Nací en el Hospital Rivadavia el 12 de
enero de l934. Fui criado hasta los cuatro años por mi familia materna
alemana. Eran inmigrantes que llegaron a Comodoro Rivadavia a fines de
la primera guerra mundial y comenzaron a luchar desde abajo. Por mi
madre tengo el mandato de vencer las dificultades, venía de la
guerra...mi madre llegó a la Argentina a los doce años.
A los cuatro años cambia mi vida familiar drásticamente porque mi padre
se pelea con mi abuela, los dos eran muy autoritarios, y se lleva a mi
madre y a mí. Mi madre ya había comenzado a padecer una enfermedad
grave, una artritis reumatoide que progresivamente la iba dejando
inválida en una silla de ruedas. Los cuatro años siguientes me marcaron
para siempre...mi madre se interna en el hospital por el avance de la
artritis y mi padre debe irse lejos a trabajar, era maestro mayor de
obras en Vialidad Nacional. De modo que comienzo una etapa de exiliado,
paria infantil...pues a la familia alemana no podía volver por la pelea
con mi padre y la familia inglesa de mi padre no me podía tener. Eran
ingleses elegantes y distantes. Después...¿Qué es lo que le pasa a ese
nene? Y...ese nene tenía dos caminos psicológicos posibles que deduje
después con mis conocimientos posteriores.
Yo era hijo único, venía de ser el rey del hogar en la familia alemana,
a ser "el hijo de la señora enferma", estuve viviendo en familias muy
distintas...porque de pronto iba a parar a la casa de una tía rica
inglesa y en otro momento a la casa de la familia de un peón de la vía,
que eran "muy buenos"...
En aquel tiempo se creía que los chicos eran de palo, que estando bien
alimentados y bien vestidos, ya todo estaba bien. Pero los chicos
desarrollan un nivel de dependencia emotivo muy grande. La historia era
que siempre caía en un lugar distinto, en una familia que no conocía,
con hermanitos que se entendían entre ellos y yo estaba ahí como un
paracaidista. Psicológicamente, decía, esto tiene dos posibilidades: Una
es volverse una tortuga, meterse para adentro con un gran caparazón y
bueno...aislarse o sea ir para el lado del autismo, lo que se llama
autismo infantil...y la otra era transformarme en un antropólogo precoz
tratando de detectar cómo eran las reglas vinculares en esa familia,
cómo integrarme, cómo agradar, y elegí esta última que es estar atento a
la gente, a las señales de afecto y de rechazo, especialmente el armar
juegos con los nenes porque así yo me podía integrar si proponía juegos
divertidos.
|
|
Desde muy chiquito estuve interesado en saber qué pensaban los demás,
cómo eran, cuáles eran los deseos y los miedos, para yo poder integrarme
y además organizar los juegos para que me acepten. Esto marcó
prácticamente toda mi vida ya que siempre he estado organizando juegos,
juegos terapéuticos después en hospicios, en comunidades terapéuticas
organizando a la gente y especialmente a la gente que está angustiada.
Lo que fué también un modo de ser integrado, porque en el fondo, creo
que quedó algo de gran soledad.. podría decir que soy, en realidad, una
tortuga rehabilitada. Esos cuatro años fueron bastante difíciles para
mí, porque de ser el rey de la casa pasé a ser un agregado, a estar sin
papá y sin mamá a los cuatro años...eso me marcó como también el estar
atento a las angustias porque por una crisis muy intensa que tuve
después en mi primera separación de pareja me di cuenta que la
separación con mi mamá había sido muy traumática. La separación de mi
primera mujer fue una catástrofe psicológica para mí, desproporcionada
con el tiempo que habíamos vivido juntos y con el vínculo que en ese
momento se producía. Lo que pasó es que ella también se fue...en el
término de una semana porque se enamoró de otro muchacho, un compañero
de la Facultad de Filosofía y Letras. Yo quedé como un nene
abandonado...ahí me di cuenta de lo que me había pasado en la infancia.
Creo que la sensibilidad para el sufrimiento mental la tengo de esas
experiencias. Y también la capacidad de lucha, de pelear por la vida,
para armar proyectos, etc. Creo que es algo heredado de mi familia
alemana, colonizadora del Sur, de la Patagonia...y por otro costado,
creo que la herencia inglesa tiene que ver con cierta actitud más
elegante, flemática, con cierta distancia...voy a los hospicios y todo
pero siempre con un rol, no me contamino demasiado...me parece que esas
experiencias fueron muy importantes. Este exilio infantil duró cuatro
años y pasé, creo, por doce casas, doce lugares distintos... en sólo
cuatro años...
Esto me permitió también conocer todas las clases sociales, de pronto
estaba en casa de los Frías Sarmiento, con la familia de mi tía Cecilia,
habían venido de Europa y luego estaba con María, la esposa de un peón
de la vía, una mujer italiana muy buena pero totalmente pobre, de una
pobreza absoluta, en su casa no había baño, había que ir al
fondo...donde el abuelo cosechaba la papa y el repollo que comíamos. Eso
me dio la sensibilidad también para comprender estructuras familiares
muy, muy pobres.
Ahora puedo estar cómodo en una villa y en Barrio Norte, en Alto Palermo
y en Fuerte Apache. En mi cortísima profesión de arquitecto que duró
poco más de un año llegué a estar en lugares muy elegantes, como era de
familia inglesa y además profesor de la Universidad de Arquitectura en
Historia del Arte, tenía acceso a gente muy sofisticada y también estaba
cómodo...puedo estar cómodo en los dos lugares, también en la clase
media donde me crié, donde pertenezco.
El exilio terminó en Pergamino, ahí me volví a reunir con mis padres. Mi
madre era muy simbiótica conmigo, muy afectuosa, muy acariciadora...me
dio una intimidad con el mundo subjetivo femenino muy importante, fueron
años muy felices desde los ocho a los catorce. Ahí tuve la experiencia
de organizar una barra, las primeras experiencias comunitarias...en el
garage de mi casa hice un club de lectura para los chicos del
barrio...ahí estaban apiladitos, el Billiken, los Patoruzú, los Rico
Tipo, la revista Caras y Caretas, Mundo Argentino, etc. Incluso recuerdo
que había elecciones, por supuesto con lista única, donde yo era
presidente...me dí cuenta que con eso me ganaba el derecho a que me
integren, me acepten. Siempre estaba con esa falta fundamental de ser
el semihuerfáno, el hijo de la señora enferma...no olvido que cuando
presentaban a todos los nenes de la casa yo era el último ... "¿Y ese
rubiecito pecoso quién es?"... "Es el hijo de la señora enferma"...
Desde ahí es que me puedo identificar con los desamparados. Fue una
época linda, de mucha actividad social, fundé el Club de Filatelia, toda
clase de cosas...y era el organizador de la barrita. Y toda mi vida
después fui organizador de barritas, de doscientas, trescientas
personas...
De Pergamino volvimos a Capital. A mamá se le estabilizó la artritis y
como buena industriosa alemana inventó a partir de unos palos y unas
soguitas la posibilidad de seguir atendiendo la casa, hacía la comida
aún estando con muy poca movilidad en una silla de ruedas. Me enseñó que
todo se puede superar, que hay que pelearle a la adversidad y a no
entregarse. La relación hasta que murió mi madre fue muy intensa, muy
fuerte. He sido muy querido por ella...y eso me ha permitido tener una
mismidad, una seguridad existencial y ontológica que me permitió
explorar la locura. Después viví en Temperley, éramos los "Moffatt de
Temperley". Viví un tiempo cerca de mi primo Tommy y después fuimos a
Florida con los alemanes. Se reparó la relación con mi abuela, la "Oma". Por supuesto, mi madre era antinazi, no tanto la abuela que era
bastante autoritaria y como muchos alemanes decía que Hitler había hecho
las autopistas, había dado trabajo...pero claro, después de la guerra
que él inició, Alemania quedó totalmente destruida con autopistas y
todo.
Me fui haciendo grande...anduve mucho en bicicleta, tenía un perro y
andaba mucho por la calle. Después de los 17 arribé a un período de
mucha introspección adolescente. Empecé desde los 17 años a leer libros
en forma intensiva y no paré nunca. Dostoievsky, Rousseau, André Gide,
los rusos, los alemanes y los franceses, todos los artistas románticos y
surrealistas hasta Kafka de quien terminé haciéndome amigo íntimo al
leer y releer sus escritos e identificándome con sus bichos metamórficos
y sus escenas fantasmales. Además la relación con mi papá era similar a
la de Kafka con su padre. El mío era autoritario y sometedor, mi carrera
de arquitectura no es más que pura obediencia a él. En segundo año quise
cambiar a Medicina porque era lo que más me interesaba...pero mi papá
era demasiado convincente y terminé recibiéndome de arquitecto por él,
que es lo que no pudo hacer (Creo que él creía que yo era él).
En esa época llevaba siempre un bolso lleno de libros, iba con él a
todas partes, bolsos como los que sigo usando aunque ahora suelo
meterles otras cosas.
|
|
En ese tiempo dibujaba y pintaba mucho, creí que iba a ser pintor o
escritor, que iba a ser artista. Después me entusiasmé con el estudio de
la ciencia y alrededor de los veinte años tuve que ingresar a la
Facultad de Arquitectura, me volví más científico y me puse a estudiar
Ciencias Exactas y Biológicas, lo hice con mucho entusiasmo...algo captó
mi hijo de todo esto porque hoy es biólogo, está casado con una mujer
que es física y con mis dos nietas chiquitas están como investigadores
en la Universidad de Michigan.
¿Y cómo seguía mi vida allá en mis veinte años?...con mucho mundo
subjetivo...largas charlas literarias con mi mamá, ella gracias a su
parálisis podía leer mucho, escuchábamos juntos a Tchaikovsky,
Beethoven...toda esa música nostálgica y heroica.
Creo que mi madre me fue induciendo un destino para que sea un inventor
o algo así, alguien famoso que haga una gran obra para el bien de la
Humanidad. Yo me sorprendo tomando como héroe a Albert Schweitzer, el
alemán ese que quedó para siempre en el Africa curando a los negros o
también a Edison, pero como la bombita ya estaba inventada, yo tuve que
inventar la Terapia de Crisis porque me interesaban más los trastornos
psicológicos. No estaba tan errado porque en la familia de mi padre
emergió la locura, mi primo Tommy a quien siempre protegí, hizo un brote
esquizofrénico grave a los veinte años del cual nunca salió. Pobre
Tommy...un chico tan suave, tan delicado, tan fino...
Luego en una fecha muy precisa se me reveló un proyecto que organizó
toda mi tarea intelectual hasta ahora... fue el primero de enero de
1960, acampando en la Laguna de Chascomús...cuando empiezo a pensar en
un libro filosófico poético gigantesco que es el Tratado del Mundo en el
que estoy trabajando actualmente, ya van cuarenta años de juntar
imágenes, cada una representa una idea, he llegado a juntar diez mil y
además dos millones de palabras, ya metí todo esto en la computadora,
tienen que ver con el tema de la locura, la nostalgia, la belleza, el
pensamiento deductivo, la vida de Tafoma (que es Moffatt al revés) los
viajes a los mundos extraños y la psicoterapia como el arte de curar
vidas lastimadas.
Creo que mi madre con la parálisis se sintió muy frustrada y entonces
pensó que el hijo tenía que ser una especie de Mesías, alguien que
reinvindicara todo lo que ella no pudo hacer. A los veintisiete años me
caso y a los cuatro años se produce el episodio traumático que ya
relaté, donde comprendí por dentro lo que es una crisis desesperante, de
desestructuración del yo que me sirvió mucho después para construir mi
Teoría de Crisis.
Ya hablé de la fuerte relación con mi madre, con mi padre fue de otro
carácter. Él sólo hablaba como buen inglés controlando el mundo de los
objetos, sobre hechos cotidianos, como lustrar los zapatos, con qué
pomada y qué cepillo...pero igual me protegió mucho, a cambio del
sometimiento, de obedecerle en todo. En política, él me indicaba por
quién votar, tenía que vestir como él decía, pensar como él
pensaba...pero el viejo lo hacía desde el cariño y yo lo sigo
queriendo. Pero el que controla desde afuera no puede controlar
adentro, y yo fui siempre muy rebelde en el pensamiento, por ejemplo
nunca acepté a Freud, toda su construcción teórica no admite duda, tiene
algo de dogma religioso que hay que aceptar por eso inventé algo que se
le opone paradigmáticamente.
En psiquiatría siempre he combatido las formas organicistas y
represivas que avalan las aberraciones y crueldades manicomiales. Más
adelante cuento cómo hice una cruzada contra el maltrato en los
hospicios que son destructores de destinos y congeladores de almas.
A los dos años de haberme separado me vuelvo a casar y tengo los dos
chicos, hago una vida familiar buena. Vamos con mi esposa Claudia a
Estados Unidos porque me habían contratado con un fondo para
investigación en el Brooklyn State Hospital. Al terminar el contrato
quería quedarme pero mi mujer extrañaba a su familia, son italianos.
Esta experiencia fue para mí muy importante, tomo contacto con una
ciudad fascinante y muy loca...allí hago un estudio sobre la
Sociopatología de Nueva York.
En Estados Unidos me sentí muy cómodo tal vez por el origen anglosajón
de mi familia paterna... en el barrio que vivíamos había una calle que
se llamaba Moffatt. Aprendí un inglés muy callejero, trabajaba con
marginales, me encantaba. Era la época de los hippies aunque estaban ya
cerca de la decadencia, corría el año setenta o setenta y uno. Absorbí
todo ese mundo.
