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A mediodía anocheció
Por
Ramón Carrillo - Allá en la tierra santiagueña, en el viejo cementerio entre unas piedras dispersas se encontró hace tiempo una lápida con esta inscripción: Chaupi Punchaupi Tutayara. Según la leyenda, tales palabras se grabaron en la tumba de un príncipe hijo del sol, muerto en plena juventud, mereciendo en grado sumo el cariño de sus súbditos: la inscripción quiere decir sencillamente
"A mediodía anocheció".
Acabo de recordar la frase ahora, el corazón oprimido por la angustia ante el destino de EVA PERON. Destino misterioso y profundo el de esta mujer que entró en la inmortalidad como una princesa del sol. El mediodía es la plenitud del día. Sol alto y esplendoroso derramando su fuerza creadora, haciendo brotar de las entrañas de la tierra el máximo de las potencias que en ella se encierra.
Así EVA PERON, asciende en breves años hasta el ápice de su mediodía y con cariño inconmensurable por la humanidad doliente de su patria y de más allá de la patria derrama el conjunto increíble de sus obras y acciones, todas ellas enderezadas al mismo fin: La felicidad de los más humildes, de los más olvidados, de los más desgraciados; también a su conjuro, mediante su fuerza sin limites físicos, aquilatado por un sufrimiento tremendo, EVA PERON transforma al lado de su Líder y el nuestro la fisonomía y la esencia del pueblo argentino.
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Los niños, los ancianos, las mujeres, los obreros, los enfermos de la carne y el alma, los rebeldes, los sin paz interior, los escépticos, los desesperanzados, los señalados por los aciagos signos del infortunio, reciben el amor de EVA PERON hecho creaciones que perdurarán mientras perdure la vida de los pueblos.
Transcurrirá tal vez mucho tiempo para valorar las gigantescas y universales dimensiones del espíritu de EVA PERON que ahora la contemplamos sólo como un hecho nacional e histórico. Quienes hemos tenido el honor de trabajar cerca de ella sabemos que era imposible substraerse al influjo inextinguible de EVA PERON, a su singularísima captación de las necesidades del pueblo, las permanentes y las circunstanciales, a su magnético dinamismo, a su fortaleza realizadora. Subía su vida, como el sol a mediodía.
Y ahora también comprendemos por qué para ella no hubo pausa en la lucha, ni reposo alguno, ni baladí entretenimiento, ni un paso atrás ante los obstáculos de la incomprensión, de la mala fe, y hasta de la hostilidad que surgían ante ella, como surgen siempre ante los visionarios porque su personalidad evade el orden común.
Su fiebre de amor por el pueblo era contagiosa; emanaba de ella y transcurría por todos los canales de la vida argentina, haciendo surgir de la nada, esas realidades que se llaman FUNDACION EVA PERON. Ciudades Infantiles, Hogares-Escuelas, Ciudades Estudiantiles, Hogares de Tránsito, Hogares de Ancianos, Policlínicos, Escuela de Enfermeras y también la ayuda oportuna al sumergido para dignificarlo; la participación femenina en la vida política, social y gremial de la Nación incluso económica con su plan agrario todo en fin, lo que recibe hoy en beneficio el pueblo de la patria; este pueblo que antes jamás, entregó a nadie su corazón y que ahora lo ha encerrado en un solo nombre: EVITA.
Y al mediodía anocheció. Belleza, juventud, satisfacciones, descanso, todo ofrendó EVA PERON en aras de su amor por el pueblo, generado en su amor al Líder, compañero, guía y esposo. Sobre ella anocheció. Pero la hermosura del destino de EVA PERON, es la hermosura del bien.
Y lo impresionante de esta noche humana que nos atribula a todos los argentinos como la pérdida de algo propio, se compensa apenas con el convencimiento absoluto de que, hoy, mañana y siempre, EVA PERON vivirá en el amor de los humildes que son los elegidos de Dios y por eso Dios la recibirá en su seno entre el canto de los ángeles.
Evita
Perón o viva el cáncer
Por
Enrique H. Panaro
Tu voz ronca de bronca rebelde comenzó a apagarse aquel 26 de julio del 52.
Apenas había comenzado el segundo gobierno de tu esposo; y ni vos ni él
imaginaban que alguna vez, ya muertos, ni siquiera los dejarían descansar en
paz. Tu cuerpo embalsamado, Evita, poco después del golpe de Estado del 55,
sería secuestrado, ocultado, humillado por tus enemigos y quizás los mismos
bárbaros, tres décadas después, también profanaron la tumba del general Juan
Domingo Perón para robarle su gorra, sable y dos manos serruchadas. Vaya a saber
con qué rito macabro habrán celebrado su cobarde proeza.
Antes de suspirar dolorida y sin fuerzas, ¿oíste en tu memoria el pitazo de la
locomotora que el 3 de enero de 1935 te había traído a Buenos Aires desde tu
pueblo provinciano? ¿O fue una campana de estación de trenes o de iglesia la que
a las veinte y veinticinco del 26 de julio de 1952 te anunció el fin?
¿Qué habías hecho para merecer lo escrito, Viva el cáncer, en una pared cercana
adonde morías? Sólo tenías treinta y tres años y te odiaban tanto tus enemigos y
te amaban tanto los descamisados del pueblo que, debajo de fotos tuyas, como si
fueras una santa, encendieron velas en tu memoria y rezaron por tu descanso
eterno... y durante días desfilarían ante tu cuerpo inmóvil para verte por
última vez.
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¿Qué habías hecho? Vamos, Evita, dímelo.
Cuando comenzó el primer gobierno de Juan, inicie la Cruzada de Ayuda Social con
la que se hicieron obras urgentes: saneamiento en barrios humildes; fundación de
comedores escolares, hogares de tránsito; donación de instrumental médico en
hospitales; distribución gratuita de alimentos, remedios, ropa, calzado y
juguetes para Navidad y Reyes a los niños más necesitados. Fue una acción
rápida, improvisada, pero eficaz.
Después se organizó la Fundación Eva Perón.
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Sí, se creó a mediados del 48. Ya no se trataba de beneficencia, de limosna, sino de restituir derechos, de dar lo que correspondía, comenzando por los más débiles: los niños y los ancianos. Se construyeron policlínicos en los alrededores de Buenos Aires —Ezeiza, Avellaneda, Lanús y San Martín— y decenas de hospitales en el interior, miles de escuelas, hogares para ancianos y hogares para huérfanos, colonias de vacaciones, jardines de infantes, residencias para estudiantes del interior. El país que olvida a sus niños renuncia a su porvenir. El tren sanitario equipado con la mejor aparatología llegaba a los rincones más apartados de la Argentina. Y también fuimos generosos con importantes donaciones a países que atravesaban por situaciones difíciles: Bolivia, Perú, Ecuador, España, Italia, Francia, Israel.
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"¡Viva el cáncer!, escribió alguna mano enemiga en un muro de Buenos Aires. La
odiaban, la odian los biencomidos: por pobre, por mujer, por insolente. Ella los
desafía hablando y los ofendía viviendo. Nacida para sirvienta, o a lo sumo para
actríz de melodramas baratos. Evita se había salido de su lugar. La querían, la
quieren los malqueridos; por su boca ellos decían y maldecían. Además Evita era
el hada rubia que abrazaba al leproso y al haraposo y daba paz al desesperado,
el incesante manantial que prodigaba empleos y colchones, zapatos y máquinas de
coser, dentaduras postizas, ajuares de novia. Los míseros recibían estas
caridades desde al lado, no desde arriba, aunque Evita luciera joyas
despampanantes y en pleno verano ostentara abrigos de visón. No es que le
perdonaran el lujo: se lo celebraban. No se sentía el pueblo humillado sino
vengado por sus atavíos de reina. Ante el cuerpo de Evita, rodeado de claveles
blancos desfila el pueblo llorando. Día tras día, noche tras noche, la hilera de
antorchas: una caravana de dos semanas de largo. Suspiran aliviados los
usureros, los mercaderes, los señores de la tierra. Muerta Evita, el presidente
Perón es un cuchillo sin filo." |
¿Es verdad que sacabas dinero a los ricos?
La ayuda social se solventaba con donaciones, principalmente, de
los sindicatos y partidas del presupuesto nacional; lo demás, sólo fueron
calumnias. ¿Cuántas denuncias hubo cuando cayó nuestro gobierno?...
Tras el golpe de Estado de septiembre de 1955 que derrocó al gobierno
justicialista, una comisión investigó la administración de la Fundación Eva
Perón y no registró ninguna denuncia por contribución forzada. En noviembre de
ese año, el general Aramburu desplazó del gobierno de la “Revolución
Libertadora” al moderado general Lonardi e incautó el féretro con el cadáver de
Evita, depositado en custodia de la Confederación General del Trabajo. El cuerpo
de Evita estuvo en un furgón en la calle, en la sede de la Inteligencia del
Ejército, en la casa de un coronel que enloqueció. Finalmente lo sepultaron
secretamente en un cementerio de Milán, Italia, hasta que en 1971 —en otra
operación oculta de otro gobierno militar, “Revolución Argentina”— el cadáver de
Evita fue entregado al general Perón que por entonces residía en la quinta “17
de Octubre”, Puerta de Hierro, Madrid, donde constató y documentó con
fotografías las consecuencias del mal trato sufrido por el cuerpo embalsamado de
su ex esposa.
María Eva Duarte de Perón, Evita, actualmente yace en el Cementerio de la
Recoleta de Buenos Aires, en la bóveda de su familia. En un nuevo aniversario de
su fallecimiento recibirá flores, velas encendidas y palabras de discurso. Tal
vez lleguen a ella desde lejos voces sufrientes de millones de desocupados y
empleados con salarios miserables, quizás oiga los ruegos de comida de los que
aún hurgan en la basura o de los viejos y los niños que vagan sin rumbo por la
ciudad y hace tiempo que ya no son los privilegiados de la Argentina.
