
Marisa Sadi nació en Buenos Aires en 1957. Poco antes de producirse el golpe de estado del 76 ingresó en la Facultad de Psicología de la U.B.A. donde formó parte de la Juventud Universitaria Peronista.
En agosto de 1978 debió abandonar la facultad para eludir la represión y a
partir de entonces integró un minúsculo remanente de la agrupación, que fue así
mismo uno de los últimos núcleos de resistencia montonera dentro del territorio
nacional.
En octubre de 1979 fue secuestrada junto a su marido y su hijita por el grupo de tareas de la E.S.M.A.
Activa militante de derechos humanos, colabora hace años con las Madres de Plaza de Mayo de la Línea Fundadora.
Es autora del libro
"Montoneros. La resistencia después del final", que es la primera parte de una investigación iniciada hace varios años sobre la militancia montonera de base en un período sobre el cual existen pocos registros: la etapa que comienza el 24 de marzo de 1976.
En la actualidad integra un grupo de investigadores sobre Memoria Colectiva y la Otra Historia, con sede en Saint Thomas University, New Brunswick, Canadá.
La
resistencia después del golpe
Filo-UBA
La Resistencia después del Golpe del 76
Por Marisa Sadi
De algunos años a esta parte me encuentro comprometida en la
investigación de la militancia montonera durante la dictadura y como
parte de esta tarea efectué una aproximación sobre ocho frentes de la
Juventud Universitaria Peronista en la Universidad de Buenos Aires.
Voy a compartir con ustedes lo referente al Frente de Filosofía y
Letras, pero antes, para situamos en el contexto, mencionaré
sintéticamente algunos lineamientos históricos generales.
Existió en nuestro país un Proyecto de Liberación donde el movimiento
estudiantil jugó un papel importante y desde 1973 los estudiantes
acompañaron como nunca antes una etapa de grandes transformaciones
sociales.
Bajo la consigna La universidad abierta al pueblo las puertas de las
universidades se abrieron de par en par, se reincorporó a centenares de
profesores marginados por razones políticas y se reelaboraron planes de
estudio, convirtiéndose la discusión y la participación en ejes
centrales.
En este contexto emerge la JUP corno un impresionante polo de
aglutinamiento y todo el movimiento estudiantil aglutinado en la FULNBA
desempeñó un rol participativo notable.
En esos momentos acumulaba fuerza, simpatizantes y consenso, pero ya
desde el gobierno de Isabel se implementó en las universidades una
política de cerco y terror, precisamente para cercenar ese poder de
movilización del movimiento.
Una consecuencia de esta situación para Montoneros fue la pérdida de los
márgenes legales en una de sus bases más importantes. Pero aún en la
ilegalidad el trabajo político seguía siendo impresionante.
De todos modos, el gran punto de inflexión se produce el 24 de marzo.
Desde el momento mismo del golpe se da una drástica retracción de las
masas, una desarticulación rápida, aguda, fulminante, que alcanza todos
los estamentos sociales.
Con el golpe, entonces, se interrumpe abruptamente esa política de masas
que venía desarrollando la JUP, la cual se había ido limitando desde
septiembre de 1974 con el pase a la clandestinidad de la organización.
Aunque los dirigentes de la JUP debieron salir a explicar que se
seguiría actuando de forma legal, en la práctica se hacía muy difícil
sostener el funcionamiento político en los mismos términos.
Al respecto me decía una militante de Derecho: -Una vez pasados a la
clandestinidad, no daba para mantener un frente de base -abierto al
público-. Nos cerraron el Centro de Estudiantes, de manera que para
empezar perdimos el espacio físico, de asentamiento y representativo. Lo
mismo sucedió en el resto de las facultades .
Así se llegó al golpe, y aunque en los primeros meses la JUP y otras
agrupaciones siguieron resistiendo clandestinamente dentro de las
facultades, en términos de inserción y participación política del
estudiantado se pasó simple y sencillamente, de todo a nada.
De todas formas, a pesar de las caídas del año 76, la JUP no se contó
entre los primeros frentes que golpeó la represión. Algunos
entrevistados arriesgaron que la dejaron para el final, o fue el último
frente que golpearon. En realidad el primer blanco de la represión fue
el frente sindical, no sólo de Montoneros.
En este momento me encuentro investigando la Columna Norte de
Montoneros, que según cuenta la historia conocida fue pulverizada
tempranamente por los tiros de Galimberti, cuando en realidad el motivo
de ese aniquilamiento temprano fue el desarrollo descomunal de los
frentes sindicales de la JTP.
Lo cierto es que debido a ese retraso de la represión -que en realidad
involucraba pocos meses- muchos de los integrantes de la JUP se hicieron
cargo de otras estructuras debido a las caídas de cuadros superiores o
por la salida al exterior de muchos -demasiados- de ellos.
Es así que en todas las estructuras organizativas montoneras emerge una
sutil presencia de cuadros provenientes del ala universitaria.
En primera instancia son los componentes de la Conducción Nacional de la
JUP los que pasan a revistar en otras estructuras y con posterioridad
comienzan los pases masivos.
Influyeron el creciente proceso de militarización de Montonero s que fue
vinculando a la militancia de los frentes políticos con instancias
operativas territoriales, la inactividad impuesta desde el golpe dentro
de las facultades y la imposibilidad de seguir funcionando dentro de las
mismas por razones de seguridad.
Si bien mi trabajo se centra en la etapa de la dictadura, era mejor
echar una mirada sobre el período anterior. Quedó así al descubierto el
crecimiento descomunal que se operó en los años 73/74 y la vertiginosa y
hasta brusca involución -en el término de poquísimos meses de ese
vendaval arrollador que fue la JUP, el ala universitaria de la guerrilla
urbana más importante de América Latina.
Ahora, si me permiten extenderme, dos minutos, voy a incluir un tema que
es y no es un paréntesis. Estas aproximaciones completan un cuadro de
situación que ha sido tergiversado con frecuencia y surgieron en gran
medida del testimonio de sobrevivientes.
Es el recurso de la memoria oral, ya que muchos protagonistas siguen
vivos. La memoria oral facilita notoriamente el entrecruzamiento de
datos.
Así trabajan los antropólogos forenses, que a mi criterio son los que
más saben de nuestra -historia reciente-, ya que, no sé si sabrán,
además de buscar huesos reconstruyen la identidad en un sentido
integral.
(Considero que el desaparecido fue víctima del terrorismo de Estado pero
además fue sujeto de la historia).
Entonces, el rescate de esa unidad necesita de los rasgos físicos, la
altura, una ficha odontológica, pero además exige otro armado: el
derrotero de las agrupaciones, la cantidad de integrantes, los hechos
producidos por ellos, su itinerario: la historia.
Menciono esto para destacar la importancia de los testimonios en la
reconstrucción de nuestro pasado, un pasado que nos pertenece y es de
todos, no es patrimonio exclusivo de los que ahora. se posicionan a
falta de otra cosa desde una perspectiva aristocrática del intelectual
-formado, aprovechando el silencio de miles que se quedaron sin voz para
poder contestarles.
Concretamente estoy refiriéndome a una corriente que viene imponiéndose
en los círculos académicos cuyo mayor exponente es Beatriz Sarlo, quien
desvaloriza sin pudor los relatos testimoniales como una vía de
inteligibilidad de la historia, relegándolos a la esfera judicial y
haciendo eje en que es más importante interpretar el pasado que
conocerlo.
Sarlo dice que el testimonio arrincona otras perspectivas sobre los
hechos, dice que al dar fe de lo vivido por los sobrevivientes estamos
-colonizando el pasado-, hace hincapié en lo que llama peyorativamente
-almacén de banalidades personales, en -las debilidades de una memoria
que recuerda demasiados detalles no significativos; lo que curiosamente
llama -la recuperación de lo insignificante.
Argumentando desde la experiencia investigativa. lo que la Sra. Sarlo
llama -reiteración de lo insignificante para mí, en muchos casos, han
sido registros impecables, susceptibles de ser constatados en el espejo
de otros relatos. Más aún, de fuentes inconexas e inclusive constaté la
integridad de mis recuerdos en el espejo del relato ajeno.
Tal vez por considerar que -el imaginario de la revolución era libresco
Sarlo también sostiene que los testimonios invalidan las -ricas fuentes
gráficas, diarios de la época, declaraciones de los partidos políticos,
documentos y registros de todo tipo existentes sobre la década del 70.
En este punto hay un dato de la realidad que la intencionalidad de Sarlo
y toda su troupe ignoran olímpicamente. Es el período de clandestinidad
absoluta que comienza el 24 de marzo del 76, en el cual esas ricas
fuentes se ausentan de los archivos, muy difícilmente pueda encontrarse
algún registro que no sea la memoria de los clandestinos.
Al final de su libro Tiempo pasado Beatriz Sarlo muestra el paño
hablando de los -movimientos guerrilleros terroristas de los 60 y 70-.
Tal vez el motivo de su furia sea más mezquina que política, Hace unos
días necesitaba unos datos y le escribí a Alejandro Maudet, un compañero
que fue cuadro de dirección de Filo que me ayudó a reconstruir la
primera etapa del frente. Le conté que con otros compañeros estábamos
preparando un trabajo donde contestábamos tanto ataque furibundo. Y
Alejandro me contestó textualmente lo siguiente: -En el 73 la Sarlo
estaba furiosa porque con Paco Urondo no le dimos ningún cargo.
En definitiva, creemos que lo que Sarlo llama -el sometimiento a las
operaciones tácticas de una perspectiva memorialística es lo que nos
permite ir escribiendo la historia: esta aproximación jamás habría sido
posible sin la memoria de los compañeros.
Parafraseando a Carlos Flaskamp, -La continuidad del hilo de la historia
exige que nos lleguen sus voces.
Yo voy a transmitirles algo de lo que ellos me dijeron.
El proceso político de la agrupación podría dividirse en varias etapas.
Existió en Filosofía y Letras un primer período -del peronismo
universitario antes de la JUP que se sitúa antes del gobierno de
Cámpora, ya que a partir del primer viaje de Perón había comenzado a
acercarse gente a los núcleos peronistas de Filo.
La historiadora Ana Barletta dice al respecto: -Es evidente que crece
otra conciencia, ya no basta el peronismo a secas ni el número a secas y
comenzará a considerarse como decisiva la elaboración de una Política
Universitaria Peronista y Combativa para hacer frente a la situación
especial de la Universidad y de los Estudiantes.
-La necesidad de algo más que el número, la transformación de ese número
en fuerza, la incorporación de cuadros medios capacitados política y
moralmente que garanticen la transformación de la espontaneidad en
organización son los nuevos objetivos ligados a la convicción más nítida
de que Perón puede volver.
-La peronización de los universitarios va a ser un dato evidente de la
realidad política universitaria hacia fines del año 73, cuando la JUP
creada ese mismo año, gane las elecciones de los Centros de Estudiantes.
