Corrientes,
la calle mágica
Más allá de toda conjetura, el magnetismo que posee la sola mención de esta
vía, no pierde vigencia. Ayer y hoy, con distintas características, sigue
siendo un símbolo de la porteñidad.
Por Jorge Lomuto *
RG, iniciales que respondían al nombre de Roberto Gil, la definió como "la
calle que nunca duerme". Los guiones del programa cómico "Calle Corrientes",
que se transmitía los sábados apenas pasado el mediodía por LR4 Radio
Splendid, lo tuvieron como autor desde fines de la década del 50 hasta los
inicios de la siguiente.
Muchos podrán alegar y añorar que eran otros tiempos, cuando, a favor de
situaciones más propicias y de espectáculos de alta calidad, la
efervescencia rondaba por la principal arteria de Buenos Aires en una
romería casi sin pausa. Otros esgrimirán, en defensa de lo moderno, nuevas
atracciones como Puerto Madero, el teatro San Martín y su complejo cultural
aledaño, el paseo La Plaza y la movida del Rojas (Centro Cultural Ricardo
Rojas, Corrientes 2038). Un idealista pretendería reunir ambas épocas.
El tango (según ciertos autores, la única música popular nacida en una
ciudad) no solamente tuvo en esta avenida templos en los que actuaron
afamadas orquestas y cantantes, sino que además cuenta con inolvidables
páginas que la nombran o que, con mayor propiedad aún le están directamente
dedicadas.
Corrientes asistió al florecimiento de los principales teatros, varios de
los cuales se han mantenido hasta hoy, así como algunos cines de categoría.
Gastronomía, bancos, servicios públicos, oficinas, negocios y casas de
familia alternan en tan célebre itinerario, que atraviesa cinco barrios y
tiene gravitación en el pulso de la ciudad toda.
Barrio recio
Cuando el 11 de junio de 1580 Juan de Garay fundó por segunda vez Buenos
Aires, no pudo imaginar que cuatro siglos después Jorge Luis Borges la
juzgaría tan eterna como el agua y el aire. Acaso haya sido así, al menos en
la idea que concibió el Universo. O no. Lo cierto es que Garay debió
conformarse con disponer, en 1583, el trazado de la ciudad con sujeción a
las leyes de Indias.
Como la cuarta calle entre las doce que había hacia el norte, a partir de la
Plaza Mayor, al realizarse la primera medición en 1608, aparece la que
entonces fue denominada Calle del Sol, tal vez porque como el astro rey
describía un cabal recorrido de este a oeste. Nacía en el río y se perdía no
muy lejos por lugares descampados. En 1738 se le impuso el nombre de Calle
de San Nicolás, debido a que en la hoy intersección entre la avenida
Corrientes y Carlos Pellegrini, el capitán Domingo Acassuso había mandado
erigir la iglesia que puso bajo la advocación de San Nicolás de Bar¡. La
arteria atravesaba otros dos curatos: los de la Catedral y de la Piedad.
Existían varias pulperías, frecuentadas por algunos parroquianos pesados,
entre quienes abundaban las riñas a menudo sangrientas. Por tal razón ese
sector fue conocido como Barrio Recio. Como consecuencia de ello, los
primeros tiempos de esta arteria, contrariamente a lo que constituiría mucho
después su brillante destino fueron temibles y oscuros. Las familias no
dejaban transitar por allí a su prole, lo que restringió la concurrencia en
modo considerable.
