primer lugar una revisión de aquellas que intentaron quienes nos precedieron. Lejos de llevarnos al quietismo muchos –por ejemplo al interior de los movimientos sociales- la llevan adelante como una práctica social concreta; es decir, intentado conjugar el cambio social en tiempo presente. Lo anteriormente dicho no significa desechar de plano el uso de la violencia. Citando a Marx cuando planteaba que la violencia es la partera de la historia, podemos ver que lo importante es la historia, no el auxiliar. Sin embargo, esto pone de relieve la cuestión de elegir entre las parteras a la que nos brinda un parto lo menos traumático posible.(7)
La segunda cuestión hace referencia al Estado. La lectura del libro de Pilar Calveiro nos presenta una visión que se desmarca radicalmente tanto de la política de los dos demonios así como también de la actual que reduce los 70 a un solo demonio, los militares. La reivindicación de la generación del 70 como política Estatal tendiente a la recuperación de la legitimidad perdida en el 2001 abre más dudas que certezas.
En ese sentido, cabe señalar que la construcción y reconstrucción de las identidades de los desaparecidos ha sufrido múltiples desplazamientos de significados. Por parte de las organizaciones de Derechos Humanos, la primer imagen de los desparecidos fue la de personas inocentes y despolitizadas. Muchos años pasaron hasta la recuperación (y en algunos casos reivindicación acrítica) del carácter de militantes revolucionarios. Por su parte el Estado pasó de señalarlos como terroristas, luego demonios y a la actual de jóvenes idealistas. A aquellos jóvenes se les vuelve a negar la posibilidad de ser recordados como lo que eran: militantes que enfrentaron con las armas al poder del Estado. Más allá de qué hacer con/en la ESMA merezca otra discusión, acierta Hebe de Bonafini cuando afirma que ""no va a estar exhibido todo lo que hicieron nuestros hijos: desde las revistas El Combatiente (del ERP) y Evita Montonera así como tampoco las armas con las que quisieron hacer la revolución."(8)
El Estado, en busca de legitimación, expropia(9) un reclamo de justicia amasado durante años de movilizaciones de los movimientos de derechos humanos y sectores populares. Subrayo con fuerza que esto no quiere decir que quienes llevaron adelante la maquinaria de terror de la dictadura no deban ser castigados. De esto no hay dudas: tienen que pagar por lo que hicieron. La mencionada operación de expropiación por parte del Estado congela en el pasado la cuestión de los derechos humanos, más precisamente los acota al periodo entre los años 76/83, es decir a la dictadura militar. Pero ¿el Estado dejó de matar una vez terminada la dictadura? ¿y de torturar? La respuesta es no. Una larga lista de crímenes impunes cometidos desde el Estado abonan esta afirmación.
Por otra parte, las mutaciones que sufrió la represión no son un dato menor. La puesta en marcha de nuevas técnicas de represión de baja intensidad, es decir, la judicialización de la protesta social (que mantiene procesados a más de cuatro mil personas, algunas de ellas ya en prisión) o el Código de Convivencia Urbano de la Cuidad de Buenos Aires que criminaliza la pobreza son algunas de las evidencias. Esta operación se apuntala con discursos que también desde el Estado y los medios de comunicación hablan de terroristas(10) cuando se refieren a trabajadores que hacen de la asamblea el órgano de discusión de los conflictos o demonizan a los piqueteros señalándolos como generadores de –entre otras cosas- caos de transito en la cuidad.
Cuando los que reclaman son señalados de "terroristas" y/o provocadores de caos ¿No se estará recortando nuevamente la esfera de la política, construyendo otro al que hay que combatir, ésta vez bajo un discurso que revindica a aquellos jóvenes idealistas de los ´70?
Mariano Andrade
NOTAS
(1)Calveiro Pilar: Política y / o violencia. Una aproximación a la guerrilla de los años 70. Grupo Editorial Norma, Buenos Aires 2005
(2)Calveiro Pilar: Poder y Desaparición. Los Campos de concentración en la Argentina. Colihue, Buenos Aires 1998.
(3)Calveiro Pilar: Política y / o violencia... Pág. 23.
(4)op. cit. Pág. 32
(5)op. cit Pág. 38
(6)Mattini Luis: La política como subversión. De la Campana, Buenos Aires, 2000
(7)Es un aporte fundamental -no como modelo a seguir- el recorrido del neo Zapatismo mexicano. Desde la practica discuten el papel de la violencia en un proceso de cambio: de la irrupción armada del EZLN en enero de 1994 a la actual convocatoria a la formación de un movimiento político de izquierda no electoral que actúe en el seno de la sociedad civil.
(8)La Nación 4 de Abril de 2004
(9)El actual presidente es una figura totalmente ajena al movimiento de derechos humanos. Nunca levanto la voz contra la política de impunidad cuando la ley de punto final o los indultos.
(10)Ver al respecto las declaraciones del Ministro de Salud, Gines González García con referencia de los trabajadores huelguistas de Hospital Garrahan.
La guerrilla setentista
Por Pilar Calveiro
[Pilar Calveiro nació en Buenos Aires. Reside en México desde 1979, adonde llegó luego de un breve exilio en España. Detenida en 1977 por la dictadura militar argentina, permaneció secuestrada ilegalmente durante un año y medio en varios centros clandestinos de detención. Es doctora en Ciencias Políticas de la UNAM (Universidad Autónoma de México) y actual profesora e investigadora de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Ha publicado Poder y desaparición, Redes familiares de sumisión y resistencia y Familia y poder]
LEER: Pilar Calveiro, cap 1 de "Política y/o violencia" (pdf)
¿Cómo se llegó a estos niveles de violencia? En todo el mundo, y durante décadas, la izquierda asociada a los partidos comunistas había afirmado que, en los procesos revolucionarios, las condiciones subjetivas, o de conciencia, se derivaban de las condiciones objetivas, o materiales.
