| "Nada ni nadie me impedirá servir a Jesucristo y a su Iglesia, luchando junto a los pobres por su Liberación. Si el Señor me concede el privilegio, que no merezco, de perder la vida en esta empresa, estoy a su disposición" C.M. |
Padre
Carlos Mugica, semblanza de un cura como pocos

Por Horacio Ríos
El mártir que vive en el alma
del pueblo
El padre Carlos Mugica fue un paradigma de su tiempo, a la vez que una contradicción
en sí mismo. Hijo de una familia de clase alta, ofrendó su vida por los
más humildes, incluso conociendo de antemano que ésa era una posibilidad
demasiado cercana. Para servirles, renunció a una prometedora carrera en
el seno de la iglesia, que podría haberlo llevado a las más altas jerarquías,
ya que era un hombre de brillante inteligencia. Pero eso no era todo: era
un cura peronista que trabajaba en el Barrio Comunicaciones, hoy Villa 31.
Vivió sin miedo y sin pedir nada para sí mismo. Lo asesinó un matón a sueldo,
en el que algunos creyeron reconocer al comisario de la Policía Federal
Rodolfo Almirón. Después de 30 años, para desmentir a sus asesinos, Mugica
sigue siendo recordado como lo que fue: un cura como los que prefería otro
mártir de aquellos tiempos, el "Chacho" Angelelli: "con una oreja en el
Evangelio y la otra en el pueblo"
El que luego sería el padre
Carlos Mugica nació en Buenos Aires el 7 de octubre de 1930, en el seno
de una familia de clase alta. Su padre, Adolfo Mugica, fue diputado conservador
entre 1938 y 1942 y posteriormente, en 1961, ministro de Relaciones Exteriores,
durante la presidencia de Arturo Frondizi. Por otra parte su madre, Carmen
Echagüe, pertenecía a una familia de ricos estancieros bonaerenses.
En 1949 comenzó la carrera de derecho –de la que cursó sólo dos años- en
la Universidad de Buenos Aires. En 1950 viajó con varios sacerdotes y con
su amigo Alejandro Mayol a Europa, donde comenzó a madurar su vocación sacerdotal.
En marzo de 1952, a los 21 años ingresó al seminario para iniciar su carrera
sacerdotal.
Finalmente se ordenó como sacerdote en 1959, pocos años después de haber
participado –según sus propias palabras- "del júbilo orgiástico de la oligarquía
por la caída de Perón". Pero Mugica también sabía reconocer sus contradicciones.
Relataba que en una ocasión, caminando por un pasillo oscuro de un conventillo,
vio una leyenda escrita en la pared que lo conmovió profundamente:"Sin Perón
no hay Patria ni Dios. Abajo los cuervos". Los cuervos eran los curas. Quizás
en ese momento supo que si permanecía en el lugar de siempre, seguiría estando
en la vereda de enfrente de "la gente humilde".
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Después de ordenarse, sirvió
en la diócesis de Reconquista y luego colaboró con el cardenal primado de
Argentina, Antonio Caggiano, en lo que parecía ser el comienzo de una prometedora
carrera eclesiástica. Pero ya en sus primeros destinos como sacerdote tuvo
problemas. El propio Mugica recordaba uno de sus primeros tropezones con
humor: "Creo que la misión del sacerdote es evangelizar a los pobres...
e interpelar a los ricos. Y bueno, llega un momento en que los ricos no
quieren que se les predique más, como sucedió en el Socorro cuando me echaron
las señoras gordas que le fueron a decir al párroco que yo hacía política
en la misa".
Años después, en 1966, se encontró en una misión en Santa Fe, a los que
serían luego los fundadores de la organización Montoneros Carlos Ramus,
Fernando Abal Medina y Mario Firmenich, a los que ya conocía de cuando estaba
destinado en la pastoral para los jóvenes en el Colegio Nacional de Buenos
Aires. Esta relación los influenció a todos ellos y les sirvió para tomar
por el hasta entonces impensado camino de la lucha y del compromiso con
los sectores más humildes de la sociedad.
Su encendida y pública defensa
del peronismo, como asimismo la frecuencia con que en sus discursos citaba
al Che Guevara, a Mao y a Camilo Torres y otros, le trajeron al padre Carlos
abiertos, y cada vez más frecuentes, choques con el arzobispo Juan Carlos
Aramburu.
En los tiempos en los que nacía la dictadura militar que encabezó el malhadado
general Juan Carlos Onganía, durante la cual se agudizarían hasta límites
intolerables las contradicciones entre el Ejército y el pueblo argentino;
entre los intereses de la Patria y los del imperio; entre una Iglesia cómplice
de la dictadura y los sacerdotes que, sin grandilocuencia pero con firmeza,
buscaban, como Camilo Torres, el camino de la liberación, encontró Carlos
Francisco Sergio Mugica Echagüe –tal su nombre completo de "niño bien- su
destino.
El año 1968 fue decisivo en la vida del padre Mugica. Viajó a Francia para
estudiar Epistemología y Comunicación Social; profundizó su amistad con
el padre Rolando Concatti –uno de los fundadores del Movimiento de Sacerdotes
para el Tercer Mundo- y viajó a Madrid, donde conoció al General Juan Domingo
Perón.
Estando en París se enteró de la fundación del Movimiento de Sacerdotes
para el Tercer Mundo. Inmediatamente, con la presteza de los que saben que
han encontrado su destino, adhirió a él. También comenzó a colaborar con
el Equipo Intervillas que creó en ese año decisivo el padre Jorge Goñi.
Al volver de la capital francesa se encontró con que el padre Julio Triviño
–un cura situado ideológicamente en sus antípodas- lo había reemplazado
como capellán de las monjas del Colegio Malinkrodt. Claro que el cambio
que habían decidido las monjas no era inocente ni casual. Triviño, un conspicuo
representante de la línea conservadora de la iglesia argentina era también,
para que no estuviera ausente la coherencia, capellán castrense.
El
destino comenzaba a alcanzar a Mugica. Los padres asuncionistas, que estaban
a cargo de la parroquia de San Martín de Tours –otra de las iglesias en
las que se refugiaban los ideólogos de todas las dictaduras pasadas y futuras-,
habían decidido abrir una capilla en la villa de Retiro y le ofrecieron
al joven sacerdote que se hiciera cargo de ese trabajo, que aceptó alborozadamente.
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Lejos estaba ya Mugica de aquel joven sacerdote de buena cuna que hollaba
los pasillos de la Curia, y que daba los primeros pasos de una brillante
carrera eclesiástica. De habérselo propuesto, posiblemente hoy existiría
en la nómina de la iglesia algún obispo o cardenal llamado Carlos Mugica,
que entregaría su anillo a los fieles para ser besado y que luego pontificarían
contra el peronismo.
En el Barrio Comunicaciones levantó la parroquia Cristo Obrero, en la que
ejerció su compromiso hasta el día de su asesinato. Al mismo tiempo, colaboraba
con su gran amigo, el padre Jorge Vernazza, como vicario de la parroquia
San Francisco Solano.
También por esos tiempos su
poderosa intelectualidad se convirtió en faro desde la cátedra de Teología
en la Universidad de El Salvador y desde las que dictaba en las facultades
de Ciencias Económicas, de Derecho y de Ciencias Políticas.
El compromiso con los pobres que asumió el Movimiento de Sacerdotes para
el Tercer Mundo, entretanto, chocaba de frente con la prohibición estricta
de manifestarse políticamente, decidida por el arzobispo coadjutor de Buenos
Aires, Juan Carlos Aramburu, decidido más que nunca a mantener a la iglesia
alineada con el poder. Por supuesto que Aramburu jamás se opuso a las efusiones
ideológicas de los curas que tomaban el té en las mansiones de San Isidro
o de Barrio Norte, incluido él mismo. Desde su retiro, el antiguo prelado
amigo del poder ve pasar sus días en una opulenta mansión de la calle La
Pampa, cercana a las de sus amigos de la Avenida Melián, ostentadores de
una riqueza que habita muy lejos de la gente que fue el motivo de los desvelos
del padre Mugica.
Pero aquellos años exigían definiciones. La violencia que ejercía la dictadura
se tornaba más indecente a medida que su poder era cuestionado con más decisión
por las organizaciones populares, que tampoco desistían de utilizar la violencia
revolucionaria. Uno de los amigos más cercanos de Mugica, el padre Alberto
Carbone, fue encarcelado tras la muerte del ex dictador Pedro Eugenio Aramburu
a manos de la organización peronista Montoneros.
La apasionada defensa de su
amigo, su antigua cercanía con los fundadores de la mítica organización
guerrillera y su actitud frente a la violencia popular que, al negarse a
condenarla, la dictadura consideró "poco clara", provocaron también su encarcelamiento.
Los periódicos "La Razón" y "La Nueva Provincia" cuestionaron con dureza
a Mugica por su "justificación de la violencia que se ha desatado en el
país". Claro, que para esos personeros de oscuros intereses no habían existido
ni la Semana Trágica, ni los bombardeos de Plaza de Mayo, ni la furiosa
represión del Plan Conintes, ni nada. La violencia la habían desatado –en
su particular concepción- los peronistas, que hasta ese tiempo sólo habían
sufrido represión, humillación y muerte.
Las homilías del padre Mugica y de todos los sacerdotes del MSTM eran grabadas
por los servicios, colocándolos casi en una situación de blancos móviles.
Aramburu –el arzobispo- le propuso varias veces a Mugica que abandonara
el sacerdocio. Mugica rechazó el ofrecimiento, aunque esta situación lo
angustiaba fuertemente. "Espero, en Dios, no verme forzado jamás a abandonar
el sacerdocio, aunque deba resistir infinitas presiones", definió alguna
vez, con la claridad de siempre.
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Emisión del programa radial Atrapados en libertad por AM 530, La Voz de las Madres |
Tras la asunción de gobierno popular, el 25 de mayo de 1973, Mugica aceptó
un cargo –no rentado- de asesor del Ministerio de Bienestar Social, aunque
luego se desvinculó de él por sus discrepancias con el ministro José López
Rega, que luego tendría el dudoso honor de ser el fundador de la no menos
dudosamente célebre "Triple A". La explicación de Mugica fue sabiamente
sencilla: "no había comunicación entre el ministerio y los villeros".
De todos modos, comenzaron a tomar cuerpo otras preocupaciones para el sacerdote:
una noche, ante algunos colaboradores del Barrio Comunicaciones, manifestó
que "López Rega me va a matar". Pero por esos días le había dicho a un periodista
que "no tengo miedo de morir. De lo único que tengo miedo es de que el arzobispo
me eche de la Iglesia".
En 1974 apareció el disco "Misa para el Tercer Mundo", en el que el Grupo Vocal Argentino cantaba –sobre textos escritos por el propio Mugica– ritmos argentinos, africanos y asiáticos. Como premio, tiempo después, un hombre poco afecto al arte y a la generosidad, el ministro del interior de Isabel Perón Alfredo Rocamora, mandó destruir miles de ejemplares de esa obra.
Las amenazas de muerte se multiplicaban
sobre la humanidad de Mugica. La revista seudoperonista, "El Caudillo",
se preguntaba –con una sorna no exenta de estupidez– si "está al servicio
de los pobres o tiene a los pobres a su servicio", a la vez que lo acusaba
–con la misma supina estupidez– de "bolche".
El 11 de mayo de 1974, el padre Carlos Mugica cumplió con algunas de sus
rutinas habituales. A las ocho y cuarto de la noche, después de celebrar
misa en la iglesia de San Francisco Solano –situada en la calle Zelada 4771,
en el barrio de Villa Luro–, se disponía a subir a su humilde Renault 4-L,
cuando un triste personaje –en el que algunos testigos creyeron reconocer
al comisario Rodolfo Eduardo Almirón, el jefe de la "Triple A" lopezreguista–
bajó de un auto y le pegó cinco tiros en el abdomen y en el pulmón. El tiro
de gracia se lo dio en la espalda. Una manera infame de acabar con la vida
de un hombre digno, que siempre respetó antes que nada su mandato interior,
ese que nacía de su pueblo y que se prolongaba luego en su propia voz.
El sacerdote fue enterrado posteriormente en el cementerio de Recoleta,
hasta que en 1999, en un acto de justicia, sus restos fueron trasladados
a la Parroquia Cristo Obrero, en el Barrio Comunicaciones, donde amó y fue
amado sin condiciones, que hoy –tiempos crueles- es conocido como la Villa
31.
Desde entonces, Mugica, para contradecir a sus asesinos, habita en un territorio
del que jamás será desalojado: el corazón de su pueblo. Un lugar que comparte
con muy pocos, entre los que pueden contarse sus amados Juan Domingo Perón,
la abanderada de los humildes, Evita y el también mártir obispo de La Rioja,
monseñor Enrique Angelelli.
Fuente: Diario de Cartas | www.elortiba.org
Fue el único hijo que no estudió en un colegio religioso. Hizo el primario en el colegio "Cinco Esquinas" (Libertad y Quintana); el secundario en el Colegio Nacional de Buenos Aires donde no brilló ni se destacó en los estudios ni en su conducta. Así cursó tercero y cuarto año en el Instituto Libre de Segunda Enseñanza, donde empezó a tomar conciencia de su capacidad intelectual. El crecimiento de su rendimiento le permitió ser nuevamente aceptado en el "Nacional" donde terminó (1947-1948) con excelentes calificaciones.
En todo este tiempo, comenzó a destacarse en la práctica de deportes, particularmente el fútbol de lo que era apasionado, aunque también practicó tenis, natación y boxeo. El cine también constituía otra de sus grandes pasiones, y citaba películas con frecuencia (Passolini, Buñuel...
En 1949 comenzó los estudios de Derecho -cursó dos años- en la Universidad de Buenos Aires, donde conoció y entabló relaciones con Roberto Guevara, hermano del Che. En 1950, con motivo del Año Santo, viajó con varios sacerdotes, y con su amigo Alejandro Mayol a Europa, y allí maduró su idea de entrar en el seminario, lo que haría a los veintiún años, en marzo de 1952.
En el seminario no se destacó por su rebeldía sino por su afección a la oración, y a su meticulosidad por buscar "lo perfecto", con una "religiosidad individualista", "fiel al slogan: salva tu alma". Es importante destacar que en su religiosidad, algo característico de él, siempre tuvo tendencia hacia la escrupulosidad. Es importante en su historia personal anotar que a fines de 1954 comenzó a colaborar pastoralmente con el padre Iriarte en las misiones a conventillos y casas de la parroquia Santa Rosa de Lima, de la que éste era párroco. Su acercamiento e intención de llegar a esta gente lo marcaría meses más tarde de un modo definitivo. El reconoce haber participado "del júbilo orgiástico de la oligarquía por la caída de Perón. Una noche fui al conventillo como de costumbre. Tenía que atravesar un callejón medio a oscuras y de pronto bajo la luz muy tenue de la única bombita, ví escrito con tiza y en letras bien grandes: 'sin Perón no hay Patria ni Dios. Abajo los cuervos' (= curas)". "La gente humilde estaba de duelo, y si la gente humilde estaba de duelo, entonces yo estaba en la vereda de enfrente".
En noviembre de 1957 escribió su primera obra: "El católico frente a los partidos políticos" para la revista del Seminario. El compromiso con los pobres comenzó a acentuarse y comenzó a integrar grupos misioneros en diferentes puntos del interior del país. Tras ocho años de estudios, fue ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1959. Acompañó un a monseñor Iriarte, su antiguo párroco, y ahora obispo de Reconquista, al Chaco, y allí descubrió el subdesarrollo y la pobreza, lo que constituyó un segundo shock para su vida. De regreso a Buenos Aires -entre 1960 y 1963- trabajó al servicio del cardenal Antonio Caggiano, quien a su vez lo destinó como vicario cooperador a la parroquia Nuestra Señora del Socorro, en el muy elitista Barrio Norte. Y como asesor de la Juventud de Acción Católica, en su ex colegio "Nacional" y entre los universitarios de Medicina y Ciencias Económicos de la Universidad de Buenos Aires, donde participó de las jornadas de "Diálogo entre católicos y marxistas", el 18 de octubre de 1965, en la Facultad de Fiilosofía y letras (cosa que causó honda preocupación con varios sectores episcopales muy conservadores). Sin embargo, de una escuela le solicitaron que se desempeñara como capellán de la escuela "Paulina de Mallinkrodt", en la villa miseria del barrio de retiro. Por este tiempo también comenzó a desempeñarse como profesor de teología en la universidad del Salvador, en las facultades de Psicopedagogía y de Derecho. Por este entonces, asimismo, se le solicitó la predicación de una homilía semanal en Radio Municipal.
Crítico con el Gobierno de Illía, empezó a tener problemas entre la feligresía que consideraba que "se metía demasiado en política". Esto motivó que muchas personas pidieran el traslado del padre Carlos, a los que el párroco accedió pidiéndoselo al Cardenal Caggiano: "Creo que la misión del sacerdote es evangelizar a los pobres... e interpelar a los ricos. Y bueno, llega un momento en que los ricos no quieren que se les predique más, como sucedió... en el Socorro cuando me echaron [porque] 'las señoras gordas' le fueron a decir al párroco que yo hacía política en la misa". Mugica pasó a desempeñarse como vicario en la parroquia Inmaculada Concepción de María, en la calle Independencia.
En la JEC su presencia fue altamente atractiva para los estudiantes que lo tomaron como referente; allí conoció a Gustavo Ramus, Abal Medina y Mario E. Firmenich, futuros fundadores de la organización armada peronista "Montoneros" Con ellos, participó en Santa Fe en una misión rural en 1966. Dos frases escuchadas por los misioneros marcaron hondo al padre Carlos y las repetía con frecuencia: una viejita le dijo a una misionera "A mí, qué me vienen a hablar de Dios si me estoy muriendo de hambre"; y un hachero que dijo "yo soy la alpargata del patrón". Los futuros guerrilleros afirman que allí Mugica tomó partido por la lucha armada, aunque eso parece contradecir frases anteriores del P. Carlos y la distancia que empezó a existir entre uno y otros a partir de esta experiencia misionera.
"Señor, quiero vivir desde ahora en adelante como un hombre libre. Quiero recordar, de una vez y para siempre, que mi futuro está en tus manos y que tú eres mi Padre. Y cuando me asalte el temor, el desaliento y la desconfianza, recuérdame Dios mío que estás junto a mí, y que los hijos de mi vida están en tus manos, manos de padre, manos de amigo, que nunca me dejarán en la estacada"
En la facultad de Derecho, fue notable su enfrentamiento con el entonces titular de Derecho Agrario, José Alfredo Martínez de Hoz, luego Ministro de Economía de la asesina Dictadura militar argentina del general Videla (24 de marzo de 1976).
Su
encendida y pública defensa del peronismo, como asimismo la frecuencia con que
en sus discursos eran citados el Che Guevara, Mao, Camilo Torres y otros, trajo
al P. Carlos abiertos, y cada vez más frecuentes, choques con el Arzobispo,
Juan Carlos Aramburu. También se fue agudizando el conflicto con las religiosas
de Mallinckrodt que -dedicadas al trabajo con las clases más altas- no veían
con buenos ojos a este sacerdote que por su "alcurnia" les había parecido ideal,
en un principio.
En 1967, viajó, en nombre de monseñor Podestá, a Bolivia, para reclamar el cuerpo del Che Guevara e interesarse por la suerte de los prisioneros del ELN (Ejército de Liberación Nacional) detenidos tras la muerte del mítico guerrillero (entre ellos estaba Regis Debray). Ese mismo año, interrumpió toda actividad en noviembre y hasta octubre de 1968, tiempo en que viajó a París para estudiar, en el Instituto Católico, Epistemología y Semiología; Doctrina Social de la Iglesia y Comunicación Social y Teología Pastoral con los dominicos Chenu y Blanquart. En la capital francesa, residió en un pensionado religioso de la Rue Madame, profundizó sus relaciones de amistad con otros sacerdotes argentinos como Concatti y Brascelis, y allí pudo ver en directo los famosos sucesos del mayo del 68. También viajó -gracias a los oficios de su padre- a España donde visitó al general Perón, hospedándose en la calle Montesquinza, 25, casa de los padres del sacerdote español Antonio Echave; y por haber conocido (en el partido Racing [el club de sus amores] Celtic, de Glasgow por la copa Intercontinental, a J. W, Cooke, delegado personal de Perón, a Cuba, a donde viajó en estricto secreto, con pasaporte falso y vía Praga, donde permaneció 10 días.
En París Mugica conoció por carta la existencia -el nacimiento- del Movimiento Sacerdotes del Tercer Mundo (MSTM) y envió su adhesión incondicional. También inició su colaboración en el Equipo Intervillas, fundado el 2 de agosto de 1968 gracias a la dedicación de Jorge Goñi, también "cura villero".
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- Homenaje a Mugica (2008) |
Mugica vuelve a la Argentina a un mes de clausurado el encuentro episcopal de Medellín. Casi sin desempacar se entera que ha sido reemplazado en la capellanía de las religiosas de Mallinckrodt por el padre Julio Triviño, ubicado pastoral y teológicamente en las antípodas del Padre Carlos. Representante típico de la mentalidad preconciliar, espiritualista y también capellán castrense. Sin embargo, la parroquia San Martín de Tours, a cargo de los sacerdotes asuncionistas había decidido abrir una capilla en la villa de Retiro, en su jurisdicción parroquial, y confió al Padre Mugica su desempeño, lo que fue confirmado por el Cardenal Caggiano. Con la ayuda económica de su hermano Alejandro se levantó un salón multiuso. Así en el barrio Comunicaciones se levantó la capilla "Cristo obrero", donde ejerció su máxima actividad pastoral entre sus "hermanos villeros". Entre tanto, cubría otras tareas pastorales como vicario en la parroquia San Francisco Solano, ayudando a su amigo el Padre Jorge Vernazza. Volvió también a las cátedras de Teología en la Universidad del Salvador, en las facultades de Ciencias Económicas, Derecho y ciencias Políticas. Su hiperactividad lo llevó a asumir compromisos de celebrar en el Instituto de Cultura Religiosa Superior y en la parroquia Santa Elena.
Su participación cada vez más activa en el MSTM lo llevó a agudizar el enfrentamiento con el Arzobispo coadjutor Juan Carlos Aramburu que prohibió a todos los sacerdotes de la Arquidiócesis a manifestarse públicamente en cuestiones políticas (prohibición que no parecía concernirle a él mismo), y que causó profunda reacción en varios grupos sacerdotales, aunque el grupo MSTM Capital obedeció esta orden.
Su presencia en los medios de comunicación se hacía cada vez más frecuente y su figura cobró cada vez mayor notoriedad. Incluso fue notable la cantidad de personas del ambiente televisivo que empezaron a frecuentar la villa.
La ola de violencia que afectaba al país lo llevó a reflexionar sobre la violencia institucionalizada y la violencia revolucionaria. Por este tiempo el Padre Alberto Carbone, ex compañero de Mugica en la JEC, es encarcelado injustamente por el asesinato del general Aramburu (su parentesco con el cardenal Juan Carlos es sólo ideológico). La encendida defensa del P. Carbone y la cercanía a miembros de la Organización Montoneros, además de su actitud "poco clara" sobre la violencia, lo llevó también a ser encarcelado. Periódicos manifiestamente adversarios del MSTM y luego claramente adherentes a la violencia asesina del Proceso de Reorganización Nacional como "La Razón" y "Nueva Provincia", lo cuestionaron por su "justificación de la violencia que se ha desatado en el país". Todas las homilías del P. Mugica (y de otros miembros del MSTM) eran manifiestamente grabadas por los Servicios de Inteligencia. El Arzobispo Aramburu, entre tanto, acrecentó fuertemente su distancia con el P. Carlos llegando en más de una oportunidad a proponerle la "laicización", cosa que Mugica rechazó terminantemente, aunque constituyó una de sus mayores angustias en los últimos tiempos: "espero, en Dios, no verme forzado jamás a abandonar el sacerdocio aunque deba resistir infinitas presiones".
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En un enfrentamiento con fuerzas policiales de la dictadura son asesinados Fernando Abal Medina y Carlos Gustavo Ramus el 07/09/70. Los sacerdotes Carlos Mugica y Héctor Benítez dan una misa en el funeral de ambos en la parroquia San Francisco Solano. Una semana más tarde ambos son arrestados bajo el cargo de apología del delito. Carlos Mugica expresó entonces: "No puedo sino pronunciar unas palabras de despedida para quienes fueron mis hermanos Carlos Gustavo y Fernando Luis, que eligieron el camino más duro y difícil por la causa de la dignidad del hombre. No podemos seguir con indefinición y con miedo, sin comprometernos. Recuerdo cuando con Carlos Gustavo hicimos un viaje al norte del país y allí lo ví llorar desconsolado al ver la miseria y el triste destino de los hacheros. Fue fiel a Cristo, tuvo un amor concreto y real por los que sufren; se comprometió con la causa de la justicia, que es la de Dios, porque comprendió que Jesucristo nos señala el camino del servicio. Es un ejemplo para la juventud, porque tenemos que luchar para alcanzar la sociedad justa y superar el mecanismo que quiere convertirnos en autómatas. Que este holocausto nos sirva de ejemplo". |
Poco tiempo después, ofició junto a los padres Benítez (ex confesor de Eva Perón) Adur y Ricciardelli, el funeral por sus amigos Abal Medina y Ramus, miembros de "Montoneros", asesinados en un enfrentamiento con las fuerzas de seguridad. A consecuencia de la homilía pronunciada por Benítez y Mugica, según la transcripción -cargada de inexactitudes- de "La Razón", los dos fueron detenidos, el 14 de septiembre, y por espacio de una semana. El Arzobispo, entre tanto, suspendió al P. Mugica en sus licencias ministeriales por el lapso de 30 días; de esto Mugica se enteró en prisión por los diarios.
