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LUIS MATTINI |
Gualeguaychu y la
"Estrategia" del
Socialismo del Siglo XXI
Por Luis Mattini
Ni yo ni ninguna persona común se propondría dar soluciones al conflicto de
Gualeguaychú con las pasteras, (al menos que fuera un académico argentino de
esos que "cortan el bacalao" en La Habana, claro está) sólo pretendemos tomar lo
novedoso, lo particular, lo que hace diferente y potente la experiencia de los
entrerrianos y tratar de sacar elementos que disparen la imaginación en nuestra
tozuda práctica que busca mundos mejores. En ese sentido seguimos el ejemplo de
los maestros hasta donde nuestros modestos entederes lo permiten. Y en efecto,
los maestros se basaron en hechos "coyunturales" para elaborar sus teorias,
sobre todo en La Gran Revolución Francesa, (en rigor los alzamientos de Paris
1789/93 que involucraron a una fracción centesimal de la población mundial,
desde el punto de vista del conjunto de la humanidad, fueron "coyunturales");
luego las "revoluciones burguesas" europeas del siglo XIX y la Comuna de Paris.
Todas "derrotadas", como fue "derrotado"el 19 y 20 de diciembre. ¿Fueron
realmente "derrotadas"?
Es verdad, que los "setentistas" debemos estar prevenidos de no abusar de los
análisis con sabor de derrota, atentos a nuestras propias miserias cuando
solemos lamernos las heridas. Pero también es verdad que la actual generación
tiene que hacerse cargo de su propia responsabilidad. Esto significa tratar de
conceptualizar, es decir, extraer elementos de la vida para analizar y
comprender, en busca aproximarse a elaborar eso que llaman "teoría"; esto es,
tratar de responder por medio de la razón al porqué en la historia parecería
haber "momentos" de iniciativa y creativa ofensiva y "momentos" defensivos, en
que se pierde la iniciativa, para dedicarse a estudiar o repetir lo que hicieron
los que vivieron el "momento" anterior. (Lograr actuar en la defensiva es
también mantener la iniciativa y la creatividad) ¿No será que un problema en la
sucesion de generaciones, o "momentos, consistiría el mantener como dogmas
categorias pasibles de ser revisadas. Así, por ejemplo, es trillado explicar que
entre época y generación o, lo que es lo mismo, entre época y sujeto, existe una
"relación dialéctica", según la cual el sujeto hace a la época y la época hace
al sujeto, que equivale a decir que es una "relación lógica" y con ello se
explica todo y no se explica nada. Al menos no aprendemos a "manejar", a crear,
esa supuesta "relación dialéctica" cuando creemos observar que no se produce.
Con respecto al pasado reciente, yo creo que nuestra generación, al menos en lo
subjetivo, no es hija de la derrota, sino de la "victoria". Nosotros nacimos a
la lucha política, habiendo disfrutado en la niñez del estado de bienestar e "iluminados" por las supuestas
"victorias", en donde el relato épico de tales
triunfos se transformaba en pretendida teoría, teoría que a su vez suele repetir
la presente generación cuando habla de "desviaciones". (foquismo, militarismo,
reformismo, infatilismo, determinismo, mecanicismo, etc) Lo que intento
significar es que muchos analistas presentes del pasado reciente, suelen
concluir que si no nos hubiésemos "desviado" de la teoría, no habria habido
derrota. O ese "la práctica como criterio de verdad", como análisis de la
práctica pasada, según el cual triunfo resulta igual a verdad y derrota resulta
igual a falso. En cambio yo estoy convencido que, por suerte, hubo una especie
de esquizofrenia, para decirlo de algún modo, entre teoría y práctica porque ,
en los hechos, no habíamos seguido al pie de la letra las teorías que
pregonábamos con el discurso, lo cual nos dio la oportunidad de la creación. Esa
fue la parte saludable, los aciertos, que nos tocó vivir y, paradójicamente, la
que suele obnubilizarnos en el presente.
Sin embargo, con respecto a la "teoría", el pensamiento dominante en el campo
popular en los setentas, comparado con épocas anteriores a la nuestra, se
caracterizó por una relativa pobreza, porque estábamos atravesados por la acción
y, para ella parecían útiles los manuales (ojo, no sólo los vilipendiados
soviéticos) que "cientifizaron", valga redundancia, las ciencias sociales. Y es
por ello que hoy nos vemos obligados a "retroceder" a filósofos y pensadores que
habíamos desdeñado porque su pensamiento se oponía a nuestros deseos, se
contradecía con los aparentes triunfos que mostraban el paso inexorable del
capitalismo al socialismo.
Los viejos maestros del siglo XIX, en cambio, vivieron momentos fundantes y
constituyentes y su campo de estudio fueron, como dije más arriba, revoluciones
"derrotadas". Fundaron un proyecto de socialismo, en su momento llamado "científico" enfrentando enfáticamente la utopía, (el rescate que se hace hoy de
"utopia", indica que muy pocos están dispuestos a mantener el adjetivo "científico") Digamos mejor que fundaron un cuerpo de ideas, un imaginario de
sociedad opuesta al capitalismo, cuya concreción era una apuesta; pero lo
hicieron sin lograr desprenderse del todo de la hegemonía del pensamiento
capitalista, por asi decirlo, (Hegel). Y claro, no puedo ser tan necio como para
pretender que los maestros la ignoraran y mucho menos creer que nosotros nos
hemos desprendido de la influencia capitalista, apenas si estamos tomando
conciencia de ello..
"El mundo" no es realidad, es representación trascendente, la vida es presencia
inmanente..
Un rasgo distintivo del pensamiento capitalista, casi desconocido hasta la
modernidad, es la "totalidad totalizante", porque ella tiene su origen material
en la búsqueda del reino absoluto del mercado al transformar la fuerza de
trabajo en mercancía. Cierto que ya el cristianismo incorpora a la cultura
occidental la idea de totalidad y por ello es posible que tenga razón León
Rotzichner cuando afirma que el cristianismo es el lejano origen del
capitalismo. En todo caso el monoteismo, el liberalismo y el marxismo "oficial",
comparten la concepción de totalidad. Y por ello tabién es atendible el
argumento de algunos cristianos que sostienen que en Cristo está el origen del
socialismo. A su vez, los llamados "populares", de Asia, Africa y América
Latina, como alternativa al eurocentrismo, no pudieron despegarse de la
influencia hegemónica del pensamiento de la modernidad. Y no puede decirse que
no lo hayan intentado. (Revolución cultural en China; escuelas secundarias
rurales en Cuba, etc)
Desde luego que este uso de herramientas propias de la época para analizar el
propio capitalismo y el estado moderno (Locke, Adam Smith, Hegel, Darwin) ese
reconocimiento de Marx que las "ideas dominantes son las de las clases
dominantes", no se hizo sin fuertes tensiones entre el deseo, la ética y la
voluntad de tranformar por un lado , con el aherrojamiento de tales "ciencias"
por otro. Por eso son posibles variadas lecturas de Marx.
Ahora bien: los maestros tuvieron un montón de argumentos sobre las "derrotas"
de las revoluciones del siglo XVIII y XIX que estudiaron minuciosamente,
empezando por la gran revolucion francesa. Como es sabido, según ellos, no hubo
tal derrota, sino que fue una ilusión de los "humanistas" creer que la
revolución era para el pueblo, la revolucion era para la burguesia y desde ese
punto de vista fue una victoria total cuando todo lo burgués se hizo humano y
todo lo humano se hizo burgués. ¿Cómo, entonces, podían recoger lo "positivo" de
esas revoluciones derrotadas desde el punto de vista libertario si no por medio
del concepto de totalidad, que las incorporara a un proceso ascendente de
emancipación humana? Totalidad implica un sentido finalista, meta, objetivo
final…el comunismo como la resultante de todo lo acumulado por la larga marcha
de la humanidad a lo largo de su historia. Por lo tanto las partes se deben
subordinar a ese todo final.
Aún tomando saludable distancia del todo determinismo, aún considerando que ese
proyecto, como tal, depende de voluntad humana, condicionada, pero no
determinada, por la base material, el concepto de totalidad hacia un objetivo
final contiene la trascendencia y como tal. desde el punto de vista
escatológico, es la alternativa terrrenal a la promesa cristiana del paraiso.
Cualquier sacrificio vale si apunta al objetivo final. Así muchos de nosotros,
pudimos admitir criticamente al stalinismo y al crimen global de la segunda
guerra mundial como una gesta liberadora, fuera esta la "Gran guerra Patria" o
fuera la guerra de la civilización contra la barbarie. Stalin hizo matar más
comunistas que Hitler, pero decía hacerlo en pos del comunismo como razón de la
historia, esa es la sola diferencia.
Por otra parte, totalidad y trascendencia implican siempre actuar en función de
futuro, el presente se subordina al futuro. O sea que la totalidad, el todo, no
sólo es espacial, geográfico sino también temporal e…infinito.
Es interesante observar que, por lo diverso, la historia muestra que la gente se
ha movido motivada por la "totalidad" sólo en momentos excepcionales. (En
nuestro caso las guerras de la independencia y ciertos hitos) Son esos momentos
que, desde esta óptica totalizante se los llama "históricos" ( a veces reales a
veces imaginarios) y por ello Hegel puede hablar de "pueblos sin historia", no
por ser un alemán racista sino porque lo vé desde la totalidad. Podemos convenir
que efectivamente son eventos, o situaciones imanentes, momentos de formidables
rupturas, a veces revoluciones, donde la vorágine de los hechos arrastra o
entusiasma a millones de seres humanos más allá de sus intereses inmediatos en
alguna de las unidades de la totalidad (Ciudad, Provincia, Nación, Continentes).
Pero en este punto cabe también distinguir cuál es evento o situación, sin
perjuicio de la magnitud y sin sujeción a la estrategia de lo trascendente. El
evento sería aquella situación que contiene una imanente práctica de cambio en
la subjetividad, de rebeldía, aún en el contexto de una supuesta monumental
trascendencia. Por ejemplo, el gueto de Varsovia en el contexto de la segunda
guerra mundial, el Che, oponiendo a la "estrategia" del campo socialista sus "uno, dos, tres Vietnam". .
La inmanencia de Gauleguaychú.
En la cotidianidad de lo "no histórico" se producen a diario eventos que no
obedecen al un "gran evento", es decir hechos que no se corresponden a una "estrategia". Tal es el caso de aquel Cutralcó, aquel Mosconi, ese 19/20 de
diciembre… Esquel o Gualeguaychú. No es necesario hacer una encuesta para
suponer que la mayoria de la gente de Gualeguaychú no piensa en la trascendencia
de una estrategia anticapitalista, actuan por la inmanencia de su decisión de
defender un modo de vida; y van de "tacticas" en "tácticas", por así hablar, sin
que lo adecuado de cada táctica se corresponda a una estrategia para medirla. La
"estrategia" de Gauleguaychú es bien "pequeña": expulsar las pasteras. (La
motivación de cada persona o cada grupo del colectivo es a su vez diversa) Por
lo tanto la justeza o no de las tácticas se medirán por esa "estrategia". Porque
es en el proceso de lucha donde los propios protagonistas advierten que una "inocente" protesta ecologista pone el dedo en la llaga de tremendos intereses.
En esa práctica toman contacto con la teoría, con la ciencia, se informan y se
forman, se "especializan" hasta hacerse "expertos"; con una diferencia radical:
se accede a tales conocimientos por la vía del cuerpo sin "pre-juicios", con
juicios tomados, juicios dados por el deseo, por la opción de vida asumida y no
por teorías totalizantes que indicarían cómo ser felices. Por otro lado, no se
trata, como lo exigía cierto pensamiento agotado, de analizar la "correlación de
fuerzas" para decidir si conviene o no dar la batalla de acuerdo a cómo estaría
dada la disposición "estratégica". Primero porque si Gualeguaychú hubiese
razonado anteponiendo la centralidad del cerebro (análisis teórico previsible)
que le hubiera indicado su pequeñez frente a la hostilidad general, si hubiera
sopesado la magnitud de la coalición de fuerzas a que se enfrentaba,
(imaginarios tecnocráticos del progresismo, académicos marxistas que no pueden
entender el fenómeno biotecnología, mezquinas visiones corporativas de ciertos
sindicatos, gobiernos aherrojados por la gestión, relaciones mafiosas con los
gobiernos provinciales, cierto sindicalismo-empresarial subsidiario de la gran
tecnología, negocios de los empresarios locales, movimientos populares en el
gobierno jactanciosos de su "civilidad" y, claro, por supuesto, su coronación:
los altos intereses transnacionales) quizás ni siquiera lo hubiera intentado.
Luego porque Gualeguaychú desconocía su propia potencia, por aquello que "nunca
se sabe cuánto el cuerpo puede". Al carecer de teoría para actuar, simplemente
se echaron a andar y hoy se pueden asombrar de su propia potencia. Pero, lo que
es más importante: no está escrito cual es la táctica adecuada, insisto, no es
una verdad que existe objetivamente y sólo hay que revelar, no hay una teoría
para el estudio analítico previsible, no se desprende de la trascendencia de lo
general, es una verdad a crear, es una politica a inventar desde la propia
inmanencia y en esa situación concreta. Tal es la riqueza de Gualeguaychú, sea
cual fuere el resultado final. Potencia de lucha que se desmoronaría si la
encajáramos en cualquier "estrategia".
Es en ese sentido, existe un gran riesgo en el intento de "extensión artificial"
de Gauleguaychú: la tentación de bloquear el puerto de Buenos Aires. Si ello
fuera hecho por los ciudadanos de esta ciudad que se movilizaran por solidaridad
en el sentido lato del término (ser parte de lo mismo) bienvenida sea; porque
entonces no estarían haciendo solidaridad con Gualeguaychú, sino "otro"
Gualeguaychú, "otro" Esquel, otro 19/20 de diciembre. Ello significaria la
movilización de porteños que, en primer lugar hicieran conciencia de sus propios
problemas ecológicos locales, que son más graves que los de Gualeguaychú y hasta
ahora se ha movido una infima minoría de la ciudad, empezando por las torres de
Puerto Madero, los terrenos de la ex ciudad deportiva de Boca, (por ser zona
portuaria) y asi decenas de problemas similares, el mayor el Riachuelo. ¿Que
Puerto Madero está lejos de los barrios carenciados de Buenos Aires? Es verdad,
también Gualeguaychú está a 14 kilómetros de las pasteras y su población no se
mueve por ser "carenciada". Dicho en forma más clara: así como la asamblea de la
ciudad de Gualeguaychú (gente presente, no "representantes") bloquea el puente
hacia Fray Bentos, y la asamblea de la ciudad de Colón (gente presente, no "representantes") analiza medidas similares, debería ser la asamblea de la
ciudad de Buenos Aires (gente presente, no "representantes") quien decida
bloquear su puerto, dispuestos a enfrentar todas las consecuencias y no la
asamblea de deteminado barrio "representando" a los porteños.
