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Cristina
y la plaza del puebloPorque algo que la oligarquía no dice en los medios y ningún periodista "independiente” les pregunta, es porque motivo se creen propietarios absolutos de esa renta natural que producen nuestras tierras, las tierras de toda la Nación. Es decir, porqué habrían de disfrutar solos de un beneficio que no ha sido el producto de sus esfuerzos personales, sino de una condición nata de las tierras de la pampa húmeda; tierras que por otra parte están bajo su propiedad oligopólica gracias a las expropiaciones que ellos practicaron desde los tiempos de la colonia y que continuaron a lo largo de gran parte del siglo XIX, entre los años de derrumbe del sistema colonial y el inicio de la época dorada de un patriciado convertido definitivamente en oligarquía. Esto sin olvidar que a partir de la última etapa del siglo XX, se empezaron a incorporar sistemáticamente en calidad de grandes propietarios, sus socios de la burguesía imperialista.
La plaza de Cristina fue un éxito por la
convocatoria, políticamente organizada sí, pero no boba. La gente sabía muy bien
porque estaba allí. Porque la memoria colectiva transmitida de generación en
generación les permitió identificar rápidamente, aún en estos complicados
tiempos de la posmodernidad que promueven la insoportable levedad del ser, para
qué lado hay que patear en este partido reiterado hasta el cansancio que se
disputa en nuestra Patria desde hace casi dos siglos. No se convoca semejante
multitud así nomás en pocos días. Ahora bien, la pregunta que se impone es: ¿se
aprovechó dicha plaza con un discurso de claro contenido nacional y popular?
Entiendo que sólo a medias, Nada de lo dicho por Cristina constituye un error
político: el llamado a la ayuda del pueblo era imprescindible, evitar agravios
pero remarcar simultáneamente que no se puede desabastecer a una Nación por un
reclamo sectorial también; qué decir del necesario recordatorio acerca de dónde
estaban ciertas organizaciones agrarias en la fatídica etapa de mediados de los
setenta (una verdad no un agravio). Sin embargo lo dicho no fue suficiente.
¿Qué le faltó a este discurso? Lamentablemente volvió a exhibir un déficit que
ha caracterizado al gobierno a lo largo del conflicto con el heterogéneo sector
agrario: no logra identificar con claridad al enemigo, o se niega
conscientemente a aceptar la existencia de clases con intereses diferenciados y
en algunos casos opuestos. Sigue hablando de sectores, en este caso el campo,
sin identificar, por lo menos en público, cuáles son las clases que conforman
dicho sector, con cuáles nos identificamos, con qué otras se pueden y deben
construir alianzas (aunque sean trabajosas) y cuál o cuáles constituyen el
problema principal que se debe enfrentar con coraje. Cristina utilizó un momento
del discurso para señalar errores de los pequeños productores, que por supuesto
los tienen (hasta ahí todo bien), pero: ¿no hubiera sido necesario al mismo
tiempo iniciar un trabajo de seducción cultural para reforzar las medidas
económicas adoptadas recientemente para beneficiar a dicho sector? Por otra
parte, no dijo una sola palabra sobre el verdadero enemigo, la oligarquía, ni
contra el capital oligopólico multinacional (burguesía de los países
imperialistas). ¿Qué medidas concretas se tomarán para poner coto a las
ambiciones de estos grupos antinacionales? Ese es un problema, porque una vez
más por no identificar con claridad al enemigo, terminamos involucrando a
sectores que se equivocan, que son claramente utilizados como títeres por los
titiriteros, pero que con una buena política económica dirigida específicamente
hacia ellos (en lo posible con su propia participación) y con un trabajo
cultural de largo aliento que apunte a modificar conciencias moldeadas por el
enemigo, se puede transformar en un importante y necesario aliado. Debemos
reiterarlo hasta el cansancio, en un país que enfrenta a las poderosas fuerzas
del bloque oligárquico-imperialista, la única posibilidad de triunfo pasa por
favorecer la construcción de un bloque nacional-popular lo más amplio y
cohesionado posible. Pues bien, la pequeña burguesía agraria y los sectores
medios tanto del campo (como de los grandes centros urbanos), son indispensables
para lograr dicho objetivo. Y desde luego, no podemos ser tan ingenuos de creer
que esto se consigue sólo con disposiciones coyunturales.
En el discurso anterior, tratando de recomponer relaciones muy tensas como
producto de su primer discurso, Cristina dijo: nosotros no propiciamos la lucha
de clases. Estimada compañera, la lucha de clases ni se propicia ni se deja de
propiciar, simplemente existe. ¿Cabe alguna duda en Argentina, que la lucha
contra entre la oligarquía y las clases y sectores populares ha sido una
constante, que generó no pocas desestabilizaciones de gobiernos populares con
resultados cada vez más trágicos, como lo certifica el último golpe de Estado de
1976? Por lo tanto, el no reconocimiento de esta verdad histórica, so pretexto
de que no somos clasistas, no sirve para resolver el problema de fondo, porque
la realidad no deja de existir simplemente cuando no la pensamos. Como siempre
digo: si no identificamos al titiritero terminamos peleando contra los títeres,
con un final claramente anunciado. Desde luego que el apoyo al gobierno nacional
y popular de Cristina Fernández no sólo es necesario sino imprescindible para
seguir avanzando en esta lucha por revertir el modelo neoliberal que hemos
padecido desde la dictadura cívico-militar de 1976, pero debemos señalar por
dónde están pasando los límites claros que se observan si no queremos perder lo
conseguido. Algunos de esos límites deben ser abordados en el mediano plazo
porque ahora hay urgencias, pero otros, si no se plantean en el corto plazo,
pueden traernos más de un dolor de cabeza en días demasiado cercanos. No son
tiempos estos para criticas puristas (como acostumbran ciertos izquierdistas
trasnochados o algunos peronistas nostalgiosos del 45) que generen, contra su
voluntad, el clima ideal para que los amigos del pasado intenten volver. Pero
tampoco le haremos un favor a este proceso promisorio que apoyamos, recurriendo
a la obsecuencia del sí Cristina, obviando errores imperdonables. Se comenta por
ejemplo, que el inexperto equipo económico, desconocía cifras precisas en cuanto
a la distribución de la propiedad de la tierra antes de decretar las retenciones
indiferenciadas. La historia debe enseñarnos algunas lecciones para no repetirla
como farsa, y si es efectivamente así, entre la crítica intransigente y
indecorosa obsecuencia, hemos de encontrar el justo camino para desarrollar un
proyecto que exprese los intereses concretos de un amplio bloque nacional y
popular.
La Plata, 2 de abril de 2008
Lic. Alberto J. Franzoia
albertofranzoia@yahoo.com.ar
Director General del Cuaderno de la IN
http://www.elortiba.org/in.html
Descargar compilado de
documentos sobre el conflicto
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