| 11 de marzo de 1973: Triunfo electoral del Frente Justicialista de Liberación Nacional, que lleva a Héctor J. Cámpora, "El Tío", al gobierno, lo que posibilitará más tarde que el general Juan Domingo Perón -luego de 18 años de exilio y proscripción- asuma por tercera vez la presidencia de la Nación. 24 de marzo de 1976: Golpe militar que instaura la dictadura más sanguinaria de la historia. Ambas fechas, como emblemas de una Historia que todavía está por escribirse, señalan loa desafíos y los interrogantes a los que estuvo/está expuesta una generación que todavía no calla. |
"Si
ganan, este país se va a poner irrespirable"
El escritor Rodolfo Walsh se enteró del golpe
por las comunicaciones policiales. Desde su departamento interceptaban las radios
para descubrir información sobre el inminente golpe. Fue el 24 de marzo de 1976
que vivió el escritor Rodolfo Walsh. Un año después escribió la "Carta de un
escritor a la Junta Militar" y el 25 de marzo de 1977 fue secuestrado por un
grupo de tareas.
Por Luis Bruschtein
"¡Comando, comando, móvil 1!" decían unas voces y les contestaban: "QAP, QAP,
móvil 1", "Adelante móvil 2", "hay movimiento de tropas en dirección a Casa
de Gobierno"; "¡QSL, QSL, entendido, entendido!". Era la noche del 23 y la madrugada
del 24, el escritor Rodolfo Walsh y Lilia Ferreyra, su mujer, interceptaban
las comunicaciones radiales de las fuerzas de seguridad. De pronto las voces
se multiplicaron, transmitían nerviosismo. "Ahí está el golpe" dijo para sí
Walsh, que un año después escribiría la "Carta de un escritor a la Junta Militar"
y luego sería secuestrado por un grupo de tareas de la ESMA. "En esa semana
la atención estaba puesta en si iba a haber un golpe o no --recuerda Lilia Ferreyra--.
Entonces en el área de Información de Montoneros estábamos muy pendientes de
las escuchas de comunicaciones para tratar de encontrar información sobre lo
que se podía estar gestando". La pareja ocupaba un departamento de un ambiente,
de tres metros por 2,60, con un minibaño y una kitchenet. Era un primer piso
con una sola ventana que daba a un patio interno de un edificio de diez pisos.
Pero la ventana tenía que estar siempre cerrada para que no escucharan los vecinos.
Había una cama de dos plazas, los estantes de una biblioteca que había pertenecido
a Leopoldo Lugones, regalada por la nieta del escritor, Pirí, que también está
desaparecida, una mesa plegable, dos sillas y una heladerita. "En el departamento
teníamos un pequeño aparato de alta frecuencia que interceptaba las transmisiones
de las fuerzas de seguridad --recuerda Lilia Ferreyra--; esa noche del 23 yo
estaba en casa y Rodolfo había salido a una cita. Como todos los días, cuando
él llegaba yo le contaba lo que había escuchado. Esa noche comenzó con la rutina
de siempre, cenamos a las 9 y nos dispusimos a escuchar por onda corta el noticiero
de la BBC de Londres de las diez de la noche, en una pausa de la escucha de
las comunicaciones de las fuerzas represivas. Rodolfo hablaba inglés perfectamente
y me traducía lo que escuchaba". Walsh se había aficionado a la criptología
y gracias a ese hobby había descifrado el código de transmisión de los cubanos
anticastristas que se entrenaban en Guatemala para invadir la isla. Fue a principios
de los 60, cuando trabajaba en La Habana en la agencia Prensa Latina. Por curiosidad
se había puesto a descifrar las incongruencias que arrojaban las teletipos de
la agencia en el tiempo muerto y así los cubanos detectaron los planes de invasión.
"En esas escuchas interceptamos muchos mensajes en código que después descifrábamos
--relata Ferreyra--; él me enseñó a mí después a descifrarlos. Estos mensajes
cifrados surgían generalmente de las comunicaciones con el interior del país.
Allí escuchamos una vez la orden de detención de gente de la Universidad de
Bahía Blanca y otras informaciones que más tarde fueron difundidas a través
de la Agencia de Noticias Clandestina (Ancla)". "Poco después de la medianoche
se empezaron a escuchar las voces más agitadas, eran del comando radioeléctrico
por lo general. A la madrugada ya se preguntaban abiertamente, desde los móviles
hasta el comando, por los tanques que estaban yendo por el bajo en dirección
a la Casa Rosada. Esa fue la confirmación de que el golpe estaba en marcha".
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Video realizado por alumnos de segundo año del Polimodal en 2009 |
"A diferencia de la opinión de otros,
Rodolfo tenía la certeza de que se avecinaban tiempos terribles --señala Ferreyra--;
quizás por su propia comprensión de lo que podía ser el uso desbordado de la
fuerza militar que él había llegado a percibir durante la investigación de Operación
masacre. Así lo entendió en ese momento y lo vertió un año más tarde en la "Carta
de un escritor a la Junta Militar": que un gobierno militar, una dictadura,
siempre sería mucho peor que un proceso democrático, aunque fuera deficiente
y confuso como el de ese momento. El decía que el ejercicio del poder directamente
por las Fuerzas Armadas sería peor, como lo había demostrado la misma historia
con la Revolución Libertadora. Esto lo hablábamos y también lo había discutido
con otros compañeros". Era un tema que estaba sobre la mesa. El general Videla
había anunciado el golpe varios meses atrás y en las reuniones se había convertido
en el punto central de la agenda. "Desde varios meses atrás, Rodolfo había planteado
la necesidad de prever una situación política general donde las condiciones
del trabajo de prensa iban a ser mucho más difíciles y que había que prever
formas de difusión por vías clandestinas" señala Lilia Ferreyra. Después del
24 de marzo empezó a emitir sus primeros despachos la Agencia de Noticias Clandestina.
"Esa noche combinábamos la intercepción de las comunicaciones con las emisiones
en onda corta de las radios internacionales, fundamentalmente la BBC de Londres
y Radio Colonia --apunta Ferreyra--, estábamos la mayor parte del tiempo allí
porque a las nueve de la noche había que estar adentro, era peligroso para Rodolfo
estar en la calle. Siempre nos dejaba perplejos la calma y el control con que
hablaba el que estaba a cargo del comando radioeléctrico; su calma contrastaba
con el nerviosismo de las voces que transmitían los móviles. Esa noche del 23,
las voces habían perdido la calma. En algún momento nos fuimos a dormir porque,
pese a la tensión, la variante del golpe era algo que se esperaba, no era una
sorpresa". El 24 a la mañana había comenzado una nueva etapa. "Salí a comprar
los diarios con todas las precauciones que tomábamos para evitar espías o seguimientos,
en la calle había un ambiente de temor y expectativa, se veía en la cara de
la gente. Algo se había roto, estaba cambiando. Nosotros seguimos la información
en los diarios, la radio y la televisión, también vivimos ese día con una carga
muy distinta, algo cambiaba, con la incertidumbre o la certeza de que se avecinaban
tiempos más difíciles. En esos días nos habíamos encontrado con Vicky, la hija
mayor de Rodolfo, con Horacio Verbitsky y Paco Urondo, pero el 24 todas las
citas y el trabajo cotidiano se paró. El eje de lo que se hablaba o se hacía
era el golpe. Después de ver un noticiero en la televisión, recuerdo que Rodolfo
reflexionó: 'Si éstos llegan a ganar, este país se va a poner
Fuente: Página/12, 24/03/2000 (suplemento especial)
Informe de Amnesty Internacional de 1979 desclasificado por el Dto de Estado EEUU
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Hace 25 años
Por Norberto Galasso (2001)
"En el campo popular, todos acordamos acerca del carácter
sanguinario e inhumano de la dictadura militar implantada un día nefasto de
marzo, hace 25 años. De allí que, no obstante el tiempo transcurrido, permanezca
fervoroso nuestro repudio y salgamos de nuevo a la calle a manifestar nuestra
acusación contra los verdugos.
"Sin embargo constituiría un grave error nuestro enjuiciamiento a la conculcación
de los derechos humanos, dejando en un cono de sombra otros aspectos de aquel
"proceso" que también son de naturaleza siniestra.
La dictadura militar fue muerte, desaparición, tortura, secuestros, etc. pero
fue también una victoria de la clase oligárquica y aplastamiento del proyecto
popular, la represión de los Videla y Massera no derivó en la política económica
entreguista y antipopular de Martínez de Hoz, sino que la política económica
entreguista y antipopular de Martínez de Hoz, necesitó como condición insoslayable,
la represión de los Videla y Massera.
Eduardo Aliverti (Marca de Radio)
- 30 años
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Por eso el repudio del 24 de marzo de 1976 se carga de indignación y dolor por el baño de sangre, pero también debe señalar otros aspectos que sigan los sucesos políticos de los años posteriores a la dictadura: la reconversión de la clase dominante en una nueva oligarquía que entrelaza sus intereses con el imperialismo norteamericano, la división del movimiento obrero y liquidación de sus cuadros sindicales más combativos desde dirigentes a delegados de fábrica, el descabezamiento de la pequeña burguesía revolucionaria, por muerte o exilio de sus principales cuadros e infundiendo temor al resto de los sectores populares, el aplastamiento de gran parte del empresariado pequeño y mediano a través de la apertura económica. Es decir, se trata de transformaciones profundas de la sociedad argentina que hoy, a pesar de la "restauración" democrática, presionan decididamente sobre nuestro escenario político.
"Si no analizamos "el proceso" desde este enfoque amplio, es como si dijéramos que los dirigentes de la Triple Alianza dejaron al Paraguay en ruinas (con una población de ancianos y niños) porque eran siniestros y sanguinarios. Lo eran, sí, pero hay mucha más tela por cortar. El Paraguay era un modelo de desarrollo autocentrado que probaba la posibilidad de progresar desde lo nuestro y quebraba la excusa de que en virtud de un supuesto progreso - falso , por otra parte - había que entregarse al extranjero. Ahí reside la causa de tanta destrucción y tanta saña, que no disminuye la responsabilidad de los autores, sino que la muestra como una política de clase: el mitrismo porteño, el coloradismo montevideano y la clase dominante del imperio esclavócrata del Brasil. Necesitaban, para justificar su negocio con el imperio británico destruir al Paraguay.
Escena 7 Ultima dictadura (1976-1983)
forma parte de la intervención "Mayo, los Sonidos de La Plaza",
presentado en la Plaza de Mayo de Buenos Aires, el 5 de julio
de 2003 y los sabados 9 y 16 de septiembre de 2006. Mas info:
www.buenosairessonora.blogspot.com
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Cien años más tarde -el imperialismo norteamericano, después de voltear al Gral. Torres en Bolivia y a Salvador Allende en Chile- aunó su esfuerzo al de la oligarquía argentina para cerrar el camino a "cordobazos", "rozariazos", etc. y elecciones con triunfos populares, que percibían como una cuchilla que pasaba muy cerca de sus gargantas. Aprovecharon, por supuesto, la frustración del 73 causada por los antagonismos internos del peronismo, la muerte de Perón y otros factores, pero estamos ciertos que la conspiración no empezó en febrero de 1976 sino en abril de 1973. y por eso su hombre clave es "Joe" Martínez de Hoz, con su pasado enraizado en la Sociedad Rural y su presente, de estrecha ligazón con Rockefeller.
"En aquellos vientos se originan las tempestades de hoy, después que el alfonsinismo administró "el modelo" y "el menemismo" lo profundizó: una nueva oligarquía integrada por grandes consorcios asociados al capital extranjero (a la cual solo le interesa el mercado interno cuando está cautivo), una sumisión total a los dictados de los organismos internacionales que nos coloca en posición de país colonial, una profundización notable de la expoliación capitalista, basada en la alta desocupación, que tira hacia abajo los salarios y anula conquistas sociales provocando una feroz redistribución del ingreso a favor del capital, en fin, un modelo económico nefasto y un escenario político donde faltan dos generaciones, una por muerte y otra, por temor y escepticismo, donde una dirigencia política caduca reitera discursos retóricos ante la absoluta indiferencia del pueblo, la desaparición de proyectos colectivos, solidarios y nacionales, reemplazados por proyectos individuales que priorizan los sobres negros a la difícil tarea de transformar una realidad.
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"Si el repudio al "proceso" solo
consistiese en restaurar las garantias individuales, nuy amplio sería el camino
por delante para las propuestas "progresistas". Pero, precisamente, las propuestas
"progresistas" se frustran porque el "proceso", si bien dio un paso atrás al
convocar a elecciones en 1983, mantuvo el control que había logrado en los resortes
fundamentales de la economía del país, incluso perfeccionándolo en los œltimos
años. Y dentro de ese marco, no hay política posible a favor del campo popular
por lo cual llevamos dos décadas de frustración en frustración.
Por la misma razón, confiamos en que las víctimas del modelo podremos nuclearnos
en los próximos años para gestar un gran frente de liberación que apunte a destruir
los eslabones de expoliación que impiden tomar el nuevo camino."
Carta del
subcomandante Marcos a la Argentina digna
24 de Marzo
del 2001, 18.00 hs. Hora de México.
A los niños, niñas, ancianos, ancianas, jóvenes, jóvenas, hombres, mujeres
de la Argentina.
América Latina, Planeta Tierra.
Hermanos y hermanas:
Aquí México Zapatista. Allá la digna Argentina.
Les habla el Subcomandante Marcos, a nombre de todos los hombres, mujeres,
niños y ancianos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Queremos aprovechar que los hermanos y hermanas de Argentina nos dan la
oportunidad de decir nuestra palabra en este acto que sirve para darle a
la verdad y a la memoria el lugar que merecen.
Porque hay y ha habido quien creyó y cree que, asesinando personas, asesina
también los pensamientos y los sueños que en veces son palabras y en veces
son silencios. Quien así cree en realidad teme. Y su temor adquiere el rostro
del autoritarismo y la arbitrariedad. Y en la resaca de la sangre busca
la máscara de la impunidad y el olvido. No para que todo quede atrás, sino
para asegurarse de que podrá de nuevo hacer actuar su temor sobre los que
le son diferentes.
Nuestros más antiguos nos enseñaron que la celebración de la memoria es
también una celebración del mañana. Ellos nos dijeron que la memoria no
es un voltear la cara y el corazón al pasado, no es un recuerdo estéril
que habla risas o lágrimas. La memoria, nos dijeron, es una de las siete
guías que el corazón humano tiene para andar sus pasos. Las otras seis son
la verdad, la vergüenza, la consecuencia, la honestidad, el respeto a uno
mismo y al otro, y el amor.
Por eso, dicen, la memoria apunta siempre al mañana y esa paradoja es la
que permite que en ese mañana no se repitan las pesadillas, y que las alegrías,
que también las hay en el inventario de la memoria colectiva, sean nuevas.
La memoria es sobre todo, dicen nuestros más primeros, una poderosa vacuna
contra la muerte y alimento indispensable para la vida. Por eso, quien cuida
y guarda la memoria, guarda y cuida la vida; y quien no tiene memoria está
muerto.