Pero las cosas no vienen así; la idea de bloquear el Puerto de Buenos Aires
viene fogoneada por asambleístas y piqueteros, muchos de ellos fuera de esta
ciudad, que no se caracterizaron precisamente por esta temática y que ahora, de
hecho, "representarían" a los ciudadanos de Buenos Aires, siguiendo una
pretendida "estrategia", para la cual ellos, los piqueteros, a diferencia de
Gauleguaychú, "conocen" sus fuerzas (mejor dicho creen conocer), porque sus
fuerzas son las que despliegan en situación de presentes y no de "rerpresentantes" para las que le dan formas de un
"ejército civil"). Estas "fuercitas" se mueven con una "estrategia" de "acumulación de fuerzas", sin
comprender que Gualeguaychú muestra el despliegue de potencia.
Una acción de ese tipo podría ser un salvavidas de plomo para los activistas de
Gualeguaychú, porque más que demostración efectiva de fuerza lo sería de
debilidad, digamos algo asi como oponer escuadrones a los escuadrones de la
represión y encima de civiles con palos y bufandas. La única manera legítima de
bloquear el puerto de Buenos Aires sería la movilización de unos trescientos mil
porteños, (no como un asunto de "fuerza" sino por presencia), que dijeran basta
a la depredación del ambiente. Esto no es "utópico", el 19/20, demostró que la
realidad es más rica que la teoría, podría suceder el día menos pensado.
Mientras ello no ocurra, no se lo puede reemplazar con "vanguardias".
Dicho metafóricamente, no se trata de "extender Gualeguaychú", sino de desplegar
un, dos, tres …muchos Gualeguaychú en donde los protagonistas descubran, no la "fuerza" de Gualeguaychú, sino su propia potencia. Precisamente, las acciones en
varios barrios porteños y del Gran Buenos Aires contra las construcción de
edificios torre, son esos muchos Gualegauychú. (No sería necesario agregar que
esto no nos exime de la realización de actividades de solidaridad de todo tipo con
Guleguaychú en Buenos Aires y todo el país. Por ejemplo un acto de "representantes" de las asambleas, y organizaciones sociales en la zona
portuaria) .
El socialismo del siglo XXI
Muchos luchadores contra el capitalismo siguen arrastrando uno de los lastres
más pesados que nos legó la modernidad, la totalidad; la idea de que lo global,
lo planetario, articulado, ordenado y manejado racionalmente desde un centro, es
destino natural de la humanidad y sinónimo de civilización superior. Por ello a
la globalidad capitalista se pretende oponer algo así como la globalidad
socialista. Ahora se la menciona como "el socialismo del siglo XXI". Una
estructura planetaria para enfrentar a la estructura planetearia capitalista
¿Por qué no podemos hablar de los socialismos, de muchas variedades de prácticas
sociales autónomas solidarias que, en su multiplicidad local, vayan más allá del
Estado Nación y de Estados Multinacionales?
Y de eso se trata, de que la estructura planetaria es innerente del capitalismo
y, si concebimos otra estructura planetaria, será también capitalista. Dicho más
claro: la estructura planetaria en obra del mercado, de la lógica de la libre
circulación de la mercancía en tiempos que la fuerza de trabajo se transforma en
mercancía. Los hombres, en este caso los capitalistas, administran, intentan
dirigir, según intereses grupales, ese movimiento y sólo pueden moverse
"globalmente" como lo hacen, en el terreno de la mercancia. La democracia
representativa es su forma ideal y funcional, pero cuando esta no puede dominar
por la resitencia de lo diverso, no sólo se recurre a la fuerza de la policía
mundial, sino que tal fuerza constituye, además de su bien de uso (reprimir) en
una rentable mercancia. (Ejércitos, industria bélica, industria de la seguridad,
etc)
El sistema único, no está dirigido por un cerebro humano, ni siquiera un equipo,
sino por un entrecruce de intereses "solidarios" y enfrentados, alimentados por
todos los "sitemas" (sistema económico, político, educativo, religioso, "cultural", etc). donde posiciones de derecha y de izquierda suelen acordar más
de lo sospechado porque tienen en común el modo de ver "el mundo", aunque
intereses antagónicos y que mantienen un equilibrio inestable, a tal punto que
cada momento se va de madres, porque, al contrario de lo que afirman los
tecnófilos, (que me acusan de tecnófobo) el hombre controla cada vez menos su
propia creación. La leyenda del aprendiz de brujo pesa como una espada sobre
nuestras cabezas.
Esta afirmación no se desprede de una variante de un determinismo
economicista, sino de la profunda crítica a la soberbia de la modernidad que
estableció la centralidad de la conciencia y la omnipotencia del hombre sobre la
naturaleza y sus propios actos. ("hombre", sí compañera, no se sulfure, digo "hombre" con toda intención, porque la mujer no estaba considerada pensante y,
para abrirse paso en este "mundo", está obligada a pensar como hombre.) Tal
estructura planetaria no obedece a la voluntad de los humanos sino al mercado
capitalista. (manejado por humanos que se llaman empresarios, políticos,
científicos, religiosos, docentes, profesionales e intereses corporativos) pero
que también actuan "en situación" y son pasibles de "triunfos" y "derrotas") Los
seres humanos no pueden actuar más allá de "su situación", porque están "situados" material, cultural e históricamente.
Para enfrentar esa intemperie el ser humano inventó primero la magia, luego la
religión y después la ciencia. Pero ocurre que esos dioses han muerto o se han
vuelto locos, dejándonos en la intemperie, ha quedado a la vista nuestra
fragilidad como especie y la falsedad de nuestra omnipotencia para dominar la
naturaleza y el "mundo". Pero fragilidad e intemperie no significa impotencia,
por el contrario la omnipotencia es consecuencia de la impotencia de la fuerza.
La fragilidad puede generar potencia, por aquello que decía el genral Giap: "el
arma vale lo que vale el hombre que la empuña". Por ello es que, liberados de la
protección omnipotente de la fuerza de los dioses, podemos enfrentar la
intemperie liberando la inmanencia de ese haz de potencias que actúan contra la
injusticia en cada situación, resistiendo a la destrucción de la vida,
construyendo relaciones sociales, sin saber ciencia cierta qué sobrevirá de cada
construcción. Se trata de resistir creando para hacer realidad esa hermosa frase
"resistir es crear". En esa práctica la militancia, independientemente de
costos, esfuerzos y resultados finales, no es un "sacrificio", sino el placer de
la creación.
En todo caso la propuesta de una estructura planetaria alternativa es la que
está en danza hoy en América, en la que se anotan desde Cuba, pasando por
Venezuela y Bolivia, a Argentina y hasta con el agregado de la "democracia
participativa". Y claro, un proyecto de este tipo implica de por sí una
estrategia, un enfrentamiento global, a lo global, un formidable despliegue y
disposición de fuerzas sobre un tablero primero nacional, luego regional y
después mundial, donde habria que mover las unidades tácticas, sopesando cada
movimiento, atendiendo a la correlación de fuerzas, los flancos débiles del
enemigo, etc. A nadie puede caber dudas que un sistema único mundial implicaria
una conducción única, (¿Elegida en democracia participativa?)
Eso ya inventado y su forma política fue la "democracia popular". Pareciera que
ahora sería sólo cuestión de cambiar el adjetivo, evitar las "desviaciones"
mediante el "control popular" con la "democracia participativa". Sin embargo,
así como la burguesía también suele "desviarse" de la democracia representativa
cuando está amenazado el control de la totalidad capitalista (no siempre por el
oponente anticapitalista, sino también, con harta frecuencia, por la tozuda
fuerza de la diversidad) el "socialismo del siglo XXI" se "desviará" de la
democracia popular participativa apenas vea amenazada la "totalidad socialista",
por la fuerza de la diversidad, por los miles de Gualeguaychú. (No es que uno se
ponga paranoico, pero ya tenemos a Chávez exigiendo el partido único) .
Presencia, no a la representatividad
No sólo están cuestionadas las teorías, sino el propio concepto de teoría en
tanto éste sigue ligado a la supuesta centralidad del cerebro, desdeñando lo que
el cuerpo puede. Lo que está en juego no son teorías sino una práctica que
conlleva una determinada manera de pensar. La "nueva forma de pensar" (en rigor
no tan nueva) no se debe a que cayó el socialismo que supimos contruir , sino a
que "Dios ha muerto", y por ello no se terminó la historia, claro, no creo que
haga falta aclarar esto. Sólo que al morir Dios, nos hemos quedado, como dije, a
la intemperie. Lejos de amilanarnos, es un desafío que entusiasma, actuar por
nosotros mismos, como Ulises en su viaje a Ithaca, donde lo importante no es la
meta sino el camino. Sólo desde este punto de vista es válida la palabra
democracia, pero no como estado, como sistema político, sino como verbo, como
práctica de acción y organización entre la gente. Una concepción tal de
democracia no necesita adjetivos.
Hasta la generación de los setentas actuamos, con teoría o sin ella, como
fuerzas contituidas. Con la industrialización la burguesía se contituyó así
misma y constituyó, a su pesar, su oponente, el proletariado. Una lucha ceñida
al ámbito del llamado "trabajo productivo", apropiándose del homo faber. El
resto de la humanidad laboriosa, el animal laborans, el que realizaba y realiza
lo "improductivo", lo supuestamente doméstico, quedó fuera, mejor dicho fue
instado a subordinarse, a postergar sus aspiraciones de emancipación a la espera
de la resultante de ese gran combate. Por su parte, la totalidad opositora a la
burguesía en el siglo XX, es decir la totalidad socialista (con independencia de
cada fracción política) coincidía en decirle: esperen a la revolucion mundial
que liberará al proletariado y este emancipará a la humanidad. Por suerte los
postergados, en tanto y cuanto vida activa, se rebelaron contra la dictadura de
esa totalidad que compartían buguesia y proletariado e "hicieron la suya", los
esclavos de las colonias, campesinos, mujeres, indígenas, minorías étnicas,
nacionales, homosexuales, lesbianas, artistas, anti-siquiatria, etc, lucharon
desde "la parte", es decir desde cada situación y lograron hacerse presentes
pese a la "derrota" de la revolución mundial.
Finalmente la totalidad no es real, "el mundo" no es real, es una representación
que actúa e incide sobre la realidad. La realidad no puede ser representación
sino presencia; la realidad son son los muchos mundos en forma de presencia. Una
totalidad oponente sería también, por definición. "otra" representación de "otro
mundo". Si los muchos mundos se hacen presente desde su imanencia, la
representación quedará sólo para las ceremonias, protocolos, esos encuentros
trascendentes, (casi siempre se autodenominan a priori "históricos"), ritos
laicos que parecen haber reemplazado a los ritos religiosos de comunión, sólo
que en vez de escuchar a Dios, cada uno se escucha a sí mismo, comulgados por
los aplausos.
Fuera de contexto de un ideario que contenga la totalidad y el "objetivo final",
y que por lo tanto analizaría triunfos o derrotas tácticas en este movimiento,
Gualeguaychú ofrece un ejemplo estimulante del valor de la lucha, aquí y ahora,
enfrentando la intemperie, sin "referentes superiores", sin responder a un "centro", realizando la libertad en el acto, ejerciendo en la propia lucha la
emancipación, sean cuales fueran las preferencias de cada uno, pero que, al
oponerse a los dictados del mercado mundial, está minando la estructura
planetaria. No tenemos por que propiciar un "centro ordenador" que dé
trascendencia a cada parte, sino incentivar la inmanencia, la multiplicación de
la acción local, porque no son partes de un todo sino el todo en la parte.
Repito, pidiendo disculpas por la machaca, parafraseando al Che, podríamos decir
que la "estrategia", si queremos hablar de ella, consiste en un, dos, tres,
muchos Gualeguaychú.
Por último, me permito transcribir el siguiete poema de Constantin Kavafis,
quien escribe mucho mejor que yo, sin más comentarios.
ITHACA
Conserva sin cesar Ithaca presente en el espíritu.
Tu meta final es llegar a ella. pero no acortes el viaje:
es mejor que dure muchos años y que llegues por fin a tu isla
en los días de la vejez,
rico de todo lo que ganaste en el camino.
Sin esperar que Ithaca te enriquezca.
Ithaca te dio ese hermoso viaje;
sin ella no te hubieras puesto en camino.
Ella no tiene otra cosa para darte.
Incluso si la encontraras pobre, Ithaca no te habrá
engañado
Sabio como te habrás vuelto despues de tantas experiencias
comprenderás al fin lo que las Ithacas significan.
Fuente: La Fogata
Entrevista
a Luis Mattini
Noviembre 2006
"Comparar a Kirchner con Videla es desagraviar a Videla"
Por Gustavo Pantano
Con suspenso, haciendo una pausa interminable en el teléfono Mattini lanza:
"Tengo un dato: me hablaron de un bar donde todavía se puede fumar un
cigarrillo". Una semana después y por razones que no fueron aclaradas, la cita
se fijó en un local que no permitía violaciones a la nueva ley antitabaco: "La
Ideal", de Suipacha y Corrientes. Allí, en la confitería casi vacía, la música
melosa de un organista adiestrado para llenar silencios, ofició de banda sonora
de la entrevista.
Nacido en Zárate en 1941, se inició en la vida política en el grupo Praxis,
Arnol Kremer o Luis Mattini (nombre de guerra que adoptó y que conserva "como
identificación de su compromiso militante") fue activista sindical de ATE, UOM y
Navales antes de que sus deseos socialistas y revolucionarios se encausaran en
el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) y luego en la interpretación
armada del partido: el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) . Tras la
derrota de Monte Chingolo (diciembre de 1975) y la muerte de Santucho (Julio de
1976) Mattini se hizo cargo de PRT-ERP hasta su disolución desde el exilio. Con
la llegada de la democracia en 1983, volvió al país, dejando atrás más de una
década de clandestinidad. En "Los Perros", Mattini rememora los comienzos de su
militancia, su labor sindical y su acercamiento al marxismo. Uno por uno vuelve
sobre personajes que fueron fundamentales en su vida y en la vida de las
agrupaciones de las que fue parte. Esos compañeros -y el acontecer doméstico en
el que los trató- no aparecen con la aberración óptica que dá la nostalgia, sino
como hombres y mujeres que abrazaron un ideal con sus virtudes y defectos. Los
Perros, su último libro editado por Ediciones Continente, no es su primera
incursión en el campo editorial. Antes había publicado "Hombres y mujeres del
PRT-ERP"; "La política como subversión"; "El encantamiento político" y en
colaboración con otros autores: "Che, el argentino"; "Los espejos rotos";
"Contrapoder-Una introducción" y "¿Qué son las asambleas populares?". Sus
opiniones, además, aparecen en medios como "Le Monde Diplomatique" y en http://www.lafogata.org
-Estuvo en el interior presentando el libro.