26 de julio de 2006
www.enriquepanaro.com.ar
MI MENSAJE
[Texto completo]

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INTRODUCCION - En estos últimos tiempos, durante las horas de mi enfermedad, he pensado muchas veces en este mensaje de mi corazón. Quizás porque en "La Razón de mi Vida" no alcancé a decir todo lo que siento y lo que pienso, tengo que escribir otra vez. He dejado demasiadas entrelíneas que debo llenar; y esta vez no porque yo lo necesite. No. Mejor sería acaso para mí que callase, que no dijese ninguna de las cosas que voy a decir, que quedase para todos, como una palabra definitiva, todo lo que dije en el primero de mis libros, pero mi amor y mi dolor no se conforman con aquella mezcla desordenada de sentimientos y de pensamientos que dejé en las páginas de "La Razón de mi Vida". Quiero demasiado a los descamisados, a las mujeres, a los trabajadores de mi pueblo, y por extensión quiero demasiado a todos los pueblos del mundo, explotados y condenados a muerte por los imperialismos y los privilegiados de la tierra. Me duele demasiado el dolor de los pobres, de los humildes, el gran dolor de tanta humanidad sin sol y sin cielo como para que pueda callar. Si, todavía quedan sombras y nubes queriendo tapar el cielo y el sol de nuestra tierra, si todavía queda tanto dolor que mitigar y heridas que restañar, cómo será donde nadie ha visto la luz ni ha tomado en sus manos la bandera de los pueblos que marchan en silencio, ya sin lágrimas y sin suspiros, sangrando bajo la noche de la esclavitud! Y como será donde ya se ve la luz, pero demasiado lejos, y entonces la esperanza es un inmenso dolor que se rebela y que quema en la carne y el alma de los pueblos sedientos de libertad y justicia! Para ellos, para mi pueblo y para todos los pueblos de la humanidad es "Mi Mensaje". Ya no quiero explicarles nada de mi vida ni de mis obras. No quiero recibir ya ningún elogio. Me tienen sin cuidado los odios y las alabanzas de los hombres que pertenecen a la raza de los explotadores. Quiero rebelar a los pueblos. Quiero incendiarlos con el fuego de mi corazón. Quiero decirles la verdad que una humilde mujer del pueblo -¡la primera mujer del pueblo que no se dejó deslumbrar por el poder ni por la gloria!- aprendió en el mundo de los que mandan y gobiernan a los pueblos de la humanidad. Quiero decirles la verdad que nunca fue dicha por nadie, porque nadie fue capaz de seguir la farsa como yo, para saber toda la verdad. Porque todos los que salieron del pueblo para recorrer mi camino no regresaron nunca. Se dejaron deslumbrar por la fantasía maravillosa de las alturas y se quedaron para gozar de la mentira. Yo me vestí también con todos los honores de la gloria, de la vanidad y del poder. Me dejé engalanar con las mejores joyas de la tierra. Todos los países del mundo me rindieron sus homenajes, de alguna manera. Todo lo que me quiso brindar el círculo de los hombres en que me toca vivir, como mujer de un presidente extraordinario, lo acepté sonriendo, "prestando mi cara" para guardar mi corazón. Sonriendo, en medio de la farsa, conocí la verdad de todas sus mentiras. Yo puedo decir ahora lo mucho que se miente, todo lo que se engaña y todo lo que se finge, porque conozco a los hombres en sus grandezas y en sus miserias. Muchas veces he tenido ante mis ojos, al mismo tiempo, como para compararlas frente a frente, la miseria de las grandezas y las grandezas de la miseria. Yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle, por eso no me deslumbró jamás la grandeza del poder y pude ver sus miserias. Por eso nunca me olvidé de las miserias de mi pueblo y pude ver sus grandezas. Ahora conozco todas las verdades y todas las mentiras del mundo. Tengo que decirlas al pueblo de donde vine. Y tengo que decirlas a todos los pueblos engañados de la humanidad. A los trabajadores, a las mujeres, a los humildes descamisados de mi Patria y a todos los descamisados de la tierra y a la infinita raza de los pueblos! como un mensaje de mi corazón. MI MENSAJE

TENIA QUE VOLAR CON ÉL
En "La Razón de mi Vida" dije con mis pobres palabras cómo un día maravilloso de mi existencia me encontré con Perón. El ya estaba en la lucha. Lo recuerdo como si lo viese, con la mirada llena de brillo, con la frente levantada, con su limpia sonrisa, con su palabra encendida por el fuego de su corazón. Vi desde el primer momento la sombra de sus enemigos, acechando como buitres desde la altura o como víboras pegajosas desde la tierra vencida. Vi a Perón demasiado solo, excesivamente confiado en el poder vencedor de sus ideales, creyendo en la primera palabra de todos los hombres como si fuese su propia palabra, limpia y generosa, sincera y honrada. No me atrajeron ni su figura ni los honores de su cargo y, menos, sus galones de militar. Desde el primer momento yo vi su corazón, y sobre el pedestal de su corazón, el mástil de sus ideales sosteniendo cerca del cielo la bandera de su Patria y de su Pueblo. Vi su inmensidad, una soledad como la de los cóndores, como la de las altas cumbres, como la soledad de las estrellas en la inmensidad del infinito. Y a pesar de mi pequeñez, decidí acompañarlo. Por seguirlo, por estar con él, hubiese sido y hubiese hecho cualquier cosa menos torcer la ruta de su destino. Fue cuando le dije un día: "estoy dispuesta a seguirlo, donde quiera que vaya". Poco a poco yo entré también en sus batallas. A veces porque me provocaron sus enemigos. Otras, porque me indignaron sus traiciones y sus mentiras. Había decidido seguirlo a Perón, pero no me resignaba a seguirlo de lejos, sabiéndolo rodeado de enemigos y ambiciosos que se disfrazaban con palabras amistosas. Y de amigos que no sentían ni el calor de la sombra de sus ideales. Yo quería estar con él los días y las noches de su vida, en la paz de sus descansos y en las batallas de su lucha. Ya sabia que él, como los cóndores, volaba alto y solo. ¡Y sin embargo yo tenía que volar con él! Confieso que no medí desde el principio toda la magnitud de mi decisión. Creí que podía ayudar a Perón con mi cariño de mujer; con la compañía de mi corazón enamorado de su persona y de su causa, pero nada más. Pensé que mi tarea, junto a su soledad, era llenarla con la alegría y con los entusiasmos de mi juventud.
MI CORONEL
Y así emprendimos el camino: alegres y felices en
medio de la lucha. Un día me confesó que yo, su pequeña "giovinota" como solía
llamarme, era la única compañía sincera y leal de su existencia. ¡Nunca como ese
día me dolió tanto mi pequeñez! ¡Ese día decidí hacer lo posible para
acompañarlo mejor! Recuerdo que le pedí que fuese mi maestro y él, en las
treguas de su lucha, me enseñó un poco de todo cuanto pude aprender. Me gustaba
leer a su lado. Empezamos por "Las vidas paralelas" de Plutarco y seguimos
después con las "Cartas completas de Lord Chesterfield a su hijo Stanhope". En
un tiempo me enseñó un poco de los idiomas que él sabia: inglés, italiano y
francés. Sin que yo lo advirtiese, fui aprendiendo también a través de sus
conversaciones la historia de Napoleón, de Alejandro y de todos los grandes de
la historia. Y así fue que me enseñó también a ver de una manera distinta
nuestra propia historia. Con él aprendí a leer en el panorama de las cuestiones
políticas internas e internacionales. Muchas veces me hablaba de sus sueños y de
sus esperanzas, de sus grandes ideales. Metida en un rincón de la vida de "mi
Coronel", se me ocurre que yo era algo así como un ramo de flores en su casa...
Nunca pretendí ser más que eso. Sin embargo, la lucha que se libraba en torno de
Perón era demasiado dura, muy grandes sus enemigos, casi infinita su soledad y
demasiado grande mi amor para que yo pudiese conformarme con ser nada más que un
poco de alegría en su camino.
LAS PRIMERAS SOMBRAS
La mayoría de los hombres que rodeaban entonces a Perón creyeron que yo no era
más que una simple aventurera. Mediocres al fin, ellos no habían sabido sentir
como yo quemando mi alma, el fuego de Perón, su grandeza y su bondad, sus sueños
y sus ideales. Ellos creyeron que yo "calculaba" con Perón, porque medían mi
vida con la vara pequeña de sus almas. Yo los conocí de cerca, uno por uno.
Después, casi todos lo traicionaron a Perón, algunos en octubre de 1945, otros
más tarde. Me di el gusto de insultarlos de frente, gritándoles en la cara la
deslealtad y el deshonor con que procedían o combatiéndolos hasta probar la
falsía de sus procedimientos y de sus intenciones. Yo me quedé sola junto a mi
coronel hasta que se lo llevaron prisionero. Desde aquellos días desconfié de
los amigos encumbrados y de los hombres de honor y me aferré ciegamente a los
hombres y mujeres humildes de mi pueblo que sin tanto "honor", sin tantos
títulos ni privilegios saben jugarse la vida por un hombre, por una causa, por
un ideal. ¡O por un simple sentimiento del corazón! Aquellas primeras grandes
desilusiones me hicieron ver con claridad el camino: Perón no podía creer en
nada ni en nadie que no fuese su pueblo. Desde entonces se lo he dicho infinitas
veces en todos los tonos de voz como para que nunca se le olvide, en medio de
tantas palabras con que mienten su honor y lealtad los hombres que rodean por lo
general a un presidente. Los pueblos de la tierra no sólo deben elegir al hombre
que los conduzca: deben saber cuidarlo de los enemigos que tienen en las
antesalas de todos los gobiernos. Yo cuidé por mi pueblo a Perón y los eché de
sus antesalas, a veces con una sonrisa, y a veces también con las duras palabras
de la verdad que dije de frente con toda la indignación de mi rebeldía.
LOS ENEMIGOS DEL PUEBLO
Los enemigos del pueblo fueron y siguen siendo los enemigos de Perón. Yo los he
visto llegar hasta él con todas las formas de la maldad y de la mentira. Quiero
denunciarlos definitivamente. Porque serán enemigos eternos de Perón y del
pueblo aquí y en cualquier parte del mundo donde se levante la bandera de la
justicia y la libertad. Nosotros los hemos vencido, pero ellos pertenecen a una
raza que nunca morirá definitivamente. Todos llevamos en la sangre la semilla
del egoísmo que nos puede hacer enemigos del pueblo y de su causa. Es necesario
aplastarla donde quiera que brote si queremos que alguna vez el mundo alcance el
mediodía brillante de los pueblos, si no queremos que vuelva a caer la noche
sobre su victoria. A los enemigos de Perón yo los he conocido de cerca y de
frente. Yo no me quedé jamás en la retaguardia de sus luchas. Estuve en la
primera línea de combate; peleando los días cortos y las noches largas de mi
afán, infinito como la sed de mi corazón, y cumplí dos tareas. ¡No sé cuál fue
más digna de una vida pequeña como la mía, pero mi vida al fin! Una, pelear por
los derechos de mi pueblo. La otra, cuidar las espaldas de Perón. En esa doble
tarea, inmensa para mi, que no tenía más armas que mi corazón enardecido, conocí
a los enemigos de Perón y de mi pueblo. Son los mismos. iSí! Nunca vi a nadie de
nuestra raza y la raza de los pueblos! peleando contra Perón. A los otros en
cambio, si... A veces los he visto fríos e insensibles. Declaro con toda la
fuerza de mi fanatismo que siempre me repugnaron. Les he sentido frío de sapos o
de culebras. Lo único que los mueve es la envidia. No hay que tenerles miedo: la
envidia de los sapos nunca pudo tapar el canto de los ruiseñores. Pero hay que
apartarlos del camino. No pueden estar cerca del pueblo ni de los hombres que el
pueblo elige para conducirlos. Y menos, pueden ser dirigentes del pueblo. Los
dirigentes del pueblo tienen que ser fanáticos del pueblo. Si no, se marean en
la altura y no regresan. Yo los he visto también con el mareo de las cumbres.
LOS FANÁTICOS
Solamente los fanáticos -que son idealistas y son sectarios- no se entregan. Los
fríos, los indiferentes, no deben servir al pueblo. No pueden servirlo aunque
quieran. Para servir al pueblo hay que estar dispuestos a todo, incluso a morir.
Los fríos no mueren por una causa, sino de casualidad. Los fanáticos sí. Me
gustan los fanáticos y todos los fanatismos de la historia. Me gustan los héroes
y los santos. Me gustan los mártires, cualquiera sea la causa y la razón de su
fanatismo. El fanatismo que convierte a la vida en un morir permanente y heroico
es el único camino que tiene la vida para vencer a la muerte. Por eso soy
fanática. Daría mi vida por Perón y por el pueblo. Porque estoy segura que
solamente dándola me ganaré el derecho de vivir con ellos por toda la eternidad.
Así, fanáticas quiero que sean las mujeres de mi pueblo. Así, fanáticos quiero
que sean los trabajadores y los descamisados. El fanatismo es la única fuerza
que Dios le dejó al corazón para ganar sus batallas. Es la gran fuerza de los
pueblos: la única que no poseen sus enemigos, porque ellos han suprimido del
mundo todo lo que suene a corazón. Por eso los venceremos. Porque aunque tengan
dinero, privilegios, jerarquías, poder y riquezas no podrán ser nunca fanáticos.
Porque no tienen corazón. Nosotros sí. Ellos no pueden ser idealistas, porque
las ideas tienen su raíz en la inteligencia, pero los ideales tienen su pedestal
en el corazón. No pueden ser fanáticos porque las sombras no pueden mirarse en
el espejo del sol. Frente a frente, ellos y nosotros, ellos con todas las
fuerzas del mundo y nosotros con nuestro fanatismo, siempre venceremos nosotros.
Tenemos que convencernos para siempre: el mundo será de los pueblos si los
pueblos decidimos enardecernos en el fuego sagrado del fanatismo. Quemarnos para
poder quemar, sin escuchar la sirena de los mediocres y de los imbéciles que nos
hablan de prudencia. Ellos, que hablan de la dulzura y del amor, se olvidan que
Cristo dijo: "¡Fuego he venido a traer sobre la tierra y que más quiero sino que
arda!" Cristo nos dio un ejemplo divino de fanatismo. ¿Qué son a su lado los
eternos predicadores de la mediocridad?
