MAPA DEL PSICOANALISIS
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¿Está superado el psicoanálisis?, por
Elizabeth Roudinesco

En 1992, en un libro colectivo, Peter Kutter enumeró cuarenta y un países en los que el psicoanálisis ha influido (mucho o poco) desde principios de siglo: Alemania, Argentina, Australia, Austria (Viena), Bélgica, Brasil, Bulgaria, Canadá, Chile, China, Colombia, Corea (del Sur), Croacia, España, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Grecia, Hungría, India, Israel, Italia, Japón, Lituania, México, Holanda, Países escandinavos (Dinamarca, Finlandia, Noruega, Suecia), Perú, Polonia, Portugal, República Checa, Rumania, Rusia, Serbia, Eslovenia, Suiza, Uruguay, Venezuela.
La International Psychoanalytical Association (IPA), por su lado, afirma estar implantada en treinta y dos países. La diferencia se debe a que la IPA no ha integrado aún a todos los grupos en vías de formación en los países donde el comunismo se derrumbó después de 1989.
Sea como fuere, todos los estudios demuestran que el psicoanálisis se implantó en cuatro de los cinco continentes, con un fuerte predominio en Europa y América (del Norte y del Sur).
Ligado a la industrialización y al debilitamiento de las creencias religiosas y del patriarcado tradicional, el psicoanálisis es en todas partes un fenómeno urbano. El freudismo dispensa su enseñanza, erige sus institutos y sus asociaciones en grandes ciudades, cuyos habitantes están en general desarraigados, replegados en un núcleo familiar restringido, e inmersos en el anonimato o el cosmopolitismo. ¿Es esta soledad propicia a la exploración del inconsciente?
En África, solamente un pionero, Wulf Sachs, emigrado de Rusia, logró formar un grupo que posteriormente se deshizo. A fines del siglo XX está en vías de constitución un grupo nuevo (en Sudáfrica, desde la finalización del apartheid).
En lo que concierne al continente asiático, el psicoanálisis se implantó en la India gracias a un pionero, Girindrashekhar Bose, y por la vía de la colonización inglesa, pero sin tomar la forma de un verdadero movimiento. En Japón, en cambio, existe una fuerte corriente de psiquiatría dinámica y un pequeño movimiento psicoanalítico, compuesto por varias tendencias (lacanismo, freudismo, kleinismo). Éste se extendió a algunos grupos coreanos a partir de 1930, esencialmente en torno a los trabajos de la escuela inglesa (Melanie Klein, Donald Woods Winnicott, etcétera). En Israel, fueron Max Eitingon y Moshe WuIff quienes fundaron (en Palestina) una sociedad psicoanalítica, mientras que en el Líbano, libaneses y franceses de origen libanés crearon en 1980 la Sociedad Libanesa de Psicoanálisis (SLP).
En China, después de un movimiento de higiene mental y reforma del asilo signado por la introducción de la terminología de Emil Kraepelin y las tesis de Adolf Meyer, el régimen comunista ha impedido desde 1949 cualquier implantación del psicoanálisis. No obstante, varias obras de Freud han sido traducidas, y son leídas por intelectuales o terapeutas: La interpretación de los sueños, Tres ensayos de teoría sexual, Tótem y tabú, El malestar en la cultura.
Sólo en el área llamada de la civilización occidental el psicoanálisis floreció como movimiento de masas, con diferencias considerables entre país y país.
En Europa, tales diferencias están vinculadas con la evolución de las naciones y los Estados entre 1900 y 1990. A principios de siglo, el psicoanálisis se desarrolló en un espacio dominado por cuatro potencias centrales: al norte, el Imperio Prusiano autoritario; en el centro, el Imperio Austro-Húngaro en decadencia; al este, el Imperio Ruso en vísperas de una revolución, y al sur, el Imperio Otomano en vías de desalojo.
