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| La Batalla de la Vuelta de Obligado se produjo el 20 de noviembre de 1845, en aguas del río Paraná, sobre su margen derecha y al norte de la provincia de Buenos Aires, en un recodo donde el cauce se angosta y gira, conocido como Vuelta de Obligado, en lo que hoy es la localidad de Obligado. Enfrentó a la Confederación Argentina, liderada por Juan Manuel de Rosas y a la escuadra anglo-francesa, cuya intervención se realizó con el pretexto de lograr la pacificación ante los problemas existentes entre Buenos Aires y Montevideo. |

La batalla de La Vuelta de Obligado, obra de Rodolfo
Campodónico
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Unitarios y federales, José María Rosa
| El "Himno" de Obligado,
por José Luis Muñoz Azpiri (h)
Biografía de Juan
Manuel de Rosas, Héctor Spinelli |
La Vuelta de Obligado |
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Homenaje 2008
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Rosa
Por
qué el 20 de noviembre es el día de la soberanía
Por José María Rosa
El
13 de enero de 1845 en París, noche nevosa según el testimonio de uno
de los presentes. François Guizot, primer ministro de Luis Felipe, rey
de los franceses, reúne a cenar en el Ministerio de Relaciones Exteriores
a los técnicos del Plata que se encontraban en la capital de Francia.
De dicho ágape surgirá la intervención armada anglofrancesa, y su posible
colaboración brasileña en los asuntos internos de las repúblicas sudamericanas.
Concurren el embajador de Inglaterra Lord Cowley, sir George Ouseley,
que partiría al Plata llevando la intimación a Rosas, Mr, De Lurde hasta
entonces Encargado de Negocios francés en Buenos Aires, el almirante
Mackau ministro de Marina, y que conociera a Rosas en 1840 cuando fue
a llevarle la paz por instrucciones de Thiers, Mr. Desages director
general del Ministerio, y el vizconde de Abrantés en misión especial
de Brasil para acoplarse a la proyectada expedición.
Los Antecedentes de la Intervención
Desde 1842 andábase en ese negocio. Francia había fracasado en su intento
de imponerse por la fuerza de sus cañones y de su dinero – que sembró
la guerra civil – a la Confederación Argentina gobernada por un hombre
del carácter férreo de Rosas.
Hacia 1842 la política de la entente cordiale de Inglaterra y Francia
hizo renacer la posibilidad de una nueva intervención, esta vez combinadas
las fuerzas militares de ambas naciones: no era admisible que los pequeños
países surgidos de la herencia española obraran como si fueran Estados
en uso pleno de su soberanía y se negaran a recibir los beneficios –
libertad de comercio, tutelaje internacional, libertad de sus ríos navegables
– de las "naciones comerciales". Había que hacer, en primer lugar, de
la ciudad de Montevideo una factoría comercial, de propiedad común anglofrancesa,
desde donde dominar la cuenca del Plata después, establecer la ley de
los mares – es decir: su libre navegación – a los ríos interiores argentinos,
y finalmente dividir en mayores fragmentos esa Confederación Argentina
que Rosas se había empeñado en mantener incólume del naufragio del antiguo
y extenso virreinato del Plata.
De allí la nota conjunta que los ministros inglés y francés en Buenos
Aires (Mandeville y De Purde) habían pasado a Rosas apenas producida
la batalla de Arroyo Grande (diciembre de 1842: prohibíase ayudar a
Oribe a recuperar su gobierno oriental y se amenazaba con tomar las
medidas consiguientes si los soldados argentinos atravesaban el Uruguay
en unión con los orientales para expulsar las legiones extranjeras que
mantenían a Montevideo. Pero Rosas quedó sordo a la amenazas: contestó
poco más o menos que en las cosas argentinas y orientales mandaban solamente
los argentinos y los orientales. Consecuente con su respuesta el ejército
aliado de Oribe, atravesó el Uruguay, y en febrero de 1843 empezó el
sitio de Montevideo, defendida por las legiones extranjeras y por el
almirante inglés Purvis.
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En febrero de 1843 esperábase
por momentos la intervención conjunta amenazada por la nota de Mandeville
y De Lurde que Rosas había osado desafiar. Pero no llegaba. Es que 1843
no había sido un año propicio para la entente cordiale, amenazada de
quebrarse por la cuestión del matrimonio de la joven reina de España.(1)
La misión del argentino Florencio Varela
De allí el desdichado fracaso del abogado argentino Florencio Varela,
enviado a Londres en agosto de 1843 por el gobierno de la Defensa de
Montevideo a indicación del almirante inglés Purvis.
Llevó instrucciones para convencer al canciller Aberdeen de que la "causa
de la humanidad" reclamaba la inmediata presencia de la escuadra británica
en el Plata.
Gestionaría también la "tutela permanente" inglesa a fin de salvar al
Plata en adelante de la barbarie nativa. Intervención y tutela retribuidas
– lo decían las instrucciones – con la libertad absoluta de comercio
y la libre navegación de los ríos. (2)
Para cumplir mejor su cometido y documentar la "causa de la civilización",
la casa inglesa Lafone confeccionó en Montevideo un record de los actos
de barbarie que convenía atribuir a Rosas.
El periodista argentino José Rivera Indarte, ducho para esos menesteres,
recibió el encargo de redactar el record abultándolo de manera que impresionara
en Europa: se le pagó un penique por cadáver atribuido a Rosas.(3)
Confeccionó Las tablas de sangre, que por dificultades de impresión
no estarían listas en el momento de embarcarse Varela, pero le llegarían
a Londres a los fines de su misión.
Aberdeen
recibió a Varela. El trato no fue el esperado por el argentino. No obstante
traducirle Las tablas de sangre, el inglés no pareció emocionarse con
los horrores recopilados por Rivera Indarte; tampoco tomó en serio "la
tutela permanente" ni las cosas que le ofrecía el ex argentino.
Le contestará fríamente que Inglaterra defenderá la "causa de la humanidad"
dónde y cómo lo creyera conveniente, sin menester de promotores ni alicientes,
y se le importaba un ardite cuanto pudieran ofrecerle los nativos auxiliares.
Inglaterra haría y tomaría lo que más le conviniese, sin otro acuerdo
que "con las grandes naciones comerciales" asociadas a la empresa.
Varela no entiende; nunca entendió nada de la política americana ni
de la europea. No comprende ese desprecio hacia "su gobierno" tan favorable
a Inglaterra, ni que se hiciera caso omiso de sus tentadoras ofertas;
jamás tuvo conciencia de su posición ni sentido de las distancias.
Váse de Europa – después de una gira por París, donde tuvieron mayor
éxito las Tablas de sangre – mohino y decepcionado de los "poderes civilizadores".
"La Inglaterra – escribe en su Diario de viaje – no conoce ni sus propios
intereses."
La cena de Guizot
En 1844 las cosas mejoraron y la entente cordiale pudo reanudarse. Más
alerta Brasil que el despistado gobierno de Montevideo, envía entonces
su comisionado: el vizconde de Abrantés. Aberdeen lo recibe mejor que
a Varela; al fin y al cabo Brasil era un imperio constituido y no un
gobierno nominal de ocho cuadras escasas, mantenido a fuerza de subsidios
y de legiones.
Pero Inglaterra no quiere la participación de Brasil en la empresa a
llevarse en el Plata; no le convenía fortalecer ese imperio americano
ni darle entrada al Plata.
