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Dirección general: Lic. Alberto J. Franzoia

 






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Video discurso de Salvador Allende en la Universidad de Guadalajara (1972)

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Bolivarismo y marxismo (1)

Por Jorge Abelardo Ramos

La aparición del proletariado en la América latina del siglo xx ha planteado desde nuevas bases la tarea de su revolución inconclusa. La nación latinoamericana, que hacia 1910 sólo vivía como un eco intelectual de las viejas batallas, comienza a ser una realidad en la Cuba socialista de medio siglo más tarde. En esta penosa y heroica marcha, el plan bolivariano sólo podrá desenvolverse bajo las banderas del socialismo. Ese socialismo posee ya una inflexión propia, una especificidad latinoamericana.

Pero si el pensamiento crítico de Marx puede arrojar una luz penetrante sobre la realidad de América latina, será a condición de que la conciba como un todo, en otras palabras, se impone reunir a Marx con Bolívar. Después de la pérdida del poder bolivariano América latina fue considerada como «un pueblo sin historia». Las instituciones, regímenes económicos y sistemas políticos que le impuso el imperialismo traían el sello simiesco de los productos que Europa destinaba al mundo excéntrico.

Las ideas marxistas no escaparon a esta degradación sufrida por todos los valores de la exquisita Europa al llegar a nuestras tierras. Al principio, los propios grandes jefes de la Rusia revolucionaria evidenciaban un desconocimiento completo del Nuevo Mundo. Luego, con el triunfo del stalinismo, fue exportado un artículo híbrido llamado marxismo leninismo, parido por los obtusos burócratas. El descrédito intelectual de semejante ersatz ya no requiere demostración. En cuanto a sus consecuencias prácticas, este libro ha hecho un recuento de esa edad rocambolesca.

Bastará recordar que en cada oportunidad en que el stalinismo divisaba una revolución nacional en el horizonte, se incorporaba rápidamente al bloque de las fuerzas oligárquicas que la enfrentaban. Esto ocurrió en Brasil, en Argentina, en Cuba, en toda América latina. Sólo advertían que una revolución vivía cuando ésta había triunfado; si no habían logrado impedir su victoria, se plegaban a ella para estrangularía desde el poder.

Tal es la crónica del stalinismo en Cuba, con su oscura legión de Escalantes y escaladores. Cuando la revolución estaba bajo la dirección nacionalista, como en el caso de Perón, el stalinismo se unía estrechamente, antes, durante y después de su gobierno, con las fuerzas más negras de la reacción. La propia expresión del marxismo leninismo reflejaba en la esfera semántica el sello de una política ajena. Pues toda la grandeza de Lenin como político había residido justamente en su admirable aptitud para interpretar a su país tal como era; por el contrario, la «rusificación» de la Internacional comunista después de su muerte invirtió el método leninista. Una caricatura trágica de ese método transformó fórmulas que habían resultado óptimas para la lucha política en el imperio zarista en la clave de todas las derrotas del último medio siglo.

Por esa razón, y no por puras consideraciones terminológicas, la adopción de un «marxismo bolivariano» compendiará mejor la naturaleza peculiar del proceso revolucionario en América latina. Este proceso deberá combinar todas las formas de la lucha. La actividad política no podrá sustituirse a la lucha armada, ni ésta a aquélla, ni la lucha legal a la ilegal, ni viceversa, pues todas ellas forman parte de un proceso único integrado por tácticas modificables y reemplazables. La importancia de cada una de ellas está condicionada por la relación de las fuerzas en presencia y por las particularidades de cada región latinoamericana. Ninguna de esas tácticas puede ser elevada a principio conductor; pero un hecho está confirmado por toda la experiencia histórica: no hay camino pacifico para la revolución. Ni siquiera para obtener el voto universal y secreto, reivindicación de la democracia burguesa en la Argentina, el viejo caudillo radical Hipólito encontró otro recurso que las revoluciones armadas. Sólo así obtuvo para el pueblo argentino el derecho a votar, derecho que la oligarquía, con el apoyo del Ejército, le arrebató desde 1955.

Nuestra bandera

La bandera de José Gervasio Artigas ha sido un símbolo de identidad para la Izquierda Nacional independiente, la que ha cabalgado junto al peronismo pero en distintos caballos.

¿Qué significan los tres colores?

José G. Artigas (1764-1850) Los tres colores, azul, blanco y rojo, aparecen en todas las banderas artiguistas.
El color blanco fue "signo de la distinción de nuestra grandeza", el azul simbolizó "nuestra decisión por la República" y el color rojo "la sangre derramada para sostener nuestra libertad e independencia"

¿Por qué la bandera de Artigas?

Porque Artigas basó toda su lucha entre en tres consignas esenciales para la liberación de la Patria.
1. Reforma agraria concreta a través entrega de tierras a los desposeídos que deseen trabajarla.
2. Proteccionismo económico para favorecer el desarrollo de la producción nacional.
3. Unidad de la Patria Grande para garantizar la liberación a través de las "Provincias Unidas de América del Sur".


En consecuencia, la acción sindical, tanto como la guerrilla, la lucha parlamentaria, la insurrección armada o la propaganda ideológica, son fases de una misma estrategia cuyo corolario no puede ser otro que la formación de los Estados Unidos socialistas de América latina. En aquellos Estados donde las relaciones capitalistas de producción han alcanzado mayor desenvolvimiento, como la Argentina, Chile, México o Brasil, las posibilidades de la lucha política parecen dominar este período y la consigna de «lucha armada» resultará inadecuada. Pero la relación entre esa consigna, la conciencia de las masas populares y el partido revolucionario deben ser muy estrechas. La disolución de esos tres factores por la decisión de un puñado de combatientes aislados conduce directamente al blanquismo, y muy probablemente a la derrota.

América latina no carece de mártires, sino de políticos revolucionarios y de revoluciones triunfantes. Es cierto que la lucha revolucionaria exige su tributo de martirio, pero el martirio por sí mismo no prueba la verdad del camino elegido. Este debe ser demostrado por otros hechos. El más importante de ellos es el conocimiento escrupuloso de la realidad económica y social de América latina. En una de sus habituales y vigorosas expresiones, Fidel Castro aludía recientemente a las «recetas» que el stalinismo latinoamericano extrae de su archivo desde hace cuarenta años para aplicar administrativamente a los múltiples aspectos de una realidad tan rica y compleja como la de América latina. Indios caribes, proletarios de la siderurgia, peones de estancia, campesinos sin tierra, chacareros ricos, quechuas de milenarias comunidades estáticas, estudiantes politizados, oligarquías extranjerizantes, burguesías nacionales frágiles y cobardes, militares de encontradas tendencias y desniveles históricos profundos -he aquí un cuadro que se resiste a una fórmula simple-. Ahí debe encontrarse la razón para latinoamericanizar el marxismo y marxistizar a América latina.