Por otro lado yo tenía una buena inserción en la cultura gaucha, de
chico iba mucho a lo de un tío irlandés que se había acriollado en el
campo pampeano. Junté las dos culturas y creo que hice una buena
síntesis.
Cuando regreso de Estados Unidos hago la primera experiencia importante
en un hospicio que es la Peña Carlos Gardel y adjunto mucho material
documental. La Peña dio lugar a muchas otras experiencias comunitarias,
dio los grupos de mateadas, dio el Psicodrama en forma de teatro
popular, dio cooperativas de trabajo y además el libro Psicoterapia del
Oprimido. Muchos desarrollos que hice tienen origen en esa comunidad
terapéutica.
|
|
Por el lado académico universitario fui profesor adjunto en la Facultad
de Arquitectura y Sociología, siempre en relación con ciencias humanas,
Historia del Arte y Estética Visual.
Hemos llegado al Proceso Militar donde dejo de trabajar porque lo
comunitario era muy cuestionado y visto como algo muy peligroso.
En estos años trabajé mucho en Brasil, escribí Psicoterapia del Oprimido
que lleva nueve ediciones y ocho en Argentina.
Cuando finalizó la Dictadura Militar con su secuela de horror,
violencia, torturas y desapariciones vuelve a salir el sol de la
democracia. Después de esa tormenta negra y angustiante creo el
Bancadero, más o menos después de Malvinas. El Bancadero es una mutual
de ayuda psicológica alternativa, autogestiva, fue una experiencia muy
importante en la que están comprometidos más de 60 Psicólogos Sociales y
Psicólogos Clínicos, está por cumplir 20 años y ya se atendieron más de
30.000 pacientes. El Bancadero es una comunidad que fue amasada con
mucho amor y responsabilidad científica: las fiestas, los grupos
terapéuticos, los talleres de psicodrama, el teatro, el semillero de
formación. Esta es una experiencia que fue repetida después y dio
elementos para otras en Argentina siempre con el concepto de Primeros
Auxilios Psicológicos de contención. Yo formaba a los Psicólogos de Pies
Descalzos también llamados Bomberos de la Angustia. Junto con la Peña
Carlos Gardel es uno de mis hijos más fecundos.
Enrique Pichon Riviere fue una de las personas que más me impactó
científica y filosóficamente, fue un gran maestro.
He trabajado mucho profesionalmente, incluso con pacientes, siempre tuve
consultorio.
Fui Director del Asilo de Indigentes de la Ciudad de Buenos Aires,
indigentes en la vía pública. Ahí estuve en contacto con unos mil
mendigos de la calle, organicé una comunidad terapéutica adentro pero
entró en colisión con los reglamentos municipales y me sacaron de mi
cargo de director con la excusa de una reorganización administrativa.
En esos tiempos también fui asesor del Ministro de Acción Social de la
provincia de Buenos Aires.
En general, cuando estuve en el estado fracasé, mi estilo es
alternativo, autogestivo.
Familiarmente los chicos se van haciendo grandes...se crían bien, no van
a la droga, no van a cosas raras. Luciano, el mayor, es el biólogo,
tiene treinta años y de él tengo dos nietas, Julieta de seis años y
Candela de cinco meses. Malena, la menor, empezó Psicología e hizo la
mitad de la carrera, interrumpiéndola ahora porque se ha entusiamado con
el arte y el baile español, el flamenco.
Después de la otra parte de la familia...ya dije que no tengo hermanos.
Los Moffatt están diezmados...mis tías no pudieron concebir hijos y en
lo que respecta a mis tíos me dieron tres primos varones. Tommy terminó
en el hospicio, yo también aunque a veces me dejan salir... Georgie
murió hace poco y siempre fue empleado de empresas americanas.
Mi padre también fue durante muchos años empleado de ARMCO, una empresa
de aceros americana...así que yo estuve siempre muy ligado al ambiente
norteamericano.
He vuelto a Estados Unidos otras tres veces, a Nueva York, ciudad con la
que sigo fascinado. He viajado mucho y sigo viajando a Brasil, que
conozco desde Porto Alegre hasta Manaos, en el Amazonas. Especialmente
visité sus manicomios supervisándolos. Hice viajes de investigación
antropológica a Perú, al Altiplano. El viaje a Europa me sirvió para
completar un video sobre marginalidad en la calle. Tomé registro en
Londres, Berlín y París de los drogadictos, los desplazados, los viejos
mendigos tradicionales...
En mi vida familiar aparece otra separación, después de 13 años me
separo de la madre de mis hijos, Claudia. He quedado en excelentes
relaciones con mis ex-parejas. Volví a casarme por tercera vez. Y luego
de ocho años se vuelve a repetir la escena de mi primer matrimonio:
Dorita se enamora de otro señor y se va. Pero después tres separaciones
voy entendiendo...ya no me despersonalizo como en la primera aunque me
dolió mucho. Yo tendría que pensar qué hago para que esto suceda...es un
problema difícil la pareja. Hubiera preferido un único gran amor pero el
destino me dio otra cosa.
Volviendo al tema de mi vida intelectual que es lo más importante en mi
existencia, debo decir que en el año 1968 publiqué mi primer libro
"Estrategias para Sobrevivir en Buenos Aires" que en su primer mes vende
10.000 ejemplares.
Con Psicoterapia del Oprimido también me va bastante bien y con Terapia
de Crisis un desastre. No lo leyó nadie, ni el editor. Esto me inhibió
para hacer otro libro por muchos años pero luego de diecisiete años ya
me estoy recuperando y preparando el Tratado del Mundo que son ocho
libros en uno.
Mi vida intelectual es cada vez más compleja porque actualmente soy un
referente en los medios para los problemas en relación a marginalidad y
salud mental, violencia, chicos de la calle e innumerables cursos de
Primeros Auxilios Psicológicos.
Mi madre desde su condición me inculcó también el preocuparme por los
más sufrientes. De chico iba yo a hablar con los linyeras, me
fascinaban. Pienso que no lo hacía sólo por bondad, sino que el marginal
con esa riqueza existencial que le da su vida dramática me enriquecía
también mucho. Aprendí muchas cosas de la vida en el fondo del hospicio.
Otro viaje interesante es el que hice a la India, es un país oriental y
por lo tanto, vi muchas cosas del mundo occidental a través de lo
contrario...un país no violento, donde la gente no roba ni se droga, me
encantó. Aprendí algunas técnicas de los Sadhus que son los hombres
santos. Curiosamente encontré esto mismo en Bolivia. Volví a encontrar
un pueblo trabajador, no violento, sin droga, con una estructura
incaica, una cultura ecológica. Son sociedades que no fueron alcanzadas
por el deterioro de esta crisis de la sociedad occidental de fin de
milenio.
Actualmente tengo la idea de hacer un texto a nivel popular que podría
llamarse Manual de Primeros Auxilios Psicológicos. Esto de la
emergencia, de la crisis y los primeros auxilios psicológicos siempre me
ha interesado más que el tratamiento tradicional del caso crónico, de
muchos años...y también me ha interesado mucho la rehabilitación de "las
causas perdidas" como los psicóticos, los mendigos...me dan un sentido
heroico, un sentido épico de la vida...otra vez Albert Schweitzer...y
nuevamente, el mandato de mi madre.
Me conmueve profundamente el arte, mi forma de estar en el mundo es
estética. Me sucede una intriga y un goce por el misterio que persigue
la ciencia.
Esto creo que es la "wissenshaften", el alemán amor a la ciencia que me
inculcó mi madre, ella me dio el permiso a pensar por mí mismo, no estar
dependiendo como los argentinos del último libro que viene de Europa y
especialmente de Francia, son Lacanianos, Foucaultianos, un pensamiento
creado en tierras lejanas.
El permiso para pensar por mí mismo...todo esto combinado con un
espíritu darwiniano...de juntar huesos y caparazones para armar su
teoría de la evolución, yo junto imágenes para armar la teoría de la
vida...y creo que con la misma inglesa paciencia.
Hace casi diez años fundé la Escuela de Psicología Nacional de
pensamiento nacional, por nación, como el lugar que uno nació...de
pensamiento independiente, de acá...usando modelos europeos también,
claro, pero llenándolos de contenido de acá...como hacen los europeos,
hay psicología francesa, psicología inglesa. ¿Porqué nosotros no vamos a
tener una psicología criolla?
Actualmente, me dedico fundamentalmente a supervisar. Manteniendo la
vieja costumbre de recorrer la realidad. A formar gente, a transmitir
experiencias. . . estoy en esta etapa ahora. Y también ir a explorar un
poquitito, aprender más. ..pero más que nada estoy en una etapa de
formar operadores en salud mental y de sintetizar mi pensamiento. La
vejez, lo que produce como aspecto positivo es que te aleja un poco de
ciertos problemas que parecían muy importantes. Se simplifica el mundo y
va quedando lo que es más sustancial, que es el amor, la muerte, la
tristeza, la alegría, la justicia, el dulce de leche, algún whisky, y,
básicamente, inventar ideas para curar vidas...,quedan las cosas que
son básicas. Es una oportunidad, también para ayudar a otros que están
recorriendo su camino, avisarles de algunos peligros y de algunos
lugares lindos...
Y lo nuevo que viene a mi vida no te lo puedo relatar porque todavía no
me sucedió.
Setiembre de 1998
Desde
la Cooperanza y El Bancadero hasta Las Ollitas y la Escuela de Terapia de crisis
"Si nos esperanzamos todos, a lo mejor cambiamos las cosas"
Aclara que se trata de una esperanza "no negadora". Los chicos en la villa donde
trabaja con las Ollitas le dicen "el abuelo cartonero". Estuvo con docentes de
Neuquén y Río Negro, donde surgió el tema de la violencia en la escuela. Fue un
día antes de que un chico baleara a sus compañeros.
Por Luis Bruschtein
Alfredo Moffatt tiene una larga barba blanca que lleva como una especie de Papá
Noel en desgracia. Ha sido discutido por el mundo psi que no concilia con sus
irreverencias ante la academia y sin embargo todavía se sigue hablando de
experiencias abiertas por él como la Cooperanza en el Borda o el Bancadero.
Moffatt se toma el pelo a sí mismo, se acusa de estar "siempre creando
escuelas". "Mi opción por los pobres y los locos —explica– es mi opción por mí,
porque me aburre la gente normal." Y al mismo tiempo reflexiona que, a los 70
años, lo más importante es "crear vida" y que donde mejor se puede hacer es
"entre la gente que está más hecha bolsa".
–De chico quería saber qué había adentro de la cabeza de la gente. Creo que era
como un detective, una especie de antropólogo. Cuando era chico, mi mamá se
enfermó de artritis, muy grave, y yo quedé solo, de casa en casa. Mi viejo se
fue a laburar, era maestro mayor de obras y de los tres a los siete años estuve
en lugares absolutamente opuestos. Estuve en la casa de un trabajador que era
amigo de mi padre. Estaba unos meses ahí y unos meses con una tía inglesa que
había venido de Europa, que era una casa de clase media y también estuve en
otras casas.
–De allí podría haber salido hasta un arquitecto de apellido inglés...
–Fueron cuatro años, entre los tres y los siete. Eso me marcó, porque me hizo
una especie de antropólogo precoz. Porque ese chico, o se volvía autista, en el
sentido de que se cerraba como un caracol, o se identificaba con los otros para
que lo quieran. Y salió algo así como Zelig. Cuando voy a la villa, los pibes
creen que soy el abuelo cartonero. Y después voy al centro de Arquitectos, estoy
en el staff de la revista, y entonces comemos en un lugar así muy fino, se me
transforma la voz y me convierto en un profesional fino, un arquitecto de origen
inglés...
|
|
–¿Pero la arquitectura después quedó en el camino?
–Pero decidí ser adjunto de cátedra con 500 alumnos de Historia del Arte y
también de Matemáticas, lo único que no me interesaba era hacer casas. Era mi
viejo, que me obligó. Yo había comenzado medicina y tuve que dejar. ¿Qué les
debo a esos años? Una capacidad de sentirme cómodo en una villa, en una casa de
clase media, sentirme cómodo en una reunión de clase alta, una especie de Zelig.
Eso me ha permitido cómo percibir la intimidad de mundos distintos. Después
viajé mucho, estuve en Estados Unidos, donde trabajé en el manicomio de
Brooklyn.
–¿Y cuándo se produjo su aproximación a la salud mental?
–Siempre estuvo, porque desde adolescente leía a Kafka, era un especialista en
Kafka, se me metió de cabeza. Pero bueno, un poco por esa historia familiar
quedé un poco encerrado, y para salvarme de esa soledad creo, me hice como
especialista en grupos, en vínculos, que creo que es para no quedar solo.
Siempre estoy rodeado de gente, y rehabilitando a gente que quedó encerrada. Y
con eso salí, salí del problema con eso de entender qué es una persona que está
muy introvertida, como diría Jung. Preocupándome por sacar a otros de eso, no
quedé solo.
–En los ’70 empezó a trabajar en el Borda...
–Con veinte pacientes psicóticos organicé una empresa constructora, con la cual
hice la plaza que hay en el Borda y pequeñas piecitas, en una de las cuales está
actualmente La Colifata, soy el abuelo de La Colifata. Fue en el año ’67. En el
hospicio entré estéticamente, como una especie de Lautreamont del subdesarrollo.
