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"Están reconociendo a un viejísimo amor"

Juan Gelman y el Premio Cervantes, el galardón más importante del habla hispana

Cansado ("Nunca estuve tan solicitado, excepto por mi mujer"), pero conmovido y feliz, el columnista de Página/12 destaca la significación del premio "en tiempos tan antipoéticos", aunque subraya que "mi confianza en la poesía es independiente de los premios". El jurado presidido por Víctor García de la Concha afirmó que la obra de Gelman "enriquece las letras españolas".

Por Silvina Friera

Orgullo y resistencia. Un acto de justicia poética para una voz indomable y compañera que "vuelve íntimo todo lo que toca". Aunque esa voz suena emocionada y está cansado de tanto hablar, Juan Gelman atraviesa con un tono bajito y con mucha calma la distancia entre la ciudad de México, donde reside, y Buenos Aires, siempre con ese humor afilado, travieso e irónico. El teléfono no para de sonar, a veces lo atiende su asistente, Rosalía; otras, el propio poeta, "el pibe taquito", como lo llamaban sus amigos de Villa Crespo. "Nunca estuve tan solicitado, excepto por mi mujer", bromea el flamante ganador del Premio Cervantes, considerado el más importante en las letras hispanas y que concede el Ministerio de Cultura de España en reconocimiento al conjunto de la obra de un autor.

Cuando se le transmite que muchos recibieron la noticia como si hubiera ganado un familiar, como si fuera "nuestro" padre, el poeta responde: "Quizá soy un padre espiritual".  Después de una ardua deliberación entre una treintena de candidatos, los miembros del jurado, presidido por el director de la Real Academia Española (RAE), Víctor García de la Concha, decidieron otorgar por mayoría a Gelman el "Nobel español" porque el conjunto de su obra "enriquece las letras españolas", según declaró De la Concha.

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Entrevista al recibir el Premio Cervantes (TN Noticias)
 

"Creo que es un reconocimiento a la poesía que rebasa lo personal, porque el año pasado se lo dieron a un gran poeta español, Antonio Gamoneda. Me conmueve este premio en tiempos tan antipoéticos y deshumanos; en este mundo donde las grandes editoriales desdeñan la poesía, no les importa, es una tarea difícil estar peleando subjetivamente contra todo esto que pasa", dice el poeta a Página/12. "El reconocimiento a la poesía lo vivo como un reconocimiento a un viejísimo amor mío, así que estoy conmovido."

Tanto García de la Concha como el ministro de Cultura, César Antonio Molina, e incluso el poeta Antonio Gamoneda, Premio Cervantes 2007, destacaron la dura historia personal de Gelman, que nunca le llevó a "abdicar de su compromiso prioritario con la poesía", según señaló el director de la RAE. La directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel, dijo que el premio, dotado de 90.450 euros, "supone el reconocimiento a la obra de uno de los grandes poetas hispanoamericanos del último medio siglo". Caffarel agregó que desde las primeras obras a las últimas, el poeta y periodista "ha bebido en el mejor patrimonio de ambos lados del Atlántico: desde Juan de la Cruz a César Vallejo, pasando por la Generación del ‘27". El autor de Violín y otros cuestiones, Cólera buey, Los poemas de Sidney West, Salarios del impío, Valer la pena, País que fue será y el más reciente Mundar es el cuarto argentino (los otros fueron Borges, Sabato y Bioy Casares) en recibir el Cervantes. A los 77 años, es uno de los poetas más premiados de su generación. Ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de Poesía (Argentina), el de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, el Ramón López Velarde y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

"Ayer leí en los diarios de acá que había una cantidad de candidatos de primera fila: Nicanor Parra, Mario Benedetti, Juan Goytisolo, Juan Marsé, José Emilio Pacheco, Blanca Varela. Y cuando vi la lista dije: "Juan, vos no, imposible". Pero no fue así. Esta mañana me llamó el ministro de Cultura de España para comunicarme la decisión del jurado, y me acaban de llamar Kirchner y Cristina. Néstor me dijo que estaba orgulloso; Cristina, que se enteró cuando llegó a Paraguay, estaba contentísima."

Discurso íntegro de Juan Gelman en la entrega del Premio Cervantes

–¿Por qué creía que no iba a ganar?

–Y, porque todos son nombres de primera fila...

–¿No se considera en la primera fila?

–Yo en el cine siempre me siento atrás (risas).

–¿Qué dirían los muchachos de Villa Crespo al enterarse de que "el pibe Taquito" es premio Cervantes?

–Cuando era joven, les tuve que ocultar bastante tiempo que era poeta. En el barrio si no fumabas, eras maricón, y si escribías poesía, eras raro. Deben de estar contentos.

–¿Habló con su nieta, Macarena?

–Fue la primera que me llamó, salió de su trabajo para hablarme. Estaba apurada, pero me felicitó, estuvimos cambiando bromas. Me dijo: "Te lo merecés", y le dije que mejor no hablemos de lo que cada uno se merece porque ahí perdemos todos...

Un joven poeta que había nacido en Buenos Aires en 1930 –entonces más conocido como ese "pibe taquito" en los picados que jugaba en Villa Crespo–, tercer hijo de una familia de inmigrantes ucranianos, que aprendió a leer a los tres años, se animó a enunciar en el poema Final lo que sería su principio existencial: "La poesía es una manera de vivir". En marzo de 1956, Gelman publicaba su primer libro de poesía, Violín y otras cuestiones, prologado nada menos que por Raúl González Tuñón. Su maestro celebraba ese poemario en el que "palpita un lirismo rico y vivaz y un contenido social, pero social bien entendido, que no elude el lujo de la fantasía". Entre otras virtudes, Tuñón subrayaba "la forma ágil, fresca, variada en tonos y matices", de un poeta "nacional, porteño, muy nuestro", que "recién comienza y ya está maduro". El orgullo que transmite el prologuista se parece al de un padre que se encuentra con un hijo que le dio la poesía. Un hijo que lo sorprende con versos memorables ("Me vio el caballo de la calesita./ Me vio tan solo que se fue conmigo"), con lirismo y combatividad, imaginación y espesor vital, creatividad verbal y desacartonamiento. El año pasado, a cincuenta años de la publicación de Violín y otras cuestiones, se reeditó este libro fundamental para la historia de la poesía argentina. Gelman festejó, además, sus cincuenta años como periodista y fue declarado Embajador Cultural de Buenos Aires. "Guardo por Tuñón una admiración intocable", señala Gelman. "Además de su gran poesía, una cosa muy impactante era su sencillez; él creía en el trabajo, no en la fama ni en ninguna de esas cosas, y creo que ésa fue la mejor lección que me dejó."

El poeta argentino más querido y reconocido en el mundo entero ha hilvanado una obra que deshizo y rehízo los modos de poner en juego la lengua, que hurgó en el dolor de las peores pérdidas: su hijo Marcelo y su nuera Claudia, que se encontraba embarazada, fueron secuestrados y asesinados por la dictadura militar. Desde hace más de medio siglo –y con más de treinta títulos publicados–, ha conjugado realismo con intimismo, el compromiso social y político con la experimentación y exploración; avanza, renueva, genera un temblor, un placer único, como si él estuviera cara a cara susurrando sus versos a sus lectores. "La memoria es una cajita que revuelvo sin solución", escribió Gelman en el poema Desaparecidos, incluido en País que fue será. "Hay tragedias personales sin solución. No crea que me gusta que estén juzgando y metiendo preso al asesino de mi hijo. Me parece importante la justicia, pero no es una reparación. ¿Quién le devuelve a uno un hijo?", se pregunta Gelman. Cuando celebró sus cincuenta años como periodista, recordó que en otro local de la Utpba velaron los restos de Marcelo. "Cuando partió el cortejo, cayó una lluvia de pétalos de rosas de uno de los edificios. Y esos pétalos siguen cayendo sobre mi vida."

"Atravesando varias décadas de la poesía argentina, Gelman ha sido para muchos de nosotros una voz indomable y compañera, nunca la de un master, la de un prócer, sino una voz cercana y viva donde hay lugar para cualquier tema que tensa el corazón humano, que sorprende a la mirada y trastrueca a las formas en su afán de decirlo", advirtió la poeta Diana Bellesi en una columna publicada en Página/12. "Sólo eso parece importarle a Gelman, mientras se mueve en la cuna de una tradición de la lengua y también en su ruptura. Camina allí, en la extraña cornisa de la poesía, donde la herencia letrada y el habla liberta se encuentran de peculiar manera volviendo íntimo todo lo que toca, porque ésa es quizá la verdadera acción revolucionaria de la poesía."

En esa columna, Bellessi afirmaba que Gelman va adonde es llamado, y no queda preso de su propia plusvalía, de lo que ya ha probado con éxito. "No hay quien enjaule a Juan Gelman, repele las etiquetas con el torrente vivo de la lírica, y por eso siempre es nuevo y sorprendente. Un maestro que no da clases, un protagonista de su época a quien en los ochenta escuché decir, con voz queda: ‘Tenemos que repensar lo que hemos hecho, y lo por venir’. Despojada, libre de todo gesto altisonante, su reflexión se me ofrecía de cara a la historia inmediata y sus luchas sociales, como esa práctica interna que debe ser, fundada en un compromiso ético, cuando se habla desde la pequeña voz del mundo que es la voz de la gente común y de la poesía."

–¿Los premios le dan mayor confianza en la palabra, en la poesía?

–Mi confianza en la poesía es independiente de los premios, que son un estímulo y un reconocimiento, sin dudas, pero que no sirven para escribir el poema, que es puro trabajo. Supongo que no escribiré ni mejor ni peor ahora que antes porque me gané el Premio Cervantes. La poesía llega cuando ella quiere y no es que yo pueda invocarla o convocarla, porque nadie se sienta a escribir poemas porque quiere o porque se lo propone.

–Aunque hay zonas de mucho humor y ternura, como en Los poemas de Sidney West, se suele definir su poesía como política. ¿Cómo se lleva con esta etiqueta?

–Es lo que pasa con todas las etiquetas, ¿no? Etiquetan un producto y después hay que mirar para ver de qué se trata. Cuando se habla de mi poesía como política pienso que el error está en pensar que vivo conectado a la realidad las 24 horas del día. No todo lo que sucede en el mundo me despierta la necesidad de escribir un poema. Como ciudadano, tengo compromisos y responsabilidades que no tienen que estar necesariamente en la poesía. La ideología de alguien forma parte de su subjetividad, pero no es toda su subjetividad. No me afecta ni en un sentido ni en otro que digan que mi poesía es política. Lo que me importa es mi trabajo como poeta, no me preocupa lo que digan los demás, tienen todo el derecho a opinar. Pero francamente lo único que influye es la lectura de la poesía, y el trabajo de escribirla.

–¿Qué cambió en este trabajo de escribir desde Violín... a Mundar, su último libro? ¿Los temas siguen siendo los mismos?

–Lo que cambiaron fueron cincuenta y un años de vida; por supuesto que la subjetividad cambia y eso seguramente se traduce en la poesía. Octavio Paz lo dijo muy bien: "La biografía de un poeta está en su obra", por eso no hay que creérsela. Para mí la poesía sigue siendo un goce con todos los asuntos que siempre me andan rondando: la infancia, el amor, la justicia social, la muerte. Mis obsesiones no son muchas, pero convivo muy bien con ellas y se han vuelto muy amigas mías.

–¿Escribe todos los días?

–No, la señora no te visita todos los días, tiene muchos pretendientes (risas).


OTRAS VOCES

- Guillermo Saccomanno (escritor): "Si el premio lo dan desde el nombre de un renovador de la lengua como fue Cervantes, es coherente que se lo den a Gelman, que es el poeta mayor de la lengua hoy. En este caso, es más importante el premiado que el premio: es más grande en la poesía Gelman que el premio. Creo que Gelman le hace mejor al premio que el premio a él. Desde ya, mi opinión no se inspira sólo en la calidad de la escritura de Gelman, una escritura en español comparable sólo a la que hizo Paul Celan en el alemán, por su poder transformador del idioma. Si hay algo interesante en la poesía de Celan es que se plantea como respuesta a la pregunta de Adorno de si era posible escribir después de Auschwitz. Celan escribió en la lengua de los verdugos, la astilló, la redujo a esquirlas y con eso pudo crear belleza. Y Gelman convirtió el dolor del país de la ESMA en otra cosa: probó que se puede crear belleza contra y después del terror. Mi opinión no es sólo estética, sino también política: no se pueden separar el arte, la poesía y la política. El compromiso de Gelman con la lengua y la belleza es su más hondo compromiso político".

- Ricardo Piglia (escritor): "Es un poeta cuya obra se sostiene sola, y me parece que eso justifica largamente el premio. Tenemos que verlo como un premio a la poesía argentina, porque Gelman encarna como pocos una tradición poética de mucha intensidad".