Hasta que la facultad comienza a funcionar con la universidad popular
durante el gobierno de Cámpora, la JUP recoge los viejos militantes del
peronismo universitario y elementos de izquierda que se incorporan a la
agrupación.
Las carreras chicas funcionaban en el antiguo Hospital de Clínicas,
separadas de las mayoritarias, Psico y Socio, carreras politizadas tanto
por la izquierda como por las Cátedras Nacionales, que funcionaban en
Independencia.
Esas carreras chicas no eran culturalmente peronistas y el núcleo de
militantes estaba en tierra de misioneros, con una acción de focos, sin
una real política de poder. contaban con un bajo nivel de politización y
al mismo tiempo era donde había más profesores que se habían enquistado
en la universidad después de la dictadura de Onganía.
Me decía Alejandro Maudet, compañero que aportó datos sobre esta etapa,
-Vos no sabés los curros que descubrimos con Paco Urondo en Filo. Y
recordaba que en Antropología, por ejemplo, cobraba como investigador un
nazi buscado desde hacía años.
Existió una segunda etapa de incorporación de gente desde la vuelta de
Perón. Allí las cosas cambian y alumnos de esas carreras chicas se
acercan al peronismo. -Muchas veces alumnos reconocidos, como el Turco
Adur, de Historia del Arte, o el Alemán en Letras.
Luego sobreviene la universidad peronista hasta la llegada de
Ivanissevich, y desde ahí hasta el golpe. Así, el crecimiento vino con
-la universidad abierta al pueblo- y la llegada de profesores y
programas nuevos, pero por sobre todo, el Ciclo Básico o Introductorio
provocó la llegada de flamantes alumnos y muchos militantes.
Cuando Paco Urondo fue nombrado Director del Departamento de Letras,
Alejandro Maudet, que es el compañero que aportó datos sobre esta etapa
del frente, fue designado Jefe de Trabajos Prácticos de una de las
materias. Señalando contrastes recordaría: -No sabés lo que era la
carrera de Letras cuando ingresé, a fines de los 60. La mediocridad, el
oscurantismo franquista, tener que memorizar miles de versos para nada.
Y de los días febriles donde todo tenía un sentido rescata su memoria
las elecciones del Centro de Estudiantes, -cuando en Filo arrasamos. Y
además nunca votó tanta gente. No había proyecto elaborado ni
experiencia alguna sobre el rol y la importancia de los centros de
estudiantes, pero a pesar de todo, de la represión que comenzó rapidito,
creo que se hizo un trabajo importante, porque la gente pedía y nos
referenciaba, nos exigía política.
Por su parte, una militante de Letras recordó que eran muchísimos y la
periferia era importante en Filo, había jugado un papel muy activo. Y
otras militantes de Sicología destacaron el altísimo nivel de inserción
en esa carrera y un impresionante trabajo de base.
La dictadura
La Conducción Nacional de la agrupación mantuvo un funcionamiento normal
hasta la caída del responsable nacional, el Negro Ricardo Ramón Puch, en
octubre de] 76. A partir de entonces sus miembros dejaron de participar
en las reuniones de los frentes, manteniéndose un contacto orgánico
individual a través de citas con los responsables de cada facultad.
Esto se sostuvo por poco tiempo ya que el último vestigio de la
Conducción de la JUP lo encontramos en los primeros meses del 77. Ese
pequeño núcleo de tres miembros llegó funcionando como pudo, a los
tumbos, hasta enero-febrero de ese año.
Estoy señalando la falta total de una Conducción desde principios del 77
porque vamos a ver de qué manera se va articulando la resistencia en las
distintas facultades cuando los mandos directos de la agrupación
engrosaban ya un ejército de ausentes.
La gran desarticulación del frente universitario de Montoneros comienza
a principios de 1977 y alcanza su pico máximo en términos cuantitativos
de bajas en marzo y abril de ese año. Excepciones fueron Arquitectura y
Filosofía y .Letras, donde la represión golpeó tempranamente. Excepción
también fue Derecho, que mientras los otros frentes se deshacían a
pedazos siguió adelante con un número inusitado de integrantes dado el
momento.
Allí los compañeros bancaron la resistencia organizados y solos -más
solos porque además Derecho funcionó durante más de un año suelto,
totalmente desenganchado de la Orga. Y así llegaron hasta junio del 78,
cuando en las otras facultades nada quedaba. Corno dije, Filosofía y
Letras, un frente compuesto por una multiplicidad de carreras,
desarrolló un funcionamiento normal hasta mediados del 76, en que se
produce la primera de las cuatro barridas que sufrió.
En julio se produjo una serie de secuestros de militantes que cumplían
el servicio militar en diferentes dependencias de Capital. La -caída de
los colimbas alcanzó por reflejo a Filosofía, ya que varios de los pibes
habían integrado el frente antes de entrar a la conscripción.
Un hecho relacionado con la caída de los colimbas fue el ataque a la
casa de la abuela de Norberto Biosea Agüero, Ueso, el Presidente del
Centro Estudiantes de Sicología.
Psico, al igual que Socio, había sido separada de la facultad madre,
pero tanto él como otros compañeros de Sicología, Marcelo Egguers, María
Susana Urzi, siguieron funcionando como responsables de grupo en Filo.
En el ataque mataron a la abuela y en aquel momento creímos que también
habían matado a Ueso, pero en realidad había sido otro compañero,
Ernesto Rivera, un militante que estaba haciendo el Servicio Militar. A
pesar de que hemos podido registrar tres bajas en ese primer embate de
la represión, un número que es superado largamente en las siguientes
barridas, y si bien la mayoría de los testimonios situaba el primer
descalabro serio en enero del 77, (la segunda barrida) nuestra fuente
más autorizada por tratarse de una militante que transitó todo el
periplo de Filo en dictadura, sostuvo que -la caída de los colimbas y el
arrastre con Filo, no fue una barrida más, sino que fue un desastre.
Yo coincido, ya que varios militantes debieron dejar el frente, se
exiliaron cuadros de conducción, otros tuvieron que clandestinizarse y
todo mundo debió abandonar la facultad, limitándose a efectuar tareas de
propaganda en los alrededores.
Aunque la estructura se mantuvo, el funcionamiento se alteró
sustantivamente y ya no existió en Filosofía y Letras una presencia de
la Agrupación entendida en términos de inserción y contacto con los
estudiantes.
Los testimonios mencionan que durante esta razzia las medidas de
seguridad fueron insuficientes. La militancia se reinstaló en casas poco
seguras, conocidas por otros integrantes, seguían concurriendo a sus
trabajos, es decir, fue una levanta da a medias.
Incluso hubo muchas discusiones, fuertes y continuas, para convencer a
los que no toleraban abandonar la facultad o sus casas. Eran los
componentes de la periferia, simpatizantes, adherentes y colaboradores,
los que, según me decía una compañera de Filo, aún durante la dictadura
-oficiaban de campana durante las tareas, guardaban los aerosoles, eran
los que todavía nos ayudaban, gente que no tenía una pertenencia
orgánica directa pero estaba vinculada a la agrupación. A esto habría
que agregar, como sucedía a menudo con muchos orgánicos, con una escasa
preparación para afrontar las inclemencias de la clandestinidad.
A partir de esta emergencia se siguió trabajando en los alrededores de
la facultad con abundantes pintadas y volanteadas, por ejemplo en la
feria de 24 de noviembre e Independencia. Era la JUP de Filosofía y
Letras que seguía resistiendo -afuera, a escasos dos años de la gran
efervescencia popular y militante de la Universidad Abierta al Pueblo.
Con esta estrategia de resistencia se siguió hasta enero del 77, en que
la represión golpea nuevamente y alcanza a los componentes de l grupos
de base. Estos grupos estaban integrados por cuatro personas cada uno,
por lo cual se cree que cayó bastante más gente de la que tenemos
registrada. Eran varios grupos, pero tampoco se sabe cuántos. Fue la
segunda barrida. Golpeó muy fuerte. Pero los compañeros seguían
militando, seguían resistiendo.
Según los relatos de las compañeras de Filo que entrevisté, después de
las caídas de Enero llega gente de Económicas e Ingeniería para intentar
una recomposición del frente. Ahora bien, qué significaba por esos días
terribles del 77 intentar una recomposición del frente.
No había infraestructura, retaguardia, fondos, quedaba poca gente
encuadrada, ni hablar de colaboradores o adherentes y mucho menos, a esa
altura, de apoyarse en la base. Al hablar de -recomposición de los
frentes universitarios podría pensarse en algo macro imaginando el
funcionamiento de un aparato organizado.
Aparato tampoco había. Faltaban, además, cuadros de conducción en todos
los niveles. Y cuando aparecieron los compañeros de Ingeniería, para
intentar una recomposición en Filo, ya el desbande se había instalado.
Entonces, tanto ahí como en el resto de las facultades, la tarea
consistía en rejuntar a los perdidos, mover gente, sacar a dos o tres de
aquí e insertarlos por allá, decisiones estas que no siempre respondían
a esa estrategia mínima de resistencia, sino más bien a preservados
separándolos de los lugares donde estaban más expuestos.
Fue la tarea de Fernando Menéndez, ex responsable del frente de
Ingeniería y cuadro de la Dirección Regional, y de otros compañeros que
lo secundaron prácticamente en soledad, saltando de una facultad a otra,
estando perseguidos, sin casa, sin recurso económico alguno, en medio de
la represión más feroz y mientras batallaban con todas las limitaciones
que traía aparejada esa biaba desmedida y continua: ellos reagrupaban a
la gente, la preservaban como podían, si pescaban algún grupo de base
suelto se ponían espontáneamente al frente, seguían marcando presencia
con la propaganda, o promovían la creación de espacios también mínimos,
instancias políticas de aguante como soporte de la resistencia, como
fueron los GER, grupos de estudiantes en resistencia, que mencionan los
archivos desclasificados de la represión en Arquitectura.
Silvita Delfino, la compañera que se quedó en Filo hasta después del
final, me dijo -En Marzo la orden era reinscribirnos en otra facultad.
Pero precisamente en marzo la represión golpea nuevamente y con furia.
Fue la tercera barrida. Porque, ¿qué pasaba? Eran intentos
desabrochados, parciales, no había posibilidades, a esa altura, de
implementar una estrategia coordinada y distinta dentro del territorio.
En ese momento caen mayormente militantes de las carreras de
Antropología e Historia. Una de estas compañeras de Antropología,
Alejandra Lapacó, fue secuestrada con su madre, Carmen. Debe aclararse
que el lugar común para la inmensa mayoría de los militantes de la JUP
secuestrados fue el centro clandestino El Atlético. Carmen Lapacó, la
madre de Alejandra, me relató que la noche de su secuestro, el 17 de
marzo del 77, los prisioneros ocupaban los boxes, pero un día después
hasta los pasillos estaban llenos, no se podía ni caminar por la
cantidad de gente apiñada en el suelo.