Me interesaba ese mundo fantasmal, de Dostoievski criollo, como es el fondo del
Borda. Mi opción por los pobres y los locos es mi opción por mí, porque me
aburre la gente normal. Soy un psicólogo social que optó por los pobres y los
locos desde hace muchos años y porque me parecen personas mucho más ricas
existencialmente. Mi familia es clase media, alemanes e ingleses, así que mi
vida era un opio. Son buenos administradores, pero un opio, y busqué una forma,
creo, para rajarme de ese mundo.
–La locura provoca reacciones contradictorias en las personas, rechazo y
atracción al mismo tiempo...
–En la locura veo como una creatividad dramática, porque el arte y la locura
están muy juntos. Entonces me iba al fondo del Borda y hacía como cuentos,
imágenes, recogía inscripciones. De la arquitectura me quedó la fotografía,
entonces tengo unas fotos fuertes, que Salgado quedaría como un bebé. Hice la
peña Carlos Gardel, en la que intervinieron casi 500 pacientes. Habíamos
declarado territorio liberado de la acción manicomial, era la época de Cámpora,
estábamos dentro del movimiento popular. Los psiquiatras tenían que hacer un
rodeo para evitarnos, porque allí había que probar si uno era loco o sano, no
valía el uniforme blanco. Teníamos un mástil, subíamos la bandera en ese
territorio liberado, qué delirio, pero duró dos años y pico y dio lugar al libro
Psicoterapia del oprimido. Ese libro tuvo seis ediciones, la traducción
portuguesa tuvo hasta diez ediciones. Es un libro que se estudia en toda
Latinoamérica, menos aquí en la Argentina. Como no fue escrito en París...
–¿Por qué se fue del Borda si se sentía tan bien y había puesto en marcha tantas
cosas?
–Yo estaba cómodo en el manicomio, porque era una fuente de creatividad
estética, digamos, en un estilo del expresionismo alemán. Pero tuve que salir de
esa especie de edén escatológico, porque afuera están más locos que adentro. Y
tuve que salir porque tuve que darles auxilio psicológico a las maestras. Y
después fundé el Bancadero, porque la gente estaba muy hecha mierda por la
dictadura militar. La dictadura fue una aventura muy loca, siniestra.
–¿Durante la dictadura estaba en el país o tuvo que salir?
–Yo estaba acá y no hacía absolutamente nada y trabajaba en Brasil. Yo no sé, se
llevaban a gente por haber leído Psicoterapia del oprimido, que era una especie
de libro montonero. Y yo estaba quietito, descolgado, de chico solo, no estaba
en ningún racimo, y así sobreviví.
–¿Sin plata, sin permiso, sin casa, el Bancadero fue magia?
–Fue una cosa loca, porque era una casa en la calle Gascón, destruida, de quince
habitaciones, que primero había sido prostíbulo y después depósito de un
almacén, estaba totalmente destruida, con los yuyos a la altura de una persona.
Entonces lo alquilaban por 40 pesos, para que no lo intrusaran. Entré con gente
que había formado en terapia de crisis. Me decían que estaba loco, tenía los 40
pesos para alquilar, pero ni un peso más para arreglar el lugar. Tampoco tenía
permiso municipal. Lo que tenía era la necesidad de la gente que estaba hecha
mierda, era el año ’82. María Esther Gilio me hizo un reportaje para Clarín y
salió un domingo a doble página. El lunes habías unas 80 personas dispuestas a
entrar. Mis colaboradores me decían "¿qué hacemos, Alfredo? Están golpeando",
"dejalas entrar". Arreglamos una habitación que estaba más o menos bien. Hicimos
una reunión: "¿Ustedes quieren tratarse?" "Sí". En el hospicio había trabajado
mucho con laborterapia, entonces propuse que cada grupo con su asistente
terapéutico arreglara su lugar. La gente se enganchó. La primera etapa eran dos
o tres horas que traían cemento, pintura, cables. Cuando terminábamos cada pieza
hacíamos una gran fiesta. Los neuróticos, que creen que no pueden mover un
ladrillo, cuando lo hacen descubren que pueden: La reparación psicológica fue
bárbara y nosotros arreglamos la casa. Cuando la reparación terminó, disminuyó
el potencial terapéutico. Quería destruir todo de nuevo.
–¿La figura de Enrique Pichon Rivière fue inspiradora?
–Todo eso era Pichon Rivière detrás. Justo se había muerto, pero había trabajado
diez años con él. Me llamaba su hijo putativo. Por el Bancadero han pasado cerca
de 35 mil personas, en 20 años. Es un tocazo. Era una clase media en desgracia,
gente asustada, que había tenido algún contacto con las represión. Se trabajaba
con terapia grupal y mucha técnica de psicodrama. La gente que venía y nos
asesoraba eran Fernando Ulloa, Tato Pavlovsky, Bauleo, y muchos más, teníamos la
crema. Teníamos entre 250 y 300 personas por semana.
–¿Después les quitaron la casa?
–Sí, y justo en ese momento teníamos también el Bancapibes, toda la guachada de
Once, pibes bravos, estaban en el Bancadero, con algunos conflictos, empezaban a
putear, en fin, pero sin demasiados problemas. Pero nos sacaron la casa para
construir una torre de departamentos. Entonces nos alojó Adolfo Pérez Esquivel
en la calle México. Y después compramos un departamentito y ahora estamos frente
al Shopping Abasto. Pero aquel Bancadero fue un despelote. Los carnavales que
hacíamos eran un psicodrama, con más de 300 personas. Hicimos experiencias
interesantes, como la Sudestada, un poco tomando la película Hombre mirando al
Sudeste. Eran cien que hacían de locos, cien de psiquiatras y cien de visitantes
y todos empezaban a interactuar. El loco tenía que hacer de loco, pero sin
hablar, y el otro tenía que contenerlo. Todo al mismo tiempo, cien veces se
repetía, con luces de colores y al final se ponía la Novena Sinfonía a todo
volumen y todos empezaban a unirse. Era una época especial, con Teatro Abierto,
la salida de la dictadura, había mucha efervescencia.
–Del Bancadero pasó a una experiencia más de tipo social, como son las
Ollitas...
–Esta experiencia está más lejos del manicomio y más cerca de la pobreza. Las
Ollitas son más o menos entre 200 y 300 chiquitos que alimentamos con
autogestión de los padres y de las madres en La Matanza, en tres villas. Yo
hablo esquizofrenés, que lo usé en Estados Unidos, es un lenguaje de gestos y
actitudes del cuerpo. Y hablo el villarés ¿no?, que es el idioma de la villa.
Ellos ven que no sos evangelista ni cana ni político y cuando te junan, se
entregan, y organizás. Es una organización de mucha solidaridad. Abajo no está
podrido. Las madres hacen una organización sin corrupción, fideo que entra a las
Ollitas, va a la panza de un pibe, no se pierde nada. Son tres Ollitas y se
multiplicaron, ahora en Mar del Plata hay tres más, hay una en La Plata. Se
demuestra que es posible, que en el lugar de la muerte se puede generar la vida,
con la misma gente. Hace tres años que empezamos. Soy una especie de médico
frustrado, tengo la necesidad de ponerme al servicio de lo más necesario, como
un médico de emergencia, voy donde hay más dolor. Cuando se arregle un poco la
cosa quiero volver al manicomio. Yo soy el abuelo de La Colifata, voy a
visitarlos, me saludan, me abrazan...
–¿Quedan todavía pacientes de aquella época?
–Y sí, no sale nadie, es la máquina de picar carne, es terrible. Además, con la
desocupación que hay afuera, como para salir. La represión paró bastante en el
manicomio, lo que pasa es que la terapia es un poco farmacológica, no hay
comunidad terapéutica. Salí primero al Bancadero, y después a las Ollitas,
porque los pibes están hechos mierda. Nosotros decimos que si trabajamos con los
pibes antes del terremoto hormonal de la pubertad, están plásticos todavía, y
les damos elementos de vinculación hacia la vida, vamos a disminuir la cantidad
de adolescentes que van a la bala policial o que van a la prostitución. Los dos
oficios de la desesperación, que son el afano y la prostitución.
–¿La escuela se llama ahora de terapias de crisis...?
–Es terapia de crisis, no es psicoanalítica, es más una filosofía existencial,
donde la conciencia es una historia, no hay un aparato psíquico. Yo les digo a
mis alumnos: cada uno de ustedes está en una película de la que no pueden salir,
a menos que se peguen un tiro, no se pueden escapar. Y más vale que esa película
tenga argumento, si es un bodrio estás jodido, es una película que la tenés que
ver, la tenés que actuar y la tenés que dirigir. Trabajamos con la historia de
vida, con el sentido de la vida. Nos vamos del Edipo y toda esa concepción que
es muy útil en la burguesía, pero para las clases populares, desesperadas en la
marginación, el tema es sobrevivir, no es cogerse a la vieja, sino comer y
sobrevivir, que es distinto. Trabajamos con una estructura criolla.
–¿Cuántas personas colaboran con usted?
–Qué sé yo, si juntaría de todos los lados, son cientos. Por ejemplo Carlos
Cica, que se formó conmigo, organiza Emergencia Psicosocial, y trabajó en la
AMIA, en el avión caído de Aeroparque, en Río Tercero, y va como con 40
psicólogos sociales que trabajan en catástrofes a bancar en esos momentos, con
abrazos de contención, una técnica que se llama maternaje. Después está la Casa
Teresa para chicos de la calle, los más bravos, de la que yo soy el presidente.
Después la Cooperanza sigue, y con La Colifata. Después está el Bancadero.
–De todos los trabajos que ha realizado y que todavía están funcionando, ¿cuál
le pareció más importante?
–Todos, porque cuando uno llega a los 70 años uno se pregunta qué es lo más
importante. Y cuando uno está cerca de la muerte, lo más importante siempre es
generar vida. ¿Dónde se genera vida con mayor intensidad? Entre los que están
más hechos bolsa. Hay teorías de la marginalidad, teorías evolutivas sobre todo
esto. Tengo tres páginas web con estas cosas: www.ollytas.org.ar donde está todo
lo que hay que saber para hacer una organización popular autogestiva en lugares
de mucha marginación. Y después está otra que la hice porque me dio miedo de que
se pierda todo: www.moffatt.com.ar, que tiene mil páginas, donde puse todo,
porque quiero que toda esa experiencia sirva. Hay como 300 fotografías que se
pueden copiar bien grandes. También tengo un programita en Radio Nacional, me lo
dio Mona Moncalvillo. Es todos los martes de 11 a 12 de la noche. Se llama
Fogoneando la esperanza y le puse también Universidad Criolla del Aire.
–¿La escuela tiene filiales en el interior del país?
–Hay en Chacabuco, en La Plata, en Neuquén y Río Negro. Allí son 300 alumnos.
Dos días antes de que se produjera el episodio en la escuela de Carmen de
Patagones estuve en Río Negro y en Neuquén para dar un seminario para ATEN, que
es el sindicato de docentes. Había 400 docentes. Trabajamos la problemática de
cómo manejarnos con la violencia en primario y secundario. El episodio se
produjo al día siguiente y después tuve que trabajar en escuelas.
–¿El problema de la violencia en las escuelas surgió como el más acuciante?
–El tema salió como emergente. Hicimos un taller: la mitad de los 400 hacían de
chicos violentos y la otra mitad de docentes. Tenían que expresar la violencia
con el cuerpo, a través de tensión muscular. Y después entraban los docentes.
Eso servía para que los docentes pudieran involucrar el cuerpo, porque la
violencia no tiene significación verbal, la violencia es un hecho físico, de
contracción muscular. Después se hacía el cambio de roles. Aparecía el docente
que quedaba paralizado, el que devolvía la agresión, el que se descomponía, el
que trataba de seducir, de abrazar amorosamente, el que de pronto lo veía como
una película y no podía hacer nada. Hubo otros que se ponían a llorar. Acercaba
la acción y el símbolo. Que el mundo del símbolo, que de alguna manera es el del
docente, entre en el de la acción violenta es casi imposible, porque no tienen
conexión. Pero de esa forma podían cruzar esas situaciones. Eso se llama
resonancia emocional del docente. Porque el docente ahora es otro grupo de
riesgo.
–La falta de trabajo no solamente es un problema económico, una cuestión
material para el adolescente...
–En nuestra concepción, pensamos que el adolescente que no entra a trabajar
queda fuera del mundo. Cuando deja el juego infantil porque las hormonas lo
arrojan a la realidad, a la búsqueda del otro, se le genitaliza la libido, y si
del otro lado no hay un trabajo que lo haga salir de la casa, queda en el vacío.
Porque a través del trabajo que no consigue, él conseguiría a la pareja. Si no
tiene trabajo todo se le complica. El chico queda en un espacio de vacío
existencial que es insoportable porque no entra en la realidad. Si les cerramos
las puertas porque no les damos trabajo a los adolescentes, ¿qué van a hacer?.
Van a romper la pared, tienen mucha necesidad. Y ahí aparecen las cosas, feas,
el afano y la prostitución. Hay tantas nenas en la prostitución como chicos en
el afano, pero no aparece en los medios porque no pone en peligro a la sociedad.