En los años 60, a partir de la Revolución Cubana y la guerra de Vietnam, algunos círculos de la izquier-da comenzaron a cuestionar la infalibilidad de este enunciado y propusieron la idea de que la lucha revolucionaria misma podía generar conciencia per se, sin necesidad de aguardar a que las condiciones objetivas, materiales, económicas, "maduraran", o más bien, que podía acelerar ese proceso de maduración. Esto permitiría, a una generación impaciente por producir los cambios sociales que consideraba necesarios en el Tercer Mundo, acelerar las llamadas "condiciones revolucionarias", para acabar con la injusticia social. Así nació la teoría del foco.
El foquismo cobró gran importancia, sobre todo para los movimientos de liberación de los países tercermundistas. Estos concebían la lucha antiimperialista como condición de posibilidad para realizar una revolución social en países dependientes como los de América latina, en los que el desarrollo de las fuerzas productivas, y por lo tanto de las "condiciones objetivas", era muy escaso para considerar un tránsito al socialismo por las vías que vislumbraba la izquierda tradicional.
Así proliferaron diversos movimientos armados latinoamericanos, palestinos, asiáticos. Incluso en algunos países centrales, como Alemania, Italia y Estados Unidos, se produjeron movimientos emparentados con esta concepción de la política, que ponía el acento en la creación de condiciones revolucionarias mediante la aceleración de los conflictos y la acción directa.
No se trató de un fenómeno marginal, sino que el foquismo y, en términos más generales, el uso de la violencia pasaron a ser casi condición sine qua non de los movimientos radicales de la época. Dentro del espectro de los círculos revolucionarios, casi exclusivamente las izquierdas estalinistas y ortodoxas se sustrajeron a la influencia de la lucha armada. Piénsese, por ejemplo, que el PRT argentino, mientras sostenía el accionar del ERP como su brazo armado, era miembro oficial de la Cuarta Internacional, cuya trayectoria, si bien radical, no había sido nunca violenta.
La guerrilla argentina formó parte de este proceso, por fuera del cual sería incomprensible; muchos de sus militantes se entrenaron militarmente en países del bloque socialista y desarrollaron estrechas relaciones con el MIR chileno, los Tupamaros uruguayos, el M 19 colombiano, la Organización de Liberación Palestina, el Frente Sandinista y otras organizaciones semejantes.
La concepción foquista adoptada por las organizaciones armadas, al suponer que del accionar militar nacería la conciencia necesaria para desatar la revolución social, las llevaba a dar prioridad a lo militar sobre lo político. Esta preeminencia contribuyó, con manifestaciones diferentes pero bajo un mismo signo, a desarrollar una práctica y una concepción militarista y autoritaria en el seno de las organizaciones. Su expresión más clara consistía en considerar básicamente la política como una cuestión de fuerza y de confrontación entre dos campos: amigos y enemigos.
Dicha concepción se asentó sobre un sólido basamento preexistente que no ofrecía contradicciones, sino que, por el contrario, sustentaba el sentido autoritario de lo político. Me refiero a la formación política de esta generación y a la historia misma del país desde principios de siglo.
Los primeros grupos políticos con los que se relacionaron los jóvenes, casi adolescentes, de fines de los años 60, ya fueran de derecha o de izquierda, reivindicaban para sí prácticas autoritarias. El grupo nacionalista Tacuara o la Federación Juvenil Comunista, organismos por los que pasó buena parte de los "fundadores" de la guerrilla, ostentaron, cada uno a su manera, los más claros rasgos del autoritarismo y de las concepciones binarias de nuestro siglo: en un caso el antisemitismo; en otro, el estalinismo. Ambos habían engendrado en Europa procesos que comprendían el campo de concentración como modalidad represiva central. Estas ideologías fueron el marco de referencia inicial de esa generación, que intentó rebasarlas con un éxito relativo. Casi indistintamente, militantes peronistas y trotskistas habían pasado por uno u otro grupo en sus primeros años de práctica política; peronistas provenientes de la Federación Juvenil Comunista, trotskistas salidos de Tacuara o de la Alianza Libertadora Nacionalista fueron algunos de los extraños fenómenos que dieron origen a las "formaciones especiales".
La idea de considerar a la política básicamente como una cuestión de fuerza, aunque reforzada por el foquismo, no era una "novedad" aportada por la joven generación de guerrilleros, ya fueran de origen peronista o guevarista, sino que había formado parte de la vida política argentina por lo menos desde 1930.
Como se señaló en el apartado anterior, los sucesivos golpes militares, entre ellos el de 1955, con fusilamiento de civiles y bombardeo sobre una concentración política en Plaza de Mayo; la proscripción del peronismo, entre 1955 y 1973, mayoría compuesta por los sectores más desposeídos de la población; la cancelación de la democracia efectuada por la Revolución Argentina de 1966, cuya política represiva desencadenó levantamientos de tipo insurreccional en las principales ciudades del país (Córdoba, Tucumán, Rosario y Mendoza, entre 1969 y 1972), fueron algunos de los hechos violentos del contexto político netamente impositivo en el que había crecido esta generación.
Por eso, la guerrilla consideraba que respondía a una violencia ya instalada de antemano en la sociedad: los Montoneros afirmaban "responder con la lucha armada a la lucha armada que se ejercía desde el Estado", y casi simétricamente, el ERP aseveraba que "...cerradas todas las posibilidades legales con la asunción de Onganía, [el PRT] se orienta correctamente hacia la guerra revolucionaria".
Esta lógica tampoco fue privativa de la guerrilla. Al inicio de la década de los 70 –como ya se señaló–, muchas voces, incluidas las de políticos, intelectuales, artistas, se levantaban dentro y fuera de la Argentina, en reivindicación de la violencia. Entre ellas tenía especial ascendencia, en ciertos sectores de la juventud, la de Juan Domingo Perón, quien, aunque apenas unos años después llamaría a los guerrilleros "mercenarios", "agentes del caos" e "inadaptados", en 1970 no vacilaba en afirmar: "La dictadura que azota a la patria no ha de ceder en su violencia sino ante otra violencia mayor". "La subversión debe progresar." "Lo que está entronizado es la violencia. Y sólo puede destruirse por otra violencia. Una vez que se ha empezado a caminar por ese camino no se puede retroceder un paso. La revolución tendrá que ser violenta." El líder reconocido y admirado aprobaba calurosamente el uso de las armas en ese momento, ya que eran favorables para su proyecto de retorno al país.