- Horacio González (director de la Biblioteca Nacional): "Hablar de la obra de Gelman es hablar de un movimiento interno de gran conmoción dentro de la lengua poética castellana, porque atraviesa un amplio registro que va desde un mundo sentimental herido hasta un mundo histórico que busca una dulzura imposible. En ese sentido, hay que destacar todos los descubrimientos de Gelman en materia de la renovación de la dicción poética argentina de los ‘60 en adelante. Esto presupone tocar también una cuerda íntima popular. En ese sentido, él revisa toda la herencia popular poética del siglo XX y, a la vez, le toca el papel del vanguardista que no quiere ser pero es. En cuanto a lo que significa toda poesía en la conmoción del idioma, el nombre de Gelman está asociado a dos puntos: uno es la extrema simplificación de los sentimientos más puros, y otro en dirección a un abanico de metáforas que trabajan con lo inesperado, con lo irresuelto y también con lo oscuro. Lo considero fundamentalmente un gran poeta, su obra relevante se sitúa en la reinvención de la lírica y de algún modo la pequeña épica poética argentina de las últimas cuatro décadas. Y además, me parece un gran ensayista periodístico. La Biblioteca Nacional, a través mío, se expresó más o menos en estos términos el año pasado, cuando hubo una recolección de avales y apoyos a su candidatura. De modo que por esta razón también me alegra que se le haya concedido el premio. Su compromiso político me parece festejable, surge en los ’60 y se continuó de una manera muy desgarradora, expresada en la búsqueda de su nieta. De modo que el nombre de Gelman, además de una alta poética latinoamericana, supone uno de los mojones de la tragedia argentina, carnada en él como poeta y como militante. Pero es el tipo de militancia que está en la poesía".

- Eduardo Galeano (escritor y poeta): "Esta es una prueba de que la justicia existe y, como las pruebas no son muy frecuentes, es muy digna de celebración, me alegro el doble".

- Silvia Fajre (ministra de Cultura porteña): "Es un gran orgullo que el poeta Juan Gelman haya sido galardonado con el Cervantes, el premio más importante de las letras hispanas. Un reconocimiento muy merecido al conjunto de la obra de un escritor comprometido con la realidad social, sin descuidar por ello el valor estético de su creación. A través de sus libros, Gelman nos enseñó a resistir desde la poesía y desde la vida para superar los tiempos difíciles de nuestro país. Como pocos, pergeñó una obra que refleja la búsqueda de un lenguaje trascendente, la singularidad de un estilo a través del realismo crítico, la aventura verbal y el compromiso social y político. Lamentablemente tuvo que exiliarse en la década del ’70, debido a la violencia política que reinaba en el país; pero su figura fue y es un ejemplo de lucha para todos".

- José Nun (secretario de Cultura de la Nación):

"Estoy profundamente conmovido y orgulloso, como argentino, de que se haya reconocido, una vez más, el talento excepcional de uno de los más grandes poetas que ha dado nuestro país. Juan Gelman es un destacado pensador, un periodista de excepcional valía, pero por sobre todas las cosas fue y es un poeta que ha enriquecido a la cultura con su voz singular".

- Griselda Gambaro (dramaturga): "Es un premio más que merecido. Gelman es un gran poeta, de más está decirlo, un hombre con un compromiso muy grande con la sociedad y el tiempo en el que vive, que ha hecho en la poesía exploraciones del lenguaje extremadamente ricas. Es un poeta inevitable de la literatura argentina".

- Ana María Shua (escritora): "Me parece una maravilla, Gelman es uno de los grandes poetas argentinos de todos los tiempos; es un premio absolutamente merecido y todos nos vamos a sentir orgullosos con él. Tiene una obra de altísima calidad literaria: desde sus comienzos hasta hoy, nunca ha dejado de trabajar con el mismo rigor e imponiéndose a sí mismo una intención de extrema originalidad".

- Adolfo Pérez Esquivel (Premio Nobel de la Paz): "Gelman es un poeta que hizo caminar la palabra en la conciencia de las personas y de los pueblos. Estoy muy, muy contento de que hayan distinguido a Juan Gelman. Primero, porque es un gran poeta, un gran escritor, con una mirada muy profunda sobre la vida de los pueblos. Y, segundo, por su compromiso con los derechos humanos. Gelman hizo poesía que llegó a la conciencia y al corazón. Además de para Juan, ésta es una distinción para el país. Espero que se le valore por ello, porque parece que siempre tenemos que esperar el reconocimiento externo para valorar lo que es nuestro".

- Mario Benedetti (escritor): "Es una de las voces más creadoras de la poesía latinoamericana y un periodista muy sagaz. Me parece una premiación muy merecida".

- Andrés Neuman (escritor): "Es de los pocos poetas, desde César Vallejo, que han podido aunar el compromiso político con la experimentación lingüística. Lo que me asombra en Gelman es que ha sido un poeta tan delicadamente lírico, tan radical en sus indagaciones estilísticas, y sin embargo siempre ha tenido una preocupación ética muy fuerte en sus poemas. Ese es un legado incalculable. Invito a que todo el mundo lo lea".

- Noé Jitrik (escritor): "Estoy muy contento... Gelman es un extraordinario poeta, hizo una carrera en el lenguaje muy original, propia. Ha atravesado zonas de sufrimiento personal, pero las ha vivido bien, y ha escrito poemas admirables".

- Mario Delgado Aparaín (escritor): "Es una hermosa noticia. La primera sensación es de gratitud y justicia por todo lo que ha significado y significa Juan Gelman. Gelman es el mejor poeta de América, que logró destilar todo el dolor frente a la necesidad vital de ser feliz. Ya llegará el tiempo de que se lo reconozca como un poeta a la altura de Antonio Machado o Miguel Hernández, porque los tres asimilaron la poesía como el mayor compromiso personal con la vida".

- Graciela Aráoz (poeta, presidenta de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina): "Considero que es muy merecido que Juan Gelman haya obtenido el Premio Cervantes. Es el máximo exponente del ‘60 y uno de los grandes poetas vivos que nos quedan en la Argentina. Además, es un hombre no solamente comprometido con la escritura sino también con la vida, con los derechos humanos: todo eso trasciende en ese compromiso fuerte que se nota en su poesía. Así que me parece muy merecido y me honra que se lo den a este gran escritor nuestro. Como poeta, destaco el trabajo del lenguaje, su compromiso con la verdad; cuando digo con la verdad me refiero a la verdad de la palabra que se dice, que se escribe. Es uno de los grandes que construye el poema a través de una arquitectura de cimientos y de lenguaje sensible".

- Carlos Monsiváis (escritor): "Es una justicia enorme. Juan Gelman es un poeta muy notable, que ha venido trabajando incluso en las circunstancias más difíciles con una pasión extraordinaria. Es muy difícil hablar de poesía porque es un género que requiere pensar cuidadosamente en los vicios. Su literatura es de una potencia lírica considerable, y en última instancia regida por una idea de Dios no afiliado a las religiones".

- Daniel Chirom (poeta): "Estoy muy contento. Me parece en estos momentos el poeta más representativo de la Argentina que existe con vida, no solamente por su obra poética sino también por su vida, por toda la represión que tuvimos, las desgracias, etcétera. Significa que la vida sigue en pie y la poesía también. Eso significa para mí ese premio. El llevó al ámbito de la poesía un lenguaje coloquial, del habla popular, mejor que nadie. También supo hacer una intertextualidad al traer los textos de la poesía sefaradí a su poesía, a la poesía argentina. El tiene muy claro que si nos cortan las raíces somos esclavos del viento en cuanto a la memoria de lo que pasa en la sociedad y la memoria de la lengua".

- Arturo Carrera (poeta): "Me llena de emoción este premio al poeta del dolor de nuestro tiempo. Como siempre digo, la barra espaciadora que caracteriza sus poemas es un corte suturado en el verso. Es una marca gráfica tal vez, que no se puede vocalizar ni poner en sonido; sólo se puede mirar, como una cicatriz. Esa barra es la señal y señuelo de la brecha que la poesía abre entre naturaleza y cultura, entre dolor e ideología tal vez. Pero al mismo tiempo las barras convierten sus poemas y su poesía entera en un cuerpo herido y cicatrizado".

- Antón Arrufat (escritor): "Gelman es un excelente poeta que pertenece a la generación de la poesía coloquial latinoamericana, que creó todo un movimiento en América latina. Es un poeta admirado y de larga tradición en Argentina. Me imagino que ha caído muy bien en su país y en el resto de América latina, donde también ya ha obtenido el premio Juan Rulfo. Gelman es también un buen prosista de combate que defiende muy bien tanto sus ideas políticas como estéticas. Le tiendo la mano desde la isla de Cuba".

- Miguel Barnet (escritor): "Es un poeta original que llevó el coloquialismo lírico hasta su límite máximo con una estética personal y una vocación de entrega total a la poesía. No se parece a nadie porque su mundo metafórico es único".

- Reynaldo González (escritor): "Este premio se le otorgó a Gelman, pero es un premio a América. Gelman es un poeta que siempre va de lo íntimo a lo general, a lo grande. Podríamos decir que es un poeta sufrido, que ha vivido sufriendo, pero no amargado. Su poesía transpira humanidad sobre las razas y las contingencias. Me dio una gran alegría, es un poeta al que la poesía le camina por dentro".

- Carmen Caffrel (directora del Instituto Cervantes español): "Gelman es uno de los grandes poetas hispanoamericanos del último medio siglo. Desde las primeras obras a las últimas, ha bebido en el mejor patrimonio de ambos lados del Atlántico: desde Juan de la Cruz a César Vallejo, pasando por la Generación del ’27. La poesía de Gelman, que sufrió de manera desgarradora las consecuencias de la dictadura argentina, está cargada de originalidad, de búsqueda de un lenguaje innovador y, además, unida a las preocupaciones sociales".

Producción:
Oscar Ranzani y Andrés Valenzuela.

Fuente: Página/12

No habrá más penas ni olvido

Juan Gelman ya había recibido las distinciones más relevantes de la Argentina, México y España. Al poeta, que tiene un hijo desaparecido, ahora le llega la consagración con el Cervantes, que antes que él honrara a Borges y a Bioy Casares. Se premia así a la alquimia que le permitió trocar dolor en verso y reflexión en audacia.

Por Ana Laura Pérez (2008)

Lo que intenta la poesía, como la música, como el arte, es morder un poco la realidad que siempre se escapa de las manos. Pero además, tampoco puede ser una proposición voluntaria. La circunstancia no es la que hace al poeta. Es la que, en ciertos casos, lo mueve a escribir una cosa u otra en la medida en que esa circunstancia exterior coincide con una circunstancia interior. Y a veces ni hacen falta circunstancias.

No se escribe poesía por voluntad propia sino por voluntad de ella", dice. Y su voz suena lejana como esa tarde de lluvia y frío en el DF, donde vive desde hace más tiempo del que pueden guardar los almanaques. A él no le molesta tanto como al resto de los mexicanos el frío inusual de este invierno sino ese continuado de temperaturas cálidas que se diferencia sólo por las épocas de lluvia. "Lo que me gusta, en realidad, es que haya estaciones."

Juan Gelman sintió la voluntad de la poesía "cuando era muy chico". Tenía nueve cuando empezó a mandarle versos de Almafuerte como si fueran propios a una vecina dos años mayor. La indiferencia de la nena lo empujó un paso más allá: "Voy a tener que hacerlos yo', pensé y me puse a escribir huesos nomás, versos ¡perdón!". Dijo huesos', ¿un fallido? No deja de ser una metáfora bella y precisa de su forma de vivir la poesía. A los 77 años, lejos de aquella infancia de laborioso enamorado, Gelman acaba de ser honrado con el Cervantes, el premio mayor de las letras de habla hispana. Un reconocimiento a su trayectoria, que antes recibieran los argentinos Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato y Adolfo Bioy Casares. Pero antes que al amor, Juan Gelman lega el mérito de acercarle la poesía a su medio hermano Boris, el mayor, que le recitaba los versos de Pushkin en ruso.

El habla muy poco del idioma de la familia, pero puede replicar el gesto fraterno y recordar todavía aquellos recitados proféticos: "A mí encantaba la música, el ritmo, la sonoridad de las frases aunque no entendía nada", suele recordar. José, su papá, era un socialista que emigró dos veces a la Argentina. Había participado de la revolución de 1905 y cuando olvió a su país natal, en 1918, lo desilusionó el rumbo de la Unión Soviética. Regresó a Buenos Aires en 1928 con Boris, Paulina Burichson, su segunda esposa, y Tauba, la hija mayor del matrimonio.

El 3 de mayo de 1930 nacería Juan. Primer ciudadano argentino, tercero en la línea sucesoria de esta familia de judíos pobres pero cultísimos de Europa del Este. Padre carpintero, madre hija de un rabino estudiante de medicina en Rusia, todos se pusieron a trabajar en la camisería familiar. No sobraba el dinero pero se ahorraba de a centavos para ir al Colón una vez al año.

Escribía desde chico, pero ¿ya entonces se sentía poeta?

Ocurre que con el tiempo y la insistencia de la poesía, uno al final se pregunta si es poeta.

¿Y cuándo se respondió eso?
Alrededor de los 19, 20 años.

¿La respuesta la dio el reconocimiento de los pares o la autoconfianza?

Creo que tuvo que ver con un deseo personal o una inquietud de sí. Imagínese que a los 20 años nadie me conocía salvo en casa a la hora de comer. Y en el barrio mejor no dárselas de poeta porque l que no fumaba era maricón y el que era poeta era raro. No le oculto que en esos años de los 15 a los tuve amigos poetas y frecuenté a otros poetas.

Nos leíamos cosas, anduve alrededor de revistas literarias, pero recién me pareció que esto era lo que yo necesitaba hacer alrededor de los 20 años. Publicó su primer poema a los once, cuando ya era conocido en los potreros de Villa Crespo como El pib etaquito ("Me perdía miles de goles por partido pero nunca dejaba de usar el taquito para empujar la pelota. Siempre creí que me salía lo más bien, pero teniendo en cuenta las puteadas de mis compañeros, parece que no rendía mucho para el equipo", contó con motivo de un homenaje que le hicieron como hincha en el club Atlanta). "Los espontáneos",elocuente sección de Rojo y negro , revista que publicaba cuentos de cowboys y detectives, lo publicó por primera vez: Fue un sueño muy hermoso para ser cierto, señor; el destino poderoso, envidioso, lo rompió , empezaba.