Quienes arriba fueron poder nos heredaron un montón de pedazos rotos: muertes
aquí y allá, impunidades y cinismos, ausencias, rostros e historias emborronadas,
desesperanzas. Y ese montón de escombros es el que nos ofrecen como tarjeta
de identidad, de modo que decir "soy" y "somos" sea una vergüenza.
Pero hubo quienes fueron y son abajo. Ellos y ellas nos heredaron no un
mundo nuevo, completo y acabado, pero sí algunas claves y pistas para unir
esos fragmentos dispersos y, al armar el rompecabezas del ayer, abrirle
una rendija al muro, dibujar una ventana y construir una puerta.
Porque es bien sabido que las puertas fueron antes ventanas, y antes fueron
rendijas, y antes fueron y son memoria. Tal vez por eso temen los de arriba,
porque quien tiene memoria en realidad tiene en su futuro una puerta.
Somos muchos y muchas los que al buscar la memoria estamos buscando partes
de nuestro rostro. Quien nos pide que olvidemos, nos pide que sigamos incompletos,
usando las prótesis que el Poder oferta.
Este día, en Argentina, en México y en otras partes del mundo, hay muchos
y muchas guardianes de la memoria reuniéndose para una ceremonia tan antigua
como la palabra: la del conjuro del olvido y la desmemoria, la de la historia.
Hoy, quienes tienen a la Argentina como patria, nos enseñan que quien camina
la memoria, en realidad camina la vida. Y queremos que todos y todas ustedes
sepan que escuchamos sus pasos y que, al escucharlos, recordamos que el
principal atributo del ser humano sigue siendo la dignidad.
Digna Argentina: los zapatistas de México te saludan.
Vale. Salud y que nunca más la estupidez se permita democratizar el miedo
y la muerte
Desde la Ciudad de México.
Subcomandante Insurgente Marcos
México, Marzo del 2001
6 de la tarde, hora de México
P.D.- No se acaben el churrasco, porque siempre me dejan la pura salsa chimichurri.
Con el mate pueden proceder a discreción, pero no se acaben las empanadas.
Nos vemos luego en la calle de Corrientes para echarnos una cascarita de
fútbol y tararear un tango, porque la memoria también se guarda con el juego,
la música y el baile.
La
"tendencia", la burocracia y el socialismo: Entre el verticalismo burocrático
y el frente gorila
Por Jorge Enea Spilimbergo, 1974
Primera publicación: En Izquierda Nacional N° 29 de mayo de 1974.
La Juventud Peronista se debate en un grave dilema cuyos términos parecen
ser, por un lado, la capitulación ante las fuerzas burocrático-burguesas
de su partido (en nombre de la "verticalidad"), y, por el otro, una ruptura
que se da como regresión hacia la izquierda liberal y cipaya. Este conflicto
de un movimiento que irrumpió tan espectacularmente hace poco más de un
año se explica en parte por las debilidades políticas que presidieron su
nacimiento. Y esas debilidades, a su vez, encuentran su clave en el desarrollo
desigual y contradictorio de nuestras luchas político-sociales a partir
de la gran ofensiva popular de mayo de 1969.
El término de referencia más general de la crisis es la contradicción entre
la divisa "Patria Socialista", impulsora de todos los sectores dinámicos
de JP, y la estructura histórico social inmodificable del peronismo como
frente nacional muilticlasista constituido en 1945 bajo el liderazgo de
la burguesía nacional. Esta contradicción potencial se hace actual y virulenta
desde el definitivo retorno del general Perón y la renuncia del presidente
Cámpora.
A partir de aquí la dirección de la "Tendencia" acentúa hasta el paroxismo
el método mágico de explicación, como si quisiera ocultarse a sí misma la
inconsistencia de sus propias premisas políticas: Perón es el custodio de
la antorcha nacional y del socialismo; pero un cerco demoníaco de traidores
lo rodea y aísla de los peronistas leales. En vez de indagar las fuerzas
de clase que encarna la conducción peronista, los líderes de la "Tendencia"
arbitran una "explicación" mitológica, enteramente irracional.
Técnicamente, esa explicación era posible cuando Perón estaba en Madrid;
pero los hechos la desintegran con la presencia de Perón en la Argentina
y en el gobierno. Entonces, los líderes más conspicuos de la "Tendencia"
se escinden en dos alas. Un sector capitula, ya que no encuentra otro modo
de reconciliación que la renuncia a los fines trascendentes que animaban
el movimiento juvenil. El otro busca apoyo creciente en el centro y la izquierda
liberaloligárquicos (Juventud Comunista, radicalismo, alfonsinistas, APR,
etc).
Como el fenómeno "Juventud Peronista" expresa la ruptura de la pequeña burguesía
democrática con la oligarquía liberal a la que estuvo aliada tradicionalmente
(ruptura provocada por la crisis del orden semicolonial) y el giro de ese
sector hacia posiciones más avanzadas y nacionales, la alianza de referencia,
en el marco de las llamada Juventudes Políticas Argentinas, constituye un
claro fenómeno de regresión.
También en esta falsa polarización (capitulación-gorilismo de "izquierda")
pesa la incomprensión sobre la naturaleza de clase del peronismo. La clara
progresividad del peronismo no emergía de su carácter proletario-socialista
sino de su naturaleza nacional-democrática ("burguesa", por lo tanto) en
un país semicolonial. La vieja izquierda cipaya deducía que el peronismo,
al ser burgués, era reaccionario, olvidando las particularidades de la lucha
social en un país dependiente y atrasado. Al nacionalizarse e izquierdizarse
rompiendo con la oligarquía, pero sin revisar teóricamente las viejas premisas
ideológicas, pareció necesario adjudicar a Perón una virtualidad socialista
que éste jamás imaginó tener, y que se apresuró a desmentir brutalmente
desde el primer día de su regreso definitivo al país.
¿Es preciso, por lo tanto, traicionar al socialismo para no "traicionar"
a Perón, según piensan algunos? ¿O es Perón un traidor al demostrar que
no hay lugar para el socialismo en su movimiento, como opinan otros?
En realidad, Perón permanece fiel a la constelación político-social que
dio existencia a su movimiento en 1945, y ningún revolucionario socialista
podrá dejar de apoyarlo contra los enemigos imperialistas y oligárquicos.
Al mismo tiempo, la lucha por el socialismo, impuesta por la necesidad objetiva
de trascender los estrechos límites capitalistas y burgueses de la revolución
nacional, exige la constitución de un eje de reagrupamiento obrero y socialista
en el cauce del movimiento nacional, un eje política, organizativa e ideológicamente
independiente.
Cordobazo y peronismo
El punto de arranque es, naturalmente, el Cordobazo de mayo de 1969, mejor
dicho, la serie de insurrecciones provinciales que, a partir de esa fecha,
desbarataron los planes de la dictadura oligárquica, modificaron profundamente
la relación de fuerzas e impusieron una salida electoral aunque condicionada
por la proscripción de Perón (cláusula del 24 de agosto).
El
Cordobazo se inscribe en una línea superadora del 17 de octubre de 1945.
Ya no se trataba, como en las jornadas de 1945, de apuntalar a un sector
del sistema gobernante contra el ala oligárquica y contrarrevolucionaria,
sino de enfrentar por la vía de la lucha de masas al Estado oligárquico
en su conjunto, apuntando más allá de los límites de la Argentina burguesa.
Por eso, el gran movimiento espontáneo y acaso insurreccional de los pueblos
del interior rebasó no sólo a los viejos partidos sino también a la dirección
política y sindical del peronismo, que en ningún momento asumió práctica
ni moralmente esas luchas. Esta verdad no sólo es aplicable a los sectores
burocráticos (cualquiera sea la amplitud y aplicación que demos al término
"burocrático") sino también a los combativos. No casualmente el nombre "Montoneros",
trascendiendo sus límites originarios, ha pasado a designar a toda la "Tendencia",
lo que de hecho significa que el asesinato de Aramburu (una oscura aberración
política) pesa ideológicamente más que la gesta multitudinaria gracias a
la cual la "Tendencia" pudo soñar con copar electoralmente el gobierno en
aras de la Patria Socialista.
El interior aislado
Pero este nuevo nivel de lucha alcanzado por los pueblos del interior, si
era suficiente para conmover rudamente el andamiaje de la dictadura militar
e imponerle un retroceso en toda la línea, no bastaba para derrocarla infligiendo
a la oligarquía una derrota decisiva. Para ello era preciso la extensión
del movimiento a escala nacional y, sobre todo, la entrada en combate de
la clase trabajadora de Capital y Gran Buenos Aires, centro estratégico
del país, arrastrando tras de sí a las capas medias disconformes. La magnitud
del escenario impedía que esta tarea pudiera quedar librada a la "espontaneidad"
característica de las luchas libradas en Córdoba, Rosario, Corrientes, Tucumán,
Mendoza, Catamarca, etc. Pero el papel de las altas jefaturas cegetistas
y sindicales de Buenos Aires consistió, precisamente, en lo contrario: en
sabotear y aislar al interior, convertidas en agentes miserables de la dictadura
gorila.
La lucha por romper el cerco, descongelando militarmente al proletariado
gran bonaerense se convertía de ese modo en la tarea central de toda corriente
revolucionaria a partir de mayo de 1969, y en esa perspectiva nació el Frente
de Izquierda Popular, bajo esa luz deben considerarse todos sus movimientos
políticos y tácticos. Pero es un hecho de la mayor importancia que aunque
la clase trabajadora del área metropolitana acompañó con su simpatía las
jornadas del interior, no pudo romper la malla del bloqueo burocrático y
ponerse ella misma en movimiento.
Esto impondría su sello sobre el proceso de expansión y apogeo de la Juventud
Peronista.
El auge de la "guerrilla" (incluidas las "formaciones especiales" peronistas,
para emplear el término con el cual Perón, sin haberlas promovido, las oficializó
desde Madrid) es en este sentido, y pese a la bambolla interesada de la
prensa y los gobiernos oligárquicos, un fenómeno de retroceso político,
que se planteaba en relación inversa al apogeo del movimiento de masas,
sin conexión (ni siquiera defensiva) con él. Ninguna experiencia ha aportado
la guerrilla urbana argentina que pueda modificar o contradecir las conclusiones
lapidarias sobre el terror y la violencia individuales del movimiento revolucionario
intrernacional y sus teóricos reconocidos.
La disyuntiva de 1972
Así nos encontramos en 1972 con un movimiento popular y obrero que ha infligido
fuertes golpes a la dictadura oligárquica, pero sin lograr una victoria
decisiva frente al bloqueo metropolitano. Producto de esta situación de
equilibrio es la salida transaccional de un llamado a elecciones con el
peronismo pero sin Perón. El Frente de Izquierda Popular exigió al peronismo
la defensa activa de la candidatura de Perón, fundándose en la extrema debilidad
de la dictadura bajo los golpes de la ofensiva popular espontánea, y en
la posibilidad consiguiente de barrer la proscripción con nuevas movilizaciones
populares, inicialmente pacíficas. Al ser desoído este llamado, el FIP rechazó
de plano el ingreso al Frejuli, prefiriendo perder bancas seguras a traicionar
su razón de ser política.
Es cierto que Perón llegó de todos modos a la presidencia. Pero su acceso
por la vía fría, sin movilización, no implica un mero camino alternativo
sino el imperio de una correlación de fuerzas hegemónicas sustancialmente
diferente.
¿Qué actitud asumían ante esta disyuntiva los líderes de la "Tendencia",
durante el verano de 1972-1973? Dos actitudes íntimamente relacionadas.
En primer término, negaban desdeñosamente toda realidad a las elecciones,
simple "maniobra" de Lanusse. Bajo este anarquismo ultraizquierdista, según
el cual la huelga general de mayo del 69 es Córdoba era menos importante
que el asesinato de Aramburu, se escondía una subestimación enfática del
movimiento de masas y una sobreestimación acorde del poder de la dictadura
militar-oligárquica. En segundo término, no sólo Perón, o Cámpora, o Rucci
y Gelbard, o los partidos del Frejuli, desoían la propuesta movilizadora
del FIP, lo que era predecible al fin de cuentas, sino también los líderes
de la "Tendencia" en cualquiera de sus ramas. Esta no hizo suya (mancomunada
o unilateralmente) la única vía de desarrollo revolucionario abierta, que
era la marcada por el FIP. Por el contrario, se sumó al proceso electoral
bajo la divisa "Cámpora al gobierno, Perón al poder".
La capitulación originaria
En realidad el "fenómeno Juventud Peronista" es un fenómeno sumamente reciente.
Se incuba en esas semanas preelectorales, eclosiona entre el 11 de marzo
y el 25 de mayo, tiene sus días gloriosos con Cámpora y su hora de la verdad
con el retorno del general Perón. La divisa de la Patria Socialista aparece
como el espíritu animador de la marea.
Ya hemos visto cómo ese impulso lanzaba a toda una camada juvenil a la trituradora
de una contradicción insalvable entre el socialismo y el carácter de clase
de la conducción peronista. Señalemos ahora que el movimiento, pese a su
apogeo espectacular, nacía impregnado de una especie de pecado original:
la participación en la capitulación política del peronismo ante la dictadura
militar oligárquica, que no otra cosa fue la candidatura de Cámpora, la
negativa a apelar a la movilización de las masas.
La memoria es corta, y hechos recientes merecen recapitularse. La candidatura
de Cámpora fue la respuesta de Perón a la cláusula proscriptiva, una "candidatura
imposible", pues le alcanzaban los términos de la cláusula. De este modo
el peronismo se aprestaba a dejar vacante su nominación presidencial, ocupar
bancas y gobernaciones, y poner la presidencia en manos de Balbin. Lanusse,
hábilmente, aceptó sin embargo aquella candidatura especulando con que el
"desprestigio" de Cámpora forzaría la segunda vuelta. ¡Sólo el repudio apabullante
cosechado por la dictadura oligárquica pudo desbaratar esta maniobra! En
este marco es que crece y eclosiona la "Tendencia". La victoria electoral
del 11 de marzo suministra el éxito inmediato necesario para ocultar los
vicios de origen de una capitulación y alimentar la loca esperanza de que
el peronismo pueda convertirse en eje socialista de la revolución nacional,
sin los sudores del parto de construir junto a las masas una opción independiente.
La pequeña burguesía busca un eje
Por debajo de este proceso político se da el proceso de las clases sociales.
Hemos visto que la clase social que alimenta el crecimiento vertiginoso
de la JP es la pequeña burguesía democrática en trance de nacionalización
e izquierdización. ¿Podrá esta pequeña burguesía –como clase- extraer de
ella misma una opción independiente, socialista revolucionaria en el campo
de la revolución nacional? La respuesta es obvia, y, también por eso, ninguna
propuesta político-partidaria no asentada en una representación actual y
concreta de la clase trabajadora en movimiento, era capaz de atraerla hacia
un eje socialista revolucionario.