Como Abrantés representaba a un emperador no podía despedirle a empujones,
como lo hizo con Varela; lo hará más diplomáticamente, pero lo hará.
Tras conversar con Abrantés en Londres (que también ha venido a hablarle
"de la causa de la civilización", oyendo del inglés el despropósito
de "que la existencia de la esclavitud en Brasil era vergüenza mayor
que todos los horrores atribuidos a Rosas por sus enemigos") lo despacha
a París.
Allí se arreglará la intervención en definitiva y la posible participación
de Brasil.
Pero eso es la cena de Guizot en el ministerio la, noche del 13 de enero
de 1845. Muy a la francesa se discutirá la acción en la sobremesa. Y
al servirse el café y el coñac, Guizot abre el debate sobre el interrogante
¿Qué propósito y qué medios dar a la intervención?
Abrantés no se anima a postular "la causa de la civilización" después
de lo ocurrido con Aberdeen.
Las Tablas de Sangre podían ser útiles para impresionar al gran público,
pero evidentemente no producían efecto en los políticos.
Sin embargo, todos son partidarios de pretextar ostensiblemente la "causa
de la civilización", pero agregándole las "necesidades de las naciones
comerciales", la "independencia de Uruguay, Paraguay y Entre Ríos" que
había que preservar de la Confederación Argentina, y la "libre navegación
de los ríos" argentinos, orientales, paraguayos y entrerrianos.
En cuanto a Rosas... Mackau, que lo ha conocido en 1840 hace su elogio:
es un patriota insobornable, un político hábil, un gobernante de gran
energía y un hombre muy querido por los suyos.
Desde luego, es un obstáculo para los planes de la intervención y costaría
llevarlo por delante; aunque contra las escuadras combinadas nada podría
hacer. De Lurde, que también lo ha conocido en Buenos Aires, se desata
en elogios para Rosas: su gobierno ha impuesto el orden donde antes
imperaba el desorden; tal vez los argentinos se hubieran acostumbrado
a obedecer a una autoridad y pudiera reemplazárselo por otro gobernante
más amigo de los europeos, pero la cuestión es que Rosas no cedería
a una intervención armada: "se refugiaría en la pampa y desde allí hostilizaría
a los puertos".
A su juicio la intervención irá a un completo fracaso; mejor era dejar
las cosas como estaban y tratar con Rosas de igual a igual "sacándole
los beneficios comerciales posibles".
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Abrantés está de acuerdo,
en parte, con De Lurde. Pero no cree que la intervención iría a un completo
fracaso. Combinadas Inglaterra, Francia y Brasil, su fuerza sería irresistible;
a Rosas podría perseguírselo hasta el fondo de la pampa. Pero, eso sí,
deberían emplearse todos los medios para obtener el triunfo.
En caso de no emplearse medios eficaces (expedición marítima y fuerzas
de desembarco en número aplastante), mejor era olvidarse de una intervención
y "no exponerse a la irritación de un hombre como Rosas".
Ouseley trae le palabra de Inglaterra. Nada de expediciones de desembarco
que por dos veces habían fracasado en Buenos Aires (1806 y 1807).
Lo que se buscaba era otra, cosa, para lo cual el gobernante argentino
carecía de fuerza para oponerse: una gran expedición naval que levantara
el sitio de Montevideo, tomara posesión de los ríos, y gestionara y
mantuviera la independencia del Uruguay, Entre Ríos y Paraguay..
De Montevideo se haría una factoría para las grandes naciones comerciales;
de común acuerdo entre las nacionales comerciales y Brasil, se fijarían
los límites de los nuevos Estados del Plata. Buenos tratados de comercio,
alianza y navegación los unirían con las naciones comerciales.
Abrantés se desconcierta ante esa repetición de "las naciones comerciales"
que parecerían excluir a Brasil, y pregunta cuál sería la, participación
del Imperio en la empresa. "El ejército brasileño operaría por tierra
concluyendo con Oribe".
Abrantés protesta, pues eso sería "recibir solo la animosidad de Rosas,
pues las fuerzas de Rosas se manifestarían por tierra, si los tres aliados
participaban en común, también en común deberían emplearse".
Cowley corta: Inglaterra no enviará expediciones terrestres.
Mackau no quiere la participación de Brasil "que complicaría la cuestión".
Ouseley añade que por una fuerte expedición naval podrían cumplirse
los objetivos de la intervención: en cuanto a Rosas y su Confederación
Argentina, aislados al occidente del Paraná, no podrían oponerse a lo
que se hiciera a oriente de este río.
Guizot resume las opiniones como final del debate.
Se emplearían "solamente medios marítimos", a no ser que Brasil quisiera,
usar su ejército de tierra; la acción naval sería suficientemente poderosa
para hacer a los aliados dueños de los ríos, del Estado Oriental, de
la Mesopotamia y del Paraguay, cuya "independencia se garantizaría".
Estos Estados se unirían con sólidos lazos comerciales y de alianza
con los interventores.
Brasil se retira
Abrantés informa esa noche a su gobierno. Ha comprendido que muy diplomáticamente
no se quiere la participación brasileña.
No solamente Aberdeen le ha exigido la renovación de los leoninos tratados
de alianza y de tráfico de esclavatura como previos a la alianza, sino
Brasil no obtendría objetivo alguno en la intervención.
Todo
sería para las naciones comerciales; que fijarían los límites de los
nuevos Estados con el Imperio (desde luego, en perjuicio del Imperio),
y serían las solas dueñas de las nuevas repúblicas. Brasil vería cortarse
para siempre su clásica política de expansión hacia el sur.
Además, dejarle la exclusividad de las operaciones terrestres contra
Rosas era una manera de obtener el retiro del Imperio, pues Brasil no
tomaría exclusivamente semejante responsabilidad. Y dando por terminada
su misión se retira de París.
Empieza la Intervención
Gore Ouseley, portando el ultimátum previo a la intervención, viajó
a Buenos Aires. Exigió el retiro de las tropas argentinas sitiadoras
de Montevideo, juntamente con las orientales de Oribe y el levantamiento
del bloqueo que el almirante Brown hacía de este puerto.
Se descartaba su rechazo por Rosas. Poco después llegaba el barón Deffaudis
con idéntico propósito en nombre de Francia.
Mientras Rosas debate con los diplomáticos el derecho de toda nación,
cualquiera fuere su poder o su tamaño para dirigir su política internacional
sin tutela foráneas, se presentaron en Montevideo las escuadras de Inglaterra
y Francia comandadas respectivamente por los almirantes Inglefield y
Lainé.
Pendientes aún las negociaciones en Buenos Aires, ambos almirantes se
apoderaron de los buquecillos argentinos de Brown que bloqueaban Montevideo,
arrojaron al agua, la bandera Argentina y colocaron al tope de ellos
la del corsario Garibaldi.
Ante ese hecho – ocurrido el 2 de agosto de 1845 – Rosas elevó los antecedentes
a la Legislatura, que lo autorizó "para resistir la intervención y salvar
la integridad de la patria". Ouseley y Deffaudis recibieron pasaportes
para salir de Buenos Aires. La guerra había empezado.
Obligado (20 de noviembre)
El 30 de agosto la escuadra aliada íntima rendición a Colonia, que al
no ser acatada es desmoronada a cañonazos al día siguiente. Garibaldi,
con los barcos argentinos, de los que ahora es dueño, participa en este
acto y se destaca en el asalto que siguió.