Por otra parte, la práctica inicial de la guerrilla y la respuesta que obtuvo de vastos sectores de la sociedad afianzó la confianza en la lucha armada para abordar los conflictos políticos. Jóvenes lograron concentrar la atención del país con asaltos a bancos, secuestros, asesinatos, bombas y toda la gama de acciones armadas.
Fuente: Página 12, 2005
Reportaje a Eduardo Anguita - 22-04-2005
ESTO QUE PASA – Pepe Eliaschev
- ¿Ésta es tu primera novela?
- Sí, la primera.
- La pregunta inicial que me hacía como lector, desde las primeras páginas del libro, era cómo hace alguien que es “étnicamente” periodista como vos para despojarse de esa característica, si es que hay que hacerlo, si la ficción te planteaba ese requisito. A medida que avanzaba en la obra me impresionó cómo aparecía tu veta periodística, hay información, mencionás comunicados de un partido político, de figuras muy conocidas –como Santucho-, y además tu obra está deliberadamente situada en un episodio histórico e historiable, como fue la guerrilla en Tucumán. ¿Qué esfuerzos hiciste para domar al periodista y dejar salir al escritor (que escribe muy bien)?
- Muchas gracias. El esfuerzo fue ir tratando de mirar lo que ya había escrito con literatura de no ficción o con crónicas que de alguna manera tienen estructura de literatura, para descubrir esas cosas que la literatura periodística le robó a la literatura de ficción. Es decir, traté de buscar aquellas cosas en las cuales yo mismo usé el adjetivo sabiendo que el adjetivo “cuando no da vida mata”, así lo decía Huidobro y hay que tenerlo siempre en cuenta. Y los periodistas debemos aprender de eso y pagar muy caro los errores. Yo adjetivé muchas veces, en los trabajos como “La voluntad”, “Cartoneros”, en cierto tipo de crónicas en las cuales uno juega también con el vínculo subjetivo con el lector, y me animé por eso, porque ya había recorrido una cantidad de páginas escribiendo este género de la novela periodística. Además hubo algo que era un temor que yo tenía, un desafío. Historiar los años 1974 y 1975 en Tucumán es muy difícil, porque ahí no hubo solamente luchas populares, hubo un escenario, pequeño, grande, cada uno tendrá su valoración respecto del peso específico que tuvo, pero hubo un escenario bélico. Un escenario en el cual un grupo de guerrilleros por su propio deseo, por su propia voluntad, dijo “acá los esperamos con armas, búsquennos y nosotros, si podemos, los vamos a emboscar y matar”. Esa situación es historiable, y creo que todavía vale, aunque yo historié un poco, pero también plantea un desafío respecto de lo que es la visión humanista, ética, que tiene alguien, grupal, individual, que dice “yo quiero cambiar la sociedad para mejorarla”, y que en un momento del espiral de enfrentamientos, por algún motivo, llega a esa situación, emocional, cotidiana, una situación completamente diferente. No es lo mismo ser un delegado estudiantil o fabril que vivir en una carpa o escondido en un caserío con un fusil. De esa situación, y cuando vos hablabas de España, de esa situación no solamente le espanta hablar a mucha gente que tuvo miedo en su momento, sino también nos espanta a muchos que de alguna manera fuimos protagonistas. Yo no fui protagonista de esa guerrilla rural, pero sí fui militante en esos años. Y aunque estuve preso cuando sucedieron estas cosas, mis sensaciones se cruzaban a la libertad y también me hacían sentir eso como propio. Entonces me parece que muchos años después es necesario recrearlo, es necesario ver la atención que hay hacia el conflicto.
- En algún sentido te has adelantado porque inevitablemente vamos a caer en el espesor político del asunto. Yo preguntaba por las dificultades profesionales de escribir en el sentido de cómo aparecían dentro tuyo, cuando estabas sentado escribiendo “La compañía de monte”, esta especie de mandato o de autodisciplina de decir “esto no es un ensayo periodístico, sino que estoy contando una historia, hay un Dalmiro, un Alejandro, un Ramón y un Hippie, y yo con estos cuatro personajes viví durante toda la novela”. Esta tarde regresé a la novela porque me había quedado la sensación de que en el capítulo inicial, donde aparecen hoy los sobrevivientes de la guerrilla, estaba muy ansioso por ir a Tucumán y había detalles que no había registrado debidamente. Una segunda lectura de las primeras 50 páginas me enriqueció mucho porque estaba viendo hacia dónde iba el punto tuyo. ¿Qué problemas se te plantearon como novelista, no como periodista? Porque además de que fuiste militante, de que sos periodista, conocías muy bien y habrás investigado muy bien lo que fue Tucumán y la actividad del ERP allí. Como novelista ¿cómo hacer para que el libro no fuese un ladrillo ideológico y tuviese sustentabilidad dramática?
- Hay una cosa que quizá simplifica lo que te digo pero yo lo sentí así. Yo sentí que tenía que caminar al ritmo de lo que es la travesía de alguien que todos los días se levanta en una selva o en un monte. Mi literatura tenía que caminar a ese ritmo, no tenía que ir con el vuelo del águila, que está desde arriba viéndolo todo. Muchas veces en el periodismo, necesariamente, esa distancia nos hace perder la dimensión de lo cotidiano, del sabor, del olor, del mosquito que molesta. Yo no conocía los mosquitos de la selva tucumana más que alguna tarde que fui para ambientarme. Yendo más concretamente, cuando uno quiere ver el latido de un personaje de novela tiene que descender a las cosas que tiene adentro en sus propios personajes, los que no viven solamente de esta cuestión de ser la evaluación de la distancia y la objetividad que nos recrean al periodismo, que es partir de nuestra subjetividad para llegar a otro lugar totalmente distinto que se reclama objetivo, sino que a partir de la subjetividad, quizás en eso y en digerir la subjetividad. Y yo sabía, porque me gusta leer, que si metía más de cuatro o cinco personajes me iba a perder y no iba a poder crear, a convivir con ellos. Entonces me dije que esto era una cosa de pocos y de emociones con algún marco histórico.
