Una
solución argentina para sus propios problemas
Las batallas de Clarín
Educado en el estructuralismo de izquierda (Godelier) que suele confundirse con
marxismo, Frigerio aportaría el sustento ideológico del supuesto giro en 180º de
Frondizi, que había virado del modelo de desarrollo autónomo a la apertura hacia
las corporaciones de Estados Unidos para el desarrollo de la industria pesada y
extractiva (las denominadas batallas del subtítulo).
Con los Frigerio se repetirá la metáfora de los Di Tella. Si esta derrapó de la
industria semipesada a la gimnasia localizada, Frigerio hijo participó
activamente en las privatizaciones de los ‘90 (YPF) y el nieto asesora a
multinacionales. El diario se vería obligado a hacer malabares semánticos para
seguir respaldando el nuevo giro del presidente hacia los sectores más liberales
del poder tradicional representados por Alsogaray y Alemann.
El período de Frondizi instaló al Gran Diario Argentino, y desde allí,
insistiendo en la línea ondulante de su fundador, eludió con éxito los años de
“democracia restringida” (proscriptiva) desde 1955 y las dictaduras militares de
1966 y 1976. La muerte de Noble en 1969 catapultó a Ernestina Herrera, su
ex-enfermera, acompañante y luego esposa, a la dirección de un diario donde se
mantiene desde entonces, y le abrió las puertas de una fortuna calculada hoy en
unos 1.400 millones de dólares. Con la nueva conducción, quedaron en el camino
otras batallas, como la de la soda solvay, hasta que ese estratégico insumo
industrial quedó en manos de un consorcio extranjero.
Clarín, que había apoyado el rodrigazo neoliberal de 1975, fue complaciente con
Martínez de Hoz, criticó el corto período de Grinspun durante el alfonsinismo,
apoyó el retorno de la patria financiera con Sourrouille (el Banco Macro del
ministro, socio de Brodersohn y Dagnino Pastore, era un buen sustento
publicitario), aplaudió la convertibilidad de Cavallo y apoyó el Consenso de
Washington desde una mirada supuestamente progresista.
Pero por un error de cálculo, no entendió que el menemismo necesitaba prensa
propia, no solo ciega a la política de devastación de lo público como a la
corrupción que permitiría que esa mafia se convirtiera en parte de la nueva
oligarquía. Para ello estaba el multiprocesado banquero Raúl Moneta. El error le
costó a Clarín endeudarse en el exterior por más de 1.000 millones de dólares.
De aquel desarrollismo inaugural solo queda hoy una mirada frívola: la última
campaña mediática muestra a Frondizi como “creador” de la industria nacional
mientras, desde su suplemento Rural, impulsa la sojización de la pampa húmeda,
el uso generalizado de glifosato, transgénicos patentados en Estados Unidos y
fertilizantes químicos, los biocombustibles, la superexplotación del recurso
natural y el consumo interno de feedlot, un sistema muy rentable de cría a
corral que si prolifera, puede causar graves consecuencias medioambientales y a
la salud humana. Es que Feriagro y Expoagro son excelentes negocios.
Clarín es hoy mucho más que un diario: es un grupo financiero, un holding que se
presenta como multimedios.
Sus inversiones abarcan canales de televisión abierta, de cable, editoriales e
imprentas, distribución de correspondencia, educación privada, radios AM y FM,
otros diarios, productoras de contenidos y espectáculos, telefonía, organización
de eventos, internet y transmisión de datos y también participa, indirectamente,
en la tenencia accionaria de concesionarias de servicios públicos privatizados.
Con el cambio de los paradigmas mundiales, pasó de “tribuna de opinión” al mucho
más confuso rol de “industria cultural”, en una época en que las luchas por el
dominio mundial de los recursos demandan un férreo disciplinamiento de una
voluble opinión pública adormecida en la que reina el pensamiento liviano,
sumario, y la falta de posturas críticas. Todo ello, imposible sin las
omnipresentes industrias culturales, que en lugar de salamines, transportan
mensajes del poder; o comunican por ondas hertzianas en lugar de hacerlo por
rutas pavimentadas.