Juan, que se había destacado como un niño precoz que aprendió a leer a los tres años, hizo la secundaria en el restigioso Nacional Buenos Aires. Abandonó en los comienzos la carrera de Química. Le nteresaba "mucho más la poesía que la descomposición del átomo, los protones y los neutrones". Probó varios trabajos, pero decidió ganarse la vida como periodista. Pasó menos de un mes en un iniciático house organ, El Asegurador, que dejó por Nuestra palabra , semanario del Partido Comunista. Ferviente republicano como alumno de primaria, ingresaría a la Federación Juvenil Comunista de adolescente.

Fue en ese ambiente político que leudó El Pan Duro , grupo que integraban también José Luis Mangieri, Héctor Negro y Juana Bignozzi. Eran jóvenes, eran comunistas y eran poetas: proponían una poesía comprometida y popular y entre ellos financiaban sus publicaciones. El primer libro editado por el grupo fue de Gelman: Violín y otras cuestiones , en 1956, con prólogo de Raúl González Tuñón. Casi inmediatamente fundó la revista Nueva expresión junto al sociólogo Juan Carlos Portantiero y el escritor Andrés Rivera, con quienes también armó una editorial que publicó Velorio del solo (1961).

La radicalización de sus ideas políticas, más a la izquierda que las de la línea oficial del PC, se reflejó en L a rosa blindada . Fue esa revista la que publicó en 1963, Gotán . Libro legendario que le dio definitiva relevancia, marcaría también su renuncia a integrar nuevos colectivos literarios. El año siguiente lo echarían del PC, semanas después de haberse ido: "Fue el momento de la revolución cubana y un grupo de nosotros sostenía que ese hecho era una línea divisoria. Se hablaba de llegar al socialismo por la vía pacífica; nosotros vimos en Cuba otro tipo de posibilidades", explicó.

Desde entonces y hasta el último y flamante Mundar (Seix Barral, 2007), publicaría más de una veintena de libros de poesía que se traducirían y le valdrían muchos premios: el Nacional de Poesía en la Argentina; el Juan Rulfo en México; el Reina Sofía, en España, antes del consagratorio Cervantes. "Creo que de la poesía siempre se aprenden cosas.

Para quien la escribe es una tarea riesgosa porque cada poema es un paso más dentro de la propia subjetividad. Y eso se incuba en la fragilidad y en la inseguridad sobre lo que se escribe. En cuanto a los demás, bueno, por mi experiencia de lector, la poesía como las otras artes ha tocado o abierto territorios que yo tenía, pero que no tenía porque no sabía que los tenía. Son espacios subjetivos, cosas que de repente suenan sin que uno sepa, muchas veces, de qué se trata. Lo que uno sabe es que hay algo, pero no mucho más."

¿Con qué libro, con qué poema, sintió que pasaba un umbral, que alcanzaba algún tipo de objetivo?

En general uno siempre tiene insatisfacciones con lo que hace. Porque la distancia entre la tarea y el resultado, o el esfuerzo por encontrar expresión a las obsesiones siempre deja la sensación de una distancia entre lo que se quiso expresar y lo que se pudo expresar. Supongo que ése es el motor por el que sigo escribiendo y tratando de apresar la poesía, esta difícil señora.

¿Nunca sintió que tenía a esta difícil señora entre los brazos?

Hubo algunos momentos en que así fue, sí. Son momentos escasos, pero son muy felices. Eso ocurre en todos los libros. En todos hay algunos de esos momentos.

¿Se siente en los brazos de esa señora cuando lee poesía de otros?

No, no es lo mismo. Pero porque al leer cosas ajenas lo que uno tiene es el goce de esa lectura, no el intento de escribir los poemas.

Si a la poesía no se la busca, ¿al periodismo sí?

Sí, claro. El periodismo es una cosa que interesa a mucha gente, que no es el caso de la poesía.

¿Y al escritor? ¿También le interesa?

Yo entiendo al periodismo como un género literario que se escribe bien o se escribe mal. Pasa lo mismo que en cualquier arte: se pinta bien o se pinta mal. A mí, el periodismo –sobre todo cuando fui cronista, que es siempre lo que me gustó más hacer, junto con las entrevistas– me dio mucho porque me puso en contacto con diferentes gentes, diferentes problemas. Como uno es curioso, condición esencial para ser periodista, creo que me ha enriquecido sin duda alguna. Hoy mismo, aunque soy columnista en algunos temas, también me aporta cosas.

La mayor parte de sus columnas de los últimos tiempos son denuncias contra los EE.UU. ¿Qué lo obsesiona de ese país?

No se trata del país. Se trata del gobierno de ese país. Yo me temo una catástrofe nuclear fabricada por este señor George W. Bush y sus adláteres. Eso es lo que realmente me preocupa. Mis artículos son también sobre Israel, sobre Irak y Afganistán... todos esos puntos donde ya hay guerras, algunas muy
viejas, y donde el peligro de un estallido atómico no es muy improbable. En realidad es eso lo que me preocupa, porque eso sería una tragedia para toda la humanidad: que volvieran los hongos atómicos.

En su prosa periodística anterior se destacan sus semblanzas y perfiles de artistas.

Durante años he escrito sobre escritores, poetas, músicos, actores, artistas de cine, siempre tratando
de indagar sobre su manera de acercarse al arte.

¿Qué le interesaba de eso?

El misterio del proceso de la creación. Yo todavía no lo entiendo.

A esta altura debe tener alguna pista.

Psss... tengo pasta los domingos.

LECHE ENVENENADA

Los antecedentes de sus columnas en Página 12 datan de 1966, cuando entró al periodismo grande: en la revista Cofirmado se encargaba de la sección de libros. De allí a la sección internacional de Panorama y luego al diario La Opinión , como secretario de Cultura y Espectáculos. Para entonces formaba parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) de orientación guevarista-peronista, que se fusionarían con Montoneros.

Trabajaría en el diario Noticias , que manejaba esa organización, y en Interpress Service, como director latinoamericano. Las amenazas hicieron que se trasladara la dirección a Roma. Allí y entonces se iniciaron sus años de exilio. Es difícil reconstruir lo que pasó, la verdad de la memoria lucha contra la memoria de la verdad. Han pasado años, los muertos y los odios se montonan, el exilio es una vaca que puede dar leche envenenada, al menos algunos parecen alimentados así.(...) La necesidad de autodestruirse y la necesidad de sobrevivir pelean entre sí como dos hermanos vueltos locos, escribía en Roma en mayo de 1980.

Hacía cuatro años que una patota había secuestrado y liberado a su hija Nora, de 19 años, y desaparecido a Marcelo, su hijo de 20 años, y a Claudia Irureta Goyena, su nuera, un año menor, embarazada. Volvió clandestino en el Mundial '78 y rompió con Montoneros cuando la conducción planeaba la suicida contraofensiva. Le valió una segunda condena a muerte. La primera la había extendido clandestinamente la dictadura. Y no pudo regresar a la Argentina hasta 1988 –tiempos de Alfonsín– porque, en secreto, un juez le había dictado captura por pertenecer al Consejo Superior del Movimiento Peronista Montonero.

En el extranjero se había ganado la vida como traductor de la ONU en Roma, París y Nueva York y regresó cuando intervino la Cámara Federal. En Buenos Aires conoció a la psicoanalista Mara Lamadrid, de quien se enamoró y con quien se fue a México, donde ella vivía y ahora viven: Siempre te amo por primera vez. / Siempre te amo por primera vez, le escribió en País que fué será (Seix Barral, 2004). Con ella publicó el primer libro de testimonios de H.I.J.O.S: Ni el flaco perdón de dios (Planeta, 1997).

De Marcelo recuperó los restos, en octubre de 1989. Habían sido arrojados al río Luján dentro de un tambor de arena y cemento. Lo habían matado de un tiro en la nuca. Después de una búsqueda intensa y de una campaña que apoyaron artistas, intelectuales y personalidades de renombre internacional, en el 2000 dio con Macarena, su nieta, de quien nada sabía al principio. "El mérito fundamental del hallazgo es de Mara. Ella pasaba horas frente a la computadora investigando.

Leyó centenares de páginas y libros y a la madrugada discutíamos las piecitas que iban apareciendo. Algunas cuajaban y otras no." Descubrieron que Claudia había sido trasladada encinta de 8 meses a Montevideo para "regalarle" la beba a un represor uruguayo. La asesinaron después de que amamantara a su hija. "Una vecina del señor que se quedó con mi nieta me llamó." Ahora pidió el juicio para cinco represores del centro clandestino Automotores Orletti por el crimen de su hijo.

Y sigue exigiendo los restos de su nuera en el Uruguay: "La búsqueda de los restos puede parecer necrofilia, pero tiene que ver con otra cosa: con que cada uno de los 30 mil desaparecidos –y como usted sabe las cifras borran historias individuales– existió, vivió, fue una persona y tiene una historia. Encontrarles un lugar de descanso es una vieja costumbre de nuestra vieja humanidad, es regresarlos a su historia y, en general, a la historia de nuestra civilización."

'Obligaremos al futuro/ a volver otra vez', escribió en su último libro. ¿Qué lo lleva a ser tan optimista?

Debo ser un esperanzado sin remedio y para eso no hay farmacias... qué le vamos a hacer.

Republicano, comunista, montonero, ¿cómo se define hoy políticamente?

Como una persona que no ve una izquierda viable en ninguna parte del mundo y que, sin embargo, sigue creyendo que esto algún día va a cambiar. Porque yo no creo que se pueda aplastar el espíritu de la gente, su capacidad de sueño y de deseo, por duro que sea el sistema.

Clarín, 06/01/08

Juan

Por Osvaldo Bayer

Juan ha recibido el premio que se merecía. La alegría de ver su nombre en las tapas. El premio a las letras que forman las palabras. A las palabras que envuelven los sueños. Juan, el poeta de las calles, de los barrios, de las plazas. Del dar la mano. Juan tiene mano de orfebre, de sembrador, la mano que acaricia la vida, pero que se vuelve puño en los tiempos humillados.

Me acuerdo de cuando lo conocí. Por los años cincuenta. Unas reuniones de poetas, escritores con esperanzas más que jóvenes. Optimistas de pura sangre. Revistas literarias, que no se dan nunca por vencidas. Aparecen, reaparecen, se pierden, surgen, siempre nuevas. Ya era poeta, Juan. Nosotros éramos literatos, periodistas, ensayistas, novelistas, cuentistas. El era poeta. En los años sesenta los sorprendí caminando adelante, a unos veinte metros de mí, a él y a Raúl. Claro, Raúl González Tuñón. Quién otro. Estoy seguro de que iban recitando “La costurerita que dio aquel mal paso”. Evaristo Carriego. El poeta que debe haberlos despertado del sueño a los dos. 

Juan, después, los sesenta. No sólo siguió escribiendo poesía todos los días. Sino que también se metió con todo en la lucha contra una sociedad que creaba villas miseria en las pampas más ubérrimas de la Tierra. La lucha, sus búsquedas. Sus libros siempre presentes, uno tras otro. Cada vez más comprometido. Dando la frente a los uniformes de turno. Pero Juan se daba tiempo también para remar en el cielo buscando estrellas y amaneceres, ninfas y silencios.

Juan ahí, tomando la revolución por la puerta delantera, sin interpretaciones academicistas. Pero siempre poeta. Con sus ojos más allá.

Pero la Muerte, de pronto. La Muerte de uniforme. Generales, almirantes, brigadieres, comandantes, comisarios generales, secretarios privados. Y los civiles marianizados de siempre con sus sonrisas genuflexas. Y Juan siguió en las trincheras de la vanguardia.

Hasta que vino la derrota. El dolor profundo. Me escribiste a Berlín, Juan, desde Roma, el 27 de mayo de 1979. No te dabas por vencido. Me comunicaste que seguías trabajando “en un proyecto político que tiende a crear una síntesis a partir de la derrota, un proyecto que, antes o después, me regresará al país”. Y buscabas la razón de tu tristeza y me decías: “La pelea por conseguir una política más sensata, la pérdida de tantos compañeros, el secuestro de mi hijo, de su compañera, del nieto por nacer, me distrajeron de mi condición de desterrado, me hicieron rotar por un limbo extraño, contradictorio, fantasmal y, muchas veces, alucinado”. Y agregabas algo para emocionarse en esos años de tantas luchas: “En poco más de un año escribí cinco libros de poemas con un par de obsesiones recurrentes. Una, el amor, una mujer amada; otra, la derrota, la muerte de los compañeros, mi hijo. Supongo que todo eso me distrajo también de mi condición de desterrado. Sólo ahora la empecé a admitir. Lo que escuché durante esa semana me llevó a reflexionar y escribir, que es mi manera de reflexionar sobre el exilio, nuestro exilio”.