Me dijo Carmen: -Cuando me sacan del box para interrogarme, yo andaba
pisando chicos. Y recordó haber escuchado decir a uno de los represores
¡Qué cosecha hicimos en Filosofia! En este sentido el testigo
Marcelo Daelli, que en marzo estaba en el Atlético, declaró en sede
judicial que el Turco Julián desgrano ante el, una nutrida lista de los
compañeros esta allá entre ellos mencionó al Ueso, que es Norberto
Biosca Aguero, el Presidente del Centro de Estudiantes de Sicología a
quien le mataron la abuela cuando fueron a buscarlo a su casa. El turco
Julián le dijo al testigo Daelli, que al Ueso ahí adentro le llamaban
Catrasca, porque no colaboraba.
Retomando la situación en el frente, después de las caídas de enero ya
la agrupación funciona a media máquina, con contactos esporádicos,
alguna gente se exilia, pero seguían haciendo el aguante. Ya para marzo,
según Silvia, -no quedaba JUP en filosofía. Ante la gravedad de la
situación ella y su compañero entienden la necesidad de desvincularse
del frente. Y junto con otra militante, Virginia Brizuela, empiezan a
buscar una salida al Territorio, los barrios. Deciden intentar una
salida a Sur, donde existía un contacto, por el Tipi, un cuadro de Filo
que había pasado a Territorio. Entonces, después de las caídas de marzo
Silvia y Virginia buscaban esa salida a Sur, un pase que en realidad no
era orgánico, no había -bajado por una orden superior ni respondía a un
traslado prefijado hacia otro destino.
Era una iniciativa individual en virtud del desastre: había que
arreglárselas para preservarse. Mientras las compañeras seguían buscando
ese enganche hacia afuera pero vinculadas orgánicamente a Filo, llegó la
cuarta barrida. Y con ella, la desaparición de Virginia. Le sobrevivió
Silvia, que llegó a Sur, pero esa es otra historia. -Lo de mayo es el
fin, me dijo. Fue un golpe por reflejo ya que no había un funcionamiento
que justificara tantas caídas.
A la gente se la levantaron de otros lugares que no eran la JUP, incluso
se llevaron a gente cuya desvinculación del frente databa de dos años, u
otros que habían desertado. Y cayó mucha periferia. El cálculo es que
hasta ahí seguían vinculadas al frente unas 15 personas.
Silvia se enteró recién durante la entrevista que mientras pulverizaban
Filo, también desarticulaban el frente de Sicología, que había sido
separada a principios del 76 de la facultad madre y distaba a diez
cuadras de Filosofía y Letras. Yo, por mi parte, que militaba en
Sicología, supe recién durante la investigación, es decir, 25 años
después, que habían golpeado simultáneamente en las dos facultades. Por
esos días no estaba mal desconocer, al contrario, cuanto menos se sabía
mejor. De todos modos, el desconocimiento de la militancia acerca de lo
que pasaba en un frente tan cercano y que integraba el mismo bloque de
la Regional, demuestra el grado de aislamiento en que vivíamos.
En las desarticulaciones de mayo el frente de Sicología perdió tres
compañeros, desapariciones estas que se encuentran debidamente
documentadas. Dos de ellos seguían siendo responsables de grupo en
Filosofía y Letras. De todas formas, a pesar del bajo número de
pérdidas, la JUP de Sico quedó totalmente desmembrada a partir de ese
único golpe de la represión, ya que varios desertaron y se dio la orden
de sacar a todo el mundo de la facultad y pasados a otras estructuras,
en aras de preservados. Sólo quedamos tres personas, es decir, nada.
En este sentido, hay que aclarar que, contrariamente a lo que dice la
leyenda, Sicología fue el que tuvo el menor número de desaparecidos
entre todos los frentes de la JUP en la UBA. Creemos, así mismo, que en
Filosofía y Letras el número de bajas fue muy superior al que
registramos.
Las afirmaciones de las compañeras en cuanto a la existencia de -una
terrible razzia en todas partes no han podido ser constatadas con
mayores precisiones. Sin embargo, un sobreviviente del Atlético informó
que precisamente en esa fecha ingresó un número importante, de entre 20
y 40 personas, que cree eran universitarios.
Ricardo Peidró, un compañero de Medicina, sobreviviente del Atlético,
recordó para mí en un relato descarnado qué no precisa de calificativos,
el traslado masivo del 26 de mayo de 1977. -El día anterior los hacen
mierda, los cagan a palos. Dos días antes de esa paliza descomunal, hubo
una guitarreada de despedida, y el 25 de mayo los hacen cantar el himno.
Ese traslado fue impresionante porque después el silencio era absoluto.
No quedó nadie
Ese nadie significa que se fue toda la gente de la JUP, ahí. Ese nadie
significa que el 26 de mayo de 1977 hacia la muerte se fueron los
compañeros de Sicología y del frente de Filosofía y Letras de la UBA.
Alguien podría pensar que esto ha sido una cronología de la derrota. Son
crónicas de la resistencia, es lo que nos tocó vivir en épocas de la
dictadura. Pero además, encierra una intencionalidad este inventario. Se
han dicho tantas cosas...
Un par de años atrás Ernesto Jauretche disertó en el Santos Discépolo,
en algún tramo de su exposición intentó sostener su teoría de que la
generación del 70 no había existido como tal, porque los del 55 y ...
etcétera. En un momento dado dijo -Los pibes de la JUP y bueno, después
de todo fueron ellos los que pusieron la sangre...
José Amorín, autor del libro recientemente publicado Montoneros. La
buena Historia, dice en la página 53 que -los últimos montoneros fueron
títeres manejados por una conducción equivocada y en la 271 se refiere
al -trágico destino de muchos pibes alucinados.
Acá salta por enésima la idea del rebaño inocente arrastrado de las
narices por una dirigencia tripartita que hoy, a nivel mediático ostenta
tristemente el protagónico de todo lo que fue, porque les conviene a los
escribas de la historia oficial.
La JUP fue virando de una actitud legitimista y fiel hacia posiciones
mucho más críticas, tal vez por el peso mismo de la realidad del
territorio. Y digo más, Fernando Menéndez, el compañero que articulaba
la resistencia en las facultades del final, y Alejo Mallea, que lo
secundó en esa tarea, durante gran parte del año 78 se desengancharon
adrede, por su nivel de disidencias y siguieron operando de manera
autónoma durante varios meses. No fueron los únicos.
Como me dijo un compañero de Medicina: -La resistencia de los que nos
quedamos estaba por encima de los cuestionamientos a nuestros
superiores.
Quiero cerrar destacando el valor de quienes, contra viento y marea,
marcaron una digna presencia militante dentro del territorio sosteniendo
la resistencia. Lo hicieron como una suerte de reflejo inconsciente de
las recomendaciones de Rodolfo Walsh en su último documento crítico
Hipótesis para una etapa de resistencia (documento probablemente
desconocido para ellos), a través de propaganda infatigable por medios
artesanales, sin efectuar ninguna acción que nos haga bajar la bandera
de los derechos humanos y que no estuviera directamente ligada a los
intereses del pueblo, etc. (esto hay que buscarlo bien y completar)
Lo hicieron sin despliegue efectista, sin estridencias. A veces el
barullo se armaba en el combate último, al enfrentarse a todo o nada por
su vida contra los grupos de tareas, como fue el caso de estos
compañeros de la JUP que acabo de mencionarles, Fernando y Alejo, que
combatieron heroicamente y con fiereza en su batalla final.
Así mismo, fueron muchos los militantes universitarios que libraron su
batalla final adentro, tal el caso de todos los compañeros de la JUP
trasladados el 26 de mayo del 77 del Atlético.
Este es mi relato, esta es mi reconstrucción efectuada no solo desde la
experiencia militante, como sujeto activo de esa parte de la historia,
sino también desde la experiencia investigativa por los rincones de la
memoria que guardan detalles, fragmentos. Identidades perdidas de una
historia que mal que les pese, a unos cuantos, recién comienza a
contarse.
MS
Fuente: www.nacionalypopular.com
El Frente de Derecho
[Fragmento de: Montoneros. La resistencia después del final -
Marisa Sadi, Editorial Nuevos Tiempos, 352 páginas]
Montoneros. La resistencia después del final es un viaje hacia atrás para seguir adelante por un camino circular, ese espacio exclusivo donde también tienen cabida los que ya no están pero que, sin embargo, se expresan a través de las voces de sus compañeros que no los olvidan. Y en él se convocan todos para contar la Otra Historia, la de ellos, la de los vencidos que, dignos, siguen de pie tratando de llegar a despejar, al menos, el gran enigma que eternamente sobrevuela al desaparecido, ese enigma creado por los borrones de la historia oficial de la amnesia. Los sobrevivientes no olvidan a sus desaparecidos, no los abandonan, porque a pesar del genocidio y del horror vivido no reniegan de su historia, sino que la asumen y la cuentan para que siga adelante, viva, en la memoria colectiva.
A pesar de tener la Facultad de Derecho una tradición autoritaria y conservadora1 la JUP tuvo allí un crecimiento muy importante. Fue el frente más numeroso.
"A Derecho le decían La vaca lechera de la JUP, por su gran número de integrantes" Quien refiere el apelativo transitó épocas menos felices: fue la única militante de Asistencia Social -carrera que funcionaba orgánicamente con Derecho- que se salvó de las caídas del Mundial, en junio del 78
La impresionante cantidad de gente encuadrada en la Agrupación es mencionada por las diversas fuentes consultadas. Su composición incluía, además de la base militante, a la periferia,
"los que llenaban las movilizaciones y ayudaban en el trabajo de apoyo."
Cabe destacar, asimismo, una importante presencia de cuadros provenientes de Derecho en la Conducción Nacional de la JUP. Un ex miembro de la Dirección Regional los incluye en lo que denomina
"primera generación de Derecho", el tronco histórico, que ubicaríamos hasta la muerte de Perón, en 1974
A lo largo de nuestro recorrido encontraremos a varios de estos cuadros superiores estrechamente ligados a las historias de los que se quedaron hasta después del final, como Enrique de Pedro y Carlos Fassano.
Una militante que se haría cargo del frente en la última etapa, señala un gran auge durante 1973 y parte del ’74, y recuerda particularmente la imagen de la multitud durante las movilizaciones hacia el Rectorado: desde lo alto de la barranca Canela se dio vuelta y la impresionaron
"miles y miles de cabezas, la multitud que venía detrás..."
De esos días rescata su memoria
"el corte que se dio el 1 de mayo, cuando el Viejo nos rajó de la Plaza." Aparecieron miles de pintadas dentro de la facultad en contra de Perón.
Pero duraron un día porque los dirigentes les ordenaron sacarlas:
"Después discutimos".