- ¿Cuando te detuvieron tenías 20 años?
- Sí, 20.
- ¿Estos muchachos subieron al monte en 1974 o 1975?
- A principios de 1974, todavía no había muerto Perón.
- ¿Hasta que caíste detenido se hablaba en el ERP de Capital Federal de la idea de un foco en las montañas?
- Se hablaba. En realidad hay que recrear un poco la época. Se hablaba conspirativamente de todo, y esta frase que pongo cada tanto en la novela “no pregunte ni deje que le pregunten”, tenía una cosa vital en el sentido de saber las limitaciones de una lucha conspirativa porque había una represión, había una dictadura, pero también creaba una serie de límites intelectuales ¿no? Vos tuviste, quizás, con más años que yo, esta cosa de ir a un colegio como el Nacional Buenos Aires que te estimula a preguntar todo y que te preguntan todo. Yo me preguntaba muchas cosas, y me sentía en muchas situaciones, porque era muy joven y tampoco era un cuadro revolucionario, era muy joven y voluntarioso, entonces hablaba de eso.
- La pregunta apunta además de a saber si se sabía o no que el ERP estaba organizando lo que denominan una “compañía de monte”, un núcleo guerrillero que, como dijiste al comienzo, se había instalado en la montaña e iba de alguna manera a suscitar la reacción militar, además de los enormes sacrificios y cambios que en las vidas personales de los sujetos implicaba abandonarlo todo e irse a dos mil kilómetros de distancia, a un lugar inhóspito como la selva tucumana. Ya habías tenido la noción del renunciamiento personal a través de tus compañeros que vos veías que se enrolaban en la lucha armada. ¿Cómo es ese proceso? ¿Cómo lo recordás a 30 años? Me impresionó como marcás que había casi una política de mandar a los mejores cuadros a la montaña. Pese a los planteamientos políticos, en definitiva se militarizaba la actividad política…
- Esa tensión por momentos era una disociación. De hecho esto es una valoración mía, y que me disculpen quienes creen lo contrario, pero yo creo que particularmente el PRT, con la decisión de militarizar un espacio geográfico del país como Tucumán, se puso a la cola de uno de los peores defectos que podría tener una militancia revolucionaria en la Argentina, que todo terminara pasando por la evaluación militar. Y claro, si vos pensás en tener un grupo de gente para organizarla en sus actividades vecinales o en una fábrica y tener un grupo de gente que combata con las armas, los mejores terminan combatiendo con las armas, porque es lo más difícil. Es una lógica casi primitiva. Eso significó para el PRT por un lado haber ganado un cierto respeto en ciertas capas de la población, pero por otra parte era mientras había una Constitución Nacional, con todo lo que era la Triple A y las barbaridades que hacían. Pero había un punto de partida que era la existencia de la Constitución. Con eso empezar a estimular sobre la base de que con una guerra revolucionaria se iba a ganar. Al mismo tiempo Santucho proponía una tregua a Perón y volver a la lucha democrática. Pero fue una disociación.
- El libro, más allá de juicios literarios, me gustó, tal vez porque soy de la época, conocí gente que estuvo involucrada en la lucha armada, me exilié, o sencillamente porque la novela es realmente buena, como creo que lo es. Además tiene algo destacable: nadie te puede cuestionar, por tus años de cárcel y tu origen político, que estés haciendo una lectura a vuelo de águila. Hay un par de párrafos que, dirían en España, son muy “cojonudos”. Vos te preguntás “¿era una guerra o no era una guerra?”. Cuando leí ese párrafo los ojos me saltaron, porque ésta era una de las cosas claves, o sea, la izquierda revolucionaria, y también los Montoneros, hablaban de guerra. Lo había definido así. ¿Cómo lo ves hoy?
- Yo lo veo con un poco de espanto. Cuando hablo de esto, por más que sea algo mío, como cuando uno a un psicólogo le cuenta un drama que tuvo con la madre o con un hijo, son cosas que me conmueven. Vos debés acordarte del libro de Jorge Semprún “La escritura de la vida”, que es la búsqueda, necesita configurar y le cuesta saber si lo que está configurando como texto es el recuerdo de esos años, de lo que ahora puede evocar, es una necesidad de una ausencia cultural que él la sufre porque al perder todo lo que perdió con el genocidio necesitaba recuperar algo, y a mi hablar de guerra me asusta. Porque yo también esta novela la plantee como una mirada hacia los hijos. Si hoy viniera un chico de 20 años, hijo mío, a decirme que se va a la guerra, cualquier cosa que sea esa guerra, a mi me conmocionaría mucho.
- Está esto patentizado en la textura de la novela, en un largo remate a propósito de una persona que se adentra en la selva, que los integrantes de la compañía del monte del ERP lo detectan, uno sobre todo, no saben qué es, si es un delator, un espía del Ejército, si es como él dice, un tipo al que se le perdió una yegua, y lo retienen, el pobre tipo no tiene nada, lo tienen maniatado y en alguna oportunidad se plantean matarlo ¿Qué reflexión has hecho en estos años sobre el manejo de la vida y de la muerte en aquellos momentos?
- Es un tema que me aparece, me cuesta hablarlo, no es una cosa que me resulta fácil, me parecía más fácil escribirla. Pero me parece que cuando uno escribe esto también sabe que después tiene que hablarlo.
- Exorciza ¿no?
- Sí. Yo creo que en la primera página pongo que Dalmiro mira de una determinada manera, porque sabe que mirar de esa manera, sin hacer foco en algo, le ayuda a decidir la vida y la muerte. La propia y la ajena.
- “Le han enseñado que no concentre su mirada, porque pierde panorama. Entonces se ha acostumbrado casi como un resabio de la vida en la selva en esos meses a mirar todo el tiempo con una especie de gran angular”.