Su lugar de trabajo en la Villa 'Comunicaciones' se vistió de fiesta cuando el 27 de diciembre de 1970, en una ceremonia presidida por Mons. Aramburu, se inaugura la Capilla de Cristo Obrero. El P. Carlos, sin embargo, solía dormir por las noches en su domicilio en la calle Gelly y Obes, en un cuartito en el último piso. Mugica redobló sus trabajos en favor de los villeros, y redujo sus apariciones en los Medios. Asimismo, reforzó su vida interior yendo con frecuencia al monasterio benedictino de la localidad de Los Toldos, en la provincia de Buenos Aires. La capilla sería luego muy visitada por personajes conocidos de la sociedad argentina (futbolistas, artistas, etc) lo que sería aprovechado por el sacerdote para la realización de eventos gratuitos en la villa. También acudiría allí el general Perón, el 6 de diciembre de 1972, tras su triunfal regreso después de dieciocho años de exilio (el P. Carlos no se encontraba en ese momento en la ciudad), y el presidente Héctor Cámpora, recién elegido primer mandatario del país, por la candidatura del Frente Justicialista de Liberación (FREJULI) -en la que se había propuesto un lugar a Mugica, cosa que él rechazó. Fue el 9 de mayo de 1973, y nos podemos imaginar la alegría de los villeros al ver al presidente argentino, entre ellos, compartiendo una comida.
El viernes 2 de julio de 1971, una bomba estalló en la casa de Gelly y Obes 2230, pero aunque la bomba afecto edificios y automóviles (la propiedad privada que tanto defendían los adversarios del P. Carlos), nadie resultó herido. Fue en este momento que en un reportaje el P. Carlos pronunció su clásica: "Nada ni nadie me impedirá servir a Jesucristo y a su Iglesia, luchando junto a los pobres por su Liberación. Si el Señor me concede el privilegio, que no merezco, de perder la vida en esta empresa, estoy a su disposición". Las amenazas continuaron, y dos hombres irrumpieron en el piso donde se encontraba el cuartito del P. Mugica pero no pudieron concretar nada ya que éste se encontraba en un encuentro de los MSTM en Córdoba.
El gobierno militar se encontraba en crisis. El P. Carbone nuevamente había sido detenido por una supuesta (y evidentemente falsa) participación suya en un intento de copamiento armado de una unidad de Prefectura Naval, ocurrido el 3 de enero de 1972. Carbone había sido visto en su hogar y en el cine. Hasta la justicia militar hubo de sobreseerlo, aunque fue liberado 5 meses más tarde. Mugica presentó un recurso judicial de habeas corpus. Cuando se produjo el regreso del General Perón a la Argentina, Mugica fue junto con Vernazza en el avión charter que fue a buscar al anciano líder en noviembre de 1972. Esto acrecentó sus distancias con el Arzobispo Aramburu.
Un artículo anónimo publicado en el Boletín Eclesiástico de Buenos Aires (órgano oficial del Arzobispado) se dedicó duramente a criticar diferentes posturas teológicas del P. Mugica en su artículo "Jesús y la política de su época". Mons. A. Canale, canciller de la Curia comunicó a Mugica que debía preparar su descargo, para ser publicado en el "Boletín", pero aunque el caso fue archivado, no se publicó ni siquiera un resumen de su escrito de 18 páginas (preparado con la ayuda de Luis Rivas, Rafael Tello y Lucio Gera).
La curia, además, resolvió que "a ningún sacerdote, religioso o religiosa le está permitido actuar en partidos políticos o movimientos similares, ni aceptar ofrecimientos para desempeñar funciones políticas". Como era de esperar, la decisión del Arzobispado había llegado tarde: hacía ya varios meses que los MSTM habían decidido de común acuerdo "no aceptar posibles candidaturas a cargos electivos". Mugica, como está dicho, rechazó ser el primer candidato a diputado por el Peronismo de la Ciudad de Buenos Aires, cargo que indudablemente hubiera ocupado ya que el peronismo venció en todas partes.
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Mugica, con su gran capacidad de trabajo, celebraba misa los sábados en la iglesia de San Francisco Solano, de la que era párroco su amigo el padre Vernazza, y en la que luego sería asesinado, daba cursos prematrimoniales una vez al mes, e impartía clases de Teología en la Universidad del Salvador, de los Padres Jesuitas. Con el peronismo gobernando, Mugica, aceptó ser nombrado asesor - sin remuneración - del Ministerio de Bienestar Social, pero poco después, se desvinculó públicamente de este cargo, por discrepancias con el titular del mismo, López Rega, ya que para Mugica, "no había comunicación entre el ministerio y los villeros". Muchos han visto en esta discrepancia abierta y manifiesta con López Rega, los motivos de su asesinato (una noche, ante un grupo de vecinos de la villa Mugica se expresó diciendo: "López Rega me va a mandar matar"). Al mismo tiempo, Mugica y los Montoneros se distanciaban cada vez más; en una misa en conmemoración por la muerte de Aval Medina y Ramus, el 7 de diciembre de 1973, Mugica se expresó diciendo: "Como dice la Biblia, hay que dejar las armas para empuñar los arados". En este año 1973, apareció como de su autoría un libro Peronismo y Cristianismo, en el que se reunieron desordenadamente una serie de trabajos de Mugica, sobre las relaciones entre el cristianismo y el socialismo, los católicos y la política y los valores cristianos del peronismo; el P. Carlos siempre afirmó no tener nada que ver con esa publicación, aunque los artículos sean de su autoría.
Esta doble amenaza de derecha e izquierda no era la que más preocupaba al Padre Carlos: "No tengo miedo de morir. De lo único que tengo miedo es de que el Arzobispo me eche de la Iglesia".
En 1974, terminó de escribir el texto de la "Misa para el Tercer Mundo", cuyo disco, grabado y editado por la RCA, con la colaboración del "Grupo Vocal Argentino" que compuso una bella música, con ritmos argentinos, asiáticos y africanos, fue destruido por orden del ministro Rocamora.
Las amenazas de muerte empezaron a multiplicarse. La revista "Militancia", ligada al peronismo de Izquierda, dirigida por Ortega Peña y Duhalde, lo ubicó en lo que llamaban "La Cárcel del Pueblo", un apartado editorial donde semanalmente "encarcelaban" a diferentes personas del "antipueblo": Asimismo "El Caudillo", de la Derecha peronista le cuestionaba desde su ministerio sacerdotal hasta su servicio a los pobres: "está al servicio de los pobres o tiene a los pobres a su servicio", se preguntaba, y terminaba por acusarlo de "bolche". A mediados de abril de 1974 Mugica se retira a Los Toldos a un nuevo retiro espiritual. Allí Carlos le manifestó su miedo de ser echado de la Iglesia a lo que el abad le dijo: "Yo no sé si Aramburu puede ponerte frente a la situación de irte de la Iglesia, pero de lo único que podés estar seguro es que pase lo que pase, Dios te va a ser fiel".
El 11 de mayo, sábado, de 1974, a las 8 y cuarto
de la noche, y cuando Mugica se disponía a subirse a su coche Renault 4-L azul,
matrícula C-542119, estacionado junto a la iglesia de San Francisco Solano,
en la calle Zelada, 4771, donde había celebrado misa, fue tiroteado por un individuo
con bigotes achinados, que se bajó de un coche estacionado muy cerca. Este personaje
sería Rodolfo Eduardo Almirón, jefe de la lopezreguista Triple A, luego jefe
de custodia de Manuel Fraga Iribarne, en España. Cinco disparos, de ametralladora
"Ingram M-10", le afectaron el abdomen y el pulmón. El tiro de gracia lo recibió
en la espalda. El padre Vernazza, que salió de la iglesia al oír los disparos,
corrió a darle la unción, y lo llevaron en un viejo Citroën; Mugica alcanzó
a sonreírle y guiñarle el ojo a Vernazza. El cuerpo agonizante de Mugica llegó
al Hospital Salaberry, donde murió. Moribundo, alcanzó a exclamar a una enfermera:
"¡Ahora más que nunca tenemos que estar
junto al pueblo!" Eran las nueve de la noche. El doctor Avelino Vicente
Dolico, certificó que las causas del fallecimiento fueron "heridas de bala de
tórax y abdomen y hemorragia interna".
El entierro fue una multitudinaria manifestación. Sus villeros, a los que tanto quería, le llevaron a hombros hasta el cementerio de La Recoleta, en el corazón del Barrio Norte. La prensa -no toda- le calificó como "el santo villero". Desde que se tuvo la primera noticia de su muerte, muchos recordaron, que la revista El Caudillo, portavoz oficioso de la Triple A (ultraderecha), había publicado en diciembre del 73, una "Carta abierta a Mugica", en la que se le advertía de estar equivocado, y andar por la vereda equivocada. Por si fuera poco, se sabía, que la escolta de López Rega había hecho ostentación pública de ametralladoras "Ingram".
Más sorprendente todavía fue la afirmación del Arzobispo Aramburu que le dijo al P. Héctor Botán: "¡Ahora no me va a decir que Mugica no era montonero!".
Producida la muerte del P. Carlos, tanto los Montoneros como la Triple A intentaron desvincularse del episodio. El P. Carbone fue llevado clandestinamente a un encuentro con Firmenich, jefe de la agrupación Montoneros (sería extraño que después del feroz proceso militar este siga vivo, si no fuera bastante pública su traición y reuniones con el almirante Massera, en París). "Si Ud. fuera discípulo de Carlos, estaría muerto, como él", le dijo públicamente Marta Mugica -hermana de Carlos- a este detestable personaje de la historia argentina. La revista "El Caudillo", por su parte, comenzó a exaltarlo como modelo y mártir".
Al morir, Mugica, se convirtió en el símbolo de una generación, y en el primer mártir del MSTM. Además de sus escritos, recogidos en un volumen por el padre Vernazza, y publicados en 1984, este sacerdote nos dejó un grandioso ejemplo de lo que es compartir la suerte de los pobres, desde ellos. En la obra Iglesia Argentina, Memoria y Esperanza, Mugica es recordado así: "Mugica era una imagen transparente, una suerte de provocador de conciencias, que en nombre del evangelio no dudaba en enfrentar a los poderosos desde la perspectiva de los pobres. Carlos Mugica era un profeta..."

La "MISA PARA EL TERCER MUNDO", apareció cuatro meses después del asesinato de Carlos Mugica, con una tirada de 50.000 unidades, la impronta del sacerdote se notaba claramente en la letra, realidad que sus enemigos, insertos en las estructuras del gobierno de Isabel Perón, no pudieron soportar. Por ello, de la misma manera que habían puesto fin a su vida, se encargaron de eliminar esta creación suya; poco después de su salida a la venta, secuestraron y destruyeron todas las copias de la obra y se prohibió su presentación, que debía realizarse el 23 de septiembre de 1974 en el Instituto de Cultura Religiosa Superior. Todas las pruebas (masters, arte, duplicaciones, etc.) tamnbién fueron secuestrados y destruidos. Solo se salvaron unos pocos ejemplares.
Durante 33 años este producto no vió la luz. La discográfica multinacional actual,
que posee los derechos correspondientes para su edición, no sabía de su existencia,
porque no figuraba ni siquiera en su "catálogo inactivo". En SADAIC, quizás
debido a sus distintas intervenciones, no constaba registro alguno del long
play. Desde CAPIF (Cámara de Productores Fonográficos), no podían otorgar ninguna
respuesta, ya que desconocían de qué se trataba, pero se ofrecieron para tramitar
los aspectos legales correspondientes para recuperar ésta obra perdida.
La recuperación de la MISA PARA EL TERCER MUNDO se debió a Julio García (fallecido,
profesional de la industria y amigo personal del productor ejecutivo del disco,
Carlos Lascano), quien ante una petición por parte de éste, en aquella época,
guardó un LP idéntico a los que iban a salir a la venta (disco de promoción).
La recuperación fue llevada a cabo por la gestión del hijo de Julio García,
Daniel García, cumpliendo la promesa que le hizo a su padre, antes de fallecer,
a fines del año 2004.
Con la tecnología actual, el LP fue remasterizado digitalmente y transformado
en CD, lográndose una muy buena calidad sonora. En el mes de septiembre de 2006,
se logró el primer paso para concretar la reedición a través del sello SONY-BMG
(antes RCA). El día 13 de mayo de 2007, en la Iglesia Santa Cruz, situada en
las calles Estados Unidos y Urquiza, Capital Federal, a las 16.30 hs, se realizó
un homenaje al Padre Carlos Mugica, en el que por primera vez, y después de
33 años, se escucharon las plegarias de la MISA PARA EL TERCER MUNDO.
El día 26 de junio de 2007 se realizó el lanzamiento discográfico de esta obra
histórica, gracias a las gestiones de Sergio Ponfil, actual gerente de producto
del sello SONY-BMG, logrando de ésta manera la posibilidad de dar a conocer
a más de cuatro generaciones esta creación de incalculable valor histórico y
cultural. La "MISA PARA EL TERCER MUNDO" del Padre Carlos Mugica ha sido declarada
de Interés Cultural por la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación.
Kyrie
Señor ten piedad de nosotros
Señor ten piedad de nosotros
Misa para el Tercer Mundo -
Parte 1
Misa para el Tercer Mundo
- Parte 2
|
Tú que has nacido pobre
y has vivido siempre
junto a los pobres
para traer a los hombres
la liberación.
Tú que estás a nuestro lado
fuerte y resucitado
para empujarnos en la lucha
contra la injusticia y la explotación
Señor, piedad, Señor.
Tú que vendrás por fin
al final de los tiempos
para llenar, nuestro corazón
de alegría y plenitud.
Gloria
Gloria a Dios que es el amor
y en la tierra paz a los hombres
que luchan por la justicia.
Te alabamos,
porque luchamos para que nuestros niños
hambrientos coman.
Te glorificamos,
porque queremos destruir ya
los instrumentos de tortura.
Te damos gracias,
porque hay hombres que dan su vida
en la revolución.
Te damos gracias Señor,
porque no sos un Dios espectador,
sino un Dios hecho hombre
que padece el padecimiento de los hombres.
Te damos gracias Señor,
Tú que nos arrancas del egoísmo
impulsándonos a luchar contra la explotación,
ten piedad de nosotros.
Tú que estás con el padre
viviendo la plenitud del amor,
ten piedad de nosotros.
Tú que estás donde vamos a estar todos,
ten piedad de nosotros.
|
|
Señor Dios, cordero de Dios,
que sigues desangrándote,
en los hacheros de Norte,
desangrándote.
En los mineros Bolivianos,
desangrándote.
En las favelas del morro,
desangrándote.
En el frío de los pobres,
desangrándote.
La carne del torturado,
desangrándote.
Señor.
Porque Tú solo eres el Santo;
Señor.
Tú solo eres el amor.
Señor.
Tú sólo el totalmente otro.
El que rescata para siempre la creatividad
humana.
En unión con el padre
fuente de la vida, de la energía, del amor.
Amén, para siempre, Amén.
Credo
Viva Dios,
que crea al hombre creador.
Viva Dios,
que todo lo hizo bien.
Y viva Jesús, su único hijo
nuestro hermano y Señor,
que fue concebido
por obra y gracia del Espíritu Santo.
La humilde María, lo parió en un establo.
Padeció mucho bajo Poncio Pilatos
porque su causa era la de los pobres.
Lo clavaron en una cruz
y murió con la muerte de los bandidos
y bajó a lo hondo del hombre.
Resucitó,
volvió a la vida
y se puso la piel del hombre nuevo.
Resucitó,
subió a la vida
y está junto al padre que todo lo puede
porque es el amor.
Volverá,
y todos los hombres se presentarán ante él,
y al atardecer de la vida,
serán juzgados en el amor.
Creo en el Espíritu Santo
que es la fuerza de Dios, el amor de Cristo,
la inspiración creadora.
Creo en la iglesia de todos,
Que es santa porque es de Dios.
En la comunión de los hombres
que hacen la verdad porque aman.
Creo en el perdón de los pecados.
Creo en el perdón de los insensibles,
de los tibios y prudentes.
Creo en perdón de los indiferentes,
de los que traicionan el amor.
Creo en el surgimiento
del hombre nuevo,
del hombre lleno de Dios.
Creo en la expansión de la vida plena...
Para siempre, amén.
Sanctus
Santo.
Es el Señor de todas las cosas.
Hay fiesta en el cielo.
Santo.
Bendito Jesús que viene de Dios.
Hay fiesta en el cielo.
Santo.
Todo lo creado está lleno de tu amor.
Santo.
Hay fiesta en el cielo.
Agnus Dei
Cordero de Dios
que quitas maldad del hombre,
acercate a nosotros con tu amor,
acercate a nosotros.
Cordero de Dios
que haces nuevo al corazón,
Acercate a nosotros con tu amor,
Acercate a nosotros.
Con tu amor, con tu paz... acercate Señor.
Cordero de Dios
que quitas la maldad del hombre,
Acercate a nosotros con tu amor,
acercate a nosotros.
Cordero de Dios,
danos la paz.
Señor ten piedad de nosotros
Señor ten piedad de nosotros.
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Un
cura se confiesaFue muchas veces señalado
como un sacerdote subversivo. Sin embargo, Carlos Mugica (el polémico
capellán porteño) cree respetar los mandatos de Cristo y descerraja
sus iras contra "las jerarquías clericales comprometidas con el
dinero, el privilegio y el desorden establecido en todo el país".
Es una ráfaga implacable, un martilleo de palabras, la lúcida coherencia
que se transmite eléctricamente al gesto en esa permanente y reconcentrada
actitud del que amenaza con violentar todos los esquemas -un dogma,
una religión, una filosofía- pero repentinamente cede y adopta posiciones
expectantes. Rubio, de ojos azules, pulóver de cuello alto y pantalones
negros, no parece un sacerdote; sólo los libros que trepan por las
paredes de su departamento de un ambiente, en el barrio de Palermo,
en Buenos Aires, denuncian la presencia de un miembro de la Iglesia
Católica.
Es que Carlos Mugica (39, profesor de teología en las facultades
de Economía, Ciencias Políticas y Derecho de la Universidad del
Salvador y capellán de la parroquia San Francisco Solano, en Villa
Luro), a diferencia de la nueva corriente de sacerdotes católicos,
prefiere ignorar ese halo paternalista, el status privilegiado que
la sociedad se empecina en otorgarle, para dar de sí -espontáneamente,
sin premeditación- la imagen de lo que cree ser: simplemente un
hombre común, con toda la riqueza y las limitaciones de los seres
humanos; a lo sumo, siente quizá con más profundidad que sus "hermanos"
-palabra habitual en su vocabulario- una problemática responsabilidad,
ser también mensajero de sus conflictos.
Pero esa humildad -que se refleja inflexivamente en su manera de
vivir- no le posibilitó soslayar una creciente popularidad alrededor
de su figura. Lo publicaron así sus declaraciones por radio y televisión
("El socialismo -espetó en una de las emisiones del programa Tiempo
Nuevo, dirigido por Bernardo Neustadt, en Canal 11- es el régimen
que menos contraría la moral cristiana"); lo sacaron del anonimato
pronunciamientos tales como el que barbotó cuando Arturo Illia fue
elegido presidente de la Nación: "Hoy es un día triste para el país
-dijo Mugica el 12 de octubre de 1963-, una parte importante del
pueblo argentino ha sido marginado de los comicios y será dirigido
por un hombre a quien sólo votó el 18 por ciento de los electores".
El fogoso sacerdote reconoce que fue arduo el camino recorrido para
que pudiera recalar, finalmente, en esas posiciones, "no extremas
-defiende- sino coherentes con la actual actitud de un grupo relevante
de obispos de la Iglesia Católica".
-Sin embargo, cuando usted eligió ser sacerdote no enarbolaba las
mismas banderas.
-En efecto. Ingresé al seminario hace 18 años, en 1951, y vivía
en esa época, el catolicismo individualista, fiel al slogan "salva
tu alma".
-¿Qué significaba para usted ser sacerdote?
-Salvar mi alma, es decir: ir al Cielo, buscar la felicidad, esa
que está en Dios. Evidentemente era bastante egoísta mi actitud,
aunque también entonces cambió radicalmente mi vida, porque fue
cuando descubrí la alegría de vivir en Dios.
-¿Quién es, qué es Dios?
-Definitivamente, Dios no es una idea sino alguien. Dios es una
persona que se entregó totalmente a mí y se dejó matar por mí. Para
mí Cristo es mi Señor, mi amigo, mi maestro, mi modelo de vida.
Su entrega tiene un valor especialísimo: Dios es un ser que en lugar
de servirse del hombre se pone al servicio del hombre y por eso
todo hombre que da su vida por los otros sea un ateo, un marxista,
o lo que fuere-, ése, verdaderamente se une a Cristo.
-¿Quién consolidó en usted el cambio de actitud que se atribuye?
-Un
sacerdote francés, el abate Pierre, de quien todavía recuerdo una
frase decisiva: "Antes de hablarle de Dios a una persona que no
tiene techo es mejor conseguirle un techo". Es decir que conseguirle
techo a una persona ya es hablarle de Dios. No nos olvidemos que
Cristo curaba a los enfermos, les daba de comer a los que tenían
hambre y de beber a los que tenían sed. Y no lo hacía para que después
escucharan el sermón sino porque esa es su manera de amar: agarrando
al hombre por entero. Antes de ingresar en el seminario yo tenía
una visión maniquea de la existencia. El alma era buena y el cuerpo
malo. Eso viene de Platón, y se metió en la Iglesia con San Agustín;
aún perdura esa concepción, sobre todo en lo relativo al sexo. Pero
estamos viviendo un amplio proceso de liberación para desterrar
esa actitud individualista del seno de la Iglesia. Antes, como muchos
de mis compañeros que luego también evolucionaron, yo estaba preocupado
por la salvación de mi alma. Luego empecé a preguntarme ¿por qué
salvar mi alma y no mi cuerpo cuando esa división no es, precisamente,
una actitud cristiana? En la Biblia no se habla nunca de alma y
cuerpo; la Biblia es un libro muy carnal, muy concreto, en el cual
se define al hombre como polvo que respira.
-¿Qué sucede entonces cuando muere un hombre? Es decir, ¿no es su
alma, según las concepciones cristianas, la que asciende al Reino
de los Cielos?
-Insisto en la falsedad de esa concepción dual. Ningún teólogo podrá
decir nunca que, después de muerto el hombre, el alma queda flotando
en algún lugar. Es una visión tonta, materialista, de la resurrección.
No sabemos mucho al respecto. Toda imagen que podamos tener después
de la muerte de un hombre es muy pobre. Sabemos, sí, que vivirá
en Dios. Y suponemos que eso significa que va a estar presente como
persona en todos los seres.
-Muchos cristianos siguen
aferrados a esa concepción maniquea (alma: buena; cuerpo: malo).
Y aún más: persisten en adoptar la posición que usted calificó de
individualista. ¿A qué se debe?
-A una visión distorsionada de la realidad. El cristianismo es esencialmente
comunitario. No decimos "padre mío" sino "padre nuestro". Para entender
claramente esto basta con acercarse al pueblo. Estar en contacto
directo con él. Cuando yo estaba en el seminario iba a un conventillo
de la calle Catamarca. Allí viví algo muy especial - trascendente
en mi evolución-; precisamente en el contacto con los hermanos míos
del conventillo descubrí lo que ahora llamaría el subconsciente
de Buenos Aires. El día que cayó Perón fui, como siempre al conventillo
y encontré escrita en la puerta esta frase: "Sin Perón no hay patria
ni Dios. Abajo los curas". Mientras tanto, en el barrio Norte se
habían lanzado a tocar todas las campanas y yo mismo estaba contento
con la caída de Perón. Eso revela la alineación en que vivía, propia
de mi condición social, de la visión distorsionada de la realidad
que yo tenía entonces, y también la Iglesia en la que militaba,
aunque ya por esa época muchos sacerdotes vivían en contacto directo
con su pueblo.
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-¿Qué papel supone usted
que jugó la Iglesia en ese momento?
- Pienso que entonces algunos sectores de la Iglesia estaban identificados
con la oligarquía. No digo que la Iglesia volteó a Perón sino que
contribuyó a voltearlo. Pero pienso que también había deterioro
en las filas peronistas. Creo que el peronismo perdió fuerza revolucionaria
desde la muerte de Evita.
-¿Cuál cree que debe ser su verdadero compromiso con los argentinos,
con su pueblo?
- Pienso, siguiendo las directivas del Epicospado, que debo actuar
desde el pueblo y con el pueblo: vivir el compromiso a fondo, conocer
las tristezas, las inquietudes, las alegrías de mi gente a fondo,
sentirlas en carne propia. Todos los días voy a una villa miseria
de Retiro, que se llama Comunicaciones. Allí aprendo y allí enseño
el mensaje de Cristo.
-¿Qué mensaje?