Aunque tenía una sola cuadra, con acera de un solo lado, desde el Este, el
plano elaborado en 1756 por el padre Pierre Francois Xavier de Charlevoix
incluye a la actual Corrientes con rasgos fundamentales en el trazado de la
ciudad, de la cual constituyó el límite Norte según croquis efectuado doce
años después. Había casas de adobe circundadas por las terrosas calles,
entre las cuales las de San Nicolás (tenía diez cuadras de largo y siete de
ancho) y Concepción eran de las pocas que tenían nombre y se hallaban
presentes en un plano de parroquias que el 3 de noviembre de 1769 elaboró el
obispo monseñor Manuel Antonio de la Torre. En 1790, el Ayuntamiento numeró
las calles, de Norte a Sur y de Este a Oeste. "Le correspondió entonces a la
calle de San Nicolás el número 16, pues la numeración partía empezando por
el Alto de San Pedro, siendo la primera la calle de Santa Bárbara, es decir
la actual Cochabamba." (1)
Tablillas que desaparecen
En el padrón dispuesto por el virrey Juan José de Vértiz y Salcedo en 1778
aparece la calle de San Nicolás con 337 habitantes, así distribuidos:
españoles, 99 en la acera norte y 124 en la acera sur; mulatos, 17 y 47,
respectivamente; negros, 17 y 20; mestizos, 7 y 2, e indios, 2 y 2.
Habitaban en menos de 70 casas, aisladas entre terrenos baldíos.
En 1808 el virrey Santiago de Liniers y Bremond estableció que la calle
llevara el nombre de José Santos Inchaurregui, que fue regidor del Cabildo y
luchó durante las Invasiones Inglesas. Ello fue en vida de Inchaurregui, que
murió en 1811, dejando "una familia numerosa, muchos negocios pendientes y
bastante dinero. (2)
Un año antes, "producida la Revolución de Mayo de 1810, sus adherentes, con
el objeto de borrar de la memoria a los españoles, hicieron desaparecer
anónimamente de las calles de la ciudad las tablillas que tenían sus
nombres. No obstante, el cambio oficial se produjo en 1822, conservando,
según expresión del profesor Jorge Ochoa de Eguileor, (3) el sabor rencoroso
hacía España... La nueva nomenclatura apareció en un plano de Buenos Aires
publicado en 1822 por el ingeniero militar Felipe Bertrés. Corrientes siguió
siendo la calle olvidada durante la época de Rosas; pero en el tramo
comprendido entre las de San Martín y Suipacha se establecieron familias de
importancia. Después de Caseros se convirtió en una calle cosmopolita y ganó
lugar hacia tierra adentro serpenteando entre las chacras de durazneros,
higueras y limoneros". (4)
En 1882, el intendente Torcuato de Alvear incluyó en un plan la ejecución de
un tramo de granito. El empedrado se efectuó en Corrientes entre Callao y
Centro América (actual avenida Pueyrredón). Desde los comienzos del siglo XX
se pensó en ensancharla pero debido a largas dificultades en cuanto a
expropiaciones de edificios, ello tuvo efecto en los años '30. El 12 de
octubre de 1936, en ocasión de cumplirse cuatro siglos de la primera
fundación de Buenos Aires por Pedro de Mendoza, se realizaron en la avenida
Corrientes bailes populares para celebrar el ensanche. Para satisfacer los
requerimientos de la nueva fisonomía fue demolida la iglesia de San Nicolás
de Bari, que se halla actualmente en la avenida Santa Fe al 1300.
¡A mí, Frank, a mí, un chocolatín!
Otro emplazamiento que debió ceder al paso del progreso fue el Circo
Hippodrome, que estaba en la esquina de Corrientes y Carlos Pellegrini. "La
vigencia del circo en Buenos Aires se remonta a la primera mitad del siglo
anterior, con los espectáculos del jardín del Retiro y más tarde con los del
Circo Arena, instalado en la quinta de Zamudio, en Paraná y Corrientes; con
las del escenario y picadero del Podestá Scotti en el Corralón del Pino de
Montevideo y Cuyo (actual calle Sarmiento), ocupado ahora por un mercado, o
las de Anselmi, Raffetto, Casali, Chiarini y muchos más. Su historial está
avalado por figuras de gran popularidad, pero pocas o ninguna como la de
Frank Brown, que divirtió a varias generaciones y de quien se ha cumplido
otro aniversario de su nacimiento, ocurrido el 6 de septiembre de 1858 en
Brighton". (5)
El circo ecuestre acrobático poco a poco se fue perdiendo. En el Corralón
del Pino, José Podestá a los 67 años, protagonizó al gaucho Juan Moreira
montando a caballo como en sus mejores días.