Pero el hecho decisivo pasaba a ser, entonces, la inmovilidad coyuntural
del proletariado metropolitano, bajo el bloqueo del sistema político-sindical
del peronismo. En esas condiciones, el único eje objetivo que se le presentaba
a partir de su ruptura con el bloque oligárquico-imperialista era –para
decirlo brutalmente- el eje de la burguesía nacional, es decir, el movimiento
peronista. Quienes, como el FIP, asumían, con las banderas del 17 de Octubre
y del 29 de Mayo, el eje estratégico de la revolución popular argentina
–sus raíces y su proyección superadora- quedaban provisionalmente aislados,
como lo revelaron, honrosamente, los resultados del 11 de marzo, no menos
reivindicables que los del 23 de septiembre(*).
Sin embargo, esta convergencia hacia el eje de la burguesía nacional, no
podía realizarse ingenuamente. El país había sido conmovido por poderosas
mareas revolucionarias en un mundo que no era el de 1945. Si la pequeña
burguesía había encontrado en el mito de la guerrilla el sustituto de la
movilización revolucionaria de las masas a escala nacional, también debía
proyectar sobre el eje nacional burgués hacia el cual convergía sus propias
esperanzas socialistas, e impregnarlo de esas ilusiones. Era hasta cierto
punto inevitable, y explica la incapacidad de llevar una lucha política
real en defensa de sus puntos de vista, con mínimas garantías, dentro del
movimiento o del Partido Peronista.
La tarea insoslayable
No moralizaremos sobre el hecho (aunque es preciso señalarlo) de que esta
debilidad orgánica paga el precio de haber pretendido eludir una tarea insoslayable
apelando a un falso atajo, ya que no es posible luchar por el socialismo
en el seno de la estructura histórica de la "burguesía nacional". Por la
mecánica interna de esa estructura, toda la legitimidad proviene del liderazgo
unipersonal (bonapartista) del general Perón. Desgastada rápidamente (por
la intervención directa de Perón) la retórica sobre los "traidores" que
lo "cercan", cualquier oposición "socialista" queda desnuda e indefensa
al llegar el momento de la verdad.
Pero esta segregación mecánica de los "herejes", ¿es una garantía de que
llegarán a asimilar la experiencia y de que extraerán las necesarias conclusiones,
incluidas (pues las alternativas abiertas no son indefinidas ni caprichosas)
las referentes al papel del Frente de Izquierda Popular en el proceso político
argentino?
La necesidad de esta reflexión es hoy más que nunca urgente, cuando vemos
a ciertos líderes de la "Tendencia" retroceder hacia el pacto con la izquierda
gorila en ese contubernio de las llamadas Juventudes Políticas Argentinas,
y a otros, rendir las armas ante los sectores burocráticos y conservadores
de su movimiento.
Fuente: Izquierda Nacional
11
de marzo 1973 - El día que votamos todos
8 de la mañana del 11 de marzo de 1973. Desde la noche anterior, entre mates y bizcochitos estamos en la Unidad Básica organizando a los compañeros que van a votar para elegir nuevo presidente. La consigna es que vayan todos a depositar su voto, para evitar la trampa de la segunda vuelta, el llamado "ballotage", orquestado desde el poder para frenar el avance de las masas peronistas.
Esta elección era nada menos, que el epílogo de una larga batalla de resistencia, en que la generación de nuestros Viejos primero y nosotros después, peleamos por el retorno incondicional de Perón a la Argentina. Dieciocho años de sacrificios y luchas, donde fuimos desenmascarando una a una todas las maniobras del régimen.
Como no pudieron acallarnos ni con la barbarie de los fusilamientos de Rojas y Aramburu; luego trataron de "integrarnos" con el maquiavélico Frondizi. Después vino el turno de Guido e Illia –muy democráticos por fuera, muy gorilas por dentro- y luego cuando todas las farsas se desmoronaban rápidamente, demostrando que el verdadero poder detrás del trono era el de los militares, estos se vieron obligados a dar la cara y gobernar sin intermediarios.
Onganía, Levingston y Lanusse, votados por nadie, recibieron el repudio generalizado y creciente de toda la población que los combatió como pudo, en todos los rincones del país, hasta conformar un gran Argentinazo que obligó a estos uniformados oligarcas, hijos del Pentágono, a llamar a elecciones como el mal menor, es decir, a arriesgarse a que su enemigo histórico, el Peronismo, les ganara una elección presidencial y gobernara por tercera vez nuestro país.
El 11 de marzo de 1973, votamos todos y fue un gran triunfo popular. El "Tío" Cámpora ganó las elecciones por más del 50% de los votos y Perón allanó su regreso definitivo a la Argentina.
Y cuando digo que votamos todos, también hago referencia a queridos "cumpas" que quedaron en el camino antes de esas votaciones, pero que seguían y siguen estando en nuestro corazón, y desde allí, desde el corazón quiero hoy rendirles este homenaje. Porque todos ellos, sin excepción, encarnaron con sus acciones y se despojaron de lo más preciado que tenían, sus vidas, para hacer realidad el deseo de todo un pueblo, que bien podía resumirse en esas dos palabras mágicas que todo lo podían y que eran: ¡PERON VUELVE!.
Hago referencia al heroico general Juan José Valle, fusilado a traición; nuestro hermano Felipe Vallese, que detenta el triste privilegio de ser el primer detenido-desaparecido; el "loco" Ricardo "Dulce de Leche" Ibarra muerto en un accidente automovilístico y del que el diario "La Nación" confirmó que "tenía pendientes varios pedidos de captura por pertenecer a organizaciones ilegales adictas al tirano prófugo". Santiago Pampillón, estudiante y obrero mecánico de Ika-Renault, asesinado por el Onganiato; el "Bebe" Cooke, abatido por lo único que lo podía abatir: un cáncer. Gerardo María Ferrari, el ex seminarista muerto en un enfrentamiento con la policía, que lo acusa de ser un peligroso pistolero y malviviente, lo que motiva la defensa pública de su persona por sus amigos sacerdotes y la Coordinadora de Movimientos y Comunidades de la Iglesia de Rosario. Emilio Mariano Jáuregui, asesinado a mansalva durante una manifestación de repudio a la visita del magnate yanqui Rockefeller al país. Raquel Liliana Gelín, "Estelista", la primera compañera mujer, caída en combate en un tiroteo con la policía provincial, allá por 1970 en Córdoba. Emilio Maza, combatiente de La Calera, acompañado en su entierro por más de 10.000 personas, pese al estado de sitio imperante. El Negro Sabino Navarro, correntino, integrante de la Juventud Obrera Católica y delegado del sindicato de Mecánicos, que, aún rodeado en las sierras de Córdoba por miles de efectivos no se entrega con vida, y la dictadura militar, cuando encuentra su cuerpo, manda cortar sus manos para poderlo identificar.
Como no recordar a los pibes Belloni y Frondizi. Manuel Belloni, fundador de la Juventud Peronista de San Fernando y masacrado en Rincón de Milberg, Tigre, junto a su amigo Diego Ruy Frondizi en un enfrentamiento trucho; el "paragua" Carlos Olmedo, quizá uno de los teóricos más importantes que tuvieron las FAR y que muere al tratar de secuestrar a un alto ejecutivo de la Fiat, empresa que había dejado a miles de trabajadores en la calle. El "Dani" Balbuena, militante en La Plata de las Fuerzas Armadas Peronistas, que solía decir a sus interlocutores: "No tomé en mis manos la violencia por la violencia misma, antes de armarme de un fusil me armé de una verdad y después me puse a servirla". Jorge Juan Escribano, montonero. que le escribía a sus padres desde la clandestinidad para decirles que: "a los que viven en las Villas no les damos de comer con exclamar ´Pobre gente´. La solidaridad, la verdadera solidaridad con el que sufre, se da tratando de poner el hombro a su lado, y los ideales tienen validez cuando los hacemos valer, aunque nos cueste la vida". Carlitos Capuano Martínez, el flaco estudiante de arquitectura, que dejó la vida en Barracas para salvar a otros dos compañeros de una ratonera policial; los 16 masacrados en Trelew entre los que se contaban la profesora de matemáticas María Angélica Sabelli, Susana Graciela Lesgart de Yofre maestra rural y Mariano Pujadas, estudiante de agronomía, todos ellos peronistas revolucionarios. Tampoco quiero olvidarme de Angel "Tacuarita" Brandazza, secuestrado, torturado y muerto por efectivos del Segundo Cuerpo de Ejército en Rosario. Y la lista, esta trágica lista puede seguir largamente
Por eso digo que ese día votamos todos, los que dejaron la vida y también los que ayudaron a mantener bien en alto las banderas peronistas: aquellos anónimos que tuvieron la valentía de acusar con nombre y apellido a los profanadores del cadáver de nuestra querida e inolvidable compañera Evita; por otro lado, los compañeros Rodolfo Walsh y Salvador Ferla que documentaron los fusilamientos de 1956 en inolvidables libros; también los miles y miles de militantes sindicales que recuperaron uno a uno los sindicatos intervenidos por la Fusiladora y por su lealtad a la causa popular llenaron las cárceles de todo el país. Es un deber así mismo recordar a los compañeros que ocuparon el Frigorífico Lisandro de la Torre para evitar su entrega y privatización en enero de 1959 al grito de ¡Patria Si, Colonia no! Entre ellos estaban, vale la pena recordar: Sebastián Borro, Avelino Fernández, Gustavo Rearte, Jorge Di Pascuale y mi querido amigo Cachito El Kadri. Y como se siguió resistiendo a la entrega del país, el gobernante de turno impuesto desde el Norte –Frondizi- instrumentó el Plan Conintes que nuevamente atiborró las prisiones de patriotas. Y también en ese mismo año aparece la primera guerrilla peronista, en el medio rural, los Uturuncos, y quizá los compañeros más antiguos que hoy nos acompañan se acordarán de las estrofas de esa zamba que el pueblo argentino esperanzado cantaba todos los días, como una letanía, en los ingenios azucareros y tabacaleros del norte de nuestro país: "El jefe uturunco viene por los valles de Tafí; la Patria lo espera y tiene, un corazón y un fusil".
Y sigamos haciendo memoria. Los programas revolucionarios de La Falda y Huerta Grande y esa epopeya popular que fue el 18 de marzo de 1962 cuando el compañero Andrés Framini, -otro querido amigo que ya no está- fue ungido gobernador de Buenos Aires por el voto popular. Parece aún hoy escucharse el eco de aquel grito de guerra: ¡Framini, Anglada, Perón en la Rosada! Y si vamos adelante en el tiempo, en el gobierno radical de Illia, debería recordarse a aquellos muchachos peronistas llenos de ideales que asqueados de unas FF.AA. monitoreadas desde Washington, y luego de unas elecciones fraudulentas donde el nuevo presidente fue elegido con sólo el 23% de los votos y el peronismo proscripto, recuperaron el sable de San Martín porque "La juventud argentina se ve forzada a realizar un acto heroico (…) aquella espada, la purísima espada del Padre de la Patria, aquel sable repujado por la gloria, aquella síntesis viril y generosa por la Patria, por milagro de la fe, volverá a ser el santo y seña de la liberación nacional. Desde hoy aquella espada que un día el Libertador, en plena lucidez legara al brigadier general Juan Manuel de Rosas, por la satisfacción con que viera la defensa de su patria frente a las agresiones del imperialismo, dejó su reposo en el Museo Histórico Nacional para brillar de nuevo en magno combate por la reconquista de la argentinidad. Desde hoy el sable de San Lorenzo y Maipú, quedará custodiado por la juventud argentina, representada por la Juventud Peronista…"…… Y un año más tarde, ya en 1964, el Plan de Lucha de la CGT; una experiencia fundamental de lucha de la clase trabajadora, a punto tal que 3.913.000 trabajadores ocupan 11.000 establecimientos industriales. El 75,4% del total de los asalariados, según el censo de población de 1960, responde al Plan de Lucha, que reclamaba entre otras cosas el regreso de Perón a su patria.
En fin todas estas luchas entroncan con las de mi generación, con el ejemplo revolucionario de todos esos compañeros que nombré anteriormente, al principio de este recordatorio.
Por eso reafirmo una vez más, para terminar, que ese día, el 11 de marzo de 1973, votamos todos, los que dejaron la vida y los que seguimos aún hoy en estos momentos críticos y difíciles, adelante, seguros y solidificados en nuestros principios para hacer en un futuro más bien próximo, la Patria de todos: Justa, Libre y Soberana, como la soñaron Perón, Evita y todos nuestros mártires, un mandato histórico que inexorablemente será cumplido.
El
relevo de Cámpora
Los hechos que rodearon el relevo del presidente Cámpora siempre tuvieron
perfiles brumosos. A diez años de aquellos sucesos, SOMOS habló con protagonistas
claves y consiguió revelar la intimidad del proceso.
Las dos reuniones en Gaspar Campos. Los cargos contra Cámpora. La enfermedad
de Perón. La restitución del grado militar.
[Revista Somos, septiembre 1983]
El charter ya perforaba la madrugada sobre el Atlántico, cuando Perón sintió
una llamarada de dolor debajo de las costillas. Le pareció que era ese problema
duodenal que de tanto en tanto lo ponía en jaque y por eso echó mano a las pastillas
de alcalino que siempre llevaba con él. Pero esta vez no le calmaron el dolor.
Atrás, en la cabina, venía un mundo de gente y allí Cámpora -el presidente-
prodigaba su prolija sonrisa ajeno a la escena que en ese momento vivía su jefe.
Y también, por supuesto, ajeno a la otra escena que no muchas horas después
iba a vivir, nervioso y congestionado, en la casa de Gaspar Campos.
-El general está con frío. La calefacción está muy baja -dijo el presidente
de la Cámara de Diputados.
-¿A usted le parece, Lastiri? -inquirió, preocupada, Isabel.
Lastiri le acercó un vaso de whisky y al rato el general empezó a sentirse mejor.
Y no sólo él, sino también las otras cinco personas que viajaban en el compartimiento:
Isabel Perón, Raúl Lastiri, el ministro Antonio Benítez y las mujeres de ambos.
Perón había tenido una angina de pecho. Había caminado por la mortal comisa
del infarto.
En Ezeiza ya habían empezado los desórdenes, que dejarían como saldo decenas
de muertos, cuando el avión llegó a Porto Alegre. El vicepresidente -pero entonces
presidente en ejercicio- se comunicó con Cámpora: -El charter no puede aterrizar
en Ezeiza -resolvió Vicente Solano Lima. Cámpora discutió un momento con el
vicepresidente. No podía creer o entender lo que estaba pasando. El charter
aterrizó en Morón. Allí, Perón se encaró con el ministro Esteban Righi:
-La culpa la tiene usted, chiquilín, que no ha sabido hacer las cosas. Algunos
testigos aseguran que Perón,
visiblemente enojado, lo increpó con algo más que ese chiquilín despectivo al
ministro del Interior del presidente Cámpora. En el fárrago, las crónicas de
ese día -informadas de apuro y tangencialmente- maliciaron no sin cierta puntería:
". . .el general Perón no estaría bien de salud" y ". . .el ministro Righi habría
presentado la renuncia". Pero durante casi una veintena de días -hasta que la
noticia fue anticipada por Solano Lima a un grupo de periodistas casi exactamente
a las diez y media de la noche del jueves 12 de julio de 1973- ignoraron que
en los hechos Cámpora ya había perdido el puente de mando de la Casa Rosada
en la mañana del 21 de junio, justo un día después de la matanza de Ezeiza.