Es preciso asumir plenamente nuestro glorioso pasado de lucha. Es necesario redescubrir a nuestros héroes propios y elaborar desde aquí una perspectiva revolucionaria para los 250 millones de latinoamericanos. La tarea dista de ser sencilla. El carácter combinado de nuestra realidad social determina las formas mixtas, nacionales y socialistas de nuestro programa. Del mismo modo, los elementos «asiáticos» del pensamiento de Lenin se contraponían a los elementos «europeos» de ese pensamiento. Pero ambos reflejaban la realidad de una contradicción dinámica: pues Rusia era, a la vez, bárbara y civilizada, semicolonia e imperio opresor, Asia y Europa. Por eso la dialéctica siempre viva de la política leninista mostraba cierta ambigüedad que repelía a los socialdemócratas de una Europa estable y lineal. En Lenin convivían los elementos «democráticos» y «socialistas» que a su vez coexistían en la sociedad rusa multinacional: el mujik primitivo, el obrero industrial y el ciudadano de las naciones alógenas oprimidas por los grandes rusos. También las ilusiones de Lenin sobre la capacidad revolucionaria de la clase obrera europea se combinaban con su perspicacia para comprender el sentido profundo de la tempestad que se gestaba en Oriente. Pero si para hacer de la Rusia bizantina una nación normal era preciso destruir su imperio y dar a las nacionalidades que lo integraban el derecho a separarse, para hacer de América latina una «nación normal», la fórmula es inversa: es preciso unir sus Estados. Tanto como para Rusia, en América latina la resolución de las tareas democráticas y nacionales sólo puede lograrse por medio del socialismo. La burguesía nacional es incapaz de lograr el dominio político en el interior de cada Estado balcanizado; con mayor razón, ni sueña con la unidad de todos ellos. Precisamente por esa causa la tarea de Bolívar pasa a los discípulos de Marx. Éstos no podrán realizarla, sin embargo, sin la tradición de Bolívar ni volviendo las espaldas a los movimientos nacionales.

Y bien, para comprenderlo era preciso remontar el confuso río de la historia latinoamericana, a fin de revelar la unidad profunda de su corriente y tocar con la inteligencia su sólido lecho. Esa historia había comenzado en España y continuado en América. Quisimos narrar los momentos capitales de ese pasado donde los criollos emplearon las armas para ingresar a la historia universal como una nación independiente y unida. En ese periodo las grandes naciones europeas creaban su Estado nacional y nosotros lo perdíamos. Marx no comprendía a Bolívar, pero el Inca Yupanqui le inspiraba su juicio sobre la cuestión nacional. Un siglo después de la publicación de El capital, para los latinoamericanos Bolívar y Marx ya no podrán ser separados por fuerza alguna. Exponer las razones de tan curiosa fusión fue el propósito de esta historia de la nación latinoamericana. Aunque el libro termina aquí, esa historia continúa. De donde este fin es sólo un comienzo.

(1) Historia de la Nación Latinoamericana (Primara edición1968), capítulo Bolivarismo y Marxismo, digitalizado por Roberto Vera.


La alianza plebeya (1)

Por Jorge Enea Spilimbergo

La alianza del proletariado con la pequeña burguesía constituye el fundamento estratégico de la revolución argentina. Englobamos en el proletariado a los asalariados industriales y del transporte, a los peones agrícolas y a vastas formaciones proletarias y semiproletarias de las provincias "pobres".

Esta afirmación no excluye que, en el curso de la lucha, puedan producirse acuerdos de más amplia naturaleza, con sectores específicamente burgueses. Pero interesa a los trabajadores la relación de fuerzas concreta que presidirá esos acuerdos y, en consecuencia, no sólo la necesidad de fortalecer su propia estructura ideológica y política de clase, sino su sistema de aliados inmediatos.

Tanto en el peronismo como en el frondizismo, con distintas dinámica y resultado tratábase de un frente nacional "por arriba", entre el proletariado, actuando como apoyo, y la "burguesía". Este frente nacional se ha roto y no se trata de resucitarlo. Corresponde, por el contrario, intensificar la lucha por multiplicar las relaciones y caminos hacia la alianza plebeya y revolucionaria del proletariado y la pequeña burguesía.

El socialismo revolucionario y la hegemonía del proletariado

La promoción de la clase trabajadora a representación nacional supone un salto de cantidad en calidad en la clase trabajadora misma. También el peronismo, en cierto modo, paga su deuda con el privilegio de la semicolonia clásica, ya que la tradición de sus métodos, sistemas y recursos fue posibilitada por una masa de reservas y maniobras surgida de nuestro poder adquisitivo como exportadores. De ahí que la dilución de las formas, hábitos y pensamientos de las políticas del frente de clases (incluido el primitivismo ideológico y la alineación a la jefatura bonapartista) exijan un proceso lento, paciente y obstinado.


Juan Carlos Castagnino, serie Cordobazo, 1970. El cordobazo ha sido una de las más avanzadas experiencias para que la alianza plebeya finalmente se constituya como eje de la revolución nacional. Más allá del retroceso histórico experimentado, éstos son hitos para la construcción de la memoria colectiva.

Hemos definido suficientemente como para que no requiera insistirse aquí, cuáles son los caracteres de esta superación cualitativa, en el campo ideológico, organizativo y táctico. Hemos demostrado la conexión indisoluble entre el programa socialista revolucionario y las tareas revolucionarias prácticas, que el oportunismo y el ultraizquierdismo insisten en disociar, ciñéndose a un manejo de slogans y a planes de "acción concreta". Hemos subrayado que no hay organización revolucionaria sin programa revolucionario que eduque y consolide los cuadros. Hemos distinguido entre meros programas enunciativos y el programa histórico del socialismo revolucionario, que es la conciencia marxista del proletariado emergiendo del proceso nacional y contemporáneo, vale decir, el socialismo de la izquierda nacional.