Y otro dato significativo: cuando se anunció en el hall de la facultad el pase a la clandestinidad de la organización,4 recuerda a
"todo el mundo saltando de alegría".
Una excepción fue el Bocho.
El Bocho era una especie de hermano mayor, un cuadro muy cauto, afectuoso y lúcido. Ese día dijo:
"No saben lo que esto significa". Se llamaba Jorge Navarro y falleció en 1975.
Cuando murió Perón los militantes de la JUP se encargaron de la provisión de comida y atención médica. Habían recibido la orden de no hacer la cola para acercarse al féretro, no estar en el funeral, ya que les correspondía ayudar a esa multitud que esperaba bajo la lluvia. El centro de ubicación era Medicina, donde los militantes preparaban la comida y llevaban a la gente que necesitaba atención. Luego fue desde la Facultad de Derecho donde partieron los ómnibus que devolvían a la gente a sus provincias, aunque en esto colaboraron todos los frentes.
Le pregunté a Canela acerca de la implementación de consultorios de ayuda legal en los barrios, por ser éstos mencionados en uno de los materiales bibliográficos consultados como referencia de trabajos sociales afines a las distintas carreras.
La negativa de ésta y otras fuentes fue rotunda: al menos en forma orgánica desde la JUP de Derecho no se llevaron a cabo este tipo de iniciativas relacionadas al perfil profesional. Los trabajos comunitarios que se efectuaron consistían en tareas sociales menos específicas, como llevar ropa y medicamentos a hospitales y villas.
Los militantes de este frente tenían como premisa ser buenos estudiantes. Incluso varios de ellos, en virtud de las notas obtenidas, fueron convocados para ser ayudantes ad honorem.
Adriana, por su parte, recuerda que los cuadros superiores se encontraban a punto de recibirse o ya se habían recibido.
Las primeras bajas son computadas por un miembro de la Conducción Regional en la segunda mitad de 1975, a manos de las Tres A.
Ese año se incorporó un buen número de estudiantes de la carrera de Asistencia Social.
"Eran casi todas minas, y eran muy polentosas, seguramente por el contacto que
tenían con la masa, su práctica concreta con las bases sociales."
Canela era estudiante de Derecho pero quedó al frente de las militantes de esa carrera.
Y además de señalar cómo la Agrupación seguía creciendo, asegura que también durante el 76 se encuadró bastante gente, e incluso hubo incorporaciones en el 77.
Registraremos también dentro de los acontecimientos del 75, una suerte de movimiento en la conducción del frente, en virtud de lo cual se hizo cargo una pareja
"de la línea dura".
Si bien no nos encontramos en condiciones de profundizar en esta parte de la historia, recogimos informaciones con origen en una de nuestras fuentes que indicarían ciertos cambios dentro de la estructura de la Agrupación.
Quien esto refiriera, en este punto aludió a Enrique de Pedro,
"Quique," al que mencionáramos en anteriores páginas y encontraremos a medida avance la trama, lo cual -según entendemos- demarca posiciones aún sin ahondar demasiado en el asunto y nos releva de abundar en explicaciones sobre el término
"línea dura": "Aquí aparece la figura de Quique (ya era conducción junto a otros tres cuadros) que si bien era muy fierrero, a diferencia de los otros dos era un cuadro político".
El conflicto con los
"duros" habría acarreado algo parecido a un golpe interno, un cambio o movimiento entre células, y la salida de la pareja.
En 1976 se registraron pocos
"quiebres"6 pero empezó a desaparecer mucha gente.
"Ese año se evaluó que
era muy difícil seguir haciendo política en la facultad y se propiciaron los
pases, pero únicamente en los cuadros superiores."
Esta afirmación puede hacerse extensiva al resto de las facultades.
En el frente que nos ocupa, según Canela muchos pasaron a Zona Norte con esos cambios. Ricardo coincide, añadiendo la provincia de Córdoba, sin perjuicio de que la dinámica de los traslados orgánicos incluyó pases a cualquier otra zona (él, de hecho, abandonó la Conducción Regional para integrar un frente barrial en Sur Provincia.) Y aclara que muchos de los cuadros de Derecho cayeron en combate en otros frentes, lo cual se constata en forma reiterada a lo largo de esta investigación.
Si bien la mayoría de las bajas no se producen mediando un
"intercambio de disparos" -tal sería la traducción exacta del término combate al que alude Ricardo- la pertenencia al aparato militar en el momento de la caída, verificada en varios de estos cuadros originarios de los frentes de masas, ilustra claramente el proceso de militarización en que confluyen los componentes políticos de Montoneros, es decir, el viraje hacia una estrategia altamente militarista que fue tomando la línea de la organización.
Encontraremos así, en el caso específico de Derecho, entre otros, al
"Loco" Feldman, último cuadro superior que abandona la Agrupación para pasar a Ejército, y es apresado al poco tiempo. Como veremos más adelante, a partir de su caída Derecho funcionará suelto, sin nexos orgánicos,
"en pelotas" me diría alguien, ya que el Loco, aún después de su salida del frente universitario, constituía el único contacto con la organización.
José Feldman7 fue secuestrado vivo, y aunque en este caso tampoco se verificó un intercambio de disparos seguido de muerte, estimamos que también él cayó en combate, o en cualquier caso, que el Loco libró su batalla final adentro: según se cuenta, tuvo acceso a un teléfono, pero no tiró citas ni nada que se le parezca: -"Vieja, te quiero mucho. Decile a los muchachos que les mando un abrazo." Después no volvió a comunicarse.
Siguiendo itinerarios tropezaremos con Ernesto Ferré Cardozo
"el Chino", quien se encuentra desaparecido desde 1980, cuando es secuestrado en Capital Federal en el marco de la Segunda Contraofensiva
Según surge del informe N° 1, 31-3-80 del Batallón 601 de Inteligencia citado en la investigación judicial del secuestro de montoneros durante la Segunda Contraofensiva (causa Scagliusi), este militante originario de la JUP de Derecho es sindicado como jefe del TEI (Tropas Especiales de Infantería) que ingresan ese año al país, y cae en una
"cita envenenada" el 28.2.80. Las TEI eran pelotones de combate del Ejército Montonero.
Muy cerca del Chino, ubicaremos al
"Pato" Zucker, que fuera responsable del Frente de Derecho en un período que no hemos podido determinar con exactitud pero se encuentra comprendido entre los años 1975/76, antes de que ejerciera esa responsabilidad el
"Loco" Feldman.
Ricardo Marcos Zucker fue secuestrado el 29-2-80 también durante la segunda contraofensiva, mientras integraba el TEI cuyo mando ejercía el
"Chino" Ferré Cardozo.
Y aparecerá también Enrique de Pedro, "Quique", figura de relieve proveniente de Derecho, cuadro de conducción de la Juventud Universitaria Peronista.
La figura de este combatiente emerge en el relato de infinidad de protagonistas
"Quique conducción" en Medicina, "Quique Conducción" en Ingeniería, Quique el referente de los cuadros de Sicología, Quique responsable de los responsables en Filo, Quique a quien la militante memoriosa de Derecho mencionara al señalar contrastes con la
"línea dura".
Enrique de Pedro fue en su momento para mucha gente, un referente político importante.
Un militante de la JUP que a fines del 76 o principios del 77 debió preparar la cobertura de una reunión de
"alto nivel" de Medicina , lo definiría "... alto, muy pintón, facha de
ejecutivo...9 fierros mil, impresionante la ferretería."
Cayó acribillado en abril del 77, cuando aparentemente entraba en taxi a una cita.
Otro cuadro proveniente de Derecho que llegó a ocupar altos cargos dentro de la organización fue Carlos Fassano, quien en cierto período se desempeñó como jefe máximo del distrito principal dentro del que fuera uno de los frentes de masas más importantes de Montoneros:
El
"Negro" Fassano, cuyo final abordaremos en detalle en el capítulo dedicado a 1978, fue asesinado junto a su compañera embarazada en medio de un operativo descomunal, en el barrio de Floresta. En ese momento era el Secretario General Zonal de Capital. Según surge de nuestra reconstrucción y se pone en evidencia en la causa judicial que investiga los asesinatos (Causa 6.859/98 Scagliusi Claudio Gustavo y otros s/privación ilegítima de la libertad, Juzgado Federal Nº 11 Secretaría 21), existió una vinculación entre su caída y la anterior pulverización de un pelotón del Ejército Montonero.
Ante la ausencia de los cuadros superiores, el acceso a instancias de mayor responsabilidad asumido por militantes con menos formación, se constituye en otro lugar común al pasar revista a la historia de los montoneros.
El frente de Derecho no fue ajeno a esta constante: también allí los más jóvenes -a quienes nuestro entrevistado de la Conducción Regional denominara
"tercera generación de Derecho"- debieron ocupar los puestos vacantes. Precisamente una de las primeras reflexiones surgidas durante las largas charlas con la que fuera responsable del frente durante 1977 y parte del 78, se vinculaba a ese estado de cosas; el reconocimiento de haber ocupado ese puesto ante el imperativo forzoso de las circunstancias.
Volvería luego sobre el tema, ante una pregunta puntual referida a posibles caídas en masa:
" Lo que produjo un gran vacío en nuestro frente no fue una buchoneada... lo que
produjo ese gran vacío fue que los que eran nuestra conducción, murieran,
desaparecieran o se fueran."
A los militantes les bajaron la orden de salir a trabajar a las fábricas.
Hubo quien cuestionó, fundamentó y se negó a cumplir la directiva porque
"ya tenía laburo, aportaba en mi casa y era universitaria. No fui a ningún
lado."
Pero mucha gente pasó a Territorio (fábricas y barrios).
Dentro de la facultad se seguía trabajando, en propaganda.
El abandono de la
"orga" en cuanto a recursos y otras necesidades empieza a sentirse en 1977. La Agrupación funciona gracias a su autoabastecimiento. Y aunque
"la guita para las actividades muchas veces salía de nuestros propios bolsillos" cuando les plantearon la necesidad de comenzar a aportar una cuota, a diferencia de otros frentes como Arquitectura donde sí se cumplía este requisito,
"se armó un despelote bárbaro".
Para nuestro asombro, la que fuera responsable del frente computa en 1977 entre las dos carreras -Derecho y Asistencia Social- incluyendo a los periféricos, un número aproximado de cincuenta personas. Aclaremos que según surge de estos testimonios, los adherentes no eran
"tan" periféricos en el caso de Derecho, ya que "se bancaban transporte de volantes y otras tareas que requerían un buen nivel de compromiso en esos momentos" Adriana los define como
"adherentes activos" y coincide al señalar un grado de compromiso mayor al de un adherente común.
Daría la impresión de que existió en Derecho un acortamiento de distancias, en términos de funcionamiento, entre el periférico y el orgánico de la base. Ya juzgar por los coincidentes relatos de sus protagonistas, en este frente la presencia de los adherentes durante la dictadura fue notable, cualitativa y cuantitativamente hablando, en comparación con la escasa participación advertida en el mismo período en otras facultades, como notable y llamativa resulta la cantidad de gente que aún seguía encuadrada.