Las razones más íntimas que impulsaron a Perón a designar a Héctor J. Cámpora,
primero su delegado personal y más tarde candidato a la Presidencia, seguirán
siendo materia de polémica. Se ha hablado de su docilidad, de sus largos años
de militancia, de su lealtad al jefe. Pero días pasados, un ex ministro del
gabinete de Cámpora, también ex ministro del gabinete de Perón y hombre de la
vieja guardia peronista añadió otro argumento: "¿Por qué Cámpora? Habrá otras
razones. No las niego. Pero ésta fue fundamental: Cámpora era un hombre al que
las Fuerzas Armadas -para decirlo gráficamente- no lo tragaban por nada del
mundo. Y Perón calibró que si los militares terminaban aceptando a Cámpora,
con él no tendrían después el más mínimo problema".
Perón pasó la noche del 20 de junio en la residencia de Olivos. El 21, muy temprano
y sin que Cámpora fuera enterado, salió de la quinta presidencial por la puerta
5 eludiendo la gruesa guardia periodística. Un poco después llegó a su casa
de Gaspar Campos 1065. Entre las 7 y las 8 y media de la mañana empezaron a
sonar los teléfonos en las casas de los ministros del gabinete de Cámpora. Pero
no en la de todos. El mensaje, detrás del cual bien pudo haber estado la propia
voz de José López Rega, era muy simple: -Véngase a Gaspar Campos que el general
quiere hablarle.
El gabinete se reunió con la notoria ausencia de Esteban Righi, ministro del
Interior, y de Juan Carlos Puig, ministro de Relaciones Exteriores. Era el ala
izquierda de Cámpora, otro notorio ausente en los primeros tramos de la reunión.
Los ministros estaban apichonados, sentados a esa mesa ubicada en una de las
salas de la planta baja de Gaspar Campos. "Imagínese -recordó días atrás ante
SOMOS uno de aquellos ex ministros-. El jefe nos estaba diciendo que no le era
grato el mundo que rodeaba a Cámpora. Que contrariaba no sólo sus ideales sino
también sus propósitos. Quería un gobierno serio, prudente. Grato a la mayoría
de los argentinos. Y bueno, al fin y al cabo, aunque nosotros éramos de la vieja
guardia, lo cierto era que también éramos los ministros de Cámpora."
Todo parece sugerir que Cámpora notó rápidamente en Olivos la ausencia de Perón
que era más madrugador que él. Inmediatamente se puso en marcha hacia Gaspar
Campos. Cuando entró, Perón ya estaba hablándole a sus ministros. Era una atmósfera
de enorme tensión. El edecán, coronel Corral, quiso retirarse. Pero Perón, adelantando
un tanto su mano, lo detuvo:
-No. No. Quédese. Era obvio que quería tener un testigo militar.
"Entonces -recordó ante SOMOS uno de los asistentes a aquella reunión cumbre-
el general le reprochó a Cámpora, en términos muy duros, la infiltración izquierdista
en el gobierno. Y le criticó los nombramientos que, dentro de esa tendencia,
había producido. Perón levantaba el dedo índice mientras hablaba. Yo nunca lo
había visto así. Estaba muy enojado, muy disgustado. Estaba marcada ya la ruptura
con Cámpora." La reunión duró algo menos de una hora. Los cronistas apostados
a dos cuadras de la casa de Gaspar Campos (no era posible acercarse más) detectaron
la llegada de algunos de los ministros. Pero eso, claro está, era algo natural:
al fin y al cabo Perón estaba de vuelta en el país. Sin embargo esa reunión
había sido crucial. El día 23 los cronistas también vieron pasar rumbo a la
casa de Perón a Benito Llambí, director de ceremonial de la Cancillería. Pareció
una visita de rutina. Pero en ese encuentro Perón le ofreció el Ministerio del
Interior. Entre la vieja guardia peronista se comenta que Perón había sugerido
los nombres de Antonio Benítez para la cartera de Interior y posiblemente a
Llambí para Relaciones Exteriores. Pero Cámpora, presionado por la Tendencia,
negoció los nombres de Righi y Juan Carlos Puig. Cuando subió Lastiri, éstos
fueron los dos únicos cambios que se produjeron en el gabinete. Llambí fue a
Interior y Juan Vignes a la Cancillería.
Esa noche del 21 de junio de 1973 Perón pronunció un enérgico discurso. Lo armó
sobre el esqueleto que había preparado ya en España para redondear con la improvisación
tras su llegada a Ezeiza. Tal vez (siempre se pensó así) en cuanto conoció los
trágicos desórdenes corrigió algunos párrafos y añadió otros. En ese discurso
llamó a un acuerdo nacional ("...Este es un problema que lo arreglamos entre
todos los argentinos o no lo arregla nadie. Por eso deseo hacer un llamado a
todos para que comencemos a ponemos de acuerdo...") y lanzó sugestivos dardos:
- Los peronistas tenemos que retomar a la conducción de nuestro movimiento,
ponerlo en marcha y neutralizar a los que pretenden deformarlo desde abajo o
desde arriba.
- Deseo advertir a los que tratan de infiltrarse en los estamentos populares
o estatales que por ese camino van mal.
- A los enemigos embozados, encubiertos o disimulados, les aconsejo que cesen
en sus intentos, porque cuando los pueblos agotan su paciencia, suelen hacer
tronar el escarmiento.
La noche del 26 de junio Perón volvió a sentir los dolores que lo habían asaltado
en el avión. A la mañana siguiente se levantó tarde. En la planta baja lo esperaba
Osvaldo Carena, médico de la Fundación Eva Perón: - Discúlpeme que lo haya hecho
esperar, doctor. Pero tuve una mala noche. El dolor en el pecho era fuerte v
tuve que abrir una ventana para poder respirar. El médico no tuvo dudas:
-General, vamos a volver arriba por el ascensor y se va a quedar en cama. Le
voy a hacer un electrocardiograma. El electro no dio las señales corrientes
de un infarto, pero tampoco era normal. De todos modos exámenes posteriores
lo confirmaron. El doctor Pedro Cosio al pie de la escalera donde estaban Isabel
y López Rega, les dijo que ante un infarto, por chico que fuera, era necesario
internar al enfermo en un área de cuidado intensivo. Entonces encontró esta
respuesta insólita y sugestiva: De ninguna manera. De ninguna manera -casi gritó
López Rega-. Esto va en detrimento del prestigio político del general. Cómo
van a elegir presidente a un enfermo. . . Perón estuvo en cuidado intensivo
durante cinco días. No hubo recaídas y a la semana se retiró al médico de guardia.
Los miembros del gabinete y el propio vicepresidente Vicente Solano Lima recibieron
una sorpresiva convocatoria que al parecer piloteó (por lo menos en algunos
casos) Raúl Lastiri: debían concurrir a una reunión de gabinete a realizarse
en Gaspar Campos. Fue el miércoles 4 de julio de 1973 y la información oficial
aseguró que se había tratado la ley de ministerios. No fue así. Perón recibió
a los funcionarios en la planta baja, los convidó con café, departió apenas
unos momentos casi protocolares y subió al primer piso. Isabel Perón se sentó
en una de las cabeceras de la mesa, en el espacioso comedor de la casa de Gaspar
Campos. A su lado se sentó Cámpora. Del otro, se ubicó López Rega. Solano Lima
ocupó la restante cabecera flanqueado por dos ministros influyentes: José Ber
Gelbard, que timoneaba la economía, y Ángel Federico Robledo, que desde Defensa
piloteaba el sutil rumbo que terminaría -pocos días después- con la restitución
al viejo caudillo del grado y los honores en el Ejército. López Rega se frotó
las manos y empezó a hablar. "Fue una reiteración de cargos contra Cámpora -reveló
días pasados a SOMOS uno de los asistentes-. Criticó la gestión del presidente
que había dado lugar a la inserción en el gobierno de grupos jóvenes de extrema
izquierda." La exposición del todopoderoso ministro de Bienestar Social duró
unos ocho o diez minutos. Cámpora tenía la cara congestionada.
El lunes pasado, en su departamento de la Avenida Santa Fe al 1500, el ex vicepresidente
Vicente Solano Lima recordó ante SOMOS algunos pormenores de aquella tensa reunión:
-¿Cómo se defendió el presidente Cámpora?
-Dijo que había sido elegido presidente con la conformidad del general Perón.
Que le era leal. Y que si alguna vez discrepaba, elevaría su renuncia inmediatamente.
Dijo además que él había recorrido todo el país y que había logrado la certidumbre
de que el pueblo quería ser gobernado por el señor general don Juan Domingo
Perón, como él decía siempre.
-¿Quién habló más tiempo, él o López Rega?
-El habló menos que López Rega. Se defendió con gran fervor. Reiteró una y otra
vez que él se ajustaba a lo que Perón resolviera y que había sido siempre profundamente
peronista. Lo cual era verdad.
-Pero ya López Rega había producido la crisis.
-Claro. Entonces pidió la palabra Robledo. Y yo dije: "Señor ministro: me siento
aludido por las palabras que se han pronunciado aquí. Le pido que difiera por
un momento el uso de la palabra". Me dijo que sí y entonces yo dije: "Como lo
ha señalado el señor presidente de la Nación, el pueblo argentino quiere ser
gobernado por el general Juan Domingo Perón. Para que ello sea posible presento
en este mismo acto mi renuncia indeclinable de vicepresidente". Porque si renunciaba
Cámpora y yo no renunciaba, la presidencia me tocaba a mí. Los ministros sabían
ya de qué se trataba porque para eso habían estado en la reunión del 21 de junio.
Y Solano Lima también. Había mantenido una conversación previa con Perón en
la que entre otros temas políticos el viejo caudillo sacó a relucir algunos
otros reproches al presidente Cámpora.
Las renuncias, que recién estallaron en los titulares de los matutinos del viernes
13 de julio se produjeron, en realidad, en esa reunión ampliada de gabinete
del miércoles 4. Allí se formó, entonces, una comisión que, presidida por Solano
Lima e integrada por los ministros Benítez y Righi, tomó en sus manos la solución
de los últimos detalles, que no eran pocos.
Había algunos interrogantes sobre la instrumentación legal que requeriría el
previsible traspaso del poder a Juan Perón. En el Congreso, la demanda de textos
constitucionales a la biblioteca parlamentaria fue formidable. Es que la cuestión
no era fácil. El artículo 72 de la Constitución especifica que en caso de enfermedad,
ausencia de la Capital Federal, muerte, renuncia o destitución del presidente,
el Poder Ejecutivo será ejercido por el vicepresidente. Solano Lima ya había
allanado este camino. Pero además estaba la ley de acefalía, sancionada en 1868.
Y esta ley especificaba que la sucesión correspondía al presidente provisional
del Senado, en segundo término al presidente de la Cámara de Diputados y en
tercer lugar, al titular de la Corte Suprema de Justicia. El senador Alejandro
Díaz Bialet era el señalado por los textos legales. Pero este parlamentario
no pertenecía al círculo más íntimo de Perón. La solución fue encontrada rápidamente:
Díaz Bialet pediría licencia para realizar una misión oficial en el exterior
cuya duración se prolongaría lo suficiente como para justificar que asumiera
como presidente de la Nación el titular de la Cámara de Diputados, Raúl Lastiri,
yerno de José López Rega. Se informó entonces que Díaz Bialet cumpliría una
misión en el exterior para fijar la posición argentina en la IV Conferencia
de Países No Alineados. La reunión, en la que Díaz Bialet asumió el rango de
embajador extraordinario y plenipotenciario en misión especial, empezó el 29
de agosto, en Argel. Ya no había escollos y la Asamblea Legislativa que debía
aceptar las renuncias de Héctor J. Cámpora y de Vicente Solano Lima -y al mismo
tiempo ungir a Raúl Lastiri- se reunió el viernes 13 de julio. A las 10 de la
mañana las galerías del recinto rebosaban de público fácilmente reconocible
como del sector gremial, poco dispuesto a ceder espacio ante una posible embestida
de los sectores de izquierda que ya habían levantado el slogan: "el pueblo ya
lo dice, Cámpora es el vice". Es que unas 48 horas antes, desde Corrientes,
el vicegobernador bonaerense -y caudillo metalúrgico- Victorio Calabró había
lanzado una proclama que retumbó en todo el país: "Estando el general Perón
en la Argentina, no puede ser presidente de la República nadie más que él. No
puede ser sólo poder. Debe ser a corto plazo, ya, gobierno y poder". A las cuatro
de la tarde entró al recinto el grueso de los legisladores. A las ocho y media,
la Asamblea Legislativa consagró a Lastiri en la Presidencia. Se entonó el Himno
y se dio por levantada la sesión. En la calle, algunos se entusiasmaban con
la posibilidad de la fórmula Perón-Balbín. Asaltado por los periodistas Balbín
(que estaba al tanto de los hechos) dijo: "Aquí pasa como con el muchacho que
dice estar de novio y todos lo saben. . . menos la novia. El único que no lo
sabe soy yo". Pero se guardó la picardía rápidamente y con tono serio apuntó:
"Esto no hace a la determinación de un hombre".
No sólo los nombramientos fuera de línea (que por supuesto no se detenían en
el escalón ministerial) pudo achacarle Perón a Cámpora. En menos de 30 días
de gobierno se habían sumado los motines en las cárceles, el erp y los montoneros
habían copado el aeropuerto de Tucumán, muchos ejecutivos extranjeros dejaban
el país, en pocas semanas se habían sumado más de una docena de secuestros personales,
y un avión de Aerolíneas había sido desviado hacia Cuba. Pero si esto era preocupante
no lo era menos la vigorosa infiltración que los sectores de ultraizquierda
estaban llevando a cabo en los organismos estatales que, además, al menor conflicto
se paralizaban o eran tomados por el personal o por activistas. Había una visible
pugna interna entre las fracciones del peronismo que Cámpora no alcanzaba a
gobernar. La situación era realmente dramática y tocó el nervio político de
Perón: había venido dispuesto a dar su toque en las grandes líneas de gobierno,
pero la situación lo impulsó a relevar a Cámpora y tomar las riendas en sus
manos. Estaba enfermo y eso lo entristecía, pero Cámpora, a las 11 de la mañana
del jueves 12 de julio le alegró también la vida: le había llevado el decreto
que le restituía el grado y los honores en el Ejército Argentino. Automáticamente
pasaba también a retiro, pero ya se sentía mejor cuando el martes 10 recibió
la visita del comandante Jorge Raúl Carcagno y al día siguiente la del almirante
Carlos Alvarez y la del brigadier general Héctor Luis Fautario.