En los dos primeros imperios (y una parte del tercero) había diseminadas comunidades judías atravesadas por varias corrientes ideológicas, entre ellas la Ilustración (Haskalah); de este grupo provenían la casi totalidad de los freudianos. Fueran alemanes, vieneses, húngaros, checos, croatas, eslovacos, polacos o rusos, estos judíos eran todos de lengua y cultura alemana (incluso cuando estaban "magiarizados", como en Hungría). En estos imperios se constituyó desde fines del siglo XVIII un movimiento de reforma del saber psiquiátrico que transformó el tratamiento de la locura y de las enfermedades psíquicas.
En el sur, cinco Estados habían instaurado nuevas monarquías, mientras seguían sometidas al Imperio Otomano: Bulgaria, Rumania, Serbia, Grecia y Montenegro. En estos países de fronteras inciertas, las minorías judías eran importantes, pero no había ningún movimiento de reforma capaz de favorecer la implantación del saber psiquiátrico y la afirmación de una nueva mirada sobre la locura. En consecuencia, el psicoanálisis siguió siendo un fenómeno marginal, vinculado a algunos pioneros abiertos a la cultura occidental.
En los demás países de Europa (Francia, Gran Bretaña, Italia, Suiza, Bélgica, Holanda, Suecia, Noruega, Dinamarca) se habían constituido democracias modernas: monarquías constitucionales o democracias parlamentarias. Fue allí donde el psicoanálisis se desarrolló a partir de 1913, transformándose radicalmente a medida que se derrumbaban los antiguos imperios centrales en los que habían nacido. Con una excepción: la Península Ibérica (España, Portugal). A principios de siglo, ésa era la única parte del oeste de Europa que había conservado regímenes monárquicos tradicionales, aunque en notoria declinación. Ésa no fue una tierra que acogiera al psicoanálisis, y sus partidarios emigraron a América latina en el momento de la guerra civil (1936-1939). Después, el franquismo obstaculizó la implantación del freudismo.
De modo que, nacido en el corazón del Imperio Austro-Húngaro, el psicoanálisis sedujo a una primera generación de pioneros de lengua alemana, llegados de todos los lugares de la Mitteleuropa y provenientes en general de un ambiente de comerciantes o intelectuales judíos. Entre 1902 y 1913 conquistó tres "tierras prometidas" (o Estados democráticos) donde se habían desarrollado, según el ideal de la época protestante, los grandes principios de la psiquiatría dinámica: Suiza, Gran Bretaña y los Estados Unidos.
A partir de 1913, sobre todo después de la Primera Guerra Mundial, progresó en dos países "latinos" (Francia e Italia), y después en los países nórdicos (Suecia, Dinamarca, Holanda, Noruega, Finlandia), donde tropezó con resistencias específicas, vinculadas con las crisis políticas de la IPA.
La derrota de los grandes imperios y los tratados de Versailles, Trianón y Saint-Germain trastornaron el mapa de Europa, retrazando las fronteras y generando la emergencia de nuevos Estados (Polonia, Chescoslovaquia, Yugoslavia), que no tuvieron tiempo de estructurarse antes de la llegada del nacionalsocialismo.
La victoria del estalinismo en Rusia y el nazismo en Alemania modificó las modalidades de implantación y organización del psicoanálisis en Europa. Entre 1933 y 1941, en olas sucesivas abandonaron Europa los freudianos de la primera y segunda generación: rusos y húngaros refugiados en Alemania y Francia desde 1920, alemanes perseguidos por el nazismo, italianos y españoles acosados por el fascismo y el franquismo, austríacos de la Austria ocupada por las tropas alemanas. A partir de 1939, los suizos instalados en Francia volvieron a su país, algunos franceses salieron del territorio (Marie Bonaparte), y otros se ocultaron o interrumpieron toda actividad pública.