Te contesté de inmediato desde Berlín, donde vivía yo el injusto destierro, así: “Querido Juan: no puedo decir alegría, más bien algo así como un agradecido deseo nostálgico de recordar, de recordar tu rostro de antes y de imaginarme el de ahora, con la belleza que da el sufrimiento a los nobles; eso es lo que sentí al recibir tu carta. He seguido tu lucha. Te he comprendido en todos tus pasos. Yo no puedo ser juez de un hombre de lucha, de un hombre de la permanente vanguardia, de un hombre que es la negación del oportunismo y el ejemplo puro del buscador nunca resignado. Juan: te he seguido más que en todo eso, en tu poesía. Las hemos leído mil y una vez en las reuniones de solidaridad aquí en Europa. La última, en Berlín, el público escuchó tus versos –magníficamente leídos por dos actores alemanes– como quien se halla en un oficio divino. Por eso, Juan, ves que todo está allí, en tu obra, para siempre. No la podrán ni destruir ni matar ni secuestrar ni torturar ni encarcelar. Está y estará allí, permanente. Ese convencimiento tiene que ser tu reposo, tu tranquilidad. Porque la lucha pasada, presente y futura, está en tu poesía. Que el reposo no te remuerda pensando en que la mejor poesía tiene que ser la acción. Porque por sobre tu ejemplar vida de luchador resplandece la poesía. Descansa ahora de la acción, no como resignación, sino como paso al vuelco total hacia la poesía. Las próximas generaciones esperan: van a querer saber de la poesía de la resistencia. Y tienes que estar vos, ya con la cabeza allí, en eso, fuerte, más fuerte que nunca acerado por los seres queridos que ellos hicieron desaparecer, por sus voces que escucharás todos los días, por los compañeros perdidos ya más allá del límite del horizonte. Ahora, Juan, la concentración de las fuerzas en la creación, que para ti es perennemente poesía. El limbo fantasmal y alucinado tiene que dar paso ya a la sonrisa segura, generosa, del triunfo del poeta sobre los enemigos del canto del gallo, sobre los enemigos del sol”.

Ahí mismo le propuse escribir un libro que se llamara “Exilio”. Juan aceptó de inmediato.

Cuando leí hace unos días que Juan había obtenido una distinción así, volví a repetir lo que siempre me llena de satisfacción: el triunfo final de la ética. Alguien tan perseguido como Juan, con el eterno dolor de haber perdido a su hijo y a su nuera embarazada por obra de la bestial represión militar, era reconocido ahora como un poeta fundamental del presente. En cambio, los que lo persiguieron ya están malditos por todas las generaciones. Quisieron matar la poesía y surgió la pluma que derrotó todas las armas, todos los instrumentos de tortura, la desaparición.

Así dice Juan en Exilio: “No era perfecto mi país antes del golpe militar. Pero era mi estar, las veces que temblé ante los muros del amor, las veces que fui niño, perro, hombre, las veces que quise, me quisieron. Ningún general le va a sacar nada de eso al país, a la tierrita que regué con amor, poco o mucho, tierra que extraño y que me extraña, tierra que nada militar podrá enturbiarme o enturbiar”.

Y así fue. A Juan le acaban de dar un ramo de flores. Hemos aplaudido los que lo conocemos y los que lo leen.

Juan, poeta y luchador por la sonrisa de los niños. Juan Gelman.

Fuente: Página/12

Una vida con ética y compromiso

Juan Gelman: poeta y periodista

Por Héctor Corti, ANC-UTPBA

Buenos Aires, 9 de marzo de 2006 - Juan Gelman, con casi 76 años priorizando la ética y el compromiso militante con la vida y la humanidad, es uno de los mejores ejemplos de lo que alguna vez dijo: "Creo que es imposible que el ser humano deje de ser utópico, que deje de sentir la necesidad de pelear contra la injusticia y de defender la dignidad".

Desde su nacimiento, un 30 de mayo de 1930 en el barrio porteño de Villa Crespo -cuando decidió acompañar a su madre porque "corresponde a un caballero estar con una mujer querida en una zona difícil como el parto"- hasta estos días, con su residencia permanente en la ciudad de México, pasaron por la vida de Gelman muchas hojas de muchos almanaques conteniendo poesías, artículos periodísticos, militancia, exilio, búsqueda, encuentros.

La cultura y el arte, así como las cuestiones sociales, fueron parte de la cotidianeidad en aquel hogar de inmigrantes ucranianos formados por José Gelman, un socialrevolucionario que sufrió la persecución y el destierro, y Paulina Burichson, una estudiante de medicina de origen judío, hija de un rabino.

También tuvo un temprano contacto con la palabra -"esa cosa que está rodeada de silencio"- de distintas formas: en el ejemplo que su padre le daba a partir de su gran afición a la lectura y la búsqueda del conocimiento; en el relato de cientos de historias que le hacía su madre; en las poesías en ruso que le leía su hermano mayor Boris.

La palabra es la base de los dos caminos elegidos por Gelman para transitar en su vida, el de la poesía y el periodismo, "que nunca llegan a interferirse", y que tienen dos lenguajes distintos, "íntimamente enraizados con diferentes misterios de la vida".

El camino de la poesía se presentó en su vida, quizá influenciado por aquel "amor no correspondido" en su niñez, inspirador de los primeros versos que fluyeron en un poeta que no sabe bien por qué se escribe, pero sí que "es imposible no hacerlo".

El periodismo, en cambio, fue la profesión que eligió para tener la posibilidad de estar cerca de la palabra. "Aunque la razón era equivocada, el oficio me pareció espléndido. Me permitió entrar en contacto con personas y realidades que alimentan mi escritura. El periodismo también es literatura. Pero algunos periodistas no se dan cuenta".

El colegio y el barrio conformaron dos espacios importantes durante la adolescencia de Gelman. En el Nacional Buenos Aires "me rozaba con gente de otra clase". Y el barrio representó "el escalafón completo: billar, mujeres, organillo, fútbol, milonga y esas cosas".

Dentro de "esas cosas" también estaba la poesía. Y la decisión tomada un buen día de ser poeta, dejando de lado sus estudios de Química. Entonces, junto a otros muchachos como Héctor Negro, Hugo Di Taranto o Julio Silvani, comenzó a compartir un sueño que se convirtió en realidad. Ellos fueron algunos de los integrantes del grupo literario "El pan duro", cuyo objetivo era la edición de libros. Y el primero fue, justamente, el de Gelman.

Era 1956 cuando "Violín y otras cuestiones", prologado nada menos que por Raúl González Tuñón, vio la luz y marcó el inicio de una producción intelectual tan prolífera como apreciada, que trascendió las fronteras y le prodigó reconocimientos en el ámbito nacional e internacional.

Aquellos días también fueron de tránsito por el otro camino, el del periodismo. Una profesión que nunca abandonó, ejerció con pasión y que a lo largo del tiempo demostró su gran capacidad profesional. Esas condiciones le permitieron ocupar espacios destacados en las redacciones de varias revistas, diarios y agencias de noticias.

El compromiso político y la militancia fueron otros aspectos que estuvieron presentes desde muy joven en la vida de Gelman. Fue así que con apenas 15 años ingresó al Partido Comunista, y años más tardes, apenas comenzada la década del ’70 se sumó a la izquierda peronista.

Roma, Madrid, Managua, París, Nueva York y México fueron algunas de las ciudades del mundo por donde transitó durante su exilio, cuando la noche de la criminal dictadura militar cayó con toda su crueldad sobre la Argentina.

El secuestro y desaparición de su hijo, Marcelo Ariel, y de su nuera, María Claudia García Iruretagoyena, embarazada de siete meses, fue el golpe más duro que esa dictadura le asestó a Gelman y su familia. Ahí nació una nueva lucha,- junto a los organismos de derechos humanos, familiares y amigos- en la búsqueda de su hijo, de su nuera y el de su nieta, luego de recibir la confirmación de que había nacido en cautiverio.

Los restos de Marcelo Ariel fueron encontrados en enero de 1990 y se velaron en la sede de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires. De María Claudia García Iruretagoyena, se presume que está enterrada en alguna dependencia militar de Uruguay, junto a otros desaparecidos.

En tanto que su nieta, que había sido entregada por los militares uruguayos a un comisario de ése país, fue encontrada en 2000. Por voluntad de ella se le hicieron los estudios genéticos y se confirmó que era la hija de Marcelo y Claudia. Así, recuperó su verdadera identidad. En 2004, concluyó con su trámites para lograr llevar el apellido de sus padres, hoy con sus 29 años es: María Macarena Gelman García Iruretagoyena.

"Creo que es imposible que el ser humano deje de ser utópico, que deje de sentir la necesidad de pelear contra la injusticia y de defender la dignidad". Claro que sí, Juan Gelman, claro que sí (ANC-UTPBA).

Homenaje por los 50 años en el periodismo

Para marcar su trayectoria en la profesión, doscientos periodistas saludaron al poeta, que estuvo acompañado por su nieta María Macarena y por su mujer, Mara Lamadrid

Por Silvina Friera (10/03/06)

Cuando Juan Gelman tomó el micrófono, doscientas personas se pusieron de pie, emocionadas, en la Unión de Trabajadores de Prensa (Utpba). Ahí estaba el "amigo Juan", ese gran poeta que enfrentó lo injusto de este mundo con un puñado de palabras que están grabadas en la memoria de los argentinos. El poeta, que celebra sus cincuenta años como periodista, recordó que en otro local de la Utpba se velaron los restos de su hijo Marcelo. "Cuando partió el cortejo, cayó una lluvia de pétalos de rosas de uno de los edificios. Y esos pétalos siguen cayendo sobre mi vida." Con ese estilo susurrante, de hablar bajito como si estuviera pidiendo permiso, Gelman, que estuvo acompañado por su nieta María Macarena, bromeó: "Uno llega a los 75 años por distracción". En el homenaje a este trabajador de la palabra, que publicó su primer poemario, Violín y otras cuestiones, en marzo de 1956, estuvieron el periodista Horacio Verbitsky y el secretario general de la Utpba, Daniel Das Neves.

Con una escenografía más que significativa –las fotos de Rodolfo Walsh y Haroldo Conti–, Das Neves subrayó la calidad del periodismo ejercido por el poeta. "Todos hemos compartido una redacción con Juan, seamos conscientes o no", señaló el titular de la Utpba. "Con crónicas profundas, opiniones contundentes, con su compromiso visceral y una prosa implacable, Gelman peleó por una vida digna y no permitió que se instale el olvido ni la distracción." Para Das Neves, el homenaje fue un acto de justicia, dedicado a quien hace cincuenta años que "viene trabajando con la palabra justa para deleitarnos y conmovernos".

Verbitsky dijo que conoció a Gelman en unas jornadas de lectura de poesía que se hacían en el sótano de un teatro. "Juan y Paco Urondo leían sus poemas y era sorprendente que la poesía pudiera convocar a tanta gente en el Buenos Aires de fines de la década del 50. Y la palabra de Paco y de Juan nos hacía vibrar, era una poesía muy bella que hablaba el lenguaje de la vida cotidiana." A los 22 años, Verbitsky tuvo el extraño privilegio de ser el jefe de Gelman en la redacción de la revista Confirmado. Claro que al principio Verbitsky pensó que le tendría que dar un tiempito al poeta para que se adaptara a los tiempos y el estilo de la revista. "Pero cómo no se iba a adaptar ese poeta maravilloso a la redacción. Nunca tuve que corregirle ni una sola letra de lo que escribía", confesó.

En la década del ’70, "años dramáticos y de mucha urgencia" –en palabras del autor de Robo para la corona–, cuando el oficio periodístico y la militancia empezaron a transitar por la misma senda, Gelman y Verbitsky compartieron la redacción del diario La Opinión. "Las páginas culturales de Juan son un ejemplo de periodismo de calidad y de compromiso con las luchas populares", precisó Verbitsky. Los tantos se invirtieron en el diario Noticias: el poeta fue jefe de Verbitsky. Los caminos se bifurcaron antes del golpe militar. En 1975 Gelman se exilió y recién a fines de la dictadura volvieron a encontrarse en una estación de subte de París. "Juan fue el gran organizador de las denuncias y logró el aislamiento de la dictadura." A partir del reencuentro, aparecieron las coincidencias, pero también las discusiones sobre las perspectivas de un futuro revolucionario. "Eramos fósiles que a lo máximo que podíamos aspirar era a ser el combustible para las próximas generaciones."

"No comparto la teoría de Horacio de que soy un fósil", bromeó Gelman. "Nos queda su actitud, su compromiso y calidad en el uso de la palabra", concluyó Verbitsky.

Un abrazo con la nieta

María Macarena se fundió en un abrazo con su abuelo Juan y fue encargada de entregarle un recordatorio a Gelman, junto con Daniel Das Neves. Horacio Verbitsky recordó anoche que la mayor obra periodística del autor de Violín y otras cuestiones y País que fue será fue su investigación sobre los horrores de la dictadura militar uruguaya. Al secuestro y desaparición de su hijo Marcelo, se añadió el dolor de otra pérdida irreparable: María Claudia Iruretagoyena, su nuera, que había sido trasladada a Uruguay embarazada, donde nació la nieta de Gelman. El poeta nunca bajó los brazos y enfrentó la complicidad del ex presidente Julio María Sanguinetti con los militares. "El trabajo de Juan permitió el reencuentro de Macarena con su identidad y con su historia", subrayó Verbitsky. El epílogo de esta lucha llegará cuando el poeta pueda recuperar los restos de su nuera. En el encuentro de ayer también estuvieron Cristina Banegas, Rogelio García Lupo, Nora Cortiñas y otras Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y Osvaldo Bayer, entre otros.

Página/12, 11/03/06


EMOTIVA CELEBRACIÓN DE LOS 50 AÑOS DE GELMAN EN EL PERIODISMO

Estuvo presente su nieta María Macarena Gelman García Iruretagoyena

Buenos Aires, 10 de marzo de 2006 (ANC-UTPBA).- El colmado auditorio "Gregorio Selser" de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA) albergó en la noche de hoy, viernes 10, la emotiva celebración de los 50 años en el periodismo del poeta y escritor Juan Gelman.