Roberto Fernández Taboada y Pedro Olgo Ochoa.
Fuente: www.magicasruinas.com.ar
Historia secreta de la caída
de Isabel Perón
A las siete y media de la
mañana del jueves 18 de diciembre de 1975 el brigadier José María Klix atendió
el teléfono:
-Venga urgente al Cóndor. Al comandante lo acaban de embolsar en Aeroparque
y lo tienen detenido. Parece que la sublevación la encabeza Capellini.
Klix era el brigadier más antiguo y debía tomar el mando. Lo que le habían anticipado
por teléfono era exacto. El comandante Héctor Luis Fautario estaba detenido
por los sublevados. La rebelión que había empezado en la base de Morón se había
extendido al Aeroparque. A media mañana pilotos que respondían al brigadier
Jesús Orlando Capellini sobrevolaron rasantes la Casa de Gobierno. Otros aviones
pasaron sobre las bases rebeldes en misión disuasiva. "El Poder Ejecutivo, que
por cierto no le resta importancia a este episodio, resolvió el conflicto designando
por decreto N° 3971 comandante general de la Fuerza Aérea al brigadier Orlando
Ramón Agosti, quien asumió su cargo esta misma noche. Queda con esto superado
el conflicto planteado", dijo el ministro Ángel Robledo en el mensaje que ese
mismo jueves 18 dirigió al país.
"Que el comandante general del Ejército asuma en nombre de las Fuerzas Armadas
la conducción del gobierno nacional como un deber ineludible con la Patria",
incitó Capellini en una proclama. El general Videla cursó entonces un radiograma
a las unidades del Ejército. El punto segundo decía: "La crisis planteada en
el seno de la Fuerza Aérea se proyecta al plano institucional y nacional. En
cuanto al primero, el Ejército es prescindente por cuanto entiende que debe
resolverse dentro de aquella institución. En lo que respecta al plano nacional,
el suscripto no comparte la solución propuesta. No obstante se reclamará a las
instituciones responsables, en nombre de los intereses supremos de la República,
que actúen rápidamente en función de las soluciones profundas y patrióticas
que la situación exige". Capellini recién depuso su actitud en la madrugada
del día 23. En Morón, los vecinos habían pintado carteles. Decían: ¡Viva la
Base! Hoy se sabe que ésos fueron los días clave. "Puede decirse que a partir
de entonces el gobierno empezó a jugar tiempo de descuento", confió a SOMOS
días pasados un alto jefe militar. Pero algo faltaba para elevar la tensión
militar estalló el ataque que por lo menos dos centenares de terroristas llevaron
frontalmente contra el Batallón de Arsenales 601 de Monte Chingolo al atardecer
del 23 de diciembre, cuando aún no se habían ahogado los ecos de levantamiento
de Capellini. En medio del fárrago casi pasaron inadvertidos dos hechos políticos
trascendentes. El gobierno había adelantado las elecciones generales partir
del próximo 17 de octubre ("Una fecha agresiva", dijo al día siguiente Ricardo
Balbín en un reportaje) y el MID se había separado del Frente Justicialista
de Liberación. El 24,Videla habló desde Tucumán, donde el Ejército enfrentaba
a la guerrilla rural: "La inmoralidad y la corrupción deben ser adecuadamente
sancionadas. La especulación política, económica e ideológica deben dejar de
ser medios utilizados por grupos de aventureros para lograr sus fines. El orden
y la seguridad de los argentinos deben vencer al desorden y la inseguridad.
Así -sólo así-, la República toda recobrará su fe y el espíritu nacional que
hasta no hace mucho la había caracterizado". Las versiones de esos días indicaron
que había un emplazamiento de 90 días al gobierno. Las tres fuerzas habían superado
ya un punto de fricción: Héctor Luis Fautario no aseguraba a los comandantes
de las otras dos armas la cohesión monolítica que Videla y Massera habían acordado
ya como condición sine qua non para encarar el movimiento militar. Muy reservadamente
y sin más explicaciones que las estrictamente necesarias, la orden de empezar
a trabajar en planes de gobierno partió el 2 de enero desde los comandos. Y
las planas mayores empezaron inmediatamente su tarea. Los secretarios generales
de cada arma (eran los asesores políticos de los comandantes) se constituyeron
en los coordinadores del operativo y se designaron comisiones y equipos cada
uno con una misión determinada: relaciones internacionales, economía, política
interior, sindicatos, medios de prensa. A su vez, se formaron equipos muy específicos
cuya misión sería la de ejecutar en los hechos el cambio de gobierno. Estos
equipos salieron de la órbita de los secretarios generales para quedar directamente
en jurisdicción de cada jefatura operativa. Uno de ellos tuvo a su cargo la
planificación más delicada: el operativo que debía concluir incruentemente con
la detención de Isabel Perón.
Siempre se habló de un supuesto Operativo Aries, sobre el que finalmente se
habría montado el golpe militar del 24 de marzo de 1976. Según los comentarios,
este plan no hacía referencia a golpe alguno o toma de poder. Consideraba, eso
sí, los cursos de acción ante una grave emergencia nacional. En los últimos
días, al reflotar SOMOS algunos de los detalles sobre cómo se ejecutó el movimiento
militar, la pregunta fue llevada ante altos jefes militares que participaron
en él. Ninguno lo recordó específicamente. Pero Aries bien pudo ser la clave
de una fecha tope: este signo del zodíaco empieza el 21 de marzo.
Según el relato de uno de los ministros del último gabinete de Isabel Perón,
el 18 de febrero el jefe de la SIDE, general Otto Paladino, le informó a la
Presidente que si no presentaba la renuncia el golpe era inevitable. Entonces
Isabel Perón consultó a su ministro de Defensa.
-Vea doctor, no voy a renunciar aunque me fusilen porque mi renuncia significa
la división, la dispersión del movimiento peronista. No voy a hacerlo porque
eso sería claudicar y traicionar el legado que me dejó Perón.
-Señora, es lo que compartimos sus ministros, respondió Deheza.
Al poco rato se sumó a la reunión el ministro Roberto Ares.
-La renuncia no significa nada y es la división del peronismo. Luder va a durar
poco tiempo. No. No se puede renunciar.
Se resolvió reunir el Consejo Nacional de Seguridad, integrado además de los
ministros por los comandantes y los titulares de las dos cámaras del Congreso.
"He convocado a este Consejo de Seguridad Interna para tratar temas importantes
sobre la lucha contra la subversión, pero antes debo decir, ante versiones políticamente
interesadas que continuaré en el ejercicio del mandato que me ha conferido el
pueblo de la Nación hasta la finalización del término fijado por la ley y lo
haré porque así lo impone una responsabilidad histórica ineludible: el deber
de evitar la dispersión de las fuerzas populares que, de no ser así, buscarían
la defensa de sus conquistas y esperanzas en la izquierda marxista", declaró
Isabel Perón. Después se trataron los temas antisubversivos.
Mientras tanto, a esa misma altura de los hechos, en la cúpula militar se pensaba
que la muerte de Perón marcaba ineludiblemente el fin de un ciclo político.
A juicio de las máximas jerarquías se abría a partir de ese hecho un dramático
interrogante sobre el rumbo que podría tomar el país de ahí en adelante. Ese
interrogante, ante la presencia de la creciente actividad terrorista, prendía
interminables luces rojas en los análisis de los comandos. "Era visible que
el gobierno no tenía apoyo en las Fuerzas Armadas. Lo acepto. Pero también eran
visibles sus notorios disensos internos", consideró días atrás ante SOMOS un
ex alto jefe militar. Y otro alto oficial que participó en el golpe de marzo
de 1976 confió: "Casi le diría que algunos de los que más venían a apurar, eran
gente del propio partido gobernante".
El miércoles 3 de marzo el senador Luder se sentó a la derecha de Isabel Perón
en la mesa del despacho presidencial. Del otro lado sé ubicaron los ministros
Deheza y Ares.
-Lo he convocado, doctor Luder, para saber qué determinación va a tomar respecto
del pedido de citar a Asamblea Legislativa.
El vicepresidente primero del Senado empezó entonces a abordar el problema desde
la óptica constitucional. La Presidente lo interrumpió:
-Lo que quiero saber, simplemente, es si va a o no a hacer lugar al pedido.
-Yo subí con Perón y voy a caer con él -respondió Luder-. Hoy mismo voy a anunciar
el rechazo.
El golpe ya estaba en plena marcha. Y la alternativa Luder que en algún momento
habían propiciado algunos sectores de dentro y fuera del gobierno, era caso
cerrado a esa altura de los hechos.
El golpe debía darse el Día D, a la Hora H. Inicialmente ese día D se fijó dentro
de la segunda quincena de febrero. Pero luego fue postergado sucesivamente.
Las razones sólo las conocen los comandantes Videla, Massera y Agosti. Pero
una de ellas bien pudo haber sido la incorporación de los nuevos conscriptos.
Por entonces los riesgos de huelgas de desobediencia civil ante el golpe estaban
prácticamente descartados. En el Estado Mayor se había hablado con algunos gremialistas
y además la poderosa UOM tenía conflictos aislados en varias fábricas. Alguna
vez se comentó que el propio ministro de Defensa había dicho en una de las tantas
reuniones que mantuvo con los jefes militares:
-Ya sabemos. Algunos hombres, entre ellos algunos sindicalistas que no voy a
nombrar están yendo al Estado Mayor. Pero algunos primero pasan por ahí y después
vienen por acá y nos cuentan cómo son las cosas. Las comisiones militares empezaron
activamente sus contactos con los civiles a partir de los primeros días de febrero.
Por eso, cuando Isabel Perón reestructuró el gabinete hacía rato que la moneda
estaba en el aire. "Puedo asegurarle -dijo a SOMOS un alto oficial retirado
-que ya era todo demasiado tarde. Había mucha gente civil comprometida y no
se podía dar marcha atrás. Por otro lado las causas que habían decidido la determinación
seguían vigentes. Porque yo me acuerdo que más de un coronel me preguntó si
seguíamos adelante o había que esperar un poco más. Y la respuesta era siempre
la misma: los motivos subsisten. No hay cambios". Algo que había irritado a
algunos mandos militares había sido el decepcionante eco que habían tenido los
pedidos de asistencia crediticia que el país había presentado ante la banca
internacional.
A principios de enero en las playas de Punta del Este se rumoreaba un nombre:
José Alfredo Martínez de Hoz. Ya había sido detectado su encuentro con los altos
mandos. Pero no había nada definido ya, según la confidencia que hizo días atrás
a SOMOS uno de sus más íntimos colaboradores. Y lo cierto es que Martínez de
Hoz en enero estuvo cazando en Sudáfrica.
El 12 de marzo Martínez de Hoz lo llamó a Juan Alemann y le confió que el general
Videla le había hecho el ofrecimiento. El 17 de marzo, el plantel que luego
manejaría durante cinco años las riendas de Economía, estaba ya casi integrado.
Sólo faltaba llenar el cargo de presidente del Banco Central. Juan Alemann sugirió
el nombre de Adolfo Diz, que fue una de las llaves principales con las que Martínez
de Hoz consiguió abrir las puertas de la banca internacional. Diz, entre otras
funciones, había estado en los máximos escalones del Fondo Monetario Internacional
y tenía tal vez la mejor y más nutrida cartera de contactos con la banca internacional.
Del 17 al 24 de marzo, el equipo Martínez de Hoz trabajó a full en las oficinas
de Corrientes 545. Las dos medidas principales que aplicaría luego en su gestión
no estuvieron taxativamente incluidas en el plan que Martínez de Hoz presentó
a los comandantes: la reforma financiera y la apertura arancelaria.
El 20 de marzo los médicos del Hospital Militar Central recibieron una orden:
"Chequear a los internados y dar el alta a todos aquellos que estén en condiciones
de abandonar el establecimiento. En las próximas 48 horas debe haber la mayor
cantidad de camas disponibles. Atención de terapia intensiva y primeros auxilios.
Alertas para una emergencia"'. El 23, el director del hospital Jorge Curuchet
Ragusin, convocó a los médicos para las últimas horas del día:
-Es muy probable que esta noche pase algo serio. Todos, sin excepción, deben
entrar de guardia a las siete de la tarde. Y la guardia no se levanta hasta
nuevo aviso.
El 22 de marzo ya la suerte estaba echada irreversiblemente. Pero el gobierno
no lo sabía. En el comando, ante los altos mandos, Videla había comunicado la
fecha del Día D:
-Señores, la fecha es el 24. La Hora H coincidiría con el momento en que Isabel
Perón fuera detenida. Deheza, tras la reunión del gabinete había citado a su
despacho a los comandantes para las 10 de la mañana del 23. Hubo una primera
reunión que duró hasta exactamente la una y un minuto del mediodía. Los jefes
militares se retiraron diciendo que lo tratado hasta ese momento iba a ser puesto
en conocimiento de las respectivas fuerzas. A esa hora Isabel Perón almorzaba
con los sindicalistas Lorenzo Miguel, Rogelio Papagno, Amadeo Genta -el único
directivo de la CGT que estuvo presente- y el ministro de Trabajo, Miguel Unamuno.
Después del almuerzo los sindicalistas salieron de la Casa Rosada y se encaminaron
hacia el Ministerio de Trabajo. Unamuno había convocado a los secretarios generales
de todos los gremios para evaluar la situación. A las siete de la tarde los
tres comandantes volvieron al despacho del ministro Deheza. Los trascendidos
de la época aseguraron que allí el gobierno jugó lo que pensó que era probablemente
su última carta: una serie de concesiones. Habría ofrecido cuatro ministerios
(Interior, Bienestar Social, Justicia y Defensa) y la injerencia directa de
los jefes de las tres armas en una junta asesora de gobierno con poder de veto
sobre las decisiones presidenciales. Se dice que hasta se habló de la disolución
del Congreso. Hoy se sabe que esas concesiones, ciertas o no, eran inútiles.
Según el testimonio del ministro Deheza, al finalizar la reunión Videla dijo:
-Son tan serios los argumentos que usted ha hecho acá que yo le pido que concurra
mañana al Edificio Libertador a mediodía para que los repita ante la reunión
de generales que voy a convocar. A las diez y veinte Deheza fue a ver a la Presidente
y le relató todo lo tratado. Le dijo, además, que le parecía ver en Videla cierta
receptividad. Entonces la Presidente le dijo:
-Llámelo.
-Si no viene quiere decir que el golpe está dado -reflexionó en voz alta el
ministro.
-Doctor, creo que esta noche nos dan el golpe.
Isabel Perón le pidió que explicara brevemente lo que había conversado con los
comandantes a la reunión ampliada de gabinete que había convocado. Sentados
a la mesa del despacho presidencial estaban, además de los ministros, Deolindo
Felipe Bittel, vicepresidente del Partido Peronista, Lázaro Roca, secretario
general, el gobernador de Santiago del Estero, Carlos Juárez,y los titulares
de las dos cámaras del Congreso, Ítalo Argentino Luder y Nicasio Sánchez Toranzo.