- Claro, y cuando uno siente ahora que construye una sociedad mejor, donde no haya esta brecha, tan espantosa, tan miserable, entre ricos y pobres, esta sociedad que no tiene autoridad para implantar criterios de justeza, no solamente de justicia, sino de justeza. Cuando uno ve todo esto dice “aquello no era tan malo”, y yo sigo pensando eso, que aquello no fue tan malo, digamos, que tratar de hacer a través de la militancia política una sociedad mejor era justo. Ahora, cuando uno vuelve a la vivencia que te cruza, que es violenta, pero yo la viví, la viví como víctima en algún momento en la cárcel, pero también sabiendo que tener un arma en la cintura es la posibilidad de autodeterminación de quitarle la vida al otro. Esa sensación, cuando uno la recupera, es muy dolorosa. Porque decís que querés una sociedad que se logra a través de la educación, que el hombre nuevo es a través de la educación, y se te plantea si es el poder o es la educación. Muy poca gente en aquellos años pensaba que no era la toma del poder. Eran otros años, obviamente ni estaba una sociedad unipolar como ésta, ni era una sociedad post industrial como ésta, en fin, no vamos a derivarnos hacia eso. Pero yo tenía 20 años, tenía más o menos la misma cara que tengo ahora, más o menos las mismas ideas y las mismas convicciones.
- Efectivamente aparece este ensamble entre material novelístico y de actualidad cuando relatás la frustrada toma del regimiento de Catamarca con la secuela terrible del fusilamiento a sangre fría de, creo que, 15 ó 16 guerrilleros. Consecuentemente la reacción del alto mando del ERP, de Santucho, es ojo por ojo, diente por diente. Se inicia una campaña, que vos condenás, claramente hay una voz del novelista, el libro tiene una primera persona, no te privás de eso. Se suspende cuando se produce la tragedia de la muerte de la hija del capitán Viola. Incluso lo ponés en boca de los protagonistas, “¿cómo hacés una operación militar con un tipo con una criatura?”. Y ahí el ERP suspende los ajusticiamientos, los llamados ajusticiamientos ¿Es una temática que vos creés que, más allá de tus fantasmas personales, se ha ventilado públicamente?
- No. Eso no se ha ventilado, y es necesario hacerlo. Por eso me parece que poner esa primera persona con las emociones que yo pueda tener o que pueda tener otro es una invitación. No es que yo me sienta atemorizado de hablarlo, que me duela no quiere decir que no pueda vencer las barreras que produce el dolor. Y no me atemoriza hablarlo, no me atemoriza decir que sobre ciertas cosas que se hicieron hace muchos años uno tiene que pedir perdón. Cuando en una lucha hay víctimas, pasados los años, en cualquier cultura, hay que pedir perdón. Eso no significa renunciar a las convicciones. Yo creo que en la vida uno deja los ejemplos. Es decir ¿qué hicieron los ex militantes de izquierda en estos años? No salieron, o no salimos, a matar gente indiscriminadamente –y mirá que nos hicieron barbaridades-. Los ejemplos se han dado en la medida en que uno con su familia, en su barrio, en su partido político (si está en uno), en una redacción (si trabaja en una), donde le toque dar un ejemplo de decencia, de honestidad, de no corrupción, de respeto al otro. Una cantidad de valores que también eran valores en aquellos años. En consecuencia, si en el medio de eso se perdieron vidas y uno pudo provocarlas o culparse, o las provocó, tiene que saber pedir perdón. Eso no significa no reclamar justicia. Yo condeno los indultos, condeno la obediencia debida, el punto final, reclamo justicia, me voy a quedar afónico de gritar por justicia. Pero me parece que hay que tener un sentimiento de pedirle perdón a una señora cuya hijita murió a manos de un grupo guerrillero. No fue una casualidad, no fue una bala perdida. Yo sé que esas cosas no se hicieron… En el caso de ese episodio no tengo nada sobre lo que pedir perdón en términos personales. Esta novela no es una autocrítica en el sentido de que no es un razonamiento, una evaluación, pero sí una serie de sentimientos que a la edad que tengo, casi 52 años, me parece que nosotros (yo y muchos otros que fuimos militantes) tenemos que transmitir el deseo de una sociedad mejor, pero que venga a través de la educación y del ejemplo. Y que si en algún momento hay batallas, ojalá que no las haya, y muere gente, después de eso hay que saber pedir perdón.
- ¿Estás dedicado completamente al tema de escribir o te ganás la vida por otros medios “lícitos”?
- (Risas) Por algunos lícitos. Tu pregunta es generosa. No estoy a tiempo completo escribiendo pero sí le dedico mucho tiempo. Estoy viviendo part time en Villa Gesell, en los veranos hago un programa de televisión, de manera independiente, tengo el proyecto de extenderlo a Pinamar. Hago un programa en Radio Provincia los sábados, que se llama “La Plata en el canto”, y después trabajo un poco en guiones de cine.
- ¿Hubo, como suele suceder en otros casos de obras de esta naturaleza, que tienen un tramo importante de reconstrucción histórica, trabajo de archivo? ¿Sobre qué te apoyaste para escribir el libro? Me refiero al episodio de Tucumán en 1975.
- Hubo trabajo de archivo, por un lado la documentación del ERP, consulté los periódicos “Estrella Roja” y “El Combatiente”, y después hay un trabajo muy importante, el informe, que es público, al que se puede acceder, que hizo el general Acdel Vilas que fue el que comandó el operativo antes de que llegara Bussi, quien es conocido en la actualidad. En realidad Vilas fue el tipo que triunfó militarmente sobre la guerrilla, mediante el Operativo Independencia. En octubre de 1975 la guerrilla estaba muy golpeada. En esos tres meses el trabajo de Vilas fue demoledor. Hubo mucho trabajo de infiltración, y es muy curioso porque Vilas da un informe consultable, con material del Ejército, en el cual hay casi una confesión de las torturas brutales, hay un desarrollo de todos los detenidos que eran militantes del ERP, propiamente una aceptación de la tortura. Es curioso como esas cosas en ese momento se publicaban, después se ocultaron. Ese es un material importante y que valdría la pena reflotarlo.