Las cálidas palabras del secretario General de la UTPBA, Daniel das Neves, sobre la integridad, la ética, la capacidad profesional y el compromiso de Gelman y el recorrido sobre la vida profesional y militante, realizada por el periodista Horacio Verbitsky, fueron expresando el significado y el sentido más profundo del acto homenaje.

Uno de los momentos más emotivos de la noche se produjo cuando Das Neves invitó a María Macarena Gelman García Iruretagoyena, al estrado para hacerle entrega Gelman, en nombre de los periodistas, de un cuadro, de Alberto Oris.

María Macarena, que nació en cautiverio en Uruguay, es hija de Marcelo Gelman y María Claudia García Iruretagoyena, quienes fueron asesinados durante la dictadura (ver aparte).

Con dos gigantografías a su espalda, una de Rodolfo Walsh y otra de Haroldo Conti, Gelman se sumó a la mesa para expresar su emoción de que este homenaje se haya realizado en la sede de la UTPBA y recordar que en otro de los locales de la entidad, fueron velados los restos de su hijo Marcelo, luego de su identificación en enero de 1990.

"Cuando el cortejo partió, de los balcones cayeron una lluvia de pétalos de rosa. Nunca lo voy a olvidar. Esos pétalos siguen cayendo sobre mi vida", dijo Gelman (ver aparte).

La periodista Claudia Quiñones, secretaría de Cultura de la UTPBA, quien presentó el acto, destacó el valor de la presencia de Gelman "en la casa de los trabajadores de prensa" y recordó que la actividad se enmarcó en la semana de homenaje realizada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y la Casa del Escritor de Buenos Aires.

"Para la UTPBA homenajear a Juan Gelman en sus 50 años de periodista-trabajador de prensa es, también, homenajear un tipo de periodismo y no otro. Un tipo de periodismo que se entiende con un sentido de la vida y no con otro. Con una mirada y no con otra. Ese otro al que lejos se está de ignorar", enfatizó Das Neves.

El secretario General de la UTPBA dijo más adelante que "Juan Gelman cumple 50 años de periodista. De un periodismo donde la prosa implacable no permite que holocaustos, dictaduras, genocidas, torturadores, criminales, apropiadores de bebes, explotadores intenten ni el olvido ni la distracción, ocultando responsabilidades asesinas bajo el felpudo de la impunidad. Lo saben, entre otros, quienes todavía se niegan a entregar el cuerpo de María Claudia, su nuera".

También señaló que ejerce "un periodismo que sabe reconocer mentirosos, hipócritas, pusilánimes y traidores en el escenario que analiza y también entre los pretendidos pares. De un periodismo que se va por la verdad, esa verdad que –recordaba el propio Gelman hace unos años- para los atenienses era el verdadero antónimo del olvido: la verdad de la memoria en la memoria de la verdad. Un periodismo que no se plantea falsas antinomias entre su deber ser y las ideologías o la objetividad".

Luego, Verbitsky recordó que con Juan Gelman compartieron 43 años en el periodismo y realizó un repaso por los tiempos en que lo iba a escuchar cuando leía sus poemas, las redacciones donde estuvieron juntos, así como los espacios de militancia "en aquellos tiempos, después de las horas de trabajo" y la importante actividad para denunciar a la dictadura militar que realizó.

El columnista de Página 12 contó que fue jefe de Gelman en la revista Confirmado, y que pese a que era poeta y no conocía bien el oficio "nunca tuve que corregirle una sola nota, porque las escribía mejor que nadie", y señaló más adelante que años después se invirtieron los papeles y "Gelman fue mi jefe en el diario Noticias".

Verbitsky finalizó su intervención sosteniendo que "las ideologías y los alineamientos de aquellos primeros días en que escuche la lectura de un poema de Juan y de Paco (Urondo) forman parte de la prehistoria. Lo que queda presente es una actitud de su compromiso, una calidad en el uso de la palabra, una profundidad en la entrega, una fidelidad a las personas y a los valores, a los compañeros muertos y vivos, a los sueños que no dejamos de soñar y por los cuales seguiremos luchando inspirados por Juan hasta el último días de nuestras vidas. Por todo eso Juan, muchas gracias".

La Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) se sumó a la actividad con la entrega a Gelman de un credencial de miembro honorario de la organización (ver aparte).

Osvaldo Bayer, Nora Cortiñas, Gustavo López, Cristina Banegas, Stella Calloni, Lilia Ferreira (compañera de Rodolfo Walsh). David Blaustein, Rogelio García Lupo, Héctor Carrica, Javier Urondo, Julio Santucho, Jorge Berneti, Eduardo Jozami, Lila Pastoriza. Miguel Repiso (Rep), Miguel Talento, Esteban Mc Allister, Jorge Boccanera, Nora Lafón, Nora Anchart y Rodolfo Braceli, fueron algunos de los asistentes al masivo acto, en el que también participaron organizaciones culturales, sociales, gremiales, de derechos humanos y vecinales.

También se hicieron presentes el embajador argentino en Uruguay, Hernán Patiño Mayer, representantes del astillero Río Santiago y delegados de medios gráficos y audiovisuales de la Argentina.

Por su parte, el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Ezquivel le envió a Gelman un cálido saludo (ANC-UTPBA).


Juan Gelman celebró en la UTPBA su historia en el periodismo

"SI VEINTE AÑOS NO ES NADA, CINCUENTA SON DOS Y MEDIA VECES NADA"

Das Neves, Gelman y Verbitsky junto a María Macarena, nieta del escritor.

Buenos Aires, 10 de marzo de 2006 (ANC-UTPBA).- "Estoy emocionadísimo por este encuentro, que siento no es personal, si no que tiene que ver con tantos compañeros. También me emociona mucho el hecho de que sea en el sindicato. En otro local (de la UTPBA), que no es éste, cuando encontraron los restos de mi hijo Marcelo, decidimos velarlo públicamente allí. Cuando partió el cortejo fúnebre, de los balcones de ese edificio cayó una lluvia de pétalos de rosas. Esto es algo que yo no puedo olvidar, y si se me permite la sensiblería, esos pétalos siguen cayendo sobre mi vida", dijo Juan Gelman, durante la celebración de sus 50 años en el periodismo organizado por la UTPBA.

"Agradezco muchísimo la presencia de ustedes, colegas de hoy y colegas de ayer. Y quiero agradecer al sindicato, quiero agradecer a ustedes la presencia. Hablaron de una manera que voy a necesitar tres o cuatro ‘egotecas’ para acumular todo lo que aquí se dijo. Por supuesto la amistad es generosa y exagera. Tanto en el diario Noticias, como en lo que fue la voz de solidaridad internacional, y de denuncia de los crímenes de la dictadura militar, fuimos muchos los que participamos, en el diario en particular", remarcó.

Gelman recordó que "todas las noches, para cerrar tapa, solíamos reunirnos Paco (Urondo), Horacio (Verbitsky), Rodolfo (Walsh) y yo, para decidir los títulos y las fotos. No voy a disimular que esas reuniones estaban convenientemente regadas de ginebra, cosa que le contribuía mucho a la creatividad del diario. Sigo convencido de eso. Solamente esto les quería decir. Si veinte años no es nada, cincuenta son dos y media veces nada" (ANC-UTPBA).

Durante el homenaje realizado en la UTPBA por sus 50 años en el periodismo

LA FELAP LE ENTREGÓ A JUAN GELMAN UNA CREDENCIAL HONORARIA

Buenos Aires, 10 de marzo de 2006 (ANC-UTPBA).- La Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) expresó su "profundo afecto y respeto al compañero Juan Gelman, en este día que tanto le pertenece y que tanto nos honra como periodistas, escritores y, por sobre todo, como luchadores políticos y sociales", en el marco del homenaje que el poeta y periodista recibió hoy en el auditorio Gregorio Selser de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA).

Durante la ceremonia, Gelman recibió de mano de la periodista Lidia Fagale, en representación de la FELAP, una credencial de miembro honorario, debido a su trayectoria de 50 años dentro del periodismo.

"Su lucha inquebrantable por un mundo mejor, es la lucha del hombre militante de las palabras y los hechos", sostuvo la FELAP, principal entidad de periodistas de la región, en un comunicado firmado por su presidente, Juan Carlos Camaño, en el cual destaca la obra y el compromiso del poeta y periodista hacia la profesión y las cuestiones sociales. (ANC-UTPBA).

La nieta de Juan Gelman compartió el homenaje por los 50 años en el periodismo

MARÍA MACARENA ESTUVO PRESENTE EN LA UTPBA

Imágen: María Macarena junto a su abuelo y la prima de su mamá desaparecida, la periodista Gabriela Sharpe.

Buenos Aires, 10 de marzo de 2006 (ANC-UTPBA).- Por primera vez María Macarena Gelman García Iruretagoyena participó en una actividad pública. Lo hizo en la UTPBA para estar presente y acompañar, con toda su emoción, a su abuelo Juan Gelman, en el homenaje por los 50 años en el periodismo.

María Macarena, de 29 años, es hija de Marcelo Ariel Gelman y María Claudia García Iruretagoyena, quienes el 24 de agosto de 1976 fueron secuestrados por la dictadura militar de la Argentina.

Marcelo Ariel, fue asesinado y sus restos recién pudieron ser encontrados e identificados en enero de 1990, para finalmente ser velados en la sede de la UTPBA.

María Claudia, que estaba embarazada de siete meses, fue una víctima del Plan Cóndor, ya que fue trasladada a Uruguay, allí tuvo a su hija en el Hospital Militar, y luego la alojaron en un centro clandestino. Se presume que su cuerpo está enterrado en alguna dependencia militar de ese país.

María Macarena fue arrancada de los brazos de su madre y entregada a un comisario uruguayo, quien junto a la esposa, la inscribieron como propia dándole una identidad falsa.

Al tener la confirmación del nacimiento de un nieto o una nieta, tanto los abuelos paternos, Juan Gelman y Berta Schuberoff, como los maternos, María Eugenia Cassinelli y Antonio García Iruretagoyena, comenzaron su búsqueda -sumada a la de su madre María Claudia-, junto a organismos de derechos humanos, amigos y familiares.

María Macarena fue ubicada a fines de 1999 residiendo en Montevideo, ciudad de Uruguay, en donde por propia voluntad se realizó los estudios genéticos, que le confirmaron ser la hija de Marcelo Ariel y María Claudia.

El proceso judicial que siguió a su identificación culminó en 2004, cuando luego de realizar todos los trámites, pudo recuperar su propia identidad. A partir de ese momento comenzó a llamarse María Macarena Gelman García Iruretagoyena.

María macarena siguió todo el acto con marcada emoción y sus ojos recorrieron continuamente la escenografía del lugar, donde las imágenes de periodistas desaparecidos, entre ellos su padre, rodeaban a los presentes entrelazando historias, bellas y enormes historias de lucha, de vida (ANC-UTPBA).

Juan Gelman, a los cincuenta años de poeta y periodista

"ME DISTRAJE. LLEGUÉ A LOS 75 SIN DARME CUENTA" (*)

Buenos Aires, 10 de marzo de 2006 (Por Susana Viau (**), ANC-UTPBA).- El poeta Gelman está en Buenos Aires, su ciudad, que lo homenajea por cinco décadas de escribir, hablar, crear. Una charla que recorre su vida desde los inicios, la casa en la calle Canning, el fútbol, el tango, la militancia, el exilio y la búsqueda de la familia que le desaparecieron. Y en la que se descubre que también hace 50 años nació su hijo asesinado.

Si Juan Gelman tuviera que hacerse una entrevista, se enfrentaría a dos dificultades. La primera, obtenerla; la segunda, la voz, "porque hablo muy bajo". Pero en esta oportunidad se ha sometido al encuentro con resignación. Sabe que el mal trago es parte de un paquete que incluye su designación como profesor honorario de la Universidad de Buenos Aires, Doctor Honoris Causa de la Universidad de Quilmes y embajador cultural de la ciudad de Buenos Aires.

La elección del momento no es arbitraria: se cumplen cincuenta años de la edición de su primer volumen de poesía, Violín y otras cuestiones, y otros tantos de su iniciación como periodista. En cuanto a la voz, de a ratos inaudible, Gelman tomará sus precauciones y mantendrá muy cerca el micrófono. Es una mañana soleada, a metros de la Plaza San Martín; el lobby del hotel es tranquilo y Gelman está de buen humor, esto es, filoso, irónico, burlón, aunque aproveche los tramos iniciales para clavar una pica en Flandes y recordar que aún queda por recuperar el cuerpo de su nuera, María Claudia García Iruretagoyena, una tarea que se ralentiza en los cuarteles uruguayos.

"Y todo muy bien", dirá con desencanto. La charla, involuntariamente, llevó a Página/12 a otro descubrimiento: también hace 50 años, cuando Juan Gelman tenía 26, nacía el mayor de sus dos hijos, el varón, Marcelo, secuestrado y asesinado por la dictadura militar. La hija, Nora, vendría al mundo un año después. El hallazgo periodístico, sin embargo, no había sido sino una secuela de la distracción. Porque el dato estaba escrito allí, en uno de los últimos poemas de Violín... que dice "Tal vez el mundo cabe en la cocina/donde hablamos del hijo/El futuro es un rostro, un dulce nombre/una sangre en camino a este camino".