Al respecto, insistimos, la cifra aproximada de 50 tiene origen en una fuente habilitada, ya que surge de las estimaciones efectuadas por quien en aquel momento concentrara la mayor parte de la información, en virtud de ejercer la jefatura del frente. Podríamos agregar que al ser consultada otra militante -quien se auto definiera como
"adherente activa"- computó de acuerdo a su conocimiento, un mínimo de entre 10 a 15 integrantes
"con seguridad" señalando la posibilidad cierta de desconocer la existencia del resto de la gente, debido a la compartimentación que regía el funcionamiento. En cualquier caso, consideró altamente probable el número estimativo de 50 personas que me aportara su antigua responsable
"Porque además Canela contaba con más información."
Tantas aclaraciones obedecen a que para esas fechas, la mayoría de los frentes universitarios se encontraban prácticamente desarticulados, en virtud de lo cual, aún siendo el frente históricamente más numeroso, la cifra mencionada constituye una verdadera excepción.
Los integrantes de Derecho no tenían armas
"ningún militante, salvo los cuadros superiores". Al igual que la inmensa mayoría de los militantes rasos, no recibieron ningún tipo de instrucción militar.
"La primera vez que ví un fierro fue cuando conocí a Pablo. Me enseñó a
limpiarlo pero yo le dije que los fierros no eran para mí."
Aclaremos que "Pablo" no pertenecía a Derecho. Ahora bien, aunque no podemos incluirlo en la historia de este frente, ni existió un contacto
"orgánico" de Pablo y su gente con la jefatura del mismo, resulta necesario hacer un alto en este punto.
La relación con él había surgido a través de cierta conexión con integrantes de otro frente de la JUP, el grupo UTN (Universidad Tecnológica Nacional) conectado a su vez funcionalmente con un minúsculo remanente de otras facultades.
Precisamente al mencionar el tema del
"descuelgue" de Derecho, asoma en el relato de Adriana una figura estrechamente vinculada a Pablo y protagonista principal en mis historias de los que se quedaron hasta después del final.
" Ahí aparece Manuel, que según creo podría venir a captar gente suelta de
Derecho."
El supuesto intento de captación por parte de "Manuel" que creyó entrever esta fuente, nunca llegó a concretarse, al menos en forma orgánica ya que a nivel estructural no se verificó ningún contacto con Derecho y sólo alcanzó a algunas militantes relacionadas eventualmente y
"por fuera" con el grupo UTN. Sin embargo, la presunción de nuestra entrevistada sobre las intenciones de Manuel reviste una importancia significativa a la hora de ensamblar el rompecabezas del final. Volveremos sobre ella -no tengan dudas- al revisar los otros frentes universitarios y la última parte de la historia.
Después de este paréntesis tan
"descolgado" como el frente de Derecho pero por cierto necesario para entender el resto de la trama, sigamos adelante.
Pregunté si tenían pastilla12 y la respuesta fue en algún caso afirmativa. Otra versión indica que recién a principios del 78
"apareció uno en una reunión con varias pastillas. Yo la rechacé. Varios la
aceptaron en desacuerdo y además con la conciencia de que no se la tomaban ni en
pedo."
Canela quedó como responsable del frente porque su responsable principal, el
"Loco" Feldman, pasó a la estructura de Ejército.
Unos meses antes de asumir esa función, había caído su novio, el
"Gallego", Oscar Alejandro Fernández, también militante de Derecho.
El Gallego ya no funcionaba orgánicamente en el frente universitario; estaba haciendo la colimba. La pareja proyectaba casarse cuando le dieran la baja del servicio militar, que debía concretarse en los días posteriores al secuestro.
Aunque Canela asegura que su compañero no fue un referente, o un militante de relieve, surge un recuerdo entrañable entre sus compañeros, a tal punto que una de nuestras entrevistadas refiere el gran vacío -humana y hasta orgánicamente hablando- que para ella significó su desaparición.
Oscar Alejandro Fernández se encuentra desaparecido desde el 3 de marzo de 1977
El día anterior a su secuestro, el Gallego se encontró con Canela y otro compañero para comentarles que se habían dado una serie de cambios muy extraños dentro del Batallón. Los habían hecho formar en el patio sin motivos aparentes y además el suboficial a cargo los reunió después para decirles que sabían que dentro del batallón había uno que era montonero, etc. Agregando que
"Ahora ese uno ya sabe lo que tiene que hacer."
Ante hechos de tal calibre, Canela y el otro compañero le pidieron por favor que no volviera, insistieron, pero el Gallego no transaba: no hubo forma de convencerlo. Argumentaba que si no iba, pasaría directo a la clandestinidad faltándole pocos días para la baja. Así es que desatendiendo todos los indicios y el inequívoco aviso del suboficial, se presentó el día siguiente al Batallón.
El Gallego no volvió. Tampoco asistió a la cita de control arreglada en Retiro con Canela y otros dos militantes.
Los tres asumen que cayó. Había que levantarse, abandonar los lugares conocidos, la casa, la facultad: debían separarse. Y ahí, en Retiro, Canela se despidió con un largo abrazo de uno de los compañeros. Lloraban. Sabían que quizás no volverían a verse.
Con el otro -transgrediendo todas las normas- deciden ir a la casa del Gallego a levantar el material, porque lo conocían bien y sabían que iba a aguantar el tiempo necesario.
Surge de la investigación que Oscar Alejandro Fernández estuvo secuestrado en la Escuela de Mecánica de la Armada.
Años después Canela sabría por interpósita persona, que una sobreviviente de la ESMA averiguó durante su cautiverio que El Gallego fue trasladado a los quince días.
En el frente continuaba al mando el Loco.
"En ese tiempo -muy poco- que no entré a la facultad, seguí reuniéndome con él,
los dos a solas, caminando por la calle. Ya no quedaban otros cuadros
responsables en Derecho."
Promediando 1977 el Loco deja el frente en manos de Canela.
Al poco tiempo lo secuestran.
Hasta ese momento existía un funcionamiento orgánico enlazado con la organización, pero a partir de su caída quedan desconectados.
Es ésta otra afirmación para el asombro que se reitera en el relato de Adriana: el frente funciona suelto.
"Derecho quedó en pelotas cuando para mayo más o menos me nombra conducción mi
responsable El Loco y al poquito tiempo cae. En realidad ya estábamos en
pelotas, porque prácticamente él y yo nos hacíamos cargo de lo que podíamos,
esto significaba avisar si alguien caía, y tratar de contener a la gente, a la
poca gente que quedaba que, ya lo conversamos, era mucha comparada con otros
frentes."
Canela estuvo a cargo casi un año a lo largo del cual Derecho siguió funcionando solito mi alma,
"desenganchado", sin nexos orgánicos.
Si bien eran frecuentes los desenganches de las células e incluso estructuras a partir de una
"emergencia" por la caída de uno o varios miembros (enlaces, responsables, etc), y por esos días fue éste un fenómeno extendido en virtud de la inmensa cantidad de bajas, lo que llama la atención es el prolongadísimo período de tiempo en que este frente funcionó, según textuales palabras de Adriana
"totalmente descolgado de la orga".
Canela tenía un contacto inorgánico con un pibe de Zona Norte, ex militante de Derecho que se había ido a trabajar como obrero. Ese compañero
"me bajaba algunos documentos, esas cosas..."
El pibe que habiendo pasado del frente universitario al barrial se encontraba con Canela para traerle alguna información, era el Tano Juan Dibernardo.
El Tano figura en las listas como obrero metalúrgico. Se encuentra desaparecido desde el 12 de mayo de 1978, día en que fue secuestrado del Hospital Alvear, donde permanecía internado para ser intervenido quirúrgicamente por haber sido atropellado por un coche.
Entendemos que hasta la caída del Loco, Derecho y Asistencia Social -si bien conformaban la JUP de Derecho y estaban estrechamente vinculadas- tuvieron un funcionamiento relativamente autónomo.
Cuenta Canela que
"Después de la caída del Loco yo decidí unir a todos, así es que Asistencia
Social y Derecho (agrupación de perejiles abandonados a nuestro destino)
funcionábamos juntos, tanto es así que se armaron parejas."
Cuando resuelve irse habla con la gente y les dice que se acabó. Que todo lo que se hiciera de allí en más era suicida. Estamos situados en marzo del 78. Se avecinaba el Mundial de fútbol y los pibes proyectaban las tareas de propaganda.
Al exponer las razones de su salida, Canela les dice a sus compañeros que no se puede hacer una revolución volanteando en un Mundial, aún cuando estuviera toda la prensa extranjera.
Les dice que estaban solos:
"no tenemos conducción, no tenemos política, no tenemos nada."
Los pibes deciden quedarse.
Por esos días aún permanecen funcionando entre 15 y 20 personas.
"Por esos días, insisto, estábamos juntos y solos..."
Canela sale a Venezuela y ya en Caracas sigue manteniendo un contacto telefónico con sus compañeros.
Así se entera que durante las volanteadas en la Inauguración del Mundial caen varios pibes. A partir de allí se suceden todas las bajas, en algunos casos como consecuencia de flagrantes transgresiones en materia de seguridad.
Adriana especifica que junto a Patricio, que es apresado durante la volanteada del partido inaugural del Campeonato en la cancha de River, caen cuatro militantes más.
Y lo define como el último militante activo de Derecho porque él seguía cursando en la facultad.
Patricio es Celestino Omar Baztarrica. Se encuentra desaparecido desde el 1 de junio de 1978.
Al día siguiente es secuestrada su novia, Marita, junto con otro compañero, por concurrir ambos a la casa de Patricio después de su caída.
Marita es María Josefa Fernández, desparecida desde el 2 de junio de 1978. Y según hemos podido determinar, el militante apresado junto a ella al desatender elementales normas de seguridad, es el
"Pelado" Ricardo A. Freire.
Aunque no lo registra la memoria de las sobrevivientes, surge de las listas de desaparecidos, el secuestro de Alicia Cristina Amaya, Estudiante de la carrera de Asistencia Social, secuestrada de su domicilio en Caseros el día 3 de junio de 1978.
Cuenta Adriana que cuando empezaron a sucederse las caídas, sospecharon la presencia de un infiltrado, supuesto ex militante del PRT13 que había aparecido un día y concurría a las reuniones.
En definitiva, cae todo Asistencia Social, con excepción de Adriana, quien refiere la
posibilidad de que se haya salvado algún adherente y una militante llamada
"Gabriela"
Desde entonces deja de funcionar la Juventud Universitaria Peronista de la Facultad de Derecho
[Páginas 69 a 78 del capítulo "El frente universitario - El Frente de Derecho",
se reproduce con autorización de la autora]
[Fragmento de: Montoneros. La resistencia después del final - Marisa Sadi,
Editorial Nuevos Tiempos, 352 páginas]
El destino que por esos días terribles de abril y mayo del 77 procuraban alcanzar Silvia, su compañero y Virginia, era la zona Sur del Gran Buenos Aires.