NI FIELES NI REBELDES
Yo he medido con la vara de mi corazón la frialdad y el fanatismo de los
hombres. Los dos extremos han desfilado permanentemente ante mis ojos. El
paisaje de estos años de mi vida es un inmenso contraste de luces y sombras. En
todos los momentos de esta vida mía me es dado contemplar y sufrir ese tremendo
encuentro del fanatismo y de la indiferencia. Confieso que no me duele tanto el
odio de los enemigos de Perón como la frialdad y la indiferencia de los que
debieron ser amigos de su causa maravillosa. Comprendo más y casi diría que
perdono más el odio de la oligarquía que la frialdad de algún hijo bastardo del
pueblo que no siente ni comprende a Perón. Si alguna cosa tengo que reprocharle
a las altas jerarquías militares y clericales es precisamente su frialdad y su
indiferencia frente al drama de mi pueblo. Sí, no exagero: lo que sucede en
nuestro pueblo es drama, auténtico y extraordinario drama por la posesión de la
vida, de la felicidad, del simple y sencillo bienestar que mi pueblo venia
soñando desde el principio de su historia. El 17 de octubre fue el encuentro del
Pueblo con Perón. Aquella noche inolvidable se selló el destino de los dos, y
así empezó el inmenso drama... Frente a un mundo de pueblos sometidos Perón
levantó la bandera de nuestra liberación. Frente a un mundo de pueblos
explotados Perón levantó la bandera de la justicia. Yo le sumé mi corazón y
entrelacé las dos banderas de la justicia y de la libertad con un poco de
amor... pero todo esto -la libertad, la justicia y el amor, Perón y su pueblo-,
todo esto es demasiado para que pueda mirarse con indiferencia o con frialdad.
Todo esto merece odio o merece amor. Los tibios, los indiferentes, las reservas
mentales, los peronistas a medias, me dan asco. Me repugnan porque no tienen
olor ni sabor. Frente al avance permanente e inexorable del día maravilloso de
los pueblos también los hombres se dividen en los tres campos eternos del odio,
de la indiferencia y del amor. Hay fanáticos del pueblo. Hay enemigos del
pueblo. Y hay indiferentes. Estos pertenecen a la clase de hombre que Dante
señaló ya en las puertas del infierno. Nunca se juegan por nada. Son como "los
ángeles que no fueron ni fieles ni rebeldes".
CAIGA QUIEN CAIGA
Yo he visto a Perón peleando incansablemente por su pueblo frente a las fuerzas
dominantes de la humanidad. Este capítulo está dedicado a ellas. No puedo callar
porque sería mentirle a mi pueblo y a todos los pueblos de la tierra que han
sufrido y sufren la despiadada prepotencia de los imperialismos. Es hora de
decir la verdad, cueste lo que cueste y caiga quien caiga. Existen en el mundo
naciones explotadoras y naciones explotadas. Yo no diría nada si se tratase
solamente de naciones, pero es que detrás de cada nación que someten los
imperialismos hay un pueblo de esclavos, de hombres y mujeres explotados. Y aún
las mismas naciones imperialistas esconden siempre detrás de sus grandezas y de
sus oropeles la realidad amarga y dura de un pueblo sometido. Los imperialismos
han sido y son la causa de las más grandes desgracias de una humanidad que se
encarna en los pueblos. Esta es la hora de los pueblos, que es como decir la
hora de la humanidad. Todos los enemigos de la humanidad tienen las horas
contadas. ¡También los imperialismos! En la hora de los pueblos lo único
compatible con la felicidad de los hombres será la existencia de naciones
justas, soberanas y libres, como quiere la doctrina de Perón. Y esto sucederá en
este siglo. Aunque parezca ya una letanía de mi fanatismo sucederá, "caiga quien
caiga y cueste lo que cueste".
LOS IMPERIALISMOS
¡Los imperialismos! A Perón y a nuestro pueblo les ha tocado la desgracia del
imperialismo capitalista. Yo lo he visto de cerca en sus miserias y en sus
crímenes. Se dice defensor de la justicia mientras extiende las garras de su
rapiña sobre los bienes de todos los pueblos sometidos a su omnipotencia. Se
proclama defensor de la libertad mientras va encadenando a todos los pueblos que
de buena o de mala fe tienen que aceptar sus inapelables exigencias.
LOS QUE SE ENTREGAN
Pero más abominable aún que los imperialistas son los hombres de las oligarquías
nacionales que se entregan vendiendo y a veces regalando por monedas o por
sonrisas la felicidad de sus pueblos. Yo los he conocido también de cerca.
Frente a los imperialismos no sentí otra cosa que la indignación del odio, pero
frente a los entregadores de sus pueblos, a ella sumé la infinita indignación de
mi desprecio. Muchas veces los he oído disculparse ante mi agresividad irónica y
mordaz. "No podemos hacer nada", decían. Los he oído muchas veces; en todos los
tonos de la mentira. ¡Mentira! ¡Sí! ¡Mil veces mentira...! Hay una sola cosa
invencible en la tierra: la voluntad de los pueblos. No hay ningún pueblo de la
tierra que no pueda ser justo, libre y soberano. "No podemos hacer nada" es lo
que dicen todos los gobiernos cobardes de las naciones sometidas. No lo dicen
por convencimiento sino por conveniencias.
POR CUALQUIER MEDIO
Nosotros somos un pequeño pueblo de la tierra, y sin embargo con nosotros Perón
decidió ganar, frente al imperialismo capitalista, nuestra propia justicia y
nuestra propia libertad. Y somos justos y libres. Podrá costar más o menos
sacrificio ¡pero siempre se puede! No hay nada que sea más fuerte que un pueblo.
Lo único que se necesita es decidirlo a ser justo, libre y soberano. ¿Los
procedimientos? Hay mil procedimientos eficaces para vencer: con armas o sin
armas, de frente o por la espalda, a la luz del día o a la sombra de la noche,
con un gesto de rabia o con una sonrisa, llorando o cantando, por los medios
legales o por los medios ilícitos que los mismos imperialismos utilizan en
contra de los pueblos. Yo me pregunto: ¿qué pueden hacer un millón de
acorazados, un millón de aviones y un millón de bombas atómicas contra un pueblo
que decide sabotear a sus amos hasta conseguir la libertad y la justicia? Frente
a la explotación inicua y execrable, todo es poco. Y cualquier cosa es
importante para vencer.
EL HAMBRE Y LOS INTERESES
El arma de los imperialismos es el hambre. Nosotros, los pueblos sabemos lo que
es morir de hambre. El talón de Aquiles del imperialismo son sus intereses.
Donde esos intereses del imperialismo se llamen "petróleo" basta, para
vencerlos, con echar una piedra en cada pozo. Donde se llame cobre o estaño
basta con que se rompan las máquinas que los extraen de la tierra o que se
crucen de brazos los trabajadores explotados... ¡No pueden vencemos! Basta con
que nos decidamos. Así quiso que fuese Perón entre nosotros y vencimos. Ya no
podrán jamás arrebatarnos nuestra justicia, nuestra libertad y nuestra
soberanía. Tendrían que matarnos uno por uno a todos los argentinos. Y eso ya no
podrán hacerlo jamás.
EL ODIO Y EL AMOR
En años de lucha he aprendido cómo juegan su papel en el gobierno de los pueblos
las fuerzas políticas nacionales e internacionales, las fuerzas económicas y
espirituales de la tierra, y cómo se disfrazan las ambiciones de los hombres. Yo
he visto a Perón enfrentándolos de pie, sereno e imperturbable, mirando siempre
más allá de su vida y de su tiempo, con los ojos puestos exclusivamente en la
felicidad de su pueblo y en la grandeza de su Patria. Nada ni nadie pudo ni
podrá apartarlo de su camino. Yo recuerdo cómo, en los primeros tiempos de su
lucha, debió enfrentar la calumnia que intentaba separarlo de sus descamisados:
decían que él era un peligro para el pueblo porque era militar. Algunos años
después, como la calumnia no prosperó, sus enemigos trataron de enfrentarlo con
las fuerzas armadas. Decían que Perón intentaba crear una fuerza en los
trabajadores para sustituir el influjo militar en el Gobierno de la República.
Sobre todas estas cosas quiero decir la verdad ¡mi auténtica verdad! y espero
que alguna vez se imponga sobre tanta mentira, o por lo menos -aunque no me
crean- sirva para algo a los pueblos del mundo en sus luchas por la justicia y
por la libertad. Declaro que pertenezco ineludiblemente y para siempre a la
"ignominiosa raza de los pueblos". De mí no se dirá jamás que traicioné a mi
pueblo, mareada por las alturas del poder y de la gloria. Eso lo saben todos los
pobres y todos los ricos de mi tierra, por eso me quieren los descamisados y los
otros me odian y me calumnian. Nadie niega en mi Patria que, para bien o para
mal, yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle. Por eso, porque sigo
pensando y sintiendo como pueblo, no he podido vencer todavía nuestro
"resentimiento" con la oligarquía que nos explotó. ¡Ni quiero vencerlo! Lo digo
todos los días con mi vieja indignación descamisada, dura y torpe, pero sincera
como la luz que no sabe cuando alumbra y cuando quema. Como el viento que no
distingue entre borrar las nubes del cielo y sembrar la desolación en su camino.
No entiendo los términos medios ni las cosas equilibradas. Sólo reconozco dos
palabras como hijas predilectas de mi corazón: el odio y el amor. Nunca sé
cuando odio ni cuando estoy amando, y en este encuentro confuso del odio y del
amor frente a la oligarquía de mi tierra -y frente a todas las oligarquías del
mundo- no he podido encontrar el equilibrio que me reconcilie con las fuerzas
que sirvieron antaño entre nosotros a la raza maldita de los explotadores.
LOS ALTOS CÍRCULOS
Me rebelo indignada con todo el veneno de mi odio, o con todo el incendio de mi
amor -no lo sé todavía-, en contra del privilegio que constituyen todavía los
altos círculos de las fuerzas armadas y clericales. Tengo plena conciencia de lo
que escribo. Sé lo que sienten y lo que piensan de esos círculos los hombres y
mujeres humildes que constituyen el pueblo. Todos los pueblos de la humanidad.
Yo no los condeno personalmente. Aunque personalmente me combatieron y me
combaten como enemiga declarada de sus propósitos y de sus intenciones. En el
fondo de mi corazón, yo no deseo otra cosa que salvarlos con mi acusación,
señalándoles el camino del pueblo por donde llega el porvenir de la humanidad.
Yo sé que la religión es el alma de los pueblos y que a los pueblos les gusta
ver en sus ejércitos la fuerza pujante de sus muchachos como garantía de su
libertad y expresión de la grandeza de su Patria. Pero sé también que a los
pueblos les repugna la prepotencia militar que se atribuye el monopolio de la
Patria, y que no se concilian la humildad y la pobreza de Cristo con la fastuosa
soberbia de los dignatarios eclesiásticos que se atribuyen el monopolio absoluto
de la religión. La Patria es del pueblo, lo mismo que la Religión. No soy
antimilitarista ni anticlerical en el sentido en que quieren hacerme aparecer
mis enemigos. Lo saben los humildes sacerdotes del pueblo que me comprenden a
despecho de algunos altos dignatarios del clero rodeados y cegados por la
oligarquía. Lo saben los hombres honrados que en las fuerzas armadas no han
perdido contacto con el pueblo. Los que no quieren comprenderme son los enemigos
del pueblo metidos a militares. Ellos desprecian al pueblo y por eso desprecian
a Perón, que siendo militar abrazó la causa del pueblo aún a costa de abandonar
en cierto momento su carrera militar. Yo veo no sólo el panorama de mi propia
tierra. Veo el panorama del mundo y en todas partes hay pueblos sometidos por
gobiernos que explotan a sus pueblos en beneficio propio o de lejanos intereses.
Y detrás de cada gobierno impopular he aprendido a ver ya la presencia militar,
solapada y encubierta o descarada y prepotente. En este mensaje de mis verdades,
no puedo callar esta verdad irrefutable que se cierne como la más grande sombra
cubriendo los horizontes de la humanidad. Es necesario que los pueblos destruyan
los altos círculos de sus fuerzas militares gobernando a las naciones. ¿Cómo?