En consecuencia, hemos insistido en todo momento en que la lucha por el partido obrero está en la base misma de la lucha por la hegemonía del proletariado en la revolución, hegemonía que se revela como fundamento de un poder popular fecundo y perdurable. Negamos por eso mismo, que la constitución de un ala izquierda dentro del peronismo pueda sustituir la tarea de creación del partido obrero. Negamos que esta tarea pueda prepararse mediante el llamado entrismo en el peronismo. El deber de las fuerzas socialistas revolucionarias consiste en levantar públicamente su plataforma política y organizativa, en fraternal y limpia colaboración de lucha con los cuadros combativos del proletariado peronista. Sólo la preexistencia de una tal plataforma es capaz de suministrar, en el momento histórico oportuno, una opción real susceptible de dar cauce y expresión a la radicalización revolucionaria de las masas.

Consecuentemente, hemos denunciado como oportunista la tarea liquidadora de quienes se introducen en el peronismo para "trabajar en él", con frecuencia, para contrabandear dentro del peronismo sus propios lastres aventureros, antinacionales y cipayos. En general, criticamos a quienes absolutizan las diferenciaciones internas del peronismo, las opciones tácticas, el enfrentamiento entre "dirección" y "base", olvidando la cuestión fundamental: el carácter frente clasista del movimiento, su sustancia social democrática burguesa, que no puede superarse dentro del peronismo como movimiento. Pero así como nos negamos a centrar la cuestión en meros cambios de equipos, intensificaciones tácticas, apelaciones al democratismo organizativo y programas de tipo enunciativo, seguimos atentamente las tendencias a una radicalización concreta, que pugnan por suministrar bases más amplias de lucha, medios más eficientes y enérgicos y una comprensión más cabal del proceso político contemporáneo. Las grandes masas realizan sus experiencias a partir de los niveles históricamente dados. Sólo en la marcha, cuando queda al desnudo la insuficiencia de esos niveles, las grandes masas producen rápidos cambios de alineación, a condición de encontrar opciones reales preexistentes hacia las cuales desplazarse. Nuestra tarea no es permanecer aislados ante esa experiencia u oponerle una simple crítica lógica, agitando como un sonajero nuestras meras conclusiones acerca del partido revolucionario, sino estimular la experiencia misma, ayudar a que ella se produzca en las condiciones más amplias, normales y directas, para que los propios trabajadores (ya advertidos críticamente por otra parte, por nuestra prédica) extraigan la conclusión de que una nueva estructura histórica es la llamada a cumplir las tareas de la nueva situación histórica enfrentada, el tránsito de la política nacional burguesa a la política socialista revolucionaria.

(1) Fragmento extraído de Clase obrera y poder (Primera edición 1964). Digitalizado por Fernando Lavallén.


La unidad latinoamericana (1)

Por Honorio Díaz

La izquierda tradicional de Juan B. Justo y de Victorio Codovilla expresaba en cierto modo el país cosmopolita de principios del siglo XX, en el que hasta las teorías que se pretendían socialistas llevaban el sello dominante del europeísmo. Encarnaba las aspiraciones de los inmigrantes y sus concepciones se fueron perpetuando en los sectores intelectualizados de la pequeña burguesía progresista. Contra esa tradición, la izquierda nacional fue buscando construir un socialismo enraizado en el país, capaz de encarnar las inquietudes del proletariado provinciano que tuvo gestación durante la década del treinta.

La inquietud nacional latinoamericanista -que alcanzó sus primeras manifestaciones en Manuel Ugarte, José Ingenieros, Alfredo Palacios y Joaquín Coca- constituye otro de los rasgos diferenciales de la corriente. Sostuvo que cuando los europeos fueron conformando sus estados nacionales, los latinoamericanos lo perdieron en la fase extenuante de la balcanización. En la semicolonia la contradicción fundamental no surge de la oposición entre los intereses burgueses y las necesidades proletarias, sino que deriva de la existencia de un país opresor extranjero al cual se opone el frente plebeyo de las clases oprimidas. Así como la balcanización explica la dependencia, en la tarea de construcción de la nación continental se encuentra la clave emancipadora.

En la concepción de la nación latinoamericana tratan de superarse las falencias propias de las interpretaciones indigenistas e hispanistas. En las primeras se considera a la cultura indígena como la base fundamental de la nacionalidad (Manuel Gamio, José Mariátegui, etc.) y en las segundas la identidad se apoya en la cultura ibérica (Rómulo Carbia, Vicente Sierra, etc.). Una ve el comienzo de la sumisión en la conquista española, y la otra lo encuentra en el inicio de la emancipación americana. Ramos se instala en una tercera corriente que encuentra en el mestizaje el sustento de la conformación de un pueblo nuevo en el cual convergen la indianidad, la latinidad y la negritud. Esta vertiente latinoamericanista (José Vasconcelos, Manuel Ugarte, Leopoldo Zea, etc.) reconoce la nación como resultado de aportes múltiples a los cuales se fueron agregando -después- los propios de la inmigración europea masiva. En consecuencia, rechaza la leyenda negra que condena la conquista, y la leyenda rosa que la enaltece.

A medida que Ramos fue consolidando su obra historiadora resultó evidente el afán de superar la producción historiográfica de entonces con la articulación de una nueva versión del pasado nacional. Para esa elaboración no partía del vacío. Recogió aportes del revisionismo inicial que tuvo matriz liberal en Juan B. Alberdi, Adolfo Saldías y David Peña, entre otros. También recibió contribuciones del revisionismo rosista que se vio precisado a reestructurar, eligiendo con mayor dilección las elaboraciones forjistas, en especial de Scalabrini Ortiz y de Jauretche. Todo un vasto discurso latinoamericanista -que no receptó acríticamente- respalda su postura: de Martí a Mariátegui, de Rodó a Vasconcelos, de Darío a Ugarte, y tantos otros autores que reviven en sus páginas estableciendo las seculares hermandades y enemistades de los latinoamericanos.