– Viene poco, últimamente.

– En realidad, hasta el año 2000, cuando encontramos a mi nieta, yo venía a la Argentina dos o tres veces por año, siempre en función de la investigación. Después, en el 2001, 2002, volvimos tranquilos, de vacaciones. En el 2003 estuvimos una semana, para ver a Kirchner por el tema de los restos de mi nuera.

– Despreocúpese del micrófono. Lo importante es la respuesta, no la pregunta. Yo no soy Victoria Ocampo.

– Tenés suerte... Y encima te quejás.

– Hablábamos de los regresos.

– En ese tiempo se creó una situación delicada. Kirchner se enfrentó con Batlle, hubo tensiones muy fuertes. Tampoco quise ir a la asunción de Tabaré, aunque la gente del Frente me lo insinuó. ¡Bah! Me dijeron directamente: "Tenés que venir". No lo hice. Preferí ver cómo evolucionaban las cosas. Bueno, ya sabemos cómo está el asunto de los derechos humanos en Uruguay.

– O cómo no está.

– Sí, más bien cómo no está. Tabaré quitó el caso de mi nuera de la Ley de Caducidad. Todo muy bien, pero la Justicia uruguaya volvió a archivarlo. Y todo muy bien. Igual, hay ciertos hechos positivos: por ejemplo, que estén buscando en los cuarteles. Claro que el ex comandante en jefe Bertolotti (¿te acordás de ese programa de radio que popularizó lo de "Bertolotti, no me mientas"?) llevó a mi nieta al Batallón 14 y le dijo: "Acá, en un radio de cinco metros cuadrados, están los restos de tu madre". Cinco metros cuadrados. Ya llevan cavados dos mil quinientos. La otra cosa positiva es que encontraron e identificaron a dos personas desaparecidas. Una la ubicó el jefe de la Fuerza Aérea, que contó que "en una chacra de Pando están enterrados dos desaparecidos". En el Batallón 13, donde se suponía que no había nada y donde nosotros insistimos en que están los restos de mi nuera, apareció una osamenta completa, que se identificó y es el padre de Javier Miranda. Después encontraron restos que se supone son de mujer pero no sabemos todavía a quién corresponden.

Esto sirve en el sentido de que la sociedad uruguaya está empezando a saber públicamente –suponiendo que antes no lo supiera– qué barbaridades se cometieron durante una dictadura de la que se decía era una dictadura buena porque no secuestraba niños ni fusilaba. En el informe de la Comisión para la Paz, los que murieron por tortura "fallecieron". Dicen que no hubo ejecuciones y el caso de mi nuera demuestra lo contrario. Y está el llamado "segundo vuelo", del que el propio comandante en jefe de la Fuerza Aérea dijo que había existido y estuvo a cargo de la OCOA, del ejército. En ese vuelo, más de veinte uruguayos secuestrados en la Argentina fueron trasladados al Uruguay y fusilados.

– Sin ese objetivo concreto, ¿cómo siguió la relación con Buenos Aires?

– Hubo dos años en que volvimos, como siempre. Luego vino esta situación delicada. Yo no podía aparecer presionando a Kirchner. El tema ya está ubicado a nivel de gobiernos.

– ¿Qué tal se vive tan lejos de Dios?

– Yo creo que Dios estuvo lejos de mí desde hace mucho. De manera que... éste es el lado del asunto que no tiene solución.

– Si lo prefiere, tan cerca de Estados Unidos.

– Bueno, yo no sé qué lugar queda lejos de Estados Unidos. Fijate vos lo que está pasando en Irak, que parecería estar tan lejos de Estados Unidos. En México estoy cómodo. Tengo una vida recoleta, leo, trabajo, escribo...

– ... de noche, como casi todos los de su generación.

– Sí, en general, sí. ¿Eh? ¿qué querés decir?, ¿que toda mi generación escribía de noche?

– Bueno... era una mala costumbre.

– A falta de... ¿O vos lo decías por la edad? Porque... sí, lo decías por la edad. Con el tema de la edad, ¡qué te puedo contar! Me distraje. Llegué a los 75 sin darme cuenta. La única ventaja es que el tiempo envejece con uno. Así, no hay problema.

– Cincuenta años con la poesía o con el periodismo, es un número...

– Por eso te digo, me distraje. No encuentro otra explicación.

– Fue una vida, digamos, movida. ¿Queda alguno de los amigos de Villa Crespo?

– Mirá, algunos hay todavía. Otros fallecieron, por causas naturales y de las otras. Cada vez que vengo a Buenos Aires, voy para allá.

– A la casa de sus padres...

– La casa de mis padres ahora es un negocio. Vivíamos en Canning al 300. Ahí, en esa misma cuadra, nació Pugliese.

– Era el escritor del grupo.

– Yo fui el único que salió escritor y lo tenía que ocultar cuidadosamente. Pero los muchachos fueron cariñosos conmigo. Como éramos todos de Atlanta había una cierta solidaridad en la desgracia. Y fijate que en Atlanta me hicieron el homenaje más grande de mi vida: inauguraron una biblioteca y le pusieron mi nombre. Claro, después de todo lo que Atlanta me hizo sufrir, me lo debían, fue una especie de compensación.

– A la esquina de Canning y Vera le siguió El Pan Duro.

– El grupo inicial de El Pan Duro éramos Héctor Negro, Hugo Di Taranto, Juan Hierba, que en realidad se llama Nemirosky, que se exilió en España y se quedó, Carlos Somigliana, que después derivó a la dramaturgia, y yo. Había un sexto, del que no acabo de acordarme. Muy poco después se agregaron Juana Bignozzi, Atilio Castelpoggi. Eramos gente de la Juventud Comunista y alrededores, nos reuníamos en cafés y, como nadie nos publicaba, decidimos autopublicarnos. Empezamos a hacer actos, lecturas. A una de ellas, la que hicimos en el viejo teatro La Máscara, asistió Raúl González Tuñón y de algún modo nos apadrinó. El orden de publicación de los libros lo decidíamos entre todos, en votación secreta. A mí me tocó ser el primero con Violín y otras cuestiones. Necesitábamos sello editorial y por intermedio de González Tuñón llegamos al viejo Gleizer, Manuel Gleizer, que era un viejo absolutamente extraordinario. Era de Odessa.

– Como su madre...

– Sí, mi madre era de un pueblito muy cercano a Odessa. Gleizer tenía en Triunvirato, que entonces era Corrientes, un bolichito donde vendía ropa. Era un lector empedernido y empezó a vender libros también. Ese lugar se convirtió en una peña donde iban pintores, intelectuales. El editó los primeros libros de los desconocidos de entonces: Borges, Marechal, la generación del ’22. Cuando llegamos nosotros, Gleizer ya no editaba más, pero generosamente nos prestó el sello y se ocupó. Fue uno de los primeros editores que tuvo la Argentina, porque antes los libros los editaban las imprentas. El tuvo esa audacia.

– ¿El oficio de periodista cuándo arranca?

– En el ’56. En Orientación, que era un semanario, órgano oficial del Partido Comunista. Escribía de todo, porque era un semanario donde, que yo recuerde, se tocaban temas obreros, temas sociales, temas internos a veces.

– ¿Y en la prensa comercial?

– Empecé en el año 1966 en Confirmado. Después trabajé en Panorama y en La Opinión.

– Si no recuerdo mal, en Panorama, al caer la tarde, se escapaba con Paco Urondo a tomar calvados a un boliche del Bajo que mantenían en secreto. Paco decía que el calvados le recordaba a Ingrid Bergman y Charles Boyer. Eran muy peliculeros ustedes.

– Si vos lo decís... Y también a mediodía nos escapábamos a una parrilla que estaba en Belgrano y Costanera Sur. Íbamos con El Moro (Edgardo) Da Mommio, Edmundo Eichelbaum y Paco a comer vacío del ala. El boliche era de un asturiano muy simpático y pedíamos "del ala" porque era el más tierno.

– Entre esos compañeros de trabajo estaban algunos de sus grandes amigos...

– Claro. El Moro Da Mommio, Paco Urondo. Los otros eran José Luis Mangeri, Juan Carlos Portantiero, Andrés Rivera. Con algunos de ellos habíamos formado el grupo Nueva Expresión y después La Rosa Blindada, un invento de Mangeri y de Brocato. Ellos nos editaban. La Rosa Blindada jugó un papel político en ese momento. Éramos gente que se había ido del PC. En mi caso, me echaron porque me fui. Una medida higiénica necesaria: si un tipo se va, hay que echarlo.

– Será porque el que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen.

– Sí, debe haber sido así, me echaron por las dudas. Pero lo de la Rosa Blindada fue muy interesante, escribía gente como el gordo Cooke, era un esfuerzo transversal, como se dice ahora, de la izquierda. Después Mangeri se dedicó a una tarea editorial muy importante.

– Por esos años volvió a militar.

– Sí, después de años de no andar en nada. Porque del ’64 al ’67 hubo un vacío tremendo en la izquierda. Vos dirás si ese vacío sigue o no...

– ¿Quién fue el contacto con las FAR, si se puede saber?

– Paco y yo teníamos un pacto: el primero que se enteraba de algo le avisaba al otro. El se enteró primero por la hija y me avisó. Antes de eso, en el ’64, se había producido el intento del Comandante Segundo, que fracasó. Después, cuando también falla lo del Che en Bolivia, gente que estaba relacionada con ese proyecto y había quedado suelta, sin organización en la Argentina, forma lo que se llamó las proto FAR y luego dio origen a las FAR.

– ¿Y el pasaje a Montoneros?

– Después del triunfo de Perón tratan de fusionarse Descamisados, Montoneros y FAR. Digo tratan porque en realidad esa conducción, que constituían dos hombres por organización, nunca se fusionó realmente. Era un especie de sincresis, no de síntesis. En las FAR, que eran guevaristas antes del regreso de Perón, existía la preocupación por llegar a una clase obrera que era en su mayoría peronista pero, ante todo, era clase obrera. Nunca pudimos resolverlo. La fusión con Montoneros permitía eso, de algún modo.

– ¿Cuántos años tenía al nacer su primer hijo?

– Cuando nació mi hijo yo tenía... 26.

– O sea que también de eso hace medio siglo...

– Así es, hace cincuenta años del nacimiento de mi hijo también. Nora, mi hija, nació un año después.

– Este 2006 tiene su...

– ... su densidad. Sí, tiene su densidad.

– ¿Cómo compatibilizó la vida familiar con la militancia?

– Bueno, no eran demasiado compatibles.

– La poesía tampoco.

– Mirá, la poesía es una situación más o menos inevitable. Afortunadamente, para el lector es evitable. Para el que la escribe, no. A mí me admiraba lo de Rodolfo Walsh o lo de Paco Urondo, que seguían escribiendo. Y eso que Paco tenía una responsabilidad grande en la organización, yo no.

– Urondo admiraba a René Char. Siempre que lo nombraba agregaba: "el comandante Alejandro"

– ... que era el nombre de guerra de Char en la Resistencia francesa. Paco dejó un libro inédito, que desgraciadamente se perdió y del cual se publicaron sólo algunos poemas en la revista Crisis: Poemas de Batalla. Paco escribió hasta último momento y Rodolfo igual.

– ¿Y usted?

– Yo también, ¡cómo no!

– Había un puñado de poetas militantes. Miguel Angel Bustos, del PRT, desaparecido en 1976, era un poeta exquisito. Sin embargo, la poesía no se cotizaba bien en las organizaciones. Quizá fuese porque las direcciones no eran muy cultas en ese aspecto. ¿Usted qué cree?

– Bustos era muy bueno, ya lo creo. En cuanto a lo de las direcciones, sos generosa, muy generosa con eso. En todos esos organismos había el mismo obrerismo que en el Partido Comunista. El intelectual, de entrada, era sospechoso. Paco me hacía reír contándome de las reuniones que él tenía y donde "te hacían la autocrítica". Cuando la autocrítica le tocaba a él, decía: "Yo no tengo ningún defecto pequeñoburgués... porque yo soy un gran burgués".

– ¿Se sorprendió cuando las radios difundieron que habían incautado el Diario del Che y Juan Gelman figuraba en él como uno de sus hombres en la Argentina?

– Yo no sabía nada. Esa mañana estaba trabajando en Panorama y me llamó Pajarito García Lupo para decirme, "Juan, figurás en un best-seller".

– ¿Resultó tolerable el exilio?

– Yo, en realidad, no me exilié, la organización me mandó al exterior para hacer relaciones políticas y denunciar la situación de los derechos humanos en la Argentina, con Isabel. Salí en el ’75 por esa razón. La salida se convirtió en exilio con el golpe de Estado. Conseguimos la primera condena de la dictadura militar. Yo trabajaba en una agencia de noticias, en Interpress. El dueño, Savio, decidió trasladarla y se aprovechó esa circunstancia para que yo viajara. Aprovechando mi trabajo entrevisté a Mitterrand, a Palme e hicimos firmar una declaración que, en verdad, era para denunciar lo que pasaba con Isabelita. Ocurrió el golpe y los términos seguían vigentes. Fue lo primero que apareció en el campo internacional sobre la dictadura militar. No teníamos dinero, el Tata Cedrón hizo un concierto y con eso publicamos un avisito en Le Monde.

– En ese entonces Pinochet tenía más prensa que Videla.

– Es verdad y, además, en el exilio cada quien tenía su internacional: la demócrata cristiana, la socialista, la comunista. ¿Y nosotros qué internacional teníamos? Ninguna.