La
Comunidad Popular Peña Carlos Gardel
ALFREDO MOFFATT 1974
Es bastante difícil analizar una experiencia que se está viviendo, es
difícil tomar distancia y verla en perspectiva pero, de todos modos, ya
después de dos años es posible percibir un cierto proceso, analizar las
reacciones de los diversos sub-grupos, las consignas comunitarias que
fueron apareciendo, las propuestas de cambio y la nueva filosofía de
vida que, poco a poco y entre todos, se fue creando. Tomar todo esto,
junto con opciones ideológicas más generales relacionadas con el proceso
de liberación y armar un modelo teórico de Psiquiatría Popular es el
tema de este capítulo y de las consideraciones finales. Para nosotros,
los integrantes de la Peña, hay tantas experiencias emotivas, tantas
cosas pasaron: momentos de mucha angustia, momentos de gran alegría. Hay
mucho amor puesto en "esa Peña", líos, depresiones, peleas,
reconciliaciones, momentos de intensa e íntima participación afectiva,
donde sentimos algunas veces un nivel de compromiso humano tan intenso
que luego, el "mundo de afuera" nos parecía como constituido por gente
solitaria y desconectada (es decir, de pronto podíamos percibir al
"manicomio de afuera"). El meterse en los fondos de un hospicio y
compartir, aunque sea por un tiempo, las angustias, los delirios y ser
solidarios con ese sector de pueblo trabajador más bajo, reventado,
igual que afuera pero más degradado, fue para todos nosotros (los
"compañeros de afuera") una escuela de vida, una forma de aprender el
país de abajo, de combatir la hiperteorización colonizadora y estéril.
Nosotros también nos curamos, pero de distinta enfermedad. En la Peña
nadie le debe nada a nadie, "no corre" la beneficencia ni el
autoritarismo; entre todos construimos una nueva vida comunitaria. El
grupo es completamente heterogéneo, pero lo que queremos lograr es
siempre compartido por todos: es una posibilidad de vida menos injusta,
con más posibilidades para que cada uno realice lo suyo, e incluso, si
alguien puede imaginarse mundos distintos al resto, lo aceptamos como se
acepta la realidad: como una verdad que no constituye, en sí misma, una
amenaza. Para que se tenga una idea concreta de lo que es la experiencia
y de los límites que tiene, vamos a introducirnos al tema con una
descripción objetiva del desarrollo histórico y del lugar, los
sub-grupos, las distintas actividades y también cómo se desarrolla
normalmente la reunión comunitaria de los sábados, que es la más
importante y ia que reúne una vez por semana a todos los compañeros "de
adentro" y "de afuera". Luego pasaremos a "despiezar" la Peña en partes
para su análisis y terminaremos con una tentativa de integración que
organice, según un modelo comunitario, a todo ese conjunto de he- chos,
de sucesos extraídos de una praxis.
COMUNIDAD POPULAR PEÑA CARLOS GARDEL
Introducción:
Esta comunidad Popular funciona en el fondo del Hospital Nacional Borda,
hospicio dependiente del Instituto Nacional de Salud Mental. El Hospital
Borda, conocido anteriormente como "Hospicio de las Mercedes", luego
llamado "Neuropsiquiátrico de Hombres", queda a pocas cuadras de Plaza
Constitución (el pueblo siempre lo llamó "el Vieytes"). Es el Hospital
Mental de Buenos Aires (con 2.500 camas) y, con el Hospicio de Mujeres,
el "Braulio Moyano", son las instituciones que actúan como "depósito
psicológico de la locura" para los porteños. Y este es, precisamente, el
lugar que elegimos para realizar esta experiencia de replanteo del
concepto de locura y combatir desde esa área de demostración toda forma
de represión mental, pues consideramos que en los hospicios se lleva a
los últimos Iímites el proceso de represión mental (especialmente para
las clases populares) que comienza en las escuelas, sigue en las
fábricas y luego puede pasar por asilos, reformatorios, cárceles, etc.
Con todo, el Hospital Borda no es el peor de los hospicios argentinos.
Por el contrario, tal vez sea el que tiene más posibilidades de
evolucionar.
La Comunidad empezó a funcionar el 11 de diciembre de 1971. Para su
constitución unieron sus esfuerzos dos grupos, uno de adentro (los
compañeros del Club "El Fogón", que organizó Osvaldo García) y otro de
afuera, que se formó luego de un seminario (con audiovisuales) dado por
el autor, sobre "Psiquiatría Social" en la Escuela de Psicología Social
de Pichon Riviere. Durante el verano de 1972 se trabajó fuerte y se
consiguió "poner en órbita" la comunidad con la ayuda también de
familiares. Cuando el hospital se enteró que funcionaba una comunidad en
el fondo, era ya un hecho consumado. Hubo posteriormente, y por medio de
una carta de Pichon Riviere, dirigida a las autoridades del hospital, un
reconocimiento "de facto". Desde entonces y a través de dos años
ininterrumpidos, estuvimos "dentro del hospital pero fuera de la
institución". La Comunidad se organiza alrededor de un gran árbol y cada
sábado debemos entrar, colgar las decoraciones, carteles, etc. y Iuego,
al terminar, descolgarlas y sacarlas del hospital, para volver a traer
todo el sábado siguiente. La reunión principal se realiza, precisamente,
todos los sábados desde aproximadamente las 15 hs. hasta las 20 hs.
(cinco horas) y participan alrededor de 100 personas (incluyendo unos 20
compañeros de afuera); aunque se produce una rotación existe un núcleo
base de compañeros internados y compañeros de afuera que lleva la
continuidad del proceso comunitario. Además se realizan dos reuniones
menores durante la semana (martes y jueves), donde funcionan grupos de
mateadas, grupos de trabajo (cooperativa) y grupos de aprendizaje
(Universidad Obrera). La actividad de la Cooperativa está suspendida
actualmente por falta de un lugar con techo. La estructura comunitaria
está determinada por una integración de modelos comunitarios populares;
es una especie de síntesis de baile campero con guitarra y canto, con
asado, con organización de sociedad de fomento (comisión directiva), con
simultaneidad de actividades de cafetín porteño y algo de romería con
teatro, con fogones de "materos" y costumbres de pulpería (las peleas).
Pero fundamentalmente vive por un sentimiento de hermandad y de
compromiso afectivo ’a muerte" de cada uno con la comunidad, con la
"peña", que ya tiene una existencia mítica independiente de cada uno de
nosotros. Entre los compañeros internados (y también entre los de
afuera) es un símbolo y una esperanza de que el mundo pueda cambiar y
volverse un poco menos injusto, menos individualista y menos
"paranoico". Para nosotros la experiencia tiene otro nivel más también,
y es que no sólo resolvemos el problema para 300 o 400 compañeros
internados, sino que es fundamentalmente, un área de demostración de que
es posible el cambio, que un nuevo planteo desde la cultura popular crea
una alternatíva nueva respecto a la locura. Desenmascara el sometimiento
como falso criterio de salud mental y propone otros criterios de cordura
para el pueblo; la cordura de asumir su identidad cultural y personal.
También somos concientes de los límites en que nos movemos. Aunque la
dirección del camino está trazada hasta lejos, no damos pasos más largos
que los que pueden dar nuestras pier-nas. Es decir, todo comienzo de
cambio sólo modifica un pequeño sector del sistema, pero lo importante
es, sí, señalar el camino. Ese es el sentido de un "área de
demostración": sirve para comprobar en la práctica algunas hipótesis de
trabajo y luego para formular nuevos pasos que conduzcan a nuevas
maneras de ver el problema. Daremos ahora una idea general de nuestro
esquema referencial (nuestro esquema conceptual y técnico) para después
describir con más detalles las condiciones objetivas de la comunidad
(hábitat y proceso de una reunión) y, finalmente, entrar en el corazón
de la experiencia, que son las técnicas de terapia comunitaria y grupal
montadas sobre el rescate de las formas populares de interacción social
y de proyecto de vida. Donde nuestra labor será una sintesis entre las
técnicas psicoterapéuticas urbanas y las modalidades con que el pueblo
resuelve sus angustias (es un poco lo que llamamos la síntesis
"Freud-Pancho Sierra"). La propuesta ideológica puede sintetiazarse en
cinco frases que la definen:
– Una movilización (u organización) de bases,
– que a través del rescate de la cultura popular
– intenta una redistribución de la locura.
– operando con un nuevo esquema técnico.
– para luego estructurar un modelo teórico a partir de la práctica
concreta.
De las cuales, las tres primeras apuntan a los puntos claves de nuestra
propuesta.
• Organización de bases:
La principal característica que debe tener una psicoterapia del oprimido
es que la debe hacer el oprimido (por lo menos poner la principal
energía para ese cambio). Claro que, por otra parte, sabemos que la
iniciación de un proceso de este tipo requiere una energía inicial que
provenga de otro sistema social, del de "los sanos". Podríamos reiterar
la siguiente figura de comparación: "es imposible, cuando un bote está
encajado en la costa, hacerlo andar remando y también es imposible
empujarlo desde adentro: se necesita una ayuda inicial de alguien que lo
empuje desde afuera hasta que se pueda remar". Ese "empujón desde
afuera" es la labor de concientización del internado para que luego se
organice asumiendo su identidad cultural como grupo, conquiste un mundo
mejor dentro del hospital y luego pueda reintegrarse activamente al
"afuera". Por eso este tipo de terapia social (mejor casi diríamos "de
reconquista de derechos") es sólo posible de organizar si existe, aunque
sea en forma latente, una actitud de cambio, un deseo de progreso, de
liberación. El hospicio impone el autoritarismo desde arriba, la
Comunidad Terapéutica importada impone la "democracia" también desde
arriba. En cambio el planteo de Comunidad Popular exige que lo que sea
que se imponga lo sea desde abajo (en general será la conveniencia de la
mayoría). Debido a que la población de internados se encuentra muy
"alienada" por las manipulaciones del hospicio es necesario, en un
principio, un equipo mixto: personas internadas que deseen un cambio y
personas no internadas que también lo deseen. Nosotros, en nuestra
experiencia, nos llamamos "compañeros de adentro" y "compañeros de
afuera" respectivamente. Una vez realizada la ligazón afectiva entre
ambos grupos (consideramos que la necesidad de un compromiso afectivo es
parte de nuestra ideologia) se comienza el trabajo "hombro a hombro",
buscando y experimentando caminos desde una perspectiva que incluye la
visión del mundo (los mitos, valores, costumbres, etc.) de la mayoría.
Todo esto implica movilizar el sentimiento de reivindicación ancestral
de nuestra clase obrera, es utilizar este sentimiento como motor, como
energía para el cambio, es reconectar al compañero trabajador internado
con todo su pasado histórico, con las luchas de su clase y con el
proceso de liberación que ha emprendido nuestro pueblo.
• Rescate de Ia Cultura Negada:
Toda una tarea recién comenzada y asumida por quienes desean nuestra
independencia cultural es la que puede denominarse "el rescate de la
cultura negada". Como primer paso, enfrentar la dominación y lucha
contra alguien (el imperialismo yanki y también el imperialismo porteño)
es necesario saber quién es el que lucha: es decir que la primera tarea
es reconquistar nuestra identidad cultural negada a través del proceso
de colonización. Para esto es necesario todo un trabajo que podemos
llamar "de arqueologia cultural", que vaya armando el rompecabezas con
las piezas sueltas obtenidas a través de la historia y de la geograf ía
de nuestra patria. El esquema "Civilización-Barbarie" es, posiblemente,
la estructura cultural y económica más fundamental de nuestro desarrollo
histórico. La oposición "Buenos Aires-Interior" comenzó el día de la
fundación de la ciudad y luego Buenos Aires siguió dependiendo más de la
lejana Europa que del cercano interior, que fue negado y rechazado en
nombre de la "civilización" (por turno lo fueron España, luego
Inglaterra y Francia y, ahora Estados Unidos). La macrocefalia de la
Argentina es una de las patologías de desarrollo más perjudiciales, pues
aisla entre sí a Buenos Aires y el interior por la estructura de
colonización interna.
Debemos aclarar por qué la identidad cultural de los grupos marginados y
oprimidos (una línea que va desde el indio hasta el orillero suburbano
pasando por el gaucho) es tan importante en el caso de la salud mental.
Un enfermo mental se encuentra, por momentos, alejado de su propia
naturaleza tanto como de la cultura en la que le tocó nacer, por eso
está enfermo. La restitución de la salud se da cuando se reencuentra con
su origen, es decir con su verdadera naturaleza y con su cultura que fue
el escenario de sus vínculos. Si no se conoce ni respeta la identidad
cultural del grupo marginado, se ayuda a convertir una situación de
extrañamiento de sf y de la cultura a nivel personal, en una
confirmación externa, social, de que el mundo es amenazante y caótico.
Traemos, para ejemplificar esto, el caso de los "progresos" terapéuticos
que pueden, paradójicamente, empeorar al paciente (fenómeno conocido en
Psicoanálisis como reacción terapéutica negativa) porque llevan consigo
a un nuevo problema y es la desarticulación de las formas habituales de
regular la comunicación y los sentimientos de seguridad y protección que
tiene cada cultura. En general, el grupo oprimido se resiste a utilizar
la cultura del opresor, aunque esta revista forma de servicios
necesarios, (por ejemplo, salud física y mental) y prefiere sus propios
modelos terapéuticos que incluyen la cultura global ancestral nativa.