- ¿Trabajaste con gente que había estado en el monte en aquella época para el libro?
- Trabajé con algunos, especialmente con uno que a mi me sirvió mucho, yo lo nombro, Ángel Belisario es su nombre, no doy su apellido.
- ¿Es un nombre de guerra?
- No, es su nombre real. Actualmente trabaja de taxista, era un obrero santiagueño, que después fue colectivero, y es un hombre que hoy se gana la vida acá en la Capital, por eso no doy su apellido. Me sirvió mucho porque me dio mucho el tono del sentido crítico de esa experiencia. Era un muchacho de un pueblo muy humilde de Santiago del Estero que su hermano murió combatiendo, fue uno de los fusilados en Catamarca, es un tipo que sufrió, que estuvo preso, después cayó en otras circunstancias. Él tiene una visión muy interesante. Me ayudó mucho también a compartir estos conflictos.
- Una vez publicado el libro, ¿aparecieron sobrevivientes? ¿Tuviste algún reclamo, algún comentario crítico de gente que participó en la experiencia?
- Todavía no tuve comentarios críticos. El otro día cuando di a conocer la novela, que la presentó nuestra colega María Seoane, que yo quiero y respeto mucho, hubo gente que no solamente estuvo en Tucumán y que era del PRT-ERP, sino que tenía responsabilidades políticas. Y yo dije algunas de las cosas que estoy compartiendo con vos y con tu audiencia, y pensé que a lo mejor alguno se iba a ofender o a enojar, y no solamente no dijeron nada en público sino que después se acercaron a darme un abrazo, y me alegró, me dio tranquilidad.
- Una oyente que se comunicó, Rosario, desde Santo Tomé, Corrientes, dice que todavía no leyó tu libro, pero por los comentarios le parece muy bueno. Ella es tucumana, y tiene familiares allá, le agradece al autor “contar la historia a partir de sus vivencias”. Otra oyente, Mercedes, del barrio de Chacarita, dice que me agradece por haber invitado a Eduardo Anguita, y le agradece a él por haber tenido la iniciativa de hablar a partir de vivencias y sentimientos.
- Muchas gracias a los oyentes.
- ¿Es una época salvada?
- No, no lo es. Yo creo que estamos viviendo una particularidad en la Argentina, que es curiosa y que en otros países no sucedió. Quizás en el Uruguay hay algo parecido, pero muy diferente, porque es un país completamente diferente. Pero llegaron a este gobierno que preside Néstor Kirchner, muchos militantes, no solamente Montoneros, sino del PRT-ERP, y de algunas otras organizaciones.
- Es muy notorio eso.
- Sí, y en realidad yo creo que es mejor si no renegamos de esos años, ya que hubo muchos aciertos en los años Setenta, en la vida social, sindical, política, cultural, y muchos errores. Si no hablamos de eso, los errores que pueden cometerse ahora son fenomenales. Porque ahora no tenemos 20 años. Entonces me parece que no hay que exorcizarlos, pero de alguna manera debemos darle dimensión humana. Yo me imagino lo que debe ser para un muchacho que hoy sale, y tiene un coche con chofer, y seguramente un policía la hace la venia, y a lo mejor puede darles órdenes a militares…
- ¿Un muchacho en el Gobierno?
- Claro, un muchacho que está en función de gobierno que a lo mejor tiene algo como encapsulado, y le pasa esa cosa rara de que un militar lo saluda, y a lo mejor el militar sabe que está saludando a un ex guerrillero, pero no lo quiere hablar. Me parece que sobre estas cosas hay una responsabilidad de involucrarse.
- ¿Qué impresión personal te queda de Mario Roberto Santucho?
- Tengo un gran respeto por él. Yo lo vi dos o tres veces nada mas, y te voy a ser sincero, hubo una cosa que a mi me pasó, mi madre me visitaba en la cárcel, ella no era militante revolucionaria, solamente había conocido la militancia de su hijo, pero conoció a muchos militantes especialmente cuando su hijo estuvo preso, y se encariñó con muchos de esos compañeros de cárcel, y cuando murió Santucho me dijo “Nunca me hubiera imaginado que iba a sentir tanto dolor por la muerte de Santucho”. Entonces, mi recuerdo de su muerte está más asociado a este comentario de mi madre que a otros. Y yo pensé en ese momento “ahora sí que todo está perdido”. Con lo cual yo tengo que decirte eso, mi sensación es que era el tipo que ponía proa al cambio, tengo ese profundo sentimiento. Por otra parte me parece que sus ideas políticas, en el marco de la novela, en un momento fueron catalizar el final. Cando el 24 de marzo de 1976, en el golpe de Estado, el editorial del periódico del PRT tenía un titular que era “Argentinos, a las armas”.
- Esta mañana, yendo de sur a norte por la Avenida 9 de Julio, me impresionó mucho una especie de piquete, pacífico, no estaban cortando el tránsito, tampoco sé hacia dónde se dirigían. Estaban sentados, con sus banderas, en la esquina de Avenida de Mayo y 9 de Julio, y de pronto vi algo que me llamó la atención, ¿viste cuando algo te hace restregar los ojos?, había una bandera que decía “Movimiento Teresa Rodríguez, MTR, Comandante M. R. Santucho Presente”. Como información para los oyentes más jóvenes, Mario Roberto Santucho murió en un enfrentamiento a balazo limpio, en Villa Martelli, en 1976, o sea que hacía ya tres años que estabas preso. Me resultó impresionante, porque han pasado 29 años, y de pronto aparece el nombre de Santucho en una pancarta. Pero no sé si ese grupo lo reivindica. En el verano, el ministro de Educación, Daniel Filmus, fue a la provincia de Misiones para inaugurar los cursos de la primera escuela bilingüe, español-portugués, en una zona de frontera, en la localidad de Presidente Yrigoyen ¿Sabés cómo se llama la escuela?, Mayor Leonetti ¿Sabés quién era?
- Sí, el que murió en el enfrentamiento con Santucho.