El movimiento migratorio volcó una cuarta parte de la comunidad freudiana continental en Gran Bretaña, las tres cuartas partes en los Estados Unidos, y una ínfima minoría en Sudamérica (Argentina, Brasil). La emigración tuvo tres consecuencias: el refuerzo del poder burocrático de la IPA, el estallido del freudismo clásico en varias corrientes (con las escisiones), y el fin de la supremacía de la lengua alemana, reemplazada por el inglés.
Esta distribución geográfica demuestra que la aceptación o el rechazo dill psicoanálisis no pueden explicarse en primer lugar por los obstáculos mentales o culturales, sino por el contexto histórico, por un lado, y por la situación política, por el. otro.
Para la implantación de las ideas freudianas y la formación de un movimiento psicoanalítico deben cumplirse dos condiciones. Primero, la constitución de un saber psiquiátrico, es decir, una mirada sobre la locura capaz de conceptualizar la noción de enfermedad mental en detrimento de la idea de posesión divina, sagrada o demoníaca. Y, en segundo término, la existencia de un Estado de derecho capaz de garantizar el libre ejercicio de una enseñanza freudiana.
Un Estado de derecho se caracteriza por los límites que pone a su poder sobre la sociedad y los ciudadanos, y por la conciencia de que tiene límites. Sin él, el psicoanálisis no puede ejercerse libremente, transmitirse por la cura o enseñarse en instituciones específicas. En otras palabras, toda implantación del psicoanálisis pasa por el reconocimiento consciente de la existencia del inconsciente, así como la asociación libre, como la técnica de la cura, pasa por el principio político de la libertad de asociación.
En general, la ausencia de uno de estos elementos (o de los dos a la vez) explica la no-implantación o la desaparición del freudismo en los países con dictadura, así como en las regiones del mundo marcadas por el Islam o por una organización comunitaria todavía tribal. Observemos que las dictaduras militares no han impedido la expansión del psicoanálisis en América latina (sobre todo en Brasil y la Argentina). Esto se debe a su naturaleza, diferente de los otros sistemas (estalinismo, nazismo) que lo destruyeron en Europa. Los regímenes de tipo caudillista no pusieron en práctica un plan de eliminación del freudismo como "ciencia judía" (éste fue el caso en Alemania entre 1933 y 1944), ni como "ciencia burguesa" (enfoque de la Unión Soviética entre 1945 y 1989).
Las condiciones de existencia de psicoanálisis parecen responder a una concepción de la libertad humana que está en contradicción con la teoría freudiana del inconsciente. En efecto, ésta demuestra que el hombre no es el amo en su casa, en tanto su libertad está sometida a determinaciones que él no conoce. Pero para que un sujeto pueda hacer la experiencia de esa "herida narcisista" es necesario que la sociedad en la que vive reconozca conscientemente el inconsciente. Así como el ejercicio de la libertad supone ese reconocimiento, también la historia del psicoanálisis está vinculada con la constitución de la noción de sujeto en la historia de la filosofía occidental. En la historia de las revisiones sucesivas de la doctrina freudiana y de su modelo biológico, sólo Jacques Lacan ha tratado de dar consistencia a este vínculo entre el psicoanálisis y la filosofía del sujeto.
A fines del siglo XX, el freudismo retrocede en las sociedades occidentales, en las que durante cien años se reunieron todas las condiciones necesarias para una implantación exitosa del psicoanálisis. Este debilitamiento resulta de una expansión de un nuevo tipo de comunitarismo, en el que el sujeto, reducido a sus raíces, a su grupo o a su individualidad, opta más gustosamente por formas primitivas de psicoterapia (el cuerpo, el grito, el grupo, el juego, la relajación, la hipnosis, la magia, etcétera); se debe también a la pujanza de un nuevo organicismo, que tiende a presentar todos los comportamientos mentales como resultado de un proceso cognitivo articulado a un sustrato genético o biológico.