Veían en el Sur una válvula de escape y, por descarte forzoso de otras zonas, el único horizonte posible, además, porque allí estaba Tipi.
Había sido responsable en Filo y ellos estaban estrechamente vinculados a ese militante, quien en algún momento que no hemos podido precisar pero sin dudas fue con anterioridad a mediados del 76, había pedido el pase a Territorio. Desde entonces militaba en Sur, más precisamente en la zona de Francisco Solano.
Las primeras noticias sobre Tipi llegaron a través de Alejandro, mezcladas en su enredadera de recuerdos
"deshilachados y truncos", cuando enumeraba los militantes que recordaba de la JUP de Filo.
"... este pibe Tipi, morochito, que noviaba con una piba también de Filo, que lo mataron en una villa, era hijo de un jetón del peronismo, hijo adulterino..." Alejandro nos contaba que había sido estudiante de Historia y después hacía una sugerencia que, por algún motivo o tal vez por una serie de motivos, se convertiría en una suerte de mandato:
" retrazar su historia sería importante..."
Alejandro creía que Tipi apareció ahorcado o colgado.
El Alemán, por su parte, recordaba a
"Tippy, un chico que quedó como cuadro de dirección de Filo" y nos contaba que recién a los veinte años se enteró quién era el padre
"porque hasta entonces había vivido en condiciones paupérrimas con su madre
soltera, al parecer, ex sirvienta en la casa de ese hombre. Tippy pasó los
últimos meses huyendo de casa en casa hasta que lo mataron."
Lo describió como un chico muy jovial y joven, delgado, no muy alto, de tez cetrina y pelo enrulado, con algo de sangre mulata. También Alejandro había aclarado que
"no era un morocho del interior: Tipi era casi mulato." Y en esa polifonía de recuerdos que a veces suele darse, Silvia no lo definiría como mulato, pero sí muy moreno y con pómulos bien marcados. Recordó también que Tipi en un tiempo solía ir a hostigar al padre para que lo reconociera, pero jamás quiso decir quién era. Declinamos, por razones obvias, volcar las presunciones de sus compañeros; lo que afirmaban con seguridad es que nunca le dio el apellido.
El Alemán recordó que había vivido con su madre en San Telmo, de allí era. Alejandro fue más específico,
"vivían en el Bajo, cerca del Viejo Almacén".
Revisamos cuidadosamente cada nombre, rastreamos, completamos y chequeamos los datos de la lista de desaparecidos del barrio de San Telmo. La misma surge de un trabajo de investigación llevado a cabo por las fuerzas sociales de la zona, pero no incluye a nadie cuyos datos se ajustaran a las referencias con que contábamos sobre Tipi. Meses de búsqueda arrojaban resultados semejantes: sus pasos se extraviaban en el Sur, hacia mediados del 77. Allí lo perdió Silvia. Después, vaya a saber cómo ni cuando, había
empezado a circular la historia sobre su caída. Nadie podía dar fe acerca de lo sucedido, sus compañeros de la facultad ignoraban el origen de las versiones sobre el final de Tipi.
"Lo terrible es el desconocimiento total de su historia familiar. Uno puede
imaginar a su madre y él mismo, solos, sin las redes familiares de toda familia;
también una especie de vergüenza de hacer conocer esa vida..."
Lo cierto es que, como dijimos, en algún momento había pedido el pase a Territorio. La cita para el enganche y su salida al Sur la consiguió a través de Enrique de Pedro quien, como se ve, también talló en Filosofía y había sido dirección de cuadros responsables de ese frente.
Por esos días en que Manuel le escapaba a la muerte en aquella legendaria cita y la represión golpeaba con furia sobre los militantes universitarios, Enrique de Pedro caía acribillado en una calle de Buenos Aires. Por esos mismos días de abril, el pequeño núcleo de Filo seguía buscando la salida al Sur. Con mayo llegó la cuarta barrida y con ella, la desaparición de Virginia.
Tipi debió levantarse de la pensión donde vivía.
Silvia tenía acordado encontrarse con él para lograr un enganche con gente de Francisco Solano. Ella entró a la cita y empezó a caminar.
"Ahí veo a los de Coordinación. Tipi venía caminando, demudado; también él se
había dado cuenta de la presencia de los tipos. Seguimos de largo sin
saludarnos, sin hablarnos... Caminamos así desde Uriburu y Rivadavia hasta
Constitución."
A esa altura, y por arrastre de la cuarta razia, ya habían caído los milicos también a la casa de los padres de Silvia.
"Cuando llegamos a Solano estaba todo destruido."
Solano y Claypole habían sido un solo frente.
"En el año 75, Solano era íntegramente JP - Montoneros."
Ya desde el 74 venían trabajando como Juventud Peronista y en 1975 iban como Movimiento Azul y Blanco. El trabajo territorial y el desarrollo eran impresionantes.
Cuando en mayo del 77 aterrizaron nuevamente allí para vivir e integrarse, ya que venían huyendo del desastre de Filo, lo primero fue buscar un lugar para vivir, miraban las casas buscando una vivienda,
"y hasta veíamos casas bombardeadas." Y afirmó que al menos de lo que ellos conocían, no había más nada.
"En Solano quedaban sólo los familiares, las madres de los pibes muertos."
Hay que aclarar que después de la caída de su compañera, el Tipi estaba enganchado únicamente con Silvia y su compañero, la pareja que venía de Filo. Se desprende de la narración que le costaba muchísimo conseguir una cita.
El Alemán había ratificado esta información al rescatar el recuerdo de Lea y su marido, que lo vieron hasta poco tiempo antes que se exiliaran, en abril del 77:
"lo vieron muy mal, desaliñado, sin trabajo, sin rumbo y con mucha bronca.
Estaba efectivamente desenganchado y si no recuerdo mal, solía volver a la casa
de la madre, lo cual era una locura..."
Las últimas noticias de Solano incluían dos citas consecutivas a las cuales Tipi había faltado. En esa época, si alguien incumplía dos citas, por seguridad ya no se concurría a la tercera. A partir de entonces se perdió su rastro. Silvia asegura que a esa altura el único enganche que tenía era con ellos dos, y cree que ahí Tipi quedó solo, enfatizando que estaba tremendamente desprovisto y anímicamente destrozado. No logró explicarse, además, la falta total de algún vínculo orgánico siendo un cuadro con cierto nivel de responsabilidad.
Si bien en los últimos tiempos ya era el desastre y muchos cuadros funcionaron sueltos durante meses buscando un enganche orgánico, el descuelgue de Tipi ocurría antes de promediar el 77. ¿Pudo ese militante que fuera legitimista y fiel en las épocas del activismo universitario, mirar las cosas desde otra perspectiva después de su entrada al territorio?
Otra pregunta sin respuesta mientras intentábamos desentrañar cómo y por qué sucedieron las cosas.
En el último tiempo
"estaba muy mal".
A pesar de la "constelación de incógnitas" que al decir de Alejandro abría la historia de Tipi, las tres palabras de esa frase no se incorporaban al terreno de la duda sino que cobraban brutal sentido para quien recorrió el final, especialmente si transitó los avatares de una larga levantada cuando ya nada quedaba, y aún reconociendo infinitamente más benévolas las circunstancias personales y el contexto de la huída: la diferencia en la comparación. No era lo mismo ese vagar sin rumbo, sin tiempo y sin destino, hacia ninguna parte, por las calles del Centro y con alguna ayuda solidaria, por mínima que fuera, a hacerlo en el
"Territorio", la crudeza del territorio, la miseria de los barrios marginales en las zonas más pobres del Gran Buenos Aires, caminar, caminar y caminar, el barro, moverse, no parar, todo en terreno pelado, perseguido, sin casa propia ni ajena donde pegarse una ducha y dormir un rato para después seguir yirando, sin laburo, con la novia secuestrada, con la
"mucha bronca" que refería el Alemán y sin ningún tipo de contención orgánica. Solo. Necesitar morfar y no tener comida, ni guita para comprarse un sánguche. Rajar, siempre con hambre. ¿Cómo se sentiría, en el Territorio y bajo esas condiciones, el peso de la derrota?
"Estar muy mal" a veces inducía a cometer imprudencias, a bajar la guardia con las medidas de seguridad,
"se cansó de yirar y dormir en el suelo. Entonces sencillamente se volvió a su casa. Y esto sucedía con mucha gente" nos habían dicho los de Arquitectura recordando una militante embarazada que debió levantarse pero contradiciendo las más elementales normas de resguardo volvió a la casa.
En cierto momento, antes de perderlo, Silvia había conseguido una cita orgánica. Era un contacto de Tipi para ver si podían engancharse en algún frente. Sin embargo, esa militante, presumiblemente con algún nivel de responsabilidad dentro del escalafón y a quien no se le veía ni el blanco del ojo porque apareció en medio de un descampado camuflada como para ir a la guerra, le comunicó
"Estamos desenganchando. Los soltamos. No hay más control."
¿Se trataba, tal vez, de la autonomía operativa que tan sabiamente había recomendado Walsh?¿era un intento por otorgarle a la gente cierta independencia que los preservara, despegándolos del aparato?
Silvia y su marido habían conseguido una habitación en una villa. Ella recordó durante nuestra charla las palabras de la compañera:
"Hagan cosas con el barrio, si quieren. Si hacen algo para el aniversario de
Evita nos parece bien."
Refirió también que toda la zona estaba tremendamente desprovista, vulnerable, las decisiones dentro de ese contexto, posiblemente se relacionaban con la intención de evitar riesgos para el conjunto.
En esa situación de peligro potenciado para todos, donde para este pequeño núcleo
"sólo quedaban las madres de los caídos", Tipi se replegaba sobre lo que tenía, acaso también sobre los únicos afectos,
"las visitaba, iba a la casa de las viejas, tomaba mate con ellas..." Lo cierto es que rehacía en plena dictadura vínculos peligrosos con la gente del período anterior, lo cual, desde cierta óptica, también podía entenderse como un serio riesgo en materia de seguridad.
Silvia vivió en la villa de Solano hasta fines de 1979.
"En la villa nos guardaron". No habían abierto con nadie su pertenencia orgánica, pero la gente del barrio aludía con frecuencia a su condición de
"diferentes". Se daban cuenta, sabían... En una oportunidad, haciendo "puerta" con una vecina, apareció en la calle un patrullero.
"Yo, mutis. La mujer se limitó a decirme: Acá no entran."
En ese año y medio de su permanencia en la zona, nada supieron sobre el compañero.