- Los signos concretos del mensaje de Cristo se pueden detectar
cuando Él dice: "En esto se conocerá que ustedes son mis amigos,
en el amor que se tengan unos a otros". Y el índice de mi adhesión
al mensaje de Jesucristo es mi amor real, concreto, palpable, por
mis hermanos.
-¿Cómo se manifiesta, cómo se materializa ese amor?
-Es muy significativo que el capítulo 25 del Evangelio de San Mateo
(versículos del 30 al 46) Cristo hable del Juicio Final en estos
términos: "Cuando el hijo del hombre vuelva con sus ángeles a juzgar
a los hombres los reunirá a todos en su presencia y va a separar
a unos de otros como el pastor separa a las ovejas de los cabritos.
Entonces va a decir a los de su derecha: vengan conmigo benditos
de mi padre". Ahí se puede pensar, bueno, vengan conmigo benditos
de mi padre porque fueron a pie a Luján, o porque tuvieron mucha
devoción a San Cayetano, o porque hicieron y cumplieron muchas promesas,
o porque dieron limosna a la Iglesia. Pero Cristo no va a decir
eso. Va a decir: "Vengan conmigo, benditos de mi padre, porque tuve
hambre y me dieron de comer, porque tuve sed y me dieron de beber,
porque estuve en la cárcel y me vinieron a ver, porque estuve enfermo
y me curaron, porque anduve desnudo y me vistieron". Es decir que
en el Día del Juicio Final vamos a encontrar a la derecha de Dios
a mucha gente que jamás pisó una iglesia y que sin embargo estuvo
toda su vida amando a Jesucristo, porque estuvo amando de una manera
eficaz a su prójimo, a sus hermanos. Y, lo contrario, Cristo va
a decir a los de su izquierda estas palabras terribles: "Apártense
de mí, malditos, al fuego eterno". ¿Por qué? Bueno, ahí podríamos
pensar que porque no hicieron la comunión pascual, que porque no
dieron limosnas. Y sin embargo, no. Cristo va a decirles: "Yo tuve
hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber,
estuve en la cárcel y no me vinieron a ver..." Y lo notable va a
ser que algunos preguntarán: 'Pero Señor, ¿cuándo te vimos con hambre
y no te dimos de comer?' Y Cristo responderá: "Cada vez que no lo
hicieron con uno de éstos". Y es en ese terreno donde se manifiesta
mi amor, mi compromiso y el de todo hombre.
-¿Quiénes cree usted que no se comprometen a ese nivel?
-Aquellos que ven a un tipo sufrir en la villa miseria y dicen:
"pobre". Aquellos que se compadecen pero pasan de largo y siguen
viviendo como burgueses. San Agustín fue muy claro al respecto:
"Hay muchos que parece que parece que están adentro de la Iglesia
y sin embargo están afuera". Es decir: son muchos los que fueron
bautizados o tomaron la comunión pero no tienen amor concreto por
su prójimo. Son cristianos muertos, no son cristianos. Por eso hay
mucha gente que va a comulgar a misa, cree que comulga pero solamente
traga la hostia. Cree que recibe la comunión y no se da cuenta de
lo que eso quiere decir. Exactamente: común unión. Y si yo voy a
recibir la comunión y soy racista, o sectario, o un explotador que
oprime a su hermano, me dice San Pablo: "Ingiero el cuerpo del Señor
indignamente; me trago y me bebo mi propia condenación". Porque
vivir en el egoísmo, eso es el pecado. Aquel que se la pasa contemplándose
el ombligo es un pobre hombre que ya tiene el infierno en vida,
que vive en el pecado.
-¿Qué entiende por pecado?
-
Pecar es negarse a amar. No hay pecado sexual: hay pecado contra
el amor. Uno peca sexualmente cuando utiliza a una persona como
cosa, como objeto. Por eso aquellos que pretenden decir: "Ah, bueno,
pero yo tuve relaciones con una prostituta, para descargarme...",
esos pecan doblemente. Están contribuyendo con su actitud a mantener
un estado de esclavitud, aunque sea aceptado por la persona a la
que esclavizan.
- Entonces son muchos los cristianos que viven en el pecado, que
no aman.
- Son todos aquellos que tienen una imagen desfigurada de Dios.
Dios es para ellos el gran súper-yo-castrador y viven con Él una
relación mítica, supersticiosa, mágica. Para ellos es un Dios que
justifica la inmovilidad, un Dios que permite preguntas tales como
"¿Y? ¿Qué vamos a hacerle si existen pobres y ricos?". Ése es el
Dios que ataca Marx, ése es el Dios que hace creer a algunos que
la religión es el opio de los pueblos. La verdadera fe cristiana,
la auténtica fe en Cristo hace trizas esa creencia. Tener fe es
amar al prójimo, y eso me moviliza a fondo, tanto como para dar
la vida por mis hermanos, tanto como para brindarme íntegramente
por ellos.
- ¿Inclusive hasta el punto de engendrar la violencia masivamente?
- Ese es un problema demasiado complejo. Toda violencia es consecuencia
del pecado del hombre, de su egoísmo. Ahora lo que sucede es esto:
en concreto encontramos en América Latina - incluso en nuestro país-
una situación de violencia institucionalizada.
Es la violencia del hambre. Como dice Helder Cámara "El general
hambre mata cada día más hombres que cualquier guerra". Es decir
que existe la violencia del sistema, el desorden establecido. Frente
a este desorden establecido yo, cristiano, tomo conciencia de que
algo hay que hacer y me encuentro entre dos alternativas igualmente
válidas: la de la no violencia en la línea de Luther King o la de
la violencia en la línea del Che Guevara; hablando en cristiano
la violencia en la línea de Camilo Torres. Y pienso que las dos
opciones son legítimas. Es erróneo tratar de ideologizar el Evangelio.
Decir, por ejemplo, como he oído: Cristo es un guerrillero. Él,
personalmente, no fue violento, sólo en algunos casos concretos
cuando echó, por ejemplo, a los mercaderes del templo a latigazos.
Es decir que Cristo fue solamente muy violento contra los ricos
y los fariseos. Creo que la versión en cine menos alejada de lo
que Él fue da Pier Paolo Pasolini en su Evangelio según San Mateo.
-¿Pero cuál es, cuál debe ser la actitud del cristiano ante lo que
usted llama el desorden establecido, la violencia organizada del
sistema?
-Del Evangelio no podemos sacar en conclusión que hoy, ante el desorden
establecido, el cristiano deba usar la fuerza. Pero tampoco podemos
sacar en conclusión que no deba usarla. Cualquiera de las dos posiciones
significaría ideologizar el Evangelio, que más que una ideología
es un mensaje de vida. Pasará Marx, pasará el Che Guevara, pasará
Mao, y Cristo quedará. Por eso pienso que es tan compatible con
el Evangelio la posición de un Luther King como la ideología de
un Camilo Torres.
-¿En cuál de esas tendencias se enrolaría usted?
-
Se me ocurre que actualmente en la de la no violencia. Como dijo
Monseñor Devoto: "Yo no soy violento, pero no sé qué va a ser de
mí si las cosas siguen así". Pero ojo: pienso que hay muchos que
exaltan la no violencia ignorando lo que es. Porque Luther King,
uno de sus principales teorizadores, fue asesinado. Es decir: la
no violencia no es quedarse en el molde sino denunciar, poner bien
de manifiesto la existencia de la violencia institucionalizada.
Y para eso también hay que poner el cuero. Pero que esté claro:
si yo ante el desorden establecido enfrento lo que llamo la contraviolencia
y logro reducir la violencia total, es legítimo que la use. Pero
si sólo exacerbo aún más la violencia del sistema contra el pueblo,
no puedo menos que pensar que es contraproducente que la utilice.
-Un cristiano, ¿Tiene derecho a matar?
- No lo sé. Lo que sí está claro es que tiene la obligación de morir
por sus hermanos. Pienso que tenemos mucho miedo a la violencia
por una actitud individualista. De repente nos escandalizamos porque
alguien puso una bomba en la casa de un oligarca, pero no nos escandalizamos
de que todos los días en las villas miserias o en el interior del
país mueran niños famélicos porque sus padres ganan sueldos de archimiseria.
La idea fundamental me parece que ésta: el cristiano tiene que dar
la vida por sus hermanos de una manera eficaz. Cada uno verá de
acuerdo con su ideología, de acuerdo con la valoración particular
que haga de la realidad, con la información que tenga, lo que tiene
que hacer.
-¿Cuál debe ser la función de un sacerdote en países desarrollados
como Francia, Inglaterra o Italia?
- Sin duda la misma que en la Argentina, en Bolivia o en Paraguay.
También hay explotadores y explotador en Francia (el subproletariado
argelino, el subproletariado español), hay miseria, hay villas de
emergencia. Yo a esos países los llamo subdesarrollantes, porque
son países que viven de los pobres.
-¿Qué piensa que deben hacer los sacerdotes en sociedades socialistas?
-Cumplir con su función habitual: enseñar y amar. Yo no conozco
China, pero tengo entendido que allí hay algo positivo: creo que
ahora hay 700 millones de chinos que tienen pantalones y antes no
sabían que era usarlos. Lo que me preocupa de China es que puede
haber algo así como una especie de imperialismo cultural. Es decir,
no me gusta que los chinos pretendan exportar su modelo de revolución
a todo el mundo. Contra eso tendrían que combatir los sacerdotes,
contra el dogmatismo político. Con respecto a los llamados países
socialistas de Europa, pienso que son naciones que se encaminan
cada día más rápidamente hacia el capitalismo, precisamente porque
se metieron con corsé en el socialismo. De todas maneras no me cabe
la menor duda de que los pueblos son los verdaderos artífices de
su destino y, aunque yo personalmente crea que el sistema menos
alejado de la moral y del Evangelio es el socialismo, se me ocurre
que en la Argentina tenemos que hacer nuestra revolución, nuestro
socialismo, que no necesariamente debe adaptarse a modelos preestablecidos.
Además, estoy seguro de que ese proceso pasa, aquí, por el peronismo.
-¿Cuál debe ser para usted la ingerencia de la Iglesia en cuestiones
económicas y políticas?¿Cómo justificar el poder económico, las
relaciones de la Iglesia con el dinero?
- No se trata de justificar sino de analizar. El gran escándalo
del Concilio Vaticano II fue que se tuviera que hablar allí de la
Iglesia de los Pobres, cuando lo natural es que si la Iglesia viviera
de acuerdo con la orientación clarísima que le dio Jesucristo, de
acuerdo a como fue la Iglesia los primeros siglos, cuando todos
poseían sus bienes en común repartidos según las necesidades de
los fieles, no debería haberse mencionado el asunto. El cristianismo
empieza a degradarse cuando se desarrolla el espíritu de propiedad,
y al reconocerlo Constantino (año 313) como religión oficial del
Imperio, otorgándole a la Iglesia poder político. Lo natural, insisto,
en el Concilio Vaticano, hubiera sido que se levantara un obispo
y dijera: "Un momento. ¿Por qué la Iglesia de los Pobres? La Iglesia
también es de los ricos". ¿Por qué? Porque la Iglesia también tiene
que evangelizar a los ricos, entendiendo por evangelizar a los ricos,
ayudarlos a dejar de serlo. Lo cual no significa que tire todo por
la ventana sino que ponga todos sus bienes al servicio de la comunidad.
Es evidente que es un problema, porque si viene un empresario católico
y me dice: "Yo que me convertí, padre, yo quiero realmente vivir
el Evangelio", no me queda otro remedio que contestarle que cambie
radicalmente el enfoque de su empresa, dándole participación efectiva
en las ganancias a todos sus trabajadores. Claro, así la empresa
se va a fundir en 15 días porque la competencia la mata. Entonces
la otra respuesta para un empresario que quiera vivir realmente
el Evangelio está en que se platee seriamente el problema de la
revolución.
-Eso es lo mismo que dejar de ser empresario.
-No necesariamente. Si Alberto José Armando viene a mí y me dice
"yo quiero cambiar" le contesto que bueno, que le saque todo el
jugo a los capitalistas que lo rodean y que con su fabulosas inventiva
le cree al pueblo situaciones en las que pueda ser realmente protagonista
de su destino.
-A usted se lo acusa de pregonar una filosofía de vida casi rayana
en el ascetismo, que no coincide con su manera de vivir, más acorde
-se dice- con hombres de su misma extracción social.
- Usted ve donde vivo: es un cuarto en una terraza de una casa de
departamentos bacana, pero un cuarto al fin. Además es cierto: yo
soy de origen oligarca, y eso tiene sus limitaciones. El hecho de
que a mí nunca me haya faltado nada talvez haya relativizado mi
visión de las cosas. Pero también es cierto que a la oligarquía
la conozco de adentro y sé, efectiva, concretamente, cuales son
sus corrupciones. De todas maneras a mí no me falta absolutamente
nada, pero trato de que me sobren cosas.
-¿Cuáles son sus carencias afectivas?¿No se siente frustrado como
hombre?
- No me siento frustrado en absoluto. Pienso que desde el momento
en que contraje el compromiso de ser célibe ante Cristo y ante la
comunidad me debo a él. Por supuesto el celibato presume una lucha
cotidiana. No solamente la lucha en cuanto se refiere al impulso
sexual sino en cuanto a la soledad. El problema profundo no es el
de la ausencia de contacto carnal, sino la soledad, así, simplemente.
Esa es una tensión que vivo permanentemente y por la cual tengo
que estar muy sobre mi mismo porque fácilmente se puede desvirtuar
mi afectividad.
-¿Ese es uno de los principales conflictos que originó el éxodo
de sacerdotes de la Iglesia?
- Pienso que no, que las raíces de la crisis sacerdotal está en
otro lado. Pienso que el sacerdote se siente inútil en muchos lugares;
es decir: ha perdido el sentido de su vida. Para mí el sufrimiento
más grande que puede tener un ser humano es sentirse demás y eso
es lo que le pasa a muchos curas.
Fuente: www.elhistoriador.com.ar
Jesús
y la política
Por Carlos Mugica
La relación entre fe cristiana y compromiso político es el tema
número uno de la reflexión teológica contemporánea. Por eso
no resulta demasiado sorprendente que Oscar Cullmann, uno de
los más importantes teólogos del protestantismo actual, considerando
por católicos, protestantes y judíos sin distinción como el
mejor exégeta tal vez, que hay hoy del Nuevo Testamento, se
ocupe de la relación que existió entre el Jesús histórico y
los revolucionarios de su tiempo.
Nadie ignora que a partir del Concilio Vaticano II, que con
su histórica Constitución Pastoral Gaudium et Spes (La Iglesia
en el Mundo Contemporáneo, 1964 y, sobre todo, con la Encíclica
Populorum Progressio (1966) de Pablo VI, el tema de la relación
entre la fe y el compromiso político es el que ha absorbido
la atención de los teólogos y pensadores cristianos. Y el proceso
se ha ido acentuando cada vez más. Basta a hojear la revista
Concilium, que reúne a los más importantes teólogos renovadores
europeos y comienza a darle amplia cabida al tema en sus páginas.
Extractos
de Peronismo y Cristianismo Carlos Mugica, Editorial
Merlin, Buenos Aires, 1973. "¿Qué es glorificar a Dios? No es ponerle veinticinco velas a los santos. No. Sí ayudar a que un hombre sea más hombre. Si yo a este hombre lo ayudo a leer y escribir, glorifico a Dios, porque lo ayudo a crecer como hombre. Ayudar al hombre a ponerse de pie. No pararlo. El sólo se tiene que poner de pie. Ayudarlo a ayudarse." "Antes que hablarle de Dios al hombre que no tiene techo, hay que darle un techo. Darle techo ya es hablarle de Dios. Mejor dicho ayudarlo a que se dé el techo es ayudarlo a ayudarse." "Hay un pecado personal, fundamental, que es el pecado del egoísmo. ¿Qué es pecar? Es tratar a una persona como si fuera una cosa. No hay más que un solo pecado: el pecado contra el amor. Cuando cosifico al otro, ahí hay pecado. Cuando utilizo al otro, ahí hay pecado. Cuando respeto a la persona del otro, ahí hay amor." "Y está el pecado colectivo o estructural... ¿Cuáles son las estructuras opresoras? Aquellas que establecen un tipo de dominación de unos hombres por otros. Yo pienso que el sistema capitalista liberal que nosotros padecemos es un sistema netamente opresivo. No solo porque hay muy pocos hombres que se aprovechan del fruto del trabajo de la mayoría, sino porque además las relaciones que se establecen son relaciones de dominación. Relaciones despóticas." "Por eso, como movimiento de Los Sacerdotes del Tercer Mundo propugnamos el socialismo en la Argentina como único sistema en el cual se pueden dar relaciones de fraternidad entre los hombres. Que cesen las relaciones de dominación para que haya relaciones de fraternidad. Un socialismo que responda a nuestras auténticas tradiciones argentinas, que sea cristiano, un socialismo con rostro humano, que respete la libertad del hombre." "Los hombres están condicionados, determinados por las estructuras en las que viven. Por lo tanto, tengo que amar a los seres humanos y amar las estructuras que contribuyen a que esos seres humanos se realicen como hombres, a que vivan creadoramente. Y debo tratar de destruir o modificar las estructuras que les impiden vivir de esa manera. Y aquí entra todo lo que hace a la dimensión política." "La liberación debería realizarse en todos los sectores donde hay opresión. En el orden jurídico, en el político, en el cultural, en el económico y en el social." "En el orden cultural hay opresión porque el pueblo, y entiendo aquí por pueblo fundamentalmente a los oprimidos, a los trabajadores, no tienen acceso a la enseñanza superior y tienen difícil acceso a la secundaria y aun a la primaria. A veces porque no hay bancos y si los hay porque los chicos tienen que lustrar zapatos para que la familia aguante. Además de esto nuestra enseñanza es tecnócrata y colonialista, para que no moleste, que no incomode el día de mañana y se adecue a este sistema montado sobre la base del lucro." "En el orden económico y social, nuestra estructura económica es anticristiana y opresora. Primero porque en lugar de estar la economía al servicio del hombre, el hombre está al servicio de la economía." "Segundo porque lo social está subordinado a lo económico con las consecuencias que acarrea." "En el orden social el índice de mortalidad infantil y de desocupación son cada vez mayores." "Es un deber de todos los cristianos hoy, entrar en la lucha por transformar la sociedad. Esa es la acción política, la acción que tiende a transformar, a modificar la sociedad." "La justicia se encarna en la vida entera de la sociedad. No basta darle a cada cual lo suyo en un plano meramente individual. No se trata de que los individuos ricos ayuden a los individuos pobres, sino que se trata de que los pobres dejen de ser pobres. Y hasta ahora, para que los pobres dejen de ser pobres no se ha inventado otro más que este sistema: que los ricos dejen de ser ricos. Hay que ayudarlos a los ricos a liberarse de esas riquezas que Los oprimen y que los llevan hacia el camino del infierno." "Porque si queremos que los dos millones y medio de hermanos nuestros que viven en las villas miserias estén mejor, evidentemente algunos van a estar peor." "Hoy los cristianos no podemos rezar el padrenuestro si no hacemos algo eficaz para que disminuya el índice de mortalidad, que en nuestra patria, aumenta día a día. Lo mismo con respecto a las torturas; si yo no estoy haciendo algo para que cesen las torturas, en la medida de mis posibilidades, soy co-torturador de mis hermanos. Porque quizá no soy un opresor directo que comete la injusticia, pero tal vez la consiento o no la reparo en la medida en que no me comprometo a través de una acción política para cambiar las estructuras. El compromiso político hoy, no es optativo, es obligatorio para los cristianos en sentido amplio." "El problema de la violencia no es un problema virginal: "a mí no me gusta la violencia". Hay que ser un desnaturalizado para estar a favor de la violencia si la opción fuera violencia-no violencia. El problema es que yo no puedo quedarme pasivamente tranquilo ante la situación de terrible violencia institucionalizada que estoy viviendo, porque si lo hago, soy un asesino de mi pueblo que se está muriendo de hambre." "¿No es violencia institucionalizada, acaso, la que sufre el obrero que apenas reúne 40.000 pesos mensuales, al tener que pagar el precio de la leche, la carne o el azúcar? ¿No es violencia institucionalizada el aumento cada vez más alarmante de mortalidad infantil? " "Vivimos en un sistema capitalista, en el cual el motor fundamental es el lucro. El lucro es "el" motivo de este sistema económico." "Esta sociedad es inmoral, no solamente porque las riquezas se reparten en forma desigual, sino porque el tipo de hombre que propone esta sociedad es un hombre alienado, un hombre inhumano, es el hombre consumidor, el hombre que "tiene". "Tenemos que buscar otro tipo de sociedad y aquí aparece la reflexión sobre la posibilidad de acceder al socialismo. ¿Cuáles son las pautas que debe tener en cuenta un cristiano para saber qué sistema puede adecuarse mejor o no a sus valores? Primero, el Evangelio; segundo el Magisterio de la Iglesia y después los signos de los tiempos." "Pensemos en la comunidad prototípica, las primeras comunidades cristianas. ¿Qué se dice en el libro de los Hechos de los Apóstoles?: ‘Todos los que creían vivían unidos teniendo todos sus bienes en común, vendían sus posesiones y haciendas y las distribuían entre todos según la necesidad de cada uno’. (Cap. 2, 44ss). "La muchedumbre de los que habían creido tenían un solo corazón y una sola alma y ninguno tenía por propia cosa alguna; todo lo tenían en común." "No había indigentes entre ellos porque los dueños de haciendas y casas las vendían y llevaban el precio de lo vendido a los apóstoles y a cada uno se le repartía según su necesidad." "Dieciocho siglos más tarde Marx va a pronunciar una frase evangélica cuando diga: ‘de cada uno según su capacidad, y a cada uno según su necesidad.’" "Si hoy realmente los que se dicen católicos en la Argentina pusieran todas sus tierras en común, todas sus casas en común, no habría necesidad de reforma agraria, no habría necesidad de construir ni una sola casa. Los casi tres millones de personas que viven en las Villas Miserias en la Argentina, o en conventillos infames y en cuevas –como los indios con los que estuve en Los Toldos – podrían vivir confortablemente bajo techo sin que se construya una sola casa más en el país. Sólo en Buenos Aires hay ciento diez mil departamentos vacíos. Si esta fuera una sociedad cristiana, la gente de las Villas tendría derecho a ocuparlos. Ya de hecho lo han concretado en Córdoba, un grupo de gente de una villa se apoderó de un monoblock. No han hecho más que recuperar lo que les corresponde. Porque cuando la gente dice "esto es mío", ¿quién decidió que es suyo?. El Código Civil Argentino. Pero el Código Civil fue una avivada de doscientas familias que ya se habían apoderado de las tierras y por eso podían decir: "cada uno tiene derecho a sr propietario de lo que tiene". Claro, si todos hubieran largado a cero kilómetro en materia de tierras, muy bien, pero los señores Pereyra Iraola y Menéndez Behety ya eran dueños de media Argentina cuando dijeron ‘hay que respetar la propiedad privada’. " "En el fondo las discrepancias ideológicas se cierran en dos alternativas, que son: una la alternativa capitalista, que se basa fundamentalmente en que unos pocos sean dueños de los bienes de producción, es decir de los bienes que producen bienes, o sea de las máquinas, donde el hombre tiende al lucro. Esos pocos serán estos que dijo el apóstol Santiago: ‘los ricos que oprimen a sus hermanos’. "La otra alternativa es el socialismo, en el cual la comunidad es la que tiene el control y la propiedad de los bienes de producción. No son de unos o de algunos, sino de todos. El control popular sobre los medios de producción, que lleve a que los bienes no sean de algunos sino de todos." |
Es cierto que en los países llamados
desarrollados, que con más precisión desde el Tercer Mundo son
señalados corno subdesarrollantes, la problemática teológica
es mucho más conflictiva ya que se cuestiona la esencia misma
del mensaje revelado. Como decía un gran teólogo' "allí la mordedura
llegó hasta el hueso". Se cuestiona no sólo la legítima pretensión
de la Iglesia de ser la sucesora de los apóstoles, sino la misma
divinidad de Cristo, a quien se pretende presentar como el prototipo
del hombre para dos demás, pero no necesariamente como el Hijo
de Dios. Al reducir a Cristo a una dimensión meramente humana,
presentándolo como el hombre que llegó al fondo en la capacidad
de amar, en la entrega a los hombres a través de su máxima manifestación,
dando la vida por ellos, se dinamita el dogma básico de la fe
cristiana: la Resurrección.
San Pablo enseña: "Si Cristo no resucitó, los cristianos somos
los hombres más estúpidos de la tierra". Y tiene razón si Cristo
no resucitó, no hay salida para los ciegos, paralíticos y esquizofrénicos
de este mundo, por más revoluciones sociales que se propugnen.
El marxismo, pienso yo, encuentra su límite más terrible en
el pasado. No hay salida trascendente para los que ya murieron.
Para el cristianismo, la muerte no existe. Para el cristiano
no hay más que una sola vida, pero que tiene tres instancias:
la histórica que podemos llamar vida uterina, luego viene el
parto que es la muerte, para acceder finalmente a la vida plenamente
creadora: la vida eterna, que supone entrar a compartir la existencia
tremendamente fecunda y gozosa de Dios. Es entrar, por decir
así a crear desde Dios, nuevos mundos. Y precisamente, por ser
totalmente creadora, la existencia se vuelve totalmente dichosa.