Y en el Circo Hippodrome se ofrecía la pirámide humana., en la cual, sobre
un caballo, había dos equilibristas, encima de estos otros dos, que a su vez
sostenían a un tercero, todos ellos de pie y con armónicas posiciones. Y
también la lucha de los caballeros, escena de pantomima a cargo de dos
supuestos gladiadores con armaduras antiguas sobre sendos equinos.
A los 12 años Frank Brown dejó su hogar para incorporarse a la vida
trashumante del quehacer circense. En la isla de Portsea actuó por primera
vez y luego de hacerlo en varios países europeos se presentó con los
hermanos Carlo en nuestro país en 1884. "Tres años más tarde, el 4 de junio,
le tocó inaugurar el teatro San Martín, en la calle Esmeralda, con elenco
propio. Allí ofreció magníficos espectáculos, entre otros, la pantomima
acuática y Cendrillón, que deleitaron al público infantil de antaño. Estaba
dotado de una gran cultura, como que recitaba a Shakespeare de memoria y
llegó a interpretar una certera parodia de Hamlet." (6) En las matinées de
los jueves y los domingos en el San Martín, el inigualable payaso repartía
golosinas. "¡A mí, Frank, a mí, un chocolatín!", gritaban los niños. Y el
clown abría su mano pródiga ante los infantiles requerimientos. Una breve
calle de Buenos Aires situada en el Bajo de Flores, (intersección de las
avenidas Perito Moreno y Mariano Acosta), recuerda a Frank Brown, quien
falleció el 9 de abril de 1943. Su salud se había quebrantado desde la
muerte de su esposa, Rosalía Robba, destacada ecuyére que con el seudónimo
de "Rosita de la Plata", llegó a ser la estrella de circo más atrayente del
mundo.
Un pujante crecimiento
Corrientes siempre creció. Puede decirse que su evolución ha sido constante,
casi desde el mismo momento de su creación. Pero hay pasajes en los cuales
la transformación ha sido más notoria que en otros. Tiempo antes de
producirse el ensanche, hubo algunas concreciones de magnitud que se
anticiparon al lujo que tendría más tarde la moderna arteria.
Una de ellas fue el subterráneo de la línea B, que une las estaciones
Leandro N. Alem con Federico Lacroze. "El 17 de diciembre de 1927 se firmó
en Nueva York el convenio financiero, para construirlo, entre don Teófilo
Lacroze; el presidente del Banco de la Nación, Dr. Tomás de Estrada; el Dr.
Luis Rocca, titular del directorio del Ferrocarril Terminal de Buenos Aires,
y los banqueros Harris y Forbes, para la realización de la obra que estaba
autorizada por ley N° 8.870, de 1912". (7)
Los trabajos se iniciaron en 1925. El primer tramo, de Chacarita a Callao 7,
021 kilómetros se efectuó en 22 meses y se inauguró el 15 de octubre de
1930. El segundo hasta Carlos Pellegrini se concluyó en 1931 y el tercero
hasta Alem, en el mismo año. La profundidad máxima a la altura de la calle
Maipú es de 17 metros. En algo más de 62 millones de pesos fueron estimados
los gastos que demandó la construcción e instalación de esta línea. “Cuando
se realizaba la excavación para la estación Leandro N. Alem se produjo un
descubrimiento importante. Se hallaron los restos de un mamut fósil de la
época cuaternaria que fueron enviados al Museo de Historia Natural de La
Plata". (8) Más de setenta años jalonan la historia de este subterráneo,
cuya trocha es más ancha que la de la línea A. Este moderno medio de
transporte en buena parte descongestiona el copioso tránsito de superficie.
Con trece estaciones la línea B recorre el subsuelo de la avenida Corrientes
en casi toda la extensión de esta arteria. Está prevista la prolongación del
ramal realizándose trabajos con vistas a que cuente próximamente con dos
nuevas estaciones, Tronador y Los Incas, y posteriormente con dos más,
Echeverría y Urquiza, llegando entonces al corazón del barrio de Villa
Urquiza. El plan propone que en una siguiente etapa el recorrido abarque
hasta el Parque Sarmiento o la traza de la ex Autopista Central.