(1) Fragmento del texto extraído de la publicación digital Izquierda Nacional: http://www.izquierdanacional.org


Carta de Perón a Ramos

Madrid, lunes 29 de mayo de 1967

Señor Don Jorge Abelardo Ramos

Buenos Aires

Estimado amigo:

A mi regreso de un viaje de "manzanillización" a Sevilla, me encuentro con su carta y los ejemplares N° 3 y 4 de la revista "Izquierda Nacional" que tuvo usted la amabilidad de enviarme. Le agradezco su recuerdo: he leído con todo interés el material, sin desperdicio, de su contenido que comparto en un todo porque la verdad habla sin artificios. Una izquierda nacional, en la que orgullosamente me cuento, que sale a la palestra con verdades como puños sin preocuparse de que, en nuestros días, lo más peligroso suele ser decir la verdad. Llega poco a poco el día en que todos comenzamos a "hablar un mismo idioma" como iniciación de una unidad y solidaridad que está ya tardando en llegar y que será la única manera de encarar una liberación impostergable.

"La segunda revolución libertadora", excelente artículo de una verdad aterradora. La tan mentada "Revolución Argentina" es efectivamente la "segunda revolución libertadora" aunque sus consecuencias serán provechosas para nuestro pueblo. No sé si nosotros habremos sido demasiado buenos pero, los que nos han sucedido han sido tan malos que, en último análisis, venimos resultando óptimos. Estos nuevos "salvadores de la Patria" no harán sino confirmar el viejo refrán castellano: "detrás de mí vendrán los que grande me harán", lástima grande que sea el Pueblo inocente el que ha de pagar las consecuencias.

Desde la distancia y con la información que poseo puedo apreciar que desde el 28 de junio (*) hasta el relevo de los primeros ministros, la dictadura militar se ha debatido en una lucha sorda dentro de su "gobierno" entre los grupos interesados en copar el poder "detrás del trono" en la que han intervenido desde los grupos nacionalistas clericales hasta los de los gorilas contumaces pasando como ustedes dicen por los sectores de una versión inorgánica de los intereses de la burguesía nacional y las exigencias de la oligarquía vacuna. Mientras ello sucedía, la acción monopolista foránea y sus "cipayos"vernáculos, se encargaban de crear en el país un estado económico que obligara a la dictadura a caer en sus manos. El nombramiento de Krieger Vasena, conocido agente de los monopolios, demuestra que esos son los intereses que han vencido. Sus declaraciones iniciales y su acción ulterior están demostrando que no puede quedar lugar a dudas.

La campaña de intimidación, minuciosamente planeada y aplicada a continuación del fracaso del Plan de Lucha de la CGT, con la intención de paralizar toda acción de la resistencia popular nos demuestra que estamos frente al enemigo más peligroso que hemos enfrentado desde 1955: a la fuerza que esgrimen los militares que usurparon el poder, se agrega la habilidad de los grupos que sirven a los monopolios y la incapacidad y deshonestidad de muchos dirigentes sindicales que no sé si son tan incapaces como deshonestos. Esto nos debe hacer pensar en la necesidad imprescindible de reaccionar rápidamente hacia la unidad y solidaridad de todas las fuerzas populares. Ya no se trata de defender sindicatos, ni los intereses parciales, sino de la existencia misma de toda nuestra organización de la clase trabajadora argentina. Dentro de ello no cabe ya el egoísmo sindical de cada Comisión Directiva sino de articular una lucha de conjunto con disciplina y unidad de acción, porque a la unidad de nuestros enemigos no podemos sino oponerle nuestra propia unidad. A la oligarquía vacuna, a los intereses agroexportadores y la burguesía industrial, decididas a arruinar al proletariado argentino con la ayuda de las Fuerzas Armadas convertidas en "cipayos" del imperialismo, se les ha de oponer la decidida resolución del Pueblo que, dispuesto a todo, ha de oponer a la intimidación hechos fehacientes en los que demuestra que en la destrucción del pueblo estará implícita la destrucción de los demás y que si la clase trabajadora se hunde, se hundirán también las fuerzas que la condenan. Ello impone primero la unidad y solidaridad en nuestras fuerzas, segundo la purificación en su horizonte dirigente y tercero una planificación en la que vaya, desde la contraintimidación hasta la realización de medidas que no dejen lugar a dudas sobre la decisión de los trabajadores de llegar a los extremos que sea preciso llegar. Muchas veces he repetido a los peronistas que los pueblos que no quieren luchar por su liberación, merecen la esclavitud y nunca ha sido ese consejo más apropiado que en las actuales circunstancia.

Pero, esta lucha ha de ser inteligente: no se trata de oponer la fuerza al poder militar sino la habilidad. Según rige en los principios de la conducción, no se puede empeñar una batalla contra un enemigo más fuerte, pero sí se puede diluir la lucha en miles de pequeños combates donde uno se asegura el éxito y que sumados representan otra batalla librada en una lucha de guerrillas que no sólo da éxitos parciales sino que termina por desgastar las fuerzas adversarias. No es posible exponer al ciudadano inerme frente a la fuerza armada, pero sí es posible que este ciudadano, usando sus recursos, pueda producir un mal mayor en contra del enemigo que pretende batir, en este caso la dictadura militar, pegando donde duele, y cuando duele, allí donde la fuerza esté, nada, pero donde no esté la fuerza, todo. Cuando la reacción y las fuerzas que la sirven se percaten de que pueden perderlo todo, lo pensarán muy bien.

Sobre el asunto de mi conferencia reservada del 11 de noviembre de 1953 que aparece publicada en el N° 3 de "Izquierda Nacional" es absolutamente real. Nuestra política internacional estaba orientada hacia la integración geopolítica y hacia una integración histórica. La primera con los siguientes objetivos: suprimir los límites para un mejor aprovechamiento económico y técnico de América Latina; para formar luego un núcleo de países en condiciones de tratar sin desventajas con las grandes potencias (EEUU y Rusia); para impedir que nos siguieran dividiendo en provecho de esos intereses; para elevar el "standard" de vida de nuestros habitantes y para echar las bases de los futuros Estados Unidos de Sudamérica. La integración histórica en un "Tercer Mundo" para consolidar nuestras liberaciones por una unidad y solidaridad continental latinoamericana.