-Sí, y fue muy interesante. Me invitaron a presentarlo en un centro cultural en
Mendoza y lo que más me interesó fue que había muchos jóvenes; y por supuesto
también unos cuantos sobrevivientes y nostálgicos de la época. Estuvo muy bien.
De allí me fui a San Marcos Sierra (Córdoba). Quique Pessoa, que es un
periodista que tiene mucha audiencia y a quien cada vez lo desplazan más de los
medios, tiene un programa en Radio Nacional de Córdoba que lo prepara ahí dónde
él vive. Me invitó y convocó a la gente a presenciar la entrevista. Fue
sorprendente porque vino mucha gente de los años setenta. Después de la
entrevista abrió el micrófono al público.
-¿Y qué le pregunta la gente?
-En Mendoza las preguntas de los jóvenes fueron más sobre la actualidad. Me
preguntan: "Ustedes que se jugaron tanto en los 70 ¿Cómo ven la cosa hoy?". O
sea, buscan soluciones para hoy. Con los viejos en general se hace medio
desagradable porque suelen preguntar cosas puntuales que son curiosidades
históricas de aquella época, cosas que tienen que ver con circunstancias del
momento y eso -ya para mí-, no tiene sentido ¿Por qué no votamos a Perón? ¿por
qué no hicimos tal operación? ¿por qué no nos unimos con Montoneros?
-¿La lectura que la gente hace del libro concuerda con la que usted se planteó
al escribirlo?
-Yo había escrito el mismo contenido pero de manera más analítica. Discutiendo
tácticas, estrategias, conceptos e ideologías. Con este libro me propuse
rescatar las vivencias, lo emocional, las cosas que no tienen explicación por la
lógica. Lo trabajé mucho y creo que el resultado es el que esperaba. La gente lo
captó con mucha sinceridad. Es un libro que excede a quienes estuvieron
interesados en la militancia. Incluso gente que ha estado en contra de este
método de lucha lee el libro y siente que es auténtico. Un tipo absolutamente
conservador me dijo que le había gustado porque no le quise bajar línea. Es
curioso porque no era eso lo que yo me proponía pero salió así.
-¿Cómo llegaron a la conclusión de que estaban dadas las condiciones para
comenzar la lucha armada?
-Eso tiene que ver con la discusión de la época. Los procesos revolucionarios se
producen cuando están dadas una serie de condiciones objetivas y subjetivas.
Nosotros consideramos que las condiciones objetivas estaban dadas por la crisis
económica, la tendencia decreciente de la economía y por el alza de la lucha
popular muy notable. Los mismos sindicatos peleaban, la clase media se
radicalizaba. Estaban dados los factores clásicos de la teoría revolucionaria y
lo que faltaba era la acción como catalizadora de lo que llamábamos en ese
tiempo "la vanguardia". En un estado de condiciones básicas, un sector llamado
vanguardia conduce eso y lo lleva hacia adelante. Pasaron los años, tuvimos una
derrota muy grande a nivel nacional y mundial, y mi enfoque hoy es distinto. Hoy
creo que pasa por otra cosa. Si comparamos las condiciones objetivas, vivíamos
casi en un estado de bienestar. Hoy, esas condiciones estarían multiplicadas por
cien. No así las subjetivas, pero esas eran categorías de las ciencias sociales
que nosotros manejábamos como un credo y creo que no son válidas. Hay un factor
desconocido que no se sabe bien cual es y que es que, en efecto, las
revoluciones o cambios sociales se producen y nunca se sabe que se van a
producir hasta que se produjeron. Y después que se producen sacamos las leyes:
"claro porque era esto, era aquello, etc". Pero nunca se sabe de antemano. Esa
conclusión la saqué estudiando historia universal, y con la experiencia en carne
propia. La generación tiene que saber por donde pasa la cuestión de crear
condiciones. Yo creo que se crean condiciones pero lo que no se sabe es cómo se
crean. Y ahí hay un factor intuitivo u artístico que no es posible medir de
antemano. Lo peor es no hacer nada, hay que actuar con una mezcla de intuición y
razón. Y siempre teniendo en cuenta que el pasado no se repite o se repite en
apariencia. Para nosotros la oportunidad estaba, nosotros no la supimos llevar.
Lo que hizo que cuajaran una serie de condiciones fue el golpe de estado del 66
del general Onganía, que al cerrar todos los caminos, dio argumento para la
revolución.
-Y tiene su punto culminante cuando deciden encarar la lucha armada en aquel
congreso llevado a cabo por el PRT en una isla del Delta.
-Sí, digamos que para lo que nosotros pensábamos estábamos un tanto retrasados.
Decíamos que las condiciones estaban madurísimas porque el golpe de Onganía
había sido en el 66. Ya habían pasado la primera ola de "azos" que hubo:
Rosariazo, Correntinazo, hasta el Cordobazo en el 69, y nosotros hacemos este
congreso en el 70. Allí decimos: "ya la gente está en la calle, ya tiene formas
armadas de lucha, de hecho era así, la gente tenía formas violentas de lucha y
lo que tenemos que hacer nosotros es darle una canalización a esto"
-El libro hace mención a ciertas "cagadas" y "cagadas necesarias" ¿cuáles fueron
esos errores?
-Sí, errores hubo a patadas. Donde dice que hubo errores necesarios en realidad
está formulando un concepto filosófico, casi diría. Que maduramos ahora y es que
el aprendizaje siempre es a través de la experiencia y, por lo tanto, implica
errores. Es decir, es contrario al pensamiento racionalista extremo que plantea
que todo se puede hacer previendo todo en forma racional. Los errores son
necesarios en el sentido del aprendizaje pero hay que ver hasta donde unos los
corrige. A veces se tropieza dos veces con la misma piedra.
-Insisto ¿qué errores fueron los necesarios?
-El error fundamental fue subestimar. Nosotros por inexperiencia, porque éramos
jóvenes, por prepotentes, por argentinos, o por lo que fuera, subestimamos, y en
general subestimamos a todo el mundo. Pero sobre todo subestimamos al poder de
este país y subestimamos a las Fuerzas Armadas, mientras que ellos nos
sobreestimaron. Ese fue un error grave y eso sí se puede transmitir. Porque
estimar correctamente es difícil pero de todas maneras es mejor sobreestimar que
subestimar y casi todos nuestros errores tuvieron que ver con esta apreciación
del enemigo. Después hay errores políticos que tienen que ver con la época.
También nos equivocamos al continuar con la lucha armada en el período
democrático de Isabel. Aunque la democracia era sui generis tendríamos que haber
engrasado las armas, tenerlas guardadas, y esperar el golpe de Estado. Ese fue
un error grueso.
-¿En algún momento ocurrió que la triple A cometiera un atentado y se lo
adjudicara al ERP?
-Lo intentaron pero no tuvieron éxito. A mí me tocó intervenir en un caso en el
que nos había llegado la información de que la triple A estaría por asesinar a
(Ricardo) Balbín y echarle la culpa al ERP. Se me encomendó justamente la tarea
ir a entrevistar al partido radical. Pedimos una cita con los radicales y me
tocó hablar con el dirigente Vanoli y le dije: "mire, francamente nosotros
tenemos esta información, no podemos asegurar que sea cierta pero no queremos
cargar con semejante barbaridad porque no es nuestra intención". Y le digo muy
fanfarronamente: "nosotros a los radicales los vamos a derrotar con las masas".
Él me contestó: "Yo lo tomo muy en serio porque ustedes tienen buena información
¿pero qué podemos hacer?" Entonces le digo: "Mire, tienen que sacarlo del país"
Y me dice: "Noooo, el doctor Balbín ni loco deja el país". "bueno, custódienlo
porque la Triple A tiene un poder de fuego muy grande". Ése fue otro error
nuestro, subestimamos la acción de la Triple A. Las bandas armadas de derecha
provocaron un gran daño en el movimiento popular. Mucho más de lo que
pensábamos. Nosotros estábamos preocupados por las Fuerzas Armadas mientras
estos tipos actuaban, no contra nosotros porque a las fuerzas del ERP no le
podían pegar mucho porque estábamos en la clandestinidad, pero sí a todo lo que
estaba en la superficie; sindicalistas, periodistas, etc.
-¿Coincide con Gorriarán Merlo en que dos grandes errores –así lo señala en su
autobiografía- fueron no aceptar la tregua ofrecida por Cámpora, lo cual le
hubiera permitido al PRT proyectarse mejor políticamente y considerar que el
advenimiento de la dictadura iba a generar una resistencia masiva respondiendo
al llamado "argentinos a las armas"?
-Coincido totalmente. Un error se deriva del otro porque si nosotros
subestimamos la fuerza que iba a tener el golpe de estado es porque nos
sentíamos fuertes para enfrentarlo. Nosotros en el 75, ya cuando se venía el
golpe perdimos la iniciativa. Haber mantenido la iniciativa hubiera significado
pasar a la defensiva. Nosotros nunca pasamos a la defensiva. Pasar a la
defensiva hubiera sido descentralizar, bajar a la compañía de monte, esperar a
que se desgaste la dictadura y soportar la ola represiva como hace un ejército
cuando retrocede. Nacimos y morimos a la ofensiva. Y en cualquier lucha,
pacífica o violenta hay que aprender a retroceder. Además veníamos desgastados
de actuar durante el gobierno de Isabel mientras las Fuerzas Armadas se habían
refrescado porque se habían retirado de la escena política.
-¿Cómo fue su relación con Gorriarán Merlo?
-Mientras vivía (Roberto) Santucho tuvimos una organización y una dirección que
era homogénea porque Santucho tuvo la virtud de mantener la unidad. Su autoridad
política y moral era muy fuerte y zanjaba cualquier discusión. Es cierto que con
Gorriarán no tuve demasiada afinidad. Era una relación cortés, si teníamos que
hacer algo juntos lo hacíamos sin problemas. A mí siempre me chocó su
racionalismo extremo. Todo el mundo decía que era un delirante pero yo digo que
era excesivamente racional. Él pensaba que si algo se planificaba tenía que
salir bien, y no tenía en cuenta que hay situaciones impredecibles. Y por eso le
salieron mal algunas operaciones. Yo no le quito ningún otro mérito, era un
hombre muy decidido. Ahora, cuando lo matan a Santucho yo tengo que reorganizar
el buró político y recurrimos a otros compañeros que venían sucediendo y lo
reincorporamos a él también. Hacemos un comité central en el extranjero porque
las condiciones en la Argentina eran imposibles. Para revisar como podíamos
pasar a la defensiva. No sabíamos como descentralizar el partido, acostumbrado a
una estructura de tipo militar donde se ordena y cada uno obedece. En eso
estamos cuando en Córdoba nos destruyeron el resto de la organización (1977)
Entonces quedamos aislados en el exterior preparando algo así como la
contraofensiva. Pero ya no daban las condiciones y no sólo nosotros fracasamos;
a los montos les costó 200 muertos. Cuando se empezó a fracasar empezaron las
internas y entonces la organización se partió en dos: Gorriarán por un lado y yo
por el otro porque éramos los cuadros más históricos y ahí sí quedamos
enfrentados y se puso en evidencia diferencias de estilo y de concepción que
tuvimos toda la vida. Gorriarán se llevó la fama de ser el más militarista en el
sentido despectivo del término y yo el de más político en el sentido más
positivo del término y no era tan así. Es cierto que yo era más político pero no
tenía menos errores en lo militar que él. Y tampoco él era un tronco en
política. Hay que ser justo. Lo que pasa es que después los enemigos te
etiquetan.
-Él ponía el acento en lo operativo...
-Exacto. Si usted conoce la historia de La Tablada él hablaba de cuadros
probados, del núcleo de acero, etc. El fue un hombre con una personalidad muy
particular. En su momento estábamos muy enojados pero bueno, después... incluso
él en sus memorias no me trata mal.
-¿Usted sabía que él estaba preparando el copamiento del regimiento de la
Tablada?
-No. Yo estaba en la Argentina instalado legalmente y laburando, cuando me
enteré como cualquiera. Te digo más, en esa época yo tenía una pareja sueca y la
tarde que se hizo lo de La Tablada ella viajaba a México. Entonces yo la
acompaño al aeropuerto y compro el diario "La Razón" que titulaba: "Golpe de
Seineldín" y yo dije: "mirá vos, otra vez los milicos". Mientras hacía la fila
pensaba que si alguno me veía ahí iba a pensar que ya me estaba rajando de
antemano (risas). Al otro día me enteré de todo. Me sorprendió totalmente.
Después que pasó la cosa me doy cuenta que vi alguna señal de que podía pasar.
Alguien alguna vez hizo un comentario que a mí me pareció un disparate...pero de
eso uno se da cuenta después.
-¿Y del golpe que supuestamente Seineldín iba a dar sabía algo?
-Sí, yo creo que Gorriarán estaba convencido de que había golpe de estado. Yo sé
como él pensaba y que en la historia siempre hay una conspiración. Tenía una
mentalidad de servicio de inteligencia. De hecho fue del servicio de
inteligencia nicaragüense, por algo lo pusieron ahí. Entonces cuando el recibe
la información de inteligencia se la cree. Entonces dice: "nosotros tomamos la
tablada – tenía un equipo de gente como para hacerlo- lo capturamos a Seineldín.
O lo fusilaban ahí mismo o lo llevaban prisionero y salen con los tanques hacia
la casa de gobierno y dicen: "señor presidente, póngase los pantalones, acá
estamos los defensores de la democracia y atrás nuestro vienen las juventudes
políticas", que estaban muy activas en ese momento. Esto parece ciencia ficción
pero estoy seguro de que lo pensó así. No le quito responsabilidad pero después
todo el mundo se mando a guardar.
-¿Cómo se mando a guardar?
-Nadie se hizo cargo de la agitación que habían hecho antes. Le dijeron
paranoico, demente, por eso digo que La Tablada tiene otros padres inconfesos.
Igual yo pienso que lo de La Tablada fue gravísimo y no tiene perdón pero… es
mas complejo que decir que un loco se levantó y la atacó.