[Fuente: Diccionario de psicoanálisis - Elizabeth Roudinesco y Michel Plon]
Entrevista a Michel Plon
Por Gilda Sabsay Foks
Gilda Sabsay Foks realizó esta entrevista con Michel Plon, psicoanalista francés
y coautor con Elisabeth Roudinesco del "Diccionario del Psicoanálisis".
Actualmente es Director de Investigación del Centre National de Recherche
Scientifique. Lo polémico de sus respuestas invita a disfrutar la riqueza de la
confrontación.
Gilda Sabsay Foks: Como coautor con Elisabeth Roudinesco del "Diccionario del
Psicoanálisis", ¿cómo ves las corrientes actuales del psicoanálisis?
Michel Plon: Antes que evocar las "corrientes" del psicoanálisis contemporáneo,
las cuales no me parecen haber cambiado mucho en los últimos diez o veinte años
en cuanto a adelantos o relaciones (hablo de las corrientes conocidas,
kleiniana, lacaniana, etc., salvo el llamado winnicottiano que sí tuvo un real
desarrollo) preferiría intentar, por más que sea arriesgado, evaluar la
evolución del movimiento psicoanalítico internacional; intento arriesgado porque
su evolución es rápida, sacudida anualmente por crisis, escisiones,
acercamientos sospechosos y rupturas inesperadas, sobresaltos concernientes
sobre todo al movimiento lacaniano, pero no sólo a éste.
Me parece que una manera clara de ubicarse en esta actividad múltiple -signo de
vitalidad- consistiría en distinguir dos registros, el del trabajo teórico y
clínico por un lado, y por otro el de la acción política, referida ésta a los
asuntos internos del movimiento psicoanalítico o a sus relaciones con el
exterior, poderes públicos de los diferentes países o cuestiones políticas
mundiales.
En cuanto al primer registro, sin estar totalmente informado de las formas de
trabajo realizadas con el nombre de psicoanálisis, afirmaría que el trabajo
teórico y clínico se desarrolla intensamente en Europa (especialmente en España,
Francia e Italia) y en Sudamérica (Argentina, Brasil) y en México, bajo la forma
de asociaciones, grupos de trabajo, seminarios, ciclos de conferencias,
coloquios, publicaciones de libros y revistas, lo que lleva a contactos o
encuentros entre participantes de orientaciones diferentes sin que se
transformen en un formalismo institucional. Afirmaría también que hay pocas
profesiones (o actividad de "oficio" para hablar como Freud) como la de
psicoanalista, cualquiera sea la orientación o corriente, donde se trabaje
tanto, fines de semana y feriados, fuera de las horas consagradas a la escucha
de los pacientes.
La apreciación del segundo registro, el que yo llamo "político" es más compleja,
porque ante todo parece alejado de la actividad del primer registro, y más
preocupado por gestos teatrales cuyo alcance parece limitarse a una caricatura
de encuentros diplomáticos entre representantes de jefes de Estado (un ejemplo
reciente podría ser, cualquiera sean las consecuencias posteriores, creo que muy
limitadas, de la invitación realizada por el actual presidente de la IPA, Daniel
Widlöcher, a algunos representantes de instituciones lacanianas - o supuestas
tales- para exponer, a nivel de "talleres" solamente, en el próximo congreso de
la IPA en Toronto).
En Francia, específicamente, alguien como Jacques-Alain Miller despliega desde
hace algunos meses una intensa actividad en ese registro político, tanto en los
"asuntos" del medio psicoanalítico como de los verdaderamente políticos de la
izquierda francesa y de su futuro después de lo que se llamó el sismo del 21 de
abril 2002 (las elecciones presidenciales francesas), sino también de la
política mundial (cf. los artículos de ese autor en Le Monde del 3/12/02, en
L´Humanité Dimanche del 12-13/04/03 y su reciente libro Le Neveu de Lacan
publicado por las ediciones Verdier).