Esto aclara la importancia de las curanderas en las villas miseria, pues
al ir al hospital los villeros deben mendigar la atención, y la actitud
del médico es degradatoria y descalificatoria (tuteo, largas esperas,
manipulación como objeto). Además el médico incluye en la administración
de la terapia una transculturación, es decir, le impone sus valores y
normas pequeño-burguesas como si fueran universales (para lo cual cuenta
con la colaboración de sus auxiliares instrumentales "visitadoras" y
"asistentes" sociales). Esto es especialmente grave en el caso de las
psicoterapias, pues no pueden evitarse valoraciones de una cultura desde
otra, lo cual produce un proceso de desajuste cultural al grupo de
pertenencia del paciente, que lo llevan a este a aumentar sus
sentimientos de inadecuación y extrañamiento.
• Redistribución de la locura:
Tal como a la pobreza (o a la riqueza) también a la locura es necesario
redistribuirla. Los chivos emisarios no necesitarian existir si cada uno
de nosotros asumiera su parte de locura, su delirio chico o grande.
También se puede ver el problema a la inversa, es decir, lo que perdemos
al reprimir todo pensamiento no racional con un pensamiento
estereotipado, renunciamos tanto a la locura desintegradora como también
a la imaginación creadora.
Defendiendo una redistribución y elaboración de los contenidos
irracionales también estamos defendiendo nuestro derecho a la creación,
a la imaginación y a conocernos nosotros mismos, hacia adentro, hacia
nuestro inconciente.
Además, en el caso de nuestra área de trabajo, este derecho a disentir
respecto a la explicación del mundo impuesta, (a la "explicación
oficial") es una reivindicación específica. Pues bien sabemos que la
calificación de "loco" depende del nivel de tolerancia a lo distinto y,
a una mayor intolerancia mayor será la cantidad de gente puesta en la
categoría de loco. Tampoco podemos ver este problema como lejano y como
perteneciendo a los internados en un manicomio, pues de pronto nos puede
"pertenecer" a todos. Las situaciones de perturbación, de
contradicciones en el desarrollo vital de una persona, especialmente el
continuo proceso de pérdida que contiene el ciclo de la vida (y,
especialmente, el enfrentamiento irremediable con la muerte) crea un
gran monto de angustia que, reprimida o no, puede conducir a un
desbordamiento de las funciones de racionalidad del Yo y de sus
mecanismos defensivos. Ahora bien, desde el momento en que todos estamos
metidos en el "mismo baile", de pérdidas, miedos y contradicciones, es
injusto (además de ineficiente) realizar el depósito de todas estas
cosas en determinadas personas y convertirlas, así, en profesionales de
la rareza, es decir, locos. Decimos "mecanismos de defensa ineficiente"
pues depositándolas y asignándolas a otros no las elaboramos, las
dejamos sin resolver. Por eso pensamos que cada cual debe asumir su
delirio, ya sea pequeño o grande. Además pensamos que la imaginación
requerida para concebir el cambio es facilmente confundida con locura, a
veces con buena y a veces con mala fe.
• Nuevo esquema técnico
Aunque todavía estamos en la tarea de ir construyendo, poco a poco,
nuestro esquema, ya tenemos ciertas técnicas operativas. Ya hemos hecho
referencia en el capítulo anterior a los elemen- tos de nuestra técnica
que vamos penosamente y poco a poco extrayendo de ese replanteo total
que es esta experiencia, donde casi todo el encuadre terapéutico
convencional ha tenido que ser modificado (especialmente en la relación
entre "quien cura" y "quien es curado" y también "de qué es curado").
Nosotros consideramos que ambos grupos se curan, aunque en general de
distintas enfermedades. Los compañeros de adentro se curan del hospital
degradatorio y también de su perturbación psicológica y los compañeros
de afuera curan de su colonización ideológica, es decir se hacen más
argentinos, más integrados a su país, a su pueblo (y también, en segundo
término, de sus perturbaciones psicológicas). El trueque es más o menos;
"yo te curo de la degradación manicomial y vos me curás de mi cipayismo
ideológico", (salud mental por argentinidad).
Siempre se debe mantener la simetría en el tipo de relación entre los
dos grupos (ni autoritarismo, ni beneficencia)."Lo que yo te puedo hacer
vos me lo podés hacer a mí". Para ilustrar esto diremos que, en la
relación entre una compañera psicóloga que viene a la peña y un
compañero internado pueden producirse dos "errores técnicos". La
psicóloga puede, mientras baila, hacer sutilmente una interpretación
psicoanalítica, pero el compañero de adentro también puede hacer un
"error técnico" y que es tocarle sutilmente el culo, (con la posibilidad
de lo cual nadie puede degradar al otro unilateralmente).
En la peña, la locura (en compañeros de "adentro" o de "afuera") se
enfrenta sin la disociación clásica del psiquiatra (yo sano; vos
enfermo), se enfrenta sin guardapolvo (la "sotana blanca"), sin el
diagnóstico, sin chalecos, sin enfermeros, sin la intimidación del
electro-shok. Usando una imagen de Pichon, él dice que se la debe
enfrentar al estilo del torero, sólo con habilidad. Al toro, que es
tanto la enfermedad "del otro" como la propia, hay que enfrentarlo con
la capa que permite la "verónica" (es decir el esquive) hasta que el
toro (la locura) está cansado y se lo pueda matar (operación
terapéutica). Esto es lo mismo que decir que se utiliza la contención
psicológica, donde el terapeuta se hace cargo de la ansiedad del
paciente. Establece una relación humana, de amor, para "sacarlo del
pozo" y lo descarga de su peso (de su delirio angustiante). Toda su
habilidad está en no volverse loco a su vez (en "esquivar al toro") sino
en devolverle al paciente el conflicto elaborado para que él pueda
volver a proyectar su destino desde su individualidad.
Por lo anterior, en la Peña surge siempre el relato de quien viene por
primera vez y se angustia al no poder distinguir quién es de afuera y
quién es de adentro, lo que lo lleva a vivir la visita a la Peña como
una "mini-internación", debido a que la remoción y la proyección de sus
propios núcleos psicóticos no encuentra la disociación sano-enfermo
formalizada por ropas, guardapolvos o actitudes de sometedor-sometido
(esta proyección es debida a que la persona siente que penetra en el
"depósito-de-la-locura" de la comunidad). Este replanteo de "quién es el
loco y quién es el sano" lleva a romper los estereotipos de roles en los
grupos familiares. El encuentro internado-familiar en la sala del
hospital (el internado acostado y el pariente al lado) reasegura ambos
roles: uno de enfermo (de loco) y el otro de visitante (sano). En la
Peña ambos roles se deben replantear pues no existe ningún elemento en
el contexto f isico o comunicativo que indique quién está internado y
quién no. Es un territorio neutral entre el hospital y el hogar y los
dos pueden reconectarse con momentos del ayer-sano del grupo familiar
(especialmente porque el contexto es el de una fiesta popular).
Resumiendo lo que hemos ya propuesto en el capítulo anterior como
esquema referencial (lo que Pichon Riviere denomina "el E.C.R.O.", el
Esquema Conceptual Referencial Operativo) diremos que podemos
sintetizarlo, presentarlo didácticamente a través de cinco puntos. Esto
significa encasillar (y rigidizar algo que es flexible e integrado) en
partes separadas, pero para poder trasmitirlo no hay otra solución que
la del coleccionista: clavar la mariposa con alfileres. Enumeraremos
entonces, sólo los títulos de lo que ya hemos desarrollada en el
capítulo anterior.
1 – El análisis del sistema (la institución, la familia, el trabajo,
etc.) en todos sus niveles (especialmente para encontrar contradicciones
y complementaciones).
2 – Tener caminos para introducirse en el delirio (la capacidad de
contención psicológica).
3 – Buscar los caminos de regreso, junto con el otro (el tema de la
estrategia paradójica).
4 – Crear las condiciones externas que le devuelven los roles amputados
(la atmósfera social terapéutica).
5 – Condicionamiento por el contexto ambiental, codificación del mensaje
en términos de acción y de situación, como adecuación a las modalidades
de interacción en clase popular,(donde el contexto y la acción son más
importantes que la conceptualización verbal).
• De la práctica a la teoria:
Se trata aquí de invertir la dirección normal de la ciencia colonizada.
En la colonia nunca se fabrica un instrumento científico, este siempre
viene en libros desde Europa o Estados Unidos; se traduce y se usa en
una práctica. A lo sumo se puede elegir entre un gran surtido de
metodologías, pero nunca se pueden fabricar en el país. Además la
hiperinformación teórica es una enfermedad ya crónica en nuestro
ambiente intelectual.
Incluso tal vez no sea enfermedad, sino un sintoma, síntoma de que se
está evitando la realidad. Esto está ligado a que la tarea, el esfuerzo
profesional, debe volcarse básicamente al servicio del sector social
opuesto al que en general recibe los "cuidados" del profesional (y del
que, naturalmente, recibe buenos honorarios). Es decir, volcar la mayor
parte del esfuerzo profesional al proletariado en lugar de la burguesía.
Sólo así, a través de esta práctica, se podrá acumular la suficiente
cantidad de información para la elaboración de una teoría
psico-terapéutica para ese "otro" mundo social.
Este cambio de grupo social al cual servir no es fácil de hacer, pues
implica un cambio a nivel económico para el profesional, pues su
economia se proletariza junto con su conciencia politica. Para nosotros,
este es el salto dificil de dar: las radicalizaciones revolucionarias
verbales junto con una labor de consultorio con sólo pacientes de seis u
ocho mil pesos la hora-psicoanalitica, es decir "la mente a la izquierda
y el bolsillo a la derecha" es una contradicción que debe ser superada
si se desea combatir al sistema de psiquiatría tradicional.
En síntesis, esto que queremos decir es que para aceptar como persona
coherente a quien diga haber roto ideológicamente con el Sistema, es
necesario que haya roto también económicamente con el Sistema (que es lo
que más cuesta, pues la radicalización verbal puede llegar también a ser
una moda o un artículo más de consumo). Además, sólo desde y a partir de
una labor concreta "hombro-a-hombro" con los oprimidos es posible
percibir y sentir sus problemas y, más que todo, descubrir su cultura,
mucho más coherente, concreta, biológica y ligada a los ciclos
naturales, que la de la burguesía urbana abstracta, burocrática y con
procesos tecnológicamente divorciados. Pero además sólo desde una
síntesis entre los elementos con- ceptuales de una cultura compleja como
la urbana y la visión del mundo concreta de los sectores populares se
puede lograr la transformación de un mundo injusto, pero muy bien
defendido.
LAS PARTES DE LA COMUNIDAD: (Análisis espacio-temporal)
La comunidad es la suma de varias actividades, algunas de ellas son
simultáneas y otras constituyen una seriación en el tiempo. Analizaremos
primero el nivel del habitat, de la configuración espacial del
"territorio" de la Peña. Esto es bastante importante pues recordemos que
el área de la Peña es percibido por los compañeros como un "afuera en el
adentro" es decir, algo asi como un territorio liberado de
descalificación, de humillaciones (y también entre ellos liberado de la
desconfianza mutua). De modo que se configura algo así co mo un espacio
mitico "un lugar donde se puede salir del hospicio sin atravesar el
paredón". Este espacio se desarrolla, como en la mejor tradición
campera, alrededor de un gran árbol en el fondo del hospicio (el "árbol
de la Peña"), del cual se cuelgan las decoraciones, entre ellas el gran
retrato de Carlos Gardel sonriéndonos a todos. EI árbol es llenado de
letreros, objetos, que nos hacen acordar lo! ex-votos de los árboles de
las fiestas rituales norteñas. Es el altar criollo para realizar todos
los sábados el "sacrificio de la unión fraternal" que es la "materia
prima" (el "poxipol") de nuestra comunidad. Algo muy importante es la
simultaneidad de actividades diversas pero complementarias. En la
comunidad se discriminan a Io largo de estos dos años distintas áreas en
que se realizan acti vidades. Unos bailan, otros juegan al truco, otros
preparan el asado, (en la peña se hicieron en dos años 11.300 sandwiches
de chorizos donados tenazmente por Ricardo Neves del frigorífica "La
Pompeya"), otros hacen una rueda de mate y conversan er grupo, otros a
lo largo de "la parecita" conversan de a dos o tres (en general son
grupos familiares). Algunos simplemente mira lo que hacen los demás, y
por último, están los que recorren toda el área "peñera" buscando su
ubicación, según su estado de ánimo, el tipo de actividad que quieren
hacer. Esto de poder elegir entre todo este variado conjunto de tareas,
permite, en la comunidad, integrarse de acuerdo al estado de ánimo. En
general, lo largo de la tarde cada uno va pasando por todas las
actividades. Todos los elementos de la Peña están dentro de la técnica
del
subdesarrollo, tal como en las áreas rurales pobres; todo está un poco
roto, el heroico tocadiscos sigue emitiendo rancheras y cumbias a pesar
de que los discos sólo se reconocen debajo de la tierra que los cubre
porque todavía son redondos. Un elástico de cama es una gran parrilla y
algunos deben sentarse en cajones. Todo se debe hacer con el ingenio del
pueblo, sólo "con cuatro palos y dos piolines". Es una comunidad hecha
"a ponchazos", pero recordemos que "los ponchos" son muchos (y están con
nosotros). En cuanto al análisis en el tiempo describiremos el
desarrollo de una reunión de comunidad. Se r ealiza todos los sábados de
15 a 20 hs. (cinco horas). No constituye exactamente una actividad de
fin de semana, sino más bien, una concentración de ac- tividades
(algunas no son de recreación: mateada, cooperativa y/o universidad
obrera). Esto es debido a que la semana, casi podríamos decir que no
existe para los compañeros internados, pues no hay nada que hacer y el
ocio lleva un tiempo muerto.