El 5 de setiembre los almirantes se apoderan de Martín García: Garibaldi,
con sus propias manos – que más tarde serían esculpidas en bronce en
una plaza de Buenos Aires –, arrió la bandera argentina.
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De allí la escuadra se divide.
Los anglofranceses remontan el Paraná, mientras Garibaldi toma por el
Uruguay y sus afluentes: el corsario se apodera y saquea Gualeguaychú,
Salto, Concordia y otros puntos indefensos, regresando a Montevideo
con un enorme botín de guerra.
Mientras tanto Hontham y Trehouart navegan el Paraná en demostración
de soberanía, y para abrir comunicaciones con su ejército "auxiliar"
que, al mando del general Paz, obraba en Corrientes.
Pero el 20 de noviembre, al doblar el recodo de Obligado, encuentran
una gruesa cadena sostenida por pontones que cerraban el río, al mismo
tiempo que baterías de tierra iniciaban el fuego.
Es el general Mansilla, que por órdenes de Rosas ha fortificado la Vuelta
de Obligado y hará pagar caro su cruce a los interventores.
Al divisar los buques extranjeros ha hecho cantar el Himno Nacional
a sus tropas y abierto el fuego con sus baterías costeras.
Hontham y Trehouart contestan y llueven sobre la escasa guarnición Argentina
los proyectiles de los grandes cañones de marina europeos.
Siete horas duró el combate, el más heroico de nuestra historia (de
las 10 de la mañana a las 5 de la tarde). No se venció, no se podía
vencer.
Simplemente, quiso darse a los interventores una serena lección de coraje
criollo. Se resistió mientras hubo vidas y municiones, pero la enorme
superioridad enemiga alcanzó a cortar la cadena y poner fuera de combate
las baterías.
Bizarro hecho de armas, lo califica Inglefield en su parte, desgraciadamente
acompañado por mucha pérdida de vidas de nuestros marinos y desperfectos
irreparables en los navíos.
Tantas pérdidas han sido debidas "a la obstinación del enemigo", dice
el bravo almirante.
¿Se ha triunfado? La escuadra, diezmada y en malas condiciones, llega
a Corrientes, y de allí intenta el regreso.
En
el Quebracho, cerca de San Lorenzo, vuelve a esperarla Mansilla con
nuevas baterías aportadas por Rosas. Otra vez un combate, otra vez "una
victoria" – el paso fue forzado – con ingentes pérdidas.
Desde allí los almirantes resuelven encerrarse en Montevideo; transitar
el Paraná es muy peligroso y muy costoso.
Se deshace el proyecto de independizar la Mesopotamia (gestionado por
los interventores en el tratado de Alcarás porque Urquiza ya no se sintió
seguro. Se deshace la intervención.
Poco después – 13 de julio de 1846 – Samuel Tomás Hood, con plenos poderes
de Inglaterra y Francia, presenta humildemente ante Rosas el "más honorable
retiro posible de la intervención conjunta". Que Rosas lo haría pagar
en jugoso precio de laureles.
Por eso el 20 de noviembre, aniversario del combate de Obligado, es
para los argentinos el Día de la Soberanía.
NOTAS:
(1) Luis Felipe proyectaba casar a Isabel II, de España, con su hijo,
el duque de Montpensier, a lo que Inglaterra se oponía.
(2) Fuera de sus instrucciones escritas (atinentes exclusivamente a
los intereses de Montevideo) Varela llevaba otras ofertas a Londres.
Entre ella la de la creación de la República de la Mesopotamia, separando
a Entre Ríos y Corrientes de la Confederación Argentina y poniéndolos
bajo la tutela inglesa. Esta era una vieja aspiración de los unitarios,
que Varela expresaría más tarde en su diario Comercio del Plata (16-6-46),
y se encuentra en la correspondencia de Carril a Varela (especialmente
la carta de marzo de 1845 repr., por G. F. Rodríguez Contribución histórica
y documental III, 393). Varela, antes de ir a Londres, habló al general
Paz de este proyecto como dice éste en sus Memorias (ed. 1917, III,
279).
Guardia
Jordanista - Omar Peltzer - Mazurca Federal
Guardia
Jordanista - Aldo Muñoz - De derrota en derrota |
Algunos panegiristas de Varela han negado la imputación de Paz, por
no referirse las instrucciones de Varela a la independencia de la Mesopotamia.
Pero nada tenían que decir estas instrucciones del gobierno de Montevideo
sobre un asunto que le era ajeno. Por otra parte, la imputación de Paz
no puede asombrar a quien conozca la política de esos años: la independencia
de la Mesopotamia era un viejo propósito acariciado por quienes buscaban
fragmentar en mayores porciones al antiguo virreinato. Lo quisieron
Inglaterra y Francia en 1845; lo quiso Brasil en 1851. No lo pudieron
cumplir los primeros por la enérgica repulsa de Rosas; no lo pudo hacer
el último por la oposición inglesa a crearse una republiqueta en beneficio
de Brasil. En beneficio suyo – como en 1845 y 1846 – era otra cosa.
Urquiza no fue ajeno a ambas propósitos de desmembrar la Argentina (en
mi libro La caída de Rosas traigo la documentación pertinente).
Volviendo a Varela. Pese a la radical expresión de la Historia de la
Academia "La acusación de desmembrar la mesopotamia hecha a Varela –
no tenía más falta que la de ser equivocada... Si llega a formularse
nuevamente deberá ser calificada de infundada" VII, 2º sc., p.265),
lo cierto es que Varela, Carril y la mayor parte de los unitarios y
aún el mismo Urquiza querían desmembrar la Mesopotamia. La prueba documental
es terminante y decisiva.
En realidad, poco importa lo que dijera o pretendiera Florencio Varela.
La desmembración de la Mesopotamia no hubiera sido lo mas lamentablemente
deplorable de su triste misión. Quién tenía instrucciones para ofrecer
la tutela permanente de Inglaterra en el Plata, importa poco que hubiera
querido dividir administrativamente a su patria en dos o catorce porciones.
(3) La denuncia del precio de un penique el cadáver convenido entre
la Casa Lafone y Rivera Indarte, fue hecha por el Atlas de Londres (nº
de 1-3-45) y reproducida por La Presse, de París.
Las Tablas enumeran 480 cadáveres atribuidos a Rosas: muchos con nombres
repetidos, y otros con las iniciales N. N., difíciles de individualizar.
No se dice si son por delitos comunes o políticos. Y los métodos empleados
al parecer por Rosas y sus mazorqueros son de lo mas variados: fusilamientos,
degüellos, envenenamientos con masitas en una confitería porteña, etc.
En total: 480 cadáveres a Rosas, dos libras esterlinas redondas (480
peniques) a Rivera Indarte.
Es presumible que la enorme suma de 22.030 cadáveres, a la que llega
el aprovechado cordobés sumando a los 480 de sus Tablas "todos los caídos
y posibles caídos anónimos en las diversas batallas y combates desde
1829", haya sido un lance para elevar a 96 libras esterlinas (22.030
peniques) sus honorarios. Pero no debieron pasar sin observación por
la severa contabilidad de la Casa Lafone.
Bibliografía
ARANA, Enrique: "Rosas y la Política Internacional".
EZCURRA MEDRANO, Alberto: "La Vuelta de Obligade". (Rev.
J. M. de Rosas, Nº 8.)
MANSILLA G.: "La Vuelta de Obligado". (Rev. J. M. de Rosas, Nros. 15-16.)