Deheza se limitó a enunciar que la gravedad del momento simplemente estaba marcada
porque el gobierno había estado hablando de golpe con los propios comandantes.
Lo positivo era la reunión que había prometido Videla.
-¿Usted cree que mañana seguirán las tratativas? -preguntó Augusto Saffores,
ministro de Justicia.
-No tengo una división de tanques bajo mi mando para asegurárselo -respondió
Deheza, sugiriendo así claramente que todo dependía del comandante. En ese momento
se sumó a la reunión el ministro del Interior. Ares venía de cenar con el general
Albano Harguindeguy, jefe de la Policía Federal, quien -así lo dijo a sus colegas
el ministro Ares- le había confiado que las conversaciones seguirían al día
siguiente. Alguien alzó la voz para denostar la imposición militar y desató
una serie de comentarios desordenados, que la Presidente cortó de cuajo:
-Aquí y ahora no caben los reproches. Hacia las once de la noche la Presidente
dio por terminada la reunión diciendo que continuaría al día siguiente. Los
sindicalistas que habían estado al mediodía también habían participado en la
reunión de la noche. Nuevamente se dirigieron al Ministerio de Trabajo, donde
los secretarios generales de los sindicatos seguían en sesión permanente. Isabel
Perón se quedó un momento con Deheza y Julio González. Alguien le aconsejó:
"Por qué no se queda en la Casa Rosada". Ella lo desechó: "No. No. Me voy a
ir a Olivos". Y se encaminó hacia el helicóptero.
Los gremialistas estaban informando a sus pares cuando apareció sorpresivamente
Carlos Campolongo, asesor de Osvaldo Papaleo, secretario de Prensa, para comentar
que fuerzas militares le habían
impedido entrar a la Casa de Gobierno.
Casi simultáneamente un periodista amigo del ministro habló por teléfono:
-Déme con el ministro.
-No puedo. Está reunido y no lo puede atender.
-Dígale a Miguel -dijo cortante como para que el interlocutor se diera cuenta
que le hablaba alguien de confianza- que me atienda rápido porque tengo algo
urgente. . . Han detenido a la Presidente
en pleno vuelo y parece que la llevan al interior del país.
-¿Qué más tenés? -salió por el auricular la voz ansiosa de Unamuno.
-Eso es todo lo que tengo.
Alguien propuso una huelga general. Era tarde, si ya habían detenido a la Presidente,
lo más probable era que las tropas estuvieran en camino hacia el Ministerio.
A la medianoche del 23 en los cuarteles se verificaban los dibujos geométricos
en clave que llevarían los vehículos militares y también los que sin otra identificación
estarían involucrados en los operativos que seguirían inmediatamente al momento
de la detención de Isabel Perón. Como símbolos no significaban nada especial.
Eran simplemente contraseñas. La Presidente subió al helicóptero rojo y blanco
exactamente a las 0.49 del miércoles 24 de marzo. Junto a ella iban Julio González,
el secretario técnico de la Presidencia y Rafael Luisi, jefe de la custodia.
Cuando Isabel Perón partía en helicóptero, también salía toda la caravana de
autos oficiales. Era una medida de precaución. A alguien le llamó la atención
inmediatamente la descordinación que se notaba esa noche entre el helicóptero
y el auto.
Cerca del Aeropuerto el piloto advirtió: -Asegúrense los cinturones. Tenemos
un pequeño desperfecto. Voy a bajar en el Aeroparque.
El equipo que los comandos habían designado para planificar y ejecutar la detención
de Isabel Perón estaba integrado por el general José Rogelio Villareal, el contraalmirante
Pedro Santamaría y el brigadier Basilio Arturo Lami Dozo. La mejor alternativa
era la del Aeroparque. Si la Presidente se hubiera quedado en la Casa de Gobierno
o hubiera ido en auto a Olivos, los tres jefes militares se habrían presentado
para comunicarle su destitución, esperando que Isabel Perón no ofreciera resistencia
apelando a los Granaderos. Pero la detención iba a efectuarse de todos modos.
Para eso ya estaban alertadas las tropas de Palermo (destino, Casa Rosada) y
de Campo de Mayo (destino, Olivos). Isabel Perón bajó del helicóptero y siguió
a los hombres uniformados que la conducían hacia el despacho del jefe de la
base aérea. Un oficial le abrió la puerta de entrada al despacho. En el preciso
momento en que puso un pie adentro de la oficina, Julio González y Rafael Luisi
fueron reducidos. La Presidente, que algo sintió, cruzó todo el cuarto y se
sentó en un silloncito que daba espaldas a la pared opuesta a la puerta. Esa
pared separaba el despacho de un pequeño dormitorio donde Villarreal, Santamaría
y Lami Dozo esperaban el momento de entrar en acción. Por un pasillo lateral
se les acercó el jefe de la base y anunció:
-Permiso. Está todo listo.
Muy tensa, la Presidente estaba sentada casi al borde del asiento.
-Le comunico que las Fuerzas Armadas han asumido el poder político de la Nación.
Usted queda destituida -dijo el general Villarreal.
-Estoy preparada para afrontar lo que hayan resuelto hacer conmigo.
-Tranquilícese. Nuestra presencia garantiza su seguridad. Irá al interior.
-¿Adonde?
-Al Messidor.
Según esta versión de los hechos recogida por SOMOS, se le preguntó a Isabel
Perón a quién debía pedirse en Olivos sus cosas. Mientras Lami Dozo se ponía
en contacto con la junta de comandantes, Santamaría hablaba con Olivos. Era
la Hora H. A las dos y cuarto de la mañana Isabel Perón se embarcó en el T-02
rumbo a Bariloche sin que hubieran llegado aún sus cosas desde Olivos.
Roberto Fernández Taboada y Pedro Olgo Ochoa.
Fuente: www.magicasruinas.com.ar
"Hitler no fue ningún accidente de trabajo", escribió el escritor alemán Fritz Fischer. Videla tampoco fue ni una casualidad histórica, ni una repentina aparición en la sociedad argentina. Videla es un producto nacido en el proceso de constante traición a la democracia argentina de todos sus factores de poder, partidos políticos, militares, poderes económicos, intelectuales, iglesias, sindicatos. Videla, en primer término, es un hijo legítimo de la educación que recibió y se sigue impartiendo en nuestras instituciones militares, pero al mismo tiempo, es el hijo putativo de radares de autodefensa de los poderes económicos, es la consecuencia directa de la absoluta falta de convicción democrática de los dos partidos mayoritarios argentinos o, por lo menos, de las estructuras que mueven su poder interno. En fin, Videla es la síntesis de un establishment argentino donde amigos y enemigos de intereses creados son circunstanciales protagonistas que se aporrean y golpean y terminan luego saliendo al escenario tomados del brazo y unidos cuando huelen algún peligro próximo
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A veces, las figuras representativas, los llamados modelos, son más didácticos para comprender el juego interno que se mueve en la sociedad que un análisis científico. Menem y Alzogaray en trincheras enfrentadas en marzo de 1976, Menem y Alzogaray en marzo de 1996, hombro con hombro en la misma trinchera, es decir, cambiar todo, para no modificar nada.
En estos veinte años últimos, el país, en sus estructuras no ha cambiado, por lo menos para el desocupado, por lo menos para el sin techo. No debe tomarse esta imagen de los dos políticos del brazo o enfrentados según las circunstancias como una anécdota que busca descalificar y no analizar profundamente, digo, como un fenómeno sintetizador descriptivo, por un lado de las estructuras de dominación y de las reglas de juego del sistema, por el otro, ya desde el aspecto filosófico, la poca o ninguna importancia que tienen, en nuestro país, la base ética, los programas partidarios, los ideales básicos de una sociedad. Todo se explica con el cínico axioma de que la política es sólo el arte de lo posible.
Los partidos políticos del poder, que han sido dos los actuantes constantes del uso del poder en el escenario constitucional argentino, no han marcado una línea de principios sino que han variado conductas de acuerdo a las posibilidades de llegar, o de mantener el poder.
Los radicales, por ejemplo, se dividirán en la década del 20 y una parte de ellos apoyará al gobierno de la Concordancia llegado al poder gracias a la dictadura de Uriburu. El período denominado para algunos historiadores como La década infame, tendría la cabeza bifronte del conservadurismo liberal y del radicalismo antipersonalista. Luego el radicalismo, nuevamente unido en 1955, apoyará a la junta militar de Aramburu y le dará ministros: Eugenio Blanco, por ejemplo, será ministro del gobierno surgido del golpe de Aramburu y luego del gobierno de Illia; Mor Roig, hombre de Balbín, será ministro del gobierno militar del general Lanusse; Alconada Aramburú, ministro del Interior de los militares de Aramburu, luego será ministro de Alfonsín, sólo para citar algunos casos.
El peronismo surgirá de un golpe militar, el del ’43, ratificado por el voto. Dio preponderancia a la institución militar en cuanto casi dobló el número de sus efectivos y en las instituciones castrenses, principalmente en el Colegio Militar y en la Escuela de Guerra para oficiales, se siguió una línea de instrucción que precisamente no sería positiva para los lineamientos democráticos del país.
El dictador Onganía fue apoyado por gran parte del peronismo, recuérdese la declaración de la junta metropolitana del Partido Justicialista, de apoyo a lo que ellos llamaron la revolución, que no fue otra cosa que un golpe conservador.
Pero no sólo los dos grandes partidos cometerían pecados contra la democracia, también los partidos más pequeños se hamacaron con la dictadura. El Partido Socialista, por ejemplo, dio sus mejores hombres al golpista Aramburu, hasta Alfredo Palacios, una de las figuras más nítidas y populares, llegó a ser embajador de Aramburu; y Américo Ghioldi y Walter Constanza terminaron sus días políticos sirviendo a Videla y a Massera.
Para no hablar del Partido Demócrata Progresista, que trató de escalar posiciones en cuanto golpe militar se produjera.
Oscar Alende, del Partido Intransigente, fue consejero del gobierno militar de Levingston, y saludó a Onganía como a un revolucionario.
Otras traiciones a la democracia fueron cometidas por el resto de los partidos políticos, y también fue la de Frondizi, radical hasta ese momento, y de Illia, los dos que aceptaron presentarse a elecciones a pesar de que el partido mayoritario de ese momento estaba prohibido. Muchos esperaron que una vez en el poder, esos políticos llamarían a elecciones verdaderamente democráticas con la participación de todos los partidos políticos, pero no lo hicieron y sus gobiernos condicionados, terminaron con el acceso de los militares al poder, antes de finalizar sus mandatos. Las amnistías e indultos a los golpistas y fusiladores se sucedieron sin mayor problema. Tal vez el mayor antecedente de la Obediencia Debida, el Punto Final e indultos, a la dictadura de Videla y sus hombres, fue el otorgado por Frondizi a Aramburu y Rojas, con aditamento de ascenderlos a la cúpula del ejército y la marina, los más altos cargos de teniente general y almirante, a pesar de sus antecedentes de haber sido los responsables de la masacre de José León Suárez y del fusilamiento de compañeros de armas suyos, como el general Valle y otros oficiales y suboficiales.
La falta de vocación democrática de las organizaciones políticas y de los poderes que movieron siempre a la sociedad argentina se comprueba en el hecho por el cual todos aquellos que aceptaron y ejercieron cargos durante las sucesivas dictaduras, pudieron ser, sin problemas, ministros o funcionarios elegidos constitucionalmente. Hasta ahora mismo, después de la máxima tragedia argentina, un ministro de la dictadura ha pasado a ser ministro del gobierno constitucional, como es el caso de Camilión, para no hablar de otros funcionarios.
Pero el caso más patético de nuestra historia, de nuestro historial democrático, lo estamos viviendo ahora, después de haber experimentado esa tragedia y que es como si nada hubiéramos aprendido. Es el caso del general Bussi, acusado y condenado por múltiples crímenes, que hoy gobierna Tucumán por haber sido el más votado. Vemos, que nuestra pobre democracia no tiene ningún resorte para su defensa. Se dictan leyes, pero luego se eluden, ¿dónde quedó la tan cacareada defensa de la democracia que tanto se habló en diciembre de 1983?