Sería de mal gusto considerar solamente en lo que se ve y lee en este segundo
registro una agitación política cargada con reminiscencias de los años 68 o la
payasada de un estudiante nostálgico de la Escuela Normal Superior de esos años
60. Puede ser que estas maneras de pensar de J-A-Miller y de otros autores sean
portadoras de premisas de un verdadero cuestionamiento más o menos renovador, de
las relaciones del psicoanálisis con lo que puede llamarse las "cuestiones
sociales", es decir esas cuestiones relacionadas directa o indirectamente con la
sexualidad a través de las modalidades de reorganización de la familia.
Cuestiones encaradas a menudo por filósofos, sociólogos o juristas (cf.
especialmente los recientes libros de Marcella Iacub, Le crime était presque
sexuel y Qu´avez-vous fait de la libération sexuelle) y que conciernen
directamente a los psicoanalistas y al psicoanálisis (cf. el último libro de
Elisabeth Roudinesco, La famille en désordre, publicado en castellano por Fondo
de Cultura Económica). De manera más global, y quizás bajo la presión de una
reorganización en curso de la política mundial desde 1989, fecha cuya
importancia y consecuencias son aún imprevisibles y hasta el presente
subestimadas, es posible distinguir el esbozo de una renovación de las
relaciones teóricas entre el psicoanálisis y la política, renovación capaz de
sortear el falso camino del "psicoanálisis aplicado" y de inscribirse en la vía
abierta por Freud (Consideraciones actuales sobre la guerra y la muerte, 1915,
¿Porqué la guerra? y la Correspondencia con Albert Einstein); también en la
perspectiva, aún inexplotada, abierta con el aforismo de Lacan, "El inconsciente
es la política" (Seminario inédito La lógica del fantasma, del 10/5/67). Esta
reflexión empieza a desplegarse y toma en cuenta los aspectos contemporáneos del
pensamiento filosófico (desde Foucault a Derrida pasando por Jacques Rancière,
Jean-Luc Nancy o Nicole Loraux y otros como Giorgio Agamben o Jean Baudrillard).
También con René Major (en su más reciente libro La democratie en cruauté). Esta
visión fue uno de los ejes más renovadores de los Estados Generales del
Psicoanálisis, promovidos por ese mismo René Major en julio 2002 en París,
susceptibles de prolongarse en la nueva reunión que tendrá lugar en Río de
Janeiro en la próxima primavera.
G.S.F.: Sos Director de Investigación en el C.N.R.S. y estás vinculado con la
Universidad, ¿cómo encaras el papel de psicoanalista en la Universidad?
M.P.: Como Director de Investigación en el C.N.R.S. no dependo directamente de
la Universidad, pues el C.N.R.S. es un organismo que depende del Ministerio de
Investigación y no del Ministerio de Educación nacional. Concretamente quiere
decir que no estoy obligado en dar cursos o seminarios en una universidad. Lo
puedo hacer, y lo hago en la Universidad Paris VII, bajo la forma de un
seminario optativo semestral en la Maestría de Psicología. Mi punto de vista
sobre la relación entre el psicoanálisis y la Universidad, que resumiré
esquemáticamente más adelante, se relaciona más bien con una reflexión general a
partir de observaciones y consideraciones globales, y no tanto de una inserción
que no es mía.
G.S.F.: desde la época de Lagache en la Universidad de París, ¿cómo consideras
hoy la posibilidad de la formación del psicoanalista en la Universidad?