No obstante esta preocupación constante por salvar el basamento
mismo de la fe cristiana los teólogos europeos comienzan a reflexionar
sobre el tema religión y política porque munchos jóvenes, hoy,
en Europa, entran en crisis de fe al sentir que c' modo de presentación
del mensaje cristiano y el rol que desempeña la Iglesia aparecen
como sustentadores de una sociedad que agoniza del orden establecido,
al que Helder Cámara llama el "desorden establecido".
Sin duda que a nivel cristiano fue decisiva en este punto la
toma de posición del Magisterio de la Iglesia y sobre todo,
de Pablo VI. En la Constitución Pastoral la Iglesia en el Mundo
Contemporáneo, el Concilio exhorta a los cristianos a comprometerse
en la creación de una sociedad nueva y a ampliar el campo del
compromiso solidario al mundo entero. La encíclica Populorum
Progressio precisa más el campo de atención y de acción. Es
la Carta fundamental del Tercer Mundo desde la perspectiva católica.
No basta ya luchar para que desaparezcan los individuos ricos
y pobres, sino que se trata de acabar con los países ricos y
los países pobres. No se trata de que los pueblos ricos ayuden
a los pueblos pobres sino de que los pobres dejen de ser pobres.
Realizar una acción que signifique a nivel de pueblos lo que
Helder Cámara quiere para el campesino miserable del Nordeste
brasileño: "ayudar al hombre a ponerse de pie". No se trata
de "pararlo" paternalísticamente sino de ayudarlo a ayudarse.
Aceptar el surgimiento original o inédito de los pueblos del
Tercer Mundo. Claro que este planteo de Pablo VI parece ingenuo.
Porque para que surjan los pueblos nuevos los países dominantes
deben renunciar a sus apetitos imperiales.
Esta necesidad de atender a las crisis internas de las Iglesias
que corrían el riesgo de desaparecer con el cambio generacional,
es la que en última instancia ha obligado a los teólogos europeos
a mirar más allá de sus narices y advertir que existe un Tercer
Mundo. No hay duda de que Pablo VI, con su ejemplo, ha contribuido
a empujarlos. Por eso no sorprende demasiado hoy que Cullmann,
el gran exégeta protestante contemporáneo, amigo personal de
Pablo VI y observador en el Concilio Vaticano II, se ocupe de
la relación entre fe y militancia política. Es la primera vez
que lo hace, ya que hasta ahora sólo le preocupó la relación
entre fe e historia desde una perspectiva más distante. Pero
es indudable que él mismo ha contribuido a este "aterrizaje"
de la teología católica y protestante actual. Con su Cristo
y el tiempo, Cullmann fue uno de los pioneros de este siglo
en señalar el sentido evolutivo de la formulación de la fe y
la relación entre revelación e historia humana, mostrando que
Dios no sólo se revela a través del mensaje bíblico sino también
a través de la historia humana, a través de lo que Juan XXIII
llamará después "los signos de los tiempos". Por eso es que
hoy son muchos los teólogos que afirman que Dios se revela ante
todo y principalmente a través de la Biblia pero que también
lo hace a otro nivel, ciertamente, para los católicos, a través
del Corán, Marx, Freud o Einstein. El Cardenal Bea, hablando
a cristianos, protestantes y musulmanes, les decía: "Te hemos
que compartir la porción de verdad que hay en cada una de nuestras
religiones para acercarnos más al Dios que todos amamos". Y
Pablo VI, en su discurso a los observadores del Concilio (Cullmann,
entre ellos), dirá: "Ustedes (protestantes, ortodoxos) y nosotros
(católicos) estamos en un mismo camino, y vamos hacia una novedad
que debe ser engendrada".
Esto no significa que la Iglesia Católica renuncie a nada de
lo que constituye su esencia, sino al contrario, que explicite
su esencia, que explicite todas las virtualidades que contiene
en su seno.
El acto académico de la inauguración de los cursos de 1969 de
la Facultad libre de Teología protestante de París fue la ocasión
para que Cullmann, a través de su trabajo Jesús y los revolucionarios
de su tiempo incursionara por primera vez en el campo de la
teología política. Es una obra breve, concisa, de 87 páginas,
en la que Cullmann nos propone desde el Evangelio, y con el
rigor histórico que el tema exige, las bases para reflexionar
sobre la relación entre la fe y el compromiso político. Lo que
le preocupa a Cullmann en primer lugar es cuál fue la actitud
concreta de Jesús, qué fue lo que El hizo y dijo en relación
al poder de su tiempo, cómo se situó el Jesús histórico frente
a los factores de poder que hoy tiene que encarar un cristiano.
Ciertamente que, en el mundo en que se movía Jesús -la sociedad
geográfica de Israel, donde lo religioso y lo político aparecían
íntimamente fusionados- el problema era más grave y difícil.
Cullmann demuestra que Jesús de Nazaret no puede ser encuadrado
en ninguno de dos principales movimientos de su tiempo. Su obediencia
radical a la voluntad divina, que se asienta en su íntima comunión
con Dios, y en la espera de su Reino y su justicia, no se acomoda
ni a la perspectiva de los grupos que defendían el orden establecido
en Palestina, ni a la de los que combatían por la violencia.
Al analizar el comportamiento histórico de Jesús, Cullmann,
no niega la necesidad que hoy experimenta un cristiano acerca
de cómo situarse frente a las distintas manifestaciones del
poder; sostiene que el resultado del análisis histórico debe
crear en el cristiano la base que le permita plantear correctamente
el problema, eludiendo simplificaciones reducidoras, fruto de
posiciones ideológicas dogmáticas que conducen a un Cristo pacifista
a outrance o a un Cristo guerrillero.
Es importante señalar que, para un cristiano, el Jesús histórico
es un punto de referencia fundamental para reflexionar sobre
la validez de su compromiso, pero sin olvidar nunca que Cristo
sigue hoy vivo y actuante a través de la historia, a través
de su Espíritu, que se expresa particularmente -para los católicos-
por el Magisterio de la Iglesia.
Ubicando a Jesús en su tiempo, lo encontramos enfrentado a un
movimiento de resistencia religiosa y política: el movimiento
zelota. Los zelotes luchan por medio de la violencia contra
la autoridad establecida, en la que ven la expresión del paganismo
e imperialismo romanos, opuestos a su religión monoteísta y
a su libertad como pueblo. Cuando Jesús entra en la vida pública,
el problema número uno de Palestina es la resistencia al invasor
romano, problema religioso y político a la vez.
Hoy en día, en que tanto se habla de teología de la revolución,
se corre el riesgo de hacer de Jesús pura y simplemente un rebelde
zelota. Cullmann afirma que esto se explica, dado que la condenación
jurídica de Jesús no es decretada por los judíos sino por los
romanos. que sólo se preocupaban de la actitud política de la
gente. Esto es demostrado por Cullmann de manera indudable dable,
sobre todo cuando señala que Jesús fue ejecutado al modo romano,
es decir, mediante la crucifixión, y no como la pena de muerte
judía, que era la lapidación.
Además, la inscripción sobre la cruz, "Jesús, rey de los judíos",
aludía claramente a la razón política de la ejecución: éste
pretende ser Rey, por lo tanto, sustituir al César.
Para poder ubicar bien a Jesús en su contexto histórico y percibir
la originalidad de su vida y su mensaje, es indispensable advertir
-como lo muestra Cullmann- que en los evangelios hay dos categorías
de textos, que aluden a palabras y gestos de Jesús: 1) por un
lado, los que aproximan a Jesús al zelotismo: a) los que se
refieren a la aproximación creciente de Jesús a las masas, b)
sus crueles ironías hacia los gobernantes, c) el tener entre
sus discípulos a tres antiguos zelotas: Simón el Zelota, Simón
Pedro y Judas Iscariote; d) su condenación por los romanos que
lo creían agitador zelota, etcétera. 2) Por otro lado, están
los textos en que Jesús aparece como adversario de toda violencia
y de toda resistencia política: a) las parábolas de la no-violencia,
b) el amor a los enemigos, c) orden de no usar la espada para
defenderlo, d) rechazo enérgico de todo elemento político en
su misión divina, etcétera. En esta línea se puede afirmar que
la gran tentación que Jesús rechazó como satánica fue la de
erigirse en líder político, en jefe revolucionario.
La raíz común de las dos series de textos contrapuestos está
en la esperanza central de Jesús: la espera del Reino que va
a venir. Para Jesús, el Reino que va a venir, viene por obra
de Dios antes que por obra del hombre. Por eso, todos los fenómenos
de este mundo deben ser relativizados lo que no quiere decir
minimizados, sino orientados al Reino definitivo. Así, Jesús,
al sacramentalizar al amor humano, lo relativiza, es decir,
muestra que tiene relación a una instancia más profunda, en
que se realiza el amor pleno y total. Esa instancia es el amor
en Dios.
El temor a la afirmación
de Marx, "la religión es el opio del pueblo" -que históricamente
ha tenido validez en muchos casos- no debe impedir el percibir
la originalidad del mensaje de Cristo que es evidentemente escatológico
(es decir, que mira el fin de los tiempos). Helder Cámara, Luther
King, y Camilo Torres, que con su solo testimonio invalidan
la objeción de Marx, si se le quiere dar un alcance universal,
nunca perdieron de vista que la revolución no significa la instalación
del Reino de Dios en la tierra, y que debe ser permanentemente
revolucionada y criticada desde la fe, hasta que el Señor vuelva.
Ciertamente, esa crítica sólo se podrá ejercer honestamente
a los ojos de los hombres de nuestro tiempo, desde adentro del
proceso, participando de la acción revolucionaria, aunque se
la relativice en el sentido antes expuesto.
Por eso Cullmann señala que
la esperanza del Reino futuro (que no es de este mundo), que
totaliza la perspectiva de Jesús no lo aleja a Él de la acción
en este mundo que pasa, y para este mundo que pasa.
Es
evidente que Jesús se sitúa en una actitud crítica frente a
todas las instituciones existentes en su tiempo. Forman parte
del mundo pervertido que pasará y no tienen, por lo tanto, ningún
valor eterno. Jesús es el revolucionario más ambicioso de todos
los tiempos, ya que no pretende crear nuevas estructuras, no
pretende acabar la explotación del hombre por el hombre, no
apunta a una sociedad nueva sin injusticias, sino que pretende
crear una nueva vida, un nuevo modo de existir absolutamente
impensable para el hombre, e imposible de alcanzar con sus solas
fuerzas: la vida divina.
Es cierto que comenzar a vivir esta nueva vida traerá, como
consecuencia, cambios profundos en las relaciones humanas y
posibilitará la creación de una nueva sociedad. Pero Jesús no
pierde el tiempo participando en una acción que encare la destrucción
de las estructuras corruptoras mediante la violencia. Él no
quiere desviar los corazones de su predicación que es el Reino
de Dios, que no es de este mundo. Se trata de un nuevo modo
de existir, insospechable para el hombre. Fue necesaria la Encarnación
del Hijo de Dios para que el hombre pudiera aceptarla. Así como
el mono jamás soñó en convertirse en hombre, la vida divina
que Cristo trae al hombre resulta tan desproporcionada a sus
apetencias terrenas, que Theilhard llama el salto mortal en
la línea de la evolución: el paso del hombre a la vida transhumana,
a la vida cristificada.
Jesús cambia en el culto todo lo que se opone a su radicalismo
escatológico, todo lo que atenta ya, entonces, contra la nueva
vida que anuncia, vida que supone el sano desarrollo en libertad
de la interioridad del hombre. Cristo acaba con el culto alienante
y exige un culto a Dios que se traduzca en la liberación real
del hombre. Por eso Pablo VI dice en su discurso de clausura
del Concilio del 7-12-71: "Nosotros, los cristianos, más que
nadie, tenemos el culto del hombre". Y dice verdad. Porque en
la enseñanza de Cristo, el modo no ilusorio, no tramposo de
glorificar a Dios, es el amor real y comprometido al hombre:
"Ustedes son mis discípulos, si se aman unos a otros".
Jesús no reniega de la tradición. Elimina de ella los elementos
que impiden captar con pureza la radicalidad de su mensaje.
Hoy sucede algo parecido con las corrientes renovadoras de la
Iglesia, que postulan la socialización de los medios de producción
y el advenimiento del socialismo. Buscan su apoyo en la auténtica
tradición de la Iglesia, desvirtuada en los últimos siglos por
el individualismo capitalista. Y esta auténtica tradición se
refleja ante todo en el Nuevo Testamento, que asienta por escrito
las vivencias de las primeras comunidades cristianas. Y allí
se ve que, desde el vamos, los primeros cristianos vivieron
en comunidad de bienes. Mientras resonaban con fuerza en sus
oídos las enseñanzas del Maestro, prescindieron de la propiedad
privada individualista. A medida que se fueron alejando de su
origen, este rigor hacia la propiedad individual fue desapareciendo,
aunque siempre en la historia de la Iglesia existieron comunidades
de hombres que mantuvieron una distancia radical frente a la
posesión de los bienes. Basta recordar a San Francisco de Asís.
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Padre Mugica, 1973, reportaje por la distribución de garrafas (9 min.) |
La actitud profundamente trascendente
de Jesús lo lleva a descartar todo lo que se oponga al mundo
directo de su mensaje escatológico, y lo llevó a enfrentarse
con los defensores de la letra de la ley y con los zelotes nacionalistas
sectarios. Porque Jesús viene a anunciar el plan divino no sólo
a Israel, aunque reconoce su peculiar ubicación en la redención,
sino a todos. De ahí que su fraternal apertura hacia los paganos
y samaritanos escandaliza a los judíos, y en particular a los
zelotas, cuyo odio al extranjero era ilimitado.
Cuando los hombres de hoy luchan por extirpar las clases que
dividen a los hombres en explotadores y explotados, y se oponen
al neocolonialismo y al imperialismo, están reconociendo en
la práctica, tal vez sin advertirlo, la fuerza del mensaje que
Cristo trajo hace dos mil años.
Los evangelios muestran con meridiana claridad que Jesús estigmatiza
sin piedad a los ricos y predica con inusitada violencia contra
la injusticia social. Jesús anuncia por un lado, que a la luz
del Reino que vendrá, la diferencia entre ricos y pobres es
contraria a la voluntad divina. Este juicio sobre el orden social
de su tiempo es, como tal, un juicio revolucionario. Pero Jesús
como ya dijimos, no apunta a voltear el orden social directamente.
El exige otra cosa de sus discípulos: cada uno debe aplicar
individualmente desde ahora las normas del Reino futuro. Cada
hombre, como individuo, debe ser cambiado por la ley del amor.
Jesús se preocupa por hacer desaparecer en el individuo el egoísmo,
el odio la injusticia, la falsedad.
Esta enseñanza de Jesús sigue siendo hoy indispensable. Si todos
los que hoy en la Argentina nos decimos cristianos, realizáramos
a fondo nuestra revolución interior, pasáramos de la injusticia
al amor, ciertamente que la configuración de nuestra sociedad
sería otra. Y no se daría, por ejemplo, el hecho escandaloso
de que solamente en Buenos Aires haya 120.000 departamentos
vacíos y más de 2.000.000 de personas viviendo en villas miseria
y conventillos. Sin hablar de "cristianos" con dos o tres casas,
que viven lo más "panchos", ignorando la situación de miseria
de sus hermanos en la fe.
Es cierto, como ya antes quedó señalado, que el Magisterio de
la Iglesia enseña que la conversión del corazón, para no ser
ilusoria, supone hoy una acción política eficaz que busque eliminar
las injusticias estructurales. Y que sea natural que una profunda
conversión del corazón lleve al compromiso revolucionario, que
busque acabar con la explotación del hombre por el hombre como
lógica consecuencia.
Ortega decía: "El hombre es él y su circunstancia". Después
de Marx, esto no puede ser ignorado por los cristianos. Y toda
la enseñanza actual de la Iglesia exige atender ciertamente
a la conversión personal, pero simultáneamente a "la circunstancia",
que en ciertas situaciones puede ser determinante de las actitudes
interiores.
Pablo VI señala en su Carta al Cardenal Roy, refiriéndose a
la insensibilidad social de los grandes empresarios, fruto de
su tren de vida: "Muchos involucrados en las estructuras y acondicionamientos
modernos están determinados por sus hábitos de pensamiento,
sus funciones, cuando no lo están, también, por la salvaguarda
de sus intereses materiales".
Es cierto, sin duda que la cuestión
se resolvería por sí misma si cada individuo se convirtiera
tan radicalmente como Jesús lo exige. Pero también es cierto
que el condicionamiento estructural puede penetrar hasta la
interioridad de la persona e imposibilitarla para el cambio
profundo. De ahí que hoy resulta inseparable en el cristiano
la conversión del corazón y la acción política que busca la
conversión de la sociedad.
Los primeros cristianos se tomaron en serio las enseñanzas de
Jesús. Por eso vivían en comunidad de bienes (Actos de Apóstoles
4,36-5,4). Y su testimonio hizo explotar la institución madre
de la opresión humana: la esclavitud.
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Jesús fue condenado a muerte
por Pilatos como rebelde político, como zelota. Su mensaje trascendente
resultó incomprensible, tanto para la mentalidad teocrática
y sectaria de los zelotas como para la mentalidad pagana de
los romanos, que se engañaron acerca de las verdaderas intenciones
de Jesús. Su esperanza escatológica, es decir, de la realización
plena del reino fuera del tiempo, llevó a Jesús a una actitud
agudamente crítica frente al poder romano que lo hizo aparecer
como zelota. Y los movimientos populares que suscitó su acción,
indudablemente aparecían, ante los ojos de los romanos, como
levantamientos contra el orden establecido.
El Sanhedrín, como lo muestra el evangelista Juan (Juan 11,48),
al advertir que el movimiento popular a favor de Jesús se agranda
día a día, toma la decisión de denunciarlo como rebelde político
a los romanos, para que la acusación no recayera sobre él.
Cullmann demostró en su momento, en Dios y el César que Pilatos
no se limita a ratificar una pena aplicada por los judíos os,
sino que es el que eficazmente juzga a Jesús. En Getsemaní es
la cohorte romana -y no los judíos- la que apresa a Jesús. Es
cierto que la responsabilidad moral le cabe al Sumo Sacerdote
y al partido del Sanhedrín (y no al conjunto del pueblo judío),
pero la responsabilidad jurídica corresponde exclusivamente
a los romanos.
Es cierto que Jesús es condenado por zelota, por revolucionario,
pero esta acusación de ninguna manera significa que Cristo fuera
realmente zelota, sino que su actitud trascendente, profundamente
religiosa, escapaba a toda posibilidad de comprensión por parte
de los paganos.
En los Evangelios se ve con claridad que Jesús elude los movimientos
populares que suscita con su acción, sobre todo cuando el pueblo
trata de hacerlo rey (Juan 6,15) y los zelotas perciben que
no quiere adherirse a su partido ni hacer cansa común con ellos.
Jesús se atribuye a sí mismo la profecía de Isaías, que presenta
al Mesías como el siervo de Jahvé, como un varón de dolores,
y considera como la tentación capital de su vida la de erigirse
como líder político. Esto queda sugerido en el episodio misterioso
de las tentaciones en el desierto. A la proposición del demonio
de constituirlo en rey señor del mundo, Jesús contesta: "Apártate,
Satán" (Mateo 4,10). Y se resiste a ser llamado Mesías. Prefiere
designarse a sí mismo como Hijo del Hombre. Es realmente significativo
que prefiera este título aun al de Hijo de Dios. Para los cristianos
que miran a Jesús con los ojos de la fe, éste es un índice más
de compromiso definitivo del Dios Hombre con los hombres. Cuando
se pretende usar la violencia para impedir su detención, se
opone enérgicamente. Y coherente con la afirmación de su mensaje
trascendente, responde a la pregunta de Pilatos: "Mi Reino no
es de este mundo.
Un elemento original de su mensaje, tal vez el más profundo,
coloca a Jesús por encima de los antagonismos de su tiempo.
El Amor a los enemigos. Es cierto que, de suyo, el amor al enemigo.
no excluye necesariamente el enfrentamiento, incluso violento,
con éste, en situaciones extremas, como se ha dado tantas veces
en la historia, pero Jesús traza las líneas ideales de conducta,
válidas para todos los tiempos y que suponen para el cristiano
en situación de lucha o aun de guerra una permanente tensión
de reconciliación.
Cuando El dice que no vino a traer la paz sino la espada, de
ningún modo está recomendando la guerra santa: constata que
la decisión que su mensaje exige de los hombres provoca disensiones
entre ellos y puede suscitar la persecución en sus discípulos.
La historia reciente y actual muestra cómo las palabras de Cristo
tienen plena vigencia. Luther King, el apóstol de la no-violencia,
es eliminado violentamente. Es que el mundo no puede soportar
el mensaje cristiano cuando se expresa con su fuerza original.
Las palabras de Jesús: "Si a mí me persiguieron, los perseguirán
a ustedes", son para siempre. Pueden dar buena fe de ellas los
laicos, obispos y sacerdotes de América latina, que por su fidelidad
al Evangelio sufren hoy las consecuencias de la violencia institucionalizada.
La
actitud de Jesús en el Evangelio es de una profunda unidad.
El quiere afirmar a fondo la trascendencia de su mensaje, su
originalidad en un mundo cerrado en la inmanencia. Sin embargo,
es fundamental tener en cuenta, como lo señala Cullmann, que
su actitud no puede ser traspuesta sin más a nuestros días.
Son muchos los teólogos que afirman hoy. Cullmann entre ellos,
que en la perspectiva de Jesús el fin del mundo era inminente
y, por lo tanto, poco importaba cambiar las estructuras de la
sociedad. Es importante entonces, como lo dijimos antes, no
absolutizar al Jesús histórico cuando lo buscamos como norma
para orientar nuestra actitud frente al compromiso político
y la revolución. Para los cristianos, Jesús es el Cristo resucitado
que, vivo y lleno de fuerza sigue conduciendo a su pueblo a
través de la Iglesia, de su Magisterio y de la Historia. El
cristiano de hoy, convencido de que estructuras injustas dificultan
la conversión del corazón, no debe olvidar jamás ,la necesidad
de la revolución interior.
En la Unión Soviética se ha realizado una revolución social
y económica, qué duda cabe. Pero la burocracia parasitaria que
impide al pueblo una real participación en el poder político
es una realidad indudable. Por más revolución social que se
propugne, y hoy es absolutamente indispensable encararla en
los pueblos del Tercer Mundo, será necesario realizar el proceso
interior de la conversión continua del odio al amor para buscar
el poder no para dominar sino para servir. Un no cristiano genial
de nuestro tiempo parece haberlo comprendido. Cuando Mao realiza
la revolución cultural y habla de la necesidad permanente de
revolucionar la revolución está postulando precisamente un cambio
hondo del corazón, como también lo exige Jesús.
Este trabajo de Cullmann es un aporte importante para la reflexión
de los cristianos, que hoy, tal vez con más seriedad que nunca,
asumen el compromiso político y la lucha revolucionaria porque
comprende que el Reino de Dios comienza ya en este mundo. Para
no falsear su testimonio será importante "o tener vergüenza
del Evangelio" (Epístola a los romanos, I, 16) que siempre,
en alguna de sus dimensiones, será considerado "locura" por
el mundo. Se trata de usar de las cosas de este mundo, buscando
su transfiguración, pero como "si no se las usara". Esta tensión
entre estar en el mundo luchando por la liberación del hombre
en todos los frentes. sin ser del mundo, sin hacer de esta instancia
terrena el destino definitivo, es lo que Cristo exige hoy al
cristiano, y éste es el desafío que debe asumir sin claudicaciones
para ser la sal de la tierra, más allá de su fragilidad e impotencia
"NUNCA MAS QUE AHORA DEBEMOS ESTAR UNIDOS JUNTO AL PUEBLO"¿Hasta cuándo habrá asesinatos
impunes?
Es la pregunta que brota cuando se secan las lágrimas y la indignación
se hace reflexión amarga. ¿Por qué nunca se descubren estas
muertes? ¿Quién es cómplice de los criminales? Porque nada logró
saberse para condenar ni a los asesinos del obrero Vallese ni
del empresario Sallustro, ni del sindicalista Rucci ni del general
Aramburu, ni del interminable catálogo de muertes que se engrosa
todos los días. Se ha instalado como una costumbre la aplicación
de la pena de muerte. En algún lugar del país una conspiración
de desconocidos aplica un concepto muy particular de su justicia.
AYER RUCCI, HOY MUGICA, ¿MAÑANA?
¿Qué defensa hay contra los asesinos? Ninguna. Por eso matan.
Porque es fácil. Es cuestión de elegir la víctima y apretar
el gatillo. De nada sirven la ley ni las instituciones. Estamos
al arbitrio de los encapuchados, los dueños de la libertad y
la muerte. Por momentos es un ping-pong trágico entre activistas
de ultras de un lado y de otro. Pero casi siempre prefieren
los del medio. En eso los extremos se tocan. "Como ya lo hemos
afirmado en dos ocasiones anteriores (30 de setiembre y 23 de
enero último), hoy los hechos de violencia, realizados por individuos
o grupos, no pueden, en manera alguna, pretender la menor justificación
política, ni mucho menos moral", explicaron los sacerdotes para
el Tercer Mundo en un documento dado a conocer hace un par de
semanas.
LA VIOLENCIA NO TIENE JUSTIFICACIÓN POLÍTICA MORAL.
¿Quién carga las armas?