"Según las versiones recogidas por los exiliados, aguantó un año más, aproximadamente,
y luego cae, lo agarran cuando estaba durmiendo a la intemperie, en el banco de
una estación de trenes. Dicen que el último tiempo de Tipi fue siniestro..."
Los trascendidos habían corrido entre los sobrevivientes, alguien los recogió en Europa, pero nadie pudo dar fe de su veracidad, ni siquiera logramos dilucidar de dónde habían salido.
Durante la larga charla que mantuviéramos con la militante a quien llamamos Silvia, le habíamos transmitido nuestras dudas acerca de esa supuesta supervivencia de un año y medio, considerando las escasas probabilidades de sobrevivir para cualquier clandestino en esas condiciones. Por nuestra parte, descreíamos de la historia que situaba la caída a fines del 78.
"Tal vez Tipi cayó en aquel momento en que ya no concurrió a las citas."
Era una posibilidad cierta, por eso esta búsqueda que en algún momento se había transformado en una suerte de mandato, tenía su punto cronológico de arranque precisamente allí, a mediados del 77. Y eso nos complicaba porque no era lo mismo rastrear a un montonero desconocido del cual ni siquiera teníamos el nombre y que seguramente había llegado al sur con otro apodo, situando el asesinato en los últimos meses del 78, que hacerlo en una franja de tiempo que abarcaba un año y medio.
La historia abría demasiados caminos, pero todos conducían a ninguna parte.
Lo rescataba vigorosamente la memoria de cinco compañeros de la facultad. Sin embargo, al intentar un punto de contacto con el sur, el Tipi se nos escurría. La imagen de ese joven con rasgos bien marcados y sangre de mulato se volvía más difusa, aún cuando, al menos por lo mismo, tendría que haber sobrevivido en el recuerdo de alguno de los que quedaron vivos. Así fue como consultamos a varios ex montoneros de Sur, incluidos tres que, según aseguraron, habían militado en la zona. Una de ellos afirmaba que estuvo en Solano desde el 76 y hasta el 78 pero a decir verdad, tampoco dio demasiadas precisiones. Sencillamente no lo conocía.
Echamos mano de cuanto mecanismo de búsqueda pudimos, revisamos infinidad de fotos, la carpeta del Tipi incluía mapas grandes, chicos y medianos de toda la zona, estaciones de trenes desde Avellaneda a La Plata, los relatos de sus compañeros, los campos clandestinos, archivos de testimonios, hasta consultas a centros culturales de esos barrios y a militantes de Sur Capital que habían estado a cargo de la zona de San Telmo, donde según sus compañeros había vivido con su madre. Ese apodo,
"Tipi" no figuraba ni en los archivos de los antropólogos. Y si Maco, que tanto nos había ayudado en otras búsquedas, no lo tenía, difícilmente alguien podría tenerlo. De más está decir que lo volvimos loco, pero no hubo caso.
"Seguramente salió a sur con otro apodo" nos había dicho el antropólogo. Y cuando lo fastidiábamos describiendo una y otra vez físicamente al Tipi, nos contestaba con paciencia china
"Marisa, en Solano son "todos" morochos."
La única oportunidad de aproximarnos a su historia resultó ser una puerta bien cerrada, sin dudas el candado más grosero de los muchos con que tropezamos en el tiempo que llevamos metiendo las narices donde no se debe.
La experiencia acumulada en el transcurso de estas búsquedas indicaba que siempre, siempre queda alguien cuyo aporte, por más difuso o fragmentario que resulte, acerca un hilo generoso y cómplice del cual poder tirar para seguir destrenzando la madeja.
En este caso no era así, aún no lo encontrábamos. La ausencia de esa soga que le faltó al Tipi se empecinaba en perdurar durante casi treinta años.
Fracasamos en nuestro intento de cerrar el círculo, saber en cuál de los abismos se había precipitado, ponerle un nombre, un apellido; llegar a despejar, al menos, el gran enigma que eternamente sobrevuela al desaparecido, en especial a aquel que simplemente desapareció, ese que no alcanzó a balbucear su nombre a un compañero de celda, ni contó con la prerrogativa de un sobreviviente que lo haya visto irse en un traslado, de algún testigo del secuestro o del asesinato en una calle perdida.
No pudimos cumplir con aquella suerte de mandato que nos transmitiera Alejandro sobre su antiguo compañero de la facultad (" retrazar su historia sería importante...")
Tal vez aquel chico jovial, legitimista y fiel que acaso entrara a la Universidad Nacional y Popular con los
"hijos del pueblo" y se convirtiera en "cuadro de dirección de Filo", había resistido verdaderamente ese año y medio,
"huyendo de casa en casa hasta que lo mataron".
Tal vez, ese integrante de la generación que pretendía
"acabar con cuatrocientos años de soledad para apropiarse como nunca antes de su destino", había caído nomás en el primer tramo de esa huída solitaria, cuando faltó dos veces a la
"estanca" a mediados del 77.
Imaginábamos inclusive, Alejandro, contra toda lógica y a pesar de saber que
"las historias perfectas sólo las inventan los vencedores," "un buen remate"; ese
"final con beso" que canta Serrat. Conjeturábamos, echando mano a la imaginación y al beneficio otorgado por la duda, que tal vez, sólo tal vez, había existido esa soga salvadora que pudo propiciar el rescate. Y hasta la imaginábamos sostenida por una mano que no existió durante veinte años. Te preguntamos y nos preguntamos, Alejandro, si, en definitiva, la relación con aquel padre ausente habrá sido tan lineal, o si ese hombre pudo quizás convertirse en artífice de la salvación de Tipi, rehabilitándose por todas las carencias y concretando, al mismo tiempo, una formidable reivindicación de la condición humana.
Acaso eran ficciones, nada más. Acaso, como decían, había aparecido hacia fines del 78 colgado en una villa. Acaso, como también contaban, al Tipi lo agarraron después de aguantar un año y medio, cuando el rigor del abandono se lo entregó en bandeja a la muerte, mientras dormía su desamparo en el banco de alguna estación del Sur tan desolada como su alma. O acaso, y al decir de Silvia, la historia acerca del final de Tipi no fuera más... que otra leyenda urbana.
Cuando dimos por concluido este trabajo, el Tipi seguía siendo precisamente eso: una leyenda de cuatro letras. Nos resignamos, aquí no se cumplía la premisa de
"el que busca encuentra". Y te comunicamos, Alejandro, que aunque de ningún modo clausurábamos la búsqueda, con tu antiguo compañero habíamos fracasado.
Para nosotros, a esa altura, Tipi era
"el montonero que se perdió en el sur". Así lo bautizamos. Corrió algún tiempo, no más de un mes y días. Los primeros pasos para dar a conocer nuestro proyecto de libro resultaron bastante más frustrantes de lo que imaginábamos. Habíamos arrancado estando bien conscientes de las dificultades, la imposibilidad de publicar para un desconocido; encima la coyuntura, los demonios, la abultada producción que apareció de pronto sobre los montoneros después de
"los arrestos". La cosa estaba más difícil de lo que suponíamos y el desaliento comenzó a instalarse; nuestro engendro se estaba transformando en otra causa perdida para anotar en la cuenta.
Cierta noche en que volvíamos a casa después de recibir un hachazo mayúsculo y con la sensación de que este testamento dormiría el sueño eterno de los justos en el baúl de los recuerdos, abrimos sin demasiadas ganas el correo y allí estaban, la gente nos seguía enviando aportes. Eran cuatro. Y había un mensaje de Cecilia, que desde la Dirección de Derechos Humanos de la Ciudad de Buenos Aires también en más de un caso nos había ayudado. Hacía tiempo, ni sé cuándo, le habíamos preguntado por el montonero que se perdió en el sur.
"Hola Marisa, tanto tiempo. ¿Qué sabés de Tipi? Por ahí tenemos algún dato..."
Maco le llama
"rebote". Aquí nos inclinamos por el círculo, esa extraña relación entre acontecimientos que vuelve a remitirnos al asombro, la pista circular.
Veinticinco años después que el rastro del Tipi y el de tantos otros se perdiera para siempre, el Equipo Argentino de Antropología Forense efectúa excavaciones en el cementerio cordobés de San Vicente, donde han hallado una inmensa cantidad de restos
"NN".
Mientras nosotros le comunicábamos a Alejandro que con su compañero habíamos fracasado y el Equipo continuaba en Córdoba la búsqueda incesante de los desaparecidos, el director de un diario de Río Cuarto enviaba a una de sus periodistas a la ciudad de Córdoba para escribir una nota sobre el Museo de Antropología.
En el transcurso de la entrevista a una de las historiadoras que trabaja en el Museo, la periodista supo que dos veces a la semana, un integrante del Equipo de Antropología Forense recibía allí a familiares de desaparecidos para recopilar datos, fotos e historias que aportan a los antropólogos elementos necesarios para desentrañar identidades. También supo que, casualmente, ese día el antropólogo se encontraba entrevistando a la gente que busca a sus seres queridos desaparecidos.
Al escuchar algunos reportajes, podría presumirse que los integrantes del equipo no suelen ser muy afectos a las requisitorias periodísticas y esto mismo lo experimentó esa porteña que eligió hace varios años ya, para su exilio interno, la ciudad cordobesa de Río Cuarto.
Ana Solá se acercó a Darío Olmo para solicitarle una entrevista, aunque sabía que sólo hablaba en conferencia de prensa. Por eso no se asombró de la respuesta:
"No doy notas. Hoy atiendo a los familiares". Después de insistir e invocar el hecho de que ella y el fotógrafo habían viajado desde Rio Cuarto, el antropólogo accedió sin demasiadas ganas a darles cinco minutos:
"Que sea corta. Tengo muy poco tiempo. Hoy sólo atiendo a los familiares".
Ana terminó el reportaje, apagó el grabador y con un movimiento seco y decidido lo abandonó sobre el escritorio. Entonces cambió el rol de periodista por el de entrevistada y le dijo a Darío mirándolo muy fijamente:
"Yo también estoy buscando a mi compañero. Hace 25 años que necesito saber qué
le pasó."
En la nota que publicara el diario "Puntal" de Río Cuarto el 31 de agosto de 2003, ella misma describe la escena:
"El rostro de Darío cambió. También su gesto duro. Levantó la mirada que tan baja había tenido durante todo el reportaje... de sus ojos comenzó a emerger un discernimiento y una ternura que hasta entonces no le había descubierto. Tomó una birome y sobre un cuaderno lleno de datos abrió una hoja en blanco para mí".
Después se ofreció a ayudarla para devolverle algo de su pasado, porque en Buenos Aires había posibilidades de conseguir datos. Así comenzó el intercambio con Maco en la oficina del Equipo en Buenos Aires.
El compañero de Ana, la periodista de Córdoba, se llamaba José María Orellano.
En Sur lo conocían como Fernando. En Filo... le llamaban Tipi.