Abriendo al pueblo sus cuadros dirigentes. Los ejércitos deben ser del pueblo y
servirlo. Deben servir a la causa de la justicia y de la libertad. Es necesario
convencerlos de que la Patria no es una geografía de fronteras más o menos
dilatadas sino que es el pueblo. La Patria sufre o es feliz en el pueblo que la
forma. En la hora de nuestra raza, en la hora de los pueblos, la Patria
alcanzará su más alta verdad. Es necesario que los ejércitos del mundo defiendan
a sus pueblos sirviendo la causa de la justicia y de la libertad. Solamente así
se salvarán los pueblos de caer en el odio contra "eso" que antes se llamaba
Patria, y que era una mentira más ¡una bella mentira que inventó la oligarquía
cuando empezó a vender la dignidad del pueblo, es decir la dignidad augusta y
maravillosa de la Patria!
EL PUEBLO ES LA ÚNICA FUERZA
Yo no sé si no será posible que alguna vez el mundo cancele todo cuanto
signifique una fuerza de agresión y desaparezca la necesidad de sostener
ejércitos para la defensa, pero mientras eso -que sería lo ideal, acaso lo
sobrenatural o lo imposible- no suceda, los pueblos del mundo deben cuidar que
sus fuerzas militares no se conviertan en cadenas o instrumentos de su propia
opresión. El ejército de mi Patria custodió en 1946 las elecciones que
consagraron a Perón presidente de los argentinos. En aquella ocasión, fueron sus
militares una garantía para el pueblo. A pesar de eso, yo considero que la
función militar no debe ser en ningún caso garantía cívica de la justicia y la
libertad. Porque la fuerza suele tentar a los hombres, lo mismo que el dinero.
La garantía de la voluntad soberana del pueblo debe estar en el propio pueblo.
Sacarla de sus manos es reconocerle una debilidad que no existe, porque los
pueblos constituimos por nosotros mismos la fuerza más poderosa que poseen las
naciones. Lo único que debemos hacer es adquirir plena conciencia del poder que
poseemos y no olvidarnos de que nadie puede hacer nada sin el pueblo, que nadie
puede hacer tampoco nada que no quiera el pueblo. ¡Sólo basta que los pueblos
nos decidamos a ser dueños de nuestros propios destinos! Todo lo demás es
cuestión de enfrentar al destino. ¡Basta eso para vencer! ¡Y si no que lo diga
nuestro pueblo!
SERVIR AL PUEBLO
En estos momentos el mundo es una inmensa fortaleza. Todos los gobiernos han
sido dominados por los altos círculos de sus fuerzas armadas. Así como la Edad
Media fue clerical y la iglesia gobernó sobre los pueblos por medio de los reyes
y los reyes dominaron a los pueblos valiéndose del clero, así en la Edad de
nuestro siglo las fuerzas armadas mandan sobre los pueblos infiltradas en los
gobiernos de las naciones y los gobiernos oprimen y sojuzgan y explotan a los
pueblos valiéndose del instrumento colosal de sus ejércitos. Todo es militar en
este mundo nuestro. Yo no diría una sola palabra si las fuerzas armadas fuesen
instrumentos fieles al pueblo. Pero no es así: casi siempre son carne de
oligarquía. O porque la oligarquía copó los altos círculos de la oficialidad, o
porque los oficiales a los que el pueblo dio a sus fuerzas armadas se
entregaron, olvidándose del pueblo, de sus dolores, y de su inmenso dolor!
Nosotros, el pueblo, tenemos que ganar las altas jerarquías de las fuerzas
armadas de las naciones. No se trata de destruirlas, aunque yo pienso que alguna
vez serán inútiles. Se trata de convertirlas al pueblo y después, cuando todos
sus dirigentes -sus oficiales- sean carne y alma del pueblo, habrá que
permanecer alertas, vigilándolas para que no se entreguen otra vez. No creo que
la solución sea la que adoptaron los espartanos en los años de su decadencia y
que los generales tengan que ser elegidos por el pueblo. El pueblo sólo tiene
que elegir a sus gobernantes para que ellos hagan lo que el pueblo quiere. Los
generales deben servir al gobierno del pueblo con plena y absoluta conciencia de
que nada en la Nación puede sobreponerse ni oponerse a la voluntad del pueblo.
LA GRANDEZA O LA FELICIDAD
La patria no es patrimonio de ninguna fuerza. La patria es el pueblo y nada
puede sobreponerse al pueblo sin que corran peligro la libertad y la justicia.
Las fuerzas armadas sirven a la patria sirviendo al pueblo. El gran error de
algunas fuerzas armadas consiste en creer que servir a la patria es una cosa
distinta. Entonces, en aras de lo que ellos creen que es la patria, no les
importa sacrificar al pueblo, sometiéndolo a las reglas de la prepotencia
militar. En todos los siglos de la historia ha sucedido lo mismo. El espíritu
militar ha considerado que el gran ideal de su existencia consistía en alcanzar
la grandeza de la Nación y que, ante ese objetivo supremo se justificaba todo,
incluso sacrificar la felicidad del pueblo. Perón nos ha enseñado que la
felicidad del pueblo es lo primero; que no se puede hacer la grandeza de un país
con un pueblo que no tiene bienestar. Las fuerzas armadas del mundo deben
convencerse de esta absoluta verdad del peronismo. Si no es así, los pueblos
mismos, por su propia mano, con la conciencia plena de nuestro poderío
insuperable, las iremos borrando de la historia de la humanidad.
SOMOS MÁS FUERTES
Todas estas ideas y razones me llevan a decirle a mi pueblo y a todos los
pueblos del mundo en este mensaje de mis verdades: nadie puede más que nosotros.
Somos más fuertes que todas las fuerzas armadas de todas las naciones juntas. Si
nosotros no queremos que la fuerza bruta de las armas nos domine, no podrá
dominarnos. Con las armas pueden matarnos, pero morir de hambre es más doloroso,
y nosotros sabemos lo que es morir por hambre! No podrán matarnos. Los soldados
son hijos nuestros y no se atreverán a tirar sobre sus madres aunque los manden
miles y miles de oficiales entregados y vendidos a la oligarquía. Podrán
vencemos un día, en la noche o de sorpresa, pero si al día siguiente nos
largamos a la calle, o nos negamos a trabajar, o saboteamos todo cuanto ellos
quieran mandar; tendrán que resignarse a devolvernos la libertad y la justicia.
Si toda esta resistencia puede organizarse, mejor; si no, lo mismo venceremos
con tal de que tengamos plena conciencia de nuestro poderío soberano. Debemos
convencernos definitivamente de una sola cosa: de que el gobierno debe ser del
pueblo y que nadie sino el pueblo puede ocuparlo, porque, si no, no será tampoco
para el pueblo. La hora de los pueblos no será alcanzada por nuestro siglo si no
exigimos participación activa en el gobierno de las naciones. Pero ¿cómo? Como
nosotros lo hemos hecho en nuestra tierra, gracias a Perón. Llevando a los
obreros y a las mujeres del pueblo a los más altos cargos y responsabilidades
del Estado. Y cuidando después que los dirigentes políticos del pueblo y los
dirigentes sindicales no pierdan contacto con las masas que representan. Los
gobernantes del pueblo deben seguir viviendo con el pueblo. Es una condición
fundamental para que los pueblos no empiecen a sentirse traicionados. Y para
gobernar con sentido real de lo auténticamente popular.
VIVIR CON EL PUEBLO
Es lindo vivir con el pueblo. Sentirlo de cerca, sufrir con sus dolores y gozar
con la simple alegría de su corazón. Pero nada de todo eso se puede si
previamente no se ha decidido definitivamente encarnarse en el pueblo, hacerse
una sola carne con él para que todo dolor y toda tristeza y angustia y toda
alegría del pueblo sea lo mismo que si fuese nuestra. Eso es lo que yo hice,
poco a poco en mi vida. Por eso el pueblo me alegra y me duele. Me alegra cuando
lo veo feliz y cuando yo puedo añadir un poco de mi vida a su felicidad. Me
duele cuando sufre. Cuando los hombres del pueblo o quienes tienen obligación de
servirlo en vez de buscar la felicidad del pueblo lo traicionan. También tengo
para ellos una palabra dura y amarga en este mensaje de mis verdades. Yo los he
visto marearse por las alturas. Dirigentes obreros entregados a los amos de la
oligarquía por una sonrisa, por un banquete o por unas monedas. Los denuncio
como traidores entre la inmensa masa de trabajadores de mi pueblo y de todos los
pueblos. Hay que cuidarse de ellos: son los peores enemigos del pueblo porque
han renegado de nuestra raza. Sufrieron con nosotros pero se olvidaron de
nuestro dolor para gozar la vida sonriente que nosotros les dimos otorgándoles
una jerarquía sindical. Conocieron el mundo de la mentira, de la riqueza, de la
vanidad y en vez de pelear ante ellos por nosotros, por nuestra dura y amarga
verdad, se entregaron. No volverán jamás, pero si alguna vez volviesen habría
que sellarles la frente con el signo infamante de la traición.
LAS JERARQUÍAS CLERICALES
Entre los hombres fríos de mi tiempo señalo a las jerarquías clericales cuya
inmensa mayoría padece de una inconcebible indiferencia frente a la realidad
sufriente de los pueblos. Declaro con absoluta sinceridad que me duelen como un
desengaño estas palabras de mi dura verdad. Yo no he visto sino por excepción
entre los altos dignatarios del clero generosidad y amor... como se merecía de
ellos la doctrina de Cristo que inspiró la doctrina de Perón. En ellos
simplemente he visto mezquinos y egoístas intereses y una sórdida ambición de
privilegio. Yo los acuso desde mi indignidad, no para el mal sino para el bien.
No les reprocho haberlo combatido sordamente a Perón desde sus conciliábulos con
la oligarquía. No les reprocho haber sido ingratos con Perón, que les dio de su
corazón cristiano lo mejor de su buena voluntad y de su fe. Les reprocho haber
abandonado a los pobres, a los humildes, a los descamisados, a los enfermos, y
haber preferido en cambio la gloria y los honores de la oligarquía. Les reprocho
haber traicionado a Cristo que tuvo misericordia de las turbas. Les reprocho
olvidarse del pueblo y haber hecho todo lo posible por ocultar el nombre y la
figura de Cristo tras la cortina de humo con que lo inciensan. Yo soy y me
siento cristiana. Soy católica, pero no comprendo que la religión de Cristo sea
compatible con la oligarquía y el privilegio. Esto no lo entenderé jamás. Como
no lo entiende el pueblo. El clero de los nuevos tiempos, si quiere salvar al
mundo de la destrucción espiritual, tiene que convertirse al cristianismo.
Empezar por descender al pueblo. Como Cristo, vivir con el pueblo, sufrir con el
pueblo, sentir con el pueblo. Porque no viven ni sufren ni sienten ni piensan
con el pueblo, estos años de Perón están pesando sobre sus corazones sin
despertar una sola resonancia. Tienen el corazón cerrado y frío. ¡Ah, si
supieran qué lindo es el pueblo, se lanzarían a conquistarlo para Cristo que
hoy, como hace dos mil años, tiene misericordia de las turbas!
LA RELIGIÓN
Cristo les pidió que evangelizasen a los pobres y ellos no debieron jamás
abandonar al pueblo donde está la inmensa masa oprimida de los pobres. Los
políticos clericales de todos los tiempos y en todos los países quieren ejercer
el dominio y aún la explotación del pueblo por medio de la iglesia y la
religión. Muchas veces, para desgracia de la fe, el clero ha servido a los
políticos enemigos del pueblo predicando una estúpida resignación... que no sé
todavía cómo puede conciliarse con la dignidad humana ni con la sed de Justicia
cuya bienaventuranza se canta en el Evangelio. También el clero político
pretende ejercer en todos los países el dominio y aún la explotación del pueblo
por medio del gobierno, lo que también es peligroso para la felicidad del
pueblo. Los dos caminos del clericalismo político y de la política clerical
deben ser evitados por los pueblos del mundo si quieren ser alguna vez felices.