E| demonio, como previene un refrán popular. El papa Benedicto,
que murió al par de semanas de iniciarse la Primera Guerra Mundial,
rechazó indignado a quien le pidió que dijera su bendición ante
un envío de armamentos: "Nunca bendeciré la guerra". En la Argentina
se ha jugado mucho sin tener presente la sabia advertencia de
que "el demonio carga las armas". Y en esta hora del desarme
no faltan quienes se agarren de sus bombas o metralletas como
de sus argumentos de mayor peso. En un debate de ideas las queremos
terminar a balazos. Como la vida del padre Mugica, que no tenía
más "ferretería" que el signo de la cruz, del hombre que al
sacrificarse por la humanidad provocó el cambio más trascendente
sin más fuerza que el amor.
LAS ARMAS LAS CARGA EL DEMONIO.
¿Por qué se habla tanto de violencia? Está de moda. Es fácil.
No exige pensar. Estamos en la cómoda. En una actitud nihilista
más propia de chicos malcriados y neuróticos que de adultos
comprometidos con la grandeza que debemos al país. La conversación
de todos los días está infectada de términos bélicos, de disposiciones
tácticas o estratégicas, de un lenguaje más propio de militares
que de civiles. Es la sofisticación de la guerra. Que siempre
es menos difícil y ardua que la paz. Preferimos los mártires.
Adoramos el luto. Estamos enceguecidos por el negro.
DECLARAMOS
LA GUERRA A LOS QUE HABLAN DE GUERRA.
Meditación
en la villaPor Carlos Mujica, 1972 SEÑOR, perdóname por haberme acostumbrado a ver que los chicos que parecen tener ocho años tengan trece; SEÑOR, perdóname por haberme acostumbrado a chapotear por el barro; yo me puedo ir, ellos no; SEÑOR, perdóname por haber aprendido a soportar el olor de las aguas servidas, de las que me puedo ir y ellos no; SEÑOR, perdóname por encender la luz y olvidándome de que ellos no pueden hacerlo; SEÑOR, yo puedo hacer huelga de hambre y ellos no: porque nadie hace huelga con su hambre; SEÑOR, perdóname por decirles "no solo de pan vive el hombre" y no luchar con todo para que rescaten su pan; SEÑOR, quiero quererlos por ellos y no por mi. Ayúdame. SEÑOR, sueño con morir por ellos: ayúdame a vivir para ellos. SEÑOR, quiero estar con ellos a la hora de la luz. Ayúdame. |
¿Qué dijo Mugica en los últimos días? El viernes, a última hora,
entregó en la redacción del diario "La Opinión" un artículo
para reafirmar el liderazgo de Perón y explicar la apelación
de los sacerdotes del Tercer Mundo, para que la juventud no
se apartara del proceso justicialista. El padre Mugica pidió
que no se postergara la publicación de ese articulo. Estas palabras
fueron el último testimonio periodístico de la posición del
sacerdote:
"Con la doctrina de la Iglesia hemos sostenido que la violencia
aneja a la insurrección revolucionaria puede, en algunas circunstancias
y bajo precisas condiciones, ser legitima. Hoy son precisamente
las circunstancias las que han variado fundamentalmente: el
pueblo se ha podido expresar libremente, se ha dado sus legítimas
autoridades, que van dando los pasos necesarios para la total
institucionalización del país". "LA JUVENTUD ESTA EN UNA ENCRUCIJADA:
OPTAR POR LA REVOLUCIÓN NACIONAL, QUE SE NUTRE DE NUESTRA ESENCIA
CRISTIANA Y POPULAR..., U OPTAR POR EL SOCIALISMO DOGMÁTICO..."
¿Lo mataron por motivos ideológicos? No. Pero es útil saber
cómo opinaba últimamente el sacerdote asesinado. Conviene conocer
el pensamiento actualizado de Mugica, un sacerdote que -como
siempre lo dijo- acató el pensamiento del Tercer Mundo "en comunión
con los obispos". Pero, se insiste, no es un asesinato ideológico.
En estos momentos, tanto la víctima como los sectores a quienes
se pretenda endosar el asesinato son igualmente destinatarios
de una violencia que los trasciende y que está más allá de los
intereses mayoritarios y nacionales.
LAS IDEAS NO SE MATAN.
Y ahora ¿qué?
A trabajar, como siempre. A mantener la cabeza fría mientras
las circunstancias hierven. A no hacer lo que nuestros enemigos
nos quieren empujar a realizar. Este rosario de muertes para
provocar tiene que tener un sentido totalmente inverso al que
pretenden. Por encima de nuestros muertos, de cualquier bando,
tenemos que estar unidos para respetar no sólo el mandato de
hermandad de todas las religiones sino el explícito pronunciamiento
de las urnas en marzo y setiembre de 1973.
E| pueblo votó por la paz.
El pueblo está haciendo lo imposible para conservar la paz.
Se necesita mucho coraje para no perder la calma y dejarse llevar
por la bronca, arrasando lo que está delante nuestro. Pero sería
un blanco equivocado. Actuaríamos como proyectiles involuntarios
de los asesinos. Destruiríamos lo nuestro.
Porque es muy fácil hablar de guerra civil, de violencia, de
la sangre como partera de la historia.
Pero nada es más cruel que la guerra entre hermanos.
Mugica lo comprendió. Y después de haber levantado muchas veces
la voz para proclamar la fuerza de sus ideas políticas, sus
reflexiones lo mostraron buscando un camino pacífico para llevarlas
a la realidad.
Hubo oportunidades en que Mugica les dio armas a sus propios
enemigos, en que alimentó la intolerancia con su propia precipitación
de padre "Carlitos", pero en última instancia no era más que
la violencia de las ideas.
Nunca cruzó el límite. Quiso ser fermento pero no coágulo de
sangre helada.
Su polenta juvenil pudo haberle traído adversarios pero nunca
enemigos. A veces predicó con la irritación del Evangelio ante
la injusticia, pero no perdió de vista la trascendencia de su
ministerio como palabra de Dios en la Tierra.
En la tribuna de fútbol, donde su simpatía por Racing le hizo
perder muchas veces la calma, cuando terminaba el partido se
iba dialogando con los que en el tablón pudieron tener fanatismo
por el otro cuadro. Porque quería contagiar su pasión. Así en
la Tierra como en el Cielo. Por eso fue popular en la cancha,
en la villa, en la capilla Cristo Obrero. Por eso lo mataron.
AMEN.
Fuente: www.magicasruinas.com.ar
La
Iglesia y el peronismo
En momentos en que el pueblo argentino se prepara
a vivir lleno de gozo el acontecimiento histórico del regreso definitivo del
general Juan Domingo Perón a la Patria es importante advertir la actitud de
numerosos católicos que, insertados en la lucha por la liberación nacional se
unen a esta gran alegría.
Si históricamente hubo algún desentendimiento entre
la Iglesia y el peronismo, desentendimiento que en realidad abarcó solamente
a sectores de ambos lados, éste se debió, más allá de los errores fruto de actitudes
personales, a incomprensión por parte de hombres de la iglesia del sentido profundamente
liberador del movimiento popular. Se debió a que algunos de nosotros en lugar
de analizar la realidad desde el pueblo, desde los pobres como lo manda Jesús
en el evangelio, infectados por una mentalidad elitista lo veíamos todo desde
una óptica oligárquica. Y claro que para la oligarquía el peronismo era el desastre,
la hora de los "negros".
Pero para los hoy mis queridos cabecitas el peronismo
fue, es y será, si continúa fiel a sus esencias y desarrolla su entraña revolucionaria,
el movimiento de redención social más formidable que ha conocido nuestra Patria.
Cristo nos enseña en el evangelio que el modo no
ilusorio, no engañoso de estar cerca de El, es estar junto a los hombres. Amar
a Cristo es amar a los hombres. Por eso San Juan de la Cruz dice que al atardecer
de la vida seremos juzgados en el amor. Cristo en el evangelio se identifica
sin más con el prójimo, con el otro y por eso hace depender la suerte eterna
del hombre del amor real, concreto y eficaz que haya tenido con su hermano.
"Vengan conmigo benditos de mi padre porque tuve hambre y me dieron de comer,
tuve sed y me dieron de beber, estuve desnudo y me vistieron... Apártense de
mí, malditos, porque tuve hambre y no mecieron de comer tuve sed, no mecieron
de beber, estuve desnudo y no me vistieron" (Mateo 25, 30-46).
Hoy los cristianos hemos comprendido que esta exigencia
del amor no sólo tiene una dimensión personal sino también una dimensión estructural.
Tengo que amar no sólo a nivel de individuos sino a nivel de pueblos. Y fue
a nivel de pueblo que él peronismo a través de su paso por el gobierno realizó
el mandato evangélico del amor real y verdadero a los humildes. Basten pocos
ejemplos: 900.000 viviendas, leyes sociales que levantaron a los humildes de
su situación de explotación inhumana y posibilitaron que el pueblo trabajador
se fuera poniendo de pie. La gigantesca obra social realizada por la Fundación
Eva Perón bajo la sobrehumana conducción de la inolvidable Evita, etc., etc.
Por
eso es importante que hoy los cristianos, después de lavarnos la cabeza de tanta
influencia laicista y liberal nos integremos en este proceso histórico que se
ha iniciado en la Patria el 25 de mayo, no para traer agua para nuestro molino
pretendiendo servirnos de algún trozo del poder para nuestras obras, sino haciéndonos
pueblo, luchando con austeridad, honestidad y grandeza junto a los humildes
por la liberación nacional. Es decir, asumir el ejemplo de Cristo que no vino
a ser servido sino a servir y dar la vida por sus hermanos.
Ya es inminente la llegada del jefe del movimiento
del pueblo. En esta hora histórica vale la pena recordar a través de sus palabras,
que a veces los católicos hemos olvidado la definición que él nos ha dejado
de la naturaleza del justicialismo en su mensaje al Congreso de 1952:
"A lo largo de este mensaje he analizado las
realizaciones más concretas de mi Gobierno en materia social. Y movido tal vez
por un afán de mostrar resultados evidentes, he insistido demasiado en las realizaciones
materiales. Debo advertir que esto no significa que, en la escala de valores
de nuestra doctrina, los bienes materiales tengan prioridad sobre los demás
valores del hombre y la sociedad. De ser así nos pondríamos a la misma altura
de los sistemas que han creado la caótica situación del mundo en que vivimos."
"En nuestra doctrina los valores económicos son
solamente medio y no fin de la tarea humana, la cual, para quienes aceptamos
y reconocemos en el hombre valores externos y espirituales, entraña un destino
superior. Los bienes económicos son tan sólo la base material de la felicidad
humana, así como el cuerpo es instrumento de la actividad del alma."
"Nosotros
procuramos la elevación moral de nuestro pueblo virtuoso e idealista y el desarrollo
en su seno de una vigorosa vida espiritual. Sabemos demasiado bien por la experiencia
de los años pasados bajo la explotación capitalista, que todo eso es muy difícil
cuando la vida de la comunidad no se desenvuelve en un ambiente de cierto bienestar
material. Pero sabemos también que el bienestar material de las naciones ha
sido muchas veces en la historia la causa de grandes desgracias, de fatales
decadencias. Porque cuando un pueblo se propone asumir en la historia un destino
superior tiene que poseer profundas reservas espirituales, si no quiere causar
a la humanidad más desgracias que beneficios."
"Creo que el pueblo argentino tiene un destino
extraordinario que realizar en la historia de la humanidad y ésta será mejor
o peor en la medida en que nuestro pueblo sepa cumplir con su deber histórico."
"Pero el éxito dependerá de las fuerzas espirituales
que posee nuestro pueblo al enfrentarse con su propio destino."
"Me permito hacer en este momento un llamamiento
a todos los que, de una y otra manera, tienen sobre sí alguna responsabilidad
en la formación moral y espiritual de nuestro pueblo. Nosotros hemos creado
todas las condiciones materiales necesarias para que un pueblo satisfecho pueda
pensar en las tareas y actividades superiores del espíritu, y las hemos favorecido
y fomentado en todos los grados de su escala."
"Es necesario que cumplan ahora con su deber
los responsables directos de la educación y de la formación moral y espiritual
de nuestro pueblo, pensando que sobre ellos descansa también, el mayor o menor
grado, la felicidad del mundo venidero."
"Semejantes tareas, sin sentido para los que
no ven en todo nada más que el resultado de fuerzas económicas y materiales,
tienen fundamental importancia para nosotros, para quienes seguimos creyendo
en los destinos
La
Iglesia perseguida
[Del libro "Iglesia y Dictadura" de Emilio F. Mignone, capítulo 8]
Instrumentación de la Iglesia
Las fuerzas armadas llevaron adelante una política muy elaborada con respecto a
la Iglesia católica, por la complejidad de los objetivos fijados.
De acuerdo con sus parámetros ideológicos, la dictadura quería destruir los sectores
posconciliares de la Iglesia. Para esta finalidad no escatimó medios, utilizando
el terror, la tortura y el crimen. Al mismo tiempo necesitaba evitar conflictos
con el episcopado y trataba de utilizar a su favor la estructura eclesiástica.
De esta manera, la Iglesia católica argentina sufrió un verdadero martirologio,
negado por sus máximas autoridades. ¡Curioso caso de una Iglesia que niega a sus
mártires!
Esta estrategia surge no solamente de los hechos sino también de las directivas
secretas de los comandos del ejército y la aeronáutica, remitidas por el ministerio
de Defensa a la causa "Giorgi", que tramitó por el juzgado federal de San Martín,
provincia de Buenos Aires y dadas a conocer por los letrados del CELS.
"Dichas pautas o normas de acción –dice un documento del comando en jefe de la fuerza
aérea–, han sido analizadas y adoptadas como más convenientes, de acuerdo con la
opinión de los ministerios nacionales y como corolario de gestiones celebradas con
autoridades del más alto nivel de la Iglesia católica. (1)
¿En qué consisten tales indicaciones? Están contenidas en forma circunstanciada
en el anexo 5 (ámbito religioso) de la directiva del estado mayor del ejército 504/77,
que lleva la firma del general Roberto E. Viola, agregada al expediente antes mencionado.
"El ejército –expresa–, accionará selectivamente sobre organizaciones religiosas...
en coordinación con organismos estatales... para prevenir o neutralizar situaciones
conflictivas explotables por la subversión, detectar y erradicar sus elementos infiltrados
y apoyar a las autoridades y organizaciones que colaboran con las fuerzas legales".
"Iniciado el PRN (Proceso de Reorganización Nacional) –agrega–, si bien no hay una
participación activa de la Iglesia, la misma se manifiesta mediante la comprensión
y aceptación de los principios básicos enunciados, sin dejar e advertir sobre ciertos
aspectos y puntualizar sobre determinados errores que podrían llegar a afectar el
apoyo al mismo".(2)
El
documento continúa: "la existencia de una corriente de sacerdotes progresistas con
algunos de sus integrantes enrolados con el oponente y otras de renovadores, no
puede condicionar el alto concepto del clero argentino ni justifica un alejamiento
de la Iglesia, tan necesario para la consecución de los objetivos básicos... Las
características con que debió encararse la LCS (Lucha contra la Subversión) produjeron
secuelas que, en forma de denuncias diversas, el oponente condujo hábilmente hacia
la Iglesia, para colocarla en el compromiso de cumplir su misión pastoral de defensa
de todos aquellos principios que son esencia de la doctrina cristiana, enfrentando
al gobierno nacional y a las FF.AA. ... Esta situación se agravó circunstancialmente
con algunos hechos fortuitos que afectaron a miembros del clero, particularmente
como consecuencia de la ejecución de ciertas operaciones, que no fueron acertadas
pero sí justificadas... También en el orden internacional los hechos señalados tuvieron
su repercusión negativa, proyectando al exterior una imagen del país totalmente
distorsionada y produciendo una reacción del Vaticano que en nada favorece al PRN
y a las FF.AA.".(3)
Como procedimiento, la directiva promueve "un acercamiento mediante el diálogo y
la cooperación constructiva con las distintas diócesis de la Iglesia católica en
todos los niveles eclesiásticos, para revertir la situación señalada y lograr la
comprensión y el apoyo del clero... que permita aprovechar la acción persuasiva
que puede llevar a cabo la Iglesia católica... Este diálogo, objetivo indispensable
a ser alcanzado para el cumplimiento de la finalidad impuesta, no deberá limitarse
sólo a nivel de los comandos de zona, subzona o jefatura de área.(4), con los arzobispos
y obispos. Obviamente deberá ser extendido hasta las jerarquías más subalternas...
Paralelamente el estrecho acercamiento que se pretende en todas las diócesis a fin
de obtener un apoyo sin retaceos en la LCS, permitirá detectar problemas de carácter
subversivo en los que están o pueden estar involucrados miembros del clero... Dichos
problemas, por más importantes que sean, no deberán convertirse en cuestiones irritativas
que los transformen en factores de gran repercusión. Por el contrario, se los manejará
con mucho tacto y serán derivados cuanto antes a los niveles superiores. para lograr
las soluciones adecuadas.. Los capellanes de la Fuerza tendrán en este accionar
gran relevancia como asesores y actores de ese acercamiento".(5).
Ofrece igualmente interés la estrategia diseñada por la fuerza aérea frente a los
problemas planteados por eventuales documentos de la Iglesia o de algunos de sus
sectores. "Estas actitudes públicas de eclesiásticos -dice el documento antes mencionado,
que lleva la firma del brigadier Teodoro G. Waldner-, pueden ocasionar fisuras,
fricciones o una atmósfera negativa a los fines del PRN... También se han presentado
diferendos a raíz de ciertas publicaciones que reconocen origen en ciertos sectores
de la Iglesia católica y que pueden lesionar el necesario clima de convivencia".(6).
Se enumeran luego las "Capacidades del Enemigo", entendiendo por tal a la Iglesia.
"Por su carácter confesional -continúa- la Iglesia católica difícilmente pueda desarrollar
actividades de oposición frontal, sin embargo, pueden asignársele las siguientes
capacidades... Brindar por medio de documentos y declaraciones, las bases de crítica
a ser utilizadas por las entidades intermedias en oposición al gobierno nacional...
Apoyo, especialmente de los sectores progresistas, de las campañas desarrolladas
por las organizaciones de solidaridad... Facilitar la acción de grupos de interés
para que reuniones y actos religiosos puedan poseer o revertir connotaciones políticas
o sociales (celebración de San Cayetano).(7)
Los párrafos transcriptos y subrayados no requieren mayores comentarios. Confirman
las tesis desarrolladas a lo largo de este libro acerca de la colusión de gran parte
de la jerarquía eclesiástica con las fuerzas armadas.
Implican también un reconocimiento de crímenes -"consecuencia de operaciones que
no fueron acertadas pero sí justificadas"- como el de los sacerdotes palotinos y
de Chamical, en los cuales las autoridades militares negaron su participación.
Señalan, por último, que la Iglesia fue instrumentada por la dictadura militar para
el logro de sus fines políticos y socioeconómicos. El episcopado se dejó instrumentar,
lo que implica un acuerdo táctico en el cual uno de los aliados se pone al servicio
del otro.
Los autores del documento castrense advierten con claridad que los métodos represivos
colocan a la Iglesia "en el compromiso de cumplir su misión pastoral de defensa
de los principios que son esencia de la doctrina cristiana". Las directivas tienden
'a impedir que esa obligación se cumpla, evitando un enfrentamiento. El objetivo
se alcanzó plenamente.
La Iglesia perseguida
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A partir de la década de 1970, las fuerzas armadas pusieron su mira en los sectores
progresistas de la Iglesia católica considerándolos subversivos. En esa época, tienen
lugar frecuentes conflictos particularmente con las diócesis de Neuquén, La Rioja
y Goya, cuyos obispos, Jaime de Nevares, Enrique Angelelli y Alberto Devoto-, eran
vistos con desconfianza.
He relatado en el capítulo primero el diferendo que se suscitó entre de Nevares
y el presidente de facto Lanusse con motivo de una huelga en el Chocón. Al referirme
a la trayectoria de monseñor Angelelli expondré una situación similar.
Hay un alivio en 1973, pero al año siguiente comienza una sangrienta persecución
religiosa, como nunca habla conocido la Iglesia argentina. Hasta el 24 de marzo
de 1976 los crímenes cometidos aparecen signados por el misterio y realizados por
la triple A (Alianza Anticomunista Argentina), cuya creación se atribuye a José
López Rega.
Sin negar las actividades delictivas impulsadas por ese personaje, estoy convencido
que los ataques contra sacerdotes y otros miembros de la Iglesia fueron concebidos
y ejecutados por los servicios de inteligencia de las fuerzas armadas, que comenzaron
a actuar clandestinamente mucho antes del golpe de estado militar. La llamada triple
A no era más que la cobertura de la represión ilegal desatada por los mandos castrenses,
con la colaboración de algunos civiles que integraban las bandas organizadas por
éstos. Lo prueba el hecho que el 24 de marzo de 1976 la triple A desapareció como
por arte de encantamiento. Los asesinatos se siguieron cometiendo, en su mayoría
como secuela de desapariciones, pero el disfraz ya no era necesario,
Por esa razón mi análisis abarcará el periodo 1974-1983. El saldo del acosamiento
es impresionante y constituye un capitulo dramático de la historia de la Iglesia
del cual no existe conciencia pública por el silencio del episcopado, que no ha
dado a conocer una reseña de lo ocurrido ni el nombre de sus mártires.(8)
Para realizar el resumen que sigue he confrontado distintas investigaciones; no
siempre concordantes (9). Surge de las mismas que entre 1974 y 1983, fueron asesinados
o desaparecieron definitivamente 16 sacerdotes católicos. Algunas de las fuentes
consultadas incluyen además a José Colombo. Con éste la cifra ascendería a 17. No
los incluyo, sin embargo, porque carezco de datos confirmatorios.
Son los siguientes:
-Carlos Francisco Mugica, asesinado en Buenos Aires el 11 de mayo de 1974.
-Carlos Dorniak, asesinado en Bahía Blanca el 21 de marzo de 1975.
-Nelio Rougier, detenido en Córdoba en 'setiembre de 1975. Desaparecido.
-Miguel Angel Urusa Nicolau, detenido en Rosario el 10 de enero de 1976. Desaparecido.
-Francisco Soares, asesinado en Tigre al igual que un hermano inválido a su cargo,
el13 de febrero de 1976.
-Pedro Fourcade, detenido el 8 de marzo de 1976. Desaparecido.
-Pedro Duffau, asesinado en Buenos Aires el 4 de julio de 1976.
-Alfredo Kelly, asesinado en Buenos Aires el 4 de julio de 1976.
-Alfredo Leaden, asesinado en Buenos Aires, 4 de julio de 1976.
-Gabriel Longueville, asesinado en Chamical, La Rioja, el 18 de julio de 1976.
-Carlos de Dios Murias, asesinado en Chamical, La Rioja, el 18 de noviembre de 1976.
-Héctor Federico Baccini, detenido en La Plata el 25 de noviembre de 1976. Desaparecido.
-Pablo Gazzari, detenido en Buenos Aires el 8 de abril de 1977. Desaparecido.
-Carlos Armando Bustos, detenido en Buenos Aires, el 8 de abril de 1977. Desaparecido,
-Mauricio Silva lribarnegaray, detenido en Buenos Aires el 14 de junio de 1977.
Desaparecido.
-Jorge Adur, detenido el 7 de enero de 1980. Desaparecido.
A esta lista habría que agregar la del sacerdote salesiano reducido al estado laical,
José Tedeschi, detenido el 2 de febrero de 1976 en una villa de emergencia denominada
Itatí, en la localidad de Bernal. Su cadáver apareció unos días más tarde con señales
de haber sido torturado. En cuanto a Héctor Federico Baccini, que figura como profesor
de música en la lista de la A.P.D.H., tenía en trámite su reducción al estado laical.
Hay que sumar igualmente a la nómina los obispos Enrique Angel Angelelli, de La
Rioja y Carlos Ponce de León, de San Nicolás de los Arroyos. Ambos fallecieron en
sendos accidentes automovilísticos ocurridos, respectivamente, el 4 de agosto de
1976 y el de julio de 1977.
Con respecto al primero el juez actuante en la causa -como se verá en las páginas
que siguen-, ha calificado el hecho de homicidio calificado. En cuanto al segundo
existen igualmente fuertes presunciones de que se trata de un asesinato.
Tenemos en consecuencia un total de 19 ordenados, eliminados físicamente.
En ocasión del asesinato de monseñor Angelelli, ocurrido el 4 de agosto de 1976,
el ministro del Interior Albano Harguindeguy informó que había 10 sacerdotes presos.
Según los datos que he podido recoger serían los siguientes: Francisco Gutiérrez,
Hugo Mathot, Gianfranco Testa, Silvio Liuzzi, Elias Musse, Raúl Troncoso, Francisco
Javier Martín, René Nievas, Joaquín Núñez y Omar Dinelli. Este último fue liberado
el mismo año y se exilió en Francia. Los restantes sufrieron largos años de prisión.
Fueron detenidos, torturados, liberados y expulsados del país -o prefirieron exiliarse-
los clérigos Néstor García, Patricio Rice, José Czerepack, Orlando lorio, Santiago
Renevot, Rafael lacuzzi, Julio Suan, Bernardo Canal Feijóo, Luis López Molina, Jaime
Weeks y Francisco Jálics, es decir un total de 11. lacuzzi regresó al país pero
ha debido salir nuevamente por un proceso pendiente en la justicia federal de la
capital federal. Rice es secretario ejecutivo de la Federación de Familiares de
Desaparecidos de América Latina, FEDEFAM, con sede en Caracas, Venezuela; lorio
está incardinado en la diócesis de Quilmes y Jálics, de origen húngaro, ha permanecido
con la Compañía de Jesús en Alemania del Oeste. Weeks, estadounidense, desarrolla
su labor pastoral en la República Dominicana.