"... Cuando lo conocí, a mediados del '77, compartíamos muchas charlas políticas porque yo estaba muy interesada en la realidad social. Al principio nos hicimos amigos aunque él decía que era mi responsable. En esas charlas me contaba acerca de su compañera desaparecida, Virginia, a la que había amado mucho. Siempre la recordó y siguió mencionándola, aún después de que nos enamoramos y fuimos s vivir juntos. Pero te puedo asegurar que nos amábamos mucho y yo respetaba su pasado y su militancia.
Yo ya te había contado que vivía en San Telmo y, precisamente en las ventanas
del Viejo Almacén, que por entonces había cerrado y no sé por qué, pasábamos
algunas noches en esas veredas jugando y recordando los históricos tangueros que
allí habían cantado. El Negro tenía una cultura bárbara, sabía de todo y le
gustaba mucho leer a Neruda. En cuanto a su madre. se llamaba Mercedes, le
decían Mecha..."
José María Orellano era egresado del colegio Carlos Pellegrini y uno de los mejores promedios de la facultad. Cuando Ana lo conoció
"siempre estaba solo y lo veíamos cuando venía a buscar a Paty..."
Esto ocurría en Capital, poco después que Silvia lo perdiera en las calles de Solano; Paty era una cordobesa que estaba levantada y Tipi en ocasiones la acompañaba a dormir en algún
"telo", una operatoria frecuente de los levantados aunque no fueran pareja: a un hotel alojamiento sólo se podía ingresar de a dos, utilizando la cobertura de ser novios o amantes.
La Gorda Gloria era la tercera integrante de ese grupo con el cual, a diario podría decirse, Tipi mantenía charlas políticas y terminó convirtiéndose en el responsable.
"Todas las noches íbamos las tres a un bar de la calle Pavón a encontrarnos con
el Negro que venía de cumplir su tarea en el Sur."
Ana refiere algunas tareas de propaganda, pegatina de obleas en Constitución, y además que
"todos los días íbamos a la zona Sur, a Solano, donde llevaba a cabo su militancia con la gente de la villa y otros vecinos de la zona." Pero al mismo tiempo, Tipi se encontraba en Capital con algunos compañeros de la Facultad en algo que según el relato impresiona como una cita estanca:
"Íbamos caminando desde Córdoba, por Florida derecho, hasta encontrarnos con quien él estaba buscando." Y del mismo modo que muchos de nosotros, se pateaba la Avenida Corrientes de cabo a rabo, una y otra vez a lo largo de esos meses terribles, tratando de ubicar a algún perdido.
El testimonio de Silvia, la antigua compañera de Filo, encuentra su correlato en
los recuerdos de Ana: "Se veía con la gente vieja de Solano, tomaban mate con
ellos y hablaban de los caídos, pero había otros, con quienes mantenía largas
charlas políticas, y otros con los que salía a hacer tareas en Solano."
"Así
fueron transcurriendo los meses, entre las idas a Solano y las citas en
Corrientes o Florida "
Ana también coincidía con Silvia al remarcar que cuando lo conoció, andaba solo, en banda y descolgado, y al intentar explicaciones, entendía que esto se profundizó a partir del secuestro de Virginia.
Le preguntamos acerca de ese
"descuelgue" orgánico tan prolongado. Quedaba claro que Tipi tenía subordinados por aquí y por allá, en el Sur, en Capital, gente de la villa, vecinos de los barrios de Solano, por lo menos dos militantes encuadrados a su cargo allí, varias personas en Buenos Aires, se vinculaba en la ciudad con militantes y ex militantes, por lo menos dos de ellos de Filo; pero no aparecía en su relato la existencia de un responsable, de alguien a quien él mismo se subordinara.
"A mí me parecía que a Tipi le pasó lo mismo que a los otros pibes. Tanto que,
hasta a veces yo, que nada sabía de la militancia, lo veía muy solo y triste,
pero con mucha polenta y ganas de seguir peleando. A mí me daba la sensación que
habían caído todos, y que él seguía luchando solo, cosa que me llenaba de
orgullo y ternura. Y en virtud de su fuerza y empuje, yo no era capaz de dejarlo
solo, porque lo veía medio fundido, pero aún con un idealismo impresionante y
convicciones tan fuertes que merecían apoyarse. Tipi era un ser de otro mundo.
No sé bien las razones por las que estaba descolgado de sus compañeros, pero
creo que en realidad estaba descolgado de la época, porque todo su empuje y sus
frescas convicciones, ya no cabían para 1978."
De todos modos, Ana cree que siempre intentó, aunque infructuosamente, conseguir un nexo con la organización.
1978 ya era el desastre y la zona Sur había sufrido, con bastante anterioridad por cierto, en el transcurso del 77, una desarticulación feroz y decisiva.
"El Negro me habló muy al principio de un responsable, pero estaba descolgado de
él y no se explicaba los motivos, pensaba que tal vez había caído. De todas
maneras, en los últimos meses del 77, tal vez septiembre u octubre, íbamos
puntualmente los miércoles a las 19 y caminábamos por Florida hasta la Galería
del Este, buscando a ese compañero que, aparentemente, era muy importante para
él, por la insistencia y puntualidad en las citas. Pero nunca lo encontramos.
Hasta que se dio por vencido y no fue más, allá por noviembre o diciembre del
77."
"Tipi era nuestro responsable y nunca conocimos otro. También con los
chicos de Solano, él impartía las ordenes. No había nadie arriba de él, al menos
en esos tiempos."
En resumidas cuentas Tipi seguía, como Manuel o Pablo, y como tantos otros, rejuntando la partida en medio del desastre, como los montoneros del Chacho. Seguía
"amontonando" tropa como aquellos jinetes insurrectos de dos siglos atrás, los montoneros silvestres. Aún descolgado o sin enganches
"hacia arriba", pero tendiendo las redes de la resistencia en los de abajo.
El Tipi seguía haciendo, al fin y al cabo... cosas de montoneros.
La realidad fue que en algún momento, ese
"último tiempo" que recuerdan sus compañeros de Filo antes de perderlo a mediados del 77, donde estaba absolutamente desprotegido, sin laburo, desaliñado y anímicamente destruido, dejó de ser
"siniestro" para volverse bastante más benévolo.
El cambio, como es de
suponer, coincidió con la época en que conoció a Ana. Posiblemente también
influyó ese repliegue hacia Buenos Aires y un contacto más fluido con su vieja,
con su espacio histórico. A partir de entonces "consiguió trabajo en las
oficinas de la Bodega Michel Torino. Era uno de los mejores empleados y recuerdo
que el primer sueldo me lo regaló porque decía que mi hijita y yo lo
necesitábamos más que él."
Aún seguía yirando de aquí para allá al no tener un lugar fijo donde vivir, por ser un perseguido sin un mango, pero ya proyectaban alquilar un departamento, y hasta se anotaron en un curso de Historia.
"Muchas veces dormíamos en el departamento de su prima, en lo que hoy es Puerto Madero; en ocasiones parábamos en Villa Urquiza, en la oficina de mi viejo o en hoteles alojamiento, cuando estábamos bien de plata. Y muchas veces en la casa de su madre -un conventillo de San Telmo- donde todos los vecinos lo adoraban y tenía a sus abuelos, no sé si reales o postizos.".
El relato de Ana se tocaba una y otra vez con el recuerdo de los compañeros de Filo:
"Tipi pasó el último tiempo huyendo de casa en casa hasta que lo mataron"
"Solía volver a la casa de la madre, lo cual era una locura..."
El Tipi no cayó, sin embargo, como creían sus compañeros.
No apareció colgado ni lo agarraron durmiendo a la intemperie en una estación del Sur ni mucho menos lo salvó ese padre ausente que, según cree Ana, era motivo de resentimiento y bronca y acaso, en parte, razón profunda de su rebelión contra la injusticia y la miseria que conoció en el conventillo de San Telmo a raíz del abandono.
José María Orellano desapareció un 14 de abril de 1978 a las nueve de la noche, en San Telmo, cuando llegaba a la casa de su vieja para buscar un pullover porque su novia, Ana, tenía frío y a esa hora concurrían ambos al curso de Historia que habían comenzado cuando empezó a abuenarse con él un poco más la vida, después de conocer a Ana.
Ella no era
"militante" en realidad, nunca había sido una orgánica; tal vez por eso sigue recriminándose la maldita ocurrencia de haber sentido frío e insistir con el pullover, porque además, nuestro Tipi no quería ir a buscarlo
"se enojó con mi capricho, y no me habló durante todo el viaje, porque se nos
hacía tarde para la clase"
Y aunque ella no lo sabía, también en este punto confluye su relato en el de los integrantes de
"Filo", cuando nos señalaban el incumplimiento de su antiguo compañero en lo inherente a normativas de seguridad. Porque, tal cual nos transmitiera el Alemán, seguía siendo
"una locura ir a la casa de su madre."
"Después de su desaparición, con su
madre Mecha, luego de hacer la denuncia en los Derechos Humanos -Corrientes y
Callao-, las dos juntas fuimos a ver una bruja que vivía pasando el pueblo de
San Martín. Ella nos dijo que el Negro estaba viajando en un avión hacia el Sur,
pero que no lo volveríamos a ver nunca más."
El relato nos remitió a la forma en que, veinticinco años después de ese anuncio de la bruja, nombrábamos a Tipi durante los largos meses de la búsqueda,
"el montonero que se perdió en el sur"; también nos remitió, inexorablemente, al itinerario que -hoy sabemos- tomaban los aviones cuando arrojaban a la gente al agua, el rumbo sur de los vuelos de la muerte.
Ana nos contó también que la vieja de Tipi lo adoraba y con su sueldito de obrera se las arreglaba para comprarle pilchas y cuidarlo hasta con el
"jamón para la merienda". Los vecinos del conventillo lo amaban y cree que la fuerza de esos afectos también influyó para que el Tipi volviera peligrosamente una y otra vez a San Telmo.
El operativo fue descomunal, los milicos habían caído un rato antes.
Ella recuerda que desde el mismo momento en que los pusieron contra la pared, en la vereda, Tipi gritaba desesperadamente
"La flaca no tiene nada que ver!" Pero fue inútil, los llevaron a los dos. Después, durante toda la tortura de su compañero, ella escuchó esa frase reiterada, entre gritos, una y mil veces.
A Ana la soltaron a los pocos días. Entonces supo que debido a las bondades de la picana eléctrica, no podría llevar adelante el embarazo del bebé que iban a tener ambos.
Antes de liberarla le habían dado la campera de su compañero diciéndole que él ya no la iba a necesitar.
La madre de Tipi enloqueció y se murió en un manicomio.
El Tipi se perdió en un chupadero de la zona de Ezeiza, los antropólogos presumen que Vesubio o Banco.
[Páginas 309 a 319 del capítulo
"1978. Manuel. El resto de la historia", se reproduce con autorización
de la autora]
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