MUÑOZ AZPIRI, José Luis: "Rosas Frente al Imperialismo Inglés".
RAMIREZ JUAREZ: "Conflictos Diplomáticos y Militares en el Río de la
Plata".
Fuente: Nac&Pop

Unitarios y federales
Por José María Rosa (ver biografía)
A unitarios y federales no los separó una polémica teórica por centralismo
o descentralismo. Fue una división profunda: dos concepciones antagónicas
de la realidad argentina, dos maneras opuestas de sentir la patria.
Civilización y Barbarie, dice Sarmiento errónea pero elocuentemente.
Los "civilizados" admiraban e imitaban a Europa y servían sus propósitos
dominadores; los "bárbaros" descreían de las intenciones de los europeos
y defendían obstinadamente a la Argentina. La patria de los unitarios
no estuvo en la tierra, ni en la historia, ni en los hombres; era la
Libertad, la Humanidad, la Constitución, la Civilización: valores universales.
Libertad para pocos, humanidad que no se extendía a los enemigos, constitución
destinada a no regir nunca, civilización foránea La patria compatible
con el dominio extranjero que encontramos en todas las colonias.
Federal en el habla del pueblo, equivalía a argentino. El grito ¡Viva
la Santa Federación! significaba vivar a la Confederación Argentina.
La patria era la tierra, los hombres que en ella habitaban, su pasado
y su futuro: un sentimiento que no se razonaba, pero por el cual se
vivía y se moría. Defender la patria de las apetencias extranjeras era
defenderse a sí mismo y a los suyos: conseguir y mantener un bienestar
del que están despojados los pueblos sometidos.
Comprender es amar; incomprender
es odiar. Unitarios y federales separados tan profundamente formaron
dos Argentinas opuestas y enemigas. De allí el drama argentino. Una
minoría por el número, pero capacitada por su posición económica y social
– una oligarquía en términos políticos – formó el partido unitario.
La mayoría popular, el federal. No hubo, en este último, "clase dirigente"
que pudiera tomar los destinos de la patria. Faltaba el ingrediente
primario; el patriotismo, para construir la Gran Nación por los unitarios.
Faltaba la capacidad técnica para formar un elenco, a los federales.
Pero desde 1835 la Confederación Argentina toma aspecto y conciencia
de Nación. Las Provincias Unidas de 1816 o la República de Rivadavia
en 1826 haba sido un caos de guerras internas, ensayos constitucionales,
fracasos exteriores, sometimiento económico, pobreza interior, que llevaron
a la disgregación de la patria de 1810. En 1831 las trece provincias
que agrupa Rosas en el pacto Federal dejan el instrumento de la nacionalidad;
desde 1835, la férrea mano del Restaurador construye la nación, paso
a paso, lentamente, llevándose por delante los intereses internos y
los apetitos exteriores.
Obra personal, es cierto, porque sólo había un Gran Pueblo y un Gran
Jefe, y se carecía de un conjunto de hombres capaces, consagrados y
plenamente identificados con su patria para formar un equipo homogéneo.
La verdad es que la poderosa personalidad del Restaurador y su enorme
capacidad de trabajo eran toda la "administración" en la Argentina de
1835 a 1852.
Un gran pueblo y un gran jefe no bastan para consolidar una gran política.
Pero Rosas no podía sacar de la nada una clase dirigente con sentido
patriótico. Por eso fue derrotado.
Por la Confederación Argentina, por el pueblo federal, por el sistema
americano, jugó Rosas su fama, fortuna y honra, aún sabiendo que habría
de perderlas. Las perdió, como necesariamente tenía que ocurrir. "Creo
haber llenado mi deber – escribió la tarde de Caseros con absoluta tranquilidad
de conciencia –, si más no hemos hecho en el sostén sagrado de nuestra
independencia, es que más no hemos podido". La Argentina no pudo cumplir
su destino en 1852. Y no lo podrá mientras no eduque una clase directora
con conciencia de su posición. Los hombres providenciales serán relámpagos
en su noche.
“El
Himno de Obligado”
Por José Luis Muñoz Azpiri (h)*
Cuando sonó el primer cañonazo enemigo, Mansilla bajó el brazo derecho y
cerró de un golpe el catalejo. Todo estaba consumado. El crimen era un
hecho. La cuarta guerra exterior del país comenzaba. El héroe alzó el brazo
de nuevo, dio la señal convenida y el Himno Nacional Argentino estalló en la
barranca. La primera bala francesa dio en el corazón de la patria.
La segunda bala francesa cayó sobre el Himno. El canto nacía indeciso en el
fondo de las trincheras excavadas entre los talas, trepaba resuelto por los
merlones de tierra, se deslizaba ágil por las explanadas de las baterías,
corría animoso por los claros de grama esmaltados de verbenas, se animaba
con furia animal en el monte de espinillos, y ascendía estentóreo y salvaje,
en el aire de oro de la mañana de estío. Allí, hecho viento, transformado en
ráfaga heroica, ganaba la pampa, el mar, la selva, el desierto, la estepa y
la cordillera y uniendo de un extremo al otro del país la voz de júbilo con
la de protesta, la de la imprecación con la del entusiasmo cívico, creaba un
clamor de alegría y borrasca, incomparable y único.
La voz clara y sonora de Mansilla acaudillaba los ritmos heroicos. El eco
pasaba de una garganta a la otra; partía de los pechos de acero que
amurallaban la patria y se confundía y entrechocaba sobre los muros de las
baterías. Las notas prorrumpían de los bronces y tambores majestuosamente,
con corrección inigualable, como en un día de parada. La banda del Batallón
1º de Patricios de Buenos Aires, que ejecutaba el himno al frente del
regimiento inmortal, solo encontraba extraño en esta formación de tropas
que, en vez de ser un jefe, fuese la Muerte quien pasara revista. Lo demás
era lo acostumbrado desde los tiempos de Saavedra y la trenza con cintas. La
hueste asistía impecable a la inspección, en tanto la metralla francesa e
inglesa llovía sobre las filas sonoras y abría claros en la música y el
verso.
Los huecos se cubrían con premura y renacía la estrofa, redoblada y heroica.
Cada voz sustituta centuplicaba la fuerza del canto. La oda se había
constituido en una marejada incontenible de estruendo y de furia.
Toda la barranca ardía en delirio con las voces. Cantaban los artilleros,
los infantes, los marineros, los jinetes, los jefes, los oficiales y los
soldados, los veteranos de cien encuentros y los novicios que por primera
vez, olían la sangre y la muerte. La misma tierra quería hendirse para
cantar. Parecía pedir la voz de todos los pájaros para acompañar en el canto
a quienes la amparaban hasta morir abrazados sobre ella, crucificados sobre
su amor, dándole a beber generosamente de su propia sangre. Cantaban allí
los camaradas de aquellos que custodiaba en su seno, y que murieron
defendiendo su pureza criolla en los campos, sobre los ríos y las montañas,
en los páramos frígidos y a la sombra de los montes de naranjos donde
dormían cálidamente, bajo la lluvia votiva del azahar.