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"La opción por el socialismo" En marzo del 2002, Liliana Daunes y Claudia Korol realizaron una entrevista con Miguel Ramondetti, quien fue uno de los pioneros de la Teología de la Liberación, en la Argentina, y fundador del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, MSTM. Miguel Ramondetti falleció a los 80 años el 28 de febrero de 2003. Liliana y Claudia (L y C): "Quisiéramos que nos cuente los orígenes en la Argentina del Movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo." Miguel Ramondetti (MR): La clave de la cuestión históricamente comienza a fines de la Segunda Guerra Mundial. Varios sacerdotes franceses, algunos alemanes, belgas, les tocó ser sobrevivientes de los campos de concentración nazi. A la vuelta vienen transformados. Fue un brutal contacto con la realidad del mundo del que estaban lejos, por la forma en que vivían su ministerio. De golpe se encuentran en un campo de concentración, como concentrados, no como capellanes de los nazis. A la vuelta, un grupo de gente más inquieta, se plantea su relación con el mundo del trabajo. Ahí surgen sacerdotes obreros, sobre todo en París. Sacerdotes trabajando y que vivían en condiciones obreras reales. Vuelvo al país en el 52 (en el 47 me mandaron a completar estudios a Roma adonde fue ordenado sacerdote ) y me incorporo como cura a una parroquia de Chacarita. Yo me embarqué mucho con la problemática de los sacerdotes obreros. En mi caso era una especie de fidelidad de clase, porque yo había salido de una fábrica para entrar al seminario, entonces sentía que ése era mi camino. Cuando el Concilio estaba por terminar, llegamos al conocimiento de que se había publicado un documento en las márgenes del Concilio. No era un documento conciliar, sino de un grupo de 18 Obispos, la mayoría brasileños, liderados por Helder Cámara. Este documento nos impactó mucho, porque venía a confirmar algo que nosotros empujábamos desde nuestros grupos dentro del clero en la Argentina. Hacen lo que llamamos acá con un término a la moda entonces, la opción por el socialismo. Cuando nosotros leímos ese documento dijimos "es la nuestra". Lo que sosteníamos tímidamente estaba respaldado por la firma de 18 obispos a nivel mundial. Así llegamos a fines del 67, que es cuando comienza esta problemática que va a ser después la organización de los sacerdotes por el Tercer Mundo. L y C: ¿Fue el Obispo Devoto[1] quien le entregó el documento de los 18 Obispos? MR: Sí, él entregó el documento. En el 67, decido irme al interior a ejercer el sacerdocio. Tenía que ir con alguien que me conociera para poder trabajar como obrero y trabajar en un barrio. Yo pensé entonces "Devoto, ¿quién otro va a ser que me aguante de esa manera?" Voy a verlo y durante la conversación él me entrega ese folleto, que era el documento de los 18 Obispos. Entre los Obispos firmantes no había ningún argentino... Yo vengo con el texto del documento a Buenos Aires. Yo venía loco. Nunca me hubiera imaginado. Al primer sacerdote que encontré fue a Rodolfo Ricciardelli. Eufóricos empezamos con el operativo de conseguir adhesiones de sacerdotes argentinos. Mandamos cartas, recibimos respuestas rápidas, positivas, empujadoras, porque nos decían "tenemos que reunirnos". L y C: ¿Cómo se llegó a la idea de constituir un Movimiento? MR: Publicamos el documento y empezamos a preparar una reunión. En mayo del 68 ya estábamos reunidos en Córdoba. Éramos 23, 24 curas, pero representativos de grupos de firmantes. En esa reunión, la resolución más importante fue elaborar una carta a los Obispos latinoamericanos que estaban por reunirse en Medellín, en la Asamblea de Obispos latinoamericanos. Nosotros teníamos una inquietud: el tema de la violencia era "el tema" entre la militancia. Empezaban los movimientos guerrilleros. Estaba en pleno auge la experiencia cubana, la muerte del Che. Se aprobó la redacción de un documento dirigido a los Obispos: insistíamos en que la violencia era preexistente a toda reacción del pueblo frente a su situación. El documento fue firmado por 500 sacerdotes argentinos y más de 400 del resto de América. Bueno, el documento llegó y dio su resultado. En los documentos que emitió la Conferencia de Medellín veíamos muy reflejado nuestro documento. L y C: ¿Cuál fue la actitud de los Obispos argentinos en Medellín? MR: Había una minoría de Obispos más abiertos, entre los que estaba Alberto Devoto, y cinco o seis que hacían punta. Eran minoría. Habría 10, entre 80 o 90. L y C: ¿Cuáles son las características a su entender específicas del Episcopado argentino? MR: Siempre fue el más retrógrado, junto con el colombiano en América Latina. L y C: Ustedes analizaron las causas de esto? MR: Yo creo que tiene que ver con lo que es el pueblo argentino. No hay que olvidarse de nuestra inmigración, estamos más arraigados a la estructura eclesiástica europea. L y C: ¿Cómo continuó el movimiento? MR: Bueno, el grupo inicial se fue depurando. Algunos adherían en el momento de euforia. Pero el núcleo que quedó era relativamente grande -grande por ser curas-: un grupo de 300 personas y teníamos acceso a la opinión pública. El grupo guardaba una diversidad en cuanto a práctica de vida. Había gente que trabajaba en fábrica, otros que estaban en parroquias o en colegios. Otros buscaron esa forma de inserción mucho más directa con la realidad de la pobreza o de la problemática social, y eso era lo que nos hacía vibrar. En el primer encuentro cada uno fue aportar un informe de la situación dentro de cada lugar. Había una gran riqueza, porque veníamos de formas representativas de lo que era el problema social de la época. Todo eso nos daba pie a ilustrarnos a nosotros mismos, a tomar conciencia del país. Hubo campañas desde nuestra vivencia y situación de vida dentro de la misma Iglesia. Aquella campaña de Navidad donde adhirieron varios obispos que no celebraron la misa de Navidad como protesta. Fue unos días después del Cordobazo[2]: nos reunimos con los curas cordobeses que habían participado e inmediatamente publicamos un documento que tenía bastante trascendencia porque los medios lo tomaban. L y C: ¿Qué Obispos apoyaron al Movimiento? MR: Devoto era uno. Angelelli[3] nos apoyaba totalmente. Yo siempre cuento una anécdota: La primera vez que fui a La Rioja para hablar con Angelelli el me dice así: "Mirá, acá hay movimiento de curas del Tercer Mundo, pero yo te tengo que avisar de entrada que el Movimiento de curas del Tercer Mundo en La Rioja es riojano". Me pareció genial, porque nadie pretendía otra cosa, además. No queríamos que fuese porteño. L y C: ¿Toda la gente que estaba con él estuvo vinculada al movimiento? MR: No. Tenía su grupito. No hubo ninguna Diócesis donde los curas del Tercer Mundo fueran mayoría, no pasábamos del diez por ciento. Con De Nevares también estábamos bien. Los curas de Neuquén podían obrar mucho más libremente que los de Rosario donde estaba Tortolo, que era además capellán militar y jugó un papel siniestro durante la dictadura militar. L y C: ¿Qué relación tuvieron con los movimientos sociales y políticos de su tiempo? En cada lugar, en cada situación fue de manera diferente. Las Ligas Agrarias, por ejemplo, surgen del movimiento rural que era oficialmente católico, mas después fue un movimiento reivindicativo, de tipo sindical en el campo. Yo estaba en un barrio marginal de Goya adonde la inmensa mayoría de los habitantes eran tabacaleros. Hubo épocas en que ellos hacían movimiento, paros, manifestaciones, etc y recibían todo nuestro apoyo. L y C: Cuando se forman las organizaciones de movimientos armados, ¿Eso genera diversidad de posicionamientos? MR: Hubo una minoría de compañeros que se integraron en algunas de esas organizaciones. No sé hasta qué punto. Yo nunca averigüé si empuñaron armas o no. A nadie se le ocultó que Rafael Yacuzzi formó parte directa de Montoneros. Había también algunos en el ERP pero dentro de la organización no sé qué niveles tenían. L y C: Aquel tiempo histórico estuvo atravesado por el debate sobre el peronismo. ¿Cómo los afectó? MR: Esa fue una problemática interna seria, que tiene que ver con la desaparición del movimiento. Nosotros habíamos surgido como opción por el socialismo. Cuando se euforiza el país, con la posible vuelta de Perón, esa conmoción repercute directamente en el movimiento. Los que solicitaban un cambio argumentaban que el socialismo para la Argentina de ese momento se llamaba peronismo. Pero el peronismo implicaba muchas cosas. No era lo mismo decir peronismo en la Argentina, que decir socialismo. L y C: ¿Cómo fue el debate interno? MR: Se plantea el Encuentro de Santa Fe. Hubo un debate bastante a fondo de todo eso. No se llegó a consenso, hubo que apelar al voto. En la votación quedamos en minoría los de la negativa al cambio de opción. A partir de ahí todos sentimos que ya no éramos los mismos. Para mí empezó a debilitarse en la práctica. Esto fue en el 71, si no me equivoco. L y C: ¿Cómo vivió usted las posiciones de la jerarquía de la Iglesia durante la dictadura? ¿Cómo fue su situación en la dictadura? MR: Estuve 8 años exiliado, me fui en el 77 y volví en el 85. En Francia estuve dos años y medio, en México donde estuve uno, y en Nicaragua casi cinco. Cuando volví resolví no presentarme a filas, por la sencilla razón de que conocía la historia de la Iglesia argentina con respecto a la dictadura. De 100 obispos calculaba que 3 podrían haberme recibido a mi vuelta: De Nevares que ya tenía la edad de renunciar, 75 años. Hesayne por ahí andaba, y Novak, se enferma y estaba por morirse. Encontré una institución en la cual el 95% está ausente de todo un proceso de masacre en el país, de genocidio, sólo un 5% se las juega y un porcentaje de ese 95% no sólo está ausente sino que está perversamente presente; yo no encuentro racionalidad para integrarme a esta institución. Si quieren sintetizarlo en una sola palabra, yo diría que la actitud de la jerarquía fue una gran traición. L y C: ¿Cómo vivió el asesinato de Angelelli? Sobre todo en los sectores de la cúpula de la iglesia, creo que ahí también, ¡hay una enorme traición! Yo creo que a Angelelli lo mata la dictadura, pero hay una connivencia, una especie de traición a él de parte del Episcopado, que no lo acompañó, eso todo el mundo lo reconoce. Lo dejaron solo. Él dijo en una oportunidad eso mismo: "me han dejado solo". Eso para mí es lamentable. L y C: ¿Cómo está viviendo hoy esta nueva realidad, en que hay otros niveles de participación de la gente, tanto en las provincias como en Capital, con gente totalmente movilizada? MR: Lo más intensamente posible. Yo creo lo que sucedió el 19 y 20 de diciembre de 2002, es un fenómeno importantísimo a tener en cuenta. No está bien enfocado por muchos, en el sentido de que no es un fenómeno para enfervorizarse, sino un fenómeno para analizar, para profundizar. Lo importante es qué deja al desaparecer. Yo pongo el ejemplo de las aguas del Nilo que inundan el valle, lo fertilizan y después se van. Es una obligación del militante ir viendo cómo reflexionamos el hecho y qué disposiciones vamos tomando para sembrar en ese limo que va a quedar después. Creo que una de las cosas a desear y a impulsar, es que estos sectores que se empiezan a movilizar, logren una cierta cohesión. [1] Obispo Alberto Devoto, fue uno de los Obispos que desde Goya impulsó las transformaciones de la Iglesia, promoviendo la opción por los pobres. Estuvo ligado al MSTM y tuvo una valiente actitud de denuncia de la dictadura. [2] El Cordobazo fue una jornada de rebelión popular contra la dictadura militar, producida en mayo de 1969 en la provincia de Cordoba. [3] El Obispo de La Rioja, Enrique Angelelli fue asesinado durante la dictadura el 4 de agosto de 1976. Se intentó presentar su asesinato como accidente automovilístico. [4] El padre Carlos Mugica, cura villero, fue asesinado en 1975 por la Triple Alianza. Fuente: www.adital.org |
Entre los que sufrieron algún período
de detención -generalmente con tortura-, he recogido una lista de 22, a saber: Marciano
Alba, Aníbal Coerezza, Pace Dalteroch, Jorge Galli, Gervasio Mecca, Luis Quiroga,
Angel Zaragoza, Raúl Acosta, Roberto Croce, Juan Dieuzeide, Esteban Inestal, Diego
Orlandini, Eduardo Ruiz, Joaquín Muñoz, Juan Testa, Pablo Becker, Roberto D'Amico,
Juan Filipuzzi, Antonio Mateos, Agueda Pucheta, Víctor Pugnata y Jorge Torres.
La nómina precedente involucra a 62 sacerdotes directamente afectados sin incluir
a aquellos que, por precaución, abandonaron el país definitivamente o por un tiempo
cambiaron de diócesis. Recuerdo entre estos últimos al presbítero y sociólogo Duilio
Biancucci, radicado en Alemania Occidental, que fuera profesor de la Universidad
Nacional de Luján. No seria exagerado fijar el número total en un centenar.
Otro sector eclesial que sumó duros golpes fue el de los seminaristas. Entre los
asesinados y desaparecidos en forma definitiva cabe mencionar a Salvador Barbeito
y Emilio Barletti, de la comunidad palotina, muertos el 4 de julio de 1976; Marcos
Cirio, novicio de la Fraternidad del Evangelio, detenido y desaparecido el 17 de
noviembre de 1976; Carlos A. Di Pietro y Raúl E. Rodríguez, asuncionistas, detenidos
y desaparecidos el 4 de junio de 1976; y Juan Ignacio Isla-Casares de la parroquia
Nuestra Señora de la Unidad de Olivos, provincia de Buenos Aires, detenido y desaparecido
el 3 de junio de 1976. Con el P. Weeks, de la Comunidad de La Salette, fueron detenidos
y torturados en Córdoba, el 3 de agosto de 1976, los seminaristas Alejandro Dauza,
Alfredo Velarde, Daniel García, José Luis de Stéfano y Humberto Pantoja. Permanecieron
largo tiempo en prisión (11 en total).
Entre los religiosos, el caso más conocido es el de las hermanas francesas de las
Misiones Extranjeras, Alice Domon y Léonie Duquel, detenidas, respectivamente, el
8 y 10 de diciembre de 1977, la primera en la iglesia de Santa Cruz y la segunda
en su domicilio. Nada se ha sabido oficialmente de ambas, pero numerosos testimonios
acreditan que permanecieron en la escuela de mecánica de la Armada, donde fueron
torturadas y posteriormente asesinadas. Pueden agregarse los Hermanos Julio San
Cristóbal, de la congregación de las Escuelas Cristianas de La Salte, detenido y
desaparecido el 5 de febrero de 1976 y Henri del Solan Betumali, de la Fraternidad
del Evangelio, que estuvo preso desde 1976 a 1978 y fue luego deportado a Francia,
(4 en total)
Cristianos comprometidos
El número de cristianos -católicos y protestantes-, comprometidos en actividades
apostólicas que fueron víctimas del terrorismo de Estado, es difícil de estimar.
Involucra, sin duda, una cantidad importante de los miles de asesinados, detenidos-desaparecidos,
presos y exiliados que produjeron las fuerzas armadas entre 1974 y 1983. Prefiero
no arriesgar cifras y limitarme a reseñar algunos casos significativos.
El 9 de mayo de 1975 fue secuestrada en Mar del Plata por un grupo de hombres fuertemente
armados, la decana de la facultad de Humanidades de la Universidad Católica de esa
ciudad, Maria del Carmen Maggi. El 23 de marzo de 1976, un día antes del golpe de
estado, apareció su cadáver en la playa, cerca de la laguna de Mar Chiquita. Permaneció
desaparecida diez meses. La licenciada Maggi estaba vinculada con el entonces obispo
de la diócesis monseñor Pironio, hoy cardenal en la curia romana. Se sindicó como
responsables a los miembros del CNU (Concentración Nacional Universitaria), muy
activos en la zona atlántica y ligado a la marina de guerra y al ejército.
En el mes de noviembre de 1975 efectivos del ejército, dependientes del comandante
de la VI brigada de infantería de montaña de Neuquén (subzona represiva 52), general
de brigada Juan Antonio Buasso, allanaron la escuela-hogar "Mamá Margarita" de Junín
de los Andes. Detuvieron a dos maestras y a una celadora (a quienes intentaron vejar)
y al P. Antonio Mateos. El episodio dio lugar a un duro entredicho público entre
el obispo de la diócesis Jaime de Nevares y el general Buasso, quien defendió el
procedimiento.
En diciembre de 1975 fueron secuestrados Daniel Bombara, militante de la Juventud
Universitaria Católica (JUC) de Bahía Blanca y José Serapio Palacios, dirigente
de la Juventud Obrera Católica (JOC), de El Palomar, provincia de Buenos Aires.
El primero apareció asesinado poco después con señales de tormentos y el segundo
permanece desaparecido.
En la madrugada del 14 de mayo de 1976 fueron detenidos en sus respectivos domicilios
Beatriz Carbonell de Pérez Weiss y su esposo Horacio Pérez Weiss; María Marta Vásquez
Ocampo de Lugones y su esposo César Amadeo Lugones; Mónica Maria Candelaria Mignone
y Maria Esther Lorusso Lammle. A primera hora de la tarde ocurrió lo mismo con Mónica
Quinteiro, ex-religiosa de las hermanas de la Misericordia, Nada se ha sabido de
ellos. Este grupo de jóvenes desarrollaba
Una activa labor de promoción humana, social, religiosa y política en la villa de
emergencia del Bajo Flores y había misionado en la Patagonia.
Estaban vinculados con la parroquia Santa Maria Madre del Pueblo. Por el interrogatorio
sufrido por el P. Orlando lorio -que vivía 'en el mismo barrio-, y otros indicios,
se sabe que fueron trasladados a la escuela de mecánica de la Armada, donde sin
duda fueron torturados y asesinados.
Un núcleo prácticamente diezmado fue el que se reunía alrededor de la parroquia
de Nuestra Señora de la Unidad de Olivos y colaboraba con el barrio La Manuelita.
Algunos de ellos estaban vinculados con la Fraternidad del Evangelio y otros con
la JIC (Juventud Independiente Cristiana). Lo integraban, entre otros, María Fernanda
Noguer, José Villar, Alejandro Sackinan, Esteban Garat, Valeria Dixon de Garat y
Roberto van Gelderen. La mayoría fueron detenidos y desaparecieron en el mes de
junio de 1976.
En los últimos meses de 1976 "desaparecieron" los militantes cristianos Ignacio
Beltrán, de Buenos Aires; Alberto Rivera, Horacio Russin, Néstor Junquera y María
Eugenia González, de Bahía Blanca; Luis Oscar Gervan, de Tucumán; y Luis Congett,
dirigente de Caritas de San Justo, provincia de Buenos Aires.
A lo largo de 1977 corrieron la misma suerte el ciudadano paraguayo y miembro de
la JOC de Lomas de Zamora Antero Darío Esquivel; Eduardo Luis Ricci, dirigente de
la JEC (Juventud Estudiantil Católica) de La Plata; Leonor Rosario Landaburu de
Catnich y su esposo Juan Carlos Catnich, militantes cristianos de la capital federal;
Susana Carmen Moras, presidente de la rama juvenil de la Acción Católica y Susana
Antonia Marco, miembro de Cristianos para la Liberación, ambas pertenecientes a
la parroquia Nuestra Señora del Carmen de Villa Urquiza, Buenos Aires; Roque Agustín
Alvarez, de un grupo católico de Avellaneda; Armando Corsiglia, dirigente de la
JUC de Florencio Varela; Cecilia Juana Minervine, de Cristianos para la Liberación
de la Capital Federal; y el matrimonio Laura Adhelma Godoy - Oscar de Angeli, de
la Universidad Católica de Mar del Plata.
La sangrienta persecución no decayó en 1978. En enero de ese año los represores
se ensañaron con los matrimonios Gertrudis Hlaszick -José Poblete y Mónica Brull
- Juan Guillén y con Gilberto Rengel Ponce. Cuatro de ellos eran lisiados y participaban
en organizaciones cristianas que los reunían. Todos fueron salvajemente torturados.
También fue secuestrado el militante cristiano Adolfo Fontanella, hasta hoy desaparecido.
Las iglesias evangélicas, comúnmente llamadas protestantes, fueron igualmente víctimas
de terrorismo de Estado. El caso más resonante es el de Mauricio López, con quien
me unía una cálida amistad. Notable teólogo y filósofo, actuó durante muchos años
en el Consejo Mundial de Iglesias, con sede en Ginebra. Vuelto a la patria -era
mendocino-, fue designado en 1973 rector de la Universidad Nacional de San Luis
cargo que ocupó hasta el 24 de marzo de 19.76. El 10 de enero de 1977 fue detenido
en Mendoza y pese a las intensas gestiones realizadas tanto dentro como, fuera del
país, nunca hubo noticia oficial acerca de su suerte. Informaciones confidenciales
indican que fue asesinado en marzo del mismo año.
Las hijas de dos pastores protestantes, uno alemán y otro estadounidense fueron
igualmente víctimas de la represión. La primera Elizabeth Käsemann , fue detenida,
torturada, y asesinada en 1977. La segunda, Patricia Anna Erb, sufrió un secuestro
el 13 de setiembre de 1976.
El 4 de abril de 1976 fueron detenidos Víctor Pablo Boinchenko y Lilian Jane Coleman
de Boinchenko, miembros activos de la Iglesia Evangélica de Cosquín, Córdoba. Se
tiene la certeza que fueron llevados al campo clandestino de La Perla y eliminados.
El 4 de mayo "desapareció" en Buenos Aires un feligrés de la Iglesia Metodista Oscar
Alajarin, integrante del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH).
Existen testimonios impresionantes sobre las humillaciones sufridas por los cristianos
comprometidos en los centros clandestinos de detención. Estos episodios ponen de
manifiesto el odio al mensaje evangélico y la deformación religiosa de sus captores.
Transcribo a continuación algunos relatos: "Para Navidad de 1977 ocurrió algo inaudito.
Alrededor de 15 prisioneros fuimos llevados a una misa oficiada en el casino de
oficiales de la ESMA. Todos estábamos engrillados, esposados con las manos detrás
de la espalda y encapuchados. Entre tanto se oían gritos de los que eran torturados
y el ruido de las cadenas arrastradas de los que eran llevados al baño en la sección
'Capucha'.(10).
"En una fecha próxima al 24 de diciembre de 1976 se hizo presente (en la ESMA),
el almirante Massera, junto con el contraalmirante Chamorro, el capitán Acosta,
y algunos miembros del grupo tres de tareas. En esa oportunidad, exhibiendo un cinismo
sin limites, ante una treintena de prisioneros con sus piernas sujetas con grilletes,
nos deseó una feliz Navidad".(11).
"Luego sufrí dos simulacros de muerte: uno por fusilamiento y otro por envenenamiento.
Previamente a esos simulacros me preguntaron si quería rezar y me ofrecieron un
rosario. Por el tacto (conservaba los ojos vendados) pude reconocer que el objeto
que me hablan dado no era un rosario sino la cruz que mi hija llevaba siempre al
cuello (un objeto muy característico de tipo artesanal). Entendí que se trataba
de un modo sádico de anunciarme que mi hija se encontraba también allí. Yo rezaba
y lloraba. Entonces me respondían con obscenidades, amenazas y gritos. Decían: 'Callate,
esto te pasa por andar con ese barbudo, con ese puto (se referían a Jesucristo).
Por eso estás así ahora".(12).
"Nos llevaron a la comisaría 36 de la policía federal de Villa Soldati. Cuando gritaba
ellos silbaban, hacían ruido para tapar los gritos. Después me llevaron a un calabozo
y al rato vinieron otros a decirme que 'iba a ver a los militares', que iba a ver
que los romanos no sabían nada cuando perseguían a los primeros cristianos en comparación
con los militares argentinos".(13)
Memoria y juicio
La reseña precedente es, sin duda, incompleta y sólo proporciona una idea aproximada
de la magnitud y las características del ataque sufrido por el sector progresista
de la Iglesia argentina. Es de esperar que surjan iniciativas dirigidas a una investigación'
minuciosa de lo ocurrido 'y a la rememoración de los mártires.
En casi cinco siglos. la Iglesia rioplatense no había sufrido una persecución sangrienta
como la relatada. Los conflictos anteriores del Estado con la Iglesia fueron de
distinta naturaleza. La expulsión de los jesuitas por Carlos III en 1767 sólo significó
el destierro de los miembros de la Compañía de Jesús y la apropiación de sus propiedades.
La reforma religiosa de Rivadavia en 1822, se limitó a la supresión de conventos
y a la confiscación de bienes. Los choques con Rosas no trajeron mayores consecuencias.
Los sucesos de la década de 1880, durante la presidencia de Roca, tuvieron como
episodio culminante la partida obligada del nuncio Luis Matera y la ruptura de relaciones
con la Santa Sede.