– En Roma le preocupó la posibilidad de contaminación lingüística.

– Mirá. Fue una casualidad porque en el ’63, en el gobierno de Guido, me metieron preso. Estaba en el pabellón de castigo de Villa Devoto y no dejaban pasar libros. El único que me permitieron fue una gramática italiana. Y no tuve más remedio que aprender gramática italiana. Eramos cuatro en el calabozo. Me miraban como pensando "este tipo tiene la mandarina oxidada", así dice mi nieto. Después me tocó ir a Italia y, efectivamente, el italiano me jorobaba porque es muy líquido; me molestaba la oreja porque yo venía con todo el sentimiento, la derrota, las pérdidas familiares, la muerte de los compañeros. Entonces, para sacármelo de encima escribía sonetos pornográficos.

– ¿Sería capaz de recitarme alguno?

– Hice un soneto sobre Romeo y Julieta explicando por qué murió Julieta. Decía, para rimar con Romeo, que tenía "un cazzo /lungo come magnifico corteo" y que Julieta "Non murio da tristizia/ma da cazzo". Se los recitaba a los muchachos que trabajaban en la sala de teletipos.

– ¿Quién es su padre poético?

– César Vallejo. Y Raúl González Tuñón, también. Yo creo que hay, sobre todo, cercanías, afinidades, miradas parecidas. Y en el caso de Vallejo lo que más importó fue esa voluntad de destruir los límites de la lengua, de trascenderlos, en especial en Trilce, pero no sólo en Trilce. Después lo que pasa es que uno trata de hablar por uno mismo... con la ayuda de los padres.

– ¿Nunca se animó con la narrativa?

– Mirá, una vez intenté escribir una novela que se llamaba "Diario de un poeta". El personaje era un tipo que escribía poesía por holgazán, porque era cortito. Hice treinta páginas y la dejé, porque yo también soy fiaca. Luego escribí cuentos, pero tuvo más que ver con una suerte de experimentación verbal.

– Bailaba tango en los años de Villa Crespo, ¿no?

– Uno iba a los bailes para muchas cosas, sacabas a las mujeres con el cabeceo y preguntabas "¿vino sola o acompañada?", preparabas el terreno para después. Y escuchábamos tango. Me acuerdo de una confitería que se llamaba Las Violetas, que no es la de Medrano. Ahí tocaba Pracánico. Cuando terminaba el tema, Pracánico se daba vuelta y una vez de espaldas al público agarraba de un platito la dentadura postiza. Se la colocaba y volvía a darse vuelta y saludaba. Le gritaban "Pracánico, ponete la sonrisa".

– ¿Piensa devolverme alguna vez el libro de Stephen Spender que le presté hace 38 años?

– Y... si querés, te compro uno (ANC-UTPBA).

(*) Nota publicada por el porteño diario Página 12.
(**) Periodista. Miembro de conducción de la UTPBA.

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Juan Gelman, a los 50 años de poeta y periodista
MÁS HOMENAJES Y RECONOCIMIENTOS

Buenos Aires, 10 de marzo (ANC-UTPBA).- Luego de su merecido homenaje de hoy en la UTPBA, continuarán los reconocimientos para el poeta y periodista Juan Gelman por sus cincuenta años en el periodismo y en la aparición de su primer libro de poesías.

El próximo lunes 13, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, mediante su secretario de cultura, Gustavo López, designará a Gelman como Embajador Cultural de Buenos Aires.

El acto será a las 19:30, en el Teatro Presidente Alvear, avenida Corrientes 1659, y estarán presentes Manuela Fingueret, titular de la Casa de la Escritura; el poeta Hugo Di Taranto, del mítico grupo literario El Pan Duro, y finalmente el propio homenajeado recitará algunos de sus poemas.

El martes 14, a las 18:30, la Universidad de Buenos Aires (UBA) le otorgará el título de Profesor Honorario de la institución.

Cabe recordar que ayer, jueves 9, la Universidad Nacional de Quilmes (UNQUI) nombró a Juan Gelman Doctor Honoris de la mencionada casa de estudio (ANC-UTPBA).

"Precalentamiento para el Premio Nobel"

El poeta fue nombrado Embajador Cultural de la Ciudad. Y de paso lo postularon. (13/03/06)

Gelman leyó sus poemas y fue saludado por escritores y funcionarios del gobierno porteño.

Por Silvina Friera

Quizá para contrarrestar el clima de solemnidad de todo tributo, homenaje, o como se lo prefiera llamar, Juan Gelman desparramó ese delicado humor que lo caracteriza y hasta se permitió meter un bocadillo de la mejor ironía. Y le salió de taquito. Por algo lo llamaban el pibe "taquito" en el barrio de Villa Crespo. Cuando subió al escenario del teatro Alvear para agradecer que lo nombraran Embajador Cultural de la Ciudad, dijo: "Cada porteño es representante de Buenos Aires, para bien o para mal, eso depende de cada porteño". Y, como haciéndose el distraído, le preguntó al nuevo jefe de Gobierno, Jorge Telerman, si el "cargo" de Embajador Cultural "viene con presupuesto". Las carcajadas tapaban la voz del poeta, aunque Gelman la levantó un poco para que todos escucharan el remate: "No sé qué es ser embajador, sólo sé que hacen grandes comilonas y que invitan a gente importante, y quién sabe si el Gobierno de la Ciudad ha contemplado esta situación, porque el que no come qué cultura puede hacer".

Manuela Fingueret, directora de la Casa del Escritor, confesó que "tratábamos de imitarte toda vez que leíamos en público". Después de bromear sobre la baja performance de Atlanta, pasión que hace sufrir, por lo visto, a hombres y mujeres por igual, la poeta y narradora señaló que Violín y otras cuestiones es "el libro en el que el poeta reescribió a Buenos Aires con un violín que huele a exilio prematuro". Los premios y el reconocimiento que viene conquistando, año tras año, el autor de Los poemas de Sidney West, Cólera Buey y País que fue será ubican a Gelman en el pelotón de escritores que aspiran a más. "Tu actitud de maestro involuntario y callado te convierten en merecido candidato al Premio Nobel de Literatura", aseguró Fingueret, y el público celebró con aplausos y gritos un reconocimiento que coronaría la vida y la obra de uno de los poetas más importantes del siglo XX. "Quiero reafirmar que en tu persona recordamos el pasado como un acto político y poético", agregó la directora de la Casa del Escritor. "Buenos Aires es Cortázar, Borges, Pichuco Troilo –enumeró el secretario de Cultura de la Ciudad, Gustavo López–. Son esos artistas que le dicen al mundo cómo somos los argentinos, y Gelman es uno de los grandes poetas y escritores que dio el siglo XX." López, que definió al poeta como "uno de los imprescindibles", advirtió que no sólo se aprende con sus libros, sino del "hombre que dio todo lo que tenía que dar por nuestro país".

El jefe de Gobierno, Jorge Telerman, a cuatro horas de haber asumido el cargo, que según sus palabras fue "lo más importante que me ha pasado en mi vida política", recogió el guante lanzado por Fingueret. "Es un honor, en serio, hacerte este homenaje que es un precalentamiento al Nobel, nuestro Oscar porteño." Sobre el afecto y el cariño que genera el poeta, Telerman observó: "Sos amado no sólo por los lectores, sino por los otros artistas que, como vos, adelantan permanentemente en el tiempo, que piensan las cosas antes". El poeta Hugo Di Taranto deleitó a las más de 500 personas (entre ellos numerosos poetas, plásticos e intelectuales, además del secretario de Cultura de la Nación, José Nun, y el juez de la Corte Suprema Eugenio Raúl Zaffaroni) que llenaron el teatro Alvear con sus anécdotas de la época de Pan Duro, grupo que integró con Gelman, Héctor Negro y Carlos Somigliana, entre otros. "Juan se merece esto y mucho más –admitió–. Poetas va a haber siempre, no es el único que tenemos, pero es uno de los más grandes." Y sobre el peligro de que Gelman se convierta en un padre que "asusta" a las jóvenes generaciones, Di Taranto recordó una famosa anécdota de la historia de la literatura argentina. "Juan: que no te pase lo de (Witold) Gombrowicz, que cuando se iba del país gritaba ‘Maten a Borges’, porque los anulaba a todos.". Sobre el final, Gelman leyó el emblemático "El caballo de la calesita", "Sudamericanos" y "Confianza", entre otros poemas.

Página/12

"Ningún elogio o premio escribe por vos"

Entrevista por Vicente Muleiro y Eduardo Pegoriles para Revista Eñe, Clarín, 11/03/06

Es el poeta argentino de mayor prestigio, más estudiado y premiado de su generación, la de los años 60-70. Vive en México y está en el país precisamente para asistir a una serie de homenajes con motivo del cincuentenario de su primer libro, "Violín y otras cuestiones". Con Ñ, habló de la lengua popular, del llamado "coloquialismo" y de poesía mística y de política actual. Además, un análisis de su obra, por Jorge Boccanera, y algunos poemas suyos.

Parece haber vivido casi todo como un maduro cantante de tangos que vuelve de la guerra. Conserva esa voz ronca, la mirada dolorida, la elegancia de movimientos, el hábito de fumar y decir lo que piensa. "En definitiva lo que importa no es ni aquello sobre lo que el poeta escribe ni la generación a la que pertenece, sino la poesía que hace, su autenticidad", dice Juan Gelman. Vive en el Distrito Federal de México —"en el barrio Hipódromo Condesa, creo que le pusieron Hipódromo cuando se dieron cuenta de que un porteño como yo vivía ahí", dice sonriente— pero ahora está en Buenos Aires por una semana repleta de homenajes públicos.

Lo trajo aquí la Casa del Escritor, que depende de la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Gelman cumple medio siglo con la poesía: en 1956 publicó Violín y otras cuestiones, su primer libro, que Planeta reedita en estos días con el prólogo original de Raúl González Tuñón y una tapa que reproduce en facsímil aquella misma del editor Manuel Gleizer. También cumple medio siglo con el periodismo: el 10 de marzo lo homenajeaba la UTPBA —el gremio de prensa— con palabras de Horacio Verbitsky. Los homenajes culminarán el lunes 13 en el Teatro Alvear, donde Gelman leerá algunos de sus poemas, su amigo Hugo Di Taranto recordará los tiempos del grupo El Pan Duro y el secretario de Cultura porteño, Gustavo López, lo nombrará "embajador cultural" de la ciudad.

Tanta actividad pública lo abruma un poco, él preferiría simplemente caminar estas calles en calma y no terminar nunca sus cenas con los amigos. Como sea, en esta entrevista con Ñ repasa su historia poética, tan unida a su propia historia política.

-Tenías 26 años cuando aparece "Violín y otras cuestiones"- , González Tuñón te hace de padrino. ¿De qué poéticas venías?, ¿qué cosas te habían entusiasmado como lector?, ¿sentías que con tu poesía salías a discutir con lo que se estaba publicando entonces?
-Nadie escribe poesía para discutir a nadie, uno trata sólo de decir lo suyo. Mi libro tiene mucho que ver con el grupo El Pan Duro, éramos miembros de la Juventud Comunista o estábamos cerca. Eso nos juntó. Siendo un poeta joven y desconocido, era muy difícil publicar, entonces decidimos autopublicarnos. El método era vender bonos de diez pesos, era lo que podía costar un ejemplar. Hacíamos recitales, fiestas populares en clubes como Vélez Sarsfield, íbamos haciendo la edición a medida que teníamos el dinero. Nos reuníamos y elegíamos el orden de publicación en una votación secreta. El primer libro fue el mío, después salió Bandoneón de papel de Héctor Negro, luego El tiempo es un barrio de Julio César Silvain. En el grupo inicial estaban también Hugo Di Taranto, Juan Hierba y Carlos Somigliana.

-¿Fue importante salir con ese prólogo de González Tuñón?
-Sí, porque yo en realidad no lo conocía. Hicimos una lectura en el teatro independiente La Máscara, era la primera vez que leíamos juntos, apareció Raúl, le gustó la cosa y entonces escribió ese prólogo. La otra historia linda es que quisimos buscar un sello editorial y hablamos con Manuel Gleizer. Estaba viejo, ya no editaba pero —muy generosamente— cedió su sello. En la década de 1920 Gleizer había publicado los primeros libros de Borges y de Marechal cuando ellos eran desconocidos. Fue un verdadero editor en una época en que los que publicaban libros eran las imprentas. Gleizer era un inmigrante judío de Ucrania, empezó en Villa Crespo con un bolichito, en la calle Triunvirato, vendía ropa y era un lector insaciable.

-Volvamos al año 1956. Entre las corrientes poéticas locales había estado el romanticismo de la década del cuarenta con Barbieri; había líneas que recuperaban el surrealismo y estaba la gente de Poesía Buenos Aires, estaban Raúl Gustavo Aguirre y Olga Orozco. Oliverio Girondo se reunía con todos los jóvenes. ¿Tenías un conocimiento de eso o venías escribiendo y haciendo tu propia poesía por afuera?
-Yo no pertenecía a ninguno de esos grupos ni los conocía. Después que murió Girondo conocí a la viuda, que me decía extrañada:"¿Cómo puede ser que no se hayan conocido?". Cuando se publicó Violín y otras cuestiones el que se acercó fue Paco Urondo, que estaba en Poesía Buenos Aires. Ahí empecé a conocer a Casasbellas, a Rodolfo Alonso y a los demás. Fue una relación muy fraternal, lo sigue siendo. No creo que nosotros estuviéramos en pugna con ninguno de estos grupos, cada uno hacía lo suyo. Yo más bien estaba en la militancia, estaba en eso, no en una relación con los grupos literarios.