- Nosotros llamamos a la escuela, y nos dijeron que está apadrinada por el Ejército y que de ninguna manera se puede cambiarle el nombre. Debo decir que no era un torturador, fue un tipo a quien mandaron a enfrentar a una persona y se encontró con resistencia armada. Cuando llegaron y se identificaron les abrieron fuego. Son hechos conocidos. Como son las presencias y las ausencias en la vida ¿no? ¿Cómo es hoy, hablando de estas cosas, de tu incursión en la literatura, de tus trabajos de recuperación histórica desde el periodismo? ¿Cómo sigue y cómo es tu mirada sobre cómo se está haciendo periodismo en la Argentina? Te propongo una respuesta reduccionista: ¿tu visión es de agrado o de desagrado?
- De agrado. En realidad para mí la parte desagradable de esto es, por un lado que no hay autoridad pública constituida, cuesta mucho creer que se hable del Comité Federal de Radiodifusión, parece mentira que existe un organismo creado por la dictadura y que la oficina que está a cargo de eso sea interventora y que sea una cosa que el Congreso en 20 años no ha tratado. Entonces, no hay autoridad pública. Vos trabajaste años en el canal del Estado, y nunca se sabe si es del Gobierno, de un ministro, de un secretario, si cambiás de una oficina a otra hay incidencia de uno o de otro, si cambia la temperatura ambiente. Me parece que es un buen momento para cambiar, y creo que hay muchas cosas para cambiar. Desearía que este año o el que viene, éste es un año electoral, que es prácticamente muerto, es como comprarse un traje de verano en invierno. Pero tengo alguna expectativa se que se legisle de otra manera. Veo algunas buenas iniciativas. Y veo, por otra parte, que el otro gran problema es que la concentración monopólica de los grupos privados hace estragos. Estos son dos frentes muy difíciles. Me parece que se hace periodismo bastante bueno. El otro día fui a una charla muy interesante, que organizó el Foro de Periodistas Argentinos (FOPEA), donde estaba Fernández Díaz, de La Nación, que leyó una exposición muy buena, y estuvo Mario Wainfeld, que improvisó y dijo algunas cosas muy talentosas. Fueron dos miradas totalmente distintas sobre una confrontación que era un artificio, periodismo profesional versus periodismo ideológico. Había gente joven, me interesó.
- Vos te incorporaste a la actividad periodística en democracia.
- Sí.
- ¿Era una asignatura pendiente durante tus años de cárcel? ¿Cómo aparece?
- Fue una eventualidad. Una combinación de dos cosas al azar. Primero, cuando salí de la cárcel me ofrecieron trabajo en la revista “Entre Todos”, que era una publicación que la hacía un grupo de ex militantes del PRT, pero era de periodismo profesional, estaba Quito Burgos, que era un periodista profesional. Yo pregunté qué iba a hacer, “y, está ahí”, me dijeron. Pero en la revista trabajaban periodistas, entonces dije que no. Después me encontré con una persona, Oscar Bruni, que me conocía a través de mi hermano, y era secretario académico de la Universidad de Buenos Aires cuando estaba normalizada, y me dijo “si trabajás de periodista andá e inscribite ya en la carrera de Comunicación que el año que viene va a hacer furor”. Yo quería estudiar en la Universidad, eso sí era una asignatura pendiente, terminar la carrera universitaria. Entonces ahí empecé, al poco tiempo fui a trabajar en ATC, que me llamó Enrique Vázquez. Un poco tiempo después, fijate en las vueltas de la vida, Mona Moncalvillo me llamó para trabajar con ella en unos especiales, y poco tiempo después, y esto lo quiero remarcar, vos nos llamaste a Claudio Martínez y a mí, y cuando nos propusiste trabajar con vos, dijiste “quiero que cuando se haga el videograph ustedes sean periodistas asociados a la producción”. Esto era una definición que nos colocaba en un lugar diferente a productor.
- ¿Así salían en la televisión?
- Sí, así.
- En mis programas “Cable a Tierra” o en “Proyecto Especial”...
- Sí, son cosas que uno va aprendiendo cómo hacer valer esta cosa del periodismo profesional, porque otros también te designan o te estimulan y te dan ese espacio.
- Acá hay una llamada de una oyente que da un poco de combate. Pero, vamos a salir de la molicie. Es Rosario, de Villa Devoto, y dice: “Según Anguita habría que entronizar a Santucho ¿los asesinatos del ERP tienen valor cuantitativo y cualitativo diferente a los de las Fuerzas Armadas?”. En vez de “Argentinos a las armas”, ella diría “Argentinos a la paz”. Recordemos que con esa frase titulaba un periódico del ERP en 1976. ¿Vos postulabas una entronización de Santucho?
- No. Para nada. Creo que estos temas hay que hablarlos porque crean escozor. Quizás a esta oyente, porque yo dije que la figura de Santucho me merece respeto, le produjo saltar del asiento al entender que yo lo estaba reivindicando, pero estaba diciendo exactamente lo contrario. No lo adjetivé porque me parecía que en ese momento era suficiente mostrar semejante desviación.
- Hay un “teléfono roto” permanente en las radios. A veces mis palabras regresan en la voz de los oyentes atribuyéndome exactamente lo contrario de lo que dije. ¿Estuviste 11 años preso?
- Casi 11 años.
- ¿Por qué fuiste preso?
- Porque participé en el copamiento de un cuartel con un comando del ERP en septiembre de 1973.
- ¿Participaste de un combate?
- No fue un combate, fue algo parecido. El copamiento fue por sorpresa, y, salvo en un episodio en que hubo tres heridos, uno del ERP, y dos del personal del cuartel, que no murió ninguno de los tres, y cuando teníamos copado el cuartel y nos íbamos a retirar con los equipos y las armas, estábamos rodeados por la Guardia de Infantería de la Policía Federal, y el jefe del operativo dijo “no salimos porque esto va a ser una carnicería”. Entonces nos quedamos.