M.P.: La experiencia de Lagache ya es antigua y sus repercusiones no son
visibles en la situación contemporánea del psicoanálisis en la Universidad. En
pocas palabras, la experiencia del psicoanálisis en la Universidad, tal como la
encaró Lagache fue colocada bajo la bandera ilusoria de una fantasmática "Unidad
de la psicología". Ese proyecto imaginaba una compatibilidad epistemológica y
por lo tanto una posible coexistencia institucional entre la psicología llamada
experimental, en esa época dominada por el behaviorismo y el psicoanálisis. Le
hubiero sido suficiente a Lagache con leer, entre otros escritos, los artículos
de Wittels y la biografía que hizo de Freud (aunque éste la desautorizó
moderadamente) para comprender lo que tenía de absurdo aquel proyecto. Pero
Lagache no retrocedió y perdió la batalla que terminó con la implantación
reforzada de la psicología experimental en todos los departamentos
universitarios de psicología y con la creación, solución de un ejército en
retirada, de una disciplina bastarda, de status incierto, bautizada "psicología
clínica", que hoy prácticamente ha desaparecido. Para más detalles, puede
consultarse el artículo de Alejandro Dagfal publicado en el n°9 de la revista
Essaim con el título de "La psychanalyse à l´intérieur de la psychologie: les
avatars du projet de Daniel Lagache". Este artículo es uno de los capítulos de
la tesis que ese autor está por presentar.
G.S.F.: ¿Qué opinas de la investigación conceptual en psicoanálisis? ¿Enriquece
científicamente?
M.P.: No estoy seguro de entender bien lo que significa "utilidad científica",
puesto que esta denominación presupone que el status del psicoanálisis ya esté
aclarado como ciencia o no. No entraré por el momento en este debate, sólo
repetiré la posición de Lacan, o sea que el psicoanálisis no es una ciencia en
el sentido corriente, pero que nació a partir del desarrollo de la ciencia
moderna cuyos fundamentos ponían como agregados de sus desarrollos la cuestión
del sujeto de la ciencia. Tomando en cuenta esto, no creo que el psicoanálisis
de hoy como el de ayer o de mañana pueda dispensarse de la investigación que
llamas "conceptual" y que yo llamaría "teórica", fundando esto en la
especificidad de la manera de pensar psicoanalítica, de una clínica y práctica,
sin cuyos registros el psicoanálisis puede transformarse en un discurso o
disciplina académicos, institucionales... y para decirlo de una vez
"universitario" en la misma categoría que la filosofía, historia, antropología o
sociología.
G.S.F.: Hay en nuestro medio una proliferación de maestrías en psicoanálisis.
Creemos que el interés se debe en gran parte a la búsqueda de una inserción
laboral, pero ninguna de ellas exige un análisis personal. Me gustaría saber tu
opínión.
M.P.: La cuestión es tan grave como compleja y no pretendo agotarla en algunos
renglones. Sin embargo, se puede abordarla, me parece, por sus dos vertientes,
la del status epistemológico del psicoanálisis, su especificidad ya evocada, y
por otro lado la relación del psicoanálisis con los poderes públicos en los
países donde está ya implantado, lo cual significa la cuestión de la formación,
transmisión, garantía de idoneidad y "salida laboral".
En la vertiente epistemológica me parece que los títulos y diplomas,
cualesquiera sean, suponen la adquisición y el dominio de un pleno saber, que no
es pertinente con respecto al futuro analista. El futuro del analista y la
formación del analista, no confundir con una supuesta formación analítica que
funcione sobre el modelo de una formación profesional (cf. el libro de Annie
Tardits, Les formations du psychanalyste, cf. y números de las revistas Che
vuoi? y Essaim) suponen cumplir con un recorrido analítico personal (un, dos,
hasta tres análisis), Freud recomendaba que el analista volviera al análisis
cada cinco años, realizar controles (o supervisiones), participación en
seminarios, grupos de trabajo, etc.
Todos estos procesos pueden dar lugar a validaciones. Lo importante es saber si
estas validaciones tienen un fundamento psicoanalítico o si son sólo procesos
institucionales. Este recorrido, que no puede sancionarse con diplomas
cualesquiera sean, puede desembocar en eventuales designaciones (cuestión más
teórica que institucional). Lacan ya designaba a ese recorrido como
psicoanálisis en intensión (sic), basado en última instancia en el
deseo-de-analista, concepto que no debe confundirse con el deseo que puede tener
una persona de "llegar a ser analista".