Los mil oficios de Clarín
Con la fortuna que la vida le deparó a Ernestina Herrera, es lógico que solo se
conozcan algunos de los negocios donde participa. Quien esto escribe fue
entrevistado en 2008 por TN acerca de la privatización fraudulenta de la
Compañía Ítalo de Electricidad (CIAE), en la que estuvieron implicados Martínez
de Hoz, los Alemann, los Klein y los Soldati. La entrevista fue editada,
cortando la mención de estos últimos. La explicación oficiosa fue que los
Soldati tenían o iban a tener negocios con el Grupo, como por ejemplo la
adquisición de una empresa que presta servicios de WiFi. Sea como fuere, los
negocios dudosos de los Soldati no figuran en la grilla de las investigaciones
periodísticas de Clarín.
El multimedio es propiedad de AGEA (Arte Gráfico Editorial Argentino); el 18% de
su paquete accionario pertenece al grupo financiero multinacional Goldman Sachs
como mandatario de Prysmian Corp. (ex – Pirelli Cable & Telecom). El 82% de AGEA
está en manos de la sociedad G.C. Dominio, formada por Ernestina Herrera de
Noble, Héctor H. Magnetto, José A. Aranda y Lucio R. Pagliaro.
AGEA posee el 100% de: diario Clarín, Artes Gráficas Rioplatense (impresiones),
Tinta Fresca (editorial escolar), Elle, Olé, Genios, Pymes, Diario La Razón. El
100% de Radio Mitre. El 100% de Teledeportes. El 100% de GC Gestión Compartida.
El 50% de TRISA Y TSC, integrantes de Torneos y Competencias para la
televisación de partidos de fútbol. El 100% de Clarín Global (Ubbi, deautos.com,
masoportunidades.com, Clarín.com). El 100% de Inversora de Eventos. El 100% de
Ferias y Exposiciones, que a su vez conforma con La Nación la empresa Feriagro,
organizadora de Expo-agro. El 50% de Tele Red Imagen. El 100% de Galaxy
Entertainment Argentina (DirecTV). El 25,6% de DyN (Agencia Diarios y Noticias.
Y una participación no declarada en la organización de la Feria del Libro.
Clarín posee el 50% de Cimeco, controlante de La Voz del Interior (Córdoba) y
Los Andes (Mendoza). El 50% de Impripost (procesamiento e impresión de datos,
distribución domiciliaria de documentos) asociado con Techint y Siemens. El 2,8%
de CTI (Claro). El 36,99% de Papel Prensa (apoyo de Gelbard mediante), y otro
12% a través de la ya citada Cimeco.
Clarín es dueño del 60% de Cablevisión. El 40% restante pertenece a Fintech, un
grupo buitre de inversionistas anónimos dirigido por el mexicano David Martínez.
Fintech compró deuda barata de privatizadas en default, y asociado con el grupo
financiero británico Ashmore controla a través de CIESA, empresas como TGS
(Transportadora de Gas del Sur) y Metrogas.
A través de Cablevisión es dueño del 100% de Fibertel (con acceso a Internet vía
Telefónica), el 100% de Teledigital (tevé por cable en Río Negro) y el 98.5% de
Multicanal. Hasta 1995, compartió la propiedad de Multicanal con Telefónica y
Citicorp (CEI). Multicanal controla el 97% de Prima (Datamarkets, Ciudad
Internet, Fullzero, Flash, Vontel, y dueña de decenas de pequeñas prestadoras de
internet y televisión por cable en el interior). La justicia debe decidir si
autoriza la fusión de Cablevisión y Multicanal.
En la compra de Supercanal (concursada, operadora del satélite Nahuel 1) está
asociado con el Grupo Uno, propiedad de Vila-Manzano-Mas Canosa, a su vez
asociado con el Grupo De Narváez y con Eurnekian (AA2000).
Es dueño del 99,2% de Artear. A través de ella, Clarín posee el 30% de Pol-ka,
el 30% de Ideas del Sur, y el 33% de Patagonik Film Group, esta última asociado
con Walt Disney Corp.
Artear es dueña absoluta de Canal 13, TN, Magazine, Volver, Canal Rural,
Multideporte, Canal 6 (Bariloche), Canal 7 (Bahía Blanca), Canal 10 (Río Negro),
y Canal 12 (Córdoba).