Yo no creo, como Lenín, que la religión sea el opio de los pueblos. La religión
debe ser, en cambio, la liberación de los pueblos; porque cuando el hombre se
enfrenta con Dios alcanza las alturas de su extraordinaria dignidad. Si no
hubiese Dios, si no estuviésemos destinados a Dios, si no existiese religión, el
hombre sería un poco de polvo derramado en el abismo de la eternidad. Pero Dios
existe y por El somos dignos, y por El todos somos iguales, y ante El nadie
tiene privilegios sobre nadie. ¡Todos somos iguales! Yo no comprendo entonces
por qué, en nombre de la religión y en nombre de Dios, puede predicarse la
resignación frente a la injusticia. Ni por qué no puede en cambio reclamarse, en
nombre de Dios y en nombre de la religión, esos supremos derechos de todos a la
justicia y a la libertad. La religión no ha de ser jamás instrumento de opresión
para los pueblos. Tiene que ser bandera de rebeldía. La religión está en el alma
de los pueblos porque los pueblos viven cerca de Dios, en contacto con el aire
puro de la inmensidad. Nadie puede impedir que los pueblos tengan fe. Si la
perdiesen, toda la humanidad estaría perdida para siempre. Yo me rebelo contra
las "religiones" que hacen agachar la frente de los hombres y el alma de los
pueblos. Eso no puede ser religión. La religión debe levantar la cabeza de los
hombres. Yo admiro a la religión que puede hacerle decir a un humilde
descamisado frente a un emperador: "¡Yo soy lo mismo que Usted, hijo de Dios!"
La religión volverá a tener su prestigio entre los pueblos si sus predicadores
la enseñan así: como fuerza de rebeldía y de igualdad, no como instrumento de
opresión. Predicar la resignación es predicar la esclavitud. Es necesario, en
cambio, predicar la libertad y la justicia. ¡Es el amor el único camino por el
que la religión podrá llegar a ver el día de los pueblos!
LAS FORMAS Y LOS PRINCIPIOS
Yo vivo con mi corazón pegado al corazón de mi pueblo y conozco por eso todos
sus latidos. Yo sé cómo siente, cómo piensa y cómo sufre. No se me escapa que
muchas veces ha sido engañado y que en materia religiosa tiene demasiado
prejuicios y acepta numerosos errores. Yo no me siento autorizada para juzgar
sobre este trascendente tema. Mi mensaje está destinado a despertar el alma de
los pueblos de su modorra frente a las infinitas formas de la opresión, y una de
esas formas es la que utiliza el profundo sentido religioso de los pueblos como
instrumento de esclavitud. El sentimiento religioso debe ser defendido por los
pueblos y por eso todas sus deformaciones reclaman una condenación imperdonable.
Yo creo que tanto mal han hecho a la humanidad los que creen que la religión es
una simple colección de formalidades exteriores como aquellos que no ven otra
cosa que principios de absoluta rigidez. La religión es para el hombre y no el
hombre para la religión, y por eso la religión ha de ser profundamente humana,
profundamente popular. Y para que la religión sea así, profundamente popular;
debe volver a ser como antes. Ha de volver a hablar en el lenguaje del corazón
que es el lenguaje del pueblo, olvidándose de los ritos excesivos y de las
complicaciones teológicas también excesivas. Cuando al pueblo se le habla con
sencillez y con amor; acepta la verdad que se le ofrece. Y con más fe todavía si
se le predica con el ejemplo. Desgraciadamente nuestro pueblo, y acaso todos los
pueblos de la tierra, sólo han visto demasiado interés en los predicadores de la
fe y acaso por eso mismo, les han cerrado el corazón.
LOS PUEBLOS Y DIOS
Muchas veces, en estos años de mi vida, he pensado qué lejos estaban ciertos
predicadores y apóstoles de la religión del corazón del pueblo... porque la
frialdad y el egoísmo de sus almas no podía contagiar a nadie ni sembrar en las
almas el ardor de la fe, que es fuego ardiente. Yo sé -y lo declaro con todas
las fuerzas de mi espíritu- que los pueblos tienen sed de Dios. Y sé también
como trabajan sacerdotes humildes en apagar aquella sed. Mi acusación no va
dirigida contra éstos, sino contra quienes por egoísmo, por vanidad por
soberbia, por interés o por cualquier otra razón indigna a la causa que dicen
defender. alejan a los pueblos de la verdad, cerrándoles el camino de Dios. Dios
les exigirá algún día la cuenta precisa y meticulosa de sus traiciones con mucho
más severidad que a quienes, con menos teología, pero con más amor, nos
decidimos a darlo todo por el pueblo. Con toda el alma, con todo el corazón.
LOS AMBICIOSOS
Enemigos del pueblo son también los ambiciosos. Muchas veces los he visto llegar
hasta Perón, primero como amigos mansos y leales, y yo misma me engañé con
ellos, que proclamaban una lealtad que después tuve que desmentir. Los
ambiciosos son fríos como culebras pero saben disimular demasiado bien. Son
enemigos del pueblo porque ellos no servirán jamás sino a sus intereses
personales. Yo los he perseguido en el movimiento peronista y los seguiré
persiguiendo implacablemente en defensa del pueblo. Son los caudillos. Tienen el
alma cerrada a todo lo que no sean ellos. No trabajan para una doctrina ni les
interesa el ideal. La doctrina y el ideal son ellos. La hora de los pueblos no
llegará con ningún caudillo porque los caudillos mueren y los pueblos son
eternos. Por eso es grande Perón, porque no tiene otra ambición que la felicidad
de su pueblo y la grandeza de su Patria. Y porque ha creado una doctrina -una
doctrina es un ideal- para que su pueblo siga su doctrina y no su nombre. Yo
pienso, en cambio, que los pueblos cuando encuentran un hombre digno de ellos,
no siguen su doctrina, sino su nombre. Porque en el hombre y en el nombre ven
encarnarse a la doctrina misma y no pueden concebir la doctrina sin su creador.
Por eso yo no puedo concebir al justicialismo sin Perón, y por eso he declarado
tantas veces que yo soy peronista, no justicialista. Porque el justicialismo es
la doctrina, en cambio el peronismo es Perón y la doctrina. ¡La realidad viva
que nos hizo y que nos hace felices! Los caudillos en cambio, los ambiciosos, no
tienen doctrina porque no tienen otra conducta que su egoísmo. Hay que buscarlos
y marcarlos a fuego para que nunca se conviertan en dueños de la vida y las
haciendas del pueblo. Yo los he conocido de cerca y de frente, y algunas veces
incluso me han engañado, por lo menos momentáneamente. Hay que identificarlos y
hay que destruirlos. La causa del pueblo exige nada más que hombres del pueblo
que trabajen para el pueblo, no para ellos. En esto se distinguen los
ambiciosos: en que trabajan para ellos, nada más que para ellos. Nunca buscan la
felicidad del pueblo, siempre buscan más bien su propia vanidad y enriquecerse
pronto. El dinero, el poder y los honores son las tres grandes "causas", los
tres "ideales" de todos los ambiciosos. No he conocido ningún ambicioso que no
buscase alguna de estas tres cosas o las tres al mismo tiempo. Los pueblos deben
cuidar a los hombres que elige para regir sus destinos. Y deben rechazarlos y
destruirlos cuando los vean sedientos de riqueza, de poder o de honores. La sed
de riquezas es fácil de ver. Es lo primero que aparece a la vista de todos.
Sobre todo a los dirigentes sindicales hay que cuidarlos mucho. Se marean
también ellos y no hay que olvidar que cuando un político se deja dominar por la
ambición es nada más que un ambicioso; pero cuando un dirigente sindical se
entrega al deseo de dinero, de poder o de honores es un traidor y merece ser
castigado como un traidor. El poder y los honores seducen también intensamente a
los hombres y los hacen ambiciosos. Empiezan a trabajar para ellos y se olvidan
del pueblo. Esta es la única manera de identificarlos. El pueblo tiene que
conocerlos y destruirlos. Solamente así, los pueblos serán libres. Porque todo
ambicioso es un prepotente capaz de convertirse en un tirano. ¡Hay que cuidarse
de ellos como del diablo!
No quisiera morirme, por Perón y por mis descamisados. No por mí, que he vivido
todo lo que tenía que vivir. Perón y los pobres me necesitan.
¿Sabrán mis "grasitas" todo lo que yo los quiero?
Si alguien me preguntase, en estos momentos difíciles y amargos de mi vida, cuál
es mi deseo más ferviente y cuál mi voluntad más absoluta, yo les diría: vivir
eternamente con Perón y con mi pueblo. Muchas veces, en las horas largas y duras
de mi enfermedad, he deseado vivir no por mí, que ya he recibido de la vida todo
cuanto podía pedir y más todavía, sino por Perón y por mis "grasitas", por mis
descamisados. La enfermedad y el dolor me han acercado a Dios y he aprendido que
no es injusto todo esto que me está sucediendo y que me hace sufrir. Yo tenía
todas las posibilidades de tomar, cuando me casé con Perón, el camino equivocado
que conduce al mareo de las altas cumbres. En cambio Dios me llevó por los
caminos de mi pueblo y por haberlo seguido he llegado a recibir como nadie el
cariño de los hombres, de las mujeres, de los niños y de los ancianos. Pero le
pido a Dios que me dé algunas vacaciones en mi sufrimiento.
EL GRAN DELITO
Muchas veces, sobre todo en los años de la revolución, oía como los altos jefes
militares trataban de disuadir al Coronel de su amor por el pueblo. Ellos no
concebían que un oficial superior pudiese entregarse así a "la chusma". Al
principio creían que el Coronel hacia demagogia para conquistar el poder. Fue
entonces cuando, envidiosos del éxito de Perón, le hicieron la primera
revolución, le exigieron su renuncia y lo encarcelaron en Martín García. Pero
felizmente el pueblo ya lo había conocido a Perón, y ya no veía en él al jefe
militar con vocación de dictador; sino al compañero cuyo corazón había sentido
el dolor de nuestra raza. Y el pueblo se lanzó a la calle dispuesto a todo. Los
jefes militares de la reacción huyeron asustados y la oligarquía se escondió con
ellos. Fue el 17 de octubre de 1945. Después, las cosas cambiaron. El Coronel,
ya Presidente, siguió fiel a sus descamisados. Ya no podía ser que fuese
demagogo, como decían. Era cierto entonces aquello de que Perón, un jefe
militar, concedía importancia fundamental a los trabajadores de su pueblo. Y a
medida que los trabajadores se organizaban constituyendo la más poderosa fuerza
del país, la oligarquía infiltrada también en las fuerzas armadas preparaba la
reacción. Yo he presenciado la dura batalla de Perón con el privilegio de la
fuerza, tan dura como las luchas contra el privilegio del dinero o de la sangre.
Yo sé lo que ha sufrido, aunque he tenido el raro y maravilloso privilegio de
ser algo así como el escudo donde se estrellaron siempre los ataques de sus
enemigos. Ellos, cobardes como todos los traidores, nunca lo atacaron de frente,
lo atacaron por mí... ¡Yo fui el gran pretexto! Cumplí mi tarea gozosa y feliz,
parando los golpes que iban dirigidos a Perón. Sin embargo los que no me querían
a mí, siempre terminaron por alejarse de Perón. De alguna manera se fueron... ¡Y
muchos lo traicionaron! La verdad, la auténtica y pura verdad, es que la gran
mayoría de los que no quisieron a Perón por mí, tampoco lo quieren sin mí. En
cambio el pueblo, los descamisados, los obreros, las mujeres, que me quieren a
mí más de lo que merezco, son fanáticos de Perón hasta la muerte. En el pueblo
reside la fuerza de Perón, no en el ejército. Solamente el pueblo lo quiere a
Perón con fanatismo y sinceridad. Y cuando en los últimos tiempos algunos
oficiales de las fuerzas armadas quisieron "terminar con Perón, tuvieron que
enfrentarse con el pueblo que rodeó a su Líder; oponiendo a los traidores el
pecho descubierto, la fuerza infinita del corazón. Aún en el ejército, los
hombres leales, aún las que cayeron en defensa de Perón, fueron hombres del
pueblo, humildes pero nobles y fieles ante la defección traidora de la
oligarquía. Aquel día, el 28 de septiembre, yo me alegré profundamente de haber
renunciado a la vicepresidencia de la República el 22 y el 31 de agosto. Si no,
yo hubiese sido otra vez el gran pretexto. En cambio, la revolución vino a
probar que la reacción militar era contra Perón, contra el infame delito
cometido por Perón al "entregarse" a la voluntad del pueblo, luchando y
trabajando por la felicidad de los humildes y en contra de la prepotencia y de
la confabulación de todos los privilegios con todas las fuerzas de la
antipatria. ¡Este es el gran delito de Perón! El gran delito que yo bendigo
desde el fondo de mi corazón descamisado. En mí, no tiene importancia ni tiene
valor todo lo que yo siento de amor y de cariño por mi pueblo, porque yo vine
del pueblo, yo sufrí con el pueblo. En cambio, el amor de Perón por los
descamisados vale infinitamente más, porque dada su condición de coronel, el
camino más fácil de su vida era el de la oligarquía y sus privilegios. En cambio
se decidió por el pueblo, contra toda probabilidad, venciendo las resistencias
de muchos compañeros y abrazó nuestra causa definitivamente. ¡Cometió el gran
delito! Pienso que, cometiéndolo, salvó él sólo a las fuerzas armadas de mi
Patria del descrédito y del deshonor. Si Perón no fuese militar, nuestro pueblo
estaría convencido de que las fuerzas armadas son un reducto de la oligarquía.