En Corrientes y Bouchard, la Bolsa de Cereales, entidad fundada el 15 de
marzo de 1854 y que había tenido su primera sede en Cangallo (hoy Tte. Gral.
Perón) 2753, sentó reales en 1929 al comprarle al Banco de la Nación un
terreno de 2.269 metros cuadrados. Diez años tardó en inaugurar allí su
nuevo local, que tiene 14.000 metros cuadrados de superficie cubierta con
dos cuerpos de edificio, uno de los cuales consta de siete pisos y el otro
de once.
El Correo Central
Cuando en 1993 la arquitecta Victoria Braustein "recolectó testimonios,
memorias y documentos para empezar a recuperar 9.920 m2 de áreas públicas de
un edificio que tiene en total siete pisos, 80.157 m2" (9) refirió en las
páginas de la Revista La Nación los orígenes del emplazamiento del Palacio
del Correo, situado en la manzana que bordean las calles Leandro N. Alem,
Corrientes, Bouchard y Sarmiento. Señala Braustein que Norberto Maillart, el
mismo arquitecto que trazó los planos del Colegio Nacional de Buenos Aires y
del Palacio de Tribunales, proyectó en 1880 el local del Correo, que esperó
casi medio siglo para ser habilitado. Ello ocurrió en 1928 cuando puntualiza
Braustein "el Correo tenía una función social tan importante que el ejército
de carteros era un ejército feliz; tenía un uniforme
con botones de bronce a los que sacaban lustre orgullosos para la inspección
de cada mañana. Eso me lo contaron empleados que todavía quedan, añorando la
mística de ser los mensajeros de la gente."
En una casa ubicada en la calle Perú fue donde funcionó primeramente este
servicio. En 1822 se mudó a otra situada en la actual calle Bolívar entre
Venezuela y Belgrano. Más adelante pasó a un edificio adyacente a la Casa de
Gobierno (Hipólito Yrigoyen y Balcarce), hoy incorporado a la sede
gubernativa y después de un paso por otra finca situada en Moreno y Bolívar,
se trasladó a un gran local que estaba en Corrientes y Reconquista. "Era un
caserón que había pertenecido a Rosa Anchorena de Fernández. Todo lo que se
refería a cargas, se hacía por un acceso de la calle Reconquista. La entrada
sobre Corrientes era la destinada a telegramas al exterior. Sobre la ochava
se accedía al despacho de cartas y franqueo. El Correo no permaneció mucho
en ese lugar. En 1888, el entonces director, don Ramón J. Cárcano, pensó en
erigir un verdadero edificio y, de lleno en esa empresa, se lo logró
inaugurar en 1928 y es el que actualmente ocupa”. (10)
"Un sábado más..."
Abarcando una manzana delimitada por Corrientes, Bouchard, Lavalle y Madero
se halla el Luna Park. Era propiedad de Ismael Pace y José Antonio Lectoure.
El primero de ellos era hijo de Domingo Pace, que arribó proveniente de
Italia a los dos años de edad y fue pionero de la empresa, a la que llegó
con vasta experiencia, tras haber conducido desde 1912 una feria de
esparcimiento llamada también Luna Park situada en la calle Rivera (así se
llamaba un tramo de la avenida Córdoba) 641. Lectoure había sido campeón
amateur de boxeo en peso liviano y se vio posteriormente afectado por una
progresiva ceguera. Murió en 1950 y su viuda, Ernestina Devecchi, se hizo
cargo de la parte respectiva secundada por un sobrino, Juan Carlos Lectoure,
que años después quedó al frente al fallecer su tía y también Ismael Pace,
muerto en un accidente automovilístico en 1956.
El Luna Park ha sido por excelencia el máximo escenario del boxeo argentino,
que durante mucho tiempo tuvo en los sábados sus habituales jornadas. La
primera pelea se realizó el 5 de marzo de 1932 y con ella se inició una
trayectoria de más de 60 años que tuvo como protagonistas a afamados púgiles
locales y a otros de proyección internacional; campeones mundiales, en
diversos casos, que exponían sus títulos ante tribunas colmadas.