-¿Sigue en contacto con gente del PRT?
-El PRT surgió porque había una situación revolucionaria, se jugó en esa
situación y murió en esa situación revolucionaria. Hay cuatro grupos que
reivindican al PRT pero el que más suena es el PRT Santucho, que está con
Quebracho. Realmente a esos no los quiero ver ni en misa. Están más locos que
una cabra en el sentido de la falta de sentido político para hacer las cosas. Un
día hacen un acto –que debe ser absolutamente legal-, para recordar a una
personalidad reconocida en el mundo entero como es el Che Guevara. Pero con los
pasamontañas y los garrotes la gente lógicamente se raja. Si hasta a mí me dan
miedo.¿Los garrotes, para quien son? ¿Quién va a perseguir un acto sobre el Che
Guevara?
-¿Milita actualmente en alguna agrupación?
-No. Después de la experiencia durante el alfonsinismo de recuperar la historia
y recuperar las fuerzas militantes hice un intento con el Partido Comunista que
fue un fiasco, bueno, cualquiera se equivoca. Cuando se derrumbó todo el sistema
socialista yo empecé a incursionar por otro camino. Me alejé de los viejos
compañeros de mi edad y me ligué a los jóvenes, con un grupo que se llamaba El
Mate, que ahora una parte de ellos se llama Colectivo Situaciones. Empezamos a
elaborar toda una nueva concepción de los cambios sociales que tiene que ver con
el autonomismo. La política al margen del Estado, que abandona la idea de la
toma del poder pacífica o violenta. Cuando me preguntan por qué hicimos la lucha
armada yo les digo que creíamos que era necesaria en ese momento, no lo voy a
hacer ahora ¿me explico? Para mí la violencia armada es solo una cuestión de
como se da la situación en cada momento histórico. Sí cambié la concepción con
respecto a que la sociedad se puede transformar de arriba. En el autonomismo hay
como un contacto en común con lo que es zapatismo mexicano o los Sin Tierra, de
Brasil y yo, particularmente, esto y muy ligado al MoCaSE. Me convencí de que
uno de los problemas más graves y centrales del país para cualquier cambio –mas
allá de lo coyuntural- es la estructura de la tierra. Si no cambia las
estructura de la tierra no hay plan que valga. Me refiero a la agricultura, la
minería y a los combustibles. Y los sujetos con los que estoy hablando no son de
la Federación Agraria sino con los campesinos que resisten a las formas de la
biotecnología.
-¿Usted piensa que lo revolucionario hoy pasa por el autonomismo?
-Sí, lo que pienso es que hoy las etiquetas se terminaron. No hay izquierda, lo
que hay son actos de izquierda.
-¿Por qué a la izquierda siempre le costó tanto llegar a la gente?
(Se rie)- Porque no tiene la sabiduría de la Iglesia. La izquierda tomó al
marxismo como un dogma más cerrado que como toma el catolicismo a la Biblia. La
Iglesia, de una manera u otra se ha ido adecuando a los tiempos o las
circunstancias. La izquierda sigue con ese dogma y es imposible sacarla de ahí.
-¿Qué opina de la desaparición de Julio López y de los acontecimientos que
tuvieron como protagonistas a agrupaciones de derecha que reivindican a la
última dictadura militar?
-No estoy seguro de que esto sea un plan orquestado minuciosamente o si sobre
determinados hechos se montaron los demás. Me parece muy preocupante. Ahora,
teniendo a Lilita Carrió diciendo que el presidente Kirchner fomenta el odio yo,
que soy muy crítico de la gestión de este gobierno, la verdad es que me obliga a
tomar una postura maniqueísta y ponerme del lado de Kirchner. Si se dice que
Kirchner es igual a Videla, no están jodiendo a Kirchner, están desagraviando a
Videla. Tengo la sospecha de que todo esto no es por los juicios a los viejos
represores. El ejército como institución no me parece que esté mezclado en esto
seriamente. Ellos están en otra cosa, tienen sus negocios. Me da la impresión de
que esto tiene más que ver con las internas políticas, la bonaerense y todo lo
que significa el aparato represivo del país. Creo que piensan que, si terminan
con los militares, van a venir por los civiles comprometidos: la prensa, la
Iglesia y los empresarios. La otra parte que está oculta de todo lo que fue la
dictadura.
Fuente: www.milcaracteres.com.ar
Ante
la partida del pelado Gorriarán
Septiembre 2006
Mi último encuentro político con Enrique Haroldo Gorriarán había sido en un
café de París, si no me equivoco a principios de 1979, en una escena digna
del cine argentino de los cuarenta. Solo faltó que nevara en la ciudad luz
para completar un tango.
Ahora, ante su imprevista muerte, quisiera dejar mis impresiones sobre un
hombre que, para bien y para mal, no pasó en vano por la vida y que fue
parte insoslayable en la historia del PRT-ERP y de mi historia militante. Un
primer equívoco a saldar es la idea que el Pelado y yo habríamos sido algo
así como el agua y el aceite en las internas del PRT. Cierto es que tuvimos
un fuerte enfrentamiento en Europa, cuando nosotros lo acusamos de actividad
fraccional durante el período de intento de reconstrucción en el exterior,
pero es menester ubicar las cosas en su contexto. En esos momentos de
acorralamiento y de impotencia para revertir la situación, la mayoría de las
organizaciones se vuelven hacia adentro, encontrando enemigos internos como
vías explicativas. Y nosotros, ni mi grupo ni el del Pelado, fuimos
excepción y, por supuesto, ni todos lo "malos" estaban de aquel lado ni
todos los "buenos" de este, ni éramos todos totalmente "buenos o malos".
Parte del equívoco es también considerar que el Pelado era el "militarista"
y yo el "político". Como he analizado en varias oportunidades, todos
teníamos algo de militaristas aunque no todos hayan tenido la misma
intensidad de contacto con las armas. Incluso algunos que por las
circunstancias nunca participaron en una operación armada podían ser más
militaristas que los combatientes experimentados.
Mis diferencias con el Pelado no pasaban por militarismo o no militarismo
sino por la concepción de construcción política y de la vida misma. La
ruptura de 1978 reflejó eso claramente. Mientras él acudía a los cuadros
probados y experimentados yo llamaba a un congreso abierto. En realidad
ninguno de los dos tenía razón y a los hechos me remito, no logramos el
objetivo propuesto, pero ello no quita que la conducta política posterior de
los últimos veinte y pico de años de ambos revela que esa diferencia era
real.
El otro equívoco fue la cuestión con respecto al censurable asalto a la base
militar de La Tablada que él dirigiera con tan poco acierto en pleno
gobierno alfonsinista. Yo fui de los pocos que no condenaron al Pelado como
"demente", "mesiánico" , "irracional", "agente de los servicios" , epítetos
que le endilgaron hasta muchos de sus seguidores y sobre todo admiradores
desilusionados. Y no me uní al coro de filisteos, entre otras cosas porque,
para mi entender, la paternidad de La Tablada está compartida con padres
inconfesos que en aquel momento se relacionaban con las llamadas juventudes
políticas, quienes de una manera u otra lo alentaron. La frágil memoria de
este país olvidó rápidamente los discursos incendiarios de los dirigentes de
esas agrupaciones, acusando a Alfonsín de pusilánime, mientras ofrecían no
se sabe qué ridículas brigadas cafeteras para enfrentar los alzamientos
carapintadas. Por eso es que la sociedad argentina no tiene autoridad moral
para juzgar a los protagonistas del asalto al cuartel. Y es menester aclarar
que si remplazo la categoría "pueblo" por "sociedad" es porque considero que
no hay pueblo cuando no hay sujeto. Pero ese es otro tema. Mi desacuerdo
fundamental con la acción de La Tablada excede los fundamentos tácticos, de
oportunidad o de legitimidad, de uso o no uso de la violencia. Estoy
convencido que el Pelado lo hizo creyendo salvar la democracia y yo estuve y
estoy en desacuerdo en arriesgar una sola vida por esta democracia. Esta
democracia no vale un gramo de sangre joven porque ya se las cobra por sí
misma a toneladas. Para decirlo utilizando categorías de la época, hoy
perimidas, en esa acción se expresó el "reformismo armado". En cambio fui
muy crítico con él cuando se presentó como protagonista en un incalificable
video relatando en detalles impropios de un jefe guerrillero la ejecución de
Somoza. Califiqué esa presentación televisiva, como una "Tablada mediática".
En todo caso lo notable del Pelado, como de muchos jóvenes de los setenta,
es que dejó sus supuestas juergas en el Club Social de San Nicolás (noticia
esta de la que no me hago cargo, solo repito el testimonio de sus
coterráneos) para dedicarse a la revolución. Y hay que reconocer que puso el
cuerpo y todas sus energías en eso a punto tal de llegar a parecerse
peligrosamente a algo así como un revolucionario profesional que, por
suerte, no llegó a alcanzar la categoría de amo liberador.
Cuando se realizó el V congreso del PRT el Pelado era ya un "pesado" con
prestigio bien ganado. Había participado en el Rosariazo y con su
incorporación al PRT efectuado un golpe comando espectacular de recuperación
de dinero con el que se estaba financiando el propio Congreso. Fue elegido
vicepresidente y con tal mala suerte que a la vez le tocó para la defensa
una escopeta recortada. Digo "mala suerte" pues en su carácter de
vicetitular del evento, debió turnarse con el presidente, Luis Pujals, para
dirigir las deliberaciones y, como es natural, no podía dejar el arma en un
rincón o calzarla en la cintura como los que teníamos solo una pistola. Me
es imborrable su figura parada en el centro de la sesión sosteniendo la
incómoda escopeta mientras señalaba con el dedo a quien le tocaba hablar. No
pretendo hacer freudianismo de entrecasa sino grabar una de las tantas
escenas jocosas de aquel encuentro.
En el congreso se destacó por su silencio. Solo usó de la palabra
practicamente para ordenar el debate y su única propuesta fue la de una
sigla diferente para la fuerza militar, elección en la que salió favorecida
la moción de Arancibia con las siglas ERP. Hay que recordar que después de
la llamada "revolución ideológica", previa al este congreso, en el PRT se
consideraba al silencio como una de las virtudes máximas, una supuesta
expresión de la "modestia proletaria" frente al "charlatanerismo pequeño
burgués". Los obreros cordobeses se encargarían de demostrar que, o bien
este criterio era un burdo prejuicio, o bien ellos eran unos pequeño
burgueses.
No lo volví a ver hasta fines de 1972 en la primera reunión del Comité
Central de inmediato al regreso de Santucho después de los dolorosos
acontecimientos de Trelew. Fué una reunión durísima en donde el prestigio y
la energía de Santucho se impusieron. El Pelado casi no abrió la boca en
todo el desarrollo. Sentado en el suelo, como muchos otros, casi en un
rincón, pasaba desapercibido a pesar de ser el máximo jefe del estado mayor
del ERP y seguir teniendo enorme prestigio interno aumentado por su papel
importante en la fuga del penal de Rawson. Hay que decir también que
Gorriaran tenía modales de caballero, era un tipo buen mozo, correcto y
amable aunque a veces no le salía bien el gesto. En ese tiempo, para mucha
gente el Pelado sería el reemplazante natural de Santucho. Sin embargo Roby,
ya había decidido por Benito Urteaga, también oriundo de San Nicolás, como
su hombre de mayor confianza. Desde luego que esto se manifestaba de hecho,
no de derecho, puesto que formalmente, en los organismos colegiados solo
había un secretario general y los demás éramos pares. Hay que señalar, no
obstante, que en ese momento Roby hacia descansar todo el peso de la
reconstrucción de la fuerza militar en la jefatura de Gorriarán. De todos
modos el Pelado tenia también importantes responsabilidades políticas además
de su participación en el Buró Político. Tuvo,por ejemplo, la no fácil tarea
de reconstruir la regional Buenos Aires que había quedado desbaratada
durante la "desviación militarista" entre 1972 y 1973. Militó un largo
tiempo en los frentes fabriles de Córdoba, más adelante realizó trabajos
entre los campesinos tucumanos como apoyo a la guerrilla. Con esto quiero
señalar que no era un simple "fierrero" como se lo pinta, ni el menos
experimentado de los demás compañeros del Comité Central. Porque así como el
Pelado era el mito del "fierrero" estaban los mitos "de masas" supuestos
cuadros históricos cuyo contacto con el proletariado y el campesinado
–incluso alardeando de conocer dos o tres frases en quichua– les otorgaba
palabra inapelable. Parecía como si en el noroeste argentino no existiera la
burguesía ni la pequeña burguesía.
También se ha chicaneado injustamente con la supuesta falta de "cultura" de
Gorriarán, lo cual, dicho sea de paso, para la escatología perretiana era
más un mérito que una falencia. El Pelado había sido estudiante de economía
y en ese tema dominaba más que en otros, pero no sólo porque hubo cursado
por lo menos parte la carrera, sino porque su mentalidad cartesiana se
ajustaba a esa disciplina. Por eso cuando Maria Seoane –no por casualidad
también ex estudiante de economía– en "Todo o Nada" ironiza haciéndose eco
de un testigo que cuenta que supuestamente el Pelado no podía pasar la
primera página de la Fenomenología del Espíritu de Hegel, no hace más que
demostrar su propia estrechez intelectual. Estoy seguro que, de no haberse
dedicado a la revolución, Gorriarán hubiese sido uno más de las decenas de
economistas, (liberales o marxistas) verdaderos "fierreros" mentales aunque
sean pacifistas, con sus dificultades para entender la dialéctica, menos aún
la política.
Militamos más de un año en el Buró Político con una relación de
cotidianidad, primero con sede en la ciudad de Córdoba, luego nos
trasladamos a Buenos Aires. El Pelado continuaba con su estilo parco. Solía
lanzar alguna frase lapidaria tras algún informe de problemas internos:
"Cada vez quiero más a Stalin". Cuando hablaba se dirigía a los demás
mirando de frente con su ojos azules penetrantes, con un deje de ironía en
la expresión. Podía tener algunas salidas ocurrentes, algo ácidas, pero
siempre más menos juiciosas.