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El sonido de las armas Por Gustavo Plis-Sterenberg El 19 de octubre de 1976, en el paraje El Solco, departamento de Chicligasta, Tucumán, Leonel MacDonald (“Capitán Raúl”) fue muerto por tropas del Ejército. Durante una persecución de varios días, enfrentó solo a los militares en varios combates esporádicos, en uno de los cuales fue gravemente herido. No pudo escapar del cerco y murió combatiendo. Su padre, tras escuchar por la radio la noticia, se dirigió a una base militar para retirar el cuerpo. Según la opinión de Humberto Pedregoza, “había que tener ‘cosas’ para ir”. En la base, lo recibió un oficial que participó de la persecución y que le dijo: “Su hijo murió heroicamente combatiendo. Fue envidiable su calidad y su moral de combate”. El padre de Leonel afirmó que su hijo “fue un hombre con mucha integridad y que representa el ejemplo de entrega y sacrificio que caracterizó a los combatientes del ERP”. La caída con dignidad de Raúl es motivo de gran orgullo para su padre, quien seis años antes, en 1970, junto con su esposa, había escrito la Marcha del ERP. Con un texto agitativo, acompañado por una música sencilla (considerada por más de un guerrillero como “de cuarta”), esta pequeña pieza ya pertenece a la historia del país:
Por las sendas argentinas |
- ¿Participaba mucha gente?
- No, éramos 13 en total. Como era de noche, la gente del cuartel, salvo la guardia, estaba durmiendo, y cuando aparecieron las primeras luces, en presencia del juez y de los periodistas, nos entregamos. Hubo algunos tiroteos, estaba el en ese entonces coronel Juan Bautista Sasiaiñ, que después fue un general muy carnicero, que nos atacó, esto quiere decir que nos tiró con morteros, mucha fusilería, ametralladoras.
- ¿Él dirigía la Guardia de Infantería?
- No, dirigía el Regimiento de Patricios, que rodeó el cuartel.
- ¿Te acordás quién era el Presidente en ese momento?
- Si, Raúl Lastiri.
- ¿Cómo fue la primera parte de tu cárcel, luego de que se entregaron?
- Nos llevaron detenidos, no nos torturaron, había un gobierno constitucional. En un momento en la comisaría me llevaron a tomarme las huellas dactilares o a preguntarme algo, ahora no recuerdo, y oí que alguien decía “sí, señor presidente”, “quédese tranquilo, señor presidente”. Yo colegí inmediatamente que Lastiri había llamado y había dicho que no tocaran a nadie. Estuvimos 10 días entre intervención federal y tribunales, y después fui a Devoto. La primera parte de la cárcel fue, en el sentido de condiciones de vida, más o menos razonable, podíamos comer bien, por ejemplo, pero la privación de libertad es una cosa tan dura, pero tan dura. Después, los años de dictadura fueron tremendos, la cárcel fue una carnicería, hicieron barbaridades de todo tipo. Pero yo creo que el dolor de uno es cuando pierde la libertad. Después te vas acostumbrando. Mi sensación después de muchos años es que los que éramos militantes, y en ese entonces presos políticos, tuvimos entre nosotros un nivel de solidaridad, de cooperación, de amistad muy importante.
- ¿Siempre estuviste junto a tus compañeros?
- Sí muy pocas veces estuve sin ellos, sin otros compañeros o sin otros presos políticos. Conocí a los obreros de Villa Constitución, los obreros de Sierra Grande, a muchos otros que estaban por causas distintas en la militancia revolucionaria o guerrillera, y con ellos aprendí y compartí muchas cosas.
- ¿Cómo recuperaron la libertad?
- Fueron todos casos muy distintos. Yo salí cuando ya había asumido Raúl Alfonsín, la mayoría habían salido antes. Yo caí en un operativo armado, por lo cual fui condenado por el Código Penal. Por supuesto con un juicio absolutamente absurdo, con las pruebas cambiadas, absolutamente viciado, pero, dentro de todo, aceptable. Pero hubo otros que fueron sometidos a terribles torturas. Todos los procesos deberían haber sido injustificados jurídicamente y anulados. Desde 1981 fueron saliendo en grupos, en forma individual, a mi me tocó salir un 24 de julio de 1984, ya en plena democracia.
- Malena, de Acassuso, dice que el reportaje es excelente. Tanto las palabras de Eduardo como lo que yo he aportado. ¿La ficción apareció en vos, con “La Compañía de Monte”, como una necesidad puntual o llegó para quedarse?
- Yo tengo ganas de que se quede.
- No soy un experto en letras, pero el libro se deja leer muy bien.
- Todo esto me estimula. Tengo un par de ideas.
- Puntualmente les quiero decir a los oyentes que el tema del “Hippie”, ese fragmento del libro, es absolutamente poderoso. No les cuento porque es un relato totalmente clásico, no hay subterfugios literarios. Es muy impresionante como está vertido en términos de literatura.
- Si algunos otros me estimulan como vos no va a ser difícil concretar alguna idea. Cuando me decías “cómo anda el periodismo”, me parece que el periodismo anda como andan los periodistas. Y tener 20 años de democracia, más allá de los abusos, de la falta de ética y de un montón de cosas, yo creo que los periodistas podemos encontrar muchos ejemplos en los periodistas. Cuando me llamó Adrián Fernández para invitarme al programa, le comentaba a una gente que estaba cerca que “yo a Pepe lo conocí haciendo periodismo, pero un día entré a su casa. Y uno cuando conoce a un periodista, enseguida trata cuando va a su casa, de encontrar algo para ver qué ve. Encontré una biblioteca que me hizo decir ‘¡Ay!, caramba, qué capacidad de hacer simple toda la complejidad que este hombre tiene acá. Es decir, vos tenés una biblioteca privada, por lo tanto no tengo nada que decir, es tu biblioteca, a mí me impresionó. Eso es lo que te quería decir, que aprendí que vos dejás un ejemplo de que se puede tomar distancia, se puede chequear la fuente, se pueden escuchar las dos campanas, buscar las cosas alternativas y hacer siempre lo complejo. Y no es tu vida solamente eso. Entonces aprendí una cosa más hace quizás 20 años.
- Muchas gracias, Eduardo. Hasta cualquier oportunidad.
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