Los viejos patricios de Buenos Aires, los capitanes que cruzaron la
cordillera con el Intendente de Cuyo y libertaron los países que se
recuestan sobre un mar donde se pone el sol, los oficiales que habían
combatido contra el Imperio del Brasil, destrozando a lanzazos los cuadros
terribles de la infantería mercenaria austríaca, los marineros de camiseta
rayada, cubiertos de cicatrices, que habían cañoneado y abordado naves
temibles al mando del Almirante, en el río y en el mar, luchando en
proporción de uno a veinte con la mecha o el sable en el puño, todos los que
habían hecho la patria y no deseaban vida que no se dedicase a sostenerla,
se hallaban allí y cantaban religiosamente, con la mirada arrasada y el
corazón desbordante de ternura por los recuerdos, la canción que hablaba de
cadenas rotas, de un país que se conturba por gritos de venganza, de guerra
y furor, de fieras que quieren devorar pueblos limpios, de pechos decididos
que oponen fuerte muro a tigres sedientos de sangre, de hijos que renovaban
luchando el antiguo esplendor de la patria y de un consenso de la libertad
que decía al pueblo argentino : ¡Salud! La canción era seguida por
juramentos de morir con gloria y el deseo que fueran eternos los laureles
conseguidos.
Jamás resonó canción como aquella. Los que habían conseguido los laureles
pedían frente a la muerte que fueran eternos, los que vivían coronados por
la gloria adquirida luchando con el fusil, el sable o el cañón, a pie, a
caballo o sobre el puente de una nave, en defensa de su Nación, juraban
morir gloriosamente si la vida debía comprarse al precio del decoro y el
valor.
Los proyectiles franceses e ingleses caían ahora sobre la protesta, el
desafío o la muerte, el orgullo y la voluntad. La voz, engrosada y
magnificada por el eco, había recorrido de una frontera a otra de la tierra
invadida, y retornaba al lugar de su nacimiento para recobrar vigor y
lanzarse esta vez hacia el frente, en procura de los agresores. Descendía
presurosa por la barranca, corría sobre la playa de arena, alcazaba la
orilla del río, volaba sobre el espejo del agua y se lanzaba al abordaje
sobre los invasores, repitiendo un asalto sorpresivo y desenfrenado. Trepaba
por las cuadernas de las quillas, se encaramaba por las bordas, hacía
esfuerzos desesperados por amordazar los cañones de 80 milímetros, de 64, de
32, las cien bocas que vomitaban fuego sobre las baterías de menor alcance,
lograba poner el pie en las cubiertas, brincaba a lo puentes donde se
hallaban, condecorados y magníficos, Tréhouart, el capitán de la Real Marina
Francesa y el Honorable Hothan, de la armada de Su Majestad, con uniformes
de gala, cubiertos de entorchados, dirigiendo con el catalejo el bombardeo
implacable e impune; ascendía por los obenques a las gavias y las cofas y
giraba sobre las arboladuras lanzando un grito recio y retumbante. Luego
descendía sobre el río y soplaba en el mar, y a través de las olas,
cabalgando sobre el agua y la espuma, pisaba la tierra desde donde las naves
habían partido y se retorcía en remolinos briosos y épicos en busca de oídos
para requerir, demostrar, probar, retar y herir.
La canción aludía a los derechos sagrados del hombre y el ciudadano, a los
principios de igualdad política y social, al respeto por la propiedad ajena,
a la soberanía de la Nación, a la obligación de cada ciudadano de respetar
la ley, a la libre expresión de la voluntad popular, al respeto de las
opiniones y creencias ajenas, a la abolición de los obstáculos que impiden
la libertad y la igualdad de los derechos. La voz hablaba de la injusticia
de la metralla, y ésta, tal como si hubiera interpretado la protesta del
canto, hería ahora el seno de la voz, en acto obstinado, buscando
rabiosamente el corazón de la canción.
Los defensores eran ya los árbitros de la batalla. El enemigo había
entendido la voz y comprendía que el triunfo pertenecía, por derecho propio,
al atacado, cualquiera fuera el desenlace de la acción. Ya no significaba
nada vencer en el encuentro y cobrar el botín de la conquista para
conducirlo a la tierra donde estallarían aclamaciones y vítores junto a los
arcos de triunfo. El adversario cantaba estoico frente a la muerte; cantaba
vivamente, alegremente, enhiesto e impasible, sin responder al fuego, como
queriendo demostrar que era más importante terminar con aquel canto, antes
que defender la vida y resguardar la defensa del paso. Los cañones de 80
golpeaban el vacío, asesinaban la nada; las granadas explosivas no acallaban
la música ni podían matar la poesía. La lucha era imposible: ¡Si al menos
los defensores hubieran dejado de cantar!...
Cuando la voz dejó de escucharse hasta en su último eco, Mansilla recogió de
nuevo el catalejo, tomó la espada, y alzando el brazo nuevamente, dio orden
de iniciar el fuego contra las naves. La barranca ardió en llamas y comenzó
el cañoneo que se sostendría por espacio de ocho horas…Pero la hazaña
principal estaba cumplida, con el Himno entonado frente al adversario y que
escucharían después los siglos. La música de los cañones sólo componía el
acompañamiento de este canto. El héroe había legado a la patria su tesoro
más puro de heroísmo, de exaltación emocional y de pasión patriótica: el
Himno ganaba de paso, igualmente, la batalla de la Vuelta de Obligado.
*José Luis Muñoz Azpiri (h) nació el 22/06/57 en Buenos Aires, cursó estudios superiores de Historia en la Universidad del Salvador y de Antropología en la UBA y la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México. Egresado del Curso Superior de la Escuela de Defensa Nacional, integra el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas. Ejerce el periodismo en diversos medios nacionales y extranjeros. Su último libro (2007) es "Soledad de mis pesares" (Crónica de un despojo).
Breve cronología
Hector Luis Spinelli
30-3-1793 Juan Manuel Ortiz
de Rosas nace en Buenos Aires en la calle Cuyo (actual Sarmiento), número
antiguo 94.
Su padre León Ortiz de Rozas Capitán del Regimiento Fijo de Buenos Aires,
su madre Agustina López de Osornio componen una familia de hacendados.
Tuvo varios hermanos.
1802 Concurre a la Escuela Francisco Xavier de Argerich signada como
la mejor de Buenos Aires en la época.
12-8-1806 Se cierra la escuela por la primera invasión inglesa.
Se cría en la estancia del Salado adonde adquiere una destreza excepcional
en la actividad rural. Se convierte en sobresaliente jinete siendo su
desempeño particular. Piala, enlaza y bolea como el mejor.
Dada su posición familiar e influencia entre sus compañeros formó un
grupo de jóvenes amigos. Los armó como pudo y creo un cuerpo para luchar
en la Resistencia ayudando a defender Buenos Aires de los ingleses
Se presentó a Liniers con su grupo y pelearon a su lado. Liniers mandó
una carta de agradecimiento a sus padres
Juan Manuel se alista en el cuerpo de Migueletes de Caballería para
defender la Patria de la nueva invasión inglesa
5-7-1807 Luego de capitular Whitelocke es ascendido a Alferez. Nuevamente
Miguens y Martín de Alzaga envían otra carta de agradecimiento a sus
padres.
1808 Su padre le confía la administración de sus bienes.
En su gestión aumenta considerablemente el patrimonio de sus padres
como el de las personas de las comarcas linderas granjeándose su confianza
y beneplácito.
1813 Contrae matrimonio con Encarnación Ezcurra y Arguibel.
Deja los campos paternos a cargo de su hermano Prudencio y rehusa recibir
su parte de la herencia.
Solicita que la misma le sea entregada a su madre. Cuando ésta murió
su parte pasó a sus hermanos dado que él no la necesitaba.