Dificilmente manifestaba alguna duda y menos aún contradecía ni a Santucho
ni a los cuadros "consagrados", sea porque el Roby demostrara especial
confianza o por ser "proletarios" o simplemente "probados". Siempre percibí
en él una actitud de autoconstrucción, una represión de sus íntimos
sentimientos que producía cierto chisporroteo con personalidades tan
espontáneas como las de Domingo Mena o Rogelio Galeano. Es verdad que esa
era una pauta de la época y particularmente del PRT, mayor aún en sus
estructuras dirigentes. Pero en Gorriarán al igual que en el negrito
Fernández era especialmente marcado. Precísamente por esa característica
nunca tuvimos entre él y yo un enfrentamiento político. Siempre mantuvimos
una relación de cordialidad o quizás sea mejor decir fría cortesía. Sin
embargo yo tenía la sensación que el Pelado no las iba conmigo y más bien se
reservaba opinión, por así decirlo. A mi vez me chocaba su mecanismo
lógico-análitico que le impedía "volar" la imaginación.
Cuando
Santucho presentó el plan de ataque a la base de Azul en el corazón de la
provincia de Buenos Aires, en 1974, Gorriarán, quien sería el jefe del
mismo, no hizo observaciones de importancia. Años después me confiaría que
él fue al frente sin estar convencido por no oponerse a la autoridad de
Santucho. Esto debía de ser verdad y explica los errores de conducción
durante la operación que le costaron el relevamiento de la responsabilidad
de jefe del ERP. Porque a corto tiempo de lanzadas las unidades de ataque,
Gorriarán perdió el control sobre la operación y ordenó la retirada, al
parecer prematuramente, con el agravante que no verificó fehaciéntemente que
los distintos grupos de ataque hubieran recibido y cumplido la orden.
Santucho había insistido en dirigir él personalmente la operación pero no lo
dejamos amparados en la resolución del Comité Central que le impedía
participar directamente en acciones militares en las ciudades. Pero como era
muy tozudo le concedimos una aproximación al teatro de la acción para
recibir el regreso del jefe supuestamente después de la retirada victoriosa.
Precisamente yo le llevé con mi coche esa noche y nos estacionamos en un
cruce de carreteras, del que no recuerdo el nombre, a medio camino entre
Buenos Aires y Azul. El Pelado debía pasar por ahí y detenerse para
contactarnos. Lo cierto es que estuvimos con el Roby hasta la madrugada
esperando y no lo vimos pasar. Regresamos y al otro día nos reunimos en Buró
Político con el Pelado. Santucho estaba muy enojado y por lo menos una hora
la pasamos dilucidando las causas por las cuales no nos habíamos encontrado
en el cruce de caminos. Mientras tanto llegaban los informes: el grupo de
Molina, que tenía cierta autonomía por el tipo de misión, había tomado
prisionero al jefe de la base y se retiró en orden. El grupo de Santiago
había penetrado en profundidad en el cuartel y combatido durante horas sin
recibir orden de retirada. Puede decirse que cuando se cansaron de
tirotearse se marcharon también en orden. El problema se había dado en el
grupo principal de choque a cuyo frente iba Gorriarán al encontrar una
inesperada y fuerte resistencia. En todo caso puede decirse que el problema
fue que el Pelado, no supo reaccionar frente a lo inesperado y perdió el
control de la operación dando por derrota lo que podía haber sido
posibilidad de victoria.
La reunión fue muy tensa, Roby era demoledor en las recriminaciones y el
Pelado recibía los golpes estoicamente. Reconocía que se habían cometido
errores y asumió toda la responsabilidad, como me diría después, más por
hábito partidario que por convicción. Domingo Mena era el más duro y
consideraba que correspondía el relevamiento y sanciones. Benito Urteaga
miraba fijamente atuzándose el bigotillo. Yo dije, con intencionada ironía,
debo confesarlo, que por mucho menos que eso Stalin mandaba a los generales
a Siberia. Santucho, después de su implacable critica, relativizó las cosas
asumiendo parte de la responsabilidad colectiva puesto que de un modo u otro
estábamos aprendiendo y se limitó a proponer el relevamiento del jefe sin
más sanciones que destinarlo a tareas políticas para que el contacto con las
masas "contrarrestara las tendencias subjetivas". Formalmente no fue una
sanción sino un simple cambio de jefatura.
A partir de ahí lo veía menos seguido aunque como miembro del Buró Político
seguía su trayectoria por los informes y las decisiones que se tomaban al
respecto. Una acción notable dirigida por él fue el rescate de un grupo de
compañeras, entre ellas la suya, prisioneras en la cárcel del Buen Pastor de
Córdoba. Según cuentan se llevó a cabo impecablemente y con una escena del
cine romántico, cuando El Pelado arrancó la verja que estaba a cierta altura
con un camión. Su compañera se paró al borde y gritó ¿Qué hago, me tiro?
¡Tirate! respondió el Pelado y la recibía en los brazos.
A los pocos meses, militando en Córdoba el Pelado tomó un decisión
arbitraria sin respetar los órganos partidarios y entonces sí fue sancionado
con publicación en el boletín interno. El aceptó la sanción e incluso
publicó una carta en el B.I. de disciplinamiento. Bien es cierto que siempre
quedó la duda sobre la sinceridad de esa declaración.
El tiempo pasó y Gorriarán cumplió distintas tareas en diversos puntos del
país hasta que finalmente –después de la derrota de Monte Chingolo en donde
él no participó– a propuesta de Santucho fue incorporado al estado mayor del
flamante batallón de Buenos Aires. El 18 de julio de 1976, la víspera de su
muerte, Santucho, entre otras recomendaciones, nos decía que había que tener
en cuenta al Pelado pues venía mejorando mucho y que podía reforzar los
órganos dirigentes, sobre todo en esos momentos de creciente debilidad por
la represión. Más influido por este juicio de Santucho que por mis propios
conocimientos y atenazado por la necesidad de cuadros, es que al asumir la
dirección máxima del PRT-ERP en reemplazo de Roby, propuse incorporar a
Gorriarán al nuevo Buró Político y así se inició una etapa de dos años de
trabajo juntos, la mayor parte del mismo fuera del país. Aquí es donde
empecé a conocerlo más a fondo.
El Buró Político decidió que viajáramos a Cuba para lograr preparación para
el próximo auge de masas que esperábamos para fines de la década del
setenta. Lo hicimos vía Italia, país en la que ya teníamos una pequeña
infraestructura. Naturalmente viajamos separados y yo le dí una cita para
nuestro encuentro en Roma: "te espero al pie de ese arco del triunfo que
está a lado del Coliseo", El pelado llegó a Roma y después me contó que al
buscar el arco pensó: "Este Luis está en pedo: ¿Qué arco del triunfo puede
haber aquí si los tanos nunca ganaron una guerra?" Desde luego yo sabía que
el famoso "Arc du Tryunph" estaba en París, pero había llamado "arco del
triunfo" al Arco de Constantino que conocía sólo por fotos porque, como es
sabido, todos los emperadores romanos hacían construir un arco al regreso de
sus guerras triunfales. El chiste no tiene mucha gracia si uno no advierte
que el Pelado, cuestionando con ese ácido humor la historia bélica de los
italianos, no podía quejarse que lo llamaran militarista.
El asunto es que en esos días compartíamos vivienda y vivencias y, desde
luego, la oportunidad de hablar en forma más suelta de los problemas del
Partido. Viajamos a Praga en donde tuvimos diez días y una larga entrevista
con un miembro de la dirección del Partido Comunista Cubano que nos llamó la
atención sobre nuestra tendencia a no detenernos a mirar que estaba pasando.
Parecía como si cada día tuviéramos más acuerdos sobre la situación y lo que
había que hacer. El Pelado no demostraba competencia alguna por la función
que yo sustentaba como continuidad orgánica de la dirección creada por
Santucho. Nos abrimos a nuestros íntimos pensamientos y allí me confió sus
dudas, cosa que actuó muy favorablemente en mi consideración hacia él. Al
fin de cuentas era humano y no esa imagen de bronce que se había construido
o que le habían armado alrededor suyo.
Se realizó la reunión del Comité Ejecutivo de Abril en Roma, en la vía
Crescencio. Desde la ventana de la casa en que sesionábamos podía verse la
cúpula de la Catedral de San Pedro en el Vaticano, todo un símbolo. En ese
evento el Pelado participó como nunca lo había hecho y se unía al entusiasmo
colectivo que restablecía ese optimismo que caracterizó toda la trayectoria
del PRT-ERP, aún en las peores circunstancias. "Persistir y vencer" había
sido la vital consigna que dejaba la herencia de Santucho sin que nadie se
percatara que suplantaba la muy latinoamericana "Patria o muerte" ,
"Victoria o muerte" o "A vencer o morir".
Después el Buró Político se instaló en Madrid en un plan de reconstrucción
que duraría de cuatro a seis meses, según lo planeado. Un trio dirigente
regreso a Buenos Aires con las resoluciones del Comité Ejecutivo y la misión
de replegar aún más las fuerzas hacia el movimiento social dosificando la
acciones militares guerrilleras. Yo viajé a Cuba para completar la misión
que había originado la salida del país y en ese lapso se dieron los golpes
represivos en Argentina que destruyeron los restos organizados del PRT-ERP.
El Buró Político estaba dividido en dos y dos por la forma que se enfrentó
la ola represiva anunciando la ruptura.
A esta altura de estos recuerdos sería ocioso relatar los hechos que
llevaron a la ruptura. Había una causa de fondo que no se hacía conciencia
en ninguno de nosotros, causa de causas, por jugar con las palabras y que
engendró un microclima magistralmente expresado por Rolo Diez en su novela
"Los Compañeros" y que reproduzco a continuación:
"De a poco se ha ido dando cuenta de que han caído en una trampa. El
diversionismo ideológico se servirá en el desayuno, tenderá sus dulces
emboscadas, ofertará sus halagos en la feria. Las diferencias comenzarán a
llamarse actividades contra la dirección, el paso siguiente consistirá en
llamarlas actividades contra el partido. La desesperación cerrará su
círculo: Hija de la impotencia engendrará la intolerancia, la persecución.
Caminarán su calle sin salida, repetirán sus mismos pasos, las palabras
heladas, las sentencias. Encontrarán el enemigo en el espejo. Quemarán su
bruja a medianoche y no podrán dormir." .
Y en efecto, la ruptura, producida en el fondo por la impotencia de no
hallar el camino de retorno simbólico y concreto a la lucha en el país, se
produjo a fines de 1978. Mi último encuentro con el pelado fue, como dije al
empezar, en Paris. La zarzuela se había convertido en sainete.
Yo y la mayoría del Buró Político funcionábamos en Madrid y habíamos llamado
al VI Congreso del PRT. Gorriarán con la mayoría del CC se había
atrincherado en Paris y en principio impugnaban dicho llamado pero a fin de
cuentas se avinieron a participar del mismo siempre que se convinieran las
reglas. Al mismo tiempo ambas facciones recorríamos los grupos partidarios
haciendo proselitismo interno y por supuesto, acusando a la otra parte de
las peores herejías en el sistema de creencias del PRT. La principal, claro
está, el abandono de la lucha armada como forma principal de lucha,
manifestación inequívoca del "reformismo". Naturalmente, más allá de las
mejores intenciones de todo el mundo, más allá del alto grado de alienación
del conjunto, había algún que otro piantado. Y con el grupo de Gorriarán
había uno particularmente singular: Jorge Masetti quien disfrutaba de un
apellido histórico y que en un momento propuso a su grupo matar a Luis
Mattini para acabar con su influencia reformista.
Como de este lado tampoco faltaba algún chiflado medio se lo tomó en serio y
se dio la paradoja de custodiar al secretario general más por temor a una
agresión interna que por miedo a los servicios de seguridad de la dictadura
que actuaban en el extranjero.
Por eso es que la reunión con el pelado en Paris fue mucho más cómico que
lamentable. No recuerdo bien como se eligió el Café del encuentro, pero
seguramente que mi equipo verificó el lugar. Lo cierto es que yo ingresé
acompañado de Julio Santucho y ya mi "custodia" había tomado posiciones.
Recorrimos el Café con la mirada y no vimos la supuesta custodia del Pelado.
Al rato llegó acompañado por el Cuervo, compañero que se había iniciado en
la lucha armada en Rosario junto con él, gran organizador de eventos. Se
sentaron frente a nosotros y comenzamos a tratar el asunto. Parecía una mesa
de juego. El problema es que yo no sé jugar al pocker y el Pelado demostró
ser experto. Sin embargo, ahora a la distancia, puede verse que esa reunión
puso en evidencia que el PRT - ERP ya estaba muerto, sólo firmábamos el
certificado de defunción.
Ahora, ante su partida definitiva, pienso –como Miguel Benasayag– que yo no
sé si el Pelado quería y luchaba por la misma sociedad que quiero y lucho
yo, pero sí es seguro que siempre peleó contra la misma sociedad que yo
peleo, y puedo decirle con el corazón y sin rencores: Hasta la victoria
siempre.
El
progresismo y la justicia social
Junio 2006
Si existe una palabra equivoca, ésta es progresismo.
Se dice que progresista es aquel que está a favor de la razón, la ciencia,
la educación, el trabajo, el arte, la equidad social, etc. Sin embargo no es
tan obvio el hecho de que la inmensa mayoría de las corrientes políticas son
progresistas.
¿O acaso se puede dudar de que trotskistas, comunistas, socialistas,
radicales, peronistas, demócratas cristianos, demócratas en general,
liberales etc. y hasta los macristas, reivindican ese concepto de progreso y
tratan de impulsarlo?
¿Qué dice? ¿Que Menem no es progresista? Veamos: Durante su presidencia se
produjo una verdadera "revolución agraria", no sólo en la concentración de
la tierra, sino en transformaciones que pone a este país entre los avanzados
del mundo en biotecnología. Hoy la vieja oligarquía con olor a bosta de
vaca se ha convertido en la burguesía de los agronegocios, duplicando la
producción agraria. En otro orden, merced a su gestión cualquier hijo de
vecino puede tener un teléfono celular; ni hablar de la renovación del
parque automotor, ómnibus, camiones, combis y automóviles, aniquilando a
"mastodontes" ferroviarios y tranvías, con su consecuencia en construcción
de kilómetros de carreteras y autopistas. Y mucho más ni hablar de los
supermercados que pusieron a nuestro alcance todo lo que produce el mundo.