Cuando se firmó el tratado de Santiago de Chile, parecía que todos nuestros países lo firmarían y así lo hicieron en su mayoría, hasta que intervinieron fuerzas extracontinentales y "metieron el palo en la rueda" a través de la acción de Brasil y de Perú. Los norteamericanos formaron luego, por manos cipayas, la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, con la finalidad de enterrar nuestro intento de integración, lo mismo que hizo Inglaterra cuando se formó la Comunidad Económico Europea. Ahora son los yanquis los que en Punta del Este propugnan la integración, pero esta vez se trata de una "integración sometida", es decir, un estatuto colonial, bajo la presión y al servicio de nuestros "hermanos del Norte". Es que la ALALC estaba destinada al mismo fracaso de la Comunidad Europea de Libre Comercio, creada por Inglaterra bajo la dirección norteamericana, que acaba de derrumbarse ante las efectividades económicas del Mercado Común Europeo hasta el extremo de que Inglaterra y sus seis acompañantes, mendigan ahora el permiso para ser admitidos en la Comunidad Económica Europea.
En 1953, pese al cipayismo dominante, estuvimos a un paso de realizarlo. Desde entonces hasta ahora, se ha perdido terreno. Espero que la juventud sudamericana tomará nuestro "testimonio" y lo llevará a su destino. Si no es así, pasarán muy malos ratos.

Con referencia al momento actual argentino, todo parece articularse alrededor de la situación económica y sus consecuencias sociales. El plan Krieger Vasena se evidencia cada día más como un gran camelo nacional. Los inevitables intereses creados y el temor de la gente impide que ese plan sea desenmascarado lisa y llanamente, pero por sobre todo el temor que parece haberse apoderado de importantes sectores de opinión independiente, un temor sutil e invisible que, en último análisis, no hace más que reflejar la presencia de un formidable aparato de represión que no se muestra desembozadamente pero que realmente existe y actúa en las formas más imprevisibles.

La toma del poder por un sector del mismo sistema -en este caso las fuerzas armadas- al margen del Pueblo en la actualidad cuesta mucha plata. En el pasado, el cambio más o menos violento del poder no alteraba esencialmente el ritmo económico, pero hoy las cosas son muy distintas, máxime si ese golpe, como se ve cada día, se realiza contra el Pueblo. Eso es precisamente lo que estos ingenuos "dictadores de bolsillo" no alcanzan a comprender y ese afán en soluciones que no serán tales mientras tal estado de cosas siga imperando. De afuera no viene ni vendrá ni un cobre. El famoso crédito "stand by" por 400 millones de dólares, está destinado pura y exclusivamente para equilibrar, en caso necesario, la balanza de pagos desfavorable, es decir, son dólares para pagar a los acreedores extranjeros, para que estos no dejen de cobrar, pero no significan ni un centavo de inversión productiva para el país. Esto que es elemental, no sólo no se dice sino que, por el contrario, tal operación aparece publicitada como un éxito financiero del gobierno. Es que todo es así: pura simulación, pero si la simulación puede engañar a los tontos, que son muchos, en cambio no arrima soluciones que es precisamente lo que se necesita.

Frente a lo que se avecina indefectiblemente en los próximos meses, con poco que supiéramos hacer nosotros y, si es posible, el resto de las fuerzas ciudadanas que hayan cedido al temor por la intimidación gorila, todo se pondría en excelentes condiciones. Me temo sin embargo, la indecisión que ya se manifiesta en los sectores políticos de radicales, que se reducen, como siempre, a lanzar manifiestos intrascendentes e inoperantes o los sectores del socialismo cipayo, lleno de simulaciones inconfesables. La unión de toda la ciudadanía formando un frente civilista que supiera oponerse al frente militar oligárquico tendría posibilidades insospechables. Ya el 17 de octubre de 1945 demostramos claramente que, si el poder militar es fuerte, es en cambio muy frágil frente a la resistencia inteligente de un Pueblo decidido a proceder con la misma inteligencia, mediante un poder que permanece oculto pero al que todos temen.

Nuestro problema sigue siendo el mismo: una conducción capacitada. Yo he designado para la conducción táctica al compañero Mayor Don Bernardo Alberte. Es como yo, un político aficionado pero un conductor profesional que domina la teoría, la técnica y la práctica de la conducción. Era uno de los hombres de reserva que tenía el Peronismo y se lo ha empleado por lo crítico de la situación actual. Yo lo conozco profundamente y sé que posee valores efectivos. Si todos le "ponen el hombro", estoy absolutamente persuadido de su éxito. El Peronismo me ha pedido siempre que nombre un jefe que sea tal y que me represente: lo he hecho con él. Espero que todos le obedezcan y le ayuden.
Le ruego haga llegar mis más afectuosos saludos a los amigos del Partido Socialista de la Izquierda Nacional, con mis mejores deseos por el éxito futuro.

Un gran abrazo.
Juan Perón

Fuente: Izquierda Nacional, http://www.izquierdanacional.org/web-anterior/los70/set06.html


Video de Juan Domingo Perón sobre la unidad latinoamericana

 


Zamba de la Izquierda Nacional

(Letra de Pericles Dentesano, música de "La Sanlorenceña")

Levanta su pabellón
La Izquierda Nacional
Y en su roja bandera
Las montoneras resurgirán

Gauchos de López Jordán
Y del Chacho inmortal
Con Facundo en La Rioja
Bandera roja levantarán.

Estribillo:

Pero ¡alerta americanos!
Que en la lucha nacional
América Latina,
la Patria Grande,
nos unirá.
Porque ése fue el sueño
Del Gran Artigas,
Simón Bolívar,
y San Martín.

El 16 radical, del peonaje expresión
Y en el 45, descamisados en rebelión
La clase trabajadora hará la revolución
Y será socialista la gran bandera de mi Nación

Estribillo

Pero ¡alerta americanos!
Que en la lucha nacional
América Latina,
la Patria Grande,
nos unirá.
Porque ése fue el sueño
Del Gran Artigas,
Simón Bolívar,
y San Martín.


Discurso del "Che" Guevara sobre el imperialismo

 


Discurso del "Che" Guevara en el que reivindica la educación, el trabajo y la lucha de liberación contra el imperialismo

 


Discursos Perón y Evita, 1947

 


El Cordobazo

 


Arturo Jauretche - Estatuto legal del coloniaje (entrevista)


Entrevista a Fidel Castro sobre el asalto a la Moncada

Relata Fidel los objetivos y detalles del asalto a la Moncada

Resumen de las conversaciones sostenidas por el Presidente cubano con periodistas suecos que lo acompañaron a recorrer los escenarios de los sucesos del 26 de julio de 1953.

Periodista: ¿...la estrategia del Moncada era tomar ese campamento para armar luego al pueblo y seguir una guerra?