En 1993 Juan Carlos Lectoure decidió poner fin a la actividad boxística, al
considerar que ésta se hallaba en decadencia en nuestro país y en buena
parte del mundo, lo que dificultaba la concertación y organización de esos
espectáculos.
Fue otro, sin embargo, el acontecimiento que sirvió para estrenar el
estadio, un mes antes: el 6 de febrero de 1932 se ofreció el primero de una
serie de bailes de Carnaval, con la actuación de la orquesta típica que
dirigían Ernesto Ponzio y Juan Carlos Bazán. También en ese aspecto el Luna
Park resultó un escenario célebre, pues en adelante los carnavales,
sumamente animados en esos tiempos el lunes y el martes de Carnaval eran
feriados contaron allí con una de sus principales salas. Varias temporadas
actuó, para esas fechas, la orquesta típica de Francisco Canaro, con
afamados cantantes como Charlo, Agustín Irusta, Ada Falcón, Ernesto Famá,
Francisco Amor, Carlos Roldán, Eduardo Adrián, Alberto Arenas, Enrique
Lucero, Guillermo Coral (Guillermo Rico) y otros. Con la formación de Canaro
actuó desde 1939 a 1948, el pianista y compo . sitor Mariano Mores, figura
descollante de nuestra música popular cuyo talento, presente en imborrables
páginas, se manifestó asimismo en el teatro a través de revistas musicales.
Una de las agrupaciones que compartió con Canaro esas reuniones danzantes
fue la orquesta característica de Feliciano Brunelli.
Construido sobre terrenos ganados al río y apoyado en 183 pilones, el Luna
Park ha sido pródigo lugar para la realización de otros eventos deportivos.
Los 6 Días en Bicicleta, famosa
prueba ciclística de nivel internacional, ha constituido una singular
atracción, lo mismo que certámenes de básquetbol, tenis, lucha y catch. Las
expresiones artísticas han alcanzado considerable nivel, siendo famoso el
espectáculo de patinaje sobre hielo Holiday on Ice, que con ingeniosa
coreografía reúne números circenses y otras interpretaciones. Artistas como
Pepito Cibrián, Mercedes Sosa, Charly García, Fito Páez, Silvio Rodríguez,
Pablo Milanés y el conjunto Red Hot Chilli Peppers presentaron espectáculos
allí, donde también tuvieron lugar los dos recitales de despedida del grupo
Sui Generis.
Al referirse a la vida de Buenos Aires en las noches sabatinas, el tango Un
sábado más, de Chico Novarro, de la década de los `60 recuerda que Nicolino
Locche pelea en el Luna Park, entre otras distracciones que se ofrecían por
entonces al público porteño. Restaurantes, confiterías y bares con
orquestas, cabarets, night clubs y otros locales componían un repertorio
abierto a las opciones de los jóvenes y no tan jóvenes , mientras caía, tal
vez con luces que tiempo después comenzarían a languidecer, sobre Buenos
Aires / un sábado más...
Obelisco y luna
Desde 1887 la Municipalidad porteña proyectaba el trazado de la Avenida 9 de
Julio y de la Diagonal Norte, a la que se impuso el nombre de Roque Sáenz
Peña en homenaje a quien, en ejercicio de su mandato, propulsó la ley del
sufragio universal. Sáenz Peña falleció en 1914 y dos años después surgía,
con Hipólito Yrigoyen, el primer gobierno elegido mediante el voto de la
ciudadanía. La ley 8.885 de 1911 autorizaba el proyecto de apertura de esas
amplias calles, pero sólo en 1919 pudieron concluirse las numerosas
expropiaciones dispuestas, que habían originado grandes polémicas.
En el cruce de la Diagonal, Corrientes y la Avenida 9 de julio se estructuró
una rotonda, con el propósito de facilitar el tránsito una vez que la
Avenida fuese habilitada. El intendente Mariano de Vedia y Mitre propuso
erigir en el lugar un obelisco cuyo proyecto se confió al arquitecto Alberto
Prebisch. Fue inaugurado el 23 de mayo de 1936. La puerta de acceso permite
ascender por una escalera de hierro de 200 escalones con siete rellanos cada
ocho metros y uno a seis metros. La altura es de 67,50 metros. Tiene cuatro
ventanas, una en cada cara del ápice. Un tango llamado El Obelisco, con
música de Américo Elessio de Grecco y letra de Lito Bayardo le canta con
términos de limitado nivel. Eran los años en que Corrientes, nacida según se
ha mencionado como Calle del Sol, podría haber sido llamada también Calle de
la Luna, por haberse constituido en privilegiado ámbito de la algarabía
nocturna.