| Jinete
de dos caballos Punto de vista Rogelio García Lupo (Revista Crisis 1973) Casi siete millones de votos a favor del candidato peronista Héctor Cámpora hundieron ruidosamente, el 11 de marzo de 1973, los diversos proyectos políticos que durante los dos años anteriores había elaborado la oligarquía militar argentina para permanecer en el poder. Como la victoria de Cámpora había sido desestimada completamente por la facción gobernante, lo que ocurrió el mismo día de la elección, y los días siguientes, produjo una cadena de reacciones de perplejidad que se propagó del oficialismo al seno mismo del peronismo. La camarilla de jefes del arma de la Caballería que desde 1955 domina al Ejército, distribuye los destinos, impulsa los ascensos y marca la política del país en su totalidad, había llegado a consustanciarse de tal modo con los intereses de la oligarquía, que tomó su derrota política por la derrota de aquella. Este fue, seguramente, el último error de esta camarilla, que al llevar al general Lanusse al poder político y militar, sin intermediarios, se privó de la ventajosa posición de ejercer su influencia desde una línea secundaria. El viejo axioma de que el poder desgasta y todo el poder desgasta totalmente, fue vivido por la casta de la Caballería y corporizado en su figura más sobresaliente, el general Lanusse. Otros errores se habían acumulado a lo largo de los dos años anteriores a la elección de Cámpora: la hipótesis de que un Perón corrupto y senil podría vender por dinero su apoyo a la candidatura presidencial de Lanusse; la torpe seguridad de que Perón no correría el riesgo personal de descender en Ezeiza; la incorregible jactancia de suponer que si Perón escogía como candidato a un odontólogo bonachón, desechando a un general de la Caballería, simplemente revelaba que no tenía interés en que aquel fuera finalmente ungido. Hubo un momento en que Lanusse pareció estar a la altura de "il Gattopardo", decidido a que algo debía cambiar para que todo siguiera como estaba. Pero la filosofía del príncipe siciliano estaba construida sobre la propia renuncia personal, asentada en la crueldad de un largo y meditado abandono del poder, justamente para que el poder continuara en el mismo lugar en que había estado durante siglos. En la mitad de su aventura, el falso Gattopardo argentino reveló su propensión a parecerse al oportunista Don Tancredi y consideró que si algo debía cambiar para que todo siguiera como estaba, quien debía cambiar era Perón, no él. Fue esta obstinación del segundo tramo de su gobierno el que llegó a confundir momentáneamente el buen juicio de muchas personas bien intencionadas, quienes dedujeron incorrectamente que si la suerte de la oligarquía argentina se jugaba al éxito de Lanusse y éste había fracasado, la oligarquía estaba derrotada. Dicho de otro modo: para no perder el apoyo de los intereses económicos tradicionales del país y de sus socios mayores del exterior, Lanusse acentuó su dependencia de ambos, en un esfuerzo por hacerles ver que si él perdía, todos serían destruidos. En esta etapa, Lanusse realizó un meritorio esfuerzo para no dejar ninguna duda: al personero de la Standard Oil en la provincia de Buenos Aires, Arturo Mor Roig, lo reforzó como ministro del Interior; al director financiero de la General Motors, Jorge Wehbe, lo designó ministro de Hacienda, y a su propio primo-hermano Ernesto Lanusse, director de la compañía norteamericana Agar Cross, lo puso en el Ministerio de Agricultura y Ganadería, asegurando el monumental negocio de los fertilizantes en el campo argentino para la corporación multinacional Adela. Los aliados locales recibieron también su tajada, y en octubre de 1972 el valor venal de una hectárea de campo en las fértiles llanuras de la provincia de Buenos Aires había superado el millón de pesos (mil dólares), mientras los precios internos de la carne limpiaban los bolsillos de la población y amontonaban las utilidades de los propietarios rurales. Empero, Lanusse no vio que intentaba jinetear sobre dos cabalgaduras, error imperdonable en un profesional de la Caballería. Pretendió que los intereses tradicionales lo secundaran en su misión de seducir a Perón y para convencerlos de sus buenas intenciones reales llenó de testaferros de los Estados Unidos a su gabinete y aumentó las ganancias de estancieros y gerentes criollos. Pero simultáneamente ahuyentó al pueblo argentino de cualquier remota posibilidad de apoyo, desnudó irreparablemente la naturaleza de su régimen y lo que había acumulado en pacientes meses de demagogia interna y externa, se le escapó a borbotones en los noventa días anteriores a la elección. La fase final de la dictadura de Lanusse estuvo jalonada por el dramático contrapunto de un hombre que no deseaba dejar el poder, aunque para quedarse había puesto en juego su promesa de abandonarlo y la convicción de millones de personas de que este hombre debía irse sin falta. En la medida en que el sentimiento creció y se hizo la consigna de multitudes, los mismos intereses que lo habían encumbrado y exprimieron al país con su visto bueno, comprendieron también ellos que no podían continuar atados a su suerte personal. El dinero es temeroso y cualquiera podía entender en los últimos tiempos que el hombre exasperado y sombrío que amenazaba desde las pantallas de la televisión los sentimientos de millones de argentinos debía marcharse, porque los buenos negocios podían echarse a perder. Lanusse repitió -con sus rasgos propios-el cuadro final de Onganía, confirmando que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en el mismo lugar, y que esta condición humana es particularmente apreciable si además pertenece al arma de caballería. Lanusse y su camarilla vivieron la elección del 11 de marzo como una situación extrema y las masacres que salpicaron al régimen revelaron que existían en ellos los condimentos morales para llegar a la guerra civil. Pero ésta parece, por el momento, detenida en sus límites actuales de la guerrilla urbana y la contrainsurgencia militar. Consecuentemente, a pesar de que Lanusse viviera el comicio como una auténtica guerra civil, los vencedores de la contienda electoral cometerían un error si llegaran a asignarle a la designación de Cámpora otro sentido del que tiene: una tregua en la larga lucha del pueblo argentino con los intereses económicos internos e internacionales que lo sofocan y le impiden manifestarse plenamente. La oligarquía terrateniente sigue allí, atrincherada en sus posesiones, completamente desentendida de la desgracia persona! de su altivo aunque defenestrado personero. Las grandes corporaciones internacionales continúan en el mismo lugar, lanzando al primer plano a sus testaferros, que en la segunda fila rumiaban, impacientes como potrillos, la llegada de un gobierno popular para poner a prueba sus propias aptitudes de adaptación. Los intereses imperialistas continúan en su sitio, controlando la diplomacia, los medios de comunicación de masas, la educación. No tardarán en reorganizarse dentro de las mismas tiendas del ejército vencedor, ellos sí seguros de que algo debía cambiar para que todo continuara como está. Una propuesta ciertamente dudosa para un pueblo cuyas vanguardias saben que para que nada quede como está, todo deberá cambiar. |
"Hitler no fue un accidente de trabajo", las dictaduras de las fuerzas armadas en la Argentina no se dieron por casualidad, fueron el resultado de una sociedad insolidaria, superficial, egoísta, falta de ética, exitista.
Videla y Massera comienzan ya en el momento en que en nuestras calles no se respeta al peatón: primero el camión, luego el colectivo, luego el auto y último el peatón, más todavía si es anciano o niño. El aprender esa norma de convivencia tendría que ser el primer capítulo para que los argentinos aprendamos lo que son los derechos humanos.
Videla y Massera comienzan en cuanto hay políticos que no reaccionan, cuando en sus propios partidos hay afiliados declarados criminales de apellido Patti, elegido intendente de Escobar, o mercaderes de objetos robados a los desaparecidos, como Julio César Aráoz, alias el "Chiche" Aráoz, un funcionario fundamental del actual gobierno.
"Hitler fue culpable de todo", otro de los slogan con los que la sociedad alemana trató de disculparse a partir de mayo de 1945, dicho que para nosotros podría valer: los militares fueron los culpables de todo. La verdad es que Videla y Massera pudieron cometer tales crímenes porque la sociedad argentina se lo permitió, por consentimiento o por indiferencia. Por lo menos junto al retrato de Videla, en el repudio, también tendría que estar el de Martínez de Hoz, no menos culpable, y el de todas las estructuras del poder que apoyaron, aplaudieron o, por lo menos toleraron, sin abrir la boca, lo que ocurrió. Las grandes empresas, que con la ayuda de sus policías internas se desembarazaron de los delegados obreros, molestos para ellas. El espantoso caso de Villa Constitución por ejemplo, un comprobado caso de la mafia empresaria-militar y del sindicalismo burocrático. La iglesia, con una conducta oficial que debe repugnar hasta a los fieles más incondicionales. La universidad de los Bruera y los Ottalagano, que ayudaban a redactar las listas de profesores y alumnos que luego desaparecerían. La burocracia sindical, de donde luego salieron miembros de las patotas de las "Tres A".
Y el sector de los intelectuales. Bastaría leer las declaraciones del escritor argentino Manuel Mujica Láinez, en el diario español La Vanguardia del 10 de octubre de 1979, en las que él rechazaba las aseveraciones de Julio Cortázar que había acusado al gobierno de Videla de cometer un genocidio cultural en la Argentina, con el asesinato de escritores, la quema de libros, y las listas prohibitivas de hombres y mujeres de la cultura. Como ejemplo de que en la Argentina no sucedía eso, Mujica Láinez señaló, textual: "En la Argentina estamos allí muy tranquilos. Estamos todos, Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares, todos los grandes. –y agregó con humorismo– Nada nos hubiera costado ir a París, como los reprimidos de otros países, nadie nos lo impide, nos dan el pasaporte en cuanto lo pidamos".
El 11 de octubre de 1979 el escritor colombiano Gabriel García Márquez, en el diario El País de Madrid, le escribió una carta abierta a Mujica Láinez en la cual le dice: "si interpretamos bien sus palabras, hay que entender que sólo ustedes, los escritores grandes, están muy tranquilos en la Argentina. Sin embargo hay dos, que yo considero muy grandes y que no están tan tranquilos como ustedes: me refiero a Rodolfo Walsh y a Haroldo Conti que hace ya varios años que fueron secuestrados por patrullas de la represión oficial y que nunca más se ha sabido de ellos. Usted y todos los escritores grandes que cita, serían todavía mucho más grandes si sacrificaran un poco de su tranquilidad y su grandeza y le pidieran al gobierno argentino un par de esos pasaportes tan fáciles para Rodolfo Walsh y Haroldo Conti".
En efecto, los grandes escritores argentinos que menciona Mujica Láinez, pudieron entrar y salir del país sin ningún problema, estuvieron en grandes citas internacionales. Ninguno de ellos fue capaz de denunciar en el exterior el tema de los desaparecidos, o de la represión cultural. Silvina Bullrich atacará también a Julio Cortázar, escribiendo que "ni Borges, ni Mallea, ni Sábato se fueron". Ernesto Sábato, muy indignado por el llamado al mundo de Julio Cortázar, escribió en Clarín, el 5 de julio de 1980, textual: "En la Argentina la inmensa mayoría de sus escritores, de sus pintores, de sus músicos, de sus hombres de ciencia, pensadores, están en el país, y trabajan. Cometen una gran injusticia los que están afuera del país pensando que acá no pasa nada y que es un tremendo cementerio".
Luis Gregorich, un crítico literario que fue posteriormente funcionario de cultura de Alfonsín, se pregunta en el mismo número de Clarín: "Después de todo, ¿cuáles son los escritores importantes exiliados?". Me pregunto: ¿acaso hay algo más cínico que esa pregunta?, como si el crimen se midiera por la importancia de la obra. Aquí me vienen a la memoria las palabras de Cicerón, que opinaba con referencia a la dignidad de la persona: "Toda laudatio debe estar referida a la dignidad que tuvo en su vida la persona y no a su obra. A la dignidad con que ha vivido, que le es propia, no a la obra que puede haber escrito o creado". Apreciamos más la actitud digna y valiente de la partera María Luisa Martínez de González y la enfermera Genoveva Fantacsi, quienes asistieron al parto de una detenida embarazada, Isabela Valenci, que había sido llevada esposada por el célebre torturador de parturientas comisario médico Bergés, al hospital de Quilmes, en 1976. Las dos mujeres cumplieron con un deber humanitario, avisando a la familia de la detenida sobre el nacimiento del niño. Desde entonces estas dos heroínas de la civilidad están desaparecidas. Apreciamos más la dignidad de estas dos humildes mujeres que toda la obra genial de un escritor que terminó aceptando la condecoración de Pinochet.
Pero ni Julio Cortázar ni los que denunciáramos desde el exilio el drama argentino para ayudar a todos los colegas y amigos que sufrían aquí el exilio interior nos equivocábamos ni exagerábamos. El año pasado, en un acto similar al de hoy, en esta misma aula, Patricio Contreras y Leonor Manso nos leyeron poesías de nuestros poetas desaparecidos durante el régimen de la picana y la capucha.
Hace menos de una semana, en la plazoleta Rodolfo Walsh se recordaron las decenas y decenas de periodistas asesinados. Durante todo el año pasado descubrimos placas en patios y galerías de colegios y universidades, con centenares de nombres de profesores y alumnos secundarios y universitarios caídos en la edad en la que despertaban a la vida. A Cortázar quisieron acallarlo arrojándole a la cara los nombres de los famosos, pero cuando los militares cayeron y todos los famosos se reacomodaron, la verdad de Cortázar salió a la luz.
Tal vez muy pronto los organismos de Derechos Humanos y esta cátedra hagamos un acto de desagravio a Julio Cortázar, ese tan talentoso como humilde ser humano que tanto hizo para que se conociera lo que estaba pasando en suelo argentino. Julio Cortázar fue el argentino que se puso a la par de un intelectual como Thomas Mann, quien había conmovido al mundo con sus denuncias a los crímenes del nazismo, con sus vibrantes discursos de la serie "Oíd, alemanes".
Más todavía, en ese año de 1979 en que Julio Cortázar hace esa declaración, la opinión pública del exterior había sido sacudida por el informe de la Comisión de Derechos Humanos de la OEA acerca de la verdad de la cruel represión argentina. Un documento oficial, incontrastable, redactado por representantes de los países americanos. Tal vez por eso mismo tenía más fuerza que el mismo Nunca más, informe de la CONADEP, hecho cuatro años después.
El informe de la OEA descarta totalmente la teoría de los dos demonios, cuando señala: "En la vida de cualquier nación las amenazas al orden público o a la seguridad personal de sus habitantes que emanan de personas o grupos que utilizan la violencia, pueden llegar a alcanzar tales proporciones que exijan suspender temporalmente el ejercicio de ciertos derechos humanos. La mayoría de las constituciones de los países americanos aceptan tales limitaciones e incluso prevén algunas instituciones como el estado de emergencia o el estado de sitio, para tales circunstancias. Por supuesto que para que puedan adoptarse tales medidas deben mediar consideraciones de extrema gravedad ya que su implementación debe obedecer precisamente a la necesidad de preservar aquellos derechos y libertades que han sido amenazados con la alteración del orden público y la seguridad personal. Sin embargo, es igualmente claro que ciertos derechos fundamentales jamás pueden suspenderse, como es el caso del derecho a la vida, el derecho a la integridad personal o el derecho a un debido proceso. En otros términos, los gobiernos no pueden emplear, bajo ningún tipo de circunstancia, la ejecución sumaria, la tortura, las condiciones inhumanas de detención, la negación de ciertas condiciones mínimas de justicia como medios para restaurar el orden público. Estos medios están proscritos en las constituciones y en los instrumentos internacionales, tanto regionales como universales".
Éste es el documento de la OEA enviado a la dictadura de Videla. El documento reconoce que ciertas medidas pueden llegar a significar el riesgo que se pierda el imperio del derecho, pero agrega que aquello no es inevitable si los gobiernos actúan responsablemente, si se registran los arrestos y se informan a las familias de las detenciones, si se dictan órdenes estrictas prohibiendo la tortura, si se entrenan cuidadosamente a las fuerzas de seguridad, eliminando de ellas a los sádicos y psicópatas, si, en fin, existe un poder judicial independiente dotado de suficientes atribuciones como para corregir con prontitud cualquier abuso de autoridad. Este documento de la OEA sobre la Argentina de los generales habla bien claro y elimina de por sí la teoría de los dos demonios, que ha servido y sigue sirviendo hoy a muchos intelectuales, políticos, gremialistas y argentinos en general para ponerse en una posición neutral, algo así como no tengo nada que ver ni con uno, ni con el otro.
Hace apenas 15 días, el ex funcionario del gobierno de Alfonsín, el historiador y abogado Félix Luna, a la pregunta de cuál es el período más trágico de nuestra historia, respondió en la revista Viva textualmente: "el período más trágico en la historia es el de la violencia terrorista y el Proceso. Son como el positivo y el negativo de una fotografía, la violencia terrorista y la del Estado".
Realmente es hasta perverso que se sigan haciendo estas interpretaciones, aún hoy, a 20 años.
Lo aclaró definitivamente la Fiscalía Nacional en la acusación a los Comandantes en Jefe, al decir: "con dos sofismas se pretendía justificar la represión clandestina, el primero dice: todos los detenidos son subversivos. No es que se ponía: detener subversivos, sino que todos los que ellos detenían eran subversivos, la detención convertía a la persona en subversivo. Conseguido esto, el segundo paso de este método perverso fue considerar que al subversivo como una especie de subhumano, de sanguijuela a quien se lo puede torturar o matar. Como se dijo haciendo referencia al régimen nazi, una vez que se convence a la sociedad de que una minoría, o un grupo, puede equipararse a una sabandija, el paso que hay que dar para llegar al propósito de eliminarlo no es ya demasiado grande".
El fiscal Moreno Ocampo, ante el secuestro y asesinato de la estudiante alemana Elizabeth Kaesemann, dirá estas palabras indiscutibles desde el punto de vista político y humano: "Ante la justicia, todos los desaparecidos son inocentes de los crímenes de los cuales se los acusa. Los militares no pudieron comprobar jurídicamente ninguno de esos crímenes, por lo tanto, para la justicia todos los acusados son inocentes". Estamos hablando desde el punto de vista estrictamente jurídico.