También Menem transformó las Fuerzas Armadas, de ejército de imberbes
conscriptos en eficiente ejército profesional. Por otro lado, por obra y
milagro del dólar barato, una buena parte de los progresistas, con ropas y
aires de turistas del primer mundo, pudieron conocer Cuba y apadrinar
escuelitas de niños cubanos plenos de salud, con dentadura completa y
ejercitada inteligencia, pero eso sí, carentes de lápices de colores,
papelitos y juegos electrónicos. En el ámbito cultural, gracias a Menem el
90 por ciento de los comunicadores (y de los "comunicados") se enteró de que
Sócrates no escribió libros. El gobierno de Menem implementó los cupos
femeninos en la estructura política. ¡Ah! Y una cosa importantisima!: siendo
católico confeso, fue el único presidente que se divorció en pleno ejercicio
de sus funciones (mientras otros de discurso "progresista", laico y hasta
anticlerical, se juntaban con su ex mujer, de la que estaban separados de
hecho, para que fingiera como primera dama.) Después… las "relaciones
carnales", que nos permitieron "ingresar en el mundo", jubilar por
"viejosmundistas" a Hegel y al maestro Astrada, tirar al riachuelo a los
"posmodernos" franceses con su alambicada e "imprecisa" lengua, para
renovarnos con las ciencias sociales estadounidenses, con la "precisión" del
inglés, reemplazar la "dialéctica" por "empoderar" y así pudimos
"empoderarnos" de nuestros problemas, "empoderando" todo lo habido y por
haber y gracias a ese empoderamiento la política se hizo "ingeniería
política".
¿Que ese progreso no alcanzó para todos? Es cierto, pequeño detalle. En todo
caso, aparte de la gran burguesía, el capital transnacional, los ricos y los
que se enriquecieron en grande, en el campo de los plebeyos quienes más
disfrutaron el momento fueron precisamente los progresistas.
Hay más, pero esto es suficiente ejemplo, agreguemos que poco de lo
impulsado en la era menemista se ha modificado; en general hay un
continuismo en esa línea de progreso, aunque ahora con discurso e imágenes
setentistas. El punto culminante será cuando abandonemos esa bárbara
costumbre de comer carne asada para degustar refinados platillos de soja.
La primera cosa que hay que recordar es que el fetiche del progreso fue bien
explicado, para variar, por Karl Marx en el "Manifiesto Comunista": la
burguesía es una clase que no puede existir sin revolucionar constantemente.
Por lo tanto el progreso es un ideal del humanismo burgués, inherente del
capitalismo. Todo lo humano pasó a ser burgués y todo lo burgués a humano.
Sin embargo, el "entusiasmo" de Marx por ese progreso en el siglo XIX no lo
era porque lo considerara "esencia" humana, sino como un período inevitable
y necesario para que la burguesía destrozara formas arcaicas de dominación y
creara, a su pesar, la riqueza material y el sujeto político para la
realización del comunismo. No hay nada que autorice a pensar que el
comunismo debía de ser necesariamente progresista. Por el contrario, Marx y
Engels, en los recreos de la rigurosidad analítica de su obra –degustando un
buen vino renano– soñaban, imaginaban y volcaban en notas marginales cómo,
alcanzada ya la plenitud productiva para salir del reino de la necesidad,
con casa y comida para todos, aún teniendo en cuenta el crecimiento de la
población y demás etc., abolida la propiedad privada y el Estado, los
hombres y mujeres, liberados de la dictadura de la división del trabajo,
potenciarían sus energías creativas hacia lo lúdico y el arte. En tanto el
progresismo hizo de la división del trabajo una identidad y del progreso una
condición humana esencial que lo obliga a la compulsión productiva en
constante desarrollo.
Ahora bien, el mito del progreso se basa en la idea de "superación",
desarrollo infinito de modo tal que el presente sería superior al pasado e
inferior al futuro. Nosotros seríamos superiores a nuestros padres y abuelos
y nuestros hijos habrán de ser superiores a nosotros. (Pavada de narcisismo,
de esta lógica resulta que, por el sólo hecho de haber nacido después, yo
soy superior a Platón, Eloísa, Evita, el Che y, desde luego, a mis
progenitores).
Una mirada atenta a la historia revela, sin embargo, que en el único aspecto
que se verifica el progreso, en el sentido de superación, es lo científico
tecnológico.
Por otra parte progreso significa cambio, pero cambio no es siempre
progreso. O quizás sea mejor decir que no hay nada que unifique
automáticamente progreso con felicidad, plenitud espiritual, bienestar o
calidad de vida.
Está claro, en cambio, que la historia registra permanentes transformaciones
con frecuentes rupturas (revoluciones) en donde la ruptura parece ser la
única regularidad y, sin embargo, eso no significa siempre que las nuevas
generaciones, tomadas en su totalidad, vivan o sean mejores que las
anteriores. Más apropiado sería hablar de permanente resignificación, del
modo en que se constituyen las subjetividades colectivas y del sentido que
adquiere la vida y la propia historia en cada período observado. Aquello de
que "cada generación tiene que hacer la suya". Cierto es que está obligada a
hacerla a partir de las condiciones heredadas, pero también es importante
observar que entre época, generación y herencia, hay algo más que una
relación "dialéctica", (¿será el mentado "empoderamiento"?) hay un todo
único en el cual determinar quién hizo a quien es cuestión de punto de
vista. Hasta ahora el método lógico para analizar la historia es
insuficiente para entender esos mecanismos y estéril para predecir el futuro
porque siempre será creación.
El examen se complica aún más al observar cómo, cuando una generación se
destaca en su época (por ejemplo la generación de entre guerras o la
generación de los sesenta-setenta) suele ocurrir que la siguiente se dedique
a estudiarla e imitarla, perdiendo la oportunidad de "hacer la suya", y
entonces es cuando suele venir una "tercera" generación que la pasa por
arriba. (sospecho que eso es lo que está ocurriendo o por ocurrir ahora)
En tal sentido el arte ofrece mejor ventaja porque en el propio arte no hay
progreso sino continua resignificación (no confundir con las técnicas
artísticas) El arte absorbe el pasado sin pretender superarlo en el
presente, ya que el arte se dedica a poner al día los enigmas que nunca
tuvieron solución, y que probablemente nunca lo tendrán, porque constituyen
el drama de la vida. El arte es quizás el mejor ejemplo de felices y
bienvenidos cambios sin progreso. Tal vez por eso es que el arte suele ser
urticante para los progresistas cuando se empeña, implacable, en recordarles
lo que quieren olvidar.
Fuera del progreso tecnológico, repito, todas las inquietudes, angustias
existenciales o valores de la actual civilización, de alguna manera
estuvieron presentes a lo largo de la historia, sea como lucha, (lo que
implica alguna forma de conciencia de ello), sea como práctica efectiva o
sea como búsqueda filosófica. No hay nada nuevo bajo el sol, parece querer
decir el arte, que en su sabiduría expresa lo mismo de diferentes maneras en
las diversas épocas. Por ejemplo, la situación de la mujer era mejor en las
tribus germánicas que hoy en muchos países de vieja civilización; había
mayor respeto a la diversidad sexual en algunas comunidades primitivas que
en la Cuba socialista, los derechos humanos hincan sus raíces en el derecho
natural, la lucha por la emancipación de los trabajadores estuvo presente
desde Egipto, pasando por Espartaco a los anarquistas. Y ello acaso explique
por qué, ante la sensación de intemperie que deja el agotamiento de un
paradigma, o el aparente fracaso de una apuesta generacional, los sujetos
más inquietos, los que muestran mayor capacidad de compromiso con su época,
"regresen" a revisar a los viejos pensadores "conflictivos", a aquellos que
se habían dejado al costado del camino en la transitoria y legítima euforia
de determinada época revolucionaria,( Sócrates, Vico, Spinosa, Nietzsche,
etc.).
A nadie le pueden caber dudas que la vida de los obreros industriales,
jurídicamente libres, en la Inglaterra del siglo XIX, fue mucho peor que los
artesanos que les precedieron. La expresión de Marx, "esclavitud
asalariada", no es una metáfora. A ello se le agrega que, a mil años de que
el cristianismo aboliera la esclavitud en occidente, la acumulación
capitalista, en plena modernidad, se hizo en gran medida por el literal
trabajo esclavo en las colonias, mientras la Europa civilizada alumbraba las
revoluciones democrático burguesas en Holanda, Inglaterra, las Trece
Colonias de América y en Francia. ¿Colonialismo? Sí claro, qué duda cabe,
pero también recordar a Brasil, caso ejemplar de potencia esclavista con
vuelo propio.
Es cierto que escribo esto desde mi casa en el barrio Congreso, con
calefacción y gozando del actual estado de derecho, sin la humillación de
inclinar el cuerpo o arrodillarme cuando pasa el Rey, como hubiera ocurrido
en la época de la colonia. Esto es, sin dudas un progreso… para mí… porque no
es menos cierto que, por un lado en aquellos tiempos había en otros sitios
del mundo hombres y mujeres más libres y por otro, con sólo asomarme a la
ventana veo al cartonero en su labor, y a media docena de indigentes
durmiendo junto a la reja de la iglesia, testigos de que, en este mismo
momento, en este mismo país y en este mismo mundo, hay millones de personas
que sufren carencias infinitas y crueles persecuciones.
Y la tendencia no es precisamente alentadora por el lado del progreso: aún
si convenimos que la sociedad jurídica a mediados del siglo veinte, durante
los estados de bienestar, (como el peronismo clásico en la Argentina)
significó una gran mejora para los desposeídos de siempre, no podemos dejar
de ver que duró apenas unas pocas décadas. Los actuales muros levantados en
España, Israel y Estados Unidos son un escándalo aceptado, la tendencia
hacia una nueva esclavitud en la producción globalizada se naturaliza, de
esclavitud asalariada pasamos a esclavos autónomos y del absolutismo de la
nobleza, pasamos a la aristocracia ilustrada y a la opresión de la sociedad
de control.
El mito del progreso fue cuestionado seriamente desde el arte y desde la
filosofía y la critica más aguda ha sido, y sigue siendo, que el progreso
vive en función de futuro. El presente es sólo válido como acumulación para
la felicidad futura. Y, pues claro, podría ser una creencia más, de hecho en
tanto mito, lo es y, en honor a la diversidad, debería ser tan respetable
como cualquier otra, no muy diferente a las religiones monoteístas que
prometen el reino de los cielos.
Pero ocurre que se da la sugerente circunstancia que quienes hoy en día
sostienen el mito del progreso, quienes les dicen a los indigentes,
paciencia, edúquense, capacítense, estamos acumulando para el futuro,
quienes afirman que, sea por evolución o por la "ley dialéctica" del
"progreso por saltos", en un futuro no lejano todos los seres humanos
disfrutarán de los resultados de esa educación, tanto en bienestar material
como en derechos y plenitud espiritual, quienes sostienen eso, digo, los
políticos, los científicos sociales y no sociales, los sacerdotes de la
tecnología, los comunicadores, (sobre todo la rama de comunicadores que
popularizan las ciencias, quienes al leer esto me exorcizarán con el
neologismo "tecnofobia") ellos viven este presente con altibajos, pero por
lo general de más o menos a mejor y de mejor a bien, usufructuando las
regalías de refritos de teorías, amparándose en la categoría "progresista"
como si ésta nos eximiera de responsabilidad y sin recapacitar con el
escarmiento del 19 y 20 de diciembre.
De todos modos, dejemos de lado la sorna e intentemos entender el mito,
porque corresponde recordar que nosotros lo sosteníamos en nuestra juventud,
cuando estábamos influidos en gran medida por el determinismo histórico. Al
capitalismo le sucedería necesariamente el socialismo. El comunismo estaría
al final de un largo camino en el que se integraría todo lo conquistado por
la humanidad desde aquel arranque en la comunidad primitiva.
En este paradigma habíamos confundido una postura ética, ontológica,
perenne, por así hablar, de Marx (la que seguimos asumiendo a mucha honra
como tal) –la Tesis 11, "no sólo interpretar sino transformar al mundo"–,
confundimos, repito, ese grito de combate, esa rebeldía ante la injusticia,
con la oportunidad de ponerlo en práctica en una coyuntura concreta, en
vísperas de la revolución alemana de 1848. Al ser en se momento Alemania el
país de mayor progreso de Europa, la revolución burguesa sería la antesala
de la revolución proletaria. Como se sabe, las cosas no fueron así. Sin
embargo, al asumir como "ley" lo que era un cuerpo de creencias, una válida
hipótesis de lucha, se olvidó que Marx afirmó mucho después que, si al
momento de la crisis capitalista, el proletariado no hacía la revolución, la
humanidad podría regresar a la barbarie. En ese juego entre la apasionada
apuesta a la revolución proletaria y la fría admisión de la posibilidad de
que no fuera así, Marx expresa el concepto de potencia y potencialidad, que
poco tiene que ver con el determinismo o con cualquier forma de
esencialismo. Ese es, quizás, el punto en que Marx se acerca más a Spinoza
que a Hegel.
Por eso es preciso dejar de concebir a la emancipación como una resultante
inevitable del progreso, al comunismo como un sucesor "material" y cultural
del capitalismo en donde la ruptura sería sólo un acto político (revolución)
de captura del aparato del Estado, puesto que el capitalismo no es un simple
sistema económico, es una relación social que interactúa. La sociedad de
mercado que reproduce la relación social y viceversa, tal relación reproduce
el mercado. El ciudadano, el sujeto se troca consumidor. Por esa razón todo
"progreso" técnico científico está condicionado por este juego. Todo
producto de ese progreso es, en principio, sospechoso de trocar al sujeto en
consumidor, real o virtual. La emancipación de la humanidad no será posible
sin una profunda ruptura con esa forma de producir y consumir.. porque la
dominación no reside sólo en la propiedad de los medios de producción, sino
también en el carácter mismo de esos medios.
Como se dijo más arriba, Marx explicó muy claro que la burguesía es una
clase que no puede existir sino revolucionando constantemente. Y repetimos
que vivir revolucionando los medios de producción no es una supuesta esencia
de la humanidad, porque la humanidad ni es esencia divina ni naturaleza
determinada, sino potencia histórica que le posibilita ejercer esa cuota de
libre albedrío suficiente para decidir "revolucionar" o no. Hoy queda claro
que la humanidad, en tanto potencia, puede y debe "regular" (y hasta
"conservar") los cambios en los medios de producción, reservando aquellos en
que la larga empíria ha probado como adecuados y sostenibles para su
satisfacción y actuar con extrema precaución ante la incertidumbre.
Todavía se puede escuchar decir por ahí que "pretender detener el progreso
científico sería como pretender detener un embarazo". Esta errónea
comparación deja un cuerpo de huecos, vaya la paradoja discursiva,
interesantes para examinar: por ahora digamos que, de ser así, deberíamos
revisar al Tribunal de Nuremberg y las condenas a los experimentos con seres
humanos del nazismo. La ciencia experimenta con seres humanos,(sobre todo la
economía política) Nuremberg sólo puso límites (que no siempre se cumplen ni
mucho menos) Pero lo importante de Nuremberg, aún en su formidable
hipocresía, fue que se atrevió a controlar a la ciencia con la ética. Antes
de dicho tribunal no se necesitaba ser criminal de guerra para negarle a la
ética, es decir a la política, el derecho a controlar a la ciencia.