-La militancia política te marca desde el comienzo, para toda la vida. Se puede decir que, en tu escritura, el cruce entre cultura y política es fundante.
-Sí, el cruce entre política e historia, sin duda que sí.

-Apenas tu poesía comienza a circular se dice que hay una recuperación de la voz cotidiana. Se habla de coloquialismo. En los años 60 había muchas poéticas distintas pero tu poesía es leída como la de alguien que está muy cerca de las voces de la calle. ¿Te sentís reconocido o es que en esa lectura hay un reduccionismo en la crítica?
-Hay una cierta confusión con el término coloquialismo. Un poeta tan difícil como el ruso Ossip Mandelstam usaba expresiones de la calle, ¿eso era coloquialismo?. El lenguaje popular puede o no formar parte de una poética de la ciudad, no necesariamente. Se recuperan cosas del habla y se recrean poéticamente, pero no sé si eso ocurre conmigo. Pienso que en mi poesía no había esa "voluntad de llegar al pueblo" y otras cosas por el estilo, todas esas tonterías que se han dicho de mis poemas.

-En esa época ya eras periodista. ¿Esa experiencia alimentó tu visión del lenguaje como poeta?
-Empecé a trabajar en periodismo poco después de la salida de Violín y otras cuestiones. Escribía en Orientación, que era el semanario del Partido Comunista Argentino, luego pasé al diario La Hora —también era del PCA— hasta que en 1962 entré en Xinhua, la agencia china de noticias. Hacia el año 1966 pasé a otro tipo de periodismo, fue la época de la revista Panorama y de los diarios La Opinión y Noticias. La verdad es que el trabajo que siempre me gustó más es el de cronista, porque me permitía ir, qué sé yo, a reuniones obreras. Siempre me maravillaba oír esos matices de lenguaje que hay entre nosotros, eso que traían los paraguayos y bolivianos que vivían aquí. También está el contacto con la gente y con sus problemas. Eso no necesariamente se convierte en poemas, pero creo que forma parte de la nutrición de cualquier persona, hasta de los poetas.

-¿Se puede decir que hacia 1962 un primer tramo de tu poesía estalla en "Gotán" y llega ahí a su punto máximo? Después te exasperás y escribís aquel poema famoso que dice "Nunca escribí ese libro"...
-Realmente me abrumaba un poco eso, sentía que la crítica quería fijar mi búsqueda de expresión en un solo asunto. Se escribieron tonterías, como que Gotán era la máxima expresión de la generación del 60. No me siento víctima de eso, creo que cada quien tiene derecho a hacer su lectura. Pero lo importante es que ningún elogio, crítica o premio escribe en lugar tuyo. Lo importante sigue siendo esa búsqueda insaciable de la expresión, que nunca sentís satisfecha.

-Luego hay un cambio fuerte que se insinúa hacia 1969 con "Los poemas de Sydney West", un libro muy apreciado por los neorrománticos como Mario Morales. ¿Cómo nació?
-Es un libro que en realidad me escribió a mí, también es de los que más me gustan. A lo mejor apareció ahí esa expresión de poeta dramático, quiero decir, esa necesidad de ponerse una máscara: crear un personaje y hablar con otra voz, pero sin dejar de ser uno mismo. Este inglés trabajó mucho, no sé, por algún sentimiento de culpa. En ese momento yo estaba pasando por una crisis, me había ido del PC, no encontraba nada, tenía problemas personales, sentimentales. Escribía cosas muy distintas. Yo creo que la intimidad es parte de la subjetividad. Entonces, un día me cansé y dije: "Mirá, escribí como si fueras un inglés, un japonés. Andate". Y así nació este libro.

-En 1971 llega "Cólera Buey", donde rompés ese artefacto que te hacía producir poemas. Desechás los tonos anteriores.
-Ese libro fue el producto de circunstancias de vida, de la noción cada vez más clara de las imposibilidades del lenguaje, de sus límites. Eso se fue exacerbando con el tiempo, sobre todo en el exilio. Porque ahí, por toda la experiencia de vida que implica el exilio y lo que pasaba en el país, expresar todo aquello chocaba cada vez de modo más fuerte con las paredes, los muros del lenguaje. Esa es la historia. Porque en poesía nadie puede decir cómo hay que escribir. Un novelista puede levantarse a las seis de la mañana y escribir de pie hasta las dos. Un poeta, no.

-Para escribir no le tenés fe a las propuestas de la voluntad. Entonces ¿en qué creés?
-Lo que me lleva a escribir son las obsesiones, yo no puedo decir "me siento y escribo". No es una cuestión de voluntad. Yo no me paso la vida viviendo esas obsesiones o sufriendo, pero ellas me llevan a ver qué pasa, a escribir. Hay obsesiones que son recurrentes: el otoño, la niñez, la revolución, la muerte, el amor.

-Cuando sentías el lenguaje como una cárcel, ¿te sentiste acompañado por algunos poetas que también dieron esa lucha y te daban algo?
-Desde joven, el poeta que me impresionó particularmente fue César Vallejo, justamente por esa apertura. También me pasó con Oliverio Girondo y después, de otro modo, con Quevedo, Santa Teresa y San Juan de la Cruz, con tantos poetas no necesariamente coetáneos aunque sí contemporáneos. Todos buscan y encuentran otra forma.

-El lenguaje puede ser una cárcel pero también una patria, ¿o no?
-Sí, la lengua, el lugar donde naciste, la familia, todo aquello que te formó cuando eras chico. En el exilio se siente eso, aunque yo me fui a Italia —mi primer destino como exiliado— cuando tenía 45 años. Había aprendido italiano en la cárcel de Villa Devoto, era 1963, gobernaba José María Guido y me metieron preso por razones políticas. No dejaban pasar libros, pero conseguí una gramática italiana y no tenía otra cosa que hacer. Estudiaba italiano y cuando llegué conocía el idioma, pero esa pronunciación porteña no te la sacás jamás. Los italianos del sur pensaban que era del norte y los del norte pensaban que yo era del sur. A nadie se le ocurrió que era del centro, del centro de Buenos Aires.

-Con esa conciencia del lenguaje, ¿qué pasa con tu poesía en el momento de quiebre de tus esperanzas políticas?
-Por lo pronto, me pasé un buen rato sin poder escribir. Asimilar todo eso no fue fácil, después vino un período de una escritura abundante. Me había pasado antes en la Argentina y de eso salió Cólera Buey. Primero hubo silencio y en 1980 salió Hechos y relaciones, con lo que había dejado atrás. Ese mismo año salió Si dulcemente. Después, por casualidad, releí desde otro lugar a los místicos españoles y de la Cábala judía. Yo no soy religioso, pero lo que sentía ahí era una gran compañía, en el sentido de la presencia ausente de lo amado. Para ellos lo amado era Dios, para mí era un país, mis compañeros, el proyecto que se había ido al diablo, todas esas cosas. Y entonces escribí Citas y comentarios, que era una especie de interrogación sobre la historia. En estos poetas que habían escrito cinco siglos atrás encontraba un sentimiento esencial, en el sentido de desear. El deseo de algo que no podía aferrar. Eso también tiene que ver con la poesía.

-Entre los años 1983 y 1985 llega otro libro tuyo, "Dibaxu", que se puede leer como otro síntoma de tu lucha contra las paredes del lenguaje. ¿Qué encontraste en este caso, en este idioma antiguo, en el español sefardí?
-Ahí confluyen varias cosas. Una es que el sefardí a mí me encanta por los diminutivos y por el candor de la lengua. Es una lengua que todavía no está hecha, cristalizada, porque es la zona más exiliada. Algunos creen que eso es judeoespañol. Es una mezcla que se hace en España, es el castellano del Mio Cid pero es muchas cosas más. Si leés las cartas de Colón, las cartas de Cortés, los poemas en el llamado sefardí —que es el viejo castellano— te encontrás con que hay una cantidad de avenidas de la lengua que están ahí abiertas y que jamás se siguieron después. Esto pasó en francés, pasó en italiano, pasó en inglés. Pero lo que a uno le interesa es el castellano. Entonces, ves que el primer obispo de Guatemala escribió unas cartas —en 1604 o 1609— que parecía Perón, con párrafos de tres páginas y una cantidad de oraciones relativas. Pero no te perdés en ninguna parte, se lee perfecto. Volviendo al sefardí, creo que fue una necesidad y que tenía que ver con esa historia, el candor de esa lengua, lo intocado de esa lengua, las avenidas de esa lengua, los diminutivos. Intocado, digo, por las cosas del poder.

-Llegamos al año 2004 y a tu libro "País que fue será". Es otro viraje más, hacia una poesía del pensamiento, con una presencia de la reflexión filosófica. ¿Coincidís con esto?
-No me asustes, ¿será la edad?. No sé, si uno pudiera escribir lo que quisiera... pero se escribe lo que se puede. La verdad es que me resulta muy difícil saber lo que hago, definirlo en términos críticos. Lo único que sé es que necesito hacerlo y que nunca me alcanza. Nunca, no sé si es por pereza o por virginidad fingida. Siempre recuerdo una anécdota que me contó mi vieja, una leyenda rusa. Una vez estaba una arañita ahí al borde del camino y pasa un ciempiés. Entonces, la araña le dice: "Señor ciempiés, qué complicado, ¿cómo hace para caminar? ¿Con los cincuenta pies izquierdos primero, cincuenta después de la derecha, diez y diez, uno y uno?". Y el ciempiés se puso a pensar y no caminó nunca más.

-Pero en "País que fue será" el - tema es que el paraíso siempre está adelante. Por tu experiencia generacional, es una fuerte muestra de optimismo.
-Ahí lo que se dice es "El paraíso quedó adelante". Si querés, se puede leer como una expectativa esperanzada, creo que se puede. Finalmente, la esperanza, es lo último que se pierde.

-En la Argentina, posiblemente por el predominio de Borges, lo sentimental suele ser visto como una falta de rigor o como una renuncia a lo literario. En tu poesía lo sentimental es una dimensión presente. ¿Pensaste que podían confundirte con un poeta sentimentaloide?
-Ah, qué sé yo, hay tanta confusión. Es lo que decía antes, se hace lo que se puede. Y después los demás te dirán esto o aquello, da igual. Hace un par de años, en un lugar de La Mancha cuyo nombre no me acuerdo, me sentaron al lado de seis profesores europeos versados en lo que escribo. Y cada quien leía su trabajo sobre el tema. Y ahí me enteré de muchas cosas.

-Políticamente sos un representante de la generación del 70. Un sobreviviente, eso consta en tu experiencia personal y en tu poesía. ¿Cómo te sitúa esto políticamente ante el mundo de hoy, ante el país de hoy, si consideramos que tenías tantas expectativas de cambio?
-¿A quién le hacés la pregunta?

-A Juan Gelman.
-¿Al que escribe poesía o al ciudadano?

-Al ciudadano y poeta. El poeta no te excluye del ciudadano.
-Y viceversa, pero yo creo que no hay que mezclar las barajas. Lo digo porque alrededor de lo que he escrito —y el mío no es el único caso— está esa gran confusión, que es el tema de ser considerado como un poeta político.

-Aclaremos el equívoco...
-En ese campo en particular, yo creo que la circunstancia exterior debe coincidir con la circunstancia del corazón. Escucho discusiones en otros lados, no en nuestro país, sobre la poesía de la experiencia y la poesía de la esencia, como si fueran opuestos. Por eso, con un amigo poeta mexicano decidimos crear la escuela de la poesía de la ex-esencia. En los años 60 con la Revolución Cubana se introdujeron varias cosas, entre ellas una cantidad de panfletos horribles que exaltaban a la revolución y nada tenían que ver con la poesía. En aquel entonces, para cierto sector, si vos no escribías un poema político, estabas exiliado. Pero había otro gran sector de poetas que creía lo contrario. Estaba también el tema de las generaciones, los que en realidad se embarcaron por esa vía —en relación con el conjunto de la sociedad argentina— no fueron los más, fueron los menos. De cualquier lado que escribías, estabas condenado. Poner elementos sociológicos, políticos y de análisis de lo literario —así se escribía en una época— también es espurio, me parece. Porque en definitiva lo que importa no es ni aquello sobre lo que el tipo escribe, ni la generación a la que pertenece, sino la poesía que hace, la autenticidad de lo que hace.

-Te puede gustar o no lo que ese poeta escribe, pero la medida está en esa autenticidad...
-Sobre este tema recuerdo un viejo poema chino, un anónimo, que fue uno de los primeros que se pasó a la escritura. Es un poema que habla de un pastor, son las cuatro de la mañana y está nevando y él cuida el ganado. Sabe que su mujer está a diez mil li de distancia. Diez mil li, en chino, es infinito, equivale al infinito. Sabe que su mujer está cosiendo junto al fuego. Y el último verso dice que él escucha el sonido de sus tijeras bajo la noche profunda. De ese tipo no se sabe a qué generación poética perteneció, si era modernista o clásico, ni siquiera se sabe cómo se llamaba. Pero era un poeta.

-Ahora, como ciudadano, ¿cuáles son tus expectativas desde tu país, desde tu continente?
-Como todos sabemos, están apareciendo gobiernos diferentes de los que hasta ahora hemos padecido. Gobiernos con un discurso social más importante. Como Lula y ahora Michelle Bachelet, Tabaré Vázquez, Néstor Kirchner, Evo Morales. Y esta tendencia es nueva en el contine