Desde los tiempos de Corrientes angosta (así se llama otro evocador tango de
Juan B. Gatti y Horacio Sanguinetti), un público numeroso y entusiasta
desfiló por confiterías y bares. En la mayoría de ellos actuaron los
intérpretes más acreditados de la música típica, de jazz, tropical y
melódica. En el Tango Bar estaba en la cuadra del 1400 , por 3 pesos se
podía tomar un café y escuchar a Alberto Marino, Julio Sosa, Enrique Campos
u otros afamados cantantes. En el Nacional al 900, junto al teatro homónimo
actuaron Osvaldo Pugliese, Alfredo Gobbi, Alberto Mancione. "Hola, pibe,
¿venís a verme?", decía con tono familiar y bohemio el cantor Carlos Roldán,
de pie en la puerta de la confitería La Armonía, donde actuaba. Marzotto,
Guaraní y Germinal eran otros cafés con música, así como las confiterías
Nobel, Real y El Galeón, y luego también Ruca, donde actuaron Héctor y su
jazz y también la jazz Savoy con el trompetista Esteban.
En Corrientes 825 funcionó antiguamente el cabaret Royal Pigall, recordado
por un célebre tango de Juan Maglio "Pacho". Esa sala fue después el famoso
Tabarís, club nocturno de elevado nivel.
A comienzos del siglo XX, en el número 922, estaba el Café Los Inmortales,
en un principio llamado Café de Brasil marca Santos Dumont. Allí cantó
Carlos Gardel y fueron asiduos concurrentes Florencio Sánchez, Rubén Darío,
Evaristo Carriego, Charles de Soussens, Héctor Pedro Blomberg, Carlos de la
Púa, entre otras famosas figuras. Allí, León Desbarnats, un francés
representante del propietario, servía a los artistas un copioso desayuno por
el increíble precio de 15 centavos. Los beneficiarios sostenían que, gracias
a esa generosidad, ellos serían inmortales. De ahí el origen del nombre que
tanto perduró y que actualmente, desde hace alrededor de 35 años, luce una
cadena de pizzerías, uno de cuyos locales se halla en la avenida Corrientes
1369.
Otras pizzerías célebres son Guerrin (Corrientes 1368) y Banchero Centro
(Corrientes 1300) En el número 838 está Las Cuartetas, que fue la primera
hace 60 años, en impulsar lo que entonces fueron innovaciones, como la pizza
de espinaca con salsa blanca, jamón con morrones y otras variedades luego
ampliamente difundidas.
La Iglesia Evangélica Metodista Argentina se encuentra desde 1874 en avenida
Corrientes 718. En su gran templo se efectúan los oficios del culto y
conciertos de diversos géneros. Un órgano de más de cien años aprovecha la
acústica de este imponente edificio de estilo neogótico, en cuya biblioteca
William C. Morris creó las Escuelas que llevan su nombre y "surgió la
Sociedad Protectora de Animales, cuyo primer presidente fue el poeta Carlos
Guido Spano." (11)
Y todo a media luz...
"Vení, vamos a comer empanadas a La Helvética" era una frase frecuente entre
periodistas del diario La Nación, que entonces tenía su redacción en San
Martín 344. Ese restaurante, desaparecido en 1975, se hallaba en la esquina
sudoeste de Corrientes y San Martín y fue cita casi obligada para gente de
prensa, diplomáticos, políticos y artistas. Allí concurrieron Bartolomé
Mitre, Carlos Tejedor, José Ingenieros, Enrique García Velloso, Rubén Darío,
Jorge Luis Borges,
Francisco Luis Bernárdez, Alberto Gerchunoff, Augusto Mario Delfino, Héctor
Pedro Blomberg y Ernesto Sábato, entre las figuras de mayor renombre. En la
esquina nordeste se encontraba La Fragata, elegante y amplia confitería
frecuentada por parejas, por empleados y estudiantes que a la salida de sus
ocupaciones, iban a compartir una breve tertulia junto a un aperitivo con
ingredientes.