Fidel: Nosotros pensábamos ocupar las armas del campamento en Santiago de Cuba, hacer un llamamiento a la huelga general de todo el pueblo, partiendo de la situación de descontento y de odio hacia Batista y utilizar las estaciones de radio para un llamamiento a la huelga general. Si no se lograba la paralización del país el objetivo nuestro era después ir hacia las montañas para librar una guerra irregular en las montañas.

Periodista: ¿...de dónde partieron los vehículos que fueron a atacar el Cuartel?

Fidel: Desde aquí... (la granjita Siboney) Esta casa sirvió primero para concentrar las armas, y por último, para concentrar el personal. Esta carretera sale a una avenida, la avenida al Cuartel, y tácticamente era el mejor lugar para esa operación. Aquí se disimulaba esto con el pretexto de que se estaba fundando una granja avícola en este lugar (en las afueras de Santiago de Cuba).

Periodista: Pero aquí no se hizo ningún entrenamiento, solo la concentración...

Fidel: Aquí no se podía hacer entrenamiento porque era muy arriesgado; el entrenamiento lo hicimos en La Habana... Llegamos a entrenar más de mil hombres... Aquí concentramos al personal que iba a atacar el Moncada. Ciento treinta y cinco hombres se reunieron aquí en la madrugada del día 26 de julio, mientras otro grupo estaba en la zona de Bayamo. Porque militarmente nosotros pensábamos tomar el Moncada y Bayamo (el cuartel), para tener una vanguardia organizada en la dirección principal de contraataque posible de Batista.

Periodista: ¿...Aquí se montaron en los carros y en los autos que fueron?

Fidel: Por ahí hay un pozo donde guardamos las armas, porque las armas nuestras las conseguimos en las armerías, eran armas de caza... El grueso de nuestras armas eran de este tipo de escopeta, calibre 12, calibre 16 y fusiles de 22 milímetros. La única arma de guerra es un fusil M-1 que se utilizaba de entrenamiento en la Universidad (de La Habana).
Otro hecho:... Todos nuestros uniformes eran uniformes del Ejército, que los habíamos adquirido a través de un compañero nuestro que estaba en el Ejército de Batista...
El elemento sorpresa era el factor decisivo de la operación... Al Ejército de Batista íbamos a tomarle la segunda fortaleza militar del país, que tenía más de mil hombres. Y se habría podido tomar. Aún hoy pienso que el plan no era un mal plan; era un buen plan.

Periodista: El problema fue el desvío de la otra fuerza.

Fidel: El problema fundamental es que con motivo de los carnavales, que nosotros habíamos planificado nuestra acción durante el carnaval, para poder movilizar más fácilmente a nuestras fuerzas, en esos días precisamente ellos redoblaron la guardia y establecieron una posta cosaca alrededor del Regimiento...Y lo que complicó la situación definitivamente fue el choque con la guardia cosaca alrededor del cuartel y por la calle principal por donde íbamos nosotros. Y origina un combate fuera del cuartel. De lo contrario, nosotros habríamos podido tomar el cuartel perfectamente bien.

Periodista: ¿Cuántos carros eran en total?

Fidel: Primero salieron los carros que iban a tomar el Hospital Civil, eran tres. Después, los carros que iban a tomar la Audiencia, eran dos... treinta y cinco hombres. Y después conmigo iban los carros que iban a tomar el Cuartel, que eran alrededor de catorce carros... Yo llevaba alrededor de noventa hombres...(Fidel y los periodistas arriban al Cuartel Moncada, donde prosigue el relato)
Entonces le voy a decir dónde se produce la crisis; se produce aquí. ¿Por qué? Porque la posta cosaca venía en esta dirección hacia acá y nos la encontramos aquí; pero un carro había pasado delante de nosotros, que es el que tenía que desarmar la posta, y el carro llegó-llevaba cien metros delante de nosotros-y desarmó la posta. Pero la posta cosaca vio pasar el primer carro y se quedó mirando; y cuando vio que el carro desarmó a la posta allí, se puso en guardia, alerta...
El resultado fue que el combate se empieza a desarrollar fuera del cuartel, y el combate tenía que desarrollarse dentro del cuartel.

Periodista: Entonces se movilizó el cuartel.

Fidel: Se movilizó el Regimiento y organizó la defensa. Eso fue lo que impide...Porque realmente la posta cosaca era una cosa nueva, que la habían puesto con motivo de los carnavales. El plan realmente...Allí tenía que empezar cuando nos franqueara la posta. Pero resulta el encuentro con la posta cosaca...
Yo creo que si hubiéramos seguido, sin hacerle caso a la posta los otros carros, habríamos tomado el cuartel. Fue el más grave. Si no llega a ocurrir el incidente de la posta cosaca, nosotros tomamos el Cuartel, porque la sorpresa era total. Era un buen plan. Y si fuera necesario hacer un plan ahora, con la experiencia que ya tenemos, haríamos un plan más o menos igual. El plan era bueno.

[Publicado en Revista Casa de las Américas, 1978]


La lucha antiimperialista es la clave de la liberación (1)

[Entrevista a León Trotsky por Mateo Fossa, 23 de septiembre de 1938]

Fossa: En su opinión, ¿cómo se desarrollará la actual situación en Europa?

Trotsky: Es posible que también esta vez la diplomacia logre llegar a un corrupto compromiso. Pero no durará mucho. La guerra es inevitable, y estallará en un futuro inmediato. Las crisis internacionales se suceden. Estas convulsiones son los dolores de parto de la próxima guerra. Cada nuevo paroxismo será más agudo y peligroso. Actualmente no veo en el mundo ninguna fuerza que pueda detener el desarrollo de este proceso, es decir, el nacimiento de la guerra. Indefectiblemente una horrible masacre se hará presa de la humanidad.
Por supuesto, una oportuna reacción revolucionaria del proletariado internacional podría paralizar el trabajo rapaz de los imperialistas. Pero tenemos que mirar cara a cara a la realidad. La inmensa mayoría de las masas trabajadoras europeas siguen la dirección de la Segunda y la Tercera Internacional. Los dirigentes de la Internacional Sindical de Amsterdam apoyan plenamente la política de la Segunda y la Tercera Internacional y participan con ellas en los llamados “frentes populares” [2].
La política del “frente popular”, como lo demuestran los ejemplos de España, Francia y otros países, consiste en subordinar al proletariado al ala izquierda de la burguesía. Pero toda la burguesía de los países capitalistas, tanto la de derecha como la de “izquierda”, está impregnada de chovinismo e imperialismo. El “frente popular” sirve para hacer de los obreros carne de cañón de su burguesía imperialista. Y para nada más.
En la actualidad, la Segunda Internacional, la Tercera y la de Amsterdam son organizaciones contrarrevolucionarias cuyo objetivo es frenar y paralizar la lucha revolucionaria del proletariado contra el imperialismo “democrático”. En tanto no se elimine a la dirección criminal de estas internacionales, los obreros serán impotentes para oponerse a la guerra. Esta es la amarga e ineludible verdad. Tenemos que saber enfrentarla y no consolarnos con ilusiones y balbuceos pacifistas. ¡La guerra es inevitable!