En cada sábado podemos distinguir estas etapas:
• La apertura: donde la tarea es lograr "el calentamiento", como en las
tareas psicodramáticas.
• El "diagnóstico" de la Peña: discriminar cómo "viene la mano" (hay
Peñas depresivas, violentas, alegres, creadoras, desestructuradas,
etc.).
• El momento de "integración límite": Llamamos "integración límite" al
momento en que debido a la alegría o la violencia todos participan
intensamente en ese instante con todos. En general es cuando "la fiesta"
llega a un clima de alegría y movimiento donde todos bailan juntos.
(Como este momento muchas veces coincide con la tarantela lo llamamos
"la escalada a la tarantela"). También la dramatización colectiva puede
organizar un pico de participación durante una pelea (es cuando el
ambiente "está cargado", es la "hora de los epilépticos"). EI compañero
Bariloche (Roberto Alanis) creador de la "Marcha de la Peña", es, en el
momento de la integración, una pieza clave. Aprendió a manejar los
emergentes grupales y, desde su papel de cantor-animador, coordina los
momentos expresivos del grupo para lo cual, a veces, cambia las letras
de sus canciones, improvisa y hace aparecer a algún suceso real o
inconciente co-mo el verdadero protagonista de la ronda. Su canción:
"Carnaval, carnaval, un poco de locura a nadie le hace mal", constituyó
el último de esos picos de integración.
• La Asamblea Comunitaria: es el momento de la "ronda", todos en círculo
alrededor del gran corazón azul y blanco pintado en el suelo. En esta
etapa de la reunión comunitaria se escuchan cantores y recitadores: (es
el momento de la Peña Folklórica). Bariloche y también Antonio López son
los principales coordinadores de esta actividad, se canta en grupos y
algunos días se representa teatro. Luego viene la asamblea donde se
tratan los problemas de la comunidad; es también el momento de
elaboración de lo que ocurrió durante el día, hablan familiares y se
organizan nuevas tareas.
• El cierre: Este es un momento difícil pues es la separación, ellos
vuelven al manicomio y nosotros nos vamos. Sólo la continuidad "a
muerte" a través de dos años donde no se faltó ni a una sola Peña,
permite tener la seguridad de volver a reunirnos, y por lo tanto, de
hacer posible el separarnos. Como "ritual de pasaje" (de cierre) se
canta entre todos, en círculo, de pie y abrazados, "mi Buenos Aires
querido", que lo inicia Carlitos Gardel desde el disco. Es este un
momento de emoción tan honda, se produce un sentimiento tan concreto de
sentir al otro cerca, que se convierte en un momento casi religioso por
la intensidad de la participación. En ése círculo se junta tanta vida,
tanta desesperanza, tanta soledad unida a tanto afecto y algo de
esperanza que pienso yo que es el momento más terapéutico de la
comunidad,. especialmente al final cuando se canta:..."mi Buenos Aires
querido, cuando yo te vuelva a ver, no habrá más pena ni olvidos"...
Luego de salir se realiza la reunión de evaluación que nos permite
considerar lo que pasó y organizar la Peña siguiente. A esa reunión
pueden ir todos los que estuvieron en la Peña, y participan también
muchos compañeros de adentro que forman parte del grupo de organización.
Esta reunión dura alrededor de cuatro horas y se maneja con las
consignas del grupo operativo de Pichon Riviere, con un promedio 20 a 30
personas. Algunas son personas que vinieron por primera vez
(estudiantes, familiares, etc.) que ayudan en la elaboración de todo lo
sucedido en el día.
Entrevista
a Alfredo Moffat
Por Héctor Carignano
"Hola, estoy terminando de desayunar", dice Alfredo Moffatt a modo de recibimiento mientras unta con mermelada un librito de grasa y luego bebe un sorbo de su mate cocido endulzado con azúcar negra. La mesa, que está llena de libros y biromes, lo delata: las migas de pan están distribuidas en toda su extensión. Sin embargo, Moffatt, que se define como una persona muy prolija y organizada "por herencia de mi padre inglés", antes de dar comienzo a la entrevista, junta todos los utensilios y sobras del desayuno en una canasta de plástico y se dirige por un pasillo largo hacia la cocina. "Ahora podemos empezar", dice con voz firme a su regresos.
- Vos trabajás de psicólogo social. ¿Ese es tu título?
-No. Yo soy arquitecto, pero ese diploma es trucho.
- ¿Lo compraste?
- (Contesta entre risas.) No. Lo que pasa es que aunque esté firmado por el Rector de la facultad, si llego a hacer una casa se cae.
- ¿Por qué?
- Nunca le di bola a la carrera. Es más, nunca me gustó.
- ¿Y por qué la cursaste?
- Para cumplir con el sueño de mi papá. Yo quería seguir psiquiatría o medicina, pero era muy obediente y papá muy decidido en sus opiniones. Especialmente en lo que se refería a mi persona (Ríe fuerte durante algunos segundos).
- ¿Tuviste miedo de contradecirlo?
- Lo que pasaba era que papá, aunque era muy estricto, era muy afectuoso. Una especie de autoritarismo protector. Igual que Fidel (Castro), él protege a los cubanos pero es el único que piensa. Entonces crea gente protegida pero medio oligofrénica.
- ¿Entonces vos sos oligofrénico?
- Yo me salvé por mi mamá. Ella era una persona muy trabajada psicológicamente.
Al tiempo que habla de su madre, señala una fotografía que se encuentra colgada en una pared. Y comenta que ese retrato de una mujer joven y bonita es su mamá y que al lado de su foto, en un cofre de madera, "la tengo en forma real, ahí están sus huesos".
- ¿En serio son los huesos de tu mamá?
- (Ríe muy fuerte.) Sí.
- ¿No te da impresión?
- Para nada. Ella me cuida. Estoy seguro de que si llega a venir un ladrón el cofre se le cae encima. Si ella murió, ¿por qué vamos a separarnos?
- ¿Te gusta tenerla cerca?
- Claro que sí. Aparte mi mamá fue la persona que más me escuchó. El día de su velatorio se me ocurrió hacer algo muy surrealista. Porqué yo pensaba: "Que se vaya todo a los gusanos, pero... ¿por qué no agarro una navajita bien afilada, le corto la oreja, la paso por resina y la cuelgo en la pared?"
- ¿Para que te siga escuchando?
- Sí. Y para tener una parte de ella. Entonces cuando alguien me dijera: "que linda esa oreja"; yo conteste: "¿Viste?. Es la oreja de mi mamá".
Antes de seguir con la entrevista, el sonido de un teléfono retumba en el cuarto que forma parte de la casa de Moffatt. Sin embargo, el aparato no está a la vista. En el tercer `ring', este psicólogo sin título, saca de una media de toalla, que lleva colgada al cuello, un teléfono celular.
De Terapeutas, locuras, esperanzas y otras yerbas
- Con respecto al tema de la locura. ¿Crees que existe la curación absoluta?
- Creo que la palabra "absoluta" puede cambiar mucho a una persona. Y si ésta cambia mucho se cura, pero termina siendo otra persona.
- ¿Cómo definirías a los terapeutas?
- Son vendedores de buzones. Les venden otra vez a los pacientes el buzón de la vida. Son estafadores.
- ¿Por qué?
- Porque venden algo que no existe: la esperanza.
- ¿Pero no es bueno tener esperanza?
- Claro que si. Pero ahí te das cuenta de que la vida es una ilusión.
- ¿Sería como mostrarle una zanahoria a un conejo pero siempre dos metros más adelante para que no la alcance?
- (Asiente con la cabeza.) Sí. Les hacen construir otra zanahoria para que el conejo camine.
- ¿Para vos todas las personas tienen zanahorias dentro suyo?
- Sí, porque hay experiencias placenteras que se transforman en escenas deseadas.
- Para mucha gente esa zanahoria vendría a ser Dios. ¿Qué opinas al respecto?
- Esos son mecanismos protectores. En general no es que a la gente le guste amar a Dios, sino que le teme.
- ¿Cuál es tu zanahoria?
- (Ríe y piensa con detenimiento las palabras que va a usar) Y... mi zanahoria es publicar mi libro (El tratado del mundo). También me gustaría formar una linda pareja, ahora estoy de novio.
- ¿Tenés algún deseo o alguna ambición más?
- Me gustaría ser director del (Hospital Municipal José T.) Borda.
- ¿Hay posibilidades de que lo seas?
- Por ahora no. Pero si hay un cambio y si las cosas se quieren solucionar y alguien dice: "¿Quién sabe de locos?" y empiezan a mirar, obviamente estoy yo, no hay mucha gente que se haya especializado en reparar destinos totalmente destruidos.
- Creaste diferentes espacios, como ser el Bancadero, en los que se acompaña a personas marginadas. Al, finalizar los proyectos que encaras. ¿Seguís trabajando en él lugar o delegas mandos?
- Generalmente paso el mando de abuelo a padre. El abuelo, que vendría a ser yo, sigue cuidando o mejor dicho supervisa. A veces vuelvo. Pero ahora estoy más dedicado a otro nivel de formación.
- ¿En qué consiste el mismo?
- Es trabajar con los que trabajan con gente. Les vas transmitiendo tu experiencia, así multiplicas.
- ¿Siempre proyectas nuevas cosas?
- Sí, soy muy inquieto. Mi mamá siempre me dijo que tenía que ser como Edison (Tomas), entonces cuando vi que la lamparita ya estaba inventada dije: "tendré que inventar otra cosa".
- Bueno, por suerte vos no fuiste el inventor de la locura...
- No, yo inventé máquinas para arreglar la locura y a través de eso me encargo de reparar vidas rotas. Por ejemplo en el hospicio hay muchas vidas rotas que están desarmadas totalmente.
- ¿Cómo haces para ayudar a esas personas?
- Intento reconstruirles la historia para que rescaten un sentimiento de identidad.
- ¿Tuviste buenos resultados?
- Reparando vidas sí, a veces fracaso, a veces no.
- ¿Qué tipo de terapia utilizas para trabajar?
- La que inventé yo.
- ¿En que consiste?
- Tiene que ver reconstruir la historia. La enfermedad es cuando se te pierden pedazos de tu historia y la misma no tiene argumentos. Tenés escenas que no tienen sentido porque no están contextuadas. Entonces cuando logran recuperar la estructuración de la temporalidad sucede el proyecto.
- ¿Qué nombre le pusiste al tipo de terapia que inventaste?
- Terapia en crisis.
- ¿Por qué?
- Porque no está basada en la cronicidad sino en situaciones de "sin sentido". Separa la historia y desaparece, cosa que es muy difícil de hacer porque es algo muy abstracto. Es difícil encontrar los espacios fuera del tiempo. Estudiar el tiempo es algo complicado. Tenés que salirte del tiempo para estudiarlo, entonces hay dos opciones para poder hacerlo: estar loco o estar muerto.
- ¿Qué opinas de las terapias en general?
- Todas las terapias tienen sus riesgos. El psicoanálisis puede decaer en religión. La gestalt en franela, en la representación de..., en la histeria. El conductismo en la represión.
- ¿Y en qué puede derivar la terapia que vos implementaste?
- (Piensa). Y... en una metafísica en donde se mezcla lo real y lo imaginario.
Civilización y Barbarie... ¿Cuál es Cuál?
Por Alfredo Moffat
Universidad de las Madres en Buenos Aires, Argentina, 2001
La Argentina se fundó mal. El Virreinato del Río de la Plata se creó para llevarse el oro de América a España; nuestro primer presidente, Bernardino Rivadavia, siguió con la costumbre creando la primera deuda externa con el empréstito de la Baring Brothers y quedamos pagando deudas externas hasta hoy. Sólo vamos cambiando de dueño, ahora es el Fondo Monetario. Existe una situación fundante equivocada, creemos que somos europeos pero estamos en el continente Latinoamericano. La escena inicial del fuerte Sancti Spiritu, Pedro de Mendoza y la empalizada que lo aislaba del entorno sigue presente y hoy se llama Avenida General Paz. En aquella época, adentro estaban los blancos europeos y afuera los indios "en bolas y a los gritos". Hoy quedan afuera los habitantes pobres del conurbano bonaerense que están vestidos pero juntando bronca, y con ganas de traspasar la empalizada ancestral que divide la Capital del interior (y pienso que van a entrar).