Intensifica su actividad de ganadero con buen suceso. Se asocia con
Juan Nepomuceno Terrero.
Comienza el negocio de saladero de pescado, acopio de frutos .
25-11-1815 Integra la firma de Luis Dorrego y mas tarde funda el primer
saladero Las Higueritas en Quilmes.
Se muda a los campos de Julián Molino Torres en el paraje denominado
La Guardia del Monte (hoy Monte) adonde en 1774 se había emplazado el
Fortín de frontera llamado de la Guardia de San Miguel del Monte Gargano.
El establecimiento se lo llamo Los Cerrillos. Esta propiedad creció
compuesta por varias propiedades integradas y fue explotada con singular
éxito. Esto le permitió forjar una destacada posición económica.
El sitio se encontraba en cercanías del Río Salado sobre la denominada
frontera natural con el indio.
Las personas que estaban a su cargo desempeñándose con tareas rurales
mas tarde se convirtieron en hacendados lo cual habla de la calidad
de orden y desempeño de estos establecimientos.
1819 No obstante el cuidado y dedicación en la vigilancia el acoso de
los indios era constante. Dado que en esa época habitaban en la Patagonia
más de 100.000 indios. Tanto el problema del indio como que también
se comentaba que una expedición realista desembarcaría nuevamente para
reconquistar el territorio, provocó reacción en los hacendados de la
región quines pidieron al Director supremo encargase a Juan Manuel de
Rosas la formación de un grupo de defensa para asegurar las fronteras.
Rosas conjuntamente con su primo José Tomas de Anchorena crearon en
Los Cerrilos el cuerpo de caballería que denominaron Los Colorados del
Monte debido al color de sus uniformes. Rosas entonces es nombrado Jefe
de las Milicias del Sur. Este Cuerpo se destacaba por la altísima disciplina,
orden, pulcritud en su vestimenta y marcialidad.
1820 Existe una atmósfera de caos en el país por choques de ambiciones
de diferentes hombres y tendencias
Había un impulso federal de los caudillos para gobernar las provincias.
1-2-1820 Los caudillos Ramirez y López arrasan a Rondeau en la batalla
de Cepeda, como Güemes en Salta contra los directoriales que pretendian
mantener predominio público con apoyo en protectorados extranjeros
20-6-1820 En este dia hubo tres Gobernadores. Se había puesto preso
a miembros del Congreso de Tucumán.
Había motines y asonadas con pronunciamientos de personas como Sarrratea,
Pagola, Balcarce y Dorrego.
2-9-1820 Dorrego es derrotado en la batalla de Gamonal. Asume Martín
Rodriguez.
10-5-1820 Primera actuación de Los Colorados del Monte que trascendió
y comienza a hacerse conocer.
Hay un levantamiento de armas contra el General Martín Rodriguez. Este
llamó a Rosas para que interviniera con las milicias para reponer el
orden legal. Aparece entonces Rosas con sus Colorados del Monte. Mas
de 1.000 hombres perfectamente montados, equipados y sostenidos a su
costa.
Entra en la ciudad y desaloja de todos los cantones a los revolucionarios.
8-6-1820 Rosas es Capitán y es ascendido a Comandante del 5º Regimiento
por Balcarce Gobernador delegado.
7-10-1820 Martín Rodriguez asciende al Grado de Coronel de Caballeria
de línea luego de sofocar otra asonada.
Rosas no obstante disgustado porque Martín Rodriguez no se ocupa de
los problemas del campo decide retirarse nuevamente a sus haciendas
mientras el acontecer político trasciende.
No obstante acompaña a Martín Rodriguez hasta Sierra de la Ventana en
una expedición contra los indios.
Hay una creciente anarquía. Se forman dos corrientes antagónicas: unitarios
y federales.
Los primeros con ideas monarquicas y elitistas los segundos reúnen a
la clase mas allegada del pueblo extendida hacia las provincias aspirando
a integrar todo el territorio nacional.
1824 Se intenta un Congreso en 1824. Buenos Aires se beneficia con la
Aduana incautada.
Juan Gregorio de Las Heras sucede a Rodriguez
12-1825 El Gobernador Las Heras comisiona a Rosas para tratar la paz
con los indios.
Rosas solo y desarmado se reúne con el cacique Chañil entre cientos
de caciques en Tandil. Después de varios días se cierra el parlamento
de paz en leguaje dialecto pampa que concreta una nueva línea de frontera.
Esto sucedía en la laguna del Guanaco. Se pacta entrega de raciones
y se vacuna a los indios contra la viruela.
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El préstamo era de 1
millón de libras de las cuales llegaron 540.000 descontando comisiones
y etc. Rosas pagó 5000 pesos mensuales. Gesto muy bien visto en
Londres. Rosas intentó obtener una indemnización de los ingleses
a través de Arana por ocupar las Malvinas en 1833. Estos intereses
en Europa eran bien atendidos por Sarratea y Manuel Moreno. La intención
era cederles el dominio. Pero los ingleses negaron por sentirse
dueños.
03-1845 Llega una escuadra anglo francesa al Plata. Rivera es derrotado
por ejercito Rosista en India Muerta al mando de Urquiza.
23-9-1845 La escuadra enfrenta a Rosas y exige levantar sitio ocupando
Colonia y Martín García.
20-11-1845 Quieren desembarcar navegando el Río Paraná pero en la
Vuelta de Obligado encuentran una cadena que obstruye el paso y
la navegación. Lucio Víctor Mansilla al mando de las tropas Argentinas
cañonea con pocas unidades a los navíos que con 85 bocas de fuego
logran pasar con no pocos daños en sus costados.
6-2-1846 Urquiza derrota a Paz en Laguna Limpia. Coronel Thorne
anula un desembarco ingles en la costa del Paraná.
06-1846 Mansilla infringe daños a un convoy de 12 navíos de guerra
y 95 mercantes en San Lorenzo Santa Fe.
Aparece un comisionado Hood ingles en el Río de la Plata y ofrece
a Rosas una amnistía total, esta comprendía levantar el sitio ,
levantar bloqueo naval, devolver las islas, elecciones libres en
Uruguay.
05-1847 Quedó todo tranquilo pero llegaron Howden representante
ingles y Waleski Frances quienes propusieron a Rosas separar a la
Confederación de la Banda Oriental. Pero como el conflicto atentaba
contra los intereses del comercio Ingles y Francés.
Rosas ganaba la partida consiguiendo el fin del bloqueo por Inglaterra,
y limitando a Francia a proteger solo a Montevideo y sus sitiados.
Su prestigio aumento considerablemente entonces.
El tratado de Alcaraz es firmado entre Urquiza y Juan Madariaga
hermano del Gobernador de Corrientes al ser derrotados en Laguna
Limpia. En este tratado no quedaba bien claro si Madariaga se adhería
al federalismo o Urquiza a los unitarios. Rosas lo rechaza porque
desde el Pacto Federal en 1831 Corrientes estaba adherida.
11-1847 Urquiza entonces ataca a Corrientes y derrota a Madariaga
en Vences. Este hecho se sindicaría como el principio de desacuerdo
de Urquiza con Rosas.
1848 Llegan los funcionarios por Inglaterra Gore y por Francia Gross
1849 Southern Inglaterra y Lepredour Francia aceptan finalmente
las condiciones de Rosas para terminar el conflicto.
24-4-1849 Se firma el tratado Arana-Southern la nave insignia inglesa
desagravia la bandera Argentna con 21 cañonazos.