Fossa: ¿Cuáles serán las consecuencias de la lucha que se libra en España en el movimiento obrero internacional?

Trotsky: Para comprender correctamente el carácter de los próximos acontecimientos, ante todo tenemos que dejar de lado la falsa teoría, totalmente errónea, de que la inminente guerra se librará entre el fascismo y la “democracia”. Nada más falso y tonto que esta idea. Sus intereses contradictorios dividen a las “democracias” imperialistas en todo el mundo. No sería difícil encontrar a la Italia fascista en el mismo bando que Gran Bretaña y Francia si pierde la fe en el triunfo de Hitler. La semifascista Polonia se unirá a unos u otros, según las ventajas que le ofrezcan. En el curso de la guerra la burguesía francesa, para mantener sometidos a sus obreros y obligarlos a luchar “hasta el fin”, puede sustituir su “democracia” por el fascismo. La Francia fascista, igual que la “democrática”, defendería sus colonias con las armas en las manos. El carácter rapaz de la nueva guerra imperialista se demostrará mucho más abiertamente que en la de 1914-1918. Los imperialistas no luchan por principios políticos sino por mercados, colonias, materias primas, la hegemonía sobre el mundo y toda su riqueza.
El triunfo de cualquiera de los bandos imperialistas significaría la esclavitud definitiva de toda la humanidad, el doble encadenamiento de las actuales colonias y de todos los países débiles y atrasados, entre ellos los pueblos de Latinoamérica. El triunfo de cualquiera de los bandos imperialistas traería la esclavitud, la desgracia, la miseria, la decadencia de la cultura humana.
¿Cuál es la salida me pregunta usted? Personalmente, no me cabe ninguna duda de que una nueva guerra provocará una revolución internacional contra el dominio de la humanidad por las rapaces camarillas capitalistas. Durante la guerra desaparecerán todas las diferencias entre la “democracia” imperialista y el fascismo. En todos los países se impondrá una despiadada dictadura militar. Los obreros y campesinos alemanes morirán igual que los franceses y los ingleses. Los modernos medios de destrucción son tan monstruosos que probablemente la humanidad sólo podrá soportar la guerra durante unos pocos meses. La desesperación, la indignación, el odio, empujarán a las masas de todos los países beligerantes a sublevarse con las armas en las manos. El triunfo del proletariado mundial pondrá fin a la guerra y resolverá también el problema español, al igual que todos los problemas actuales de Europa y otras partes del mundo.
Esos “dirigentes obreros” que quieren atar al proletariado al carro de guerra del imperialismo que se cubre con la máscara de la “democracia” son ahora los peores enemigos y los traidores directos de los trabajadores. Tenemos que enseñar a los obreros a odiar y a despreciar a los agentes del imperialismo porque les envenenan la conciencia. Debemos explicarles que el fascismo es sólo una de las formas del imperialismo, que no debemos combatir los síntomas externos del mal, sino sus causas orgánicas, es decir, el capitalismo.

Fossa: ¿Cuál es la perspectiva de la revolución mexicana? ¿Cómo ve usted la devaluación de la moneda en relación con la expropiación de las riquezas en tierras y petróleo?
Trotsky: No puedo tratar detalladamente estos problemas. La expropiación de las tierras y las riquezas naturales constituye para México una medida de autodefensa nacional absolutamente indispensable. Ninguno de los países latinoamericanos podrá conservar su independencia si no satisface las necesidades cotidianas del campesinado. La disminución del poder adquisitivo de la moneda es sólo una de las consecuencias del bloqueo imperialista contra México que ya comenzó. Cuando se lucha, las privaciones materiales son inevitables. La salvación es imposible sin sacrificios. Capitular ante los imperialistas significaría entregarles todas las riquezas del país y condenar al pueblo a la decadencia y la extinción. Por supuesto, las organizaciones obreras tienen que controlar que el peso del alza del costo de la vida no caiga fundamentalmente sobre los trabajadores.

Fossa: ¿Qué me puede decir sobre la lucha de liberación de los pueblos latinoamericanos y sus futuros problemas? ¿Cuál es su opinión sobre el aprismo? [3]