Al continuar hacia el bajo, por la acera sur encontramos el número 348, 3 4
8 según lo menciona Carlos César Lenzi en la letra del tango A media luz,
con música del violinista y director de orquesta típica Edgardo Donato. Hay
allí un garaje. Y una placa con esta leyenda: "A.P:A.C. Aquí en Corrientes
348 se inspiró el tango A media luz, de Edgardo Donato y Juan Carlos Lenci
(sic). Sus versos y su música han dado pasaporte internacional al tango
argentino. Asociación Propulsores de la Avenida Corrientes. Buenos Aires, 12
11 1974." Si bien es ponderable la intención de tributar un justo homenaje a
ese tango, advertimos que se ha errado en el nombre del autor (es como lo
citamos primeramente) y en cuanto a que el lugar inspiró la letra, pues ésta
canta a un sitio imaginario, sólo presente en una fecunda fantasía, donde se
hallaba cómodo el supuesto protagonista, con todo a media luz, crepúsculo
interior...
Como lo señalamos al comienzo, son numerosas las páginas que en la música
ciudadana cantan a la arteria que goza de predilección entre los porteños. A
los ya mencionados se agrega el famoso Corrientes y Esmeralda, de Francisco
Pracánico y Esteban Celedonio Flores. Una parte de sus versos dice: "En tu
esquina criolla cualquier cacatúa / sueña con la pinta de Carlos Gardel."
Por esa razón, el mismo Gardel, entrañable amigo de Flores, no quiso grabar
este tango. Solamente lo cantó unas pocas veces, diciendo: "sueña con la
pinta de Charles Boyen". (12)
Otro éxito fue, en los años '40, Tristezas de la calle Corrientes, de
Domingo Federico y Romero Expósito, que logró amplia difusión en las
versiones de Aníbal Troilo con Francisco Fiorentino y de Roberto Goyeneche
con la orquesta de Armando Pontier. No tuvo en cambio, la misma llegada el
tango Esta es mi calle, de Felipe Mitre Navas, a pesar de que fue grabado
por el cantor Alberto Castillo con la orquesta dirigida por Emilio Balcarce
en 1944. Corresponde señalar, que su letra, aunque simple y superficial,
sirve para exponer la alegría entonces reinante, como se aprecia en éste, su
estribillo: Esta es mi calle Corrientes, / la de mi dulce bohemia,/ que con
su encanto se adueña /de mi alma sentimental./ Mi linda calle Corrientes,/
amiga fiel de mi vida,/ que cuando tengo una herida/ le das consuelo a mi
mal.
Permanente vigencia
Como vía principal de la noche porteña Corrientes fue la calle del tango.
Pero no sólo por los notables intérpretes que desfilaron por teatros y
bares, sino también porque, en el barrio del Abasto a pocos pasos de la
avenida, en Jean Jaurés, vivió Carlos Gardel, máximo exponente de la canción
ciudadana. En esa zona está la breve calle peatonal que lleva su nombre,
donde se encuentra su monumento en bronce. Está al costado del edificio del
ex Mercado de Abasto, hoy moderno shopping. La larga historia del mercado
comenzó el 30 de julio de 1889, cuando fue creado para atender la provisión
de verduras, frutas y otros productos que eran comprados para ser
comercializados después al menudeo.
En 1931 se construyó el edificio que le dio fama, en las manzanas
delimitadas por las calles Corrientes, Anchorena, Lavalle y Agüero, que
obtuvo un premio de la Municipalidad de Buenos Aires por su armonía
arquitectónica. Durante muchos años desfilaron hasta 400 camiones por día
con miles de cajones de mercaderías. En 1954 se filmó allí la película
Mercado de Abasto, con Pepe Arias, Tita Merello y Juan José Míguez. Largo
tiempo después, cuando ya se hablaba del traslado al Mercado Central
instalado en La Matanza, el pintor Antonio Berni propuso transformar el
local en un amplio centro cultural al estilo del Pompidou francés. Lejos de
ello, el inmueble fue reciclado y transformado en shopping, donde funciona
también el Museo de los Niños.