Los militares tienen, en este año de Perón, la gran oportunidad de asegurarse el
porvenir ayudándolo en su tarea de servir al pueblo, partiendo de la base
fundamental de que eso no es delito: es servir a la Patria.
MI VOLUNTAD SUPREMA
Quiero vivir eternamente con Perón y con mi Pueblo. Esta es mi voluntad absoluta
y permanente y será también por lo tanto cuando llegue mi hora, la última
voluntad de mi corazón. Donde esté Perón y donde estén mis descamisados allí
estará siempre mi corazón para quererlos con todas las fuerzas de mi vida y con
todo el fanatismo de mi alma. Si Dios llevase del mundo a Perón antes que a mí,
yo me iría con él porque no sería capaz de sobrevivir sin él, pero mi corazón se
quedaría con mis descamisados, con mis mujeres, con mis obreros, con mis
ancianos, con mis niños para ayudarlos a vivir con el cariño de mi amor; para
ayudarlos a luchar con el fuego de mi fanatismo y para ayudarlos a sufrir con un
poco de mis propios dolores. He sufrido mucho, pero mi dolor valía la felicidad
de mi pueblo y yo no quise negarme -no quiero negarme-, acepto sufrir hasta el
último día de mi vida si eso sirve para restañar alguna herida o enjugar alguna
lágrima. Pero si Dios me llevase del mundo antes que a Perón, yo quiero quedarme
con él y con mi pueblo, y mi corazón y mi cariño y mi alma y mi fanatismo
seguirán en ellos, seguirán viviendo en ellos, haciendo todo el bien que falta,
dándoles todo el amor que no les pude dar en los años de mi vida, y encendiendo
en sus almas todos los días el fuego de mi fanatismo que me quema y me consume
como una sed amarga e infinita. Yo estaré con ellos para que sigan adelante por
el camino abierto de la justicia y de la libertad hasta que llegue el día
maravilloso de los pueblos. Yo estaré con ellos peleando en contra de todo lo
que no sea pueblo puro, en contra de todo lo que no sea la "ignominiosa" raza de
los pueblos. Yo estaré con ellos, con Perón y con mi Pueblo, para pelear contra
la oligarquía vendepatria y farsante, contra la raza maldita de los explotadores
y de los mercaderes de los pueblos. Dios es testigo de mi sinceridad. El sabe
que me consume el amor de mi raza, que es el pueblo. Todo lo que se opone al
pueblo me indigna hasta los limites extremos de mi rebeldía y de mis odios, pero
Dios sabe también que nunca he odiado a nadie por si mismo, ni he combatido a
nadie con maldad, sino por defender a mi pueblo, a mis obreros, a mis mujeres, a
mis pobres "grasitas" a quienes nadie defendió jamás con más sinceridad que
Perón y con más ardor que "Evita". Pero es más grande el amor de Perón por el
pueblo que mi amor; porque él, desde su privilegio militar supo encontrarse con
el pueblo, supo subir hasta su pueblo, rompiendo todas las cadenas de su casta.
Yo, en cambio, nací en el pueblo y sufrí en el pueblo. Tengo carne y alma y
sangre del pueblo. No podía hacer otra cosa que entregarme a mi pueblo. Si
muriese antes que Perón, quisiera que esta voluntad mía, la última y definitiva
de mi vida, sea leída en acto público en la Plaza de Mayo, en la Plaza del 17 de
Octubre, ante mis queridos descamisados. Quiero que sepan, en ese momento, que
quise y que quiero a Perón con toda mi alma y que Perón es mi sol y mi cielo.
Dios no me permitirá que mienta si yo repito en este momento una vez más, como
León Bloy, que "no concibo el cielo sin Perón". Pido a todos los obreros, a
todos los humildes, a todos los descamisados, a todas las mujeres, a todos los
pibes y a todos los ancianos de mi Patria que lo cuiden y lo acompañen a Perón
como si fuese yo misma. Quiero que todos mis bienes queden a disposición de
Perón como representante soberano y único del pueblo. que todos mis bienes, que
considero en gran parte patrimonio del pueblo y del movimiento peronista, que es
del pueblo, y que todo lo que dé "La Razón de mi Vida" y "Mi Mensaje", sea
considerado como propiedad absoluta de Perón y del pueblo argentino. Mientras
viva Perón, él podrá hacer lo que quiera de todos mis bienes: venderlos,
regalarlos e incluso quemarlos si quisiera, porque todo en mi vida le pertenece,
todo es de él, empezando por mi propia vida que yo le entregué por amor y para
siempre, de una manera absoluta. Pero después de Perón, el único heredero de mis
bienes debe ser el pueblo y pido a los trabajadores y a las mujeres de mi pueblo
que exijan por cualquier medio el cumplimiento inexorable de esta voluntad
suprema de mi corazón que tanto los quiso. Todos los bienes que he mencionado y
aún los que hubiese omitido deberán servir al pueblo, de una o de otra manera.
El dinero de "La Razón de mi Vida" y de "Mi Mensaje", lo mismo que la venta o el
producido de mis propiedades, deberá ser destinado a mis descamisados. Quisiera
que se constituya con todos esos bienes un fondo permanente de ayuda social para
los casos de desgracias colectivas que afecten a los pobres y quisiera que ellos
lo aceptasen como una prueba más de mi cariño. Deseo que en estos casos, por
ejemplo, se entregue a cada familia un subsidio equivalente a los sueldos y
salarios de un año, por lo menos. También deseo que, con ese fondo permanente de
Evita, se instituyan becas para que estudien los hijos de los trabajadores y
sean así los defensores de la doctrina de Perón, por cuya causa gustosa daría mi
vida. Mis joyas no me pertenecen. La mayor parte fueron regalos de mi pueblo.
Pero aún las que recibí de mis amigos o de países extranjeros, o del General,
quiero que vuelvan al pueblo. No quiero que caigan jamás en manos de la
oligarquía y por eso deseo que constituyan, en el Museo del Peronismo, un valor
permanente que sólo podrá ser utilizado en beneficio directo del pueblo. Que así
como el oro respalda la moneda de algunos países, mis joyas sean el respaldo de
un crédito permanente que abrirán los bancos del país en beneficio del pueblo, a
fin de que se construyan viviendas para los trabajadores de mi Patria. Desearía
también que los pobres, los ancianos, los niños, mis descamisados, sigan
escribiéndome como lo hacen en estos tiempos de mi vida y que el monumento que
quiso levantar para mí el Congreso de mi Pueblo recoja las esperanzas de todos y
las convierta en realidad por medio de mi Fundación, a la que quiero siempre
pura como la concebí para mis descamisados. Así yo me sentiré siempre cerca de
mi pueblo y seguiré siendo el puente de amor tendido entre los descamisados y
Perón. Por fin, quiero que todos sepan que si he cometido errores los he
cometido por amor y espero que Dios, que ha visto siempre mi corazón, me juzgue
no por mis errores ni mis defectos, ni mis culpas, que fueron muchas, sino por
el amor que consume mi vida. Mis últimas palabras son las mismas del principio:
quiero vivir eternamente con Perón y con mi Pueblo. Dios me perdonará que yo
prefiera quedarme con ellos, porque él también está con los humildes y yo
siempre he visto en cada descamisado un poco de Dios que me pedía un poco de
amor que nunca le negué.
UNA SOLA CLASE
Es necesario que los hombres y mujeres del pueblo sean siempre sectarios y
fanáticos y no se entreguen jamás a la oligarquía. No puede haber, como dice la
doctrina de Perón, más que una sola clase: los que trabajan. Es necesario que
los pueblos impongan en el mundo entero esta verdad peronista. Los dirigentes
sindicales y las mujeres que son pueblo puro no pueden, no deben entregarse
jamás a la oligarquía. Yo no hago cuestión de clases. Yo no auspicio la lucha de
clases, pero el dilema nuestro es muy claro: la oligarquía que nos explotó miles
de años en el mundo tratará siempre de vencemos. Con ellos no nos entenderemos
nunca, porque lo único que ellos quieren es lo único que nosotros no podremos
darle jamás: nuestra libertad. Para que no haya luchas de clases, yo no creo,
como los comunistas, que sea necesario matar a todos los oligarcas del mundo.
No, porque sería cosa de no acabar jamás, ya que una vez desaparecidos los de
ahora tendríamos que empezar con nuestros hombres convertidos en oligarcas, en
virtud de la ambición, de los honores, del dinero o del poder. El camino es
convertir a todos los oligarcas del mundo: hacerlos pueblo, de nuestra clase y
de nuestra raza. ¿Cómo? Haciéndolos trabajar para que integren la única clase
que reconoce Perón: la de los hombres que trabajan. El trabajo es la gran tarea
de los hombres, pero es la gran virtud. Cuando todos sean trabajadores, cuando
todos vivan del propio trabajo y no del trabajo ajeno, seremos todos más buenos,
más hermanos, y la oligarquía será un recuerdo amargo y doloroso para la
humanidad. Pero, mientras tanto, lo fundamental es que los hombres del pueblo,
los de la clase que trabaja, no se entreguen a la raza oligarca de los
explotadores. Todo explotador es enemigo del pueblo. ¡La justicia exige que sea
derrotado!
[Fin de "Mi Mensaje"]
Evita:
la difamación y el odio de la oligarquía
Perón y Evita se complementaron magníficamente. Perón puso genialidad, formación
intelectual y capacidad de trabajo para crear un movimiento nacional y conducir
un gobierno de progresivo reformismo, y Evita agotó su vida al servicio de Perón
y de su causa. Nada hizo ella que no aprobara previamente el Conductor.Oscar Bidegain
Oscar Bidegain,
cronología comentada de un patriota
Por Roberto Baschetti
1905. Un 3 de septiembre nace en Azul, provincia de Buenos Aires.
1927. Se recibe de doctor en Medicina en la Universidad Nacional de Buenos
Aires; especializándose en Cirugía y Clínica Quirúrgica. Cabe acotar con
respecto a su profesión, que como cirujano nunca mandó una cuenta u honorarios a
los pacientes que le confiaron su vida.
1931/43. Durante la Década Infame actúa oponiéndose a la entrega económica del
país en diversos sectores del nacionalismo (Legión Cívica Argentina. Acción
Nacionalista Argentina. Alianza Libertadora Nacionalista). Rememora Bidegain esa
época: “Fue en el ambiente universitario donde se produjeron las circunstancias
y alternativas capaces de orientar mi inquietud definitivamente: huelgas,
conflictos estudiantiles contra el gobierno de Alvear, la campaña electoral en
que fue reelecto Yrigoyen, los discursos de Cantoni en Buenos Aires, la
intromisión imperialista de Estados Unidos en Nicaragua, fueron creando un clima
que no olvidaré jamás. Una vez graduado me sentí ubicado con naturalidad en las
organizaciones nacionalistas de tendencia popular. Con esos antecedentes y
principios apoyé la revolución del 4 de junio de 1943 e ingresé al peronismo”.
1945. Se incorpora al Partido Laborista que propicia la candidatura de Perón a
la primera magistratura. Enfrenta electoralmente a la Unión Democrática que
nuclea a sectores de la izquierda cipaya, con estancieros y oligarcas, como así
también partidos políticos del régimen; todo bajo la tutela del embajador de
EE:UU. en Argentina, Mr. Spruille Braden.