Por último, lo más importante: quienes nos acusan de tecnofobia no
comprenden que el desarrollo tecnológico sin control produce ese formidable
despilfarro material e intelectual que no sólo no tiende a eliminar, sino
que acrecienta la desigualdad social.(en el capitalismo y en el socialismo
que supimos construir hasta ahora) En lo material, los cartoneros existen no
sólo porque el desempleo brinda esa mano de obra, sino también porque su
materia prima es el despilfarro de la irracionalidad productiva. En lo
intelectual, porque miles de graduados por el sistema educativo –pagados por
el Estado, los Organismos Internacionales o las ONG– se ganan la vida
investigando y trazando proyectos de "capacitación" inútiles para remediar
lo irremediable; los desequilibrios sociales. Ocupaciones que se
transformaron, más allá de la mejor voluntad, en un fin en sí mismo.
Al progresismo, como religión laica de nuestros tiempos, le hace falta una
revolución interna al estilo de la experimentada por el cristianismo cuando
surgieron los "progresistas" sacerdotes para el Tercer Mundo, quienes para
"progresar", tuvieron la sabiduría de "regresar" a Cristo.
Fuente: La Fogata
A
treinta años de la dictadura militar
Abril 2006
El fetiche del "poder del conocimiento"
Partimos de una reafirmación necesaria: la Dictadura Militar, no fue ni
irracional, ni excepcional, ni exclusiva, sino el instrumento de un
estudiado proyecto de las clases dominantes para destruir las bases del
Estado de Bienestar y los avances del movimiento popular. Dicho proyecto
data de 1955, sustentado por la vieja oligarquía terrateniente, los
empresarios agrarios e industriales argentinos y sus socios en el mercado
mundial, el capital transnacional.
En efecto: el movimiento obrero argentino organizado, con una legislación
laboral y conquistas sociales superior a la mayoría de los países europeos
de la época, representaba un enorme escollo para la libre circulación del
capital.
La voracidad del capital nacional y transnacional, el carácter dependiente
de nuestro país, la pobreza intelectual de nuestra clase política, impedía
que los conflictos sociales se canalizaran por las vías de la democracia
representativa, sea por inoperancia de su estructura formal o sea porque
cuando el movimiento popular lograba una correlación de fuerzas favorable,
era cortado por la intervención de los militares.
En esa serie de frustraciones, surgió la generación de los setentas, como
parte de ese movimiento libertario mundial iniciado por el 68 francés,
simbolizado en la figura del Che Guevara. Pero fundamentalmente alimentada
por esa generación que se alzó después del golpe de estado de 1955 y que
iria a conformar lo que luego se llamaría "nueva izquierda" Y, en nuestro
caso, adquirió una inusitada radicalidad en los métodos porque nuestra
generación, más que lucidez racional tuvo la intuición que en la Argentina
se estaban echando las bases para el capitalismo de Estado en tiempos de
guerra. Dicho de otro modo: las clases dominantes incorporaban los
conflictos sociales en el ámbito de la llamada guerra fría. Tres
intelectuales, desde tres visiones políticas, marcaron la época; John W.
Cooke, Silvio Frondizi y Ernesto Guevara. Los tres tenían dos puntos en
común: el convencimiento de la inexistencia de una burguesía nacional (los
empresarios "nacionales" nunca lograron constituirse como clase) y, en
consecuencia, la critica a la democracia representativa como sistema válido
de progreso social.
Hoy está fehacientemente demostrado que el sustento ideológico de los
militares argentinos fue la fusión del más oscuro catolicismo del
pensamiento nacional con el integrismo católico francés y la tesis de guerra
antisubversiva, plasmados en la llamada Doctrina de Seguridad Nacional. A
partir de 1975 las Fuerzas Armadas Argentinas actuaron según el modelo
establecido por los instructores franceses en la llamada Batalla de Argel.
Bignone lo ha declarado sin ambages: "Nosotros actuamos con el reglamento en
la mano; el Operativo Independencia fue una copia del plan de la Batalla de
Argelia"
Esto no los disculpa, por el contrario, los militares argentinos pusieron su
cuota de particular perversidad al racionalismo de los instructores franceses.
Pero los crímenes de las Fuerzas Armadas como ejecutores materiales del
Terrorismo de Estado, no debe disimular la responsabilidad activa de, como queda
dicho, en primer lugar los Empresarios, nacionales y extranjeros, la Iglesia
Católica, las Instituciones de la República, particularmente el Poder Judicial,
los medios de comunicación y vastos sectores de la sociedad civil. Tampoco
escapan –bueno es recordarlo– el doble discurso de muchos de los gobiernos de
los países centrales, y ex países socialistas, quienes, como hoy, detrás del
discurso de los Derechos Humanos, o las declamaciones democráticas, propiciaron
pingues negocios por el camino abierto a la mercancía por la Dictadura Militar.
Sólo basta recordar El mundial de fútbol de 1978, una de las páginas más negras
en la historia nacional, a la que Pablo Llonto llamó; "la vergüenza de todos".
Hoy, a treinta años de aquel horror, la lucha en todos los ámbitos ha
logrado acorralar a los militares de modo tal que Argentina pasa a ser
reconocida en América Latina por estos indiscutidos avances contra la
impunidad. Sin embargo, circunscribir la impunidad sólo a su aspecto
jurídico, sin extenderla a los ámbitos políticos sociales y económicos, como
si el Terrorismo de Estado hubiera sido una especie de locura de un grupo de
militares con patologías integristas, además de ser una gran injusticia,
oculta las razones de fondo por las cuales millones de habitantes de la
argentina sufre los padecimientos actuales.
Hoy la Argentina sufre dos flagelos prácticamente desconocidos en su
historia: hambre y desempleo. Además la violencia social ha dejado más
muertos y desaparecidos sociales que los producidos por la violencia
política de los años setenta.
Los ex integrantes de la dictadura militar suelen decir que ellos ganaron la
guerra y perdieron la batalla política. Y ello podría ser la mitad de la
verdad. Porque en efecto, la supuesta guerra ganada por medio del Terrorismo
de Estado, echaron las bases para estas transformaciones estructurales, que
han hecho ingresar a Argentina en el grupo de países con mayor desigualdad
social. Porque si, como es sabido, el proyecto socioeconómico de la
dictadura, expresado en su Ministro civil, Alfredo Martínez de Hoz, era
convertirnos en un eficiente país agroexportador…. pues aquí tenemos ese
país. La actual República sojera. Hoy el problema fundamental de Argentina
pasa por el modelo productivo que ha transformado a la tierra en una
industria extractiva, tanto en lo agropecuario como en lo minero y
energético, con la alarmante tendencia hacia la monoproducción, la pérdida
de la soberanía alimentaria, y sus conocidas consecuencias sociales y
ecológicas.
Además, la honestidad obliga a reconocer que el privilegio no sólo es para
los monopolios nacionales y extranjeros, alcanza también a millones de
personas que vivimos relativamente bien, y con ciertas perspectivas
inmediatas de progreso, sin saber, o sin querer saber, a pesar de tener un
cartonero en la puerta de nuestra casa, que este tipo de crecimiento
económico no elimina la pobreza, por el contrario, la produce.
Cabe entonces preguntarse: ¿cómo es posible que en treinta años de
democracia y estando en el gobierno hoy aquellos militantes sobrevivientes
de los setentas, el modelo productivo sea en esencia aquel que impuso la
dictadura militar?
¿Traición? ¿Complot? Traidores hay, desde luego, pero no podemos imaginar
una sociedad de traidores.
En cambio es interesante observar cómo mientras se luchaba contra las
consecuencias físicas y jurídicas , por así decirlo, del Terrorismo de
Estado: por los derechos humanos, el estado de derecho y la conquista de la
democracia y contra la impunidad, etc. poniendo a los militares a la
defensiva táctica, las clases dominantes desarrollaban una "estrategia" en
el ámbito del pensamiento por medio del sistema educativo, los medios de
comunicación y los aparatos ideológicos , para consolidar un poder más
dominante que la fuerza armada: El "Poder del Conocimiento". Broche de oro
de la Modernidad sólo posible de lograr plenamente en este momento de
hegemonía total del capitalismo.
El "Poder del Conocimiento", un sistema de creencias simple, pero más
fundamentalista que el de las religiones monoteístas, que ha demostrado la
capacidad de coptar las mentes y los corazones más sensibles, mediante un
sutil entramado de seminarios, post-grados, becas, capacitaciones, etc, que
van formando una nueva aristocracia. La aristocracia de los que "saben",
donde los títulos académicos equivalen a los viejos títulos de nobleza, pero
sobre todo donde cada uno de esos saberes parciales, es un fin en sí mismo
que autojustifica su existencia. (No es chiste, hay post grados para
aprender a hacer post grados).
Así la democratización de los estudios universitarios que se había logrado
de hecho y a pesar de gobiernos dictatoriales o impopulares, ha sido
burlada, desnaturalizada por la exigencia de post-grados. Hoy el sustantivo
"carrera" aplicada a la Universidad, ya no se corresponde a la séptima
acepción de la palabra sino a la primera: voz del verbo correr; la
universidad es un hipódromo de función continuada..
En ese sentido, la honestidad también nos obliga a salir de ese lugar común
de atribuir la fuente de todos los males únicamente a la corrupción de los
políticos, y recordar que la clase política llamada "progresista", que es la
que hoy gobierna, se nutre de esta nueva nobleza. Porque, por ejemplo,
gestionar proyectos de "capacitación", embaucando, consciente o
inconscientemente a los desocupados en la esperanza de que con los planes de
capacitación propiciados por el Banco Mundial, se solucionará el empleo y
habrá una mayor equidad social, es corrupción de guante blanco. Así, la
educación se reduce a "capacitación". Y esos proyectos de capacitación,
impulsados por el Banco Mundial, producen más daño que la infantería de
marina norteamericana, porque dañan el cerebro, de modo tal que impiden ver
que están destinados a consolidar el modelo agroexportador.
Las ideas, el pensar, que antes se expresaban en tesis, hoy han sido
cambiadas por extensos curriculum, de records de horas de seminarios y
eventos donde se adquieren "conocimientos". Hoy una tesis no es una idea, es
un listado de bibliografía de otras tesis que constituye un gran círculo
donde los tesistantes se citan entre sí y desarrollan su propio argot de
iniciados:
Por eso ahora, ese político progresista, hasta ex revolucionario, devenido
funcionario del Estado con poder de decisión, descalificará determinada
propuesta porque los reclamantes "no saben", ni tienen curriculum que
sustente la verdad de sus peticiones. ¿Cuántos post-grados se necesitan para
tener derecho a reclamar a los funcionarios responsables que, por ejemplo,
al principio de incertidumbre le corresponde el principio de precaución?
En realidad no es nuevo, ya la democracia helénica se había topado con él.
Este Poder niega a los ciudadanos comunes el derecho a la decisión con el
argumento de su ignorancia. Este poder confunde conocer con pensar. Y
nuestros intelectuales, fascinados por el nuevo fetiche, "el conocimiento",
no son capaces de enfrentar al más ignorante, como decía Ortega y Gasset, de
los estamentos sociales, los especialistas.
Así, este "progresismo" pretende "apropiarse" del Poder del Conocimiento y
darlo vuelta a favor de la humanidad, sin comprender que por el sólo hecho
de ser "Poder", es inapropiable y antihumano.
Así es como, en el mejor de los casos, se enfrenta al bien llamado
"pensamiento único", con un pensamiento único opuesto. Como si diríamos un
pensamiento único "de izquierda" (exportar para los "buenos". China,
Vietnam, Venezuela, etc). Y sólo desde esta perspectiva, con este fetiche
del conocimiento, se puede entender cómo un conocido compañero de los
setentas, (hoy referente de grupos populares que apoyan al gobierno) pueda
haber afirmado, ante estudiantes universitarios, como hecho positivo que la
"gran burguesía agraria" hiciera una "reforma agraria al revés" en la década
del noventa, concentrando la tierra y eliminando 200.000 productores
menores, llevando al campo la "tecnología de punta", porque ahora la
producción agraria casi se ha duplicado. Desde luego, nuestro compañero,
parrapuchando a Hegel con eso de "ir de lo general a lo particular", se
ubica siempre en lo general y por lo tanto no debe ser uno de ese
"particular" expulsado del campo que hoy vive en una villa miseria.
La dificultad consiste en no poder oponer a ese pensamiento único un
pensamiento múltiple, porque para ello es necesario dar vuelta como un
guante los criterios de análisis que usan las ciencias sociales y bajar de
su pedestal las verdades absolutas de las ciencias naturales, para dejar al
desnudo la inconsistencia del llamado "Poder del Conocimiento", que nos
lleva continuar la loca carrera tras el "desarrollo". Y el desarrollo, como
se sabe, fue la mayor trampa del siglo XX. Que los memoriosos recuerden la
"revolución verde", la revolución "científico técnica" y sus promesas de
liquidar el hambre en el mundo.
Porque los problemas de Argentina no pasan por el desarrollo, no pasan por
el crecimiento. Los problemas de Argentina pasan por la distribución de la
riqueza. Sólo que debemos descubrir cómo se distribuye la riqueza.
Sin embargo no todo es este oscurantismo iluminista del siglo XXI.
Por debajo de la superficie, por debajo de la dictadura de la imagen, por
detrás del resplandor de la transparencia, por detrás de las engoladas voces
del conocimiento, se están gestando fuerzas constituyentes de una nueva
forma de relaciones sociales.
Porque hay que recordar que esta afirmación del modelo dominante se hizo con
sombra de la resistencia de vastos sectores de la población, con notable
fuerza y, por momentos, con grandes dosis de creatividad. –ahí están las
jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 y la explosión asambleísta
posterior– a pesar de avanzar con la sensación de frustración en
frustración.
Porque quizás las causas de la sensación de frustración radiquen en la
dificultad para visualizar las nuevas formas que adquiere el imaginario
colectivo para encontrar un proyecto común que contenga la multiplicidad, la
diversidad y sobre todo pueda conducirse en la complejidad de los tiempos
actuales.
Reconocemos que no es fácil, en parte porque el modelo –como dije más
arriba–, beneficia en términos relativos, también a unos cuantos millones de
habitantes, incluida la mayor parte de los que se reivindican "progresismo",
quienes, tomados masivamente, obran de contrapeso.