Vale la pena detenerse en el antagonismo de Perón con la Iglesia en los años 1954/55.
Además de medidas legislativas y administrativas. los hechos más salientes fueron
la expatriación del obispo auxiliar de Buenos Aires Manuel Tato y del canónigo Manuel
Novoa y los incendios y destrozos provocados en la noche del 16 de junio de 1955
en la curia metropolitana y los templos de San Francisco, Santo Domingo. San Ignacio
de Loyola, la Piedad, San Miguel Arcángel, el Socorro, San Nicolás de Bari, las
Victorias y San Juan Bautista. La muerte del sacerdote redentorista Jacobo Wagner,
único episodio de este tipo, se debió a las lesiones que sufrió al tratar de salir
por los techos de la casa parroquial. No existen indicios que haya sido golpeado,
como lo afirma Juan Carlos Zuretti (14).
No pretendo justificar esos actos de barbarie. Fui testigo presencial desde las
arcadas del Cabildo, del comienzo de la quema del edificio de la curia y me consta
que actuaban pequeñas bandas con elementos incendiarios, ante la pasividad de la
policía y el ejército. Es decir; no se trató de una reacción espontánea del pueblo,
que había sido afectado ese mediodía por el sangriento y brutal bombardeo de la
plaza de Mayo por los aviones de la Marina de Guerra, que causó centenares de muertos
y heridos.
Estos hechos dieron lugar a una dura reacción de la Iglesia. A fines de julio el
Episcopado argentino lanzó una pastoral colectiva -"Nuestra contribución a la paz
de la Patria"-, denunciando la existencia de una persecución religiosa. El 16 de,
junio de 1955 la secretaria de Estado del Vaticano dio a conocer un decreto de excomunión
contra los responsables de la deportación del obispo Tato.
En 1976 los agravios no consistieron en ataques verbales, confiscación de bienes,
expulsión de dignatarios y sacerdotes, destrucción de templos de piedra y ladrillo,
que se reconstituyen fácilmente. Las víctimas fueron hombres, templos vivos del
Espíritu Santo, creados a imagen y semejanza de Dios. Cayeron dos obispos, más de
un centenar de sacerdotes, religiosos y seminaristas; millares de cristianos comprometidos.
Pero no hubo pastoral colectiva del Episcopado condenatoria de la persecución ni
excomunión de los responsables.
¡Curioso
espectáculo el de este Episcopado que compartía favores con un régimen que aterrorizaba
y masacraba a sus sacerdotes y a sus fieles!
Se dirá -y es cierto- que la persecución sólo alcanzaba a un sector de la Iglesia.
Pero esto no excusa a los pastores, que están obligados a defender a todas las ovejas
de su grey.
Podrá argüirse que las víctimas estaban sindicadas por el gobierno militar como
integrantes de la subversión. Pero ello no excusa los métodos utilizados. El episcopado
debió haber exigido un juicio imparcial, sin admitir jamás el asesinato, la desaparición,
la tortura, la prisión sin proceso. Como digo en otra parte de este libro, a veces
se tiene la impresión que algunos prelados veían con satisfacción la eliminación
de estos elementos molestos e incluso daban su visto bueno para que ello tuviera
lugar. En una carta de Zaspe a Angelelli, agregada a un expediente judicial, el
primero explica que en la reunión de la comisión ejecutiva de la CEA con la junta
militar, en mayo de 1976, monseñor Tortolo solicitó que se avisase al obispo cuando
se iba a detener a un sacerdote. Como se advierte, no requería el juzgamiento y
admitía la prisión sin debido proceso. Sin embargo este mínimo requisito tampoco
se cumplió.
Persecuciones y crímenes utilizando el poder del Estado son comunes en la historia
de la humanidad. Hitler y Stalin eliminaron a miles de personas. Pero ninguno de
ellos se atribuyó la condición de cristiano ni pretendió actuar en defensa de la
Iglesia y de la civilización cristiana. Recuerdo que monseñor Daniel Pezeril, obispo
auxiliar de París, nos señalaba en una oportunidad a mi esposa y a mi la gravedad
de esta circunstancia. "Lo que me desvela -nos decía- es que la junta militar argentina
mate en nombre de Dios y el episcopado no señale este escándalo". En esos días Pezeril
había publicado una dura crítica al régimen militar en el diario Le Monde, que provocó
un intercambio público de cartas con el embajador Tomás de Anchorena.
Monseñor Angelelli y la Iglesia de La Rioja
Dentro de este contexto interesa de manera especial analizar la persecución a la
Iglesia riojana, que culmina con los asesinatos del dirigente cristiano Wenceslao
Pedernera, los presbíteros Murias y Longueville y el obispo Angelelli en julio y
agosto de 1976.
La Iglesia de La Rioja comenzó a distinguirse de las otras diócesis argentinas a
partir de la llegada del obispo Enrique Angel Angelelli. Era éste un sacerdote cordobés
nacido el 17 de julio de 1923. Realizó estudios en el Colegio Pío Latinoamericano
de Roma y fue ordenado en 1949. En Córdoba actuó como asesor de la juventud obrera
católica (JOC) y de la juventud universitaria católica (JUC) y en 1960 fue designado
obispo auxiliar. El 11 de julio de 1968 el papa Paulo VI lo nombró titular del obispado
de La Rioja.
Desde su primer mensaje indicó claramente cuál sería su línea pastoral. "Tengo -decía-
un oído en el Evangelio y otro en el pueblo". Se identificó con las tradiciones
riojanas, con los humildes y desposeídos. Introdujo una clara orientación posconciliar.
Pronto se transformó en una figura carismática que revitalizó la diócesis. Alrededor
suyo se formó un vigoroso movimiento de sacerdotes -algunos de ellos venidos de
otros lugares-, religiosos y laicos. Recorría incesantemente la provincia. Alternaba
con las comunidades. Hablaba por radio.
Angelelli no se limitó a denunciar las difíciles condiciones de vida de los pobladores
riojanos y la explotación de que eran objeto, particularmente los obreros rurales.
Pasó a la acción. Propició la organización de cooperativas agrarias -la más conocida
CODETRAL- y la división de los latifundios, como el Azzalini. En cuanto afectó los
intereses comenzó una tenaz campaña destinada a alejarlo de La Rioja. Constituía
un peligro para los poderosos. Se provocaron incidentes en las fiestas patronales
de Anillaco; organizaciones seudorreligiosas como la Cruzada de la Fe publicaban
solicitadas en su contra; llovían denuncias en la conferencia Episcopal, en la Santa
Sede, en el gobierno militar de Onganía -Levingston- Lanusse. Paulo VI envió en
1973 a monseñor Vicente Zaspe como representante personal a fin de confirmar su
línea pastoral. El diario El Sol, propiedad de Tomás Alvarez Saavedra, lo calumniaba
diariamente. Otro periódico, El Independiente, lo defendía. Era calificado de comunista,
tercermundista, guerrillero.
| ¿Un
templo para Mugica? Por Miguel Ramondetti* En ocasión de la presentación del libro Hasta los oídos de Dios - Historia de Sacerdotes para el Tercer Mundo", de Gabriel Seisdedos, el pasado 9 de setiembre, se anunció el traslado de los restos de Carlos Mugica del cementerio de la Recoleta a la Villa de Retiro. En la ocasión se pronunció, incluso, la palabra "santuario". Confieso que mi espontánea reacción interior fue de instintivo rechazo. Con el transcurso de las horas, el rechazo instintivo se fue transformando en una reflexión serena que siento la necesidad de compartir. Independientemente del propósito de sus actuales promotores, a quienes, estoy seguro, anima la mejor de las intenciones, creo que esta iniciativa se transformará, de hecho, en una manipulación que, con el tiempo se instalará en una ya larguísima historia del cristianismo y de la Iglesia Católica en particular. Se trata del persistente intento de todo sistema opresor de "domesticar" a los rebeldes, de convertir a los "profetas" (espíritus libres, luchadores incondicionales, denunciadores valientes de la opresión y la injusticia) en mansos y sumisos "sacerdotes" (hombres instalados en las estructuras de opresión, esclavos de la "protección" que ellas les brindan, justificadores de sus abusos, atropellos, privilegios y discriminaciones). Es imposible no recordar aquí el paradigma de esta gigantesca manipulación del auténtico mensaje cristiano: el emperador romano, Constantino I, en el siglo IV de nuestra era. Fue él quien, pretextando una dudosa "conversión" religiosa, trasladó a los cristianos, molestos cuestionadores del poder imperial, desde las catacumbas a las catedrales de Roma. En 16 siglos, la Iglesia Católica no ha logrado –a pesar de múltiples y meritorios esfuerzos personales– recuperar su misión profética, legado esencial del mensaje cristiano. Su instalación en las estructuras de una sociedad opresora le impide a la Iglesia proclamar, sin limitaciones, la denuncia profética de las injusticias estructurales que se perpetúan en el tiempo. Los mecanismos de esta manipulación domesticadora son lo suficientemente sutiles como para engañar las mejores "buenas voluntades", que prestan inconscientemente su colaboración para implementar iniciativas como el traslado a la villa de Retiro de los restos de Carlos Mugica. Se supone que el objetivo de su accionar en vida jamás fue que los villeros lo "veneraran". Quienes lo conocimos sabemos que el principal objetivo de ese accionar fue contribuir a la toma de conciencia de la injusticia que estaba en el origen de la situación de opresión y de las condiciones infames de vida en eso que hemos llamado las "villas miseria", para que sus habitantes llegaran a transformarse en protagonistas de su propia liberación. Ese y no otro fue el objetivo del accionar del P. Mugica, causa, en definitiva, de su asesinato, que tuvo por autores lo peor que es capaz de producir el sistema que él denunciaba. Por todo esto opino que no es un templo donde el pueblo pueda venerar sus restos lo que la historia del padre Mugica reclama hoy de nosotros, sino que nos asumamos como herederos insobornables de su mensaje liberador y profético. * Ex secretario general del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Fuente: http://guardianesdemugica.blogspot.com |
La Iglesia de La Rioja -comunitaria,
activa, profética-, cayó bajo la mira de las fuerzas armadas aliadas naturales de
los terratenientes. En 1976 la situación se puso asfixiante. Los comandos del batallón
de ingeniería de construcciones de La Rioja (área represiva 314) Y de CELPA, base
de la fuerza aérea de Chamical y sus respectivos servicios de inteligencia, se lanzaron
a actuar, sin esperar el golpe de Estado del 24 de marzo.
El 1° de enero de 1976, al concluir las fiestas diocesanas, Angelelli advirtió al
pueblo sobre la situación. "Pongo a la diócesis -dice- en estado de oración". Monseñor
Bonamín predica en la base aérea afirmando que "el pueblo argentino había cometido
pecados que sólo se podían redimir con sangre". Esto da lugar a un entredicho con
Angelelli quien, en una carta privada a monseñor Zaspe, le dice: "la actuación de
Bonamín en Chamical fue descabelladamente desacertadal". El 12 de febrero por orden
del ejército son detenidos en Mendoza el vicario general de la diócesis de La Rioja
Esteban Inestal y dos jóvenes del movimiento rural diocesano, Carlos Di Marco y
Rafael Sifré. Las preguntas giran alrededor de las actividades del obispado. Los
oficiales que los interrogan les dicen: "Juan XXIII y Paulo VI trajeron la ruina
de la Iglesia. Destruyeron la Iglesia de Pío XII. Los documentos de Medellín son
comunistas y no fueron aprobados por el papa. La Iglesia de La Rioja está separada
de la Iglesia argentina".(15)
El 20 de febrero Angelelli convoca al presbiterio para una reflexión sacerdotal
y pastoral y afirma: "El contexto político argentino nos obliga a discernir evangélicamente
nuestra misión pastoral futura". El 25 de febrero escribe a la conferencia episcopal
argentina estas palabras definitorias y proféticas: "Entiendo que el asunto va más
allá de La Rioja, nos incumbe a todos. Solicito a mis hermanos obispos, porque urge
una evaluación más profunda. Necesitamos urgentemente clarificar la misión que nos
corresponde a las diócesis y a la vicaria castrense. Es hora que abramos los ojos
y no dejemos que generales del ejército usurpen la misión de velar por la Fe católica.
No es casualidad el querer contraponer la Iglesia de Pío XII a la de Juan y Pablo.
Hoy cae un vicario general; mañana (muy próximo) caerá un obispo. Por ahí se me
cruza por la cabeza el pensamiento que el Señor anda necesitando la cárcel o la
vida de algún obispo para despertar y vivir más profundamente nuestra colegialidad
episcopal. Son una gracia de Dios para una diócesis estas pruebas ayudan mucho a
unir y profundizar el presbiterio y el resto de la comunidad diocesana. Este cuestionamiento
que se me hace me replantea, para bien de la Iglesia y de la paz, la opción que
ustedes bien conocen: mi renuncia".
En el mes de marzo, el día de la inauguración del curso lectivo, el jefe de la base
aérea de Chamical, vicecomodoro Lázaro Aguirre, interrumpió la homilía del obispo
Angelelli durante la misa en la capilla de la unidad. Sostuvo que éste hacía política
al señalar la responsabilidad social de los cristianos. Como consecuencia del hecho,
el 19 de ese mes Angelelli dispuso "suspender la celebración de los oficios divinos
en la capilla que está en jurisdicción de esa base aérea".
La situación se iba haciendo crítica. El 20 de marzo fue trasladado detenido a La
Rioja el sacerdote español Francisco Gutiérrez García, acusado de estar en conexión
con el obispo de La Rioja. El 24, en coincidencia con el golpe de Estado, el personal
de la base aérea de Chamical que se había hecho cargo de la comisaría de Malanzán,
detuvo durante cuatro días para interrogarlo al párroco Aguado Pucheta. En Olta
fue apresado el párroco Eduardo Ruiz junto con el hermano Pedro. Su prisión durará
seis meses. La hermana Marisa, de la comunidad que trabaja en la parroquia, fue
demorada por el alférez Peseta en Chamical, quien le formuló preguntas en tomo a
su relación con Angelelli.
El 28 de marzo el jefe de la base aérea de Chamical vicecomodoro Lázaro Aguirre,
advirtió al párroco Gabriel Longueville que permaneciera quieto en su casa y llamó
para "conversar" a los sacerdotes Francisco Canobel y Carlos de Dios Murias. El
interrogatorio duró cinco horas en presencia del vicecomodoro Luis Estrella, subjefe
del CELPA y ministro de Hacienda y del alférez Peseta. Nuevamente fue demorado el
P. Pucheta. El 2 de abril el ejército requisa y clausura la casa parroquial de Olta,
mientras su párroco, el P. Ruiz, permanece preso.
El 18 de abril las autoridades militares publican en los diarios una carta del P.
Ruiz al obispo Angelelli, donde le dice: "está equivocado, no siga". Al salir de
la cárcel Ruiz explica que su intención fue que se la entendiera en esa forma. Por
precaución Angelelli avisa a las autoridades sobre la realización de ejercicios
espirituales para los sacerdotes de la diócesis en Sañogasta. Al concluir el encuentro,
el presbiterio da a publicidad un mensaje pascual donde expresa: "nos pareció importante
recordar una vez más lo que venimos anunciando desde hace tantos años: la obra de
la evangelización no puede olvidar las graves cuestiones que atañen a la justicia,
a la liberación, al desarrollo y a la paz del mundo. Igualmente todo lo que la Iglesia
enseña acerca de la dignidad de la persona humana y el respeto profundo que nos
exige como imagen viva de Dios".
El 26 de abril los sacerdotes de La Rioja escriben a monseñor Zaspe: "Nuestra situación
se toma cada vez más asfixiante y difícil; nuestro ministerio es vigilado y tergiversado;
nuestra actividad pastoral es tildada de marxista y subversiva. No es el pueblo
riojano quien procede de esa manera, sino el grupo de siempre, los que ayer se lanzaron
a una campaña de calumnias y hoy ante el cambio de gobierno se presentan ofreciendo
listas. Como consecuencia se producen allanamientos y detenciones. Presentan a La
Rioja como aguantadero de la guerrilla y a Angelelli como cabecilla principal. Este
es uno de los temas principales de los interrogatorios. Existe una confabulación
a fin de lograr su objetivo: separar al pueblo de su Iglesia". A esta misiva, Angelelli
le añade por su cuenta: "Ciertamente no puedo dejar de recoger la angustia de mis
curas, religiosos y laicos. Te diría más: en esta Rioja desprovista de fuentes de
trabajo, la alarmante cesantía de gente está creando un panorama muy doloroso. Para
colmo aún no se ha clarificado la existencia de dos gobiernos paralelos: uno, ejército,
que se hizo cargo el 24 de marzo y el otro, aeronáutico, nombrado por el gobierno
central. La caza de brujas anda en toda su euforia. Esta vez no se podrá decir que
no informamos (a la Conferencia Episcopal). Por cierto que no somos los únicos,
pero es hora que la Iglesia de Cristo en la Argentina discierna a nivel nacional
nuestra misión y no guarde silencio ante hechos graves que se vienen sucediendo.
Nuevamente pongo a disposición mi renuncia para que no siga La Rioja dando dolores
de cabeza ni a la Santa Sede, ni al nuncio ni a mis hermanos obispos. O nos respaldamos
en serio o que se busque otro pastor para esta diócesis. Mis sugerencias para el
documento que prepara la CEA: replantear la actual realidad argentina... No firmar
un cheque en blanco a nadie (solamente con el Evangelio). No renunciar a la crítica
constructiva desde el Evangelio. Hacer un llamado para profundizar la unidad eclesial
y no dejarnos llevar a la división con el motivo que sea; clarificar la misión y
las relaciones del vicario castrense con las diócesis. Profundizar la colegialidad
episcopal y la unidad sacramental entre nosotros. Debemos dar este testimonio, lo
necesitan todas nuestras comunidades diocesanas".
Seis sacerdotes abandonan La Rioja por sugerencia del obispo. El 17 de junio seis
religiosas azules son detenidas al entrar a la ciudad. La policía las hace descender
del rastrojero en que viajan, revisan el vehículo, el equipaje y abren la correspondencia
que traen. Al día siguiente son citadas a la jefatura y se les abre un prontuario.
El jefe de policía les aclara: "este procedimiento se hace solamente con personas
sospechosas. La situación en La Rioja es muy grave por las ideologías marxistas,
principalmente la del obispo; el papa desconoce la verdadera situación de la Iglesia
en La Rioja; está mal informado... Les advierto que si continúan en La Rioja pueden
ser nuevamente interceptadas".
En esas horas difíciles, los mensajes de Angelelli se suceden. En uno de ellos señala
que desde el 24 de marzo dejó de transmitirse la misa por la radio local desde el
camarín de la iglesia catedral, "por orden superior". La reemplazan por la oficiada
por capellanes militares en el batallón del ejército.
La situación alcanza su clímax. Ante la resistencia de la Iglesia de La Rioja el
ejército y la aeronáutica deciden recurrir al crimen, para acallar su voz y producir
un escarmiento. El 18 de julio de 1976 un grupo de hombres vestidos de civil que
dicen pertenecer a la policía federal, piden hablar con los sacerdotes de Chamical
Gabriel Longueville y Juan Carlos de Dios Murias. Los clérigos estaban cenando en
la parroquia con algunas religiosas. Después de conversar a solas con los visitantes,
explican que deben viajar con ellos a La Rioja para una declaración. Se despiden
y parten juntos. A la mañana siguiente sus cadáveres aparecen en el Chañar, a pocos
kilómetros de Chamical, con signos evidentes de haber sido torturados.
Gabriel Longueville era un sacerdote francés de 45 años, enviado por el Comité Episcopal
para América Latina. En 1972, arribó a la Argentina y se desempeñaba como párroco
de Chamical, donde gozaba del aprecio general. Su adhesión a la línea pastoral del
obispo Angelelli y su predilección por los pobres, le habían atraído la desconfianza
de la base de la fuerza aérea. Carlos de Dios Murias tenía 30 años. Pertenecía a
la orden de los frailes menores conventuales. Colaboraba con el párroco y tenía
la intención de instalar un convento de su orden en La Rioja. Yo lo conocí antes
de su ordenación en un viaje a la Patagonia, donde mis hijas estaban misionando.
Era un joven presbítero, entusiasta, consagrado a su misión evangélica con una decidida
concepción posconciliar.
El asesinato produjo conmoción en La Rioja. El obispo Angelelli se instaló en Chamical
y el 22 de julio presidió el sepelio, pronunciando una emocionante homilía. Entre
tanto en la capital el jefe del batallón de comunicaciones coronel Osvaldo Pérez
Battaglia, prohibía que la noticia saliera en los diarios, incluso como aviso fúnebre.
El 25 de julio otro homicidio. Un grupo armado golpea por la noche en la casa de
Wenceslao Pedernera en Sañogasta y al salir lo asesina a mansalva en presencia de
su esposa y sus tres hijos. Pedernera era un cristiano activo en las cooperativas
agrarias y en la parroquia de Sañogasta ligado a la acción del obispo de La Rioja.
Angelelli comprende que su hora ha llegado. Escribe al nuncio. En repetidas oportunidades
lo señala a sus colaboradores. Agrega que se tratará de disimular su muerte, tal
vez con un accidente. "Varios tienen que morir -expresa- y entre ellos yo". Confía
a su sobrina María Elena Coesano que en junio había estado con los integrantes de
la junta militar y agrega: "la cosa está muy fea".
En
cualquier momento me van a barrer. Pero no puedo esconder el mensaje debajo de la
cama". Después de la muerte de Longueville y Murias viaja a Córdoba, visita a la
misma sobrina y le explica que ha participado en una entrevista con el comandante
del IIIer cuerpo de ejército general Luciano Benjamín Menéndez y el cardenal Raúl
Primatesta. En esa ocasión Menéndez le dijo que debla cuidarse mucho. Sale de la
reunión con la certeza que su suerte está decidida. Se siente aislado. Ningún obispo
asiste al sepelio de Longueville y Murias. A Zaspe, su confidente de siempre, le
escribe: "Estoy solo entre mis hermanos obispos de la Argentina".
El 4 de agosto decide volver de Chamical a La Rioja. Lleva en su maletín documentos
valiosos que ha recogido esos días y que prueban la autor la del asesinato de Longueville
y Murias. La noche anterior, en la casa parroquial, se tiene la sensación que hay
hombres merodeando. Almuerza y parte con el sacerdote Arturo Pinto. Elige el camino
viejo. Al llegar a Punta de los Llanos -según el relato de Pinto-, un automóvil
Peugeot blanco se le acerca por detrás y se le interpone, obligándole a una brusca
maniobra. El vehículo vuelca. Pinto queda desvanecido. A las seis horas levantan
el cadáver de Angelelli, que, con los brazos en cruz y con el cráneo destrozado
está tirado a unos 25 metros. Las pericias de la causa judicial demuestran que no
pudo haber salido por el parabrisas ni por la puerta. Todo indica que fue ultimado
con un golpe en la nuca y arrastrado varios metros.
El sumario es caratulado como muerte en accidente y rápidamente archivado. Las fuerzas
armadas y de seguridad impiden que los civiles y periodistas se acerquen al lugar.
Esa noche personal del ejército intenta revisar las habitaciones del obispo Angelelli.
El vicario general Esteban Inestal se opone amenazando con comunicarse con el nuncio
y desisten. Las autoridades de todos los niveles manifiestan hipócritamente su pesar.
Al entierro de Angelelli asisten el nuncio Laghi y diez obispos. Habla su amigo
de siempre, monseñor Zaspe, entre otros oradores.
Sin embargo, nadie se engaña. El pueblo sabe que se trata de un asesinato. El cardenal
Eduardo Pironio le dice al teólogo José Miguez Bonino, en Roma, que la Santa Sede
no tiene dudas y está esperando la palabra de la Conferencia Episcopal para hablar.
Pero esa palabra no llega. En cambio, el cardenal Aramburu, en Tucumán, manifiesta:
"Para hablar de crimen hay que probarlo y yo no tengo ningún argumento en ese sentido.
De las averiguaciones que se hicieron ninguna daba posibilidad de que hubiera podido
ser eso que se rumorea" (16). Algo similar afirma el cardenal Primatesta, a pesar
de su conocimiento directo de los hechos. En la nunciatura se acumulan evidencias,
pero también se calla.
Pasan los años. El 26 de enero de 1983 el ex-oficial de la policía Rodolfo Peregrino
Fernández formula una declaración donde explica que vio en el escritorio del ministro
del Interior Albano Harguindeguy un maletín con la documentación que portaba el
obispo Angelelli sobre el asesinato de Longueville y Murias. El 31 de julio del
mismo año monseñor Jaime de Nevares, obispo de Neuquén, expone abiertamente que
la muerte de Angelelli fue provocada y proporciona detalles en una conferencia de
prensa organizada por el CELS en la Asamblea Pennanente por los Derechos Humanos,
el acompañante Arturo Pinto aporta decisivos elementos de juicio. La causa judicial
se reabre en La Rioja. Con la instauración del gobierno constitucional y la designación
como juez del doctor Aldo Fermín Morales la investigación avanza, El sucesor de
Angelelli como opispo de La Rioja, monseñor Bernardo Witte, aporta al expediente
valiosísimos elementos de prueba. El gobierno de la provincia, encabezado por Carlos
Saúl Menem y la subsecretaria de Gobierno y Derechos Humanos Graciela Petray, presta
su firme colaboración. El 19 de junio de 1986 el magistrado interviniente dicta
un auto interlocutorio cuya parte resolutiva dice lo siguiente: "Declarar que la
muerte de monseñor Enrique Angel Angelelli no obedeció a un accidente de tránsito,
sino a un homicidio fríamente premeditado y esperado por la víctima". En los fundamentos
de la medida aduce que las pruebas son concluyentes. El expediente cambia su carátula
de "accidente" a "homicidio calificado", Se evita de esa manera la prescripción.