Trotsky: No conozco suficientemente la situación de cada uno de los países latinoamericanos como para permitirme una respuesta concreta a las cuestiones que usted plantea. De todos modos me parece claro que las tareas internas de estos países no se pueden resolver sin una lucha revolucionaria simultánea contra el imperialismo. Los agentes de Estados Unidos, Inglaterra, Francia (Lewis, Jouhaux, Toledano, los stalinistas) tratan de sustituir la lucha contra el imperialismo por la lucha contra el fascismo. En el último congreso contra la guerra y el fascismo fuimos testigos de sus criminales esfuerzos en este sentido [4]. En los países latinoamericanos los agentes del imperialismo “democrático” son especialmente peligrosos, pues tienen más posibilidades de engañar a las masas que los agentes descubiertos de los bandidos fascistas.
Tomemos el ejemplo más simple y obvio. En Brasil reina actualmente un régimen semifascista al que cualquier revolucionario sólo puede considerar con odio. Supongamos, empero, que el día de mañana Inglaterra entra en un conflicto militar con Brasil. ¿De qué lado se ubicará la clase obrera en este conflicto? En este caso, yo personalmente estaría junto al Brasil “fascista” contra la “democrática” Gran Bretaña. ¿Por qué? Porque no se trataría de un conflicto entre la democracia y el fascismo. Si Inglaterra ganara, pondría a otro fascista en Río de Janeiro y ataría al Brasil con dobles cadenas. Si por el contrario saliera triunfante Brasil, la conciencia nacional y democrática de este país cobraría un poderoso impulso que llevaría al derrocamiento de la dictadura de Vargas. Al mismo tiempo, la derrota de Inglaterra asestaría un buen golpe al imperialismo británico y daría un impulso al movimiento revolucionario del proletariado inglés. Realmente, hay que ser muy cabeza hueca para reducir los antagonismos y conflictos militares mundiales a la lucha entre fascismo y democracia. ¡Hay que saber descubrir a todos los explotadores, esclavistas y ladrones bajo las máscaras con que se ocultan!
En todos los países latinoamericanos los problemas de la revolución agraria están indisolublemente ligados a la lucha antimperialista. Los stalinistas, traidoramente, paralizan a ambas.
En sus negociaciones con los imperialistas, los países latinoamericanos sólo le sirven al Kremlin de moneditas para el cambio menudo. A Washington, Londres y París, Stalin les dice: “Reconózcanme como su igual y yo les ayudaré a aplastar el movimiento revolucionario de las colonias y semicolonias; para eso tengo a mi servicio a centenares de agentes como Lombardo Toledano”. El stalinismo se ha transformado en la lepra del movimiento de liberación.
No conozco al aprismo como para arriesgar un juicio definitivo. En Perú la actividad de este partido es ilegal y por lo tanto difícil de observar. En el congreso de setiembre contra la guerra y el fascismo, el APRA, junto con los delegados de Puerto Rico, adoptó una posición que, hasta donde yo la puedo juzgar, fue valiosa y correcta. Sólo queda esperar que el APRA no caiga en la trampa de los stalinistas, ya que ello paralizaría la lucha por la liberación del Perú. Creo que los acuerdos con los apristas, para determinadas tareas prácticas, son posibles y deseables a condición de mantener una total independencia organizativa.

Fossa: ¿Qué consecuencias tendrá la guerra en los países latinoamericanos?

Trotsky: Sin duda, ambos campos imperialistas se esforzarán por atraer a los países latinoamericanos hacia la vorágine de la guerra, para luego esclavizarlos completamente. La hueca charla “antifascista” sólo sirve para preparar el terreno a uno solo de ambos imperialismos. Para enfrentarse a la ya preparada guerra mundial, los partidos revolucionarios de América Latina deben asumir inmediatamente una actitud irreconciliable hacia todos los grupos imperialistas. Los pueblos latinoamericanos tendrán que estrechar más íntimamente sus lazos en base a la lucha por su autopreservación.
En el primer período de la guerra, la posición de los países débiles puede llegar a ser muy difícil. Pero, con el correr de los meses, los imperialistas se tornarán más y más débiles. La lucha mortal entre ellos permitirá a los países coloniales y semicoloniales levantar sus cabezas. Por supuesto, esto se aplica también a los países latinoamericanos. Serán capaces de lograr su propia liberación si a la cabeza de las masas se colocan partidos antimperialistas y sindicatos verdaderamente revolucionarios. Uno no se puede escapar de las trágicas situaciones históricas por medio de triquiñuelas, frases huecas o mezquinas mentiras. Debemos decir a las masas la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.

Fossa: En su opinión, ¿cuáles son las tareas que deben encarar los sindicatos, y qué métodos deben utilizar?

Trotsky: Para que los sindicatos puedan nuclear, educar y movilizar al proletariado para la lucha por la liberación, tienen que superar los métodos totalitarios del stalinismo. Los sindicatos deben abrir sus puertas a los obreros de todas las tendencias políticas, a condición de que en la acción se respete la disciplina. Quien utiliza los sindicatos como un arma para lograr objetivos que le son ajenos -especialmente como un arma de la burocracia stalinista y el imperialismo “democrático”- inevitablemente divide a la clase obrera, la debilita y favorece a la reacción. Que reine una democracia total y honesta en los sindicatos es la condición más importante para que haya democracia en el país.
Para concluir, le pido que transmita mis saludos fraternales a los obreros de Argentina. No dudo de que ni por un momento han creído las desagradables calumnias que esparcieron por todo el mundo las agencias stalinistas en contra de mí y de mis amigos. La lucha que libra la Cuarta Internacional contra la burocracia stalinista es la continuación de la gran lucha histórica de los oprimidos contra los opresores, de los explotados contra los explotadores. La revolución internacional liberará a todos los oprimidos, incluyendo a los obreros de la URSS.

Notas
[1] Tomado de la versión publicada en Escritos, Tomo X, pág. 39, Editorial Pluma.
[2] Internacional de Amsterdam: con este nombre se conocía popularmente a la Federación Sindical, dominada por los socialdemócratas, cuyo centro estaba en Amsterdam. El Frente Popular es la coalición gubernamental de los partidos comunistas y socialistas con los partidos burgueses alrededor de un programa capitalista liberal. La Comintern adoptó la política del frente popular en su Séptimo Congreso (1935).
[3] APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana): fundada en 1924 por el peruano Haya de la Torre. En su momento de apogeo hubo movimientos apristas en Cuba, México, Perú, Costa Rica, Haití y Argentina. Fue el primer movimiento que planteó la necesidad de unificación económica y política de América Latina contra la dominación imperialista. De carácter populista, su programa consistía de cinco puntos: acción contra el imperialismo yanqui; unidad de América Latina; industrialización y reforma agraria; internacionalización del Canal de Panamá y solidaridad mundial de todos los pueblos y clases oprimidas. El APRA posteriormente degeneró en un partido reformista liberal, anticomunista y pro-capitalista.
[4] El “Congreso Mundial contra la Guerra y el Fascismo” tuvo lugar en México el 12 de septiembre de 1938. Sus organizadores stalinistas pretendían alinear al movimiento obrero internacional en la inminente guerra, en la defensa de los imperialistas “democráticos” contra los países fascistas; se designó “a dedo” a los delegados teniendo en cuenta este objetivo. Sin embargo, los delegados mexicanos, portorriqueños y peruanos alegaron que los gobiernos aliados también eran responsables de la guerra que estaba por estallar.

Fuente: http://www.marxists.org/espanol/trotsky/ceip/latin/22.LA%20LUCHA%20ANTIIMPERIALISTA%20ES%20LA%20CLAVE%20DE%20LA%20LIBERACION.htm


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