Tribuna de doctrina
El reinado del Grupo Clarín entre las industrias culturales del país sería hoy
algo improbable de no haber mediado la ley 25.750 que, motorizada por los hoy
ultrakirchneristas Jorge Capitanich y Miguel Angel Pichetto durante los años del
“infierno”, permitió que el grupo sorteara la voracidad de los acreedores cuando
se excluyó de los riesgos del cram-down a las empresas relacionadas con la
"preservación del patrimonio antropológico, histórico, artístico y cultural, de
empresas dedicadas a la ciencia, tecnología e investigación avanzada, de
industrias destinadas a la defensa nacional y del espectro radioeléctrico y los
medios de comunicación", como se tituló al proyecto de ley.
Es cierto, era el “infierno”.
En esos años, el FMI había obligado a Duhalde a derogar la ley 20.840 de
subversión económica con el argumento de que suscitaba inseguridad jurídica,
aunque en realidad lo hacía para salvar de la cárcel a un puñado de banqueros y
al propio Cavallo, que había recibido la última ovación del poder financiero
multinacional con el megacanje.
Pero el Fondo quería más: agotado el ciclo de apropiación del capital público,
quedaba otro nicho jugoso, el de las empresas locales que, con fuertes deudas en
el exterior, estaban listas para ser desnacionalizadas por la aplicación de la
ley 24.522 de quiebras que permitía (mediante el cram-down) que los acreedores
extranjeros, capitalizando el pasivo, se apropiaran del paquete accionario del
concursado.
La ley mereció dos reformas consecutivas porque no conformaba a los mandantes,
aunque senadores y diputados rivalizaban en velocidad para complacerlos.
“Sensibilizar” a la clase política para convertir en un problema nacional una
crisis empresaria no era suficiente. El 14 de abril de 2003 Clarín había
fusilado al equipo económico en la portada del Suplemento Económico: una gran
foto del ministro con el título “Una devaluación sin plan”. Remes Lenicov caería
una semana después, a pesar de haber hecho el trabajo sucio que el propio diario
exigía para licuar su deuda interna. Pero había que seguir operando sobre la
opinión pública luego de instalar la conveniencia de la devaluación asimétrica
ideada por el grupo de De Mendiguren.
Así como Moneta había recurrido a Horacio Guaraní para nacionalizarse, Clarín se
descubrió como defensor inclaudicable de la cultura nacional: editó literatura
gauchesca, organizó campeonatos de truco, promovió recorridos por las “rutas
argentinas” (concesionadas) y regaló paquetes de yerba con la edición del
domingo.
La insólita inversión del “deterioro de los términos del intercambio” (hoy, los
productos primarios tienen mayor valor que los industriales) ha puesto a países
como Argentina en el centro de una nueva etapa de saqueo de los recursos
naturales combinada con un salto en los precios de los alimentos al que no sería
ajeno el reemplazo del petróleo por biocombustibles que, por su alta
rentabilidad, pueden desalojar a los cereales para consumo humano provocando en
el futuro una hambruna universal combinada con muchos galones de gasolina
barata.
Más allá de que el gobierno nacional aproveche la renta excedente del campo para
sustentar su modelo económico, la sobre-explotación de la tierra productiva es
estratégica en el nuevo esquema de dominación. La línea editorial de Clarín, con
su apoyo escandaloso del lock out patronal, y machacando contra un Estado que se
apropia legítimamente de esa súper-renta, parece mostrar que la industria
cultural, incluso de capitales locales, puede ser funcional al interés
antinacional aunque, como en este caso, le deba al mismo Estado su propia
supervivencia.
Confundida libertad de prensa con libertad de comerciar, Clarín no es tan
puntilloso con la información como parece: ha llegado a la Corte Suprema el caso
de los dos hijos adoptivos de la señora de Noble, probables hijos de
desaparecidos. Entre tantas noticias que se comunican a diario a través de las
mil vidrieras del Grupo, esa no existe, no está, es una entelequia.
Fuente: www.revista-zoom.com.ar
Solo10.com: Dominios - Registro de Dominios - Alojamiento Web - Hospedaje Web - Web Hosting