Pocas semanas después los abogados del CELS se presentan en la causa en representación
de la sobrina del obispo María Elena Coesano y obtienen el reconocimiento como parte
querellante. Queda por delante la tarea de identificar a los autores mediatos e
inmediatos de la muerte del obispo.
Estos
acontecimientos tienen lugar en circunstancias en que en todo el país, con motivo
de cumplirse diez años del deceso de Angelelli, se desenvuelve un movimiento destinado
a exaltar su memoria, su acción y sus enseñanzas. Los actos culminaron con las ceremonias
que tuvieron lugar en La Rioja el 4 de agosto de 1986, con asistencia de peregrinos
de diversos lugares y en particular de las diócesis de Neuquén, Viedma y Quilmas.
En vísperas de esta celebración litúrgica el directorio de ATC Canal 7, dispuso
prohibir el tramo de la grabación correspondiente al abogado del CELS Jorge Baños,
en el programa del domingo 3, a las 23 horas, denominado "A Fondo", conducido por
Mona Moncalvillo. Según se afirmaba, Baños iba a proporcionar los nombres de quince
personas involucradas en el crimen. El hecho pone de manifiesto el poder de veto
que mantienen las fuerzas amadas.
En cuanto a la Conferencia Episcopal y sus cabezas, los cardenales Aramburu y Primatesta,
nada han rectificado de sus afirmaciones de 1976, a pesar de la resolución judicial
que las contradice. Los actos en memoria de Angelelli no han contado con la adhesión
de ese cuerpo, aunque sí con la de su sucesor Bernardo Witte y la de algunos obispos
enrolados en la misma línea pastoral.
Ninguna explicación se ha escuchado, igualmente, de los oficiales que ocupaban cargos
en La Rioja en el momento del homicidio. Me refiero en particular al comandante
y segundo comandante del batallón de ingenieros de construcciones 141 (área represiva
314), coronel Osvaldo Pérez Battaglia y teniente coronel (ahora general) Jorge Malagamba;
y al jefe y subjefe de la base aérea CELPA de Chamical, comodoro Lázaro Antonio
Aguirre y vicecomodoro Luis Estrella.
Por su parte el obispo Bernardo Witte declaró, el 2 de agosto de 1986, que ha llegado
el momento de investigar la vida, obra, virtudes y "fama de santidad o de martirio"
de su antecesor Enrique Angelelli. Ha constituido para ello una comisión diocesana
integrada por teólogos, juristas, pastoralistas, clérigos y laicos. "Sin duda alguna
-agrega- fue un verdadero pastor y profeta en la tormenta, fue signo de contradicción
según el Evangelio".
Estos son los primeros pasos para que la Iglesia, a través de un proceso, declare
santo a una persona.
En el mismo documento el obispo riojano, señala que "en silencio profundo, durante
nueve años, hemos investigado pacientemente la vida, los documentos, los gestos,
las actitudes y las obras que nos aportarán la luz y la verdad sobre monseñor Angelelli".
Subraya, finalmente, que el juez que entiende en la causa ha producido la primera
constatación de que nos encontramos frente a un homicidio.
El 5 de agosto de 1986, al cumplirse el décimo aniversario del asesinato de Angelelli,
el secretario general de la Conferencia Episcopal Argentina monseñor Carlos Galán
formuló declaraciones que difundió la Agencia Informativa Católica (AICA). Es un
comunicado realmente vergonzoso, pues insiste en la tesis del accidente y procura
disminuir el valor de las declaraciones judiciales, con afirmaciones inexactas.
Expresa: "Ellos (Primatesta, Laghi, Aramburu) hicieron todas las averiguaciones
que estaban en sus manos hacer. Nunca los responsables eclesiásticos tienen los
resortes que posee el Poder civil para hacer estas averiguaciones y ciertamente
entonces, aún los mejores amigos de monseñor Angelelli, pensaron que había sido
un accidente. Ahora, al cabo de los años, el juez nos dice otra cosa. Y bueno, es
como sabemos, un juez de instrucción. Luego habrá todo un proceso para llegar a
una conclusión más personificada". Estas afirmaciones son inexactas. En primer lugar,
los amigos de Angelelli y el pueblo riojano siempre sostuvieron que se trataba de
un homicidio. El juez interviniente es un magistrado penal, de instrucción y de
sentencia. Y el auto interlocutorio que modifica la calificación del expediente
ha sido dictado dentro del proceso, que está en pleno desarrollo
Monseñor Ponce de León
Extracto del libro Nunca más la siguiente valiosa información. "El 11 de julio de
1977, falleció el obispo de San Nicolás de los Arroyos, Carlos Ponce de León, en
un sospechoso accidente automovilístico. El prelado se dirigía a la Capital Federal
con su colaborador Víctor Martínez con el objeto de llevar documentación a la nunciatura
relativa a la represión ilegal (secuestros y torturas) implementadas en la diócesis
de San Nicolás y también en Villa Constitución, provincia de Santa Fe. Esta documentación
involucraba al entonces general Carlos Suárez Mason, jefe del primer cuerpo de ejército;
al coronel Camblor, jefe del regimiento de Junín y más directamente al teniente
coronel Saint Amant, jefe del regimiento con asiento en San Nicolás.
La documentación que el obispo de San Nicolás llevaba en su poder desapareció sin
ser reclamada por el canciller de la diócesis, monseñor Roberto Mancuso, capellán
de la unidad carcelaria de la ciudad.
En
el caminoPor Luis Bruschtein |
Víctor Martínez recuerda que el obispo
después de asistir al entierro de monseñor Angelelli, obispo de La Rioja, había
comentado en una reunión: "ahora me toca a mí".
A consecuencia del choque automovilístico el obispo fue conducido a la clínica San
Nicolás, junto con Víctor Martínez, donde falleció horas más tarde como consecuencia
de las heridas sufridas. Pudo establecerse que ni al médico de cabecera del prelado
le fue permitido ingresar a la sala de terapia intensiva. A los pocos días del accidente,
Víctor Martínez -que estaba haciendo el servicio militar en la prefectura de San
Nicolás-, fue arrestado por orden del teniente coronel Saint Amant sufriendo toda
clase de vejaciones físicas y síquicas durante su cautiverio. "En ese lugar -declara-,
me golpearon hasta desmayarme. Luego comenzaron a preguntarme cuáles eran las actividades
del obispo, qué personas lo visitaban, a cuántos extremistas había ocultado" (Legajo
N° 734).
Hacía tiempo que monseñor Ponce de León era objeto de amenazas "Igualmente -prosigue
Víctor Martínez-, las amenazas personales que le hacia el teniente coronel Sain
Amant: "Tenga cuidado, usted está considerado un obispo rojo". El mismo jefe militar
le había prohibido celebrar misa de campaña en el regimiento por que allí no entraban
los curas comunistas" (17).
Los padres palotinos
En la madrugada del 4 de julio de 1976 fueron asesinados los sacerdotes de la comunidad
palotina de la parroquia de San Patricio, en el barrio de Belgrano R. de la Capital
Federal, Alfredo Leaden, Pedro Duffau y Alfredo Nelly y los seminaristas Salvador
Barbeito y Emilio Barletti.
El P. Leaden, de 57 años, era delegado de la Congregación "Sociedad del Apostólico
Católico, fundada por San Vicente Palotti; el P. Duffau, de 65 años, era profesor;
el P. Alfredo Kelly, de 40 años, era director de catequesis en Belgrano y profesor
en el colegio de las Esclavas del Santísimo Sacramento; Salvador Barbeito, de 29
años, era seminorista, profesor de filosofía y sicología y además rector del colegio
San Marón; y Emilio Barletti, seminarista y profesor.
La noche del crimen personas del vecindario vieron un automóvil Peugeot negro largamente
estacionado frente a la parroquia, con cuatro hombres adentro y también un patrullero
que se detuvo frente a ellos y luego se alejó.
Las primeras personas que a la mañana ingresaron a la parroquia encontraron sobre
las paredes y una alfombra leyendas que después fueron retiradas. Las mismas decían:
"Así vengamos a nuestros compañeros de coordinación federal" (en cuyo comedor se
había colocado hacia pocos días una bomba) y "Esto pasa por envenenar la mente de
la juventud". De la parroquia desaparecieron objetos y papeles.
La comisión ejecutiva de la Conferencia Episcopal envió el 7 de julio de 1976 una
carta a la junta militar, "sobre el incalificable asesinato de una comunidad religiosa",
con las exculpaciones a que ya me he referido. Pero no exigió una investigación
ni aportó los elementos de prueba que constaban en la curia de Buenos Aires y en
la nunciatura. Por el contrario, al igual que en los casos de Angelelli y Ponce
de León, impuso silencio. El cardenal Aramburu demoró hasta 1978 la ordenación del
seminarista sobreviviente Roberto Killmeate y le prohibió pronunciar sermones hasta
1982.
Sin embargo, como dije antes, tanto en la curia de Buenos Aires como en la nunciatura
se conocían los elementos de juicio que demostraban la responsabilidad de las autoridades.
Pese a ello, militares y obispos compartieron la participación en las exequias.
El 20 de agosto de 1986 el fiscal federal Aníbal Ibarra ha solicitado al juez del
fuero Néstor Blondi el procesamiento del entonces ayudante Romano de la seccional
37a de la policía federal y del ex-comisario de la misma, Rafael Fensore. A dicha
seccional pertenecía el patrullero que interrogó a los ocupantes del auto que vigilaban
a los sacerdotes palotinos. Los agentes del vehículo policial reconocieron las credenciales
y autorizaron su permanencia en ese sitio. Sostiene el fiscal que los ocupantes
del Peugeot 504, que se encontraba estacionado ese día en las proximidades del lugar,
a las dos de la madrugada, fueron los que cometieron el hecho. La actitud sospechosa
de dos automóviles, que se comunicaban entre sí a través del juego de las luces,
hizo que Julio Martínez, hijo del entonces gobernador de Neuquén, general Martínez,
ante el temor de un ataque terrorista contra su padre que vivía en la esquina de
la parroquia de San Patricio, alertara a la comisaría 37a, que comisionó a un patrullero
para que investigara la cuestión, con el resultado conocido. El 2 de setiembre del
mismo año, el magistrado interviniente dispuso procesar a los mismos. Resulta claro
que la investigación sobre estos elementos probatorios, que las autoridades eclesiásticas
conocían, pudo haberse realizado en 1976.
Recuerdo que ya en 1976 en la nunciatura me dieron el nombre del testigo Martínez.
Actualmente el ex-comisario Fensore es titular, con el 80% de las acciones, de la
empresa de seguridad Rosil S.A., una de las más grandes del país, con 956 miembros.
La Fraternidad del Evangelio
Los Pequeños Hermanos del Evangelio o Fraternidad del Evangelio fueron fundados
en Francia por el presbítero René Voillaume en 1933, como rama de la Asociación
Charles de Foucauld Sigue las pautas de espiritualidad de este célebre místico francés,
asesinado en Africa en 1914.
La característica de los sacerdotes de la Fraternidad es que, además de una intensa
vida de oración, se sustentan con su trabajo en labores humildes y viven en comunidades
marginales participando de las penurias del ambiente.
Estas características, corno he explicado antes, eran consideradas subversivas por
las fuerzas armadas y los integrantes de la Fraternidad, que estaban en la Argentina
desde 1960, fueron erradicados, algunos mediante el asesinato y otros por el extrañamiento
forzado. En 1973, contaban con quince religiosos distribuidos en seis Fraternidades,
ninguna de las cuales subsistió.
Como antes señalé, el hermano Henri del Salan Betumale fue detenido y deportado
a Francia en 1978. El sacerdote Pablo Gazzari, fue detenido y desapareció en 1976.
El presbítero uruguayo Mauricio Silva Iribarnegaray, que trabajaba como barrendero
municipal y vivía en un conventillo corrió la misma suerte en 1977. Nelio Rougier
ya había sido secuestrado y asesinado en 1975.
Quien pudo relatar su ordalía fue Patricio Rice, salvado de morir por la enérgica
intervención de la embajada de Irlanda, su patria. Según cuenta en una entrevista,
en 1976 trabajaba en la villa Fátima de Soldati, cuya persecución presenció y en
cuyas luchas participaba. Fue detenido y llevado a la comisaría de Soldati con otras
personas. El hecho que hubiera sido registrado su arresto y la solidaridad de sus
compañeros contribuyeron a su reconocimiento. La noticia apareció, además, en los
diarios. "Después de tres días de torturas -explica- fui sacado y entrevistado por
un oficial del ejército que estaba encapuchado. Al otro día fui llevado al departamento
central de policía y después de unos días mi propio embajador pudo venir a verme.
Estuve preso dos meses y en diciembre del 76 salía expulsado para Europa... Fui
sometido a sesiones de ahogo con agua; estuve amarrado de manos y pies durante veinticuatro
horas; el segundo día la tortura fue con picana eléctrica y después venía el interrogatorio"
(18).
Rice realizó desde el exterior una intensa campaña de esclarecimiento respecto a
la dictadura argentina. En la actualidad vive en Caracas, donde se desempeña como
secretario ejecutivo de la Federación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos de
América Latina (FEDEFAM).
Otros casos
Me he referido al pasar al P. Santiago Renevot. Este sacerdote de nacionalidad francesa,
párroco de El Colorado, provincia de Formosa, fue detenido el 17 de noviembre de
1975 por fuerzas del ejército. El obispo. Raúl Scozzina, y el clero de la diócesis
protestaron suspendiendo los oficios religiosos y 17 de ellos realizaron una huelga
de hambre. El presbítero Renevot permaneció preso y fue expulsado del país el 27
de mayo de 1976.
Aludí igualmente al presbítero estadounidense Jaime Weeks y a los seminaristas que
compartían su casa. Weeks fue sometido a todo tipo de torturas durante un par de
semanas, a partir del 3 de agosto de 1976, hasta que la embajada de su país consiguió
su liberación. Cuando estaba en Washington visitó al primer embajador de la dictadura
argentina, Amaldo Musich, quien lo recibió. Ello dio motivo a una reconvención por
parte del entonces ministro de Relaciones Exteriores, almirante César Augusto Guzzetti
y a la renuncia de Musich.
Conozco detalladamente la detención, "desaparición" y liberación de los sacerdotes
jesuitas Orando lorio y Francisco Jálics.
Ambos residían en el barrio de emergencia del Bajo Flores y fueron detenidos al
mediodía del domingo 23 de mayo de 1976, con la intervención de más de cincuenta
efectivos de la infantería de Marina, mientras oficiaba misa el presbítero Gabriel
Bossini. Aparecieron anestesiados en un bañado de Cañuelas cinco meses más tarde,
el 23 de octubre. Según información de los vecinos fueron depositados durante la
noche por un helicóptero. De acuerdo con su relato fueron mantenidos tres días en
la Escuela de Mecánica de la Armada -que reconocieron-, amarrados y encapuchados.
Luego los trasladaron a una casa quinta en Don Torcuato, donde estuvieron encapuchados,
engrillados y esposados el resto del tiempo, pero sin ser sometidos a torturas.
En declaraciones judiciales y ante la CONADEP, el presbítero Iorio, en la actualidad
incardinado en la diócesis de Quilmes, fue interrogado sobre Mónica Quinteiro, María
Marta Vásquez de Lugones y posiblemente mi hija Mónica.
El 10 de julio me recibió el almirante Oscar Montes, entonces jefe de operaciones
navales y luego ministro de Relaciones Exteriores, junto con el señor José María
Vásquez, padre de María Marta. Negó saber nada de nuestras hijas pero admitió que
los sacerdotes Iorio y Jálics habían sido detenidos por la infantería de Marina.
Entre tanto, Massera negaba la participación de su arma. Transmití la información
de Montes, en setiembre de ese año, al coronel Ricardo Flouret el cual, me dijo,
informaría de la novedad al general Videla, por orden de quien estaba instruyendo
un sumario.
He comentado ya la dudosa intervención en la detención de estos clérigos del cardenal
Aramburu y del provincial de los jesuitas, Jorge Bergoglio.
Carlos Mugica
Cierro este capítulo con una breve referencia a la primera víctima sacerdotal de
la persecución, Carlos Mugica, acribillado a balazos frente a la parroquia de San
Francisco Solano, en Buenos Aires, el 11 de mayo de 1974.
Lo hago con un extracto de la semblanza biográfica con que su colega Jorge Vernazza
inicia la Introducción de sus escritos y reportajes. Dice así: "En el Padre Mugica
cuenta su historia, él mismo se encarga de señalar los principales factores que
incidieron en la transformación de un joven estudiante de familia acomodada y, por
lo tanto, condicionado por la mentalidad propia de esta clase, en un sacerdote marcado
por la 'opción preferencial por los pobres', mucho antes que esta consigna fuera
lanzada por los obispos latinoamericanos reunidos en Puebla, en febrero de 1979.
Había nacido el 8 de octubre de 1930. A los 21 años dejó los estudios de derecho
para ingresar en el seminario de Villa Devoto. Recién ordenado sacerdote, a fines
de 1959, pasó cerca de un año junto a monseñor Iriarte, obispo de Resistencia, en
el Chaco santafesino. De regreso a Buenos Aires fue nombrado vicario cooperador
de la parroquia Nuestra Señora del Socorro, para desempeñar simultáneamente funciones
en la secretaria privada del cardenal Caggiano. También actuó como asesor de jóvenes
universitarios y profesor de teología en la universidad de El Salvador. Pero nada
de ello le impidió, tal vez mejor lo motivó, como compensación, a buscar en la villa
de Retiro la gente a las que quiso dedicar preferentemente su mejor tiempo y energías
sacerdotales. Buena parte del año 1968 lo pasó en Francia realizando estudios complementarios.
Al regresar a Buenos Aires a fines de ese año se incorporó al Equipo Pastoral para
Villas de Emergencia, aprobado por el arzobispo de Buenos Aires cardenal Aramburu,
también desde entonces comenzó a participar vivamente en las actividades del Movimiento
de Sacerdotes para el Tercer Mundo'. El 11 de mayo de 1974, después de tener una
charla con parejas que se preparaban para el matrimonio y celebrar su habitual misa
vespertina de los sábados en la parroquia de San Francisco Solano, al salir de la
misma fue ametrallado por alguien que bajó de un coche, dentro del cual huyó velozmente.
En poco más de 13 años de labor sacerdotal, había llegado a ser ampliamente conocido
en el país. Su asesinato conmovió profundamente. Miles de personas desfilaron ante
su féretro, primero en la parroquia de San Francisco Solano y después en la capilla
de Cristo Obrero en la villa de Retiro. Una impresionante multitud, que reunía exponentes
de todas las clases sociales, pero especialmente a los pobres de las 'villas miseria',
lo acompañó por más de 50 cuadras hasta la Recoleta, en una manifestación de fe
con tal profundo sentido religioso y popular que no se tiene memoria, en nuestra
ciudad, de otra similar.
Dentro de un marco tan breve de hechos y fechas, ¿qué puede explicar la extensa
irradiación de su figura y la dolorosa conmoción probada por su desaparición? Tal
vez pueda sintetizarse la respuesta: fue su religiosidad auténtica, comprometida
hasta el fin en el servicio de sus hermanos, en especial los más pobres, con intensa
vitalidad humana y espiritual.(19)
Tengo memorias breves pero intensas de Carlos Mugica. Lo recuerdo hablando en actos
públicos y en Roma, el 16 de noviembre de 1972, en ocasión del vuelo que compartimos
para acompañar a Perón en su regreso al país. Lo tengo presente en una reunión con
jóvenes, en mi casa, organizada por mi hija Mónica.
Su muerte fue un preanuncio de lo que vendría. Era una figura simbólica y carismática
que la oligarquía -que lo consideraba un traidor a su clase- y las fuerzas armadas
no podían tolerar viva mientras preparaban el gigantesco genocidio.
Notas Capítulo octavo
(1) Comando de Agrupaciones M.I. – Buenos Aires. Anexo "Lima" (Relación entre autoridades
militares y eclesiásticas) Plan de capacidades 1982. Marco interno.
(2) Secreto (Cdo. J. E (EMGE) – Jef. III Op.) Buenos Aires, 2D 1200 abril 1977.
CRA – 127. Anexo 5 (Ambito Religioso) a la Directiva del CJE Nro. 504/77 (Continuación
de la ofensiva contra la subversión durante el período 1977/78). 1. Situación a).
(3) Id. Id. 1. Situación c. d. e., y f.
(4) A los fines de la represión el país estaba dividido en cinco zonas, que corresponden
a los comando uno, dos, tres, cinco y de institutos militares del ejército. Quedaban
excluidas de las mismas las regiones que correspondían a la armada y a ala aeronáutica.
Las subzonas corresponden, en general, a las brigadas y las áreas a los regimientos,
escuelas, institutos y otras unidades. Puede encontrarse un detalle de la estructura
represiva en el libro del Centro de Estudios Legales y Sociales, 692 responsables
del terrorismo e Estado, Buenos Aires, 1986, 343 págs. (Rodríguez Peña 286, Piso
10 (1020) Buenos Aires).
(5) Id id. 3. Ejecución. 1, 2, 3 y 7.
(6) Comando de Agrupaciones M.I. - Buenos Aires. Anexo "Lima" (Relación entre autoridades
militares y eclesiásticas). Plan de capacidades 1982. Marco Interno. J Situación.
2. 3 y 4.
(7) Id id.III Capacidades del Enemigo, Factor religioso. 145. 1, 2 y 3.
(8) Conf. La sangre por el pueblo - Nuevos Mártires de América Latina. Editan: Instituto
Histórico Centroamericano. Managua, Nicaragua y Centro de Capacitación Social, Panamá,
R.D.P. Managua - Panamá 1983, 288 págs.
(9) Las fuentes consultadas son las siguientes: Comunitá Ecuménico ltalo-Argentina.
La Chiesa in Argentina sotto la dittatura militares. Roma sld.. 13 págs.: La persecución
a la Iglesia Argentina Buenos Aires, mayo de 1978. 16 págs. La situation de l'Eglise
Catholique en Argentine, s/l. s/d. Tiene una anotación que dice: "documento presentado
a la UNESCO: Don Antonio Fragoso. Priére et solidarité avec l'Eglise des humbles
persecutée en Argentine s/l 1976, 14 págs.: Marcela Bosch de Paulucci. Lista de
víctimas de la represión ligadas con la Iglesia. Buenos Aires, s/d, 2 págs.: Trabajo
de Investigación: Estructura de la represión en la Argentina. Su acción sobre las
Iglesias. Responsable: Dr. Antonio López Crespo. Encargado por Movimiento Ecuménico
por las Derechos Humanos. Segunda parte: Acción sobre las iglesias. Buenos Aires.
Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, abril de 1986. 25 págs.: Comisión
Nacional sobre Desaparición de Personas: Informe Nunca Más. EUDEBA. Buenos Aires,
1984. págs. 350/360; Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas: Anexos, Anexo
l. EUDEBA. Buenos Aires 1984; Asamblea Permanente por los Derechos Humanos: Lista
de los detenidos-desaparecidos registrados en la Asamblea Permanente por los Derechos
Humanos. Buenos Aires, s/o 115 págs.
(10) Informe de la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas. Nunca Más.
EUDEBA. Buenos Aires. 1984, testimonio de Lisandro Raúl Cubas, Legajo Nro. 6874.
pág. 348.
(11) Id id. testimonio de Graciela Daleo y Andrés Castillo, legajo Nro. 4816. pág.
348.
(12) Id. id. testimonio de Leonor Isabel Alonso, legajo Nro. 5263, pág. 348.
(13) Id. id. testimonio del sacerdote Patricio Rice, legajo Nro. 6976. pág. 348.
(14) Conf.: Juan Carlos Zuretti. Nueva Historia Eclesiástica Argentina. Buenos Aires.
972. pág. 423: José Oscar Frigerio. "Perón y la Iglesia", en Todo es Historia, número
210. Buenos Aires, octubre de 1984. págs. 1/64
(15) Estas referencias y las que siguen pertenecen a documentos del archivo de la
Curia riojana. Algunos de el/os han sido agregados a la causa número 23.350 "Angelelli.
Angel Enrique slHomicidio calificado y tentativa de homicidio calificado" que tramita
ante el juzgado de Instrucción en lo Criminal Nro. 1 de La Rioja a cargo del doctor
Aldo Fermín Morales, secretaria Mabel Lucía Fallabrino. Otros han sido extraidas
directamente del archivo. Debo estas últimas a una gentileza de mi amigo Rubén Dri.
(16) El Periodista, Buenos Aires. número 97. 18 al 24 de julio de 1986.
(17) Ob. cit., pág. 359/360.
(18) Revista Humor, número 137, octubre de 1984.
(19) Padre Mugica. Una vida para el pueblo. Prólogo de Justo Oscar Laguna, obispo
de Morón. Introducción de Jorge Vernazza. Buenas Aires. Pequén Ediciones. 1984.
224 págs