Otros recuerdos
En un trayecto que tiene permanente vigencia y muestra modernas
realizaciones, la actualidad rinde homenaje a los grandes. Ante el número
1318 una placa recuerda: "En este solar vivió la señora Tita Merello,
destacada actriz de cine, radio, teatro y televisión y cantante de nuestro
tango, nacida el 11 de octubre de 1904 y distinguida ciudadana ilustre de la
ciudad de Buenos Aires. Homenaje de la Asociación Amigos de la Avenida
Corrientes, 11 101993". En la esquina nordeste de Corrientes y Carlos
Pellegrini, otro bronce tiene esta leyenda: "Esquina Mariano Mores. Calle de
Tango".
A la altura del 1600 está el Paseo La Plaza, ámbito cultural, gastronómico y
comercial instalado en el predio en el que funcionaba el Mercado Modelo y
los restaurantes Bachín y Pichín. El Paseo se inauguró el 27 de septiembre
de 1989, aunque ya el 12 de julio de ese año se había estrenado la sala
Pablo Neruda con un recital del mimo Marcel Marceau. Hay otras salas que
llevan los nombres de Alfonsina Storni, Pablo Picasso, julio Cortázar y
Pablo Casals.
Edmundo Guibourg, el más celebrado crítico teatral de su tiempo, en su libro
Calle Corrientes (con ese título escribía una columna en el diario Crítica),
expresa que los primeros teatros que tuvo esta arteria fueron el de la
ópera, en 1872, y el circo Arena, en 1875. Donde estaba el Arena se edificó
más tarde el Politeama, cerca de Paraná. Entre esta calle y Maipú se
extiende la que Guibourg consideraba como "Corrientes propiamente dicha",
con "una acepción teatralera esencial". El ensanchamiento, a cuya
inauguración asistió el presidente brasileño Getulio Vargas, aumentó la
atracción de esta vía, mágica por excelencia, y a la que todo porteño espera
ver renacer con todo ese encanto con que la recordamos hoy.
Bibliografía y Notas
1 . Revista Buenos Aires nos cuenta, número 7, Calle Corrientes. Su historia
en Cinco Barrios. julio 1984, página 7.
2. Idem, página 8.
3. Ochoa de Eguileor, Jorge, Manual de Buenos Aires, 1823. Edición de la
Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, 1981. Revista Buenos Aires nos
cuenta, número citado, página 1 I .
5. Diario La Noción, 28 9 1971.
6. Idem.
7. Revista Buenos Aires nos cuenta, número citado, página 22.
8. Idem, página 23.
9. Revista La Noción, 2 3 1997. Nota de Laura Linares, titulada "¿Te acordás
hermano del viejo correo?"
10. Revista Buenos Aires nos cuenta, número citado, página 35.
11. Idem, página 46.
12. Charles Boyer (el apellido se adapta a la métrica y a la melodía de ese
tango, dado que se pronuncia "Buaié"), célebre actor nacido en Figeac
(Francia) el 28 8 1897 y muerto por propia voluntad el 26 81978, dos días
después de fallecer su esposa. Durante mucho tiempo fue figura estelar en el
cine de Hollywood, como galán de Marlene Dietrich, Ingrid Bergman y otras
famosas estrellas. La anécdota fue referida por Julio Jorge Nelson, autor de
tangos (Margarita Gautier, Carriego, y otros) y conductor de programas
radiales en los que se propalaban grabaciones, entre ellos El éxito de cada
orquesta y El bronce que sonríe. A una emisión de este último, que tenía
carácter de homenaje a Carlos Gardel, corresponde la referida cita.
* Periodista. Este artículo fue publicado en “Historias de la Ciudad – Una
Revista de Buenos Aires” (N° 16, Julio de 2002)
Fuente: Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires
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