El nefasto, prejuicioso esquema sarmientino de civilización y barbarie supone como civilización la europea y como barbarie la cultura criolla, esto lleva directamente a la dependencia psicológica y cultural de los valores europeos, también prepara el sometimiento económico a los imperialismos de turno (español, inglés y ahora norteamericano). Es increíble que el ideólogo de la educación de nuestra Patria haya dicho: "No ahorren sangre de gaucho que sólo sirve para regar la tierra". Pienso que se lo eligió justamente para que la cultura europea civilice a estos bárbaros o sea a los criollos, que nos hubieran podido dar el núcleo de identidad desde donde resistir la colonización. Históricamente el conquistador español llegó junto con el sacerdote, esto no es casualidad ya que para dominar a un pueblo debe someterse no sólo su cuerpo sino también su mente. Los soldados doblegaban al indio, con la espada su cuerpo, y con la cruz su mente. Los sacerdotes le traían un Cristo crucificado que inducía a la cultura de la culpa y el pecado, en lugar de la cultura indígena con deidades como la Pachamama, de la fecundidad de la tierra. La virgen María es opuesta a la Pachamama. La primera representa la virginidad, el cerrarse sobre sí misma, la no sexualidad. La otra, la fecundidad, la multiplicación de los frutos de la tierra y lo grupal. La cálida Latinoamérica en oposición a la fría Europa induce a la cultura tropical de la vida, en la geografía selvática el erotismo es parte de la Naturaleza, su música y su arte tienen picardía, sensualidad, con ceremonias festivas, con rituales de pasaje para el proceso de la vida. Todas las culturas indígenas son comunitarias, una tribu es una unidad de producción, el kibbutz judío es copiado de los llamados pueblos primitivos. En el Altiplano la población tiene una gran pertenencia a la cultura incaica que les dio esa estructura vincular de ceremonias, de fiestas como los carnavales, la de los compadres, la de la cosecha, etcétera. Las culturas de los Andes tienen fuertes estructuras familiares y comunitarias, más de la mitad de la economía boliviana pasa por la autogestión, por las empresas familiares, nunca puede ser globalizada porque está afuera del sistema de los gobiernos entregadores, es autogestión alternativa, es decir que se paran sobre sus propios pies, no dependen de lejanos imperialismos.
En realidad, debemos aprender más de los bolivianos y de los brasileños, no copiar modelos de los imperialismos que nos someten. Tal vez la explicación de esta adherencia a Europa es porque no tuvimos un basamento etnográfico autóctono porque nuestros indígenas tenían una cultura nómada y no muy compleja ya que la llanura pampeana no exige grandes esfuerzos para la supervivencia. Nos han podido someter debido a que jamás pudimos integrarnos a Latinoamérica, nunca llegamos a ser inmigrantes, nuestros abuelos terminaron como desterrados, exiliados nostálgicos. También debemos aceptar que ellos venían atraídos por la frase de Alberdi: "El país necesita brazos para la tierra", y cuando llegaron las grandes oleadas de inmigrantes encontraron toda la tierra alambrada, ya tenía dueño y terminaron hacinados en los conventillos. Venían a "hacerse la América" y quedaron pegados en la pobreza. Eso explica la naturaleza de nuestra expresión, el tango, el tema de la pérdida y la añoranza. También nuestro folclor terapéutico, el psicoanálisis, logró un gran desarrollo en la Argentina: hay más psicoanalistas en Buenos Aires que en toda Europa. La psicoterapia tiene la característica de alargarse como un duelo interminable. Esto ni el propio Freud lo proponía, el psicoanálisis argentino se contagió del tango. Otra explicación de esta melancolía argentina se debe al aislamiento geográfico, vivimos en uno de los territorios más australes del mundo. La Argentina es lo que se llama en geopolítica una cultura de finis terris, o sea donde termina el mundo. Además estamos encerrados por una cordillera al oeste y por selvas al norte. Sólo Australia está en las mismas condiciones que nosotros. Diría que en realidad somos una isla que se desprendió de Europa, anduvo a la deriva y terminó encallando cerca de la Antártida.
La solución tampoco sería volver a Europa porque allí seríamos discriminados como "sudacas". Por otro lado, tampoco tenemos claras consignas de organización nacional. En la bandera de los brasileños dice: "Ordem e progresso" y en el escudo chileno dice "Por la Razón o por la Fuerza" (una consigna un poco autoritaria para nuestro gusto, parecería de Pinochet...). Los norteamericanos tienen su lema en el dólar: "In God we trust", que quiere decir "en Dios confiamos"; eso está escrito en su billete, en realidad ese es su dios, creen en el sagrado dólar... Que a mí me parece una deidad existencialmente pobrísima. Si viene un extranjero acá cree que la insignia azul y blanca es una bandera de fútbol. En el único momento que se la usa es para alentar al equipo argentino en los campeonatos. Curiosamente no fue utilizada cuando traicionaron y vendieron el país. Los bolivianos tienen normas comunitarias incaicas que respetan, los paraguayos muestran una cultura ancestral de raíces guaraníes. En cambio, la colonización española hizo tabla rasa con las culturas nativas de la llanura pampeana, convirtió al indígena al cristianismo y comenzó a exterminarlo, trabajo que nosotros terminamos con el genocida del general Roca en su Expedición al Desierto (que justamente no estaba tan desierto...). Parecería que todo el país estuviera definido por los porteños (que quiere decir "los del puerto"), si existimos es porque somos un embarcadero para Europa con muchas ramificaciones para tierra adentro. Incluso en las estaciones de ferrocarriles existe todavía un cartel que dice: "Trenes para afuera" que son los que van para el interior, en tanto los que enfilan para Buenos Aires dicen "para adentro". O sea para llevar las riquezas a Londres, después a Estados Unidos, y ahora a España, que ha vuelto a extraer el oro de América... (luego de tantos años volvemos a la misma situación).
Este país es insólito porque ningún otro tiene la tercera parte de la población en una ciudad costera al lado del mar, es como si estuviéramos esperando siempre los barcos. Ortega y Gasset dijo de Buenos Aires: "Es la capital de un imperio que nunca existió". Este mundo globalizado tecnológico de hoy es bárbaro, inhumano, estúpido, aburrido, injusto... ¿cómo lo hemos permitido? ¿Cómo nos hemos dejado engañar? Si no hacemos una autocrítica, si no replanteamos la Argentina desde nuestras raíces criollas no lo vamos a poder arreglar. ¿Cuál es la civilización y cuál la barbarie? La escena fundante está mal, hay que crear otra desde la autonomía y no desde la dependencia, de lo contrario no vamos a saber qué es lo que nos une ni hacia dónde vamos como nación. Podemos decir que abandonamos nuestra cultura criolla generosa, comunitaria y elegimos la del imperialismo que nos explota. Dejamos la cultura de la gauchada y compramos carísima la de la soledad, individualista y competitiva donde se gana pisándole la cabeza al otro. Cuando alguien se impone, queda solo, en cambio, en la comunitaria, cuando se gana, ganan todos y siguen juntos. ("Si vos perdés, yo gano", ésta es la perversidad boluda, en lengua de la calle.) Yo propongo rescatar esa hermosa cultura y enriquecerla con los que nos falta para ser latinoamericanos. Santos Vega, Martín Fierro, Moreira son héroes solitarios, son perdedores. Los brasileños tienen héroes grupales como los "cangaceiros", Lampiao con su mujer María Bonita y el pícaro Macunaíma. De modo que si recobramos la cultura criolla va a ser imprescindible agregarle un poco de erotismo y fantasía tropical. Pobre Fierro... siempre sobreexigido, héroe épico sin debilidades, muy macho pero sin novias... siempre peleando con su cuchillo y atravesando la pampa... (se las tenía que arreglar solito debajo del ombú). Sólo el sargento Cruz lo acompañó, nada de alegría, un plomazo... Me gusta más Macunaíma, el héroe brasileño, jodón, sexuado, transgresor, a veces confundido y desorientado, pero muy humano; este personaje podría ser perfectamente un héroe de los Redondos, la Bersuit o la Cumbia Villera. Deberíamos mezclar a Fierro con Macunaíma. Fierro no tiene debilidades, es un serio, un marginal que da consejos. El libro me parece la base más importante de nuestra literatura, es la epopeya de nuestro gaucho, pero le falta erotismo, locura. Es un héroe muy argentino, sobreexigido pero finalmente tentado por el fracaso.
Es interesante también analizar al gaucho y al cowboy, son opuestos e incluso inversos en sus roles respecto al sistema. Fierro es un gaucho matrero, es el delincuente-héroe. En la cultura imperialista el héroe es el comisario. Los Estados Unidos tiene otra escena fundante que son los disidentes religiosos del barco Myflower. Ellos fueron expulsados de Inglaterra y no podían volver. Tenían una consigna: "la conquista del Oeste", debían llegar hasta el Pacífico. Su héroe nacional es el cowboy sheriff, que representa el poder y persigue a delincuentes latinos y mexicanos. En cambio, nuestro héroe es un bandido, es el gaucho matrero que pierde, perseguido por el traidor sargento Chirino. Absurdamente en lo musical no hay nada más extranjero e ignorado que José Larralde y por otro lado los que se promocionan masivamente son los Backstreet Boys, los Ricky Martin, etc., que aseguran el sistema de globalización. Estando en una escuela rural en Santiago del Estero pude comprobar el sometimiento cultural del sistema educativo de nuestro Ministerio de Educación. Un niño de rasgos indígenas estaba mirando una ilustración en su libro de lectura, era la imagen de un chico rubio jugando con una ardilla... y el changuito tenía de mascota un peludo y vi que él se dio cuenta que no existía... el verdadero alumno era el rubio con la ardillita.
Una buena noticia respecto a nuestra integración latinoamericana es que nuestro héroe máximo, San Martín, parece que era hijo de una india, cuando dijo: "Si no tenemos uniformes para pelear, pelearemos en bolas como nuestros hermanos los indios", lo de hermano lo decía en serio. Por otro lado, la televisión sirve como herramienta de adiestramiento de la cultura globalizada para fabricar pasivos espectadores, así como también para que los chicos crean que la violencia y el consumo es algo natural del ser humano. A la directora de un hogar nuestro para chicos de la calle, le dijo un pibe que recién había ingresado y que estaba en el robo: "Mirá, Teresa, la televisión nos enseña todo, cuando viene la tanda sabemos qué tenemos que tener y cuando viene la serie policial sabemos cómo conseguirlo". No es mi idea proponer una autocrítica masoquista, no decir "el país es una mierda, yo me voy", ya que sería una mirada melancólica y castrada que no nos llevaría a nada. Sugiero decir: "Cortémosla con esto e inventemos el país nuevamente". Concibamos una patria con justicia social, construyamos una síntesis entre la criolla y la europea, retomando nuestra historia, teniendo algo que nos singularice, pienso que éste es el momento, porque una crisis es también la oportunidad del cambio y el rescate de nuestros orígenes puede ser una manera de saber de dónde venimos y por lo tanto elegir adónde vamos.
La ferocidad del Proceso militar eliminó físicamente a quienes podían oponerse a la venta del país. Luego vino un turco pícaro a gobernar, era un jefe beduino salido del cuento Alí Babá y los cuarenta ladrones, aunque no daba más que para ser almacenero en La Rioja y tal vez para robar en la balanza, llegó a presidente. El actual De la Rúa es una persona pasiva, incapaz de una decisión, creo que la aterosclerosis viene a ocultar una naturaleza inhábil desde que era joven. No modificó demasiado su estilo anterior de discursos con frases sensatamente tontas. Tal vez hubiera sido un buen jefe de archivo de una oficina municipal. La pregunta es: ¿qué nos pasa a los argentinos que no podemos conseguir un presidente que defienda al país? En medio de esta tormenta tenemos capitanes que venden toda la carga y otros que dejan hundir el barco porque se duermen. El tema es, ¿quiénes somos realmente? ¿Qué nos pasa? Hay que rescatar a Jauretche, Marechal, a Arlt... a los que hablan de nosotros. Sólo consagramos a un autor de fina cultura europea, nacido en Buenos Aires: Borges, que eligió morir elegantemente en Ginebra...
En la Facultad de Psicología no hay una sola materia que hable de marginalidad, grupos de riesgo, chicos de la calle o sobre las instituciones de la crueldad. Sólo trabajan con la angustia privada desconociendo la pública. En la Universidad del Estado no se generaron teorías o técnicas para resolver los problemas de nuestra realidad, que es muy dolorosa para la inmensa mayoría. Y curiosamente, la Universidad de Buenos Aires es sostenida económicamente por el pueblo que ella ignora. La Iglesia tiene una vieja receta para someter (que evita la violencia física que utiliza la policía). Lo hace ejerciendo el control interno, subjetivo, a través de la culpa y el temor a la muerte. Es un método más sutil y de mayor eficiencia que los golpes policiales. Enseñan que "todos nosotros somos culpables. Jesús nos mira con sus ojos doloridos y reprochantes desde su martirio en la Cruz". Pero en los Evangelios aparece Jesús como el inventor de la ética del amor, no del miedo y de la culpa. El primitivo símbolo de los cristianos en las comunidades fue el pescado que representaba el alimento divino. Cuando Roma hizo suyo el cristianismo, cambió este símbolo por la cruz, utilizada en el Imperio Romano como instrumento de tortura. Con esa ética siempre estamos en falta, en eterna deuda, preparándonos psicológicamente para la eterna deuda externa. Cada movimiento popular terminó con una restauración del poder; es el caso de Urquiza, Uriburu, la Libertadora y los asesinos del Proceso. Hoy adquiere formas más disimuladas, como la globalización de Cavallo, que operó gracias a Menem-títere, creador de las relaciones carnales con el imperialismo, que llegó al poder engañando al pueblo disfrazado de Facundo Quiroga con las patillas del caudillo riojano.