Queda la segunda vertiente, la de las relaciones con los poderes públicos, del
reconocimiento del status, de la garantía de idoneidad y de las salidas
laborales. La cuestión llega a ser crucial en muchos países (Alemania e Italia
en particular) por la imposibilidad para los psicoanalistas de ejercer el
psicoanálisis sin tener el status y los diplomas correspondientes de
psicoterapeuta. Esta situación en Alemania e Italia no es casual, sino el
resultado de una relación de fuerza entre psicólogos, psicoterapeutas por un
lado, y por otro los psicoanalistas. Esta relación de fuerza resulta
desfavorable para los psicoanalistas en estos países por razones históricas (en
el caso de Alemania) e ideológicas en Italia (por la omnipresencia de la Iglesia
Católica). Resulta importante, por lo tanto, que en países como Argentina y
Brasil en Sudamérica, España y Francia en Europa, países donde el psicoanálisis
sigue siendo fuerte, cualesquiera sean los avatares sufridos, los psicoanalistas
reflexionen sobre su situación política, es decir en relación con el Estado,
cualquiera sea su forma, con tal que presente garantías mínimas de democracia, y
se diferencien de cualquier forma de psicoterapia y de todas las asociaciones de
psicoterapeutas, a menos que los psicoanalistas acepten perder su identidad y su
especificidad.
El problema de las salidas laborales sólo se planteó a partir del momento en que
los poderes políticos y económicos de los países llamados industrializados
comprendieron la utilidad de las técnicas derivadas de la psicología (cualquiera
sea su orientación) para mejorar la "productividad" (cf. el libro de Christophe
Dejours, Souffrance en France. La banalisation de l´injustice sociale) y
asegurar la seguridad interior de los Estados. Con esa perspectiva se
desarrollaron los estudios de psicología desde los años 70 con vista a formar
masas de psicólogos llamados "clínicos", mejor con un barniz psicoanalítico,
como las opciones de lujo de algunos coches. Allí reside para mí la cuestión de
la presencia de los psicoanalistas en la Universidad.
G.S.F.: En nuestro medio observamos que a partir de la dictadura militar de
1976-1983 muchos analistas se alejaron de la Universidad. Con la vuelta de la
democracia se insertaron en ella psicoanalistas de ideología fundamentalista, lo
que lleva a que muchos psicólogos jóvenes salen con una ideología psicoanalítica
premoldeada. Hace un tiempo se está intentando un nuevo contacto universitario.
La pregunta es: los psicoanalistas insertados en la Universidad deberían ser de
amplio espectro?
M.P.: Creo haber respondido sucintamente a esta última pregunta con algunos
elementos aportados en la respuesta anterior. Puedo agregar algunas palabras
complementarias, aunque no sean exhaustivas.
No creo en la utilidad, para el porvenir del psicoanálisis, de su inserción en
las estructuras universitarias, cualquiera sea su forma. Toda institución
produce distorsiones y lleva a concesiones más allá de cualquier esfuerzo de
vigilancia y buena voluntad: la institución reclama, exige y crea las
condiciones de un saber pleno y de una transmisión regulada y controlada por una
jerarquía basada en grados. El saber psicoanalítico es un saber agujereado, un
saber hecho no tanto por comprensión sino por escucha, primera condición para el
reconocimiento de las manifestaciones del inconsciente; escucha y reconocimiento
que suponen cierta relación con el tiempo (cf. la polémica entre Freud y Rank
sobre este punto y la teorización de Lacan sobre un tiempo ternario) y una
relación con la palabra, palabra sexuada, palabra con apariencia vacía de
significados, y que resulta elementos subversivos para cualquier institución.
Michel Plon, París, abril 2003
[Fuente: www.alhp.org]