En cualquier discusión acerca de los derechos humanos y la memoria esto tiene que quedar bien claro: el Estado no puede arrogarse facultades que pisoteen los derechos primigenios de la individualidad humana. Ningún Estado deberá, bajo ningún pretexto, aun aludiendo a múltiples razones aparentemente racionales, declarar permitida la tortura de los detenidos, por más sospechosos que sean. Lo digo porque el tema se ha vuelto muy actual: me da mucha pena que un pueblo tan sabio como es el pueblo judío, haya adoptado una ley en donde se permite la tortura.
La defensa de los principios éticos fortalecerán siempre y harán invencible al Estado que los respete por encima de todos los argumentos tácticos o estratégicos, por encima de todos los terrorismos más trágicos, más todavía, en el denominado proceso de Videla y Massera, ya que sus integrantes fueron simples salteadores del poder sin legitimación alguna. Por un lado, se había convocado a elecciones, por el otro, los militares tenían las leyes necesarias para llevar adelante su denominada "guerra" dentro de las normas constitucionales y no dentro del terrorismo de Estado.
Félix Luna en el mismo reportaje, como si la violencia de los ’70 hubiese comenzado con la muerte de Aramburu, a la pregunta de ¿cuál fue para él la muerte más absurda?, contesta: "La de Pedro Eugenio Aramburu a manos de los Montoneros".
Que la violencia argentina empezó con dicha muerte es uno de los mitos de nuestra historia sostenido especialmente por los militares represores. Aramburu había fusilado al general Valle sin ningún juicio. Dentro de todo, el levantamiento del general Valle tenía más basamento de legalidad que el de Aramburu ya que se proponía devolver el gobierno a Perón que tenía mandato hasta 1958.
Cuando el pasado año el periodista Bernardo Neustadt puso frente al hijo de Aramburu al matador de su padre, Firmenich, el hijo del militar mostró toda su indignación ante el crimen y el criminal. Claro, el periodista Neustadt había invitado a un dúo falso en vez de a Firmenich, habría que haber traído a la hija del general Valle. Entonces la escena se hubiera invertido, el hijo de Aramburu, tendría que haberle pedido disculpas a la hija del general Valle.
Félix Luna, si hubiese dejado su corazón político y hubiera hecho un análisis ético a fondo, tendría que haber calificado como la muerte más absurda y no sólo más absurda, sino más cobarde y cruel, al asesinato cometido en la ESMA contra Azucena Villaflor, la madre que marchó a Plaza de Mayo para averiguar el paradero de su ser querido o la muerte de esa joven NN, embarazada a término y cuyo cadáver fue hallado en el cementerio de Avellaneda en una tumba masiva de desaparecidos durante el proceso, muerta de un tiro en el vientre que atravesó la cabeza, ya formada, de su futuro hijo.
Por
supuesto, no hay muertes mejores que otras, pero sí las hay más cobardes y abyectas.
La memoria en nosotros significa precisamente eso, preguntarnos el por qué de la violencia de abajo en respuesta a la violencia de arriba, el estudio de la sociedad argentina y sus reiteradas traiciones a la democracia. Dilucidar el por qué del fracaso de esa violencia realizada desde abajo, y el por qué de la increíble y tal vez ya insuperable crueldad de la represión militar argentina.
En nuestros análisis llegaremos al presente del "gatillo fácil", donde todo joven morocho y de pelo largo ha pasado a ocupar el cargo del presunto subversivo. Donde lo ocurrido en La Plata, en la represión contra estudiantes viene a rememorar la noche de los bastones largos de Onganía. Por supuesto, se produjeron de inmediato los razonamientos típicos del "por algo será", y del "¿saben los padres dónde están sus hijos?".
La pregunta de una periodista radial, Magdalena Ruiz Guiñazú, a la madrugada siguiente de los balazos a quemarropa en las tierras de Duhalde, tiene el mismo contenido, "¿Qué hacía Hebe de Bonafini con los estudiantes?".
Inventar demonios es mucho más fácil que preguntarse el por qué de las órdenes brutales de represión.
La memoria en nosotros. Hablemos de las víctimas. Hoy todavía calificadas por muchos como el otro demonio. ¿Quiénes están habilitados para juzgar? En general, analistas y medios se basan en tres o cuatro figuras dudosas para juzgar el empuje de una generación. Esto sí hace pensar en lo erróneamente trágico que fue, para parte de la juventud, creer en cúpulas cerradas. Lo que sí es reivindicable fue su espíritu de protesta, su protagonismo ante tanto miedo y servilismo de una sociedad que había aprendido a decir que sí a todo y a confundir el ruido de los tanques en la calle como el del tránsito de vehículos de todos los días.
El gran filósofo de la historia Jakob Burckhardt se hizo la pregunta de qué pasaría si Sócrates regresara a la sociedad actual y concluye que el destino de Sócrates, mutatis mutandi, se repetiría. Los ricos de hoy desaprobarían a Sócrates a causa de su desprecio por el consumismo, los poderosos lo definirían como un revoltoso subversivo, los intelectuales tomarían a mal su burla del academicismo, los burgueses aplicados lo considerarían un vago asocial. Entre la sociedad y el individuo –dice el filósofo–, hay en todos los tiempos tensiones parecidas. Quien no cree en nuestros dioses, es un ateo; quien trata de socavar nuestro poder, es un anarquista; quien duda de nuestros valores, es un nihilista. Sócrates se comparó a un tábano, que debía impedir el sueño de los atenienses. Termina diciendo: "y a los tábanos se los mata". Muchos de los jóvenes desaparecidos, tal vez no hayan sido Sócrates, pero sí tábanos, que trataban que no nos durmiéramos conformes en una sociedad increíblemente egoísta y cínica.
La memoria en nosotros. Para probar lo anterior voy a leer dos documentos periodísticos, del órgano de prensa que más apoyó al régimen represivo de Videla, el diario La Nación. Se trata de algunos editoriales, dos de hace veinte años y el otro de dos décadas después. El primero, del 16 de agosto de 1976, señalaba textualmente: "Una guerra llevada a cabo sin piedad, por la subversión, ha hecho tabla rasa de los derechos humanos y ha llevado al gobierno del general Videla a una lucha sin cuartel, y en cuyo transcurso es muy difícil atender a las consideraciones de otros tiempos, invioladas. El presidente de la república, general Videla, ha hecho alusión, con acierto, a este estado de cosas. Nadie puede dudar, con justicia y honradez, de la vocación argentina por los derechos humanos y por la posición de las fuerzas armadas en el mismo sentido". En otro editorial del mismo diario, que hoy nadie dudaría de calificar de infame, se incitaba a las fuerzas armadas a ejercitar la represión ya mismo contra los refugiados chilenos y uruguayos, que venían huyendo con sus familias y caían en la trampa de Buenos Aires. Fue la incitación a la caza del ser humano.
Veinte años después, el mismo diario escribe, en el mismo lugar de su página 8, el 15 de marzo de este año: "Las fuerzas armadas han producido los esperados mensajes de autocrítica sobre los métodos empleados en la lucha contra la subversión. Se ha completado así el proceso de sinceramiento de las fuerzas armadas respecto de esa sombría etapa histórica. Y el reconocimiento de sus propios horrores que han hecho las fuerzas armadas, abre ahora sí, la posibilidad de comenzar a marchar hacia una genuina reconciliación nacional". ¿Cómo? ¿Hace veinte años incitaba a lo que hoy llama horrores? Los han dejado solos a los verdugos.
Cuando leo esto y comparo, no puedo menos que acordarme de todos los improperios que ese diario, más todos los medios de comunicación en esa época, más los organismos del Estado, y hasta los intelectuales, hicieron contra las Madres y otros organismos de derechos humanos, cuando denunciaban la existencia de campos de concentración, las torturas y las horribles muertes a las que eran sometidos los sospechados de conspirar contra los "valores occidentales y cristianos". Pero claro, la palabra es hoy suprimir de la memoria todo lo que puede ser prueba de colaboración o de simpatía con el régimen verdugo.
Cuando escribí mi ensayo Pequeño recordatorio para un país sin memoria, con la prueba documentada fiel y cuidada del comportamiento de nuestros intelectuales y políticos, en esa época, se me respondió con enojo y censura, y con más homenajes y premios a los grandes modelos de nuestra burguesía. Que tal vez sí, "habían cometido sólo un desliz, como todos", pero que no era para recordar. Y aunque las pruebas sean públicas, y estén en todas las hemerotecas y cintas grabadas, nadie quiere hablar del tema, y a los elegidos por la sociedad culpable, se los sigue cubriendo de premios, porque así nuestra burguesía se premia a sí misma.
La memoria en nosotros. Entonces es claro que reaccionen hoy los que oficiaron de verdugos. ¿Por qué nosotros solos y no todos los que nos elogiaron y nos impulsaron a seguir ese camino? Desde hace años Massera los tiene amenazados con el libro que anuncia publicar alguna vez. Así se explica que no hace muchos meses pudo decir un discurso, desde el escritorio de su casa, a la hora televisiva más vista de la Argentina. Como dijo él, "yo los conozco a todos".
La memoria en nosotros. ¿Para qué? Como instrumento para la democratización de la sociedad argentina. No un mero y hasta falso mea culpa sino un análisis de cómo fue posible tanta perversidad, en una sociedad que se considera a sí misma cristiana y hasta amable. Las manifestaciones populares de la semana pasada fueron una brisa fresca de esperanzas. Las clases que dieron los maestros, alusivas, representan un buen fundamento para el futuro. Por ahí está la senda. Pero millones fueron al country o al fútbol o se pasaron frente a la pantalla televisiva para no ver, para no recordar, para no verse en toda su cobardía.
Las encuestas dieron como resultado que la población no considera ya un posible golpe militar. Pero desconfiemos. Como se expresara el gran psicólogo Mitscherlich en su libro La incapacidad de duelo: "¿cuánta pasión por la democracia se mostraría si la economía empezara a andar mal?". En nosotros precisamente no anda muy bien, por lo menos para los desposeídos. Este profundo psicólogo nos hablaba de los miedos regresivos. Veamos si no las causas de lo de Tucumán. El verdugo llamado nuevamente a gobernar: mejor un verdugo que corte cabezas, y no pensar.
Reflexionar lleva a posiciones peligrosas para la seguridad de cada uno. Es el mismo miedo cómodo de la teoría de los dos demonios: "Yo en el medio de los dos demonios".
El mismo psicólogo agrega, "cuando la libertad de pensamiento no es exigida en forma crítica, corre el peligro de desaparecer nuevamente". Ésta es justo la misión de docentes, intelectuales y protagonistas del estudiantado, del sindicalismo, de los luchadores por los derechos humanos.
La tarea no es fácil. Con excepción de algunas ciudades-repúblicas en la historia, apenas se han realizado esfuerzos para preparar a las sociedades como un todo en las decisiones, y con ellas que se interesen en su entorno social con algo más que con una participación egoísta. Hablábamos de los miedos regresivos y aquí caben preguntas que para muchos podrían aparecer como verdaderas provocaciones contra el buen gusto. Seamos valientes, dejemos lo de hace veinte años y vayamos a nuestro presente.
Por ejemplo, ¿por qué no se ha logrado en nuestro país que ni la iglesia, ni los sindicatos, ni las universidades, ni los partidos políticos, hayan convocado a debatir el siguiente tema que todos conocen pero que ninguno se atreve a tocar ¿por qué nuestra sociedad que se denomina democrática soporta que a los presos de La Tablada se los haya convocado a prisión perpetua en cárceles humillantes y los autores del genocidio estén todos libres paseando sus perros por la calle?, o esta otra: ¿cómo es posible que el padre Puigjané, que no disparó ningún tiro, ni siquiera al aire, haya sido condenado a veinte años de prisión y al verdugo Galtieri, en el juicio a los comandantes, se lo haya declarado absuelto, tratándose de uno de los peores criminales, demostrado en la represión de Rosario cuando llegó a torturar y matar a una pareja de ciegos, y a otra pareja los hizo encerrar en el baúl de un Ford Falcon, los roció con gasolina, y él mismo hizo el disparo para que se produjera la explosión que los quemaría vivos?
¿Cómo es posible que dos presidentes, Alfonsín y Menem hayan, el primero ascendido, y el segundo mantenido en actividad a uno de los seres más repugnantes que han tocado suelo argentino, el capitán Astiz, mientras al coronel Cesio se lo dio de baja por haber participado en una marcha con las Madres de Plaza de Mayo?
Voy a leer un párrafo del libro del coronel Horacio Ballester, titulado Memorias de un coronel democrático: "En el caso del ex coronel Cesio, sigue siendo el único militar argentino que continúa sancionado por hechos ocurridos en épocas de la última dictadura militar". Claro, Cesio no mató, no robó, no torturó, no violó, no forzó la desaparición de personas, pero para las jerarquías castrenses hizo algo mucho peor. El fallo que lo condenó, dice así: "Cesio antepuso su condición de ciudadano a la situación de militar".
Creo que lo dice todo. O son muy bestias, muy cínicos, o tal vez las dos cosas.
Sigo leyendo: "La causa real fue que Cesio acompañó a las Madres de Plaza de Mayo en sus marchas reivindicativas, por eso no está incluido en la obediencia debida, ni indultado. El militar que delinque gravemente es perdonado, mientras que aquel que no quiere ser cómplice de un equivocado espíritu de cuerpo es sancionado con dureza, ante la indiferencia del poder constitucional civil". Ante este hecho, Alfonsín se calló la boca, Menem se calló la boca, el general Balza se calla la boca, el Parlamento se calla la boca, la sociedad argentina se calla la boca. Todos nos callamos la boca.
Argentina, 1996. No nos quejemos si después Patti y Bussi son elegidos por el pueblo.
La memoria en nosotros. A veinte años comencemos a abrir los claustros para el gran análisis y las búsquedas de los por qué, tenemos que estar preparados y preguntarnos cómo es que hemos llegado a la sociedad actual, desocupación, pobreza en aumento, humillación de la escuela pública, deterioro de la salud pública, jubilaciones de vergüenza.
Debemos trabajar esto, por la responsabilidad que tenemos ante nuestros hijos, nuestros nietos, ante la generación actual, ante las próximas generaciones.
La memoria en nosotros. Para que no se nos vuelva a sorprender con la desaparición y la tortura en la defensa de denominados valores occidentales y cristianos.
Esta cátedra estará incondicionalmente para analizar temas profundos de la Argentina. El foro de los viernes a la noche será el ágora donde protagonistas y gentes sin nombres podrán exponer sus testimonios y sus defensas. No le tendremos miedo a la palabra y buscaremos los argumentos que nos llevan a desnudar las falacias y a buscar la verdad, sin la cual no habrá solución para los problemas de nuestra sociedad, de nuestro pueblo. Y lo haremos en paz, en libertad, en solidaridad. No queremos vencer, sólo queremos convencer.