Porque, repartir la riqueza no consiste sólo en medidas administrativas de
distribución. Consiste fundamentalmente producir de otro modo, producir
desde adentro y hacia adentro y de modo tal que la producción esté al
servicio del hombre concreto y no a la abstracción del mercado mundial.
Huelga añadir que me refiero a todo tipo de producción, en primer lugar la
producción de saberes. Y allí radica el nudo "estratégico" de nuestro
devenir: Enfrentar a ese Poder del Conocimiento con un nuevo tipo de
producción de saberes en una nueva práctica social en donde pensar y hacer
son una misma cosa.
Ello significa pensar desde adentro, desde el ser humano como potencia
inmanente, produciendo esos saberes del que sabe lo que quiere porque sabe
lo que no quiere. Pensar la ciudad desde el barrio, pensar el país desde la
provincia, pensar el mundo desde el país.
Nada más lejos de mi espíritu que el estrecho nacionalismo. No opongo lo
nacional a lo transnacional, sino que opongo lo múltiple a lo único, el
intercambio entre diferentes de igual jerarquía.
Pensar y producir desde adentro y para adentro significa en este caso,
intercambio entre autónomos.
Entonces si todos, hombres y mujeres, barrios, aldeas, provincias, países
aprendemos a pensar, a crear subjetividades, a producir saberes desde
adentro, podrá generarse un gran "afuera" colectivo que podremos llamar,
ahora sí. universalidad, en donde no existe el centro sobre el que actúe el
"Poder del Conocimiento", porque habrá tantos centros como mundos posibles.
Fuente: La Fogata
"La
respuesta estaba en la clase obrera y el campo popular"
Marzo 2006
Por Gabriel Martin y Aníbal Libonati
Investigaciones Rodolfo Walsh
Tras la muerte de Santucho asumió la conducción del PRT-ERP en condiciones
inimaginables, pero reales y no un mito como los 36 Billares que no son tantos
en esa confitería de Avenida de Mayo. Se trató de exagerar la puntualidad pero
Luis Mattini gana de mano, se lo busca con la mirada en algún rincón pero
casualmente están todas vacías. No había llegado, pero un chistido suena detrás
de una columna y estaba sentado, esperando la charla con un criollo Fernet
agonizante.
¿Cómo se introdujo a la militancia? ¿Qué o cuales fueron las motivaciones que lo
empujaron a ese compromiso?
Empecé a militar plenamente a los 17 años, a fines de los ’50. Igual en mi
familia había una tradición de inquietudes, mi abuelo alemán había sido
anarquista, mi viejo era peronista de la primera época hasta que rompió. En 1958
me incorporo de pura casualidad al marxismo, porque me conecté con un grupo de
marxistas, que no era ni trotskistas ni stalinistas, que fue el Grupo Praxis
orientado por Silvio Frondizi, y me parecía que por ahí iba la cosa. Y luego
viene la Revolución Cubana, y Praxis coincidía en lo que luego la izquierda
peronista hizo revaluando al peronismo, mientras que el resto de la izquierda
decía que era fascismo y todas las barbaridades, Praxis decía que era un
movimiento nacional, burgués, nada que ver con el fascismo sino al contrario, la
clase obrera obtuvo conciencia de fuerza y clase. Praxis era un marxismo no
gorila, y eso me marcó. Praxis era más que nada de formación de cuadros, aunque
de ahí también salieron indeseables. Además, de muy jovencito, ya participaba en
la comisión del sindicato en ATE de Zárate, siendo menor de edad; después en
gremios navales metalúrgicos y ahí lo sufrí a Vandor durante los ’60. En la
década del ’60 siempre intentaba en distintos grupos. El punto en común es que
nosotros, los de nuestra generación, en los ’60 se la llamó la "nueva
izquierda", nueva porque era la izquierda guevarista, compuesta por una masa de
individuos que venían de las experiencias más disímiles, muchos venían del
Frondizismo, la ruptura del Partido Radical, porque la primera frustración fue
el gobierno de Frondizi. Hay todo un período de búsqueda, de organización de
distintos grupos, que va desde 1958 hasta el ’66.
¿Hicieron alguna evaluación sobre la aparición de Urutuncos como primera
guerrilla armada?
Pensábamos que esa no era la manera de empezar, porque nos parecía que no
estaban las condiciones dadas, y era un vanguardismo apresurado, pero lo
saludábamos, de ningún modo lo rechazábamos. Le podíamos hacer críticas, pero
para nosotros eran síntomas de que algo se anunciaba porque siempre en cada
inicio hay fracasos, y lo podemos tomarlo como el Moncada de Fidel Castro,
porque eso era realmente una Armada Brancaleone, y si Fidel no hubiese tomado el
poder hasta el día de hoy estaríamos hablando de un loco que asaltó un cuartel.
Ese tipo de cosas, podíamos criticarlas en el sentido táctico. Lo mismo fue
cuando los peronistas hicieron la Operación Cóndor y aterrizaron un avión
secuestrado en las Islas Malvinas reclamando la soberanía. Podíamos decir que
así no era, pero eran de nuestro lado y no de la política de espera.
¿En qué momento piensa que se inicia la espiral que signó de violencia a la
política argentina teniendo su pico en la década de 1970?
Hay toda una historia que empieza en 1955 con la caída del peronismo para frenar
y aplastar a todo un movimiento y en realidad, lo que hace, es incentivarlo. Con
la barbaridad que hizo la Libertadora se creó más peronismo todavía por la
indignación que fue semejante sistema implementado. Pero para acercarnos a la
historia reciente creo que el punto que determinó a nuestra generación fue el
golpe de Onganía. Hasta entonces, la formación política era puramente
ideológica, de convencerse de que no había salida por la vía democrática en la
Argentina, que la única salida era la revolución armada y eso discutíamos en los
’60, pero no hubiese pasado eso si no se hubiese producido el golpe de Onganía,
porque viene a mostrarnos a nosotros que teníamos razón, que no habría salida
democrática. En eso coincidíamos todos y se puede sintetizar en tres
intelectuales de la época, Silvio Frondizi, John William Cooke y el Che Guevara,
cuyo punto común era que no había salida por la vía de la democracia
representiva en la Argentina, la burguesía era incapaz de hacer cualquier cosa
por el país porque es inútil por definición, y únicamente la respuesta estaba en
la clase obrera y el campo popular. Esos eran los tres puntos que caracterizaron
a la nueva izquierda, para diferenciarlo del Partido Comunista que había una
etapa democrático burguesa, todo el etapismo; y a nosotros nos avalaba la
Revolución Cubana como ejemplo paradigmático, que fueron los únicos que pudieron
hacerlo porque los demás fracasaron como la Revolución Boliviana, en Guatemala,
el fracaso de Chile nos vino a dar la razón, pero ya más tarde.
"El Cordobazo abrió una situación revolucionaria"
¿En qué clima y cuando se incorpora al PRT?
Cuando se da el golpe de Estado de Onganía nos da la razón. Después de todo con
Illía, que era democrático, con las libertades garantizadas, pero el peronismo
estaba proscripto y lo sacaron de la oreja, por las huelgas y cuando se cedía
los militares actuaban y a también tuvieron parte de complicidad de una parte
del peronismo. El golpe de Onganía es un hecho que hay que marcarlo a fondo,
definió la cosa. También tenemos que marcar una cosa desde nuestro lado, porque
si desde el golpe de Onganía surgen los movimientos armados, también había una
voluntad de nuestro lado una voluntad de hacerlo. Algunos se lavan las manos
diciendo que no tenían su opción, y eso no es cierto. Otra gente siguió, el
Partido Comunista siguió y bueno, así otras. Nosotros no, nosotros dijimos "se
terminó y ahora es la hora de las armas", y esa es una opción que adoptamos.
Frente a esta decisión yo me incorporo al PRT, recién en 1968, con diez años de
experiencia militante en el sindicalismo. Me topé con el PRT, vi que eran
trotskistas, y sinceramente no me cayeron muy simpáticos porque como
sindicalista tenía mis problemas por el estilo que tienen, y no es que me
parecía la maravilla, pero estaba la cuestión de conciencia, era decir basta de
coqueteo.
¿Entonces por qué no optó por otra organización o el propio peronismo?
Porque era lo más afín a lo que yo pensaba. La opción que tenía entonces eran
los grupos que iban hacia el peronismo, y estaba convencido de que con el
peronismo no se podía ir porque no iba a conducir al movimiento con otra
organización, nunca me convencí de que se pudiera conducir ese movimiento.
Entonces opté por una opción independiente. Pero además, el PRT no era el
partido de Nahuel Moreno, era el de Santucho sobre quién tenía mis prejuicios,
pero no era exactamente un trotskista y venía de romper con Moreno. No puede
decirse que el PRT de Santucho me convenció por el discurso, porque con el
discurso revolucionario son todos más o menos lo mismo. Me convenció por la
práctica, porque Santucho decía que íbamos a hacer esto y lo hacía, e iba a la
cabeza. Y no iba a fundar mi partido ideal, era la hora de las opciones y dentro
de esas opciones diría que esta tenía algo de ética, hacía lo que decían y
decían lo que hacían. Era así y no me arrepiento de nada. Luego sigue la
historia, de cuando nos vamos del trotskismo y todo eso. Luego está la cuestión
de la lucha armada, fue lo mismo. Porque yo venía teorizando durante diez años,
en Praxis nos preparamos para la insurrección o para la guerrilla, intentábamos
tener acceso a las armas, aprendíamos a manejar todo tipo de máquinas,
locomotoras, tanques de guerra, pero el ejercicio de las armas no se había dado
por condiciones. Cuando el PRT me lo plantea me presenta una pistola y me dice
que hay que empezar por entrenarse, y yo hasta ese momento de armas lo único que
había hecho fue tirar con una carabina 22. Y lo acepté como un doloroso
instrumento, de modo racional y sin euforia pero con decisión. La otra cuestión
era mi militancia sindical de diez años, y eso era muy valorado en el PRT, y con
respecto a muchos compañeros ya traía un nivel de formación teórico bastante
alto. A partir de allí, como yo era de Zárate, allí el PRT no existía, yo tenía
muchos amigos de vieja militancia y entonces hicimos una regional que creció y
desarrolló muy rápido con respecto a otras. Eso hizo que la regional nuestra
resista los períodos de gran represión mejor que en otros lados. Porque como era
un lugar chico nos teníamos que cuidar más, porque no tenías el anonimato de
Buenos Aires o Rosario. Para operar en Zárate te tenías que disfrazar de mono.
Mantuvimos la regional hasta el ’72, cuando el PRT estaba muy golpeado, casi sin
caídas. Cuando se fuga Santucho en el ’72 y regresa a fines de año, me incorpora
a la Dirección Nacional del PRT, y a partir de ese año soy miembro del Buró
Político y empecé a ver las cosas del partido desde arriba más que de abajo.
¿Cómo fue la conformación del ERP? ¿Tuvieron un gran debate, se impuso la idea
de armar una guerrilla?
Cuando vamos al V Congreso, que es cuando se forma el ERP, uno se imagina que
eran todos cuadros tipo Che Guevara, y en realidad éramos unos treinta muchachos
entre los 30 y 40 años que no sabíamos gran cosa, más que nada voluntad. El
mismo Santucho no era un intelectual brillante, ni un guerrillero formidable.
Era como nosotros nada más que tenía una capacidad de convencimiento y capacidad
de hacer que arrastraba a todos los demás, tenía ese don del dirigente. No es
que se destacaba en la teoría marxista o tiraba mejor con la pistola. El decía y
se ponía al frente, esto en un país donde el hablar al pedo es histórico, él lo
hacía.
¿El Cordobazo también lo evaluó como un síntoma mucho más fuerte?
Para ponerlo en términos teóricos, el Cordobazo se puede decir que abrió, lo que
se dice en términos marxistas, una situación revolucionaria, que no es lo mismo
que una crisis revolucionaria. Una situación revolucionaria es cuando los de
arriba no pueden gobernar como antes y los de abajo tomar el gobierno, una
situación de puja e inestabilidad. Puede durar, meses, años, y desemboca en una
crisis revolucionaria con la toma del poder, una derrota de la revolución, o
bien se diluye. Nosotros pensamos que según esa situación revolucionaria había
que transformarla en crisis revolucionaria. La lucha armada tenía como elemento
fundamental el transformar la situación en crisis revolucionaria y había que
eliminar el escollo más grande que tenía la revolución en la Argentina que
creíamos nosotros, que era el Ejército. Digo creía porque ahora no lo creo, creo
que hay escollos más grandes que un Ejército, considero inclusive que la parte
más fácil es derrotar militarmente, la otra parte es más difícil
¿Cuál es entonces para usted el escollo más grande?
La resistencia de los que no están en la lucha armada, la burguesía en su
conjunto, el gran capital. Y como veníamos de formar el ERP, teníamos una
concepción de que una vez desarrollado el movimiento revolucionario y es tomado
por el movimiento popular y tiene un grupo de vanguardia que lo dirija, es
indetenible. No hay etapa, se lo come todo y no para hasta la toma del poder.
Eso es lo que se llama el paradigma de una época. Teníamos en esto mucha
influencia de Mao Tse Tung.
"Cuando se da el Golpe las fuerzas armadas Montoneros y PRT-ERP estábamos fuera
de combate"
¿Y ante el auge del ’73? Porque allí la cuestión era totalmente diferente...
Lo que ocurre ese año es que las cosas no son tan así, la burguesía sabe
maniobrar, también la forzás y no porque sea superinteligente, hay toda una
lucha antidictatorial entonces en vez de ahogar y ahogarse en sangre da una
salida, que es política, que fue el GAN (Gran Acuerdo Nacional). Salida política
que nosotros denunciamos como "engañifa", una mentira electoral, que también lo
denunció Perón mismo, que decía que era todo una trampa. Pero resulta que lo que
ocurrió es que la fuerza que tenía el movimiento de masas en la Argentina, y
fundamentalmente las masas que eran peronistas, sumado a las fuerzas
guerrilleras que tenían un gran prestigio, hacen que eso que era una engañifa,
se transforme en una verdadera salida. Las elecciones que se hicieron en 1973
fueron totalmente limpias, y el triunfo de Cámpora fue absolutamente legítimo.
Creó que fueron las elecciones más limpias en la historia nacional. Se dio en la
Argentina, con Cámpora, una apertura democrática indiscutida. Nosotros no la
vimos, obvio que diferenciamos a Cámpora de Lanusse, pero seguimos mirando a
futuro, y no de presente. A término de futuro no nos equivocamos, ¿pero de que
te sirve si el presente que hacés define tu futuro? A término de futuro no n