1850 Disraeli primer ministro Ingles comenta que La Confederación
Argentina ha rechazado a seis misiones inglesas.
La Confederación se habia unido con las naciones nacientes del continente
sudamericano.
En el orden interno despues de Lavalle habia paz por parte de los
unitarios. La mayor parte de los emigrados a Uruguay habia vuelto.
Lentamente se les devolvían sus confiscaciones. Buenos Aires tenía
prosperidad con la Ley de Aduanas.
31-8-1850 Se firma el tratado Arana-Lapradou bandera Argentina se
desagravia y se acuerda la libre navegación de los ríos interiores
se considera a Oribe en su posición legal, se devuelve Martín Garcia
y los navíos Argentinos.
30-09-1850 No obstante habia enemigos al acecho. Si Rosas unia a
los paises sudamericanos restaba expansión a otros como Brasil.
Habia una amenaza en ciernes para Brasil de una supuesta expansión
Rosista aun con ejercitos en preparación. Oribe en Uruguay y Urquiza
en Entre Rios. Rosas ordena a Guido romper relaciones con Brasil.
Urquiza entra a tener operaciones de inteligencia con Brasil.
04-1851 Urquiza envía a todos los Gobernadores una circular indicando
su posición contraria a Rosas.
1-05-1851 Urquiza hace su pronunciamiento en Concepción del Uruguay.
Se gesta un acuerdo entreriano, Brasilero y Montevideano.
Se establece un tratado mediante el cual Montevideo cede territorio
a Brasil, además Brasil ofrecerá a Urquiza infanteria, caballeria
y artilleria, la flota naval se apostaría en sitios estrategicos
para derrotar a Rosas.
Brasil le daba a Urquiza la cantidad de 100.000 patacones mensuales
por cuatro meses a un interes del 6% anual.
Brasil le temía a Rosas y con razon. Este tenía un ejercito sitiando
Montevideo, 20.000 hombres en Santos Lugares podía ocupar el territorio
brasilero con 40 o 50.000 hombres llegando hasta Río de Janeiro
si quisiese.
12-1851 Rosas no parecia preocupado por la situación. Urquiza atraviesa
el Rio Uruguay hacia Entre Rios. La escuadra brasilera se encontraba
en el Plata. Rosas aparentemente esperaba una reacción de Inglaterra
en contra de Brasil.
La flota brasilera remonta el Paraná, ocupa Martín García y Colonia,
en Paso de Acevedo, Mansilla cañoneo desde la costa. La flota llegó
hasta Diamante y las costa de la provincia de Santa Fe. Ayuda a
trasladar soldados entre ambas márgenes. No se le ofrece resistencia
a Urquiza en Santa Fe y éste avanza hacia Buenos Aires.
Las fuerzas se componían del lado de Rosas de unos 25000 hombres
pero le faltaban armas y oficiales capaces.
En cambio Urquiza tenía 27.000 hombres compuestos así: 15.000 de
Entre Ríos y Corrientes, 3.500 de Buenos Aires, 1.850 Uruguayos
y 4.000 Brasileros. En Colonia restaban unos 10.000.
La batalla era la más grande que se iba a producir en la región.
Rosas no estaba capacitado, le dio el mando al Coronel Pedro Jose
Diaz quien aunque unitario acepto con honor. Junto con M. Chilavert
dirigirian las fuerzas.
Rosas pidió opinión a los oficiales quienes le aconsejaban elidir
la batalla. Otros le aconsejaron retroceder al sur y volver con
los indios. Esto no le agradó a Rosas quien dijo si ganamos o si
perdemos quién para después a los indios?
3-02-1852 Caseros
A las 7 de la mañana el ejército de Rosas estaba en línea. El sitio:
una loma opuesta a la ocupada por Urquiza
Atrás del ala izquierda estaban encubiertas las escuadras de caballeria,
la infantería de Rosas en columnas y la enemiga en batalla.
Como estrategia se notó que el ala izquierda de Urquiza era flaca.
Se decidió atacar con la caballería que reunía unos 10.000 en dicha
ala. Esto provocaría la dispersión. Luego la infantería y artilleria
generalizaría el combate haciéndolo decisivo.
La batalla comenzó con el cañoneo enemigo respondido por Rosas.
Las fuerzas de Urquiza parecian alineadas más para una revista de
desfile que para combatir. A las 10 de la mañana las fuerzas rosistas
del ala derecha atacaron. La batalla duró 4 horas y media. No fue
ninguna demostración de arte militar.
Una carga de caballeria de Lamadrid con la polvareda se desvió tanto
que al detenerse estaba como a una legua.
Cuando retrocede las tropas estaban dispersándose. El coronel Chilavert
peléó heroicamente con baterías causando estragos en el enemigo.
Luego Urquiza lo fusiló por la espalda.
Rosas
se retira del campo de batalla a caballo redactando antes su renuncia.
Se dirigió a la casa de Gore el Ministro inglés. A la noche embarcó
en el navío Centaur y luego a la nave de guerra Conflict con destino
a Inglaterra.
Lucio V, Mansilla entregó la ciudad de Buenos Aires al día siguiente.
23-04-1852 Rosas luego de una escala del navío en Bahia, Brasi,
llegó a Plymouth, adonde fue recibido con honores.
Familiares de Rosas y amigos se adelantaron y los esperaban en Inglaterra.
31-5-1852 En Buenos AiresVicente López y Planes es nombrado por
Urquiza como gobernador provisorio.
Vicente López instigado por Alsina confisca los bienes de Rosas
con disgusto de Urquiza. Este último convoca un Congreso en San
Nicolas de donde sale nombrado Director Provisorio. Se convoca la
legislatura en Bs As adonde estuvieron presentes 10 Gobernadores,
se recomponia la Confederación Argentina , Buenos Aires sería capital
, la Aduana y su puerto nacionales. Esto fue muy resistido por los
porteños. La legislatura de Buenos Aires desautoriza a Vicente López
por haber firmado el Acuerdo de San Nicolas.
23-06-1852 Urquiza disuelve la Legislatura y se nombra a si mismo
Gobernador y nuevamente ordena retornar los bienes confiscados de
Rosas a Terrero.
11-09-1852 Urquiza va a Santa Fe para celebrar el Consejo de acuerdo
a San Nicolas y estalla una revolución que lo expulsa de Buenos
Aires. Además nuevamente son confiscados los bienes de Rosas.
23-10-1852 En Southampton, donde fijo Rosas su residencia, contrajo
matrimonio su hija Manuelita con Máximo Terrero.
11-1852 Juan y Nicolas Anchorena visitan a Rosas en Southampton
anunciándole la devolución de los bienes pero no saben de la revolución
del 11 de Septiembre.
1853 Rosas alquila una casa conocida como Rockstone House localizada
en el barrio The Crescent
Los bienes de Rosas seguian confiscados pero logra vender una estancia
en 100.000 pesos fuertes y algunos bienes muebles.
En Santa Fe un congreso celebra la Constitución Nacional, elaborada
con las bases de Alberdi, permitiendo que cada provincia se gobierne
por si sola.
8-04-1854 Alsina es nombrado Gobernador de Bs As.
18-10-1857 Se instaura en Buenos Aires el proceso a Juan Manuel.
Lo condena a muerte.
La indemnizacion por daños y perjuicios se han de cumplir con otros
bienes que no estén en la ley de confiscacion.