1946. Ingresa al Partido Único de la Revolución Nacional, antecedente inmediato
del Partido Peronista. También en el curso de este año funda el Partido
Peronista de Azul.
1947. Resulta electo presidente del Consejo del Partido Peronista de Azul y
Convencional Provincial. Deportista excelso (ver año 1949) luego de obtener el
Campeonato Mundial de Tiro por Equipo en Estocolmo, Suecia, le es otorgada la
Medalla Peronista al Mérito Deportivo.
1948. En las elecciones del 7 de marzo es elegido Diputado Nacional por la
provincia de Buenos Aires, para el período 1948/52. Entre sus proyectos más
significativos como legislador se encuentra aquel que enuncia la “Afirmación de
la soberanía sobre el mar y la plataforma submarina hasta 200 millas, sobre las
Islas Malvinas y sus adyacencias”.
Solía hacer llegar su voz clara en el recinto parlamentario cuando debía
defender el proyecto peronista: “Revolución en paz, con la participación
voluntaria de mis comprovincianos, a quienes concientizamos para que se sumen a
esta empresa de liberación, que no es exclusivamente obra de gobierno, sino
realización del pueblo”.
1949. A nivel deportivo, se consagra Campeón Mundial por Equipos en la categoría
Revólver. En años anteriores había salido Campeón Argentino de Tiro en Pistola
Libre y Campeón de Conjunto y Recordman de Maestros Tiradores en Santiago de
Chile, entre otros logros.
Contrae enlace con María Antonia Moro, su entrañable compañera de toda la vida,
tanto en el amor como en su proyecto político. Tuvieron dos hijas, Gloria y
Cristina, quienes supieron y saben llevar con orgullo el apellido paterno. Ambas
también fueron perseguidas por sus ideas peronistas revolucionarias y debieron
partir al exilio luego del golpe militar del ’76.
1949/51. Es nombrado Tesorero del Consejo Provincial del Partido Peronista en la
Provincia de Buenos Aires. A posteriori se lo designa Interventor Reorganizador
del Partido Peronista de los Territorios Nacionales de Chaco, Formosa y
Misiones.
1952. Es reelecto como Diputado Nacional para el período 1952/58. Tiene muy
claro su rol en el bloque cuando afirma que: “El mejor gobierno no es el más
liberal en principios, sino aquel que hace la felicidad del pueblo”.
1955. Alcanza la presidencia del Bloque de Diputados Nacionales del Partido
Peronista. Durante los bombardeos gorilas a Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955
se presenta con su arma para defender el orden constitucional contra los
alzados. El edecán presidencial, Mayor Cialceta, le hace saber que el General
Perón solo autoriza a los militares a tomar las armas.
1955/57. Desde el 24 de octubre de 1955 y hasta el 26 de noviembre de 1957 es
encarcelado por la tiranía de Rojas y Aramburu y procesado conjuntamente con
otros legisladores y el propio General Perón por “asociación ilícita” en el
Parlamento y por “traición a la Patria” al haber votado el Segundo Plan
Quinquenal. Todos su bienes son interdictos por la dictadura militar. (Recién
pasados siete años, en 1962, le fueron reconocidos como legítimos y bien
habidos). Lo alojan primero en la penitenciaria de avenida Las Heras y luego en
la cárcel de Caseros: Lorenzo Miguel recuerda la acción desplegada en el
encierro obligado, por Don Oscar: “Bidegain nos daba ánimos a todos”. El mismo
Bidegain tiene su parecer sobre la revuelta militar que lo tuvo como víctima:
"Cuando la reacción se impuso en 1955, atrasó el reloj en 100 años, en una vana
tentativa de reimplantar la dependencia económica, la injusticia social y el
vasallaje. Por eso tiene vigencia todavía la convocatoria de Perón cuando dice
que ’Pensamos en una nueva Argentina, profundamente cristiana y profundamente
humanista’. Esa finalidad humanista llevó a cabo una reforma económica para
instalar la economía social, muchos años antes que los Papas reclamasen a los
países y a los pueblos reformas económico-sociales que ya había sostenido con
firmeza la doctrina peronista”.
1957. En la Resistencia, el general Perón lo designa integrante del Comando
Táctico Nacional Peronista.
1958. Es víctima de un atentado con explosivos por los servicios de inteligencia
del Estado. Sabe porque es atacado: “Nada ha superado en el país a la doctrina
peronista. Está en el corazón de los viejos que acompañamos a Perón y se ha
arraigado en la juventud. El peronismo es un frente ideológico jamás reconocido
antes en la Argentina. Está aglutinado por un ingrediente que abunda en el
Pueblo: la lealtad. Por eso ha soportado persecuciones, cárceles, martirios,
fusilamientos y está hoy más fuerte que nunca”.
1959/60. Miembro de la Delegación Nacional designada por el General Perón para
representarlo en el país. Nuevamente la casa en que mora es objeto de un
atentado nocturno, cuando arrojan explosivos que destruyen por completo el
balcón del primer piso.
1960/69. Se dedica de lleno a la reorganización política del peronismo en su
ciudad natal.
1970. Un 8 de octubre es confirmado -conjuntamente con el Dr. Héctor J. Cámpora-
como Delegado Representante de la provincia de Buenos Aires en el Congreso
Nacional del Partido Justicialista.
1971. Por su idoneidad y compromiso con la causa popular es designado para
actuar en varios cargos partidarios: Delegado para la Reorganización Electoral
del Partido Justicialista en el Chaco; Secretario Delegado para la
Reorganización del Partido Justicialista en la Provincia de Buenos Aires;
Congresal Nacional del Partido Justicialista; Miembro del Consejo Nacional del
Partido Justicialista.
En su enfrentamiento natural con la dictadura militar de Lanusse, trata por
todos los medios de evitar el derramamiento de sangre argentina: “Desde 1955
hasta ahora, el Pueblo ha sufrido penurias sin cuento y su estado de ánimo es de
creciente irritación. Brotes violentos eclosionan por todas partes: la juventud
quiere la lucha activa en su ansiedad por cambios revolucionarios. Creo que el
Gobierno no tiene que echar más leña al fuego, puesto que después de 5 años con
la suma del poder sólo avista la perspectiva afligente de la Revolución Social.
El paso decisivo debe darlo las Fuerzas Armadas, enfundando las armas y
tendiendo su mano al Pueblo, facilitando el retorno incondicional de Perón y
rehabilitando las estructuras políticas partidarias heridas de muerte desde
1955”. También tiene palabras de reconocimiento para el anciano Líder exiliado:
“Yo conozco a Perón, su grandeza de alma y su patriotismo; su entrañable amor
por el Pueblo. Y conozco el inmenso ascendiente que tiene en nuestra Patria, en
América y en el llamado Tercer Mundo. Sabemos también el afecto que le tienen
los jóvenes que no lo conocieron pero han podido apartar de sus ojos las
patrañas difamatorias con que la Oligarquía pretendió durante 15 años desfigurar
su gigantesca imagen”.
1972. Bidegain es designado organizador del Partido Justicialista de la
Provincia de Buenos Aires, controlando las afiliaciones; promoviendo el cotejo
democrático interno sin proscripciones y reorganizando los cuerpos orgánicos
estatutarios. Sobre el particular recibe el reconocimiento de Perón, en una
carta fechada en Madrid, el 23 de mayo: “Tengo la impresión que de una manera
general, las cosas marchan bien. No descarto las grandes dificultades que
ustedes deben enfrentar allí, pero considero también que la dictadura militar
las tiene peores. La mejor comprobación de su acertada gestión es haber
conseguido, dentro del galimatía dominante, la preponderancia de las ’listas
únicas’ y el orden y tranquilidad en los comicios internos, por todo ello le
hago llegar mi felicitación más sincera. Un gran abrazo. Juan Perón”.
Asimismo es integrante de la Comisión Pro Retorno del General Perón a la
Argentina. Luego de 18 años de lucha, el 17 de noviembre: ¡¡Perón Vuelve!!
1973. La campaña electoral lo tiene como uno de los principales animadores. Como
si fuera un pibe más, derrocha entusiasmo y fe en los miles de actos partidarios
organizados por la Juventud Peronista. Su palabra clara y señera marca el
camino: “Verdadera democracia es la que garantiza un gobierno para todos, sin
entenados y en paz” dirá en una entrevista que le hace el diario “El Día” de la
ciudad de La Plata antes de las elecciones. El 11 de marzo es electo Gobernador
de la Provincia de Buenos Aires en la primera vuelta electoral. La salud pública
será una de sus principales preocupaciones: “Debemos atender en forma
prioritaria las exigencias del ser humano (...) Vamos a garantizar un régimen
sanitario que ofrezca la mejor asistencia en cualquier lugar de la Provincia; no
como ahora que hay centros especiales de asistencia privilegiada, mientras en
otros lugares se carece de todo”. La educación, otra prioridad: “Nosotros vamos
hacia un Estado revolucionario pacífico que iremos concretando paulatinamente.
Una de las medidas fundamentales que debemos tomar son las que garanticen a
todos los habitantes la escolaridad barata o gratuita. Con el correr del tiempo
esperamos también tener una escuela formativa...queremos que los niños aprendan
a ser amigos, compañeros, compatriotas, que tengan cariño y amor a la tierra, al
suelo y que aspiren para el país lo mejor, dedicándole el máximo de sus
esfuerzos”.
En este mismo año, el Gobernador Oscar Bidegain conjuntamente con el Jefe del
Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, General Raúl Carcagno, organiza el
Operativo de Reconstrucción Provincial “Manuel Dorrego”, dirigido al auxilio de
los habitantes de una extensa región bonaerense inundada en el sector
centro-oeste de la misma. Trabajan codo a codo los soldados conscriptos y
suboficiales del Ejército Argentino, el gobierno provincial y los militantes de
Juventud Peronista adscriptos a la tendencia revolucionaria del peronismo.
Durante tres semanas de trabajo conjunto, los muchachos peronistas ayudaron a
reparar 7 centros hospitalarios, 34 escuelas, 12 caminos, 6 estratégicos canales
de desague, 2 cementerios, 3 puentes, 300 cuadras en zonas urbanas, un hogar de
ancianos y más de 50 viviendas.
Siempre en 1973, el 14 de noviembre, en el Salón Dorado de la Gobernación,
Bidegain preside el acto de promulgación de la Ley que a su vez deroga
expresamente a otra injusta (Ley 139, del 28 de julio de 1957) que declaraba
“reo de lesa patria” al Brigadier General Juan Manuel de Rosas. En consonancia
con esta resolución, el Salón de Acuerdos llevará el nombre del caudillo federal
reivindicado.
1974. El 24 de enero se ve obligado a renunciar a la Gobernación. Estaba acosado
por la derecha burocrática y traidora del propio peronismo y por la izquierda
revolucionaria que seguía con sus acciones armadas pese a que el país transitaba
por un ámbito democrático y con un gobierno elegido por el pueblo. Una vez
muerto Perón, en octubre, la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) de
origen parapolicial, organizada y protegida por el “Brujo” López Rega, lo
condena públicamente a muerte.
1975. El 20 de noviembre, el matutino “La Nación” hace saber en su primera
página que “Ordenóse la captura de Oscar Bidegain”. Es por una falsa acusación
que lleva adelante el Ejército pro golpista, allanando un campo de su propiedad,
donde dice haber encontrado 6.500 proyectiles de guerra. (En rigor a la verdad
eran balas calibre 22 que fueron adquiridas por la Federación Argentina de Tiro
para distribuirlas entre los integrantes del equipo argentino cuando actuara en
competencias internacionales. Munición que debido a su antigüedad de más de 20
años se encontraba en un estado de deterioro muy grande y no apta para su uso).
Ilustrativo al respecto es el documento N° R212141Z que el embajador
norteamericano en Argentina, Robert Hill, envía a su gobierno aclarando sobre el
pedido de captura que pesa sobre Bidegain: afirma que las balas “tenían unos 23
años” y que “tanto las Fuerzas Armadas como los peronistas ortodoxos buscan una
buena causa para proscribir al Partido Auténtico, sea que se encuentren pruebas
o no de que participe en actividades terroristas”.