Creo que nosotros tuvimos muchos héroes que murieron en el destierro y muchos traidores nativos que hicieron grandes fortunas, que hoy son terratenientes empresarios. Volviendo al tema de la marginalidad podemos decir que un pueblo desesperado, cuando siente que no hay salida, es muy peligroso para el poder. Si no hay nada que perder, no se lo puede controlar. Cuando hay desocupación y hambre, los excluidos pierden el miedo a morir y les da lo mismo si les apuntan con un arma o no. Cuando cortan una ruta le mandan mil gendarmes, cortan diez rutas y le mandan veinte mil, pero esto no puede continuar ya que no tienen tantos y entonces se puede dar vuelta la tortilla. Como resultado de la desesperación que producen los niveles altos de desocupación, en la escena política actual irrumpió un fenómeno nuevo con técnicas de la Intifada árabe, es algo inesperado: el poder-piquetero que surge de la organización criolla marginal de base. Observamos que el gobierno ya no negocia con la oposición. Hay una escena muy iluminada que es la de los políticos de turno, repleta de flashes y cámaras... pero va quedando vacía de poder porque éste comienza a ocupar la otra escena menos iluminada que es la del pueblo marginado que empieza a impacientarse. En esta escena se va a jugar el futuro del país. Tengamos en cuenta que el joven piquetero, con toda la energía y la bronca de la juventud, es sólo la punta del iceberg. Esos muchachos de Tartagal y Cutral-Có no tenían nada que perder; entonces, justamente por eso se juntaron y lucharon. El pobre sufre hasta que decide no hacerlo más.
En estrategia militar se aconseja que a un ejército que huye jamás se lo debe acorralar contra un río o una montaña, porque la desesperación puede dar vuelta la batalla. En el liderazgo de los cortes de rutas, en algunos casos se reproduce el modelo de las patotas: el jefe es un tipo con todo el poder, es emocional, se juega por los otros y los demás por él. Si de esa violencia se obtiene un para qué, como por ejemplo hacer una tarea comunitaria o luchar para que los viejos y los hermanitos tengan comida, se asiste a la transformación de ese patotero peligroso en el héroe de un barrio. La dictadura militar con el terror de Estado introdujo en la sociedad argentina niveles de violencia y crueldad que impregnaron las fuerzas de seguridad. Las principales víctimas fueron los jóvenes. El abuso de la autoridad generó el deterioro de toda autoridad, completado luego por el indulto que dio la impunidad a todo delito. Un joven ex delincuente me decía en una de nuestras comunidades terapéuticas: "Yo maté a uno solo y los militares mataron a 30.000. Ellos están sueltos, ¿por qué yo voy a ir preso?". Se vive en medio de una crisis en la que no se sabe quién es quién, si se trata de un policía o ladrón, si el político nos ayuda o nos perjudica. Es una crisis confusional. Hay un vivir en el presente, en el que no se sabe qué va a pasar, perdimos nuestra historia y por lo tanto no hay un proyecto de país ni de instituciones, de familia o de personas. Este no saber cómo continúa la película en la que estamos metidos, genera mucha angustia. Si la historia mía no la puedo continuar, no tiene sentido estepresente; si yo no tengo un proyecto de destino, si no sé adónde voy, desde el punto de vista existencial, no sé quién soy. En la Argentina nos manejamos con cadáveres sin asesinos. Tenemos el caso de María Soledad en Catamarca, una chica de pueblo que como no tenía un asesino, derrumbó a los Saadi. También pasó con el soldado Carrasco, cuya muerte golpeó al Ejército y terminó con el servicio militar obligatorio. Y el asesinato de José Luis Cabezas derrumbó a la cúpula de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y a Alfredo Yabrán. A estos cadáveres sin asesino habría que sumarIes los desaparecidos durante el Proceso y esa deuda no está aún saldada. La ley básica para organizar una sociedad dice: "No matarás"; no puede haber 30 mil cadáveres sin asesino. Se sabe quiénes son los culpables... pero están impunes.
Otro tema es que en la Argentina no hay más oprimidos, ahora son "carenciados", que parece que nacieron de un repollo, esto es porque si hay oprimidos hay que aceptar que hay opresores. Hay una perversión semántica que impide señalar la realidad. Ahora los pobres en Acción Social del gobierno se llaman los NBI (Necesidades Básicas Insatisfechas). Ya nuestro pueblo es una sigla... Recuerdo que un economista americano dijo: "Con la globalización, la guerra contra la pobreza ha terminado... la perdieron los pobres". No podemos definir muy bien lo que sucede en este momento porque el código de lectura de una mutación histórica es fabricado después de ocurrido el hecho. Los que tomaron la Bastilla creían que era sólo una rebelión, no sabían que estaban inaugurando la Revolución Francesa. Cuando fueron con los paraguas (que en realidad no existían todavía) frente al Cabildo no sabían que era el nacimiento de la Patria. Perón le manda una carta a Evita el 17 de Octubre y le dice: "Mirá, Negrita, ya no tenemos ningún otro recurso, nos tenemos que ir a la Patagonia, tengo una casita...", y no sabía que eso iniciaba la inclusión de los sectores más marginados en el escena política argentina. Esta crisis actual tiene carácter mutante y los paradigmas de lectura se modificarán. Sólo la historia interpretará este presente. Yo soy un pesimista esperanzado, miro esta realidad y digo: "Yo quiero seguir peleando".
Soy hijo de una madre alemana de Comodoro Rivadavia, venida de la guerra, entonces tengo algo de ese espíritu colonizador de la Patagonia. En la historia cuando las sociedades se enferman, se agravan y luego se sanan. Llegamos al fondo de la pileta, vamos a dar una patada y volveremos a la superficie, pero es difícil saber dónde está el fondo de la pileta porque las aguas están turbias... un poco sucias de corrupción y otras injusticias. Nuestra clase media tiene un modelo social individualista, pero el pueblo sigue siendo solidario porque está en una situación que si no lo hace, no sobrevive. Las madres populares tienen una gran energía... son de la raza de las Madres de Plaza de Mayo, son Pachamamas con una enorme cantidad de hijos, pelean bravamente por la vida de sus hijos y muchas veces sostienen la economía familiar. El equipo de nuestra Escuela de Psicología Social es de clase media; cuando íbamos a trabajar con el pueblo, inicialmente creíamos que éramos gente buena que iba a hacer trabajo de base, ahora nos damos cuenta de que vamos a cargar las pilas y a enriquecernos, porque toda esta gente sufriente aunque no tiene un nivel de información académica muestra una capacidad enorme de comprensión existencial sobre la muerte, la locura y el amor, que son los temas básicos del alma. Aprender de ellos hace que uno aumente su capacidad para enfrentar la incertidumbre y darle sentido a la vida frente a la muerte. En realidad, este mundo marginal y desprolijo, de rostros aindiados, tiene la sabiduría de la tierra y esa alegría fundamental de estar vivos a pesar de todo.
Otra patología de esta nueva sociedad tecnológica globalizada, que se opone a la sociedad tradicional, es la homogeneidad. Se han perdido las actividades barriales; el potrero, la barra, el café, eran instituciones de socialización que se han destruido. Esto lleva a la fragmentación, disociación, entre los distintos componentes de la sociedad. Hay guarderías para niños y asilos para ancianos. Es decir que no se resuelven las dos etapas pasivas de la vida como complementarias en el sentido que los abuelos cuidan a los niños y permiten que los adultos estén en la lucha activa. En nuestro interior, el tata viejo cuida al gurí, se complementan las dos etapas de la vida, no son necesarias las guarderías ni los asilos porque existe la familia. Algo que me produce mucha indignación es que aparezca como preocupación ciudadana sólo la violencia juvenil y no se perciba como problema en los medios la prostitución de niñas, seguidamente porque no constituyen un peligro público, pero sí es un gran riesgo para ellas por el sentimiento de degradación psicológica de su propio cuerpo y también por el sida. No ejercen la violencia, por eso la sociedad no las percibe como problema, pero ellas sí son violentadas. Quiere decir que si se hacen daño a ellas mismas, no importa, basta que no maten a ninguna persona de "bien"... siendo que éstos son muchas veces sus clientes. No hay duda que a los tumbos y desprolijamente, los jóvenes están buscando crear ese nuevo mundo en el que van a vivir en este siglo que empezó. En forma desprolija y transgresora están inventando un mundo mejor, más creativo, más honesto, más justo. Hay expresiones de ellos como "ya fuiste", que indican la intención de un nuevo mundo a crear. Tienen incorporados fuertes valores de "bancaje" entre ellos, de amor, de solidaridad, además dicen: "te canto la justa", "no me vendás verdurita", "es sanata"; salen de la hipocresía, son más sinceros, "te la digo de una", y también más tolerantes: "si te cabe, hacé la tuya...". Seamos honestos aunque nos causen espanto y reprobación algunas de sus conductas, aceptemos que no son más que las que aprendieron de este mundo adulto que termina su ciclo; hagámonos cargo de que lo que les entregamos a los jóvenes contiene bastante estupidez, crueldad, individualismo, corrupción y muy poco amor... Por algo nos llaman "caretas", llevamos máscaras para ocultar nuestros sentimientos, decimos una cosa y sentimos otra, eso se llama hipocresía, trastorno que no sufren ellos.
Las sociedades son como organismos vivos que cuando se enferman reorganizan sus defensas y se adaptan a las nuevas condiciones. La historia es pendular, toda crisis es oportunidad de crecimiento. Los adultos debemos aceptar que los jóvenes van a ser siempre los dueños de inventar la casa del futuro en la que vivirán, simplemente por la sustitución generacional, nosotros nos vamos a morir y de ellos es el mundo del mañana. Un grupo de adolescentes de un instituto carcelario me decían: "Acá hay que dejarse de joder con el Ministerio de Economía, hay que batir la justa y crear el Ministerio de la Pobreza y la Secretaría de la Angustia y la Desesperación". (Me ofrezco con mi equipo para ocupar ese cargo.) Los jóvenes están inventando una nueva cultura de la rebeldía, la denuncia y la redefinición de las emociones, que empieza a ser expresada en las letras de sus canciones. Grupos como la Bersuit, los Redondos o la Cumbia Villera son la muestra de ello. Eso nos tiene que dar esperanzas, porque hay denuncias muy claras, los chicos no comen vidrio y van a dar pelea. Las bandas tienen más convocatoria que cualquier político. ¿Quién llena la cancha de River como sus conjuntos favoritos? Están inventando como lucha política el corte de rutas de los piqueteros, el escrache de los H.I.J.O.S. Aparecen las denuncias y la protesta en las letras del rock marginal cada vez más combativas. Después están los "Hijos del Culo" de la Bersuit donde en forma brutal y muy explícita se habla de la corrupción, el manejo de la droga, la venta del país, etcétera. Después de todo este diagnóstico de la paciente imaginaria República Argentina, que me la imagino con el manto roto, magullada, sin el gorro frigio, pienso que esta verdadera y pobre Patria nuestra va a resurgir como una fiera Pachamama defendiendo a sus hijos de este genocidio económico.
No lo olvidemos, más de cincuenta chicos mueren diariamente por desnutrición... Este es un sistema para la muerte, para enfrentarlo propongo apostar a un proyecto para la vida. Ya podemos ver una cantidad de islotes solidarios que van reconstruyendo la trama vincular de nuestro pueblo, que tienen como característica la autogestión y lo alternativo. Son organizaciones de base que no dependen de un sistema estatal. Históricamente, la pueblada del 25 de Mayo de 1810, también el 17 de Octubre de 1945 y el Cordobazo que tumbó a Onganía fueron movimientos espontáneos, autogestivos. Todas las revoluciones que modificaron la historia fueron explosiones populares, como la Revolución Francesa y la Rusa, la primera fue la toma de la cárcel de la Bastilla, la segunda del Palacio de Invierno (¿Nosotros qué tomaremos?...). Hasta el cristianismo primitivo fue autogestivo y la mita indígena fue también una forma de trabajo comunitario. Lo alternativo es muy importante porque permite el trabajo fuera del sistema, busca una solución nueva, insólita o inesperada que aparece después de replantear todo el problema y tiene la utilización de estrategias marginales de cambio. Las técnicas tendrán que ser necesariamente alternativas porque los medios convencionales los tiene el poder; son modos de resolver un problema cuando el sistema formalizado no lo hace. Un ejemplo de esto son el Club del Trueque, las ollas populares, los piqueteros, los numerosos comedores barriales donde las madres se juntan.
Nosotros hemos creado instituciones de Salud Mental como El Bancadero que se hizo sin dinero y sin pedirle permiso al sistema; ya atendió solidariamente a 30 mil pacientes. La radio La Colifata es otro ejemplo, coordinada por Alfredo Olivera y organizada por los internos del Hospital Borda, que rompió las paredes del manicomio. Seguir creyendo en la revolución, en un cambio del sistema de producción, es necesario; inclusive más que antes. Esa revolución sería lograr una mayor justicia social con creatividad, depende de la enfermedad social que es la injusticia. Mientras haya injusticia va a haber jóvenes que van a inventar de nuevo la revolución, con nuevos caminos que imaginarán. De todas maneras la solución de fondo, como siempre pasó en la historia, depende de un movimiento de masas inesperado e imparable que rescate un proyecto de país, de Patria. Esta búsqueda de una identidad argentina no es fácil porque implica un cambio de paradigmas. A pesar de la tormenta y los negros nubarrones, va a salir el sol otra vez, como siempre ha ocurrido en la historia. Las sociedades hacen crisis cada tanto, otras terminan su ciclo y creo que a esta sociedad capitalista, de rapiña y tan empobrecida humanamente, se le está terminando su hora. Los argentinos estamos fragmentados, separados, nos peleamos entre hermanos. Inventemos una Patria desde nuestras raíces, que nos una... o esta crisis nos destroza.
|
|
Solo10.com: Dominios - Registro de Dominios - Alojamiento Web - Hospedaje Web - Web Hosting