Rosas reacciona y va a Londres a escribir su defensa.
Urquiza publica la defensa de Rosas en los diarios de la Confederación,
además le ofrece enviarle dinero a Rosas, si éste no lo tomaba a
mal, en una colecta entre amigos.
23-10-1854 La Confederación y Buenos Aires deciden enfrentarse.
Buenos Aires con 10.000 hombres al mando de Mitre, Urquiza con 14.000
vence a Mitre en Cepeda y Alsina es depuesto.
10-10-1854 Se establece el pacto de San José de Flores mediante
el cual el Estado de Buenos Aires formaría parte de la Confederación.
11-11-1859 Manuelita se va a vivir a Londres con su marido Terrero.
Rosas alquila una propiedad rural de 50 hectareas cerca de Southampton
llamada Burguess Farm con algunos animales.
17-09-1861 Mitre como Gobernador de Buenos Aires y Urquiza con las
provincias del interior comienzan a unificar el interior con Buenos
Aires. Estalla una revolución en San Juan y por las disidencias
entre ambos se enfrentan en la batalla de Pavón adonde Urquiza ahora
es derrotado por Mitre. Urquiza se retira de la política y así quedan
terminadas las esperanzas de Rosas de recuperar sus bienes. Mitre
asume como presidente.
No obstante Rosas se había relacionado entonces en Southampton,
Lord Palmerston le visitaba y lo hacían participar de actividades
como carreras de caballos o cacería del zorro entre otras.
1864 Rosas por apremios económicos, abandona definitivamente Rockston
House dedicándose solamente a Burguess Farm su chacra, la cual es
alquilada. El alquiler deberá pagarlo con el producto de la misma
dado que no posee ningún ingreso ni dinero. Ante esta situación
le escribe a Urquiza solicitándole el dinero ofrecido.
Urquiza le responde que inmediatamente le hara girar 1000 libras
y que cada año le enviara otras 1000.
Solo cumplió con la primera vez pero el gesto valió. Mitre, Carlos
Tejedor y Juan Bautista Alberdi le escriben a Rosas solidarizandose
y dandole aliento. Mientras Rosas siembra y ordeña vacas con sus
propias manos para tener algo de sustento.
Numerosas personas entre ellos políticos y escritores visitaron
a Rosas en su exilio quienes cuentan en sus cartas que Rosas mantenía
sus costumbres como ensillar el caballo con apero, lazo y boleadoras
como en Argentina. Ademas vestía al estilo crillo y tomaba mate
con yerba paraguaya.
1871 Con Mitre presidente hay una disputa de límites con Chile.
Como un pedido póstumo Mariano Balcarce, Ministro en París, le pide
a Rosas papeles demostratorios del diferendo ocurrido por una colonia
chilena en Magallanes, en pago por esto le es enviado un magro envio
de dinero que apenas paga el arrendo de su chacra.
16-3-1877 Rosas comunica a su hija Manuelita que ha vendido las
dos ultimas vacas para subsitir el crudo invierno. Con su salud
muy precaria abandona la vida a los 84 años.
1989 Sus restos son repatriados a la Argentina y depositados en
el cementerio de la Recoleta. En el Parque de Palermo es erigido
un monumento a su memoria.
Hacia mitad del siglo
XIX, Estados Unidos, Francia e Inglaterra se encontraban en plena
expansión comercial y territorial en distintas regiones del planeta.
Estados Unidos intervino en México anexionando parte de su territorio
incluido Texas. Tanto Francia como Inglaterra tenían ambiciones
de expansión comercial en esa región de México, objetivos que fueron
dejados de lado para no entrar en una confrontación militar con
la naciente potencia del norte de América. Ambas naciones confluyeron
entonces en una alianza para intervenir militarmente en el sur del
mismo continente a fin de imponer sus intereses comerciales. El
algodón que no podría cultivar Inglaterra en Texas, intentaría ser
recuperado en los campos de la Confederación Argentina.
Para ese entonces, Juan Manuel de Rosas era el Gobernador de la
provincia de Buenos Aires y el depositario de las relaciones exteriores
de la Confederación. En su segunda gobernación, Rosas había empezado
a independizar comercialmente a la región promulgando la ley de
aduanas, expropiando el Banco Nacional, prohibiendo la exportación
de metales e imponiendo fuertes aranceles a la navegación de buques
extranjeros en los ríos interiores para proteger las nacientes industrias
locales. En 1840 logró vencer el bloqueo de los franceses en una
primera intervención armada y, la experiencia de esa lucha, la sabría
aprovechar para vencer a la segunda intervención conjunta de Inglaterra
y Francia.
Unida toda la Confederación, expulsados los aliados internos que
trabajaban para las potencias agresoras y valiéndose de las contradicciones
de ambos imperios la victoria estaría asegurada, sumando a ello
la oposición de una fuerte resistencia militar a la invasión haciendo
que ésta resultara totalmente improductiva para los interventores.
El 20 de noviembre de 1845, un convoy comercial de noventa navíos
mercantes custodiado por buques de guerra ingleses y franceses,
intentarían remontar el Río Paraná en demostración de no existir
soberanía argentina sobre el río, llevando mercaderías a las provincias
del litoral y al Paraguay. La intención además era ocupar los ríos
interiores con sus escuadras, obligar a la "libre navegación" del
Plata y sus afluentes y convertir a Montevideo en una factoría comercial
para ambas potencias.
Con patriotismo, inteligencia y astucia, Rosas preparó la defensa
cerrando el Paraná con baterías escalonadas a lo largo de sus costas
para librar batalla contra sus agresores. La principal defensa se
encontraba en la Vuelta de Obligado al norte de la ciudad de San
Pedro. Allí, el General Lucio V. Mansilla hizo tender de costa a
costa sobre 24 lanchones tres gruesas cadenas para impedir el paso
de las embarcaciones y ocupó con dos mil hombres las trincheras
y baterías emplazadas en el lugar.
Cuando los extranjeros avanzaron, Mansilla ordenó la defensa y proclamó
a la tropa: "¡Allá los tenéis! Considerad el insulto que hacen
a la soberanía de nuestra Patria al navegar, sin más título que
la fuerza, las aguas de un río que recorre por el territorio de
nuestro país. ¡Pero no lo conseguirán impunemente! ¡Tremola en el
Paraná el pabellón azul y blanco y debemos morir todos antes que
verlo bajar de donde flamea!".
Las bajas de los argentinos resultaron muchas por el heroísmo en
la defensa de la posición y por la desproporción en el armamento,
pero el hecho, demostraría a los interventores que no podrían vencer,
pues la guerra de resistencia sería franca e implacable.
Las noticias de las pérdidas comerciales sufridas por el convoy
y los relatos de la hidalguía y bravura de los argentinos llegaron
a Londres. Los tenedores de bonos de deuda argentina reclamaban
el fin de la intervención para poder cobrar. Ante esta situación,
los gobiernos extranjeros ordenaron el retiro inmediato e incondicional
de sus escuadras en el Plata desagraviando al pabellón argentino
con 21 cañonazos.
La victoria Argentina demostró que los triunfos no dependen de quien
tenga más soldados y mayor poder de fuego, sino, de quien tenga
la mas inteligente y ordenada estrategia, sin divisiones en el frente
interno y llevando una excelente política exterior que explote las
contradicciones del adversario.
AÑO 2008 - HOMENAJE A LOS HÉROES DE LA VUELTA DE OBLIGADO
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