Evidentemente, lo quieren sacar del medio. Pero Don Oscar no se amilana y
presenta pelea con el fin de recuperar el Movimiento Peronista. Es fundador del
Partido Peronista Auténtico (de entrada nomás, consiguen 80.000 afiliaciones) y
es elegido por sus pares Presidente, en el Congreso Nacional partidario
realizado en Córdoba en diciembre, bajo la advocación de Perón y Evita. En su
discurso de cierre fustigó a las grandes empresas monopólicas “que a la vez que
intensifican la concentración de capitales e incrementan sus ganancias elevan
los precios y provocan despidos, todo lo cual trae como consecuencia una
inflación incontenible e incontrolable. A los trabajadores hay que defenderles
el salario real, afectando los ingresos de los monopolios y la oligarquía”. Vale
la pena recordar que el local para el Congreso que iba a ser utilizado en las
deliberaciones, fue arrasado con explosivos un día antes, por paramilitares del
III Cuerpo de Ejército del Comando Libertadores de América (versión cordobesa de
la Triple A), por lo que debió elegirse de urgencia, un segundo ámbito.
En ese mismo mes, un decreto del P.E.N. proscribe al Partido Auténtico
(anteriormente ya le habían prohibido usar el aditamento de “Peronista”.
El Dr. Bidegain, también es expulsado del Partido Justicialista por los
oportunistas y alcahuetes de turno a pesar de haber cancelado su afiliación
públicamente con anterioridad y haber fijado a través de solicitadas
periodísticas, su clara posición a favor de un peronismo nacional, popular y
revolucionario que cumpliera con el mandato popular. (“Bidegain no está solo.
Tiene detrás a miles y miles de verdaderos peronistas. A los que les roban el
salario y el esfuerzo. Todos los que son perseguidos por decir la verdad. Los
que luchan por la Liberación Nacional y Social de la Patria. Los que no se
rinden ante la intimidación y el miedo. Los que no se entregan a los monopolios.
Lo siguen los viejos peronistas defraudados por este gobierno que ha suplantado
el programa votado el 11 de marzo y el 23 de setiembre y que ha desvirtuado las
banderas peronistas. Lo siguen los jóvenes que construirán la Patria Liberada.
La mentira tiene patas cortas. Por eso no podrán proscribir al Partido
Auténtico, que preside este auténtico peronista y viejo soldado del Movimiento.
Pero en esta hora crucial Bidegain es, además, un símbolo”. Solicitada del
Partido Auténtico. La Opinión. 26-11-75).
1976. La sangrienta dictadura oligárquico-militar instalada el 24 de marzo lo
incluye en una burda “Acta Institucional” que nuevamente -como en 1955- pone en
interdicción todos sus bienes hasta 1980, cuando le son devueltos una vez más
“sin menoscabo de su buen nombre y honor”. También le suspenden el pago de sus
haberes jubilatorios obtenidos después de 30 años de servicios ininterrumpidos.
1977. Acorralado por los militares golpistas, acosado por una caricatura de
Justicia y perseguido por los grupos de tareas de la dictadura para asesinarlo,
es obligado por sus compañeros a viajar al exterior para preservar su vida. Se
deja crecer la barba para siempre. En el exilio denuncia la feroz represión que
lleva a cabo la Junta Militar y desarrolla numerosas actividades ligadas a la
defensa de los derechos humanos en Argentina. En la ciudad de Roma, el 20 de
abril, representando al Partido Auténtico fue cofundador, juntamente con la
organización político-militar Montoneros y otros representantes, del Movimiento
Peronista Montonero (MPM) con el fin de bregar políticamente por la recuperación
democrática de Argentina, constitucionalmente avasallada por la dictadura
militar genocida. Estos objetivos fueron documentados públicamente en un
manifiesto fundacional de 8 puntos, que fue difundido a escala mundial.
1979. En su carácter de ex legislador es invitado por el Parlamento Europeo a
participar de una Conferencia Interparlamentaria Europea y Latinoamericana
realizada en la capital de Italia.
1980. En representación del MPM (rama política), en Ginebra, Suiza, actúa como
miembro informante ante el Tribunal Permanente de los Pueblos “Lelio Basso”,
sobre la violación fundamental que sufre el pueblo argentino a través de
secuestros, torturas, desapariciones de personas y asesinatos cometidos por la
dictadura videlista. Su participación y denuncia fundamentada, ayuda a que toda
esa barbarie, sea definida como “crímenes contra la humanidad”.
1982. Acompañado del Dr. Ricardo Obregón Cano (ex gobernador de Córdoba) y
contando con el apoyo de personalidades latinoamericanas de once países intenta
regresar a la Argentina para defender las Islas Malvinas atacadas por el invasor
inglés. Bidegain, concretamente se ofrece “como combatiente, como médico o como
instructor de tiro”. La dictadura militar no solo le impide pisar suelo patrio
sino que ignora olímpicamente su pedido. El embajador argentino en Lima,
contralmirante Luis Sánchez Moreno, les comunicó la negativa, en una entrevista
de apenas dos minutos. En este mismo año, debe recordarse, ambos veteranos
dirigentes peronistas eran con Rodolfo Puiggrós integrantes de la última
conducción del MPM en el exilio, conjuntamente con Mario Eduardo Firmenich,
Fernando Vaca Narvaja, Roberto Cirilo Perdía, Eduardo Pereira Rossi y Raúl
Clemente Yaguer. Estos dos últimos -Pereira Rossi y Yaguer- como se sabe, fueron
asesinados a su regreso a la Argentina, en acciones separadas, cuando estaban
empeñados en reorganizar la resistencia a la dictadura en desbande por las
espontáneas luchas populares.
1983. Con la vuelta del sistema democrático e instaurado un gobierno
constitucional, regresa a nuestro país nuevamente en compañía del Dr. Obregón
Cano, siendo éste último detenido a requerimiento de un juez remanente del
llamado “Proceso de Reorganización Nacional” (Siro de Martini); empeñado
seguramente en perseguir a los opositores al sistema injusto, que este
personaje, desde el poder judicial había servido gustosamente. Bidegain también
recibe orden de arresto por el mismo juez el 21 de diciembre. Visto que la
persecución no concluye, Don Oscar nuevamente parte al exilio. Antes de irse
tiene tiempo, en una conferencia de prensa, para anunciar la disolución del MPM
con motivo de hallarse cumplimentadas sus finalidades fundacionales.
1986. Desde Madrid, el 11 de noviembre da a conocer una carta abierta que
simboliza su compromiso siempre vigente. “Hoy, noviembre de 1986, estoy todavía
en el exilio. Son 10 años de oposición y denuncia de la violación de los
derechos humanos cometidos en Argentina. El ejercicio de esa actividad política
en el exterior ha ido esclareciendo la realidad de la tiranía
oligárquico-militar y sus atrocidades (...) Desde aquí abrigo la esperanza, que
el peronismo se consolide unificado para retomar el camino de la victoria
electoral y que la juventud idealista motorice la actividad política conducente
a la liberación nacional y social, y que todos los dirigentes de nuestro campo
político antepongan las soluciones que el país y su pueblo reclaman, a sus
legítimas ambiciones personales. Creo, como lo afirman en su libro Roberto
Perdía y Fernando Vaca Narvaja que ’existe otra Argentina posible’”.
1987. Para enero se conocen declaraciones suyas que hacen referencia a la
coyuntura política nacional. Por su clarividencia y anticipo de lo que vino,
conviene recordarlas: “Hasta ahora el gobierno del presidente Alfonsín, no se ha
desprendido de la gravitación y la influencia de los enfoques oligárquicos, que
han acompañado a la UCR en la sistemática oposición al peronismo.
Históricamente, la oligarquía nativa solidariamente apoyada por militares que
siempre han afirmado gobernar en nombre de las Fuerzas Armadas (comprometiendo
el prestigio de dichas instituciones), ha tratado de anular a los partidos
mayoritarios -peronismo y radicalismo- para destruir el sistema democrático,
abriendo las puertas a la penetración imperialista, endeudar astronómicamente a
la Nación destruyendo paralelamente las fuentes de trabajo y someter lo que con
Perón se llamó soberanía, a una vergonzosa dependencia, quedando el pueblo
argentino ’a la intemperie’, sin trabajo, mal pagado y desprotegido”.
1989. Luego de recibir el indulto presidencial, en el mes de diciembre, regresa
a la Argentina y se radica en su querida ciudad de Azul.
1993. El 30 de septiembre, con 88 años de edad, con problemas hemiplejicos y
cardíacos y después de dos décadas, Oscar Bidegain regresa a la Casa de Gobierno
de La Plata. Fue recibido con todos los honores por el entonces gobernador
Eduardo Duhalde. Observador lúcido, Don Oscar tuvo tiempo para reclamar: “Al
lado de los cuadros de Perón y de Yrigoyen falta el de Juan Manuel de Rosas...”.
Es que precisamente el Ministerio del Interior lo había convocado con
anterioridad, para que participara de los actos de repatriación de los restos
del Restaurador.
1994. Es declarado Ciudadano Ilustre de la provincia de Buenos Aires, el 7 de
septiembre, por decreto N° 2632 del Poder Ejecutivo Nacional; con tal motivo
recibe en su casa a las autoridades bonaerenses que le entregan una medalla
alusiva.
También es reconocido como Deportista Ilustre y Ejemplo para la Juventud. El 15
de diciembre de este año fallece rodeado de los suyos a la edad de 89 años. El
escritor Miguel Bonasso con acierto, lo describió así: “Fue poseedor de una
barba y de una palidez de hijodalgo toledano con las que atravesó intacto los
años, las cardiopatías y los destierros. Don Oscar era uno de esos viejos
peronistas ortodoxos que un observador superficial, más atento al discurso que a
los hechos, podría hasta considerar medios ’fachos’. Pero en realidad fue uno de
esos hombres del 45 que, por miles de razones, incluídos los azares familiares,
supieron sintonizar con los jóvenes utopistas de los 70 y correr la suerte de
los que se jugaban la vida, antes de sumarse al bando de los verdaderos
fascistas, que fueron sus victimarios. Más allá de las etiquetas, malentendidos
y tragedias, ha muerto un individuo perteneciente a una especie castigada, que
ojalá no haya entrado en extinción: lo que solía llamarse un patriota”.
2004. El Concejo Deliberante de Azul aprueba el proyecto presentado por el
compañero concejal Julio Varela de bautizar la calle Moreno -prolongación sur-
de esa ciudad con el nombre de “Avenida Gobernador Dr. Oscar Bidegain”.
Es Justicia.
Las
pequeñas historias de la Argentina Feliz
El sueño del pibe
EVITA Y JUAN MANGUCIO
Por Guada Aballe
En 1952 Juan Mangucio tenía doce años y era un chico de Gualeguaychú, provincia
de Entre Ríos. Su ilusión más grande era conocer personalmente a Perón y a
Evita.
Un día le escribió una carta a Evita diciéndole que quería conocerla, ella le
contestó diciendo que le comunicara cuando deseaba venir a Buenos Aires para
enviarle los pasajes.
Y Juancito viajó a Buenos Aires el 19 de abril. Le habían despachado a Buenos
Aires un giro telegráfico para que pudiera pagarse los gastos del viaje y los de
la persona que lo acompañaría. El chico vino con su mamá, y como invitados de
Evita que eran, se hospedaron en un lindo hotel hasta que un automóvil pasó a
buscarlos para hacerles conocer Buenos Aires.
A las siete de la mañana del día 20 Juancito y su mamá llegaron a la residencia
presidencial.
Se encontró frente a Evita mientras su mamá lloraba de emoción, su sueño se
había convertido en realidad.
Evita y Juan Maguncio conversaron sentados en un sofá. Cuando ella le preguntó
si deseaba algo Juan expresó sus deseos de poder conocer al General Perón. Evita
le dijo que lo llevarían a la casa de Gobierno para que lo conociera pero por si
no lo pudiese ver, iban a retratarse juntos debajo del busto del presidente.
Cuando se fue Juancito tuvo que ir a buscar la bicicleta que Eva le había
obsequiado.
Al otro día se realizó un importante acto en la Casa de Gobierno donde el
general Goes Monteiro condecoró a Eva Perón en nombre del gobierno del Brasil.
Juan Mangucio estuvo en primera fila entre el público y desde allí pudo ver al
presidente.
Fuente:
www.reinodeguada.blogspot.com
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